Yo no sabía que clase de monstruo seria el doctor Espino, pero rápido si que era.

Tal vez podría defenderme si lograba activar mi escudo. Solo tenías que apretar el botón de mi reloj. Ahora bien, proteger a los Di Angelo era otra cosa. Para eso necesitaba ayuda, y solo se me ocurría una manera de conseguirla.

Cerré los ojos.

-¿Qué haces, Jackson?-pregunto Espino.-¡Muevete!-

Abrí los ojos y solté un suspiro de derrota.

-Me arde la herida del hombro.-

-¡Bah! Mi veneno hace daño, pero no mata. ¡Camina!-

Nos condujeron hasta el exterior mientras yo me esforzaba en concentrarme. Imagínense la cara de Grover; Pensé en la sensación de peligro. El verano pasado, Grover había creado entre nosotros una conexión por empatía, la cual servía para avisarnos por si quirúrgica algún problema.

¡Grover!-pensé.-¡Espino nos tiene secuestrados! ¡Ayúdame! ¡Estoy con los Di Angelo!

Espino nos guiaba hacia los bosques. Tomamos un camino nevado que apenas alumbraban unas farolas antiguas. Me dolía el hombro. El viento era tan helado que sentía como si me clavasen dagas en todo el cuerpo.

-Hay un claro mas adelante.-dijo Espino.-Allí esperaremos a su vehículo.-

-¿Que vehículo?-pregunto Bianca.-¿A donde nos lleva?-

-¡Cierra la boca, maldita niña!-

-No le hable así a mi hermana.-dijo Nico. Le temblaba la voz, pero admira su valentía para replicar.

El doctor soltó un horrible gañido. Eso ya no era humano. Me puso los pelos de punta, pero seguí caminando.

-Alto.-dijo Espino.

El bosque se abriría de repente. Habíamos llegado a un acantilado que se encaramaba sobre el mar. Oía el batir de las olas y notaba el olor de su espuma salada, aunque lo único que veía realmente era niebla y oscuridad.

El doctor nos empujo hacia la frontera. Yo tropecé y Bianca me sujeto.

-Gracias.-murmuró.

-¿Que es este Espino?-murmuro.-¿Podemos luchar con el?-

-Yo si puedo, pero ocupo que se distraiga para poder atacarlo.-

-¿Te puedo ayudar?-pregunto Bianca con un ligero temblor en su voz.

-No te voy a poner en peligro, mi misión es salvarte, no arriesgarte.-le conteste en un susurro.

-Tengo miedo.-mascullo Nico.

-¡Basta de charla!-dijo Espino.-¡Miradme!-

Nos dimos la vuelta.

Ahora sus ojos bicolores relucían con avidez. Saco algo de su abrigo. Al principio creí que era una navaja automática. Pero no. Era solo un teléfono móvil. Presiono el botón lateral y dijo:

-El paquete ya esta listo para la entrega.-

Se oyó una respuesta confusa y entonces me di cuenta de que hablaba en modo walkie-talkie.

Eche una ojeada a mi espalda, tratando de calcular la magnitud de la caída.

-¡Eso es, hijo de Poseidón! ¡Salta! Ahí está el mar. Salvate.-

-¿Como te ha llamado?-murmuro Bianca.

-Ahora no es el momento para eso, luego te digo.-le dije.

-Tienes un plan, ¿no?-

-Mas o menos, el problema es que es un plan suicida.-susurre.

-Yo te mataría antes de que llegues al agua.-dijo el doctor Espino.-Aun no has comprendido quién soy, ¿verdad?-

Hubo un parpadeo a su espalda, y otro proyectil salió disparado hacia mí, con la poca fuerza que me quedaba moví la cabeza a un lado, esquivando una espina por los pelos. Entonces comprendí, lo que lanzaba las espinas no era alguien más, si no, muy probablemente, una cola.

-Sigues siendo muy bueno, Jackson.-dijo Espino.-Me encantaría matarte.-

-Por desgracia.-prosiguió.-Los quieren vivos. Si no fuera así...-

La amenaza se quedó al aire.

-¿Quien nos quiere vivos?-replico Bianca.-Porque si quiere un rescate, va ha quedarse con las ganas. Nosotros no tenemos familia. Nico y yo... solamente nos tenemos el uno a otro.-

-Aja. No se preocupen, mocosos. Enseguida conocerán a mi jefe. Y entonces tendrán otra familia.-

-Luke.-intervine.-Trabajas para Luke.-

La boca de Espino se retorcio con repugnancia en cuanto pronuncia el nombre de mi viejo enemigo: un antiguo amigo que ya había intentado matarme varias veces.

-Tu no tienes ni idea de lo que ocurre, Perseus Jackson. El General te informará como es debido. Esta noche vas a hacerle un gran servicio. Esta deseando conocerte.-

-¿El General?-pregunte.-¿Quien carajos es el General?-

Espino mira el horizonte.

-Ahí está. Su transporte.-

Me di media vuelta y vi una luz a lo lejos: un reflector sobre el mar. Luego me llego el sonido de las hélices de un helicóptero.

-¿A dónde nos va a llevar?-

-Vas a tener un gran honor, amiguito. ¡Eras un poder sumarte a un gran ejercito!-

-Ese ejercito puede metérselo...-

-Eh, eh, eh...-dijo Espino con tono autoritario.-Cambiaras de opinión, muchacho. El Gran Despertar está en marcha. Y tu formaras parte de el, y si no... bueno hay muchas bocas monstruosas que alimentar.-

-¿El Gran Despertar?-pregunte. La cosa era distraerlo para poder atacarlo.

-El despertar de los monstruos.-explico el con una sonrisa malvada.-Los peores, los más poderosos están despertando ahora. Monstruos nunca vistos por milenios que causan la muerte y destrucción de un modo desconocido para los mortales. Y pronto tendremos lo más importante de todos: el que provocara la caída del Olimpo.-

-Vale.-me susurro Bianca.-Este esta loco.-

No pude responderle, porque justo en ese momento una fuerza invisible me empujo.

Vista retrospectivamente, la jugada de Annabeth fue... buena, por decir algo. Con su gorra de invisibilidad puesta, embistió contra los Di Angelo y contra mi al mismo tiempo, derribándonos al suelo, lo cual pillo por sorpresa al doctor Espino y lo dejo paralizado durante una fracción de segundo. Thalia y Grover avanzaron entonces desde atrás: Thalia empuñaba a Egida , su escudo mágico.

Si nunca has visto a Thalía entrando en combate, no sabes lo que está en peligro en serio. Para empezar, tiene una lanza enorme que se expande a partir de un pulverizador de defensa personal que lleva siempre en su bolsillo. Pero lo que de verdad intimida es su escudo: un escudo trabajado como el que usa su padre Zeus, obsequio de Atenea. En su superficie de bronce aparece en relieve la cabeza de Medusa, la Gorgona, resulta tan espantosa que la mayoría se deja ganar por el pánico y echa a correr nada más verla.

Hasta el doctor Espino hizo una mueca y se puso a gruñir cuando la tuvo delante.

Thalía ataca con su lanza en ristre.

-¡Por Zeus!-

Yo creí que Espino estaba perdido; Thalía le había clavado la lanza en la cabeza. Pero el soltó un rugido y la aparto de un golpe. Su mano se convirtió en una garra naranja con unas uñas enormes que soltaban chispas a cada arañazo que le daba al escudo de Thalía. De no ser por la Egida , mi amiga habría acabado hecha rodaja. Gracias a su protección, consiguió rodar hacia atrás y caer de pie.

El doctor le lanzó otra descarga de proyectiles a Thalía y si, mi superstición había sido correcta, Espino poseía una cola. Una cola curtida como la de un escorpión, con una punta erizada de pinchos. La Egida desvió la andada, pero la fuerza del impacto derribo a Thalía.

Grover se adelanta de un salto. Con sus flautas de junco en sus labios, se puso a tocar una tonada frenética. Ante la sorpresa general, empezó a surgir hierba entre la nieve y, en unos segundos, las piernas de Espino quedaron enredadas en una maraña de hierbas horribles como una soga.

Espino soltó un rugido y comenzó a transformarse. Fue aumentando de tamaño hasta adoptar su verdadera forma, con un rostro todavía humano pero con el cuerpo de un enorme león. Su cola afilada disparaba espinas mortíferas en todas direcciones.

-¡Una mantícora!-exclamo Annabeth, ya visible. Se le había caído su gorra mágica de los Yankees, cuando nos tiro al suelo.

-¿Quienes son ustedes?-pregunto Bianca.-¿Y que es esa cosa?-

-Una mantícora.-respondió Nico, jadeando.-¡Tiene un poder de ataque de tres mil y cinco tiradas de salvación!-

Yo no entendía que decía, pero tampoco tenia tiempo de preguntárselo. La mantícora había desgarrado las hierbas mágicas de Grover y se regresó ya hacia nosotros.

-¡Al suelo!-grito Annabeth, derribando a los Di Angelo sobre a nieve.

La mantícora lanzó un ataque de pinchos directo a nuestra ubicación, vi de reojo como Annabeth y los hermanos Di Angelo cerraban los ojos, esperando el ataque mortal de la mantícora.

Respire hondo y sin pensarlo dos veces, de un salto me interpuse entre las espinas del doctor Espino y mis amigos.

-¡Aghh!-solté un quejido de dolor, al sentir los pinchos atravesando la carne de mi cuerpo.

La sangre salió de mi boca, mientras tosía. Caí de rodillas al suelo, herido de gravedad. Un charco de sangre se empezó a formar en la blanca nieve.

-¡Percy!-grito Annabeth con miedo.

-¡Peeercy!-escuche gritar a Grover.

-¡Percy!-Thalia exclama con fuerza.

Escuche las malvadas carcajadas del doctor Espino.

-¡Ríndanse!-rugió el monstruo.

-¡Nunca!-le chillo Thalia, desde el otro lado, y se lanza sobre el. Sin embargo la mantícora el golpeo con un coletazo. El escudo se le salió de las manos y la lanza voló al otro lado.

-¡Thalia!-grite y con las pocas fuerzas que me quedaban me levante y tropezándome por el camino corri hacia ella.

Al llegar con Thalía, me arrodille, solamente para que otra espina lanzada por Espino me perforara la espalda baja.

-¡Aghhh!-solté un grito de dolor.

-¡Percy!-grito Thalia con preocupación.

-No...no...no te preocupes...E...Thalia...-dije entrecortadamente.-Todo va a estar bien.-

El doctor Espino se hace eco de un reir.

-¡Ya he malherido a su líder! ¿No ven que es inútil pelear contra mí? Ríndanse, héroes de una mentira.-

Estábamos atrapados entre un monstruo y un acantilado, sin contar que estaba herido de muerte, no teníamos ninguna posibilidad.

Entonces oí un sonido nítido y penetrante: la llamada de un cuerno de caza que sonaba en el bosque.

La mantícora quedó paralizada. Por un instante nadie movió una ceja. Solo se oía el rumor de la ventisca.

-¡No!-dijo Espino.-No puede…-

Se interrumpió de golpe cuando paso por mi lado una ráfaga de luz. De su hombro broto en el acto una resplandeciente fecha de plata.

Espino retrocedió tambaleante, gimiendo de dolor.

-¡Malditos!-grito. Y soltó una lluvia de espinas hacia el bosque del que había partido la flecha.

Pero, con la misma velocidad, surgieron de allí infinidad de flechas plateadas. Casi me dio la impresión de que aquellas flechas interceptaban las espinas al vuelo y las partían en dos, aunque probablemente mis ojos me engañaban. Nadie -ni siquiera los chicos de apolo del campamento- era capaz de disparar con tanta precisión.

La mantícora se arranca la flecha del hombro con un aullido. Ahora respiraba pesadamente.

Me levante con dificultad, y me coloque enfrente de la mantícora, con la espada en la mano derecha. Le lance un mandoble con las pocas fuerzas que me quedaban, pero estaba demasiado herido y débil como para representar una amenaza, y la mantícora no estaba tan herida como parecía. Esquivo mi ataque y me dio un coletazo en el pecho, mandándome a volar ya estrellarme contra un árbol.

-¡Agh!-gemí al chocar contra el tronco del árbol, caí de bruces a la nieve, manchándola de rojo.

-¡Percy!-escuchaba los gritos de mis amigos, pero los escuchaba lejanos.

Con dolor, me levanto lentamente, sosteniéndome del árbol para no caer de nuevo. Avance con dificultad en dirección a Thalia y los demás. Las gotas de mi sangre caían en la blanca nieve, dejando un rastro rojo.

Llegue con mis amigos y caí de rodillas al suelo, ya sin fuerzas para mantenerme de pie. Mi visión se tornaba borrosa y mi cuerpo se sentía pesado, y un intenso dolor me recorría completamente.

-¡Percy!-escuche a Thalia llegar a mi lado.

-¿Percy?-me pregunto Thalia al ver que no respondía.

-Th…Thalia.-dije entrecortadamente. No termine de hablar porque empecé a toser sangre.

Levante la mirada, y logre divisar el rostro de Thalía.

Con mi mirada borrosa vi como salieron del bosque los arqueros. Eran chicas: una docena, más o menos. La más joven tendría diez años, la mayor, unos catorce, igual que yo. Iban vestidas con parkas plateadas y vaqueros y cada una tenia un arco en las manos. Avanzaron hacia la mantícora con expresión resuelta.

-¡Las cazadoras!-grito Annabeth.

Thalai murmuró a mi lado:

-¡Vaya, hombre! ¡Estupendo!-

No entendí porque lo decía.

Una de las chicas mayores se aproximo con el arco tenso. Era alta y grácil, de piel cobriza. A diferencia de las otras, llevaba una diadema en lo alto de su oscura cabellera, lo cual le daba todo el aspecto de una princesa persa.

-¿Permiso para matar, mi señora?-

No supe con quien hablaba, porque ella no quitaba los ojos de la mantícora.

El monstruo soltó un gemido.

-¡No es justo! ¡Es una interferencia directa! Va contra las leyes antiguas.-

-No es cierto.-tercio otra chica, esta algo más joven que yo; Tendría doce o tres años. Llevaba el pelo castaño rojizo recogido en una cola. Sus ojos, de un amarillo plateado como la luna, resultaban asombrosos. A pesar de mi visión borrosa logre distinguir su hermoso rostro, tan hermoso que te dejaba sin aliento. Pero su expresión era seria y amenazadora.-La caza de todas las bestias salvajes entra en mis competencias. Y tú, repugnante criatura, eres una bestia salvaje.-miro a la chica de la diadema.-Zoé, permiso concedido.-

-Si no puedo llevarmelos vivos.-refunfuño la mantícora.-¡Me los llevare muertos!-

Y se lanzó sobre Thalia, y sobre mí, sabiendo que estábamos aturdidos, en el caso de Thalia, y débiles y heridos, en mi caso.

-¡Nooo!-grite poniéndome de pie con rapidez a pesar del inmenso dolor que me recorrió el cuerpo completo.

-¡Retrocede, chico!-grito la chica de la diademas.-Apártate de la línea de fuego.-

Yo no hice caso. Salte sobre el lomo de la mantícora, pero como estaba muy herida, me movía lentamente, por lo cual la bestia esquivo mi movimiento con facilidad y me lanzo un ataque en diagonal con su cola, causándome un gran corte en el pecho y abdomen. Sali despedido hacia atrás debido a la potencia del golpe, choque contra la nieve, y me quede allí aturdido y malherido.

La mantícora se abalanzó contra mí.

-¡No!-escuche gritarle a Annabeth.

Y logré entrever como Annabeth cargo contra la mantícora y hundió su cuchillo en la melena de león. La mantícora aullo y se revolvió en círculos, agitando la cola, mientras Annabeth se sujetaba como si en ello le fuese la vida, como probablemente así era.

—¡Fuego! —ordenó Zoé.

—¡No! —gritó Thalía.

Pero las cazadoras lanzaron sus flechas. La primera le atravesó el cuello al monstruo. Otra le dio en el pecho. La mantícora dio un paso atrás y se tambaleo aullando.

-¡Este no es el fin, cazadoras! ¡Lo pagaran caro!-

Y antes de que alguien pudiera reaccionar, el monstruo -con Annabeth todavía en su lomo- saltó por el acantilado y se hundió en la oscuridad.

—¡Annabeth! —gritó Thalía.

Las cazadoras se nos acercaron.

La que se llamaba Zoé se detuvo en seco al ver a Thalía.

-¡Tu!-exclamo con repugnancia.

-Zoé Belladona.-a Thalía le temblaba la voz de rabia.-Siempre en el momento más oportuno.-

Zoé examina a los demás.

-Cuatro mestizos y un sátiro, mi señora.-dijo.-Y el chico de pelo negro parece estar muy herido.-

-Si, ya lo veo.-dijo la chica más joven, al de pelo castaño.-Unos cuantos campistas de Quirón.-

Suelto uno fuertes tosidos, en los cuales suelto bastante sangre, manchando la nieve de rojo, llamando la atención de todos.

-¡Percy!-Thalia se acerca rápidamente a mí.

-¡Ayúdelo por favor, Señora Artemisa!-suplica Thalía a la aparente líder de las cazadoras.

-¿Artemisa?-pregunto con dificultad.-¿Cómo la diosa?-

La mencionada, voltea su hermoso rostro hacia mí, y me dirige una dura mirada, con esos hermosos ojos color plata, pero su mirada se suaviza un poco al ver mi lamentable estado.

-Así es, Percy Jackson.-me dice con seriedad, pero con un ligero toque de suavidad. Yo no sabia como sabia mi nombre.-Soy Artemisa, diosa de la caza y la luna.-