Monologo de Anastasia
Mis ambiciones.
Como una persona normal, sin fuerza, sin velocidad, sin poder, debo hacer uso del mayor don que posee la humanidad: su cabeza.
"Quiero poseerlo todo, no quiero perder nada."
Esas palabras resuenan en mi mente como un eco incesante, un recordatorio de que la codicia es mi naturaleza y mi mayor virtud.
Y no me avergüenzo de ello.
Soy codiciosa, demasiado. Pero ¿qué se supone que haga si el mundo parece empeñado en destruirse a sí mismo? No soy más que una mujer frágil en un juego donde solo sobreviven los fuertes, y la única manera de ganar es aferrándome a lo que es mío.
Ceder lo que poseo sería como ceder mi propia alma. Perder a mi gente… es perderme a mí misma.
Y eso me aterra.
Me duele incluso imaginarlo.
Para un mercader, sus bienes son su vida. Se pueden intercambiar, negociar, ocultar… pero siempre vuelven, siempre hay forma de recuperarlos. ¿Cuántas veces he entregado algo sabiendo que, tarde o temprano, retornará a mis manos? El tiempo, en sí mismo, es la esencia del comercio, y yo he aprendido a comerciar con todo: bienes, información, relaciones… incluso con la confianza.
Las noticias tienen un precio. Las personas tienen un precio. Todo lo tiene.
Es esta forma de pensar la que me llevó hasta donde estoy. No soy alguien que desconfía por naturaleza, pero tampoco soy ingenua. Mi gente me quiere, y yo los quiero a ellos. Mi deber no es solo prosperar, sino protegerlos. Y para eso, a veces, hay que renunciar a cosas que también se desean.
Me pasé semanas enteras desvelándome, buscando respuestas en un mar de incertidumbre, mientras la misma visión me atormentaba: lo perdía todo.
Mis acciones cambian según se trate de una premonición, un presentimiento o simplemente el instinto de una mercader que ha aprendido a leer los movimientos de los demás. Lo único que sé es que el peligro está ahí, acechando en las sombras.
El culto, los ambiciosos, los oportunistas…
En Priestella, un grupo se está preparando en secreto para atacar.
En Gusteko, la iglesia avanza sin escrúpulos, tomando minas y acaparando recursos. La elección del Papa parece volverse más turbia cada día.
En Kararagi, los entes gubernamentales fortalecen sus fuerzas militares. No tardarán en hacer su jugada.
Y aquí, en Lugunica, el caos reina. La última guerra demostró que la corrupción se ha arraigado profundamente, que las injusticias siguen asfixiando cualquier intento de avance.
Ser una gobernante no es solo administrar lo propio. Es lidiar con los problemas de los demás, porque todo lo que ocurre fuera de mi dominio también terminará afectándome.
Pero más que cualquier conflicto político o económico, hay una pregunta que me atormenta por encima de todas:
¿Por qué el mundo está destinado a su destrucción?
Cuanto más lo pienso, más se agita el miedo en mi pecho. No lo comprendo, no tengo aún todas las piezas, pero sé que la amenaza es real.
Aun así, jamás dejaré que lo noten.
Siempre habrá una sonrisa en mi rostro, incluso cuando la incertidumbre me consuma. Porque si hay algo que aprendí de este mundo, es que en cada crisis existe una oportunidad. Y yo he apostado todo en esta jugada, porque estoy convencida de que mi mano es la ganadora.
No sé si el futuro se puede cambiar.
Pero lucharé con todo lo que tengo.
—No dejaré que me quiten lo que me pertenece.
Capítulo 1
El viaje a Priestella
Tres carrozas están listas para nuestra partida, cada una con los miembros de su respectivo grupo. Crusch charla tranquilamente con Emilia, mientras que Luan y Garfield conversan sobre el enfrentamiento entre él y yo.
—¡El bastardo aprovechó ese momento para golpearme! Sus golpes eran como piedras dándome en la cara. —Garfield mira a Luan, quien lo escucha con atención.
—¡Mimi quiere oír más! —exclama la pequeña, saltando sobre el hombro de Garfield, quien se sorprende por el repentino movimiento.
Sonrío con calma, pero rápidamente cierro los ojos. Necesito mejorar mi control del maná, aunque no hay un método específico para hacerlo. Si quiero dominarlo, debo seguir imaginando, integrando nuevos conceptos en mi circuito interno.
Ahora que mi maná es similar al de un espíritu, su pureza complica la regulación de los hechizos. Sé que el control de los elementos está ligado al alma, un concepto real que Roswaal llevó al extremo al consumir las almas de sus descendientes para adquirir sus habilidades.
En mi caso, me insertaron el alma de una persona del pasado.
«Imagina, Marco Luz.»
Para mejorar mi sensibilidad al maná, necesito un sistema que se regule de manera automática. Actualmente, mi puerta es una simple fuente, y mis terminales nerviosas funcionan como sensores que reaccionan en consecuencia. Lo que me hace falta es un transistor, un mecanismo que regule el flujo, amplifique y bloquee el maná en mi cuerpo.
La magia me permite conectar funciones imaginarias y hacerlas realidad. En este momento, solo tengo una fuente de maná: mi puerta. Si quiero un transistor, debe instalarse en un solo lugar.
Me imagino colocándolo en mi cuello, justo en la vértebra número siete. De esta forma, se conectará entre mi sistema nervioso central y la red de energía de mi puerta, actuando como un modulador de señal controlado por mi cerebro.
Así, siempre tendré una respuesta rápida.
Ahora, debo calibrarlo.
—Emilia, ¿puedes liberar maná? Quiero hacer un experimento.
Le sonrío, y ella comienza a expulsarlo por su cuerpo.
Quiero aumentar mi sensibilidad, sentir cada partícula de su maná mientras se mueve. Quiero su máximo, hasta el punto de poder escucharla a través de él.
¡Badum! ¡Badum!
Su corazón. Lo escucho con claridad. Es como si el sonido se dirigiera directamente a mi cuerpo. Siento su maná frío atravesando mi piel, pero al mismo tiempo, comprendo sus movimientos.
«¿Podría predecir el lanzamiento de un hechizo?»
No sé mucho de anatomía, así que dudo poder analizar posturas o gestos con precisión. Sin embargo, si la magia tiene un patrón, tal vez pueda anticiparla incluso antes de que sea conjurada.
—Crea carámbanos.
Cierro los ojos y siento el cambio en el flujo. Si antes su maná era una brisa helada, ahora es una lluvia de agujas. Puedo percibirlo: el cambio de forma, la estructura de los carámbanos moldeándose con su energía.
—Ugh... —Un dolor de cabeza me atraviesa, y rápidamente imagino cómo reducir la intensidad del regulador.
Mi mente se tranquiliza.
Podría disminuir la sensibilidad a los niveles anteriores, pero sería un desperdicio. Necesito acostumbrarme a este sistema, como hice con mi puerta.
Abro los ojos.
El carruaje se ha detenido.
—¿Vamos a almorzar ya? —pregunto a la persona a mi lado.
Dos ojos amatista me observan con dulzura.
—Sí, mi Marco. —Emilia me abraza, y yo acaricio su cabeza con suavidad.
«Con esta sensibilidad, podría destruir ese corazón en un instante.»
«No dejaré que nada le pase.»
Nos quedamos abrazados unos minutos, ajenos al mundo. Me invade un leve sopor, pero un punzón en el estómago me recuerda que es hora de comer.
—Vamos. —Miro a Emilia y noto que ha cerrado los ojos.
No durmió anoche. Cuando fui a su habitación, la vi entrenando con los espíritus que la asisten. No sé cuánto tiempo pasó así, pero está claro que se ha preparado para lo que viene.
La cargo entre mis brazos y la recuesto con cuidado.
Acaricio su mejilla de terciopelo antes de bajar de la carroza.
El grupo ya está reunido. Crusch está preparando algo. Me acerco, intentando disimular mi incomodidad.
—¿Qué cocinas?
—Algo ligero. Ayúdame un poco.
Comemos en silencio, pero el ambiente se siente menos tenso que antes.
—¡Pelea! —grita Mimi de repente.
Dirijo la mirada hacia el centro del grupo.
Frente a frente, Garfield y Julius se observan con intensidad.
Un chico que anhela ser el más fuerte.
Un hombre que busca la cima de la caballería.
El enfrentamiento está a punto de comenzar.
—¡Te vo' a patea' ese culo tuyo! —Garfield se coloca en guardia, alzando las manos con una sonrisa desafiante.
—Esto es solo un entrenamiento. Sin embargo, si pierdes, tendrás que aprender a hablar como un caballero. —Julius lo observa sin cambiar su expresión, sosteniendo una espada de madera con elegancia.
Ya sabía que esto pasaría desde el momento en que Garfield preguntó por Julius. Puedo sentirlo con claridad: sus espíritus están más fuertes que antes, como si estuvieran a punto de dar un salto evolutivo. Por otro lado, Garfield, aunque amenazante y sonriente, transmite una intranquilidad sutil.
—¿Quién crees que gane? —Anastasia se detiene a mi lado, observándolos con una sonrisa serena.
Desde la última vez que hablamos, cuando pude ver el miedo en sus ojos, siento que hay una conexión distinta entre nosotros.
—Garfield lo hará bien… —Respondo, colocando una mano sobre su hombro—. Al final, tu caballero ganará, pero no creo que le sea fácil.
—Desde tu derrota, Julius ha triplicado su entrenamiento. Ha combatido contra hechiceros de nuestros mercenarios y guerreros sin descanso. —Cruza los brazos—. Gracias… no pensé que volvería a verlo tan motivado.
Así que quería pelear conmigo de nuevo.
—Somos un equipo.
Anastasia suspira y señala a Mimi, quien observa a Garfield con una expresión radiante.
—¡Tú puedes! —grita, alzando su báculo en dirección a Garfield—. ¡Si ganas, te daré un besito!
—¡No quiero un beso de una niña! —brama Garfield, sin apartar la mirada de Julius.
Así que de eso se trataba… amor a primera vista.
—Bueno, parece que no podremos separarnos de ahora en adelante.
Ambos asentimos. Y entonces, la batalla comienza.
—¡Soy el escudo de Irlam, Garfield Tinsel! —Choca los puños con fuerza, liberando un aura roja que se agita a su alrededor—. ¡Seré el más fuerte de todos!
Julius eleva su espada y adopta una postura firme. Apunta ligeramente hacia Garfield, con los hombros erguidos y la mirada inalterable.
—Caballero espiritual, Julius Juukulius.
En un instante, la distancia se reduce. Julius se desliza hacia adelante con una rapidez aterradora, su espada de madera brilla con un tenue resplandor. Garfield apenas tiene tiempo de reaccionar y esquiva por los pelos la estocada. Pero Julius no se detiene. Un leve trazo de maná recorre sus piernas, y en el siguiente instante, su cuerpo gira con una patada alta dirigida a la mandíbula de Garfield.
—¡Tú!
Garfield alza un brazo, bloqueando el golpe, y en el mismo movimiento, contraataca con un puñetazo dirigido al músculo gracilis en la pierna de Julius. El impacto es certero, pero algo está mal. Julius ni siquiera reacciona al golpe.
«Otro espíritu.»
No está simplemente invocando a sus espíritus, sino que estos están apoyándolo activamente, reforzando su cuerpo en cada instante. Es un nivel de simbiosis con la magia espiritual que no había considerado posible.
«Parece que Garfield la tendrá más difícil de lo esperado.»
Ambos toman distancia, midiéndose con la mirada. Julius sonríe con calma.
—Pareces saber golpear.
Garfield responde con una sonrisa desafiante, levantando sus puños.
—Se má que eso.
Sin previo aviso, Garfield pisa el suelo con fuerza, canalizando su maná en la tierra. Una plataforma se forma bajo sus pies y lo impulsa a toda velocidad hacia Julius. Pero el caballero no se inmuta. Su espada de madera brilla por un instante antes de bloquear el golpe dirigido a su rostro.
—¡Te tengo!
Garfield agarra la espada con ambas manos, dispuesto a desarmarlo, pero antes de que pueda hacer algo, su cuerpo se ve proyectado violentamente al suelo. Apenas se desliza por la arena, levanta la mirada y ve a Julius observándolo con tranquilidad.
—Ya intentaron eso conmigo una vez.
No le da tiempo para recuperarse. Julius se impulsa hacia él con una velocidad endemoniada, pero Garfield reacciona. Con un gesto, el suelo a su alrededor se deforma y estalactitas de piedra emergen en dirección a su oponente. Julius las corta y destruye sin esfuerzo, avanzando sin titubear. Sin embargo, esa no era la verdadera estrategia.
Garfield ya ha cerrado la distancia.
Un jab directo al plexo solar, seguido de un segundo golpe. Julius intenta retroceder, pero el suelo bajo sus pies se tambalea. Por un instante, pierde el equilibrio.
¡Bang!
Un sonido seco retumba en el aire cuando el golpe de Garfield impacta de lleno. Julius retrocede, pero Garfield no le da respiro. Una patada a la sien, un puñetazo a la mandíbula, un ataque tras otro. Pero algo no encaja.
Julius no está recibiendo los golpes con toda su potencia. Los está reduciendo. Garfield lo nota y su furia se enciende.
Con un rugido, clava su puño en dirección al rostro de Julius. Pero antes de conectar, una mano lo detiene.
Por un instante, el tiempo parece detenerse.
Garfield abre los ojos con sorpresa, pero en el siguiente segundo, su espalda impacta contra la tierra. Julius lo ha derribado con una facilidad desconcertante.
—Fueron buenos golpes.
Las manos de Julius resplandecen con una energía distinta. Cuando aumento mi sensibilidad, lo entiendo al instante. Ha cambiado a su espíritu Yin. Está manipulando el espacio mismo para incrementar la velocidad de sus movimientos.
«En lugar de buscar un golpe decisivo, ha adaptado su estilo para integrar cada uno de sus espíritus en una danza perfecta.»
Garfield, tumbado en el suelo, mira al cielo con los puños. Su respiración es errática, su cuerpo tiembla de rabia contenida. Pero hay algo más. Algo que lo está reteniendo. Se levanta lentamente, la sangre goteando desde su nariz.
Algo dentro de él le impide recurrir a su transformación.
Con un grito de guerra, se lanza de nuevo. Crea una muralla de tierra entre ambos, y en el instante en que Julius pierde la visión, la destruye en una explosión de polvo.
Pero eso no funcionará.
Julius extiende su espada, y con un espiral de fuego, el campo de batalla se ilumina. El calor lo envuelve todo. La hierba se quema, el aire se vuelve denso. Garfield está atrapado en el centro.
—El mismo hechizo que usó conmigo… —murmuro, cruzándome de brazos.
En aquel entonces, sin Beatrice, jamás habría podido desafiarlo. Pero Garfield es distinto.
—¡Dona!
Desde el suelo, dos brazos de piedra emergen y atrapan a Julius por las piernas.
—¡Bastardo!
¡Boom!
La tierra explota y ambos son lanzados al aire. En ese momento, el cielo se convierte en su campo de batalla. Garfield lanza golpe tras golpe, pero Julius los bloquea todos. No puedo evitar fruncir el ceño.
«Este niño está conteniéndose…»
Camino hasta donde Felt observa en silencio.
—¿Garfield te ha hablado?
Ella no aparta la mirada de la pelea.
—¿Ese gato molesto? No, no me ha hablado.
Felt chasquea la lengua, pero su expresión cambia cuando la observo detenidamente.
—¿Estás preocupada por él?
Por un momento, su mirada tiembla.
—Dejó morir a un inocente. Mató a un caballero que ni siquiera sabía lo que estaba pasando. Vio decenas de cadáveres… cosas que yo misma no he podido sacar de mi cabeza. ¿Qué crees? No todos somos tan fuertes mentalmente.
Sus palabras me atraviesan el corazón como una daga.
Garfield siempre se ha mostrado fuerte. Pero sigue siendo un niño. Nunca había matado a nadie. Nunca había sentido el peso real de la muerte hasta ahora. Fue humillado por Reinhard.
Y, lo más importante, no pudo proteger a la persona que ama.
«Fui un tonto.»
¡Boom!
Garfield y Julius caen al suelo. Pero la mirada de Garfield es distinta. Aún arde en él ese deseo de ser mejor, de superarse. Este no es solo un combate.
Es su lucha interna.
—¡Julius!
Sin dudar, potencio mis músculos con maná y me impulso hacia ellos.
Este es un problema que debo solucionar.
Miro fijamente a Garfield, ignorando por completo a Julius.
—Dame un segundo, luego pueden seguir. —Lanzo una mirada fugaz a Julius, quien asiente de inmediato y se aparta. Esto es algo que Garfield debe resolver por sí mismo. Yo también pasé por eso, pero tal vez mis palabras puedan servirle.
—La primera vez que maté a alguien fue en un enfrentamiento de vida o muerte. Pero luego maté a personas que no lo merecían. —Mis ojos se clavan en los suyos, pero él aparta la mirada, visiblemente inquieto.
—Yo… todavía puedo escucharlo. Era solo un anciano que tenía una familia. Aquel caballero… era una víctima en todo esto. —Sus labios tiemblan y su voz se quiebra—. No puedo evitarlo, yo…
Lo sujeto firmemente por los hombros, obligándolo a mirarme de frente.
—Sí, lo ves todos los días, incluso en tus sueños. —Aprieto los labios antes de continuar—. Eres solo un niño, pero si realmente quieres ser fuerte, debes aceptar tus acciones. Si te arrepientes, carga con ello sin dejar que te destruya. Fue una situación de vida o muerte, y todavía tienes una deuda pendiente con ellos.
Sus ojos se abren con sorpresa, como si nunca hubiese considerado esa perspectiva.
—Cada vez que los veas, promételes que los vengarás. Y yo te prometo que encontraré a sus familias y me aseguraré de que no les falte nada. —Sonrío, dándole un rayo de esperanza—. Eres fuerte, Garfield. No dejes que el dolor te consuma; usa ese peso para volverte aún más fuerte. Tu poder es tuyo, tu voluntad es tuya. No permitas que sean una carga incontrolable.
—Yo…
Bajo un poco la cabeza antes de hablar.
—Lo siento por ponerte en esa situación. Eres solo un niño y no tengo excusas. —Llevo una mano a su cabeza, y él se sorprende por el gesto—. Pelea con todas tus fuerzas. No estás solo. A partir de ahora, sin importar lo que pase, me tienes a mí y a todos nosotros. Además…
Señalo discretamente a Mimi, quien lo observa con ojos preocupados.
—Incluso tienes una enamorada. No puedes darte el lujo de quedar mal. Julius ha mejorado desde nuestra batalla, pero dale una buena pelea.
Con un fuerte golpe en la espalda, lo empujo hacia adelante.
—Incluso si pierdes, asegúrate de darlo todo.
Garfield aprieta los puños, mirando al suelo.
¡Bum!
Se abofetea las mejillas con fuerza, sorprendiendo a todos.
—¡A la mierda con todo, vamo' a darle una paliza a este peli morado! —Su energía se desborda y su maná se intensifica de inmediato.
Camino de vuelta mientras noto que Emilia me mira con preocupación. Pensaba que seguiría durmiendo, pero parece que el ruido la despertó.
—¿Te despertó el ruido? —Le acaricio la cabeza suavemente.
—Tenía hambre… —responde con una expresión algo triste—. Garfield… ¿De qué hablaste con él?
Julius también me observa con interés, pero me limito a encogerme de hombros.
—Solo le di unas palabras de aliento. Luego te explico mejor.
Garfield truena sus dedos mientras Julius camina de vuelta, pero la situación es diferente. Sé que Garfield no ha solucionado nada, sé que mis palabras solo pueden alentarlo, pero a veces eso es suficiente.
Mató gente, eso siempre pesa en la mente de las personas. En especial gente que no lo merece del todo.
Julius, sin decir nada, se coloca en posición.
—Veo que sus palabras hicieron algo en ti. —Sonríe, mirando hacia Garfield mientras inclina su espada.
—Puede ser. —Garfield suspira, para luego llenar su aura carmesí por todo su cuerpo—. Ya no me contendré.
Pierda o gane, la verdad no me preocupa.
El primer movimiento es de Garfield. Usando magia de tierra, crea un punto de salto para aproximarse al instante. Julius bloquea y lanza un espadazo con su espíritu yin, pero esta vez su golpe no conecta.
Las piernas de Garfield se movieron al instante.
La ventaja que tienen los felinos es su velocidad de reacción y ataque. Son rápidos, mucho más rápidos que un humano. Los semihumanos, en general, poseen ventajas físicas superiores en comparación con nosotros.
Un puñetazo se clava en la mejilla de Julius, pero este lo atrapa del hombro y, aprisionándolo, lo lanza por los aires. Sangre brota de su labio, pero en lugar de curarse, se abalanza sobre Garfield.
Mientras Garfield cae, en solo esa fracción de segundo, cinco estocadas son lanzadas hacia él.
Pero Garfield ya había planeado.
Su brazo se agranda, recibiendo los golpes mientras toca el suelo.
La mirada de Garfield es la de alguien completamente inmerso en su mente, casi como si estuviese en trance. Parece que está intentando transformarse parcialmente para obtener ventaja de su tamaño.
Si Garfield se transforma por completo, quedará en desventaja. Para Julius, sería fácil explotar sus puntos ciegos.
«Sin duda es un genio.»
—Eso está mucho mejor. —Julius da un pisotón y, en un parpadeo, aparece en la espalda de Garfield.
Pero Garfield reacciona al instante, girando con una patada en el aire que conecta con la espada de Julius.
¡Bang! El sonido de un disparo resuena con el choque.
Su sonrisa crece, pero Julius no pierde el tiempo: se deja llevar por el impacto para saltar hacia atrás y luego lanzarse de nuevo.
El cuerpo de Julius comienza a brillar. Está acumulando todo su maná. Cada espíritu desempeña un rol; eso es algo que antes no podía percibir con claridad.
—El Clarista. —Una explosión de densa energía mana lo envuelve. Emilia protege a Anastasia al instante, mientras que Julius se prepara para mostrar los frutos más grandes de su esfuerzo.
—¡ROOOAAAR! —Garfield se transforma completamente y su maná se incrementa en gran medida, pero rápidamente lo contiene dentro de su cuerpo.
Recibir un golpe de Julius en ese estado implicaría salir volando con cada impacto. Añadir peso es una posible solución.
Pero deja muchos puntos ciegos.
Julius abalanza su espada, y en ese mismo instante, el pecho de Garfield es cortado. La sangre brota, pero antes de que Julius pueda reaccionar, Garfield ya ha lanzado su brazo para golpearlo con un puño certero.
Julius bloquea, pero el impacto lo empuja hacia atrás, quebrando la tierra bajo sus pies.
—¡ROOOOAAAAR! —Paredes de piedra se levantan tras Julius, pero su refuerzo de maná las destroza en un instante.
Con un gran salto, Garfield abalanza ambos brazos para aplastarlo, pero Julius reacciona sin dudar.
—¡Pula Ilium! —Los espíritus emergen de su cuerpo disparándose contra Garfield. Una luz cegadora lo envuelve, ralentizando su caída. Bolas de fuego lo golpean y un viento ascendente impulsa la espada de Julius a una velocidad vertiginosa, reforzada por una capa de hielo.
El golpe resuena con estruendo en todo el coliseo, y Garfield está por estrellarse contra el suelo.
Julius salta por encima de él, tomando su espada.
—¡Clarista! —Su espada absorbe la energía de los espíritus y Julius carga un último ataque para terminar la pelea.
Pero el maná en Garfield explota. En lugar de gritar de dolor, un rugido de guerra sacude el aire.
—¡GANARÉ! —Rompe su transformación, apretando su puño y lanzándolo directamente hacia la espada de Julius.
«¿Qué carajos?»
Mi corazón da un vuelco. Garfield puede salir increíblemente herido. Estoy seguro de que Julius preparó este golpe para su transformación.
—¡Garfield! —Grito, pero la espada ya ha tocado su puño.
¡BOOM!
Una explosión de tierra sacude todo el lugar. La onda expansiva nos alcanza. La espada de Julius se destroza en mil pedazos y la mano de Garfield la atraviesa hasta el mango. Julius abre los ojos, sorprendido, pero Garfield ya está frente a él, lanzándole un golpe demoledor al plexo solar.
El impacto es brutal.
Julius es enviado contra el suelo con violencia.
Garfield cae de rodillas, jadeando. Intenta levantarse, pero parece haber llevado su cuerpo al límite. Su regeneración es efectiva, pero el desgaste es evidente.
—Ese fue un buen golpe—. Julius se levanta lentamente, mientras Garfield sonríe, exhausto—. Pensaba que tu arrogancia era sin fundamentos, pero esta vez lo presencié; una fuerza de voluntad inquebrantable.
Me mira y sonríe antes de darse la vuelta.
—Fue una buena pelea, Garfield Tinsel. Este caballero espiritual espera que lo vuelvas a retar en un futuro.
Con eso, la victoria de Julius es declarada. Sin embargo, queda claro que el potencial de Garfield es abrumador.
«Nos superará a todos en poco tiempo.»
Julius camina hacia mí, sonriendo mientras se encoge de hombros.
—Has encontrado a un genio. —Coloca su mano en mi hombro—. Enséñale bien, veo que tienen el mismo estilo de pelea.
—Ese niño nos va a superar. Apenas comienza a aprender de verdad.
Miro cómo Mimi corre hacia Garfield, abalanzándose sobre él y derribándolo mientras Emilia lo cura.
Otros jóvenes nos superarán algún día.
Debo entrenar más para hacerme más fuerte.
Me dirijo hacia Reinhard, quien está ocupado resistiendo los constantes ataques de Felt.
—Si lo entrenas va a mejorar, ayúdalo—. Felt señala a Garfield, pero Reinhard se inclina—. Mi señora, eso puede herir el orgullo de un guerrero. Si él me lo solicita, entonces lo haré con gusto.
—¡Ya voy a patearlo para que te hable! —Felt corre hacia Garfield, pero antes de que Reinhard la siga, lo detengo.
La habilidad de Reinhard yace en su capacidad de usar las bendiciones divinas a su antojo, eso significa que puedo hacerme más fuerte rápidamente.
«Si peleo contra él, quizás pueda escapar de mi estancamiento».
—Marco. —Anastasia se coloca a mi lado; su expresión me dice que algo ha sucedido—. ¿Puedes venir conmigo un momento?
Asiento, disculpándome ante Reinhard mientras nos dirigimos a una de las carrozas. En su interior reposa un metía espejo conectado a Ricardo.
—Él es Ricardo, el líder de mi grupo de mercenarios.
Es un hombre lobo de complexión musculosa, con ojos azules y cabello castaño oscuro peinado en un copete. Viste ropa oscura con muñequeras negras, envolturas blancas y un protector de hombros con el logo de la Empresa Comercial Hoshin.
—¡Así que tú eres Marco Luz! —Su sonrisa es amplia y desafiante—. ¡Me lo imaginaba más delicado! ¡JA, JA, JA, JA!
Le devuelvo una sonrisa leve.
—Si fuese delicado, ya estaría muerto.
Ricardo estalla en otra carcajada, pero cuando se calma, su mirada se posa sobre un mapa de la ciudad.
—Hay movimientos extraños en los barrios bajos. Gente con mucho dinero está vendiendo sus propiedades a precios ridículamente bajos, como si intentaran deshacerse de un problema.
Me tomo la barbilla.
Eso no se mencionó en la novela. La forma en que opera el culto de la bruja nunca ha sido evidente, pero si esto es cierto, alguien sabía algo y decidió callarlo. No sé hasta qué punto esto es real, pero si es así, el ataque no es solo una irrupción caótica.
Hay una estrategia detrás.
—¿Miembros remanentes del culto o simples especuladores? —pregunto.
Ricardo se encoge de hombros.
—No lo sé. Intentamos seguir sus movimientos, pero alguien los está protegiendo. —Su expresión se ensombrece—. Puede que un bastardo arzobispo ya esté aquí, alguien que sepa cómo mover grandes cantidades de dinero.
«¿Roswaal? A él no le interesaría esto a menos que Subaru se lo pida.»
—Si vendemos nuestras propiedades, quizás podamos llegar al fondo del asunto. —Anastasia se toma la barbilla—. Puede que haya algo que proteja a la gente con dinero... esto es inesperado.
Los movimientos financieros solo indican una cosa: el culto de la bruja no es un grupo de fanáticos desorganizados actualmente. Alguien ha tomado el control. Alguien está orquestando esto.
«Claro, esa persona debe ser Natsuki Subaru».
Recuerdo las palabras de Betelgeuse nuevamente.
—El Arzobispo del Orgullo, Natsuki Subaru. Si es él, tiene sentido que se estén organizando.
—Dijiste que tuviéramos cuidado, pero no que era un arzobispo. —Anastasia me observa con atención—. Si todo esto está planeado, entonces su preparación lleva bastante tiempo.
—Es solo una suposición de información que he escuchado.
Nada en esto es coincidencia.
«Subaru parece haber vivido su propia historia».
Él causó la mayoría de los cambios. Hizo que la lista de candidatas se revelara antes de tiempo. Colocó a los arzobispos en el tablero.
«Me enseñó a comer».
Las palabras de Roy resuenan en mi mente. La previsión que hice ya no sirve, Subaru debe haberla anticipado. Por eso usé a Reinhard, pero quizás ni siquiera eso sea suficiente.
«¿Cuál es su verdadera habilidad?»
Mis dientes rechinan. Mi información es insuficiente.
Una mano cálida aprieta la mía. Giro el rostro y veo a Anastasia sosteniéndome.
—¿Los planes deben cambiar, cierto? —Sonríe—. Ya esperaba que nuestra previsión fuese incorrecta, por eso he tomado medidas.
Su mirada luce confiada, pero tras lo que he visto, sé que leer a Natsuki Subaru es como intentar leerme a mí mismo. Un laberinto de pensamientos sin salida.
Sonrío, resignado.
—Ilumíname.
Anastasia entrecierra los ojos.
—El metía... voy a destruirlo. —Su voz es firme—. He estado adquiriendo cristales de piroxeno para hacer colapsar la torre donde está el metía. Probablemente se active y abra las puertas.
Abro los ojos. Esa posibilidad ni siquiera se me había cruzado.
Pero tiene sentido.
—Detener las puertas no es imposible, solo tenemos que destruir los mecanismos de activación. —Sonrío y veo que Anastasia ya esperaba esa respuesta.
—¿Puedes comprender el metía al instante?
La había interrogado antes. Manipular el metía podría ser posible, pero Subaru... él ya debe saber cómo usarlo.
—Confía en mí. Y si pasa algo, tenemos a la persona más fuerte de todas. —Me recuesto y miro a Ricardo—. Vamos a bajar las cuatro puertas. Una por una.
Un acto desesperado, pero necesario.
Anastasia me mira fijamente.
—Cálmate. Te dije que tenemos a la persona más fuerte. —Suspira—. Ahora dime tu plan.
Tras una charla prolongada, seguimos discutiendo lo que ocurrirá después del ataque. La cena se alarga con anécdotas y risas. La alegría es palpable. Aunque sabemos que la batalla se acerca, este momento de camaradería es nuestro respiro.
Mientras los demás conversan, me acerco a Reinhard y extiendo mi mano.
—Mañana por la mañana, pelea contra mí. —Sonrío.
Las conversaciones se detienen. Los ojos de Reinhard se abren en sorpresa. Todos nos miran con incredulidad.
—Es una pelea perdida, pero daré lo mejor de mí.
No sé aun en que punto Reinhard disfruta luchar, o si aborrece todo lo que se refiere a ello. Sé que él tiene problemas porque todos lo ven como un dios, pero realmente nada de eso me interesa.
—¿Estas completamente seguro? —pregunta, y Felt se coloca a su lado.
—¡Si! Hermano mayor, Reinhard es muy fuerte.
Me encojo de hombros.
—Lo sé, precisamente por eso quiero pelear en contra suya. Solo luchando con alguien más fuerte se aprende.
En este momento no me gustaría luchar en contra de Julius, pues le prometí que lucharíamos, pero siento que sin mi hija no sería una batalla entre espiritistas.
El parece también entenderlo.
Reinhard se levanta, tomando mi mano.
—Lucharé en contra de ti, Marco Luz. —Sonríe, mirándome desafiante.
Vamos a ver que tanto podré llegar a aguantar en contra de Reinhard.
