El interminable manto oscuro de estrellas brillantes aparecía y desaparecía con el movimiento de las nubes. Aún con aquella belleza natural a su disposición, la tensión seguía reinando en el campamento del príncipe de Suna y sus hombres.
A pesar de sus defensas, el enemigo efectuaba sus ataques con éxito, estando cada vez más cerca de liberar a Rasa. Y aunque las habilidades de sus hermanos mayores y de los ninjas de Konoha estuvieran al nivel de sus oponentes, el príncipe Gaara tenía el presentimiento de que los problemas apenas estaban comenzando.
Sentado en el interior de una gran tienda de campaña, con las manos entrelazadas y un montón de pergaminos extendidos sobre una mesa plegable, trataba de armar un plan para incapacitar a los agentes restantes de su padre, sin que estos tuvieran la más mínima sospecha, continuando con su derroche de habilidades mortales.
En eso, escuchó unos golpecitos en la tela de la tienda. Un segundo después, Sakura Haruno se asomó con curiosidad.
-Lamento molestarlo, majestad. - se disculpó. - ¿Puedo pasar?
-Adelante. - asintió.
La joven hizo a un lado la tela y se aproximó despacio. Llevaba en sus manos una taza de té caliente. Temblaba sobre el plato de porcelana porque se ponía demasiada presión para no derramar ni una gota.
-Temari me pidió que se lo trajera. - explicó, haciendo una reverencia. - Espero tenga una buena noche de descanso.
-Aguarda. - pidió, viendo como le daba la espalda para marcharse.
La pelirrosa lo vio por encima de su hombro derecho, confundida. Sus ojos aguamarina volvieron a llevarla al día del festival Shinobi, ya que fue lo primero que distinguió al encontrarse acostada en la cama de la enfermería.
-Si no te molesta, ¿Podrías acompañarme un rato?
Parpadeó asombrada, llevándose una mano por detrás de su nuca.
-N-No es ninguna molestia, pero...
-¿Te preocupa que afuera se malinterprete la situación? - cuestionó Gaara seriamente, estudiando su expresión y sus movimientos.
Sakura suspiró.
-Siempre he estado rodeada de rumores y chismes. - se sinceró, tomando una silla cercana y sentándose a su izquierda. - Y me molesta porque, aunque yo conozco la verdad, siento que no puedo expresarla con la libertad que quisiera.
-No tienes que demostrarle nada a nadie.
Sus palabras la sorprendieron. No la miraba, estaba más concentrado en los dibujos de los mapas.
-Mientras tú sepas lo que sucede realmente, con eso será suficiente.
-¿De verdad? - cuestionó, insegura.
-La mayoría de la gente prefiere aferrarse a las mentiras de otros que enfrentar una verdad que saben que los perjudicará o lastimará. - confirmó el príncipe. - Por eso es mejor que no te desgastes y los dejes pensar como ellos quieran. Aunque estén equivocados.
-Sí, supongo... - Sakura apoyó el peso de su cabeza en su mano derecha. - Por cierto, ¿Qué está haciendo?
-Me gustaría encontrar caminos que puedan darnos ventaja contra los hombres restantes de mi padre.
La joven se acercó a los pergaminos, derramando accidentalmente un frasco de tinta negra.
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Tal y como Danzou se le ordenó, Sai se reunió con Yugao en una aldea desconocida dentro de la región del agua. De ahí, saltaron por las ramas de los árboles secos, hasta llegar a un claro cubierto de nieve.
Al escuchar sus pasos, tres cazadores ANBU salieron de unos arbustos cubiertos por escarcha. El muchacho los identificó de inmediato, temiendo más por la seguridad de la maestra de Sakura y Naruto.
-¿Tú? - cuestionó uno de los cazadores, ocultando su cara con la máscara de un oso blanco. - Debe ser una broma. - habló nuevamente, dirigiéndose a su líder.
La mujer de largo cabello violeta, como respuesta, sacó su espada de su funda y amenazó el cuello de su subordinado con su filo.
-No estoy de humor para soportar insolencias. - advirtió con frialdad, consiguiendo que tragara saliva grueso. Un segundo después, Yugao retiró su espada y la guardó, observando a sus otros subordinados. - Escúchenme bien. - pidió seriamente. - Estamos cerca de atrapar a esa bastarda. Si no están concentrados, volveremos a fallar. Y esta vez, Danzou-sama no tendrá misericordia. Ordenará nuestra ejecución inmediata por no estar a la altura de sus expectativas. ¿Entendido?
Los dos hombres con máscaras de mono asintieron. Yugao también lo hizo, haciendo una seña a Sai para que se aproximara. El joven asintió, agachándose y sacando un pergamino de la capa blanca que usaba para protegerse del frío, extendiéndolo sobre la nieve.
-Cuando HanaYasha Higurashi despertó del coma, Danzou-sama me confió la tarea de vigilarla. - explicó. - Unos días después, sus padres organizaron una fiesta para celebrar su regreso. Mientras todos se enfocaban en ello, liberé a cinco ratones de tinta, escondiéndolos en diferentes partes de la mansión Higurashi. Incluyendo el cuarto de HanaYasha. Cuando supe que se marcharía de la aldea, el ratón que se escondía debajo de su cama logró escabullirse en el interior de su equipaje. - levantando su mano derecha, señaló el mapa pintado en el pergamino. - Su trayecto ha sido confuso, yendo hacia el centro del país y volviendo al sur. - señaló aquellas direcciones en el mapa y detuvo su dedo sobre el territorio marcado como la región del agua. - Llegando a esta parte del bosque, perdí su ubicación.
-¿Crees que se haya dado cuenta? - preguntó el cazador ANBU con una máscara de mono blanco, cuyas marcas estaban pintadas de color azul.
Las de su gemelo, parado a su izquierda, eran rojas.
-Lo dudo. - respondió Sai, negando. - De ser así, no la hubiera rastreado por tanto tiempo.
-Si dices que la perdiste aquí... - comentó el cazador ANBU con máscara de oso, arrodillándose a su altura y deslizando su dedo índice derecho sobre el mapa, hasta llegar al dibujo de una casa. - ¿Entonces es posible que se encuentre ahora en este pueblo?
-Eso es lo que vamos a investigar. - declaró Yugao, llamando la atención de los presentes.
PPPPP
Al entrar al humilde poblado y chocar con el festival de nochebuena, Sai y los cazadores ANBU se separaron, saltando con discreción por los tejados de varios edificios para localizar a su objetivo.
Quedándose detrás de la pared de un callejón, el joven se sorprendió por haber hallado tan rápidamente a HanaYasha Higurashi. Aunque sus ojos dorados y su largo cabello plateado estuvieran escondidos debajo de la capucha roja de su gabardina, la delataba tener a colmillo sangriento en su cintura.
Su inconfundible empuñadura negra decorada con rombos rojos, brillaba como un diamante bajo las luces de las lámparas de papel, colgadas de un extremo a otro de la calle.
En ese momento, bailaba en compañía de un hombre desconocido, quien, por su estatura y sus ropas negras, asumió que se trataba de Sasuke Uchiha. El chico al que sus compañeros recordaban con tristeza, por la forma en la que murió tres años atrás.
En la aldea, cada que los habitantes sacaban ese tema como conversación, siempre se confirmaba que se arrojó al vacío para quitarse la vida, atormentado por quedarse sin sus seres queridos.
No obstante, dentro de los muros de Raíz se decían otras cosas. Entre ellas, que escapó de Konoha para buscar poder y ejecutar una cruel venganza contra Danzou. Ya que en su ataque de locura, impulsado por la muerte de sus padres y su gente, creía que el anciano fue el responsable del incendio que acabó con el distrito Uchiha.
Sai entornó los ojos. Estaba consciente de que las apariencias podían ser engañosas. Sin embargo, al verlo bailar con su maestra, las palabras de sus superiores se ponían a duda dentro de sus pensamientos. Al igual que ciertas declaraciones sobre una persona importante para él.
De pronto, escuchó como un niño gritaba emocionado, antes de que los primeros fuegos artificiales aparecieran en el cielo nocturno, deslumbrando a los presentes con sus magníficas explosiones de colores.
Dejándose llevar por el espectáculo, recordó a una niña rubia, con la que se encontró una vez en el bosque de Konoha, lastimada y perdida. Mientras la ayudaba, llevándola en su espalda, fuegos artificiales, similares a los que observaba en esos segundos, aparecieron en el cielo, guiándolos como una antorcha en la oscuridad.
-¡Sai! - la voz de Yugao, manifestándose en la radio de su bolsillo, lo despertó de sus recuerdos. - ¿Tuviste suerte? ¡Responde!
- Lo lamento. - se disculpó, viendo cómo HanaYasha y Sasuke se tomaban de las manos. - No pude localizarlos.
-En ese caso, haremos que salgan. - anunció la mujer. - Comienza con la fase 2.
Sai guardó la radio. Escaló las paredes del callejón, saltando unos edificios hacia el este, hasta detenerse en un techo de color blanco. Ahí, se arrodilló y sacó de su bolsa de herramientas sus instrumentos para dibujar.
Un pincel, un frasco lleno de tinta negra y un pergamino. Abrió y extendió el pergamino en el piso. Le quitó su tapa al frasco. Sumergió el pincel en la tinta y luego, dibujó rápidamente varias aves de aspecto monstruoso.
-Arte ninja. - musitó, haciendo un sello con su mano derecha y sosteniendo el pincel con sus dedos. - Pergamino de bestias gigantes.
Las aves cobraron vida, moviéndose lejos del pergamino y volando alto en el cielo. El joven arrojó unos pergaminos explosivos a cada animal ficticio y realizó otro sello con su mano derecha, sin soltar el pincel.
Al instante, las aves se dirigieron a direcciones diferentes, estampándose violentamente contra varios edificios del pueblo, haciéndolos pedazos.
A Sai no le agradaba aquella ejecución de sus poderes. Pero como eran órdenes de Yugao; equivalentes a órdenes de Danzou, no le quedaba más opción que agachar la cabeza y seguirlas al pie de la letra.
Aún si su hermano mayor estuviera en contra.
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Por el sonido de varias explosiones; esparciéndose como pólvora en diferentes puntos del poblado, las personas que disfrutaban del festival de nochebuena; incluyendo a las que atendían los puestos, huían alarmadas hacia el bosque.
Entre gritos de angustia y pasos incesantes, HanaYasha sacó de sus ropas un par de bombas de humo, arrojándolas a un lado de sus pies. Del interior de la cortina, emergieron dos grandes shuriken de brillante color negro, multiplicándose al alcanzar cierta altura y cortando a las aves a la mitad.
Sai, al percibir aquello, se escondió, viendo como sus superiores desviaban o destruían las armas. El mono rojo las derritió con estilo de lava. El mono azul las sumergió en paredes de ladrillo que convertía en paredes de lodo. El oso las desvió con sus espadas, destruyendo en el proceso dos edificios a sus costados, y Yugao entorpeció el trayecto de la última, clavando su espada en el agujero del centro, deteniéndola cerca de la fuente.
En cuanto la shuriken dejó de girar, tomó su arma y sus subordinados se reunieron a su alrededor. Sai llegó unos segundos después, quedando apartado del grupo y siendo el primero en percatarse de una shuriken escondida, volando en su dirección en medio de la calle. Yugao corrió y saltó, justo cuando el arma se fragmentó en cuatro pedazos, pasando a los lados de los hombres.
Sai se giró, estremeciéndose por el repentino espacio oscuro que lo rodeaba. Sin saber cómo, sus compañeros fueron noqueados, encontrándose tirados sobre la superficie de una inmensa laguna negra. Nervioso, dio un paso. Luego otro.
De repente, varios brazos blancos surgieron del agua, subiendo por sus piernas y llamándolo con alaridos de dolor, antes de quedar atrapados en una gran llamarada.
-¡¡Sai!!
Parpadeó confundido, sintiendo los latidos de su corazón en su garganta y ensanchando sus ojos negros. Había caído en un genjutsu, siendo despertado por su líder.
Otras dos shuriken aparecieron, lanzadas desde dos edificios altos en dos direcciones diferentes. Sin tener tiempo para revisar a sus subordinados, Yugao se quedó junto a Sai, dándole la espalda para recibir una de las armas.
El muchacho también se preparó, sacando la pequeña espada que tenía amarrada en su espalda baja; debajo de la capa que lo protegía del frio, para recibir a HanaYasha Higurashi, cambiando de lugar en una nube de humo con la shuriken y teniendo a colmillo sangriento en sus manos.
Quitándose la capucha, deshizo la trenza que le hizo Sasuke, apareciendo frente a la ANBU, al cambiar de lugar con la otra shuriken. El sharingan brillaba intensamente en sus ojos, teniendo, al igual que la Hanyou, su espada desenvainada.
Y así, ocurrió el choque inevitable. Yugao reía confiada bajo su máscara de mapache blanco. Pero HanaYasha tenía una mirada de rencor absoluto.
-Ese maldito viejo... - masculló enojada, poniendo más presión en el filo negro de su espada.
Sai no le quitaba la mirada de encima, imperturbable.
-Ibas a ejecutar a Sakura y a Naruto si yo hacía algo sospechoso, ¿Verdad?
Se movió hacia la izquierda, continuando el choque de las hojas. Sasuke hizo lo mismo con Yugao, arrastrando las suelas de sus sandalias negras por la tierra antes de correr y atacar.
HanaYasha, en un ataque decisivo, golpeó con fuerza el filo de la pequeña espada de su oponente, partiéndola a la mitad. Sai la observó perplejo, creyendo que le cortaría la cabeza.
No obstante, su siguiente acción lo dejó más sorprendido que antes. En lugar de dejarlo medio muerto como a sus compañeros, optó por esquivarlo, saltando de cabeza sobre él. Siguiéndola, hasta verla por encima de su hombro izquierdo, concluyó que debía detenerla, sacando un pergamino y su pincel humedecido en tinta.
Sin embargo, una mirada asesina de parte de sus ojos dorados lo paralizó, siendo testigo de cómo su líder desenfundaba otra espada con su mano derecha; pasando la principal a la izquierda, para recibir a colmillo sangriento a unos centímetros de su espalda.
Yugao vio a la Hanyou por el rabillo del ojo, momento en el que el azabache saltó de nuevo hacia ella, sosteniendo a Kusanagi con ambas manos por encima de su cabeza.
Sin inmutarse, la mujer quiso poner distancia al levantar el arma que tenía en su mano izquierda. Para su mala suerte, el Uchiha giró sus brazos y movió con fuerza su espada, arrebatándole la suya, girando en el aire. Chasqueó la lengua, siendo presionada por HanaYasha, para que también soltara la espada con la que la bloqueaba, agrietándola.
Gruñó. Soltó el arma y se apartó unos metros de ambos, invocando enseguida otras dos espadas de un pergamino. Corrió y los atacó, demostrando sus habilidades como la mano derecha de Danzou.
Sai abrió los ojos como platos. Era la primera vez que veía un combate tan parejo. Por lo regular, los oponentes de su superior siempre terminaban con sus espadas rotas en los primeros 2 minutos. Sin embargo, ahora que se enfrentaba a HanaYasha Higurashi y a Sasuke Uchiha al mismo tiempo, golpeaba sus armas con frenesí, a gran velocidad.
La Hanyou se dejó guiar por sus instintos para seguirle el paso. Y el muchacho, con el sharingan en sus ojos, percibía todo de un modo más lento, deteniendo a tiempo la espada que le tocaba enfrentar de la mujer, buscando, a su vez, aperturas que pudiera aprovechar. Encontrando una, consiguió clavar a Kusanagi en su costado izquierdo, rasgando su armadura.
Yugao, al percatarse, le dio una patada en el pecho, tirándolo mientras esquivaba a HanaYasha y saltaba hacia él. Acostado bocarriba en la tierra, Sasuke viró a su derecha, sentándose de rodillas y recuperando a Kusanagi. Su hoja era lo único que se interponía entre su cara y sus filos.
Entonces, la Hanyou apareció detrás de él, moviendo a colmillo sangriento de un lado a otro, obligando a la ANBU a retroceder. Alcanzándola, dio un golpe tras otro a sus espadas, rompiéndolas con su fuerza sobrenatural.
La razón por la que la odiaba tanto.
Yugao saltó unos metros, tirando las empuñaduras y deslizando las suelas de sus sandalias hacia atrás para detenerse. HanaYasha la siguió, saltando.
En medio de su trayecto por el aire, el tiempo transcurrió más lento, dándole la oportunidad a su sharingan de atravesar los orificios de su máscara de mapache, internándose en sus recuerdos.
Yugao quedó huérfana cuando era niña por culpa de los Youkai, devorando a sus padres frente a ella, antes de que un ANBU de Konoha diera con su ubicación y la salvara.
Fue llevada a la aldea. Ingresó a la academia ninja y demostró ser una estudiante prodigio, impresionando a Danzou cuando se encontraba de visita. Años después, fue invitada por el anciano a formar parte de la fundación, siendo reclutada a los 14 años.
Con sus notables conocimientos en el manejo de diferentes armas; espadas principalmente, era imposible que los Youkai la vencieran, escalando en la organización hasta convertirse en la mano derecha y guardaespaldas principal de Danzou.
En cierta ocasión, la había mandado llamar para darle una misión relacionada con Sasuke.
En el bosque, se reunió con el sujeto de la máscara anaranjada y le pidió que invocara a una criatura con su ojo derecho. Así lo hizo, dejando libre a una mantis, la cual, asesinó a un niño del clan Hyuga que iba de paso.
Sasuke fue quien lo encontró. No obstante, el monstruo no lo atacó porque jamás lo vio. Yugao no le dio importancia, a fin de cuentas, ya había cumplido con una buena parte de la misión.
Lo que seguía, era hacerles creer a los demás que Sasuke estaba maldito. De esa forma, comenzaría a presionarlo para que, tarde o temprano, por la falta de poder, se uniera a la fundación.
Con lo que no contaron, fue con que HanaYasha se convirtiera en una maestra principiante de la academia ninja, terminando con él en el mismo equipo. Sacándolo de la oscuridad a la que Danzou planeaba empujarlo.
Y como si eso no hubiera sido suficiente, en el transcurso de los tres años anteriores, había adoptado su apariencia física para tratar de engañarlo y matarlo. Siguiendo siempre las sugerencias de su líder y teniendo en cuenta la convivencia que tuvieron en Raíz.
Parpadeando con fuerza para volver a la realidad, HanaYasha gruñó, enrojeciendo sus globos oculares. Por muchos años, Yugao interpretó el papel de la maldición de Sasuke. Aún en el aire, cambió en el último segundo la postura de colmillo sangriento.
-¡Sangre infernal! - bramó enojada, expulsando filosas cuchillas negras que volaban como una parvada de furiosos cuervos.
Yugao sonrió bajo su máscara, realizando unas posiciones de manos.
-¡Estilo de cristal! - exclamó, sorprendiendo a los muchachos. - ¡Jutsu de espejo maligno!
Estampando las palmas en la tierra, creó frente a ella unos cinco pilares de cristal rosa, los cuales, absorbieron las diminutas cuchillas negras.
-¡¿Qué?! - cuestionó la Hanyou, viendo como su ataque regresaba a ella.
Inmovilizada por la impresión, las cuchillas atravesaron con violencia su pecho, sus brazos y sus piernas, cayendo bocarriba en un charco creado con su propia sangre.
Sasuke la llamó alarmado, levantándose para ir con ella. Por desgracia, Yugao no se la permitió, moviéndose a gran velocidad para continuar con su enfrentamiento de espadas.
Al menos, hasta que, juntando los filos, voltearon un instante hacia HanaYasha, quedando aturdidos con los rasgos Youkai que marcaban su rostro.
Fin del capítulo.
Queridos lectores, ya estoy mejor de mi mano... pero tuve problemas para editar este capi, debido a las fallas maestras del internet XD Espero les haya gustado!! Vamos avanzando de a poquito :3 Muchas gracias por su paciencia, cuídense mucho!!
