Tal vez eran imaginaciones suyas, pero de pronto la vida en el Thousand Sunny parecía más alegre… aún si eso era posible. Desde aquella noche en la proa del barco existía un nuevo entendimiento entre ellos, y la marejada de emociones que los había asaltado se habían convertido en un suave oleaje.

Nadie decía nada al respecto. Del mismo modo en que la tripulación fingía ignorar todo aquello relacionado con la arqueóloga y el ciborg, capitán y navegante gozaban del mismo privilegio. No se molestaban en ocultar sus manos entrelazadas cuando el momento lo ameritaba, ni las miradas confidenciales que intercambiaban en medio de la rutina diaria.

A Nami le resultaba curioso lo natural que se sentía todo. Dejarse caer en la cubierta con un libro entre las manos y sentir, poco después, el peso de la cabeza de Luffy sobre su regazo mientras él se acomodaba para dormir. Era agradable. Como un delicioso caramelo que se saborea lentamente, tiñendo de dulzor el día.

Las noches también habían cambiado.

Nami seguía con su costumbre de sentarse a escribir en el log, registrando el rumbo, el clima y cualquier dato relevante para la navegación. La diferencia ahora era que ya no lo hacía sola.

Luffy no decía nada. Se limitaba a sentarse cerca, observándola con una calma poco habitual en él. No era como cuando se quedaba quieto por puro aburrimiento. Su atención estaba puesta en ella, como si en ese instante nada más importara.

Al principio, Nami había fingido que no lo notaba. Pero era imposible ignorar la calidez de su mirada o el modo en que, a veces, su sonrisa se ensanchaba sin razón aparente. Y, al final, terminó aceptando que le gustaba. Que le gustaba sentirlo cerca, acompañándola en ese instante de rutina que, con él ahí, se volvía algo más.

Siempre ocurría lo mismo cuando terminaba de escribir.

Cerraba su cuaderno, dejaba la pluma a un lado y giraba el rostro, encontrándolo esperándola. No había palabras, solo esa breve inclinación suya, la forma en que su sombrero de paja se deslizaba un poco hacia adelante y la caricia tibia de sus labios sobre los suyos.

No eran besos impacientes ni voraces. Eran pausados, seguros, de esos que no buscan apresurar nada porque lo importante es el momento en sí.

Cuando se apartaban, Luffy reía suavemente antes de desearle buenas noches, y Nami se dirigía a su camarote con una sensación ligera en el pecho. Se arropaba en su cama con una sonrisa que se negaba a desaparecer, sintiendo que la brisa nocturna era un poco más cálida que de costumbre.

En contraste, el Nuevo Mundo era más impredecible de lo que habían imaginado. Las islas podían arder en llamas y luego convertirse en tundras heladas en cuestión de metros, pero a Nami ya no le importaba demasiado.

Si hace unos años le hubieran dicho que estaría ahí, embarcada en una aventura como esa, habría pensado que era una locura. Pero ahora lo disfrutaba. De verdad lo disfrutaba.

No es que el peligro hubiera desaparecido. Las amenazas seguían ahí, y cada nueva isla traía consigo algo más bizarro que la anterior. Pero ya no lo sentía como una distracción para ignorar sus sentimientos.

Tal vez era porque ahora lo tenía a él.

A Luffy no parecían importarle demasiado las circunstancias en las que llegaban a cada isla. Siempre se emocionaba igual, sin importar si el suelo bajo sus pies era lava o nieve. Y ella, sin darse cuenta, había empezado a contagiarse de esa emoción.

Se sorprendió al darse cuenta de que incluso las situaciones más absurdas o los retos más grandes tenían su propio encanto. Sí, estaban en un mar donde su próximo obstáculo era un Emperador del Océano, pero por alguna razón, todo se sentía… más fácil.

Tal vez porque, cada vez que volvía a bordo después de un día caótico, sabía que al final de la jornada la esperaban esos momentos.

Luffy la mirándola escribir en el log pose, su cabeza pesando en su regazo en las tardes soleadas, sus dedos enredándose con los suyos cuando nadie prestaba atención.

Y esa costumbre que se había instalado en ellos, ese beso nocturno antes de dormir, que convertía cada día, por agotador que fuera, en algo mucho más dulce.

Aunque después de salir de Punk Hazard algo empezaba a molestarla.

Tal vez eran imaginaciones suyas, pero tenía la sensación de que cada vez que compartía uno de esos momentos con Luffy, Trafalgar Law fruncía el ceño.

Al principio, lo ignoró. Law era serio por naturaleza, después de todo. Siempre tenía el ceño fruncido por una razón u otra, sobre todo cuando Luffy decidía ignorar por completo sus instrucciones respecto al plan que, aparentemente, tenía bien trazado. Así que no le dio demasiada importancia.

Pero la sospecha volvió cuando, una tarde en la cubierta, Sanji apareció con postres para todos. Luffy, como siempre, fue el primero en terminar su porción. Nami, solo suspiró antes de apartarle un pedazo con la cuchara, ofreciéndoselo sin quejas.

En ese instante, notó de reojo cómo Law desviaba la mirada con una mueca de exasperación.

Luego ocurrió nuevamente cuando Luffy la llamó a gritos para mostrarle un pez especialmente colorido que había atrapado en el mar. No era la gran cosa, pero a ella le dio gracia la emoción con la que insistía en que lo viera, así que bajó el libro que estaba leyendo y se acercó con una sonrisa.

Y, claro, allí estaba otra vez. Esa mirada entre juicio y fastidio que Law lanzaba de cuando en cuando.

Lo estaba imaginando, ¿no?

De todos modos, no es que importara demasiado. Law no era su problema.

O al menos eso pensó hasta la cena.

Era una de esas comidas ruidosas en la que el caos en la mesa parecía seguir su propio ritmo. Brook y Usopp reían a carcajadas, Chopper contaba emocionado alguna anécdota de su día y Franky bebía de su vaso con ese entusiasmo habitual.

En algún punto, Luffy estiró la mano para alcanzarle el salero a Nami, sin que ella tuviera que pedirlo. Sus dedos se rozaron un poco más de lo necesario y, casi sin darse cuenta, ambos sonrieron por ese gesto simple.

Fue en ese momento cuando Law dejó escapar un sonoro "Tsk".

—¿Pueden dejar de hacer eso?

La mesa se quedó en silencio.

Por un instante, nadie entendió a qué se refería. Zoro, con la boca llena, alzó una ceja, mientras Usopp y Chopper intercambiaban miradas de confusión. Robin sonrió con interés, Brook dejó de tararear una melodía y Sanji soltó un suspiro de fastidio, como si la interrupción le pareciera un sinsentido. Franky solo bebió otro trago, esperando que alguien preguntara primero.

—¿Hacer qué? —preguntó Luffy con total inocencia, inclinando la cabeza.

Law exhaló, como si tuviera que armarse de paciencia.

—No sé qué tipo de relación tienen, pero no deberían comportarse como si fueran una pareja.

El silencio que siguió fue distinto.

Esta vez, las miradas se desviaron instintivamente hacia Nami y Luffy.

Sanji torció la boca en una línea tensa, Zoro arqueó una ceja, Brook se limitó a murmurar un "Oh", y Franky entrecerró los ojos, como si tratara de procesar la situación. Usopp y Chopper abrieron la boca al mismo tiempo, pero ninguno logró decir nada.

El ambiente en la mesa se cargó con una tensión incómoda.

Hubo un instante en el que nadie supo cómo reaccionar. No porque fuera un secreto, sino porque hasta ese momento nadie en la tripulación se había detenido a ponerlo en palabras. Luffy y Nami eran… ellos. Tenían esas costumbres, esos gestos, y nadie sentía la necesidad de analizarlos. Pero al ser señalados de esa manera, la incomodidad se instaló entre ellos.

Nami, hasta ese momento tranquila, dejó los cubiertos con más cuidado del necesario y miró a Law, con una expresión entre seria y desafiante.

—¿Y a ti qué te importa?

Law frunció el ceño.

—Lo que me importa es que están siendo demasiado obvios. —Su tono era seco, casi exasperado—. No es cuestión de su relación, es cuestión de que cualquier enemigo con dos dedos de frente lo notaría.

Los demás intercambiaron miradas, la incomodidad de antes dando paso a una alerta más sutil.

—Aunque no deberían, pueden considerarme un aliado por ahora —continuó Law, cruzándose de brazos—, pero ¿qué hay de los demás? ¿Qué hay de Caesar?

El cambio de tema hizo que el aire en la mesa se sintiera más denso.

—¿Piensan entregarlo pronto a Doflamingo o lo van a seguir paseando por el barco como si fuera parte de la tripulación?

El silencio que siguió fue aún más pesado.

—No solo eso. —Law dejó el tenedor sobre su plato con un golpe sordo—. Hace unos días estaban con la Marina y dejaron a Baby 5 y Buffalo atados. Nunca saben qué información podría estar llegando al enemigo.

Ahora nadie intentaba quitarle importancia al asunto.

Se dirigió directamente a Luffy esta vez.

—Mugiwara-ya.

Luffy levantó la vista.

—Eres un tipo famoso, lo sabes, ¿no? No solo por tu enorme recompensa. —Law apoyó un codo en la mesa, observándolo con seriedad—. Destruiste la isla judicial solo para salvar a uno de tus nakamas. Algo sin precedentes.

La tripulación escuchaba en completo silencio.

—Te metiste en medio de una guerra solo para ayudar a tu hermano. —Law entrecerró los ojos—. La gente en el bajo mundo sabe exactamente qué debería hacer para cabrearte. Deberías intentar no ponérselo tan fácil.

El aire en la mesa cambió de nuevo. No era tensión. Era algo más profundo.

Un entendimiento conjunto.

Si alguien intentaba hacerle daño a Nami… ya habían destruido islas antes para salvarla. Pero ahora…

En un mundo donde se podían librar guerras enteras para detener la ejecución de alguien…

Luffy bajó la mirada un instante.

Él ya tenía muy claro que no permitiría que dañaran a nadie de su tripulación.

Pero por alguna razón, su mente no se quedó ahí.

Pensó en Ace.

En Baterilla.

En Rouge.

El plato frente a él estaba intacto.

Law se encogió de hombros con indiferencia.

—Al final, pueden hacer lo que quieran.

Su voz carecía de juicio, como si la discusión nunca hubiera sido personal para él. Sin más, se levantó de la mesa y salió de la cocina, dejando tras de sí un silencio que pesaba más de lo normal. Uno a uno, los demás fueron siguiendo su ejemplo. Algunos intentaron romper la tensión con comentarios ligeros, pero la usual alegría de la tripulación se desvaneció lentamente, disipándose con cada miembro que se retiraba.

Nami suspiró y se puso de pie.

—Vamos a la biblioteca —dijo en voz baja.

Luffy no respondió de inmediato, pero tras un momento, la siguió. La caminata hasta la biblioteca fue silenciosa, apenas interrumpida por el sonido de sus pasos sobre la madera del barco. Al llegar, Nami encendió una lámpara y se sentó frente a la mesa habitual, colocando la bitácora en su lugar. Luffy tomó asiento a su lado, la expresión en su rostro más seria de lo normal.

El sonido del mar golpeando contra el casco del barco era lo único que llenaba el espacio cuando Nami abrió el cuaderno. Escribir en él se había convertido en una costumbre silenciosa entre ellos; una rutina que, hasta ahora, siempre había traído momentos de tranquilidad y complicidad.

Pero esta vez era diferente.

Luffy, sin decir palabra, dejó que sus ojos recorrieran las páginas anteriores, leyendo fragmentos de días pasados con una expresión ausente.

—No me gusta cuando todos se ponen así —murmuró finalmente. Su voz era tranquila, pero había algo en ella, un matiz que Nami no solía escuchar en él.

—No están enojados contigo —respondió ella con suavidad, dejando caer la pluma en la mesa. —Solo… No es fácil escuchar ese tipo de cosas.

—Tú tampoco quieres escucharlo.

Nami se tensó. No lo negó. No podía. Porque era cierto.

Después de tanto tiempo, no quería seguir pensando en obstáculos, en limitaciones, en nada que frenara lo que estaba sintiendo.

Pero sabía que Law tenía razón.

Y en el instante en que su mente formuló esa idea, Luffy la expresó en voz alta, sin adornos, sin rodeos, como si ambos estuvieran sincronizados.

—Torao tiene razón.

Nami cerró los ojos un momento, soltando un suspiro silencioso. No quería que la tuviera. No quería que nada de esto importara.

Pero importaba.

Nami abrió los ojos y fijó su vista en la bitácora abierta frente a ella.

—Sí —dijo en voz baja —Pero aquí en el Sunny… con nuestros nakamas… eso no importa —continuó, con un dejo de obstinación en la voz—. Mientras no estemos frente a un enemigo, todo debería estar bien, ¿no?

Se obligó a esbozar una sonrisa ligera.

—Después de todo, ya somos expertos en eso de guardar secretos.

Luffy la observó por un momento más antes de soltar un resoplido casi imperceptible.

—Supongo.

No sonó muy convencido, pero tampoco discutió.

Porque, aunque sabía que no era tan simple, quería creer en ello tanto como Nami.

Ella retomó la pluma y volvió a escribir en la bitácora.

No con la misma ligereza de siempre, pero con menos tensión.

Luffy la observó en silencio por un momento, luego apoyó los brazos sobre la mesa y desvió la vista al mar a través de la ventana. El sonido de las olas se filtraba en la habitación, llenando los espacios entre sus palabras no dichas.

No hacía falta decir mucho más.

Y así, el tiempo transcurrió hasta que los párpados de Nami comenzaron a pesarle.

Cerró la bitácora con cuidado y dejó la pluma sobre la mesa.

Luffy se estiró con un bostezo leve, y cuando ella se puso de pie, él la siguió.

Como siempre, se despidieron con un beso antes de dormir.

Pero esta vez… no se sintió tan dulce.

Nami no soltó su muñeca.

Luffy la miró con leve sorpresa, notando cómo sus dedos se aferraban a él con más fuerza de la usual. Como si, en ese instante, un torbellino de pensamientos se estuviera agolpando en su mente.

Ella bajó la mirada un segundo, luego tomó aire y finalmente murmuró:

—Robin está haciendo guardia hoy…

Luffy ladeó la cabeza, esperando que continuara.

Nami tragó saliva y alzó la vista.

—Y no quiero dormir sola.

El silencio que siguió fue breve, pero lo suficientemente profundo como para que el sonido del mar se sintiera más fuerte a su alrededor.

Entonces, sin hacer ninguna pregunta, Luffy simplemente asintió.

—Vale.

Y con esa misma naturalidad con la que siempre compartían su espacio, la siguió a su habitación.

Cuando entraron en la habitación, Nami sintió el contraste de inmediato.

La primera vez que Luffy pasó la noche con ella, se sintió incómoda. Se preguntaba si estaba bien, si debía permitirlo. No podía evitar la inquietud, más preocupada porque nadie más se enterara que por otra cosa.

Pero ahora… todo parecía más simple.

Su compañía. La carencia de secretos.

Era fácil. Natural.

Luffy, sin hacer ningún comentario al respecto, hizo lo de siempre.

Se sentó en la cama, acomodándose como si la situación fuera de lo más normal. Se despojó de sus sandalias, dejándolas a un lado con un leve golpeteo contra el suelo, y luego se quitó el sombrero, apoyándolo con cuidado en la mesita junto a la cama.

Nami lo observó un momento antes de sacudir la cabeza con una sonrisa ligera.

—Voy a ponerme la pijama —dijo, dándole la espalda mientras rebuscaba entre sus cosas. Luego, echó un vistazo por encima del hombro con una mirada medio burlona—. Y más te vale no espiar… o te cobraré un millón de berries.

Luffy soltó un resoplido divertido, sin entender la insinuación.

—Ni que me interesara verte en pijama.

—¡Más te vale!

El tono de Nami fue más juguetón que amenazante.

Luffy se dio la vuelta, sintiendo una calidez extraña en el pecho. Un sentimiento nuevo, distinto, pero no incómodo.

Definitivamente, las cosas habían cambiado.

—Ya puedes mirar.

La voz de Nami lo sacó de sus pensamientos. Luffy giro sin mucho apuro… y por un instante, se quedó completamente quieto.

Su pijama era un camisón, más parecido a una camiseta holgada de mangas cortas que dejaba sus piernas al descubierto. A pesar de lo amplio de la tela, las curvas de su cuerpo se adivinaban de una forma seductora bajo la luz tenue de la habitación.

Luffy tragó en seco.

Tal vez… ver a Nami en pijama no era tan mala idea.

Sus ojos la recorrieron un poco más de lo necesario, notando la forma en que su cabello caía sobre su hombros, cómo el borde de la tela rozaba el inicio de sus muslos.

Nami pareció notar su mirada, porque ladeó la cabeza con una ceja levantada.

—¿Qué?

Luffy parpadeó y luego desvió la vista con total naturalidad, como si no hubiera pasado nada.

—Nada.

Pero su mente todavía estaba atrapada en un pensamiento inesperado.

Tal vez dormir juntos esta vez se sentiría un poco… diferente.

Nami apagó la lámpara con un suave movimiento, sumiendo la habitación en penumbra. Solo la luz de la luna, filtrándose a través de la ventana, delineaba las siluetas de ambos en la cama.

Luffy ya estaba acomodado, con las manos tras la cabeza y los ojos fijos en el techo, como si simplemente esperara a que ella se acurrucara a su lado, sin necesidad de pedirlo.

Y así lo hizo.

Nami deslizó las mantas sobre su cuerpo y buscó con naturalidad la calidez de Luffy. Su mano rozó su brazo desnudo antes de deslizarse sobre su pecho con ligereza. Su mejilla quedó apoyada en su hombro, y aunque la sensación le resultaba familiar, había algo distinto en la consciencia de sus movimientos.

Porque esta vez, no evitó el contacto.

Sus dedos trazaron pequeños círculos distraídos sobre su piel, notando la textura cálida y firme de su cuerpo. En respuesta, Luffy deslizó una mano hasta su cintura, dejando que su pulgar se moviera en un roce lento, apenas perceptible.

Era un toque ligero, pero su calor se sentía más intenso de lo normal.

El silencio entre ellos era cómodo, apenas interrumpido por el sonido del mar afuera y su propia respiración acompasada.

—Mañana llegamos a Dressrosa —murmuró Nami, casi en un susurro.

Sintió el movimiento de Luffy cuando giró un poco el rostro hacia ella.

—Sí.

Era solo una confirmación, pero ambos entendieron lo que no se estaba diciendo.

La advertencia de Law todavía pesaba sobre ellos, incluso en ese momento de intimidad.

Afuera, el mundo estaba lleno de peligros, de enemigos que esperaban cualquier oportunidad para hacer daño. Pero ahí, en la seguridad de su habitación, nada de eso importaba.

Por eso, sin pensarlo demasiado, Nami se abrazó un poco más a él, disfrutando la forma en que el calor de su cuerpo la envolvía.

Luffy no se movió, pero su mano en su cintura la estrechó apenas un poco más contra él.

Como si estuviera pensando lo mismo.

Nami suspiró suavemente contra su piel, sintiendo cómo el calor de Luffy la envolvía por completo. Su respiración tranquila le acariciaba la frente, y el ritmo pausado de su pecho subiendo y bajando bajo su mano la relajaba más de lo que esperaba.

Era una sensación tan simple, y al mismo tiempo, tan reconfortante.

Sin prisas, sin miedo. Solo ellos dos, compartiendo un espacio que cada vez se sentía más natural.

Luffy deslizó los dedos en un gesto distraído sobre su espalda, recorriéndola con caricias lentas que parecían hechas sin pensar. Pero Nami sabía que, aunque su capitán solía actuar por instinto, cada movimiento suyo siempre tenía un propósito.

Esta vez, el propósito era claro.

Sostenerla.

Mantenerla cerca.

El cansancio fue venciendo poco a poco a Nami, y sin darse cuenta, se dejó llevar por la calidez de la compañía de Luffy. Antes de cerrar los ojos por completo, sintió el roce de unos labios en su cabello, apenas un susurro contra su piel.

No supo si fue un beso intencionado o simplemente la forma en que Luffy respiró contra ella, pero le arrancó una pequeña sonrisa.

Y así, entre el sonido del mar y el latido tranquilo de su capitán, Nami se quedó dormida con la certeza de que, pasara lo que pasara al día siguiente, esa noche había sido solo suya.

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¡Sorpresa!

¿Les soy franca? después de tanta emoción del capitulo anterior simplemente no pude parar de escribir, así que quizá está es mi actualización más veloz hasta la fecha (Menos de 24 horas seguro) la verdad es que dudaba un poco, pero las historias sin un poco de drama no me interesan mucho, y, personalmente ya que trato de mantener la historia lo más cercano al canon quería una justificación para que Luffy y Nami no estuvieran siempre uno junto al otro pero sin provocar peleas entre ellos. ¿El final los decepcionó un poco? quería seguir con el tono dulce del capitulo anterior.

Mayale. M: Que gusto que el capitulo te haya encantado, al momento de actualizar aquí son las 7:40, espero que en donde tu estés la hora sea mucho mejor para disfrutar de la lectura y no causarte más desvelos, hazme saber tu opinión, tus reviews me encantan.

Alias Tesin: Muchas gracias por tu review, me agrada que no consideres demasiado sentimental la forma en que manejo las emociones. Luffy y Nami definitivamente no son ese tipo de románticos. Como siempre es todo un gusto tener lectores de habla inglesa.

Finalmente si el capitulo tiene algunas fallas no duden en hacérmelas saber, después de todo es la desventaja de escribir tan rápido, nada que una actualización no arregle, lo haré con mucho gusto.

Si leyeron hasta aquí, un fuerte abrazo.