Prólogo

Heraldo

¿Así que esto era a lo que llamaban disociarse de la realidad?

Era un concepto alienígena y tenebroso para Makoto.

En un segundo, estaba en medio de una situación desfavorable con un buscado asesino amenazando a su compañera que, para empeorar las cosas, era la hermana de una persona a la que Makoto apreciaba de una forma bastante "peculiar".

El chico sacudió la cabeza, no era momento de pensar en ella, tenía que concentrarse en la figura sentada en una banca frente a él. La banca asquerosamente similar a aquella en la que estuvo en ese parque la tarde del día en que se encontró con Monoegi y tuvo las primeras visiones de lo que el robot viajero conocía.

Un mundo que se fue a la ruina.

Familias destrozándose entre sí.

Amigos matándose unos a otros.

Y más acciones repulsivas que por el bien de su cordura y corazón fueron bloqueadas por un primitivo instinto de auto preservación.

Se sabe que cuando una persona está alterada, no puede pensar con claridad, que todo a su alrededor parece ir hacía donde se encuentra y aplastarlo con una presión descomunal.

Esa era la situación de Makoto Naegi.

No era su mente.

Era su corazón el que estaba bajo una presión terrible, lo estuvo desde ese día en que conoció al oso.

Una presión que invisible que aplastaría el corazón de un joven común y corriente con valores guiados a un optimismo obsesivo.

Algo bueno, sí. Pero había algo que, en su optimismo, el chico no podía entender.

Hay un límite en ignorar la negatividad, en no enojarse y en simplemente aceptar todo.

Hoy o mañana, no importaba a realmente.

Para cuando Makoto Naegi lo entendiera, sería demasiado tarde, la única persona capaz de salvarlo sería él mismo.

—... Pero ÉL no quería salvarse.

Parte 1

No era bueno.

Para nada bueno.

Sakakura solo salió un maldito segundo del cuarto de seguridad por un "asunto urgente" que Chisa quería discutir con él.

¿Qué era? Nada más que algunos consejos para confesar sentimientos, cosa que hizo enojar al boxeador y le hizo sentir mal al momento, más que nada por enojarse con Chisa aun cuando ella no había hecho nada y estaba más que en su derecho de consultar con alguien de confianza sobre la mejor forma de revelarle sus sentimientos a la persona que amaba.

Dos amigos que amaban a la misma persona, ciertamente era un cliché, aunque con un giro considerando cierto factor... pero eso es algo para abarcar en otro momento.

El asunto de importancia en este momento era lo que Sakakura había logrado ver en las cámaras de seguridad.

O más bien, a quién había logrado ver.

No pensó ni creyó que ese trastornado pudiera burlar a la seguridad de la academia, mucho menos el aparecerse en un evento tan concurrido como lo era el festival.

Ahora entendía que habían sido demasiados ingenuos.

—¡Maldito mocoso!

Gruesas gotas de transpiración caían desde todo el cuerpo del boxeador, más que nada por la pura adrenalina en su ser. Chisa le había dicho que estaría con el director y Kizakura, seguramente supervisando el torneo o conociéndolos, dejándose llevar por el entusiasmo del público.

—¡Carajo! — gritó cuando sintió su pie casi doblarse en un ángulo que, de no haber recuperado el control, se lo habría roto. Y, aun así, le quedo adolorido.

Aquellas personas que no se encontraban en el gimnasio se apartaban de su camino, casi tachándolo de loco de no ser por su ahora sucio uniforme de guardia.

Finalmente, la luz al final del túnel apareció: una de las entradas exteriores al gimnasio. Fue así que con mera fuerza bruta abrió la puerta, cayendo de bruces al suelo nada más cruzar el umbral.

Estaba listo para morderse la lengua y seguir adelante, hasta que una voz conocida le detuvo.

—¡¿Juzo?! ¡¿Qué te paso?!

Con una expresión muy mortificada, Yukizome Chisa se acercó a su amigo y lo sentó para examinar algunos de los rasguños que se había hecho durante la caída.

—No-n-no h-hay- — trató de decir, pero la falta de aire y el terco dolor en sus pulmones se lo impedía. — -no hay ti-tiempo.

—¿Que pasa hombre? Parece que hubieras estado corriendo por todo Tokio.

Al escuchar una segunda voz, Juzo cayó en cuenta de que estaba en presencia de otras personas. Estaban Jin y Kizakura como ya se lo esperaba, pero con lo que no contaba era con que Munakata y un anciano al que creía reconocer de algún lado estuvieran ahí.

Cuando su visión dejo de ser nebulosa y de dar vueltas, pudo identificar al hombre como Kazuo Tengan, el ex director de Hope's Peak.

'Perfecto, ¡la última maldita persona que quería ver!'

—Tenemos... tenemos que —oh, que bien, su garganta se sentía fatal—. Tenemos que detenerlo...

—¿Detener a quién? —Munakata hizo la pregunta correcta.

Parte 2

Hubo una ocasión en la que su madre le dijo que tenía una boca suelta que pocas veces se dejaba ver. Ahora Naegi podía ver que ella tenía razón.

Había tantos insultos que quería gritar contra el chico que amenazaba a su —insoportable— compañera de clases y a él, pero tenía que permanecer en silencio, no dejar que ese gran enojo que le recorría se llevara lo mejor de él.

Analizando la situación en frio, se pudo dar cuenta de que poseía una ventaja que Killer Killer no: cerca de él había una cantidad decente de objetos contundentes que podía usar contra el maniaco que les amenazaba.

Y eso era todo, Makoto no confiaba en que sus reflejos serian tan buenos como para evitar un cuchillazo y llegar a forcejear con Killer Killer por el cuchillo podía acabar muy mal.

—¿Por qué tú...? —preguntó Takumi a nadie en específico. Naegi no pudo evitar hacer una mueca al ver el enojo irracional que invadió al asesino cuando -obviamente- su pregunta hecha a la nada no fue respondida por alguien—. ¡¿No es esto magnifico?! ¡Tenias que mostrar coraje en el momento de tu muerte! Supongo que algo bueno podía salir de esto...

Naegi apenas y parpadeo.

Junko hizo lo mismo.

Pero Killer Killer ya se había abalanzado sobre el -des- afortunado estudiante.

Sus ojos, sus músculos, la condenada corteza motora primaria de Makoto Naegi tuvo que trabajar más rápido de lo que nunca lo había hecho para poder salvar su vida. El instinto mezclado al pánico y a la furia le llevaron a utilizar como escudo la única cosa medianamente resistente que cargaba consigo en ese momento.

Las gafas de alta tecnología creadas por Monoegi.

El cuchillo de Hijirigara apenas perforo la lente cuando;

¡BZZT!

El asesino fanboy de la Soldado Definitiva retrocedió ante el impacto de la electricidad cuando 500 de voltaje atravesó su brazo izquierdo.

Makoto tuvo que retener el contenido de su estomago ante el repentino olor a carne quemada y metal caliente; el cuchillo de caza con el que Takumi amenazaba a Enoshima y a él se había roto ante la corriente y el impacto. Tal parece que esas gafas eran más duras de lo que creyó en un inicio.

'¿De donde saco algo así este maldito pasivo?', pensó Junko, frustrada y ligeramente... digamos, por el bien de una clasificación para todas las edades, "emocionada", ante la perspectiva de que Naegi era más de lo que aparentaba. Si eso resultara ser verdad, entonces el chico era la caja de sorpresas definitiva par Enoshima Junko, alguien a quien no podía predecir ni comprender.

Cuánta razón tenía.

Dejando de lado esa tangente, Killer Killer miró, no con miedo o asco, solo con sorpresa el estado en el que había quedado su brazo. Desde su palma hasta la muñeca, había huecos blanquecinos, mientras que el resto de su mano se repartía entre una costra rojiza o negra. Este patrón se repetía en el resto de su brazo.

No grito de dolor, solo miro con locura a Naegi.

—... Siento que tu amiguita está disfrutando demasiado esto.

Makoto cometió el error de reaccionar con un segundo de retraso al ver la sonrisa grabada en el rostro de Junko.

Ese segundo fue suficiente para que Takumi se recuperara y, con un rugido animal, se lanzara sobre él con toda la fuerza que su brazo maltrecho le permitía.

El impacto los hizo rodar por el suelo, un torbellino forcejeando entre sí. Makoto sintió el peso de Takumi sobre él, su rodilla aplastándole el torso y sus manos buscando desesperadamente su cuello. Trató de empujar al asesino, pero este tenía la ventaja de la posición y del puro frenesí homicida.

Takumi logró forzar el camino de los restos del cuchillo, cosa no debería ser posible en alguien con el brazo chamuscado. Makoto jadeó, sintiendo el filo de los restos en sus manos. Si dudaba, si esa cosa se resbalaba, entonces era seguro que Killer Killer iría a por un corte que fuera mortal.

... Realmente odiaba lo que estaba apunto de hacer.

—¡Solo déjame tranquilo, demente! —exclamó con toda la rabia que su pequeño y bonachón cuerpo podía retener.

Y entonces cerró su mano derecha sobre los restos del cuchillo.

...

No paso mucho antes de que la punta recta pero afilada sobresaliera del otro lado, atrapada por la mano de Makoto, ahora entumecida como si tuviera rigor mortis por culpa del dolor.

Esa acción tan imprudente fue lo causo el siguiente error de Hijirihara Takumi, y Naegi Makoto solo necesito esa ventana de oportunidad para darle la vuelta a la situación.

Uno.

Dos.

Tres.

Ignoró el dolor en su mano.

El daño que se causaba en la frente y el resto de su cabeza.

Solo le importaba vivir. Solo le importaba sacar a Enoshima a salvo.

Solo quería... ver a Mukuro.

Cuando llego el cuarto cabezazo, Makoto puso tanta fuerza en este que Killer Killer y él rodaron por el piso, hasta chocar con una pila de cajas de madera que exploto en un millar de astillas.

Fue el momento justo en que, a trompicones, alguien, el personaje principal de aquella caótica reunión, entró a la habitación.

Ikusaba Mukuro.

—Tú... —Mukuro estaba enojada antes, pero ahora... nunca había sentido tal cantidad de rabia.

Le era difícil ignorar ese instinto que le decía que brutalizara a Takumi, que lo golpeara tanto que al final su cara fuera algo irreconocible, que lo convirtiera en una pulpa sanguinolenta. Aunque por lo visto, Makoto ya se había encargado de ello.

No era el momento para pensar en esas cosas, pero Mukuro no podía evitar sentirse rara, curiosa sería una mejor palabra, ante la sensación de que eso no sería lo correcto.

No seria lo que él... aprobaría. Aunque no podía evitar la ironía detrás del hecho de que fuera Makoto quien golpeara tanto a Killer Killer.

Le divertía en cierta forma, y eso solo significada que su sentido del humor estaba hecho mierda.

'Vaya, supongo que realmente has influido en mi', pensó con calidez.

Pero no dejó que aquella sensación la distrajera. No ahora.

Se movió con rapidez, calculando cada paso, cada respiración. Takumi todavía intentaba incorporarse entre los restos de la pila de cajas, mientras Makoto se sujetaba las costillas, con la respiración entrecortada y su mano sangrante. Junko, por su parte, parecía disfrutar del espectáculo, aunque su mirada revelaba algo más. Curiosidad. Expectativa.

—¿Mukuro...? —murmuró Makoto, sorprendido, pero también aliviado.

Ella no respondió con palabras. Su cuerpo actuó antes que su mente, y en un parpadeo ya estaba sobre Takumi, golpeándolo con la fuerza de años de entrenamiento y pura rabia contenida.

Su puño impactó en la mandíbula del asesino, haciéndolo girar sobre sí mismo. Killer Killer intentó recuperar el equilibrio, pero Mukuro no le dio oportunidad al darse otro golpe que hizo rebotar su cabeza contra el piso.

—... ¿Sabes qué es lo gracioso? —dijo Takumi, con una carcajada ronca. Sangre manaba de su labio roto y su brazo aún chamuscado temblaba de dolor. Su voz tenía un tono de diversión y sus ojos brillaban porque, a su manera enfermiza, sus acciones manifestaron a su musa, el motivo por el que hacia lo que hacía en carne, sangre y hueso—... Ikusaba-chan no es lo que más miedo da en este lugar.

Mukuro frunció el ceño.

—¿Qué dices?

Takumi sonrió con los dientes manchados de rojo. Movió la cabeza en dirección a Makoto.

—Él.

El aire pareció congelarse.

Makoto parpadeó.

—¿Yo?

Takumi soltó otra risa, pero esta vez hubo algo distinto en ella. Algo entre la euforia y la resignación.

—No te diste cuenta, ¿verdad? En ese instante, cuando me agarraste el cuchillo, cuando me lanzaste contra las cajas... No dudaste. No fue tu maldita suerte. Fue instinto. Y fue muy jodido. Realmente querías hacer daño, ¿eh?

Makoto sintió un escalofrío recorrerle la espalda. El cansancio -y tal vez la perdida de sangre- empezaban a arrastrar su consciencia, pero diciendo la verdad, dudaba que fuera su condición el motivo por el que estaba temblando.

—¡Sé que estás ahí, Killer Killer!

Munakata, Juzo y Chisa irrumpieron en ese momento, casi derribando la puerta de una patada. Eso fue culpa de Yukizome, quien creyó que la puerta estaba cerrada.

El grupo de graduados de Hope's Peak se quedo mudo ante la escena que se presentaba ante ellos. Bueno, al menos Munakata -que sostenía una katana de sabrá Dios donde- y Juzo, Chisa grito y corrió auxiliar al Naegi al verlo tambalearse y notar el preocupante corte en su mano.

Enoshima parpadeo como un ciervo ante los faros de un auto.

... No entendía que le estaba pasando, pero en lugar de dejarse llevar por lo magnifica que era la desesperación que sentían esa maestra y su hermana por el estado en el que se encontraba Makoto por haberla defendido justamente a ella, se encontró ligeramente preocupada por el chico herbívoro...

'... Je, así que eres tú, perra', le dijo dentro de su mente a esa otra persona.

Entonces, para ignorar esas crecientes y asquerosas preocupaciones, mejor hizo algún comentario acido.

—¿Por qué diablos los adultos siempre llegan tarde?

Conclusión

Campeón

Monoegi tenía que reconocerlo: los medicamentos de Kimura Seiko junto a los cuidados de Tsukimi Mikan realmente hacían maravillas.

Hace 46 minutos que Yukizome Chisa había dejado a Makoto en una de las camas de la enfermería, y de no ser por el vendaje en su mano derecha y las banditas en su nariz y frente, no se enteraría de la pelea a muerte que había tenido el Estudiante Afortunado.

—Vaya, ¿no te sientes raro en este lugar? ¿Acaso no es inquietante la sensación de familiaridad que te da esta excusa de habitación de hospital?

Makoto giró lentamente la cabeza hacía la fuente de ese ruido tan irritante que parecía estática tronando directamente en sus orejas.

Resultó ser nadie más que Monoegi.

—... Hola.

—Hola a usted también caballero con nulo sentido de la auto preservación. ¿Sabes? Si no tuviera los recuerdos del viejo tú, diría que no tienes ningún aprecio por tu vida.

—¿Eh? ¿Eso aparento...?

Para la forma de vida artificial, no paso por alto la forma de Naegi. Se veía exhausto, como si necesitara dormir durante días, y Monoegi estuvo tentado a decirle que lo mejor era realizar la búsqueda en la oficina de Kirigiri Jin en otra ocasión, cuando estuviera repuesto.

Pero era un asunto de urgencia, no habría otra oportunidad en el futuro próximo.

Las cosas tenían que hacerse de una forma u otra, inclusive si eso significara en enfrentar las terribles consecuencias de un Naegi Makoto en su límite. Sin embargo, contrario a lo que se podría esperar, Monoegi no estaba lleno de confianza en caso de tener que lidiar con algo así, y esperaba no tener que hacerlo...

Si sus datos eran correctos, solo había una forma en que Naegi Makoto llegara a su límite:

Perderla a ella.

Pero, ¿quién era ella?

Esa era la pregunta que le carcomía.

... ... ...

... ... ...

—¡Sal de mi cabeza!

Una vez.

—¡Lárgate!

Dos veces.

—¡Por tu culpa...! ¡Es por tu maldita culpa que esa excusa de enfermera no se ha vuelto loca!

Demasiadas veces que era doloroso contarlo.

Enoshima Junko volvió a golpear su frente contra una pared de concreto sólido.

Tal vez ahora además de las heridas en su frente tenía una herida interna en su cerebro, ¿pero eso qué importa? El saber que algo así podría matarla antes de completar su plan le causaba éxtasis, adrenalina y cualquier palabra que pudiera ser usada para describir el placer.

Placer que se veía apagado por la otra "cosa" en su retorcida mente.

'Algo', un alguien realmente, que le causaba una desagradable desesperación.

Totalmente contradictorio, ¿no? Pero esa era la naturaleza de Enoshima Junko.

Una contradicción viviente.

—De alguna forma... de alguna forma, —con su mano derecha formó un arma de fuego imaginaria y la puso al lado de su cabeza—... te sacaré de aquí Ryo-chan~"

La prueba de que Enoshima Junko era una contradicción viviente era esa otra chica.

Otonashi Ryoko.