Relato 16- Hora libre.
Resumen: No hay práctica de básquet en el gimnasio. Kogure decide pasar el rato libre junto a Mitsui.
Los cerezos estaban en flor. El reloj indicaba que pronto las clases estaban por acabar, aunque al profesor eso parecía importarle poco y no dejaba de hablar sobre algo que Kogure no terminaba de entender muy bien. Pensó vagamente que Akagi entendía casi que a la perfección la física y que podría pedirle sus apuntes después. Por ello dejó de preocuparse y siguió escuchando sobre aquel tema tan confuso.
La campana sonó y las clases acabaron. Ese día no habría práctica, aunque estaba seguro de que muchos de los chicos irían al gimnasio de todas formas. Entre ellos, Sakuragi y Rukawa. «Volverán a pelear como siempre…» pensó con una sonrisa mientras se diría hacia el comedor con un cuaderno debajo del brazo.
A la mitad del pasillo pasó por el salón de Mitsui. Se detuvo, pues curiosamente vio al chico cabeceando sobre el mesabanco aun cuando ya no había nadie allí.
Kogure entró asegurándose de hacer algo de ruino para no asustar al chico. Sus miradas se cruzaron rápidamente.
—Oh, Kogure, ¿qué tal? Creí que ya te habías ido a casa…
—Mi clase acaba de terminar. Podría irme ahora mismo, pero, no lo sé. Me aburro estando en casa —confesó con un leve sonrojo.
—Te entiendo. No puedo quedarme quieto tampoco.
—¿Puedo? —preguntó señalando una de las sillas más cercanas.
—Claro.
Kogure se sentó junto a Mitsui, tan cerca que terminó por apoyar los brazos sobre el mismo mesabanco. En cambio, éste último seguía echado hacia atrás de brazos cruzados con la mirada perdida a causa del irreparable sueño.
La luz de la ventana iluminaba perfectamente el salón, pero ya era tarde, por lo que la luz naranja del ocaso iba de maravilla. Algunos pétalos de flores de cerezo entraron por la ventana a causa del frío viento de la tarde.
Hubo un rato de silencio en el que ninguno sabía exactamente qué decir. Era una tarde relativamente ocupada para todo el mundo excepto para ellos dos, quienes tenían la tarde totalmente libre. Akagi necesitaba tomar clases extra de física y química, Ryota había salido temprano de la escuela para ayudar a su hermana con un proyecto escolar, y, en teoría, Sakuragi y Rukawa debería estar estudiando para los exámenes que se avecinaban, pero, tanto Kogure como Mitsui podían apostar que estaban ambos en el gimnasio peleándose por el balón. Sin mencionar que Yasuda, Shiozaki, y los otros preferían irse temprano de la escuela como la gente normal. La pandilla del pelirrojo también se fue temprano, al igual que la hermana menor del capitán que decidió pasar la tarde afuera con sus amigas.
En resumen, el pobre Mitsui era el único muchacho de aquella escuela que tenía una hora libre antes de que su siguiente y última clase comenzara. Podría haber ido a perder el tiempo con el balón un rato también, pero sería desagradable volver sudando al aula. Además, tenía sueño, mucho sueño, ya no tenía energía qué gastar.
No es como que alguno de los dos tuviera algo que decir, pero era curioso tan siquiera pensar que era una de las pocas situaciones en las que podían hablar a solas. Y como si Mitsui pudiera leer los pensamientos del chico de lentes, lo dijo en voz alta.
—Es la primera vez que estamos solo nosotros dos, ¿no?
—Sí, eso creo —tartamudeó por la sorpresa.
—Es que siempre te la pasas siguiendo a Akagi…
—N… ¡No es verdad! Al menos… no todo el tiempo.
—¡Pff! —Se soltó a reír—. ¡Estoy jugando! Sería raro que no lo hicieras siendo el subcapitán.
La risa de Mitsui calentó el corazón de Kogure. Era raro verlo esbozar esa clase de sonrisas, más allá de lo que pudiera reír a causa de burlarse de Sakugari o de alguien más. En ese instante, su sonrisa era sincera y preciosa.
Kogure tuvo que desviar la mirada para lograr que su rubor se disipara al menos un poco, no podía evitar que esa sonrisa se le contagiase.
—¿No te molesta quedarte aquí en el aula aunque no haya nadie? —preguntó lo más natural posible y vio su reloj de muñeca—. Todos están afuera tirados en el pasto. Falta una hora hasta que llegue el profesor…
—Estoy bien aquí. Tenía sueño y me apetecía dormitar un rato ahora que no hay nadie.
—Oh, ¡lo siento!, ¡estoy molestando entonces!
Kogure se puso de pie inmediatamente y volvió a tomar su mochila, sin embargo, Mitsui lo tomó rápidamente de la muñeca y lo mantuvo así con fuerza.
—¿Qué haces? No te dije que te fueras.
—Pero…
—Siéntate otra vez. —Como vio que el otro no se movió, añadió—: Anda, platiquemos un rato.
Y cuando el chico de lentes volvió a estar frente a frente con él, la misma aura tranquila y reconfortante de antes volvió.
—¿De qué deberíamos hablar?
Mitsui desvió su mirada hacia la ventana observando los rayos del sol filtrarse entre las ramas de los árboles. Se quedó pensando haciendo labios de pato.
—No estoy seguro… Nunca hablamos de otra cosa que no sea básquetbol, ahora que lo pienso.
—Sí, es verdad. —Volvió a reírse—. Me alegra que hayas vuelto al equipo después de todo, Mitsui. Al menos, aunque solo sea de básquetbol, ahora podemos hablar.
El muchacho parpadeó con confusión. Y, curiosamente, las palabras de Kogure le provocaron un furioso sonrojo que tuvo que cubrir con una de sus mangas al alzar un brazo.
—¿Qué es lo que estás…?
—¡Solo quería decírtelo desde hace tiempo! Me hace muy feliz tu regreso. Aunque, ¿sabes?, no tenías por qué cortarte el pelo. Tampoco digo que el cabello te quede mal justo como lo llevas ahora, pero… sabes lo que quiero decir. —Se rascó la mejilla, pensativo—. Es… diferente. Te queda bien.
Mitsui decidió bromear.
—¿Sabes qué? Recién me doy cuenta.
—¿De qué?
—De la asombrosa oportunidad que se te ha presentado. Podrías volver a casa justo ahora si lo quisieras, pero prefieres quedarte a hacerme compañía porque quizá sea el mejor momento para declararte.
Kogure se echó para atrás casi de instinto, cubriéndose el rostro con ambas manos. Las gafas casi se le cayeron.
—¡¿De dónde sacas esas conclusiones?! —Su rostro estaba colorado.
—Nomás. —Sonrió victorioso; le gustaba ver cuando el muchacho se alteraba de esa forma justo como cuando había que interrumpir un pleito entre los dos miembros de primer año.
—Eres malo, Mitsui.
—Y tú eres muy blando… —Volvió a reírse—. Tranquilo, estoy jugando.
Aunque los dos volvieron a quedarse en silencio, el ambiente no se quedó tenso. Se conocían desde hace tiempo y aunque pudiera haber pleitos entre ellos siempre se entenderían incluso sin palabras.
—Gracias —dijo Mitsui.
—¿Uh?
—Por lo del cabello. Por decir que me va bien.
—Oh, es… solo lo que pienso.
—También agradezco tus palabras de aquel día. Me hicieron reflexionar. Sabías mucho mejor que yo mismo que lo que más deseaba era volver al equipo. Lamento lo que te hice.
—¡No, Mitsui! No hay nada que lamentar. Gracias a que estás con nosotros es posible cumplir el sueño de aquel día… —Agregó—: Nuestro sueño.
Mitsui entornó los ojos y volvió a sonreír de lado con travesura, pues parecía que Kogure se lo buscaba.
—Kogure, estoy comenzando a pensar que te gusto.
—¡¿Qué?! —«Tal vez un poquito», pensó. Carraspeó y se levantó de nuevo con la mochila ya puesta. Su rostro estaba rojo a más no poder—. ¡Me voy a casa!
—Oh, ¿acerté?
—Hasta mañana, Mitsui.
—¡Espera! Solo estaba jugando otra vez, ¡vuelve a sentarte!
—No olvides hacer tus tareas.
—¡Hey!, ¿en serio vas a irte? ¡Acabas de decir que te aburrías en tu casa!
El de lentes salió del salón y se fue. Entonces Mitsui volvió a reírse una vez más estando solo de nuevo. La cara del chico había sido todo un espectáculo que sin duda le gustaría volver a ver. Se dispuso a dormitar como lo tenía planeado en un inicio y se cruzó de brazos sobre la mesa para usarlos como almohada.
«Porque a mí sí me gustas, Kogure», pensó antes de quedarse dormido.
Nota: Les juro que estaba tan escasa de ideas que usé una ruleta para saber de cuál pareja debía escribir, ¡y los afortunados fueron Mitchi y Kogure!
Dicho esto, estoy totalmente abierta a peticiones sobre las parejas o temáticas que les gustaría leer más adelante.
Esta colección de one-shots y drabbles tiene la intención de recopilar 100 relatos y espero poder cumplir el objetivo aunque me tome meses o años. Así que, allá vamos.
-Ary.
