Unas tres semanas después de que la dinámica "familiar" que tenían se fuera al carajo, todos dormían tranquilos en su futón lo más distanciados posible unos de otros. Afuera estaba nevando, aunque la nieve en el sur no se alcanzara a acumular, hacía bastante frío; febrero había llegado con fuertes vientos helados que se colaban por los respiradores de la casa y ahora más que nunca Rin extrañaba el calor que emanaba el cuerpo del policía.
Esa noche, Ah comenzó a cavar en el brazo de Rin, ella sintió en su sueño que algo la rasguñaba. Un decidió hacer prácticamente un RCP en su panza sacándole el aire y despertándola aterrada. La sala estaba en completa obscuridad por las láminas de madera que cubrían las ventanas, así que a gatas llegó hasta el futón del señor Takahashi —Señor, señor, despierte por favor —lo meció ligeramente y el policía se despertó sobresaltado.
—Rin, ¿estás bien?
—Sí, pero Ah y Un me despertaron… de la forma cuando hay alguien afuera de la casa.
El señor Takahashi rápidamente agarró el cuchillo bajo su almohada y una linterna que mantenía a su lado desde que fortificaron la primera planta. Se adelantó al piso de arriba en lo que Rin despertaba a al señor Jaken.
Todos armados hasta los dientes se asomaron por las ventanas del segundo piso en busca de sombras, aunque para su mala suerte hoy no había luna que les ayudara en la misión.
De pronto Ah-Un miraron hacia la casa de la vecina, Un soltó un ligero "Uf" y como si ese sonido hubiese sido un llamado a la guerra, una serie de gritos y chillidos inundaron la noche.
—¡Rin, quédate con Ah-Un! —El señor Takahashi alcanzó a gritarle mientras él y el señor Jaken salían corriendo de la casa rumbo al caos. Ella corrió también, cerró la puerta tras de sí dejando encerrados a Ah-Un, pero vacilando entre si obedecer la orden o no. Antes de que los policías llegaran a la otra casa, un hombre aterrado salió de ésta corriendo a su encuentro.
—¡Ayúdenme! ¡Mi esposa, mi bebé! —Gritaba desesperado llevándose las manos a la cabeza.
Rin vio desparecer a sus compañeros al internarse en la casa. El hombre se quedó afuera y se dejó caer de rodillas sollozando.
Rin no aguantó más y se acercó sigilosamente al hombre —Señor, guarde silencio o los va a atraer.
—El bebé lloró por comida y de pronto ¡entró una manda como de 5 monstruos! Y yo no pude, no pude…
«Cinco...» su mente trataba de digerir lo que eso significaba —¡Son demasiados! —gritó y sin pensarlo dos veces entró corriendo a la casa. Justo en las escaleras un Genin con flechas en las piernas se abalanzó hacia ella, pero rápidamente le disparó una flecha de metal en el pecho y cuando la bestia se fue para atrás, cargó y le disparó en la cabeza.
En lo que subía las escaleras cargó de nuevo la ballesta y corrió hacía donde provenían los gritos y las luces bailarinas de las linternas.
Se asomó y alcanzó a ver por los flashazos de la linterna a dos Genin pelándose por un trozo de carne. Por la falta de claridad no podía apuntar a la cabeza, así que prendió la luz por inercia, ojalá no lo hubiera hecho. En una milésima de segundo sus ojos alcanzaron a registrar trozos de carne regados por todos lados, de reojo captó al señor Takahashi golpeando algo, cuando los dos Genin que se peleaban por el trozo de carne se giraron hacía ella por el sonido que produjo el interruptor y Rin rápidamente disparó a uno en la cabeza, cargó ballesta caminando hacia atrás, disparó al otro.
Pero ya no pudo cargar la ballesta cuando un tercer Genin se le fue encima. Las garras del Genin asestaron en su pecho al mismo tiempo en que ella trataba de mantenerlo lo más lejos posible con sus piernas y le encajaba el cuchillo en los brazos, de pronto escuchó el sonido de una flecha y el Genin se desvaneció sobre ella.
Con sus piernas volvió a empujarlo para quitárselo de encima y vio al señor Takahashi bañado en sangre bajo el marco de la puerta sosteniendo su ballesta. Corrió hacía él, ayudándolo para que se sentara y tratando de verificar sus heridas cuando escuchó su voz casi en un susurro —El bebé, el bebé —repitió varias veces y fue cuando se dio cuenta de que todo este tiempo el llanto de un bebé estuvo presente.
Caminó rumbo al llanto sobre sangre y carne tratando con todas sus fuerzas de no prestarle atención, y ahí en el piso estaba lo que probablemente antes fuera su vecina «el bebé, el bebé» repitió varias veces en su cabeza para armarse de valor y retirar lo que quedaba del cuerpo de la madre. Con las dos manos jaló el brazo ya casi sin carne al rededor del hueso y volteó el cuerpo, la parte frontal de su vecina estaba intacta y el bebé, aunque manchado de sangre se veía sano y salvo, lo tomó y salió corriendo con él en brazos hacia el papá.
El padre estaba tan en shock que se tardó en reaccionar un poco pero finalmente tomó a su hijo, Rin regresó corriendo a la casa, donde el señor Takahashi se encontraba ya en un charco de sangre. —Mi pierna —le susurró.
De inmediato encontró la herida en la pierna derecha, aunque era difícil de ver por la ropa, así que le quitó el pantalón y descubrió que la herida era bastante profunda, así que aplicando lo que él le enseñó, se quitó la sudadera que usaba de pijama y la ató lo más fuerte que pudo arriba de la herida.
—¿Tiene alguna otra herida similar?
No contestó, pero se tocó su costado izquierdo, Rin levantó la playera, sin embargo, fuera de lo que parecía ser un moretón en formación no vio nada abierto, así que lo tomo del bazo derecho y trató de bajar las escaleras con él, aunque a la mitad de éstas el señor Takahashi pareció perder todas las fuerzas que le quedaban y Rin acabó prácticamente arrastrándolo hacía la puerta.
—¡Prenda su carro! ¡Rápido! —Le gritó al vecino con el bebé.
—Pero los monstruos... —el inútil del padre se atrevió a contestarle y por impulso lo apuntó con la ballesta.
—Ahora, si no quiere que lo mate también.
El hombre se incorporó con el bebé que no había parado de llorar y entró al genkan por las llaves, mientras Rin corría de nuevo al segundo piso en busca del señor Jaken.
Lo encontró a un costado de la cama, inconsciente, con rasguños por todos lados y con la pierna en un ángulo antinatural.
Dio gracias a los dioses que el señor Jaken fuera un señor pequeño y delgado porque no le costó tanto trabajo arrastrarlo por la casa.
Para cuando salió de la casa, el carro ya estaba prendido con los dos hombres adentro y el bebé. El vecino salió del auto y la ayudó a subir al señor Jaken, luego Rin se subió de copiloto y el carro arrancó rumbo al hospital más cercano. En todo el trayecto el bebé no paró de llorar, estaba bien abrochado a su silla para niños al lado del señor Takahashi quien abría y cerraba los ojos de vez en cuando. Al lado del señor Takahashi estaba el señor Jaken completamente noqueado. Parecía que estaban todos vivos y por fin se dio permiso de llorar.
La llegada al hospital fue un caos, policías haciéndole preguntas, médicos llevándose a sus compañeros y al bebé, ella confundida sin recordar la dirección de su tía, el papá desconsolado al enterarse de que la madre no sobrevivió. Se sentía mareada, tenía ganas de vomitar, contestaba todo en automático sin poder reconocer su propia voz. La policía pareció darse cuenta y la dejaron sentada en un pasillo por el resto de la noche.
A la mañana siguiente alguien pareció notar su presencia, una enfermera la levantó del piso y le ofreció curarle las heridas, ella aceptó en modo automático. Cuando sintió el líquido desinfectante tocar los rasguños de su pecho fue que reaccionó.
—¿Dónde está el señor Takahashi?
—¿Quién?
—El policía que traje anoche con una herida en la pierna.
—Ha… no sé muy bien, es que yo soy del turno diurno, pero creo que estaban buscando donadores de sangre para él.
—Yo quiero donar. Quiero verlo.
—Voy a preguntar si es posible, espera aquí.
Al cabo de un rato la enfermera regresó y le dijo que no podía verlo ese día, pero que le iban a hacer un examen de sangre para ver si podía donar. Al final de cuentas resultó ser O así que donó sangre y le pidieron que regresara mañana para ver si ya podía visitar al señor Nagashima o al señor Takahashi. Al principio se quedó confundida, pero supuso que Nagashima era el apellido del señor Jaken, solo que todo este tiempo lo estuvo llamando por su nombre de pila porque así le hablaba el señor Takahashi.
No llevaba dinero ni celular, no le quedó de otra más que caminar hasta la casa, llamando la atención de toda la gente a su alrededor por ir con la camiseta rasgada y llena de sangre, sin embargo, nadie se atrevía a dirigirle la palabra. Dos horas después, llegó a la casa congelada de frío y estornudando, en la mera entrada la recibió Ah-Un con las patas mojadas en pipi y el piso lleno de pastelitos de popó regados por todos lados.
—No pudieron salir al baño, deben tener hambre, lo siento, ahorita les doy de comer.
El siguiente día llegó y Rin tomó camión al hospital, en la recepción le dijeron que solo podía estar con el señor Takahashi una hora, ya que no estaba del todo consciente y requería descansar.
—¿A todo esto, es usted familiar?
Rin sabía que, si decía que no, probablemente le negarían la entrada, pero tampoco podía mentir sobre su identidad —Soy su novia —mintió.
—Ah, usted debe ser Rin, el señor Takahashi la nombró varias veces durante la noche. ¿Puede entregarme su identificación por favor?
Rin no sabía si sentirse halagada o triste de que el señor Takahashi la tuviera presente en sus pensamientos durante un episodio tan doloroso, «debió estar preocupado» se dijo a sí misma para calmar sus ansias.
Entró al cuarto donde estaba "su novio", la enfermera le dijo que aparte de la herida suturada en la pierna, tenía dos costillas rotas.
Tocó su frente y estaba hirviendo —tiene fiebre —le dijo a la enfermera.
—Sí, es que hace poco le transfundimos más sangre.
—Ho ya veo —obviamente no entendía qué tenía que ver una cosa con la otra, pero decidió que era mejor salir de la conversación, de repente la voz del señor Takahashi la llamó.
—Bueno, los dejo solos, le quedan solo 50 minutos —la enfermera le señaló el reloj en la pared y ella asintió.
Intentó hablar con él, pero él no parecía entender lo que ella decía. La mano derecha masculina aprisionó su muñeca con fuerza a pesar del estado en el que se encontraba. —No te vayas —suplicó con voz rasposa.
—Aquí estoy —contestó ella retirando los cabellos platinados de su rostro.
Los minutos pasaron volando y la enfermera vino a sacarla de la habitación.
—Tú, no, no te vas —volvió a repetir él cuando ella intentó deshacerse del agarre sobre su muñeca.
—Volveré mañana —le prometió para que se quedara tranquilo.
—Señor Takahashi, suelte a su novia por favor, usted necesita descansar —intervino la enfermera y sin mucho esfuerzo liberó la mano de Rin ante lo cual el señor Takahashi se puso más necio y reacio a quedarse quieto —salga del cuarto por favor —la enfermera le ordenó a Rin y ella obedeció un poco renuente.
Caminó unos cuantos pasos más hasta llegar al cuarto del señor Jaken.
—¡Rin! ¡Estas viva, qué alivio! ¿Cómo está el joven Sesshoumaru? ¿Está bien?
—¡Señor Jaken! ¿Cómo se siente? ¿Le duele su pierna? Me dijeron que normalmente usted debería estar aquí diez días, pero lo darán de alta en una semana por que el hospital necesita las camas.
—¡Una semana! ¡Ya me quiero ir!
—Ya solo faltan 5 días hoy es 4 de febrero, usted sale el 9. —Rin le sonrió y acercó una silla para sentarse a su lado. —El señor Takahashi ya está bien, aunque perdió mucha sangre y le han estado trasfundiendo más. Tiene dos costillas rotas y una herida profunda en la pierna derecha, el bebé y el papá están a salvo también.
Rin le resumió todo lo que pasó en esa noche hasta su llegada al hospital —¿Y qué les pasó a ustedes antes de que yo llegara?
—Woow no puedo creer que acabaras con 3 tú solita. Pues entramos corriendo rumbo al cuarto de los gritos, con las linternas vimos a un grupo de Genin arrancarle trozos de carne a la mamá mientras ella gritaba hecha bolita en el piso, inmediatamente el señor Takahashi le disparó a uno, lo que llamó la atención del resto y se nos fueron encima. Yo traté de utilizar la ballesta, pero a una distancia tan corta no lograba causar dañó, al final opté por defenderme con el cuchillo, corté a uno en la cara y… todo fue muy rápido, solo recuerdo salir volando por el cuarto y luego nada.
—Debió ser ahí cuando se fracturó la pierna. Gracias a que quedó atrás de la cama, los Genin perdieron interés en usted y no se lo comieron.
—Hubiera preferido que me comieran y que dejaran a la mamá viva…
—... Señor Jaken —las lágrimas amenazaban con salir de nuevo.
