Rin despertó envuelta en el mokomoko y con su cabeza recargada en el hombro de Sesshoumaru. Sorprendida miró a su alrededor y aún se encontraban en el aquel hermoso cuarto. Estaban en una esquina sobre una especie de zabutones muy esponjosos, no parecían japoneses, más bien tenían un aire del medio oriente.
—¿Qué hora es? ¿Y el colchón?
—Son las dos y cuarto. El colchón está en el balcón bajo el sol, metí las sábanas a lavar. Fui a las cocinas a pedir comida humana y me dieron persimón con yogurt, ¿quieres?
—Hum sí, gracias. —Rin tomó la sofisticada copa de cristal con el yogurt y la fruta —Perdón por tu colchón —intentó ocultar su cara detrás de la cortina de sus cabellos negros.
—Habrá que poner toallas la próxima vez.
—¿Habrá próxima?
—¿No te gustó? Te veías muy feliz a mi parecer…
—¿Te gusta que me haga pipí? —Había oído hablar de esa filia, hasta tenía nombre… algo así como lluvia de oro…
—No es pipí.
—Yo sentí como que me hice pipí.
—Pero no es, no huele a pipí ni tiene color, todavía no llegó a esa parte en los libros, pero en internet lo conocen como squirt, aunque la información que encontré es demasiado variada. Después buscaré algún estudio científico que tenga validez.
—M... bueno si tú lo dices. En mi escuela de Luisiana los chicos de grados superiores decían que las mujeres se hacían pipí a veces cuando tenían sexo.
—No confíes en rumores, siempre es mejor buscar la información por tu cuenta y de fuentes con abal.
—¡Sí señor! ¿Y ahora qué vamos a hacer? —A veces cuando hablaba con Sesshoumaru, Rin sentía que estaba hablando con un señor de 40, aunque técnicamente ya faltaba poco para que se convirtiera en adulto, ahorita ella tenía 16 y él 17, pero en un mes él tendría 18. Quizás debía apresurar las cosas y hacerlo antes de que a pudieran meterlo a la cárcel por acostarse con una menos de edad.
—Lo que tú quieras.
—¿Y si lo hacemos?
—Preferiría esperar a tener 18 y poder hacerme responsable de lo que pueda pasar.
—Pero te pueden meter a la cárcel si esperamos a que seas mayor de edad…
—La edad de consentimiento es de 16… aunque tienes razón, quizá debamos esperar a que tú tengas 18.
—¿Qué? ¡Noooo falta mucho! ¿Y qué va a pasar cuándo te vayas a Inglaterra? No creas que no lo he pensado, estoy aterrada.
—¿Cómo que qué va a pasar? Pues voy a venir a verte en las vacaciones de verano y de invierno…
—¿De verdad? —No era el momento para hablar de eso, se supone que vinieron a divertirse y aprovechar que nadie los molestaría, y aquí estaba ella desperdiciando el preciado tiempo contándole uno de sus más grandes miedos.
—Pues sí... ¿o acaso pensabas cortarme?
—Creí que tú me ibas a cortar —se le llenaron los ojos de lágrimas repentinamente —o sea, te vas a otro país, a la universidad a conocer mucha gente nueva y si regresabas sería a ver a tu familia, no a mí, además yo tengo mi pasaporte secuestrado y creí que…
—¡Rin! —el par de fuertes manos sostuvo su cara y la giró para enfrentarlo… ya estaba llorando, seguro pensaría que era una exagerada o que estaba premenstrual —Voy a regresar a verte a ti, nada podrá separarnos jamás.
La copa de cristal vacía rodó por la habitación cuando ella se lanzó a los brazos de aquel hombre que la hacía inmensamente feliz.
Una vez que estuvo más calmada se quedó así acurrucada en los brazos de su novio disfrutando del contacto piel a piel un rato.
—Ya sé qué quiero.
—¿Qué?
—Que te quites los pantalones, no es justo que yo sea la única desnuda aquí.
Sesshoumaru se quedó viéndola fríamente, como escudriñando en sus ojos si ella tenía algunas otras negras intenciones. Al parecer pasó la prueba, porque después de exhalar, la sentó en los cojines y se levantó. Ella lo veía expectante, cómo si él estuviera a punto de develar una pieza de arte extremadamente cara y exquisita.
Desabotonó los jeans negros, bajó el cierre y… —Mejor no —concluyó él inesperadamente y volvió a subir el cierre.
—¡Qué! ¡Por qué! —Rin estaba ofendida, triste, enojada, se sentía hasta timada.
—¡Estabas casi babeando!
—¡Tú tenías los ojos rojos hace rato y yo no te dije nada!
—¿Enserio?
—¡Sí! ¡Ahora ven acá! —Rin se le fue encima y comenzaron a forcejear en el suelo como perros y gatos, Rin hacía uso de todas sus fuerzas tratando de bajarle el pantalón y Sesshoumaru se reía al saber que jamás podía ganarle en fuerza. Ella estaba extasiada escuchándolo reír de esa manera, jamás había escuchado su risa así de libre y sincera. Lo máximo que había llegado a escuchar de él era una risa burlona ante algo estúpido que había hecho su hermano, pero una nítida risa, jamás. Este día lo recordaría para siempre.
Intentaba meter su mano, pero él la bloqueaba, hasta con los pies lo intentó. Pellizcó los pezones como estrategia para que él levantara las manos; funcionaba, pero Sesshoumaru era demasiado rápido. No lograba quitarle el pantalón ni meter la mano, tampoco parecía tener cosquillas como para distráelo con eso, nada funcionaba. Finalmente, se le ocurrió actuar ella misma como un perro, lamió su oreja como última estrategia y se ganó una especie de gruñido por parte de él.
—Eres una tramposa —le susurró y pasaron de las risas y el juego a lamerse y besarse. Finalmente logró lo que quería, él se había distraído con sus pechos y había dejado de sostener el pantalón, así que ella aprovechó para meterle la mano y lo tocó al fin, era una sensación extraña, la cabeza era muy suabe y estaba mojada pero abajo era como una membrana cubriendo un palo de acero. —Rin… —murmuró él de advertencia.
—Te prometo que no voy a hacer nada malo —puso la mejor cara de inocencia que pudo.
—El problema es que yo no estoy seguro de poder prometerte tal cosa…
—Mmm — se moría por experimentar todo lo que sus amigas le contaron, pero sabía que él planeaba ir despacio y no quería cometer errores que los metieran en problemas, aunque igual y devolverle el favor no acabaría en nada malo —¿Puedo lamerte? Así como tu hiciste conmigo… sé que no será tan genial como cuando lo hacían tus amigas, pero he visto videos y me doy una idea… ¡ándale, por favor!
Él frunció el ceño y le sacó la mano —para empezar, te prohíbo a partir de hoy que te compares con las demás, es injusto para ellas ya que nunca llegaron a ser ni una pizca de lo importante que tú eres para mí y en segunda, ¿cómo que viste videos?
—Pues sí —Confesó avergonzada ante la extraña reacción de Sesshoumaru —desde la secundaria, todos en la escuela los ven, aunque no he visto muchos. ¿Tú no los ves?
—No. Nunca se me hubiese pasado por la mente ver videos de humanos, tampoco he visto muchos de youkais, no me llaman la atención, creo que prefiero las cosas en vivo.
—¿Hay videos de youkais? …Pues claro que hay, qué tonta, nunca se me había ocurrido, no sé por qué en la escuela todos ven de humanos…
—Porque a los humanos les gusta comprar y vender sexo, no sé si tenga que ver con que sus vidas son más cortas y buscan placer todo el tiempo… como sea, ¡no vayas a buscar videos de youkais!
—¡Buena teoría! ¿Y por qué no quieres que vea esos videos?
—¿Has visto videos de animales apareándose en la tele? No varía mucho de eso, pero quizás veas cosas más grotescas…
—¡Hm! Tienes razón, ya mataste mi curiosidad. …Entonces, ¿puedo lamerte?
—Rin...
—¡Yo dejé que hicieras todo lo que quisiste con mi cuerpo! ¡Esto es injusto! —Hizo un puchero.
—Haz lo que quieras.
Por fin se había rendido, solo tuvo que hacerse la víctima para ganar, ahora lo tenía ahí acostado sobre los cojines con las manos a los lados viendo al techo completamente a su merced, ¡y por supuesto que lo haría! Sonrió victoriosa, lamiéndose los labios.
Se sentó encima de él y comenzó a besarle el cuello mientras pasaba sus manos por aquel sedoso y largo cabello platinado, le encantaba tocar esa cabellera. Nunca había tocado el mercurio, pero ella creía que debían tener una textura similar al cabello de su novio; hilos sedosos de metal líquido y frío.
Bajó su lengua por ese torso que parecía esculpido por Bernini y lo escuchó reprimir un suspiro; algo debía estar haciendo bien.
Con la confianza restaurada siguió el caminito empedrado de abdominales hasta llegar a esa punta de lanza palpitante. Le dio una pequeña lamida, para probar aquella gota de líquido ligeramente viscoso y transparente... no sabía a nada en particular.
Y así puso por primera vez a prueba todo lo que había visto en los videos, más lo que sus amigas le han contado y evito hacer cosas de lo que algunos hombres se quejaban; como tener cuidado con los dientes.
Sesshoumaru no hacía ruido ni se movía, por lo que, preocupada por estar haciéndolo mal, levantó la mirada para comprobar que él siguiera despierto y se topó con una mirada muy curiosa, algo muy obscuro y terrorífico en esos típicos ojos fríos de siempre; la veía como si la quisiera comer viva. Ella sonrió como pidiéndole perdón por estarlo haciendo mal.
Nunca jamás alguien le había sonreído mientras batallaban por mantener dentro de la boca a su falo, la mayoría ponían cara de sufrimiento y unas pocas exageraban sus gestos de placer como Kagura o Toran… y luego estaba Rin, desconcertándolo por completo.
Había estado luchando contra sí mismo para no venirse, luego para no estocar hasta el fondo de su garganta, para no jalarle el pelo y follar su cara como lo había hecho siempre con las otras, porque Rin era especial… pero se la estaba poniendo muy difícil. Casi pierde el control con la sonrisa, inconscientemente había llevado su mano al cabello de Rin y logró desviar sus negras intenciones al forzar su mano a que acariciara esa hermosa carita.
Ella con sus inocentes ojos lo miró apenada y succionó todo el tallo hasta la cabeza; liberándolo —Lo estoy haciendo mal, ¿verdad?
¿Que si lo estaba haciendo mal? Quién sabe, sí hacía cosas extrañas como meter la punta de su lengua en la pequeña apertura o serpentear su lengua como si de un helado se tratase; pero le estaba gustando bastante que ella hiciera lo que quisiera con él. Pasó saliva para lubricar su garganta, no confiando mucho en su voz —No —contestó rasposamente.
—Mmmm ¿Seguro? Puedes jalarme el pelo y marcarme el ritmo si quieres.
—No. —Reiteró y retiró su mano de aquella cálida mejilla, para dejarle en claro que no lo haría.
—Osh, bueno —Se quejó con un puchero y esa cálida boquita volvió a esforzarse por cubrirlo. Obviamente era imposible así que con ayuda de su pequeña mano derecha que no alcanzaba a cerrarle por completo continuó. Fue entonces que dudó en si podría alguna vez penetrarla, ¿y si no entraba?
Rin volvió con renovadas fuerzas o quizás decidida a sacar alguna reacción de él, porque aumentó la velocidad y el agarre de su mano se ciñó. Sin poder restringirse más, echó la cabeza para atrás y se rindió ante ella. Por si fuera poco, la otra manita que había estado muy bien portada descansando sobre su muslo, comenzó a arañarlo, a pasearse por sus abdominales y hasta jugar con sus testículos.
Esa fue la cereza del pastel, se sostuvo en un codo y con una mano intentó avisarle que se quitara —Rin… voy a…
Ella se sorprendió un poco, pero intentó tragar todo, aunque algo lento y se estaba derramando por la comisura de sus labios. Fue lo último que vio antes de volver a caer de espaldas sobre los colchones.
Después de disfrutar la corta estancia en el paraíso, recuperar un poco el aliento y alejar las nubes de su mente, escuchó que Rin pedía algo.
— ¿Hay pañuelos por aquí? —Él señaló la pared detrás de él.
—¿Mmm? ¿Esto es una puerta? —Escuchó que Rin se levantaba tentaba la pared de madera tallada, en todo ese relieve había una rama en que fungía como manija, al parecer Rin lo encontró rápido ya que inmediatamente una tromba de aspavientos llovió.
—¡Ah! ¡Hiiiii! ¡Woaaaa! ¡Qué es esto! ¡Parece un baño romano! ¿Este baño es solo para ti? Ufff qué envidia, me encantaría tener un baño así algún día! ¡Ahí está el papel de baño! —Rin regresó y limpió sus piernas, la zona pélvica, el piso y quizá hasta un cojín.
