Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia
CAPÍTULO 27
Zell, desesperado, comenzó a dar golpes contra una pared cercana y tuvo que ser Edea quien lo parase. Todos estaban enfadados y desorientados, pero esa no era la forma de arreglar las cosas.
- Vamos Zell, tranquilízate -advirtió con voz calmada-. Esta no es la manera…
- ¡Lo sé! –gritó- Pero por lo menos me desahogo, ya que no hemos hecho nada por ellos –dijo desesperado dejando de dar golpes y alejándose del lugar mientras pasaba sus manos por el pelo de forma nerviosa-.
- Necesito que os tranquilicéis, ¿vale?, Squall no es estúpido, os recuerdo que es el comandante de este jardín y yo confío plenamente en sus capacidades en el campo de batalla -comentó Laguna con seriedad acusada-.
- ¿Campo de batalla? –intervino Selphie levantándose del lado de Eleone-. ¡Oh, vamos!, ni siquiera sabemos que hay allí, ¿vamos a dejarle solo? –preguntó dirigiéndose directamente a Laguna-.
El hombre bajó la mirada, no sabía que responder, no tenía ningún plan, no sabía que se encontraría allí Squall, ni siquiera sabía si los habían perdido para siempre.
Hubo unos minutos de silencio, nadie sabía que decir, nadie sabía que hacer. Quistis miró la hora, eran las tres de la madrugada, recorrió con la mirada el lugar, parecía que el hielo iba desapareciendo y poco a poco todo estaba volviendo a la normalidad. En ese momento la instructora, algo aturdida, llamó la atención de los demás.
- Chicos… -dijo señalando hacia el exterior que con rapidez volvía a su estado natural-.
De repente pequeños haces de luz llamaron la atención de todos los allí presentes. Pequeñas luces estaban apareciendo en distintos puntos de los muros que conformaban el jardín.
- Que… ¿qué es eso? -preguntó Selphie sin poder apartar la mirada de las destellos-.
- Creo… que son los sellos, están… desapareciendo -contestó Edea realmente sorprendida-.
- Parece que decían la verdad -intervino Irvine con la mirada fija en esos puntitos hipnóticos-.
Edea dejó de prestar atención a esos sellos que iban desapareciendo y cruzando una mirada un tanto desesperada con Laguna, suspiró.
- Chicos, creo que lo mejor será que descanséis -aconsejó la mujer intentando que su tono no delatase la desesperación y preocupación que sentía en ese mismo momento-.
- ¿Cómo? –exclamó Quistis algo molesta- ¿De verdad crees que vamos a poder dormir?
- Deberíais -interrumpió Laguna en un tono que jamás habían escuchado en él-.
Se acercó hasta Eleone, que aun parecía demasiado débil y cogiendo a Edea por el brazo, emprendieron el camino hacia las escaleras.
- Mañana os quiero a primera hora en el despacho, debemos contarle al director lo ocurrido, contactar con Esthar y pensar que le diremos a los alumnos sobre el baile -añadió mientras se alejaba por las escaleras -.
Los demás se quedaron allí pasmados, con cara de circunstancia y sin saber que hacer.
- Nunca le había visto así –dijo Zell sin apartar la vista del hombre que ahora desaparecía en el ascensor-.
Selphie lo miró preocupada, ella también lo había notado. La mujer suspiró agotada y sintió como Irvine la rodeaba por los hombros.
- Tal vez deberíamos intentar dormir -dijo sin ningún ánimo el vaquero-.
Los demás asintieron con la cabeza y se alejaron del lugar, tan solo tenían que esperar algunas horas.
Laguna no dijo nada en el corto trayecto que los separaba del despacho del director. Eleone, quien parecía estar mas o menos recuperada, no dejaba de morderse el labio inferior y enredar sus dedos de manera nerviosa. Fue Edea quien, cogiéndola del brazo, la miró intentando tranquilizarla.
Cuando cruzaron la puerta del despacho vieron como Kramer acababa de levantarse del sofá. Su estado era algo demacrado, pero Edea enseguida pudo comprobar que volvía a ser el de siempre. Cuando los ojos de su marido se posaron en ella, ésta salió corriendo y se abrazó a él.
- Vuelves a ser tú -susurró la mujer contra el cuello de Cid-.
- Lo siento -se limitó a decir el hombre mientras acariciaba la cabeza de su esposa con afecto-.
- Por fin reaccionas, bienvenido -dijo esta vez Laguna palmeando la espalda del director-.
Kramer se separó de su mujer y suspirando sonoramente, se masajeó los ojos bajo sus gafas. Después miró a cada uno de ellos y volvió a tomar asiento en el sofá. La verdad es que se sentía agotado, pero con una claridad mental que hacía tiempo no sentía.
- Son esos tres hermanos ¿verdad? –preguntó Cid dirigiéndose a Laguna quien buscaba unos papeles algo alterado en su mesa-. Es como si no recordase nada de estas últimas semanas, sé que Squall estaba preocupado por algo y cuando intenté investigar… -hizo una pausa- …no puedo recordarlo, es como un gran agujero negro -explicó algo abatido-.
De pronto el hombre abrió mucho los ojos y miró a Edea, quien parecía realmente agotada.
- Por cierto ¿dónde está Squall?, debo hablar con él y… -el director notó como todos desviaban la mirada hacia otro lado-. Ha pasado algo ¿verdad? –preguntó con miedo-.
Edea lo miró desde su posición y se acercó de nuevo hasta el sofá donde descansaba su marido. No quiso entrar en detalles, ya que no disponían de tiempo. Así que explicó, los más resumido posible, lo ocurrido semanas atrás y lo que había provocado los sucesos de esa madrugada junto con la desaparición de tres de los mejores Seeds del jardín.
El director no podía dar crédito a lo ocurrido, se sentía culpable, no podía evitarlo, no había apoyado a ninguno de ellos cuando lo habían necesitado.
- No te preocupes, esos sellos… -habló Eleone con voz tranquilizadora acercándose al hombre -.
- Si, pero ahora todo vuelve a la normalidad -interrumpió Edea quien desvió la mirada hasta Laguna que no dejaba de hacer ruido rebuscando entre un sinfín de papeles-. ¡Laguna!... ¿se puede saber que estás buscando? No has parado desde que hemos llegado.
- ¡Por fin! -exclamó el hombre enérgico mientras sostenía unos papeles en la mano-. ¿Recuerdas que antes te he dicho que Esthar me había mandado información nueva relacionada con la procedencia de las criaturas? –preguntó acercándose hasta el sofá agitando los papeles-.
- Si… creo…
- Bien, escuchad, nada de lo que sabíamos hasta ahora es cierto. Digamos que ha habido un pequeño error –decía cada vez más excitado-.
- ¿Un error? –repitió Eleone confusa-.
Laguna no tardó en explicarse, al parecer los datos trataban del descubrimiento de una nueva energía que antes habían pasado por alto. Habían conseguido aislarla y analizarla con métodos que no venía al caso explicar, ya que el tiempo corría en su contra.
El caso era que dichos datos confirmaban que las criaturas tan solo eran una de las muchas especies de monstruos surgidos en la compresión del tiempo. La diferencia es que éstas eran algo más complejas.
A simple vista tenían aspecto humano, pero solo a simple vista ya que, Rinoa o Selphie confirmaban haberles visto transformarse en bestias, más bien se trataba de una mutación. Podría decirse que eran capaces de ocultar su verdadero aspecto con el de una piel humana, Laguna afirmó que algunas especies eran capaces de hacerlo.
La otra diferencia era que estas criaturas tenían memoria y habían construido una historia a partir de los recuerdos de la primera familia que utilizó la brujería.
- ¿Te refieres a la familia de aquel símbolo tan antiguo? –preguntó Eleone con extrañeza-. ¿Los que robaban energía vital? -insistió viendo como Laguna asentía con media sonrisa en la cara-.
Estaba claro, no venían de ningún futuro lejano, ni nadie había destruido su mundo, tan solo eran una mezcla de monstruos y recuerdos de una familia del pasado que no pertenecían a este tiempo. La rabia que esa familia sintió en el pasado estaba resurgiendo en el presente a través de esas criaturas y, además, eran capaces de utilizar las mismas técnicas para controlar a las personas de su alrededor.
- Incluso han podido reconstruir el sello, casi de la misma manera que en la época en la que vivió aquella familia –explicó Laguna sin apartar la vista de los papeles-.
- No sabía que algo tan retorcido pudiese surgir de una compresión que ni siquiera llegó a completarse -apuntó Edea mientras se paseaba por la habitación pensativa-.
- Bueno, es cierto que nuevas criaturas han surgido de aquello, pero esto… parecen humanas –comentó Kramer quién no daba crédito a la historia-.
- Lo sé, pero los datos de Esthar, estoy seguro de que esta vez no están equivocados -habló Laguna justo en el momento que alguien llamaba a la puerta-.
Todos desviaron la vista hasta la puerta y fue Kramer quien se apresuró a abrir. Se trataba de Shu, era demasiado temprano para que la joven estuviese allí, pero ella también había caído bajo el influjo de aquellos sellos y ahora, como si despertase de un sueño, necesitaba hablar con alguien, contarle sus sospechas, aunque creyesen que estaba loca.
Para sorpresa de la joven nadie de allí la tomó por loca, de hecho, Kramer no dudó ni un instante en contarle lo sucedido, la necesitaba cerca, ahora que Squall no estaba. Aquella chica era inteligente y tenía una gran capacidad intuitiva, aparte de ser capaz de proponer soluciones rápidamente ante cualquier situación, por muy rebuscada que ésta fuera. Y esto sin duda lo era, y mucho.
Ahora solo debían esperar a los demás y buscar una solución.
Cuando el reloj del despacho marcó las ocho en punto de la mañana, los cuatro jóvenes tocaron la puerta de manera insistente.
El sol de la mañana, que hacía días no se dejaba ver, iluminaba la estancia. Fue Edea quien se acercó a abrir la puerta, ya que los demás seguían inmersos en un montón de papeles con números y formulas incomprensibles.
Los Seeds pasaron dentro del despacho algo nerviosos, no habían podido descansar nada, como era de esperar, pero la adrenalina que recorría todo su cuerpo les hacía mantenerse despiertos y alerta. Se sorprendieron al encontrarse de frente a una Shu, que caminaba de un lado a otro, llevando y recogiendo papeles.
- ¿Shu? -preguntó Quistis con extrañeza-.
- ¡Oh!... -se sorprendió la chica parando en seco-. ¡Hola!, parece que los problemas nos llueven ¿no? –bromeó levantando la mano en alto a modo de saludo-.
Cuando Kramer vio la cara de confusión de los muchachos se acercó a ellos.
- ¿Vuelve a ser… usted? Quiero decir…
Zell se rascó la cabeza confundido ante su superior, pero cuando lo vio sonreír, se relajó.
- Tranquilos chicos, estoy al día de todo, igual que Shu -explicó señalando a la mujer-, os debemos una disculpa por nuestro comportamiento de estas semanas, no os hemos apoyado y os hemos tratado… -la voz del director se entrecortó-.
- No pasa nada director -interrumpió Selphie con una gran sonrisa-.
- Selphie yo…
El hombre recordó de golpe aquella incomoda situación tras el examen de los cadetes. Sus horribles palabras hacia Selphie aun resonaban en su cabeza.
- Está bien -dijo comprensiva acercándose hasta él y posando su mano en el hombre-.
- No tiene que disculparse por nada, no ha sido culpa suya -comentó esta vez Quistis-.
El hombre miró una última vez a esos muchachos que apreciaba cómo si fueran de su propia familia y asintió enérgico.
- Bueno…y ¿hay buenas noticias? –preguntó Irvine quitándose el sombrero-.
Fue Laguna quien, levantando la vista de la mesa llena de papeles, miró al vaquero y sonrió de esa manera desenfadada que caracterizaba al hombre.
- Acercaros -dijo haciéndoles un gesto de mano-. Parece que las cosas han cambiado… un poco -matizó encogiéndose de hombros-.
Zell frunció el ceño. No podía evitarlo, pero el comportamiento tan sumamente tranquilo de Laguna lo exasperaba demasiado.
- ¿Cambiado? ¿A qué te refieres? –preguntó el artista marcial impaciente-.
Laguna carraspeó aclarándose la garganta y les explicó los nuevos datos que habían llegado desde Esthar. Cuando acabó de contarles las novedades, observó que aquellos Seeds no daban crédito a lo que acababan de escuchar.
- Así que nos estamos enfrentando con una loca chiflada mitad humana, mitad monstruo y que además cree que viene del futuro, ¡genial! -exclamó el vaquero con sarcasmo acusado mientras soltaba un sonoro suspiro-.
Irvine se masajeó las sienes y caminó en círculos por el despacho con agobio acusado. Todo aquello le parecía una maldita locura. Los pelos se le pusieron de punta cuando recordó la primera vez que bromeó sobre esos tres hermanos, al final no andaba tan desencaminado con sus comentarios.
Zell se adelantó unos pasos y palmeó el hombro de su amigo, después se recostó en la mesa donde había un montón de papales esparcidos y miró a Laguna.
- Es decir, ¿qué solo son monstruos? Y entonces ¿dónde están ahora Seifer y los demás? -preguntó con preocupación-.
En ese momento Eleone levantó la cabeza de un libro de tapas negras que sostenía en la mano y se acercó a los Seed.
- No están en el futuro si es eso lo que os preocupa -dijo de manera amable mostrando una sonrisa algo tímida-. Creemos que Yinna es capaz de recrear una especie de ilusión o realidad alternativa, no lo sabemos a ciencia cierta, pero seguramente si acaban con ella, simplemente regresarán.
Los chicos se miraron algo confundidos, pero algo más tranquilos.
- ¿Y cómo se trasladaban de un sitio a otro tan rápido? -siguió preguntando el artista marcial-.
- Posiblemente es una de las muchas capacidades que poseen -aclaró esta vez Edea-.
- Entonces ¿para qué quieren a Rinoa en realidad? -dijo Quistis con verdadera curiosidad-. Si todo es una ilusión…
Laguna se rascó la barbilla y después se cruzó de brazos pensando en la pregunta de la instructora.
- Dijeron que por su sangre corre el poder de las dos brujas más poderosas de este tiempo -comentó pensativo-.
En ese instante el director interrumpió al hombre.
- Yo diría, que el ritual es real, como los sellos que esparcieron por el jardín. Lo único que no es real son los lugares que ellos mismos crean ¿no? -preguntó mirando directamente a Eleone, quien asintió de inmediato-. Es decir, que cuando ellos abren una brecha temporal, realmente creen que están yendo al futuro, a su tiempo. Pero a donde realmente están yendo es simplemente a una realidad paralela creada por Yinna-.
- Loca, lo que yo decía, se cree sus propias paranoias -intervino el vaquero indignado-.
- Es posible que las cree inconscientemente, llevada, como bien dice Irvine, por la paranoia. Pero también es cierto, que es capaz de entra en la mente de los demás de forma consciente, como hizo con Rinoa -aclaró Eleone volviendo a tomar asiento-.
Fue Quistis, esta vez la que soltó un sonoro suspiró y masajeó sus ojos bajo las gafas.
- Da igual lo que ellos crean, lo que nos quieran hacer ver o de donde vengan, la realidad ahora mismo es que Rinoa sigue corriendo el mismo peligro -dijo de manera seria-.
En ese momento Kramer se levantó de su asiento y colocándose en el medio de la sala pidió calma y, sobre todo, paciencia a todos los que se encontraban allí.
Los últimos datos que Laguna había recibido de Esthar eran más que prometedores. Parece que podía haber una solución a todo ese embrollo, eso sí, llevaría su tiempo.
El hombre intentó explicar, lo más simple posible, lo que habían descubierto desde los laboratorios de la ciudad. Los expertos habían llegado a la conclusión de que era muy probable, que aquella brecha por la que habían desaparecido los demás hubiera dejado un rastro de energía. Si conseguían aislarla y analizarla era muy probable que consiguiesen abrirla de nuevo y aparecer en el mismo lugar donde se encontraban los demás.
Parece que aquello calmó los nervios de todos los allí presentes, aunque en esos momentos era poco lo que podían hacer. En poco tiempo el jardín se llenaría con científicos de Esthar y hasta que no tuviesen algunos datos concretos no podrían poner en práctica un plan.
Kramer, viendo que aquello no se solucionaría en las siguientes horas, decidió dar un comunicado aplazando el baile.
Quistis, que estaba inmersa en sus pensamientos, oyó al director poner como excusa, algo sobre una reunión fuera, a la que el comandante debía acudir sin falta. Luego se disculpó con los alumnos y con los familiares que estaban allí pasando el día y finalizó el comunicado.
Acto seguido mandó a los chicos a comprobar de manera disimulada, a ver cómo se encontraba la gente tras la desaparición de los sellos. Debían ser discretos y no contar nada.
- ¿Y si alguien pregunta más de la cuenta? -intervino Selphie impaciente-.
- No sé, inventaros algo -contestó Laguna con su habitual calma mientras los empujaba discretamente hacia la puerta-.
- Como que…
Irvine intentó decir algo, pero Laguna ya los había despachado fuera.
- Decid que ha habido una fuga de gas o algo así -interrumpió al vaquero-. Venga, venga hay trabajo que hacer -les apresuró empezando a cerrar la puerta del despacho-.
- Pero ¿y cuando vean a los científicos? -insistió Zell dándose la vuelta hacia la puerta-.
Laguna titubeó durante unos segundos.
- ¿Fuga de gas? -repitió el hombre con una gran sonrisa-.
A Zell se le crispó el rostro y el aire de sus pulmones fue despedido en un sonoro suspiro, pero Laguna ya no pudo verlo, necesitaba tener a esos chicos entretenidos mientras ellos ultimaban los detalles sobre los datos de Esthar. Era incapaz de responder a las continuas dudas que les surgían a sus jóvenes mentes. Ni si quiera estaba seguro de que el plan pudiera funcionar. Si aquello no resultaba entonces si que no sabría como traerlos de vuelta y tendrían que ser ellos mismos los que intentasen regresar desde el lugar en el que se encontraran.
Squall estaba algo aturdido. Abrió los ojos lentamente y observó que estaba tendido en el suelo, boca abajo. Poco a poco fue incorporándose hasta que consiguió ponerse en pie. La confusión le embargaba por completo y se sentía desprotegido en aquel lugar totalmente desconocido.
Como pudo, intentó recobrar la compostura y aclarar su mente. Se llevó las manos hasta sus sienes, las cuales latieron con fuerza y entonces fue consciente de todo. Su primera reacción fue la de llevarse las manos a las caderas en busca de su arma, pero no estaba. Fue entonces cuando una voz tras él, le hizo girarse de golpe.
- ¡Vaya, bello durmiente! ¿ya te has despertado? –preguntó Seifer mientras miraba sin interés una piedra que sostenía entre sus manos-.
En cuanto Squall comprobó de quien provenía aquella voz, arremetió contra el muchacho acorralándolo contra la pared y poniéndole el brazo contra el cuello sin ceder en su agarre.
- ¡Maldito bastardo! –maldijo con ira contenido-.
- ¡Oye quieres…! -el muchacho acorralado apenas podía pronunciar palabra, empezando a notar como le faltaba el aire-.
Cuando Squall lo miró directamente a los ojos y vio un ápice de súplica en ellos, soltó el agarre de golpe, haciendo caer al joven al suelo y dejándole recuperar el aire que tanto anhelaba.
El joven castaño comenzó a pasearse por aquella extraña estancia mientras escondía la cara entre sus manos en un gesto de desesperación.
- Tú… ¡TÚ! –gritó de pronto dándose la vuelta y señalando a Seifer mientras apretaba sus dientes-. ¿Qué pretendías conseguir trayéndome hasta aquí? ¿De qué vas? ¿En serio pretendes matarme? -preguntaba perplejo perdiendo la poca paciencia de la que disponía-. Sabía que no eras de fiar, ¡Lo sabía! –volvió a gritar dando un golpe a la pared-.
- ¿Quieres calmarte de una vez? ¡Joder…! -exclamó Seifer molesto-. Me estás desesperando -añadió mientras se colocaba la ropa y cogía su arma que se encontraba apoyada en la pared, junto a la de Squall-.
- Qué te… ¿Qué te estoy desesperando?, lo que me faltaba -dijo indignado-. Eres…
- Si me dejas hablar… -interrumpió el chico rubio con calma-.
- ¡Oh, vamos! Esto es increíble… –decía cada vez más nervioso Squall sin escuchar una palabra de lo que Seifer le estaba diciendo-. ¿Ahora vas a pelear conmigo? –dijo señalando el arma en la mano de Seifer-. ¿Te lo han ordenado esas cosas? Sabía que estabas de su parte, pero…
Seifer no pudo evitar rodar los ojos hasta el techo en un gesto de cansancio mientras suspiraba.
- Te he traído conmigo para que me ayudes a salvar a Rinoa, ¡Imbécil! -soltó sin más esperando hacer reaccionar al comandante-.
Squall se calló de pronto y parpadeó un par de veces intentando asimilar las palabras de Seifer. ¿Había oído bien?
El chico rubio lo miró y después sonrió de medio lado.
- De alguna manera tenía que traerte hasta aquí sin que esas cosas se negasen ¿y qué mejor forma que de rehén? -explicó mientras le tendía el arma a Squall-.
El comandante no dijo nada y siguió mirándolo receloso.
- ¿Por qué habría de creerte? –dijo algo más calmado mientras cogía su arma-. Una vez…
- ¡Si, lo sé! Os fallé una vez -interrumpió de nuevo sin dejarle acabar aquella maldita frase que lo seguía desde hacía seis meses-. No tienes por qué creerme, pero no te quedan muchas más opciones -añadió encogiéndose de hombros-.
Squall se quedó mirándolo fijamente durante unos segundos, con una mirada fría y calculadora, intentando encontrar algún signo de traición. No se fiaba de ese tipo, ¿quién le decía que todo aquello no estaba preparado y también querían deshacerse de él?
Cuando apartó la mirada del joven rubio, hizo un recorrido por la estancia en donde se encontraban. Era una especie de cueva de techos altos. La humedad se palpaba en el ambiente y un silencio perturbador invadía el lugar.
- Bien, y ¿se puede saber dónde estamos, amo Seifer? –preguntó irónico-.
Seifer puso los ojos en blanco mientras meneaba la cabeza de forma negativa, estaba cansado del carácter más que irónico del comandante.
Al parecer los muchachos habían aparecido en el lugar equivocado, no había rastro ni de las criaturas ni de Rinoa y efectivamente Seifer, no tenía ni la más remota idea de dónde se encontraban, pero lo que si sabía con certeza es que no se trataba del futuro.
"Solo son ilusiones creadas por ella misma" las palabras que le había dicho Eleone resonaban en su cabeza una y otra vez.
No había dudado ni un solo instante en seguir a aquellas criaturas, confiaban en él y por eso era el único que podía intentar salvar a Rinoa en el lugar a donde iban. Y en cuestión de segundos se le ocurrió llevarse a Squall, no con la intención de deshacerse de él ni mucho menos, sino para que lo ayudase. Sabía cómo se comportaba en el campo de batalla y era uno de los que mejor se acoplaba a él en combate, aunque tan solo hubieran tenido enfrentamientos.
También sabía, sin duda alguna, que el resto le odiarían hasta el infinito, incluida Quistis. Ella no debía haber escuchado aquella maldita frase que soltó Yinna sin más "Ya te has divertido bastante con la instructora". Él quiso pedir más tiempo a Yinna con la idea de que los demás pudiesen preparar aquel maldito plan para el baile y no supo inventarse otra cosa para no levantar sospechas, así que simplemente le dijo a Yinna esa estupidez para ganar tiempo. Estaba casi seguro de que Quistis jamás lo perdonaría.
Estaba claro que había metido la pata. No imaginó que Yinna llegaría a decir aquello con todos allí presentes. Ahora todos, incluido Squall, creían que una vez más, los había traicionado.
- No tengo ni idea de dónde estamos -comentó mirando alrededor intentado no pensar más de la cuenta-.
- Pues si no la sabes tú que eres su marioneta… -dijo Squall mientras se acercaba al fondo de aquella cueva-.
- ¡Oh, vamos!, dame un respiro… -pidió el joven rubio-
- Un respiro, dice… a mí no me engañas… -farfulló mientras seguía inspeccionando la pared del fondo sin mirar directamente a Seifer-.
Seifer resopló malhumorado. Si Squall seguía con ese comportamiento sería muy difícil llevar a cabo alguna estrategia.
- Te estás comportando como un crío ¿lo sabes? –le recriminó-.
- Es que ¡soy un crío! –recalcó dándose la vuelta y encarando a Seifer-. ¡Y tú también lo eres! –exclamó con rabia dando una patada a una piedra cercana-.
Squall se dejó caer pesadamente al suelo y recostando su espalda contra la pared, comenzó a tirar piedras de pequeño tamaño hacia el frente.
- Solo somos unos críos ¿por qué siempre tenemos que salvar el mundo nosotros? No lo entiendo –dijo realmente cansado-.
Seifer notó que aquella actitud no iba nada con el comandante, con el Squall Leonhart que él conocía. Así que se acercó hasta el muchacho y se sentó a su lado.
- Tienes razón, ¿vale? Pero ¿prefieres que salve el mundo Laguna? –dijo irónico mientras enarcaba una ceja-.
El joven castaño lo miró de manera incierta y después de pensar en lo que acaba de decir el muchacho que tenía a su lado, hizo una mueca que simulaba una especia de sonrisa.
- No me voy a quedar aquí a compadecerte, tengo que volver al jardín a limpiar mi imagen ¿sabes? –dijo levantándose -. Levanta de ahí, "niñato" -acabó diciendo, tendiéndole una mano al comandante y sonriendo-.
- Limpiar tu imagen será algo difícil "niñato" -contestó en un tono que Seifer captó como algo parecido a una broma-.
No les quedaba más remedio que salir de allí y discutiendo no iban a arregla nada. Daba igual si no se fiaban el uno del otro, ahora estaban juntos en esto.
Ambos jóvenes se levantaron de aquel suelo algo arenoso y se quedaron mirando, una vez más, la estancia en la que se encontraban. Situados en el centro de aquel lugar redondeado, giraron sobre ellos mismos sin saber que hacer exactamente.
Squall recordó entonces, que mientras discutía con su compañero, le había parecido notar una pequeña brisa de aire de la pared que justo ahora tenían a su espalda.
- Creo que, de aquella pared… -dijo sin acabar la frase y yendo directamente hacia allí-.
Seifer le siguió sin dudarlo y ambos comprobaron que era cierto, parecía que al otro lado de esa pared había un pasillo o por lo menos un hueco, tal vez fuese una salida de esa prisión de piedra.
Squall volvió a analizar la pared y quitándose el guante de la mano derecha, palpó la fría piedra.
- Creo que si…
- ¡Aparta! -dijo de pronto interrumpiendo al comandante-.
Sin decir una sola palabra más, Seifer lanzó un hechizo de fuego directamente contra la pared que podía sacarlos de allí.
Un estruendo hizo que los muchachos cubrieran sus cabezas mientras pequeñas piedrecitas, que se habían desprendido en la explosión, cayesen sobre sus cuerpos.
- ¡Estas son el tipo de cosas que te hicieron suspender el examen de Seed! -le recriminó Squall mientras tosía por el humo que se había formado-.
- ¡Venga! Perdéis demasiado tiempo en analizar, buscar, preguntar… -se justificó el rubio mientras se sacudía la ropa-.
- ¡Podías haber provocado un desprendimiento y habernos sepultado vivos! -exclamó en tono duro-.
- Sí, sí, sí, pero ¡mira! –dijo cogiendo a Squall de la camiseta y acercándolo hasta el agujero-.
Cuando el polvo y el humo se desvanecieron, la cavidad quedó a la vista y una brisa fresca impactó directamente en los cuerpos de los muchachos. Observaron que la explosión había abierto una grieta en aquella pared y sin dudarlo se asomaron por ella. Pudieron comprobar que estaban a una altura considerable y que deberían saltar a lo que parecía un pasillo, pero no lo dudaron un solo instante.
Cuando sus pies impactaron directamente con aquel suelo arenoso, ambos chicos hicieron un rápido recorrido visual. El pasillo estaba iluminado con antorchas del cual, no podían ver el final, no sabían a donde los llevaría, pero por lo menos tenían por donde empezar a buscar.
Durante un breve periodo de tiempo se quedaron quietos, mirando el infinito pasillo que parecía no tener fin, pero no les quedaban más opciones, por lo que emprendieron el camino en línea recta. Squall tomó la delantera seguido muy de cerca por Seifer.
El tiempo pasaba despacio o eso creían, ya que la percepción del tiempo allí dentro era muy extraña, no sabrían decir cuánto tiempo llevaban recorriendo aquella estancia, pero en ningún momento ninguno de los dos jóvenes había dicho palabra alguna.
Habían girado varias veces en aquel camino que en un principio creían recto, pero, aun así, no habían llegado a ningún lugar nuevo.
- Oye en cuanto a Rinoa… -comenzó a hablar Seifer rompiendo el silencio-.
- Pienso llevarla de vuelta, como sea -sentenció el comandante sin mirarle-.
- Todas estas semanas, no quise hacerle daño -comentó de nuevo Seifer ante el silencio de su acompañante-. Yo… la aprecio y aunque no lo creas, la tengo cariño -dudó al decir aquello sabiendo que Squall no le creería-.
Cómo casi había predicho Seifer, Squall se paró en seco y girándose bruscamente, redujo la distancia que los separaba.
- La has estado intimidando durante días ¡joder! -exclamó Squall con los dientes apretados por la rabia-. ¡No sé qué coño intentabas con ella! Así que deja de justificarte o te rebano el cuello aquí mismo –sentenció con odio en la mirada a escasos milímetro de la cara de su oponente-.
Seifer suspiró débilmente y para sorpresa de Squall, no dijo nada, tan solo bajó la mirada abatido.
- Sé que en el pasado la hice daño, no debí…
- ¡No, no debiste! -interrumpió Squall apartándose de Seifer y dejándole más espacio-. No debiste manipular unas fotografías y no debiste hablar de ella como lo hiciste.
En ese momento Squall observó como el joven que tenía frente a él abría los ojos de manera exagerada.
- ¿Crees que no me acordaría? Cuando en clase comenzaste a contar ese tipo de cosas sobre una chica morena de Deling… -Squall se calló y meneó la cabeza de forma negativa-. ¡Joder, Seifer, es asqueroso! Ella y tú, ni siquiera…
- ¡Ya, ya lo sé! Soy un maldito imbécil ¿vale? Aun me pregunto por qué hice y dije todo aquello.
Seifer dejó escapar todo el aire que venía reteniendo en sus pulmones y se recostó en la pared de atrás. Sus ojos verdes buscaron la fría mirada de su comandante que lo miraba como si en cualquier momento fuese a cortarle en mil pedacitos.
- Cuando la conocí yo no… no estaba bien -empezó a contar de manera calmando-. Pero ella simplemente me apoyó, no me presionó, ni pidió nada a cambio, tan solo se quedó a mi lado. Le daba igual lo que se dijese de mí, nos reíamos juntos y siempre me decía que le gustaba estar conmigo. Eso no solía pasarme ¿sabes? -añadió dejando entrever una sonrisa algo melancólica-.
Squall pareció mostrar un atisbo de humanidad con él y le dejó que se explicara, en cierto modo podía llegar a entender cómo se sentía Seifer. Él tampoco es que tuviera muchos amigos y ver que alguien mostraba interés en ti, tan solo por como eres, era una sensación que ambos no estaban acostumbrados a sentir.
- Después de un tiempo con ella, la cagué. Ella solo podía ofrecerme su amistad, pero yo… aquello lo interpreté como una traición y me sentí muy dolido. Creí que no quería volver a verme y así fue, la hice tanto daño que estuve años sin saber de ella, hasta que apareció en el jardín.
El comandante lo miró con el ceño levemente fruncido y cruzándose de brazos, suspiró. Seguía odiando a ese tipo, pero cabía la posibilidad de que, en parte, entendiese su comportamiento más que estúpido.
Squall anduvo un par de pasos y sin decir nada, se recostó en la pared junto a Seifer. Después lo miró y por primera vez desde hacía años, no vio a ese Seifer pedante y fanfarrón, lo que vio en él lo llevó directamente a sus días en el orfanato haciendo que esos recuerdos acelerasen su corazón más de lo normal. Aquellos recuerdos, en los que Seifer era gracioso y siempre andaba de un lado para otro intentando que todos estuvieran bien, resurgieron de los más profundo de su mente haciendo que su perspectiva hacia ese chico de metro noventa cambiase levemente.
- ¿Y qué hay de Quistis? -preguntó Squall sin rodeos-.
Seifer giró la cara muy deprisa hacia su compañero y su boca se entreabrió dispuesto a decir algo que no pudo.
- Ella es importante para mí -siguió hablando Squall mirando al frente-. He visto su cara cuando Yinna ha dicho eso y también me he fijado en como se derrumbaba cuando me cogías por el cuello-.
Squall lo escuchó maldecir entre diente y como golpeaba la pared con la suela de la bota.
- La quiero -contestó sin más-.
El comandante abandonó la pared donde estaba recostado y girándose hacia Seifer lo atravesó con esa mirada que hacía callar a cualquiera, cada vez entendía más por qué era el maldito comandante de Balamb.
- Pero que coj…
- Que la quiero, ¡joder! -repitió sin dudar un ápice-. Creo que la quiero desde que estábamos en el orfanato.
El chico rubio imitó a Squall y abandonó la fría pared de piedra.
- De todos vosotros, soy el único que tiene más recuerdos de nuestra época allí ¿sabes? Recuerdo casi a la perfección lo que sentía cuando ella estaba a mi lado. Sé que la buscaba continuamente porque me encantaba hacerla rabiar y también sé que solo quería que estuviera… feliz.
Seifer sonrió al recordar aquello y se fijó en que Squall escondía una media sonrisa.
- Ya… -comentó sin más-. Espero que esto que dices sea verdad, porque si no…
- Si, si, ya lo sé, si la hago daño me harás picadillo -comentó divertido-.
- Exacto -recalcó el comandante colocando bien sus guantes de combate-.
- La única pega es que ahora ella cree que soy un maldito psicópata que se ha hecho amigo de tres pirados.
- Bueno, pues demuéstrale que eso no es así, por qué no lo es ¿verdad? -preguntó Squall intentando reafirmarse en que tal vez Seifer estaba diciendo la verdad-.
Desde que esa conversación había comenzado, Squall había visto otro Seifer, uno que podía empezar a caerle bien y con el que, sin duda, se sentía seguro en aquel lugar totalmente desconocido.
Squall suspiró una última vez y volvió a mirar a Seifer.
- Necesito recuperar a Rinoa.
- Lo sé, por eso estamos aquí. Confía en mí.
Seifer dejó ver una sonrisa y pasando por delante de Squall, le dio una palmada en la espalda para que lo siguiera. No tenía ninguna intención de traicionarlos, solo quería rescatar a Rinoa y volver al jardín junto a Quistis y tal vez, así poder, empezar desde cero junto a ella. ¿Sería mucho pedir?
La pareja de soldados había caminado otro tramo bastante extenso sin llegar a ningún lado. Todo seguía siendo igual, un pasillo estrecho, de piedra y sin final.
Seifer caminaba detrás de Squall, quien no había vuelto a pronunciar palabra desde que habían reanudado la caminata y estaba empezando a desesperarse. Ir con el comandante era tan aburrido que creía que, de un momento a otro, perdería la consciencia. Por un momento Seifer creyó que tras la conversación de hacía un rato en la cual, se había sincerado, podían haber seguido charlando, pero para nada había sido así. Otro largo silencio incomodo, tras otro, acompañaba a la pareja, aunque era muy probable que fuese más incómodo para uno que para otro.
El hablar demasiado no iba con la personalidad intachable de Squall Leonhart, comandante del jardín de Balamb, mientras que, Seifer Almasy, el mayor traidor de todos los tiempos se moría de ganas de hablar, aunque fuese del complicado arte de hacer punto que utilizaban las abuelitas en el parque a la luz del sol de verano.
Y de pronto, como si una presencia divina le hubiese leído los pensamientos, oyó la voz de Squall.
- Rinoa y tú… quiero decir que nunca… -empezó a preguntar sin dejar de caminar, pero sin saber cómo preguntar aquello-.
Rinoa ya le había dicho que nunca pasó nada entre ellos y la creyó, pero necesitaba preguntárselo a Seifer quien, de verdad, parecía sincero.
- ¿Si nos acostamos? -acabó la pregunta mirando directamente la espalda del comandante-.
El chico de cabello castaño se paró en seco y giró el torso para cruzar la mirada con Seifer. Éste no entendía que demonios le podía haber pasado por la cabeza al comandante durante el último tramo, para que de pronto soltase aquello, sin venir a cuento.
- ¡Que va! -exclamó rascándose la nunca y llegando hasta Squall-.
Observó como los ojos azules de éste lo escrutaban sin compasión, esperando a que dijera algo más.
- ¿Sabes? Has tenido mucha suerte de que ella quiera estar contigo.
Squall, al escuchar aquello, fue incapaz de cambiar el gesto, simplemente enfrentó aún más sus cejas, si eso era posible.
- Es una monada -añadió Seifer pasando delante del comandante y reanudando sus pasos-.
- ¿Monada? ¿En serio, tío? -reaccionó Squall caminando tras él-.
Seifer soltó una carcajada.
- El tiempo que estuvimos juntos, ella era tan tierna, pero a la vez muy divertida, por eso me extraña que se haya fijado en ti -bromeó para picar a Squall-.
- ¿Das por hecho que nos divertimos?
Seifer se volvió a girar y sonrió.
- Solo bromeo, tranquilo. Se os ve bien juntos, incluso tú pareces humano, por fin.
Seifer escuchó un sonido molesto salir de la garganta de Squall y lo vio pasar por delante de él, dispuesto a seguir aquella caminata que parecía no tener fin.
El chico rubio meneó la cabeza de forma negativa y siguió al comandante.
- Con Rinoa, solo fueron un par de besos, nada más -comentó Seifer intentando relajar el ambiente-. ¿Me crees, ¿no?
El comandante levantó una mano en alto indicando algo parecido a una afirmación y dejó de prestarle atención. Necesitaba concentrarse en ese maldito pasillo infinito que parecía no llevar a ninguna parte.
Squall suspiró por enésima vez cuando volvió a escuchar a Seifer tras él quejándose de nuevo de aquel maldito recorrido. Ni siquiera sabían cuánto tiempo había transcurrido desde que habían aparecido en aquel inhóspito lugar, pero Seifer no era el único que estaba empezando a desesperarse, la única diferencia es que Squall era capaz de estarse calladito.
Justo cuando iba a recriminarle que cerrase esa bocaza de una vez, le pareció vislumbrar un haz de luz al final de aquel paraje. Éste se detuvo de pronto y sintió el gran cuerpo de Seifer chocar con él, quien no había reparado en la repentina parada de Squall.
- Allí hay algo… -susurró Squall como si simplemente pensase en alto-.
Sin esperar a que su acompañante dijera nada, salió corriendo hacia aquella luz, creyendo que allí estaría la mujer que no había abandonado en ningún momento sus pensamientos.
Seifer intentó decir algo, pero Squall ya se había largado, así que aligeró el paso y le siguió en silencio.
Cuando ambos jóvenes llegaron hasta el final de ese túnel observaron que el haz de luz que habían visto, provenía de otra grieta en la pared. Con la esperanza rezumando por cada poro de su piel, se acercaron y pudieron ver que, a través de ella, se vislumbraba lo que parecía un camino en un bosque.
Sus miradas se cruzaron inevitablemente y sin pensárselo dos veces, se escabulleron por la grieta, notando bajo sus pies la hierba mullida de aquel bosque.
Cuando estuvieron por fin fuera, se quedaron quietos un momento, examinando el lugar con detenimiento y afinando el oído para evitar sorpresas desagradables.
Squall giró sobre sí mismo alzando la mirada al cielo.
- ¿Notas eso? -preguntó extrañado-.
Seifer se giró hacia el muchacho y lo miró de manera inquisitiva.
- No corre el aire, fíjate en las ramas de los árboles -dijo señalando directamente hacia éstas-.
- Es…cierto -afirmó Seifer con la mirada perdida en aquellos árboles que parecían estar petrificados-.
El ambiente allí era pesado, como si una fuerte presión invadiese el lugar y cayese directamente sobre sus cuerpos.
Squall, a pesar del extraño y abrumador ambiente que se respiraba en ese nuevo paraje, no dudó en seguir adelante, así que con paso firme emprendió sus pasos hasta el camino de tierra que atravesaba el bosque.
Seifer mantenía la mirada pegada al polvo que levantaba sus pies al caminar, de manera cansada, por el estrecho camino.
- ¿En serio estamos en el futuro? -preguntó Squall desde su posición más adelantada-.
- No lo sé, Eleone me dijo que son capaces de crear ilusiones…
- ¿Ilusiones? -se sorprendió parándose de nuevo para mirar a Seifer-.
- O realidades paralelas, no me lo supo explicarlo muy bien. Es posible que esto no sea el futuro sino tan solo una ilusión creada por esas cosas repugnantes-.
Squall se quedó pensando por un momento, ahora sí que no entendía nada. Si eso tan solo era una ilusión, tal vez nunca encontraría a Rinoa, era como estar perdidos entre realidades paralelas.
Seifer pasó delante del joven comandante y con una fuerte palmada en la espalda, le sacó de aquellos pensamientos de golpe.
- ¡Ouch! -dijo sin sentimiento alguno mientras miraba a Seifer con desprecio-.
- Solo podemos continuar ¿no? -sonrió Seifer quien parecía de lo más tranquilo-.
Squall se quedó mirando a Seifer con los ojos entrecerrados, notando como aquella persona le irritaba de manera casi exagerada.
Ambos muchachos siguieron caminando durante un rato en completo silencio hasta que llegaron a lo que parecía la salida del bosque. Como si se leyesen la mente, los dos se escondieron tras el tronco de un árbol cercano para después, asomarse con cautela y comprobar que había tras aquellos árboles.
- ¿Qué demonios es eso? -dijo el rubio viendo que Squall se estaba preguntando lo mismo-.
Una explanada de tierra, cubierta por el mismo polvo que habían venido arrastrando por el camino del bosque, se abría frente a ellos. Al final de ésta, una puerta de hierro de proporciones exageradas les cerraba completamente el paso. Además, dos hombres, ataviados con unas túnicas de color azul oscuro, guardaban la entrada a lo que quisiera que fuese aquello.
- Deben estar ahí dentro –apuntó el joven volviendo a esconderse tras el árbol-.
Squall se mantenía en silencio, estudiando aquel nuevo lugar. No tenían muchas más pociones que cruzar aquella puerta. Ahora estaba casi seguro de que Rinoa estaba allí, su intuición no le fallaba. Solo debían ser cautelosos.
