*Rikuro: pastel de queso con pasas, muy famoso en Japón porque tiene la textura de una nube.

*Yuzushio: yuzu es un cítrico parecido al limón y shio; es sal.


Para cuando su padre regresó a la casa, ya habían acabado todo y ahora jugaban Blokus en la cama.

—¿Dónde aprendiste a hacer eso? Preguntó él mientras colocaba su bloque azul en el tablero.

—En un video… —Rin colocó un bloque amarillo frustrando el ataque que tenía planeado.

—¿Cuándo ves esos videos? —Volvió a colocar otro bloque internándose en el territorio de Rin.

—Cuando todavía estás en el trabajo o cuando te estás bañando —ella colocó otro bloque encerrándolo en territorio enemigo y rompiendo su conexión con otras piezas.

No le estaba prestando atención para nada al juego, estaba más concentrado en imaginar qué hacía Rin cuando veía esos videos —¿y qué haces mientas los ves? —sonrió ladinamente saboreando la respuesta.

—Tomo notas —sonrió ella.

Él se desinfló, qué esperaba… —muéstrame tus notas —Rin bajó de la cama y sacó su cuaderno de dibujo. En él había toda clase de figuras obscenas, tachones, señalizaciones, anotaciones… "lamer aquí", "poner lengua aquí", "tragar esto", "abrir más" … lo cerró —Rin, no tienes por qué estudiar estas cosas viendo esos videos, se supone que iríamos paso a paso…

—Pero tú sabes demasiado, me siento en desventaja. Gané. —Anunció victoriosa al quedarse sin cubitos.

Sesshoumaru regresó su mirada al juego, él se había quedado con tres pequeñas piezas.

.

.

.

Por fin llegó octubre, lejos de su papá e Izayoi, lejos de ese cuarto y lejos de restricciones.

Ahora iban en el shinkansen rumbo a Osaka, por si las dudas se sentaron cerca del conductor y Sesshoumaru llevaba una navaja en la maleta.

Rin se veía extraña, probablemente su pueblo le traía malos recuerdos, aunque no paraba de hablaba sobre comer pastel de queso de Rikuro* y unos takoyakis con salsa de yuzushio*.

Había pedido el día de vacaciones en el trabajo para poder viajar de día y llegar con luz al departamento de Kagome. Rin lo guio por la Midosuji line, pasaron por el pastel a Namba y llegaron caminando al departamento casi a las 5pm, ya estaba obscureciendo, pero había presencia policiaca en las calles y se sentía segura la ciudad.

En lo que Kagome y Rin preparaban la cena él se metió a bañar, su hermano todavía no llegaba a la casa.


—¿Estás bien Rin? Te noto pensativa —cuestionó Kagome.

—Hummm quería preguntarle algo, señorita Kagome.

—Bueno, pero solo si me hablas de tú.

Rin sonrió —De acuerdo. Es que leí que la primera vez duele mucho y quería saber si hay algo que se pueda hacer para evitarlo.

—Oooooo, bueno pues, te recomiendo que te relajes mucho, que te haga lubricar mucho, también puede preparar el área con los dedos para que cuando entre el pene no sea tan doloroso. Pero todo depende de la persona, hay chicas que no les duele para nada, otras que por más preparativos que hagan les duele muchísimo… solo trata de respirar y ponerte flojita, porque si te pones nerviosa más trabajo le va a costar a él entrar y más te va a doler.

—Entiendo. ¿Puedo preguntar cómo fue tu primera vez? ¿Fue con Inuyasha?

Kagome se echó a reír y se puso roja. Le entregó a Rin el pulpo cocido para que lo cortara y se sentaron a la mesa para preparar los ingredientes de los takoyaki.

—Sí, creo que teníamos 17 y bueno ya antes habíamos hecho de todo en los vestidores de la escuela, la biblioteca, la casa de sus papás, mi casa… pero yo no lo dejaba dar el último paso. Sango me había dicho que era la cosa más horrible y dolorosa del mundo, así que tenía muchísimo miedo. Pero un día que mi familia se ganó un viaje a las aguas termales, yo les dije que no podía ir porque debía estudiar para el examen, obviamente no fue cierto. En cuanto la casa se quedó sola, Inuyasha entró por la ventana de mi habitación, porque de hecho mi mamá era muy precavida y había cerrado la puerta principal con llave.

Rin ya había dejado de cortar el pulpo como era costumbre cuando se reunía con Kagome para platicar.

—Y pues ya, él hizo todo lo que te aconseje, tengo la sospecha de que fue a pedirle consejo a su hermano mayor, porque parecía que sabía exactamente qué debía hacer en todo momento. Fue muy muy dulce y tierno conmigo y aunque sí sentí como un dolor punzante al inicio, sus besos y caricias hicieron que me olvidara rápidamente del dolor.

—¿Y ahora de que chismean? —Interrumpió Inuyasha entrando a la sala-comedor.

—De cosas candentes —contestó Kagome ronroneando como gato y arañando el pecho de su novio.

—Ho... ¿te estaba contando Rin lo aburrido que es Sesshoumaru en la cama? —le lanzó un guiño a Rin y ella se puso muy nerviosa.

—¡No! ni siquiera sé cómo es… —Rin se tapó la cara queriendo huir de la situación bochornosa en la que se había metido.

—¿He? ¿O sea cómo? —Inuyasha las miró verdaderamente confundido y Kagome negó con la cabeza —¡No lo han hecho aún! Omaigaaa… pobre cabrón, le van a explotar las bolas.

—¡Qué! —exclamó Rin realmente espantada por lo que acababa de escuchar.

—Ay no le creas nada a Inuyasha, Rin. Mejor sigamos cocinando.


Sesshoumaru salió de bañarse y se topó con la mirada burlona de su hermano.

—¿Qué quieres Inuyasha?

—Venía a pedirte un favor, pero primero me tengo que burlar de ti.

Sesshoumaru no contestó nada y lo miró con menosprecio.

—Km khm —Inuyasha se aclaró la garganta —quería pedirte que cuando estemos en el bosque de bambú, tomes un video de mí y Kagome, le voy a pedir que se case conmigo.

—Hm... —Contestó él, aburrido.

—Yo creí que tú ibas a hacer eso en este viaje también, ya no falta mucho para enero… ¿pero ni siquiera te has acostado con ella?

De nuevo no contestó, pero estaba pensando seriamente en golpearlo, hacía mucho que no se agarraban a golpes, y sus puños extrañaban magullar esa estúpida cara.

—No ya perdón —Inuyasha dio dos pasos hacia atrás —pero en serio, ¿no le vas comprar un anillo? ¡Ni se te ocurra hacer lo mismo que hiciste con Kagura!

.

.

.

El sábado en la mañana llegaron a Arashiyama, dieron un recorrido por el área hasta llegar al bosque de bambú, Inuyasha y Kagome iban un poco más adelante que ellos caminando y justo cuando encontraron un camino un poco aislado, Inuyasha le mando "la señal", «qué fastidio» se quejó mentalmente y sacó su celular siguiéndolos.

Rin sintió el cambio en el ambiente de inmediato. —¿Qué sucede?

—Esperemos aquí, Inuyasha va a hacer algo —le explicó para tranquilizarla.

Unos pasos adelante Inuyasha detuvo a Kagome quien estaba hablando sobre lo raras que son las flores de bambú.

—Kagome… —Inuyasha llamó su atención.

—¿Qué traes tú? Andas raro.

—Bueno es que tengo algo que decirte.

—¡Qué rompiste!

—¿Qué? ¡Por qué siempre crees que hice algo malo!

—¡La última vez que me dijiste que tenías algo que decirme fue cuando rompiste mi bicicleta!

—¡Osh! ¡Bueno pues no es eso!

En lo que la pareja discutía, Rin miró a Sesshoumaru en busca de respuestas a lo que estaba pasando, pero él no dijo nada y se limitó a seguir grabando con su celular, aunque tenía una cara de fastidio que no podía ocultarla.

—¡Yo solo quería saber si querías casarte conmigo! —Gritó Inuyasha.

—¡Qué! —Contestó Kagome confundida y todavía ardida por la discusión.

Entonces Inuyasha sacó una cajita y le mostró un anillo, Kagome se tapó la boca y soltó a llorar —¡Inuyasha eres un idiota! —vociferó mientras lo abrazaba y asentía con la cabeza.

Entonces Sesshoumaru finalizó la grabación. —Vámonos —le dijo a Rin.

—¡Esa fue la propuesta de matrimonio más tierna que jamás haya visto! —Rio ella.

—No hablas enserio, ¿verdad?

—Bueno un poco extraña quizá —explicó mientras caminaban de regreso al Ryokan —¡pero única e inolvidable!

Antes de entrar al hotel, Rin le dijo que quería ir al seven por una latita de lemonsawa —No quiero que te pongas borracha porque sentiría que me estoy aprovechando de ti —Esta vez no cometería el mismo error que en Okinawa, quería que los dos estuvieran bien conscientes de lo que harían.

—Solo una para relajarme…

Él asintió y compró dos latas. Cuando estuvieron de vuelta en el hotel, Rin abrió su latita de lemonsawa y la bebió completa de un solo golpe, se notaba que estaba nerviosa y lo último que él quería, era que ella pasara un mal rato y todo por complacerlo; no tenían por qué apresurar las cosas. —Rin, podemos esperar, tenemos mucho tiempo por delante…

—No. Mi mente esta tan cansada de esperar que fabrica sueños extraños tratando de satisfacer mi curiosidad, pero no es suficiente. —Rin aventó la lata comuna fuerza innecesaria al bote de basura y luego caminó hacia él de manera casi amenazante. Sesshoumaru por inercia retrocedió sin saber bien qué hacer, hasta que Rin lo acorraló contra la silla del tocador obligándolo a sentarse y sin titubear, ella se sentó a horcajadas sobre él.

—Hum… —de pronto toda a agresividad se esfumó dejando a su pequeña Rin sonrojada, evadiendo su mirada y jugueteando con un mechón de cabello. —Bueno ya, te toca —dijo ella como si hubiesen estado jugando ajedrez.

Él rio por lo bajo y deslizó sus manos por debajo de la blusa térmica de Rin.

—¡Kyaa! ¡Tus manos están heladas! —Rin gritó tratando de bajarse de la silla, pero él se lo impidió y siguió subiendo hasta que le quitó la blusa, dejándole la piel erizada.