Apuramos al máximo nuestros días en Los Ángeles visitando Malibú, dando una vuelta en el coche favorito de Edward, quedando con sus amigos y comiendo toda esa comida basura que él tanto ha echado de menos.
Después de Los Ángeles viajamos a Londres.
Pese a que a mi madre no le gustó enterarse por la tele de que su única hija se casaba, estaba feliz por nosotros. Mi padre estaba un poco más reticente y era algo que no entendía.
-No has dicho nada de la boda, ni bueno ni malo- le comento un día volviendo de la compra.
Mi madre y Edward están guardando las cosas en la cocina mientras nosotros sacamos las bolsas restantes del maletero.
-¿Qué quieres que diga Bella?- se encoge de hombros.
-Que te alegras por nosotros, no sé-
-¿Es eso lo quieres que diga?
Frunzo el ceño.
-¿A qué te refieres?- frunzo el ceño.
-Me refiero a que ya te casaste una vez y me alegré por ti, te llevé al altar pensando que era lo que te hacía feliz y me equivoqué. No quiero equivocarme más contigo, ¿te casas porque eres feliz o sientes algún tipo de presión para hacerlo, o…?
-Me caso porque soy feliz, estoy enamorada del que será mi marido y tiene sentido hacerlo porque tenemos muchos planes a largo plazo. Planeo estar con él para siempre- le aclaro sonriente.
-Entonces me alegro por ti- me sonríe y me da un abrazo- enhorabuena hija, espero que seáis muy felices.
-Ya lo somos- le aclaro.
-Sí, ya lo veo- me dice rompiendo el abrazo con una sonrisa.
-Pero me tienes que hacer un favor- le pido-
Él asiente.
-Necesito que controles a mamá, esta boda es muy importante para nosotros y la vamos a organizar solo los dos. Va a ser solo nuestra. Recuerdo que la otra vez tomó muchas decisiones y en ese momento no me importó, pero ahora sí me importa, quiero decidir todo solo con Edward.
Mi padre se ríe y asiente.
-Muy bien, controlaré a tu madre. Le quitaré el pasaporte para asegurarnos de que no se plante en vuestra casa- me asegura.
Ambos nos reímos y volvemos al interior.
Cenamos con mis amigas para darles la noticia aunque no fuimos los únicos que teníamos algo que anunciar.
-¿En serio Bella? ¿Otra vez vas a hacerme lo mismo?- me pregunta Rose seria.
Miro a Edward confusa. No sé de qué habla.
-No hace falta que me hagas regalo de nuevo ni nada de eso- me adelanto a aclarar.
-Me refiero a que ¿por qué siempre te tienes que casar cuando yo estoy embarazada? ¿Por qué siempre tengo que ser la ballena de las fotos de tu boda?
-¿Estás embarazada?- pregunto emocionada.
-Está embarazada- afirma Emmet sonriente besando a su mujer y tocándole el abdomen.
Nos levantamos a darles la enhorabuena.
-Otra vez voy a ser la amiga que se queda sentada bebiendo refresco en tu despedida de soltera.
-¡Ay sí la despedida!- expresa Victoria emocionada- ¿qué quieres hacer esta vez?
-Nada- sonrío poniendo la mano en la rodilla de mi prometido.
-Di lo que quieres hacer o si no lo planeamos nosotras.
-No quiero hacer nada de verdad- confieso sinceramente- no estoy desesperada sintiendo que se me acaba el tiempo y me van a cortar las alas. Abrazo con felicidad el cambiar mi estado civil. Además no tengo tiempo para despedidas, tenemos muchísimo trabajo antes de la boda.
-Cariño puedes tener tiempo para pasar un finde con tus amigas antes de la boda- me ofrece Edward.
-Claro, ¿qué finde no estás en casa Edward? Ese día stripper, cocteles y desfase en Ibiza- estipula Victoria.
Me río y niego.
-No vas a meter a un tío desnudo a mi casa- se queja Edward riendo.
-No sé chicas, tal vez una comida o una cena antes de la boda pero no confirmo nada, de verdad que tengo la agenda llena. ¿Lo vemos más adelante?
En el avión de vuelta a Ibiza, me apoyo sobre el pecho de Edward queriendo descansar.
Al final llevamos tres semanas sin parar y la cosa no tiene pinta de mejorar próximamente.
-¿Por qué no quieres despedida de soltera?
-¿Tú sí la quieres?
Él se encoge de hombros.
-Me da igual.
-Lo primero es el tiempo, estamos muy ajustados y después es que… no le veo sentido a hacer una fiesta despidiendo mi soltería.
-No quiero que el trabajo te quite la posibilidad de celebrar tus últimos días de soltera con tus amigas.
Me río y niego.
-Mis amigas seguirán ahí cuando yo ya no esté soltera, espero.
Edward se ríe de mi comentario.
-Mis amigos querrán hacerme algo seguro- me informa él.
-Que yo no quiera no significa que tú tengas que quedarte sin ella. Salvo que incluya una stripper sentada entre tus piernas con las tetas al aire, entonces igual sí tengo algo que decir.
Edward se ríe y niega.
-¿Te imaginas a Alice dejando a Jasper contratar una stripper?
Niego.
No es su estilo la verdad.
-Supongo que será más una cena y una noche de copas.
Cuando atravesamos por fin la puerta de nuestra casa no dudamos en coger los bártulos de la playa e ir a cala Olivera a descansar. Desconectar del gentío del que hemos estado rodeados estas semanas y volver a ser solo nosotros dos.
A partir de ese momento todo se volvió un poco trepidante.
Tuvimos muchas reuniones con promotores de diferentes eventos que querían contar con Edward, Garret vino a Ibiza dos semanas también para preparar el verano y ver en qué viajes iría él y en cuáles yo. Me iba a resultar muy raro no viajar con Edward.
Al mismo tiempo buscábamos villas donde celebrar la boda y nos reuníamos con el arquitecto y los constructores para supervisar las obras de nuestra casa.
Mayo comenzó con la reapertura de Ushuaïa y HÏ así que los lunes y los jueves estaban ocupados.
Pronto comenzamos a viajar cada semana y aunque era feliz con mi trabajo y este ritmo de vida, empezaba a sentirme algo agobiada. Sentía que no llegaba a todo, que estaba organizando mal la boda, que estaba dejando pasar plazos en el trabajo y hacía casi un mes que no visitaba las obras de nuestra casa.
Había vuelto a perder peso y vivía con un jet lag permanente.
Sabía que tenía que soltar algo pero lo sentía como un fracaso.
-No podemos con todo- le digo a Edward una noche en la piscina.
-Estaba esperando a que me lo dijeras-
-¿Tú también lo sientes?
-Siento que estoy abarcando demasiado y no profundizo en nada. Hace más de un mes que no hago un tema nuevo y eso que tengo lista de espera para hacer colaboraciones.
-¿Qué soltamos? ¿La boda, la casa o el trabajo?- propongo.
Edward se encoge de hombros, porque en realidad no podemos soltar nada.
-Tal vez deberíamos contratar a una wedding planner- propone.
-Pero queríamos prepararlo nosotros- le recuerdo no estando de acuerdo.
-Y así va a ser, pero en vez de buscar fincas en la isla que hagan bodas pues esa persona nos lo busca y nosotros solo vamos a visitarla y decidimos. La decisión final seguirá siendo nuestra.
-¿Y si no conoce las fincas buenas?- le digo.
Él se echa a reír.
-Nena, es su trabajo. Tienes que dejar un poco de lado ese perfeccionismo tan exigente- me recomienda.
-Vale- acepto de mala gana.
-Es solo una idea cariño, podemos seguir encargándonos nosotros de todo pero entonces tal vez habría que retrasar la fecha porque sinceramente, no llegamos a tiempo para septiembre.
-No, eso no- afirmo contundente.
-Yo tampoco quiero retrasar a fecha- dice de acuerdo conmigo- mañana podemos ver wedding planners de Ibiza.
Asiento.
A los pocos días conocimos a Carmen, una mujer nacida y criada en Ibiza que lleva más de 30 años organizando bodas. Más que una wedding planner es como una madre que nos recomienda cosas para la boda.
Teníamos claro que queríamos una finca con vegetación y vistas al mar, que preferiblemente estuviera en la costa oeste para que nuestros invitados fueran testigos de la puesta de sol. Eso sí, no queríamos una boda en la playa, nada de arena en los zapatos.
Visitamos tres fincas y la tercera fue la definitiva. Con vistas a Es Vedrá y amplio jardín. Elegir el menú fue más sencillo de lo que pensábamos porque ambos queríamos platos mediterráneos, con pescado y carne de la isla, marisco y frutas locales.
A finales de junio celebramos el cumpleaños de Edward en Los Ángeles donde solo hicimos una visita exprés porque teníamos que viajar a Japón. Edward tenía tres actuaciones allí y era un mercado que no habíamos explorado aún así que le había concertado bastantes entrevistas, lo que nos retendría en el país nipón unos diez días aproximadamente.
-Creo que no voy a poder acompañarte al set- le digo metiéndome de nuevo en la cama del hotel en Tokio.
-¿Sigues cansada del jet lag?
Sonrío porque ya no sé qué es el jet lag, directamente había olvidado lo que era vivir sin jet lag y ya no tenía unos horarios de referencia.
-Me duele la cabeza y un poco el estómago, me siento un poco rara-
Edward se acerca hasta mí y pone su mano en mi abdomen haciendo círculos.
-Te dije que no pusieras wasabi en los niguiris- me recuerda.
Me río porque es cierto, me pasé con el picante anoche y ahora lo estoy pagando.
-¿Te importa si no te acompaño?- le pido poniendo mi mano encima de la suya.
-No, de hecho te pido que no me acompañes. Descansa- me dice besándome y poniéndose de pie.
-Por esto es buena idea que Garret viaje con nosotros también.
Hace unas semanas le había comentado que en algunas ocasiones sería recomendable que viajásemos los tres, sobre todo cuando se trataba de shows importantes. Edward me dijo que por ahora no, Garret estaba muy ocupado haciendo de padre y tenerle aquí a él nos iba a cortar la intimidad en la que nos metíamos después de cada show. Cuando el set acababa dejábamos de lado nuestra relación laboral y solo éramos una pareja más descubriendo países.
-Si Garret hubiera estado aquí, anoche no habríamos podido salir a cenar ni tan poco podríamos haber hecho lo que hicimos- me guiña recordándome lo que ocurrió hace solo unas horas.
-¿Ir al sex shop más grande del mundo y salir con una maleta llena de juguetes?
-Y venir al hotel y probarlos- me recuerda besándome-
Me río recordando partes de la noche y asiento.
-Sé que no me vas a hacer caso pero ¿podrías pedirte algo de comer? Solo arroz o algo de verdura hervida, no estés sin comer- me advierte.
-Sí papá- le digo recostándome por completo en la cama y cubriéndome con las mantas.
Edward me deja sola en la habitación y veo su actuación en directo desde la tablet sin salir de la cama. A medida que las horas avanzan comienzo a sentir más dolores y ahora sé que no es por el wasabi si no por la regla. Son cólicos menstruales.
Otro aspecto que se ha visto alterado en mi vida ha sido precisamente la menstruación, llevo meses con ella alterada, se retrasa, me duele más de lo habitual, a veces sangro de forma abundante, otras muy poco…
Me tomo un ibuprofeno que me alivia los síntomas y cuando Edward regresa eufórico me encuentro mucho mejor.
A la mañana siguiente viajamos hasta Osaka donde dedicamos la mañana a hacer turismo y Victoria me manda una foto de un escaparate de vestidos de novia en Londres.
Sonrío porque no es para nada mi estilo.
Dime que no es maravilloso Me escribe
Lo será para alguien pero para mí no. ¿Cómo voy a casarme con eso?
¿Mejor este?
Entonces recibo una foto de otro vestido completamente diferente y demasiado atrevido.
Me tendría que casar sin bragas para poder llevar ese vestido tan ajustado y transparente
¿Y cuál es el problema? Tu próximo marido ya te ha visto sin bragas muchas veces. Salvo que no hayas calculado bien los tiempos y vayas a tener la regla el día de tu boda. ¿Has calculado los tiempos no?
Mmmm no
¡Bella!
Tampoco es que mi regla sea muy regular, no me va a servir de mucho.
Pues cerciórate, ¿te toca o no te toca?
Salgo del whatsapp y voy a la aplicación donde apunto mis periodos. Voy hasta septiembre pero la app no me indica en qué fechas de ese mes tendré la regla, suponiendo que me venga de forma regular. Me extraño porque la aplicación te da un pronóstico de cuatro meses vista y para la boda faltan solo dos.
Me doy cuenta de que no he apuntado mis últimos ciclos, ni los de junio, ni los de mayo.
Hago memoria de la última vez que tuve la regla, recuerdo ir al baño de Ushuaïa a cambiarme el tampón. Eso fue tal vez la segunda o tercera semana de mayo y estamos a 10 de julio.
Dos meses de retraso.
Es demasiado incluso para mí.
No puedo seguir haciendo cálculos porque Edward vuelve a mi lado con unos sándwiches de huevo de la tienda de conveniencia que tenemos tras nosotros. Continuamos la excursión por Osaka pero mi mente está preocupada buscando explicaciones sobre causas justificadas por las que mi regla se ha retrasado casi 60 días.
Evitando pensar en la más obvia claro.
Cuando regresamos al hotel le digo a mi novio que tengo que contestar unos emails mientras él hace las maletas de ambos. Tras el set de esta noche salimos para Kioto, donde él tendrá su tercera y última actuación.
Accedo a mi cuenta personal de Gmail y busco emails antiguos, concretamente recuerdo que me enviaron un email de confirmación de cita hace muchos años cuando me coloqué el DIU.
Tardo más de lo que creía en encontrarlo y cuando veo la fecha de marzo de 2017 intento hacer memoria sobre la marca del dispositivo que llevo puesto.
No estoy segura así que busco información genérica en internet y veo que los DIU tienen diferentes vidas útiles. Algunos tres años, otros cinco y otros diez.
Estoy convencida de que el mío no es de diez años.
¿Pero entre tres y cinco? No lo recuerdo, aún siendo de cinco años debería haberle cambiado hace meses.
Me doy golpes mentalmente por ser tan despistada y descuidada.
Aún me aferro a la esperanza de equivocarme, principalmente porque ayer sentí cólicos menstruales y aunque aún no he sangrado es síntoma inequívoco de que me va a venir la regla.
Esto es una llamada de atención para ser más consciente de mi cuerpo.
Intento ocultar mi preocupación a Edward pero me conoce bien, sé que sabe que me pasa algo, que me preocupa algo pero agradezco que no me diga nada.
En el viaje a Kioto me quedo dormida sobre el hombro de mi novio y cuando me levanto y voy al baño no puedo evitar frustrarme al ver el papel limpio tras limpiarme.
Nuestro hotel es impresionante y la habitación es simplemente fantástica. Tenemos una cama enorme que nos invita a meternos en ella según atravesamos la puerta.
-¿Has visto el baño? Tiene vistas al estanque y al jardín lleno de cerezos- me pregunta él dando una vuelta de reconocimiento por la habitación.
-Ahora voy, quiero darme una ducha- le respondo sonriendo mientras cuelgo un vestido en una percha y lo meto al armario.
-Yo también tengo que ducharme- me dice volviendo a entrar al baño y encendiendo el agua.
Continúo deshaciendo la maleta hasta que Edward me llama desde el interior del baño.
Entro cerrando la puerta tras de mí y me detengo observándole completamente desnudo, con los ojos cerrados y dejando que el agua caiga directamente a su cara.
Me desnudo y me meto en la cabina de cristal junto a él.
-Quiero una de estas en casa- me dice refiriéndose a la ducha cuando cierro la puerta tras de mí.
-Me parece bien- le digo echándome jabón en las manos y comenzando a frotar su espalda.
Yo froto su cuerpo de forma eficaz y casta pero sus manos agarran las mías que frotaban su abdomen desde atrás y las lleva a su pene.
Sonrío y beso su espalda mientras le acaricio lentamente.
Oigo su respiración irregular mientras le toco y entonces se gira besándome.
Sus labios descienden por mi cuello, mis pechos, mi abdomen y justo debajo de mi ombligo. Cuando le siento ahí y bajo la vista me bloqueo.
Mi cuerpo se enfría porque ese gesto que siempre ha tenido una connotación erótica ahora ya no lo tiene.
Que me bese en la parte inferior de mi abdomen se siente como algo demasiado íntimo y demasiado… puro como para teñirlo de erotismo.
-Lo siento, no me apetece- le digo apartándome un poco de él.
Sube la mirada divertido mirándome.
-No es verdad- discute.
-Lo es. No me apetece sexo pero puedo ayudarte a ti- le digo mirando su pene que continúa erecto.
-¿Ayudarme?- se ríe poniéndose en pie.
-Sí- digo tocándole de nuevo.
-No es necesario- me dice apartando mis manos.
Un gesto que en otra ocasión se habría sentido como un rechazo y ahora lo agradezco.
-Perdón- digo besándole.
-No pasa nada, solo que pensé que a los dos nos apetecía.
-Lo hacía pero… luego no- le explico sin más y sin hacer contacto visual.
¿Cómo se explica que he perdido el deseo al sentir sus labios en el lugar exacto donde quizás esté nuestro bebé?
Me besa y se aleja de mí para terminar de retirarse el jabón.
Cuando salimos de la ducha no tenemos mucho tiempo para vestirnos, comer e irnos a hacer un par de entrevistas.
También aprovechamos para hacer un pequeño tour por el centro de Kioto y visitar el escenario donde Edward pincha mañana.
Caemos rendidos en la cama al volver al hotel y a la mañana siguiente me cuesta mucho levantarme, estoy agotada física y mentalmente.
Edward baja al gimnasio del hotel y cuando vuelve me encuentra dormida otra vez.
-Eh- me despierta con cuidado.
-Me he quedado dormida de nuevo.
Él asiente.
-He pedido el desayuno, voy a ducharme mientras lo suben- me informa.
Asiento y bostezo incorporándome en la cama.
Entro al baño a hacer pis y cuando me limpio en mi cabeza solo hay una frase:
''Sangra, sangra, sangra''
Pero no hay ni un pequeño rastro de sangre sobre el papel blanco.
Suspiro y tiro de la cadena saliendo del baño y dejando a Edward ducharse.
Me pongo un albornoz para abrir la puerta cuando oigo como llaman y meten un carrito con demasiada comida a la habitación.
Edward está secándose con una toalla cuando abro uno de los recipientes y veo una tortilla francesa demasiado cruda. Se aprecia sin problema el huevo líquido alrededor. Lo tapo con el estómago revuelto y abro otro recipiente para ver pescado a la plancha, salmón creo. Pero tiene un olor demasiado fuerte y termina de revolverme el estómago del todo.
La primera arcada me pilla de sorpresa pero a la segunda ya estoy con la cabeza metida en el váter.
Es breve porque anoche no cené mucho y en cuanto expulso la poca comida que hay en mi cuerpo me encuentro bien de nuevo.
-¿Qué te pasa?- me dice Edward tocándome la espalda mientras me lavo los dientes- ¿continúas con el estómago mal?
-No, estoy bien, pero ese desayuno es asqueroso. La tortilla con el huevo crudo y el salmón a estas horas, ¿quién desayuna pescado?
Edward se ríe.
-Pensé que te gustaría probar el desayuno tradicional.
-Quiero mi latte y mi tostada de aguacate- le digo pasando los brazos por su cuello y acercándome a él.
Él vuelve a reír y asiente.
-Muy bien, ve duchándote mientras pido que traigan otra cosa anda.
-Gracias- le digo besándole y metiéndome a la ducha.
Cuando salgo a la habitación hay un carro de comida pero esta vez con cosas mucho más occidentales.
-Guárdame el secreto si te digo que es el mejor croissant que he comido nunca- le digo terminándome el bollo crujiente y calentito.
-De acuerdo, nadie sabrá nunca que comiste el mejor croissant del mundo en Japón pese a haber vivido en Francia.
Ambos nos reímos y pasamos a comentar aspectos laborales.
Cuando llegamos a la localización donde tiene lugar el set, he de reconocer que los japoneses saben montárselo muy bien. El escenario es simplemente impresionante y las luces y pantallas son de última generación. Ni si quiera el escenario de Tomorrowland se le comprara.
Como siempre antes de que llegue la hora de su actuación reservamos 20 minutos en el camerino solo para nosotros.
-Abramos el Moët- dice cogiendo la botella del botellero lleno de hielos que han dejado a nuestra disposición.
Descorcha la botella y sirve un poco en dos copas.
-Brindemos- me dice dándome una.
-¿Por qué motivo?- sonrío.
-Por tu acertada decisión a la hora de elegir estos shows. Japón no estaba en nuestros planes y ha sido todo un éxito- me explica chocando los cristales.
-Tenía un presentimiento- le confieso sonriendo.
-Y tus presentimientos siempre son acertados- me recuerda dando un sorbo a su copa.
Llevo la mía a mis labios y registro sus palabras.
Mis presentimientos pocas veces se equivocan y llevo días presintiendo que estoy embarazada.
Este pensamiento intrusivo me deja de nuevo fría, como ayer en la ducha, me congela pensar en que estar embarazada se convierta en una realidad.
Pero no puedo negar que hay una voz en mi cabeza que me hace pensar que lo estoy.
Y si lo estoy no puedo beber alcohol.
Dejo la copa sobre la mesa donde estaba antes de que Edward la cogiera.
Levanto la mirada y le veo frunciendo el ceño.
-Es de mala educación no beber después de brindar- me dice serio.
-No quiero beber alcohol- le explico.
-¿Por qué?
Me encojo de hombros.
No me siento capaz de contarle mis sospechas, mucho menos ahora que está a punto de salir del escenario.
-¿Pasa algo? Llevas unos días un poco rara, si no te encuentras bien dímelo- me pide levantando mi barbilla con su mano.
-Estoy bien- le digo sinceramente.
-¿Entonces?- me siento arrinconada. Si me mira así no puedo no ser sincera con él.
La puerta interrumpe el momento y un miembro del staff nos indica que hay que subir al escenario.
Edward no le hace ni caso, ni si quiera aparta la mirada de mis ojos.
-Estoy bien, estoy muy bien, perfectamente- le digo besándole- vamos- le meto prisa cogiéndole de la mano y caminando detrás del chico de negro hasta el escenario.
Durante la actuación escucho su música. Bailo y disfruto. Dejo de lado los pensamientos intrusivos sobre embarazos y bebés y vuelvo a sentirme yo misma.
Cuando el set acaba con llamaradas de chispas por todas partes Edward se reúne junto a mí.
Le beso y le felicito antes de salir al coche que han dispuesto para nosotros y volver al hotel.
Siempre que termina un set y baja del escenario, la adrenalina se apodera de mí así como el deseo. Los mejores polvos los hemos echado después de que él hiciera un show.
Sus manos se mueven de mi cadera a mi abdomen.
-No me toques ahí- le digo apartando su mano de mi tripa.
Él se sorprende pero aparta su mano y la sube a mi pecho por dentro de mi chaqueta quedando oculta de los ojos del conductor.
-Voy a follarte toda la noche- me susurra contra mi oído.
Contraigo mi vagina con deseo.
Aguantamos las ganas de tocarnos hasta que bajamos del coche y cuando subimos a la habitación la ropa desaparece.
Su boca me lame los pezones y sus manos me aprietan el pecho.
-Cómeme el coño- le pido presionando su cabeza para que baje de mis pechos.
-Espera- dice antes de meterse mi otra teta en su boca.
-¿Qué te pasa con mis pechos?
Me gusta que me acaricie los pezones con la lengua pero no es algo que me vuelva loca.
-Es que hoy están más llenos, más grandes- me explica al tiempo que introduce un dedo en mi interior- estás muy mojada.
-Fóllame- le pido moviendo mi cadera.
-Lo estoy haciendo- se ríe.
-Con tu polla. ¡Venga vamos!- le meto prisa.
Edward se ríe y nos gira sentándose en la cama y bajándome sobre él para introducirse por completo en mí.
Gimo de placer cerrando los ojos al tiempo que empiezo a moverme de arriba abajo sobre él.
-Así nena, así. Joder- me dice siseando.
Salto en su regazo haciendo que el choque de nuestra piel inunde toda la habitación.
-Voy a correrme- me advierte- voy a correrme dentro de ti, voy a llenarte con mi leche hasta el útero- me anticipa.
Son palabras que normalmente me ponen más cachonda y ayudan a que me corra, pero no esta vez.
Sus palabras son como un cubo de agua fría.
Paro mis movimientos y abro los ojos mirándole.
-¿Qué pasa?- me dice.
-¿Por qué has tenido que decir eso?
-Te lo digo muchas veces. Te gusta pensar que te lleno por dentro- me recuerda moviendo sus caderas.
-Pues hoy no- le digo bajándome de su regazo y haciendo que salga de mi interior.
-Bella- me llama riendo- ¿pero qué mosca te ha picado?
-¿Por qué tienes que hablar de mi útero?
Me mira frunciendo el ceño.
-¿Por qué no debo hacerlo?- me pregunta enfadado y poniéndose en pie- respóndeme Bella. ¿Por qué de repente has cambiado las normas del juego? Llevas días rechazándome, no solo en el sexo si no… en todo. Si te has cansado de esto, dímelo- me pide mirándome con dureza y miedo al mismo tiempo.
-No me he cansado de nada- le aseguro poniéndome de pie y yendo hasta él.
-¿Pues entonces qué pasa? Estás distante y te lo noto, estás distraída.
-Lo siento- le aseguro bajando la mirada.
-No lo sientas, solo dime qué ocurre para poderte ayudar. ¿Estás agobiada por el trabajo? ¿Te sigues sintiendo mal? ¿Necesitas un respiro de mí?
No le contesto pero me le quedo mirando fijamente.
Tengo que decírselo pero no encuentro las palabras y me da tanto pavor poner en voz alta mis sospechas…
-Es la boda- dice él como si hubiera dado en el blanco- no quieres casarte. Llevas rara desde que dijimos que sí a la finca. No tenemos que casarnos si no quieres, con estar contigo me vale, sin papeles- me asegura poniéndome las manos sobre los hombros.
-Quiero casarme contigo, lo deseo con todas mis fuerzas- le aseguro.
-¿Entonces Bella?
Suspiro y me alejo un poco de él poniéndome el mismo albornoz que esta mañana. Camino hasta la luz y la enciendo.
Él aprovecha para volver a ponerse los calzoncillos que hemos dejado tirados al entrar.
Vuelvo a suspirar y me siento en la cama.
-Tengo razones para creer que estoy embarazada- confieso por fin.
Su cara es indescriptible. Sus ojos no pestañean y sus labios levemente separados no se mueven. Se ha quedado de piedra.
-Di algo- le pido desesperada cuando pasan los segundos y sigue sin moverse.
Él se pasa la mano por la cara y niega.
-¿Por qué crees que estás embarazada?-
-Tengo un retraso de dos meses.
Ahora sus ojos sí que se abren desmesuradamente.
-¿Y me lo dices ahora?- me reclama.
-Me he dado cuenta hace tres días- me defiendo- mis reglas han vuelto a desregularse y no había pensado en ello hasta que Victoria me preguntó si he cuadrado la fecha de la boda con mi ciclo menstrual.
-¿Hace cuánto se te ha desregulado la regla?
-Unos meses. Desde enero o así.
-Desde que volvimos a viajar con asiduidad- estipula.
Asiento porque es el motivo principal por el que yo he pensado que mi regla ha cambiado.
-¿Por qué esta vez es diferente?- pregunta.
Me río sin gracia.
-Porque son dos meses de retraso, no dos semanas. Y porque…
-¿Qué?- pregunta cruzándose de brazos.
-Debería haberme cambiado el DIU hace meses o tal vez años- confieso sintiéndome muy culpable.
-No me jodas Bella- expresa comenzando a caminar por la habitación vistiéndose enfadado- me aseguraste que estábamos cubiertos.
-Y así era.
-¿Cómo no me lo dijiste? ¿Cómo se te ha olvidado el vencimiento de una cosa así?
-No lo sé- le respondo enfadada yo también. Esto no es solo cosa mía- ¿cómo se me habrá pasado la caducidad de algo que no veo, no siento y no toco? ¿Cómo es posible si no hago nada más en la vida? Si me paso los días tranquila en casa, sin ninguna otra preocupación- le respondo con ironía.
Edward me mira arrepentido.
-Sabes que estoy hasta arriba de cosas. No ha sido un simple despiste, es que no doy para más- le digo asustada.
-Has vomitado esta mañana por el olor del pescado- dice él uniendo cabos.
Asiento.
-Y tengo los pechos hinchados, tú mismo lo has notado.
Una mano sube a sus ojos tapándoselos y comienza a negar.
-Tal vez esté equivocada- le miento.
-¿Tú crees?- pregunta irónico.
Miro hacia el exterior, hacia la tranquilidad del estanque de noche.
-¿La verdad?- pregunto ignorando su tono.
Él asiente.
-Llevo días intentando convencerme de que puede ser otra cosa y en realidad puede serlo, puede ser un simple virus o el propio estrés pero dentro de mí tengo el presentimiento de que mi cuerpo alberga un bebé- confieso.
-Y tus presentimientos pocas veces se equivocan- determina terminando de vestirse.
-Edward- le llamo tocándole el brazo.
-Un retraso, relaciones sexuales con un método anticonceptivo que no funciona, vómitos por la mañana y aumento del tamaño de los pechos. Sería un milagro que no estuvieras embarazada- resume caminando hasta la puerta de la suite.
Veo como la abre y se va.
-¡Edward!- le grito cuando cierra la puerta.
¿A dónde va?
¿Cómo se le ocurre irse así en medio de esta conversación?
Puedo entender que le hay pillado de sorpresa, que no se lo espere y que esté contrariado pero nada de eso justifica que abandone.
Estoy enfadada y asustada.
De repente todo ha cambiado.
¿Qué voy a hacer si estoy embarazada?
¿Cómo voy a continuar con mi trabajo con un bebé?
¿Puedo ser madre? ¿Sabré ser madre?
¿Edward querrá ser padre?
No puedo imaginarme un momento peor para quedarme embarazada.
.
.
.
Ups.
¿Qué creéis que le pasa a Bella? ¿Está embarazada o es otra cosa? Y si al final resulta que sí lo está, ¿es la reacción de Edward adecuada?
Esperando leer vuestras opiniones y predicciones en las reviews.
Muchas gracias por todos los mensajes que recibí en el capítulo anterior. De verdad que es muy importante para las escritoras sentir que hay alguien detrás que nos lee, que nuestro tiempo sirve para algo y que nuestro trabajo tiene un destinatario.
Sé que Fanfiction no está actualizando las historias y no muestra los capítulos. Solo espero que podáis leer este y que si tenéis problemas me lo hagáis saber. Si no os deja leer probad a cambiar el navegador o con la app. Son todas las soluciones que os puedo ofrecer. Si no podéis dejar review, podéis poner vuestras impresiones en el grupo de Facebook, lo importante para mí es recibir feedback.
¡Nos leemos!
