¡Buenas tardes! Espero hayan tenido un grandioso inicio de año. Y si las cosas no están tan chidas este 2025, pues les traigo una sensual actualización. Seguramente ver a Kazuya yéndose como gorda en tobogán les traerá un poco de alegría y preocupación a sus vidas. ¡Nos leemos la próxima vez!
Sway
El clima era perfecto. Las gradas se llenaron rápidamente. El partido que se desarrollaría involucraba a dos equipos que desempeñaron un buen papel durante el torneo de primavera: Seidō y Hakuryū. Y la gente estaba ansiosa por ver quién se alzaría con la victoria.
Hakuryū se caracterizaba por un béisbol de alta movilidad que rompía la defensa de los oponentes. Un estilo que muchos creyeron se enfrentaría a los lanzamientos en llamas de Furuya. Sin embargo, el público espectador se mostró inconforme y algo molesto al descubrir que sería el zurdo de segundo año el que abriría el partido.
—¡Las bolas saldrán volando, así que estoy contando con todos ustedes para cubrirme la espalda!
—¡Lo tengo!
—¡Los capturaré todos!
—¡Ve con todo, Sawamura!
Con un equipo confiado en sus piernas, debían evitar corredores y aplastar sus defensas antes de que ganaran impulso. Pero cuando Mima Sōichirō —el bateador genio con piernas ágiles y rápidas— apareció en la caja de bateo, los ánimos se calentaron y la defensa se volvió cautelosa.
En una situación en la que podían perder una carrera incluso con un elevado hacia el fondo del campo, Miyuki Kazuya se mostró agresivo y audaz pidiendo un lanzamiento al interior con el cuarto bateador de Hakuryū.
Un cutter revertido aplastó al cuarto bateador. Y un out más les aseguró salir invictos en la primera entrada.
—¡Mima quedó fuera con esas dos bolas rápidas!
—¡Ese lanzamiento destruyó totalmente la famosa habilidad de Hakuryū!
—¡No cedieron carreras en esta entrada tampoco!
Kataoka llamó a un cambio de jugador. La salida de Furuya del campo provocó una suave conmoción entre sus compañeros de equipo. Empero, era la decisión más sensata.
«Asou-kun no debió tomar nada bien que la oportunidad para sustituir a Furuya-kun fuera tomada por Souh», pensó Sora cuando anunciaron al nuevo jugador.
Ella se apartó de la hincha de Seidō para acompañar a la pareja que viajó hasta allí en secreto. Deseaban disfrutar del partido sin que su hijo lo supiera.
—Me disculpo en nombre de mi testarudo esposo, Sora.
La mujer que le dedicaba su entera atención era muy bella. Los años la mimaron descaradamente. Y sus cabellos dorados como el oro rozaban sus hombros, engrandeciendo el arrebatador esmeralda de sus cariñosos ojos. Una belleza extranjera que todavía era capaz de robar algunos suspiros entre los hombres que veían el partido.
—Descuide. Lo importante es que están aquí, viendo el partido, apoyando a Souh. —Atenta a la posición del francés, sonrió.
Verlo inmerso en el juego, cubriendo la espada de Eijun, la emocionaba muchísimo. Tenía ganas de levantarse y gritar que lo estaba haciendo increíble, que estaba mucho más cerca de cumplir su sueño y que la frustración con la que lidió por tantos años se iría para nunca mermar su voluntad.
Empero, no podía permitírselo. La gente empezaría a cuestionarse por qué lo tenía en tan grande estima.
—Ese cácher tiene un brazo formidable. Su lanzamiento fue rápido y muy preciso. Aunque contemplo que todavía tiene algunos problemas cuando llega su turno de batear.
Sora dejó pasar los elogios hechos hacia su pareja porque había algo mucho más sustancial y revelador en su declaración.
—Tatsuhisa-san, ¿está insinuando que ha estado al pendiente de todos los partidos en los que Souh ha participado desde que se integró a Seidō?
El impasible hombre ajustó sus lentes de sol azules y se abstuvo de contestar.
—Él los ha visto todos —informaba la esposa—. Ajustó su agenda para estar presente en los partidos del torneo de primavera. Y ahora estos de la Gonden Week. El resto ha tenido que ser por internet.
—Axelle.
—Kai, deja de fingir indiferencia ante el tema. Acepta que durante todo este tiempo has estado siempre al pendiente de nuestro hijo y su crecimiento como beisbolista.
«Axelle-san, ¡es genial! Solamente ella podría hablarle así a alguien como Tatsuhisa-san», pensaba Sora con emoción.
—Ha atrapado esa bola —señaló Kai.
—Ese bateador golpea a lugares irregulares. La posición que Souh tomó fue muy acertada.
Sawamura mostró algunos lanzamientos admirables, favoreciendo a Seidō. Sin embargo, en la alta de la sexta entrada, la alineación de Hakuryū lo presionó. El bateador prodigio, Mima Sōichirō, avanzó. Un hit al jardín derecho estuvo a punto de otorgarle una carrera al rival.
La batería de Miyuki y Sawamura se volvió mucho más agresiva. No cederían ante la presión. Tomarían el desafío para ganar más experiencia, para crecer, para estar más cerca del soñado torneo de verano. Las dudas, los temores, todos esos sentimientos estorbosos fueron depurados en ese último lanzamiento recubierto por la inamovible voluntad de Sawamura Eijun.
—¡Strike, bateador fuera!
En la alta de la novena, el partido terminó con cuatro carreras a favor de Seidō. Hakuryū finalmente fue incapaz de anotar alguna carrera ante los increíbles lanzamientos del zurdo.
—¡Gracias por el partido!
Después de su encuentro contra Hanazawa, algunos se quedaron a ver el partido en curso. Otros más se retiraron a la posada a descansar y los que todavía tenían energía se desplazaron a entrenar en el campo de béisbol cercano al sitio donde se quedaban.
Mas otros entendieron que el descanso era esencial cuando quedaban dos partidos más.
—¿Qué es lo que ha pasado aquí?
Kuramochi entró a la habitación. Extrañado miró a los invitados extras sentados alrededor de la mesa de madera compartiendo una bolsa de galletas de arroz. Los miembros de su cuarto estaban en una esquina jugando póker. La atmósfera en general era algo sombría pese a que habían ganado dos juegos ese día.
—Pensé que ustedes irían a practicar cerca de la posada —expuso para Maezono, Kanemaru y Kawakami.
—La verdad es que íbamos a hacerlo. No obstante, antes de que pusiéramos un paso fuera de aquí…
—Ella apareció…
—Y aquí estamos.
—¿«Ella»? ¿A quién se están refiriendo?
Yōichi experimentó un fuerte escalofrío por toda su columna. La persona de quienes hablaban, accedió al cuarto para contar a los jugadores allí reunidos.
—Fueron indicaciones directas del entrenador. —Se adelantó a la interrogante de Yōichi—. Quiere que descansen apropiadamente. No puede permitir que alguno se lesione como consecuencia de sobre entrenarse.
—Sean buenos chicos y quédense descansando en la posada —sugirió Yui una vez que entró junto a Umemoto.
—El entrenador nos pidió que los vigiláramos para que no estuvieran de imprudentes. Obedezcan.
—¡Mujeres opresoras! No vamos a permitir que nos tengan aquí confinados.
—Te propongo algo, Yōichi. Te daré un intento para derribarme. Si lo consigues, todos ustedes podrán irse a hacer lo que se les plazca y yo me encargaré de explicárselo al entrenador.
—Hecho.
Los chicos que no conocían de lo que Sora era capaz estaban estupefactos. Y no tardaron en sentar a Kuramochi para que se retractara de la estupidez que iba a cometer.
—¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre aceptar? ¡Es la hermana de Tetsu-san! —Kanemaru gruñó.
—Y, sobre todo, ¡es una chica! Es impensable el ponerle una mano encima.
—Ya la oíste, es una orden directa del entrenador. No podemos desacatarla. —Norifumi estaba en contra de aquel acto.
—Todos dicen eso porque no la conocen. Pero, así como la ven es capaz de generar mucho dolor físico. —Kuramochi frunció la frente. No quería pasar la tarde entre cuatro paredes—. Miyuki, haz algo.
—Vivirás más años si acatas su orden.
—Esperaba más de ti, Kuramochi. Mira que estar dispuesto a golpear a Sora. —Sachiko suspiraba, indignada—. De cualquier forma, no podrías tocarle ni un cabello.
—Iba a ser una dolorosa humillación.
—¿Por qué están de su lado? ¡Nos conocen de mucho antes que a ella!
—El tiempo no define la cercanía y profundidad de una relación —espetaba Sora—. Tu argumento es inválido.
—Es un buen argumento.
—Kawakami, no sigas. Lo empeorarás —aseveraba Kuramochi.
—Sora-senpai, una pregunta. —Sawamura levantó su mano como un niño pequeño muy respetuoso—. ¿Es cierto que usted puede partir tablas de madera con sus puños y patadas?
—Adivino, ¿Souh? —Él asintió, ella quería hacerle una visita exprés a su ex novio—. Eso fue hace algunos años atrás. Dudo poder hacerlo actualmente.
—¡¿Qué tan grande es tu salvajismo?! ¡¿Cuánto daño real eres capaz de generar a otro ser humano?! —Kuramochi saltó ante esa desagradable revelación.
—¿Por qué eres tan alarmista? —Resoplaba Umemoto—. No es como si fuera a darte una paliza.
—Mi abuelo no me instruyó en karate para hacerle daño a otros —señalaba—, sino para dominar las técnicas de autodefensa. Formar y perfeccionar la personalidad a través de rigurosas pruebas, superando obstáculos tangibles e intangibles.
—Sora-senpai, su abuelo tiene que ser alguien increíble. ¡Por eso el líder era tan imponente!
—La familia por parte de mi abuelo materno se han dedicado por décadas a entrenar y enseñar artes marciales. Es por eso que yo terminé inmiscuida en ello. Mis hermanos también lo intentaron por un tiempo. Sin embargo, cuando mostraron interés hacia el béisbol, mi abuelo dejó que siguieran ese sueño.
—Es fácil de imaginar a Tetsu-san y a Masa entrenando arduamente karate. Como que tienen un aire para esa arte marcial —musitaba Maezono—. Y pensar que su hermana sabe ejecutar esas vistosas patadas.
—¿Qué tan cierto es que la flexibilidad es muy importante para practicar karate? —Kawakami se animó a despejar sus dudas.
—Es muy importante. Un karateca flexible tiene claras ventajas, ya que tiene una mayor capacidad para aprender habilidades más rápidamente, menor riesgo de lesiones, un atractivo estético mejorado, entre otras cosas —respondió—. Y hay dos tipos de flexibilidades: activa y pasiva. La activa es probablemente la más difícil de lograr.
—¿En qué consiste la activa? —Kanemaru preguntó.
—Digamos que en lugar de mantener tu pierna en una patada lateral alta con una barra o con la ayuda de un compañero de entrenamiento, usas los músculos de tu propia pierna para sostenerla. Esto combina flexibilidad y fuerza… También está la flexibilidad activa dinámica, pero no entremos en más detalles.
Seguramente ese interrogatorio surgía gracias al inmenso aburrimiento que tenían por estar confinados dentro de la posada.
—Oh, entonces puede hacer eso… ¿Cómo es que se llamaba? Spa… ¿Spat?
—¿Hablas de un split? —Natsukawa llegó con la respuesta para Eijun—. También es conocido como spagat o grand écart.
—Me duele con solo verlo. —Temblaba Umemoto—. Siento que se van a partir en dos.
—Sawamura, ¿realmente crees que es capaz de hacerlo? —Miyuki finalmente habló—. Alguien tan perezosa para el deporte no podría ser tan flexible.
Los chicos le gritaban con los ojos que se callara, que iba a lamentar la sarta de idioteces que escupió tan vilmente.
—Chicos, dejen que se humille solo. —Kuramochi disfrutaría del espectáculo—. A ver si así aprende a callarse la boca de vez en cuando.
—Miyuki, eso fue muy bajo. Hasta para ti. —Sachiko estaba molesta por el insulto hacia su amiga.
—Sora, no le hagas caso.
—Si tan seguro estás de tus palabras no te importará apostar tu orgullo, ¿cierto?
—No. Porque estoy en toda lo correcto, Sora-chan.
—Si no lo logro admitiré que tienes la razón y no me quejaré de tus burlas.
La sonrisa del cácher se amplió aún más.
—No obstante, si lo consigo tendrás que ponerte la adorable botarga que Sacchin y yo acabamos de comprar. Tendrás que usarla hasta antes de dormir.
Todos apoyaron la apuesta. Los chicos ansiaban un poco de entrenamiento; no importaba si era a costa de su propio capitán.
—Hecho.
El cácher no apostaría su dignidad si no estuviera absolutamente convencido de su victoria. Él se manejaba por el lado seguro.
«Hará cerca del año desde que dejó el sóftbol. Y no ha vuelto a tener actividad física desde entonces. Su flexibilidad debe estar en precarias condiciones», razonaba Miyuki.
Sus piernas alineadas frontalmente una con la otra, extendidas en direcciones opuestas, formaron entre ellas un ángulo que iba un poco más allá de los 180°. La derrota de Miyuki Kazuya llegó de la mano de un oversplit.
—Repentinamente te has quedado mudo, Kazuya-chan.
Miyuki no era el único con la quijada a punto de golpear el suelo. Sachiko y Yui aplaudieron su increíble logro. Los chicos sentían que eran ellos los que estaban abiertos de piernas sobre el piso.
—Me duele con verla. —Kanemaru arrastró instintivamente sus manos hasta la zona del ombligo—. Si lo hiciera algo se rompería dentro de mí.
—Eres muy flexible. Pero te siento muy tensa —Yōichi empujó su espalda para que su tronco y cabeza descansaran sobre el suelo—. ¿Cómo es que lo sigues siendo si eres tan haragana?
Kuramochi movió sus manos hacia arriba a ambos lados de la columna vertebral hasta llegar a los hombros. Sus dedos pulgares presionaron con más firmeza los movimientos circulares mientras movía sus manos hacia arriba. Era un grandioso masaje.
—¿Puedes poner un poco más de fuerza?
—¿Así? ¿No te duele?
—No, no. Es perfecto.
—La pobre debe tener hasta cuerdas de todo el estrés que nuestro capitán le provoca. —Norifumi compadecía a la mánager.
—Es suficiente, Yōichi. Muchas gracias —Se enderezó y Kuramochi la auxilió para que se parara—. Se sentía tan bien que iba a quedarme dormida.
—Es una manera de mostrarte mi agradecimiento por el espectáculo que nos regalarás.
Kazuya intentó escapar. Mas fue sujetado de ambos brazos por sus lanzadores de segundo año. Estaba atrapado.
—Furuya-kun, Eijun-kun, sujétenlo fuerte. Sacchin, trae la botarga.
Antes de que la apuesta se completara, Hideaki irrumpió.
—¡Capitán, necesitamos que vengas ya! —gritó Tōjō desde la puerta—. Ven antes de que se peleen.
Con urgencia bajaron a la primera planta siguiendo de cerca de Hideaki. Sobre el pasillo que daba al estanque artificial encontraron a Tatsuhisa y a Asou en lo que a primera vista lucía como una charla acalorada.
Maezono fue el primero en acercarse. Mas su intento de apaciguar la tempestad, fracasó.
—No te metas en asuntos que no te competen, Zono —atajó Takeru—. Esto es entre Tatsuhisa y yo. Regresen a sus habitaciones.
—Como lo dije anteriormente, la decisión fue del entrenador. Fue él quien eligió a los jugadores que estarían en el campo —expresó Souh.
—Asou, entendemos tu frustración. No obstante, no es razón para que increpes a Tatsuhisa. —Kanemaru metió su cuchara—. Son los resultados lo que importan. Y es en eso en lo que se basa el entrenador para decidir quién entra a la cancha.
—¿Acaso no les molesta? —Apretó los dientes, endureciendo sus labios—. Fue aceptado en el equipo a finales del año pasado. Subió al primer equipo, participando en el invitacional y en el torneo de primavera… Muchos de nosotros hemos trabajado arduamente desde nuestro primer año para ascender. ¿Por qué tenemos que aguantar que un novato campe a sus anchas? ¿O no estás de acuerdo conmigo, Zono?
Kenta guardó silencio. No quería ponerse del lado de Asou y su estúpido impulso de celos y frustración. Sin embargo, no era un secreto a voces que el francés había demostrado más consistencia que él al momento de pararse en el plato y batear.
Nadie podía culpar a Maezono por callarse ante aquella honesta confesión. Sí, eran compañeros de equipo y debían trabajar armoniosamente para consumar el éxito; mas eso no escondía el que competían constantemente para asegurar su puesto dentro del equipo principal.
—No necesito recordarles que estamos en preparación para el torneo de verano y que esta clase de riñas son un sinsentido. —Miyuki se abrió paso entre sus vicecapitanes. Sus orbes refulgían intensamente bajo un hechizo dorado que avisaba sobre su postura—. El entrenador evaluará nuestro desempeño de aquí a que el torneo de verano comience. Y probará las combinaciones que él crea convenientes con tal de obtener resultados. Por lo que en vez de enfrascarte en por qué Tatsuhisa jugó hoy durante dos partidos, céntrate en ti mismo o perderás el rumbo.
—Este idiota nunca tiene tacto…—Kuramochi resopló—. Lo empeoró todo.
—Para ti es fácil decirlo cuando siempre has estado en el primer equipo. —Su molestia no hizo más que acrecentarse—. Alguien como tú nunca ha tenido que esforzarse.
—Esto va a acabar mal —musitaba Yōichi—. Zono, tenemos que llevarnos de aquí a Asou.
—Usa la frustración que te causa nuestro capitán por ser un prodigio del béisbol para entrenar más duro que él y el resto de nosotros —dialogaba Souh. Esos ojos azules quemaban como el hielo—. Y quizás así estés satisfecho.
Asou lanzó una maldición inaudible antes de abrirse camino entre los chicos y retirarse. Tatsuhisa pidió disculpas por el espectáculo y tomó la dirección opuesta. El resto se dispersó hacia diferentes puntos.
—Esa boca tuya debió crearte muchos enemigos en el pasado —dijo Kuramochi una vez volvieron a su habitación—. Solamente avivaste el fuego de Asou. Ahora habrá más tensión entre ambos.
—¿Tú crees?
—Por supuesto que sí, idiota. —Se dejó caer de espaldas, apoyando su cabeza sobre sus antebrazos—. Hasta Sora está de acuerdo conmigo.
—Kazuya, no creas que he olvidado la apuesta que perdiste.
Nadie se percató de su ausencia hasta que volvió con una mirada risueña. Sujetaba de ambas manos una adorable y esponjosa botarga que Miyuki usaría hasta caída la noche.
—¿Se supone que eso es Godzilla? —Yōichi examinaba el exótico traje—. ¿Y por qué Umemoto y tú compraron una cosa como esta?
—Lo vimos de camino a la posada. Pensamos que sería un grandioso disfraz para nuestra futura evento de Halloween.
—Falta mucho para eso.
—Somos mujeres previsoras. —Sujetó del gorro de su sudadera a su escapista pareja—. Y tú te pondrás esto o dejaré que los chicos escuchen el audio que me mandó Mei. Tú decides.
—¿De qué audio hablas? Déjame escucharlo.
Miyuki ya tenía todo el cuerpo dentro de la botarga. Soportaría el ridículo para evitarse una burla mayor.
—¡Estás listo para destruir Tokio! —Yōichi se sentía dichoso por haber regresado al cuarto con ese par.
—Me engañaste. Hiciste trampa.
—Tú asumiste mi incapacidad para ejecutar un split. —Subió el cierre para asegurarse de que no se lo quitara en cuanto le quitara la mirada—. Y con ello te negaste a la posibilidad de interrogarme. Yo por eso te pregunté si estabas seguro de lo que hacías.
Cruzó los brazos, indignado.
—Te lo quitaremos cuando te vayas a la cama —mencionaba—. No intentes hacerlo por ti mismo porque no llegarás a la cremallera.
Lo intentó y falló.
—¿Y cómo comerá? No tiene manos, tiene garritas —señalaba el campocorto.
—Unas garritas muy adorables.
—Ni siquiera se esfuerzan por ocultar que están disfrutando con mi desgracia…
La hora de la comida estuvo llena de miradillas divertidas que se cuestionaron cómo fue que el capitán de Seidō terminó vistiéndose de esa forma. Nadie se atrevió a averiguarlo pero sí a tomarle fotos para reírse de su condición cuando él no estuviera presente.
Su mala suerte se consolidó cuando el entrenador y Rei se integraron al comedor.
—Miyuki-kun, indudablemente el verde es tu color. —Takashima ajustó sus lentes con una sonrisa divertida.
—No sabía que hacías esta clase de rituales previo a nuestros partidos, Miyuki—dijo Kataoka sosteniendo su tazón de arroz—. No olvides hacerlo cuando comience el torneo de verano.
Los chicos se carcajearon. Sus ruidosas risas fueron como pirotecnia golpeada por el fuego. El entrenador y Rei fueron un poco más discretos.
—Que ya acabe el día…—suplicaba.
Con el estómago satisfecho se encaminó hacia su cuarto. No quería ser el espectáculo andante del resto de los huéspedes; ya tuvo suficiente con algunas chicas con las que se encontró y susurraron lo adorable que se veía. ¿Cómo el capitán, cácher estrella y cuarto bateador de Seidō, terminó siendo la atracción turística del lugar?
Sora Yūki. Ese era el nombre de la persona causante de todo. ¿Encontraría alguna forma de igualar las condiciones?
—Idiota, olvídate de lo que estás maquinando. No funcionará y te irá mucho peor.
Miyuki no estaba solo en el pasillo del tercer piso. Kuramochi lo interceptó. Con una toalla alrededor de su cuello secaba las puntas de su revoltosa cabellera.
—Es vengativa. Lo que le hagas te lo devolverá. Será un ciclo sin fin. Acepta tu castigo.
—No eres tú el que está usando esta ridícula cosa.
—Es porque no soy tan imbécil para insultar y desafiar a Sora simultáneamente. —Rascó su oído interno derecho. La comezón lo venía molestando desde que salió de bañarse—. Por precipitado no escuchaste por completo la explicación de Sawamura… Lo que dijo no fue lo único que Tatsuhisa le mencionó.
—¿A qué te refieres?
—Tatsuhisa le dijo que, aunque Sora no se ejercitara más después de dejar el softbol, ella no dejaría de realizar sus ejercicios de flexibilidad porque la relajaban. —Frotó con fuerza la toalla sobre su pelo para terminar de secarlo—. También mencionó que ya era una especie de hábito por los años que su abuelo estuvo entrenándola. Así que hay algo de inercia ahí.
Era información muy concreta. No eran datos sueltos que alguien como Sora soltaría sólo para tener un tema de conversación. Debía existir cierta cercanía entre ambos; quizás al nivel de sus mejores amigos.
Entonces, ¿por qué ahora lucían como simples conocidos?
—Ey, ¡fíjense por dónde caminan!
Una blasfemia de Yōichi. Y un empujón que lo trastabilló. Dos situaciones conectadas y originadas por dos universitarios larguiruchos que se marcharon con prisa, dejando a la vista a las dos managers que caminaban hacia ellos.
—Umemoto, Natsukawa, ¿qué ha ocurrido?
Yui sobaba los hombros de su amiga, consolándola del malestar que congestionaba sus facciones. Los ojos de ambas exponían emociones opuestas. Las de Natsukawa eran de enojo, las de Umemoto de frustración.
—Unos idiotas empezaron a molestar a Sacchin por sus coletas… Les pedimos que nos dejaran en paz, pero no se detuvieron.
Nunca le escucharon una mala palabra a Yui. Y eso demostraba que aquel horrible acoso poseía más elementos que se negaban a compartir con ellos.
—Tenemos que decírselo al entrenador. —Kuramochi estaba molesto. No toleraría que las hostigaran—. Aquí falta alguien. No me digan que ella golpeó a esos imbéciles.
—No. Sora no estaba con nosotras —indicó Yui—. Fue Tatsuhisa-kun quien nos ayudó. Él fue quien los echó.
—¿Tatsuhisa? ¿Los golpeó? —Yōichi no estaba menos incrédulo que Miyuki.
—No recurrió a la violencia —habló Sachiko—. Sin embargo, los provocó para que levantaran la voz. Entonces la conversación se transformó en una asamblea pública que muchos escucharon. Cuando la gente salió de sus habitaciones fueron incapaces de seguir molestándonos.
—Se marcharon furiosos.
Yōichi sonrió. El tipo era astuto y con agallas. No era la primera vez que sacaba los colmillos.
—Si hubiera iniciado una pelea, el entrenador lo hubiera amonestado. —Miyuki exhaló. Era demasiado para un día—. A Sora no le hubiera ido mejor.
Trataron el tema con el entrenador y él les prometió que se haría cargo del asunto. Acompañaron a las chicas a su habitación y se encerraron en la suya.
Sin la posibilidad de entrenar, la tarde corría lenta y aburrida. El canal de variedades era el único ruido reinante en la habitación.
—Voy a morirme de aburrimiento.
—Una posición libre que los chicos agradecerían.
—¿Por qué no te mueres tú y me dejas libre al fin la capitanía? —refunfuñaba—. ¿Dónde se habrá metido Sora? ¿Estará extorsionando a algún incauto?
—Si tanto la echas de menos sal a buscarla.
Como cácher que era aprovecharía cualquier oportunidad que tuviera para conseguir su objetivo. Y eso incluía fastidiar a Kuramochi.
—No es tan mala idea. Seguramente esté con los de segundo o su hermano. —Se paró y dio un gran estirón—. Nos vemos.
Se tumbó de costado, su cola falsa le impedía estar boca arriba. Escuchaba el canal de crónicas deportivas que hacía mención sobre los dos juegos disputados por Seidō aquella mañana. Estuvo atento a los comentaristas hasta que sus párpados se cerraron por el cansancio acumulado del que no había sido consciente.
Su sueño ligero lo despertó. Unos pasos silenciosos retumbaron suavemente sobre el tatami. Kuramochi debió de regresar.
—¿Sora? ¿Qué estás haciendo aquí?
La encontró a su lado de cuclillas. La argenta luz de la luna bañaba sus oscuros cabellos fragantes a pasiflora y leche de arroz. Esa piel, inmaculada y satinada, relumbraba con la elegancia del ópalo blanco. Y sus labios apretados en una risueña sonrisa lo invitaron a perderse en el insondable mar de sus ojos.
Era dulcemente atractiva bajo el frío velo de la noche.
—Vine por unos juegos de mesa que trajo Yōichi. —Pasó una hebra traviesa detrás de su oreja y asfixió un estornudo repentino—. Lo siento.
Miyuki se sentó torpemente. Se sentía abochornado por analizarla con tanto detalle.
—Todavía falta para que te puedas quitar esa botarga. Pero puedo levantar tu castigo si haces algo por mí.
—Seguramente será algo peor. Prefiero esperar.
—Únicamente quiero tomar una foto.
—Pídesela a Kuramochi. Tomó un montón —rezongó.
Justo como el resto de sus compañeros de equipo.
—No quiero sus fotos. Quiero una de nosotros dos.
Esos ojos eran como una trampa oculta entre el follaje otoñal: letal y sigilosa. Una mirada insistente que ansiaba amalgamarse a la suya. Y él no podía escapar a ese obstinado capricho.
—Será rápido, te lo prometo.
Se mordió los labios cuando a su calor se agregó un fresco fragante. Su espalda, ligera y recta, se fundía sobre su ancho pecho en busca de comodidad. Sus piernas atadas desde las rodillas anidaron descaradamente abriéndose camino entre las suyas.
Inspiraba la deliciosa esencia de su champú como si fuera el olor natural de la habitación. Las delgadas hebras de su cabello hormigueaban bajo su mentón. Y la frialdad de su cuerpo traspasaba la tela hasta su piel, enchinándola.
—Estás helada.
—Se acabó el agua caliente. Tuve que bañarme con agua fría. —Tiritó, frotando sus brazos para calentarse un poco—. Hagamos esto rápido para que me meta en mi cama.
—No han de ser ni las ocho de la noche, ¿y ya quieres dormir?
—Me gusta dormirme temprano.
Activó el modo autorretrato de su celular y buscó el ángulo perfecto desde una altura prudente.
—No te quejes si ese celular se estampa contra tu cara —dijo él.
—De caerse me aseguraré de que impacte en tu cabeza.
Bromear aligeraba todo. Le restaba seriedad e intimidad. Así confrontaba las circunstancias que no sabía manejar. Era otro de sus mecanismos defensivos.
—Me moveré cuando vayas a tomar la foto.
—Pues estaremos así hasta que la foto salga como yo quiero.
Sonrieron. Y esa espontaneidad fue capturada en su primera foto de pareja.
—¡Quedó perfecta!
Quizás su comprensión fue demasiado limitada en aquel entonces porque nunca entendió el orgullo que sintieron aquellas chicas cuando lo estrecharon del brazo para lucir como una acaramelada pareja ante el flash de la cámara. Para él siempre se trató de una foto cualquiera que no merecía tanta emoción por ninguna de las dos partes.
Pero ella estaba entregándole un significado diferente.
La complacencia se hizo sonrisa. Y la ternura cobijada en sus ojos abrazaba su retrato. Había orgullo y dicha en esa mirada que le entregaba con tanta naturalidad.
Se supo especial ante ella.
—Valió la pena practicar con Sacchin y Yui.
—¿Esa es Change-up? —Desde su posición era muy visible la pantalla de su celular.
—Su foto aparece cuando mi pantalla está bloqueada. Y ahora tengo la del rechoncho Godzilla que aterroriza a Seidō y dominará con anarquía las nacionales.
Miyuki se estaba ahogando en un trago de saliva. Qué atrevimiento poner la foto recién tomada como fondo de pantalla. Las mejillas le quemaban y ella estaba imperturbable. ¿Nada la cohibía?
—Quítala.
—No quiero. —Guardó su celular inmediatamente—. Es mía y haré lo que quiera con ella.
Era divertido verla haciendo un berrinche.
—Entonces no se la muestres a nadie.
—No se la enseñaré a los chicos —prometió—. Mas no puedo prometer lo mismo con Sacchin y Yui.
Tendría que conformarse con ese trato.
—Cumplido tu capricho, es hora de que me quites esto.
Un tirón al cierre y esa botarga cayó bajo su peso.
—¿Bajamos a cenar? —propuso después de doblar el disfraz de Godzilla.
—¿Y los juegos de mesa que viniste a buscar? —indagó con una ceja alzada.
—La diversión de Yōichi puede esperar, mi hambre no.
Se rio. Allí estaba la Sora que adoraba la comida. La Sora que esa noche lo había embelesado bajo la luz lunar.
—Te pasaré mi tercer tazón de arroz.
—No harás trampa. No dejaré que te levantes hasta que termines todo tu menú.
—Qué novia tan poco comprensiva tengo.
La cena se consumó y sus caminos se dividieron. Sora se fue con Sachiko y Yui a su habitación para jugar a las cartas y tratar temas muy alejados del béisbol. Él fue llevado a la sala recreativa para que se integrara a los juegos amistosos de pingpong de mesa que se desarrollarían entre varios de sus compañeros de equipo.
Furuya y Kominato lideraban en puntos. Kuramochi buscó la revancha y arrastró a Miyuki en su búsqueda absurda por la victoria. Todos observaron las partidas, rieron e hicieron comentarios burlescos, casi relajantes. Todos seguían en la sintonía de ganar los partidos de mañana y prepararse para el verano, pero también estaban de acuerdo en disfrutar de un respiro revitalizante.
—¿Cansado? Quizás estás envejeciendo más rápido que el resto.
—Kuramochi, no soy yo el que está próximo a cumplir años. Hasta aquí llega el olor a añejo.
—Sora te hubiera dejado con esa ridícula botarga hasta mañana… Iré ahora mismo a buscarla para que te la vuelva a poner.
—Pierdes tu tiempo —aplastó la lata vacía de su mano derecha antes de lanzarla al bote de basura—. Pasan de las once de la noche. Debe estar profundamente dormida.
—La despertaré.
—Te golpeará… Hazlo. —Imaginarlo no sería tan grandioso como si ocurriera.
—¡Idiota, te voy a golpear a ti!
Kazuya se escurrió de sus intentos de agarre. Y entre risas escapó de esos chicos llenos de energía que todavía ansiaban divertirse. Él ya había agotado su batería social y prefería volver a su cuarto para dormir tanto como su propio cuerpo se le demandara.
Encontró tres futones azules desplegados sobre el piso. Solamente el de en medio había sido reclamado.
—Sawamura, vas a sofocarte si te cubres por completo la cabeza.
Su advertencia fue ignorada. Aquel bulto humano se agitó un poco y orientó su centro de gravedad hacia su derecha.
—Bueno, no creo que se ahogue tan fácilmente.
El colchón que lo recibió era suave y gélido. Por eso el pícher se enroscó bajo la sábana como un armadillo temeroso.
—Al menos así no tengo que preocuparme de que esté por allí haciendo alguna estupidez. —Su antifaz nocturno fue lo último que él necesitó para encaminarse a un reparador y profundo sueño—. Furuya no es tan imprudente. Espero.
El arrastre de las manecillas del reloj registró una hora desde que cayó en la profundidad de sus sueños. Un descanso interrumpido por un empujón en su espalda; un golpeteo persistente que poco a poco lo llevó a perder terreno sobre su propio colchón.
Retiró su mascarilla para dormir. Y en una media vuelta se halló frente al descarado lanzador que buscaba colonizar su cama.
—Ey, idiota. Vuelve a tu lugar.
Al no recibir respuesta, recurrió al plan B: empujarlo hasta su propio colchón.
—Quédate ahí.
No transcurrieron ni quince minutos antes de que su espalda recibiera otra embestida.
Y él, con la amenaza latente de que continuaría siendo interrumpido, optó por despertar a quien no tenía respeto por su descanso.
Lo privó de su cobijo. Expuesto al frío nocturno, despertaría.
Su meta fue alcanzada. Mas ya no comprendía lo que estaba ocurriendo. Todo era como un juego mental que buscaba la estupefacción de sus participantes.
Quizás estaba demasiado extenuado que ya no diferenciaba la realidad de los sueños.
—¿Y si me he equivocado de habitación? —Sentado retrocedió hasta quedar fuera de su futón—. Sí. Eso tiene que ser. Porque de lo contrario ella no estaría aquí durmiendo.
Gobernó su pánico y la observó fijamente. Tenía frío y buscaba la colcha que le arrebató. Y al no encontrarla, despertó somnolienta y desorientada.
—¿Dónde quedó mi colcha? —Buscó por debajo de ella y después a ambos flancos—. ¿Kazuya? ¿Qué estás haciendo tú aquí?
—Yo me estoy preguntando exactamente lo mismo.
Ver a su novia durmiendo en la misma habitación que él lo plagó de pánico y retraimiento.
—Mi habitación se convirtió en un punto de reunión bastante animado y ruidoso. Iba a ser imposible para mí dormir así. —Sus ojos lloraban ante el sueño—. Eijun-kun notó que me estaba durmiendo y me ofreció su habitación. Que no me preocupara porque Yōichi y tú dormirían en otro lado porque estaban en una fiesta con los demás miembros del equipo... También prometió que no haría ruido cuando regresara a la habitación.
—¿Pensabas dormir en el mismo cuarto que Sawamura?
Se retractó cuando analizó lo estúpida que fue esa pregunta.
—Cada quien tendría su propio futón. Además, Eijun-kun es Eijun-kun. —Gateó hasta el receptor. Necesitaba recuperar su colcha para volver a dormir—. Es como un niño pequeño con mucha energía.
—También es un adolescente atolondrado.
—Nosotros también somos adolescentes. Aunque con menos energía que él.
—También es un pervertido.
—Kazuya, él no fue el único que disfrutó viendo los voluminosos y redondos pechos de Takashima-san. —Un tirón y recuperó lo hurtado—. Ella me lo contó todo.
Sora se tumbó en la cama, cubriéndose hasta la mitad de su cuello. Kazuya pasó de ser el sermoneador al sermoneado.
—Te gustó como mujer, ¿no es así?
Si no hubiera mencionado a Sawamura no estaría siendo cuestionado sobre uno de sus secretos mejor guardados.
Qué incómodo.
—Dudo que hayas sido el primer y último adolescente que quedó prendado de su belleza y sus conocimientos sobre béisbol —comentó levantando su mirada hacia el techo—. Hasta sospecho que hay miembros del equipo que deben sentir por ella algo más que admiración.
Ser reservado ya no servía. Ella se encargó de desentrañar su vergonzoso y escandaloso secreto.
—¿Y hasta cuándo te dejó de gustar?
—Yo no he aceptado nada.
—El silencio también es otra forma de respuesta.
No importa cuánto lo negara, estaba arrinconado.
—Segundo año de secundaria.
Una carga menos.
Una atracción que rozó lo platónico.
—Tu secreto está seguro conmigo. —Se giró hacia el receptor—. Dormiré. Tengo mucho sueño.
Kazuya, valiéndose de su velocidad y buenos reflejos, llegó hasta ella y la hizo sentarse.
—No puedes dormirte aquí.
—¿Por qué no? Eijun-kun me dio permiso.
—Si se enteran que estuviste aquí nos meteremos en problemas.
—No les contaremos nada. Estaremos bien. —Zafó sus hombros de esas pesadas manos cuando halló la intransigencia pintada en su rostro—. Ya entendí que te preocupa tu pellejo y no me quieres aquí.
No se levantó hasta que dejó tendido el futón.
—Me disculpo por interrumpir tu descanso, Kazuya. Me retiro. Buenas noches.
El pasillo largo y oscuro le recordaba a las clásicas películas de terror.
Allí no había fantasmas, pero tal vez podría toparse con alguno de los adultos que estaban a su cargo. Y eso sería bastante aterrador.
—Oh, pero si es Souh... ¿Dónde se habrá metido todo este tiempo?
Se acercó hasta él con intenciones fallidas de asustarlo mientras entraba a su cuarto.
—Es media noche y sigues despierta. Eso es realmente sorprendente —ironizó—. Seguro mañana nieva.
—Me quedé dormida en otra parte. Sin embargo, ya va siendo hora de que vuelva a mi habitación.
—Yo que tú no entraría ahí —advertía—. Haruichi y Eijun se quedaron dormidos en la sala, Umemoto y Natsukawa en el dormitorio... Esa habitación está al tope.
Numéricamente hablando debía haber habitaciones con espacios libres para dormir. La cuestión es que no podía ir tocando de puerta en puerta. Además, nadie la aceptaría por ser una chica.
—Tú estás con Yui-kun y mi hermano, ¿cierto?
—¿Quieres quedarte con nosotros?
La pregunta inconfesable salió de sus labios.
—No quiero meterlos en problemas.
—Yui se quedó con Furuya. Tu hermano debe estar totalmente dormido. Por lo que queda un futón libre... Y todos acabaron en habitaciones que no eran suyas. Ya da igual.
—Acepto. Pero dormiré en la sala.
—Cierto. Eres peligrosa cuando duermes y no tienes tu almohada de Pompompurin.
—No lo digas en voz alta, es vergonzoso.
—Entremos. Moveré la mesa para que te instales.
—Muchas gracias. Te debo una.
Sora saltó del susto cuando sintió dos manos callosas sobre sus hombros, frenándola de entrar al cuarto de Souh.
—¡¿Yōichi?! ¿Qué haces aquí? ¿No te habías perdido por los senderos de la vida junto a Maezono-kun y Asou-kun?
—Sora, explícame, ¿por qué razón vas a entrar al cuarto de Tatsuhisa cuando pasa de media noche?
—Porque mi habitación está llena y no tengo otro lugar al cual ir.
—Mi cuarto tiene un lugar disponible. Andando.
Las objeciones sólo fueron dichas dentro de su cabeza. Kuramochi se la llevó de ahí, jalándola del brazo con la nula caballerosidad que caracterizaba su trato hacia ella.
—¿Pensabas acurrucarte con tu ex novio para no sentir frío?
—¿Por qué te oyes molesto? ¡Y no iba a acurrarme junto a él! —replicó—. Iba a dormirme en la sala. Ahí no iba a molestar a nadie.
—¿Por qué no fuiste a nuestro cuarto? Sawamura no iba a volver.
Parecía que todos poseían versiones diferentes sobre qué miembros se quedarían o se irían de aquella habitación.
—Kazuya no quiere meterse en líos por tener una chica durmiendo en el mismo lugar que él, por lo que me dijo que lo mejor es que me fuera de allí.
A Kuramochi no le sorprendía la desfachatez del cácher, pero sí lo escasamente empático que fue con quien debería darle un trato especial, diferente.
«¿Es en serio, Miyuki? ¿De verdad sacaste a Sora del cuarto por una estupidez como esa? ¡Es media noche y ya todos están en sus cuartos!», pensaba Yōichi molesto, con un visaje torcido en los labios.
