DISCLAIMER: Los personajes de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Misuki e Yumiko Igarashi. Realizo esta historia con fines de entretenimiento y sin ningún ánimo de lucro, sólo el ferviente deseo de liberarme de la espinita clavada en el corazón después de ver el anime y leer el manga. Por siempre seré terrytana de corazón.
DESEOS DE AÑO NUEVO © 2017 by Sundarcy is licensed under CC BY-NC-ND 4.0. Está prohibido la reproducción parcial o copia total de este trabajo.
DESEOS DE AÑO NUEVO
By: Sundarcy
o-o-o
Capítulo 15: LA PEOR FORMA DE DISCULPARSE
Residencia privada, Chelsea
Manhattan, Nueva York
03 de enero de 1920
Para sorpresa de Candy, lo que quedó del día anterior se había desvanecido con la velocidad de un relámpago, dejando apenas un rastro en su memoria después del encuentro con Susana y su madre. Era como si su mente se hubiera congelado en ese instante, sumiéndola en un aturdimiento que la acompañó durante el resto del día.
Esa desorientación no la abandonó ni siquiera al caer la noche, cuando ya estaba con Terry en su habitación. Pero si él notó algo del retraído comportamiento de su pecosa, no lo comentó en absoluto, tal vez porque seguía aún reacio en su idea de que era demasiado extraño seguir preocupándose de su alucinación. De cualquier forma, ni ella misma estaba segura de poder explicárselo si es que se lo preguntaba.
A pesar que la joven podría haberlo estado esperando, el despertar de otro nuevo día no le alivió ni un poco de la confusión que la agobiaba desde que todo esto inició, mucho menos había traído diferentes ideas para explicar lo que sucedía. De hecho, al contrario de lo que suponía, después del enfrentamiento con las Marlowe el día anterior, la única idea que había aparecido en su cabeza en ese momento, se había negado a esfumarse de sus pensamientos incluso hasta ahora.
¡Santo Dios! ¿Podía seguir negando lo que ya era casi imposible de negar? ¿Podía continuar haciéndose la desentendida cuando todo parecía llevarla a una sola respuesta?
"Esto no es un sueño…" — se dijo finalmente, apretando sus labios con fuerza mientras se repetía esa idea en su mente una y otra vez. —"Esto es real."
Aquella afirmación la golpeó con tal fuerza que sus latidos se desbocaron descontrolados, amenazando con arrastrarla a un abismo de ansiedad. De repente, todo a su alrededor pareció tambalearse, y el pánico se apoderó de su pecho, dificultándole cada respiración.
Tomando aire como si fuera lo último que haría en su vida, sus ojos, guiados por un instinto propio, se clavaron en la amplia espalda de Terry. Ajeno al caos emocional que consumía a Candy, él seguía caminando frente a ella, guiándola al comedor para el desayuno, como si se tratara de una mañana cualquiera.
Si lo que ella estaba pensando era cierto, eso quería decir que… ¿había estado con Terry todo este tiempo?
"¡Dios mío! Este es Terry. Terrence G. Grandchester. ¡Mi Terry!" —pensó con una mezcla de reverencia y exaltación incontenible, respirando entrecortadamente al tiempo que una sonrisa radiante, casi involuntaria, se dibujaba en su rostro de la manera más natural —"¡Es mi Terry!"
Parpadeando varias veces, sus ojos brillaron por las lágrimas que amenazaban con desbordarse de pura emoción. Pero justo cuando su sonrisa alcanzaba su máximo esplendor, algo la detuvo, congelándola por un momento.
"Bueno, no es Mi Terry. Ni siquiera sé si este Terry es mi Terry todavía." — frunciendo el ceño, soltó un suspiro cansado. —"¡Ah! ¡Todo sigue siendo tan complicado!"
Una cosa era considerar la remota posibilidad, y otra muy distinta aceptarla. Para ella, resultaba abrumador admitir semejante idea, especialmente cuando el lado racional de su mente insistía en que no podía ser lo que imaginaba. ¿Cómo podría ser cierto? La única respuesta posible para explicar algo tan absurdo era que...
"¿He… fallecido?"— consideró un momento, sintiendo cómo sus latidos se aceleraban al eco de esa idea, como si un miedo helado la recorriera de pies a cabeza, dejándola sin aliento.
Sacudió la cabeza con vehemencia, rechazando esa idea de inmediato. No, no podía ser. Todo aquello parecía una pesadilla absurda, un error monumental. Tenía que haber alguna otra explicación, algo lógico, algo que tuviera sentido. Pero… ¿qué? ¿Cuál era esa explicación?... ¿Cuál?
Desesperada por comprender, la joven repasó frenéticamente los últimos tres días, los mismos que, según sus recuerdos, había pasado atrapada en este… "sueño."
"¡Vamos, Candy! ¡Concéntrate!" — se dijo con firmeza mientras inhalaba profundamente, tratando de calmarse y traer claridad a sus pensamientos.
Entonces, los recuerdos de esos días comenzaron a desfilar rápidamente por su mente...
Bien… siendo sincera consigo misma, al reflexionar más detenidamente, debía admitir que la idea que tanto trataba de rechazar comenzaba a tener más sentido. Sin embargo, si lo último que recordaba antes de despertar en esta situación era leer un simple y tonto libro, entonces la idea se volvía completamente inquietante. ¿Cómo sonaría su epitafio si todo esto fuera cierto?
"Aquí yace Candice White Andley, alías Tarzán Pecosa.
Demasiado traviesa para soportar las buenas costumbres procedentes de un aburridísimo libro.
Presunta culpable: la tía Elroy." (*1)
Candy agrandó los ojos inconscientemente, rebatiéndose en lo disparatado que sonaba todo aquello. ¡Por favor! ¿Qué clase de muerte era esa? ¿Acaso no parecía demasiado absurda?
"Yo no he muerto" — se aseguró a sí misma en ese instante, aferrándose a esa certeza aunque no comprendiera nada más.
No obstante, ese pensamiento no le daba ninguna respuesta. El enigma seguía sin resolverse, y la incertidumbre no hacía más que aumentar su ansiedad. Necesitaba respuestas, y las precisaba con urgencia si quería encontrar algo de paz. Dándose cuenta de que ya no podía dilatarlo más tiempo, Candy aceptó que la única persona que parecía tener la solución a este gran acertijo era Terrence, y todo indicaba que ya había llegado el momento de pedirle respuestas. Inhalando profundamente, se armó de valor antes de hablar:
—Terry, ¿puedes detenerte un momento?
Apenas la escuchó hablar, el castaño paró la caminata que hacía rumbo al comedor para desayunar y volteó a mirarla, arqueando una ceja con curiosidad. Una vez tuvo toda su atención, Candy prosiguió:
—Algo no está bien, Terry.
Todo su dulce y pecoso rostro reflejaba la preocupación que sentía cada vez más latente.
—¿Recién te das cuenta? — esbozando una divertida sonrisa, Terry no pudo evitar responderle algo sarcásticamente. —¡Por favor, Candy! Eso es más que obvio.
—Entonces… ¡tú lo entiendes! — ella le sonrió, sintiéndose feliz de que finalmente entendería lo que sucedía. —¡Por favor, explícame de una vez! Ya no puedo seguir más en la intriga.
—¿De qué intriga hablas?
Aunque Terry contrajo sus cejas un momento al estar algo confundido, su sonrisa se mantuvo aun inamovible viendo algo de humor en la pregunta.
—Todo está muy claro aquí, Pecosa.
Candy se le acercó, sus ojos lucían inquietos y a la vez curiosos por la contestación. Estaba segura que ahora por fin lo entendería, quizás no era algo tan malo como pensaba si es que Terry podría encontrar algo divertido a la situación.
Justo cuando creía que finalmente encontraría las respuestas que tanto necesitaba, John apareció por el pasadizo que conducía a las escaleras, interrumpiendo de inmediato su conversación. Al verlo, Candy rodó sus ojos y resopló exasperada, era como si cada vez que estaba a punto de enterarse de eso que realmente le interesaba, sucedía algo que lo impedía. ¡Qué mala suerte que tenía! De hecho, lo que se enteró por boca del mayordomo no mucho después, parecía reafirmar tal declaración, haciendo que se sintiera mucho más desafortunada.
—¡Sr. Graham! La señorita Marlowe acaba de llegar a visitarlo.
En cuanto oyó ese anuncio, el apuesto rostro de Terry se estremeció en una mueca que casi no pudo ocultar.
—¿A esta hora? — sus profundos ojos azul mar dejaban traslucir la consternación que le producía tal noticia. —¿Qué es lo que hace aquí?
¿Desde cuándo Susana venía a visitarlo a esta hora? Ella nunca había hecho antes algo así. Ni había desayunado todavía, y ya tenía que estar en su presencia. ¡Excelente manera de iniciar el día!
—No lo sé, señor. El chofer la trajo hace un momento y está esperándola en el garaje. Ella entró al recibidor, pidiéndome que venga a comunicarle que estaba aquí y que quería verlo.
Suspirando cansadamente, Terry cerró sus ojos con pesar. Él entendía que sería una descortesía no recibirla, mucho menos cuando ella sabía que él estaba ahí.
—Está bien, iré a verla. — accedió sin muchas ganas.
Por otro lado, Candy recibió la noticia totalmente abatida. ¿Por qué tenía que pasarle esto? Ella que sólo quería urgentes respuestas, y ahora venía Susana a evitarlo.
"¿Con qué humor vendrá ahora?"— se preguntó con inquietud mientras Terry la llevaba camino a la sala donde estaba la ex actriz. —"¿Estará tan molesta como ayer?"
Esas preguntas y dudas siguieron agobiando la mente de Candy todo el trayecto hasta que finalmente llegaron a su destino, en donde Terry le dedicó a su pecosa una última mirada que le infundiera ánimo antes de entrar en la estancia en la que estaba la ex actriz. Tan igual como ayer, la joven se quedó rezagada atrás luchando consigo misma por algo de compostura para volver a ver a Susana.
"¡Dios mío! Sé que está mal decirlo o pensarlo siquiera, pero…" — consideró ella totalmente abrumada, frunciendo sus agitados labios. — "… ni yo misma puedo soportar todos esas rabietas que Susana parece tener con frecuencia. Se me es prácticamente insoportable ver a Terry haciéndolos frente, también. Es que… ¿no fue suficiente lo de ayer?" — Tal como veía iban las cosas, todo parecía indicar que no, estas pruebas aún no habían acabado.
En cuanto Susana vio a Terry entrar en la sala, tan magnífico como siempre que hacía que su corazón parara de pura emoción con sólo mirarlo, ella trató de controlar lo mejor que pudo la atontada sonrisa que quería desbordar desde su interior ante semejante visión. Con mucho esfuerzo, ella adoptó la mirada más inocente que tenía y en su rostro apareció una expresión diferente que pasó a formar el más patético intento de dulzura que podía tener.
Incluso desde antes de llegar, Susana ya había planeado cuidadosamente cómo abordaría a Terrence. Estaba decidida a fingir arrepentimiento para hacer las paces por lo ocurrido el día anterior. Esperaba que así evitarían más conflictos, aunque era una esperanza excesivamente optimista. Aún así, era la única tabla de salvación a la que Susana podía aferrarse.
En cambio para él, el hecho de que Susana estuviera ahí no significaba solucionar problemas, sino al contrario, significaba crear muchos más, y esa certeza no hacía más que agotar su paciencia.
—¿Qué haces aquí, Susana?
Terry fue directamente al punto, llevando su mano a su frente en un gesto exhausto. Ya se encontraba cansado y recién iniciaba el día. La razón de su repentina fatiga estaba más que clara: estaba frente a él.
—Vine a verte, por supuesto. — ella le sonrió brillantemente, no tomando en cuenta la actitud de él. —Me han dicho que todavía no desayunas. Yo ya lo hice, así que le pedí a la señora Keith que te trajera de desayunar algo ligero aquí en la sala mientras conversamos. — terminó de hablar, arreglando su rubio y extrañamente rizado cabello detrás de su oreja para realzar el aire inocente que quería transmitir.
Terry cerró sus ojos para respirar hondo un momento antes de enfocarse en Susana de nuevo. Cuando la miró más abiertamente, sus ojos se agrandaron levemente sorprendidos al notar algo diferente en ella.
"Un momento… ¿acaso Susana tiene el cabello rizado?" — frunciendo el ceño, él la examinó con atención.
Sí, ahí estaba ella en su silla ruedas, tenía el cabello recogido en una media cola con grandes bucles rubios que caían sobre sus hombros delicadamente. Si aquello no era extraño, Terry no sabía que lo sería.
—Te rizaste el cabello. — comentó él sin poder controlar la extrañeza de su voz.
—¡Lo notaste!
Susana sonrió, visiblemente encantada. Terrence nunca notaba sus cambios de peinado o su apariencia en general, en realidad era la primera vez que le hacía un comentario parecido. Para ella, que él se hubiera dado cuenta era una pequeña victoria. Casi se sentía eufórica, significaba que sus esfuerzos por atraer su atención estaban dando resultado.
—¿Te gusta, Terry? — preguntó ella sin poder evitar la esperanza en su voz, comenzando a enredar sus dedos entre sus tiesos rizos fijados con abundante gel.
Él no le respondió por un largo rato, ya que de hecho parecía que lo estaba pensando. Sin planearlo, el castaño enfocó sus ojos en su pecosa, que se acababa de colocar justo al lado de la otra mujer y miraba a Susana con la boca abierta de aparente asombro. Ambos intercambiaron estupefactas miradas y supieron que compartían similares pensamientos.
En primer lugar, él nunca podría comparar los nuevos rizos de Susana con los de Candy, los rizos de su pecosa eran por demás naturales, magníficas ondas que quedaban perfectamente enmarcadas en su preciosa carita. No podrían irse nunca, eran como su sello. ¿Qué sería de Candy sin rizos? Sería casi como una Candy sin pecas, es decir, imposible siquiera imaginarlo.
En cambio, Susana…
Volvió su vista a la ex actriz para mirarla con gran suspicacia y escepticismo. Ver a Susana con el cabello rizado le parecía muy extraño y… bueno, si habría de ser sincero, la verdad era que resultaba algo inquietante. No es que le quedara mal, sólo que Terry intuía que había una razón más profunda detrás de ese cambio de peinado que lo que se dejaba entrever, y francamente, eso no terminaba por agradarle.
Encogiendo los hombros con indiferencia, él contestó sin darle mayor importancia.
—Supongo que sí.
Hace tiempo que había dejado de esforzarse por entender las razones de Susana para hacer las cosas, de lo único que estaba seguro es que nunca llegaría a entenderla en absolutamente nada.
En cambio para Susana, esa respuesta fue más que suficiente para llevarla a las nubes de la ilusión. Después de todo había valido la pena, le había tomado más de cuatro años probar este tipo de peinado, en especial porque siempre lo relacionaba con cierta persona de la que no quería ni recordar su nombre, pero… ¡Vaya! Parecía que Terry amaba este peinado en ella. Susana se prometió a sí misma que de hoy en adelante haría todo lo posible por llevar este peinado todos los días de su vida sólo por él.
—Gracias, Terry. — respondió un instante después, juntando sus manos en su regazo y suspirando suavemente, muy satisfecha con todo.
Precisamente en ese momento, tocaron la puerta y la señora Keith hizo su ingreso con el desayuno para Terrence. La mujer mayor estaba dejando en la pequeña mesa que estaba instalada en la sala, una taza con té para su patrón al lado de la comida que le había traído cuando...
—Pero… ¿qué es esto?— la estridente voz de Susana interrumpió las acciones de la empleada para reclamarle duramente. —¿Cómo pudo traer té? ¿Acaso no sabes que él prefiere el café en el desayuno? ¿Qué clase de empleada eres para no saber los gustos de tu patrón?
Adquiriendo un aire más arrogante en su trato, Susana le reclamó con más insistencia:
—¡No se quede ahí parada como tonta! ¡Termine con esto rápido! — el tono de su voz se volvió más amenazante al agregar. —Y más le vale que ahora mismo vaya a traerle un café al Sr. Graham, como debió haber hecho desde el inicio. ¡Apúrese, mujer!
La señora Keith se quedó muda de indignación y volteó a mirar a su patrón, pidiéndole con la mirada que hiciera algo para controlar a Susana.
"Y ya empezaron los problemas nuevamente." — el castaño suspiró agotado.
Él ya lo había visto venir, Susana acaba de batir un nuevo récord. Ni cinco minutos en su casa y ya estaba peleando con los empleados, antes al menos se esperaba hasta una media hora. Falto de energía, ni siquiera tuvo la fuerza para decirle a Susana que no sólo no le gustaba el café, sino que más bien lo detestaba. Prefería el té a cualquier cosa, hasta un vaso con agua hubiera sido mejor.
Con gran paciencia, le lanzó a su empleada una mirada en la que le imploraba tranquilidad antes de susurrarle:
—Por favor, señora Keith, tráigale café a ella. — su cansado gesto se hacía más tenso en su rostro a la par que hablaba. —Y no discuta, se lo pido, me está empezando a doler la cabeza. — acabó de hablar, sobando sus sienes con la yema de sus dedos para dar énfasis a sus palabras.
Fue todo el respeto que le tenía a su patrón lo que hizo que la señora Keith se controlara y saliera de la habitación sin decir ni una sola palabra, sólo para hacer lo que le pidieron. Susana ni caso le hizo a su salida, simplemente concentró toda su atención en Terrence con una renovada sonrisa.
—Bueno, ahora que ya se fue. Mira lo que te traje, Terry. — sacando una pequeña caja que traía en su bolso, se la ofreció con entusiasmo. —Son galletas, las hice yo misma.
Repentinamente desconcertado por ese gesto de su parte, Terrence despejó sus manos de sus sienes y tomó la caja con un poco de duda.
—¿Gracias?
Susana agrandó aún más su sonrisa luego de ese agradecimiento y reanudó la conversación.
—Aparte de venir a verte, también he venido para decirte que te perdono, Terry.
Esa contestación derrumbó toda la indecisión y desconcierto que el castaño pudiera tener con su actitud. Enarcando una ceja burlescamente por el comentario, él habló con firmeza:
—¿Perdonarme? ¿Qué te he hecho yo?
—No te hagas, Terry. —la voz de Susana tenía un claro tono de advertencia. —Ayer me humillaste enfrente de ese chico que piensas contratar.
—¿Te humillé? — la expresión del castaño además de incrédula era ciertamente burlona casi como si le viera algo de humor a tal afirmación.
Cruzándose de brazos, se sentó sobre el sofá que se encontraba frente a Susana y la vio fijamente, de esa forma lo único que se interponía entre ellos dos era la mesa en la que se encontraba el desayuno.
—¿De qué forma supuestamente te he humillado? — le preguntó él, matizando su voz con cierto toque de ironía.
—No creo que sea bueno que recordemos más de ese incidente, Terry. — replicó ella duramente, respirando profundo para tranquilizarse y no explotar de cólera al recordar lo de ayer. —Aquí lo importante es que he decidido que te doy permiso para que tengas a ese chico como tu empleado. — dijo lo último con una sonrisa que se notaba a leguas una disgustada mueca.
Si bien había decidido acceder a esto sólo para contentarlo… ¡Vaya que le estaba costando! En su opinión, Terrence debería ponerla en un altar de ahora en adelante, pues este gran sacrificio que ella estaba haciendo, claramente lo merecía.
—Adelante, Terry. Agradécemelo, lo estoy esperando. — prosiguió ella, luego de un rato al notar que el castaño no le había dicho nada aún.
El joven actor elevó ambas de sus cejas luego de escucharla.
"Ella dice que me da permiso… Quiere que le agradezca por darme permiso… ¡Vaya! Ahora resulta que yo tengo que pedirle permiso."— caviló él con aire reflexivo y sarcástico que poco a poco se fue tornando indignado. —"¡Por favor! ¡Yo no necesito su permiso!"
Terry comenzó a chocar la yema de sus dedos sobre la mesa frente a él, intentando darse la paciencia necesaria para poder contestarle.
—¿Y tú crees que yo necesito tu permiso, Susana? — hizo la pregunta esperando que la respuesta que le diera se le antojara divertida.
—Sé que en el fondo te sientes mal por ir en contra de mis deseos. Así que como siempre pienso en tu bienestar, querido… — Susana lo observó con bastante fervor que esperaba lo convenciera de su supuesta sinceridad antes de añadir. —… He aceptado liberarte de esa culpa y acceder a que lo contrates.
Apretando sus labios para no reírse de lo absurdo que le parecía oír semejante respuesta, Terry le reafirmó monótonamente.
—Ya está contratado.
Él no sabía cuántas veces tenía que repetir lo mismo hasta que Susana lo entendiera, pero francamente, ya se estaba cansando de hacerlo.
—Y sólo para que no quede duda de ello, te lo digo. — sus ojos azules verdosos se tornaron serios al agregar. —Yo no necesito tu permiso, Susana.
A Terry no le sorprendió que la ex actriz pareciera no escucharlo y continuara con su discurso como si nada.
—También sé que me porté un poco grosera contigo ayer, por lo que te pido que me perdones.
Bueno, al menos eso era algo. Viniendo de ella, Terry supuso que debería considerarlo un gran avance, sin embargo, no terminaba por convencerlo.
—Que me pidas perdón a mí no es lo que me interesa, Susana.
Eso sí dejo callada a la rubia, y congeló su tonta sonrisa en un instante.
—Quiero que le pidas perdón al muchacho. — añadió él con tanta firmeza que hasta Candy, quien contemplaba todo calladamente, no pudo evitar voltearse a verlo sorprendida por la fuerza de su voz.
Susana palideció de repente por esa petición, la estudiada sonrisa que tenía en el rostro también desapareció por completo.
—¿Qu-qui-quieres… qué? — dijo varias octavas más alto de lo normal. —¿Quieres… que yo… m- me disculpe… c-con un empleado? — las palabras quedaron atrapadas en su garganta, negándose a salir.
—No veo razón por la que no debas hacerlo. — señaló el castaño con practicada indiferencia a la par que se cruzaba de brazos para observarla con los ojos entrecerrados. —Él no se merecía el trato que le diste.
—Es broma, ¿verdad?
Susana tenía ahora una sonrisa tensa en sus labios que se notaba demasiada falsa en su rostro.
"Seguro, Terry está jugando." — se decía ella para calmarse. —"No puede ser cierto, ¿no? … ¡Por favor que no sea cierto!"
Nunca se humillaría ante un simple empleado hasta el grado de pedirle perdón.
—Vamos, Susana. — Terrence curvó sus labios cínicamente, pareciendo disfrutar haber orillado la conversación a este punto. —No dices que estás muy arrepentida.
—Lo estoy. — murmuró ella con cautela, tensando los hombros inconscientemente. —Y ya te estoy pidiéndote perdón a ti. No creo que sea necesario pedírselo a él.
—¿Dices que no es necesario? — Terry alzó ambas cejas sorprendido y su mirada se endureció repentinamente. —¿Te parece poco cómo lo trataste ayer? ¿Acaso eres tan insensible para no haberte dado cuenta?
—¿Darme cuenta de qué? —preguntó Susana a la defensiva, alzando levemente su mentón.
—¡De cuanto lo ofendiste! — proclamó él en un tono de reproche.
—¡Él me ofendió a mí! — se defendió ella tercamente, indignada por la acusación.
El castaño soltó un bufido burlón, pero sus ojos en vez de tener una chispa divertida, le estaban lanzando dagas a Susana.
—¡Qué extraño! Porque a mí me pareció todo lo contrario.
—Yo no creo que…
A la ex actriz se le fue la voz, la mirada del actor seguía siendo tan gélida que la intimidaba.
—Pídeme lo que quieras, Terry. — ella soltó un sollozo lastimero. —Pero no esto.
El joven tuvo que cerrar los ojos para controlar un gemido hastiado que pugnaba por escapar de sus labios. Ya conocía a donde llevaba esto, Susana estaba a punto de iniciar una de sus rabietas. ¡Ah! ¿Existía acaso un solo día en el que aquella mujer no arremetiera con uno de sus berrinches frente a él?
"¡Denme la paciencia necesaria, por favor!" — casi grita Terry en desesperación.
Cuando volvió a abrir los ojos, su mirada terminó enfocándose en Candy, quien tenía ahora en su hermosa carita pecosa una expresión consternada, sus grandes ojos abiertos en una mezcla de sorpresa y curiosidad que, de alguna manera, logró calmar al joven actor antes de hablar.
—Es una lástima para ti, Susana. — dijo él, desviando su mirada a la manga de su abrigo y sacudiéndolo distraídamente. —Porque esto es de lo poco que te pienso pedir.
Al levantar la mirada, enarcó una ceja al ver la cara de Susana, quien parecía apunto de tener un colapso nervioso.
—Le vas a pedir perdón al chico, y además accederás a ir a la rueda de prensa para desmentir el rumor de que tú y yo nos vamos a casar. — confirmó el castaño con la voz más autoritaria que tenía. —Al fin y al cabo, todo esto es obra tuya y vas a ser TÚ la que lo va a arreglar.
La rubia soltó un jadeo silencioso ante la petición. ¡Oh, no! Eso era aún peor que lo anterior. Susana creía que Terry ya había olvidado el asunto de desmentir la primicia de su boda, ella había confiado en que él había aceptado lo inevitable, es decir, la boda entre ellos era un hecho para ella sí o sí. No era posible que Terry siguiera con ese disparate de negar el matrimonio a la prensa. ¡Por favor! ¿En qué cabeza cabía que podían dar marcha atrás ahora?
No obstante, si la expresión de Terrence indicaba algo, parecía como si para él no había ningún problema en dar marcha atrás y esto no fuera un disparate.
—Por el momento me conformo con que hagas lo primero, Susana.
Lentamente, Terrence levantó la taza con té que habían servido para él y le dio un trago, antes de agregar:
—Por lo otro, tienes unos días para ir preparándote. La rueda de prensa es el 08 de enero.
La rubia ya no tuvo tiempo ni de responder, porque en ese instante entró la Sra. Keith con el pedido que habían hecho hace unos momentos.
—Llega justo a tiempo, señora Keith. — habló Terry con inusitado placer. —Podría hacerme el favor de llamar a Peter para que venga un momento aquí.
—Por supuesto, señor. — la señora Keith dejó la bandeja con las tazas de café sobre la mesa y se retiró rápidamente a cumplir la labor encomendada.
El muchacho hizo acto de presencia pocos instantes después, entró cabizbajo y con temor, parecía tener la clara certeza que sería despedido en unos momentos y eso lo hacía sentir desolado. Terrence se levantó del sofá para recibirlo en cuanto entró e intentó calmarlo.
—¡Qué bueno que viniste tan pronto, Peter! — la voz de Terry se suavizó un poco al hablar con el chico. —Hay algo que quiero que oigas.
Volteando a la ex actriz, Terrence la miró con apremio, aclarándose la garganta.
—¿Qué le querías decir, Susana?
La boca de la rubia estaba seca, no podía decir ni una sola palabra.
"No pienso hacer esto." — se decía ella en su cabeza con terquedad.
—Adelante, Susana. — el tono de Terry no admitía lugar a discusiones. —Hazlo.
La mujer bajó su mirada al piso y sus manos se formaron inconscientemente en puños de la furia. Tragando con dureza la bilis que se le subía por la garganta, apretó con fuerza sus labios.
"Creo que voy a vomitar." —pensó Susana, creyendo sentirse levemente mareada.
Con mucho esfuerzo, reprimió a los deseos que tenía de arrojar y musitó:
—P-r-n — lo dijo tan despacio que ni siquiera un mosquito podría haberla escuchado, mucho menos los otros presentes.
—¿Qué dijiste? — exclamó Terry de manera exagerada. —Disculparás mi lamentable oído, Susana. Pero no te escuché absolutamente nada. ¿La escuchaste tú, Peter? — enunció dando énfasis a la última pregunta.
Susana miró al chico con una muy poco disimulada mueca de desagrado y declaró como si fuera lo más difícil del mundo.
—Perdón. — las palabras salieron de sus labios con rapidez, ya sentía que se le venía a su boca lo poco que había ingerido en la mañana.
¡Ya está, lo hizo! ¡Se acabó! Sin embargo, una clara mirada al rostro de Terry dejaba entrever que esto no había terminado.
"Tienes que hacerlo mejor que eso, Susana" — se dijo el actor, entrecerrando sus ojos.
—¿Eso es todo? — inquirió Terry con aparente asombro, luego de un rato. —Um… no sé porque no me convence. ¿Tú que dices, Peter? ¿Te ha convencido?
Susana siguió estrujando sus manos, tratando de aplacar su ira. Si lo que buscaba Terrence era enfurecerla, lo estaba logrando. Después de un momento, tomando un respiro, finalmente pudo decir:
—Te pido disculpas por lo de ayer. — pronunció quedamente, apretando sus dientes con afán de esbozar una sonrisa, una clara sonrisa falsa para todos los demás. —Me excedí.
Terry le pagaría muy caro por lo que le había hecho hacer. En cuanto se casaran, porque se casarían, de eso no había duda alguna, ella se vengaría de esta humillación con creces, como que se llamaba Susana Marlowe.
El castaño parecía un poco más satisfecho con lo último que dijo la rubia, por lo que con una leve sonrisa se dirigió después al muchacho, quien miraba boquiabierto a Susana por aquellas inesperadas disculpas.
—Creo que eso es todo por ahora, Peter. Puedes retirarte.
Esas palabras sacaron de su estupor al chico, quien sacudiendo su cabeza brevemente y desviando sus aún asombrados ojos a Terry, pasó a dar una rápida reverencia de despedida antes de salir por la puerta. El chico se fue más tranquilo sin esa tensión en sus hombros y Terry esperó hasta que se hubo ido para volver a dirigirse a Susana.
—Si esas disculpas hubieran sonado más sinceras, hubieran sido mejor. ¿No lo crees? — le reprochó él, sacudiendo su cabeza ligeramente.
Susana le lanzó una mirada furiosa a Terry por lo que dijo.
—Me hiciste hacer lo que querías. ¿No te comerás al menos mis galletas?
Exhalando pesadamente, Terrence se sentó en el sofá en el que había estado antes y tomó casi a regañadientes la caja con las dichosas galletas que le había traído.
Sintiendo que ya había estado inmóvil y callada demasiado tiempo, Candy se puso al lado de Terry a la vez que observaba cómo él lentamente le daba una mordida a una galleta.
—Están ricas, Susana. — comentó el castaño con cierta reserva mientras se limpiaba su mano con una servilleta.
—Sabía que te gustarían. — respondió la ex actriz, sonriendo con suficiencia casi como si fuera un gato que acababa de atrapar a un ratón. —Adelante, sigue comiendo. ¿No quieres más?
¡Qué rara que le parecía la actitud de Susana a Terry! Ese solo hecho hizo que se pusiera en alerta, tensara los hombros en el acto y no volviera a dar ninguna otra mordida a la galleta.
Al notar la reacción de Terrence, Candy trató de buscar algo amable qué decir para calmarlo y dijo lo primero que se le ocurrió.
—¿Crees que en verdad está muy arrepentida? — le preguntó su pecosa ciertamente curiosa, aunque ni ella misma se creía realmente lo que había cuestionado.
Terry no pudo prestar atención a sus palabras porque de pronto comenzó a sentir una sensación de lo más peculiar. Todo el ambiente de la sala se volvió sofocante, y su garganta le empezó a quemar con tal fuerza que lo dejó sin aire un instante.
En un acto reflejo, el joven actor tosió inconscientemente para tratar de aliviar esa horrible sensación que poco a poco se convirtió en algo parecido a un fierro ardiente atravesándole la garganta.
"¿Qué rayos me está pasando?" — caviló él, desconcertado por tal reacción.
Dándose cuenta ahí mismo y preocupada por él, Candy se sentó rápidamente a su lado y examinó las galletas que estaban cerca. Posando sus manos sobre una de ellas, aparte de la textura, las probó y reconoció en el acto un sabor en particular.
—¡Terry, la galleta tiene almendras! — exclamó exaltada, despegando sus manos de las galletas para observar al joven actor con gran alarma en su rostro.
—¿Almendras? — susurró él casi sin voz. Con aprehensión, miró la galleta que todavía tenía en su mano y comprobó sus peores sospechas.
"¡Maldición!" — soltó la galleta como si el puro contacto lo lastimara, algo que en cierta forma podría ser cierto. —"Sólo ha sido una mordida. ¿Me hará mucho daño?"
—Sí, tiene almendras. ¡Lo notaste! — manifestó alegremente la ex actriz sin comprender nada de lo que había causado. —Quería que fuera una sorpresa y que tú lo notaras cuando lo comieras. Sé cuánto te gustan las almendras, Terry.
El joven actor miró a Susana con el rostro compungido de horror. ¡Esto no podía ser cierto! Susana muy bien pasaría como la reina malvada ofreciendo manzanas envenenadas, sólo que esta vez no eran manzanas, sino galletas que le causaban alergia. ¿Por qué tuvo que haberlas aceptado?
—¿Gustarme la almendra? — él la vio consternado, la única prueba de su estado era que su voz se estaba enronqueciendo. —¡Soy alérgico a las almendras!
—¿Cómo dices? —preguntó Susana, mirándolo atónita, con la boca ligeramente abierta por el estupor. —Estaba segura de que te encantaban.
—¡No me digas! ¿Qué me delató? —Terry tosió de repente, interrumpiéndose por unos segundos. —¿Mi aversión absoluta a todo lo que tenga almendras? —añadió con sarcasmo, antes de volver a toser con más fuerza. —¡Por Dios! Las evito como si fueran veneno.
—¡Oh, es cierto! —Susana de llevó una mano a la boca por la sorpresa, mientras recordaba situaciones en las que él evitaba determinados alimentos con almendras. —Pensé que lo hacías por algún tipo de rechazo cultural, como si odiaras todo lo europeo.
—¡Claro! Tanto que… —Terry intentó responder, pero su voz se le fue. —… mi postre favorito es el trifle inglés. —logró decir con esfuerzo, aunque con todo y que se le iba la voz, nadie podía dudar del sarcasmo de sus palabras.
—¿De verdad? —inquirió Susana emocionada, ignorando por completo que el rostro de él comenzaba a cambiar alarmantemente de color por la clara falta de oxígeno. —¿Entonces te gusta la comida inglesa?
—¡Soy inglés! —exclamó Terry, casi en desesperación.
Su voz se tornó completamente ronca, y empezó a jadear al tiempo que se le hacía difícil respirar, porque sus vías respiratorias se estaban inflamando.
Un violento ataque de tos lo azotó sin piedad, dejándolo sin aire y quitándole toda energía. Recostándose sobre el asiento, Terry puso sus agitadas manos sobre su cuello mientras seguía luchando por respirar con todo lo que le quedaba de fuerza. Un ataque de ansiedad y pánico se apoderó de él a tal punto que por un segundo se le pasó por la cabeza la idea de que tal vez este sería su final.
Viéndolo así, Susana sólo se quedó paralizada sin saber qué hacer, más que comenzar a llorar como si se le fuera la vida en ello.
—¡Odio verte sufriendo, Terry! — chilló ella, sollozando más fuerte. —¡Me lastima hasta el alma!
Terrence la miró con incredulidad, conteniendo a duras penas un comentario sarcástico que estuvo a punto de escapar: "¿En serio?"
No podía evitarlo. ¿Acaso Susana no estaba ya más que acostumbrada a verlo sufrir? Es decir... ¿no era eso lo que experimentaba en diversas situaciones junto a ella? Sin ir más lejos, pensó en aquellas interminables fiestas a las que ella insistía en asistir, donde su incomodidad era más que evidente. ¿No se daba cuenta, o simplemente lo ignoraba? Sea como fuere, aquella súbita muestra de sensibilidad no encajaba del todo con la indiferencia que a menudo ella mostraba frente a su dolor.
—Ayúdame. ¡Rápido! — se lamentó él casi afónico —Dame algo caliente de tomar.
Susana le pasó con manos temblorosas una taza con café bien cargado. Apenas Terry lo probó, por poco y escupe todo el contenido que tenía en la boca. Con dificultad, él lo tragó, contrayendo su rostro por lo amargo que era.
—¡Odio el café! — profirió el actor con lo poco que tenía de voz, dejando el café sobre la mesa con brusquedad.
Fase uno terminada. Fase dos a punto de empezar.
De pronto, Terry comenzó a sentir una picazón en el cuello que se fue expandiendo hacia su pecho y a parte de su espalda. Sin planearlo, llevó sus manos hacia ahí y empezó a restregarse esas zonas con insistencia por más que no entendiera el porqué. Aunque él no se veía, toda la zona expuesta de su cuello estaba enrojeciendo poco a poco.
Esto se ponía peor conforme pasaban los minutos, ya no se sentía capaz de hablar ni para quejarse. ¡Esto era alarmante! Él como actor tenía que cuidar su voz más que nada. Ahora por culpa de Susana tenía un ataque de alergia y se sentía como que se lo lleva el diablo. Mientras tanto, la ex actriz se volvía más histérica en su llanto y eso no hacía nada para tranquilizarlo.
—Cálmate, Terry.
Llamando su atención en ese instante, Candy le tomó con delicadeza su rostro entre sus manos. A pesar que él no sentía el contacto de sus manos, el sólo escuchar su dulce voz lo hizo sentirse embriagado de una infinita placidez. Cerrando sus ojos, trató de controlar su agitada respiración con gran esfuerzo.
—Mírame, Terry. — le pidió ella en un suave susurro y así lo hizo él.
En el momento que sus asustados ojos color mar encontraron sus calmados ojos verdes, Terrence soltó un pequeño suspiro involuntario.
—Reclínate un poco hacia atrás y trata de respirar con lentitud. — le indicó su pecosa cariñosamente. —También aflójate los botones del cuello de tu camisa, eso te ayudará un poco.
Terry se recostó más sobre el sofá, intentado reducir la velocidad de su respiración y se aflojó el par de botones superiores de su camisa.
En ese transcurso, él la continuó observando con su acostumbrada intensidad. Había algo acechando en sus ojos color mar, una tormenta de emociones volátiles que se agitaban justo debajo de la superficie casi apenas contenidas. Era como si estuviera desesperado por llenarse de la presencia de su pecosa, y a la vez seguir viendo esos hermosos ojos verdes que él sabía podrían tranquilizarlo hasta en sus momentos más difíciles y críticos. Por otra parte, Terry sabía que mirar a Susana ahora probablemente lo induciría a otro ataque de pánico, además del causado por su alergia.
Candy prosiguió a murmurándole palabras reconfortantes; y de esa forma, Terrence sintió su ansiedad alejarse y su respiración se normalizó a los pocos segundos hasta terminar calmándose por completo.
—Todo va estar bien, Terry. — ella le sonrió en lo que esperaba fuera una sonrisa que le infundiera seguridad. —No comiste mucho, estas son sólo las primeras etapas de un leve ataque anafiláctico(*2) Llama a la Sra. Keith o a Peter, que vengan para que te ayuden.
Terrence asintió sorprendido de haberse podido recuperar luego de semejante ataque. Nunca en la vida le había pasado algo similar, si algo tenía que hacer era agradecer a la Candy de su imaginación en la primera oportunidad posible el haber estado aquí justo en el momento indicado.
"Tal vez se lo agradezca más tarde" —se dijo, al percatarse de que Susana seguía llorando con el rostro cubierto, sin haber notado nada de lo ocurrido.—"No es conveniente en nada que Susana se enterara que estoy demente."
—Peter. — habló Terry poco después lo más fuerte que pudo.
El muchacho que por casualidad andaba cerca, ingresó a la sala inmediatamente. Si es que le pareció extraño ver a Susana llorando como loca en un rincón, no hizo comentario alguno. Más bien, se concentró en su patrón, quien poco a poco iba recuperando el color natural, y le preguntó:
—¿Se encuentra bien, señor? ¿Lo puedo ayudar en algo?
Terry volteó su cuello y observó a Candy, esperando que ella le dijera exactamente qué necesitaba, y su pecosa no lo defraudó.
—Dile que tuviste un ataque de alergia y que debe decirle a la señora Keith que te prepare una infusión de manzanilla con miel para que te lo tomes ahora. Además, él debe ir a conseguir un ungüento de aloe vera que tendrás que aplicarte luego. — sugirió Candy y el castaño asintió, abriendo su boca para hablar, lo cual hubiera hecho si su pecosa no lo hubiera detenido. —Mejor escríbeselo, Terry, para que así no esfuerces tu voz.
Siguiendo el consejo, Terrence apuntó en una hoja todo lo que le indicó Candy y se la dio a Peter. El muchacho leyó el mensaje y notando la importancia, se encaminó a hacer lo pedido sin mayor demora.
El chico había entrado y salido sin dirigirle la palabra a Susana ni una sola vez. Ella, que había dejado de llorar desde el momento en que él comenzó a hablar con Terry, lucía ahora indignada que no se le hubiera preguntado por su estado a ella también. Es más, ese incompetente ni un vaso con agua le había ofrecido y eso que ella había sufrido tanto o incluso mucho más que Terry con su ataque.
"¿Quién se cree ese desdichado para tratarme así?" — caviló Susana al borde de la furia total —"¡A mí, la futura señora y dueña de esta casa, además de su próxima patrona!"
Susana ya no pudo seguir despotricando en su cabeza contra el pobre chico, porque Terrence la interrumpió cuando volvió a dirigirse a ella con la voz todavía enronquecida.
—Mejor vuelve a tu casa, Susana, el chofer te debe seguir esperando en el garaje. Ah, y otra cosa… —Terry despejó de su rostro la mano que había tenido cubriendo sus ojos y vio a la ex actriz seriamente antes de agregar. —¡Llévate tus galletas contigo!
Susana agrandó los ojos, pasmada de que se la despidiera de esa forma. ¿Cómo podía Terry echarle la culpa por esto? Ella era una víctima más, sus pobres nervios habían sufrido, y prácticamente había quedado traumada de por vida por lo sucedido hoy. ¿Así se lo agradecía Terrence por acompañarlo en este momento tan crítico? ¡Qué malagradecido!
Si su madre estuviera aquí, estaría gritándole por ser tan desconsiderado. Pero Susana, por más que se le pareciera, al fin y al cabo no era su madre, así que en vez de reclamarle, con toda la dignidad que ella poseía, recogió sus galletas y vio a Terry una última vez con una mirada ofendida antes de girar ella misma su silla de ruedas e irse con altivez de la sala.
Terry liberó un suspiro sólo cuando escuchó la puerta cerrarse y estuvo completamente seguro que Susana ya no estaba en la sala.
—¡Qué forma de disculparse! — comentó sin evitar el sarcasmo en su voz, mirando a su pecosa y esperando que ella encontrara algo de humor en esto.
Sin embargo, la rubia en vez de sonreírle como él pensaba, sólo le respondió con una expresión contrariada y preocupada. Quizás ni Candy encontraría algo divertido a esta situación.
"No hay nada de gracia en esto." — le recordó su lado racional en un reclamo. — "Hay personas que han muerto por este tipo de ataques."
Había cierta lógica en aquello, pero habían otras cosas que tomaban más relevancia en la mente de él por el momento.
"Al menos, ella está aquí…"— pensó Terrence con una leve sonrisa mientras veía a Candy, quien observada con gesto impaciente la puerta, esperando que la señora Keith viniera con el té que le ayudaría. —"… y eso es todo lo que me importa ahora."
TyC TyC TyC TyC TyC
Una vez Terry hubo terminado el té que le trajo la señora Keith poco después, Candy le recomendó que mejor pasarán a su cuarto, en donde esperarían que Peter trajera el ungüento de aloe vera que le habían pedido.
Apenas llegaron a la habitación, su pecosa le pidió a Terrence que se recostara sobre la cama. Así lo hizo él y en cuanto estuvo reclinado en el colchón, Candy le volvió a instruir.
—Quítate la camisa, Terry. — pronunció ella a la vez que se sentaba a su lado.
—¡Vaya, Pecosa! Sabía que te gustaba verme sin camisa, pero nunca creí que lo ibas a aceptar tan directamente. — habló socarronamente el castaño, quien ya habiendo recuperado su voz normal luego del té que le dieron, no había perdido ni un atisbo de su sonrisa endiablada que ahora mostraba a Candy en todo su esplendor.
—¡Terry! — le reclamó su pecosa, cruzándose de brazos y viéndolo con su naricita fruncida. —Ya decía yo que me parecía raro que no me hubieras bromeado en lo que va del día. ¿Por qué nunca pierdes ni una oportunidad para bromearme?
—¿Qué te puedo decir, Pecosa?
Terrence sólo atinó a ampliar su irresistible sonrisa y encogerse de hombros.
—Ya me conoces, bromearte es una de mis costumbres más arraigadas. Pero con todo y eso, tienes que admitir hay algo de cierto en mis palabras. — él la miró directamente a sus labios, sonriendo más pícaramente para volver a verla a los ojos, arqueando una ceja. —¿O me lo vas a negar?
Ella soltó un suspiro que quería sonara irritado, pero más bien le salió como un jadeo de sorpresa. Después de todo, si había algo de cierto en lo que él decía, aunque claro que Candy no iba a darle la satisfacción de reconocerlo. Según su opinión, si había algo que no necesitaba un tonto presumido como Terry, era una confesión que inflara su ya grande ego.
—Sólo para que lo sepas y no te formes más ideas erróneas en tu arrogante cabeza. — señaló ella indignada, levantando su naricita orgullosamente. —Yo lo decía porque vas a tener que aplicarte el ungüento en tu espalda y pecho, además de tu cuello. Eso te ayudará a que baje la irritación de tu piel.
Adquiriendo un aire pensativo después de recordar los síntomas del joven, Candy dejó a un lado su indignación y comenzó a divagar, haciendo que la sonrisa de Terry se borrara y la escuchara atentamente.
—Por más que la exposición al agente alergénico se dio brevemente, ya sabes que en algunos casos más graves se tiene que recurrir a la aplicación de epinefrina(*3) para reducir aún más los efectos de la anafilaxia(*2). Aunque claro después de las erupciones cutáneas, por lo general, los cuadros de angioedema(*4) son…
"¿Cuándo habré aprendido yo tanto de conocimientos y términos médicos?" — se cuestionó el castaño, frunciendo el ceño y asintiendo de manera abstraída a lo que le decía su pecosa, aún cuando no comprendía todo de lo que hablaba. —"En verdad, mi mente se ha resaltado en esta caracterización. Supongo que la auténtica Candy sonaría así si es que se le pregunta algo relacionado con este tema."
En ese momento, Peter entró con el ungüento, trayendo a ambos de vuelta al presente. Recordando la recomendación de Candy, Terry se incorporó en la cama y comenzó a desabrocharse la camisa rápidamente. Al notarlo, Peter lo observó sin comprender y cuestionó:
—¿Qué hace, señor?
—Tengo que aplicarme lo que has traído a mi cuello, pecho y espalda. — explicó el joven actor sin dejar de desabotonarse. —¿Podrías ayudarme con mi espalda, Peter? Esa parte se me va a tornar complicado hacerlo, porque no puedo ver en qué zona aplicar. — añadió lo último, ya despojándose totalmente de su camisa.
Fue ahí cuando toda la visión de su magnífico torso descubierto se le presentó a Candy, y una vez más la dejó sin aliento.
"¡Por favor!" — Candy casi suelta un gemido frustrado. —"¿Acaso habrá un día en que pueda verlo así sin reaccionar de esta manera?"
Era involuntario y a la vez tan incontrolable que se le hacía difícil poder lidiar con ello, una vez más sentía su corazón temblar bajo el efecto de la creciente corriente que recorría su abdomen, expandiéndose a otras partes de su cuerpo. Si Terrence notó su turbación, no lo mencionó ni una vez, quizás porque Peter estaba cerca y hubiera sido raro si lo hubiera hecho enfrente de él, aunque la sonrisa que el castaño había dibujado en su rostro, muy bien podría reflejar que claramente había notado la reacción de su pecosa.
Controlando el temblor de su voz, Candy le explicó a Terry lo mejor que pudo la manera en la que debería aplicarse el ungüento.
—Frota la crema en círculos sobre la piel irritada. — indicó ella con la voz levemente ronca, trazando con su mano el recorrido que tenía que hacer justo encima de su piel.
El castaño lo aplicó sobre su piel con un poco de gracia por lo torpes movimientos que hacía al inicio, pero con el paso de los minutos pudo hacerlo correctamente que ella ya no tuvo que seguir indicándole. Habiendo observado primero a su jefe, Peter se puso tras él y comenzó a aplicar la crema en su espalda.
Con la tarea bien encaminada, Candy terminó distrayéndose y enfocando toda su atención en Terry. Sin darse cuenta, ella comenzó a inclinarse más hacia él, aproximando su rostro a su pecho en una distancia tan corta que si ella hubiera sido tangible, Terrence hubiera sentido el aliento de ella y su naricita respingada rozando la desnuda piel de su torso.
Observando con una mezcla de fascinación y curiosidad, Candy se perdió en la espléndida visión frente a ella. Nunca había estado tan cerca de él, y ahora podía ver la fuerza que definía cada músculo, a pesar de los rastros de piel irritada. En ese instante, recordó vívidamente lo que era ser estrechada contra ese firme pecho. ¡Cómo deseaba volver a sostenerse en sus brazos! ¡Cuán intensa era su necesidad de sentir la textura de su piel con sus manos… con sus labios…!
—¡Vaya!— el castaño llamó su atención de esa forma y la joven se separó de él en el acto, viéndolo con los ojos abiertos como platos. —¿Te gusta lo que ves? — Terrence curvó sus labios en una sonrisa ladeada con su voz ligeramente seductora.
Un jadeo sorprendido escapó de la boca de Peter, despegando sus manos de la espalda de Terry y mirando a su jefe con los hombros tensos.
—¡Señor! — balbuceó el muchacho y al encontrarse con los ojos del actor, desvió los suyos propios, viendo a cualquier lado menos a Terrence.
Dispuesto a responder, Terry abrió su boca, por más que no tenía idea de qué decir realmente, pero ninguna palabra pudo salir de sus labios. Como nunca, el apuesto rostro del castaño se encendió de un rojo intenso de pura vergüenza. Candy tuvo que morderse los labios con fuerza para no soltar una carcajada; después de todo, la broma que él había intentado hacer le había salido terriblemente mal.
—Te lo mereces, Terry. — canturreó su pecosa con una sonrisa traviesa que dejaba claro lo mucho que estaba disfrutando la situación. —Con todas las bromas que me haces… ¿qué se siente estar del otro lado, eh? —añadió, con un brillo juguetón en los ojos.
La única respuesta de Terrence fue enrojecer aún más mientras apretaba los labios en algo que se parecía a una mueca contrariada. A un lado, el pobre Peter lo observaba nervioso, con los ojos muy abiertos, como si no supiera si debía intervenir.
—Señor, yo… la verdad, no sé qué decir… yo…
—No me hagas caso, Peter —murmuró Terry con voz abatida. Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos en las rodillas y se cubrió la cara con las manos, sacudiendo la cabeza como si quisiera borrar todo el momento de su memoria. —¡Estoy delirando!
Candy no pudo contenerse más. Al principio, soltó un pequeño resoplido burlón que pronto se transformó en risitas contenidas y, finalmente, en una risa franca y sin reservas que llenó la habitación.
Tuvieron que pasar varios minutos antes de que Peter lograra calmarse y recuperar algo del color en sus mejillas. Solamente entonces pudo continuar con su tarea, aplicando lo que quedaba de crema en la espalda del castaño.
Suspirando más tranquilo al notar que la tensión en el ambiente se disipaba, Terry finalmente apartó las manos de su rostro. Después de todo, había algo de cierto en lo que le dijo al chico… ¡vaya que estaba delirando! Porque ahora observaba vivamente la visión de un hermoso ángel pecoso todo vestido de blanco, cuya deliciosa risa inundaba el cuarto y se filtraba en sus oídos como la más bella melodía que él había escuchado en su vida.
Mientras que dentro de él, latía este irrefrenable y loco deseo de que ese sonido ni esa presencia jamás se desvanecieran.
Continuará…
ANOTACIONES:
(*1)Esta frase es prestada de mi querida Elby8a. Mil gracias, hermosa, por darme el permiso de usarla en la historia. Desde que la leí en los comentarios hace varios años, me encantó y te lo hice saber. ¡Adoro tu sentido del humor! Espero que estés bien.
(*2)Ataque anafiláctico o Anafilaxia: Reacción alérgica grave y de inicio rápido que puede ser potencialmente mortal. Ocurre cuando el sistema inmunológico responde de manera exagerada a una sustancia que percibe como peligrosa.
(*3)Epinefrina: Se usa principalmente para tratar reacciones alérgicas graves o anafilaxia. En estos casos, se administra mediante una inyección que actúa rápidamente para abrir las vías respiratorias, subir la presión arterial y reducir la hinchazón, ayudando a revertir los síntomas de la reacción. Fue sintetizada como fármaco a partir de 1904.
(*4)Angioedema: Es una hinchazón profunda de la piel y de los tejidos subyacentes, generalmente causada por una reacción alérgica.
o-o-o
"Las palabras no esperan el momento perfecto, crean sus propios momentos perfectos convirtiendo los instantes más ordinarios en segundos especiales."
Espero haber hecho especiales estos momentos dedicados a mi historia.
Gracias por leer.
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By: Sundarcy
NOTAS DE LA AUTORA:
¡Seguimos imparables! Jejeje, lo digo porque estoy actualizando cada semana, tal como dije que lo haría. Sigo firme en mi idea de terminar esta historia después de tanto. Gracias a todas las que han añadido a favoritos este fanfic o están siguiendo la historia. Sinceramente, muchas gracias por considerarla.
Bueno, aquí les traigo un nuevo capítulo en el que vuelve a entrar en escena Susana. Sé que a muchas no les agradará que apareciera, pero tristemente era necesario para la trama. Sin embargo, no se preocupen porque les aseguro que pronto ya no tendrá que volver a aparecer más.
Vuelvo la próxima semana con el siguiente capítulo. Por cierto, estaré respondiendo a las lectoras que dejaron comentarios en la cajita de reviews por ese medio. ¡Ahí nos leemos!
Cuídense mucho. ¡Abrazos a la distancia!
Sunny =P
11/01/2025
