Si el precio de tu vida es la mía, entonces ya he vivido lo suficiente."—Anónimo
—Phan, ¿las cámaras? —susurró Woo Bin con urgencia por el auricular, mientras seguían avanzando por el pasillo.
—Ya estoy en eso—, respondió Phan, con su voz algo agitada—. Desviando las imágenes en... tres... dos... listo. Pero no se demoren, será por unos minutos.
Las luces parpadearon antes de encenderse por completo, iluminando el pasillo con una luz tenue. Niran suspiró de alivio al comprobar que no eran los guardias de Kampol quienes venían por el pasillo.
Woo Bin y Jin Hee se miraron. Sin pensarlo, él corrió hacia ella, ignorando todo a su alrededor. Jin Hee hizo lo mismo, avanzando con desesperación. Se encontraron a mitad del camino, y Woo Bin la rodeó con sus brazos como si quisiera protegerla de todo. Jin Hee se aferró a él, hundiendo el rostro en su pecho, buscando la seguridad que solo podía sentir en sus brazos.
—¿Estás bien? ¿Alguien te lastimó —le preguntó Woo Bin con voz cargada de preocupación, llenando sus mejillas de besos entre cada palabra.
—Sí, sí, estoy bien —respondía ella sin soltarlo—. Pensé que no volvería a verte.
Woo Bin le besó la frente, las mejillas, y respiró hondo como si quisiera grabar ese momento en su memoria. Finalmente, pudo murmurar:
—Debemos irnos ahora.
—Pero, ¿las demás chicas?
Las luces del pasillo brillaron con mayor intensidad, exponiéndolos y anunciando el inicio del caos que se acercaba. Sin perder un segundo, Woo Bin tomó la mano de Jin Hee y la guio hacia la salida secundaria que Phan había indicado en el plano.
Antes de continuar, sacó un chaleco antibalas de la mochila y se lo extendió a Jin Hee.
—Ponte esto.
Jin Hee notó la tensión en su rostro y, sin dudarlo, dejó que él ajustara las correas. El sonido de pasos apresurados resonaba cada vez más cerca, acompañado de voces que se multiplicaban en los pasillos.
—Listo —dijo Woo Bin, apretando suavemente su hombro—. Mantente cerca de mí.
—Los guardias están moviéndose —advirtió uno de los hombres por el comunicador—. Están cerca.
En la pantalla del sensor térmico, las siluetas rojizas de los guardias se desplazaban rápidamente. Woo Bin se tensó, ajustó su pistola y verificó que su cuchillo estuviera al alcance. Desde niño había sido educado de una manera distinta al resto de los F4. Estaba entrenado no solo para defenderse, si no para matar de ser necesario. Si debía hacerlo para proteger a su esposa lo haría sin dudar.
—¡Phan, despeja la ruta de salida! —ordenó, mientras Niran, actuando como guardaespaldas de Jin Hee, se posicionaba con determinación junto a él.
Un grito resonó desde el pasillo más alejado. Tae Sung los había descubierto. Con una sonrisa torcida, jaló la alarma de incendio que activó un estridente sonido. Desde las puertas laterales aparecieron un par de guardias armados.
—¡Ahí están! —rugió Tae Sung retirándose. Esperaba que los hombres de Kampol lograsen evitar el rescate. Porque sin armas ni guardaespaldas, no podía quedarse a recibir una bala.
Woo Bin reaccionó de inmediato, empujando a Jin Hee detrás de una pared para protegerla del fuego cruzado. Las balas comenzaron a volar, golpeando paredes y columnas. Woo Bin y Niran dispararon contra los guardias más cercanos, quienes de inmediato buscaban refugio a la vez que respondían al fuego.
—¡No salgas de aquí hasta que te lo diga! —ordenó a Jin Hee, quien, asustada pero confiada, asintió y se mantuvo pegada a la pared, casi recostada al ó los ojos y se cubrió las orejas con sus manos.
Niran cubrió el flanco izquierdo, disparando con precisión y logrando herir a un hombre que intentaba atacarlos desde un ángulo inesperado. Sin embargo, un disparo impactó en su hombro izquierdo. Aunque el dolor lo hizo tambalearse por un instante, se mantuvo firme.
—¡Niran! —gritó Jin Hee al verlo herido.
—¡Estoy bien! —gruñó él, manteniendo su posición.
Phan apareció desde un pasillo lateral, derribando a otro guardia con un ataque sincronizado y preciso.
—¡Tenemos que movernos ahora! —gritó—. Kampol debe venir en camino, y no estará solo.
Woo Bin ayudó a Jin Hee a levantarse del suelo y la guio hacia la salida.
—Te sacaré de aquí —le prometió, con su voz cargada de determinación.
Las balas rompían la calma, resonando por los lujosos pasillos. En una sala privada, un hombre de traje impecable derramó su whisky al levantarse de golpe.
—¿Qué demonios está pasando? —preguntó, mientras la tensión crecía entre los presentes.
El caos se propagaba rápidamente. Algunos clientes intentaron huir, mientras las mujeres gritaban aterrorizadas, abrazándose entre ellas o buscando refugio. Con excepción de la chica que iba a casarse, la misma que Kampol había sometido en varias medio del caos, su rostro permanecía inexpresivo, como si estuviera observando una escena desde fuera, ajena al pánico que la rodeaba. Aunque el griterío y el miedo se desbordaban por la sala, ella mantenía la calma. En lugar de dejarse arrastrar por el miedo, su mente trabajaba evaluando la situación.
Otra de las chicas se acercó a ella.
—Jin Hee dijo que vendrían a rescatarnos—exclamó esperanzada—. Debe ser su esposo, podremos regresar a casa.
—También podría ser la policía. ¿Sabes donde está Jin Hee?
La otra negó con la cabeza.
—No, no la he visto. Pero, estoy segura que vinieron a rescatarla. Ella nunca dudó qué vendrían.
—Espero que así sea —respondió la otra—. Ve con las demás y busquen refugio, podrían salir heridas con el fuego cruzado.
—¿No vendrás con nosotras?
—Iré después.
Woo Bin continuó avanzando, abatiendo a un guardia con un disparo. Tae Sung observaba desde la distancia, frustrado, mientras Kampol irrumpía con más hombres.
—¡No los dejen salir vivos! —ordenó Kampol con el rostro deformado por la ira.
La joven identificó rápidamente su oportunidad. Aprovechando el caos, se acercó al cuerpo de uno de los guardias abatidos, tomó su arma y se escabulló por un pasillo alterno. Oculta tras una columna se unió a los disparos contra Kampol y su grupo. Sorpresivamente, no solo manejaba muy bien el arma, si no que fue muy precisa en los disparos abatiendo a dos guardias.
La escena era caótica, con el sonido de los disparos resonando en el aire.
Phan la miró con sorpresa y admiración, mientras se cubría detrás para evitar los disparos.
—¿Quién es? gritó por encima del ruido.
Jin Hee se asombró al ver de quien se trataba.
—¡Jiah! —Exclamó sorprendida—. Es una de las chicas que viajóconmigo en el mismo embarque desde Corea.
Woo Bin se dio cuenta que que quizás había recibido algún tipo de entrenamiento.
Kampol, por otro lado, parecía estar perdiendo el control. Su rostro estaba congestionado de rabia y su voz era un grito estridente mientras pedía más hombres. Los clientes aprovecharon la oportunidad para escapar. Si era la policía no querían ser atrapados en aquel lugar.
Phan cubrió a Jiah y ésta logró llegar hasta ellos.
Jin Hee la abrazó cuando estuvo a su lado.
—¿Van a rescatamos a todas, verdad?—Fue lo primero que preguntó.
—Claro —respondió Jin Hee sin dudar—. ¿Verdad Woo bin?
—Antes debo sacarte de aquí, lo siento pero mi prioridad eres tú —dijo Woo Bin, mientras mantenía su posición—. Pero, enviaremos la localización a la policía.
—Eso no es suficiente —exclamó JiAh preocupada—, en cuanto se vayan podrían matar a todas o llevárselas a otro lugar.
WooBin no respondió, dio órdenes a Niran para que se movilizara hacia el punto de extracción. Alcanzaron la salida secundaria. Phan abrió la puerta mientras cubría sus espaldas. Woo Bin ayudó a Jin Hee a subir al vehículo de escape, observó por el retrovisor una gran cantidad de guardias salir del edificio. Miró a Phan, quien aguardaba expectante, y luego a Jin Hee, que respiraba con dificultad en el asiento trasero. Phan casi obligó a Jiah a subir al vehículo.
La pesadilla estaba a punto de terminar.
—No puedo irme sin las demás—dijo JiAh bajando del auto—. Además, Kampol debe pagar. No pueden dejar que se marche.
Jin Hee estuvo a punto de bajar pero Niran se lo impidió.
JiAh cayó de rodillas, con los ojos llenos de lágrimas y las palmas juntas frente a su rostro, temblando. suplicó una y otra vez, con la voz quebrada por la angustia.
Woo Bin suspiró, no quería meterse en los negocios de la triada. Pero, ella tenía razón no podía dejar a las demás chicas a su suerte.
—Phan, nos quedamos —dijo, cerrando la puerta del vehículo con un golpe seco.
Phan asintió y se colocó a su lado, levantando su rifle. Junto con varios de sus hombres, se posicionaron detrás de vehículos de alta gama, muy seguramente de los clientes, creando un improvisado perímetro de defensa.
—¡Woo Bin! —gritó Jin Hee, desde el interior del auto que se puso en marcha de inmediato.
Deseaba que ayudaran a las chicas, ella misma se los había dicho más de una vez, que su esposo la encontraría y las rescataría a todas. Pero, le preocupaba lo que pudiera pasarle.
—Confíe en ellos —le dijo Niram, a quien otro de sus compañeros le colocaba un parche en la herida, para detener la sangre que emanaba de su hombro—. Ellos pueden contra Kampol y sus hombres. Antes no lo intentaron porque la prioridad era sacarla de ese sitio.
Dentro del edificio, los clientes ricos continuaban empujándose, el caos era absoluto. En medio de ese tumulto, Kampol se movilizaba con rapidez para retomar el control.
Fuera del edificio, Woo Bin, Phan y sus hombres, repelían a los guardias. Los disparos eran constantes, y aunque lograban mantener la posición, la presión aumentaba. Woo Bin avanzó con el rostro manchado de sudor y polvo, su mirada estaba fija en la entrada principal del burdel. Sabía que Kampol no se rendiría sin dar pelea. Sabía que era de los que preferían arder antes que caer de rodillas. Además, debía encontrar a TaeSung, no dejar cabos sueltos.
Phan, a su lado, gritó una orden en tailandés, y varios de sus hombres se movieron rápido hacia la izquierda, buscando flanquear a los guardias de Kampol que aún se protegían dentro del edificio.
—¡Cúbranme! —gruñó Woo Bin, girando detrás de una columna destruida mientras recargaba su arma.
Del interior del burdel, estallaron más disparos. Las puertas se abrieron bruscamente y Kampol emergió escoltado por al menos diez hombres armados, todos con chalecos y armas automáticas. Uno de ellos portaba una ametralladora ligera y empezó a barrer la calle, forzando a Woo Bin y a su grupo a cubrirse.
CONTINUARÁ -
