*Anzenbi: "los días seguros" 5 días antes y 5 días después de la menstruación.


Afuera podía estar helando, pero dentro de ese cuarto Rin estaba en un sauna. Se sentía demasiado bien estar sentada sobre Sesshoumaru con esa enorme cosa palpitando y rosándola peligrosamente cerca de su entrada, mientras las ásperas manos del policía la estrujaban y esa boca ardiente succionaba sus pechos.

No podía esperar más, jamás había experimentado esa imperiosa necesidad de ser llenada, definitivamente tenía que ser algo instintivo y animalesco que despertaba en ella al ser tocada por Sesshoumaru.

En lo que su novio estaba distraído con otro par de cosas, ella aprovechó para intentar ensartarse sola, descubriendo rápida y dolorosamente que hay situaciones en las que es mejor ir despacio.

—¡Rin! —Sesshoumaru se levantó como resorte de la silla con ella en brazos para evitar cualquier inesperada intromisión. Ella puso los mejores ojos de perrito regañado que pudo para que su novio no le reclamara por desesperada. Al parecer funcionó, ya que, fuera de una mirada de reproche, Sesshoumaru no dijo nada más y la depositó en la cama.

Comenzó a besarla desde la punta de los pies; cada centímetro y rincón de su piel fue bendecido por los labios de aquel hombre. Ese acto no se sentía para nada erótico y hasta le recordó un poco a la sensación de cuando Sesshoumaru la bañó por primera vez, después de que ella se convirtiera en Genin y él le enterrara el cuchillo bajo la clavícula.

Aquel episodio había sido extremadamente vergonzoso, aunque no por eso le pasó desapercibido todo el extremo cuidado con el que él la toco. Ahora mismo era algo abrumador sentir toda esa devoción que Sesshoumaru le profesaba. Sabía que no era merecedora de tata dicha y tanto amor, si ni siquiera su propia familia la había considerado digna de recibir cariño; pero si este era su destino, atesoraría cada segundo que la vida le regalara al lado de Sesshoumaru.

No pudo evitar suspirar cuando esos labios cálidos besaron su frente y peor aun cuando le susurró al oído que la amaba, creía que era imposible que un hombre como él dejara salir esas palabras de su boca, normalmente los varones no dicen esas cosas por temor a parecer débiles, pero que el hombre más aclamado del momento lo admitiera como si nada, lo hacía lucir incluso más poderoso e inalcanzable que nunca.

—Sesshoumaru —atinó a acariciar su mejilla, estaba demasiado atareada con tantos sentimientos que le evocaba como para pronunciar algo más, él sonrió ladinamente y la besó en los labios de manera desesperada y por fin, ¡por fin! Esos enormes dedos a llenaron como tanto había querido.

Rin se arqueaba y se retorcía debajo de él como lombriz en sal, lo peor de todo, es que podía sentir el peso de su mirada fija en ella —No… ¡no me veas! —Intentó taparle los ojos con su mano, pero él amenazó con amarrarla, así que se resignó ante el indecente escrutinio.

Alcanzó el clímax cuando el maldito pulgar aceleró sus caricias sobre su clítoris y Sesshoumaru le murmuró que lo volvía loco.


Desvergonzadamente y frente a la mirada atónita de Rin, se lamio los dedos que habían estado dentro de ella. —¿Qué? ¿Crees que soy un cerdo? —ella asintió efusivamente y él rio de buena gana. Verdaderamente Rin lo volvía loco y necesitaba más de ese elixir que ella le daba, así que bajó y la degustó como el buen adicto que era. Ella chillaba que parara y empujaba con las manitas su frente tratando de alejarlo del banquete, pero Sesshoumaru sabía muy bien que Rin quería todo lo contrario y no paró hasta que ella se corrió de nuevo.

—¡Ya! — una jadeante y furiosa mujercita le reclamó.

—¿Ya qué? —Preguntó él inocentemente, pero Rin se negó a responder, molesta y con las mejillas encendidas, giró su cabeza hacia la derecha para dejar de verlo. —¿Ya qué, Rin?

—¡Hum! —indignada ahora lo evitó virando hacia la izquierda. Hasta enojada era la cosa más adorable del mundo.

Podía seguir alargando esa tortura, pero la verdad es que no tenía todo el día y él también se moría por estar dentro de ella, así que, terminando con el juego, exhaló y se posicionó entre ese par de hermosas piernas. Empujó poquito y de inmediato sintió cómo ella se tensó.

Decidió que lo mejor sería distraerla con besos y funcionó; Rin se relajó y no le costó mucho trabajo entrar.


Rin hizo justo lo que Kagome le dijo que no hiciera, se llenó de miedo y se puso dura como piedra, obviamente aquella cosa no entró, lo bueno es que su muy considerado novio pareció comprender de inmediato y la distrajo con pequeños besitos en la cara que le hacían cosquillas. Quizá por todo el trabajo previo o porque estaba distraía, el enorme trozo de carne se deslizó dentro.

Sintió algo de dolor y ardor; como si pequeñas fisuras se hubiesen abierto, aunque no dolió tanto como se lo había imaginado. También percibió como si su cuerpo luchara por expulsar al intruso.

—Rin… espera, no te muevas —le rogó Sesshoumaru con pesadumbre. Rin no sabía si a él también loe dolía o si sentía alguna incomodidad, pero se quedó inmóvil esperando a que Sesshoumaru decidiera hacer algo. Segundos después salió de ella exhalando. Como si hubiese terminado una tarea muy difícil.

—¿Estás bien? —Preguntó ella preocupada.

—¿M? Sí… ¿Tú? ¿Te lastimé? ¿Te duele? ¿Quieres que paremos? —Él se alejó un poco como para corroborar que ella estuviese bien.

—No, no, estoy bien —por supuesto que no se iba a conformar con algo tan corto, por lo menos que valiera la pena lo sufrido. Sesshoumaru no se veía muy convencido, pero gracias al cielo decidió continuar.

Con toda el área adolorida, sinceramente ni entendía muy bien qué tenía de maravilloso todo aquello fuera de que estar unida a él le parecía algo fantástico. Sin embargo, pasados los minutos del constante vaivén, comenzó a sentirse mejor y mejor, hasta que en algún punto ya se encontraba gimiendo y pidiendo más. Los gruñidos y suspiros masculinos en su oído lograron que finalmente Rin terminara viendo estrellas. Ni siquiera supo si Sesshoumaru acabó o no, aunque al verlo acostarse al lado de ella completamente drenado, le indicó que probablemente sí.

—¿Podemos hacerlo de nuevo? —Preguntó ella completamente emocionada al haber descubierto las maravillas de las que se había perdido toda su vida.

—Sí, pero debes esperar unos 10 minutos —contestó él mientras se levantaba en busca de otra lata de lemonsawa y pañuelos desechables.

—¿10 minutos? ¿Por qué?

—Porque los hombres no somos como las mujeres, nosotros tenemos que recargar fuerzas.

—¿Mmmm, como una pistola? —Rin intentó sentarse, pero aquel acto dolió bastante y se recostó de inmediato.

—¿Rin, estás bien?

—Ugh, creo que soy hombre y también necesito 10 minutos. —Sesshoumaru negó con la cabeza, limpió algo entre sus piernas y luego la envolvió en una bata —¿Por qué nos vestimos?

—Vamos al onsen, para que el agua caliente te relaje.

—Oh, es verdad, olvide por completo que veníamos al onsen.

Él se puso su bata, terminó la lata de alcohol y cargó a Rin como princesa para ir al área de los onsen privados, como todavía era de día y casi no había turistas, los 5 cuartitos temáticos estaban vacíos. Rin acabó eligiendo el "Akane no yu" porque el nombre le sonaba romántico.

El lugar estaba precioso, las paredes eran de ladrillo rojo junto con la tina, y el piso de ésta estaba cubierto por azulejos. También había plantitas en toda la periferia, lo que lo hacía lucir muy acogedor.

Tallaron sus cuerpos mutuamente sin ningún ápice de erotismo y se zambulleron en el onsen. Se quedaron sentados en los escalones disfrutando del agua caliente. Sesshoumaru tenía a Rin entre sus brazos y se mantenía con los ojos cerrados en completa tranquilidad, era increíble lo sereno e impoluto que se veía, y ella… una sucia, golosa que solo pensaba en follar… pero maldita sea, cómo se supone que debía quedarse quieta con tremendo adonis desnudo, mojado y a su merced.

Bajó su pequeña manita tratando de no hacer ruido y acarició la cabecita del miembro de Sesshoumaru, como pidiéndole tiernamente que despertara…

—¡Rrrrriiin!

—¡Kiii! —gritó asustada y retiró la mano, pero no por eso dejó de insistir —ya pasaron 10 minutos…

—Me estoy esforzando en ser un caballero y no montarte como animal en celo.

—¡No quiero que me trates como princesa! —le reclamó indignada y él entrecerró los ojos fríamente como evaluando si sus palabras eran ciertas, por unos segundos se arrepintió de haber dicho tal cosa, la verdad es que no tenía ni idea de cómo sería Sesshoumaru se la trataba como un animal… y lo descubrió en ese mismo instante, en una milésima de segundo ella ya estaba en cuatro y ahogó un grito cuando el miembro de Sesshoumaru la penetró sorpresivamente.

Las embestidas eran certeras y ruidosas, quizá porque sus cuerpos estaban mojados y para empeorar las cosas, ella no podía parar de gritar y gemir, sentía que sus piernas no podían contener la fuerza con la que Sesshoumaru empujaba y tampoco iba a poder evitar correrse en el agua del onsen, iban a dejar un cochinero.

Y efectivamente, el pene de Sesshoumaru salió y ella mojó todo, aunque a él no pareció importarle ya que volvió a enfundarse en ella, esta vez jalándola hacia él; mientras una mano la callaba, la otra asaltaba su clítoris. —¿Esto era lo que querías? ¿Te gusta que te trate sin respeto?

Con lágrimas en los ojos asintió estúpidamente; si así de bien se sentía que la tratara mal, no había otra cosa que más quisiera Rin, que las faltas de respeto de Sesshoumaru.

Nuevamente el líquido cristalino corrió por sus tambaleantes piernas y segundos después Sesshoumaru gruñó pronunciando su nombre entre otras maldiciones, derramando su semen cálido dentro de ella.

Después de algunos minutos en los que recuperaron el aliento, Sesshoumaru sacó su miembro, pero inmediatamente puso su mano impidiendo que el semen se derramara en el agua.

Rin entendió perfectamente que debían salir de ahí sin ensuciar más el lugar, así que caminaron de manera extraña hacia la regadera y por fin pudo dejar salir el blanquecino líquido para que se fuera por la alcantarilla.

—Adiós bebecillos —Rin agitó su mano despidiéndose de los espermatozoides y escuchó a Sesshoumaru reír por lo bajo atrás de ella. Se besaron un rato más lánguidamente bajo el agua de la regadera, y hasta que las manos de Rin se hicieron pasita, decidieron salir del lugar.

Al cruzar las cortinas de tela, se toparon con Inuyasha y Kagome en el pasillo. Kagome la saludó efusivamente, mientras que Sesshoumaru retaba con la mirada a su hermano y ese lo evitaba chiflando hacia el techo. Al final de cuentas no supo a qué onsen habría entrado la pareja, pero rogó a todos los dioses que no hubieran elegido el onsen de ladrillos.

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El domingo por la mañana y de vuelta en el departamento de Kagome, Sesshoumaru salió a comprar otra vez el pastel de queso que tanto le gustaba a Rin, mientras Inuyasha tomaba una ducha.

Kagome estaba haciendo el desayuno y probablemente al ver que no había moros en la costa, decidió comenzar con el interrogatorio.

—Entonces, ¿cómo estuvo?

—Increíble, mil veces mejor de lo que imaginé —sonrió elle.

—¿Dolió?

—No tanto, solo sentí como algo que se tensaba mucho.

—¡Estoy muy Feliz por ti Rin, usaron protección, ¿verdad?

—Él dijo que eran los anzenbi* así que estábamos fuera de peligro.

—¡Qué! …eso no es un método muy confiable, no puedo creer que mi cuñado sea tan imprudente.

—Bueno también dijo que si ese método fallaba que realmente no le importaba.

—Oh ya veo… bueno si tú estás de acuerdo, entonces no hay problema, pero ojalá no te embaraces antes de la boda para que puedas usar el vestido libremente.

—¿Cuál boda?

—Tu boda.

—No sabía que tendría una boda…

—Espera, ¿no van a hacer boda?

Ambas mujeres que se quedaron viendo confundidas y justo a tiempo Sesshoumaru entró a escena a salvar el día. —No tenemos tiempo para eso, yo tengo que estar en Suecia para el lunes 10.

—Lo sé, el entrenamiento para tu nuevo trabajo, pero ¿acaso no puedes organizar algo pequeño allá? ¡Es el sueño de toda mujer! ¿Verdad, Rin?

—No… o sea, nunca he soñado con una boda, la verdad, yo solo quiero estar al lado de Sesshoumaru para siempre…


Si él tuviera la capacidad para sonrojarse, estaba seguro que estaría completamente rojo ahorita.

—Entiendo tu punto Rin, —continuó Kagome —pero creo que a los papás de Sesshoumaru les encantaría tener una foto del día en que ustedes dos decidieron ser marido y mujer.

Rin agachó la cabeza ante eso «Estúpida Kagome, ¿que no se da cuenta de que este es un tema delicado para Rin?»

—Fotos… no tengo a nadie a quien invitar… —la voz triste de Rin lo llamó a pararse justo al lado de ella.

—No te preocupes, no tenemos porque hacer este circo —trato de reconfortarla apretando un poco más su agarre en el pequeño hombro

—Oh, cierto, discúlpame Rin, aunque si cambias de opinión, Inuyasha y yo podemos sentarnos de tu lado, él siempre dice que tú le agrada más que su propio hermano…

Sesshoumaru estuvo a punto de cancelar todo el estúpido desayuno y llevarse a Rin a las puertas del shinkansen en ese instante.

—Bueno —la tímida voz de Rin lo detuvo —quizá podríamos hacer un mini almuerzo-boda, atrás de la casa de tu madre…

Si Rin quería un "mini almuerzo-boda", se lo iba a dar, —Me encargaré de los preparativos.