La carcajada de Fang era escandalosa e intensa, rebotando entre las paredes de su despacho personal, donde guardaba sus más preciados tesoros, amontonados unos sobre otros, cuadros caros, bolsas repletas de oro y gemas, todas apiladas como si fuesen basura. Y en el centro de todo estaba su nueva adquisición: un corpulento Equidna rojo y una aparente alocada Tejón , ambos amarrados y amordazados, inconscientes e imperturbables ante la sonora risa de su captor. Detras de ellos estaban los principales colegas de Fang, el oso polar silencioso y el pájaro carpintero desquiciado. El primero permanecía con el seño fruncido como le era habitual, mientras el otro curioseaba entre las gemas relucientes, totalmente absorto con el brillo.

Ana se encontraba a la diestra de Fang, detrás del escritorio de caoba, sosteniendo una bandeja con una jarra de agua helada con hielo. Se le veía cansada y aletargada, esquivando con la mirada el agua. Hacía rato que ya no podía mantener la sonrisa, aunque no se preocupó, ya que por un lado, estaba demasiado cansada como para hacerlo, y por otro, Fang estaba muy distraído riéndose como para notar a la personas a su alrededor.

Ana echó un vistazo a los capturados. El equidna le parecía haberlo visto en algún sitio, cuando era niña, quizá antes de La Unión, aunque todo recuerdo previo a ese suceso siempre permanecía nebuloso, como si hubiese sido hace siglos. La Tejón , por otro lado, no la reconocía de nada. Ambos dormitaban profundamente, según había contado el Pájaro carpintero, habían sido sedados, así que su captura no supuso ningún problema.

"¡Vaya golpe de suerte! Ahora si que se vienen cosas buenas", expresaba Fang mientras hacia una pausa de tanto reír.

El oso polar emitió uno de esos sonidos aterradores que le eran habituales, al parecer era su forma de comunicarse, ni Ana ni nadie aparte de Fang y el pájaro lograban comprenderlo del todo.

"¿Que «Para qué los quiero»? ¿Qué no es obvio? ¡Un intercambio!", Fang se levantó de su gran sillón reclinable y se acercó al equidna, posando su mano sobre la cabeza. "El Reino de Acorn tiene fichados a estos dos cabezas huecas y estoy seguro de que estarán dispuestos a pagar mucho por que le entreguen a "La Bestia Roja" y a su compañera en bandeja de plata. Solo piénsenlo: tierras, joyas o incluso... una mena de ese Meta-Cuarzo tan preciado suyo", la comadreja se frotaba las manos mientras imaginaba las posibilidades.

"Oh ¿Habla de esas piedras que brillan así mucho pero MUCHO, jefe? Si seria lindo tener una como regalo de cumpleaños.", decía el ave sus sinsentidos habituales.

El oso polar dio otro de sus bufidos, sonaba dudoso.

"¿Y por qué no me entregarían Meta-Cuarzo? Me parece un trato justo. Y si no, también podemos despertar al bruto este en medio de su capital y que provoque todo el caos que quiera antes de que lo eliminen. Seria como matar, literalmente, dos pájaros de un tiro."

Ana no podía asegurarlo del todo, el cansancio le hacia jugarretas a sus sentidos de vez en cuando, pero tuvo la impresión de ver al equidna moverse, como reaccionando a lo que decía Fang. Pero dejó ese pensamiento a un lado cuando vio que los otros no notaron nada.

"Llévalos al deposito de seguridad, grandulón", ordenó Fang al Oso polar. "Y cuando vengas de regreso me traes-"

El oso interrumpió a Fang con su bufido, hizo un movimiento con la cabeza indicando a Ana, quien estaba cabeceando y luchando por mantenerse en pie.

"¿Qué? ¿Qué pasa con ella?", preguntó Fang.

"Cierto ¿Por qué está ella aquí, jefecito? ¿Qué no es hora de tomar agüita?", cuestionó el ave.

"¿Y qué? Ella seguramente ya tomó".

El oso dio un bufido de duda y reproche.

"Va, yo la veo bien. Se ve igual que todos los idiotas trabajadores. Además, el no beber agua un día no es nada ¡Más ahorro para mañana!. Deberían agradecer el que tengan al menos algo que beber a diario para no morir en el desierto". Fang se aproximó a Ana, quien intentó espantar su cansancio y disimular la poca energía que le quedaba. "¿No estas de acuerdo, niña?", preguntó la comadreja mientras clavaba su mirada sobre Ana, exigiendo su aprobación.

"S-si Amo Fang. Estoy m-muy agradecida", dijo torpemente la liebre mientras trataba de esbozar una sonrisa.

El oso dio otro bufido de reproche, esta vez más enojado.

"Si, esa chica parece más marchita que una amapola solitaria al desamparo del medio día en el inclemente desierto", dijo el pájaro carpintero, todos los presentes se le quedaron viendo entre confundidos e impactados. "¿Qué? Me gusta leer poesía cuando me aburro de usar mi cabeza como martillo. Yo también tengo hobbies ¿Saben?".

El oso polar sacudió la cabeza e insistió en su reproche a Fang.

"¡Bien, lo que tu digas! Si tanto insistes...", Fang le arrebató la bandeja a Ana y luego se aproximó a su escritorio, tomó bruscamente su vaso de agua a medio beber y se lo puso en frente de la cara de la chica. "¡Bebe!".

Ana se quedó mirando el vaso sin comprender del todo lo que estaba sucediendo. El oso polar cruzaba los brazos y fruncía aun más el seño mientras Fang empujaba el vaso más y más contra la cara de Ana.

"¡Vamos! ¡Si tienes tanta sed como dice el grandulón, bebe de una maldita vez y no nos hagas perder el tiempo!".

Fang era un desastre al comer y al beber. Gran parte de los incidentes que ocurrían relacionados con la comida eran enteramente culpa suya, aunque él prefería culpar a los demás. Al ser Ana la "favorita" de Fang, pasaba más tiempo a su lado, así que tenia constancia de lo asqueroso que era la comadreja; metiendo el agua en su boca para volverla verterla en el vaso, pasando su lengua en casi todo el borde del mismo. La sola idea le provocaba a la liebre un revoltijo en el estomago. Ana puso sus manos entre su rostro y el vaso y trató de apartarla lo más que pudo.

"N-no hay necesidad, Amo Fang. Estoy bie-"

"¡Ya deja el parloteo bebe de una vez!", dijo Fang antes de tomar Ana de la nuca y precionar el vaso contra su boca, obligándole a abrirla y beber del agua de forma forzosa.

Dentro de la pobre liebre había una lucha entre su instinto de supervivencia, que pretendía beber de una vez por todas el agua para no ahogarse, y su profundo asco y rechazo, que prefería morir ahogada. Logró llegar a un consenso: cerro por completo su garganta y su tráquea, mantuvo el agua en su boca, acomodándola de tal forma que se disimulase lo mejor posible e hizo la mímica de estar tragando, aunque en el intento sintió como un poco del agua pasaba, lo que casi le provocó arcadas, aunque tuvo la suficiente fuerza de voluntad para evitarlo. Al final, cuando Fang la dejo ir y el vaso quedó vacío, Ana se incorporó e intentó fingir la mejor sonrisa que pudo, sin mostrar los dientes para que el agua no se filtrase.

"Ya bebió agua ¿Contento?", exclamó Fang en dirección al oso.

Este último no hizo más que dar media vuelta y retirarse del despacho, cerrando con brusquedad la puerta tras de si.

"Bah ¿Quién le entiende? Bean, ve a buscarlo, aun no hemos terminado de discutir lo que haremos con estos dos. Y tu, niña, como muestra de tu gratitud a mi benevolencia, lleva a estos dos bellos durmientes al deposito de seguridad, final del pasillo, mano izquierda, y vuelves pronto", concluyo mientras tomaba asiento en su sillón reclinable.

Bean ayudó a Ana a llevar al equidna y a la tejón hasta el frente del deposito, escupiendo una sarta de sinsentidos en todo el camino a los que Ana no les prestó atención, pues necesitaba concentrarse para no beber el agua que aun tenia en la boca. Cuando estuvo frente al deposito y Bean se retiró a buscar a su compañero, Ana por si sola se encargó de colocarlos en un sitio adecuado entre los tesoros robados, y solo después de haber terminado con ello fue que corrió a la jarra de porcelana cara más cercana que encontró para poder vomitar el agua.

Soltó todo el contenido de su boca en la jarra, escupiendo lo que sea que quedara, pero la horrible sensación no la abandonaba. Por un minutos contemplo la idea de inducirse en vomito, pero recordó que apenas había comido lo del desayuno de la mañana y que no podía permitirse potar lo que aun permanecía en su estomago. Se quedó inmóvil por un momento, recostada sobre la jarra de porcelana, temblando y respirando hondo para no romper a llorar.

"Eh... ¿Te encuentras bien, chica...?", una voz femenina se oyó a espaldas de Ana.

La liebre volteo de inmediato, temiendo que fuese alguna de sus compañeras, pero en cambio se encontró cara a cara con la Tejón que hacia apenas unos segundos se encontraba inconsciente y atada. Incrédula y aun tratando de procesar lo que estaba observando, viró si vista hasta el fondo del deposito y vio al equidna totalmente despierto y desamarrando sus ataduras.

Antes de que Ana pudiera gritar, la Tejón tapo su boca y la retuvo con fuerza.

"¡Ssshhh! ¡Hey! ¡Hey! ¡Tranquilizate, no te haremos daño!", susurraba la tejón intentando calmar a la liebre.

El equidna, ya libre de sus ataduras, camino hacia la salida, pasando de largo a las dos chicas.

"¡Oye, un poco de ayuda no estaria mal, cabezahueca!", le reprocho la Tejón.

"Ese maldito Fang merece un lección...", respondió con frialdad el equidna, la rabia era palpable en su voz.

"Con cuerdo totalmente, pero espera un momento ¿Si? Espera...", la tejón empezó a rebuscar entre sus ropajes hasta que dio con una foto que le mostró a Ana. "Hey, dime: ¿Conoces a la liebre junto al coyote? Porque te pareces bastante, aunque tu pelaje es distinto...".

Ana observó la foto con detenimiento y se quedó helada. Aquella foto la habían tomado hacia años, posterior a La Unión.

"Roberto...", musito la liebre con la voz temblorosa, llena de temor. "¿Qué le hicieron a mi hermano? ¿Por qué-?"

"No le hicimos nada, él nos envió, por ti", interrumpió el equidna.

"¿«Nos»? ¿No que no querías meterte en esto?", bromeó la tejón.

"Cierra la boca-"

"No, TU cierra la boca, que si le haces a la pobre niña uno de tus interrogatorios la vas a matar del susto".

El equidna soltó un bufido y se limito a cruzar los brazos y darle a las chicas espacio. La tejón entonces dejó libre a Ana para hablar de forma normal con ella.

"Muy bien niña, yo soy Sticks, el bruto de allá es Knuckles, y sí, venimos de parte de... ¿Roberto? ¿Así es como se llama? Acabo de recordar que ni siquiera pregunté su nombre, jeje. ¿Tú como te llamas?".

"A-Ana".

"Ok, Ana, lindo nombre. Oye, sé que la foto es vieja y que la gente cambia mucho con los años, pero no sabia que podían cambiar el color del pelaje de esta forma".

"Debe ser algo estacional", intervino Knuckles. "Estamos en época de invierno, y tu vienes del norte ¿No, niña?"

Ana asintió.

"Ok, eso es muy cool. Ojala yo cambiase de pelaje, eso distraería a los agentes que constantemente me andan vigilando-".

"Sticks...", el equidna intentó devolver su compañera a la realidad.

"Ya, si, nos encargamos de esos agentes luego. Entonces, «niña que cambia de color», Rob mencionó que ambos son del mismo orfanato, ninguna otra relación más que eso, ¿Ustedes simplemente decidieron ser hermanos?".

"... Si. Yo... A mi me molestaban mucho los otros niños del orfanato, por mi oreja cortada, y él fue quien me defendió".

"Vaya, ¿No te recuerdan a un par que conoces?", preguntó Sticks al equidna.

Knuckles no hizo más que esbozar una pequeña media sonrisa.

"Bueno, tu hermano esta... vivo, lo cual ya es mucho. El nos pidió que te rescatásemos, aunque para hacerlo primero tenemos que saber qué es este lugar exactamente ¿Nos puedes hablar al respecto?".

Ana se quedó observando a sus dos inusuales "supuestos" salvadores. Aunque aun albergaba una ligera duda, en el fondo de su pechó empezó a sentir una calidez que hacía mucho tiempo no sentía. El recuerdo de su hermano, que en otros momentos no hacia más que deprimirla, ahora le llenaba de esperanza. Entonces respiró hondo y sintonizó sus recuerdos, buscando contar lo que otros le habían hablado:

"Aquí había un manantial, o mejor dicho «hay». El manantial abastecía de agua a un gran oasis, lleno de arboles y mucha vegetación, los que tienen más tiempo aquí me contaron que era precioso. Los primeros nómadas llegaron a él un par de años después de La Unión, venían del Este, creo que de un lugar llamado Shamar o algo así, un lugar del que nunca había oído pero que me gustaría visitar algún día. Ellos sabían mucho sobre como sobrevivir en el desierto, así que sabían muy bien como aprovechar el oasis y el manantial en su totalidad. Por esos años pudieron formar una comunidad muy grande de nómadas de todos los lugares del mundo. Sobrevivían, pero lo hacían con alegría, ya que tenían de donde obtener los recursos, y a pesar de ser muchos, nunca les faltaba, o eso me han dicho".

"¿Fue Fang quien acabó con ese Oasis?", preguntó Sticks.

"No, fueron Los Freedom Fighters".

Sticks volteó a ver a Knuckles, quien había empezado a fruncir el seño.

"¿Qué fue lo que pasó?", volvió a preguntar la tejón.

"Ellos... llegaron por la noche, muchos me han dicho que así es como siempre llegan, unos dicen que para evitar el sol abrazador, otros que es para tomar a sus objetivos por sorpresa. Llegaron afirmando que, bajo un decreto de una Reina de la cual nadie oyó hablar nunca, y por orden de un Ministro de no-sé-que, todas las tierras ricas en recursos le pertenecían a la corona. Los nómadas tenían la opción de volverse ciudadanos del Reino y disfrutar de los recursos o rendir las tierras y retirase sin resistencia. Hubo algunos que si aceptaron ser parte del Reino, pero otros no estaban de acuerdo. Estos últimos, según me han contado, fueron reprimidos de forma brutal, obligándoles a abandonar el oasis y dispersarse. Tras un tiempo, algunos de los que se fueron pudieron volver y descubrieron que habían arrasado con todo, los cultivos, el agua... no habían dejado nada más que el manantial. Aquellos nómadas que quedaron tenían la esperanza de que con solo el manantial serian capaces de revivir el oasis... Pero entonces el Amo... entonces Fang llegó". Ana se puso rígida intentando no temblar. "Eran solo ellos tres, Fang, el Oso Polar y el Pájaro. Los Nómadas eran más, y aunque habían sido derrotados por los FF, no eran débiles. Pero... Esa piedra rara..."

"¿Qué Piedra rara?", reaccionó de inmediato Knuckles. "¿Cómo era? ¿Que-?"

"Knux...", le interrumpió Sticks. "Ella no estaba cuando sucedió, solo cuenta lo que le contaron".

"¿Pero qué le contaron de la piedra?", insistió el equidna. "¿De que color era? ¿Cómo lucia?".

"N-no lo sé...".

"Knuckles, ya basta", La tejón se planto frente al equidna. "Déjala que termine, luego nos encargamos de lo demás".

El rostro de Knuckles paso de mostrar enfado a una ligera culpa antes de apartar la mirada y volverse a alejar, dándole la espalda a las chicas.

"Vaya tiempos en los que estamos que de nosotros dos, yo sea la más razonable...", Sticks volteo a Ana y le hizo un ademán para que continuase su relato. "¿Decías?".

"... Fang utilizó el poder que emanaba de esa piedra rara para someter a los nómadas que se habían quedado. Les obligo a excavar el manantial para extraer toda el agua que podía. Cuando vio que necesitaba más gente para trabajar, sus colegas fueron a buscar más. Así fue como..."

"Así fue como terminaste aquí...".

"... Cuando La Unión sucedió, el orfanato al que mi hermano y yo pertenecíamos fue movilizado por La Restauración. Pero la nave en la que íbamos... no sé que ocurrió, si fue un accidente o un ataque, el punto es que nos estrellamos. Vagamos durante días por el desierto hasta que encontramos un pequeño asentamiento que se había formado al rededor de un pozo de agua. Nos acogieron y nos dieron algo que comer, beber y donde dormir. Fuimos parte de la comunidad, ayudamos a convertir el asentamiento en un pequeño pueblito, en esos tiempos...", una ligera sonrisa melancólica se dibujó en el rostro de la liebre. "Fue la primera vez que ambos nos sentimos en una familia. Fueron tiempos duros, pero lindos...", la sonrisa inmediatamente desaparecio. "Fang llego una madrugada, amenazó con acabar con el pueblo si no le dábamos nuestros objetos de valor. Creímos, de forma ingenua, que si cooperábamos nos dejaría en paz, pero no fue el caso. El siguió viniendo, pidiendo más y más cosas, llego un punto que básicamente nos cobraba una especie de impuesto, solo para que no nos matase. Luego dijo que necesitaba «Mano de obra» y... terminé aquí".

"¿Por qué tú y no tu hermano?".

"Porque...", Ana empezó a abrazarse a si misma. "Así Fang lo exigió. Mi hermano protestó y suplicó que lo llevasen a él. Pero Fang me quería a , desde el principio. Lo sé por cómo me veía entonces...".

"¿Y para qué demonios te quiere?", intervino Knuckles acercándose a la liebre.

Cuando Knux estuvo lo bastante cerca, algo en la chica llamó su atención. Pudo notar como debajo del maquillaje y el ropaje estrafalario se ocultaban varios moratones y heridas aun sanando. La respiración del equidna empezó a acelerarse. Sin decir una sola palabra más, fue encaminándose a la salida del deposito con paso rápido y decidido.

"¡Espera Knux! ¡No sabemos-!", intentó razonar la tejón.

"¡Me importa un Demonio! ¡No voy a dejar que esa maldita rata siga respirando un segundo más!".


Entonces...

El cielo se estaba deshaciendo en lagrimas a su alrededor. La lluvia caía con rabia, las gotas, tan grandes como monedas, caían a tal velocidad y contundencia que llegaba a resultar doloroso cuando impactaba en la piel. Era la mitad de la tarde y el cielo encapotado permanecía negro como si fuera media noche. Cerca del horizonte brillaban las centellas luchando entre si, el sonido de sus impactos llegando segundos después del destello, viajando a la velocidad del sonido a los oídos, amenazando con deja sordos a los incautos y destrozar las ventanas.

Pese a todo, Amy y Knuckles no podían estar más felices. Antes de llegar a la casa y cuando la lluvia ya estaba tomando fuerza, la eriza corría mirando al cielo, con la boca abierta y sacando la lengua, saboreando cada gota de lluvia. Knuckles, por su parte, intentaba permanecer más sosegado, pero no podía evitar la sonrisa en su rostro y la ocasional risita tontorrona. Al llegar a la casa fueron inmediatamente a la cocina y sacaron todas las ollas, jarras, envases y vasos que encontraron al patio. Aquello que no pudieron mover, como la bañera, lo llenaban con el agua de los envases ya llenos. Por lo torrencial de la lluvia no tardaron demasiado, pero entonces Knuckles se percató de algo...

"¡No es suficiente!", gritó a Amy entre el escandalo de la lluvia. "¡Todo lo que recolectamos no son más que un par de semanas de agua! ¡Y no sabemos cuando volverá a llover!".

"¡Pero ya no quedan más recipientes ¿Qué...?", Amy observó a su alrededor como todos los recipientes que habían sacado ya estaban desbordando. "¿Qué vamos a hacer?".

Knuckles se lanzó al piso y apretó su oreja derecha contra el suelo, procediendo a golpearlo con fuerza moderada. Se fue moviendo en esa posición unos cuantos metros hasta que desistió presa de la frustración.

"¡No puedo oír nada por la lluvia y...!", el equidna viró su vista al cielo y pudo notar una ligera disminución de la afluencia de agua. "¡Maldita sea, la tormenta está por terminar...!".

Knuckles se quedó pensativo por un momento, de rodillas en el suelo, en la misma posición en la que estaba cuando desistió de seguir cavando los agujeros...

"¡Eso es! ¡Amy!", el equidna corrió al encuentro con la eriza. "¿Qué tan grande es el tanque de agua? ¿Hasta donde llega?".

Amy estuvo confundida por un momento pero de inmediato examinó con la mirada todo el patio e intentó sintonizar sus recuerdo de cuando el tanque fue construido.

"Creo que... ¡Hasta aquí!", respondió la eriza rosa pisoteando el suelo.

"¡A un lado!", exclamó Knuckles antes de dar un salto y caer en un clavado de cabeza hacia el suelo con los dos puños extendidos sobre si, clavándolos en el suelo y empezando a excavar.

A tierra comenzó volar por todos lados, juntándose en el aire con el agua y formando lodo que salpicaba por doquier. Incluso Amy no pudo evitar ser alcanzada por el desastre, aunque estaba demasiado ocupando viendo lo que hacia el equidna como para preocuparse. A los pocos segundos la tierra voladora fue reemplazada con piedra y luego por cemento, hasta que un gran golpe seguido de un eco profundo se oyó por debajo del murmullo de la lluvia.

"¡Amy!", la voz de Knuckles parecía provenir del interior de una cueva. "¡Necesitamos crear un embudo para canalizar el agua!".

"Creo... ¡Creo que tengo algo!".

La eriza fue lo más rápido que pudo al interior de la casa y a los pocos segundos volvió a salir cargando con una enorme lona impermeable.

"¿De donde sacaste esto?", Preguntó Knuckles.

"La Restauración. ¡Ya, apresúrate y acomódala!"


Reflexiones Posteriores:

¿Se asustaron? ¿Creyeron que había caído en otro hiatus? Estoy intentando ver si un ritmo bisemanal me sienta bien para ser más regular con las publicaciones. Pero como ya dije, no prometo nada.

Por otro lado, en un ejercicio de franqueza y transparencia, debo de admitir que la cague con el color del pelaje de Ana. En el Capitulo de La Bestia Roja dije que era "Cobrizo", ósea como pelirrojo, pero entonces vengo de pendejo y pongo en Sequia que es blanco. Dio la casualidad de que sí hay Liebres cuyo pelaje cambia de color con las estaciones, pero eso fue pura suerte. Debo de ponerme a releer todo el fic hasta ahora e ir anotando los detalles que como este puedan joder la continuidad. A lo mejor encuentro más errores que debo solventar de alguna forma, me da miedo de que esto ocurra pero con puntos más críticos de la historia ¡Estoy que me cago del miedo!

¿Consejo para no cagarla como yo? Si tienen mucho tiempo sin continuar una historia, vuélvanla a releer desde el principio y, si lo necesitan, anoten todo lo importante... ¡O todo en general!

También seria bueno no haber tardado tanto entre Sed y Sequia... pero bueno, ya paso lo que paso, hay que seguir adelante.

Y ya que estamos siendo tan transparentes, este capitulo resulto ser muy largo, así que lo dividí en dos. No es la primera vez que pasa y siempre es bueno, porque tengo dos capítulos ya terminados a los que solo les falta corrección y me da más tiempo para escribir lo que sigue. Así que: todo fino.