Capítulo 4: ¿Una segunda oportunidad?


Estando dentro de la casa, Aloy no se había cambiado ni Beta tampoco, sólo habían recogido todo su cargamento para poder irse lo más rápido posible de ahí. Aunque en realidad Aloy sólo hacía tiempo, no quería irse porque había prometido a ella misma que no iba a huir de nuevo de una situación así, y aunque se lo pensó mucho, decidió que lo mejor era despedirse y no huir cómo siempre.

— Beta, perdón por lo de hace rato — Comenzó a decir Aloy — De hecho, no pasa nada, pero tengo que despedirme de mis amigos.

— Entiendo, Aloy, ¿ya estás más tranquila?

Y la joven cazadora sólo hizo un gesto irónico, que mostraba que realmente se había sentido mal pero ahora estaba completamente apenada, después se rio.

— Descuida, no pasa nada de verdad — Aloy dijo para convencer a su hermana.

Beta estaba segura de que Aloy estaba muy confundida por lo que estaba sintiendo, pero de nuevo, no quería preguntarle nada por la forma en qué ella reaccionaría. Esperaría el momento adecuado para preguntarle bien, y a decir verdad, también esperaba que la misma Aloy llegara sola a contárselo, algún día.

El golpe de la puerta había interrumpido el momento de las chicas, y Beta fue a ver de quien se trataba:

— Me imaginaba que estaban aquí — Dijo Marad parado detrás del umbral de la puerta, él con los brazos hacia atrás.

— Ibamos a volver — Contestó Aloy — ¿Qué pasa?

La muchacha había preguntado eso porque la mirada de Marad decía algo, siempre le había parecido muy misterioso pero esa vez se le notaba más.

— Aloy, el día está por concluir, pero la fiesta sigue allá afuera — Comenzó a decir él de nuevo — Me gustaría que volvieran, pero no pretendo limitarlas.

— Para nada, de verdad iba a volver… contigo de hecho, pero sólo era para despedirme, Marad — Dijo por fin, Aloy.

Marad bufó.

— Me temía que dijeras eso — Confesó él — Si de verdad desean irse, te haré una propuesta antes de que se marchen. ¿Puedes volver con Avad y decírselo en persona? Sé que él estará bien con eso.

Aloy lo miró incrédula, pero sí se lo estaba pidiendo de buena manera no iba a poder negarse. Aunque, ella se lo pensó de nuevo.

— Está bien, volveré — Concluyó Aloy con voz firme.

De nuevo las dos hermanas se encaminaron junto con Marad a la fiesta, en donde ya habían encendido las antorchas porque el sol ya se estaba por ocultar, y al parecer la gente se había puesto más contenta gracias a la cerveza que habían donado los Oseram, que justo, era para celebrar ese día. Y cómo no iban a celebrar si habían estado trabajando duro por meses.

Aloy miraba a su al rededor y sólo podía ver gente abrazada, otros bailando en pareja y la mayoría bebiendo, sobretodo la Vanguardia de Erend, lo cual le pareció de lo más imprudente, pero cómo no iba a poder decirles nada sólo se rio para sus adentros, al parecer este día estaba dedicado a hacer lo que no se pudo en un año, es como un día sin ley.

También pudo notar que Itamen y su madre ya no estaban en el lugar, por lo cual indagó para ver si ahí seguía Vanasha, tampoco la miró por ningún lado, y supuso que se habían retirado de ahí, pues ya estaba hecho su trabajo. Las mujeres casaderas, que, se suponía que estaban para Avad, la mayoría estaban hablando con otros varones, no era nada malo, pero Aloy supuso que como el Rey Sol había encontrado a la indicada ya no era necesario guardar la compostura y seguirían ellas su camino, con o sin hombres.

Aloy entristeció por la idea.

Luego de caminar un poco llegaron con Avad. Aloy venía bastante distraída que no se había dado cuenta.

— Aloy — La llamó el joven rey — ¿Te sucede algo?

La joven cazadora asintió con la cabeza sin voltearlo a ver, tenía la mirada puesta en el suelo tratando de tomar aire. No se sentía para nada bien, la cabeza le empezó a dar vueltas y sintió que de nuevo le faltaba el aliento, sólo que esta vez soltó un suspiro, porque tenía a Avad enfrente, y a todos al parecer.

— A-Avad, sí — Dijo ella con mucho esfuerzo y luego tomó una bocanada de aire, enseguida se tocó el estomago en señal de que de verdad estaba intranquila — Y-yo vengo a…

De hecho, Aloy no había alzado la vista para nada, sabía que la chica que habían escogido para él estaba ahí, así que no quiso mirarla, apartaba la vista para todos lados menos para donde estaban ellos.

Los ahí presentes la miraban preocupados, sobre todo Beta que la estaba sosteniendo de un brazo porque pensó que en algún momento iba a caer.

— Ella, está bien, es que creo que comió algo hace un momento que le cayó mal — Mintió Beta mirando a Avad.

— Si ese es el caso, déjame llevara al palacio para que la revisen los curanderos reales — Pidió Marad de forma preocupada.

— N-no, y-yo estoy bien — A Aloy se le dificultaba respirar y al final cayó desmayada.

A la mañana siguiente Beta quién estaba sentada junto a la cama de Aloy, prepara una infusión que le habían recomendado los médicos reales, cosa que al final aceptó. Fue para ella una enorme sorpresa que Aloy sí se estuviera sintiendo mal, y nunca supo porqué, así que no estaba de más prepararle algo en cuanto se despertara.

Llevaba toda la noche así, Beta pensó que en realidad se había desmayado y luego se había quedado dormida, no le quitó el ojo en toda la noche.

Luego de que llevaran a Aloy a la casa de Olin, Beta se quedó con ella, y para no perderse de la fiesta echó una mirada por la ventana. Esa ventaba estaba justo en un segundo piso, por donde se podía ver la gran plaza aunque sea de lejos. Y cuando vio que se hizo un escándalo supuso que la fiesta ya estaba por terminar. A las dos horas de ese bullicio que se escuchó, Erend tocó a la puerta, él no estaba para nada ebrio lo cual le resultó extraño a Beta, y pidió ver a Aloy.

Ella no se iba a negar a esa petición, pero después de que literalmente él le había confesado lo que sentía por su hermana, lo pensó dos veces, eso porque sería sumamente insolente de su parte entrar a sus aposentos sin la autorización de su hermana, quien pensaba era una forma muy intima de interactuar con alguien que no estaba en sus cinco sentidos, así que no lo dejó pasar.

— Beta, creo que al final sí resultó buena idea lo de la fiesta — Admitió él, quien se había quedado con Beta en la sala principal para acompañarla durante la noche — ¿Sabes que Avad y la chica… si se comprometieron?

Beta lo volteó a ver sorprendida.

— ¿Cómo? — Preguntó ella queriendo saber.

— Por desgracia, Aloy ni tú pudieron estar presentes, pero así fue. Para finalizar la fiesta los Sumos Sacerdotes dieron su veredicto final. Si me lo preguntas, fue un poco… — Erend se pausó para buscar palabra — Forzado, Avad ni siquiera pudo decir nada, mucho menos la chica.

Beta no dijo nada, sólo soltó un suspiró, pensó en Aloy.

— O dime ¿que piensas tú?

— Son sus tradiciones, no hay por qué meternos en eso — Contestó ella fríamente.

— Bueno sí, aunque me alegra un poco — Confesó él, estirando su cuerpo en el sofá que había estado usando.

— ¿Por qué? — Preguntó Beta, curiosa.

— Por un momento pensé, que tal vez, Avad quería estar con Aloy, de alguna manera — Contestó Erend esperando la reacción de Beta.

Ella sólo soltó un risa, un tanto irónica.

— ¡Vaya!, ¿quieres decir que ahora tienes el camino libre?

— No lo digas así… no es lo que quise decir — Respondió algo apenado.

— ¿Te das cuenta de lo que acabas de decirme, Erend? Si mal no recuerdo hace un día te pregunté qué sentías por mi hermana, esto me lo confirma — Beta le dijo volteando a ver con una sonrisa satisfecha y burlona al mismo tiempo.

Y Erend abrió los ojos como platos, apenas se estaba quedando dormido cuando entendió lo que había hecho, y de nuevo se quedó perplejo.

— Bueno, sí ¿y? — Dijo — Ya no puedo ocultarlo, pero Beta, puedo pedirte que ¿no le digas nada de esto a nadie?, ni siquiera a Aloy, menos a Aloy… por favor.

Erend le suplicaba juntando sus manos y Beta se reía, aunque despacio.

— Sí, tu tranquilo. Y quizá pueda ayudarte con eso.

— Estás jugando

— No, de verdad, estaría bien si puedes ayudar a Aloy a sanar eso que no le cuenta a nadie — Dijo Beta, echando una mirada escaleras arriba.

Erend volteó también a ver a donde había visto Beta, se preguntaba si era lo correcto, pero aunque no estaba ebrio sí estaba un poco pasado de tragos, así que sólo sonrió y se dejó llevar por el cansancio, se tumbó en el sillón feliz deseando que fuera ya de día. Fue en ese momento cuando Beta decidió subir las escaleras e irse a cuidar a su hermana.

Entonces, Beta recordó todo lo que había platicado la noche anterior, le atemorizaba la reacción de Aloy cuando despertase y que al enterarse de la noticia del Rey Sol y su compromiso, quizá se volvía a quedar sin aire. Beta la miraba con delicadeza, y podía notar gotas de sudor, al final confirmó que quizá si se había enfermado de algo, pero aún no podía dar un diagnostico. Con su Foco buscó información que tenía sobre enfermedades y consultó los síntomas que tenía Aloy, al parecer todo indicaba que se debía a un ataque de ansiedad. Pero para Beta era un poco exagerado, se había desmayado, y entre tanta información sólo sacó una conclusión, para alguien como ella que nunca expresó realmente lo que sentía por Avad y lo que sintió en el momento en el que lo miró con alguien más su mente no pudo contener todo al mismo tiempo, por eso se desplomó.

Beta, en lugar de tranquilizarse se preocupó aún más, ya que no despertaba.

Escaleras abajó aún se encontraba un cansado joven Oseram que al escuchar la puerta llamar se había caído del sofá, hizo tal escándalo que Beta tuvo que bajar para ver qué pasaba. Lo maldijo en voz baja.

En la sala principal se encontraban Marad, Avad y un Erend aún somnoliento.

— ¿No pueden tocar más bajo? — Se quejó Erend quien había abierto la puerta.

— No creo que nos hubieras escuchado, ¿pasaste aquí la noche? — Preguntó Marad mirando el aspecto desalineado de Erend.

Avad quería saber más aquella respuesta, puso mala cara pues ¿qué se suponía que hacía él ahí?

— Sí… — Contestó Erend mientras bostezaba y luego miró a los otros dos hombres con sus miradas juzgándolo — Digo, no…

Erend se había puesto pálido. Beta sólo se llevó una mano a la cara por la tonta reacción de él.

— Hizo guardia conmigo… si se le puede decir guardia — Contestó ella bajando las escaleras.

— Beta, dime ¿cómo está Aloy? — Sin sumarle más importancia al asunto de Erend, Avad había sido el primero en preguntar por la cazadora. Así que dio dos pasos al frente para poder ver mejor a Beta, se notaba su preocupación. — ¿Puedo verla?

Erend lo miró ahora de mala gana.

— No, ella aún está descansando — Contestó Beta con firmeza.

— Oh, vaya, es una pena — Dijo él — No puedo estar cómodo sin saber aún si está bien.

— Descuida, sé cómo atenderla — Explicó Beta — Y ella está bien, te prometo que en cuanto despierte yo les avisaré.

— Eso no me tranquiliza. Puedo estar aquí, si me lo permites — Pidió Avad de forma amable. Aún con su tono de voz esperanzado.

Beta no sabía qué decir.

— No es necesario, Avad, puedo encargarme de ella… yo te avisaré en cuanto despierte — Interrumpió Erend, haciendo que el tono de su voz se hiciera más grave, quizá para intimidar al Rey Sol.

Y Avad lo notó, así que le lanzó una mirada retadora a lo cual Marad y Beta notaron, el ambiente en el lugar se estaba poniendo un poco tenso.

— Ninguno de los dos puede quedarse. Avad, puedes regresar al palacio, y Erend regresa a tu puesto o a darte un baño, lo que sea que quieras hacer primero — Ordenó Marad con su voz firme.

Avad no se podía negar a su petición, ya que cuando se lo proponía, Marad era muy firme con él, además tenía ese poder porque prácticamente lo había criado como un hijo, así que no le quedó de otra más que obedecer no sin antes echarle otra mirada a Erend, para que él también se fuera. Y así lo hicieron, ambos tomaron sus rumbos sin decirse nada.

— Qué incomodo — Soltó Beta, y luego sonrió nerviosa.

— Me lo pareció también, por eso tuve que intervenir. Par de cavernícolas — Le dijo Marad a Beta, luego suspiró y continuó — Yo me quedaré haciendo guardia aquí para que puedas descansar.

— Iré a ver a Aloy, quizá despertó y sino vuelvo es porque te tomé la palabra — Finalizó Beta para irse escaleras arriba, antes le regaló una amable sonrisa al hombre ahí presente.

Marad quien estaba notablemente cansado se dejó caer en el mismo sillón en el que estaba Erend horas antes, quizá su angustia lo había cansado, Avad le preocupaba pero al notar la reacción también del jefe de la Vanguardia, había complicado más las cosas. Ahora había un lío, aunque no podía hablar por los demás, notó que Erend sentía también algo por Aloy, y si sus sospechas eran ciertas eso agravaba todo y en un futuro traería consecuencias. Aunque quizá se estaba adelantando a muchas cosas, su mente no lo dejó tranquiló así que se puso a caminar por el lugar para despejar sus pensamientos, ademas por ahora era prioridad cuidar de la salud de Aloy y no otra cosa.

En la habitación, Beta pudo ver cuán profundo estaba dormida su hermana, así que le tomó la palabra a Marad y se recostó en un sofá pequeño que estaba justo delante de la cama, para descansar un poco, no había pegado el ojo en toda la noche y parte de la mañana.

Al cabo de un par de horas, Aloy por fin pudo despertar, su mente le había traicionado, a eso se sumó todo el cansancio del viaje y por eso se había quedado profundamente dormida. Lo primero que hizo al abrir los ojos fue inspeccionar la habitación en la que estaba. Con los rayos del sol entrando por una pequeña abertura de la ventana, se dio cuenta de lo tarde que era, así que de un salto se quedó sentada en la cama, y ahí pudo ver a Beta quien dormía en el sofá. Al mirarla, Aloy sintió pena, quizá se había quedado ahí toda la noche. Como aún se sentía un poco somnolienta, se estiró y luego se levantó para poder mover a su hermana a la cama, y así lo hizo, Beta tenía el sueño ligero, así que se despertó al primer roce que Aloy tuvo con ella.

— ¡Aloy! — Exclamó Beta contenta — ¡Despertaste!

Aloy la miró extrañada.

— ¿Qué?

— Oh, déjame escanear tu temperatura — Con el Foco, Beta escaneó el cuerpo de Aloy para revisar que todo estuviera normal, y así fue — ¿Estás bien?

— Sí, ¿por qué lo preguntas? B-bueno, creo que recuerdo algo — Comenzó a decir Aloy tocándose la sien — Me desmayé, ¿cierto?

Beta asintió con la cabeza.

— ¿Por qué? ¿Qué me pasó? — Preguntó confundida Aloy.

— Si tuviera una respuesta concreta te lo diría, pero aquí… — Beta le puso la mano justo en su corazón — Ahí está la respuesta.

Aloy miró a su hermana, miró también la mano de ella que se posó en su corazón, éste latía de forma normal pero no entendía aún a que se refería, así que la vio confundida.

— Aloy — Comenzó Beta — Investigué algo sobre lo que te pasó anoche, y supongo que lo habías sentido antes ¿no?

— No, no sé a qué te refieres.

— Mmm — Beta se puso una de sus manos en la barbilla para recordar — ¿Alguna vez sentiste cómo te faltaba el aire?

Aloy recordó el breve encuentro que había tenido con Vanasha una noche antes de que se celebrara dicha fiesta, y recordó su reacción al acordarse de que quedaba poco tiempo para ver a Avad con alguien más. Si a eso se refería Beta, entonces era un sí. Así que asintió con la cabeza, aún mostrando curiosidad en su mirada.

— Sólo fue un ataque de ansiedad, Aloy — Informó Beta — No es nada grave, pero creo que excediste tus limites.

— ¿Qué tiene que ver eso con el corazón, Beta? — Preguntó ahora con fastidio.

— Pues mucho, si no me quieres decir a mí lo que sientes, tu cuerpo lo sacara de alguna forma — Le explicó — Sólo, trata de no pensar en cosas que te provoquen eso.

Aloy se sentó ahora en el sofá.

Así que eso se sentía ser humana, pensó.

— Pues bien, ya estoy mejor, podemos partir ahora hacia las Tierras Sagradas.

Y Beta sólo bufó.

— Abajo está Marad, quiere saber cómo estás — Informó Beta.

Aloy, ya con su ropa habitual y su peinado característico, había bajado las escaleras para encontrarse con un Marad sentado en una de las sillas del comedor, bebiendo lo que parecía ser cerveza Oseram, o si no algún liquido con alcohol.

— Aloy — Saludó Marad cuando la tuvo enfrente — Me alegra que estés bien. Vaya susto que nos diste anoche. ¿Quién lo diría? La redentora de Meridian, en ese estado, casi fue catastrófico.

— Si lo dices de esa manera me pondré muy mal — Le advirtió ella poniéndose colorada de la vergüenza — No quiero saber qué pensaron los demás, de verdad.

Ella se rio pero por dentro quería que se la tragase la tierra.

— Lo siento, pero fue alarmante. Le prometí a Avad que regresaría al palacio con noticias tuyas… buenas, ¿te sientes mejor? Beta dijo que no era grave — Decía él.

— A-ah, sí. De verdad, no fue nada, y puedes estar tranquilo, tú y todos al parecer — Decía Aloy apartando la mirada — Y si no es mucho pedir, ¿puedes despedirme de Avad?

— Ah, sigues con eso — Murmuró Marad — Se lo tendrás que decir tú, Aloy, Avad quería hablar contigo por eso fuimos anoche con él ¿lo olvidas?

Y en realidad así había sido, lo olvido por completo.

— Bien, haré una aparición — Aloy rodó los ojos — Pero me iré con mis cosas, de ahí partiremos.

Marad había quedado satisfecho con aquel acuerdo, así que esperó a que las hermanas tomaran sus cosas para poder dirigirse al palacio. Y lo que más deseaba Aloy era no volver a sentir lo mismo que la noche anterior, de hecho, se iba mentalizando para no entrar en pánico nuevamente.

En el palacio se encontraba Avad sin su traje de rey, en sus aposentos, sin querer salir de ahí aunque estuviera faltando a su responsabilidad, además horas antes había estado fuera, ponerse esa corona y ese traje cada vez lo veía como una tarea imposible de realizar, notaba que el peso le aumentaba cada que lo veía. Soltó un largo suspiro rendido y, una vez cambiado se dirigió a su trono, por lo menos ahí se sentía un poco tranquilo porque el viento le pegaba justo en la cara, era de las pocas cosas que le agradaban de estar ahí, así que se motivó y se sentó.

Los recuerdos de él y su encuentro con Erend en la casa de Aloy habían sido muy extrañas, si mal no recordaba Erend también sentía lo mismo por la joven Nora, así que sus sentimientos se cruzaban: por una parte estaba Aloy y por la otra su amistad con Erend, ¿qué debía hacer si resultaba que Erend al final se quedaba con Aloy? Lo cual era una posibilidad porque él fue comprometido la noche anterior y Erend estaba aún libre.

La joven Ayse era muy bonita a simple vista y ademas era muy agradable, sus habilidades sociales le sorprendieron a él, ya que no esperaba nada de eso. Por desgracia la mayoría de las jovenes que se encontraban en Meridian no eran más que una cara bonita, eso le decepcionaba mucho al Rey Sol, y no tanto porque fuera eso un problema, sino porque él quería ver a Aloy, la buscaba en cada chica que conocía, y aunque la cara bonita no significaba ser tonta, la mayoría de ellas también notaban esto en Avad, un desinterés profundo. Él sentía pena por ellas, en realidad, ya que no tenían la culpa de sus sentimientos y sobre todo por cómo los manejaba. Avad se sentía muy mal consigo mismo después de cada cita que le preparó Marad con alguna joven, pero la noche anterior fue distinta, quizá está nueva chica si lograse cerrar esa esperanza que tenía él con Aloy.

— Avad — Lo llamó Marad quien se había puesto enfrente de él.

Avad estaba con la cabeza entre los brazos. Así que cuando escuchó su nombre, alzó la vista y pudo ver a Aloy con él, sólo a ella.

— ¡Aloy! — Avad se levantó de su lugar y corrió a abrazarla.

Marad y Aloy se miraron confundidos, pero Aloy no pudo reaccionar a tiempo, sólo se dejó llevar por el abrazo y sin evitarlo se sonrojó. Luego de que se separasen Avad también.

— Lo siento mucho… — El Rey Sol se afinó la garganta — Me preocupé mucho por ti ¿cómo estás?

— Estoy bien, gracias — Aloy le regaló una sonrisa.

— Bien, los dejo solos, quizá tengan algo de qué hablar — Y Marad se marchó dando una media vuelta y encaminarse con Beta, quien lo esperaba afuera.

Aloy y Avad esperaron a que el Intachable estuviera lo suficientemente lejos para poder hablar, además ninguno de los dos se atrevía a decir algo.

— Aloy, yo, siento mucho lo que pasó anoche…

— Ah, no, no, no te disculpes, no paso nada. Traté de explicárselo a Marad, no tienen que darme ese tipo de atención — Dijo Aloy de nuevo poniendo mala cara — De verdad, estoy bien.

Cuanto más lo repetía, Avad sabía que Aloy no estaba bien, pero dejó de molestarla.

— Lo siento — Decía Avad cada que la miraba y es que él realmente se sentía culpable por algo que no podía explicar, sabía que de alguna manera era el responsable del disgusto de ella.

Aloy asintió con la cabeza, de nuevo se estaba impacientando.

— Avad, yo… desde anoche quería decir que me tengo que ir. Desde un inicio lo mencioné, sólo estábamos de paso — Explicó Aloy sin rodeos, ya estaba cansada de repetirlo — Tengo que irme, Beta y yo tenemos algo pendiente.

— Te entiendo Aloy, pero quiero saber algo antes de que te marches — Comenzó a decir él — ¿Te volveré a ver?

Aloy bufó y puso mala cara.

— No lo sé. Todo esto es más grande que yo, Avad, incluso más grande que Meridian y tú — Le contestó ella de mala gana — No. No creo poder volver.

Ella apartó la vista de él, y se giró para poder ver el horizonte que tenían enfrente. Un viento refrescante le sopló en la cara, sus ojos se empezaron a humedecer de repente, y lo notó, así que rápidamente trató de limpiárselos para que Avad no lo notara. Una parte de ella supo que ese viento se lo había mandado alguien, si Rost o Elizabeth, para que tomara un respiro y poder hablar de nuevo, estaba siendo muy dura con él.

— Con eso es suficiente, descuida — Dijo él para sacarla de sus pensamientos.

Aloy se giró hacia él con una sonrisa amplia.

— Gracias por comprenderme — Le dijo para finalizar y antes de que dijera algo, ella le extendió la mano para que la tomara.

Avad la miró con recelo.

— Sólo dame la mano — Se rio ella, y tomó su mano con suavidad para poder estrecharla — Esto es un gesto para saludarse o despedirse, y así se despiden los amigos.

Aloy agitaba su mano de arriba a abajo, fingiendo estar contenta.

— Los antiguos y sus costumbres extrañas — Se burló él mientras sonreía.

Luego de que se soltaron, ambos sintieron una extraña sensación de vacío que no pudieron ocultar en su mirada: Avad, suplicaba que no se fuera, y si lo hacia que se fuera con él a un lugar lejano, salvarían al mundo juntos, pero era imposible. Y Aloy quería lanzarse contra él y no soltarlo, decirle que no quería irse pero su alma y su mente ya debían estar en otro lado para tratar de salvar el mundo y protegerlo a él y a todos.

— Antes de que te vayas, quisiera decirte que… por fin encontré … —Avad se pausó, y buscó una palabra para no sonar triste — En realidad, anoche me comprometieron con aquella chica, Ayse.

— Oh — Exclamó Aloy de la impresión, de nuevo sintió un vuelco en su corazón, difícil de explicar para alguien como ella — Felicidades.

Y luego un silencio sepulcral invadió toda la habitación.

— Aloy, no estoy seguro de esto…

— No puedes echarte para atrás, Avad, diste tu consentimiento y nunca habías llegado tan lejos — Lo regañó Aloy y con todas las fuerzas que le quedaban dijo: — Sé que serás muy feliz, y por fin tendrás a un heredero.

Eso no había sonado bien, pero Avad ya no dijo nada. De Todos modos no podía frenarla ni retenerla ahí, de hacer eso, ella lo odiaría más que a nadie en el mundo, entonces la miró con desesperanza.

— Mi querido Rey Sol — Llamó el sumo sacerdote de la noche anterior, ese que lo comprometió y que Aloy olvidó el nombre — Su prometida está aquí.


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