DISCLAIMER: Los personajes de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Misuki e Yumiko Igarashi. Realizo esta historia con fines de entretenimiento y sin ningún ánimo de lucro. Sólo el ferviente deseo de liberarme de la espinita clavada en el corazón después de ver el anime y leer el manga. Por siempre seré terrytana de corazón.

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DESEOS DE AÑO NUEVO

By: Sundarcy

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Capítulo 14: CONFRONTACIÓN

Residencia privada, Chelsea

Manhattan, Nueva York

02 de enero de 1920

Ya había pasado el mediodía cuando Terry y Candy entraban apresuradamente en la casa, con la joven pecosa inmersa en un silencio total. Durante todo el trayecto desde el teatro, no había pronunciado una sola palabra, limitándose a observar a Terrence en silencio, mientras su mente era un torbellino de preguntas sin respuesta. Este sueño hacía tiempo que había dejado de tener sentido para ella, pero ahora estaba completamente fuera de los límites de su comprensión.

Por más que trataba de encontrar alguna respuesta, todo seguía siendo un enigma, y francamente, no sabía qué más hacer para averiguarlo. Se sentía atrapada, sin saber cuál sería la mejor opción. Suspirando hondo, Candy mordió su labio inferior con ansiedad.

Tal vez la solución estaba frente a ella todo este tiempo, y es que quizás la mejor alternativa sería preguntarle a Terry qué era lo que sucedía. De hecho, Candy tenía que admitir que estuvo muy tentada a hacerlo en varias ocasiones. Sin embargo, a último momento siempre terminaba por vacilar y no le cuestionaba nada, quedándose como antes… otra vez en la intriga.

¿Por qué dudaba tanto? … Tal vez porque temía que Terry le respondiera con uno de sus enigmáticos comentarios, aquellos que sólo lograban confundirla aún más. O, peor aún, que se echara a reír sin razón aparente, lo cual no hacía más que ponerla furiosa. No comprendía qué podía encontrar de gracioso en una situación tan tensa. Candy estaba llegando a un punto en el que seguramente explotaría de tanta frustración contenida por no comprender lo que pasaba.

"Quizás pronto pueda entender lo que pasa." — se dijo con cierto optimismo para apaciguarse, inhalando profundamente mientras seguía todavía a Terry por detrás en el momento en el que entraban al vestíbulo.

Ahí los esperaba el mayordomo, quien había salido a dar encuentro a su patrón, para recibir el abrigo que Terrence le daba.

—John.

Terry lo saludó rápidamente, acelerando el paso deseoso de llegar a su estudio.

—Sr. Graham, la señorita Marlowe está esperándolo en la sala. —le comunicó su empleado con serio semblante como quien le da condolencias a un conocido.

El mensaje cayó como un balde de agua fría, deteniendo a Terry en seco. Al apuesto actor no podrían haberle dado peor noticia que aquella, y por poco deja escapar ahí mismo un gemido de puro fastidio. Sólo esto le faltaba, no estaba de humor para tolerar alguna rabieta de Susana, tenía planeado ir verla todavía más tarde, después de varias horas preparándose para la confrontación que seguramente tendrían.

¿Por qué tenía que ser justo ahora? Terry aún estaba controlándose, pues a cada momento no dejaba de recordar la irritación que sentía hacia Susana por lo que había hecho.

Tomando una profunda bocanada de aire, sus ojos se enfocaron en su pecosa casi por instinto como una forma de su subconsciente para tranquilizarse. No obstante, grande fue su sorpresa cuando notó que ella se había tensado a su lado y estaba mirándolo aprehensiva.

La respiración de Candy se había hecho súbitamente pesada y sus inquietos ojos de esmeralda se fijaron con velocidad en cualquier otro lugar menos en él. Las fuerzas abandonaron su cuerpo y quedándose momentáneamente paralizada en su sitio, trató de procesar todo lo que implicaba las palabras del mayordomo.

"¿Susana está aquí?… ¿Cómo… cómo puede ser?" — pensó la joven pecosa con demasiado nerviosismo, comenzando a sacudir su cabeza inconscientemente. —"¿Acaso yo… yo voy a tener que ver… verlos a los dos juntos?"

Sus ojos se agrandaron cuando esa realidad le chocó duramente. Ella no podía verlos juntos, sus fuerzas no le permitirían verlos interactuar como una pareja de amigos, tal vez confidentes, incluso… ¡enamorados!

—No... — susurró con su voz temblando ligeramente, toda ella estaba temblando de sólo pensarlo.

Apretando sus labios con fuerza y cerrando sus ojos para ocultar su mirada dolida, a las justas pudo reprimir el jadeo que quería escapar de su boca, aunque sin poder evitar que su cuerpo se agitara incontrolable. ¿En qué momento su sueño había adquirido este tinte tan cruel?

"¡Vamos, Candy! Eres mucho más fuerte que esto." — se dijo para intentar serenarse. —"Además, Terry no parece muy entusiasmado de ver a Susana tampoco."

Era cierto que el Terry de su sueño no parecía muy efusivo en expresar un gran afecto hacia Susana, pero… ¿qué pasaba si su comportamiento cambiaba en cuanto la viera? ¿Qué pasaba si en presencia de la ex actriz, Terry mostraba ese lado afectuoso, tierno y divertido que sólo le había dedicado a ella misma?

"¡No!" — su corazón comenzó a retorcerse dolorosamente en su pecho. —"No puedo verlos juntos… Yo no puedo…"

Tragando con inmensa dificultad, volvió a negar con la cabeza, esta vez abriendo los ojos con su mirada levemente cristalizada. Era demasiado dura esta prueba, y sea como sea, ella no estaba dispuesta a averiguar la forma en la que ellos se trataban, simplemente no podía.

¿Cómo enfrentarse uno de sus peores de sus miedos en ese momento? Porque sí, aunque no lo aceptara totalmente o lo tratara de negar, realmente esto representaba uno de sus peores miedos, verlo a él mostrarle su amor a otra, descubrir sin lugar a dudas que él finalmente la había olvidado. ¿Qué podría ser más doloroso para ella que eso? Nunca nada podría comparársele… nada.

Desesperada por evitarlo, levantó la vista velozmente, y le lanzó a Terry una mirada llena de tristeza y miedo, ese inmenso temor por afrontar esto para lo que no se sentía preparada todavía. ¡Dios mío! Es posible que Candy nunca estuviera lista para verlo a él enamorado de otra.

"¡No me hagas enfrentar esto, por favor!" — acercándose a él, aún sin palabras en sus labios, sus bellos ojos verdes no hicieron más que pedirle que no entraran a la sala.

Terry había observado atentamente el rostro de Candy en ese breve lapso de tiempo, y aunque no comprendió muy bien el porqué de esos gestos cambiantes, ahora al ver esos lindos ojos de nuevo entendió parte de la petición que ella le hacía, ya que veía reflejada en esas hermosas esmeraldas algo de lo que estaba seguro él mismo sentía en este momento, es decir el querer huir y evitar ver a Susana lo más que podía. ¿Podían culparlo por sentir algo así? Cualquiera en su situación pensaría igual que él, lo extraño del asunto para Terry era que Candy le mostrara esa misma emoción.

Elevando sus cejas con desconcierto al ver esa reacción en su pecosa, fue un segundo después cuando se le ocurrió que seguramente estaba transmitiendo parte de sus emociones a la Candy de su imaginación. Aunque era una teoría muy plausible, no dejó de dejarlo muy ofuscado. ¡Qué forma de trabajar de su mente!

Sacudiendo su cabeza para liberarse de sus pensamientos confusos, frunció el ceño, consternado. Si él estaba en control de todo, entonces… ¿por qué rayos no podía tener más tiempo a solas con Candy? Créanle que lo preferiría mil veces a estar con Susana.

Volteando de inmediato hacia John para ofrecerle alguna buena excusa en la que le dijera a Susana que estaba muy cansado y que más tarde iría a verla para hablar, dudó en su decisión en cuanto sus ojos captaron la cansada expresión de su mayordomo.

Había un atisbo de confusión en los ojos de John al haber visto a su patrón en una especie de contemplación silenciosa de la que francamente no entendía nada, pero que desde hace rato lo estaba asustando al ver a Terrence mirar fijamente un punto en la nada de manera tan abstraída.

Terry hizo caso omiso a esa expresión, en realidad lo que más llamó su atención fue el cansancio de los gestos de su empleado, comprendiendo ahí mismo que lo más probable era que Susana hubiera estado probando la paciencia de su pobre mayordomo por bastante tiempo. Conociendo de sobra a Susana, sabía que le daría más problemas cuando John fuera el intermediario de sus excusas. Suspirando resignado, Terry se preparó para hacer lo que debía, y es que… ¿cómo podía dejar sufriendo a su empleado más tiempo?

—Muy bien, John. Voy ahora a verla. — expresó, disimulando a la justas una mueca.

El mayordomo le sonrió agradecido de liberarlo del molestoso encargo y… ¡vaya que era muy molestoso! Disponiéndose a hacer sus labores cotidianas, se despidió brevemente de su patrón antes de irse.

—Bueno, a enfrentar ese dragón con apariencia de inocente mariposa. De una buena vez aclaramos todo esto.

Candy casi no pudo asimilar el significado de aquellas palabras. Sus ojos, abiertos de par en par, reflejaban una mezcla de incredulidad y desconcierto mientras la declaración de Terrence se abría paso con fuerza a través de su aturdida mente. Sin demora, él ingresó al salón con el semblante de alguien que estaba a punto de verse cara a cara con la muerte. Lo cierto es que él lo hubiera preferido antes que verle la cara a Susana.

La joven pecosa respiraba agitadamente, seguía firme en su idea de no ser capaz de soportar ver a Terry junto a Susana, sabía muy en el fondo que su corazón no podía resistir ver cariñosas interacciones entre ellos. ¡Dios mío! ¿Qué clase pesadilla era esta?

Luchando contra esa invisible fuerza que la unía a Terry, se quedó rezagada cerca de la puerta de la sala, deseosa de evitar esta parte de su sueño o de ver lo menos posible de él. Aunque al final todo fue inevitable, se vio arrastrada dentro de la habitación tan fácilmente como si fuera una pluma.

Un agudo dolor invadió su pecho en cuanto observó a esa mujer sentada sobre su silla de ruedas. Candy podía reconocerla aún después de tantos años que parecían no haber hecho mella en ella, Susana seguía siendo una bella mujer. Sin embargo, algunas cosas si habían cambiado en su semblante desde la última vez que la viera, donde antes recordaba una mirada de lo más melancólica y llena de dolor, ahora era otro tipo de expresiones la que llenaba su rostro. Había una expresión tan fría en sus ojos azules que hizo que Candy se tambaleara en su sitio y su cuerpo se sacudiera en un inconsciente estremecimiento.

"¿Quién es esta mujer?" — se cuestionó mientras observaba a Susana dirigir hacia Terry una mirada cargada de furia.

Sin saber qué hacer, Candy se quedó congelada en su sitio observando la conversación frente a ella como si estuviera en una especie de letargo.

—¡Al fin llegas, Terry! — la molestosa voz de Susana atravesó los oídos del castaño con la sutileza de un taladro. —He estado esperándote más de dos horas. ¿Se puede saber dónde estabas?

—Buenos tardes a ti también, Susana. — la saludó Terry con voz sarcástica y una inconfundible mirada sardónica, ignorando deliberadamente su pregunta. —¡Qué encantador este recibimiento tuyo!

Con una lentitud un poco exasperante, se dirigió hacia la pequeña mesa central de la sala para servirse un vaso con agua. Llevando el líquido a sus labios, miró a Susana un momento antes de contestar:

—Digamos que estaba... por ahí — inclinó la cabeza a un lado con un aire de reflexión exagerada, alargando su respuesta para jugar con la paciencia de ella. —Ya sabes... por allá. — ladeó su cabeza hacia otro lado y dio un largo trago a su bebida, despreocupadamente. —No tienes idea del frío que hacía en ese lugar.

—¿Dónde estabas? — los ojos de Susana chispeaban furiosos, para nada contenta con la ambigüedad de su respuesta.

—Susana, creo que ya te he contestado. — desviando sus ojos color mar a su bebida, Terry encogió los hombros con indiferencia. —Te dije que estaba por ahí donde hacia frío. Me sorprende tu falta de imaginación.

—¡No te escondas detrás de las palabras! ¡No me interesa si hacía frío o calor! Yo quiero saber dónde estabas. — exclamó la rubia sin nada de paciencia. —¿Cómo que estabas por ahí? ¿Dónde estabas exactamente?

Para nada contento con el tono de la voz de Susana, Terry depositó el vaso con algo de fuerza sobre la mesa, haciendo que unas gotas de agua salpicaran su manga. Giró hacia ella con una ceja arqueada, la personificación de la indiferencia fastidiada.

—¿Dónde más iba a estar? — su tono era de una exasperación calculada. —¿Acaso voy a estar salvando ardillas en el Central Park? ¿Acaso voy a estar haciendo labores humanitarias? ¿Dónde crees que estaría?

El sarcasmo de su voz no le pasó desapercibido a Susana, quien vacilando en sus duras acusaciones anteriores, le preguntó en un susurro:

—¿En el teatro?

—¡Claro que estaba en el teatro!

Susana lo miró con los ojos entrecerrados de la desconfianza, claramente no le creía.

—A mí no me engañas Terry. ¿Qué hacías en el teatro si los ensayos todavía no se han reanudado? — apretando las manos contra la falda de su vestido, lo enfrentó con igual ánimo. —¿Dónde estuviste realmente? O mejor dicho, ¿con quién estabas?

—¡Estuve con Robert en el teatro! — exclamó el castaño, presa del enojo que le causaba ser cuestionado de esa manera, mucho más si es que recordaba lo que ella había hecho en la fiesta.

Ni la furia que destilaba del semblante del joven actor ni sus palabras anteriores lograron que Susana dejara de mirarlo incrédulamente, tanto así que Terry se hartó y ya no pudo más.

—Créeme o no. ¡Me da igual!

Tomando con brusquedad el vaso que había dejado abandonado, lo llevó a su boca para acabar todo el contenido que había en él. Apretando el vacío vidrio en su mano, respiró profundo una vez más. ¡Vaya que necesitaba controlarse! Le faltaba muy poco para explotar ahí mismo de la rabia.

—¿Y por qué no me lo dijiste en un comienzo? — cuestionó ella, alzando su barbilla orgullosamente, esperando una excelente explicación de su supuesto novio.

—En primer lugar, no tienes por qué estar controlándome.

Le lanzó a la ex actriz una mirada tan cargada de ironía que Susana tuvo que tragar duramente casi no pudiendo sostener el contacto visual de esos ojos tan profundos de él.

—En segundo lugar, no te he dado ningún derecho para que estés dándome órdenes.

Ahí sí el ánimo de Susana vaciló totalmente y ya no pudo mantener la intensa mirada de Terry.

—Y en tercer lugar... ¡A ti que más te da!

—Estaba preocupada por ti. — se excusó ella, inclinando su cabeza a un lado y volviendo a adoptar parte de su acostumbrado aire sumiso. —Me tienes abandonada, te extrañaba mucho. Ha sido tanto tiempo desde la última vez que te vi, Terry… ¡no te veo desde el año pasado!

Apretando sus manos entre sí tímidamente, alzó su vista al apuesto actor para dedicarle una mirada de profunda adoración. Terry entornó sus ojos exasperado ante esa exageración de su parte.

—Considerando que el año acaba de iniciar hace dos días, diría que no es mucho tiempo.

—Han sido dos días, Terry. ¡Dos días! — hablaba tan acusadoramente como si ese tiempo hubieran sido miles de años sin verlo. —¡Han sido dos días que se me han hecho eternos!

—¡Qué extraño! A mí me han parecido demasiado cortos.

Sus ojos color mar se desviaron instintivamente a Candy, pensando en este tiempo que llevaban juntos, siendo el mismo tiempo que llevaba también loco.

¿En verdad habían pasado sólo 2 días? ¡Vaya! ¡Qué rápido que avanzaba la locura! Y él tan despreocupado, bueno…

Sus labios se curvaron ligeramente, un poco divertido por la situación… ¡qué más daba!

Su pecosa observaba todo lo que sucedía frente a ella casi sin respirar, pareciendo muy conmocionada por lo que veía, y aunque esa actitud desconcertó mucho a Terry, el hecho de ver esas pequitas en esa hermosa carita siempre le hacía olvidarse de todo.

Sin embargo, recordando después de un instante que Susana seguía con él, su breve sonrisa desapareció, adoptando una expresión seria para volver a hablar con ella.

—Además para qué iría ayer a verte, conociéndote a ti y a tu madre, seguro se fueron de compras todo el día. — rodando sus ojos irónicamente, la vio con suspicacia. — ¿Acaso me equivoco? — flexionando sus brazos y enarcando su ceja izquierda, la retó a que se lo negara.

Susana no podía mentirle cuando él la miraba directamente a los ojos de esa manera. Enfocando su mirada a sus manos, sólo pudo murmurar débilmente:

—Pudiste quedar esperándome si en caso no estaba o haber ido a verme después. Sabes que esas compras con mi madre no pueden posponerse.

—¡Sí, claro! ¿Cómo olvidar que siempre haces lo que tu madre te dice? — expresó con cierto tono burlón en su voz.

—¿Cómo podría ir en contra de ella? — reclamó ofendida porque se le criticara algo así. —¡Es mi madre! Ella sabe lo que es mejor para mí.

—¡No lo dudo! — sus cejas se alzaron, dando énfasis a su palabras. —Así implique desbancarme y dejarme si un solo centavo, tú lo harías sin renegar.

Tanto sarcasmo en la voz de Terrence no pasaría inadvertido para nadie, y Susana que ya estaba tan acostumbrada a eso, no sería la excepción. Una vez más lo captó, pero en este caso ya no quiso hacerse la desentendida.

—¿A dónde quieres llegar, Terry?

—A ningún lugar en específico. — encogiendo los hombros despreocupadamente, dejó una vez más el vaso que tenía en la mesa antes de continuar. —Sólo te recuerdo que tienes citas con la modista casi todos los días del mes, vas a comprar cinco o más veces por semana. Desde lazos o listones hasta la seda más fina que mi dinero puede pagar.

—¿Y eso qué? Mi madre dice que es necesario para poder estar a la altura de nuestras amistades. No quiero verme relegada o ser menospreciada por ellos.

—¿Y tú crees que eso es tan importante?

Entrecerrando sus ojos, Terrence no pudo evitar observarla enigmáticamente.

—¿Cómo no va a ser importante? — Susana agrandó sus ojos ante esa inconcebible noción —¡Es lo más importante del mundo! Lo que piensen los demás de mí. ¿Acaso no lo crees igual, Terry?

Él no sabía cómo responderle sin ofenderla, había momentos en los que mejor era quedarse callado antes de contestar algo de lo que seguramente después se arrepentiría. Pero… ¡En serio!... ¿por qué a veces Susana tenía que ser tan superficial?

"Mejor cambio de tema antes de que empiece a hablar de otras tonterías." — se aconsejó en ese instante.

Suspirando para ganar un poco de ecuanimidad, Terry volvió a hablar:

—¿Ya te enteraste de lo que ha publicado hoy el "Broadway Brevities"? — adentró él de esa forma en la conversación ese asunto que aún les faltaba discutir.

—Sí, ya lo vi. — exclamó repentinamente emocionada y con una tonta sonrisa que no quería salir de su rostro. —Tenemos que hablar con la prensa de inmediato.

Los ojos de Susana adquirieron un brillo tan soñador que no dejaron de desconcertar a Terry. ¿Qué sería lo que la tenía tan entusiasmada?... Francamente, no lo sabía.

—Ya me encargué de eso, hablé con Robert para que convoque a una rueda de prensa y podamos desmentir ese falso rumor. — explicó con gran tacto, a pesar que estaba molesto que tuvieran que llegar a ese punto por culpa de ella.

—¿Desmentir el falso rumor? — la mirada de Susana perdió por un momento ese brillo encantado que tenía, para enfocarse en Terry con el ceño fruncido. —¿De qué falso rumor hablas?

—¿De qué otro falso rumor voy a hablar?— entornó lo ojos, cansadamente. —Del falso rumor de nuestra supuesta boda, claro.

—Ese no es rumor falso, Terry. Es verdad que nos casaremos. — aseguró ella con una sonrisa tan confiada que casi rayaba en la obstinación.

Terrence alzó una ceja en consternación. Esto, seguramente, tenía que ser una broma de muy mal gusto por parte de Susana. Sin embargo, para mayor sorpresa de él, ella siguió hablando del mismo tema de lo más natural.

—Si convocas a una rueda de prensa es para dar a conocer públicamente que lo dicho en los periódicos es cierto, y claro para decir la fecha de la boda también.

Susana llevó su dedo índice a sus labios, visualizando todos esos detalles de los que hablaba e iluminada por una súbita idea, agregó:

—Eso me recuerda que hay que escoger la fecha, querido. Yo pensaba a inicios de mayo, para ese entonces ya habrás vuelto de la gira por Inglaterra.

Después de escuchar esa declaración, la consternación de Terrence había llegado a límites insospechados, todo lo que ella le decía le parecía completamente absurdo.

¿Susana había entrado a una especie de mundo paralelo que sólo pasaba en su cabeza o qué? Tal vez eso podría ser, aunque había otra opción, por supuesto, que era que Susana hubiera perdido el juicio casi como él. Pero por más que era muy plausible, necesitaba de más pruebas para confirmarlo.

Sin dejar que nada de su perplejidad se reflejara en sus gestos y con estudiada tranquilidad, Terry se acercó a ella a paso calmado y la encaró con gran seriedad.

—¿Estás escuchando lo que dices?

La ex actriz asintió entusiasmada, sonriéndole y Terry la observó lleno de incredulidad, le era inconcebible pensar que Susana hubiera creído que todo esto llegaría más allá de un simple rumor de la prensa.

—¿En serio piensas que voy a hacer lo que quieres? — inquirió él en estupor, mirándola consternado.

Susana lo vio confundida, al parecer no entendiendo lo que le decía. Ahí si Terry se lo aclaró para que no le quedara ninguna duda al respecto.

—En la fiesta te aprovechaste de la situación. No pienses ni por un segundo que voy a seguir con tu juego, Susana. ¡No soy tu títere!

Los ojos de Susana se abrieron sorprendidos por esa reacción, quedándose momentáneamente sin habla, y tuvieron que pasar varios segundos hasta que pudiera formular palabra de nuevo.

—Ya está dicho. — respondió ella, tratando de sonar lo más segura que podía. Aunque la leve inflexión de su voz, revelaba que se esforzaba en sonar tranquila. —No hay marcha atrás.

—¡Qué torpeza la mía! — Terry se puso una mano en su frente en un gesto casi teatral. —Me había olvidado que tengo hacerte comprender muy bien esto, y es que parece que no me he dejado entender con claridad en este asunto, así que voy a ser muy directo. Escúchame bien.

Aclarando su garganta y mirándola con mucha firmeza, declaró enérgicamente:

—¡No habrá ninguna boda!

Susana dio en un respingo en su sitio ante la intensidad de su tono de voz, apretando sus manos en su regazo para darse la fuerza que claramente necesitaba para hacerle frente. Luego, suspirando profundamente como si estuviera sacándose más paciencia, lo enfrentó con renovada seguridad.

—Y tú escúchame bien a mí, Terry. Nos casaremos en cuanto vuelvas de tu gira, estarán todos los preparativos arreglados para ese entonces. — arrugando su nariz en un gesto que esperaba le pareciera adorable, le sonrió con falsa ternura. —No me lo agradezcas, cariño. Sabes que sólo lo hago pensando en ti, así que no hay nada que agradecer.

Terry elevó ambas de sus cejas en completo asombro luego de eso. No sabía si reír por lo absurdo que le resultaban sus palabras o ponerse a gritar por la indignación que sentía ante semejante afirmación.

"¿Agradecerte? ¡Sí, claro!" — se dijo con todo el sarcasmo del que era capaz. ¿Qué es lo que creía esa mujer para decirle todo eso? ¿Estaba desvariando o qué?

—Es lo menos que podía hacer para ahorrarte todos los problemas. — continuó Susana como si no hubiera notado su perpleja actitud. —No sabes lo ansiosa que estoy para ser reconocida finalmente como tu esposa ante la ley, ante Dios y ante todos los demás.

El joven actor se llevó una mano a su barbilla contemplando el gran enigma que le representaba Susana en este momento. En los instantes como este, en el que dejaba atrás esa fachada sumisa y hasta tímida con la que él la había conocido, Susana le parecía un verdadero misterio.

¡Cómo la habían cambiado los años! Él también había cambiado mucho, estaba seguro, pero ella seguía siendo la que más lo sorprendía. No dudaba que los años sólo la habían resentido con él por no corresponderle como ella tanto quería, y sí, aunque podía ser un estúpido por sentirse de esta manera, eso todavía le seguía inspirando muchísima lástima.

—¿En qué estás pensando, Terry?— le habló ella con los ojos brillantes de una aparente ilusión. —Estás imaginando nuestra boda, ¿verdad?

Esa afirmación por sí sola, le quitó a Terry todos los contemplativos pensamientos en los que estaba inmerso.

¿Acaso Susana no captaba las palabras, no podía procesar la información o qué? ¿Por qué seguía engañándose a sí misma de esa manera?

"¡Casarse después de la gira!" — frunció el ceño, entre molesto y atónito por la incapacidad de Susana en entenderlo. —"¿Qué es lo que yo he dicho o hecho para que ella entienda algo así?"

Por más que lo recapitulaba, él estaba seguro que nunca había hecho nada para que ella declarara semejante mentira. De hecho, si era sincero consigo mismo muy en el fondo sabía que sólo conociendo lo que le esperaba después de la dichosa gira esa, puede que una parte de su ser se rebelaría haciéndolo escapar, perderse en algún lugar de Inglaterra y probablemente no volver jamás.

Era cierto, el sólo conocer el supuestamente dichoso destino que le esperaba, es decir casarse con ella, podría hacerlo salir huyendo ahora mismo. Manteniéndose inamovible en su sitio y sin mostrarse para nada turbado, Terry observó a Susana con los ojos entrecerrados de gran suspicacia y le dijo:

—Que yo sepa, Susana, para casarse el supuesto novio tiene que haber pedido matrimonio a la supuesta novia. ¿Y qué crees? — esbozando una media sonrisa sardónica, se irguió cuán alto era antes de proseguir. —¡No recuerdo habértelo pedido!

—Claro que lo has hecho. — lo refutó ella con su respiración ligeramente pesada, luchando contra la agitación que parecía querer envolverla ante esa negación por parte de su 'querido novio'. —En cuanto volviste y decidiste quedarte conmigo. ¿Acaso no lo recuerdas?

Terry parpadeó confuso por tamaña acusación. ¿De qué rayos hablaba ella?

—Susana, yo nunca te prometí matrimonio. — negó con la cabeza, mirándola consternado. —Te ofrecí mi apoyo y mi amistad, pero yo nunca… ¡nunca!... te he pedido que te cases conmigo.

—Sabes que tenemos que casarnos. — le repitió ella, terca en dar su brazo a torcer. —Ahora es el momento propicio.

La firme fachada de estudiada indiferencia que había mantenido Terry hasta ese momento se rompió luego de ese último comentario, alterando todo su semblante y manifestando cuán enfadado se sentía con todo esto.

—¡Qué momento propicio ni que otra tontería! — explotó finalmente con los ojos chispeantes de furia. —¡No me pienso casar!

—Pero nos tenemos que casar, Terry. — Susana comenzó a temblar de la desesperación, su voz agitada era una clara muestra de su turbación. —¡Debes casarte conmigo! ¡Tienes que hacerlo! ¡Te casarás conmigo!

La terquedad con la que ella repetía esas palabras, hicieron que se sintiera sumamente hastiado. Cruzándose de brazos, Terry la miró desafiantemente.

—¿Ah, sí? ¿Cómo piensas hacerlo?

"¿Me pensará llevar atado, amordazado y toda la cosa?" — entornó los ojos, imaginando ese posible y horrible escenario. Primero muerto antes que ser casado de esa manera con esta mujer.

—Terry… — su voz sonaba temblorosa como si estuviera reprimiendo un sollozo. —¿Me vas a negar esto a mí? ¿A mí, Terry?... Yo… que tanto te amo. — el rostro de Susana se contrajo de aparente dolor y sus ojos se cristalizaron.

Terrence exhaló con pesadez, ya se daba cuenta qué era lo que quería iniciar Susana, y él odiaba cuando ella se ponía en este plan. Tantos años con esto quizás deberían haberlo acostumbrado a este tipo de arrebatos de su parte, pero incluso hasta ahora seguían dejándolo totalmente cansado.

—Susana… — la interrumpió, tratando de evitar que ella iniciará un nuevo ataque.

—¡Perdí todos mis sueños por ti y así me lo agradeces! — sollozó con roncos gemidos, cubriendo su rostro con ambas de sus manos. —No puedo tener una vida normal y eso es… ¡por ti!

Alzando sus llorosos ojos, ella lo acusó con una mirada tan cargada de reproche que sólo llenó a Terry de impotencia. Él veía ahora a Susana llorando desconsoladamente y no tenía ni idea de qué hacer para calmarla.

"¡Demonios!" — maldijo internamente, más perturbado e irritado que nunca.

Cerrando sus ojos, Terrence inspiró profundamente, esperando encontrar toda la paciencia necesaria para hacer frente a esto lo mejor que podía.

Candy, que había estado tan inmersa en ver lo que sucedía sin hablar, apretó sus labios con fuerza mientras liberaba un trémulo suspiro. Esto era demasiado hasta para ella… ¿Cómo hacía Terry para soportarlo?

Era completamente insostenible, se notaba cómo por todos los medios él trataba de mantener ese extraordinario temple para no explotar de tanta frustración contenida. Suspirando pesadamente, el castaño se llevó una mano al puente de su nariz, sobándolo con aparente cansancio.

—Te he pedido muchas veces que pruebes el uso de una prótesis. Pero siempre te niegas a escucharme. — miró a Susana totalmente agotado, cansado de estos chantajes, de esta vida… ¡de todo! —Yo sólo quiero que tomes tú misma el curso de tu vida y no dependas de otras personas. ¡Ni de mí ni de nadie!

—¿Acaso quieres deshacerte de mí?

Susana volvió ahogar un sollozo y una vez más las lágrimas corrieron libres por su rostro.

—Es eso, ¿verdad? Por tal razón, siempre me haces esa petición. — su rostro se contrajo de angustia y rabia al acusarlo. —¡Pues no pienso hacerlo! ¡No quiero y no lo haré! — Susana le gritó eso último, no dejando lugar a dudas en su posición.

Inhalando hondamente para controlar su acelerada respiración, continuó hablando:

—Sólo después de que te cases conmigo… ¡sólo ahí! Podría tal vez considerar el usar una prótesis — sus llorosos ojos se enfocaron en él para dar realce a lo que quería decir. —¡Antes de casarme no pienso hacer nada! ¡No me vas a obligar a nada, Terry!

—Y mira quién habla de querer obligar a alguien a hacer algo. — sacudiendo su cabeza, decepcionado por escucharla decir eso, Terry esbozó una irónica sonrisa antes de replicar. —¿Acaso tú no me quieres obligar a casarme contigo?

Tensando los hombros ante la pregunta, claramente no esperando tan directa acusación, Susana se humedeció sus resecos labios, ya no pudiendo sostener la mirada de Terry antes de romper el contacto de sus ojos.

—No es lo mismo. — farfulló quietamente, sonrojándose sin poder evitarlo.

—¡Claro que no es lo mismo! — Terrence bufó indignado por tal comparación. —Al menos lo que yo te pido es por tu bien, en cambio lo que tú me pides hacer es por razones totalmente diferentes.

Susana alzó la vista para sostener su mirada una vez más, sentía que esto se le estaba saliendo de las manos y eso no podía permitirlo.

—Casarte conmigo también será por tu bien, Terry. — dijo eso en un tono que esperaba sonara convincente, siendo que hasta ella misma lo creía. —¿Acaso no lo ves?

—No, no lo veo. — negó con la cabeza muy seguro de lo que decía.

—Eso es porque no ves con claridad lo que está frente a ti. — dedicándole una dulce sonrisa, se secó las lágrimas de sus ojos y no perdió oportunidad en tomar una de las firmes manos de Terrence entre las suyas. —No te has dado cuenta aún de lo que es mejor para ti, Terry.

El joven actor salió de su agarre en el acto como si el contacto de sus manos le resultara en cierta forma intolerante. Aquello se dio de manera inconsciente, sin embargo la dolida mirada de Susana le reveló cuán ofendida se sintió por el gesto.

—¿Lo mejor para mí? — pasando sus manos por su castaño cabello, respiró fuerte tratando de contener su molestia. —Lo que tú piensas que es lo mejor para mí es lo que yo menos pensaría me otorgaría algún bien, y lo que yo estoy seguro te beneficiaría con creces, es lo que más te empeñas en negar hacer.

Alzando las manos al cielo en un gesto exasperado, Terry parecía estar a punto de perder la paciencia.

—¿Sabes qué? De lo único que me doy cuenta es que nunca vamos a estar de acuerdo en absolutamente nada. — soltando un bufido burlón, agregó. —¡Vaya inicio para un matrimonio! ¿No crees?

Con únicamente decirlo, él no pudo evitar estremecerse de horror de sólo imaginar tal escenario.

—¡Eso es por tu culpa! Tú eres el que nos tiene así porque me niegas todo lo que te pido. — exclamó Susana con aire mimado, ya no pudiendo sostener más acusaciones dirigidas tan directamente hacia ella.

Un toque en la puerta de la sala, interrumpió lo que Terry estaba a punto de contestarle.

—Adelante. — hablo él sin despegar sus ojos entrecerrados de Susana, diciéndole de esa forma a ella que esta conversación todavía no había terminado.

De todas las personas que podrían haber sido, quien entró por la puerta fue Peter, su nuevo empleado. En cuanto ingresó, el muchacho se dirigió a él con entusiasmo, al ser de sus primeras labores en la casa.

—Señor Graham, la señora Keith me manda a preguntar si la señorita se quedará a almorzar.

En ese momento fue cuando recién vio a Susana, hecho que hizo que el joven palideciera de repente mientras sus ojos se agrandaron pasmados. Peter parecía haber reconocido a Susana en el acto. ¡Pero, claro! ¿Cómo no recordarla después de la dura reprimenda que le hizo o los subsecuentes resultados que tuvo para él con la pérdida de su trabajo?

—¿Quién este chico, Terry? No sé porque me parece haberlo visto antes.

Susana achicó sus ojos, mirando fijamente al muchacho, tratando de recordar de dónde lo conocía. El chico tragó en seco, quedándose casi sin respirar en espera de que ella terminara su inspección.

—Espera un momento…— el confundido rostro de Susana se despejó del desconcierto al recordar de donde supuestamente lo conocía. —¿Tú no eres ese inepto sirviente que me hizo el hazmerreír de la fiesta?

De lo pálido que estaba Peter, enrojeció de repente, síntoma de la vergüenza, y esa reacción por sí sola le comprobó a Susana que sus aseveraciones eran ciertas.

—¿Qué hace este muchacho aquí, Terry? — rugió furiosa, enfocando su dura mirada en el actor.

—Lo he contratado para que trabaje aquí. — contestó Terry tranquilamente como si fuera la cosa más natural del mundo.

—¡Y me lo dices así de tranquilo! — la voz de Susana estaba tres octavas más alta. —¿Te has dado cuenta del problema que significaría contratarlo?

—No veo que tiene de malo. — Terry encogió los hombros recuperando parte de su estudiada indiferencia. —El verdadero problema sería: ¿Cómo no lo contraría? — su mirada se desvió a Candy, quien miraba la escena con extrañeza. — ¿No crees? — sin que lo planeara, le sonrió a su pecosa con complicidad.

Candy le devolvió la sonrisa vacilantemente. No podía evitarlo, por más que no entendía a que venía todo esto, corresponder a las sonrisas de Terry le salía de manera natural.

Susana lo miró boquiabierta a la vez que sentía que su pecho se llenaba de un profundo fuego de indignación. ¿Cómo se atrevía Terry a hacerle algo así?

—¿Qué tiene de malo? ¿Cómo puedes preguntar eso siquiera? — enrojeció invadida de una creciente irritación. —¿No te das cuentas de las consecuencias? ¿Qué pasará cuando otras personas se enteren que tienes a tu servicio al sirviente que fue el causante de hacerme el hazmerreír de todo Nueva York?

—No exageres, ¿quieres? — Terry suspiró, cerrando sus ojos con muy poca paciencia. —No fue para tanto, siempre haces mucho drama de todo. Además no fue culpa del muchacho.

—¡Qué no exagere! ¡Qué no haga mucho drama! — gritó Susana, comenzando a temblar de tanta rabia contenida. —¡No estoy exagerando, Terry! ¡Yo nunca hago dramas! Todos los invitados de la fiesta se burlaron de mí por su culpa. — señalando al chico acusadoramente, soltó un lastimero sollozo y cubrió su rostro con sus manos, recordando ese momento tan humillante.

—Siento mucho lo que pasó, señora. Pero fue un accidente. — interrumpió el muchacho, viendo esta oportunidad para disculparse.

—¡Nadie te ha pedido que hables! — Susana se recuperó rápidamente y vio al chico como si fuera un asqueroso insecto rastrero. Volviendo a ver a Terrence, le gritó furibunda. —¿Por qué quieres humillarme así, Terry?

—No veo ninguna humillación en lo que he hecho. El chico necesita trabajo y yo necesito al menos un empleado más. — explicó secamente. —Ya que por culpa tuya ya no trabaja aquí la señorita Mitchels.

Él le lanzó una mirada tan acusadora en cuanto terminó de hablar que las mejillas de Susana se enrojecieron con fuerza, sintiéndose aludida luego de eso.

—No me mires así, Terry. ¿Qué querías que hiciera? — se defendió la Marlowe muy ofendida. —Esa atrevida suspiraba como tonta cada vez que tú estabas cerca de ella. Yo notaba como nunca te sacaba los ojos de encima y prácticamente te miraba con adoración. ¡Era una ofrecida y siempre trataba de seducirte!

Lleno de incredulidad, Terry miró a Susana como si le hubiera crecido otra frente. ¡Pobre! Con una frente tan grande ya tiene más que suficiente, pero… ¿ahora con dos frentes tan gigantescas? ¿Podía tener más mala suerte?

—¿De qué demonios hablas? — exclamó él a punto de perder los estribos. —Esa pobre chica era una niña tan tímida que a duras penas levantaba la vista del suelo y sólo respondía en monosílabos cada vez que alguien le hablaba. ¡Nunca trató de seducirme!

La respiración de Susana se hizo pesada de la supuesta indignación que estaba sintiendo.

—Aunque no lo haya hecho, yo tenía que dejarle bien claro que tú eras mío. ¡Sólo mío!

"¿Qué es esto?" — pensaba Candy agrandando sus ojos absolutamente consternada.

Ya no podía seguir viendo esto, toda esta rabieta de Susana la tenía muy cansada, le era totalmente insoportable, y si era así con ella, imagínense cómo era con Terry.

—¡Yo no soy tuyo! — gritó él en exasperación con mirada enardecida. —¡Y deja de decir insensateces! Ella no hizo nada para merecer lo que le hacías. Yo no me enteré hasta que ya se había ido, pero ya sé que la tratabas muy mal, pésimamente, tanto que hasta lloraba cada vez que te veía.

Plantándose frente a ella para hacer más duras sus palabras, su voz se llenó de reproche.

—¿Cómo pudiste, Susana? ¿Cómo fuiste capaz de hacer eso con una pobre niña que no tenía la culpa de esos celos enfermizos que tienes?

—¡Tenía que renunciar! Ya que tú no querías despedirla. — se excusó a sí misma en un muy mal intento de excusa, por cierto.

Si bien era verdad que estaba en contra de la anterior empleada, todo ello fue principalmente porque era una muchacha joven y bonita que muy bien podía metérsele por los ojos a Terry, él era hombre después de todo, ¿no?

Todo fue culpa de él, ¿por qué si decide contratar a mujeres, no contrata a señoras que tengan de la edad de la Señora Keith a más? ¡Ahí sí estaría tranquila!

—¡La humillaste muchas veces! — le recordó Terry cada vez más furioso. —Por supuesto que al final ya no pudo soportar tu trato y terminó renunciando.

—Como debía ser. Y ahora quieres contratar a este chico para humillarme a mí. — quebrando su voz en un ruego, continuó. —No lo hagas, Terry. ¡No lo contrates!

—Ya está contratado. No hay lugar a discusión. — continuó con firmeza, mirando hacia cualquier lado menos a ella. —Y te advierto desde ahora que te controles.

—¡No quiero que esté aquí! —gruñó Susana, iniciando uno de sus insoportables berrinches. Mirando gélidamente al joven empleado, le dijo. —¡Tú! ¿Cómo te atreves a venir aquí a pedirle trabajo a mi prometido? ¿Quién te crees?

Intimidado por esa acusación, el muchacho perdió momentáneamente las palabras.

—No sé de qué trucos te habrás valido para lograrlo, pero no permitiré que te quedes. — Susana miró al chico con petulancia y se dirigió al joven actor una vez más. —Terry, te lo pido de nuevo... ¡Bótalo de una buena vez!

Sonriendo con cierta suficiencia al chico, Susana parecía muy segura de que Terry haría esta vez lo que ella le pedía.

—¡Por favor, señora! Necesito el trabajo. Mi madre, mis hermanos y yo necesitamos el dinero. Se lo pido, no me echen. — la voz del muchacho temblaba en su ruego. —Mi padre murió hace un par de meses y...

—¡A mí que me importan tus penas! — interrumpió Susana, observando al chico con rabia y desprecio. —Puedes tener una madre enferma y mil hermanos que cuidar, y a mí no podría valerme menos.

El pobre muchacho se quedó quieto ante esas palabras y desvió sus humedecidos ojos al suelo, aguantando las inmensas ganas de llorar que le traía el ser tratado de esa forma.

—Señorita, yo… yo… — fue lo único que pudo formular antes de que ella lo detuviera.

—¿Qué nunca te han enseñado a callar cuando tus superiores hablan? — sin perder su ímpetu anterior, Susana le gritó con energía. —¡Mide tu lugar, igualado!

Con la cabeza gacha, Peter esperó valientemente el posible despido de su trabajo que ya le parecía inevitable.

Candy sintió cómo un nudo se formaba en su garganta al ver el sufrimiento del pobre chico e inconscientemente las lágrimas se acumularon en sus ojos. De alguna manera, ella se sentía identificada con el chico, era como estar viéndose a sí misma en Peter, en la época en la que trabajaba para los Legan, y con eso no se necesitan más palabras para poder visualizar muy bien cómo era que ella se sentía en ese instante.

Su respiración se agitó inconstante, y se acercó instintivamente a Peter, viéndolo con impotencia, deseosa de ayudarlo de alguna forma, pero claramente incapaz de hacerlo.

—¿Por qué Susana es tan cruel? — preguntó ella a nadie en particular, sólo queriendo alguna respuesta de quien fuera. —¿Por qué Susana actúa de esta forma?

Desesperada por respuestas y tratando de reprimir las lágrimas que querían salir de sus ojos, se enfocó en la ex actriz para dirigirse a ella.

—Por favor, calla, Susana. — le pidió exaltadamente aunque sabía muy bien que ella no podía escucharla.

¡Dios mío! ¿Dónde estaba la mujer que ella recordaba? Si bien Candy nunca la conoció bien, ella no la recordaba de esta forma. La rubia pecosa jamás creyó vislumbrar en Susana el tipo de crueldad como la que estaba mostrando ahora. Esto era demasiado perturbador… inquietante… ¡absolutamente horrible!

—Sólo quiero que te vayas por donde viniste. — vociferó la ex actriz, alzando sus manos a su rostro casi a punto de tener lo que parecía un ataque de histeria. —No quiero verte, no soporto tu presencia. ¡Quiero que se vaya, Terry!

—Señorita, le pido que…— habló Peter en un último intento por hacerla entender.

—¡Cállate! — rugió la rubia con fuerza, viéndolo con el rostro desencajado de la rabia.

—¡Cállate tú, Susana! — estalló finalmente Candy, mirando con gran furia a Susana.

Su pecho subía y bajaba tratando de controlar sus erráticas respiraciones, sus manos se habían formado en puños y su pecoso rostro tan enrojecido de la ira, solamente era una clara muestra del momento en que la paciencia se acababa. Susana, obviamente, no escuchó las palabras de Candy, pero Terry sí lo hizo, quedando momentáneamente sorprendido por esa reacción. Nunca había visto a su pecosa perder la compostura de esa manera.

¿Qué era lo que le hizo tener esa reacción?… ¡Ah, claro! ¡Susana! Esa mujer podía sacar de quicio hasta el más paciente de los hombres.

—¡Basta, Susana! — Terry intervino y la observó con la misma furia de Candy. —No le hables así al chico. ¡Discúlpate, ahora mismo! — le ordenó duramente, por poco perdiendo el temple.

Y aunque tenía miedo de la ira de Terry, Susana no iba a ceder tan fácilmente.

—No pienso hacerlo. — respondió tercamente, sacudiendo su cabeza. —Él es el que tiene la culpa. ¡Es él quien debe pedirme disculpas! ¡Yo no!

—¡Discúlpate, Susana! O te juro que…— advirtió Terry, adoptando una postura por demás intimidante.

—¡No me entiendes! — sollozó Susana con pesar, escondiendo su rostro entre sus manos por tercera ocasión en ese día. —¿Por qué eres tan cruel conmigo? ¿Qué he hecho para merecer esto? No hago nada para que me trates así. — viéndolo con aparente dolor, le reclamó entre gemidos. —Si de algo soy culpable, sólo es de amarte tanto como lo hago. ¿Por qué me tratas así?

Cerrando sus ojos para darse calma, Terry suspiró y le respondió con sinceridad:

—Como tratas a otras personas reflejas como mereces ser tratada. ¿No te das cuenta como tratas a los demás? ¿No te das cuenta cuán cruel eres con este chico?

—De lo único que me doy cuenta, es que defiendes a cualquiera menos a mí. ¡Y yo soy tu prometida!

Esto sí, Terry, ya no lo podía tolerar más tiempo. Abriendo sus ojos, le mandó una mirada desafiante.

—¿Cómo quieres que te haga entender que yo nunca te he pedido matrimonio? — le espetó muy enfadado.

—Deja de hablarme así, me lastimas. — parpadeó varias veces, adoptando una expresión desolada. —¡Bota este chico de aquí! Me siento más humillada y burlada que nunca. ¡Te exijo que lo eches!

—¡Susana! — voceó él sin poder creerse que ella tuviera el atrevimiento de exigirle semejante orden una vez más.

—¿Por qué dices mi nombre tan fuerte? — lo enfrentó orgullosamente, haciéndose la muy digna.

—¿Acaso no te llamas Susana o quieres que te llame con otro nombre? — fue la lógica contestación que él le dio con abundante sarcasmo.

—¡Me estás gritando! — le recriminó furiosa de ese trato.

—Tú estás haciendo un berrinche sin sentido. — rodando sus ojos, exasperado, sacudió su cabeza muy cansado.

La única respuesta que recibió de Susana fue la de llorar más amargamente, negándose a escuchar las palabras de Terry. Sus lastimeros sollozos fueron lo que se escuchó en la habitación por un tiempo.

—¿Qué significa esto?

La voz de la señora Marlowe se oyó en toda la estancia en cuanto apareció rimbombante en la entrada de la sala. Viendo a su hija llorando desconsoladamente, gritó:

—¡Susy!

La mujer corrió a donde estaba su hija, agachándose un poco para abrazarla contra su pecho y otorgarle el supuesto consuelo que necesitaba.

—¡Desgraciado! ¡Mal hombre! — todos sus 'simpáticos' apelativos caían duramente sobre Terry.

—¡Y otra vez con los insultos! — entornando sus ojos con ironía, Terrence se acercó a la Sra. Marlowe, elevando su ceja izquierda. —¿Señora, acaso usted no sabe hacer alguna otra cosa además de insultar?

"Yo podría insultarla, pero no lo hago. Y eso que ganas no me faltan." — pensó eso para sí mismo y una cínica sonrisa apareció en su rostro.

—Me voy un momento y mire lo que me encuentro. ¿Por qué mi hija siempre termina llorando en su presencia? — la mujer mayor vio con un muy mal disimulado odio a Terry.

—Lo mismo siempre me pregunto yo. — rebatió él con sinceridad mientras se encogía de hombros. —Nunca le hago nada y siempre llora.

—Te parece poco llevarme siempre la contra. — comentó la frentona, digo Susana, entre sollozos, acunándose más en el pecho de su madre.

—Si no accedo a lo que me pides es porque tengo razones justas para lo que hago.

—¿Qué razón justa es esta? — le objetó Susana, alzando la cabeza del pecho de su madre donde estaba recostada para verlo vehemente. —Pones a este chico por encima de mí. ¡Eso no es justo!

—Claro que es justo. Estoy ayudándolo para corregir el error que cometiste tú. — expuso sus razones, señalándola con tono acusador. —Por culpa tuya y de tu escandaloso berrinche en la fiesta, es que él perdió su empleo.

Terry vio al pobre chico que estaba demasiado callado y lucía muy deprimido. Suspirando un momento, trató de calmar al muchacho al verlo tan desconsolado.

—Tranquilo, Peter. No estás despedido. Sigue con tus labores y te pido olvides lo que sucedió hoy.

El joven alzó la vista intempestivamente, por un momento no creyendo lo que oía ni aceptando semejante suerte. Sin embargo, cuando los ojos de Terry se lo confirmaron, el chico lo miró con tanto agradecimiento, que parecía a punto de llorar por el alivio que le provocaron sus palabras.

—Muchísimas gracias, señor. — aclamó con tanta emoción, que esas lágrimas de agradecimiento que ya no pudo reprimir, se vislumbraron abiertamente en sus oscuros ojos.

Regalándole una espontánea sonrisa a su patrón, lo vio una última vez antes de salir de la sala, sin volver a dirigirle ninguna otra mirada a Susana o a su madre. En cuanto hubo salido, la señora Marlowe volvió al ataque.

—¿Acaso usted nunca se cansa de hacer sufrir a mi Susy? — le había dicho esto con tanto veneno que no había duda del rencor que sentía por el interlocutor.

—¿Para qué contestarle esa pregunta, señora? Si estoy seguro que aún sin responderle, usted ya me ha inculpado todos los defectos y fechorías que se pueda imaginar. — fue la impertinente respuesta de Terry que no se dejó amilanar, esbozando una clara sonrisa sarcástica. —Mejor, haga un favor a todos nosotros y quédese callada de una buena vez que su insoportable voz va terminar ensordeciéndonos a todos.

Los ojos de la señora Marlowe se agrandaron incrédulos por ese ultimátum.

—¿Quién se cree usted para hablarme así? — su respiración se agitó debido a la irritación que sentía iba en ascenso en su pecho.

—¿Quién me creo? — Terry la miró con las cejas arqueadas, sonriendo levemente como si hubiera estado esperando esa pregunta desde hace mucho. —Soy el que paga todos los lujos que su hija y usted se dan para la estrambótica vida que tanto anhelan tener. — parpadeando un instante, su sonrisa se amplió antes de seguir. —¿Eso no me hace alguien para usted? — su voz alcanzó cierto tono burlón, enarcando una sola ceja para después decir. —Eso me hace alguien al menos ligeramente importante, ¿no cree?

—¡No se atreva a reclamarme nada! — la mujer apretó los dientes por tanta rabia. —Mi hija ha sufrido tanto por usted que lo mínimo que merece es un poco de los lujos a los que ella tiene derecho.

—¡No me diga! — los ojos azul verdosos de Terry se ampliaron, aparentemente asombrado por tal aclaración. —¿Y acaso usted es la que decide los derechos que ella tiene? — hablaba con tanto sarcasmo que no dejaba duda de que se estaba burlando de ella con sus palabras.

—¿Eso a usted que le importa? Yo soy la única que vela por mi hija, ya que a usted no le interesa en lo más mínimo su bienestar. Todo lo que hago es para darle tranquilidad a ella. ¿No es así, Susy?

Esa pregunta hizo que Susana dejara de llorar en un segundo y entrara en la plática en el siguiente.

—¿Cómo podría estar tranquila si Terry todo el tiempo trata a lo demás con más derecho que a mí? — observó al castaño con ojos llorosos que lo inculpaban. —¡Mírenlo ahora! Tan tranquilo cuando no me da mi lugar. ¡Todo el tiempo es así y nunca deja de mentirme!

Viendo a su madre, recurrió a ella para que la apoyara en esto y Terry puso sus ojos en blanco, ya esperando desde hace mucho esa acción por parte de Susana, como que ya se había tardado un poco en hacerlo. No era raro que Susana usara como intermediario a su 'querida' madre en sus reclamos.

—Apenas llegó, Terry se atrevió a decirme mentiras con respecto a dónde estaba cuando venimos a verlo, mamá.

La señora Marlowe recibió con abierta indignación ese acusación y dirigiendo sus sulfurosos ojos a Terry, lo vio con todo el rencor del que era capaz.

—Después que te fuiste con el chofer y que me dijiste que volverías a recogerme en unas horas, estuve esperando aquí por más de dos horas hasta que Terry apareciera y aún no me ha dado ninguna explicación lógica de donde ha estado todo ese tiempo. — continuó Susana, nada suspicaz en saber la batalla que había iniciado.

—¡Ya te dije que estaba en el teatro! — exclamó él irritado, prometiéndose a sí mismo que era la última vez que le daba cuenta de sus actos a estas mujeres.

—¡Por favor! ¿A mí también me quiere engañar? — bufó indignada la señora Marlowe, haciéndose la orgullosa. —¿Qué es lo que habrá estado haciendo que quiere ocultar tanto?

Luego de eso, la mujer mayor lo vio con los ojos entrecerrados, claramente pensando diversos escenarios que seguramente no lo dejaban muy bien parado.

—No quiero ni imaginarme lo que estará pensando en este momento y que según usted yo podría haber estado haciendo. De hecho, ahora que lo pienso, seguramente fue USTED la que ha hecho eso de lo que tanto me quiere acusar. — señaló con aire impasible, tocando al parecer una fibra sensible en la mujer, quien abrió la boca atónita por tamaña acusación. —Usted igualmente desapareció, ¿no? A dónde habrá ido también, yo me puedo preguntar. ¿Qué cree que pensaré?

Cruzándose de brazos, Terrence lamió sus labios, tratando de ocultar una irónica sonrisa antes de añadir:

—Sólo agradezco una cosa y es la suerte de no tener una mente tan sucia como la de usted. — dijo eso más como burla que por hablar en serio, pero esa sonrisa socarrona con la que Terry había dado esa última estocada, surtió su efecto muy bien.

La señora Marlowe recibió ese comentario como si le hubieran dado una tremenda cachetada. Para alguien como ella que se creía tan santurrona, que se le acusara de indecencia era la más horrible de las ofensas. Enrojeciendo totalmente, su rostro se desencajó de la rabia.

—¡En la vida se atreva volver a decir algo así de mí! ¡Atrevido! ¡Usted… usted es el indecente! — lo señaló con la voz temblando de cólera, de hecho todo ella temblaba de pura furia hacia él. —Sé muy bien donde estaba en realidad y lo que estaba haciendo. — su respiración se agitó mientras sus ojos chispaban irritados con esa acusación. —¿Me cree tan ingenua para tragarme el cuento que nos quiere hacer creer? ¿Cuántos años cree usted que tengo? ¿Cinco años?

—Pues por la forma en la que reacciona, así lo parecería. — replicó él de inmediato con toda la sinceridad que podía. —Pero viéndole bien a la cara, yo diría que usted tiene 60, mínimo 55 años.

Tal vez pudo haber exagerado con eso último, pero la ofendida reacción de la Sra. Marlowe hizo que valiera la pena.

—¡Yo no soy tan mayor! — gritó indignada la mujer con las mejillas mucho más enrojecidas por la ira.

Terrence arqueó sus cejas claramente asombrado por esa declaración.

—¡Mire que sorpresas nos venimos a llevar a estas alturas de la vida! — sonriendo endiabladamente, Terry agregó como si nada. —En la de usted, por supuesto.

La reacción a ese comentario se dio en el acto, la boca de la mujer se entreabrió incrédula y sus mejillas se habían enrojecido a niveles insospechados al sentir cómo la sangre subía incontrolable a su cabeza.

—¿Me está usted llamando vieja? — su rostro adquirió una expresión amenazadora a la vez que la vena que tenía en la cien comenzó a latir con fuerza.

Sin dejarse intimidar por esa expresión, Terry alzó las manos quitándose esa acusación.

—Fueron sus palabras, señora, no mías. — dijo con ligereza, curvando sus labios en una satírica expresión.

—¿Cómo… cómo se atreve… a hablarme de esta forma? — las palabras parecían hacérsele difíciles de hablar, toda la furia que sentía no la dejaba continuar.

—¿Qué quiera que haga? Usted me lo preguntó y yo sólo le respondí. — encogiendo los hombros despreocupadamente, Terry soltó un bufido burlón. —No entiendo de qué se queja, señora. Si no quiere respuestas sinceras, mejor ya no haga las preguntas.

Después de escucharlo, la Sra. Marlowe resopló en su sitio a punto de hacer un berrinche como toda una niña de… bueno… ¿5 años?

—¡Vámonos de una vez, Susy! — espetó la mujer, dedicándole una mirada cargada de desprecio al castaño, de manera que no le dejara duda de cuanto lo odiaba.

Lástima para ella que a Terry no le importara en lo más mínimo su opinión. Viéndola con su habitual socarronería, él no dejó que lo que ella le decía afectara en lo más mínimo su apuesto rostro en su inamovible indiferencia.

—Este hombre no pierde oportunidad para sacarme de quicio cada vez que puede. ¡Goza molestándome! — gritó nuevamente sin controlar su temperamento, mucho más viéndolo a él tan tranquilo sin mostrar nada de vergüenza, mientras ella parecía a punto de explotar de cólera. —¡Nos vamos de aquí, hija!

Susana, que se había quedado calladita sólo observando la interacción entre su madre y Terry, se sobresaltó con esa última exclamación, pero no pudo ni contestar por lo sorprendida que estaba ante la conversación y la abierta antipatía que claramente existía entre ellos.

Su madre tomó su silencio como una aceptación a su pedido, y caminando con sus acostumbrados aires de grandeza, no tomó mucho tiempo en arrastrar a su hija en su silla de ruedas hasta la salida. Sin decir nada, Susana le lanzó una última mirada dolida a Terry antes de salir de la estancia, dejándose guiar por su madre. Los gritos de la señora Marlowe se escucharon hasta que hubo salido de la casa y sólo en ese instante, Candy finalmente pudo liberar el aire que había estado conteniendo.

En un acto reflejo, ella observó a Terry, esperando ver alguna reacción de su parte ante todo lo ocurrido hace instantes. No entendía cómo él había podido soportar toda esa conversación con esa fachada de indiferencia y despreocupación, manteniéndose perfectamente inamovible hasta el final en el que había resultado vencedor en toda esa lucha de palabras.

Terrence podía resultar muy ingenioso cuando se trataba de responder con sarcasmo y tal vez un poco de impertinencia hacia aquellos que le inspiraban molestia. Ella no podía negar que era admirable esa forma en que la mente de él trabajaba con tanta agilidad, y tampoco dejaba de ser desconcertante en cierta manera, pues dejaba traslucir la idea de que Terry, para tener tan bien marcada esa habilidad, debía estar muy acostumbrado a este tipo de enfrentamientos. Eso, ciertamente, no la tranquilizaba en absoluto.

No pudiendo permanecer más tiempo callada desde que las Marlowe se fueron, Candy inició conversación.

—¿Siempre es así tu relación con Susana? — preguntó ella sin dejar de observar fijamente su perfil, buscando de alguna forma la respuesta a esa pregunta en las atractivas facciones del castaño.

—Esto no es sólo entre Susana y yo. —contestó Terry con la voz ronca, sintiendo la mirada de Candy, pero sin poder desenfocar sus propios ojos de la puerta por donde se habían ido esas mujeres.

Aunque no entendía verdaderamente la razón, lo cierto era que no quería ver la lástima que seguramente ella le estaba dirigiendo después de observarlo en esta situación, eso no podía soportarlo.

—Esta es una relación entre Susana, su madre y yo. — alegó con una aparente frialdad que nada pudo para engañar a su pecosa.

Los ojos de Candy se nublaron instintivamente al percibir la melancolía tan claramente reflejada en la profunda voz del castaño.

—Creo que de eso me ya he dado cuenta, pero… por favor, dímelo… — su voz tembló en su ruego, tragando el nudo que se quería formar en su garganta. —… ¿siempre es así?

—No. — replicó Terry con aire ausente sin dejar de mirar la puerta. —Es mucho peor. Esas dos mujeres prueban mi paciencia con creces todos los días. ¿Y sabes qué es lo más curioso, Pecas?

Volteando su cuello para finalmente enfocar su mirada azul verdoso en Candy, le confirmó con una pequeña sonrisa triste:

—Que en todos estos años he aprendido a jugar con la paciencia de ellas, también.

Liberando un profundo suspiro, Terry no parecía muy orgulloso de ese logro que decía tener.

—Aunque en estos últimos meses toda esta situación se ha vuelto prácticamente insostenible, ya no podemos seguir ocultando la verdad. — viéndola con gran tristeza, le añadió. —Entre los tres nos odiamos a nuestra manera, y sí, este es mi castigo.

"El castigo que tengo que pagar cada día por haberte dejado ir." — pensó esto último sólo para sí mismo, ya no pudiendo sostener más las mentiras y apariencias en que se había vuelto su vida.

¿Cómo no sentirse cansado si día a día era lo mismo? Soportar estas constantes peleas, fingir indiferencia y luego aparentar antes los demás como si nada hubiera pasado. Todo ello era una prueba continua, y francamente, había llegado a un punto en que ya no podía soportarlo más tiempo. Sin poder evitarlo, se sumió en sus propios y melancólicos pensamientos, desviando su atención de su pecosa, al menos por el momento.

Candy no sabía que responder a eso, simplemente bajó la mirada, quedándose callada. Había una sensación que le estaba inquietando bastante en su interior, no podía entenderlo ni explicarlo, pero estaba ahí: presente, inamovible e incapaz de marcharse.

Todo esto que estaba viviendo muy bien podría ser un día normal en la vida de Terry, y ese solo pensamiento la llenó de un miedo tan inconfundible, un temor tan profundo y abrumador que le quitó el aliento. Esta no era la vida que ella creía que él tenía… ¡Dios!... esta no era la vida que ella QUERÍA que él tuviera.

Ahora ella lo entendía por fin, Candy había descubierto que había algo más en la vida que le causaba más temor que ver a Terry enamorado de otra. De la peor manera, el más grande de sus temores se había manifestado a ella hoy, y es que finalmente entendía que lo que más temía era la certeza de saber que Terry no llevaba una vida feliz.

Y esa realización le chocó… le chocó duramente… la abrió ante una nueva realidad, o mejor dicho ante una verdad que no había aceptado todavía.

Tal vez una inquietante posibilidad… quizás lo que verdaderamente estaba pasando…

"¡Oh, Dios mío! ¿Acaso podrá ser?"— se preguntó a sí misma, dejando de respirar y sintiendo su corazón acelerándose tan sólo por saber si lo que pensaba podría ser cierto. —"¿Y si esto en verdad no es un sueño?... ¿Y si esto es real?"

Aún sin aliento, Candy se descubrió a sí misma no deseando saber la respuesta a esa pregunta.

Continuará…

o-o-o

"Las palabras no esperan el momento perfecto, crean sus propios momentos perfectos convirtiendo los instantes más ordinarios en segundos especiales."

Espero haber hecho especiales estos momentos dedicados a mi historia.

Gracias por leer.

. . . . . .

By: Sundarcy


NOTAS DE LA AUTORA:

Primeramente... ¡Feliz Año 2025! Espero que este nuevo año les traiga alegría, salud, y muchos momentos felices. Aunque sea a la distancia, les deseo un nuevo año lleno de sueños cumplidos y nuevas aventuras. ;-)

Bueno, aquí les traigo un nuevo capítulo en el que vuelve a entrar en escena Susana. :'( Sé que a muchas no les agradara que apareciera, pero tristemente era necesario para la trama. Sin embargo, no se preocupen porque les aseguro que al final no se saldrá con la suya.

Gracias a todas las maravillosas lectoras, que me dejaron un review y que están siguiendo este fanfic. Es encantador leer mensajes tan bonitos, y sobretodo saber que les esté gustando esta historia. Estaré dando respuesta en la sección de los comentarios a cada uno de los mensajes que dejaron por ese medio. Por tomarse el tiempo para expresarme su opinión, no puedo menos que tomarme también el tiempo para responderles.

A todas las nuevas lectores que están acompañando este fanfic, también muchas gracias. De verdad, me inspiran a seguir mejorando, y aunque sé que no soy una experta, me motiva siempre a dar mucho más de mí. Sinceramente, gracias infinitas a todas ustedes. Vuelvo pronto con el siguiente capítulo.

Les deseo mucha suerte esta semana. ¡Bendiciones para todas!

Sunny =P

04/01/2025