Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato. Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
—comentarios.
—pensamientos.
—*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
—[Ddraig, Albion, etc.]
Capítulo 7:
LA VIDA SIGUE
La noche había caído sobre Kuoh, pero ni Rias ni Sona estaban dispuestas a descansar. Tras su encuentro con Freed, era evidente que la situación en la ciudad se estaba volviendo más peligrosa de lo esperado. Sin embargo, había otro asunto que no podían ignorar: la misteriosa desaparición de Issei Hyödö.
A lo largo del día, ambas líderes habían estado revisando posibles candidatos para una tarea delicada: encontrar a un investigador lo suficientemente hábil como para moverse en las sombras sin levantar sospechas. No podían confiar en cualquiera, y mucho menos en un demonio con conexiones políticas que pudiera tener otros intereses. Finalmente, al final de la tarde, encontraron a alguien adecuado: una investigadora privada llamada Narumi.
Narumi era una demonio sin afiliación a ninguna de las grandes casas. Provenía de un linaje menor que había perdido su influencia en la última guerra, y desde entonces trabajaba por cuenta propia. Su historial mostraba una habilidad excepcional para obtener información en entornos hostiles y para resolver casos en los que otros fracasaban, lo cual la hacía confiable para un trabajo que requería discreción absoluta.
Con la decisión tomada, Rias y Sona acordaron reunirse con ella en una de las bases ocultas que su clan poseía en Kuoh. No era un sitio especialmente grande ni lujoso, pero tenía la ventaja de estar bien protegida de los ojos ajenos.
Esa misma noche, mientras sus respectivos séquitos continuaban con la vigilancia habitual en la ciudad, ambas demonios se dirigieron al lugar de encuentro. Al llegar, encontraron a Narumi esperándolas con los brazos cruzados, apoyada contra una de las paredes de piedra. Tenía un aire despreocupado, pero en sus ojos se notaba una aguda inteligencia.
—Así que ustedes son mis nuevas clientas —comentó con una ligera sonrisa—. Me sorprende que las herederas de dos casas nobles necesiten de mis servicios.
Sona ajustó sus lentes con una expresión neutra.
—Hemos investigado tu historial. Tienes la reputación de ser meticulosa y eficiente, y eso es lo que necesitamos.
—Espero que puedan pagarme acorde a mi talento —respondió Narumi sin perder la sonrisa—. Pero bueno, primero quiero escuchar los detalles.
—Queremos que investigues la desaparición de un estudiante de la Academia Kuoh, Hyödö.
Narumi alzó una ceja.
—¿Un simple humano? Eso no es algo común en encargos como este.
—No lo es —intervino Rias, con los brazos cruzados—. Pero hay algo extraño en este caso. Hyödö desapareció días después de un ataque de ángeles caídos. Después de ello intentamos no perderle la pista, pero desgraciadamente llegó un momento en que lo perdimos, desapareció, y ya no podemos encontrarlo.
Narumi chasqueó la lengua.
—¿Quieren que descubra qué pasó con él?
—Exactamente —asintió Sona—. Queremos saber si sigue con vida, quién se lo llevó y por qué.
La investigadora se llevó una mano a la barbilla, pensativa.
—Bien. Necesitaré toda la información que tengan: testigos, ubicaciones, cualquier detalle por insignificante que parezca.
—Te proporcionaremos lo que hemos recopilado —aseguró Rias—. Pero queremos resultados lo antes posible.
Narumi sonrió con confianza.
—Si hay algo que descubrir, lo encontraré.
Con el trato cerrado, la demonio se dispuso a comenzar su investigación. Su primer paso sería reconstruir los eventos desde el intento de asesinato de Issei a manos de Raynare, buscando pistas sobre su paradero. Lo que encontraría pronto cambiaría por completo la percepción de Rias y Sona sobre lo que realmente había ocurrido aquella noche.
XXXXX
La luna iluminaba tenuemente las calles de Kuoh, reflejando su pálida luz en los charcos de agua que aún quedaban tras la última lluvia. El aroma a tierra húmeda impregnaba el aire, pero otro olor comenzaba a mezclarse con él: el hedor metálico de la sangre. En un callejón apartado, un grupo de delincuentes se reunía, compartiendo cigarrillos y riéndose en voz alta sin preocuparse por la hora. No eran asesinos ni monstruos, simplemente tipos comunes con poca moral y demasiado tiempo libre.
Fue entonces cuando lo vieron. Un hombre caminaba lentamente hacia ellos, su ropa empapada en sangre, sus ojos abiertos de par en par con una expresión de pura euforia. En sus manos, dos espadas de luz chisporroteaban con un resplandor mortífero.
—¡Oye, bastardo! ¿Qué mierd—?
El primero no pudo terminar la frase. En un instante, su cabeza rodó por el suelo, dejando un chorro de sangre que salpicó las paredes cercanas. Los otros apenas tuvieron tiempo de gritar antes de que la locura se desatara. Freed Sellzen se movía como una bestia rabiosa, riendo sin control mientras sus espadas atravesaban carne y hueso.
—¡Ja, ja, ja! ¿Dónde están vuestros rezos ahora, escorias? ¡Vamos, dadme un poco de emoción!
Uno de los hombres intentó huir, pero no llegó muy lejos. La espada de luz atravesó su espalda y salió por su pecho. Sus ojos se apagaron antes de que su cuerpo golpeara el suelo.
—Tsk, tsk, no pueden irse todavía, amigos —canturreó Freed, limpiando su rostro de una salpicadura de sangre con la manga—. ¡No hemos terminado de jugar!
Los dos últimos, temblando, suplicaban por sus vidas… pero Freed no los escuchaba.
—Hmm… —se llevó un dedo a los labios, fingiendo estar pensativo—. Dicen que la sangre de un cobarde es más dulce… ¡Vamos a comprobarlo!
El siguiente grito fue sofocado por una cuchillada en la garganta. Cuando todo terminó, Freed se quedó de pie en medio del callejón, rodeado de cadáveres. Respiraba agitadamente, pero no de cansancio, sino de éxtasis.
—Esto es... esto es demasiado divertido… —susurró, sintiendo cómo su pulso se aceleraba.
Pero la euforia se desvaneció al recordar su verdadero objetivo. Asia Argento. Apretó los dientes. No había olvidado el motivo por el cual aún estaba en aquella podrida ciudad.
—Tranquila, monjita. Pronto será tu turno.
Con una última carcajada, Freed desapareció en la noche, dejando tras de sí una escena que pronto llamaría la atención de los demonios de Kuoh.
XXXXX
El amanecer en Kuoh no trajo consigo la calma esperada. En su lugar, un velo de inquietud se cernía sobre la ciudad. En la sala de reuniones de la residencia Gremory, el ambiente era tenso. Rias estaba sentada en su sofá habitual, con una expresión sombría. A su lado, Sona se mantenía en pie, con los brazos cruzados, su semblante aún más severo de lo normal. Frente a ellas, Kiba, con el ceño fruncido, parecía contener su ira. Quien rompió el silencio fue Tsubaki, la reina de Sona, quien había llegado minutos antes con un informe urgente.
—Hemos recibido información de múltiples incidentes ocurridos durante la noche —comenzó, su tono meticuloso—. Cuerpos destrozados, heridas provocadas por armas de luz, y un nivel de brutalidad que indica un sadismo enfermizo.
Sona ajustó sus lentes y miró a su reina.
—¿Hay algo que lo relacione con Freed?
Tsubaki asintió.
—Varios testigos mencionaron haber visto a un hombre con características que coinciden con él. Además, la magia sagrada residual en los cuerpos es idéntica a la de sus armas.
Rias chasqueó la lengua.
—No esperaba menos de ese lunático… Pero dime, ¿quiénes fueron las víctimas?
Tsubaki dudó por un instante antes de responder.
—En su mayoría, humanos sin importancia en el mundo sobrenatural. Sin embargo… —hizo una pausa, midiendo sus palabras—, entre ellos hay dos clientes de confianza de la Casa Sitri y la Casa Gremory.
El aire en la habitación pareció volverse más pesado. Sona cerró los ojos un momento, reprimiendo la rabia que se acumulaba en su interior.
—¿Nombres?
—Señor Hiroshi Tanaka y la señorita Ayame Fujisawa.
Rias apretó los dientes. Ambos eran humanos con los que los demonios de Kuoh tenían acuerdos comerciales. Aunque no estaban al tanto de la verdadera naturaleza de sus aliados, su relación con ellos era valiosa.
—Este bastardo ha ido demasiado lejos —dijo Rias, con una furia contenida en su voz—. No solo está causando estragos en nuestro territorio, ahora ha cruzado una línea que no vamos a tolerar.
Sona asintió, su mirada afilada como una daga.
—No podemos ignorar esto. No podemos seguir esperando a que Namuri termine su investigación. Si seguimos dejando que Freed actúe a sus anchas, perderemos el control de la situación.
Rias se puso de pie, su energía demoníaca vibrando en el aire.
—Es hora de cazar a Freed Sellzen.
Sona miró a su Reina y luego a Rias.
—Llamemos a todos. Vamos a asegurarnos de que esta sea su última noche en Kuoh.
XXXXX
La tarde había comenzado en la ciudad. En un edificio abandonado, los ángeles caídos que habían trabajado con Raynare se reunieron por última vez. La atmósfera era tensa, pero no por preocupación, sino por la necesidad de tomar una decisión. Llevaban días sin noticias de Raynare, y aunque al principio intentaron buscarla, la creciente seguridad en la ciudad les dificultaba moverse sin levantar sospechas.
—Es suficiente —dijo Dohnaseek, cruzando los brazos—. Llevamos demasiado tiempo esperando señales de Raynare. No ha regresado y no podemos permitirnos seguir arriesgándonos.
Kalawarner asintió, apoyada contra la pared con gesto indiferente.
—No hay indicios de que siga en la ciudad. O está muerta o alguien la ha capturado. En cualquier caso, seguir esperándola es una pérdida de tiempo.
—Lo mismo con Asia Argento —intervino Mittelt, rodando los ojos—. La idea de quitarle su Sacred Gear era buena en su momento, pero ahora es un riesgo innecesario. Si alguna de nosotras intenta quedarse con él, eso solo generará una pelea interna. Y no estamos en posición de desperdiciar energía en eso.
Dohnaseek suspiró, resignado.
—Entonces lo mejor es separarnos y seguir adelante. Los demonios han aumentado su vigilancia, y si seguimos juntos, llamaremos más la atención.
Kalawarner sonrió con una mezcla de ironía y satisfacción.
—Cada uno por su cuenta, sin problemas. Mejor que seguir dependiendo de los errores de otros.
Mittelt soltó una pequeña risa.
—¿Y qué hacemos con Freed? ¿Alguien quiere quedarse con él?
Hubo un breve silencio antes de que todos negaran con la cabeza. Freed había demostrado ser cada vez más inestable, y su presencia solo aumentaba los riesgos. Estaba claro que no iba a cooperar con nadie, y si lo dejaban libre, eventualmente se convertiría en un problema... pero no uno suyo.
—Que haga lo que quiera —concluyó Dohnaseek con desdén—. Si se mete en problemas, no será nuestro problema. Olvidemos este desastre. Nos iremos esta misma noche.
Lo que no sabían era que, en las sombras, Freed Sellzen escuchaba cada palabra. Apoyado contra una pared con una sonrisa torcida, sus dedos jugueteaban con la empuñadura de su espada de luz. Sus ojos brillaban con un sadismo puro mientras susurraba para sí mismo:
—Así que planeais largaros y dejarme atrás, ¿eh? Bueno, bueno… eso no me gusta nada —dijo mientras hacía acto de presencia y desenfundaba sus armas.
Dio un paso al frente y desenfundó sus armas con un movimiento ágil y teatral.
—¡Buenas noches, cabrones alados! —exclamó con una risa maniaca mientras sus ojos brillaban con pura locura—. Justo cuando pensaba que no podía odiaros más… ¡decidís darme otra razón!
Los ángeles caídos se tensaron de inmediato, invocando sus lanzas de luz, pero Freed ya estaba sobre ellos. Se movía como un torbellino de cuchillas, riendo desquiciadamente mientras su espada de luz trazaba cortes limpios en la carne de sus desprevenidas víctimas y su pistola de luz dejaba ardientes agujeros en la carne de los seres antes sacros. Mittelt apenas tuvo tiempo de alzar su arma antes de que una de sus manos fuera cercenada.
—¡Aghhh! —gritó, tambaleándose hacia atrás con los ojos desorbitados.
Kalawarner intentó formar una lanza de luz, pero Freed le hundió su cuchillo en el abdomen antes de que pudiera reaccionar. La ángel caído dejó escapar un quejido ahogado cuando él retorció la hoja con puro deleite. Dohnaseek, el único con suficiente temple para reaccionar, arrojó su lanza con fuerza. Freed esquivó con facilidad, girando su cuerpo de manera antinatural antes de lanzarse sobre él con una sonrisa desquiciada.
—¡Vamos, vamos! ¡Muéstrame que al menos vales la pena matarte!
Dohnaseek logró recibirlo con un golpe, pero Freed no se detuvo. Con un giro de muñeca, le cortó el tendón de una pierna, obligándolo a arrodillarse con un grito de dolor. Mittelt y Kalawarner ya estaban en el suelo, desangrándose lentamente, pero Freed no les dio el lujo de una muerte rápida. Tomó su tiempo con cada una, cortando poco a poco mientras se deleitaba con sus gritos.
—Oh, qué sonidos tan hermosos hacen cuando sufren…
Mittelt intentó maldecirlo, pero solo pudo escupir sangre antes de que Freed hundiera su cuchillo en su cuello con un susurro juguetón. Kalawarner jadeó en agonía mientras él la observaba con una expresión extasiada.
—No me mires así —murmuró, dándole la puñalada final—. Sabías que esto podía pasar.
Dohnaseek, al ver el destino de sus compañeras, apretó los dientes y trató de levantarse, pero Freed le pisó la herida con fuerza.
—Ah-ah-ah, ni lo intentes —canturreó, agachándose a su lado—. Ahora, querido amigo, tengo una pregunta importante para ti… —Tomó su cuchillo y lo deslizó suavemente por su mejilla—. ¿Cómo se extrae un Sacred Gear de un humano sin matarlo? —Dohnaseek se quedó en silencio, respirando pesadamente—. Vamos, no te hagas el héroe —susurró Freed, hincando la punta del cuchillo en su brazo lentamente—. No es como si fueras a vivir mucho tiempo de todas formas.
El ángel caído trató de resistirse, pero Freed no tenía prisa. Lo torturó con una precisión que solo un verdadero sádico podía disfrutar, arrancándole gritos de sufrimiento puro. Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, Dohnaseek jadeó con lágrimas en los ojos y escupió las palabras que Freed esperaba escuchar.
—El… el Grimorio de Extracción… en la… iglesia abandonada… en los sótanos…
Freed sonrió de oreja a oreja.
—¡Eso era todo lo que quería saber!
Sin perder un segundo más, hundió su espada de luz en el pecho del ángel caído, retorciendo la hoja con un placer enfermizo. Cuando Dohnaseek finalmente dejó de moverse, Freed se puso de pie y sacudió sus manos manchadas de sangre con expresión satisfecha.
—Bueno, esto ha sido divertido —dijo con una risita—. Pero ahora tengo cosas que hacer y monjitas que visitar.
Tomó su chaqueta, limpió su arma con la tela de la ropa de sus víctimas y se alejó silbando una melodía alegre. El siguiente paso era claro: volver a donde tenía a Asia Argento y tomar lo que era suyo.
XXXXX
La luz de la luna se filtraba a través de las vidrieras rotas de la iglesia abandonada, proyectando sombras deformes sobre el suelo cubierto de polvo y escombros. La atmósfera estaba cargada con una energía inquietante, densa, casi opresiva. En el altar, el cuerpo de Asia Argento yacía inmóvil sobre una estructura improvisada con cadenas y runas de contención. Sus ojos, normalmente brillantes con inocencia y calidez, ahora reflejaban puro terror. Su cuerpo temblaba, no solo por el dolor, sino también por la sensación de vacío que comenzaba a consumirla desde dentro.
Freed Sellzen se encontraba de pie frente a ella, con una expresión de éxtasis retorcido en su rostro. Sus ropas estaban manchadas de sangre, aunque no era suya. En sus manos sostenía un dispositivo impregnado con energía sagrada, el mismo que había obtenido de los ángeles caídos. Era un instrumento diseñado para extraer Sacred Gears de sus portadores, una reliquia cuyo origen se perdía en los archivos más oscuros de la Iglesia.
—¡Ohhh, esto es maravilloso! —exclamó con una risa maníaca—. No sé exactamente cómo funciona, pero la forma en que tu energía se desgarra es simplemente hermosa.
Asia gimió de dolor, su voz apenas un susurro. Su cuerpo se arqueó cuando una oleada de energía sagrada atravesó su pecho, iluminando la iglesia con un resplandor dorado. Un símbolo resplandeciente flotó en el aire, proyectando una luz casi divina: Twilight Healing estaba siendo arrancado de su dueña.
—Vamos, vamos, solo un poco más… —murmuró Freed, con la lengua asomando de entre sus labios en una muestra grotesca de anticipación—. Cuando termine contigo, esta preciosidad será toda mía.
El resplandor dorado del Twilight Healing alcanzó su punto máximo, iluminando la iglesia abandonada con una luz cegadora. Asia Argento dejó escapar un último jadeo, su cuerpo estremeciéndose violentamente antes de quedar completamente inmóvil. Sus ojos, antes llenos de vida, quedaron abiertos en una expresión de vacío absoluto.
Freed Sellzen rió con un éxtasis desquiciado mientras la energía del Sacred Gear se fusionaba con su propio ser. Su piel hormigueaba con un placer indescriptible mientras el poder de la curación fluía dentro de él, deformado por su naturaleza corrupta.
—¡JAJAJAJA! ¡LO LOGRÉ! ¡ESTO ES INCREÍBLE! —gritó, su cuerpo brillando con un resplandor dorado enfermizo—. ¡ESTO ES PODER! ¡AHORA NI SIQUIERA NECESITO A ESOS PATÉTICOS ÁNGELES CAÍDOS!
La iglesia se estremeció de nuevo, pero esta vez no fue por el ritual. Una oleada de energía demoníaca oscura y abrumadora inundó el lugar cuando la gran puerta de la iglesia fue destrozada de una explosión. Las puertas de la iglesia se abrieron de golpe, arrancadas de sus bisagras por una fuerza brutal. Una oleada de energía oscura inundó el lugar, disipando el resplandor sagrado del ritual.
Freed entrecerró los ojos y sonrió con locura.
—¡Vaya, vaya, vaya! Justo a tiempo para la función final —se burló mientras se giraba para recibir a sus inesperados invitados.
Rias Gremory y Sona Sitri estaban en el umbral de la iglesia, con sus respectivos séquitos a su lado. Sus ojos recorrieron la escena con cautela: el altar destrozado, las marcas de energía sagrada aún flotando en el aire… y el cuerpo inerte de Asia Argento sobre el suelo.
El silencio fue absoluto.
Koneko se quedó helada, sus pupilas dilatándose por la sorpresa. Kiba frunció el ceño con furia contenida. Akeno ocultó momentáneamente su expresión bajo una sombra, pero la electricidad crepitó alrededor de su cuerpo con intensidad creciente.
Tsubaki Shinra, la Reina de Sona, entrecerró los ojos con un destello frío en su mirada. Su naginata apareció en su mano, lista para cortar al exorcista sin dudar. Momo Hanakai se cubrió la boca con una mano, horrorizada. No era una luchadora tan experimentada como los demás, pero incluso ella sabía que esto era un acto imperdonable. Reya Kusaka tragó saliva con dificultad. No apartaba la vista del cuerpo de la joven, sintiendo un nudo en la garganta. Tomoe Meguri desenfundó su katana con un destello de furia en sus ojos. No solía dejarse llevar por las emociones, pero aquello… aquello era demasiado. Sona fue la primera en comprender completamente la escena frente a ellos. Ajustó sus lentes con un gesto calculado, su rostro mostrando una calma peligrosa.
—…Le quitaste su Sacred Gear.
Freed, aún sumido en su éxtasis, se volvió hacia ellos con una sonrisa demente.
—¡Vaya, vaya, pero qué rápido lo captaste, presidenta Sitri! —exclamó con una risa burlona—. Aunque supongo que la cara de la santa muerta lo deja bastante claro, ¿no?
La expresión de Rias se tornó sombría. La energía a su alrededor comenzó a ondular con intensidad.
—Freed Sellzen… —su voz era un susurro de furia contenida—, tu miserable existencia finaliza hoy.
Freed alzó su espada de luz con una sonrisa temblorosa de pura emoción.
—¡Oh, vamos! ¿No van a felicitarme? ¡Esto es un gran logro! Ahora tengo mi propia Sacred Gear… y nadie va a detenerme.
Kiba desenfundó su espada en un solo movimiento, su mirada asesina clavada en el exorcista caído.
—Yo lo haré.
Sin más palabras, se lanzó al ataque, la batalla comenzó. Freed, con una sonrisa demente, esquivó con una agilidad antinatural, deslizándose hacia atrás y disparando con su pistola de luz. Kiba apenas tuvo tiempo de bloquear con su espada, sintiendo el impacto quemarle la piel incluso a través de su ropa.
—¡¿Pero qué…?! —murmuró el caballero de Rias, sorprendido por la velocidad y la puntería de Freed.
Antes de que pudiera reaccionar, Freed se movió con un impulso brutal, su espada de luz zumbando en el aire en un corte descendente. Kiba apenas logró dar un salto hacia atrás para evitarlo, pero el suelo donde había estado quedó marcado con una profunda grieta humeante.
—¡Vamos, vamos, muévanse más! ¡Hagan que esto sea divertido! —se burló Freed, su risa histérica resonando por toda la iglesia.
Tsubaki se adelantó con su naginata en posición, atacando con precisión. Freed bloqueó su golpe con facilidad, girando en un contraataque que casi corta su brazo.
—¡Cuidado! —gritó Tomoe, lanzándose con su katana en un intento de tomarlo por sorpresa.
Freed simplemente se rió y giró su cuerpo con gracia asesina, bloqueando el ataque de Tomoe con su espada de luz y disparando a quemarropa con su pistola. Tomoe apenas logró esquivar, pero una ráfaga de energía le rozó el hombro, quemándole la piel.
—¡Tsk! —se quejó, sintiendo el ardor punzante.
Momo intentó aprovechar la distracción para lanzar unas líneas mágicas de restricción, pero Freed se impulsó con una voltereta acrobática, evitando quedar atrapado.
—¡JA! ¿De verdad crees que esa mierda funcionará conmigo? —bramó, disparando en la dirección de Momo.
Momo y Reya conjuraron una barrera de energía justo a tiempo para desviar el disparo, pero el impacto las hizo retroceder con dificultad. Kiba, furioso, se lanzó nuevamente al ataque con velocidad extrema, pero Freed se movió con igual rapidez, enfrentándose a él en un intercambio feroz de espadas. Los chispazos de las armas iluminaban la iglesia en destellos frenéticos. Akeno, con una sonrisa oscura, elevó una mano y convocó una violenta descarga eléctrica.
—Veamos si sigues riendo después de esto.
Un rayo descendió con furia, impactando directamente contra él. Por un instante, el exorcista gritó de dolor, pero luego… sus heridas comenzaron a regenerarse ante sus ojos. La luz dorada del Twilight Healing cubrió su cuerpo, sanando cada herida en segundos.
—¡JAJAJAJAJA! ¡ESTO ES INCREÍBLE! —exclamó con locura—. ¡Puedo luchar todo lo que quiera y nunca perder!
Los demonios lo miraron con incredulidad.
—Esto es un problema… —murmuró Sona, su mente procesando la situación con rapidez.
—Es peor de lo que pensaba —añadió Rias—. Si puede curarse constantemente, nuestras posibilidades de derrotarlo disminuyen con cada minuto.
Kiba apretó los dientes. El combate se estaba volviendo desesperante. El enfrentamiento se prolongó, con los demonios atacando desde distintas direcciones. Kiba y Tsubaki lideraban los ataques cuerpo a cuerpo, presionando a Freed con una combinación de espadas y la naginata. Tsubaki giró su arma en un corte en diagonal, pero Freed se inclinó hacia atrás con una elasticidad imposible, evitando el golpe por centímetros.
—¡Tsk, maldita cucaracha! —gruñó Kiba, lanzando una estocada.
Freed bloqueó con su espada de luz y contraatacó de inmediato, obligándolo a retroceder. Desde la distancia, Akeno desató una lluvia de relámpagos, mientras que Reya y Momo lanzaban orbes de energía mágica para impedir que Freed tuviera tiempo de reaccionar. Pero el exorcista se movía como un demonio poseído, zigzagueando entre los ataques con una sonrisa demente en el rostro.
—¡VAMOS, SIGAN! ¡NO ES SUFICIENTE!
Saltó sobre una banca rota y disparó contra Akeno, quien apenas logró cubrirse con una barrera.
—¡No durarás mucho con ese truco, zorra! —se burló Freed.
De repente, Shinra creó un muro de espejos ilusorios, desorientando a Freed. El exorcista se detuvo por un segundo, parpadeando con confusión.
—¿Eh? ¿Qué mierdas…?
Kiba y Tsubaki aprovecharon la apertura para abalanzarse sobre él. Ambas armas impactaron en su torso. Por un instante, la sangre manchó el suelo de la iglesia, pero el Twilight Healing se activó de inmediato, cerrando las heridas en segundos.
—¡JAJAJAJA! ¡Qué idiotas! ¡No sirve de nada!
Con un rugido, liberó una onda de luz que obligó a Kiba y Tsubaki a retroceder. Freed jadeó por un momento, pero una vez más sus heridas se cerraron.
—Es… imparable —murmuró Tomoe, con un escalofrío en la espalda.
Sin embargo, Sona estaba observando todo con atención. Sus ojos se afilaron.
—No, no lo es. Mirad bien.
Los demonios fijaron su atención en Freed. El exorcista aún sonreía, pero su respiración se volvía irregular. Su piel, antes iluminada por el resplandor dorado del Twilight Healing, comenzaba a verse pálida y sudorosa. Su risa se entrecortó.
—¿Qué… qué demonios…?
Por primera vez en toda la batalla, parecía confundido. El Twilight Healing estaba tardando más en hacer efecto. Las heridas, que antes se cerraban en segundos, ahora apenas cicatrizaban lentamente. Akeno sonrió con frialdad.
—Así que… ese poder tiene un límite.
Freed apretó los dientes.
—¡NO, NO, NO! ¡FUNCIONA, PUTO DESGRACIADO! —Momo aprovechó su distracción para lanzar líneas de restricción, atrapando su brazo derecho—. ¡AH, MALDITO!
Kiba y Tsubaki no perdieron tiempo. En un destello, cortaron ambos costados de Freed, dejando profundas heridas. El exorcista gritó de dolor. Intentó moverse, pero sus fuerzas lo estaban abandonando. Intentó sanar… pero el Twilight Healing ya no respondía. Sona cruzó los brazos con calma.
—El Sacred Gear ya no tiene energía para seguir curándolo. Su regeneración tenía un límite, y lo ha agotado.
Freed, cubierto de sangre, jadeó pesadamente. Había perdido. Kiba se acercó, su espada lista para acabar con él.
—Se acabó, escoria.
El exorcista, con sus últimas fuerzas, intentó levantar su espada de luz, pero Kiba fue más rápido. Con un golpe certero, su hoja lo atravesó. Freed escupió sangre.
—Demonios de mierda… —susurró.
Y entonces, su cuerpo se desplomó, sin vida. El caos en la iglesia finalmente había terminado. Y justo después pasó algo que sorprendió a todos. Un brillo dorado, el Sacred Gear que Freed Sellzen había robado, salió de su cuerpo en una luz brillante. Con asombro, todos los demonios observaron cómo el Sacred Gear de aquella pobre joven volvía a ella, introduciéndose bajo su piel del mismo modo que había salido del exorcista.
—Asombroso —murmuró Shinra.
Akeno se acercó hasta la ex monja, agachándose para tomarle el pulso.
—Aún está viva —anunció la híbrida con asombro—. Está en las últimas, pero aún viva.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó Momo, su tono de voz mostrando pura incredulidad.
—Visto lo visto, quizás a su tipo de Sacred Gear. Sin duda es del tipo sanación, quizás por eso, a pesar de habérselo extraido, aún sigue viva.
Rias se acercó y miró el frágil cuerpo de la chica. El Twilight Healing estaba de vuelta en ella, pero ya no tenía energía para curarla. Asia seguía silencio llenó la iglesia mientras los demonios contemplaban el cuerpo de la joven ex monja. Su respiración era apenas perceptible, su piel pálida y su pulso débil. Incluso con el Twilight Healing de vuelta en su lugar, su cuerpo estaba demasiado dañado para que su propio Sacred Gear pudiera salvarla.
—No sobrevivirá —susurró Akeno con tono sombrío.
Rias cerró los ojos un instante, apretando los puños. Tenía que decidir rápido.
—Voy a reencarnarla —declaró con firmeza.
Sona, quien había estado observando con una expresión neutral, empujó sus lentes con un dedo.
—¿Estás segura de esto, Rias?
—Completamente —respondió sin dudar.
La heredera de la Casa Sitri miró a la moribunda monja con una leve fruncida de ceño.
—No quiero cuestionar tus decisiones, pero no puedes negar que esto es… inusual. Esa chica claramente era una monja. Incluso si fue excomulgada, su crianza y creencias podrían entrar en conflicto con nuestra naturaleza. ¿Realmente crees que aceptará ser un demonio?
Rias inspiró hondo.
—Lo sé, Sona. Pero no voy a dejar que muera. No después de lo que ha pasado.
—¿Por compasión? —Sona entrecerró los ojos—. ¿O por su Sacred Gear?
Hubo un breve silencio. Rias la miró de reojo antes de responder.
—Ambas cosas.
Sona no dijo nada de inmediato. En su interior, entendía el razonamiento de Rias. Twilight Healing era un poder increíblemente valioso, algo que cualquier facción desearía tener bajo su control. Sin embargo, conocía a Rias lo suficiente como para saber que su decisión no era meramente estratégica. La pelirroja se arrodilló junto a Asia, sacando una de sus piezas de ajedrez.
—No sé si ella querrá esto. Pero si no hago nada, morirá sin oportunidad de decidirlo por sí misma.
Los ojos de Sona reflejaron un dejo de respeto.
—Entonces hazlo.
Sin más dudas, Rias presionó su última pieza de Alfil contra el pecho de Asia y canalizó su poder.
—Tú, que has sido rechazada por el cielo y traicionada por los tuyos… renace como un demonio bajo mi mando.
El resplandor carmesí de la pieza envolvió a Asia, bañándola en luz demoníaca. La decisión había sido tomada.
XXXXX
Narumi comenzó su investigación en la noche siguiente a su reunión con Rias y Sona, tras recibir un informe preliminar con los datos básicos del caso, una investigación que le llevaría un total de tres días. Su primer paso fue reconstruir los eventos clave desde el ataque a Issei Hyödö hasta su desaparición. Siguiendo la información proporcionada por sus clientas, identificó el parque donde Issei había sido atacado en su cita con Raynare. Se aseguró de obtener grabaciones de vigilancia de la zona, aunque la falta de cámaras en algunos puntos complicó la recolección de evidencia visual directa. No obstante, entrevistas discretas con algunos residentes y un cuidadoso análisis de la escena le permitieron concluir que Issei había sido víctima de un ataque deliberado, con signos evidentes de una emboscada.
La siguiente fase de la investigación la llevó a examinar la rutina de Issei en los días posteriores al incidente. Confirmó que había regresado a casa, asistido a la escuela y mantenido contacto con sus amigos y padres. Sin embargo, también notó irregularidades en la vigilancia que varias facciones sobrenaturales habían comenzado a ejercer sobre él. Usando su red de informantes, detectó la presencia otras entidades, aparte de los demonios de Kuoh, rondando la zona durante esos días, aunque sin intervenciones directas.
Uno de los puntos clave fue el seguimiento de las comunicaciones en torno a Issei. Narumi accedió a registros que indicaban que la familia Hyödö había recibido una oferta para que Issei ingresara a un centro especial. La forma en que se realizó la comunicación y el nivel de discreción empleados levantaron sospechas en Narumi. Todo apuntaba a una organización con recursos y protocolos altamente estructurados, no algo propio de una simple academia privada.
Narumi también rastreó la desaparición de Raynare. Confirmó que no había muerto en el ataque que lanzó contra Issei y que, en cambio, había sido capturada. Al investigar más sobre su paradero, descubrió que Raynare no operaba sola. Se encontraba asociada con otros ángeles caídos y operaba desde un punto oculto en la ciudad. Sin embargo, dado que no había sido contratada para profundizar en ellos, se limitó a tomar nota de este hecho sin arriesgarse a más indagaciones.
Finalmente, su investigación la llevó a la última ubicación conocida de Issei antes de su desaparición definitiva. En esta fase, encontró un patrón en los protocolos de seguridad empleados en la extracción. Comparó estos hallazgos con bases de datos a las que tenía acceso y, tras un análisis detallado, concluyó que la organización detrás de todo era S.H.I.E.L.D. Aquello hizo que sus propias alarmas estallaran. Aquello ya era terreno sumamente pantanoso, y también muy peligroso. Con esta información en mano, Narumi preparó su informe Tenía bastante que contar a ambas herederas demoníacas.
La detective llegó al punto de encuentro a la hora acordada, media tarde. La base provisional en la que se encontraban Rias y Sona estaba ubicada en un edificio discreto en el centro de Kuoh, un sitio que los demonios usaban ocasionalmente para reuniones o como refugio temporal. A pesar de su apariencia común, estaba protegido con barreras mágicas que prevenían la intromisión de terceros.
Al entrar, la detective demoníaca fue recibida por Tsubaki, la reina de Sona, quien la escoltó hasta una sala privada. Rias y Sona la esperaban con semblantes serios, con la Reina Gremory tras ellas. Aún se estaban recuperando de la batalla contra Freed, la explicación e informe que tuvieron que hacer para el Consejo Demoníaco, y la adaptación de la ex monja al mundo demoníaco. Asia estaba aún sumamente delicada por todo lo acontecido, desde su casi muerte por extracción de su Sacred Gear a formar parte de la facción enemiga de la suya, o a la que antes pertenecía, por no olvidar que al ser demonio ya no podía rezar sin que le entrase un insoportable dolor de cabeza.
—Espero que tengas algo para nosotras —dijo Sona, ajustándose las gafas con gesto analítico.
Narumi se acomodó en el asiento frente a ellas, sacando una carpeta con documentos y fotografías que había reunido en su investigación. Desplegó el material sobre la mesa y comenzó a exponer sus hallazgos.
—Como acordamos, investigué la desaparición de Hyödö Issei —empezó, señalando una imagen de las cámaras de seguridad de la ciudad—. Como todas sabemos, Hyödö no murió aquella noche. De hecho, tras el ataque de Raynare, un grupo desconocido intervino. Al principio, pensé que se trataba de otra facción sobrenatural, pero al seguir las pistas, descubrí que se trataba de humanos. Humanos con recursos y con una capacidad de respuesta sorprendente.
Rias frunció el ceño y se inclinó hacia adelante, observando la imagen.
—¿Humanos? ¿Quiénes?
—S.H.I.E.L.D. —afirmó Narumi con calma, esperando la reacción de ambas líderes.
Las dos demonios intercambiaron miradas de confusión. Sona tomó la palabra.
—He oído sobre ellos. Una organización secreta de inteligencia y defensa de los humanos. Pero hasta donde sabía, no se involucraban con asuntos sobrenaturales.
—Eso pensaba yo también —continuó Narumi—, pero al parecer no es del todo cierto. Tienen medios para seguir ciertas actividades paranormales y, por lo que descubrí, intervinieron la noche del ataque porque Hyödö Issei despertó algo que les llamó la atención.
Rias sintió un escalofrío.
—¿Su Sacred Gear? —preguntó en voz baja.
—Probablemente. No pude averiguar cuál es, pero el interés de S.H.I.E.L.D. en él es claro. Desde aquella noche, lo han tenido bajo custodia, aunque su paradero exacto está completamente bloqueado. Intenté rastrearlo con métodos convencionales y mágicos, pero todas las señales llevan a un callejón sin salida. Han sido muy meticulosos en esconderlo.
Sona entrecerró los ojos.
—Si es así, entonces no hay forma de recuperarlo por la fuerza sin que se convierta en un problema mayor.
—Exacto —afirmó Narumi—. No tienen jurisdicción en el mundo sobrenatural, pero si se les provoca o sienten que se les amenaza, podrían considerarlo un acto hostil. No sabemos hasta dónde están dispuestos a llegar.
Rias se reclinó en su asiento con expresión preocupada.
—¿Y Raynare? ¿Qué descubriste sobre ella?
—Confirmé que no actuaba sola. Tenía un grupo de apoyo compuesto por otros ángeles caídos, aunque no están organizados de manera uniforme —ambas herederas se miraron de reojo, seguramente se trataba de aquellos ángeles caídos que Freed había eliminado—. Investigar demasiado sobre ellos habría complicado mi cobertura, así que no me arriesgué más allá de comprobar que están activos y que actualmente se han replegado tras la desaparición de Raynare.
Sona asintió.
—De hecho, están muertos. Un ex exorcista los mató, pero ya nos ocupamos de ese asunto.
—Perfecto pues, una duda menos —Narumi cerró la carpeta y miró a ambas con seriedad—. He hecho mi trabajo. Hyödö está con S.H.I.E.L.D., y el ángel caído Raynare seguramente también, bueno, casi totalmente segura. No sé qué harán con esta información, pero mi contrato termina aquí.
—Lo entendemos —dijo Rias con una leve sonrisa—. Y agradecemos tu trabajo. Ha sido más de lo que esperábamos obtener en tan poco tiempo.
Narumi asintió, se levantó y caminó hacia la salida.
—Si vuelven a necesitarme, ya saben cómo contactarme. Pero tengan cuidado. S.H.I.E.L.D. no es un enemigo que quieran hacer a la ligera.
Con esas palabras finales, la detective abandonó la sala, dejando a Rias y Sona meditando sobre sus siguientes pasos. Ahora sabían dónde, o más exactamente con quién estaba Hyödö. La habitación quedó sumida en un silencio pesado. Rias miraba fijamente el dosier sobre la mesa, sin tocarlo todavía. Sona, en cambio, tomó una de las fotografías de las cámaras de seguridad y la observó con detenimiento.
—S.H.I.E.L.D… —murmuró Rias, finalmente rompiendo el silencio.
—Esto complica las cosas —afirmó Sona, cruzando los brazos—. No estamos hablando de una facción sobrenatural con la que podamos negociar directamente. Se trata de humanos, y de los más organizados y peligrosos.
Rias apoyó un codo sobre el brazo de la silla y descansó la barbilla en su mano.
—Si fuera solo un grupo de cazadores o una orden eclesiástica, sabríamos cómo movernos. Pero S.H.I.E.L.D… No sabemos hasta qué punto entienden nuestro mundo ni qué harían si intentamos recuperar a Hyödö por la fuerza.
Sona suspiró, ajustándose las gafas con un brillo analítico en sus ojos.
—Tomaron a Hyödö porque quizás despertó su Sacred Gear, lo que significa que ya tienen conocimiento sobre su existencia y la consideran valiosa. Eso podría significar que no lo matarán ni lo dañarán… pero también significa que no lo dejarán ir fácilmente.
—Y si Raynare está con ellos, puede que sepan aún más de lo que imaginamos —añadió Rias con el ceño fruncido—. No podemos arriesgarnos a actuar precipitadamente.
La habitación se quedó en silencio tras las palabras de la hermana menor del Rey Demonio Lucifer.
—Rias… creo que deberíamos dejar esto aquí.
Rias levantó la mirada, sorprendida por la declaración de Sona.
—¿Qué?
La Sitri cruzó los brazos y la miró con firmeza.
—Ya escuchaste el informe. Hyödö está fuera de nuestro alcance. S.H.I.E.L.D. no es un enemigo con el que podamos lidiar sin consecuencias graves. Si seguimos investigando, solo lograremos atraer una atención no deseada.
Rias frunció el ceño.
—¿Entonces qué? ¿Solo lo dejamos ahí? ¿Olvidamos que existe?
—No estoy diciendo que lo olvides —Sona suspiró, ajustándose las gafas—. Pero seamos sinceras: no tienes ningún vínculo real con él. Ni siquiera has compartido una sola palabra desde que ingresó el año pasado a nuestra academia.
—Eso no importa —Rias agitó la mano, restando importancia—. Lo marqué como mi reencarnado, y Raynare me lo arrebató antes de que pudiera hacer algo.
—Rias… —Sona la miró con una mezcla de frustración y preocupación—. Esto no es como pelear contra ángeles caídos o exorcistas rebeldes. Es una organización humana con tecnología avanzada y recursos que ni siquiera podemos medir. No sabemos su agenda ni su límite de intervención en el mundo sobrenatural. No podemos darnos el lujo de arriesgarnos a una guerra con humanos que no comprendemos.
—No estoy hablando de declararles la guerra —rebatió Rias con dureza—. Pero no puedo simplemente dar la espalda a esto.
Akeno, que había estado en silencio hasta ahora, cerró los ojos y sonrió con su típico aire sereno.
—Ella tiene razón en que esto es peligroso… pero también es cierto que mi ama no es del tipo que abandona algo una vez que ha decidido hacerlo.
—Eso no es un argumento válido —bufó Sona.
—No, pero es la verdad —respondió Akeno—. Sabemos que si se convence de que algo es lo correcto, irá hasta el final.
—No es solo porque «quiera hacerlo» —intervino Rias con un tono más bajo, mirando la carpeta en la mesa—. Si han tomado a Hyödö es porque despertó un Sacred Gear especial. No sabemos cuál es ni por qué les interesa tanto, pero eso significa que, en sus manos, podrían utilizarlo para lo que ellos quieran.
Shinra, quien había permanecido en la sombra de la conversación, finalmente habló con un tono analítico.
—Eso también me preocupa. En la historia, los humanos han experimentado con Sacred Gears antes. Algunos lo han hecho para intentar potenciar sus propios guerreros, otros para intentar eliminar razas sobrenaturales. No sabemos qué quiere S.H.I.E.L.D. con él.
Sona cerró los ojos y respiró hondo.
—Y tampoco tenemos los medios para averiguarlo sin poner en riesgo todo.
—Eso no lo sabemos aún —intervino Rias—. No dije que actuaríamos de inmediato. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados.
Sona la miró por un largo momento. Finalmente, con un suspiro, se frotó el puente de la nariz.
—No hay manera de hacerte cambiar de opinión, ¿verdad? —Rias le sostuvo la mirada sin responder. Sona chasqueó la lengua, rindiéndose—. Bien. Pero si en algún punto esto se vuelve incontrolable, quiero que al menos me escuches antes de lanzarte de cabeza.
Rias le dedicó una pequeña sonrisa.
—Siempre escucho tus consejos, Sona.
—Otra mentira más —murmuró Sona, pero no insistió más.
Akeno sonrió con diversión, mientras que Shinra aún parecía preocupada. El asunto no estaba cerrado, ni mucho menos resuelto. Pero ahora, al menos, sabían cuál sería el siguiente paso: información.
XXXXX
Issei Hyōdō llegó a la base de S.H.I.E.L.D. en Tokio al mediodía, convocado sin demasiadas explicaciones. El viaje hasta allí no había sido particularmente largo, pero la incertidumbre lo mantenía inquieto. Lo hicieron esperar un rato en una sala sin ventanas, donde solo un reloj marcaba el paso del tiempo. Finalmente, un agente lo escoltó hasta una sala de reuniones amplia, iluminada por una luz blanca fría que caía desde el techo.
Esperándolo en la mesa estaban Nick Fury y Hajime Arakawa, los dos Directores de la división japonesa de S.H.I.E.L.D., con sus miradas calculadoras fijas en él. También estaban Magnus y Christina, los dos agentes que más lo habían acompañado en su entrenamiento, junto a tres personas que no conocía tan bien pero que habían estado involucradas en los estudios sobre su Sacred Gear: los doctores Khatun, Griffin y Müller.
—Siéntate, recluta Hyōdō —dijo Fury, con su tono severo habitual.
Issei tragó saliva y se dejó caer en la silla. Supo en ese momento que lo que estaban a punto de decirle no sería cualquier cosa. El silencio que siguió a la orden de Fury pesó en el aire. Issei se removió en su asiento, incómodo por las miradas que le lanzaban. No era la primera vez que se sentía examinado por ellos, pero esta vez era diferente. Había algo más denso, más serio en la atmósfera de la sala. Hajime Arakawa, el anciano director de la rama japonesa de S.H.I.E.L.D., fue el primero en hablar.
—Hyōdō Issei —dijo con voz grave—. Llevas casi una semana bajo nuestra supervisión. Hemos analizado tus capacidades, hemos puesto a prueba tu Sacred Gear y, después de múltiples evaluaciones, hemos determinado exactamente qué es lo que posees.
Issei parpadeó.
—¿Mi… Sacred Gear? —repitió, notando cómo se le secaba la boca.
—Sí —afirmó la doctora Müller. Su tono era preciso, científico, pero no frío—. Como sabes, existen muchas variantes de estos artefactos. Algunos son puramente ofensivos, otros de soporte, y otros… están en una categoría completamente distinta.
—El tuyo —intervino el doctor Griffin— es uno de estos últimos.
Issei sintió que algo le pesaba en el pecho. Magnus le lanzó una mirada intensa.
—Escucha bien, Hyōdō —dijo—, porque esto no es algo que puedas tomarte a la ligera.
La tensión en la sala aumentó. Christina, que solía mostrarse más relajada en comparación con Magnus, también tenía el ceño fruncido. Fue entonces cuando Nick Fury apoyó ambas manos sobre la mesa y habló con su voz inconfundible.
—Tienes en tu interior la Boosted Gear.
Las palabras no significaron nada para Issei en un principio. Parpadeó un par de veces, esperando alguna otra explicación.
—¿La… qué? —preguntó, con el ceño fruncido.
—Boosted Gear —repitió el doctor Khatun, como si eso debiera ser suficiente.
Viendo su confusión, Müller exhaló con paciencia y abrió un dossier en la mesa, girándolo para que él pudiera ver su contenido. Era un informe extenso con imágenes, diagramas y referencias a textos antiguos. En una de las páginas, pudo ver una imagen de un enorme dragón rojo de ojos esmeralda, rugiendo con furia en medio de llamas.
—Tu artefacto —continuó Müller— es uno de los Trece Longinus.
Issei sintió un escalofrío.
—Espera… ¿Los qué?
—Longinus —intervino Christina, con tono serio—. Un grupo de trece Sacred Gears de nivel supremo, capaces de matar incluso a los dioses.
Silencio absoluto. Issei sintió que su corazón daba un vuelco.
—D-De acuerdo, esperen un momento… —levantó las manos, intentando procesar lo que acababan de decirle—. ¿Están diciéndome que tengo un arma en mi cuerpo que puede… matar dioses?
—Sí —afirmó Arakawa sin rodeos.
—Pero eso es ridículo —se rió nerviosamente Issei—. No puede ser cierto.
—Lo es —interrumpió Magnus, con dureza—. Lo hemos confirmado con cada prueba.
Müller señaló un escaneo con lecturas de energía.
—Tu Boosted Gear tiene la habilidad de duplicar tu poder cada diez segundos mientras esté activada. En teoría, si la usas sin restricciones, podrías llegar a niveles que superan con facilidad a la mayoría de los seres sobrehumanos existentes.
—Pero no solo eso —agregó Griffin, entrelazando los dedos sobre la mesa—. Dentro de tu Sacred Gear habita el alma de un Dragón Celestial.
Issei sintió que el mundo se le iba de las manos.
—¿¡QUÉ?!
Las imágenes del dragón rojo en el dossier parecían quemarse en su retina.
—La Boosted Gear alberga el espíritu de Ddraig, uno de los dos dragones más poderosos en la historia del mundo sobrenatural —explicó Müller—. Se le conoce como el Dragón Emperador Rojo, un ser tan fuerte que incluso los dioses lo temían.
Issei estaba completamente en shock. Aquello no tenía sentido. Él era un simple estudiante de secundaria. Alguien sin habilidades especiales, sin linaje poderoso. ¿Cómo demonios se suponía que él tenía algo así dentro de su cuerpo? Christina notó su expresión perdida y suspiró.
—Sí, sabemos que es difícil de creer. Pero te aseguro que no hay duda alguna.
—Tu Sacred Gear ha sido rastreado en el pasado —añadió Arakawa—. Otros lo han portado antes que tú. Y ahora… es tuyo.
—Lo que significa —continuó Fury, cruzando los brazos— que, te guste o no, eres un jugador clave en el tablero mundial, y seguramente universal.
Issei sintió un sudor frío recorrerle la espalda.
—Pero… —tragó saliva— yo no pedí esto.
—Nadie elige qué poder hereda —dijo Magnus con severidad—. Lo importante ahora es lo que vas a hacer con él.
El joven estudiante se cubrió la cara con las manos, intentando asimilarlo todo. Era demasiado. Primero los ángeles caídos. Luego ser arrastrado al mundo sobrenatural. Y ahora… eso. Sintió una risa seca en su garganta, una completamente carente de humor.
—Así que… ¿se supone que debo aceptar que llevo un dragón asesino de dioses dentro y que ahora tengo que entrenar para no explotar o algo así?
—Básicamente —resumió Christina.
Issei dejó caer los brazos, mirando al techo con incredulidad.
—Mierda…
Nadie lo contradijo.
—Entonces… ¿qué significa esto para mí?
—Que ahora tienes una responsabilidad enorme —respondió Magnus, apoyando los codos sobre la mesa—. El poder de la Boosted Gear es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Puede hacerte más fuerte de lo que jamás imaginaste, pero también puede matarte si no lo controlas.
Christina lo miró directamente a los ojos.
—Si no aprendes a usarlo, terminarás destruyéndote a ti mismo.
Esas palabras hicieron que un escalofrío le recorriera la espalda. Issei bajó la mirada. Nunca había pensado en sí mismo como alguien fuerte. Siempre había sido un tipo común y corriente, alguien que apenas sobresalía en algo. Y ahora le decían que tenía dentro de sí un poder tan grande que podía acabar con su propia vida si no lo manejaba bien.
—Esto es demasiado… —murmuró, cerrando los puños.
Magnus y Christina intercambiaron miradas antes de que él continuara.
—Es mucho, sí. Pero no estás solo. Aquí estamos para asegurarnos de que aprendas a manejarlo.
—No te estamos diciendo que vayas a convertirte en un maestro del día a la noche —añadió Christina—, pero necesitamos que entiendas lo que esto significa. Ya no eres un chico cualquiera.
Las palabras golpearon a Issei como un peso sobre sus hombros. Hasta hacía poco más de dos semanas, su mayor preocupación era si alguna vez tendría novia. Ahora, su vida era completamente distinta, y lo que tenía dentro de sí cambiaba todo.
—Así que… ¿qué debo hacer?
El peso de la revelación seguía cayendo sobre Issei como una losa. Magnus y Christina habían hecho un buen trabajo explicándole lo que significaba poseer la Boosted Gear, pero todavía había muchas preguntas sin respuesta. Fue entonces cuando Hajime Arakawa, el Director japonés, decidió hablar.
—Es cierto que ahora cargas con una gran responsabilidad, Hyōdō —dijo con su voz pausada y medida, la de alguien que había visto y vivido demasiado—. Pero no debes dejar que el miedo te paralice. No eres el primero en portar un Longinus, y tampoco serás el último —El anciano apoyó una mano sobre la mesa y continuó—. Lo que importa no es lo que llevas dentro, sino lo que harás con ello.
Issei alzó la mirada.
—¿Y qué esperan que haga?.
El Director de S.H.I.E.L.D. cruzó los brazos tras su espalda.
—Tu poder es demasiado grande para dejarlo sin control. Ya sea que decidas quedarte con nosotros o no, necesitas aprender a manejarlo. Porque si no lo haces, te garantizo que hay otros allá afuera que estarán encantados de aprovecharlo en tu lugar.
Issei sintió un escalofrío. No hacía falta ser un genio para entender a qué se refería. Si su Sacred Gear era tan importante, no solo S.H.I.E.L.D. lo querría. Demonios, ángeles caídos, quien fuera que supiera lo que tenía dentro podría intentar usarlo para sus propios fines.
—No queremos que te conviertas en un arma —intervino el docctor Khatun, con un tono más amable que el de Fury—. Pero sí queremos que seas capaz de defenderte y de tomar decisiones con conocimiento.
—Por eso hemos estado analizando tu Sacred Gear desde que lo despertaste —agregó la doctora Müller, con su característico acento alemán—. Sabíamos que era de refuerzo, pero hasta hoy confirmamos que era la Boosted Gear.
—Hemos recopilado información sobre los usuarios anteriores —continuó el doctor Griffin—. Aunque cada portador la ha desarrollado de manera distinta, hay patrones comunes. Y lo primero que necesitas aprender es a controlar los aumentos de poder para que no terminen dañándote.
—Por ahora, nuestro enfoque será hacer que te familiarices con su activación —dijo Müller—. No queremos que llegues a un punto donde tu propio poder te consuma.
Issei asintió lentamente, tratando de asimilar todo.
—Así que… lo primero es aprender a controlarlo.
—Exactamente —respondió Arakawa—. Tienes tiempo, pero no tanto como crees. El mundo sobrenatural no se va a detener solo porque estás aprendiendo.
Hubo un silencio breve, en el que Issei intentó ordenar sus pensamientos. Hasta que, de repente, el doctor Griffin murmuró algo sin pensar.
—Si hubiera despertado ese poder antes, quizás habría podido salvar a toda esa pobre gente de su pueblo.
El aire pareció congelarse en la sala. Issei sintió que su cuerpo se tensaba de inmediato. Sus manos se cerraron en puños.
—¿Qué dijiste? —su voz temblaba, pero no de miedo.
Griffin parpadeó, como si apenas hubiera procesado lo que acababa de decir. Fury cerró el ojo por un instante, sabiendo que la situación estaba a punto de complicarse. El silencio en la sala era denso, cargado de tensión. Issei sentía un nudo de furia en el pecho, algo hirviendo dentro de él que nunca antes había sentido de esta manera. Se puso de pie de golpe, clavando su mirada en el científico.
—¿Sabíais lo que estaba pasando en Kuoh? —su voz tembló, pero no de miedo, sino de indignación—. ¿Sabíais que había gente muriendo y no hicisteis nada? —Los científicos bajaron la mirada. Nadie respondió de inmediato—. ¿Qué clase de protectores de la humanidad sois? —soltó, con una mezcla de ira y desesperación—. No me digáis que no lo sabíais, porque claramente lo sabíais.
Su respiración era agitada, sus puños temblaban de rabia. Sentía su corazón latir con fuerza, y con cada latido, el peso de la impotencia se hacía más insoportable. Pero Fury no se inmutó. Lo dejó hablar, desahogarse. Se mantuvo en pie, con la mirada fija en él, esperando a que terminara. Finalmente, cuando Issei pareció quedarse sin palabras, el Director de S.H.I.E.L.D. tomó aire y habló, con ese tono firme que no admitía rodeos.
—No somos dioses, recluta Hyōdō. Nos equivocamos, igual que cualquiera.
Issei se quedó helado. No esperaba una respuesta tan directa.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —preguntó con incredulidad—. ¿Solo un «nos equivocamos»? ¿Eso basta para las familias que perdieron a sus seres queridos?
Fury sostuvo su mirada.
—No, no basta —admitió—. Y no tiene por qué bastarte a ti tampoco. Pero la realidad es esta: no podemos estar en todas partes. No podemos evitar todas las tragedias.
—Serás…
Fury pudo leer en la cara de Issei sus pensamientos, así que se cruzó de brazos antes de continuar.
—Tienes dos opciones, Hyōdō. Puedes seguir quejándote de lo que no hicimos, o puedes ayudarnos a asegurarnos de que no vuelva a pasar. ¿Cuál va a ser?
Issei sintió un escalofrío. No porque Fury lo estuviera intimidando, sino porque el hombre hablaba con una convicción inquebrantable.
—¿Crees que me gusta no haber hecho nada? —continuó Fury—. No. Pero si tú hubieras estado con nosotros antes, tal vez las cosas habrían sido diferentes. La razón por la que buscamos gente como tú es porque necesitamos a gente capaz que nos ayude a llegar a los lugares que no alcanzamos actualmente.
Hubo un nuevo silencio. Issei quería discutir, quería gritar, pero no podía. Había algo en esas palabras que se clavaban en él como agujas. Fue entonces cuando Magnus, que había estado callado hasta ahora, decidió intervenir.
—Sé lo que sientes, Issei —dijo con tono serio—. Yo también me frustré cuando me di cuenta de que S.H.I.E.L.D. no podía salvar a todos. Cuando comprendí que había lugares a los que simplemente no llegábamos a tiempo.
Issei lo miró, aún con el ceño fruncido.
—¿Y qué hiciste?
Magnus suspiró.
—Aprendí a centrarme en lo que sí podía hacer.
Christina asintió, uniéndose a la conversación.
—Podemos pasarnos la vida lamentando lo que no hicimos, o podemos usarlo como combustible para actuar en el futuro.
Issei sintió que algo dentro de él se removía. No quería aceptarlo, pero había verdad en sus palabras. Su rabia no desapareció, pero la semilla de algo más había sido plantada. No podía cambiar el pasado. Pero tal vez, solo tal vez, aún podía cambiar el futuro. El silencio en la sala se hizo insoportable. Issei aún tenía los puños cerrados con fuerza, la respiración entrecortada, los ojos brillando con una mezcla de rabia e impotencia. No podía quitarse de la cabeza las palabras que se habían escapado de la boca de uno de los científicos.
"Si hubiese despertado ese poder antes, quizás habría podido salvar a toda esa pobre gente de su pueblo."
Apretó la mandíbula y clavó la mirada en los presentes.
—¿Qué pasó en Kuoh después de mi marcha? —preguntó, con la voz tensa.
Hubo un intercambio de miradas entre los directores y los científicos. Finalmente, Arakawa suspiró y asintió.
—Hace casi una semana se empezaron a encontrar cadáveres en la ciudad. Humanos —Issei sintió un escalofrío recorrer su espalda—. Al principio eran desapariciones aisladas, pero luego… los cuerpos comenzaron a aparecer —continuó Magnus, con un tono medido—. SHIELD había estado monitoreando la actividad sobrenatural en la zona, pero cuando la situación escaló, nuestras fuentes confirmaron que se trataba de asesinatos.
Issei sintió una presión en el pecho.
—¿Cuántas personas?
—Demasiadas —respondió Christina, con un deje de pesar en la voz.
La mente de Issei se nubló.
—¿Y quién lo hizo? —preguntó con un hilo de voz.
—Freed Sellzen —dijo Arakawa—, un exorcista renegado. Y no estuvo solo. Los ángeles caídos que operaban en Kuoh también dejaron su rastro de sangre antes de desaparecer.
Issei sintió su estómago revolverse.
—¿Por qué nadie hizo nada?
—Las herederas de los clanes Sitri y Gremory sí lo hicieron —intervino Magnus—. Investigaron, trataron de detener la matanza, pero cuando finalmente actuaron, el daño ya estaba hecho.
Issei se pasó una mano por el rostro, tratando de ordenar sus pensamientos.
—¿Por qué me están diciendo esto ahora? —murmuró.
—Porque debes entender la responsabilidad que conlleva el poder que tienes —respondió Fury, cruzándose de brazos—. La Boosted Gear no es un simple artefacto. Es una de las Trece Longinus, armas capaces de matar a dioses. Y tú eres su portador.
Issei levantó la vista lentamente.
—Entonces… ¿qué se supone que haga ahora?
Magnus apoyó las manos en la mesa y lo miró con seriedad.
—Tienes dos opciones. Puedes quedarte atrapado en el pasado, lamentándote por lo que no pudiste hacer. O puedes mirar hacia adelante y decidir qué harás con este poder.
Issei tragó saliva.
—¿Entrenar?
Christina asintió.
—No solo entrenar. Aprender a manejar tu poder, a controlarlo, a hacer algo con él. Ya no eres solo un chico cualquiera. Eres el portador de un poder que puede cambiar el rumbo de una batalla.
—Y en este mundo —añadió Fury—, las batallas nunca terminan.
El silencio se prolongó unos segundos. Luego, Issei respiró hondo y asintió.
—Quiero aprender.
Fury sonrió levemente.
—Buena respuesta.
Issei seguía sintiendo el peso de la conversación en su pecho, pero había tomado una decisión. Quería aprender. Quería entrenar. No podía cambiar el pasado, pero sí podía asegurarse de que nunca más se repitiera algo así. Magnus intercambió una mirada con Christina y luego con Fury antes de hablar.
—Bien, ahora que estás dispuesto, necesitamos un plan claro para ti. No podemos descuidar el entrenamiento que ya estás recibiendo, pero tampoco podemos ignorar lo que has despertado.
Issei frunció el ceño.
—¿Eso significa que voy a tener que dividir mi entrenamiento?
—Exacto —asintió Christina—. Ya estabas mejorando en combate, pero ahora hay una nueva variable: tu Sacred Gear. No puedes simplemente esperar a que se active en medio de una pelea. Necesitas aprender a llamarla, a controlarla y a potenciarla.
—Por eso —continuó Magnus—, mantendrás tu entrenamiento de combate tal como estaba planeado, pero añadiremos sesiones especializadas para desarrollar tu Boosted Gear.
—¿Cómo se supone que haga eso?
Fury intervino.
—Tenemos contactos con expertos en Sacred Gears. No trabajan para SHIELD, pero tienen experiencia en esto. Organizaremos encuentros para que aprendas de ellos.
Issei parpadeó.
—¿O sea que voy a conocer a más usuarios de Sacred Gears?
—No solo usuarios —respondió Magnus con una sonrisa leve—. Personas que han estudiado estas armas durante años.
Issei sintió un cosquilleo de emoción mezclado con nervios.
—¿Y cuánto tiempo tengo antes de empezar?
Christina cruzó los brazos.
—Desde mañana mismo.
Issei exhaló, asimilando todo lo que venía. No sería fácil, pero si eso le ayudaba a proteger a quienes lo rodeaban, entonces no tenía dudas.
—De acuerdo —dijo finalmente—. Estoy listo.
Fury asintió con satisfacción.
—Entonces, prepárate, recluta Hyōdō. Porque las cosas solo se pondrán más difíciles a partir de ahora.
Me lo han preguntado por privado, así que vuelvo a explicarlo: no, la otra historia crossover no está abandonada, simplemente no tengo inspiración para continuarla, y prefiero no tocarla a forzarme a hacerlo sin estar inspirado, porque el resultado casi siempre es lamentable.
Ahora los comentarios:
Dillan97: por ahora tienes que olvidarte de ese tipo de interacciones, por el momento cada quién sigue en su "mundo". Tampoco tengo nada establecido en cuanto al romance, simplemente estoy dejando que todo fluya, y ahora mismo hay cosas más importantes que el romance. No tengo muy claro si Issei tendrá un equipo, una pareja o si irá solo en las misiones. Como he dicho, por ahora estoy más centrado en el momento actual. Cuando avance lo suficiente iré tomando decisiones sobre todos esos aspectos que comentas.
Y sin más que decir, me despido.
¡Nos leemos!
