~Revenge Temporada II~
Capítulo 1
—¡Nene! — Gritó Takeru acercándose a su sobrina quien caminaba sin detenerse en dirección a ¿quién sabe dónde? — ¡Nene! — Decidió correr y así fue como la agarró del brazo— ¡Nene!
—¿Qué quieres Takeru? — Preguntó la castaña con un grito— ¡Déjame en paz!
—Quiero hablar contigo…—Respondió el rubio— Sé que estás sorprendida por lo que enteraste.
—¿Sorprendida? —Cuestionó la Amano— ¡Sorprendida es poco! — Exclamó— ¡Estoy enojada, furiosa, airada!... —Apretó su puño— Pero por sobre todo ¡Desilusionada!
Takeru observó con preocupación a su sobrina mayor, quien generalmente demostraba ser fuerte y fría, pero así también podía ser muy sensible en su interior.
—Yo sé lo que estás sintiendo. —Declaró— ¡Créeme! Fue duro saber que ustedes no eran hijas de Sora, si no hijas de…—Se detuvo.
Era difícil decirlo
—¡Dilo! — Exclamó la castaña— Fue difícil saber que, mi ma…—También se detuvo— La mujer que me dio a luz es la asesina de tu madre.
Takeru asintió.
Nene respiró profundamente, como si intentara contener la furia que estaba a punto de estallar. Miró a Takeru con los ojos llenos de rabia, su pecho subiendo y bajando con cada respiración. La verdad había golpeado su mente como un vendaval, y todo lo que sentía era traición. Traición hacia la mujer que la había criado como una hija, hacia su tía, hacia su propio padre... hacia todos los que habían guardado esa verdad para sí mismos.
—¿Por qué, Takeru? —su voz temblaba, pero la ira era inconfundible— ¿Por qué todos me ocultaron esto? ¡¿Por qué nadie me dijo la verdad?! ¡¿Cuántos años llevas sabiendo esto y no me dijiste nada?!
Takeru, de pie frente a ella, se quedó en silencio por un momento. Sabía que no tenía excusas, que no podía defender lo indefendible, pero lo intentó.
—Nene… —dijo con calma, pero con una tristeza que no podía ocultar— Nadie quería que sufrieras más de lo necesario. Nadie quería que te enteraras de lo que tu madre realmente hizo, porque sabíamos que eso iba a destruirte.
—¡Destruirme?! —Nene gritó, su voz quebrándose por la emoción— ¡¿Cómo es posible que me quieran proteger de algo tan importante?! ¿Acaso no entienden que me duele mucho más saber que todo el tiempo estuve viviendo una mentira? ¡Que mi madre, la mujer que me dio la vida, era la responsable de la muerte de tu madre! ¡Esto es mucho más doloroso que cualquier otra cosa!
Takeru sintió que su corazón se apretaba al ver el sufrimiento de su sobrina. Estaba tan furiosa y herida que le resultaba imposible acercarse sin que ella lo rechazara. Intentó dar un paso hacia ella, pero ella lo esquivó con un movimiento rápido, apartándose de él.
Takeru reaccionó de inmediato, su corazón acelerado al ver que Nene se desvanecía ante sus ojos. En un parpadeo, se lanzó hacia ella, alcanzándola antes de que tocara el suelo. La sostuvo con firmeza, sin que sus manos temblaran, pero su rostro reflejaba la creciente alarma.
—¡Nene! —llamó, sacudiéndola suavemente, sin dejar de buscar algún signo de respuesta. Pero no hubo respuesta. Su respiración era pausada, y su cuerpo inerte en sus brazos le causó un escalofrío. No quería pensar en lo peor. No podía.
Con la joven aún en sus brazos, Takeru la recostó con cuidado sobre el suelo, manteniendo su rostro cerca del suyo, observando cada detalle de su estado. Los ojos de Nene estaban cerrados, y su rostro pálido no mostraba más que una tranquila expresión, pero él sabía que eso no era normal. Su mente luchaba por encontrar razones lógicas para lo que estaba pasando, pero solo veía lo mismo: Nene no despertaba.
—¡Nene, despierta! —exclamó, ahora más fuerte, tocándole la cara, tratando de que su sobrina reaccionara. Su voz estaba impregnada de desesperación y angustia, algo que no se permitía mostrar, pero que no pudo evitar en ese momento.
El silencio envolvía la escena, y Takeru no se atrevió a apartar su mirada de ella. El miedo lo embargaba, pero trató de mantener la calma, tratando de recordar lo que había aprendido en situaciones como estas. Con manos algo temblorosas, comenzó a comprobar si su respiración era regular, aliviándose levemente al notar que sí lo era, pero el hecho de que no despertara lo llenaba de incertidumbre.
Decidió no esperar más, sin perder más tiempo, y sin pensarlo dos veces, comenzó a darle pequeños golpecitos en la mejilla y a murmurar su nombre con voz baja pero firme.
—Nene, por favor, despierta.
El sonido del timbre resonó en el pequeño departamento de Damar. Adentro, la joven miró la puerta con curiosidad. No esperaba visitas a esa hora. Se limpió las manos en un mantel y fue a abrir.
—¿Hikari? —preguntó, sorprendida al ver a la castaña de pie en el umbral—. ¿Qué haces aquí?
—¿Puedo pasar? —preguntó Hikari con una sonrisa amable.
Damar asintió y se hizo a un lado para dejarla entrar. Cerró la puerta tras ella y la observó mientras se acomodaba en el sofá de la sala. El departamento de Damar era modesto pero acogedor, con una pequeña mesa de comedor y una estantería repleta de libros y papeles desordenados.
—¿Quieres algo de beber? —ofreció Damar.
—No, gracias —respondió Hikari, sacudiendo la cabeza—. En realidad, vine porque tengo noticias para ti.
Damar frunció el ceño con curiosidad y se sentó frente a ella.
—¿Noticias?
Hikari tomó aire antes de hablar.
—Mi jefe acaba de informar que hay una vacante en mi trabajo. Y cuando lo dijo, lo primero que pensé fue en ti. Le mencioné que conocía a alguien que podría ser perfecta para el puesto.
Damar la miró con los ojos muy abiertos, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
—¿Hablas en serio? —preguntó, casi en un susurro.
—Completamente en serio —afirmó Hikari con una sonrisa—. Sé que llevas tiempo buscando trabajo y pensé que esto podría ser una gran oportunidad para ti.
La expresión de Damar pasó de la incredulidad a la emoción pura en cuestión de segundos.
—¡Hikari, esto es increíble! —exclamó, llevándose las manos a la boca—. ¡No sabes cuánto he estado esperando una oportunidad como esta!
Hikari asintió, contenta de verla tan emocionada.
—Lo sé, por eso quise decírtelo de inmediato.
Damar se puso de pie y comenzó a caminar por la sala con la emoción reflejada en cada uno de sus movimientos.
—¿Y qué tengo que hacer? ¿Cómo es el proceso? —preguntó, ansiosa.
Hikari la miró con calma antes de responder:
—Mañana debes presentarte a primera hora. Será un día de prueba para evaluar tus habilidades y ver si encajas en el equipo.
Damar dejó escapar una pequeña risa de emoción y nervios.
—¡Mañana! —repitió—. No puedo creerlo.
—Yo sí puedo —afirmó Hikari con seguridad—. Sé que eres capaz y que harás un gran trabajo.
Damar se acercó y tomó las manos de Hikari con gratitud.
—No sé cómo agradecerte esto. De verdad, significa mucho para mí.
—No tienes que agradecerme nada —respondió Hikari—. Solo preséntate mañana, da lo mejor de ti y demuestra lo que vales.
Damar asintió con determinación.
—Lo haré. No te decepcionaré.
Hikari sonrió.
—Lo sé.
Damar respiró hondo, tratando de calmarse un poco.
—Está bien. Tengo que prepararme. Necesito elegir qué ropa usar, repasar algunas cosas… ¡Oh, Dios, no quiero arruinar esto!
Hikari soltó una leve risa.
—No lo arruinarás. Solo relájate, duerme bien y mañana darás lo mejor de ti.
Damar asintió nuevamente, aún sin poder ocultar la emoción que sentía.
—Hikari, de verdad… gracias.
—Para eso están los amigos —respondió la castaña con una sonrisa.
La noche continuó entre risas y conversaciones. Damar tenía muchas preguntas, y Hikari hizo su mejor esfuerzo por tranquilizarla y asegurarle que todo saldría bien.
Mañana sería un gran día.
La lluvia caía en gruesas gotas sobre el pavimento cuando el taxi se detuvo frente a la mansión Ishida. Las luces de la entrada iluminaban el agua que escurría por la acera, reflejando los destellos de los relámpagos lejanos.
Dentro del vehículo, cuatro figuras empapadas observaban la majestuosa residencia a través de los vidrios empañados.
—Llegamos —anunció Ryo desde el asiento delantero, girando la cabeza para mirar a las dos chicas en la parte trasera.
Izumi y Rika intercambiaron miradas. Sus ropas estaban pegadas a sus cuerpos, el cabello les goteaba y sentían el frío calando hasta los huesos, pero, a pesar de todo, ambas sabían que la noche no había sido tan terrible como pensaban.
Takuya, sentado al lado de Izumi, se pasó una mano por el cabello mojado y sonrió con satisfacción.
—¿Ven? No era tan difícil —dijo, con su característico tono despreocupado—. Solo era cuestión de dejar su auto en el mecánico.
Izumi rodó los ojos, pero una sonrisa de lado se dibujó en su rostro. Si bien al principio había sido un desastre, con la ayuda de Takuya y Ryo todo pareció más fácil. Sin ellos, ella y Rika probablemente seguirían en medio de la tormenta, maldiciendo su suerte.
Bajó la vista hacia el vaso que sostenía entre sus manos. El café aún desprendía un leve vapor, la única fuente de calor en su cuerpo en ese momento. No solo las ayudaron con el auto, sino que también se aseguraron de que tomaran algo caliente antes de volver a casa.
—Supongo que debo darles las gracias —murmuró Izumi, más para sí misma que para los demás.
—¿Qué dijiste? —preguntó Takuya con diversión, inclinándose un poco hacia ella.
Izumi bufó y le lanzó una mirada de advertencia.
—No lo repetiré.
Takuya sonrió ampliamente, sintiendo que había ganado esa pequeña batalla.
Rika, totalmente ajena al momento entre Takuya e Izumi dirigió su mirada a Ryo, quien estaba en el asiento de adelante en el copiloto y se acercó.
—Ryo...—Lo llamó.
El oji-azul volteo hacia ella.
—Quiero agradecerte...
—¿agradecerme?
Rika asintió: —Por habernos ayudado.—Depositó su mano en su hombro— En verdad no sé que hubiese hecho sin tu ayuda.
Ryo se mordió el labio inferior ante esto.
—Es lo que debía hacer.
"Lo que debía hacer"
Esas palabras sonaron en la cabeza de Rika.
—Tú bien sabes que no.—Respondió la pelirroja.
Todos le recomendaban mantenerse lejos y esta no era una excepción a la regla. Mientras más lejos él estuviese de ella, sería mejor para él. Pero aun así, la ayudó.
—Y por eso te agradezco.— Depositó Rika acercándose a él.
Ryo sonrió de lado.
Rika llevó sus manos a sus hombros—Toma, te devuelvo tu chaqueta.
—No es necesario.—Respondió el oji-azul— Aun tienes que entrar a tu casa y aun llueve afuera.
—Pero...
—Pero nada.—Contestó el Akiyama y suavemente presionó su mejilla derecha con el fin de molestar— No seas terca y acéptala.
—¡Auch!— Exclamó Rika sobando suavemente su mejilla adolorida— No hagas eso.
Ryo solo rió.
—Bien, es momento de bajar.—Anunció Izumi.
Rika suspiró y asintió antes de abrir la puerta del taxi. Bajó con cuidado, asegurándose de que la chaqueta de Ryo cubriera su cuerpo aún empapado. Afuera, la lluvia seguía cayendo con menos intensidad, pero el frío se hacía sentir en el aire.
Izumi fue la siguiente en moverse, pero antes de bajar, se detuvo por un momento. Su mirada, por inercia, se posó en Ryo.
—Muchas gracias por ayudarnos.—Habló— Ryo...
Ryo, al notar su mirada, arqueó una ceja.
—No tienes que agradecerme —dijo con simpleza—. Es lo menos que podía hacer.
¡Claro que debía! Lo había observado de lejos durante todo este tiempo con desconfianza, con la idea preconcebida de que solo traería problemas. Pero esta noche… esta noche había sido diferente. Notó una preocupación que la dejó desconcertada.
Izumi no respondió. Solo lo observó unos segundos más antes de asentir y bajar del auto.
Cuando Rika e Izumi estuvieron fuera, Ryo se recargó contra el asiento con los brazos cruzados.
Mientras tanto, afuera, Izumi se giró hacia el taxi una última vez. Aún quedaba algo pendiente.
Se acercó a la ventana de Takuya y él, al notar su presencia, bajó el vidrio.
—¿Qué pasa, princesa? ¿No puedes despedirte sin verme una vez más? —bromeó.
Izumi puso los ojos en blanco, pero una pequeña sonrisa jugueteó en sus labios.
—Solo quería despedirme.
Sin pensarlo mucho, se inclinó para depositar un beso en su mejilla, pero en ese preciso instante, Takuya volteó sin darse cuenta, provocando que sus labios se encontraran en un contacto fugaz, breve, pero lo suficientemente real como para que ambos lo sintieran.
Los ojos de Izumi se abrieron de golpe. Takuya también parpadeó, sorprendido, antes de sonreír con picardía. Ryo abrió sus ojos completamente anonadado ante esto.
—¡Hey! Me robaste un beso.
Izumi retrocedió de inmediato, sintiendo el calor subir a su rostro.
—¡Fue un accidente!
Takuya rió con diversión, apoyando el codo en la ventanilla y mirándola con diversión.
—Claro, claro, digamos que fue un accidente.
Izumi frunció los labios y lo fulminó con la mirada.
—Sé que quieres besar mis labios, pero por favor, avísame para corresponder de buena forma.—Comentó Takuya.
—¡Fue un accidente!
—Tú sabes que no.— Habló el Kanbara.
—Olvídalo. Buenas noches.
Se giró rápidamente y caminó hacia la mansión con paso firme. Rika, que había visto todo desde la puerta, la miró con incredulidad.
—No. Puedo. Creerlo.
—¡No digas nada! —exclamó Izumi, sintiendo el rostro arder.
Desde el taxi, Takuya aún sonreía de lado mientras observaba cómo Izumi se alejaba.
—¿Qué, rayos, fue eso?—preguntó Ryo.
—Un beso.—Respondió Takuya— Acaso ¿no lo viste?
—Pe-pero...—Habló el Akiyama sin entender— ¿No tenía novio?
Izumi, lamentablemente, estaba de novia con Kouji.
—¡Estaba!— Exclamó el Kanbara— Ya no está.
¿Qué?
Ryo se sorprendió al escuchar esto. Esto era totalmente inesperado.
—Y ahora yo estoy haciendo todo lo posible por ganarme su corazón.—Declaró Takuya.
Esto lo sorprendió aun más.
¿Takuya enamorado de Izumi?
¿Su amigo enamorado de su sobrina?
¡Irónico! ¿no?
Pero, lamentablemente, Takuya no podía saber que Izumi era su sobrina. Le prometió a Tomoko guardar el secreto.
—Haruna, esto que escuchó no es lo que es.—Hiroaki intentó justificar.
Yamato hizo una mueca ante esto mientras observaba atentamente a la mujer que le dedicaba una intensa mirada que no lograba descifrar que significaba exactamente.
—Lo que escucho no...—El mayor Ishida intentó continuar hablando.
—¿Lo que escuché?— Preguntó Haruna— ¿Qué escuché?
Hiroaki se sorprendió ante esto.
—Yo no escuché nada.—Finalizó la empresaria.
El mayor Ishida se sorprendió ante esta respuesta, pero sonrió orgulloso, al menos esta mujer sabía lo que debía hacer.
—¡Nene!— Un grito llamó la atención de todos— ¡Ayuda!
Todos intercambiaron miradas sorprendidos ante esto.
Yamato rápidamente salió de la sala principal y se encontró con Takeru, quien sostenía a Nene en sus brazos. Yamato sintió que el alma salía de su cuerpo al ver como su hija estaba con los ojos cerrados, totalmente desvanecida en los brazos de Takeru.
—¡¿Qué pasó?!— Preguntó Yamato se acercó a ellos.
Hiroaki también de la sala y al ver a Nene de ese modo se alarmó: — Pero ¿qué rayos ocurrió?— Se acercó a su nieta.
—Nene se desmayó.—Respondió Takeru.
—¿Por qué?— preguntó el castaño—¿Qué le hiciste a tu sobrina?
—Nada.—Contestó el hermano de Yamato ofendido de la pregunta.
—Nene...—Yamato llamó a su hija— Nene...
Los demás salieron de la sala principal y Haruna, mejor dicho, Mimi se sintió de muerte al ver a su hija. Sora también se alarmó.
—Nene, Nene...—Mimi se acercó a su hija—¿Qué le sucedió?
—No lo sé.—Respondió Takeru.
¡No, no, no!
Mimi pensó alarmada.
—¡Llamen a una ambulancia!— Exclamó Hiroaki.
Las puertas de la mansión Ishida se abrieron de golpe, dejando entrar a dos figuras completamente empapadas, con el cabello pegado a la piel y la ropa chorreando agua sobre el lujoso suelo de mármol.
Izumi y Rika avanzaron a trompicones por el vestíbulo, dejando un rastro de agua a su paso. Ambas estaban heladas, temblando y con una expresión de puro fastidio en el rostro.
El sonido de tacones resonó en el pasillo antes de que una figura femenina apareciera en la entrada del salón principal. Sora Ishida, impecablemente vestida en un elegante conjunto beige, las observó con los ojos bien abiertos.
—¿Qué les sucedió? —preguntó con una mezcla de sorpresa y exasperación, cruzándose de brazos.
Rika bufó, empujando su cabello mojado hacia atrás con una mano temblorosa.
—¡La maldita ciudad entera está en nuestra contra! —espetó, fulminando el aire con la mirada.
Izumi, por su parte, sacudió los brazos en un intento inútil de secarse.
—No exageres, Rika… pero sí, básicamente, fue un desastre —refunfuñó.
Sora alzó una ceja, claramente esperando una explicación más detallada.
—¿Y bien?
Izumi suspiró dramáticamente y se dejó caer en una de las sillas del recibidor, sin importarle que estaba empapando la costosa tapicería.
—Para empezar, el auto se averió en medio de la calle, justo cuando el tráfico estaba peor que nunca.
—¿Y qué hicieron? —preguntó Sora, frunciendo el ceño.
—Intentamos arreglarlo, pero… —Rika señaló su ropa mojada— …evidentemente no salió bien.
Izumi se cruzó de brazos, aún molesta.
—Encima, la gente comenzó a gritar, los conductores tocaron sus bocinas como locos y luego, para coronar el desastre, empezó a llover. ¡Como si el universo quisiera reírse en nuestra cara!
Sora suspiró, llevándose una mano a la sien.
—¿Y por qué no llamaron?
—Porque no teníamos carga en ninguno de nuestros celulares.—Respondió Izumi— No pudimos llamar, estábamos en mitad de la nada, no se nos ocurrió nada.
Sora hizo una mueca.
—Gracias al cielo, Takuya y ...—dijo Izumi con un gesto de la mano.
—Y un acompañante.—Rika rápidamente la interrumpió— Takuya y un acompañante suyo nos ayudaron con el auto.
Sora alzó ambas cejas con sorpresa. Izumi dirigió su mirada hacia Rika quien con la mirada intentó decirle: ¡No nombres a Ryo!
Para buena suerte de Rika, Izumi entendió.
—¿Takuya?—Preguntó Sora.
Izumi asintió— Sí.—Respondió— Él estaba con...—Dudó unos segundos en continuar, no sabía si mentir o no, sabía que Rika y ese chico no debían estar juntos. Pero ¡él las ayudó!
—Estaba con un acompañante.—Habló Rika— Y nos ayudaron.
—¡Vaya!— Exclamó Sora— Ese chico siempre llegando en momentos difíciles.—Musitó refiriéndose a Takuya.
—Sí.—Comentó la rubia— Y nos ayudó mucho, nos ayudó a llamar a la grúa y luego nos trajo en un taxi hasta aquí.
—El taxi nos cobró una fortuna por traernos hasta aquí —añadió Rika con un puchero.
—Pero él cortésmente pagó.—Comentó Izumi.
—Sin mencionar que, anteriormente nos dieron...di-digo, Takuya y su acompañante nos dieron un café caliente...—Habló la pelirroja.
—Y de paso ¿les dieron sus chaquetas?— Preguntó Sora observando las chaquetas de sus hijas que evidentemente eran unas tallas más grandes.
—Sí.—Respondió la rubia— Amablemente nos prestaron sus chaquetas.
—Teníamos mucho frío.—Comentó Rika.
—¿Cómo no?— Musitó Sora y las miró de arriba abajo, como evaluando la magnitud del desastre. Luego, suspiró con resignación.—Están totalmente empapadas.—Habló— Suban a darse un baño caliente antes de que terminen enfermas.
Izumi y Rika no se hicieron de rogar.
—Sí, sí, como si quisiera seguir sintiéndome como un maldito cubo de hielo —gruñó Izumi, arrastrando los pies hacia las escaleras.
—Voy a necesitar una ducha de media hora para recuperar el calor —murmuró Rika mientras la seguía.
Sora las observó subir, sacudiendo la cabeza con una leve sonrisa de diversión. Por mucho que se quejaran, estaba segura de que en un par de días recordarían la situación con menos enojo y más risas.
¡Bip, bip!
El sonido de su celular llamó su atención.
Sora tomó su smartphone y se dispuso a responder.
Fue así como, rápidamente Nene fue llevada a la clínica.
Yamato se sentía de muerte ante la situación de su hija. ¡Todo esto era su culpa! Sí, Takeru fue quien habló demás, pero él era responsable de toda esta situación de raíz.
—Tranquilo, Yamato… —Haruna depositó una mano sobre el rubio, intentando "consolarlo" Aunque, ella estaba mucho más nerviosa que él.
—No puedo estarlo. —Declaró el rubio — Esto que le pasó a Nene fue mi culpa.
Haruna miró a Yamato con una mezcla de compasión y preocupación. Sabía que él se sentía responsable por el colapso de Nene, y aunque sus palabras pretendían tranquilizarlo, dentro de ella el miedo y la culpa también la consumían. A pesar de que había intentado manejar la situación de la mejor manera posible, se daba cuenta de que las consecuencias de las decisiones pasadas de Yamato seguían afectando a todos.
—Yamato, no puedes asumir toda la culpa… —Haruna intentó una vez más, con voz suave pero firme—. La situación es complicada, sí, pero… todos hemos tenido algo que ver. No te eches todo el peso sobre los hombros.
Yamato negó con la cabeza, apenas registrando las palabras de Haruna. Su mente estaba completamente enfocada en el rostro de su hija, en el dolor y la angustia que él mismo había alimentado durante años. Sabía que había tratado de protegerla al ocultarle la verdad sobre su madre, pero ahora esa protección se había vuelto en su contra.
—No entiendes, Haruna —dijo con amargura, clavando la mirada en el suelo—. Nene creció creyendo en algo que no era real. Si solo le hubiera contado la verdad desde el principio… tal vez hubiera tenido la oportunidad de lidiar con esto a su manera, sin esta traición.
—¿Y realmente crees que hubiera sido mejor? —replicó Haruna, mirándolo con cautela—. Tal vez… tal vez la verdad habría sido una carga demasiado pesada para ella siendo tan joven. Todos tratamos de protegerla, Yamato. No podíamos saber que esto iba a salir de esta manera.
Yamato suspiró, pasándose una mano por el cabello en un gesto de frustración. Sabía que Haruna tenía razón en cierta forma, pero eso no aliviaba el peso en su pecho. Cada segundo que pasaba, cada latido de su corazón le recordaba que su hija estaba sufriendo y que, de una forma u otra, él había contribuido a ese dolor.
—Si algo le pasa… no voy a perdonarme jamás, Haruna —murmuró con voz tensa, apenas un susurro, pero lleno de desesperación—. No puedo perderla. No después de todo lo que he hecho por protegerla.
La oji-miel lo miró con tristeza, y en ese momento, sin saber qué decir, simplemente estrechó su mano con la de él en un gesto silencioso de apoyo.
—Y no lo digo simplemente porque sea mi hija...—Nuevamente habló Yamato— La amo por ser sangre de mi sangre, pero también...—Suspiró— Nene junto a su hermana, son lo único que me queda de Mimi.
La castaña sintió un nudo formarse en su garganta, como siempre que, Yamato hablaba de ella.
—¿Por qué no me lo dijiste, papá? —su voz salió rota, pero firme— ¿Por qué nunca me dijiste que era hija de una asesina?
El silencio que siguió fue pesado, como si las palabras que acababa de pronunciar flotaran en el aire, esperando ser respondidas. Yamato, quien había permanecido en silencio, finalmente dio un paso hacia ella. Su rostro estaba marcado por la culpa, pero sus ojos reflejaban algo más: un amor profundo y una tristeza que no podía ocultar.
—Nene… —comenzó, su voz baja, como si temiera que las palabras le pesaran demasiado— Yo nunca quise que pasases por esto. No quería que supieras la verdad. Sabía que te destruiría.
Nene lo miró con incredulidad, la rabia creciendo dentro de ella. La palabra "destruiría" resonó en su mente como una bofetada. ¿Acaso pensaba que ella no podía manejarlo? ¿Acaso pensaba que ella no tenía derecho a saber quién era realmente?
—¡Destruirme?! —gritó, su cuerpo tenso, como si las emociones de los últimos días se estuvieran apoderando de ella— ¿Creías que me destruiría saber la verdad? ¿No pensaste que el dolor de vivir una mentira durante tantos años sería mucho peor? ¡Que este engaño me estaba destrozando por dentro!
Yamato dejó que las palabras de su hija le calaran hondo. Sabía que no podía defender su decisión, que las razones que había tenido en su momento no significaban nada ahora. No cuando veía el dolor reflejado en los ojos de Nene.
—Yo… yo solo quería protegerte, Nene —dijo con un suspiro profundo— Quería que tu vida fuera tranquila, sin saber la verdad sobre tu madre. Mimi Tachikawa… para mí, ella nunca fue una asesina. Fue la mujer que más amé en mi vida. Y aunque lo que sucedió fue horrible, yo nunca pude verla como una criminal. Para mí, siempre será la mujer que me dio la felicidad, aunque esa felicidad haya sido breve.
Las palabras de Yamato resonaron con fuerza en la habitación, pero no fueron suficientes para calmar la furia que ardía en el pecho de Nene.
—¿La mujer que más amaste? —preguntó con sarcasmo, la ironía palpable en su tono— ¡Ella asesinó a tu madre!
—Sí, lo sé, pero… —respondió Yamato, casi suplicante— Mimi… ella nunca quiso hacerle daño a nadie.
—¡Es una asesina!
—No digas eso. —El rubio la detuvo— Lo que pasó, lo que ocurrió con tu madre, fue un accidente. Un accidente trágico, pero no fue lo que la gente cree. No era una asesina.
Nene negó con la cabeza, su corazón golpeando contra su pecho con cada palabra que escuchaba.
—¿Entonces qué fue, papá? —su voz se quebró, pero la rabia no desapareció— ¿Qué fue lo que hizo mi madre para que tú la defendieras de esta manera? ¿Por qué nunca me dijiste la verdad?
Yamato la miró fijamente, como si tratara de encontrar una forma de explicarlo, pero sabía que las palabras ya no podían cambiar nada. Todo estaba roto, y ya nada sería lo mismo.
—Nene, todo lo que hice, lo hice porque no quería que tu vida se viera manchada por lo que ocurrió. Yo la amaba a ella, y… te amaba a ti, y pensaba que lo mejor era que nunca supieras la verdad, porque la verdad dolía demasiado. Yo no quería que tú sufrieras como yo sufrí, como sufrimos todos en la familia.
Nene apretó los dientes y se levantó un poco en la cama, mirando a su padre con los ojos llenos de lágrimas, pero también de ira.
—¿Y qué hay de mi sufrimiento ahora, papá? —preguntó en un susurro, la tristeza y la ira mezclándose en su voz— ¿Qué pasa con todo esto? ¿Qué pasa con lo que me has hecho?
Las palabras de Nene fueron como una daga que atravesó el corazón de Yamato. A lo largo de los años había tratado de protegerla de cualquier dolor, pero ahora se daba cuenta de que la había herido mucho más al mantenerle oculta la verdad. Ya nada podría cambiar ese hecho.
—Lo siento tanto, Nene —dijo con la voz quebrada— Perdóname. Jamás quise hacerte daño. Solo quería que fueras feliz.
Nene lo miró por un largo rato, la ira dentro de ella mezclada con el dolor, pero en algún lugar de su mente, una parte de ella entendió que su padre había actuado con las mejores intenciones. Aun así, no podía perdonarlo tan fácilmente. No cuando sentía que su vida entera había sido una mentira.
—No sé qué pensar. Necesito tiempo… —respondió en voz baja, sintiendo el peso de sus propias palabras.
Yamato solo asintió lentamente, sabiendo que Nene necesitaba tiempo. Tiempo para procesar lo que había descubierto, para sanar las heridas que él, con su amor, había causado.
Y mientras Nene permanecía allí, con su corazón destrozado y su mente llena de preguntas, Yamato comprendió que, aunque sus intenciones habían sido buenas, la verdad siempre tendría un precio.
Sora estaba sentada en la sala, con los ojos hinchados y enrojecidos, incapaz de contener las lágrimas. La noticia de que Nene había descubierto la verdad la había destrozado por completo. Todo el esfuerzo, los sacrificios, los años de amor y de cuidar a Nene como su hija… ahora parecían esfumarse en un instante. Sentía como si el vínculo que había construido con ella estuviera en peligro de quebrarse para siempre.
Justo en ese momento, la puerta se abrió, y Toshiko, su madre, entró en la habitación. La expresión en su rostro era fría, impasible. Sora apenas levantó la mirada, incapaz de enfrentarse al juicio que sabía que estaba a punto de recibir.
—Llora todo lo que quieras, Sora —dijo Toshiko con una voz calmada, pero implacable—. Pero no te confundas… esto es culpa tuya.
Sora sintió como si un puñal le atravesara el pecho al escuchar esas palabras. Parpadeó, tratando de enfocar la mirada en su madre.
—¿Mi culpa? —repitió en un susurro tembloroso—. Pero… yo solo quería protegerla, yo la cuidé, la amé como si fuera mi propia hija…
Toshiko la interrumpió, sin permitirle terminar la frase.
—Precisamente —dijo, con frialdad—. Pero jamás fuiste capaz de borrar, de una vez por todas, el recuerdo de Mimi. Siempre estuvo ahí, como una sombra sobre tu relación con Nene y Yamato. En lugar de asegurar que Mimi desapareciera de sus vidas, permitiste que su fantasma se mantuviera presente, y ahora lo estás pagando.
Sora sintió cómo sus lágrimas volvían a caer con más fuerza. Quería protestar, gritar que eso no era cierto, que ella había hecho todo lo posible por ser la madre que Nene necesitaba. Pero en el fondo sabía que Toshiko, por despiadada que fuera, tenía razón. Mimi siempre había sido una presencia constante en su vida y, de algún modo, esa presencia también había afectado a Nene.
—No puedes cambiar lo que pasó —continuó Toshiko, con un tono que no dejaba lugar a la compasión—, pero sí puedes hacer algo ahora. No te pongas a llorar, Sora. Sé fuerte. Si quieres mantener a Nene a tu lado, debes demostrarle que no vale la pena pensar en Mimi. ¿Qué sentido tiene que siga torturándose con esa mujer?
—Pero… —Sora intentó hablar, pero Toshiko la detuvo con un gesto severo.
—No hay "peros", Sora —dijo Toshiko con dureza—. Tú eres su madre, y siempre lo has sido. No te dejes vencer por el fantasma de Mimi. Tienes que ser fuerte por Nene, demostrarle que tú eres la única madre que merece, que eres la que siempre ha estado para ella.
Sora se quedó en silencio, escuchando las palabras de su madre, sintiendo cómo se mezclaban la culpa y la determinación en su pecho. Sabía que Toshiko tenía razón, aunque doliera. No podía permitir que Nene se dejara consumir por la idea de Mimi; ella, Sora, había sido quien había criado a Nene, quien había estado allí en cada momento importante de su vida.
—Pero...
—¡Pero nada!— Exclamó Toshiko—¡Tú eres su madre y punto!
Sora respiró hondo, asimilando cada palabra, aunque era difícil. Por mucho tiempo odió a Mimi por serle infiel con Taichi, pero ahora ya no sentía ese odio. No podía olvidarse de ella sabiendo que, nunca le fue infiel, siempre fue buena amiga y...amaba más que nadie a Nene e Izumi.
Hikari caminaba de un lado a otro en la sala, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. La inquietud y el enfado eran evidentes en cada uno de sus movimientos, mientras esperaba a que Takuya regresara. Cuando por fin lo vio entrar, no pudo contener su enojo.
¡Era muy tarde y aun no llegaba!
Takuya apenas había puesto un pie en la habitación cuando Hikari cruzó los brazos y lo fulminó con la mirada.
—¿Tienes idea de la hora que es? —su voz estaba cargada de reproche.
Takuya suspiró, ya anticipando el sermón.
—Lo sé, llego tarde, pero…
—¡Por supuesto que llegas tarde! —lo interrumpió Hikari, acercándose con paso firme—. ¡Te estuve esperando por horas!
—Estaba ayudando a Izumi —dijo con un encogimiento de hombros, como si no fuera la gran cosa.
Hikari frunció el ceño de inmediato.
—¿Ayudando? —su tono estaba cargado de sospecha.
—Sí, tuvo un problema con su auto y…
—¿No había otra persona que la ayudara? —su voz subió ligeramente, su frustración evidente.
Takuya la miró, sorprendido por la intensidad de su reacción.
—¿Qué importa eso? Yo estaba ahí, así que la ayudé.
Hikari soltó un bufido exasperado y pasó una mano por su cabello, claramente irritada.
—Takuya, dime que no estás…
—Estoy interesado en ella —la interrumpió sin titubear—. Izumi terminó con su novio, y ahora yo voy a intentarlo.
Hikari apretó los labios en una delgada línea y lo miró fijamente.
—¿Tú… qué?
—Escuchaste bien —dijo con determinación—. No voy a dejar pasar esta oportunidad.
—¡¿Oportunidad?! —Hikari alzó las manos al aire, incrédula—. ¡No puedo creer lo que estás diciendo!
Takuya se cruzó de brazos, manteniendo su postura.
—Izumi me quiere dar una oportunidad—dijo finalmente, en voz baja pero cargada de emoción.
—¿Una oportunidad?
Takuya asintió: —Ella me dio entrada para conquistarla, y yo perderé la oportunidad.
Hikari parpadeó, sorprendida por la revelación. Por un momento, su enojo se desvaneció, reemplazado por una mezcla de incredulidad y desconcierto. Sin embargo, su expresión rápidamente se volvió seria otra vez.
—Takuya es una locura.
—¡No lo es! Yo la quiero.
—Takuya… que la quieras no cambia el hecho de que es una locura —dijo, tratando de sonar comprensiva pero sin perder su firmeza.
—¿Por qué dices eso?
—Porque sabes lo compleja que es su familia. ¿Acaso olvidas cómo reaccionó el padre de Izumi al saber que Rika estaba con Ryo?
No, no lo había olvidado.
—Si su padre, madre o abuelos descubren que tienes algo con su hija… sabes muy bien lo que podría hacer. Y no solo a ti, sino a ella también.
Takuya asintió, pero su expresión no cambió; en lugar de preocuparse, parecía más decidido.
—Sé en lo que me estoy metiendo, Hikari, y créeme, no quiero poner a Izumi en peligro —respondió con seriedad—. Pero… hay algo en ella que simplemente no puedo ignorar. Y si eso significa arriesgarme, lo haré.
Hikari lo observó en silencio por unos segundos, con una mezcla de tristeza y resignación en sus ojos.
—Siempre has sido terco, Takuya, pero esto… esto es diferente —dijo en voz baja, suavizando su tono.
—¿Diferente por qué? —preguntó él con el ceño fruncido.
—Porque su familia jamás aceptará tu relación con ella.
—¿Por qué dices eso?
—Porque ellos viven en otro mundo, tienen otros valores, otras convicciones —declaró Hikari con amargura.
—Izumi es diferente.
—¡Ella! —exclamó la castaña— Pero su padre no, su abuelo tampoco. ¡Olvida que ellos aceptarán su relación!
—¡Hey! —Takuya se colocó en pie, sintiéndose acorralado—. Hikari, no digas eso.
—¡Es la verdad! —insistió ella, con una expresión sombría—. Por favor, piensa en lo que estás haciendo.
Takuya apretó los puños y desvió la mirada. Sabía que Hikari tenía razón en muchas cosas, pero también sabía que no podía ignorar lo que sentía. No esta vez.
~Al día siguiente~
Yamato pasó su mano derecha por su cabello intentando aliviar el mal estar que se reflejaba en su rostro, y no era para menos, este colapso que Nene sufrió no era normal. Era evidente que Yamato estaba preocupadísimo por su hija.
Haruna observó a Yamato desde el otro extremo de la sala de espera de la clínica. Él estaba sentado, con los codos apoyados en sus rodillas y la mirada perdida en el suelo. Su mano derecha pasaba una y otra vez por su cabello en un gesto frustrado, tratando inútilmente de aliviar la tensión que lo consumía. Su rostro estaba pálido, la preocupación era evidente en cada línea de su expresión.
Yamato estaba completamente vulnerable, y Haruna lo supo de inmediato: el colapso de Nene lo tenía destrozado.
Sin dudarlo, se acercó a él y se arrodilló frente a su silla.
—Yamato —susurró con suavidad, buscando su mirada.
Él tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando levantó la vista, Haruna vio algo que la sorprendió: sus ojos estaban nublados, como si estuviera al borde de romperse.
—Haruna.
—Toma, te traje un café.—Levantó un vaso.
Yamato suspiró: —Gracias, pero no quiero nada.—Comentó.
—¿Seguro? Creo que te haría bien, llevas toda la noche aquí, sin dormir. No te haría mal tomar un café.
—No tengo ganas de comer, ni tomar nada, necesito saber como está Nene.
Haruna hizo una mueca y tomó asiento a su lado.
—Ella no está bien, Haruna… —murmuró con la voz tensa—. Jamás esperé que supiera la verdad de esta forma.—Suspiró— Fue la peor forma de saberlo.
Haruna sintió un nudo en el pecho.
—Disculpa, pero creo que era inevitable que este día llegara.—Comentó la castaña— Tarde o temprano ella sabría la verdad. Tiene derecho a saberlo.
—Lo sé.—Respondió el rubio— Pero jamás esperé o pensé que fuera de esta forma...—Declaró— O en un momento como este.—Declaró— Mi relación con ella está mal, ahora será mucho peor.
Él cerró los ojos con fuerza, como si intentara contener el torbellino de emociones que lo golpeaba.
—No sé qué hacer —confesó en un susurro casi inaudible—. Siempre pensé que podía protegerla, que podía darle todo lo que necesitaba… pero ahora, me doy cuenta de que soy un asco como padre.
Haruna apretó suavemente su mano.
—Tranquilo, Nene estará bien.
Yamato suspiró: —Eso espero...—Habló— Porque si le llega a suceder algo, jamás me lo perdonaré. Si me odia, no sé que haré con mi vida.—Declaró— Preferiría mil veces, que me hubiese pasado algo a mi, haber perdido mi vida incluso para evitarle este sufrimiento.
Esas palabras llegaron al corazón de la castaña.
"Preferiría mil veces, que me hubiese pasado algo a mi, haber perdido mi vida incluso para evitarle este sufrimiento."
Mimi aclaró su garganta— Disculpa que te pregunte, pero...—Su voz era temblorosa—¿Aún sabiendo que, es hija de la mujer que asesinó a tu madre?
—Una cosa no se relaciona con la otra...—Declaró el rubio— Mis hijas, tanto Nene con sus hermanas, son la luz de mi vida.
La sinceridad en los ojos de Yamato fue notable para la castaña.
—Si alguien me pidiese que me arrebatara el corazón para dárselo, lo haría.—Declaró Yamato— Porque mi vida sin ellas, no sería vida.—Suspiró— Aunque, creo que está claro que, por más que las ame, fallé como padre.
Yamato soltó un suspiro tembloroso. Mimi no lo había visto así en años, y por un momento, recordó al joven que una vez fue. Aquel que cargaba con más peso del que debería, aquel que siempre intentaba resolverlo todo solo.
—Quizás, ocultarle la verdad no fue lo mejor, pero eso no significa que hayas fallado como padre —dijo Haruna con firmeza.
—Dudo que me perdone.
—Le va a costar, pero Nene sabe que la amas y eso es lo más importante. Ahora mismo, lo único que puedes hacer es estar aquí para ella.
—No estás solo en esto, Yamato —añadió con voz suave—. No tienes que cargar con todo tú solo.
Él la miró durante unos segundos, como si estuviera procesando sus palabras. Finalmente, asintió levemente, sin soltar su mano.
—Gracias, Haruna… —murmuró—Por acompañarme.
Mimi le dedicó una pequeña sonrisa antes de sentarse a su lado, dispuesta a esperar con él el tiempo que fuera necesario.
A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba tímidamente a través de las cortinas de la habitación de Rika, iluminando el espacio con un brillo cálido y reconfortante. Afuera, la tormenta de la noche anterior había dado paso a un cielo despejado, con el sonido de algunas gotas rezagadas deslizándose por los cristales de la ventana.
Sentada frente al tocador, Rika pasaba lentamente el cepillo por su largo cabello rojizo. Sus movimientos eran pausados, casi distraídos, mientras su mente divagaba en los recuerdos de la noche anterior. Sus ojos vagaron por la habitación hasta que se detuvieron en una prenda oscura que descansaba sobre el respaldo de una silla: la chaqueta de Ryo.
Una sonrisa suave se dibujó en su rostro. No importaba cuántas veces él dijera que no tenía que agradecerle, o que solo hizo lo que debía hacer. La realidad era que él había estado ahí cuando más lo necesitaba, a pesar de todo. A pesar de que todos le decían que se alejara, a pesar de que el destino parecía querer separarlos… de algún modo, siempre terminaban cruzando caminos.
Rika dejó el cepillo sobre la mesa y se levantó con paso ligero. Se acercó a la silla y tomó la chaqueta entre sus manos. El aroma inconfundible de Ryo todavía impregnaba la tela. Su corazón dio un leve vuelco ante aquel detalle.
—Supongo que ahora tengo una excusa para volver a verte… —susurró para sí misma con una sonrisa traviesa.
Llevó la chaqueta contra su pecho y la abrazó por unos instantes. No era propio de ella hacer algo así, pero no podía evitarlo. Antes, una simple broma de Ryo la habría molestado; ahora, incluso recordaba con cariño el apretón en su mejilla. Instintivamente, llevó una mano al lugar donde él la había tocado la noche anterior. En otro momento, le habría devuelto el gesto con un golpe o un comentario mordaz. Pero ahora… ahora era diferente.
Ella era diferente.
No sabía en qué momento exacto había cambiado su percepción sobre Ryo, pero lo había hecho. Y lo más extraño era que no le molestaba. De hecho, la idea de verlo de nuevo la hacía sentir extrañamente… emocionada.
Dejó escapar un suspiro y miró la chaqueta una vez más. Tenía que devolvérsela, ¿verdad? Sería lo correcto.
Una nueva sonrisa se dibujó en su rostro.
Sí, definitivamente tenía que devolvérsela. Y qué mejor manera de hacerlo que entregársela en persona.
En la bulliciosa cafetería de la universidad, Damar estaba sentada frente a Hikari, quien había sido su guía y compañera desde que llegó. Las mesas alrededor estaban ocupadas por estudiantes con portátiles abiertos y charlas animadas, el sonido del café siendo preparado y el tintineo de las tazas completaban el ambiente acogedor.
Hikari le sonrió a Damar, emocionada de ayudarla en su primer día de trabajo. Había algo en la determinación de Damar que le recordaba a ella misma cuando había comenzado en ese mismo puesto.
—Bien, entonces, aquí es donde sucede casi toda la magia del día a día —comenzó Hikari, señalando alrededor con un gesto amplio—. La cafetería tiene sus horas punta, principalmente en la mañana y alrededor del mediodía, así que nos gusta estar bien preparadas.
Damar la escuchaba con atención, asentía y tomaba nota mental de cada detalle, absorbiendo cada palabra.
—Entonces, ¿siempre hay alguien asignado específicamente a la caja o vamos rotando? —preguntó, levantando una ceja con curiosidad.
Hikari sonrió, feliz de que Damar mostrara interés en los detalles.
—Buena pregunta. Nos turnamos, sí, pero al inicio del día suelo quedarme en la caja para que todos puedan familiarizarse con el flujo de los pedidos. A medida que vayas tomando más confianza, podemos intercambiar. Además, la caja tiene su truco —Hikari le guiñó un ojo—. Algunos estudiantes pueden ser algo exigentes, y hay que aprender a ser ágil.
Damar soltó una risa nerviosa, imaginándose ya lidiando con estudiantes en apuros o que iban con prisa entre clases.
—Entonces, además de estar en caja y manejar los pedidos, ¿también ayudamos en la cocina?
—Exactamente. La mayoría del tiempo, nos encargamos de las bebidas. A veces, incluso preparamos algunos de los postres básicos —explicó Hikari—. Ya verás, no es complicado. Tenemos recetas y pasos detallados para todo. Solo es cuestión de seguirlos y mantener la calma.
Damar miró a Hikari con algo de nerviosismo, pero también con emoción. Nunca había trabajado en una cafetería y la idea de aprender a preparar bebidas y postres era intrigante.
—¿Y qué pasa con el sistema de pedidos? —preguntó Damar, mirando hacia la caja registradora que Hikari le había mencionado antes—. ¿Es complicado? ¿Tiene muchas opciones?
Hikari sacudió la cabeza con una sonrisa tranquilizadora.
—Al principio puede parecer un poco abrumador, pero es bastante intuitivo. Aquí te mostraré cómo funciona —Hikari se levantó y guió a Damar hacia la caja registradora—. Básicamente, tenemos categorías para cada tipo de bebida: cafés, tés, jugos, y luego están los postres y los bocadillos. —Le mostró cómo navegar por las opciones—. Simplemente seleccionas lo que piden, y al final del pedido, te muestra el total. ¿Ves?
Damar asintió, inclinándose para observar más de cerca. Hikari le dejó tomar el control y le pidió que simulara un pedido.
—Supongamos que alguien pide un café latte y un muffin de arándanos —dijo Damar mientras seguía las instrucciones de Hikari, tocando las opciones en la pantalla.
—Exacto, lo tienes —la animó Hikari—. Y si cometes algún error, simplemente presionas este botón de "Cancelar" y puedes comenzar de nuevo. Nada grave.
Damar sonrió, aliviada de que el sistema no fuera tan complejo como había temido.
—Perfecto. Creo que puedo manejar esto —dijo con una confianza recién descubierta.
Ambas regresaron a la mesa y Hikari continuó dándole consejos.
—Otra cosa que es buena idea recordar es conocer las preferencias de los estudiantes. Verás que algunos vienen todos los días y tienen pedidos regulares, así que, eventualmente, aprenderás sus nombres y sus gustos.
—¡Oh, vaya! Eso suena muy útil… Me hace pensar que hay mucho más que simplemente servir café —reflexionó Damar—. ¡Eso debe hacer que se sientan bienvenidos!
Hikari asintió, con una sonrisa cálida.
—Exactamente. Y otra cosa importante es la limpieza. Durante las horas bajas, solemos limpiar las mesas y organizar los mostradores. La limpieza es crucial para que todo se vea bien y esté listo para cuando vuelva a llenarse.
Damar asintió, tomando mentalmente nota de cada pequeño detalle que Hikari compartía.
—¿Y qué hago si alguien tiene alguna queja? —preguntó, queriendo prepararse para cualquier situación.
Hikari le dio una sonrisa alentadora.
—Si eso pasa, solo mantén la calma y sé amable. Normalmente, podemos ofrecer cambiar el pedido o hacer un reembolso si es necesario. Pero siempre empieza por escuchar. La mayoría de las personas solo quiere que alguien las escuche.
Damar sintió un peso de responsabilidad en sus palabras, pero también una sensación de gratitud por estar aprendiendo tanto de alguien tan amable y experimentada.
—Gracias, Hikari, en serio. Esto me ayuda mucho. Pensé que sería simplemente servir bebidas, pero veo que es mucho más.
Hikari le dio una palmada en el hombro.
—Eres bienvenida, Damar. Sé que lo harás genial. Aquí estoy para ayudarte.
Ambas compartieron una sonrisa. Damar se sintió reconfortada, lista para enfrentar su primer día de trabajo con una mejor comprensión y confianza, sabiendo que tenía una buena compañera a su lado.
—¡Que pena con usted Haruna! — Murmuró Sora avergonzada mientras tomaba asiento al lado de la castaña— Lleva poco tiempo aquí y ha presenciado lo peor de nosotros.
Mimi se mordió el labio inferior ante esto, mientras intentaba mantener la calma, aunque era difícil. Lo único que quería era correr hacia Nene y decirle que ella era su madre. Que la amaba y que ¡no era una asesina! Que todo fue un engaño y que ella jamás hubiese hecho algo como eso.
—Esto no debió ocurrir. — Toshiko dirigió su mirada hacia Hiroaki: —¿Cómo es posible que no controles a tu hijo?
Hiroaki frunció el ceño ante esto.
—Nene sabe la verdad y posiblemente Izumi también lo sepa ¡Todo por culpa de Takeru! — Gritó la madre de Sora — ¡Años guardando esa verdad! Para nada.
El Ishida frunció el ceño…¡Tendría que hablar con Takeru! Su rebeldía y enojo llegó muy lejos. Y todo por ¡una mujer! Takeru era completamente una copia de Yamato.
—Esto nadie lo puede saber. — Declaró Kousei — ¡Nadie!
—Gracias al cielo la prensa no estaba aquí… —Murmuró Sora.
—Ni Izumi. —Declaró Toshiko — Esto pudo salir peor. ¡Y todo por Takeru!
—Tu hijo necesita control, Hiroaki. —El padre de Kouji le habló al Ishida.
—¡Lo sé! —Exclamó el predecesor de Yamato — ¡No tienes que recordármelo!
Yamato suspiró.
¿En qué minuto todo esto se le salió de las manos? ¡Cuando!
Aunque...Era extraño, no se sentía tan mal como debía. Sí, no le gustó la reacción de su hija. Pero ¡finalmente sabía la verdad! Nene sabía de la existencia de Mimi...Su añorada Mimi.
Su mirada se depositó en Haruna.
¿En verdad sería ella?
Pronto sabría la respuesta.
El aroma del café recién hecho flotaba en el aire cuando Rika entró en la cocina, su cabello recogido en una coleta alta después de haber pasado un buen rato peinándose. Se sentía renovada, con energías para comenzar el día, aunque no esperaba encontrarse con Izumi tan temprano.
Su hermana estaba de espaldas, preparando algo en la encimera, pero giró la cabeza apenas la escuchó entrar.
—Buenos días —saludó Izumi con voz tranquila.
—Buenos días —respondió Rika, acercándose con paso ligero.
Sin embargo, su entusiasmo se detuvo abruptamente al ver el estado del lava platos. Platos sucios, restos de comida y un desagradable olor a humedad formaban una escena caótica que la hizo fruncir el ceño con desagrado.
—¡Iugh! —exclamó Rika, con una mueca de asco—. Qué horror… ¿acaso estamos en una casa sin limpieza?
Izumi suspiró y se apoyó en la encimera con los brazos cruzados.
—Desde que murió Layla, nadie limpia —explicó con simpleza.
Rika giró la cabeza para mirarla con incredulidad.
—¿Y mamá? ¿Por qué no ha contratado a alguien más?
—Está en proceso —respondió Izumi, encogiéndose de hombros.
Rika bufó y sacudió la cabeza antes de dirigirse a la tetera para servirse un té. Mientras el agua hervía, volvió a hablar.
—Hablando de mamá… ¿dónde está?
Izumi tomó una taza y la llevó a la mesa antes de contestar.
—No lo sé. Solo me envió un mensaje diciendo que tuvo un inconveniente con una amiga o algo así.
Rika asintió distraídamente mientras vertía el agua caliente en su taza.
—¿Y papá?
—Seguramente en la empresa —respondió Izumi sin dudar.
El silencio se instaló entre ellas por unos momentos. Rika se quedó mirando su té, removiéndolo con lentitud, mientras Izumi bebía su café en pequeños sorbos.
Finalmente, Rika rompió el silencio.
—Gracias —dijo en voz baja.
Izumi levantó la vista, algo confundida.
—¿Por qué?
Rika suspiró y la miró fijamente.
—Por no decirles a nuestros padres que me fui a juntar con Ryo.
Izumi hizo una mueca y dejó su taza sobre la mesa con suavidad.
—No me agradezcas. Ryo nos ayudó… era lo menos que podía hacer.
Rika asintió, pero luego bajó la mirada a su taza de té.
—También gracias por no decirle a mamá que Ryo estuvo involucrado.
Izumi no respondió de inmediato. Hubo un silencio tenso, y cuando Rika la miró de reojo, notó que su hermana parecía pensativa, casi incómoda.
Izumi dudaba. Dudaba de Ryo, de sus intenciones, de lo que realmente sentía por Rika. Y, aunque no quería decirlo en voz alta, algo en su interior le hacía preguntarse si todo esto no terminaría hiriendo a su hermana.
Después de unos segundos de incertidumbre, Izumi finalmente habló.
—Rika… ¿tú en serio quieres a ese chico?
Rika se sorprendió por la pregunta y levantó la vista.
—¿Por qué preguntas?
Izumi suspiró y la miró fijamente.
—Porque no entiendo cómo puedes querer a alguien que nuestros padres no aceptan.
Rika tardó en responder. Miró su taza por un momento, como si buscara en ella la respuesta correcta, pero al final solo exhaló y respondió con sinceridad:
—Es complicado.
Izumi se apoyó en la mesa con los codos, sin apartar la vista de su hermana.
—¿No tienes miedo de que lo que dicen nuestros padres sea real?
Rika negó con la cabeza casi de inmediato.
—Ellos no conocen a Ryo. No saben lo buena persona que es.
Izumi mantuvo el silencio por unos segundos más. No estaba segura de si Rika tenía razón o si simplemente estaba cegada por sus sentimientos. Dejó su taza con cuidado sobre la mesa y suspiró profundamente, como si estuviera buscando las palabras correctas. Miró a Rika con una expresión seria, como si estuviera tratando de comprender lo que pasaba en su mente. Finalmente, su voz, aunque tranquila, dejó ver cierta frustración.
—Rika… —empezó, el tono en su voz reflejando su confusión—, de verdad no entiendo cómo puedes estar tan segura de esto. No me malinterpretes, quiero que seas feliz, pero… no puedo evitar preocuparme.
Rika la miró, sorprendida por el tono que Izumi había utilizado, pero se quedó en silencio, dándole espacio para que continuara.
Izumi hizo una pausa, buscando sus palabras, y luego las dejó salir con un leve temblor en su voz.
—Es que… no entiendo cómo puedes querer a alguien que, aunque no lo admitas, sabes que no es lo que nuestros padres esperan para ti. Sabes lo difícil que sería para ellos aceptarlo, y aún así sigues adelante… No es que dude de lo que sientes por él, pero me asusta pensar en lo que podría pasarte.
Rika dejó que esas palabras se asentaran en el aire entre ellas, mordiéndose el labio. Sabía que su hermana se preocupaba, pero a veces le costaba aceptar que sus decisiones no siempre eran fáciles de entender.
Finalmente, Rika habló, su voz suave pero firme.
—Lo sé, Izumi… lo sé. Y no es fácil, créeme. No quiero que nuestra familia se sienta así. Pero lo que siento por Ryo es real, y aunque sé que nuestros padres no lo aceptarán fácilmente, me gustaría que al menos trataran de comprender. No es solo su opinión la que me importa… es la mía también.
Izumi la miró con intensidad, como si intentara descifrar la sinceridad en sus palabras. Después de unos momentos, suspiró de nuevo y se recostó en el respaldo de su silla.
—Lo que más quiero es que seas feliz, Rika. Eso es lo único que realmente importa para mí. Si Ryo te hace feliz, entonces, a pesar de mis dudas, solo quiero que te quedes con lo que te hace sentir completa. Pero no puedo evitar preocuparme…
Rika sonrió ligeramente, aunque había algo de tristeza en sus ojos. Se levantó de la silla y se acercó a su hermana, poniéndole una mano en el hombro en un gesto reconfortante.
—Gracias, Izumi. No siempre lo entiendo, pero sé que lo dices de corazón. Y eso significa mucho para mí.
Izumi la miró con una leve sonrisa, aunque su preocupación aún estaba presente.
—Solo no te hagas daño, ¿de acuerdo? Si en algún momento te das cuenta de que no te hace bien, quiero que lo sepas. Pero por ahora… si él te hace feliz, entonces solo espero que todo salga bien.
Rika asintió, con una mirada seria.
—Lo prometo, Izumi.
Ambas se miraron en silencio por un momento, compartiendo una conexión silenciosa que solo las hermanas podían entender. A pesar de sus dudas y preocupaciones, había algo que las unía más que cualquier diferencia: el deseo sincero de ver a la otra feliz.
Mientras tanto en la cafetería, la puerta de la cafetería se abrió, y Hikari y Damar, casi sin darse cuenta, desviaron su atención hacia los recién llegados. Kouji entró primero, seguido por Ren, que iba hablando por teléfono con una expresión relajada y ajena al entorno.
La mirada de Damar se detuvo en Kouji, y un instante de sorpresa cruzó su rostro. No esperaba verlo ahí, y menos en ese contexto tan inesperado. Kouji también la vio, y por un momento, el tiempo pareciera haberse detenido entre ellos. Los ojos de ambos se encontraron, y en ese breve intercambio de miradas, se percibieron sorpresa, duda y algo más que ninguno quería admitir. Pero Damar, en un reflejo inmediato, apartó la mirada y giró hacia la barra, fingiendo estar ocupada mientras tomaba un trapo y limpiaba una superficie inexistente. Su corazón latía con fuerza, y su mente comenzó a pensar rápido para disimular su nerviosismo.
Kouji, por su parte, quedó inmóvil por un instante, sin saber si estaba imaginando la situación. La presencia de Damar en la cafetería, vestida con el uniforme, le resultaba totalmente inesperada. ¿Qué hacía ella allí? Sin embargo, Ren, completamente ajeno a la tensión que Kouji sentía, siguió caminando y se dirigió a una mesa cercana, terminando su llamada mientras revisaba algo en su teléfono.
—Kouji, ¿te vas a quedar parado allí? —preguntó Ren sin levantar la vista, sentándose con despreocupación.
Kouji parpadeó, tratando de recomponerse, y avanzó hacia la mesa. Aun así, su atención estaba claramente dividida. No podía evitar lanzar miradas fugaces hacia la barra, donde Damar hacía un esfuerzo evidente por no voltear hacia él. Sus movimientos eran rápidos y precisos, como si quisiera convencerse de que tenía todo bajo control, aunque su expresión delataba lo contrario.
Mientras tanto, Hikari, quien observaba desde cerca, notó el intercambio silencioso entre Kouji y Damar. Con una ceja levantada, se acercó un poco a su compañera.
—¿Todo bien? —preguntó en voz baja, viendo la rigidez en la postura de Damar.
—¿E? S-sí, claro —respondió Damar con una sonrisa tensa, intentando parecer despreocupada. Pero la sensación de que Kouji la observaba no la abandonaba.
Ren, por otro lado, estaba completamente absorto en su teléfono, ajeno al ambiente. Kouji, sentado frente a él, intentaba enfocarse en la conversación, aunque su mente seguía anclada en la imagen de Damar con el uniforme. A pesar de todo, trató de disimular su confusión y mantuvo la mirada fija en la mesa por unos instantes, como si estuviera evaluando sus próximos pasos.
Finalmente, Damar se aventuró a echar un vistazo rápido hacia la mesa donde estaban los chicos. Para su desgracia, Kouji también había alzado la vista en ese momento, y sus ojos volvieron a cruzarse. Esta vez, hubo un destello de intensidad en la mirada de Kouji, una mezcla de curiosidad y algo que Damar no pudo identificar. Sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas, ella desvió la vista de inmediato, fingiendo estar demasiado concentrada en limpiar un vaso.
La cafetería continuaba con su bullicio habitual, pero para Damar, el ambiente se sentía más denso que nunca. Hikari notó la tensión y decidió intervenir.
—Querida ¿estás bien?
—¿E?—Balbuceo— S-sí.
—¿Segura?—Preguntó Hikari— Tu rostro dice otra cosa.
Damar movió su cabeza:—Estoy un poco nerviosa, es todo, por ser mi primer día. Es todo.
—No me sorprende, todas estuvimos así nuestro primer día.—Comentó Juri mientras traía una bandeja— Pero debes estar tranquila, cualquier cosa nosotras podemos salvarte.
La puerta del cuarto se abrió con suavidad, y Hiroaki apareció en el umbral. Al principio, su figura fue apenas una sombra en la luz tenue de la habitación, pero conforme dio un paso al interior, su presencia se hizo más evidente. Su rostro, envejecido pero aún fuerte, reflejaba una expresión llena de tristeza. En sus ojos brillaba una mezcla de amor profundo y arrepentimiento, y al ver a su nieta en la cama, algo en su pecho se apretó.
—Nene… —dijo dulcemente, con voz cálida, alzando una mano en señal de saludo—. ¿Cómo te sientes, querida?
Sin embargo, lo que esperaba como un recibimiento amable fue recibido con un silencio gélido. Nene no lo miró ni siquiera una vez. Su cuerpo permaneció inmóvil, y su mirada, fija en el techo, no cambiaba en lo más mínimo. Hiroaki dio un paso más hacia ella, sin saber cómo actuar frente a esa frialdad que nunca había presenciado en su nieta.
Sintiéndose desconcertado por su reacción, Hiroaki se detuvo al borde de la cama, su rostro mostrando una leve preocupación.
—¿Por qué no me saludas, Nene? —preguntó, intentando sonar suave, aunque la incertidumbre se reflejaba en su voz—. ¿Está todo bien?
Nene lo miró por fin, pero su expresión era tan distante, tan cerrada, que Hiroaki sintió como si un muro invisible los separara más que nunca. Sus ojos, aunque llenos de lágrimas, reflejaban un mar de emociones contradictorias: rabia, dolor, desilusión. La joven no necesitaba responderle con palabras para que Hiroaki entendiera que algo profundo había cambiado en ella.
—No quiero saludarte, abuelo —dijo Nene con una voz baja, casi inaudible al principio. Pero luego, al ver que Hiroaki no se movía, la rabia comenzó a arder dentro de ella y su tono se volvió más firme—. ¿Qué derecho tienes de que te salude después de todo lo que me ocultaron?
Las palabras de Nene golpearon a Hiroaki como un golpe en el estómago. Su expresión se desmoronó momentáneamente, y por un segundo, los años de experiencia y control que tenía sobre sí mismo parecieron desvanecerse. Era la primera vez que su nieta lo enfrentaba de esa manera, y el dolor de verla tan herida lo atravesó por completo.
—¿Qué estás diciendo, Nene? —preguntó, tratando de mantener la calma, aunque su voz denotaba la confusión—. Yo… yo sólo quiero verte bien. Quiero que estés bien.
Nene dejó escapar una risa amarga, como si la idea de que él realmente se preocupara por ella fuera una broma cruel. Giró la cabeza, sin querer mirarlo directamente, como si su presencia fuera insoportable.
—¿Verme bien? —repitió, su voz llena de sarcasmo—. ¿Y todo lo que me hiciste durante estos años, abuelo? ¿Todo lo que me ocultaron? ¿Eso también es parte de querer verme bien?
Hiroaki retrocedió un paso, como si las palabras de su nieta lo hubieran empujado atrás. En su rostro se reflejaba el dolor, pero también la comprensión de que Nene tenía razón. Había sido cómplice de una mentira que había lastimado a su familia, y ahora, lo que menos podía hacer era defenderse.
—Nene, yo… yo no sabía cómo decirte la verdad —susurró, con la voz quebrada—. Lo que pasó con tu madre fue… fue tan doloroso, y no quería que tu vida se viera arruinada por algo tan horrible. Pensé que lo mejor era… no decírtelo. Quería que fueras feliz.
Nene se incorporó un poco en la cama, mirando fijamente a Hiroaki con una expresión que ya no era de tristeza, sino de un enojo incontenible.
—¿Felices? ¿Eso es lo que pensaste? —su voz aumentó de volumen, su cuerpo tenso y su respiración agitada por la ira—. ¿Que me iba a hacer feliz vivir toda mi vida en una mentira creyendo que Sora era mi madre? ¿Eso es lo que pensaste que sería lo mejor para mí?
Hiroaki sintió el golpe de cada palabra. Estaba acostumbrado a ver la rabia en los ojos de sus hijos, en los de Yamato, incluso en Takeru, pero nunca en Nene. Ella siempre había sido su nieta favorita, la que mostraba comprensión, la que tenía una bondad infinita. Ahora, esa imagen se había desvanecido, reemplazada por una mujer rota, que ya no confiaba en él, ni en nadie.
—Nene, por favor… —su voz tembló al intentar continuar, pero las palabras se quedaban atascadas en su garganta—. No quería hacerte daño. Yo pensaba que… que si no sabías la verdad, podrías seguir adelante con tu vida sin cargar con ese peso.
Nene dejó escapar un suspiro lleno de desesperación. Ella sabía que su abuelo amaba a su madre, Mimi, a su manera. Pero la verdad era que el amor de Hiroaki por Mimi no podía borrar el dolor de la mentira que le había impuesto a su vida.
—¡La mentira fue peor que la verdad! —gritó, levantándose por completo de la cama, el dolor y la furia reflejados en sus ojos—. Todo este tiempo, he vivido bajo una mentira. ¿Creíste que eso no me iba a afectar? ¿Que yo iba a estar bien con que mi madre era una asesina y nadie me lo dijera?
Hiroaki no pudo responder. La culpa lo consumía. No había palabras que pudieran justificar lo que había hecho, y lo sabía. Solo podía mirar a Nene, la joven a quien había querido proteger, y ver cómo su dolor crecía.
—No sé si algún día podré perdonarte, abuelo —dijo Nene en un susurro, las lágrimas resbalando por sus mejillas—. No sé si alguna vez podré perdonarme a mí misma por haber confiado en todos ustedes.
El silencio llenó la habitación después de esas palabras, y Hiroaki, con el corazón destrozado, comprendió que las decisiones que había tomado, por muy bien intencionadas que fueran, ya no tenían remedio. Nada podría devolverle la paz a Nene. Nada podría borrar el daño que había causado.
Con un último suspiro, Hiroaki dio media vuelta. Cada paso que daba hacia la puerta lo alejaba más de la niña que había amado con todo su ser, y al mismo tiempo, lo acercaba a la furia que hervía en su interior.
Nene no lo miró al salir. No quería seguir enfrentándose a alguien que, de alguna forma, había sido tan cómplice de su dolor.
Cuando Hiroaki cruzó el umbral de la puerta, la angustia que sentía lo consumió, pero en su mente, el nombre de Takeru resonó como un rugido ensordecedor. La rabia hacia su hijo, hacia la traición de haberle revelado la verdad a Nene, explotó en su pecho. Takeru… pensó, su mente llena de ira. ¿Cómo permitió que esto ocurriera?
La tristeza de ver a Nene destrozada por la verdad era insoportable, pero la furia hacia Takeru ahora era mucho más fuerte.
Kouji se acercó a la barra con paso decidido, dejando a Ren en la mesa y haciendo que Damar sintiera cómo su corazón se aceleraba en anticipación. Hizo una ligera mueca, claramente incómoda por la situación, pero rápidamente intentó componer su expresión. No podía evitarlo: ver a Kouji ahí, justo en su primer día de trabajo, no era exactamente el escenario que tenía en mente.
Él se detuvo frente a la barra y, con una mirada curiosa pero con un toque de desafío, la llamó por su nombre.
Damar respiró hondo, se giró hacia él con la mejor expresión profesional que pudo reunir, y lo miró directo a los ojos. Adoptó un tono neutral, casi como si estuviera atendiendo a cualquier otro cliente.
—Bienvenido a Café Rodante —dijo, con una leve sonrisa que ocultaba sus nervios—. ¿Desea algo más?
Kouji no pudo evitar sonreír, aunque también parecía un poco desconcertado. Su expresión se suavizó y, en lugar de pedir un café, fue directo al punto.
—¿Qué haces aquí, Damar? —preguntó en un tono bajo, tratando de no llamar la atención, aunque había un tono de genuina curiosidad y hasta un toque de preocupación en su voz.
Damar lo miró de reojo y dejó escapar un suspiro, intentando mantener la compostura.
—¿No es obvio? —respondió con un toque de sarcasmo—. Estoy trabajando, Kouji.
Él levantó una ceja, claramente no satisfecho con esa respuesta tan simple.
—Sí, pero… no sabía que estabas buscando trabajo. ¿Por qué no me dijiste nada?
Damar soltó una risa breve y sin humor mientras sacudía la cabeza.
—No sabía que tenía que informarte de cada paso que doy.—Musitó—En todo caso, ya te había comentado que necesitaba trabajar ¿no? Así que… aquí estoy —respondió, intentando restarle importancia al asunto.
¿Trabajaría ahí?
¡¿Ahí?!
Kouji no supo exactamente como sentirse. Ver como trabajaba de mesera no le agradaba, en absoluto, Damar tenia mucha energia e inteligencia como para estar ahi.
¡Pero!...si Damar trabaja ahí significaría que ¡la vería todo el tiempo!
Se mordió el labio inferior.
Eso sería agradable...¡Pero no debía ser! Él no podía desviarse de su objetivo.
—Entiendo… —dijo, bajando la mirada por un momento, como si pensara en sus palabras—. No me malinterpretes, solo me sorprendió verte aquí. No pensé que… —se interrumpió, buscando una forma de expresarse sin que sonara a una crítica.
Damar, viendo su confusión, suavizó un poco su tono.
—Lamento si...—Bajó la mirada— Con mi presencia te molesto.
¿Qué?
Kouji movió la cabeza: —No...Damar...no me molestas. Es solo la sorpresa.
Damar se mordió el labio inferior.
Lo que menos quería era hacer esta situación más incómoda.
Kouji hizo una mueca al ver como Damar desviaba su mirada. Al parecer, estaba incomodándola. No quería eso, aunque...le causaba cierta alegría saber que estaría ahí...tan cerca de él.
—Kouji, apresúrate, tenemos que llegar a la clase.—Ren le habló a Kouji interrumpiendo el momento entre ellos.
El oji-azul frunció el ceño y dirigió su mirada hacia Ren con molestia.
—Creo que debes irte —comentó la castaña, rompiendo el silencio que había llenado la brecha entre ambos.
El Minamoto asintió lentamente.
—Me das la cuenta.
Damar asintió y apretó unos botones.
Kouji sacó su tarjeta. Se acercó a la barra, donde Damar manejó la máquina de cobro con movimientos suaves pero tensos. Al extenderle la máquina para que ingresara su tarjeta, sus manos se rozaron accidentalmente. Fue un instante fugaz, pero suficiente para que ambos sintieran un leve estremecimiento.
Los ojos de Kouji y Damar volvieron a encontrarse. Esta vez, la intensidad de sus miradas pareció llenar el espacio entre ellos, como si todo lo demás desapareciera. Damar sintió un nudo en la garganta y, de inmediato, apartó la vista, enfocándose en la pantalla de la máquina mientras un leve rubor se apoderaba de sus mejillas.
Kouji también desvió la mirada, apretando los labios mientras deslizaba su tarjeta y tecleo unos botones. Aunque la transacción no tomó más de unos segundos, para ambos pareció una eternidad. Cuando finalmente recibió el recibo, Kouji dio un ligero asentimiento y guardó su tarjeta en silencio.
—Gracias —murmuró, sin mirarla directamente, y se dirigió hacia la salida.
Damar observó cómo se alejaba, y, al quedarse sola nuevamente, soltó un suspiro contenido, tratando de recuperar la compostura. El bullicio de la cafetería continuaba, pero ella sentía como si una tormenta hubiera pasado justo frente a ella.
Dirigió su mirada hacia la boleta que se imprimió y algo llamo su atención.
"70% de propina"
La mañana siguiente amaneció fresca, con los rastros de la tormenta aún visibles en el pavimento húmedo y el aire impregnado con el aroma de la lluvia. El sol apenas asomaba entre las nubes dispersas cuando Ryo cerró la puerta de su casa y se acomodó la chaqueta sobre los hombros. Había dormido poco. La noche anterior había sido extraña, casi irreal, y su mente seguía repasando cada detalle, especialmente aquel momento en el taxi con Rika.
Suspiró y metió las manos en los bolsillos mientras bajaba los escalones de la entrada. Justo cuando iba a encaminarse por la calle, una figura familiar apareció en su campo de visión.
Rika.
Estaba de pie, a unos metros de él, sosteniendo en sus brazos la chaqueta que él le había prestado la noche anterior. Sus ojos amatista lo miraban con una mezcla de determinación y algo más... ¿alegría?
Ryo frunció el ceño de inmediato.
—¿Qué haces aquí? —preguntó sin rodeos, deteniéndose en seco.
Rika, lejos de inmutarse por su tono, avanzó con paso ligero y despreocupado. Llevaba el cabello suelto, y los primeros rayos del sol jugaban con sus mechones rojizos, dándole un aire casi etéreo.
—Vine a devolverte tu chaqueta —respondió con naturalidad, levantándola un poco como si fuera una ofrenda.
Ryo apretó los labios y desvió la mirada. No esperaba volver a verla tan pronto, y mucho menos que ella tomara la iniciativa de buscarlo.
—No tenías que molestarte —dijo, sin hacer ademán de tomarla—. Te la di, quédate con ella.
Rika alzó una ceja, divertida.
—¿Qué pasa? ¿Ahora regalas chaquetas como si fueran dulces?
Ryo bufó.
—Solo pensé que te serviría más que a mí.
—No lo creo. —Rika sonrió y dio un paso más cerca, reduciendo la distancia entre ellos—. Además, si no te la devolvía, ¿cómo iba a tener una excusa para verte?
Ryo sintió un ligero escalofrío ante esas palabras. Su mirada azul se encontró con la de ella por un segundo, pero él fue el primero en apartarla.
—No tienes que buscar excusas para eso —respondió con seriedad, cruzándose de brazos—. En realidad, sería mejor si no lo hicieras.
Rika ladeó la cabeza, observándolo con atención.
—¿Por qué siempre intentas alejarme?
—Porque es lo correcto —contestó él, sin titubear.
—¿Para quién? —insistió ella, dando otro paso adelante.
Ryo frunció el ceño, sintiendo que su paciencia se ponía a prueba.
—Rika…
—Ryo —lo interrumpió ella, con una suavidad que lo desarmó.
El oji-azul tensó la mandíbula. Ella seguía acercándose, ignorando la barrera invisible que él intentaba mantener entre ellos. La cercanía le resultaba inquietante, pero al mismo tiempo, no encontraba la fuerza para retroceder.
Rika extendió la chaqueta hacia él, esperando que la tomara.
—Si en verdad quieres que me aleje, entonces quédate con esto —dijo en voz baja—. Pero si no… bueno, tal vez yo encuentre otra excusa para volver a verte.
Ryo exhaló despacio y finalmente tomó la chaqueta, sintiendo el calor residual de su cuerpo en la tela.
Por un instante, ninguno dijo nada. Solo se miraron, como si estuvieran midiendo lo que significaba este momento.
Al final, fue Ryo quien desvió la mirada primero.
—Deberías irte —dijo con voz ronca.
Rika sonrió de lado.
—Nos veremos pronto, Ryo.
Antes de que él pudiera responder, ella se giró y se alejó con la misma ligereza con la que había llegado.
Ryo la observó hasta que desapareció de su vista. Luego, bajó la mirada a la chaqueta en sus manos y suspiró pesadamente.
No importaba cuánto intentara alejarla… Rika siempre encontraba la forma de volver.
Sora caminaba con pasos suaves y decididos por el pasillo, con la mente llena de pensamientos que se entrelazaban en su cabeza. Estaba preocupada por Nene, que había estado tan distante desde que se reveló la verdad sobre su padre y todo lo que había sucedido. No quería forzarla, pero sentía la necesidad de acercarse a ella, de darle el apoyo que necesitaba en ese momento tan complicado. Aunque sabía que no podía reemplazar a su madre biológica, había intentado durante años estar allí para ella, como una figura maternal.
Al llegar frente a la puerta de la habitación de Nene, Sora se detuvo un momento, tomando una respiración profunda para calmar la ansiedad que le apretaba el pecho. Su mano temblaba ligeramente mientras la levantaba para tocar la puerta, pero no obtuvo respuesta. Eso no la disuadió, y, con una mezcla de determinación y vulnerabilidad, empujó suavemente la puerta, abriéndola con sigilo.
Dentro, la habitación estaba a medio iluminarse por los últimos rayos del sol que se colaban a través de las cortinas. La silueta de Nene estaba en la cama, recostada sobre las almohadas, mirando al techo sin mostrar mucho interés en el mundo que la rodeaba. Parecía atrapada en sus pensamientos, tan lejos de todo lo que sucedía a su alrededor. Sora la observó un momento antes de entrar, sintiendo una punzada de dolor por la distancia que había crecido entre ellas.
—Nene… —dijo Sora, con la voz suave pero llena de preocupación.
Nene no respondió de inmediato. Sus ojos permanecieron fijos en el techo, como si no le importara lo que Sora tuviera que decir. Sora se acercó más, con pasos lentos y cautelosos, tratando de no invadir su espacio personal.
—Nene… —repitió, esta vez un poco más cerca de la cama—. Vine a ver cómo te encuentras. Quiero que sepas que no estás sola.
Nene finalmente giró la cabeza hacia ella, y sus ojos se encontraron. No había cariño en esa mirada, sino un profundo resentimiento, una mezcla de dolor y frustración que Sora había visto en otros momentos, pero nunca de esta forma tan evidente.
—¿Y qué quieres? —preguntó Nene con una frialdad que sorprendió a Sora. Su tono era distante y condescendiente. Sora, que esperaba encontrar algo de comprensión o siquiera un vestigio de apertura, se sintió desconcertada por la dureza de sus palabras.
Sora intentó sonreír suavemente, pero no sabía si esa sonrisa podía hacer alguna diferencia. Se sentó en el borde de la cama, sin querer invadir más el espacio de Nene, pero aún así deseando ofrecerle algo de consuelo.
—Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti —dijo Sora con voz cálida, pero firme—. Sé que todo esto debe ser difícil, que te sientes traicionada y confundida. Yo… no soy tu madre, Nene, pero te he considerado como una hija. Y siempre estaré aquí para ti, sin importar lo que pienses.
Nene la miró fijamente, sus ojos clavándose en Sora con una intensidad que hacía que Sora se sintiera vulnerable, como si estuviera siendo desnudada ante la furia de la joven. La chica se incorporó lentamente en la cama, cruzando los brazos sobre su pecho de una manera defensiva, como si estuviera construyendo una muralla entre ambas.
—¿Hija? —Nene dejó escapar una risa amarga, casi como si le resultara irónico que Sora usara esa palabra. Sus ojos se oscurecieron por un momento, y su voz se tornó más dura—. No eres mi madre, nunca lo serás. ¿Sabes lo que siento por todo lo que has hecho?
Sora intentó mantenerse tranquila, sintiendo que, aunque sus palabras eran crueles, Nene estaba luchando con su dolor y la confusión que sentía al descubrir tantos secretos. No podía culparla por eso.
—Lo sé, Nene. Yo… nunca quise serlo. No quiero reemplazar a tu madre, solo quiero ser alguien en quien puedas confiar, alguien que te apoye —dijo Sora, aunque las palabras se sentían insuficientes, como si fueran un consuelo demasiado pequeño para tanto sufrimiento.
Pero Nene no la dejó continuar. Su rostro se contorsionó de frustración y enojo, y su tono se volvió cada vez más irónico.
—¿Confianza? ¿Apoyo? ¡No necesito tu apoyo, Sora! —gritó Nene, su voz cargada de rabia. Se levantó de la cama de un salto, caminando hacia la ventana y mirando afuera, como si quisiera huir de todo lo que estaba pasando en ese momento—. ¡No soy una niña! No soy tu hija. ¡No quiero que vengas aquí a tratar de consolarme como si fueras mi madre! ¡Eres solo una mujer más en mi vida que trata de jugar a ser madre! ¡Y no me interesa!
Sora sintió un golpe en su pecho, como si cada palabra de Nene fuera una punzada que la dejaba sin aliento. Pero se mantuvo firme, su mirada era cálida, aunque sus ojos estaban llenos de dolor.
—Nene, no quiero que me consideres tu madre. Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti, que no te dejaré sola. Entiendo que no quieres que te trate de esa forma, pero yo siempre estaré a tu lado, como una amiga, como una figura en la que puedas confiar si lo necesitas —dijo Sora con suavidad, su voz casi suplicante.
Pero Nene no la miró. Se giró hacia ella, su rostro lleno de furia y resentimiento. Sus ojos brillaban con la intensidad de alguien que había acumulado demasiado dolor durante años.
—¡No! —gritó Nene, apuntando con un dedo hacia la puerta—. ¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡No quiero que me hables de esa manera! ¡No quiero que sigas fingiendo que eres algo que no eres! ¡No eres mi madre! ¡Jamás lo serás!
Sora se quedó paralizada, mirando a Nene con una mezcla de tristeza y resignación. Sin palabras, asintió levemente y, con el corazón roto, se levantó de la cama. No podía hacer nada más en ese momento. La puerta se cerró suavemente detrás de ella, mientras Nene se quedaba sola, gritando en su corazón, luchando con su propio tormento.
Sora se quedó afuera, con la cabeza gacha, luchando contra las lágrimas que amenazaban con escapar. Sabía que no había nada más que hacer. Solo podía esperar, con paciencia y amor, a que algún día Nene pudiera verla no como una intrusa, sino como alguien que, aunque imperfecta, siempre la había querido de todo corazón.
La puerta cerrada dejó a Sora frente a una nueva pared que, por el momento, no sabía cómo derribar. Pero no dejaría de intentarlo.
El sonido de la bofetada resonó como un trueno en la habitación. La mano de Hiroaki se estrelló contra la mejilla de Takeru con tal fuerza que el joven no pudo evitar que su rostro girara hacia un lado. Un segundo fue suficiente para que el calor de la bofetada incendiara su piel, pero el dolor no solo provenía del golpe físico. La furia de su padre se sentía en cada fibra de su ser.
Takeru permaneció en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos entrecerrados, luchando por mantener la calma. Su padre lo miraba con una furia contenida, como si la ira lo hubiera transformado en una bestia a punto de desatarse.
—¿Cómo pudiste, Takeru? —dijo Hiroaki, su voz baja pero cargada de veneno—. ¿Cómo pudiste hacerle esto a Nene? ¡Revelarle la verdad sobre su madre!
Takeru no reaccionó inmediatamente, dejándose llevar por el ardor en su mejilla. Sus ojos, aunque duros, no podían ocultar el rastro de dolor. Sabía que su padre nunca entendería, pero tampoco podía dejar de pensar que lo que había hecho, aunque doloroso, era lo correcto.
—No la he traicionado, padre —dijo Takeru con firmeza, mirando a Hiroaki a los ojos—. La traición es ocultarle la verdad, es mentirle sobre quién es realmente. Yo no podía quedarme callado.
Hiroaki soltó una carcajada amarga, su ira aumentando con cada palabra de su hijo.
—¡¿Y qué has logrado con eso?! —gritó Hiroaki, dando un paso al frente, su rostro ahora tan cerca de Takeru que podían sentir el aliento de uno al otro—. ¡La has destrozado! ¡La has arrastrado a la tormenta con tu maldita necesidad de hacer lo correcto!
Takeru no se movió ni un centímetro, enfrentando la furia de su padre sin titubear. Sabía que Hiroaki jamás aprobaría lo que había hecho, pero no podía arrepentirse.
—La verdad siempre duele, padre —respondió Takeru, manteniendo la calma, aunque sentía el peso de la mirada de Hiroaki sobre él—. Pero no podía seguir viviendo con esta mentira. Nene tenía derecho a saberlo.
La furia de Hiroaki se desbordó como un río desbordado. Con una rapidez inhumana, su mano se alzó de nuevo, esta vez sin previo aviso, y abofeteó a Takeru con la misma fuerza que la primera vez. El impacto fue brutal, y Takeru sintió el ardor en su mejilla como un fuego abrasador, pero no hizo ningún movimiento para apartarse. El rostro de Hiroaki estaba retorcido por la rabia, y su mirada estaba llena de desprecio.
—¡¿Qué te crees?! —gritó Hiroaki, con la voz llena de furia—. ¡La destruiste! ¡Todo lo que hemos hecho, todo lo que hemos construido, y tú lo tiraste por la borda por una maldita "verdad"! ¡¿Te crees un héroe, Takeru?!
Takeru tragó saliva, su respiración profunda y controlada. Por dentro, su cabeza daba vueltas mientras trataba de procesar la magnitud de la situación. Sabía que no había forma de convencer a su padre, pero también sabía que no podía seguir callando.
—No me importa lo que pienses, padre —respondió Takeru, sus palabras duras como piedras—. Hice lo que tenía que hacer, y no voy a arrepentirme de haberle dado a Nene lo que le pertenecía. La verdad.
El castaño, ahora completamente desbordado, dio un paso atrás, levantando las manos en un gesto de frustración.
—¡Eres un maldito idiota! —rugió Hiroaki, el eco de sus palabras llenando la habitación—. ¡Nunca lo entenderás! ¡Nunca verás que lo que hiciste es más peligroso que cualquier mentira!
Takeru sintió el peso de la mirada de su padre sobre él, pero no se movió, no hizo ningún intento por justificar su decisión. Sabía que la brecha entre ambos era ahora más grande que nunca, y que la relación con su padre nunca sería la misma.
—¡Era lo que debía hacer!
—¿Lo que debías hacer?—Preguntó el castaño y sin piedad tomó a su hijo del brazo para sin piedad presionar su cabeza contra la pared en forma de llave.
—¿Qué haces?— Habló el rubio—¡Ah!— Gritó mientras se estampaba contra la pared.
—¡Nadie me desafía!— Exclamó Hiroaki— Niño ingrato. Aprenderás a actuar sabiamente y no por impulso.
Nadie tocaba a su niña adorada sin recibir consecuencias...Ni siquiera su propio hijo.
+Takeru puede ser un hijo muy querido por Hiroaki, pero Nene es su adoración, tocó a su princesa. Hiroaki protege a Nene y Yamato protege a Takeru jajaja está al revés esto.
+Sí, me he demorado mucho en subir esta nueva temporada, quería preparar los capítulos pero ocurrieron algunas cosas en mi vida que hicieron sentir muy agobiada. Estaba en vacaciones pero me sentía super cansada (lo sé es extraño) ahora volví a mi vida y estoy más ocupada. Pero intentaré ir subiendo capítulos a la medida que pueda. Eso no quiere decir que no haya avanzado, porque avance bastante, dependía de qué quería escribir, un tiempo quería solo Takari y escribí hasta el capítulo 10 de escenas Takari, en otro tiempo quería Takumi pero para capítulos futuros y escribí mucho. Otra vez quise Mimato y escribí Mimato. También tengo escenas Koumar (Kouji y Damar) Pero hay cosas claves que me faltan. Quise subir este capítulo para no hacerlos esperar tanto tiempo para un capítulo.
+Hace tiempo no hago esto, pero si tienen ideas pueden dármelas por privado, soy muy feliz aceptando ideas. Porque de vez en cuando no tengo o tengo pero puede perfeccionarse con las ideas de mis seguidores considerando que ya llevamos una temporada en esto.
BethANDCourt: ¡Hola! Estamos de vuelta...jajaja era final de temporada ¡debía dejarte así! jsjsjs...Sí, Taichi Yagami está vivo, créeme yo sufrí demasiado escribiendo, pero necesitaba que fuera doloroso, necesitaba que Taichi sufriera y tuviese razones para odiar a todo ese grupo. Lo peor es que cree que Sora mandó a matarlo. Con respecto a la separación, pues...no, no los separaron...luego tendrás la respuesta a eso. Aquí comenzó, espero que te guste y sigamos juntas en este camino jajaja pronto vendrá lo de Hikari. Espero que te haya gustado este camino, espero que continues leyendo y comentando, te mando un abrazo a la distancia.
