"Cuando eliges a alguien para su destino, también decides cómo terminará su historia". Autor:D. K. Hwan

Woo Bin bajó del jet privado con pasos decididos, ajustándose la chaqueta negra sobre su camisa de lino. El calor sofocante de Tailandia lo envolvió de inmediato, pero su mente estaba muy lejos de preocuparse por el clima. Sus ojos, ocultos tras unas gafas de sol oscuras, se enfocaron en la figura de tres hombres que lo esperaban junto a un sedán negro. El líder de su equipo en Tailandia, Phan, se adelantó a saludarlo con una leve inclinación de cabeza.

—Jefe, todo está listo. Tenemos la información que pidió —dijoPhan, con la seriedad que siempre lo caracterizaba.

Woo Bin asintió brevemente y caminó hacia el auto. No había tiempo que perder. Mientras subía al asiento trasero, Phan y los otros dos hombres lo siguieron rápidamente, cerrando las puertas tras ellos. El motor rugió suavemente cuando el conductor arrancó, llevándolos a través de las abarrotadas calles de Bangkok.

—¿Qué tenemos hasta ahora? —preguntó Woo Bin, sacándose las gafas de sol y mirando directamente a Phan.

Phan abrió un pequeño maletín y sacó un dossier con varias fotos. Las imágenes mostraban un complejo en las afueras de la ciudad.

—La última ubicación confirmada de su esposa, es este club exclusivo, pertenece a la triada y lo maneja Kampol Kamolvisit. El lugar está bien protegido, pero hemos identificado posibles puntos de entrada. Sin embargo, hay un problema—añadió, pasando las fotos a Woo Bin.

—¿Qué problema? —dijo Woo Bin, frunciendo el ceño.

Phan vaciló por un momento antes de responder.

—TaeSung. Tenemos informes de que ha estado vigilando de cerca las transacciones y movimientos de este hombre. Podría estar esperando el momento para tomar acción o simplemente para asegurarse de que su plan salga como quiere.

El nombre de TaeSung hizo que la mandíbula de Woo Bin se tensara. Ese malnacido había cruzado demasiadas líneas, y ahora todo era personal. Y aunque TaeSung era peligroso, Kampol y sus hombres de la triada lo eran mucho más. Sabía que enfrentarse a ellos no sería sencillo. La triada no perdonaba las interferencias en sus negocios, y si algo salía mal, ni siquiera el poder y la influencia de la familia Song serían suficientes para salvarlo a él o a Jin Hee.

—Que lo intente —respondió Woo Bin en un tono frío, observando las fotos. Su mirada se detuvo en una en particular: la entrada trasera del complejo.—Nos infiltraremos por aquí —dijo, señalando la foto—. No quiero un ataque frontal que pueda poner en peligro a mi esposa. Necesito que esta operación sea rápida y limpia.

Phan asintió.

—Tenemos a nuestros hombres listos en el perímetro. Ya sabemos quiénes están trabajando en seguridad dentro del club, algunos pueden ser sobornados. No sabemos exactamente en qué condiciones está su esposa. Pero,Niran Wongsawat ganó un poco de tiempo reservando el fin de semana. Sin embargo, una vez dentro, perdimos todo contacto.

Woo Bin apartó la vista, controlando el torbellino de emociones que lo recorría. La posibilidad de encontrar a Jin Hee herida o peor lo perturbaba, pero no podía permitirse perder el control.

—La encontraremos —afirmó, más para sí mismo que para los demás—. Y si TaeSung aparece, lo eliminaremos. No habrá segundas oportunidades para él.

Phan asintió de nuevo, su rostro imperturbable. Sabía lo que significaba ese tono:

TaeSung estaba marcado, y nadie marcado por la organización sale con vida. El coche se deslizó entre las sombras de los altos edificios, mientras la tensión en el aire aumentaba. Todo estaba a punto de comenzar.

Jin Hee finalmente logró dormir, como no lo hacía desde su secuestro. Su cuerpo descansaba sobre la cama, mientras Niran la vigilaba desde un sillón cercano, su mirada fija en la puerta, custodiando su sueño con la misma atención que dedicaba a cada misión.

Mientras tanto, Tae Sung aguardaba con una impaciencia fría y calculada. Sabía que el tiempo jugaba a su favor y que pronto Jin Hee estaría bajo su control.

—Vístete y vete —ordenó con indiferencia a la chica que yacía a su lado, en tono cortante.

—Por favor, déjame quedarme un poco más —imploró ella, arrodillándose al borde de la cama con las manos entrelazadas en súplica—. Si salgo de aquí, vendrá otro cliente...

Tae Sung la miró con desprecio, como si sus súplicas fueran insignificantes.

—Ese no es mi problema —respondió fríamente, encendiendo un cigarrillo con calma—. Haz lo que te digo, o haré que sea peor para ti.

A kilómetros de distancia, Woo Bin viajaba junto a sus hombres. El camino hacia el lugar de retención de Jin Hee no era cercano ni sencillo. Pero la determinación de rescatarla lo impulsaba a seguir adelante, sin descanso.

Mientras tanto, los clientes del lugar iban y venían, absortos en sus propios deseos, sin prestar atención a lo que se movía en las sombras. Para ellos, el sitio era simplemente un refugio de lujo, donde el tiempo y el poder fluían sin restricciones. Las chicas caminaban de un lado a otro, cumpliendo con sus tareas y atenciones. Sus rostros mantenían una calma entrenada, ajenas a cualquier tensión o peligro, acostumbradas a un ciclo que, para ellas, era solo otro día más en su interminable servicio. Sin embargo, las nuevas chicas, aún no completamente adaptadas a la frialdad del ambiente, sufrían por dentro. Aunque intentaban imitar la serenidad de las más experimentadas, sus ojos revelaban el miedo y la confusión que cargaban en silencio. Cada sonrisa forzada ocultaba una lucha interna, mientras trataban de disimular el dolor de verse atrapadas en esa vida.

El plan de Woo Bin y sus hombres para rescatar a Jin Hee se basaba en una estrategia meticulosa y bien del Terreno, lo que habían hecho antes de la llegada de WooBin.

El equipo conocía todas las entradas y salidas, y el número de guardias presentes.

—¿Qué pasa si nos descubren? —preguntó uno de los hombres.

—No hay margen para errores —respondió Woo Bin—. Estamos en el terreno de la triada, si no hacemos las cosas bien, podría desatarse una guerra. La infiltración debe ser silenciosa. Extraemos a Jin Hee y salimos del , el sigilo es clave —dijo Woo Bin mientras revisaban sus equipos—. Dos de ustedes se encargarán de neutralizar a los guardias. No podemos hacer ruido.

—Entendido —asintió uno de los hombres, ajustándose el pasamontañas—. Nos encargaremos.

Mientras un grupo se infiltraba, otro preparaba una distracción.

—Voy a sabotear el suministro eléctrico —sugirió Phan—. Un corte de luz debería desestabilizarlos lo suficiente para que se muevan hacia las áreas críticas de seguridad.

—Hazlo, pero asegúrate de que parezca un accidente —respondió Woo Bin—. No queremos que se den cuenta de nuestras intenciones.

Una vez que localizaran a Jin Hee, la extracción tendría que ser inmediata.

—Cuando la encontremos, no perderemos tiempo—dijo Phan—. Los vehículos están listos en la zona vez que la tengamos, la llevaremos a un lugar seguro

—Sacamos a Jin Hee y desaparecemos. Necesita estar lejos de cualquier represalia —explicó Woo Bin—. No podemos dejar cabos sueltos.

Phan asintió, su mirada afilada reflejando confianza.

—No se preocupes, señor. Esto saldrá perfecto.

El equipo estaba de acuerdo, conscientes de que la misión sería complicada, pero estaban listos para lo que viniera. Rescatar a la esposa del príncipe Song era su prioridad.

Mientras Woo Bin y Phan permanecían cerca del burdel, ocultos en las sombras, otro grupo del equipo se había desplazado hacia la zona trasera, donde se encontraba la caja de fusibles. La operación requería precisión, tres hombres se movían silenciosamente por la parte menos vigilada del complejo.

—El objetivo es la caja de fusibles en la parte trasera —recordó Woo Bin por el auricular, asegurándose de que el plan se siguiera al pie de la letra—. No queremos llamar la atención antes de tiempo.

Kang asintió para sí, su mirada fija en los dos guardias que vigilaban la zona de los fusibles. Con un gesto rápido, indicó a sus compañeros que se prepararan. Uno de ellos, se colocó detrás de un árbol cercano, sacando de su bolsillo una pequeña linterna que proyectaba un débil parpadeo de luz.

Los guardias, alertados por el destello, se miraron entre sí antes de caminar hacia la fuente del reflejo.

—¿Viste eso? preguntó uno de los guardias mientras ambos avanzaban con cautela.

—Voy a ver. Quédate aquí cubriéndome —respondió el otro, sacando su linterna y avanzando hacia donde habían lanzado la distracción.

Mientras ambos guardias se apartaban de la caja. Phan vio su oportunidad. Sin perder tiempo, se deslizó rápidamente hacia el objetivo, abriendo la tapa de la caja de fusibles. El plan era simple pero eficiente: cortar el suministro eléctrico del burdel por completo. Con un par de herramientas pequeñas, comenzó a manipular los cables principales, cortando el flujo de electricidad con precisión.

—Corte eléctrico en marcha —susurró por el auricular.

El complejo, que brillaba bajo luces de neón, quedó de repente sumido en la oscuridad. Las cámaras de seguridad se apagaron momentáneamente, y el caos empezó a tomar forma dentro del burdel. Los guardias, desconcertados, comenzaron a correr en todas direcciones.

Suwan cerró la caja de fusibles y se alejó rápidamente antes de que los guardias pudieran notar que algo iba mal.

—Luz fuera —confirmó Phan con una sonrisa, mientras se retiraba con el resto del equipo hacia un punto seguro.

El equipo de Woo Bin tenía ahora su ventana de oportunidad para actuar.

Dentro del burdel, a pesar de la repentina oscuridad, el ambiente no se llenó de pánico ni caos. La clientela adinerada y los guardias ya estaban acostumbrados a estos pequeños inconvenientes. En un lugar donde la discreción y la seguridad eran primordiales, todos sabían que había protocolos para situaciones como esta.

Kampol, sentado en su oficina privada, apenas alzó una ceja cuando las luces se apagaron. Sabía que sus sistemas de respaldo no tardarían en activarse.

—Planta eléctrica en cinco minutos —anunció uno de sus hombres, de pie junto a la puerta, con un tono tranquilo—. No es la primera vez que pasa.

Kampol asintió levemente, con una sonrisa calculada en los labios. Su mirada se deslizó por las cámaras de seguridad apagadas, esperando el momento en que todo volviera a la normalidad.

—Nada de qué preocuparse —murmuró Kampol—. Los sistemas estarán listos.

En los pasillos, los guardias, lejos de mostrarse alarmados, seguían sus rondas, confiando en que la planta eléctrica en breve restauraría el poder. Los hombres que vigilaban las puertas y entradas estratégicas mantenían su posición, sabiendo que cualquier intento de aprovechar la oscuridad sería inútil una vez que la energía volviera.

—No se preocupen, señores —anunció uno de los empleados al grupo de clientes que murmuraba bajo la luces de emergencia en la sala—. Esto se resolverá pronto.

Jin Hee, dentro de la habitación con Niran, respiraba agitada. Sabía que algo estaba pasando afuera, pero las cosas seguían calmadas. El tiempo jugaba en su contra.

—Aún tenemos unos minutos antes de que todo vuelva a encenderse —susurró Niran, ajustando su reloj con un vistazo rápido—. Vamos a la salida, el equipo está dentro.

Jin Hee se encontraba sentada en el borde de la cama, su corazón latía con fuerza al pensar en la posibilidad de ser rescatada. Aunque el miedo la invadía, también sentía una emoción renovada al recordar a Woo Bin. Su imagen la llenaba de esperanza, un rayo de luz en la oscuridad que la rodeaba.

La tranquilidad en el burdel era solo una ilusión momentánea. En cuanto la planta eléctrica volviera a funcionar, todo se complicaría para el equipo de rescate. El tiempo estaba corriendo, y la presión aumentaba con cada segundo.

La señal estaba clara: el tiempo se agotaba. Woo Bin y Phan, su mano derecha en Tailandia, se dirigían hacia el punto donde se encontrarían con Niram, posicionados en las sombras mientras el bullicio dentro del burdel se mantenía bajo control. Las luces de emergencia aún no se encendían, pero en cuestión de minutos la planta eléctrica restauraría la energía. Sabían que tenían poco tiempo.

—Es ahora o nunca —susurró Phan, ajustando su auricular mientras su mirada se mantenía fija en la puerta de servicio que llevaría directo a los pasillos internos del complejo.

Woo Bin asintió, su rostro endurecido por la tensión del momento. Sabía lo que estaba en juego. Jin Hee no podía quedarse más tiempo en ese lugar, no con Tae Sung rondando como una sombra peligrosa y Kampol siempre vigilante.

—Recuerden —dijo Woo Bin por el comunicador—, Niran está adentro. Tenemos que movernos rápido. En cuanto saque a Jin Hee de la habitación, cubrimos su salida. No dejemos que nadie interfiera.

Dentro de la habitación, Niran miró a Jin Hee, quien estaba sentada en el borde de la cama, nerviosa pero decidida. Sabía que su rescate dependía de la coordinación precisa del equipo de Woo Bin, pero también sabía que no podrían hacerlo todo solos. Ella también tendría que moverse.

—Escuche, señorita —dijo Niran en voz baja, tomando su mano suavemente—. Tenemos que salir ahora. El rescate ya está en camino, pero necesito que confíe en mí y mantenga la calma. Vamos a encontrarnos con ellos en uno de los pasillos secundarios.

Jin Hee asintió con firmeza, tragando el miedo que sentía. No tenía otra opción. Niran la ayudó a ponerse de pie y ambos se dirigieron hacia la puerta. Fuera de la habitación, el pasillo estaba envuelto en una tenue penumbra, pero sabían que no durarían mucho tiempo así. En cualquier momento las luces volverían a encenderse.

—Vamos —murmuró Niran, abriendo la puerta lentamente, escaneando ambos lados del pasillo antes de sacar a Jin Hee.

Mientras tanto, Woo Bin y Phan avanzaban por los corredores del burdel. Se movían con rapidez y sigilo, cubiertos por la oscuridad, sus armas listas en caso de que alguien los interceptara. Los clientes y guardias comenzaban a murmurar más fuerte ante la falta de luz, pero el caos no había estallado aún.

—Todo parece en calma, pero no tardarán en reaccionar —comentó Phan, revisando el tiempo—. Niran debería estar en movimiento ya.

Woo Bin apenas asintió, con su mente centrada en la misión. Finalmente llegaron a un punto estratégico, cerca de donde Niran debía encontrarse con ellos.

—Mantén los ojos abiertos —ordenó Woo Bin, su voz firme mientras se ponía en posición—. La planta eléctrica se encenderá en cualquier momento. Cuando eso ocurra, tendremos a toda la seguridad de Kampol sobre nosotros.

Dentro del edificio, Niran y Jin Hee se movían sigilosamente por el pasillo. Cada paso era una mezcla de miedo y esperanza, conscientes de que cada minuto contaba.

—Aquí —dijo Niran mientras doblaba por una esquina, su mirada fija en una puerta lateral que sabía llevaba hacia la salida donde los esperarían—. Estamos cerca.

Sin embargo, justo en ese momento, escucharon pasos acelerados acercándose. Niran maldijo en voz baja. Los guardias se estaban moviendo.

—¡Rápido! instó Niran, mientras ambos aceleraban el paso. Sabía que estaban a segundos de ser descubiertos, pero no podían retroceder ahora.

En ese preciso instante, las luces parpadearon, anunciando el regreso de la electricidad.

La planta eléctrica había entrado en acción.

—Mierda —murmuró Niram mientras las luces se encendían, revelando su posición.