Sigo sentada en la cama rumiando mis pensamientos cuando la puerta se abre de nuevo y Edward entra.
-¿Así es como enfrentamos las cosas? ¿Cómo se te ocurre largarte? ¡Yo tampoco quería este bebé! ¡Yo también estoy asustada pero no huyo!- le grito poniéndome en pie.
-Nadie está huyendo, todo lo contrario, estoy enfrentando el problema- me dice pasándome una bolsa de papel.
Frunzo el ceño pero la cojo y miro el interior.
Hay dos cajas con test de embarazo.
Cuando veo la foto de los bebés en la caja me doy cuenta de que esto es real. Existe una posibilidad muy real de que esté embarazada y de que dentro de unos meses tenga un bebé como el de la caja en mis brazos. Toda la tensión que llevo guardándome estos días abandona mi cuerpo en forma de lágrimas.
Lloro de forma incontrolable.
-No llores Bella- me dice abrazándome.
Pero continúo llorando entre sus brazos unos minutos más porque simplemente no me puedo enfrentar a esta realidad.
-Estoy asustada- le confieso entre lágrimas.
-Y yo, muchísimo- me dice igualmente- no esperaba esto, no esperaba ser padre ahora, quería volver a los escenarios este verano tras la pandemia, quería ser tu marido. Eso era todo lo que estaba en mis planes, no pensaba en bebés y la verdad no se me ocurre peor momento que este. Estamos hasta arriba entre trabajo, boda y casa, tengo miedo de no poder con todo.
-¿Y si el test sale positivo? ¿Cómo nos vamos a organizar?
Él suspira.
-No lo sé Bella, no lo sé. No sé qué podríamos cancelar, algunos festivales o algo así. Quizás aplazar la boda, ¿de cuánto puedes estar?
Me encojo de hombros.
-¿Casi dos meses? No lo sé.
-Si te quedaste embarazada en mayo nacerá en enero- calcula.
Nos quedamos en silencio pensando ambos en un futuro enero con un bebé en brazos.
-Estoy cabreado contigo- me confiesa separándose de mí.
-Siento no haberme acordado de cambiar el DIU- me disculpo.
Es cierto que los métodos anticonceptivos es cosa de los dos pero también es verdad que yo ya tenía el DIU cuando empecé mi relación con Edward y tan solo le dije que no era necesario usar preservativo. Debí estar más atenta a las fechas.
-No estoy enfadado por eso y siento haberte echado la culpa antes, sé que estás muy estresada y que no puedes con más. Estoy enfadado porque empezaste a sospecharlo hace días y te lo has callado para ti, tienes que contarme esas cosas, no puedes guardártelo.
-No te lo conté porque decírtelo lo haría real y no estoy preparada para ser madre- confieso volviendo a llorar.
-Nadie lo está cariño, aprendes cuando ya lo eres.
-No es verdad, Rosalie leyó cientos de libros e hizo cursos antes incluso de quedarse embarazada. Ella se preparó para ser madre porque ha querido serlo toda su vida pero yo no. No sé si puedo ser madre Edward, la responsabilidad de crear un ser humano, hacerle persona… no me veo capaz- confieso sinceramente.
Él frunce el ceño mirándome.
-Varias cosas. Lo primero es que yo también pensaba que los niños se tenían cuando se querían tener, todos mis amigos han sido padres cuando ambos miembros de la pareja han querido serlo, así que nunca me he imaginado en esta posición porque pensé que si algún día era padre sería planeado. Lo segundo es que esa responsabilidad será compartida, vamos a crear juntos a una persona, tú eres mi prioridad y si aquí hay un bebé- me dice poniendo su mano en mi abdomen bajo- él o ella será lo primero para mí junto a ti, y tercero; si no quieres ser madre, si no es tu deseo, haremos lo que tú necesites.
Vuelvo a llorar con sus palabras y le abrazo de nuevo.
-Las embarazadas lloráis mucho- me dice acariciándome la espalda.
-No abortaría- le aseguro- y ni si quiera sabemos a ciencia cierta que esté embarazada.
-Lo estás- afirma él sonriente.
-¿Por qué lo sabes?
-Porque ahora que lo hemos hablado, además de los síntomas obvios, te ves diferente.
Me río negando.
-Siento algo aquí- me dice poniendo mi mano en su pecho- que me dice que dentro de ti llevas a nuestro hijo. Y estoy acojonado a la vez que emocionado- confiesa.
-Yo también siento que aquí está nuestro hijo- le digo moviendo nuestras manos a mi vientre.
Sonreímos mientras su pulgar envuelto en mi mano acaricia mi piel.
Edward me besa y luego hace algo que provoca que me derrita por dentro.
Se pone de rodillas y abre completamente el albornoz para besarme el abdomen bajo.
-Tú me vas a convertir en papá- le dice a nuestro hijo no nato.
Mis ojos se inundan de lágrimas que él besa.
-Vamos a dormir- me dice quitándome el albornoz completamente.
Nos metemos en la cama con mi espalda en su pecho y su mano en mi vientre.
-Eres la mejor persona que conozco, tal vez creas que no sabes ser madre pero esta noche has decidido no tomar alcohol para proteger a nuestro hijo aún sin saber si está dentro de ti, le has protegido sin saber si existía si quiera, eso hacen las buenas madres- me dice sumidos en la oscuridad.
Me giro para quedar frente a frente y soy yo la que coloca su mano donde estaba antes.
-No sé ser madre, pero te tengo a ti y tú me das la suficiente seguridad como para enfrentarme a este reto. Si voy a ser madre solo puedo serlo contigo, solo puedo visualizarme siendo la madre de tus hijos.
-Te amo tanto- me dice besándome- nunca me atreví a soñar tan alto, con encontrar una persona que me quisiera de la manera incondicional en que tú lo haces, que se convirtiera en mi compañera de vida, que compartiera mis sueños, que se casaría conmigo- se río- y que me hiciera padre.
Me río y le beso.
-Yo también te amo y nunca pensé poder querer a alguien así, quererte tanto, tanto, tanto…- le digo dándole besos.
Nos mantenemos en silencio y su toque en mi vientre me relaja hasta que me duermo.
Me despierto pronto, sobre las ocho de la mañana entre los brazos de Edward.
Me giro y le veo despierto.
Sonrío somnolienta.
-Buenos días- le digo cerrando los ojos.
-Buenos días mami- me dice sonriente.
Abro los ojos y recuerdo todo lo de anoche.
Estoy embarazada.
Me siento de golpe en la cama.
-Tranquila, más despacio- me dice sentándose conmigo en la cama.
-Lo del bebé- le digo cayendo en la cuenta.
-El bebé sigue donde anoche- me responde riendo y poniendo su mano en mi vientre.
Me besa la mejilla varias veces hasta que giro mi cara y nos besamos.
Paso una mano por su cuello acercándole a mí.
Me pone encima de él y siento su pene endureciéndose.
-Mira, esta es la que nos ha puesto en este lío. Ella puso un bebé dentro de mí- le digo acariciándola con cuidado.
Edward se ríe.
-¿Te apetece tener sexo con una embarazada?- le pregunto besándole el cuello.
Él gime.
-Una de mis fantasías sexuales es tener sexo con una embarazada. Cuando tu abdomen esté grande e hinchado y tus pechos se llenen de leche con los pezones oscuros, cuando eso pase voy a follarte todo el rato- me promete.
Me río de él.
-Rose habla maravillas del sexo embarazada, dice que lo mejor fue casi al final cuando los labios vaginales se vascularizan y se hinchan- recuerdo.
Me besa con deseo y coloca su punta en mi entrada.
-Me pone muchísimo pensar que voy a follarte embarazada.
-Mucha palabrería y poca acción- me quejo metiendo dos dedos en su boca y llevándolos húmedos a mi clítoris para darme placer.
Ambos vemos como mi mano me masturba hasta que Edward me coloca sobre la cama y pone su boca en mi entrada.
Acaricio mis pechos hinchados mientras él me hace el amor con su lengua.
Después me penetra suave y lentamente.
Nos movemos de forma armónica hasta que nos corremos.
Sin separarnos nos abrazamos en la cama y vagueamos un poco.
-He estado dando vueltas a un tema, ¿sigues teniendo el DIU puesto?
Asiento contra su pecho.
-Tienes que quitártelo, puede hacer daño al bebé- me dice serio.
Me río.
-¿Qué pasa?
-Lo has dicho con voz de padre.
-Bueno voy a serlo- se encoge de hombros.
-Sí, tienes razón. Me gustaría que me lo retirase mi ginecóloga, la misma que me lo puso, pero tiene la consulta en Londres.
-Podemos ir a Londres directamente desde aquí.
-Vale- acepto levantando la cabeza y besándole.
Nos turnamos para ducharnos, salimos fuera a desayunar y después le acompaño a un canal de radio nacional donde tiene una entrevista.
Cuando salimos damos una vuelta por el centro de Kioto y por sus templos.
-¿Estás cansada?- me pregunta acariciándome la espalda.
-No- le digo dando un sorbo a mi botella de agua.
-Llevas todo el día de pie-
-Mentira- sonrío- he estado sentada esperando fuera del estudio de radio. Unos sofás muy cómodos. No empieces a ser sobreprotector conmigo por favor.
-Vale, vale- acepta levantando las manos.
En ese momento suena mi teléfono. Es una videollamada de Garret.
Primero nos pregunta qué tal fue el show ayer y qué tal nos trata Japón.
Luego comienza a tantear nuestros planes y adivino sus intenciones.
Quiere que volvamos antes a Ibiza para hacer una fiesta privada.
Según lo propone miro a Edward. No le gusta.
-Garret, declina eso.
-¿Qué opina Bella?
-Ella opina como yo. Además vamos a revisar el calendario de este verano, voy a quitar cosas.
-¿Qué? ¿Por qué? Está todo confirmado Edward.
-Porque Bella…- le miro alzando una ceja- porque quiero estar más en casa- dice finalmente.
A Garret no le gusta pero Edward es inflexible al respecto.
Cuando colgamos le hago una petición.
-No cuentes a nadie lo del embarazo aún.
-No iba a hacerlo- me promete.
-No quiero que nos agobien. Además hemos aceptado la noticia nosotros pero todavía tenemos que hacernos a la idea y en definitiva necesito más tiempo para asumir que voy a ser madre.
-No más de siete meses- me dice riendo.
-Idiota- le digo dándole un codazo- en siete meses se me verá de aquí a la luna, como para ocultarlo.
Nos quedamos en silencio pero conozco muy bien a Edward como para saber que algo está en su cabeza.
-Quiero que bajes el ritmo de viajes- me pide.
-¿Qué?
-Lo de coger aviones todas las semanas se acabó.
-Pero es mi trabajo y me gusta estar contigo- protesto.
-Y a mí me gusta que vengas conmigo a todas partes pero no puedes exponer al niño a ese estrés. Yo viajaré con Garret o solo y te prometo cancelar todos los viajes que supongan estar fuera de casa más de unos días.
-¿No crees que debería ser mi decisión?- le pregunto seria.
-No te lo digo como jefe te lo digo como padre del bebé. No quiero exponerle a eso, quiero que si subes a un avión sea para estar tranquila, no para ir corriendo por medio de un país desconocido hasta que llegue la hora de volver a subir a un avión y volver a casa. Tenemos que bajar el ritmo.
-Yo bajaré el ritmo si tú también lo haces. Es importante para el bebé que su padre no esté estresado y pase tiempo con la madre- le digo.
-Yo bajaré el ritmo, te lo prometo.
-Vale, entonces los dos bajaremos el ritmo- acepto.
-Mandona- me dice besándome.
-Siempre- afirmo sonriendo y devolviéndole el beso.
Regresamos al hotel caminando. Edward me prepara un baño de espuma que disfruto a solas mientras él atiende una reunión por Teams con compañeros de profesión.
Cuando salgo me esparzo una crema hidratante por todo el cuerpo hecha a base de flor de cerezos que venden aquí. Acaricio mi abdomen y me pongo de perfil, sé que no se debe al embarazo pero hay una pequeñísima protuberancia entre mi ombligo y mi pelvis que yo decido pensar que sí, que se debe a mi hijo haciéndose notar.
También caigo en la cuenta de que tengo que empezar a poner más atención al tema estrías y a no olvidarme de la crema al salir de la ducha.
Por último observo mis pechos que evidentemente están hinchados.
Edward termina su reunión y me anima a salir a cenar aquí cerca.
Dejo de lado el consumo de pescado crudo o poco cocinado y decido pedirme el Tonkatsu que es cerdo empanado.
De vuelta al hotel entramos en algunas tiendas a punto de cerrar y ambos compramos recuerdos.
Una vez en la habitación Edward me enseña sus compras.
-Esto es para él o para ella- me indica dándome una bolsa pequeña-
-¿Le has comprado un regalo a nuestro bebé?- pregunto emocionada.
-¡Claro! Quería tener algo del lugar donde nos enteramos que existía- me explica.
Meto la mano en la bolsa y saco el pequeño trozo de tela.
Es un body color crema.
-Pequeño onigiri- leo.
La pieza es tan pequeña que no me cubre ni el antebrazo.
Las lágrimas me inundan los ojos y abrazo al papá de mi bebé.
-Esto lo hace todavía más real- le digo.
-Lo sé, cuando lo vi y me imaginé a nuestro bebé usándolo se me puso la piel de gallina.
Lloro aun más y Edward se ríe de mí.
A la mañana siguiente Edward me despierta cuando el desayuno ya ha llegado a la habitación, señal de que me ha dejado dormir de más.
Me levanto famélica y como demasiado, me siento muy llena.
Compartimos una ducha y al retirarnos el jabón de nuestros cuerpos Edward me gira poniendo su pecho contra mi espalda acariciando mi tripa con ambas manos.
Sonrío mirando hacia abajo donde sus dedos tocan mi abdomen hinchado.
-¿Sabes que no estás tocando a tu hijo?- le digo poniendo mi mano con el anillo de pedida encima de las suyas.
-¿Ah no?- ríe besándome el cuello.
Niego.
-Estás tocando los dos croissants que acabo de desayunar, estoy implada.
Ambos nos reímos.
-¿Cuándo va a comenzar a notarse?
Me encojo de hombros.
-Si estoy de dos meses pues tal vez al mes que viene o tal vez al siguiente.
-Mi bebé- dice él sonriendo y dándome la vuelta para poder mirarme el abdomen.
Se pone de rodillas y besa mi tripa justo bajo el ombligo.
-Tú bebé, sí cariño- sonrío acariciándole el pelo y ganándome una sonrisa desde el suelo donde está apoyado.
Abrazo su cabeza contra nuestro hijo y siento de nuevo sus labios en mi piel.
Terminamos la ducha y nos vestimos para trabajar.
Estamos reunidos junto a miembros de una boy band japonesa que estaría interesada en colaborar con Edward cuando comienzo a encontrarme mal.
Me excuso para ir al baño y sonrío a Edward que frunce el ceño al verme levantarme de la mesa.
Voy hasta el baño donde la náusea parece desaparecer.
Tomo un poco de agua y respiro hondo.
-No puedes hacerme esto- le regaño señalando mi tripa con un dedo frente al espejo- no puedes interrumpir a mamá en el trabajo.
Edward entra al baño de mujeres sin avisar, suerte que esté yo sola.
-¿Estás bien?- me dice llegando hasta mí y poniendo su mano en mi abdomen.
-Bueno… tu bebé ha decidido hacerme tener nauseas. No estaba segura de no poder evitar vomitar en medio de la mesa.
Él sonríe.
-Es travieso- dice palmeando mi piel.
Me río de su interpretación de mis nauseas.
-Podemos volver al hotel- propone.
Niego. Esta reunión es importante.
-Voy a tener nauseas durante mucho tiempo y luego vendrá otra cosa y otra cosa hasta que nazca y entonces habrá otros impedimentos, ya nada volverá a ser simple cariño, vas a ser padre tienes que saberlo- le digo.
-Yo solo quiero que estéis bien los dos- frunce el ceño.
-Y lo estamos, vamos- digo sacándole del baño de la mano.
De vuelta al hotel el arquitecto nos llama para confirmar que nos han llegado los planos de la segunda planta de la casa y que revisemos que está todo a nuestro gusto.
-Hay que cambiar la distribución de la casa. Necesitamos más habitaciones en el piso de arriba- le digo señalando el plano en la pantalla del portátil.
-¿Por qué? Fuiste muy clara al exigir que en el segundo piso solo estuviera nuestra habitación y tu despacho.
-Porque construimos la casa siendo solo dos y ahora somos tres- le recuerdo- queríamos intimidad cuando tuviéramos invitados pero este ha venido para quedarse- digo poniendo mi mano en mi abdomen que sigue un poco hinchado.
-¿Dónde quieres poner la habitación de nuestro hijo?- pregunta sonriente y emocionado.
-Aquí- explico señalando un espacio cercano a nuestra habitación- quiero tenerle cerca para cuando llore por las noches o cuando tenga que darle el pecho.
-¿Vas a darle el pecho?- pregunta aun más emocionado.
-¡Claro!- respondo riendo.
Él me besa feliz y me obliga a sentarme en su regazo.
-He elegido a la mejor mamá para mis hijos- me dice entre besos.
Me río y niego.
-De momento vamos solo a por uno- le digo antes de besarle.
-Pero habrá más- me promete.
-¿Si? ¿Cuándo hemos decidido eso?- me río.
Mi prometido se encoge de hombros sonriente.
-Me gusta esta sensación- me dice acariciándome la tripa- pensar que tú y yo hemos creado una persona juntos. Una persona que dependerá de nosotros y nos unirá para siempre. Comparto contigo lo más importante de mi vida. Así que si nos sale bien solo quiero repetir la experiencia.
Me río emocionada.
-¿Y si nos sale mal?- bromeo.
-Es imposible que nos salga mal porque es nuestro, lo hicimos con mucho amor- me asegura besándome.
Una lágrima se derrama de mis ojos sin querer.
-Lo siento- digo rápidamente limpiándola.
Edward sonríe y es él el que me retira la lágrima de la mejilla.
-Estás muy embarazada- me dice refiriéndose al hecho de que esté llorando por una tontería.
Asiento.
-Estoy muy emocionada porque en siete meses tendremos a nuestro bebé con nosotros, en nuestra nueva casa. Te imagino levantándote por la noche cuando llore para cogerle en brazos y trayéndole a nuestra cama donde le alimentaré con mi pecho y entre los dos le calmaremos, volverá a dormir tranquilamente porque sabrá que siempre vamos a protegerle y que es el niño más querido del mundo.
-Te amo, a ti y a ti- me dice besándome emocionado y luego besando mi abdomen- quiero tenerle ya con nosotros.
Me río antes de besarle.
-Yo también-
-Voy a escribir al arquitecto, que ponga una habitación al lado de la nuestra.
.
Al día siguiente es nuestro último día en Japón.
Las manos de Edward me despiertan acariciando mi abdomen.
-Perdón- me dice sonriendo al ver que me ha despertado- no he podido evitarlo.
Sonrío y pongo mi mano sobre la suya.
-No pasa nada.
-¿Te sientes diferente?- me pregunta levantando su vista de mi abdomen a mis ojos.
Niego.
-Me siento diferente solo porque desde que sé que estoy embarazada otorgo a todo un sentimiento diferente y luego cuando tengo nauseas me siento fatal. Pero no siento nada distinto aún.
-¿Qué crees que es?
Suspiro y me incorporo en la cama mirando nuestras manos sobre mi tripa.
-¿Qué quieres que sea?- le pregunto.
Él se encoge de hombros.
-Me da igual.
-Siento que es una niña- confieso-
-¿Ah sí?- sonríe.
Ahora me encojo de hombros yo.
-Cada vez que me imagino con nuestro bebé en mi cabeza aparece una niña.
Edward sonríe y besa a nuestro hijo sobre la piel.
-¿Y cómo va a llamarse?
Me río porque eso sí que no ha pasado por mi cabeza.
-Si es niña quiero que se llame Victoria- le confieso.
-¿Por tu amiga?
-No especialmente, es un nombre que siempre me ha gustado. Tiene fuerza- le confieso.
-Victoria me gusta ¿y qué pasa si es niño?
-Tendremos que buscar inspiración en google o en Netflix- sugiero.
Edward se ríe y niega.
-No dejaré que tu madre saque tu nombre de google- le habla a mi abdomen.
Me río.
-Y tampoco de Netflix- le promete a nuestro hijo- así que tienes que ser una niña Victoria.
Vuelvo a reírme y me retuerzo sobre la cama.
-Me haces cosquillas- le advierto.
-¿Por?
-Al hablar contra mi piel- confieso.
-Voy a saludar a nuestro hijo- me dice besando mi abdomen y bajando hasta mi pubis cubierto por un tanga.
-La madre de tu hijo aprueba el saludo- le digo separando mis piernas.
Edward sonríe de lado y se incorpora para quitarme el tanga.
Me besa las ingles, el interior del muslo y finalmente besa mi clítoris.
Con su lengua acariciándome y sus dedos en mi interior me corro en su cara.
Me tiemblan las piernas mientras noto como sube lamiendo mi piel hasta llegar a mis pechos.
-¿Te molestan?
Niego.
-He leído que los primeros meses de embarazo puede haber sensibilidad en el pecho.
-No me molestan, no los siento diferentes aunque sí que siento que pesan más.
-Están preparándose para que puedas alimentar a nuestro bebé- me recuerda besando mi pezón izquierdo.
-Lo sé pero no me puedo imaginar cuánto más crecerán si tan solo estoy de dos meses y ya están así.
-A mí me gustan- confiesa mirándolos con descaro.
-Por supuesto que sí- me río.
Edward se une a mi risa y mientras su boca chupa y lame mis pechos hinchados mi mano le acaricia de arriba abajo.
Mi boca le da placer al mismo tiempo que su boca vuelve a darme placer a mí.
-Quiero estar arriba- le pido.
-No-
-¿Por qué no?
-Porque es una penetración más profunda y puede hacer daño al bebé.
-¿Dónde has leído esa tontería?- le pregunto frunciendo el ceño.
-Google- confiesa.
-Que le den a google, ¿además cuando esté de siete meses o más cómo piensas follarme? El misionero no va a ser una opción porque tendré una barriga enorme.
Edward me mira serio.
-Tú ganas- dice tumbándose en la cama boca arriba.
Sonrío y me incorporo para sentarme encima de él.
-Cuidado- me pide colocando sus manos en mis caderas y bajándome sobre su pene lentamente.
Ambos gemimos cuando estamos unidos y comienzo a moverme sobre él.
Lo que empezó siendo suave termina conmigo en posición de plancha invertida y con Edward embistiendo con fuerza contra mí.
Él se corre antes y luego yo termino sobre su polla mientras su pulgar acaricia mi clítoris.
Me tumbo contra su pecho para recuperarme y me quedo dormida sin querer.
.
.
.
¡Sí hay bebé!
Esta vez Bella tenía todos los síntomas así que no podía ser otra cosa.
Pese al miedo y la incertidumbre inicial, parecen felices con la noticia. Edward tan solo salió a comprar un test de embarazo que finalmente no han usado. Ya actúan como padres.
¿Qué creéis que va a ser? ¿Niño o niña? ¿Cómo llevarán el ser padres con sus trabajos? ¿Retrasarán la boda? ¿Creéis que es buen momento para tener un hijo o tal vez debieron esperarse? ¿Supondrá un cambio drástico en sus vidas?
Esperando leer vuestras opiniones y predicciones en los reviews. Como ya sabéis para mí es muy importante recibir feed back de vuestra parte por eso os animo a que me hagáis llegar vuestras impresiones bien por aquí con las reviews o bien por el grupo de Facebook.
¡Muchas gracias!
