*Zabuton: mini futon para sentarse, parece un cojín, pero muy delgadito.
Rin durmió como bebé, definitivamente la bolsa de dormir no se comparaba a un futón grueso y calientito además de que para bien o para mal, no había ningún cierre que impidiera el contacto por debajo del kakebuton.
Tenía rato que había despertado, al principio se asustó cuando fue consciente del peso en su cintura, al tocar aquello se dio cuenta de que se trataba del poderoso antebrazo del señor Takahashi. Por seguridad el calentador de keroseno se apagaba después de algunas horas. Él debió pasar frío y su cuerpo se vio obligado de manera inconsciente a migrar al futón de ella en busca de calor y ahora ella se estaba sofocando.
Había algo en todo esto que le gritaba que huyera, sería la tensión dolorosa que sentía entre sus piernas, o el aliento cálido que pegaba en su nuca, o quizá eso duro que hacía contacto con su trasero. Debía levantarse y salir de ahí, antes de que el señor Jaken dejara de roncar y los encontrara así. No sabía por qué, pero sentía que esto solo le traería problemas.
Como si Ah hubiera escuchado sus suplicas, brincó su cuello para llegar a la cabeza del señor Takahashi y soltarle un ataque de lengüetazos en la cara. Él se giró boca arriba tratando de quitar a Ah y se sentó. Rin mantuvo los ojos cerrados fingiendo que seguía dormida. Por algunos segundos el señor Takahashi no se movió, después escuchó cómo salía del futón para finalmente arroparla y llevarse a Ah-Un a hacer pipí al jardín.
Por fin pudo exhalar el aire que tenía contenido y abrir los ojos, para chocar contra la mirada acusatoria del señor Jaken. Se paralizó aterrorizada, el señor Jaken también estuvo fingiendo demencia y ahora debía enfrentar su ira, cualquiera que fuera la razón de ésta. Para su sorpresa, el señor Jaken giró la cabeza indignado y salió de su futón para dejarla sola en la sala.
Fuera de las miradas acusatorias del Señor Jaken y los fortuitos roces bajo las sábanas con el señor Takahashi, pasaron unas semanas muy tranquilas en el pueblo. Bueno, hasta tiempo de dibujar tuvo.
Los tres salían a correr por las mañanas con Ah-Un y luego regresaban a la casa donde el señor Takahashi hacía otros ejercicios mientras ella hacía el desayuno o a veces se le unía solo para ser criticada por el señor Jaken de que todos los ejercicios los hacía mal.
El señor Takahashi iba de vez en cuando iba a la estación de policía de Hakata a conseguir información y entregar reportes. Mientras Rin limpiaba la casa, hacía de comer, entrenaba a Ah-Un para que no ladraran cuando escucharan ruidos y le avisaran con las patitas. Hacía de todo con tal de evitar una inminente plática con el señor Jaken.
Esa mañana el señor Takahashi debía ir a algún lugar que no especificó, Rin salió con él a despedirlo y de paso a revisar la correspondencia, cuando se giró para volver a la casa se topó con la vecina que salió al patio delantero para estirar las piernas un poco. La vecina le contó sobre su tía y sus sobrinos, mientras mecía a un bebé recién nacido en brazos, le dijo que una mañana llegó el esposo de su tía en la mini van y todos subieron con maletas para no volver, por lo que creyó que habían salido de vacaciones al ser el Obon, pero tiempo después que se volvió de conocimiento público esto de los monstruos, entendió que habían huido del país.
Rin le contó que de hecho ella llegó al día siguiente porque su intención era viajar con ellos, pero al parecer ellos decidieron adelantarse un día por lo que ya no pudo salir del país.
—¿Oye y dónde conseguiste a ese esposo tan guapo? Parece modelo, aunque no se parece a su papá —La vecina rio alegremente y Rin podría jurar que sentía el ki del señor Jaken lanzándole rayos y centellas desde la ventana de la sala.
—Ho no es mi esposo, el señor Takahashi y el señor Jaken son policías que me ayudaron en el peor momento de mi vida y ahora viajo con ellos en lo que consigo salir del país e ir a Canadá con mi familia.
—Hum... pues esas miradas y esa dedicación que invierte en ti no son de amistad.
Rin se sorprendió de lo mucho que la vecina los había observado, definitivamente el incidente de los Genin había dejado a la gente muy aburrida en sus casas, orillándolos a buscar cualquier tipo de entretenimiento, aunque fuera espiar la vida de los vecinos —¿De verdad? Yo siento que me quiere como una hermana —esas palabras le quemaron la lengua, como si estuviera mintiendo.
La vecina finalizó la plática con un —Humm pues cada quién, verdad... —y regresaron a sus casas.
Rin cerró la puerta tras ella, pero sus piernas no se movían, no era muy consciente de por qué, pero tenía que evitar esa plática con el señor Jaken a como diera lugar. Caminó sigilosamente rumbo al cuarto de lavado, cuando Jaken la llamó.
—Rin, ven aquí un momento.
A regañadientes Rin volvió sobre sus pasos y entró a la sala donde se sentó en un zabuton* frente al señor Jaken.
—¿Sucede algo señor Jaken? —preguntó inocentemente.
—Rin, yo conozco al joven Sesshoumaru desde que era un cachorro, por muchos años trabajé con su padre, Toga Takahashi, "el comandante perro", como nosotros lo llamábamos. El comandante siempre estaba trabajando y después se volvió todavía más ocupado cuando… bueno pasaron cosas, por lo que a veces yo iba en su lugar a ver las competencias del joven Sesshoumaru. Rin, era increíble verlo vencer a todos en el Judo sin el más mínimo esfuerzo y en Kendo se movía sigiloso y atacaba como un látigo a sus oponentes. Nunca lo vi perder ni celebrar sus logros, todo lo hacía con extremo estoicismo y perfección. Cuando entró a la policía, lo asignaron a mi equipo para que nos ayudara en una investigación de desaparición, el joven Sesshoumaru encontró a la víctima en una semana, nosotros llevábamos 3 meses buscándola. Desde ese día dejé de trabajar para su padre, pedí mi cambio para poder trabajar bajo el mando del joven Sesshoumaru y ser su mano derecha en todo lo que se propusiera. A la fecha no ha habido un caso que no haya resuelto.
—¡Woow qué increíble es el señor Takahashi! —Rin escuchó el relato con total admiración
—Así es, el joven Sesshoumaru era incorruptible, impoluto y de una conducta intachable… hasta hace unos meses.
Rin lo miró confundida, no sabía a qué venía toda esta plática y por qué de pronto todos los halagos se detuvieron.
—Yo nunca lo había visto actuar así —el señor Jaken continuó ahora con el ceño fruncido — tan atento, tan pasional, tan inmoral, tan… humano. Él es un hombre comprometido Rin, y lleva con su novia más de 6 años.
A Rin se le heló la sangre, esto era lo último que esperaba escuchar y no tenía ni idea de cómo reaccionar. Atinó a bajar la mirada y quedarse inmóvil, esperando que algo la sacara de su estupor. Como si el señor Jaken pudiera escuchar lo que pasaba por su mente, concluyó. —Él siempre se ha guiado en la vida como si fuera una especie de deidad, como si estuviera por encima de todo lo mundano... como si ya conociera el camino que debía recorrer, por eso nunca nada lo sorprendía ni lo agarraba desprevenido… hasta que te conoció. No creo siquiera que él sea consciente de lo que le está ocurriendo y en esta inconsciencia, podría lastimarte. Lo último que quiero es que tú salgas herida, ya has sufrido demasiado como para que un hombre de 27 años venga a romperte el corazón.
—Pero, señor Jaken, yo no soy nada para él, entre él y yo no hay nada, no entiendo por qué…
—¿Entonces por qué no has parado de llorar?
Rin abrió los ojos sorprendida, tocó su cara como para comprobar las palabras del señor Jaken y en efecto, tenía la cara mojada y las lágrimas caían sin cesar sobre sus piernas. —Yo, yo debo ir a lavar la ropa señor Jaken. —Se levantó como resorte y salió corriendo al cuarto de lavado donde se encerró bajo seguro. A los lejos el señor Jaken la llamó un par de veces, pero ella no contestó.
Metió la ropa sucia a la lavadora, vertió el detergente, el suavizante y la echó a andar. Se sentó en una esquina del cuarto y dejó que sus lágrimas recorrieran su rostro libremente. No tenía sentido de verdad, él nunca le dijo que la quería, o que le gustara, nunca le coqueteó o se insinuó, quizás ella solita inconscientemente se había hecho a la idea de que estarían juntos por siempre, como sea lo que fuera que ellos eran. Ahora era imposible, ahora estaba segura de que eso no sucedería nunca, porque él regresaría a Tokio para casarse con su novia quien seguramente lo esperaba con ansias y por obvias razones ella estaría fuera de la ecuación.
Sesshoumaru regresó antes de que anocheciera a la casa, estuvo todo el día investigando sobre Genin en esta área, había menos reportes que en Ehime, pero desde que empezó el invierno se habían reportado casos de grupos de Genin tratando de entrar a las casas de algunas familias. Los policías de Hakata le dijeron que tenían la sospecha de que era en búsqueda de calor.
Febrero estaba a la vuelta de la esquina y era el mes más frío. No creía que ellos corrieran peligro en esa casa, ya que por las noches estaban en completa obscuridad y al no usar los aires acondicionados, no había ruido en el exterior de la casa y el interior se mantenía bastante frío, excepto por la sala donde dormían. Pero por si acaso, había comprado unas láminas de madera que llegarían mañana en la mañana para proteger las ventanas del primer piso.
Cuando entró a cocina, se dio cuenta de inmediato que algo había ocurrido, Rin estaba en absoluto silencio haciendo la cena, cosa rara, ya que ella siempre cantaba y Jaken estaba en una esquina viendo el celular. Decidió actuar como siempre, se acercó a Rin y le dijo "ya llegué" tocando ligeramente su hombro, ella se sobresaltó ante el contacto, pero rápidamente puso en su cara una sonrisa falsa y le preguntó que cómo le había ido. Él le dio el resumen de lo que investigó ese día.
—...por eso mañana llegarán las láminas de madera. Trataré de no usar clavos para no dañar la casa de tu tía.
—Si regresa alguna vez y ve que dañé su casa en alguna manera, me matará —Rin soltó una risita apagada.
—¿Sucedió algo hoy?
—No, nada en particular. —Le sonrió de nuevo, pero su mandíbula lucía tensa y sus ojos apagados.
—Rin, tomé entrenamiento para saber cuándo alguien miente.
—Hum, qué curioso, porque de hecho, ahora todo está más claro que nunca.
Eso había sido verdad y llevaba un ligero tono de sarcasmo, Rin nunca era sarcástica hacia él —¡Jaken! —Su tono de voz fue tan amenazador que sin querer asustó a Rin, pero él ignoró esa mirada y salió con un aún más asustado Jaken al jardín.
—Señor, ya está obscureciendo, es peligroso que estemos afuera, mejore regresemos a ce…
—¿Qué le dijiste a Rin?
Por unos momentos Jaken tartamudeó y vaciló en sus palabras, pero de pronto sacó valor de quién sabe dónde y le hizo frente —Lo que usted debió decirle desde que se conocieron, que usted está comprometido.
Por una milésima de segundo sintió temor, no era algo que estuviera ocultando per se, pero tampoco quería que Rin se enterara de esta manera. Él tenía planeado informarle con el tiempo, en alguna plática donde el tema surgiera de manera espontánea. Ahora había ocurrido lo que menos deseaba, que Rin se alejara de él por temor a incomodarlo. En Japón la amistad entre hombres y mujeres no era bien vista, por lo que estaba seguro de que con esto Rin dejaría de ser su amiga y confiarle cosas… y no estaba seguro de poder soportar una vida sin su presencia, ¡cómo se atrevía a iluminar su mundo y luego pretender dejarlo en total obscuridad de nuevo!
—Creí haberte dicho claramente que no te metieras en mis asuntos, Jaken.
—Lo lamento señor, pero esto no solo son sus asuntos, el tierno corazón de Rin está en juego y no voy a permitir que usted lo haga añicos.
«¿Quién se cree este viejo?» pensó con rabia, pero muy en el fondo, lo que más lo enfurecía era que ese viejo tenía razón.
La cena fue de lo más incómoda, el silencio era casi insoportable pero lo que acabó por romperlo fue ver un claro y considerable distanciamiento entre su futón y el de ella. Sí, quizás se lo merecía por haber omitido deliberadamente cierta información.
