PARTE 5 Un Ejercicio de Confianza
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La práctica de ese día para los pilotos de segundo año consistía en llevar un Demi-Trainer por un campo minado siguiendo las indicaciones de los observadores, equipar un láser con ayuda de un mecánico y dispararle a un objetivo en un tiempo máximo de diez minutos. Uno a uno, los pilotos hicieron la actividad, pero quienes directamente no tuvieron permitido siquiera comenzar fueron Suletta Samaya y Nagisa Misumi.
"Necesitan un observador y un mecánico", dijo el instructor. "Pueden presentarse mañana con su equipo y hacer la actividad. Pidan ayuda o acudan a los miembros de sus Casas".
Nagisa y Suletta salieron del campo de pruebas, derrotadas.
"¡No puedo creerlo!" Nagisa se alborotó el cabello. "Cuando Nika y los chicos me preguntaron si no necesitaba ayuda, les dije que no… Y ahora no puedo pedírselos, ¡ya están apoyando a Chuchu con sus ejercicios de campo ésta semana!"
"Yo no tengo una Casa…" Murmuró Suletta mientras se ponía en cuclillas y abrazaba sus propias rodillas. "No quiero comenzar a fallar cursos por… Por algo así".
Por un momento, Nagisa consideró pedirle ayuda a Honoka, pero seguía lesionada y no quería que se lastimara. "Iré a preguntarles a los chicos de mi Casa si pueden ayudarnos", dijo Nagisa de inmediato. "Vamos, Suletta".
A Suletta le agradaban los chicos de Earth House y realmente quería hacer amistad con ellos, así que la idea de ir a Earth House la entusiasmó. Pero las esperanzas de ambas quedaron en los suelos.
"Entonces… ¿Están ocupados?" Preguntó Nagisa.
Nika puso un gesto de disculpa. "Lo siento, Nagisa, ya quedé junto con Aliya en ayudar a Chuchu con sus prácticas. Ojelo y Nuno están asistiendo a Lilique en un taller de simulacro de emergencias y Till está en un curso".
"Ya escucharon, Nika es mía por el resto de la semana", dijo la fiera Chuchu mientras abrazaba a Nika por los hombros. "¡Y no quiero a ésta Spacian aquí!"
Suletta lanzó un gracioso grito de pánico y se escondió detrás de Nagisa.
"Oh, vamos, ella es una buena chica", Nagisa intentó razonar con su terca compañera de Casa. No comprendía por qué Chuchu no podía ver los lados buenos de Suletta… Es decir, todos. Suletta era casi irreal de lo buena que era.
"¿Por qué no le piden ayuda a Honoka?" Preguntó Nika.
"Sigue lesionada, no quiero que se lastime", respondió Nagisa de inmediato.
"No es que necesite hacer mucho, sólo controlar el panel del cambio de armas", explicó la mecánica con una sonrisa. "Y en cuanto al Observador, alguien de Gestión Estratégica es la persona adecuada", Nika enseguida miró a Suletta. "Puedes pedirle ayuda a tu Prometida".
Suletta se ruborizó ligeramente. "¿Puedo?"
"Nada pierdes con preguntarle", dijo Nika mientras le guiñaba un ojo a Suletta.
"Eres demasiado amable con la Spacian", masculló Chuchu.
"¡Iré a preguntarle! ¡Gracias!" Exclamó una entusiasmada Suletta, agradeció el consejo con una reverencia y echó a correr en dirección al invernadero. Se fue tan rápido que no le dio tiempo a nadie de decir nada más.
"¿Y por qué no simplemente la llama?" Preguntó Nagisa a nadie en especial.
"Si ella quiere consultarla en persona, yo creo que está bien", comentó Nika.
"Me sorprendería que la Princesa la ayude", refunfuñó Chuchu.
"La ayudará, Miorine no es una mala persona, créanme", dijo Nagisa de inmediato. Aunque ella misma no era tan cercana a la dichosa princesa como Suletta, todo lo que le contaba de ella bastaba para asegurarlo. "Bueno, iré a preguntarle a Honoka si me puede ayudar con la actividad", se despidió y también salió corriendo.
Hubo unos segundos de silencio.
"¿Y por qué no sólo la llama?" Preguntó Chuchu con malhumor.
Nika rió.
Por su lado, Suletta fue corriendo al invernadero, Miorine pasaba todas sus tardes ahí luego de clases. Dios unos golpecitos en el marco de la entrada para anunciarse.
"¡Señorita Miorine, buenas tardes!"
"¡Ya te dije que puedes pasar si está abierto, no necesitas anunciarte cada que vengas!" Sonó la voz de Miorine desde el fondo del invernadero. Justo salió, traía unas bolsas de abono y tierra.
Suletta fue de inmediato a ayudarla a cargar todo.
"Gracias… ¿No se supone que tenías una práctica a ésta hora?" Preguntó Miorine mientras sacaba las macetas nuevas que iba a preparar para plantar unos brotes nuevos de flores.
"¡Ah, cierto!" Suletta encaró a Miorine apropiadamente y se inclinó. "Necesito un Observador y un Mecánico para ésta actividad", dijo y le extendió su Tablet donde estaba descrita dicha actividad. "Pero no tengo una Casa y… Y... ¿Podrías ayudarme, señorita Miorine?"
La Princesa se dio un par de minutos para leer rápidamente el objetivo de la actividad. "De acuerdo", fue la inmediata respuesta de Miorine y volvió su atención a su trabajo. "Puedo hacer ambos papeles, según lo que leí es posible. Sólo dame tiempo de revisar lo que debo hacer. ¿Cuándo debes presentar la actividad?"
"Mañana a ésta misma hora", respondió una feliz Suletta. Daba igual que su Prometida no le mirara. "¡Muchas gracias!"
"No tienes nada qué agradecer. Soy tu Prometida, debes acudir a mí para éstas cosas", Miorine hablaba con su tono casual y seco de costumbre. "Supongo que Nagisa no tuvo problemas con la actividad".
"Los tuvo", dijo Suletta de inmediato. "Sus compañeros de Casa están ocupados y…"
"Sólo son nueve miembros con ella, es normal que no puedan repartirse en todas las actividades en equipo a comparación de las Casas más grandes", ésta vez Miorine sí miró a su Prometida. "¿Cuál es el plan de Nagisa? Me pareció leer que no se pueden compartir a los miembros de tu equipo con otro piloto en la misma actividad".
"Le pedirá ayuda a la señorita Honoka", respondió Suletta luego de guardar su Tablet, colgar su bolso en uno de los muros y ayudar a Miorine a regar las flores que notó necesitaban más agua, "pero al principio no quería porque sabe que ella sigue lesionada".
"Así tuviera los dos brazos inutilizados, esa demente encontraría la manera de trabajar", masculló Miorine. Miró a Suletta de reojo, su Prometida sonreía y se notaba muy contenta regando las flores. "Ya estás aprendiendo, ya te das cuenta qué plantas necesitan más agua y cuáles no".
"Pongo atención a la manera en la que lo haces… Um… Me encantaría que pudiéramos tener un invernadero en Mercurio", dijo Suletta con voz soñadora. "Podríamos comer verduras frescas".
"¿Lo han intentado?"
"Sí, pero sin éxito. Es complicado abrir más espacios en la dura roca del subsuelo, la tierra pierde nutrientes muy rápido y, si no tenemos cuidado, podemos abrir una fisura en la roca". Suletta sonrió. "Pero con lo que logre aprender aquí en Asticassia, quiero ayudar a ampliar el sitio donde vivimos de manera segura, quiero poner una escuela".
"¿Una escuela?" Miorine miró con curiosidad a su Prometida.
"En Mercurio casi todos son mineros, y mi familia, ah, la empresa Vanadis, se especializa en tecnología médica pero no tenemos gente nueva. Nadie resiste vivir en Mercurio por mucho tiempo y se van. No hay más cosas por hacer... Pero si pongo una escuela donde se aprenda lo que investiga mi familia y logro hacer un invernadero, más gente se animará a ir allá…"
Miorine sintió que su estómago daba un vuelco al escuchar eso. No podía imaginarse vivir en un sitio donde ni siquiera podían simular la luz del Sol y un cielo azul como en Asticassia. En la escuela tenían árboles y suficiente flora para simular un ambiente terrestre, siempre necesario para mantener cordura y paz mental en el espacio exterior. Estar en la Esfera Terrestre permitía recibir productos congelados desde la Tierra, productos relativamente frescos. Mercurio estaba tan lejos que muchos creían que ahí minaban el Permet desde estaciones espaciales.
La princesa suspiró por lo bajo.
"Entonces necesitas estudiar mucho, Suletta. Lograrás tu sueño, tienes la actitud".
"¡Gra-Gracias!"
Miorine no necesitaba ver a Suletta para saber que tenía una grande y brillante sonrisa en su rostro. Una linda sonrisa…
Mientras tanto, en los Hangares Generales, Honoka pasaba el tiempo en la cabina de White como de costumbre. Le sorprendió ver a Nagisa ahí cuando se suponía tenía una práctica de campo, ella misma se lo contó el día anterior antes de terminar la sesión de estudio.
"¿Un Observador y un Mecánico?" Preguntó Honoka luego de leer en la Tablet de Nagisa los detalles de la actividad.
"Sí. No te pediría esto porque sé que sigues lesionada, pero mis compañeros de Casa están ocupados… La verdad no pensé que necesitaría ayuda para ésta actividad y no se los dije y ellos se ocuparon con otras cosas", dijo una apenada Nagisa mientras tenía sus manos juntas en clara posición de ruego. "Si es posible… Si no es problema… ¿Serías mi mecánica?"
Honoka sonrió suavemente, no podía dejar a Nagisa a su suerte.
"Puedo hacer de Observadora también, por lo que estoy leyendo puedo cumplir ambos papeles".
"¿De verdad? ¡Muchas gracias, Yukishiro!" Nagisa saltó de alegría.
"Por cierto, me llegó el aviso que mañana llega tu MS, le haré una revisión antes de enviarlo a las instalaciones de Earth House".
"¡Genial! ¡Gracias por eso también!"
Honoka no pensaba negar que las sonrisas y la actitud llena de energía de Nagisa la hacían sentir bien, bastante bien, como si la energía de la piloto se le contagiara. Ella misma envió la información de la actividad a su propia Tablet y revisó los documentos, necesitaba aprender lo que debía hacer como Observadora. Por lo que estaba leyendo, no era demasiado complicado.
"Repasaré todo y estaré mañana ahí para apoyarte".
Nagisa no pudo resistir, tomó la mano del brazo sano de Honoka y lo estrechó con firmeza, culpa de la alegría. "¡Gracias, Honoka!"
Antes de que Honoka pudiera salir de su sorpresa al escucharla llamarla por su primer nombre, Nagisa reaccionó primero. La soltó de inmediato y dio un paso atrás, apenada por su comportamiento fuera de lugar; estaba roja.
"¡Lo siento!"
Honoka se quedó con el cálido tacto de Nagisa en su mano. Aunque breve, el calor se quedó marcado en su piel. Eso fue raro.
"No te preocupes", dijo la mecánica y enseguida cambió el tema. "¿Quieres que estudiemos ya que estás aquí?"
Nagisa puso un gesto de desagrado luego de mirar sus alrededores, un hangar donde entraban y salían alumnos constantemente no le ayudaría a estudiar. "¿Vamos a los jardines? No sé cómo te puedes concentrar aquí".
"Me puedo concentrar en cualquier lado en realidad", respondió Honoka con una sonrisa y salió de la cabina de piloto de White. Una vez cerró y aseguró a su MS, bajó del andamio junto con Nagisa.
Por su lado, a Nagisa no le sorprendía que ella pudiera concentrarse donde fuera, por algo era una chica lista y la futura presidenta de Seven Stones. Caminaba a su lado pero a una distancia prudente todavía. Ya hablaba más con ella y le constaba que Honoka era amable, paciente como bien le dijeron, pero aún no lograba acercarse como lo tenía planeado. Honoka procuraba la distancia y Nagisa no sabía cómo saltar ese abismo que la separaba de su futura jefa.
¿Por qué es tan difícil? No puedo creerlo… La piloto suspiró con frustración y miró a Honoka de reojo, luego le echó un breve vistazo a su brazo inmovilizado.
"¿No has sentido molestias en tu brazo?" Preguntó Nagisa para romper el silencio.
Honoka no pensaba admitir que en ese momento le dolía. El doctor le dijo que sería normal porque sus tendones y músculos seguían inflamados, estaba en un ambiente no terrestre. La medicina ayudaba bastante pero aún faltaban un par de horas antes de su siguiente dosis. No iba a quejarse y no planeaba mentir…
"Estoy sanando bien".
…Pero podía evadir la verdad.
Nagisa frunció el ceño. Se sentía frustrada, ¿por qué, en nombre de todas las Estrellas, esa chica era tan terca?
"Eso no responde mi pregunta", reprochó la piloto en voz alta.
"No debes preocuparte por mí, Misumi. Tú eres una piloto y ya estás comenzando a practicar en los MS de la escuela. Si te descuidas, puedes lesionarte y eso es lo último que quiero", explicó Honoka con calma. "Mi brazo sanará en unas semanas de todos modos".
La piloto abrió la boca, la cerró y la volvió a abrir pero no salió ninguna palabra de ésta. ¿Por eso no le decía nada? ¿En serio Yukishiro la procuraba tanto y se ocupaba de que nunca le faltara comida en Earth House? ¿Se preocupaba por ella, pero no le permitía hacer lo mismo? ¡No se supone que una relación (profesional, desde luego) funcione así!
"Pues a mí me preocupa más no saber si te duele o te molesta algo", Nagisa continuó con sus reproches, mostraba su enfado. "Somos compañeras, ¿o no? Trabajaré para ti cuando seamos más grandes", la piloto se llevó ambas manos a la nuca. "¿Cómo puedo confiar en alguien que no se preocupa por sí misma?"
Esas palabras golpearon a Honoka con más fuerza de la que Nagisa creyó.
"Yo…"
"¿Yukishiro?"
Nagisa se detuvo al ya no escuchar los pasos de su compañera. Para la piloto fue sorprendente ver a Honoka con un gesto totalmente nuevo en el rostro: vergüenza… ¡Honoka estaba roja! ¡Estaba roja por la vergüenza! Fue el turno de Nagisa de sentirse apenada, quizá habló de más. ¡Ni siquiera eran amigas y ya se estaba tomando la descarada libertad de sermonearla!
"¡Lo siento!" Las manos de Nagisa se movían de manera frenética. "Digo… Es lo que pienso pero quizá debí usar otras palabras…" Dijo con voz apurada. "Entiendo que no quieras preocuparme pero es normal preocuparse por alguien que te importa, ¿o no?"
Honoka se cubrió la boca con su mano sana y miró a un lado. ¿De verdad daba esa impresión? Se supone que la distancia era para no inmiscuir a otros en los problemas que acarreaba ser quien era: la legítima heredera de una empresa que, a ojos de muchos Earthians y todos los Spacians, se había vendido al Grupo Benerit para mantener su poder y riquezas. Todo estaba bien mientras nadie se le acercara, pero tener a alguien de su empresa era un asunto muy distinto.
Mantener la distancia con Nagisa Misumi no era lo mismo que con todos los demás. Miorine era un asunto totalmente aparte. Es normal preocuparse por alguien que te importa…
"Sí, es normal", fue lo único que pudo responder Honoka, tuvo que tomar aire para tratar de quitarse el bochorno de la cara.
"Me importa lo que te pase así como a ti te importa lo que me pase", continuó Nagisa. Ya que tenía carta abierta para decir todo lo que le pasaba por la cabeza, no iba a desaprovechar la oportunidad. "Pero si no te sientes con la confianza de contarme lo que te molesta… Está bien, apenas nos conocemos y no somos amigas siquiera…" Su voz sonó tensa al decir eso.
"Tú… ¿Quieres ser mi amiga…?"
"Lo he intentado, pero es difícil si todo éste tiempo estuviste escondida y yo no podía encontrarte", Nagisa se encogió de hombros al mencionarlo. "Parece que sólo eres algo cercana a Miorine".
Honoka de nuevo no supo qué decir. Retomó el paso hacia el sitio donde Nagisa gustaba de estudiar, ésta rápidamente la siguió.
"Mi relación con Miorine es distinta", explicó Honoka. "Me entrometí en su asunto, supe de su situación y me preocupé. Decidí ayudarla porque me importa y a ella a su vez le importo. Su posición es peor que la mía, es la hija de Delling Rembran, el hombre que la obligará a casarse con cualquiera que sea el Holder cuando ella cumpla diecisiete años". Honoka suspiró. "Si comparo su situación con la mía, ser una intrusa en el campo enemigo es como un paseo por el parque".
"Y por eso mismo deberías tener más amigos… Miorine ahora tiene a Suletta y eso es como tener a cien amigos".
Y mucho más que sólo cien amigos, pensó Honoka con una sonrisa pequeña. Detuvo su paso una vez más y miró a Nagisa.
"¿Está bien si lo intentamos de nuevo y me permites tratar de ser tu amiga, Nagisa?" Preguntó Honoka, mirándola directamente a los ojos.
Ésta vez fue Nagisa la que sintió un golpe directo en el pecho. ¿Por qué los ojos de Honoka eran tan bonitos? Ya una vez había escuchado a la cursi de Suletta decir que los lindos ojos de su Prometida tenían el mismo color de Mercurio visto desde lejos: gris pero resplandeciente, brillante y hermoso. Bueno, los ojos de Honoka tenían el color de un cielo nocturno con todo y estrellas, brillante y hermoso. Se puso roja, se rascó furiosamente la nuca y miró a un lado.
"Sólo si prometes dejar de evadir a los demás… A mis amigos de Earth House también les preocupas", fue la única condición que Nagisa pudo pedir, era una petición justa a su parecer. "Te aprecian..."
"Pero ".
"Tú yo somos Earthians también".
Honoka suspiró y finalmente le extendió su mano a Nagisa. "Lo prometo".
Nagisa sonrió y estrechó la mano de Honoka para sellar el acuerdo, pero no la soltó, no todavía.
"Ahora dime la verdad, ¿cómo te sientes?"
"El dolor es molesto y aún faltan dos horas para mi siguiente dosis de analgésicos", confesó Honoka mientras su gesto suave se tornaba ligeramente adolorido.
Nagisa frunció el ceño. "Debemos llevarte a la estación médica".
"Ya fui y dicen que es normal que me moleste tanto, soy una Earthian así que la integridad de mis músculos y la densidad de mis huesos es distinta al de los Spacians, mi ritmo de curación es otro", explicó Honoka. "Por eso no quiero que nada te distraiga cuando pilotees. Si te lesionas, tardarás más en sanar que un Spacian. Nuestros cuerpos son más sólidos y eso nos hace físicamente más resistentes y más fuertes, pero también con un metabolismo un poco más lento en el espacio".
La piloto abrió la boca pero no dijo nada al principio, digería lentamente la información recibida y asintió al comprender todo. Frunció el ceño.
"Entonces…" Entonces por eso Yukishiro procuraba no preocuparla para que no se lesionara, porque tardaría mucho más en sanar.
"Sólo me queda resistir pero tampoco es intolerable", agregó Honoka enseguida. "Una vez que tenga permitido comenzar a mover mi brazo, será menos molesto".
"De acuerdo", era duro aceptar que no podía hacer nada por Honoka en el asunto de su brazo lesionado y adolorido, pero al menos no quería que la pasara tan mal a solas.
Las chicas siguieron su camino al jardín para poder estudiar cuando vieron a alguien a quien la verdad ya habían olvidado y que, se supone, no debería estar ahí: Guel Jeturk.
El chico iba en su dirección junto con el séquito de costumbre: su hermano y el par de chicas que siempre los seguían. Nagisa se puso nerviosa y miró a Honoka, pero ésta parecía tan serena como solía ser. En la escuela se rumoraba que los culpables del accidente de Honoka fueron miembros de la Casa Jeturk.
"No creas que te podrás deshacer de mi tan fácilmente, Yukishiro", dijo Guel mientras encaraba a la mecánica con su actitud petulante marca registrada. "Que ya no seas la Holder no quiere decir que estás libre de todo lo que has hecho. Aún puedo retarte a un duelo… Esa Bruja y tú me las pagarán, recuperaré lo que es mío".
Honoka negó con la cabeza, completamente decepcionada. "No cumpliste lo acordado en el duelo, pensé que las apuestas en los duelos se respetaban pero ya veo que no es así. ¿Cuál es el punto de los duelos entonces? No pienso perder el tiempo con alguien sin principios ni honor", dijo la mecánica con seriedad. "Con tu permiso, tengo mejores cosas por hacer", sujetó a Nagisa de la mano con su única mano libre y la animó a acelerar el paso y dejarlos atrás.
No se quedaron para ver a Guel enrojeciendo por la vergüenza y la furia.
"¿Qué hace ese tipo aquí? Debió irse de la escuela, esa era la apuesta, ¿o no?" Preguntó Nagisa.
"Así es. Seguramente su familia se las arregló para que no lo expulsaran de la escuela. Es parte de los Tres Grandes después de todo".
"¡Ugh! No puedo creerlo", Nagisa estaba igualmente indignada.
"Me alegra que Suletta esté con Miorine ahora, es una gran piloto".
"¡Lo sé! ¡Estuvo fantástica en el duelo!"
Ambas se miraron y compartieron una sonrisa… Al menos hasta que Nagisa notó que Honoka aún sujetaba su mano. La mano de Honoka era bastante suave a decir verdad, cálida, se sentía distinto a las manos de sus amistades de Earth House. Tragó saliva.
"Umm… Ya puedes soltarme".
Honoka miró sus manos unidas. "Oh, de acuerdo".
Nagisa pudo respirar más tranquila apenas se soltaron y llegaron a su destino para al fin estudiar, pero Honoka llamó primero a Miorine para informarle que Guel Jeturk se las arregló para no irse de la escuela y seguiría al acecho.
No les sorprendió que Miorine soltara una colorida maldición que escandalizó a Suletta, no necesitaban verlas, sólo escucharlas para saber que Miorine estaba enfurecida y Suletta en pánico tratando de calmarla.
~o~
"Arma acoplada y lista para funcionar. Piloto, dispara al blanco", le indicó Honoka a Nagisa y ésta terminó el ejercicio exitosamente al disparar justo en el blanco: un Haro dron.
"Piloto LP050, Nagisa Misumi, aprobada", sonó la voz del supervisor del ejercicio. "Regrese al punto de partida y vayan a dejar al Demi-Trainer al hangar".
Nagisa celebró de manera ruidosa. "Recibido". Puso al Demi-Trainer en marcha mientras veía a Honoka moverse en un escúter con autopiloto, sólo así pudo llegar del punto de observación a la base de armas sólo con un brazo funcional.
"Buen trabajo. Nagisa".
"Gracias por ayudarme, me salvaste".
Para Miorine era bueno ver que Honoka ya tenía un comportamiento menos alejado con Nagisa. Miró a su Prometida. "Bien, es tu turno, sube al Demi-Trainer y prepárate".
"¡Sí!" Pero antes de irse, se inclinó ante Miorine. "Muchas gracias por ayudarme".
"Y ya te he dicho que no debes agradecerme tanto", refunfuñó Miorine. "Anda, eres la última. Luego de esto iremos a comer lo que quieras a la cafetería".
"¡Sí!" Eso entusiasmó a Suletta y fue corriendo a alistar el Demi-Trainer que le correspondía.
Lo que ninguna de las dos notó fue que un par de chicas reían de manera burlona a no mucha distancia al ver que Suletta se colocaba en la línea de salida. El ejercicio dio comienzo y todo fue bien por los primeros metros hasta que los monitores del Demi-Trainer se oscurecieron, Suletta se detuvo de inmediato.
"Suletta, ¿qué sucede?"
"Hay un problema, todos los monitores se pusieron oscuros. El sistema funciona bien pero no veo nada", explicó Suletta mientras revisaba los controladores de las pantallas, pensando que podría ser un error del sistema.
"Comprendo", Miorine rápidamente se comunicó con la zona de control. "El piloto no puede continuar, los monitores están fallando. Pido que se cancele el ejercicio".
"Negativo. La actividad también comprende que el piloto y su equipo puedan lidiar con éste tipo de inconvenientes", respondió la severa voz del tutor.
Miorine bufó y de inmediato se comunicó con Suletta. "Tendremos que seguir así, yo te guiaré, el sistema de auto-balance del MS debería serte de ayuda. ¿Lista?"
"¡Lista!"
Pero ir completamente a ciegas resultó ser todo un reto. Además del terreno complicado, una simple falla en sus pasos hacía que su MS pisara las minas o cayera por una ladera, dichos errores la enviaban nuevamente a la línea de salida y eso comenzó a frustrar a Suletta. Miorine tenía entendido que el piloto podía repetir el ejercicio todas las veces que fueran necesarias hasta completarlo, pero…
Luego de muchos intentos y a los pocos segundos de terminar, se acabó el tiempo.
"Suletta Samaya. Reprobada".
Esas palabras golpearon a Suletta con fuerza. Si había un sentimiento que Suletta no sabía manejar era la frustración. En casa, cada uno de sus vuelos de rescate siempre había salido bien, su índice de rescates era del 100%, Calibarn y ella eran un gran equipo, nunca había tenido que lidiar con ejercicios como esos ni con pantallas dañadas.
Suletta ya no quería seguir.
"Una vez más, por favor", pidió Miorine y de pronto escuchó la voz de su Prometida.
"Ya no".
"¿Eh? Suletta, déjate de tonterías y regresa a la línea de salida. Comenzaremos de nuevo y ésta vez lo vas a lograr".
"¡Ya no quiero!" Se quejó Suletta mientras sentía que los ojos le ardían por culpa de las lágrimas. La sensación de frustración era abrumadora y la tenía incómoda y nerviosa. "Ya no quiero hacer esto, no puedo hacerlo. Voy a reprobar".
Miorine se tensó al escuchar a Suletta así de mal. Frunció el ceño, no iba a dejar que Suletta se rindiera, no después de escuchar cuáles eran sus sueños una vez que se graduara de la escuela. El llanto de Suletta fue más intenso.
"¡Vuelve a la línea de salida!" Fue la firme orden de Miorine.
"¡Q-Quiero volver a casa!"
"¡Nada de volver a casa! ¡Haz lo que te digo!"
"P-Pero…" Suletta incluso subió el visor de su casco para frotarse los ojos y tratar de retener sus lágrimas.
"¡Hazlo, Suletta!" Miorine debía ser dura, ¡no voy a dejar que te rindas, idiota! "¡Me dijiste que quieres poner una escuela en Mercurio! ¡Me dijiste que quieres que más gente vaya a vivir allá! ¡No lo vas a lograr si te rindes aquí!"
Suletta lloró más fuerte pero, para alivio de Miorine, comenzó a mover a su MS a la línea de salida una vez más. La escena era vista por más de un alumno, pero había dos chicas que encontraban diversión en la desgracia ajena y no paraban de carcajearse. Esas chicas no sabían que las estaban observando.
"Pero qué Holder tan lamentable", rió una de ellas.
"Una patética Holder para una insoportable princesa, tal para cual".
Sus carcajadas seguían y eran tan fuertes que incluso se sujetaban el estómago.
"La pintura funcionó bien".
"Lástima que no alcanzamos a hacerle lo mismo a la piloto de Seven Stones".
"Lo lograremos la siguiente".
Continuaron riendo y de pronto alguien se les paró enfrente: una furiosa Chuatury Panlunch. La chica estaba alistándose junto con el resto de su clase para una actividad, precisamente donde requería la ayuda de Aliya y Nika… Y éstas no pudieron darle alcance cuando fue corriendo hacia esas chicas.
"¡Malditas Spacians!" Gritó Chuchu mientras le daba un puñetazo a una de ellas con tanta fuerza que la hizo perder el sentido. "¡Me las pagaran por sabotearla!"
Chuchu comenzó a pelear a puñetazos con la otra chica. Nika y Aliya corrieron para tratar de detenerla, Miorine también pero Suletta fue más rápida y logró separar a las chicas en el momento menos indicado. El puñetazo de la chica que iba en dirección a Chuchu, Suletta lo recibió en la cara. Aprovechando que la chica estaba sobresaltada por haber golpeado a alguien más, no vio el siguiente puñetazo de Chuchu, uno que también la dejó fuera de combate.
Diez minutos de regaños después, Chuchu y Suletta estaban de regreso con sus respectivas acompañantes. Suletta tenía oportunidad de repetir la actividad al día siguiente una vez que se probó que su MS fue saboteado y no fue un error en los monitores ni las cámaras. Chuchu sólo se fue con una advertencia. Y todos sabían que a las otras dos chicas no les iban a hacer nada ni dar castigo alguno, gajes de estar en una escuela donde el 98% del cuerpo estudiantil eran Spacians.
Miorine limpiaba el rostro de Suletta con un pañuelo, habían quedado rastros de sus lágrimas pero al menos ya no parecía estar tan mal, salvo el golpe en su mejilla. La piloto de primer año no estaba mucho mejor.
"¿Te encuentras bien, Suletta?" Preguntó Nika con una sonrisa.
Una apenada Suletta asintió. "Sí, gracias", y enseguida miró a Chuchu y se inclinó ante ella. "Gracias a ti también".
Chuchu frunció el ceño y miró a un lado, pero un apretado abrazo de Nika la puso graciosamente incómoda.
"Hey, Suletta, ¿aún no tienes una Casa, verdad?" Preguntó la mecánica.
"¿Eh? No… No tengo una".
"¿Te gustaría unirte a la nuestra? Nos cuidamos mutuamente y así Chuchu ya no se preocupará por ti".
"¡Hey!" A Chuchu no le gustaba que la dejaran en evidencia.
Suletta de inmediato miró a su Prometida, claramente esperando por su opinión al respecto. Miorine sabía que Suletta estaría cómoda con los chicos de Earth House, así que asintió. Se sentía aliviada a decir verdad, Suletta podría hacer más amigos y marcaría más cosas de su lista.
"Earth House está más cerca al invernadero que el Hotel", fue el único comentario de Miorine.
La sonrisa de la Mercuriana se hizo enorme. "¡Acepto!"
"¡Bienvenida!"
"¡Pero Nika…!"
"Con ella tendremos tres pilotos, vamos mejorando", agregó la mecánica.
"Y además Suletta es una buena chica, Nagisa no para de hablar maravillas de ella", comentó Aliya y Chuchu finalmente asintió, derrotada.
"Escucha", la fiera piloto encaró a la grandulona. "Yo soy la primera piloto de Earth House, soy su superior, Nagisa y tú deben seguir mis instrucciones".
"¡Entendido!"
Miorine negó un poco con la cabeza. "Vamos, te acompaño por tus cosas al Hotel".
"¡Sí, gracias!" Una feliz Suletta se despidió de las chicas de Earth House y siguió a Miorine camino al Hotel. "Ellas son muy agradables".
"Y ya te tomaron cariño", dijo Miorine con su voz seria de costumbre. "Ya que vamos por tus cosas, me llevaré un par de pijamas y mudas de tu ropa a mi cuarto, así podrás cambiarte por algo más cómodo cuando te quedes conmigo".
"¡Sí!" De pronto una duda asaltó a Suletta. "¿Por qué no te unes a Earth House?"
"No es necesario", respondió Miorine de inmediato. "No que lo tenga prohibido, pero como mi mano está constantemente en juego, si el Holder en turno decide llevarme a su Casa, paso ser parte de dicha Casa. Y como se espera que el Holder se elija con un duelo, entonces no siempre es el mismo… O al menos así debería de ser. Honoka no pertenece a ninguna casa, pero tú ahora perteneces a una Casa, así que yo puedo ser parte de Earth House mientras seas la Holder y una miembro de dicha Casa".
"O sea que… Si el sujeto grosero hubiera ganado… ¿Serías parte de Jeturk House si él lo deseara?"
"Así es".
Suletta frunció el ceño y se animó a hacer algo muy atrevido. Se adelantó y tomó las manos de su Prometida entre las suyas. "¡Nadie me va a ganar! ¡Seré la Holder por el tiempo que acordamos y…! ¡Y después de eso, seguiremos siendo amigas! ¡Y de todos modos podrás visitarnos en Earth House!" El resto lo agregó al oído de Miorine, se inclinó para poder hablarle de cerca, tan cerca que su aliento rozaba la oreja ajena. "Por que la señorita Honoka también es una Earthian y… Y quizá pronto quiera unirse". Lo siguiente lo dijo desde el fondo de su corazón. "Y no quiero dejar de verte".
Miorine se separó de Suletta con fuerza y se adelantó. No necesitaba que esa atrevida Mercuriana le viera la cara.
"No creas que te desharás tan pronto de mí", fue lo único que la princesa pudo decir.
Una gran sonrisa se había quedado tatuada en el rostro de Suletta, de inmediato caminó tras su Prometida cual cachorro siguiendo a su dueña.
"Y… Y también estoy muy agradecida contigo…"
"Ya te dije que no es necesario que…"
"Pero quiero agradecerte, señorita Miorine, por lo que hiciste por mi durante la práctica hace rato", dijo Suletta mientras se sujetaba de la chaqueta de Miorine pero sin dejar de caminar.
Miorine frunció el ceño al sentir a Suletta sujeta de ella, de todos modos no se detuvo.
"No dejaste que me rindiera. Gracias".
"Y no voy a dejar que lo hagas. Tienes la habilidad y el espíritu para lograr tus objetivos, no vuelvas a decir que no puedes hacerlo, ¿escuchaste?" Fue la amenaza de Miorine. "Eres mi Prometida, te prohíbo que te rindas".
"¡Sí!"
CONTINUARÁ...
