Un Reloj y un Perfume Exótico
—¿Capitán Focker?
El veterano piloto de combate levantó la vista de su Pad al escuchar su nombre. Un soldado de infantería se encontraba en la puerta de entrada de la sala de pilotos y miraba nervioso en su dirección. Dejó la tableta sobre el escritorio e hizo un ademán con la mano para que el hombre se acercara.
—¿Sucede algo, Cabo? —preguntó cruzándose de brazos en cuanto el soldado se acercó lo suficiente.
El hombre parecía nervioso y miraba a los lados, como asegurándose que nadie lo estaba viendo. —Me dijeron que le entregue esto: —dijo sacando un sobre marrón de debajo de su chaqueta.
Roy no era ningún novato y aquello era demasiado sospechoso como para tratarlo en forma ligera. —déjelo sobre el escritorio. —ordenó con voz grave sin quitar los ojos del hombre. —¿Qué es eso y quién le pidió que me lo dieran? Y principalmente… ¿Cómo es que lo dejaron llegar hasta aquí con un paquete desconocido y sin ningún tipo de escolta?
El hombre se puso blanco, pero no parecía ser un pusilánime. —Quien me lo dió dijo que usara su nombre por si me ponían trabas en la base… dijo que era indispensable que fuera usted quien lo recibiera, de lo contrario no serviría para nada.
—¿Su "nombre"? —preguntó el Capitán Focker ahora picado por la curiosidad.
—Si… hasta ahora he mencionado su nombre a cada guardia que me ha interrogado desde que entré a las barracas de los pilotos y todos me han dejado pasar hasta aquí.
—Hmmm. —dijo el piloto pensativo. —Debe ser un nombre muy importante entonces como para abrir tantas puertas. ¿Se puede saber cuál es?
—Jessica Films. —respondió con voz solamente el soldado.
Roy tomó de inmediato el sobre y con un movimiento rápido lo arrojó dentro de un cajón que abrió y cerró en un parpadeo. —Ha cumplido su misión en forma magnífica, soldado. —dijo Roy levantándose. —Lo acompañaré yo mismo hasta la puerta.
—Pero… ¿Qué es…?
—No se… y le conviene a usted también no saberlo tampoco. —aseguró el piloto empujando al soldado hacia la salida. —Gracias por su trabajo, cabo.
El hombre se alejó por el pasillo ante la mirada atenta del piloto, quien pronto se volvió hacia la puerta y mirando el escritorio en donde había guardado el sobre lanzó un profundo suspiro.
—Mierda. —dijo pasándose una mano por el rostro.
Hubiera querido no tener nada que ver con esa cosa, pero no podía ignorar ese nombre; Jessica Films… una de las prostitutas más famosas del sector D-1, una leyenda viviente de los secretos del sexo de la que los hombres hablaban como si fuera una estrella de cine… y tal vez de seguro lo fuera si no era por estar atrapada junto con Veinte Mil civiles a bordo de aquella nave mientras eran perseguidos por todo el sistema solar por alienigenas gigantes.
Roy conocía a aquella mujer personalmente… aunque no como cliente, sinó como antiguos camaradas. Jessica no había tenido siempre aquel nombre; en los tiempos en los que había sido camarada de armas de Roy y compartían las mismas barracas solía llamarse Jess, más conocido como Jester; un alegre joven de facciones delicadas, pero fuerte y ágil a la hora de luchar cuerpo a cuerpo. Ciertamente las cosas habían cambiado bastante desde la última vez que se vieron.
—Jester… no. —dijo Roy sacudiendo la cabeza. —Ese es su "Nombre Muerto" como dicen las personas Transexuales… ahora se llama Jessica. —se dijo pensativo.
Caminó hasta el escritorio y abrió el cajón. El sobre continuaba allí tal y como lo temía. Extendió la mano y lo tomó aún dudando si era una buena idea, pero si él… es decir "ella" necesitaba su ayuda, él no podría negarse.
Se sentó en la silla y examinó el sobre detenidamente; estaba sellado con un lacre rojo. El piloto acercó su nariz al mismo y percibió un perfume fugaz, exótico… ¿Era el perfume de Jessica? ¿O tal vez todas las cosas que venían del sector D-1 tenían aquella fragancia exótica?
Rompió el sello y tiró de la cinta para abrir el sobre. Del interior se deslizaron dos objetos que cayeron sobre la mesa frente a sus ojos; uno era un reloj de pulsera de una conocida marca, pero lo que inmediatamente captó la atención del piloto fué el papel doblado junto al mismo. Roy tomó la carta y la abrió; estaba escrita de puño y letra con una caligrafía realmente exquisita y pudo sentir aquel mismo perfume, aunque en forma mucho más intensa. La carta era breve; apenas unas pocas líneas, pero eran suficientes para transmitir aquel mensaje. Roy sonrió y dejó la carta sobre el escritorio mientras recordaba aquel rostro alegre y las cosas que habian vivido antes que los Zentradi llegaran al sistema solar.
—¡Sempai!
Roy se había perdido en sus pensamientos y el llamado lo trajo repentinamente devuelta a la realidad. El piloto levantó la vista y vió frente a sí a su "Cohai", Hikaru Ichijyo. Junto a él se encontraban sus flamantes y recién asignados subordinados; Maximilian Jenius y Hayao Kakizaki. —¿Está bien, Sempai? —volvió a preguntar el joven con rostro preocupado.
—Por supuesto. —respondió Roy doblando la carta mientras la guardaba rápidamente en uno de sus bolsillos. —¿Y ustedes? ¿No deberían estar de franco hoy? ¿Qué rayos hacen aquí todavía?
—Huele a perfume. —observó Kakizaki olfateando el aire. —Esa era…
—¿La carta de alguna admiradora? —preguntó Hikaru dando un codazo a su Capitán.
Roy se incorporó y enfrentó a su subordinado. —¿Y a ti qué te importa? Si tanto quieres jugar al detective, entonces voy a darte algo oficial para hacer.
Mientras decía aquello empujó el reloj hacia delante para que todos pudieran verlo. —¿Saben lo que es esto? —preguntó.
—Uh… pues claro, un reloj. —observó Kakizaki.
—Un reloj de piloto. —lo corrigió Maximilian. —Yo tengo un modelo igual. —dijo mostrando el mismo tipo de reloj en su muñeca izquierda.
—Yo también tengo uno de esos, pero el mío es digital. —dijo Hikaru. —¿Qué pasa con eso? —preguntó interesado.
—Alguien extravió esto en uno de los burdeles del sector D-1. —explicó Roy.
—Oh. —exclamaron los tres jóvenes pilotos intercambiando miradas de confusión. —Nosotros… es decir… no conocemos ese lugar… aún. —se excusó Kakizaki.
Roy los miró uno por uno y suspiró. —Por supuesto que no…. En fin, es casi seguro que este reloj es de uno de los pilotos de esta base, quiero que encuentren al dueño. ¿Entendido?
—Eh… estamos de Franco, Roy. —exclamó Hikaru cruzándose de brazos.
—Y por eso mismo son los indicados para este trabajo… yo no puedo ir por toda la base preguntando a los hombres, pero ustedes tienen tiempo de sobra así que… ¡En marcha! —ordenó el Capitán mientras los empujaba fuera de la sala de pilotos. —Tomen esto como un entrenamiento "especial" para aprender a trabajar en equipo… no todas las batallas se luchan en el aire. —dijo poniendo el reloj en la mano de Hikaru, tras lo cual cerró la puerta frente a sus narices.
Los tres pilotos contemplaron el vidrio de la puerta en silencio y suspiraron profundamente.
—Adiós a nuestro franco. —se lamentó Kakizaki.
—Maldito Sempai. —dijo Hikaru apretando el puño. —La próxima vez que lo encuentre borracho lo denunciaré personalmente con la oficial Lasalle.
Comenzaron a caminar por el pasillo pero realmente no tenían idea de como empezar a buscar. —¿Qué opinas, Max? —preguntó Hikaru. —Tu eres el cerebro del equipo.
El joven se acomodó los lentes y miró hacia las barracas de los pilotos. —Hay unos ciento cincuenta pilotos en toda la base. —dijo pensativo. —Podríamos comenzar por filtrar aquellos que estuvieron en servicio el día que encontraron este reloj; eso reduciría enormemente la lista de nombres a buscar.
—¡Claro! —exclamó Kakizaki. —Solo los pilotos que estuvieron de franco y fueron al Sector D-1 pudieron haber perdido ese reloj…
—Pero no sabemos qué día fué. —observó Hikaru.
—Entonces empecemos por preguntar a la persona que escribió esa carta. —dijo Max guiñando un ojo.
—¿Eh? ¿Cómo lo sabes? —preguntó Hikaru.
—Llegué a ver fugazmente el nombre de quien firmaba la carta antes que el Capitán Focker la escondiera. —afirmó el piloto de cabello azul. —La firma era de alguien llamada Jessica F.
—Jessica F. —repitió Kakizaki. —¿Del Sector D-1? ¿Será una…?
—Una trabajadora. —lo interrumpió Hikaru en forma brusca. —Será mejor interrogar a esa persona primero.
Los tres pilotos intercambiaron miradas entusiasmadas; ya tenían la excusa perfecta para conocer el famoso Sector D-1.
Continuará.
