Este Fic, está escrito, para entretener, sin fines de lucro, haciendo uso de las grandes obras de Masashi Kishimoto e Ichiei Ishibumi…
Diálogos:
—…— Diálogo Normal
— (…) — Pensamientos
— […] — Bijus, Dragones o seres superiores hablando
— […] — Bijus, Dragones o seres superiores pensando
—"…"— Conversaciones Holográficas, Llamadas de Teléfonos, Comunicación Telepática
[… (…)] Descripción, Nombres importantes, Traducción
"…" Hechos Importantes, Recuerdos cortos o momentáneos, Flashback
Aviso:
Este fic contiene contenido sexual, violento, sangriento, y muy explícito. Toma precaución al leer, yo me lavo las manos, ya están avisados.
[Naruto DxD: El Demonio De Chakra]
Capítulo 23: Acuerdos De Paz IV
~Mundo Humano: Gran Bretaña: Camlann, 185 D.N, Narrador: Naruto~
—[El Ejército De Un Hombre] —dijo el hombre arrodillado frente a él, como probando las palabras que salían de su boca, dándoles un visto bueno al pronunciarlas—Tú has ganado esta batalla, y doblo mi rodilla en rendición... y en agradecimiento por la vida de mis hombres—
Sus palabras no temblaban. Había orgullo en ellas, pero también resignación. Un rey no debía dejar de serlo, ni siquiera de rodillas. Uther Pendragon no se rendía por miedo… sino por honor.
Siempre pensó que un rey nunca debía perder ese temple, ese carácter, incluso en la derrota. Y Uther Pendragon era un claro ejemplo de lo que era un buen rey: un Rey Guerrero.
Había marchado sabiendo que podía morir, pero con la convicción de que moriría como un rey.
Cientos de miles de clones estaban regados por todo lo que pudiera verse. El campo parecía infinito, cubierto de sombras idénticas, inmóviles, que se desvanecían lentamente en columnas de humo, chakra y polvo.
El aire olía a resignación y a derrota. Pero no olía a sangre. Había heridos, los había, fáciles de encontrar, quizás algunos morirían al final del día, pero no era lo que se sentía en el aire. Pero no había necesitado matar para vencer.
Uther Pendragon había marchado con más de mil quinientos hombres, endurecidos, armados, convencidos de su cruzada. Iban listos para destrozar los pocos asentamientos demoníacos que quedaban sin protección.
Los ángeles habían atacado la sede de dos de los Maous, y Uther, quien era un sabio en guerra, supo que la defensa demoníaca estaría fragmentada.
Su fe y su estrategia coincidieron.
Era el momento de avanzar.
Pero también lo había previsto.
Porque donde los demás veían una oportunidad… Él veía una trampa.
Uther apostó por la velocidad. Por la precisión.
En cambio, el, fue más pragmático, simplista en su decisión, adelantado al pensamiento del Rey… duplicó su ejército.
Un solo [Tajū Kage Bunshin no Jutsu] y lo que era un enfrentamiento injusto se volvió una danza imposible de superar. Un dos contra uno en todo sentido. En número. En poder. En voluntad.
Y, aun así, Uther no retrocedió, sus hombres caían rendidos, doblegados, superados, por el mismo ser que lo enfrentaba. No pidió tregua. Lo retó a un duelo directo. Como lo haría un verdadero rey.
Lo aceptó.
Y así, después de un enfrentamiento breve, casi silencioso, bastó uno de sus Kunais de tres puntas. Solo uno. Porque sus Kunais como los de su padre, eran diferentes, únicos en función y propósito, no simple metal para matar.
Y el resultado fue el esperado. Como siempre sucedió las otras veces que se habían cruzado.
La espada de Uther yacía destrozada frente a él. Partida en dos. Testigo mudo de su caída.
—Me gusta ese apodo —dijo volviendo al Rey, mirando al hombre arrodillado—Es mucho mejor que los muchos otros que me han dado—
—Creo que [Demonio De Chakra] es el más acertado —le dijo Uther con serenidad. Su voz no temblaba. Solo se quebraba un poco al final, pero por el cansancio, los años y las guerras empezaban a pesarle—¿Cuál será mi destino? No me iré como rehén... lo sabes—
—Volverás con tus hombres. Creo que la humillación de una derrota... es castigo suficiente—
Lo decía sin crueldad. Sin superioridad. Solo con convicción.
Uther se río, un poco. No como burla… sino como quien acepta el peso de una verdad.
—Estos hombres temen a tu señor… pero yo digo que deben temerte a ti. No eres como los demonios.
Y eso te hace peligroso—
El Rey hizo una pausa. No para medir sus palabras, sino para que fueran escuchadas con claridad.
—Si me voy, buscaré una mejor espada... una que pueda matarte —le dijo el hombre con honestidad, mientras miraba los pedazos de su arma como si fueran reliquias y quizá miraba su propio orgullo en esos trozos, igual de roto.
Un orgullo roto pesaba demasiado no importaba si eras hombre, demonio o dios.
Lo escuchó sin interrumpirlo. Sin ofenderse.
—Esperaré —le respondió finalmente—Haré la mía propia. Una que se devore a la tuya— Sonrió. No con soberbia…Sino con promesa.
Ya era tiempo de sacar a [Samehada], pero esperaría. No por clemencia. Por respeto. Quizás Uther tenía sus defectos, pero en lo que respecta a lo que debe ser un Rey hay muy pocos como él.
Quería ver la nueva espada de Uther. Quería enfrentarse a ella… algún día.
Uther se alzó. Con los hombros rectos y la frente en alto, le asintió con solemnidad. No pidió ayuda. No miró atrás.
Y marchó hacia su castillo.
Lo vio alejarse no antes de que todos sus hombres marcharan.
Derrotado…con el orgullo roto, pero listo para continuar luchando, por el mismo, por su pueblo...
~Mundo Humano: Gran Bretaña: Castillo Del Rey, 190 D.N, Narrador: Impersonal~
Uther recordaba cada día al rival que nunca pudo vencer, Naruto Uzumaki.
Su orgullo recuperado, pero su alma sangraba en silencio, la derrota sabia horrible.
La última vez que Uther vio a Naruto, comenzaba su retirada aquel día que le demostró porque lo llamaban [El Demonio De Los Mil Trucos].
Uther Lo miro caminar tranquilo entre las sombras de sus clones, que desaparecían uno a uno con suaves estallidos de chakra. El campo quedaba en silencio. Sin aplausos. Sin gritos. Solo derrota y respeto.
Sin que ambos lo supieran, sería la última vez que tendrían un encuentro.
El destino, implacable, cerraría el círculo mucho antes de lo que cualquiera hubiera imaginado.
Uther regresaría derrotado, sí, pero con la mente más decidida que nunca.
Sabía lo que haría.
Sabía qué faltaba.
Forjaría una espada. No una cualquiera. La espada definitiva.
Una que pudiera derrotar no solo a Naruto Uzumaki, sino también a Lucifer… Y con ello, expiar los pecados que lo acompañaban desde su juventud. Recuperar la gracia de su Dios. Volver a ser digno.
Pero para lograrlo, tendría que ensuciar su alma una vez más.
Uther acudiría a una bruja, una que no respondía ante cielo ni infierno, pero que tenía el poder para conceder deseos prohibidos. Y ella cumpliría su palabra.
Así, [Excalibur] sería forjada.
Una espada negra en origen. Nacida de pecado. Con alma propia.
Uther la usaría más de una vez, probando su filo contra la oscuridad y la traición, buscando redención entre sangre y fuego.
Pero el enemigo... El enemigo es traicionero. Y siempre está donde menos lo esperas.
No cayó por guerra.
Cayó por traición.
Pocos años después, con [Excalibur] aún en su poder, Uther sería emboscado. Su propio hermano, cegado por codicia, vendería el reino a los Caídos.
Y entonces, Azazel actuaría.
El líder de los Grigory tomaría lo que Lucifer siempre codició: [La Bóveda Del Rey Pendragon], una cámara sellada que contenía el mítico [Sephiroth Graal], y otras [Reliquias Sagradas].
No eran solo artefactos. Eran claves del plan divino.
Demonios y Caídos no buscaban [La Longinus].
Buscaban [La Santa Cruz].
No el arma… sino el objeto del cual nació la Longinus. El artefacto que fue la puerta al cielo, el canal oculto hacia Elohim. Y aunque nadie sabía cómo extraerla de [La Longinus], se sabía una cosa: Esa era la forma de alcanzarlo.
Pero Uther no permitió que todo se perdiera.
Herido de muerte, con una [Lanza de Luz] incrustada en su estómago, una perteneciente al mismísimo Baraquiel, el Rey no gritó.
No suplicó.
Se arrodilló, como en aquella batalla contra su mayor rival, pero esta vez el desenlace no sería igual y Uther lo sabía, la suerte no siempre te sonríe.
Uther, en silencio oró.
Su cuerpo se desangraba sobre la piedra. Pero su fe no se apagaba.
Y allí, en medio del templo, con [Excalibur] aún a su lado…
Uther oró su última plegaria:
—"Padre, sé que mis pecados son muchos… y que cada uno de ellos solo te ha decepcionado más. Pero hoy pido en nombre de tu Hijo, que lo sacrificó todo por nosotros, los imperfectos humanos...
No justificaré mis actos ante ti. No clamaré por mi alma. Reconozco mis fallas y sé que mi castigo es merecido.
Pero, Padre… nunca he dejado de creer en tu Hijo. Siempre he pedido por tu misericordia.
Esta vez pido por mi hijo… lo único que no ha sido manchado por mis defectos. No dejes que mis acciones castiguen a esta buena gente que te sirve: mis hombres, mi pueblo.
Padre, te pido una vez más por tu piedad y misericordia… Dale a mi hijo el don que yo desperdicié. Sé que será el rey que debe ser.
Solo pido justicia. Solo pido tu enorme grandeza.
Padre, soy egoísta... y te pediré una vez más: Perdóname"—
Y Elohim escuchó.
Mientras los Caídos tomaban el reino con ayuda del hermano traidor, un bebé bendecido por Elohim sería robado de su cuna.
Oculto.
Protegido. Seria Olvidado. Pero jamás abandonado.
Allí, en la misma sala donde Uther murió, incrustada en la piedra ensangrentada, [Excalibur] se mantendría.
Inmóvil.
Callada.
Observando.
Y entonces… Elohim la tocó.
Una espada nacida del pecado… Sería bendecida.
[Excalibur], creada con [Artes Oscuras], una blasfemia ante los ojos del cielo,
sería purificada. Convertida en una de las [Espadas Sagradas].
Y nadie más, nadie en todo el mundo, podría levantarla… Excepto el digno Rey.
El único hijo de Uther.
Años más tarde, ese niño ya crecido… Aquel que había vivido lejos de su tierra, entre sombras y mitos,
tomaría la espada.
[Excalibur] sería alzada una vez más.
Y el mundo volvería a temblar.
Nacería la leyenda.
Arturo Pendragon. Rey de Gran Bretaña. Un hombre de fe. Un hijo del pueblo.
Y en su regreso… Azazel perdería su lugar.
Junto a sus hombres, sería expulsado de la tierra santa, porque la Bóveda nunca se abriría con hechizos ni con fuerza.
La llave era sangre.
Y solo uno la llevaba en sus venas.
El hijo de Uther. El elegido de Elohim. Aquel al que se le concedió… El don y la bendición.
Y Arturo cumpliría el propósito autoimpuesto de su padre, el primer y único hombre en poder vencer al temible [Demonio De Chakra] llamado Naruto Uzumaki.
~Mundo Humano: Gran Bretaña: Camlann, 218 D.N, Narrador: Naruto~
—Ese mocoso es problemático —le dijo, observando desde la sombra del pórtico al muchacho llamado Mordred, que golpeaba a otro niño en el campo de entrenamiento sin ningún tipo de moderación ni remordimiento.
—Solo le falta mano dura —respondió Arturo sin prestarle demasiada atención, con la despreocupación de quien carga el peso del mundo, pero elige no cargar también el de los demás.
—Eres demasiado confiado… ese niño apesta a maldad —añadió con tono seco, serio, sin sarcasmo.
—Sabes que no puedo tocarlo…—
—Ah, sí. Tu pecado —le dijo con dureza, aunque sin juicio.
—No es mi hijo. Lo sé. Ella mintió… pero le quité a su madre. Maté a mi propia hermana—le respondió Arturo
Su voz era más fría que culpable. Era el tono de quien lleva años con un peso que nunca pudo soltar.
—Anna era una bruja. No te dejó muchas opciones —respondió, aunque sabía perfectamente que a Arturo eso no lo consolaba en lo más mínimo.
No podía juzgarlo. Solo podía ayudarlo. Como el amigo que era.
—La guerra se estancó. Y tú ya no participas. No hay buenos rivales. —Sonrió, cambiando el tema con la ligereza forzada de quien quiere aliviar el alma del otro.
—Es porque sabes elegir a tus rivales, Arthur. Además… muchos no quieren cruzarse con esa cosa —dijo, señalando con la cabeza hacia [Caliburn], que descansaba recostada contra la valla de madera que los separaba del campo de entrenamiento.
El metal brillaba débilmente bajo el sol.
—La guerra solo me quita cosas. Solo fui un necio… un niño tonto jugando a creerse invencible.
¿Cuántos he perdido por ello?—
La pregunta no buscaba respuesta. Era un lamento disfrazado de reflexión. Y la respuesta estaba en su mirada.
—¿Crees que alguna vez se termine? ¿Cuántos reyes lucharán por esta guerra? —le preguntó Arturo, sin apartar la vista del campo.
—No lo sé —respondió, con honestidad—Aunque es una guerra, realmente se basa en… buscar la forma de alcanzarlo a Él—
Miró hacia el cielo, no como quien espera ver a Dios, sino como quien sabe que está allí… y no puede llegar.
—Y sin [La Santa Cruz]… incluso con ella, será imposible. Elohim es de temer. No creo que nadie pueda llegar arriba mientras Él esté allí—
El silencio se acomodó entre ambos como un viejo amigo.
Los dos observaron a los jóvenes pelear en el campo. Sudaban, gritaban, se empujaban… como si el mañana dependiera de quién ganaba hoy.
—Arturo —rompió el silencio de nuevo—cuando mueras viejo y cansado… rodeado de putas…—
La risa seca de Arturo lo interrumpió antes de que terminara la frase, y ambos sonrieron, como en los viejos tiempos.
—Si encuentro la forma, y puedo convertirte en demonio… ¿lo permitirías?—
Arturo alzó una ceja.
—¿Por qué querrías tal cosa?—
—Se avecina una guerra—
—¿No estamos en una ya?—dijo Arturo con cierta burla
—Esta… esta es solo un juego de niños. La que viene… pondrá al mundo de cabeza—
Arturo se quedó en silencio unos segundos.
—¿Cómo lo sabes?—
—No importa. Aún falta mucho para ello. Pero cuando llegue, quisiera tener hombres leales a mi lado.
Amigos. Familia. Preparados—Le dijo mirándolo directo a los ojos. Sin rodeos. Sin drama.
Arturo lo sostuvo con la mirada. Luego suspiró.
—Naruto… —dijo simplemente, y luego estiró el brazo—Estaré esperando tu llamado.
Y espero que me cuentes de qué se trata esto, ya que veo que ahora no vas a hablar—
Extendió el puño. Lo recibió. El golpe entre nudillos fue suave… Pero sonó como una promesa.
~Narrador: Impersonal~
Naruto, ese día, lamentaría haberse ido.
No lo hacía por un plan maestro y rebuscado. No lo hacía por orgullo y la renitencia de Arturo.
Lo hizo por necedad. Por cobardía. Porque los pecados de Naruto lo carcomían y no le dejaban ver como poco a poco su mundo se derrumbaba.
No estaría allí.
No podría evitar la muerte de su amigo.
Mordred mataría a Arturo Pendragon.
No sería en el campo de batalla. No sería un duelo justo. Sería traición. Sangre familiar contra honor. Orgullo contra redención.
Y Naruto solo regresaría para enterrar a su amigo.
No quedaría nada que hacer. Ningún enemigo a quien culpar.
Mordred moriría también por ese duelo.
Solo quedaría el peso de una promesa. Una promesa de hermanos. Sellada con un puño, un puño que representa más que cualquiera otra palabra.
Y Naruto, aunque dolido, la cumpliría. A pesar del dolor. A pesar de la culpa que no lo dejaría dormir por años.
Naruto consideró dejar descansar a Arthur. Un descanso digno. Un descanso merecido.
El tipo de final que un Rey como él merecía.
Pero las promesas…Las promesas pesan más que la muerte y el descanso.
~Mundo Humano: Lugar Desconocido, 238 D.N, Narrador: Impersonal~
El aire dentro de la cueva era espeso, denso, como si no se hubiera movido en siglos. Sin embargo, no había polvo. Nada se pudría ahí dentro. Nada se corrompía. Solo se acumulaba.
Naruto dio un paso sobre el suelo rocoso, y la cueva pareció estremecerse ligeramente. No por él… sino por la que iba delante.
Ophis caminaba descalza. Su túnica negra ondeaba sin viento. Sus ojos no se desviaban. No buscaban oro ni gemas. Aunque eso es lo que había por montones.
Montañas de tesoros, reliquias, estandartes rotos de iglesias, arte sacro, espadas con nombres perdidos, pergaminos quemados, colas de dragones antiguos ya extintos.
Y cadáveres. O lo que quedaba de ellos.
Naruto no decía nada. No preguntaba. Ya había estado en otras cuevas como esa.
Ophis simplemente coleccionaba cosas. Sin un propósito, solo porque podía hacerlo.
—No te gustan estos tesoros —murmuró él, finalmente.
Ophis no respondió de inmediato. Siguió caminando entre los montones sin propósito alguno…
Ella solía llevarlo a sus diversas cuevas para mostrarle cómo los tesoros crecían o eso quería pensar Naruto, ya que nunca entendía por completo el comportamiento de la [Diosa Dragón]
Un cuerpo llamó la atención del rubio, bueno, un esqueleto.
Uno que estaba sentado, como si aún velara la entrada del lugar.
Un viejo exorcista. Lo sabía por las insignias rotas a sus pies.
En su dedo huesudo, aún colgaba un anillo dorado, con una espesa capa de polvo y mugre por el tiempo que llevaba allí, pero con una leve pulsación de luz en su interior. Una luz sagrada.
Naruto frunció el ceño. Dio un paso y se inclinó.
Extendió la mano hacia el anillo. Cuando lo tocó, lo sabía.
—[Blessing]—susurró el rubio
Naruto se preguntó cuáles eran las posibilidades de que algo como eso terminara acumulando polvo aquí, en un lugar tan… Ophis
El anillo era de hecho un fragmento de una de las nuevas Excalibur, nacidas después de lo que Naruto hizo en [La Guerra].
—¿Te gusta? —dijo Ophis, por fin.
Naruto asintió, sin mirarla. Aún concentrado en el anillo, probándoselo y dejando que vuelva a "cobrar vida".
—¿Cómo?—Naruto no sabía cómo preguntar—¿Cómo terminó él aquí?—
—Porque era molesto —respondió ella, girando lentamente la cabeza hacia el cadáver, con ojos vacíos y voz plana—Era inferior. Lo maté—demasiado simplista, pero a Naruto tampoco es que le importara.
Naruto no respondió.
—Tenían muchas cosas encima, así que no lo destruí, solo lo maté y se convirtió en otra de estas cosas—continuó Ophis, sin emoción—
Naruto se incorporó, con el anillo en la mano, en su dedo.
Naruto sabía que este raro pasatiempo de Ophis era algo que llevaba tiempo sucediendo, desde mucho antes que él la conociera
Ophis a veces imitaba a los demás seres que llamaran un poco su atención. Algunos dragones tenían tesoros.
Ophis acumuló los suyos propios, pero sin propósito real, podía acumular algo solo porque brillaba, no importaba si era una cosa o algo vivo.
Naruto continuó revisando las demás cosas del cadáver, pero algo en su interior se activó.
Un recuerdo. Una posibilidad. Un plan.
—¿Qué vas a hacer con eso? —preguntó Ophis, sin curiosidad real.
Naruto cerró la mano con fuerza. El anillo desapareció de su dedo.
—Nada… todavía—respondió el rubio, sin dejar salir sus pensamientos.
Ella lo observó durante varios segundos.
—A veces me pregunto si tú también eres un dragón—Ophis le dijo a Naruto
Naruto sonrió levemente. Era una sonrisa cansada.
—No. Si te soy honesto, no tengo ni la menor idea de lo que soy—el rubio fue más relajado en su tono—un demonio, un humano, un Biju o un Ōtsutsuki, pero ciertamente lo único dragón en mí es esto—Naruto alzó su mano vendada
Ella se acercó. Estaban frente a frente.
—Tú también guardas cosas —dijo Ophis mirando la mano de Naruto, quizá buscando el anillo que ya no estaba, pero no parecía molesta, ni parecía que le importara
—No tesoros. Cosas que me puedan servir, ahora o en el futuro—respondió el rubio—a diferencia de ti que coleccionas por… No sé ni por qué lo haces—dijo Naruto
Ophis lo miró por un largo momento
—¿No te gusta la cueva de Ophis? —preguntó ella, como si no comprendiera del todo—Puedes quedarte lo que quieras, Ophis te lo da—
—Son tus cosas, pero gracias, solo te robaré el anillo— Pero no deberías seguir coleccionando cosas que no entiendes—le dijo el rubio queriendo recoger otra cosa del suelo que se hizo polvo al tocarlo—sin un propósito real, solo se olvidarán y perderán—
—A Ophis no le importa, pero a Ophis le gusta hacerlo—ella miró al rubio fijamente
Naruto tragó saliva, no por miedo es que la apariencia de Ophis se le hacía demasiado atrayente, pero muy en el fondo quizá Naruto entendió que ella le dijo que ella iba a hacer lo que quisiera y él no podía hacer nada.
Naruto prefirió encontrar otra cosa que llamara su atención.
—Gracias por el regalo —murmuró el rubio caminando, pero manteniéndose cerca de ella—hay algo que quieras de mí, me sienta mal solo tomar y no dar—
La cueva quedó en silencio.
Ophis se sentó junto al esqueleto. Y su mirada atrajo la de Naruto.
La cueva ya no tenía peso. El aire parecía flotar, pero sin calidez. No había viento, ni fuego. Solo chakra… y vacío.
Solo Ophis y Naruto
Naruto se detuvo en su andar para acercarse a ella
—¿Qué estás haciendo?—ella preguntó cuando él invadió el espacio de ella
No hubo respuesta.
Naruto se detuvo cuando estuvo completamente sobre ella. Y de nuevo se olvidó de con quién trataba y solo vio a Ophis, solo la seductora mujer de grandes curvas, de labios atrayentes.
De ojos vacíos. Pero un vacío que se le antojaba demasiado a Naruto.
No la de la niña de apariencia eterna.
Ophis entendió las intenciones y no se opuso, el vestido que la cubría se convirtió en serpientes que se alejaron de su cuerpo
Naruto quedó embobado con el cabello negro como el abismo, piel de porcelana sin mácula, los enormes pechos y esa pequeña mata de pelos… en ese momento, en esa forma, para Naruto, era simplemente hermosa.
No para provocar. No para seducir. Solo… porque así la veía él.
—No me mires así —dijo Naruto con la voz baja. Cuando ella no dejaba de mirar su ropa con molestia
Ophis estiro su mano, se detuvo a centímetros, una pequeña onda destruyo todo rastro de vestimenta del rubio.
Quedando ambos expuestos al otro.
Ophis podía sentir el aliento de Naruto…
—...—Ophis estaba en silencio, esperando, paciente.
Silencio.
Ella levantó la mano y le tocó el pecho. No con pasión, sino con curiosidad. Como si buscara algo… que no podía ver.
—…—
Ninguno de los dos hablaba.
En estos momentos íntimos, ninguno necesitaba palabras.
Ophis solo aprendía, conocía, entendía.
Naruto solo escondía sus propias emociones, negándose a darle voz a lo que sea que empezaba a formarse allí donde Ophis tocó lo que Ophis quiso sentir… su corazón. Aquello simbólico para todos los seres e incomprensible para [El Infinito].
Naruto abrió los ojos. La miró, sin ningún atisbo de duda.
Las miradas no mienten y la de Naruto estaba llenada de emociones.
Naruto la besó.
No fue amable. No fue un gesto suave ni salvaje. Fue simple… directo.
Ophis no respondió al instante.
Tardó unos en corresponder, pero luego mostró superioridad. Como si su mente inmortal analizara cada segundo de esa sensación.
Ella abrió los labios.
La boca de Ophis no tenía sabor, ni aliento, ni calor…
Pero a Naruto le pareció la cosa más intensa que había sentido en años.
El beso ahora era más profundo. Más real.
Y Ophis, aunque no entendía por qué, inclinó la cabeza, cerró los ojos… y lo dejó continuar.
Naruto la empujó suavemente contra el suelo rocoso de la cueva. Sus manos bajaron por sus caderas, firmes, como si estuviera tocando, algo prohibido. Su piel era perfecta. Fría. Pero Ophis no rechazaba el contacto.
Naruto tragó saliva. No dijo nada. Solo se inclinó y pasó su lengua por su cuello, bajando por su clavícula.
La piel no tenía sabor, pero la reacción de Ophis, una mínima contracción de su abdomen, le bastó para seguir.
Sus labios bajaron, cerrándose alrededor de uno de sus pechos. Ophis no jadeó. No gimió.
Pero le agarró la cabeza con una mano, con más presión de la que Naruto esperaba.
—No sé… qué es esto —murmuró ella, con voz neutra.
—…—Naruto no quiso responder, no era la primera vez, pero siempre que él hacía algo que hacía que Ophis tuviera una mínima reacción o emoción, ella siempre preguntaba. Ya se volvió una afirmación
—No me detengas—Ophis ordenó como siempre lo hacía, queriendo volver a sentir eso que se le hacía extraño.
—No lo haré—casi rugió contra su pecho el rubio, voraz y sin mucho tacto.
Naruto se incorporó. Sus ojos se encontraron.
Entonces ella habló:
—Hazlo como si yo fuera cualquiera de ellas…—
Naruto apretó los dientes, deteniéndose, recordando que Ophis había invadido sus recuerdos.
Naruto supo que se refería a Gabriel o alguna otra amante que tuvo cuando se separó de ella.
—No. No eres ninguna de ellas—Naruto la besó profundamente—tú eres Ophis, mi Ophis—dijo con posesividad
Y entonces la tomó.
Sin ceremonia. Sin dulzura.
Cuando la penetró, ella no reaccionó con sorpresa ni resistencia. Lo aceptó… como si simplemente estuviera, permitiéndole entrar a un lugar que siempre fue suyo, aunque él nunca lo supiera.
Su interior era húmedo, estrecho… Naruto se olvidó de toda moralidad, de toda lógica y del vacío emocional de Ophis.
Naruto empezó a moverse. Despacio al principio. Luego más fuerte. Más profundo.
El sonido de sus cuerpos chocando llenó la cueva.
Y, aun así, Ophis no dijo nada.
Solo lo miraba. Sin expresión. Sin queja. Sin gozo. Como si observarlo fuera suficiente.
—Di algo —le pidió él, jadeando.
—…—Ophis no dijo nada, pero Naruto casi llego allí mismo cuando sintió la presión en su pene.
Naruto gruñó. La tomó por los muslos, los levantó sobre sus hombros y la embistió con más fuerza.
Ophis arqueó ligeramente la espalda. Un movimiento mínimo… pero real.
Naruto estaba por llegar. Sus embestidas eran más erráticas ahora. Más crudas.
Y sin saber por qué… solo sucedió, sin poder controlarlo.
Ophis apretó los muslos en sus hombros, justo cuando él se corría dentro de ella.
Ambos quedaron en silencio.
Naruto no se movió por un rato. Seguía dentro de ella, temblando.
Ophis lo acarició, por primera vez, con ternura real. Le tocó el rostro, el cabello… el pecho.
Y susurró:
—A Ophis le gusta… Ophis no sabe por qué—
Naruto cerró los ojos.
No respondió.
No podía.
Naruto no quería decirle por qué, sabía que él tampoco quería entender por qué hacían estas cosas.
El silencio que siempre rodeaba a Ophis se le hizo gustoso al rubio que se dejó caer a su lado y solo la trajo hacia él y empezó a acariciarla…
~Mundo Humano: Academia Kuoh: Reunión De Las Tres Facciones, 1021 D.N, Narrador: Naruto~
Los recuerdos se desvanecieron en cuanto vio cómo Issei le abría el estómago al muchacho Lucifer. Fue un corte limpio, brutal. Sorprendente.
Pese a que [Ascalon] le daba una clara ventaja, Issei carecía del talento natural para ser considerado hábil con una espada. No tenía la técnica ni la elegancia de un espadachín.
Pero no le dio esa espada para que se convirtiera en un maestro. No lo necesitaba.
Issei no peleaba como los demás. Issei golpeaba como un dragón.
Y así, [Ascalon] se convirtió en una extensión de sus puños.
Una forma de rasgar, romper, cortar...
No importaba la forma, ni el ángulo, ni el estilo.
Solo importaba el objetivo. Y el próximo… era Vali Lucifer.
Vali Lucifer debería estar pasándola mal. Nunca habría esperado una técnica como esa.
El joven heredero de la línea de sangre de Lucifer no imaginaba que Issei había dejado de pensar para empezar a sentir. Para volverse puro instinto.
[Dragon Frenzy], ayudo con el nombre y los resultados eran los esperados.
Una locura perfectamente orquestada.
Basada en cómo reaccionaba al entrar en [Modo Bijū], cuando las colas se liberaban, y se convertía en una bestia sin control, movida solo por furia.
Para replicar ese estado, Issei necesitó tres elementos.
Primero: un impulso de poder bruto, sin filtrar. Por eso aprovechaba el [OverBoost], no para entrar en él, sino para cargar su cuerpo al límite antes de cruzar la línea.
Segundo: desconectarse. Literalmente.
Issei se anulaba. Se entregaba al cuerpo. Dejaba que el instinto lo guiara. El pensamiento moría. El dragón tomaba el control.
Esto fue lo más difícil. Requirió sintonizarse perfectamente con su [Modo Dragón], para resistir golpes, explosiones, cortes… cualquier cosa que su enemigo le lanzara.
Por eso Issei no se detenía, aunque recibiera daño. Porque no le importaba.
Y tercero: tener un objetivo.
Y esta vez… su objetivo era terminar con Vali Lucifer.
Ese pensamiento lo anclaba. Le daba forma al caos. Lo convertía en una tormenta con dirección.
Vali se estrelló contra [La Barrera], su cuerpo atravesando el aire con violencia.
Issei estaba sobre él, embistiéndolo con todo su peso, sacudiendo aún más las cadenas que los limitaban dentro del campo de combate.
No hubo respiro.
Issei no paró. No titubeó. No pensó. Solo destruyó.
Golpes. Cortes. Ataques desde ángulos imposibles.
Todo lo que podía lanzar, lo lanzó.
El niño Lucifer pasó de atacar… a huir.
No había defensa posible. No había estrategia que pudiera detenerlo.
Y lo peor…
Era que a Issei no le importaba.
Ni el dolor. Ni el drenaje de poder. Ni el riesgo.
Solo el objetivo. Solo Vali. Solo matarlo.
~Narrador: Vali~
—¡Argghhh! —escupió sangre cuando la armadura de su pecho se abrió completamente y sus huesos crujieron por el dolor insoportable.
Reunió la magia que pudo para lanzar un hechizo de sanación, desesperado.
—[Divide] [Divide] [Divide] [Divide] —recitó con urgencia. Había llegado al límite otra vez, drenando más poder del pelicastaño frente a él.
—[Boost Frenzy: Impulse x8] —la voz del [Dragón Emperador Rojo] retumbó, casi vibrando en el aire, pero el poder robado, que rebosaba en sus alas, no importó. Porque entonces—[Ascalon]—termino la profunda voz.
Se alejó con rapidez, pero no fue suficiente.
La hoja de la espada lo alcanzó, lo rozó solo lo justo para destrozar su armadura por completo, dejándolo apenas con sus alas.
Se cubrió como pudo, justo cuando Hyoudou Issei apareció frente a él, los puños metálicos envueltos en llamas.
Se protegió con sus manos desnudas… Y lo que recibió fue una andanada de golpes llameantes, cada uno más fuerte que el anterior.
El último lo dejó aturdido, y lo siguiente que sintió fue un golpe brutal en el hombro que lo hizo descender a toda velocidad…
Hasta estrellarse contra el suelo.
Cuando reaccionó, solo pudo oír:
—[Ascalon]—
Otra vez ese nombre, como un presagio de dolor.
Rodó hacia un costado, sin mirar a dónde. Pero entonces su pie fue tomado con fuerza y su cuerpo fue arrastrado de nuevo.
Volvió en sí justo a tiempo. En un parpadeo, su armadura lo envolvió otra vez… salvo en el punto donde la mano metálica lo sujetaba con violencia.
Preparado para impulsarse con sus alas y escapar, vio algo que lo congeló.
La mano metálica… Se estaba transformando en el guantelete de su propia armadura.
—[Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] —el canto no se detenía, y la gema azul del guantelete brillaba con una intensidad peligrosa.
Sintió su poder drenarse de forma salvaje. Sus alas se contrajeron, debilitadas.
Fue alzado en el aire.
—[Boost Frenzy: Strong x8] —la gema azul desató su energía dentro de Hyoudou Issei, y su armadura pareció engrosarse, crecer, mutar.
El siguiente golpe fue puro dolor. Lo azotó contra el suelo con tanta fuerza que su armadura se resquebrajó.
—[¡Vali, debes alejarte!]—la voz de Albion le exigió desde su mente, pero no era tan simple.
No era un agarre. Era una ejecución.
Su cuerpo se sacudía con cada impacto.
Lo alzaba. Lo azotaba. Lo volvía a alzar. Una y otra vez.
Su visión se nublaba.
Entonces, en un parpadeo, se sintió volar, ser arrojado lejos, deslizándose sobre el suelo entre humo y escombros.
Sin pensar, por puro instinto, permitió que el poder fluyera.
—¡AAAAHHHHHHHHHHHH! —gritó, liberando su energía mientras su armadura se reformaba sobre su cuerpo.
Ya de pie, con la vista despejada y los sentidos agudizados, miró a su presa.
Y la sorpresa debió ser evidente.
Hyoudou Issei estaba allí, de pie, con la espada en alto, listo para dividirlo en dos.
Pero no esta vez.
Ahora lo sentía. Lo sabía.
Había liberado su poder. Estaba a la par de su rival.
Sonrió.
En un destello, se alejó. No se detuvo cuando vio que lo seguía, volando por todo el cielo. Casi tocándolo.
Pero, aun así, no podría alcanzarlo.
Hyoudou Issei era bueno. Pero un simple impulso no bastaría.
—[Boost Frenzy: Speed x8] —
—¡Arghhhh! —gimió de dolor cuando el corte no solo destrozó sus alas, sino que abrió una profunda herida en su espalda.
Se estrelló otra vez contra el suelo.
¿Hyoudou Issei era más fuerte que él?
No. Imposible.
Lo había estudiado. No importaba que ese maldito demonio, Uzumaki, lo entrenara.
No podía mejorar tanto en tan poco tiempo.
—[Naruto conoce más de los dragones de lo que piensas.
Te advertí que, si él estaba involucrado, no debías moverte.
Aunque el anfitrión de Ddraig use su poder… hay algo más.
Ese decontrol no es propio de Ddraig.]—
Golpeó el suelo con frustración.
—¡AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH! —gritó, liberando una onda de poder que alejó a Hyoudou Issei, que ya se acercaba de nuevo.
Entonces sería magia.
Olvidó su armadura. Esperó a que se acercara. Lo recibió de frente.
Aguantó el puñetazo… y lo tocó.
—[Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] [Divide] —
De nuevo al límite.
Pero Hyoudou Issei no parecía afectado.
Antes de que pudiera reaccionar, concentró todo su poder en el guantelete y lo estrelló contra su enemigo, lanzándolo lejos.
Issei se recuperó rápido… Pero no le dio respiro.
Encima de él, varios círculos mágicos se materializaron al instante, listos, cargados.
Desató toda la magia que conocía del tipo destrucción.
—(BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMM) —
La explosión fue ciega.
Ensordecedora.
Dejó poco a la vista.
Cuando el humo comenzó a disiparse… vio a su rival.
Imperturbable.
Tenía golpes. Sangre bajaba por su cabeza. Estaba humeante… y sin armadura. Pero de pie.
Sus ojos, rasgados y rojos, con iris negra profunda. La sonrisa, llena de colmillos irregulares, crueles, viciosos.
Su ropa, destrozada. Su cuerpo, cubierto de escamas negras, de un negro profundo como la noche. Sus manos, alargadas, escamosas, con garras afiladas. Sus pies… iguales.
Dio un paso hacia él. El suelo crujió.
Extendió la mano. [Ascalon] apareció.
Cuando su mano, ya más garra que mano, tomó el mango hecho humo, el dolor fue evidente.
Era una [Dragon Slayer], y su toque lo hería por dentro. Pero no le importaba.
Desde su pecho, una gema verde emergió, abriendo su carne como una flor oscura.
—[Boost Frenzy: OverBoost x50] —
La gema brilló con un poder abrumador.
Un aura negra, con destellos verdosos y dorados, estalló desde su cuerpo.
Las heridas no se regeneraban… Se transformaban.
Allí donde había cortes, nacían escamas. Donde había carne rota, surgía blindaje.
Hyoudou Issei creció al doble de su tamaño. Su cuerpo se encorvó. Las escamas se hicieron más gruesas. Sus manos y pies ya no existían. Eran patas de dragón.
Seis alas se alzaron desde su espalda, Dos enormes alas negras, como sus escamas. Una de la [Boosted Gear] y una de la [Divine Gear], retorcidas en poder. Y dos alas demoníacas.
Sabiendo lo que vendría, se elevó al cielo.
—¡Si vas a darlo todo, entonces yo también lo haré! —gritó con fiereza.
Dejó que el guantelete hiciera el anuncio:
—[Half Dimension] —la voz profunda de Albion resonó como trueno seco.
Todo empezaría a colapsar.
A reducirse.
A desaparecer.
—Oye, niño estúpido… será mejor que pienses rápido—
La voz de Naruto Uzumaki se sintió tan cerca que lo estremeció.
Lo vio, a lo lejos, observándolo como si fuera un niño tonto.
—Estás dentro de MÍ [Barrera]. Este espacio existe porque YO lo sostengo. Esa estúpida habilidad no sirve si no puedes [Dividirme] a mí. Y ten cuidado…—
Sintió el golpe antes de comprenderlo.
Su estómago fue aplastado.
Hyoudou Issei estaba sobre él.
Lo lanzó contra la [Barrera] con fuerza descomunal. Las cadenas se sacudieron… pero no cedieron.
La pata del monstruo le aplastó la cabeza contra la [Barrera], anclándolo.
Y entonces lo azotó contra ella.
Una.
Otra.
Y otra vez.
—[Divide]… —intentó Albion.
—¡ARRRRGGGGGHHHH! —gimió de dolor cuando [Ascalon] destrozó el guantelete, cancelando su función y atravesando su mano.
Hyoudou Issei lo alzó. Lo abrazó.
Sintió su piel quemarse.
Las alas lo envolvieron…
Y se prendió fuego, así mismo.
Todo se volvió oscuro.
…
…
…
—[Yo, que estoy a punto de despertar] —
—¡Van a ser destruidos! ¡Ciertamente, van a ser destruidos! —
—(Entonces sería eso)—Fue lo que pensó cuando su mente volvió en sí.
Hyoudou Issei, o lo que fuera eso ahora, lo obligó a llegar hasta ese punto.
Ni siquiera lo pensó. Fue instinto.
—No es necesario llegar a eso —la voz de Bikou lo sacó del trance. Estaba a su lado—No tienes que preocuparte. Estamos aquí—
El monstruo seguía de pie. Rugiendo.
Pero entonces apareció Arthur.
[Ruler] lista.
La espada lo cortó, pero apenas. Le costó romper las escamas.
—No tan rápido. —la voz suave de Le Fay surgió tras él.
Ya tenía un círculo mágico sobre Hyoudou Issei.
Cadenas. Muchas.
Lo encerraron. Lo contuvieron.
Él se sacudió, violentamente. Rompía tantas como podía. Pero más aparecían.
—No creo que lo contenga mucho tiempo —dijo Le Fay.
Pero no fue ella quien lo detuvo.
—Ya basta —la voz de Naruto Uzumaki sonó cerca. Fría. Indiferente—Cuatro contra uno no me parece justo… ni siquiera para un Issei sin control—
Solo levantó la mano. El círculo mágico se hizo añicos.
Antes de que Issei pudiera atacar, fue contenido por cadenas idénticas a las de la [Barrera], que surgieron desde la espalda de Naruto Uzumaki.
—Creo que aún no tienes controlada esta técnica. Carecer de control solo te vuelve torpe— Lo miraba con firmeza, sin odio. Solo con juicio.
Hyoudou Issei se retorcía. Quería liberarse. Quería atacar.
—Basta—dijo Naruto. Una sola palabra.
Y Issei se quedó quieto.
Las cadenas lo apretaron. Lo aplastaron contra el suelo.
Poco a poco… Hyoudou Issei volvía a su forma humana.
Estaba inconsciente.
—Ahora… ¿Qué tenemos aquí? —dijo Naruto Uzumaki mientras se acercaba, sonriendo—Bienvenidos—
Su sonrisa… Era maliciosa. Cruel.
Y divertida.
~Narrador: Naruto Uzumaki~
Estos niños de ahora…
Con sus cadenas aún activas, trajo al dormido Issei hacia él. Lo observó con detenimiento.
Estaba satisfecho. Más de lo esperado.
Con honestidad, había esperado que Issei perdiera. Si el chico usaba aquello último… no habría tenido oportunidad. Mejor intervenir antes de que todo se descontrolara.
—¿No se presentarán? —Azazel rompió el silencio, acercándose con paso despreocupado, seguido de los demás.
Nadie habló.
—Bueno, entonces… ¿qué tal si los presento yo? —dijo Azazel, con una media sonrisa, clavando la mirada en Vali.
—Les presento a Le Fay Pendragon, la niña sobre la escoba. Una maga, como pueden deducir —señaló con la cabeza.
Una linda chica extranjera con cuerpo delgado, cabello rubio hasta los hombros, ojos azules. Su atuendo de maga apenas ocultaba el temblor de sus manos. La niña parecía nerviosa.
—Arthur Pendragon, el muchacho de lentes y la espada —continuó Azazel
Un joven de gafas, cabello rubio con un mechón rebelde sobre la cara. Vestía un traje ajustado, y al escuchar su nombre, envainó su espada con pulso firme.
—Y por último… Bikou, lo más legendario del mocoso, es que es descendiente del legendario Sun Wukong—
Un joven de complexión atlética, cabello claro y corto, ojos marrones… y una sonrisa molesta.
—La pregunta es: ¿por qué están aquí?—termino Azazel
—No podíamos dejar a Vali ser golpeado tan fácilmente —intervino Bikou, con tono jovial, rascándose la nuca—El actual [Sekiryuutei] es más de lo que esperábamos, ¿verdad, Vali? Además, somos de la [Khaos Brigade]. Estamos atacándolos —dijo con una sonrisa descarada.
—No —dijo, viéndolo sin expresión—No puedo creer que estés relacionado con el viejo mono.
Podría ser tonto… pero no tan estúpido como tú—
—¡El legendario demonio Naruto Uzumaki! Una de las existencias más poderosas —dijo el chico con una sonrisa desafiante—El viejo solía decir que no había criatura en este mundo que manejara mejor el [Senjutsu] que tú. Quisiera comprobarlo de primera mano—el muchacho dijo con una sonrisa arrogante girando su báculo
Se burló con un suspiro.
—Tú no vales ni el esfuerzo, mocoso. El viejo mono apenas y es un entretenimiento. Un mocoso tan insignificante como tú sería aburrido. Te mataría con un simple puñetazo si uso mi [Senjutsu]—Se cruzó de brazos—Mejor dime… ¿por qué no debería matarlos ahora mismo?—
—¿Crees que no sabríamos cómo evitarte? —esta vez fue Arthur Pendragon quien habló—No somos tan estúpidos para enfrentarte directamente—
—Dejan mucho que desear —intervino Baraquiel con una ceja alzada—Creo que Naruto tiene razón… son estúpidos. Pero qué se puede esperar de unos mocosos—
—Realmente estúpidos —añadió Falbium, suspirando.
—Niño —dijo Michael, ahora con la mirada fija en Arthur Pendragon—tu espada fue creada por [Padre]. Yo estuve presente cuando lo hizo. Conozco las capacidades de [Caliburn]. Aunque la escondas… puedo sentir que la llevas contigo—Lo miró con seriedad. El muchacho se tensó—y Naruto la conoce mejor que nadie, sabe cómo tratar con ella—
—Aunque lleves su nombre, estás muy lejos de él—fue lo que agrego
—¿De él? —preguntó Bikou, confundido.
—Arturo Pendragon. El Rey Arturo —respondió Gabriel, con solemnidad—A él se refiere—
—Lo que no les dicen claramente —intervino Metatron, su voz fría— es que esta [Barrera] nos mantiene a todos encerrados. Y no hay nadie aquí más fuerte que él—termino señalándolo
—Están atrapados —añadió Sirzechs—Él los dejó entrar. Él quiso que entraran. No porque ustedes quisieran—
Un escalofrío recorrió el grupo de la Khaos Brigade.
—Eso nos lleva a preguntar: ¿por qué? —termino Sirzechs, clavando su mirada en él.
Él solo sonrió.
Una sonrisa que no tenía compasión.
Los niños se inquietaron.
—Pero no los dejé entrar sin propósito —añadió, alzando lentamente su mano.
Un anillo brilló en su dedo.
—Hace mucho tiempo me tomé la tarea de recuperar [Excalibur]. La Iglesia… la manejaba con tristeza. Además, la necesito.
Mostró el anillo con calma.
—Y por eso… la última pieza que me falta es esa —dijo, señalando a [Ruler].
Arturo Pendragon se tensó al instante.
—Ahora… dámela —ordenó Naruto.
—Arthur… —Vali dio un paso al frente, preocupado.
—No fue un pedido —le interrumpió Naruto, su tono más serio—Ya no eres digno de ella.
El anillo brilló intensamente—
El joven Arthur gimió de dolor cuando [Ruler] se incendió en su mano, quemándolo.
La espada cayó al suelo y alzó la mano…
Y [Ruler] voló hacia él.
—Yo poseo [Blessing], una de sus habilidades más antiguas es el control del encantamiento de [Excalibur]: [La Dignidad]. Un acuerdo entre Uther Pendragon y Elohim. Solo aquellos dignos de ella podían blandirla—
En aquel entonces… solo Arturo podía.
Sostenía la espada con una mezcla de reverencia y autoridad.
—¿Qué tramas? —le preguntó el joven Pendragon, molesto—¿Por qué puedes usarla?—
Naruto suspiró. Bajó la mirada un segundo.
—Hace mucho tiempo… uno de mis pecados engendró otro más— Recordó. No quería hacerlo. Pero lo hizo—Tu antepasado murió por traición. Por su sobrino…El hijo de su hermana. Arturo tenía una debilidad por ese mocoso de mierda. Fue necio ante mis advertencias. Y yo fui cobarde. No estuve allí. Arturo murió. Perdí a un amigo. [Caliburn] dejó de responder. Nadie más pudo empuñarla. Con la muerte de Arturo, la espada quedó en manos de demonios indignos. La recuperé —continuó—Y como forma de expiar parte de mi pecado…la devolví a su casa. Lo que quedaba de ella. Quería que el nombre de Arturo no se perdiera. Los Pendragon perduraron gracias a [Caliburn]. Su prestigio volvió. Pero eso no fue suficiente para expiar mi falta—
Acarició [Ruler] con suavidad.
—Hice una promesa con él. Un acuerdo. Solo necesitaba una cosa para cumplirlo… Y eso llegó con Ajuka Beelzebub… Y sus [Evil Piece]—sonrió, mirando a los niños frente a él.
Falbium fue el primero en reaccionar, dando un paso hacia atrás, sintiendo la tensión.
A un lado del niño Pendragon… había un hombre encapuchado.
Su mano extendida. En ella… una espada europea de madera. Simple. Común.
Para cuando los demás reaccionaron, ya era tarde.
El encapuchado golpeó al niño de lleno, lanzándolo hacia atrás con una fuerza imposible.
El siguiente fue Bikou, que intentó cubrirse… Pero salió disparado contra la [Barrera], estrellándose sin control.
Vali Lucifer apenas pudo doblarse sobre sí mismo antes de que la espada de madera se incrustara en su estómago.
El encapuchado giró su rostro lentamente hacia la niña.
Le Fay. Ella temblaba. No se movía. Solo lo miraba… nerviosa. Silenciosa.
—Niños… —dijo Naruto, con una sonrisa más grande— Les presento a Arturo Pendragon—Hizo una pausa. Miró al niño aún en el suelo—Bueno… al Antiguo Rey—Sonrió con orgullo.—Mi Caballero—
Todos lo miraron. Y su sonrisa… era enorme.
Arturo se quitó la capucha, dejando ver su rostro.
—[Padre] mío… —fue Metatron quien lo dijo primero, reconociendo de inmediato al hombre frente a ellos.
Arturo tenía una apariencia joven, aún si sus ojos decían otra cosa. Una barba suave de candado enmarcaba su rostro. Sus ojos eran azules profundos, como el mar en calma antes de una tormenta. El cabello largo y ondulado, dorado como el sol de la mañana. Y una expresión jocosa, de esas que solo tienen los que han regresado de la muerte.
—¿Qué piensas de tus descendientes? —preguntó, acercándose a él con media sonrisa.
—¿Qué está pasando aquí? —fue Rias quien intervino, sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo.
Su pregunta fue ignorada por el momento.
Arturo no respondió de inmediato.
Solo observó con atención a la niña sobre la escoba.
—Me recuerdas a Morgana —le dijo finalmente, con voz suave.
—Creo que hubo algo allí con Morgana… —añadió, pensativo—Esa niña tiene una firma mágica parecida a ella—
La niña, Le Fay, se inquietó al oírlo. Como si sus propios secretos hubieran sido expuestos sin querer.
Arturo entonces volvió su mirada hacia el joven Pendragon. No había emoción en su rostro. Solo juicio.
—Esperaría más de alguien que lleva mi nombre… y mi espada—
—Su padre, Uther, tiene más parecido al tuyo. Algo hay ahí —comentó, como si conectara puntos sueltos en su memoria.
Arturo no respondió. Alzó su mano, con calma.
Y del niño Pendragon, emergió [Caliburn], rebosante de poder sagrado.
Los demonios se alejaron al instante. El aura de la espada era sofocante.
[Caliburn] voló hacia Arthur, quien permanecía inmóvil, expectante, casi solemne.
—¡Ahhh! —gritó Bikou, alzando su báculo para atacar. Una [Cadena de Adamantina] lo azotó sin piedad, lanzándolo contra la [Barrera] con violencia.
—¿Ves? Lo dije. Este niño es estúpido—
—¿Querías [Caliburn]? —preguntó Vali Lucifer, incorporándose, limpiándose la sangre de la comisura de los labios.
—[Caliburn] responde al llamado de su legítimo dueño—La voz de Gabriel fue suave, casi reverente.
Todos observaron cómo Arturo tocaba la espada… sin ser lastimado, a pesar de ser un demonio.
—¿Incluso si es un demonio? —preguntó el joven Pendragon, acercándose herido.
—Su corazón es puro. Incluso más que el tuyo—agrego Michael
—Aunque [Caliburn] responde a tu sangre, no te considera digno si no has sabido usarla como se debe.
El Rey Arturo puede blandirla con su aura sagrada pese a ser demonio… Y la espada no lo hiere. [Padre] la creó para él. La espada solo responde a su legítimo dueño—explicó Gabriel con solemnidad.
—¿Quieres quedártela? —preguntó, mirando a su viejo amigo.
—No—La respuesta fue inmediata.
—Perdí el derecho a ella ese día. —Su tono era melancólico—No me puede considerar digno… cuando le fallé—
Arturo le tendió la espada.
La tomó con cuidado.
—¿Por qué puedes tomarla? —volvió a preguntar el joven Pendragon.
Arturo sonrió. No con arrogancia, sino con honestidad.
—Para ser demonio, doy pena como tal. En la [Guerra], los Caídos y Ángeles me temían, porque sus lanzas y ataques sagrados eran insignificantes contra mí. Otra de las cualidades con las que fui creado es que, aunque no soy inmune al poder sagrado, poseo, entre los demonios, la más alta resistencia.
—Solo unos pocos ataques angelicales podrían causarme daño serio. Puedo contarlos con una sola mano—Alzó [Caliburn].
Y entonces la espada desprendió aún más poder sagrado.
De su cuerpo fluyó un chakra distinto. Uno que parecía brillar con luz propia.
En sus tiempos de guerra, había desarrollado un elemento único, basado en el poder de los ángeles.
Controlaba el [Inton (Elemento Yin)]…
Y había desarrollado el [Kōton (Elemento Luz)].
Pero fue al desequilibrar esos componentes, que alcanzó el siguiente paso.
Su propio [Shinton (Elemento Sagrado)].
Un elemento que le permitía manipular, crear y alterar el poder sagrado de ángeles y dioses.
Porque el poder sagrado no era uniforme. Dependía del ser.
El [Aura Sagrada] de [Caliburn] no era igual al de Gabriel. Y el de Gabriel, por poderoso que fuera, era muy inferior al de Elohim.
Cuando su cuerpo lograba convertir su Chakra puro en el [Shinton (Elemento Sagrado)], se volvía inmune a cualquier ataque de ese tipo.
Pero ese poder no era pasivo. Tenía un costo.
Debía usarse activamente, en ataques propios o en un modo especial:
[Shinton Chakura Mōdo (Modo Chakra del Elemento Sagrado)], inspirado en el viejo Raikage y su técnica de [Raiton (Elemento Rayo)].
—Por mi [Padre]… Naruto, se me olvidaba que podías hacer eso —dijo Azazel, sonriendo con cierto sarcasmo—¿Acaso no tuvo que ver un Caído en tu concepción?—
La pregunta flotó en el aire.
Probablemente muchos la compartían.
No respondió.
—Creo que si no son Caídos, Ángeles o Arturo… la pasarán muy mal—Ignoró por completo a Azazel.
En ese instante, varias barreras se alzaron.
Sirzechs protegió a su hermana y a su nobleza.
Arturo recogió a Issei con una sola mano, envolviéndose junto a él en una barrera.
Azazel creó la suya para proteger a los suyos.
Michael y Metatron se reunieron, formando una barrera conjunta.
Falbium y Serafall protegieron a Sona Sitri y a su nobleza.
Gabriel, Xenovia y Lavinia se envolvieron entre ellas con magia.
La niña maga también actuó, cubriendo a los suyos con un círculo protector.
Entonces, alzó la voz.—[Shinton: Kami no ōra (Elemento Sagrado: Aura de Dios)]—
Desató sin contención su [Aura Sagrada], quemando todo el chakra que podía canalizar.
El entorno se convirtió en un pequeño estanque sagrado, el aire se volvió pesado y puro al mismo tiempo. Su [Barrera] se sacudía, vibrando al contener aquella presión divina.
[Caliburn] absorbía y absorbía, como si nunca fuera suficiente, llenándose de poder sagrado.
Naruto alzó su mano y el anillo que llevaba comenzó a brillar. Tomó la forma de una espada europea.
Poco después, las demás [Excalibur] se manifestaron, flotando a su alrededor.
—El poder del viejo te reformó —murmuró, contemplando la hoja—Purificó tu existencia. Limpió tu hoja del pecado de las [Artes Oscuras]… Pero esta vez soy yo quien te reforjare. No tienes que atarte a un solo poder. Puedes ser bien—En ese instante, [Caliburn] terminó de absorber su aura.
Brillaba intensamente, rodeada de una luz que no era ni divina ni profana: era ambas cosas.
Pisoteó el suelo. Pero en vez de romperse, un círculo de sellos complejos se formó bajo las espadas suspendidas.
Con rápidos movimientos de sus manos, comenzó a crear una secuencia de sellos, cada uno más complejo que el anterior.
—…y mal. —completó, con una media sonrisa.
Los sellos cambiaban con cada gesto.
Fusión de materia.
Manejo de aura sagrada.
Dominio de conceptos como el [Espacio], [El Tiempo], e incluso la preservación de almas.
Porque sí. [Excalibur] era única.
Poseía el alma de [La Dama del Lago], [Nimue]. Su poder venía de ella y de la brujería con la que fue forjada.
Esa alma sobrevivió porque Elohim, al purificar la espada, no erradicó su esencia. La santificó, pero le permitió seguir existiendo.
Agregó un último sello, renovando [La Dignidad], la cláusula de Elohim para permitir que solo los dignos blandieran la espada. La base… era la firma mágica de Arturo Pendragon.
Los sellos brillaron con un fulgor blanco-azulino cuando se completaron. Las espadas comenzaron a brillar y a deformarse lentamente.
[Caliburn] liberó su [Aura Sagrada] e inundó a las demás espadas, fundiéndolas en una sola masa.
Un resplandor envolvió todo.
Y sobre esa masa de luz… una imagen borrosa comenzó a formarse.
—¡[Nimue]! —gritó, como invocándola.
Los sellos estallaron de luz.
—Revive… y reclama tu lugar en este mundo—termino como un cantico anunciado
Las espadas, ahora unificadas, brillaban como una estrella. Hasta fusionarse en una sola masa brillante que poco a poco tomaba forma.
[Caliburn] dejó de emanar poder. Se quedó vacía.
Había dado todo… para volver a forjar a [True Excalibur].
La [True Excalibur] había regresado. Con todas sus habilidades. Completa. Definitiva.
No era una espada ostentosa. Era sencilla… pero majestuosa.
Diseño europeo. Mango para dos manos de acero negro. Pomo circular con el símbolo de un hada de un lado, y del otro, un hombre sin rostro. Grabados detallados rodeaban ambas figuras. La guarda era una cruz con detalles dorados, y garabatos místicos. La hoja, larga, de doble filo, con símbolos sagrados y ocultos grabados en ambos lados.
Allí estaban sus habilidades.
Las bendiciones de Elohim.
Y ahora…las modificaciones que había implementado en ella.
[Nimue] se manifestó, ahora con total claridad.
Una mujer hermosa, de pelo rubio, ojos verdes, y expresión pacífica. Su vestido blanco, traslúcido, flotaba con la energía sagrada. Ella lo miraba directamente.
—Hace tiempo que no nos vemos, [Nimue] —le dijo, con una sonrisa nerviosa.
—[Sí, Lord Naruto. Si mi mente no me falla, desde que me destruiste en siete fragmentos, aun cuando estos fueron reforzados…yo seguía perdida y olvidada]—
Bajó la mirada. Tuvo la decencia de no verla a los ojos.
La vergüenza pesaba.
—Lo lamento, mi bella dama. A veces actúo más como bestia que demonio, la decencia se pierde en mi—
—Creo que son lo mismo para ti—comentó Azazel, y recordó que no estaba solo.
Decidió ignorarlo.
—[Nimue]… —intervino Arturo, arrodillándose ante ella—Dime… ¿aún me consideras digno?—
[Nimue] lo observó con atención.
Juzgándolo.
Analizándolo.
—[La codicia de tu padre fue el pensamiento que me engendró… pero la bondad de su corazón me dio un propósito. Fui reforjada y bendecida para servirte. Nunca has dejado de ser digno de mí, Rey Arturo Pendragon]—
Arturo se alzó con respeto. Extendió la mano.
[Nimue] le dio una última mirada a todos… para terminar en él, se dieron un pequeño asentimiento, quizá ella le agradeció el gesto de reforjarla. Y volvió a la espada.
Esta voló hacia Arturo.
Arturo la tomó… Y al blandirla, su [Aura Demoníaca] fue expulsada, oscura y densa. Pero con un tajo al aire… esa aura se convirtió en [Aura Sagrada].
Arturo, al igual que el caballero de Rias, tenía ahora [Poder Sagrado] y [Poder Demoníaco] en una sola espada.
Pero había una diferencia: Arturo podía usar ambos poderes incluso sin [Excalibur]. Desde su reencarnación, esa era su habilidad única.
El niño de Rias necesitaba de su [Sacred Gear].
Arturo hizo unos movimientos con la hoja… Y esta se transformó en un anillo, que se colocó en su mano. Luego, lo miró y sus ojos demostraron agradecimiento, no necesitaban palabras.
Le devolvió el gesto con un asentimiento.
—¿De verdad no quieres quedártela? —le preguntó a Arturo, con [Caliburn] en su mano.
[Caliburn] no era cualquier cosa. Era [La Espada Sagrada Más Poderosa].
—No —respondió Arturo sin titubeos—Pero puedes quedártela. Nadie puede decirte lo contrario—
Lo pensó.
Y era cierto. Pero no.
Xenovia ya tenía su espada.
Issei poseía [Ascalon], perfecta para él.
Y no la necesitaba. No si Arturo no la iba a usar.
—Es una lástima. —dijo viéndola.
Y la lanzó hacia el niño Pendragon.
La espada cayó frente a él, incrustándose en la tierra con fuerza.
—Ya cumplieron su propósito. Ahora lárguense. —añadió, sin interés.
—¿Propósito? —dijo Vali Lucifer, dando un paso hacia él, molesto.
—Sí. Solo quería a [Ruler] y [Caliburn] para poder reforjar a [True Excalibur]. Más allá de eso… no son nada interesantes—Se cruzó de brazos.—Un mocoso con un dragón sellado, no es la gran cosa. Más allá de tu poder demoníaco decente, no veo nada interesante en ti, ya mate a Albion una vez, matarte a ti que ni siquiera llegas a la mitad de lo que fue Albion es, sería una pérdida de tiempo—Miró a Bikou—El mono estúpido de allá, ni siquiera es contrincante para mi gatita, no perdería mi tiempo con el, no molestaría a la Naturaleza por algo tan tonto—Miró a Le Fay—La mocosa de la escoba, no quisiera cruzarse con mi [Brujita]. Muy pocos Magos, Brujas o Brujos pueden hacerle frente. Puedo contarlos con una mano, Mephisto resulta ser un maestro excelente— Miró al joven Arthur—El niño de lentes, no quiere cruzarse con Arturo y su espada. Yo no quisiera. Aprendí mi lección esa vez que perdí ante su espada. Y Creem el que tengas [Claiburn] no hará la diferencia, como dicen: "No es la espada, es quien la empuña"—Se giró, relajado—Así que sí, como puedes ver, solo los utilicé. Realmente, el que yo estuviera aquí fue por esto—extendió las manos, señalando todo el lugar, todo lo que paso—Azazel me dio la llave que necesitaba al traerte. Ya sabía del ataque. Quizá Ophis y yo no estamos en buenos términos… pero eso no significa que no sepa lo que hace y quién la rodea—dijo al aire—Dile a Shalba que pise con cuidado. Estaré esperándolo—Terminó con una sonrisa colmilluda, ojos rasgados.
Las cadenas se contrajeron. La [Barrera] empezó a caer.
Se despidió con la mano. Y antes de que pudieran reaccionar, todos desaparecieron en un destello.
Una nueva barrera se formó, ya no controlada por él.
Los soldados demonios, ángeles y caídos volvieron a estar dentro, pues habían sido expulsados al inicio del ataque.
—Bueno… creo que esto llegó a su fin.—dijo al aire, exhalando.
—Creo que esto apenas comienza. —respondió Gabriel, sería, mirándolo.
—Tienes mucho que contar, sensei… —añadió Falbium.
Todos lo voltearon a ver.
Suspiró. Restándole la importancia que probablemente tenía el asunto.
Pero su sonrisa. era optimista. Todo había salido mejor de lo esperado.
—Volvamos a la mesa. Hay mucho de qué hablar—Comenzó a caminar.
El edificio no existía. Había sido destruido por la batalla.
Movió su mano, y murmuró en voz baja. Sus palabras no eran comprensibles para los demás. No necesitaban saber cómo lo hacía.
La tierra tembló.
Árboles germinaron.
El pasto creció.
Flores florecieron.
Y el edificio resurgió.
La escuela volvió a estar como antes. Como si jamás hubiera sido destruida.
La tierra se asentó.
El aire volvió a fluir.
Y el edificio renació como si nunca hubiera ardido… pero todos sabían lo que pasó.
Nadie dijo nada.
Ni los demonios.
Ni los ángeles.
Ni los caídos.
Caminaba como si nada hubiera ocurrido, tranquilo, sin apuro, como si todo lo que había ocurrido no tenía importancia. Sí la tenía, pero sus planes no eran para compartir.
Y todos sabían eso. O lo habían aprendido.
Todos sabían: él planeó todo. Y salió como esperaba.
Las Excalibur fueron recuperadas. La espada verdadera fue reforjada. El Rey volvió metafóricamente.
Y los mocosos… problemas para resolver después.
—Vamos —fue lo único que dijo mientras pasaba junto a los demás sin detenerse—volvamos al tema de esta reunión—
Sirzechs lo miró. No dijo nada.
Michael bajó la mirada.
Azazel sonrió, resignado.
Gabriel caminó a su lado, como siempre lo hacía.
Los soldados volvieron.
La estructura estaba restaurada.
Pero el ambiente… ya no era el mismo.
Las cosas habían cambiado.
No pedía permiso.
No pedía aprobación.
Hacía lo que quería. Y nadie podía impedirlo.
Y mientras todos volvían a sentarse, sonrió, como si lo que acababa de hacer no fuera más que el primer paso de algo más grande.
Porque lo era.
Y solo él sabía lo que venía.
Y esta era una dulce victoria.
Era bueno disfrutar de vez en cuando.
Y ya está
~Reviews~
Guest: Gracias, soy irregular con las actualizaciones (generalmente trato de, al menos, publicar una vez al mes), pero tuve un periodo de ausencia (en mis ratos disponibles, escribía, así que tengo algunos borradores de próximos capítulos, habrá actualizaciones esporádicas sin tanta espera).
La mayoría del Harén es casi obvio, pero los miembros completos se conocerán a lo largo del fic. Descubramos cuáles fueron escogidos. Pero si puedo confirmarte que no, Koneko no va a estar, lo siento para todos los fans de Koneko, pero no la veo como pareja de este Naruto. No sé, cosas mías, pero ella sí se va a quedar con Issei. Issei tendrá su propio harén.
Tengo que hacer una aclaración aquí, este fic está concentrado en Naruto en su mayoría (como puedes notar la mayoría de los bloques o secciones de cada capítulo se viven desde su perspectiva, ciertos son de otros personajes y siempre tienen que ver con algo relacionado con él, el fic está escrito con ese fin, mucho trasfondo de los personajes secundarios se construye en segundo plano y se hace mención de ello, este no es un fic de varios personajes, no, todo girara en torno a la historia de Naruto).
Aclaro esto porque muchos piensas que el que Issei tenga su propio desarrollo es porque él es un personaje principal y no, solo Naruto es principal y todo gira en torno a él o donde él tiene que ver en algo.
Lo de la escala de poder es bien raro, complejo diría yo, con el canon de Naruto y el de DxD puedo decirte que hay incongruencias con respecto a DxD, por ejemplo, que se decía que Great Red era el más poderoso y no sé qué, pero se murió en una pelea (hasta el momento eso se sabe), eso descoloco la escala de poder, Ophis perdiendo su "Infinito" es loco. Por eso también estoy contigo, no soy tonto. El de Naruto tiene sus propias fallas, pero quedó mejor estructurado con respecto al de DxD (yo no tomo en cuenta Boruto, allí se jodieron muchas cosas, pero solo resaltaron el hecho de que el universo de Naruto sí está roto).
Alguna vez leí un fic donde el autor explicaba por qué el universo de Naruto era superior y con hechos del canon tomando hasta Boruto (lo buscaré y te lo pondré en otro comentario si sigues comentando, gracias).
DanKerNight: Bueno, este también es una sorpresa, incluso para mí, créeme, no pensaba publicar hasta quizá una semana más, pero bueno, me llegaron las ganas y aquí hay un nuevo capítulo. (Esperemos que el próximo no se demore, no prometo nada).
Gasper tendrá su historia, tiene su historia, es un nexo hacia el mundo de los vampiros (ya tengo ganas de llegar a eso, pero falta).
No todo puede ser bueno para Naruto, el maldito tiene al autor en contra, hahahahahaha. Me gusta mucho Issei, me parece un personaje con mucho potencial para los fics. (Lamentablemente, el fandom de DxD no ha sido del todo justo, me asqueé de leer fics en su tiempo que no tenían un buen comienzo para él, en su tiempo se saturó con la trama de engaños).
Volviendo al harén, aunque se descubrirá a lo largo de los capítulos, mucho de ello sucede en segundo plano, por lo que te confirmaré algunas cosas. Si Ingvild termina con él, obviamente creo que lo esperabas. No me gusta eso del NTR (no tengo nada en contra de esas tramas, pero eso no sucederá y creo que se debe a la saturación de fics que existen de eso). Naruto es débil ante sus esposas, pero tampoco consiente al son y ton, hasta el mismo tiene sus límites, Leviathan es un claro ejemplo, la misma Grayfia (su historia se conocerá, pero entenderás por qué Naruto juega al tonto cuando no lo es, creo que un poco de eso se mostró cuando hizo el trato con Rias, él puede decir que Grayfia manda, pero nadie hace nada si así no lo quiere, la casa se llama Uzumaki, otro ejemplo es Serafall, en la guerra política está en contra de él y eso no lo detiene). Creo que Naruto tiene un pensamiento liberal en cierto sentido, ninguna está atada a él, todo es recíproco, no es que no se equivoque (Leviathan fue su mayor error), pero si recuerdas una de sus amantes que no funcionó fue Deméter (el porqué se conocerá en algún punto).
Ophis y Naruto son como niños, ninguno quiere aceptar las verdades que tienen enfrente (Naruto realmente, casi como con Kaguya, ya que Ophis realmente sí es ingenua). Me gusta mantener ciertas cosas del canon de DxD. Me gusta que mi personaje mantenga cierta esencia de su personalidad original, recordar de quién estoy escribiendo y no convertirlo en un OC.
Si sucede (lo más probable es que sí, pero no prometo nada), Hagoromo no la pasará nada bien. Kurama le dará una paliza sin duda alguna. Lo entendí y me gustó la explicación, hahahahahaha.
Lo de Akeno es trama continua en los próximos capítulos, conoceremos cosas que, ufff... lo dejaré allí.
Gaby es mi cura al escribir, me encanta escribir sobre esa pareja, mi favorita.
Como siempre, un gusto leer tus comentarios respondiendo mis comentarios, que responden tus comentarios, sobre responder mis comentarios, respondiendo tus comentarios, que responden mis comentarios, que responden a tus comentarios.
Naru Namikaze20: Gracias, amigo. Extrañaba leer uno de tus reviews, pero no perdía la fe, sabía que estabas por aquí. Gracias de verdad.
Gracias, me gusta que la historia vaya acorde a lo que he querido transmitir y tu review es un hecho de ello. Trato de que todo tenga su orden, su fluidez y cada día mejorar, evitar errores congruentes de trama y corregir lo que tenga que corregir.
Poco a poco los personajes que rodean a Naruto irán conociendo qué cosas estuvo haciendo fuera de la Gran Guerra y sus planes futuros.
Gabriel es Gabriel, creo que eso lo dice todo, es lo primero que define a Naruto (su historia con Naruto se conocerá más allá de los detalles sueltos). Sí, buscaba un Naruto en esencia como él (obvios cambios de personalidad y moralidad), pero que cuando lees no te alejes del Naruto que conoces.
Bueno, Madara se menciona en el capítulo 1 y alguna que otra vez en los capítulos donde se demuestra que Naruto experimenta con sus genes (por ello tiene ojos Sharingan), pero no te preocupes, Madara tendrá sus menciones y su relevancia a su tiempo (no me he olvidado de él).
Gracias, amigo, espero seguir leyéndote.
