Sakura se ajustó la bandana de Konoha, ahora roja, en su cabello de nuevo largo con un suspiro. El viento fresco de la noche agitaba las copas de los árboles y el suave murmullo del bosque acompañaba el ritmo pausado de su respiración. Se encontraba a las afueras de una aldea fronteriza, terminando un encargo para Tsunade-shizou.

Desde que se convirtió en aprendiz de la Quinta Hokage, sus días se habían vuelto más intensos. Misiones de alto rango, entrenamientos agotadores y un crecimiento acelerado que apenas le daba tiempo de respirar. Pero no se arrepentía. Ella había elegido este camino, y con cada herida que lograba sanar, con cada golpe acertado, se sentía más fuerte.

Aquella noche en particular, después de ayudar a evacuar a unos aldeanos tras un derrumbe, decidió quedarse afuera para despejarse. Sacó un rollo de vendas y empezó a envolver sus nudillos con destreza. Usaba mucho taijutsu en combate, al punto de que sus manos terminaban raspadas y enrojecidas como las de alguien que abusaba del taijutsu más que nadie, Rock Lee.

A lo lejos, en la sombra de un árbol, alguien la observaba en completo silencio.

Sasuke Uchiha de 15 años.

El encargo de Orochimaru lo había llevado a esa misma zona. No esperaba verla ahí, y mucho menos de esa manera. Su cabello, ahora más largo que cuando tenía once años, caía sobre su espalda con un brillo suave a la luz de la luna. Sus movimientos eran firmes, precisos… nada que ver con la niña de voz temblorosa que se le había declarado hace dos años.

Pero lo que más le desconcertó no fue su crecimiento como ninja médico.

Fue cierto rumor.

Las aldeanas susurraban en el mercado. Los shinobi de la zona hablaban entre bromas.

"Sakura Haruno es aún más popular de lo que creíamos."

"Dicen que muchos intentan declarársele con cartas y flores."

"Vi a un tipo de la aldea Sunrise, dándole un amuleto."

Él no tenía por qué pensar en eso. No tenía por qué importarle.

Pero su mandíbula se tensó de todas formas.

Debería olvidarlo.

Olvidar esa escena de una niña de trece años confesándole su amor aquella noche de luna menguante.

"Sasuke-kun, te amo tanto. Si te qudas conmigo, no te arrepentirás yo prometo hacerte muy feliz..."

No. No tenía sentido recordar eso.

Sin embargo, volvió a mirarla en la distancia. Era inevitable toda ella era ta difícil de ignorar, a cierta distancia veía apenas como una mano seguía envolviendo su otra mano lastimada con cuidado. Golpear con fuerza tenía un precio, y ella lo sabía bien.

—Hn.

No supo por qué lo hizo.

Tal vez porque vio que las vendas no eran suficientes. Tal vez porque, en el fondo, algo dentro de él aún recordaba el sonido de su voz llamándolo.

O simplemente porque era 28 de marzo.

El día en que ella nació.


Cuando Sakura despertó la mañana siguiente, un pequeño paquete descansaba sobre la mesa de la cabaña donde se hospedaba.

No tenía remitente. Solo una hoja con una única palabra escrita en una caligrafía difícil de reconocer:

"Sakura."

Desdobló el envoltorio con curiosidad. Un par de guantes de cuero negro descansaban dentro.

Los tocó con la yema de los dedos, sintiendo la textura firme y el ajuste perfecto. No sabía quién los había dejado ahí, pero… eran exactamente lo que necesitaba.

—Mmm...¿Quién los habrá dejado? —Sonrió y los sostuvo contra su pecho.

A veces, los regalos sin dueño eran los más valiosos.


Sasuke llegó al escondite de Orochimaru sin prisa.

El sanin lo esperaba con su característica sonrisa serpentina, los ojos amarillos fijos en él con un brillo de diversión.

—Vaya, Sasuke-kun… ¿cómo estuvo tu viaje?

—Cumplí con el encargo.

Orochimaru inclinó la cabeza, examinándolo con detenimiento. Sasuke lo conocía lo suficiente como para saber que estaba analizando cada detalle, cada gesto, cada indicio de algo más allá de la misión.

—Espero que siempre tengas en cuenta tu objetivo Sasuke-kun.

Sasuke frunció el ceño.

—No necesito que me lo recuerdes.

—Oh, claro que no. —Orochimaru soltó una risa suave y cargada de malicia—. Pero dime algo, Sasuke-kun…

El sanin dio un paso adelante, su sonrisa ensanchándose.

—¿Cuántas veces has visto ese lindo rostro?

Los músculos de la mandíbula de Sasuke se tensaron.

Orochimaru se llevó una mano al mentón, fingiendo pensar.

—¿No me dirás que lo has olvidado? Yo no lo haría. Después de todo… Dijo Kabuto esta vez.

Le sostuvo la mirada con un destello cruel en los ojos.

—Es un rostro que he visto muchas veces. Dijo el sanin de vuelta.

Silencio.

Sasuke apartó la mirada y se dio la vuelta sin responder.

Orochimaru solo sonrió.

Sasuke podía ocultar muchas cosas. Podía mentir, podía fingir, podía convencerse de que nada de eso importaba.

Pero en sus sueños…

Ahí no podía esconderse.


Muchos años después.

La luz del atardecer teñía la ventana de tonos anaranjados cuando Sakura abrió un viejo cajón en su habitación.

Entre herramientas médicas, pergaminos y recuerdos de su juventud, sus dedos rozaron un par de guantes de cuero.

—Oh.

Los sacó con una risa baja.

—No recordaba que aún los tenía.

Los sostuvo entre sus manos, sintiendo la textura gastada por los años. Se sentó junto a Sasuke en la mesa de la cocina, donde él bebía café en silencio.

—¿Sabes? —dijo mientras giraba los guantes entre sus manos—. Nunca supe quién me los dio.

Sasuke, sin apartar la vista de su taza, solo hizo un sonido bajo de reconocimiento.

—Siempre fue un misterio. —Sakura apoyó su codo en la mesa y descansó la barbilla en su palma—. Pero lo curioso es que…

Se detuvo, como si dudara en decirlo. Luego soltó una risita.

—Es absurdo.

Sasuke levantó una ceja con una mirada fugaz.

—Una parte de mí, una muy loca diría yo, creyó que estos guantes fueron un regalo tuyo.

Silencio.

Sakura sonrió con incredulidad.

—Pero eso es imposible, ¿verdad? Porque ya sabes, en aquel entonces tú y yo… Tú estabas con—

No terminó la frase.

Sasuke no dijo nada.

Solo bebió su café.

Y, por alguna razón, eso hizo que Sakura sonriera aún más.

—De verdad… ¿no dirás nada?

Él bajó su taza con calma.

—Hn.

Sakura lo miró con curiosidad.

—¿Hn? ¿Solo eso?

Sasuke la miró de reojo, con una expresión que apenas rozaba la sombra de una sonrisa.

—Si ya lo sabes, ¿para qué preguntas?

Sakura parpadeó.

Y luego, sin poder evitarlo, Sakura se rió un poco, no insistió con el tema, guardó los guantes de vuelta y solo le sirvió un poco más de café a su esposo mientras que observaba como sus orejas parecian ponerse rojas.

A veces, los regalos sin dueño no necesitaban una respuesta. Pero si estas casado con Sakura, ella es suficientemente lista para que puedas ocultarlo para siempre.

Fin.


Feliz cumpleaños a mi preciosa, mi personaje favorito de ese manga que me leí hace años.

Uno de los grandes misterios de la historia es como Sasuke supo que Sakura era medicnin y las palabras de Orochimaru al verla en el puente del Cielo y Tierra, "un rostro hermoso que he visto muchas veces".

Asi que combinando estos dos datos y que no se sabe como Sakura tuvo sus guantes, y de ahi vino esta idea.

Gracias por leerlo y feliz cumpleaños a nuestro cerecito.