Está inspirado inicialmente en la canción "So it goes", de Taylor Swift. Quizás en algunas otras de otros artistas.

Ubicado 5 años después de Luna Nueva, y al día siguiente de que Anastasia deja a Christian.

Debería estar ambientando alrededor del año 2011, pero, honestamente acomodaré el tiempo en la historia para que sea a mi beneficio y es muy probable que coloque cosas o situaciones de hoy en día.


Por cierto, aunque creo que es algo obvio al ser un crossover con 50SoG, de todos modos, lo diré, esto contiene escenas hot y temas relacionados al BDSM. Por favor si vas a leerlo, QUE SEA BAJO TU RESPONSABILIDAD.

Disclaimer, ya se la saben… Twilight y sus personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La serie de 50 Shades y sus personajes son de E.L. James. Yo juego con los personajes y los hechos. Si ven algo que sea reconocido, no es mío. Bla, bla.


Isabella POV

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—¿Isabella?

Alguien murmura mi nombre, es apenas un susurro lejano

—Cariño, despierta.

Unos dedos rozan mis mejillas. El toque es suave, delicado cómo una pluma que acaricia mi piel.

—¿Christian? —pregunto adormilada. Mis músculos engarrotados duelen cuando mi cuerpo se remueve

—Sí, soy yo —acepta la voz. Una sonrisa se desliza en mis labios. —Vamos, despierta, cariño. Tienes que comer algo

No quiero despertar, quiero seguir durmiendo.

Me obligo a hacer un esfuerzo para hacer lo que Christian me dice, muevo mis ojos sintiendo la pesadez de los párpados, después de algunos intentos, logro mi cometido, mis ojos se abren. Lo primero que veo es la intensa mirada color gris a la que me he vuelto adicta y el rostro que llevo semanas observando al despertar.

Es inevitable la sonrisa que se desliza por mis labios.

—Hola —murmuro. Mi voz suena ronca, mi garganta duele por mi intento de hablar.

Esto no es normal.

¿Me habré enfermado?

—Hola, cariño —Christian me dice sonriendo. Mis ojos lo observan, su cabello está despeinado, hay ojeras debajo de sus ojos

Esto no está bien.

Una ola de pánico azota mi cuerpo.

—No, espera, cariño —intenta detenerme, pero no logra prever mis movimientos con el tiempo suficiente como para evitarlos.

Mis manos lo empujan lejos de mí, mi espalda se endereza de golpe, dejándome sentada sobre la cama con un intenso dolor que recorre todo mi cuerpo. Ignoro el estremecimiento que me provoca el movimiento repentino, puedo lidiar con eso más tarde.

Christian me mira con preocupación, además de su rostro cansado, lleva puesta una extraña camisa que estoy segura de que no le pertenece, pero por algún motivo me resulta muy familiar.

Detrás de él hay una extraña oscuridad que no es propia de los amplios cristales de la Escala. Usualmente cuando despierto, la luz del sol se filtra por los enormes ventanales y paredes de cristal, la Escala siempre está iluminada, incluso por la noche cuando se filtran las luces de Seattle,

Mi pánico aumenta, no estamos en casa, no sé dónde carajos me encuentro.

Mis ojos se separan de Christian, observo a mí alrededor recorriendo cuidadosamente el lugar en el que me encuentro. Lastimosamente, mis ojos se detienen a uno de mis costados, donde observo una maldita ventana que me resulta demasiado conocida.

No, no, no. ¡¿Qué mierda hago aquí?!

No puedo ocultar el jadeo horrorizado que me atraviesa la garganta.

—Isabela. —Christian intenta hablarme, pero yo niego frenéticamente.

—¿Q-que estamos…? ¿C-como llegamos a-aquí? —pregunto atropellando las palabras. Mi cuello se gira de un lado a otro, mis ojos continúan observando el lugar en el que estoy. Este es el último jodido lugar en el que quisiera despertar.

—Elliot se tomó demasiado enserio lo de "sácanos de aquí" —Christian resopla. ¿Está molesto? Le doy una mirada confundida.

—¿Elliot? ¿Nos sacó de dónde?

En lugar de responder, Christian presiona los labios con fuerza.

Mis sentidos se alertan, sé que algo pasó, sé que no es bueno, sé que Christian no está feliz por eso.

—Christian, ¿qué sucedió? —el sabor agridulce se coloca en mi lengua mientras mis labios hacen la pregunta. Algo en mi interior me dice que yo sé la respuesta, algo en mi interior me da la sensación de que no debí hacer esa preguntar, pero no puedo recordarlo, en mi mente no hay la suficiente claridad para intentar rememorar los hechos que me trajeron a mi antigua habitación en Forks.

—Estuve a punto de llegar tarde. Pude no haber llegado a tiempo —susurra con los dientes apretados, pero con voz atormentada.

Resulta inevitable que el indeseable dejà vú que viene a mi mente. Escuchar a Christian decir esas mismas palabras que él dijo hace años, en ese mismo tono, me produce un escalofrío y un estremecimiento de dolor.

—¿Cariño? —Christian junta sus pobladas cejas. Es claro que mi reacción lo ha preocupado. —Isabella, ¿qué te pasa? ¿Te duele?

—Estoy bien —miento.

—No es verdad —me responde. Tiene razón, aun soy una mala mentirosa.

No, no es verdad que estoy bien.

Christian se mueve con lentitud, la cama se hunde, la calidez de su cuerpo aparece a mi lado derecho. En silencio, su mano sube y baja por mi brazo brindándome una sensación reconfortante mientras me permite perderme en mis propios pensamientos confusos.

Me llama la atención el siguiente movimiento de su mano. Se detiene, ahora son únicamente sus dedos los que se mueven, Christian tiene sus ojos fijos en mí, pero sus movimientos son distraídos. Bajo mi cabeza para que mis ojos aprecien su movimiento, su pulgar está acariciando mi muñeca derecha, exactamente por sobre la marca de la mordida de James.

James...

Es inevitable que mi mente viaje hasta ese momento, que comience a rememorar algunos de los recuerdos más desagradables de esa época cuando tuve que escapar, huir, cuando todo fue en vano porque el cazador logró engañarme, cuando James me atacó.

Aun, cuando tengo pesadillas, veo en mi mente su rostro amenazador y peligroso, aun puedo recordar a la perfección sus ojos rojos fijos sobre mí.

Ojos rojos... ojos rojo borgoña que se convierten en ojos negros por el hambre, la furia, la necesitad de matar. Ojos negros que se transforman en ojos verdes peligrosos y amenazantes.

A mi mente llega un huracán de recuerdos de la noche pasada. La gala en casa de los Grey, la subasta, el baile, Anastasia hablando conmigo en el baile, Elena y Anastasia peleando y evidenciando a Christian, Grace, el espectáculo de fuegos artificiales...

De repente recuerdo de las dolorosas imágenes que mi mente intentaba suprimir para protegerme de mi misma; Rhian y yo, la silueta apareciendo y siguiéndonos, el hombre enmascarado chocando conmigo, ¡Jack! Jack hablando conmigo, Jack golpeando a Rhian contra la pared…

Es inevitable la horrible sensación que causa la bilis subiendo a mi garganta. Es inevitable el nuevo jadeo que sube por mi garganta.

—¿R-Rhian? —pregunto con la voz temblorosa. Una imagen de su rostro cubierto de sangre llega a mi mente, escucho en mis recuerdos su preocupada voz.

Christian exhala bruscamente. No esperaba que hiciera esa pregunta así, de la nada.

—¿C-cómo está Rhian? —mi voz tiembla de nuevo con la pregunta. Christian me mira, resignado a responderme.

—Hablé con Jhon hace poco —me cuenta en voz baja y en un tono cauteloso que aumenta mi ansiedad. —Rhian está bien, tiene moretones en el rostro el rostro y su nariz está fracturada, pero está bien.

—Estaba sangrando demasiado —susurro. Mi mente aún está mostrándome esos recuerdos.

—Lo sé.

Después de eso, él no dice nada más. Sus ojos continúan sobre mí, como a la expectativa de que algo suceda conmigo

—¿C-como me encontraste? —pregunto. De nuevo la bilis sube a mi ga

Soy una maldita tonta, solo a mí se me ocurre preguntar los detalles de la situación traumática y horrible que acabo de pasar, pero necesito saber qué carajos fue lo que pasó, necesito llenar las lagunas que tiene mi mente.

—En realidad, Sawyer lo hizo —admite. —Fue él quien te encontró

Mi mente me muestra ese recuerdo, la sombra negra que logró acabar con la situación fue Sawyer, él fue el primero en llegar hasta mí. Me quedo en silencio esperando a que Christian me dé más detalles de lo que sucedió

—Se suponía que Rhian y tu estarían en la casa mirando los fuegos artificiales, y se suponía que nosotros las veríamos desde el embarcadero —su tono no es acusatorio, pero sé que ahora mismo se arrepiente de permitir que fuéramos sin compañía. —No podía verte, eso hizo que me pusiera nervioso.

—Rhian y yo no pudimos salir del salón de baile —le explico. —A-apareció frente a nosotras bloqueándonos el paso y decidimos volver.

—Cuando paso más tiempo del que te tomaría ir hacia la casa, supe que algo estaba mal —cierra los ojos por un momento, su frente se arruga y toma una respiración para volver a hablar. —Taylor le preguntó a Sawyer que si estaba contigo y el pánico aumentó cuando su respuesta fue negativa.

—Rhian y yo intentamos volver al jardín —mi voz tiembla. —Él apareció, con la máscara cubriendo su rostro, me reclamó por la subasta y…

—¿La subasta? —abre los ojos al máximo. La mente de Christian hace la conexión rápidamente—¿Él era el desconocido de la subasta?

—Si… —asiento. Christian se endereza, su mandíbula se mueve, sus dientes rechinan.

—Debí saberlo, debí... —sacude la cabeza.

—¿C-cómo me encontró Sawyer? —le pregunto. —Durante los fuegos artificiales me dijiste que él seguía afuera.

—No lo sé —confiesa Christian, su voz suena conmocionada. —Rhian apareció en el jardín gritando mi nombre, Jhon fue el primero en verla, venía cubierta de sangre y corria hacia nosotros. En cuanto nos acercamos a ella, dijo tu nombre, no esperé más, fui a buscarte. Sabía que necesitaba encontrarte.

—Pero Sawyer llegó antes —le digo. En cuanto vea a ese hombre es probable que me suelte llorando mientras le agradezco por ser mi guardaespaldas.

—Lo hizo —acepta Christian. —Cuando yo llegue, Sawyer ya estaba sobre ese imbécil.

Escucho sus voces en mis propios recuerdos. La voz de Sawyer, las maldiciones de Christian, ¿Taylor?

—¿A-alguien más se dio cuenta de lo que paso? —pregunto. La imagen de todas esas personas mirando los fuegos artificiales me pone nerviosa. Alguien más debió notar a Rhian o mis gritos

—No —Christian niega. —Todos estaban demasiado atentos a los fuegos artificiales que ni siquiera notaron a Rhian.

—Todo es confuso —admito.

Christian exhala bruscamente.

—Lo lamento, Isabella. Prometí que cuidaría de ti y he fallado, de nuevo.

Un sentimiento de tristeza inmunda estruja mi corazón. No es su culpa, Christian no tiene por qué sentirse así.

—No, no Christian. No es tu culpa, cariño —mi mano se coloca en su mejilla. Su rostro se inclina hacia mi palma, deposita un beso en mi mano. —No podíamos imaginar que él estaría allí. No sabíamos que era él.

—Tampoco es tu culpa —me tranquiliza. —No hiciste nada malo, ¿entiendes?

No es mi culpa, pero se siente como si hubiese sido yo quien cometí un crimen

—Sí, lo sé —asiento. Obligo a mis labios a estirarse en una sonrisa, pero solo obtengo una mueca extraña. —Christian... necesito que sepas todo lo que pasó, necesito que sepas...

Necesito que sepa que yo no quería Jack cerca de mí.

—No tienes que decirme nada que no quieras —me tranquiliza. —Tú no has hecho nada malo, cariño.

—Quiero que lo sepas, pero no, no puedo, no quiero decirlo en alta.

No quiero decirlo en voz alta porque se va a volver más real. Ahorita mismo mi mente puede hacer dos cosas; la primera, fingir que todo ha sido un sueño, uno malo, una pesadilla. O la segunda cosa, obligarme a admitirlo en voz alta y que se vuelva real.

—No lo hagas —sentencia dulcemente. Aprieta sus labios antes de volver a hablarme con suavidad. —¿Te hará sentir más tranquila si te digo que sé todo?

Una mueca de confusión se coloca en mi rostro.

—Los videos de seguridad —dice casual, como si hablara del clima.

—Por supuesto —suelto una risa ligera.

La familia Grey no haría un evento de ese tipo sin colocar cámaras en todos lados, incluyendo la carpa del salón de baile y los pasillos que conectaban con esta.

De repente siento que el peso en mis hombros se evapora, solo para ser reemplazado por un nuevo peso de preocupaciones. Si Christian vio los videos de seguridad, lo más probable es que haya visto el momento en el que Anastasia me aborda. O peor, el momento en el que Elena decide unirse a la conversación.

Hablando de Elena...

—¿Cómo está... ya sabes... la vieja... amiga? —pregunto con una valentía sacada de no sé dónde.

Un resoplido es la primera respuesta que recibo.

—De mal humor, supongo —responde mordaz. —La verdad es que, no he hablado con ella.

—¿No?

—Pasaron demasiadas cosas desde el momento en que Elena abandonó la gala y mi prioridad eres tú —cuando dice esas últimas palabras, sus ojos grises y helados se vuelven plata liquida y ardiente. Un suspiro me atraviesa. —Aunque, ya he tomado una decisión.

Muevo mi cabeza en un asentimiento lento. No muy segura de querer escuchar lo siguiente que planea decir.

—Voy a terminar la relación de negocios que tengo ella.

Le miro con el ceño fruncido.

—¡¿Vas a cerrar la cadena de salones de belleza?!

—¿Porque suenas sorprendida o alarmada? —Christian me mira con los ojos muy abiertos. —La última vez que estuviste en Esclava casi llevaste a un pelotón de seguridad.

Ahora es mi turno de soltar un pequeño resoplido.

—Creí que no te gustaba el lugar —me acusa.

—Si me gusta —confieso. —El problema no es el salón, demonios, ni siquiera es problema que se llame "Esclava", el problema es...

—El problema es Elena —completa por mí.

—Escucha, Christian... —tomo una respiración para tranquilizarme. —No puedo decir que me gusta o apruebo lo que Elena hizo. En ese momento, tenías 15 años, eras un niño, ella ya era una mujer demasiado adulta y eso aquí o en China, es abuso.

Christian aprieta los labios. Para mi suerte, no responde y me deja seguir hablando.

—Aunque no sabes cómo me duele decir que simpatizo con ese niño, con ese adolescente que se sentía perdido. Sabes que yo también lo fui, yo también fui una adolescente que estuve perdida e incomprendida —mi voz se rompe. —Pero a mí nadie me controló, yo tuve que estar cerca de perder hasta mi vida, para tocar fondo y darme cuenta de que estaba muy mal.

Christian se estremece con mis palabras.

—Elena te salvó de tocar fondo, aunque no creo que esa hay sido su intención original —hago una mueca. —Mi problema con ella es que, esta encaprichada contigo. Cree que la vas a seguir eligiendo sobre cualquiera. Elena cree que todavía tiene el control sobre ti, ella cree que tú le debes todo solo por lo mucho, poco, bueno o malo que ella hizo por ti.

—Eso solo reafirma mi decisión —Christian suelta. —He decidido que voy a regalarle ese negocio, yo siento que se lo debo, y quizás ella también. Saldaría mi deuda y así ya no tendré nada que ver con ella.

—Eso... eso es inteligente —admito. Christian sonríe.

—El lunes hablaré con mi abogado para arreglar todo —dice satisfecho consigo mismo.

—Sé que la aprecias —digo esas palabras casi en contra de mi voluntad. —Lamento que hayas perdido una amiga.

—¿De verdad lo sientes? —esboza una sonrisa amarga.

—No —me encojo de hombros. Christian se ríe. —Lo que si lamentaré es dejar de ir al salón.

—No tienes por qué hacerlo —dice él. —Después de todo, ya no tendrá nada que ver conmigo.

—Lo pensaré —le digo. Ahora, el miedo de salir de allí con el cabello de algún color fluorescente o quemado por químicos es mayor. No tengo idea de cuál será la reacción de Elena hacia mí, sobre todo después de que yo haya sido la causa de su pelea con su mejor amiga.

Hablando de eso...

—¿Cómo está tu madre? —pregunto débilmente.

—Molesta —admite. —Ya lo esperaba.

—¿Han hablado?

—Hablé con ella en cuanto llegamos aquí —me dice. —Estaba preocupada por ti, estaba dispuesta a conducir en la noche para venir a revisarte. Sue habló con ella y entre ambas te atendieron, eso también tranquilizó a Grace.

Claro, Sue es enfermera, solo ella sabría que hacer conmigo, además que Grace confiaría en su palabra y en que si algo sucedía habría alguien responsable y capacitado a mi lado.

—Y… —me aclaro la garganta, —¿has hablado con Grace respecto a Elena?

Los ojos grises dejan atrás la preocupación y el dolor y se permiten ser envueltos por un brillo de diversión.

—Sí, lo hicimos —se rie. —No te daré los detalles porque supongo que recuerdas todo lo que mi madre me dijo durante la conversación casi privada que tuvimos en el jardín.

me atraganto con mi propia saliva. Es inevitable el sonrojo que se desliza en mis mejillas.

—¿Las cámaras de seguridad? —pregunto desviando mi mirada. Lo más seguro es que ahí se hayan dado cuenta que soy una chismosa y que estaba escuchando a hurtadillas.

—Las cámaras de seguridad —acepta con una nueva risa.

Mierda. Debí suponer que me descubriría.

—¿Carrick? —desvió el tema. —¿Has hablado con él, sobre Elena, me refiero?

—Papá esta... muy molesto —admite bajando su cabeza. —Hemos hablado, sí, pero no sobre ese tema. Aunque sé que lo haremos en la primera oportunidad que se presente.

—¿Mia? ¿Te ha dicho algo?

—Mi hermana estaba más preocupada por ti que por mi historial de relaciones personales —me dice. Se encoje ligeramente de hombros. —Dijo que simplemente que no quiere saber los detalles, pero que estaba triste por todo lo que sucedió en la fiesta.

No respondo. La ola de culpabilidad por haber arruinado la gala se cierne de nuevo sobre mis hombros.

—¿Q-que pasó con Jack? —pregunto con voz temblorosa. Christian hace una mueca y su rostro se transforma completamente, la furia y lo domina de nuevo.

—No tienes que preocuparte. Ya nos encargamos de él —dice con voz fría. Su rostro se dulcifica para mirarme. —No se volverá a acercar a ti.

Suelto la respiración que no sabía que estaba conteniendo. Esa última frase ha hecho que mi alma regrese a mi cuerpo.

—¿Angela si hizo que se tragara sus propias pelotas? —digo en tono más ligero.

Levanto una ceja, en mi interior ruego porque mi amiga si haya cumplido sus amenazas. Christian parece divertido por mi pregunta.

—No. Lamentablemente Taylor se lo llevó antes de que Angela tuviera la oportunidad —es la respuesta que me ofrece. Hay cierto matiz sombrío y divertido en sus palabras. —Aunque sigue muy dispuesta a cumplir sus amenazas.

—Bien —asiento distante. —Ese desgraciado se lo merece.

Mi cuello punza, recuerdo que tengo las heridas que mis propias uñas me causaron intentando zafarme de sus manos.

Christian lo nota.

—Si ese cabrón hubiera... si él te hubiera... —sus palabras se cortan. El estremecimiento que lo recorre es demasiado notorio. —Te juro que, estuve a punto de matarlo. Si no hubieras dicho mi nombre yo... lo habría dejado muerto en ese mismo pasillo.

Trago pesadamente. Le creo, sus palabras, su actuar, su rostro lleno de furia mientras golpeaba a ese maldito, todo en él me hace creerle que no se hubiera contenido de matarlo. Pero no puedo permitirlo, no necesito que sus manos se llenen de sangre por mi culpa.

Mis ojos bajan a mi regazo, me doy cuenta de dos cosas, la primera es que su mano aun acaricia mi muñeca de manera distraída, como si la textura fría y dura o el pasado de mi cicatriz no le afectaran en lo más mínimo. La segunda cosa que noto es que ahora estoy usando uno de los viejos pijamas que solía usar Leah cuando recién se mudó la casa de Charlie.

—¿Quién me cambió? —la pregunta sale de mi boca antes de que pudiera detenerla.

—Angela te dio un baño cuando llegamos aquí —explica.

—¿Por qué? —pregunto.

Como suele hacerlo, Christian lee la pregunta que se ha formado en el interior de mi mente. ¿Por qué no fue él quien me duchó y cambió? Ya me ha visto desnuda, demasiadas veces.

—Porque el baño de este lugar es demasiado pequeño —me mira con la disculpa bailando en sus ojos grises. —No cabíamos los tres dentro y hubiera sido extraño

Suelto el aire que estaba conteniendo. Una parte de mi mente, una muy oscura, me decía que Christian no quería tocarme, que ahora yo le daba asco porque otro hombre, porque Jack precisamente, intentó tocarme.

—Entre Angela y yo te colocamos en la bañera —dice urgentemente. —Ella se quedó contigo en el baño, dijo que era algo que ella debía hacer, que necesitaba ayudarte.

Mi corazón se encoge.

Puedo comprender la necesidad de Angela de hacer eso. No la dejaron desquitarse con el infeliz, no la dejaron cuidar de mí, no le permitieron ser ella quien me salvara como tantas veces hizo en el pasado.

—Yo esperé afuera hasta que estuvieron listas —sus ojos grises me miran con intensidad, me gritan algo que no logro comprender. —Te vestí, te acosté y me quedé contigo mientras Sue, con Grace al teléfono, te revisaba y te curaba.

—Te quedaste conmigo —repito sus palabras.

Es eso lo que ha estado tratando de decirme con tanta desesperación. Que no importa lo que haya pasado, él se quedó conmigo.

—¿Y a dónde iría, cariño? —me pregunta con una débil sonrisa.

Es inevitable, una sonrisa se desliza en mis labios.

Ahora estoy bien, estoy a salvo y estoy con Christian. Eso es lo que importa.

Nos quedamos en silencio, disfrutando del calor y la compañía del otro, hasta que me doy cuenta de que el silencio es demasiado.

—¿Dónde están los demás? —pregunto rompiendo el momento.

—Abajo —responde. Su rostro se gira fugazmente en dirección a la puerta de mi habitación —Angela y Sue estaban preparando el almuerzo.

—¿Qué hora es? —miro confundida hacia la ventana. Hoy es uno de esos días en los que el sol ha decidido acordarse de la existencia de Forks

—Pasa de medio día —me dice. ¿Tanto tiempo he dormido? —¿Tienes hambre? No has comido nada desde la cena.

Mi cuello aun duele, mi garganta está lastima y probablemente termine peor después de comer, pero la realidad es que si tengo hambre.

—Sí, creo que puedo intentar comer algo —acepto. Christian me mira, satisfecho con mi respuesta. Se levanta, y extiende su mano en mi dirección en una orden silenciosa, sin dudarlo, la tomo y permito que me arrastre a su lado hasta colocarme sobre mis propios pies.

—Vamos, cariño —su mano libre sube a mi mejilla para depositar una caricia. Toma una respiración y me conduce a su lado hasta la puerta de mi vieja habitación. Con calma y paciencia me ayuda a bajar las escaleras. No habia notado que estaba mareada

—¡Sawyer! —exclamo alegremente al ver al hombre firmemente de pie en el último escalón.

—Señora —me da su típico asentimiento, algo en su mirada luce diferente a la última vez que lo vi, luce avergonzado, apenado, triste y consternado.

Hago un esfuerzo por no soltarme llorando. Este hombre ha salvado mi vida.

—Es bueno verte Sawyer —le digo. —Siempre es bueno verte.

—Le debo una disculpa, señora —me dice bajando su cabeza. —Es claro que he fallado en mi trabajo, aunque no ha sido del todo por mi voluntad, no he desarrollado mis deberes de la mejor manera y la puse en riesgo. Es por eso que le debo una disculpa y estaré de acuerdo en cualquier decisión que usted tome.

Mi mano libre sube hasta descansar en su brazo. Sawyer me mira preso de la sorpresa de mi gesto.

—Gracias, Sawyer —le digo con toda la honestidad que puedo. —No tienes idea de lo agradecida que estoy de que seas mi guardaespaldas.

El hombre parpadea, un ligero rubor sube por sus mejillas.

—Yo, pues, err, gracias señora Isabella —balbucea. Una sonrisa se asoma en la esquina de sus labios antes de volver a su máscara de seriedad. —A partir de este momento mi atención está completamente en mi trabajo, señora. Se lo aseguro.

Le da una mirada mordaz y fulminante a su jefe.

—Es bueno saberlo, Sawyer —digo perpleja.

—¿Taylor aun no vuelve? —Christian le pregunta secamente. Sawyer niega con la cabeza y gira su rostro, evita la mirada de su jefe. Christian aprieta los labios, no dice nada más.

Observo el intercambio con interés y curiosidad. Los dos hombres siguen de pie junto a mí, pero ambos sumidos en un silencio que se está volviendo incomodo, tenso y pesado.

—¿Ya comiste, Sawyer? —pregunto para intentar aligerar el ambiente.

—Sí, señora —sonríe amablemente. —Si me disculpa, tengo trabajo que hacer y estoy seguro de que usted debe estar hambrienta

—Claro, sigue con lo tuyo —asiento. —Gracias de nuevo, Sawyer.

—Señora —me mira por algunos segundos, luego, gira su rostro en el ángulo suficiente como para mirar directamente a Christian. Se permitirse fulminar con la mirada su jefe una vez más antes de girarse y caminar a la sala de estar.

Christian se mantiene de piedra a mi lado

—¿Que sucedió? —le pregunto en voz baja. Lo miro por la esquina de mis ojos.

Christian hace una mueca, no quiere decírmelo pero sabe que seguiré insistiendo hasta que lo haga.

—Sawyer y yo tuvimos una conversación —me dice fríamente evaluando mi reacción. Yo parpadeo y espero a que continúe. —Podría decirse que me amenazó.

—¡¿Qué?! —chillo demasiado alto. Abro los ojos por la sorpresa que me genera sus palabras.

—Tranquila... —Christian acaricia mi espalda. —No fue malo y debo admitir que tiene razón.

—Pero, ¿porque? ¿Qué dijo?

—Sawyer dejó en claro que, si yo requería aun de sus servicios, que... —Christian se remueve con incomodidad. —Qué entonces me asegurara de permitirle hacer su trabajo correctamente.

—¿Eso dijo? —confundida, junto las cejas.

—Si —asiente. —Sawyer dice que el trabajo por el cual lo contraté es tu seguridad. Su trabajo es cuidarte, protegerte, no escoltar a mis exnovias locas.

Una risilla se escapa de mis labios.

—Sawyer tiene razón —le digo sin vergüenza alguna. —Y su razón para estar molesto contigo es válida.

—Lo es —Christian acepta.

Se escucha ruido viniendo hacia nosotros, mis sentidos se alertan, mi cuerpo se pega contra el de Christian.

—¡La Bella durmiente ya despertó! —el rostro sonriendo de Elliot aparece por el marco de la cocina. Mi cuerpo se relaja al instante. —¡Vaya cuñadita! ¿Es resaca lo que veo en ese precioso rostro tuyo?

El alivio me inunda. Es bueno que no mencione el llamativo moretón que tengo en el cuello.

—Los cocteles de Carrick no se deben tomar a la ligera —le digo siguiendo su broma, eso hace que Elliot amplié su sonrisa.

—¡Quítate! —escucho la voz de mi amiga. Elliot desaparece de mi vista solo para ser remplazado por Angela viniendo hacia mis brazos. —¡Bella!

Angela está usando unos shorts de mezclilla que claramente no son de ella, le quedan ligeramente grandes, lleva encima una playera estampada de alguna banda que no conozco pero que apuesto pertenece a los gustos de Seth.

—¡Oye! ¿Porque me empujas? —Elliot aparece detrás de ella. El rubio está usando ropa de Charlie que le queda muy grande.

Una risilla se escapa de mis labios al vernos a los cuatro vestidos tan diferentes a lo que solemos usar en Seattle.

—¡Bella! —Angela chilla contra mi oído. —¡Qué bueno que despiertas! Ya no soportaba estar sola entre tanta testosterona.

—¡¿Y yo que?! —la inconfundible voz de Sue suena por sobre los chillidos de mi amiga. —¿Estoy pintada?

—No, mamá Sue —Angela responde avergonzada. Me desprendo de los brazos de mi amiga para mirar a una sonriente mujer de piel morena y cabello negro azabache.

Angela se hace a un lado para permitir que la mujer me abrace.

—¡Bella! —sus brazos me rodean con cuidado. —¡Oh! No imaginas cuanto te extrañe.

—Hola, Sue —digo riendo. Su entusiasmo se me contagia. —Yo también te extrañé.

—Vamos a que comas algo —me dice con cariño. —Espero los portadores de extrema testosterona te hayan dejado algo.

—¿Algo de lo que especificaste que era solo para Bella? —Angela gira su rostro a la cocina. Su mirada es maliciosa. —¿Algo de lo que Elliot se está comiendo en este momento

—¡Eso no es cierto! —el rubio grita desde el comedor con indignación, y supongo que con un biscocho en la boca.

—¡Te estoy viendo! —Angela le grita y camina hasta la cocina.

—Son algo entretenido de ver —Sue se ríe.

—Se están comportando —Christian dice a mis espaldas. Yo me río y asiento dándole la razón.

—Vamos, Bella —Sue me mira con cariño. —Vamos a que comas algo antes de que Elliot arrase con todo.

—¡Hey! —se queja el aludido. —¡Escuché eso!

—¡Esa era la idea! —Sue le responde acompañando sus palabras de una risa.

La mujer morena me arrastra hasta la mesa dónde está servido un gran banquete. Angela y Elliot ya están sentados en las sillas del pequeño comedor, peleándose por un pedazo de pan. Nosotros tres entramos con sonrisas divertidas en nuestros rostros. Me siento en una de las sillas, dejando a mi amiga y al rubio en las sillas a mis costados, a Sue sentada frente a mí y Christian se quedó de pie a mis espaldas, acariciándome los hombros con sus manos para recordarme su presencia.

Mis ojos se colocan en la comida que descansa sobre la mesa, mi estómago ruge en señal de hambre pero el dolor en mi garganta me detiene de hacer algún movimiento. Las manos que descansan sobre mis hombros dan un suave apretón, una muestra silenciosa de apoyo, protección y cariño.

Mi mano se extiende al frente temblando por la indecisión, en un plato coloco algo de la fruta en trozos que hay en el medio de la mesa, quiero creer que eso será lo más sencillo de tragar con mi garganta lastimada. Llevo un trozo a mis labios, mastico y me preparo para tragar, hago una mueca cuando siento la incomodidad en mi garganta. Levanto mi mirada esperando las miradas de compasión de todos pero para mi sorpresa, nadie me mira. Elliot y Angela continúan comiendo y peleando por la comida, Sue los está regañando y golpeándolos con la charola de pan y Christian está riendo a mis espaldas.

Nadie me mira, nadie me pone atención. Nadie está en constante alerta esperando a que me derrumbe o haga evidente el dolor en mi interior.

Es inevitable que las comisuras de mis labios se extiendan a una sonrisa.

Con un ánimo renovado, continuo comiendo, poco a poco voy midiendo que tan fácil me resulta tragar sin lastimar mi garganta. Si me duele, pero no lo suficiente como para obligarme a dejar de comer.

Las manos en mis hombros dan de nuevo un apretón cuando me estiro de nuevo a buscar más comida. Christian ha notado mis movimientos y se asegura de recordarme que esta allí para mí.

—¡Oh! —Sue dice de repente. —No saben de lo que me enteré el otro día.

La mujer llama nuestra atención con eso. Sabe que los cuatro somos unos chismosos, Sue sabe a la perfección que la única manera de mantenernos en silencio es contarnos un cotilleo.

—¿Jessica por fin se va a divorciar de Mike? —Angela pregunta con una ceja arriba.

—Como si Jessica fuera a hacer eso —me burlo.

—De hecho, Jessica está embarazada —Sue nos mira.

—¡¿De nuevo?! —Elliot jadea con un tono chillón.

—¡Si! —Sue asiente frenéticamente.

—Tu ni siquiera sabes quién es Jessica —me rio mirando a Elliot.

—Pues se están tardando en contarme de ella —me responde le rubio causando que mi risa se intensifique.

Angela le cuenta al rubio todo sobe nuestra ex compañera de la escuela, para deleite de Elliot, mi amiga le cuenta toda la historia con jugosos detalles. De vez en cuando el rubio suelta comentarios y jadeos de sorpresa o indignación provocando que mi risa interrumpa la conversación a cada rato. Sé cuánto le apasiona el cotilleo y el chisme a Elliot y verlo con sus ojos fijos en mi amiga y que le está contando los grandes chismes del pueblo hace que me resulte imposible no sonreír.

Sue hace sus aportaciones parloteando con todo lo nuevo que ha pasado en este pueblo en las semanas que ha durado nuestra ausencia.

La sorpresa me causa un sobresalto. Me resulta casi cómica la situación.

La primera vez que salí de este pueblo, Reneé aseguró que ni ella ni yo íbamos a volver; yo lo hice. Las siguientes veces, regresaba durante el verano y cuando me iba aseguraba que no iba a volver; lo hacía al verano siguiente. En las últimas vacaciones de verano que pasé aquí, le dije a Charlie que no volvería; unos años más tarde me mudé aquí con él. Después, cuando pasó lo de los Cullen, yo me juré que no pisaría nuevamente este maldito pueblo; Pasaron años, pero lo hice.

Ahora han pasado solo algunas semanas, y aquí estoy de nuevo. Pareciera que siempre regreso a Forks por más que haya dicho lo contrario. Jodido pueblo del infierno.

—¿Dónde está Seth? —digo después de un rato. No había notado la ausencia de mi pequeño hermano hasta que el silencio en el resto de la casa fue demasiado obvio. Cuando hay un lobo presente no puede haber tranquilidad.

—Patrullando —responde Sue. —Lo verás más tarde.

—¿Lo haré? —junto las cejas por sus palabras.

—Lo más seguro es que se quede es la Push —dice más para ella que para nosotros.

—¿La Push? —miro confundida a Sue. —Si se queda allá, ¿cómo lo veré?

—Hay una fogata en la Push —Angela me dice. —Obviamente vamos a ir.

—¿Vamos a ir? —pregunto. A mí nadie me ha invitado a ir a la reservación, ¡carajo! Nadie me ha preguntado si tengo ánimos para ir. —¿Por qué vamos a ir?

—¡Esta soleado! —Angela dice con emoción. Bueno, eso tiene sentido.

—Emily, Elena y yo hablamos esta mañana —Sue dice en tono pensativo. —Ya nos organizamos

—¿Se organizaron? —miro a Sue con los ojos muy abiertos. Eso solo significa que ya todos estamos implicados.

—Yo haré una ensalada —Sue continúa. —Angela hará la pasta y Bella hará los muffins a petición de la manada.

—¿Voy a preparar muffins? —jadeo. Estoy segura que ese ha sido Jacob

—¿Yo que voy a hacer? —Elliot mira atentamente a Sue. Parece un cachorro que está esperando las instrucciones de su dueño.

—No estorbar —Angela gruñe. Elliot hace un puchero cuando Sue asiente a las palabras de mi amiga.

—Christian, tú puedes ir a conseguirme una nueva tostadora —Sue levanta su cabeza y mira furiosamente al cobrizo a mis espaldas.

—¿Tostadora? —arrugo mi frente.

Elliot casi se ahoga con su taza de café, Angela se cubre la boca para evitar reírse. Christian gruñe palabras incomprensibles.

—¿Qué le pasó a la que tenían? —pregunto mirando hacia el aparato. O al menos donde usualmente se encontraba.

Sue, Elliot y Angela se miran, nadie me responde.

—¿Dónde está la tostadora? —pregunto.

—Christian la quemó —responden los tres antes de soltar una carcajada. A mis espaldas se escucha de nuevo un gruñido.

—¿Christian? —me giro para mirarlo. La piel en sus pómulos esta ligeramente de color rojo, su rostro está de perfil e inclinado hacia su hombro, es como si estuviera avergonzado, como si estuviera sonrojado.

—Christian trató de ser un novio ejemplar, de esos que son útiles y atento para sus novias —Sue se ríe. —Pero el precio a pagar fue un paquete de pan y una tostadora totalmente quemados e inservibles.

—¿Quemaste la tostadora? —le pregunto.

—Sue dijo que era sencilla de usar —se queja el cobrizo.

Una carcajada brota de mí. Una risa feliz, despreocupada, enamorada.

Christian aun no es amigo de las tostadoras y dudo que algún día lo sea, pero siempre vuelve a intentarlo, por mí, porque sabe que amo desayunar con tostadas recién hechas. Presa del calor de su gesto y su esfuerzo, giro mi rostro y beso delicadamente los dedos de Christian que continúan sobre mis hombros, no tengo que hablar o mirarlo para que él comprenda lo que quiero decirle. Es un agradecimiento silencioso que solo él entiende.

Mi atención regresa a las tres personas sentadas frente a mí en la mesa, los tres pares de ojos están sobre nosotros, los tres rostros tienen una sonrisa sincera sobre ellos.

—Hablo enserio, jovencito —Sue dice severamente, aunque aún puedo ver la sonrisa que baila en sus labios. —No me importa si tienes que regresar hasta Seattle, quiero una nueva tostadora.

—Sí, mamá Sue —Christian dice burlonamente imitando el tono de un niño pequeño.

—¡Ya, ya! ¡¿Quién carajos eres tú y que has hecho con mi hermano?! —Elliot dice con dramatismo. Christian pone los ojos en blanco. —Suenas tan… ¡domesticado!

—Se llama supervivencia, Elliot —Christian le da un empujón juguetón en el hombro. Mira rápidamente a Sue y baja la voz. —Esta mujer corre con lobos.

Sue suelta una carcajada.

—¡Chico listo! —le digo yo. Christian resopla pero no alcanza a ocultar la risa que brota de sus labios.

Mi desayuno tardío continúa entre pláticas y conversaciones de temas sin verdadera importancia, todos son temas casuales o anécdotas vergonzosas que producen risa.

Ninguno de ellos mencionó el tema de la gala, ninguno de ellos ha mencionado a Jack, ninguno de ellos me ha mirado como una víctima, como alguien usada, tampoco mencionaron temas del pasado, ninguno mencionó mi época oscura aquí en Forks o lo mucho que resulta he cambiado. Para ellos sigo siendo yo, incluso para Sue y Angela que me conocen desde hace años, yo sigo siendo la misma, la Isabella que conocieron hace unos pocos meses.

Se siente bien, se siente correcto.

Angela y Elliot son los primeros en levantarse de la mesa. Entre ambos recogen y limpia la cocina, mientras Sue y yo continuamos hablando, ocasionalmente ellos hacen un comentario haciéndonos reír.

Después de un rato, Sue se levanta de la mesa y se encarga de echar a los hermanos Grey de la cocina, aunque ambos estaban demasiado felices de excusarse a la sala de estar.

—Es tan extraño hacer esto de nuevo —murmuro. Mis manos están sacando los ingredientes para hacer la encomienda de muffins que me han hecho los lobos.

—¿Cocinar? —Sue pregunta. Ella está del otro lado de la cocina, lavando los vegetales para la ensalada.

—Cocinar para la manada —digo. Sue tararea una respuesta comprensiva.

—Es como cocinar para un maldito ejército —Angela se queja. Está sacando demasiados paquetes de pasta.

Podemos escuchar la conversación de Christian y Elliot, además de la televisión encendida y los ocasionales bufidos se Sawyer. Supongo que aún sigue molesto con su jefe.

Sue, Angela y yo seguimos conversando mientras cada una cocina su parte. Elliot intenta hacer el robo del siglo con la comida, pero cada vez que alguna de nosotras lo veíamos cerca de la cocina, recibía una terrible ronda de golpes con las cucharas que teníamos en nuestras manos. Christian vino un par de veces en modo amistoso a preguntar si necesitábamos algo, sospecho que para asegurarse que yo estuviera bien, pero rápidamente era sacado de la cocina de nuevo.

Al cabo de un par de horas, hemos terminado completamente nuestras tareas, incluso la cocina está limpia y la comida está en charolas lista para llevarla a la Push.

Un ruido al exterior de la casa llama mi atención, me acerco a la ventana de la cocina y veo el auto de Charlie estacionarse afuera de la casa.

—Tu padre ya volvió —anuncia Sue deteniéndose a mi lado con su vista fija en la calle. Giro mi cabeza con un movimiento, estoy segura que mi expresión está llena de sorpresa. Hasta este momento, no me había dado cuenta de que Charlie no estaba en casa.

—Esa es mi señal —Angela dice. Su mano roza ligeramente mi espalda antes de salir casi corriendo de la cocina.

—¡Estaba viendo eso! —Elliot se queja. Escucho los canales en la televisión ser cambiados rápidamente, lo que me da una pista que mi amiga ha ido a refugiarse en la sala de estar.

—Estabas —es lo que ella responde.

Miro confundida a Sue. Ella no me dice nada.

Escucho la puerta de entrada ser abierta, segundos más tardes se cierra. Escucho el saludo de Sawyer, las voces de Angela y Elliot y las respuestas que Charlie les da a cada uno de ellos. Escucho sus pasos, las pisadas de sus botas que hacen crujir el piso de madera.

Cuando Charlie aparece en el marco que divide el pasillo del comedor, yo ya estoy preparada para verlo, mi respiración contenida, mi cuerpo tenso.

—¡Bella! Ya despertaste —dice aliviado.

—H-hola, papá —digo débil e insegura. No estoy segura de que decirle, no sé cuánto sabe mi padre de lo que sucedió anoche, tampoco sé cuánto debo decirle sin revelar toda la verdad que es posible que no sepa.

—¿Cómo te sientes? —pregunta, también inseguro. —¿Estas bien?

Lo miro. Su voz suena cansada, su rostro luce demacrado y hay ojeras debajo de su rostro, como si no hubiera dormido.

—S-si —consigo responder. Mi voz no salió tan segura como se suponía.

—Bella —Charlie sacude la cabeza, sus labios murmura mi nombre con algo muy parecido a la decepción. Me quedo quieta, no sé qué espera de mí.

Miro a Sue en busca de ayuda pero ella no me está mirando, sus ojos están fijos en mi padre. Christian rodea a Charlie, se acerca a mí, se coloca a mi lado pero su mano se entrelaza con la mía. Su toque me relaja un poco.

—Estas bien —repite Charlie en voz muy baja. Su rostro se transforma en una mueca de pesar. —Entonces, ¿así va a ser?

—N-no sé dé que hablas —me remuevo, nerviosa.

—¿Vas a mentirme cómo lo has hecho durante años? ¿Cómo todas esas veces que volvías a casa y yo te preguntaba si estabas bien? —pregunta mordaz.

Una nueva ola de culpabilidad me golpea. ¿Es acaso el sentimiento dominante el día de hoy? Bajo mi cabeza para ocultar las lágrimas que aparecen en mis ojos haciendo mi visión borrosa.

—Charlie —lo reprende Sue.

Yo sacudo la cabeza, Charlie tiene razón. Cada vez que dejaba de verme, aunque fuera por unas horas, yo volvía a casa con alguna herida, incluso una vez estuve a punto de no volver y él solo recibió escusas patéticas. Tiene razón en decirme esas palabras.

—Al menos, Christian no fue tan descarado —bufa Charlie, no necesito verlo, sé que está mirando a Christian. Sé porque lo dice y mi mente me tortura mostrándome el recuerdo de todas maneras.

"Yo la cuidaré, te prometo que estará a salvo conmigo, Charlie"

Es inevitable que el escalofrío que recorre mi espalda.

Christian no se inmuta ante las palabras de mi padre.

—Estás molesto —le digo a Charlie. Mis palabras son una afirmación.

—Demasiado —acepta él. Me encojo ante el tono de Charlie, no es común que use ese tono conmigo.

—Papá, yo… —intento hablar, mi cerebro está dando vueltas en busca de alguna excusa o disculpa válida. No hay ninguna.

—Estoy molesto por los padres de mierda que tienes, Bella —Charlie suelta sin aviso alguno.

Mi cabeza se levanta de golpe. Abro la boca, parpadeo, cierro mi boca.

¿Qué dijo?

—¿Qué? —consigo preguntar.

—No he sido un buen padre para ti, Bella, lo sé muy bien. Yo… diablos —Charlie se frota las palmas de las manos contra su rostro. —Tú y yo sabemos que vivir conmigo es aburrido y tedioso.

—Papá, no… —intento detenerlo, pero él me interrumpe.

—Un día me dijiste que no querías echar raíces aquí, que odiabas Forks y que no estabas dispuesta a terminar atrapada en este pueblo estúpido y aburrido —mi papá recita esas palabras como si las tuviera grabas en fuego en su memora. Supongo que es así. —Después lloraste, te disculpaste y me convenciste que todas esas palabras eran una mentira que debías decirme.

De nuevo, no soporto seguir mirando a Charlie. Cierro mis ojos, aprieto mis labios, giro mi rostro y me sujeto con más fuerza a la mano de Christian que no me ha soltado en ningún momento.

La marca de la mordedura en mi mano de repente está en llamas, recordándome su presencia, recordándome que en ese momento lastimé a Charlie más de lo que había pensado.

—El asunto con los Cullen, lo deje ir demasiado lejos. No supe ver todas esas advertencias silenciosas, todos esos malditos problemas, todas esas veces que llegabas herida y me repetías hasta el cansancio que estabas bien —Charlie suspira entrecortadamente, como si sollozara. —Cuando se fueron… Me sentí agradecido y aliviado de saber que por fin te dejarían sola, pero… jamás pensé las consecuencias que tendría en tu vida, y yo… yo no supe lidiar con eso, Bells. Y lo siento mucho.

Comienzo a entrar en pánico. ¿Por qué Charlie me está diciendo esto? ¿Por qué de repente? ¿No habíamos aclarado esto ya?

—Muchas veces pensé que estar con tu madre era lo mejor para ti, que si te mantenía lejos de Forks, no cometerías el mismo error que nosotros, el mismo error que dice Reneé que cometió —esas palabras hacen que abra mis ojos. Mi visión borrosa busca el rostro de Charlie. —Muchas veces me engañé y me dije a mi mismo que con ella tendrías una buena vida. Me equivoqué.

—Renée es… —intento buscar una palabra para describirla. Un suspiro colectivo se escucha en la mesa.

—Renée es una perra —Charlie sisea. Me sobresalto. Charlie nunca se había expresado de esa manera de mi madre.

—Renée no es mala —intento defenderla. —Solo…

—No, tienes razón, no es mala —acepta Charlie. Christian bufa con molestia y Sue chasquea la lengua. —Es decir, nunca te golpeo, nunca te hizo daño, hacia el esfuerzo de llevarte a la escuela cuando lo recordaba y al menos intentaba alimentarte.

Me encojo de nuevo en mi lugar.

—Pero si es voluble, inestable, egoísta y convenenciera —Charlie me mira, desafiándome a contradecirlo. —Te criaste sola, Bella. Desde los cuatro años volvías sola de la escuela, a los seis empezaste a cocinar, a los ocho ya eras tú quien se encargaba de la casa. Reneé nunca estuvo allí para ti, al menos no como tu madre y eso fue algo que yo permití.

—¿Por qué me estás diciendo esto? —pregunto.

—Porque me encabrona el hecho de que haya sido Christian quien se enfrentara a tu madre para defenderte y defender el lugar que él tiene en tu vida —Charlie dice todas esas palabras con una sola respiración.

—Charlie —Christian se aclara la garganta. Mi padre sacude la cabeza, camina hasta la mesa donde toma asiento, el resto de nosotros nos acercamos con lentitud.

—Eso que hiciste, fue lo que yo debí hacer hace años —Charlie suspira. —Debí defender mi postura como padre, debí defender mi derecho sobre mi hija y debí darme cuenta desde un inicio que estaba mal. Debí dejar de ser un tonto y darme cuenta de que estábamos lastimando a nuestra hija.

—Papá, no es tu culpa —intento convencerlo. Todos sabemos lo difícil que fue para Charlie perdernos a mí y a Renée.

—Eso debí hacer desde la vez que ambos firmamos el divorcio, —Charlie golpea la mesa con su puño. —¡Maldición! Eso debí hacer desde el momento en que tomó a mi hija y se la llevó sin mi permiso.

—Charlie —Sue coloca su mano sobre el hombro de mi padre. Charlie no se mueve, pero es claro que no se ha calmado, su respiración aún está agitada, su bigote se mueve al ritmo de las muecas en sus labios y sigue despotricando cosas en contra de su ex mujer.

El resto de nosotros, nos quedamos en silencio observando y permitiendo que el hombre saqué todas las emociones que hay en su mente en este momento. Después de un rato, parece estar cuerdo de nuevo.

—Sé muy bien que Renée no es algo sencillo para lidiar —dice haciendo una mueca, su bigote se inclina hacia un lado.

—No me digas —Christian y Sue resoplan por lo bajo. Ninguno de ellos la tolera lo suficiente como para mantener sus opiniones para ellos.

—Pero quiero que sepas que estoy orgulloso de ti, Bells —los ojos castaños de Charlie se fijan en mí. Son sinceros. —Me alegro que te hayas enfrentado a ella.

—¿Te alegras? —digo perpleja.

—Sé que quieres a tu madre, y si te enfrentaste a ella es porque sin duda tocó un nervio sensible en ti —dice resignado. —¿Qué fue?

Sue y Charlie me observan con una de esas miradas que te dan tus padres cuando ya saben la respuesta a algo.

—Llego a mi casa sin invitación, me grito demasiadas idioteces, me ofendió y ofendió a Christian —suelto rápidamente la explicación. —No iba a tolerarlo. No podía seguir tolerando que dijera todas esas cosas y mucho menos iba a continuar escuchándola con ese estúpido endiosamiento que tiene por Jack y…

—¿Jack? —Charlie salta, su atención se centra en Christian.

Es inevitable que me muerda la lengua, arrepentida de no haber puesto un filtro para mis palabras. No debí mencionar eso.

—Renée es la razón por la cual Isabella y ese cabrón se conocen —Christian admite.

Yo lo miro con los ojos muy abiertos. ¿Por qué está diciendo eso? El rostro de Charlie de pinte de color rojo. Mierda, incluso puedo ver el vapor saliendo de su nariz y de sus oídos.

—¿Por qué diablos no me dijeron eso? —mi padre ruge mirándonos acusatoriamente a ambos. Sue desvía su mirada, ella también lo sabía.

—H-hasta ayer, yo n-no pensé que volvería a ver a ese hombre —me recuesto contra el cuerpo de Christian. Necesito sentirme segura. —A-además, estoy segura que ella no tiene idea d-de lo que… Renée solo está convencida que es un buen partido para mí por todo lo que sus amigas le han dicho, por eso actuó de casamentera. No lo hizo con mala intención. Creo.

—Eso lo veremos —Charlie sisea. Ahora es inevitable que mis padres tengan otro enfrentamiento. —Aún tengo un par de palabras pendientes con tu madre respecto al reciente tiempo que pasamos juntos.

—Sobre eso… —Christian ahora suena culpable. —Yo no tenía idea que ella vendría directamente a Forks.

—¿Qué carajos, Christian? —mi padre lo fulmina con la mirada. —Sé que no la querías cerca de ustedes pero, ¿era necesario impedir que se fuera? ¿Era necesario que yo la tuviera en mi casa?

—Realmente yo nunca le impedí que se fuera a su casa —Christian se encoje de hombros. Mi padre lo mira con ojos entrecerrados. —Solo le quité la comodidad para hacerlo.

—¿Por qué si Renée odia tanto Forks, porque vino aquí? —pregunto con sospecha. Sé que hay algo que Charlie y Sue me están ocultando sobre la visita de mi madre. —¿Qué quería? ¿Qué vino a pedirte en realidad?

Charlie se remueve con incomodidad. Sé que la visita inesperada de Renée los había puesto muy molestos y cansados, pero la noche antes de que por fin convencieran a mi madre de volver a casa, Charlie sonaba harto cuando respondió el teléfono y me dijo que mi madre por fin volvería a casa. ¿Por qué no sonó aliviado de que su ex esposa se fuera?

—Papá, por favor —le suplico. Charlie y Sue se miran entre sí y regresan sus ojos a mí.

—En cuanto abrí la puerta, me grito que era mi culpa —Charlie habla, abatido y avergonzado de decir eso en voz alta. —Grito que yo debía arreglarlo, hacerte entrar en razón. Que ella sabía que vivir conmigo solo te convertiría en una niña consentida, berrinchuda y respondona.

—¡¿Eso dijo?! —jadeo alarmada. —¡Es una estupidez! Está haciendo un berrinche porque no quise seguir su maldito juego. ¡Es ella la que se comporta como una niña inmadura y malcriada!

—Lo sabemos, Bella —Charlie se apresura a decir. —Es por eso que no te dijimos nada, ya habías lidiado con eso una vez, no necesitabas hacerlo de nuevo.

—¿Qué más dijo? —pregunto. No quiero saber la respuesta pero lo necesito, necesito validar que todo lo que le dije a mi madre ese día fue muy bien fundamentado.

—Varias veces repitió lo mismo —Sue habla con cautela. —Que ibas a perder la oportunidad de tu vida, que estabas por arruinar tu vida, otra vez, y que si eso pasaba ya no tendrías salvación.

—¿Qué carajos le sucede a la gente con esa palabra? —Christian escupe con odio. Charlie y Sue le dan una mirada interrogante, yo presiono su mano con más fuerza entre mis dedos.

¿Por qué de repente todos se creen Dios? ¿Por qué todos buscan salvarnos?

—Mencionó a tu nuevo amigo… —Charlie señala a Christian con cierto resentimiento. —Dijo que era… algo como… ¿Promiscuo?

Christian y yo resoplamos y ponemos los ojos en blanco al mismo tiempo, como si estuviéramos sincronizados.

—No es la primera vez que recibo ese… elogio —Christian gruñe.

—Renée… mencionó también a Angela, ¿verdad? —pregunto aunque ya sé la respuesta.

—Si —Sue da una mirada rápida a la sala, la televisión sigue haciendo ruido, pero estoy segura que Angela, Elliot y Sawyer están pegados al muro, escuchando la conversación en silencio. —Dijo que tu amiga solo era una aprovechada y una mala influencia para ti.

—¡Angela no es así! —chillo con molestia. Puedo jurar que mi amiga reaccionó de la misma manera desde su escondite, aunque es probable que Elliot la silenciara antes de que algún sonido saliera de ella.

—Lo sé, Bella —Charlie me tranquiliza. —Desde esa vez que Angela y tú se fueron a Florida, Renée parece disgustada con que sean amigas.

—¿Por qué? —Christian es quien pregunta.

A veces olvido que él no tiene idea de lo que sucedió en Florida, él no tiene idea de cómo fue en realidad el momento en el que Angela y yo comenzamos a vivir nuevamente. No tiene idea de quién es la persona que me trajo a la vida de nuevo.

—Porque estando allá, me di cuenta de muchas cosas, entre ellas que mi madre me manipulaba —le digo. —Me cuestioné muchas cosas, ¿Reneé en verdad me quiere? ¿Por qué no me dejó volver con Charlie mucho antes? ¿Soy un desastre? ¿Tiene razón cuando dicen que estoy rota? ¿Por qué siempre me he conformado con las migajas que alguien me ofrece? ¿Es de verdad mi culpa?

—Es más fácil culpar a alguien que hacerte responsable de tus actos —Charlie dice con pesar. —Renée sabe eso a la perfección.

—Por eso el comentario que hizo sobre Angela convenciéndote de echar a perder tu vida —Christian dice asimilando las palabras que Renée dijo la ultima vez que la vimos.

—Si —hago una mueca. —Sé que es mi madre y quizás si se preocupa por mí, pero, ¿cree que porque ella me parió tiene derecho a venir e insultarme? ¿de insultarte a ti? ¿Cree que eso es suficiente para manipularme? ¿Quién es ella para ver y decirme que hacer con mi vida? A Renée le urgía que me fuera, se moría por deshacerse de mí. En cuanto me fui hizo mi habitación un estudio de Yoga, ¿Ahora viene a decirme que quiere usar su papel de madre?

—No estoy contento con el hecho de que te hayas peleado con Reneé, pero si estoy orgulloso porque hayas defendido tu vida, Bella —Charlie me mira con cariño. —Aunque es tu madre, tú defendiste las decisiones que has tomado, buenas o malas, dejaste en claro que ya no eres una niña y que tienes bien sujeta la dirección en la que quieres llevar tu vida.

—¿No estas molesto conmigo? —pregunto.

—¡Por supuesto que sí! Estoy molesto porque ustedes se libraron de ella y decidieron que sería divertido que yo la tuviera en mi casa —Charlie gruñe, se deja caer contra el respaldo de la silla y cruza sus brazos sobre su pecho. — Y lo más seguro es que ese rubio oxigenado que está en mi sofá favorito se haya terminado mi comida.

—¡Soy rubio natural! —Elliot asoma la cabeza por el marco de la puerta. Charlie le lanza una mirada asesina. Elliot sonríe y desaparece de nuevo en la sala de estar.

Con esa pequeña interacción, la tensión de la conversación con mi padre se ha dispersado.

—Te guarde tu almuerzo —Sue dice levantándose y caminando hasta el refrigerador. —Eres el único que no ha comido nada.

Esas palabras llaman mi atención, mis ojos se colocan en Charlie que me regresa la mirada con preocupación, la mueca en su rostro me dice que no está feliz con mi aspecto, mucho menos con el llamativo moretón en mi cuello.

Sue calienta la comida de Charlie y le acerca el plato antes de sentarse de nuevo a su lado.

—Emily llamó —Angela asoma su rostro llamando nuestra atención con sus palabras. —Dijo que si alguno de nosotros sería tan amable de pasar al supermercado por algunas cosas antes de bajar a la reservación.

—Podemos ir nosotras —le digo. Angela me mira levantando una ceja. —Estoy segura que alguien nos va a acompañar.

Aunque no lo demuestren, sé que no me van a volver a permitir andar sola. Sobre todo Christian y Sawyer.

—Sawyer lo hará —me dice Christian. —Yo tengo que hacer un par de llamadas antes de ir a la playa.

Lo miro intentando leer en sus ojos las palabras que no me está diciendo.

—Te veré allí, no te preocupes —se acerca y me da un rápido beso en los labios dejando la conocida sensación de hormigueo en mis labios.

—Está bien —digo con resignación. No quiero que se vaya, no quiero que me deje, no quiero que se aparte de mi lado.

—Por cierto…—Se aleja de mí, busca en el pantalón su billetera y saca algo de ella. —Toma, el código de seguridad es tu cumpleaños.

Mi mandíbula cae, mis ojos se abren con asombro.

—¡No me jodas! —Angela jadea a mis espaldas.

—P-pero, Christian, yo… —tartamudeo incongruentemente.

—No te preocupes, ya está activa, es tuya —el me mira con una ceja levantada, su mano se sacude con insistencia para que tome la tarjeta que me está ofreciendo. La black card nueva y reluciente se sacude frente a mis ojos.

—Tómala, tómala, tómala —Angela susurra sobre mi hombro.

Mi mano temblorosa hace lo que mi amiga dice. El plástico se desliza sobre mis dedos, inclino mi cabeza para mirarla más de cerca.

—¡¿Tiene mi nombre?! —chillo asombrada.

—Sí, cariño, dije que es tuya —Christian dice casual.

—No —digo segura

—Si —dice él de la misma manera.

—No, no —niego. —¡Christian! ¿Cómo demonios conseguí yo esa cosa? ¿De dónde voy a pagarla?

—Es por invitación —me explica. —Pero la manera más fácil de conseguir una de estas es porque algún miembro te invite. Ese soy yo. Y sobre pagar la tarjeta, no tienes que preocuparte por eso.

—¡Christian! —chillo histéricamente. —Yo no puedo pagar esta tarjeta.

Mi sueldo del periódico no es malo, de hecho es más que bueno, pero no soy malditamente millonaria. Además, he gastado una buena parte de mis ahorros en todos los cambios y arreglos que le estoy haciendo al restaurante para su próxima inauguración. Demonios, definitivamente no tengo el fondo suficiente en el banco como para que me autoricen una Black Card.

—Yo pagaré la tarjeta, Isabella —Christian sentencia.

—¡¿Qué?! ¿Por qué?

—Porque quiero —me da una mirada retadora. Este es el Christian que conozco, el hombre que quiere que lo obedezca pero que al mismo tiempo me empuja a contradecirlo.

—Niña, por primera vez en tu vida acepta un regalo —Charlie se atraganta con sus propias palabras, supongo que el gesto de Christian lo ha tomado por sorpresa, como a mí.

—No cualquiera te da una Black Card y te dice que él la va a pagar, no seas idiota, Bella —Angela me da un empujón.

—Si ella no la quiere, yo sí —Charlie dice burló. Las esquinas de los labios de Christian se elevan ligeramente reconociendo la broma casi suplica de mi padre.

—E-está bien —carraspeo. —Gracias, Christian.

—Compra lo que Emily ha pedido con esa tarjeta, ¿bien? —me dice. Dudo, pero asiento. —Te veré en la playa, nena.

De nuevo me besa, me guiña un ojo y se aleja de mí.

—¡No vuelvas si no traes mi tostadora! —Sue le gruñe. Yo me rio.

—¿Qué demonios? —Charlie murmura en voz alta, su rostro se gira y mira hacia la esquina de la cocina donde debería estar su antigua tostadora. Sus cejas se levantan al ver que ya no está.

—Sí, mamá Sue —se burla Christian mientras sale de la cocina. —¡Elliot, vámonos!

Escucho al rubio aullar con emoción antes de que la puerta de la casa se cierre de golpe.

—Iré a cambiarme —Angela anuncia. La miro, interrogante —Si me voy a pasear por las calles de Forks al menos quiero darle a los chismosos algo bueno para hablar.

—Tienes razón —asiento. Empujo mi cuerpo para ponerme de pie. —Además, no quiero ir en pijama a la playa.

Angela se ríe y desaparece de nuevo. Estoy segura que ya ha ido a la habitación a cambiarse.

—Charlie y yo nos llevaremos la comida —Sue nos dice.

—¿Nosotros? —mi padre mira a su esposa con las cejas levantadas.

—Sí, nosotros —Sue bufa.

Yo sacudo la cabeza y salgo de la cocina dejando a ambos adultos discutiendo sus siguientes actividades.

—¿Sawyer? —asomo mi cabeza al rincón de la sala de estar donde se encuentra mi guardaespaldas.

—¿Señora? —el hombre me mira con atención.

—En quince minutos nos vamos —le indico. —Iremos al supermercado y luego a la playa.

—Claro, señora —asiente. Sus manos bajan la pantalla de la laptop que hay en sus piernas y se pone de pie.

Yo le sonrío y corro escaleras arriba para cambiarme. Angela tiene razón, es muy probable que nos encontremos a alguien del pueblo, sobre todo a los chismosos del pueblo. Desde nuestra última visita donde vieron a Angela en la cafetería, hemos vuelto a estar en la boca de todos y sé que más de uno se ha encargado de interrogar a nuestras familias, por supuesto, ellos se han limitado a decir que estamos bien.

Tal y como hicieron hace cinco años cuando desaparecimos de un día para otro.

Pero ahora es diferente, ahora hemos vuelto, y nadie en este pueblo está preparado para vernos.

Debido a que aún hace calor, decido buscar entre la vieja ropa de Leah unos shorts, para mi suerte en cuanto abro el primer cajón, veo unos shorts de color negro. Luego busco en el siguiente cajón y encuentro una blusa de color blanco con mangas cortas. Sí, esto puede funcionar. Sé que el saco de Christian sigue en la sala de estar, puedo tomarlo y cubrirme un poco del frio si es que este pueblo vuelve a su clima tradicional.

De regreso a mi habitación, busco en mis cajones alguna bufanda o mascada que pueda ponerme en el cuello para ocultar el moretón. Lo menos que necesito es que alguien me pregunte del tema.

—¿Bella? —la voz de Charlie se escucha desde fuera de la habitación acompañada de un par de toques en mi puerta.

Yo ya estoy de nuevo vestida a excepción de mis zapatos, estoy cepillando mi cabello con el fin de que se vea más arreglado.

—Pasa —le digo con suavidad.

Charlie hace lo que le digo, asoma su cabeza ligeramente, me mira y finalmente se decide a abrir la puerta en su totalidad. Entra a mi habitación se coloca frente a la puerta y coloca ambas manos en su cadera, me mira, mira a un lado y luego mira hacia el otro. Esa acción me recuerda a mi época de adolescente, eso solía hacer Charlie en aquellos días.

—¿Qué pasa? —le pregunto removiéndome con incomodidad por el recuerdo.

—Yo… —chasquea la lengua. Mira hacia la puerta y la cierra asegurándose de poner el seguro. —Tengo lo que me pediste.

Mi cuerpo reacciona al instante, me levanto de la cama y me coloco delante de Charlie dándole miradas ansiosas. Sus manos se mueven hacia su espalda, antes de volver al frente con un folder amarillo pálido.

—Es una copia del expediente de ese caso —anuncia. Asiento y extiendo mis manos para que me lo dé, él lo presiona contra su pecho. —No tan rápido, señorita.

Resoplo.

—Lo que está al interior es confidencial, Isabella —tuerzo los ojos cuando usa mi nombre completo. —Nadie puede leerlo. Diablos, ni siquiera tú deberías leerlo.

—Papá —me quejo.

—No, esto es serio, Bella —sus cejas se unen, su bigote se mueve cuando sus labios se tuercen. —Nadie puede saber que tienes una copia de un expediente policial. Ni siquiera Angela debe saberlo, mucho menos Christian ¿lo entiendes?

—Si, papá. Lo entiendo a la perfección —digo con honestidad. —Nadie va a saberlo, te lo juro.

—¿Puedo saber para que lo quieres? —me pregunta entrecerrando los ojos. —Es la vida de Christian, hija. ¿No basta con preguntárselo?

—Es un tema delicado para él —admito. —Es difícil y sé que no será del todo honesto.

—Bella… —Charlie un no está completamente convencido de mi plan.

—Solo confía en mí, ¿puedes? —hablo en un hilo. —Te aseguro, te prometo que te diré lo que necesites saber para asegurarte de que estoy bien. Pero esto se relaciona con mi vida, papá, déjame manejar las cosas por mi cuenta.

—No te metas en problemas, ¿está bien? —me suplica. —Ya no necesito que sufras, Bella.

—No me meteré en problemas por ese expediente, te lo prometo —le digo aclarando la situación. —No puedo prometerte que no tendré problemas porque al parecer, el drama siempre me encuentra.

En un intento patético de sonar despreocupada, señalo mi cuello cubierto por la mascada. Charlie hace una mueca de dolor, camina a mi alrededor y se sienta en la cama.

—Casi me da un infarto, Bella —habla con la voz entrecortada. —En mis planes para este fin de semana no estaba que dos camionetas que parecen tanques blindados se estacionaran afuera de mi casa a las dos de la mañana.

Ahora es mi turno de hacer una mueca de dolor.

—Lo s-siento —le digo de nuevo. —Lo siento si te asustó que…

—Bella —me corta antes de que siga hablando. —Estaba horrorizado cuando vi que Christian bajaba de esas cosas contigo desmayada en sus brazos. Casi me infarto cuando vi que estabas cubierta de sangre y con un moretón horrible en el cuello.

—Lo siento, papá. —digo con lágrimas en mis ojos. —No quisimos asustarte, ni siquiera sabíamos que vendríamos aquí.

—Me preguntaste si estaba molesto y la respuesta es: Sí —se encoje de hombros con pesar. —Cada vez que te ibas con Edwin, cada vez que el juraba "protegerte con su vida", volvías a casa con moretones, golpeada o terminabas en el maldito hospital.

Ya no puedo contener las lágrimas.

—Y por un momento pensé que…—se corta. Puedo ver que lucha por pasar el nudo en su garganta. —Yo fui tan ingenuo como para pensar que con Christian sería diferente

—Christian no es como él —jadeo, alarmada y molesta por esa comparativa.

—No, por supuesto que no es como ese Edwin —Charlie resopla. —Al menos, Christian tuvo los pantalones como para venir, pararse frente a mí y permitir que le gritara hasta que me cansara. Christian tuvo los cojones bien puestos como para aceptar toda la mierda que le dije antes de mirarme con calma y decirme: "El cabrón está en la comisaría de Seattle, te están esperando para procesarlo."

Mis ojos se abren al máximo.

—¿Le gritaste a Christian?

—¿Qué querías que hiciera? —Charlie me mira con molestia. —¿Qué lo besara?

Hago una mueca. —Pues, no.

Charlie me lanza una nueva mirada antes de volver a hablar.

—Esa es una de las razones que me tiene molesto, Bella —suspira. —Que por más que quiera estar enojado con ese novio tuyo, no puedo.

—Christian es bueno —digo, no estoy segura si para que Charlie me escuche y se convenza de mis palabras, o solo para yo repetir lo que yo ya sé.

—Mi punto es que, Edwin siempre venía a mí con esas explicaciones tan detalladas y metódicas sobre lo que te pasaba, que no me dejaba dudar de sus palabras. Venía a mí con una historia muy bien elaborada que daba lugar a dudas, no me permitía preocuparme como tu padre, o investigar los hechos como tu padre policía —Charlie detiene su discurso, levanta su cabeza y mira fijamente la puerta. —Christian llegó, se aseguró que estuvieras bien antes de bajar y enfrentarse a mi pistola.

Un chillido de angustia escapa de mis labios al imaginar la escena de Christian bajando la escalera mientras Charlie está apuntándole con la pistola o con la escopeta.

—Christian es un hombre. No dudo al ver la pistola, simplemente me dio un nombre, una ubicación y una explicación real —observo el rostro de Charlie, sus labios se estiran en algo que parece una sonrisa. —Vino y me dijo que no podía confiar en ningún policía, que tenía que ser yo.

—Papá… —intento hablar. Las palabras no salen de mi boca.

—Por si te lo preguntabas, estaba en Seattle —me explica. —A las dos de la mañana conduje hasta la estación de policía para asegurarme que ese cabrón consiga al menos 3 cadenas perpetuas por el hecho de pensar que podría lastimarte —Charlie gruñe esas últimas palabras.

—¿T-tengo que ir y… d-declarar? —pregunto temblorosamente.

—No —Charlie me tranquiliza. —Tú amiga, Rhian, ya lo ha hecho. Su presencia, los videos de seguridad de la casa de los Grey y algunos otros testimonios han sido pruebas suficientes en su contra. Además, tu suegro es un muy buen abogado.

—¿Carrick? ¿Estuvo allí?

—¿Te sorprende? —Charlie pregunta. —Incluso Grace, su esposa, ha declarado como la médica que atendió a tu amiga.

—No lo sabía —digo consternada. La familia Grey ha hecho lo que sabe hacer, proteger a los suyos, y yo soy suya. Yo soy parte de esa familia.

—Son una buenas personas, Bella —Charlie me da una leve sonrisa. —Me alegra que los tengas de tu lado.

—Yo también —acepto.

—No te preocupes por ese infeliz, hija. No volverá a estar cerca de ti —Charlie me asegura. —Tiene demasiados crímenes en su contra, no eres la primera mujer a la que lastima.

Un escalofrió me atraviesa. Esas palabras no han sido un consuelo.

—Además, estoy muy seguro de que Christian hará que se arrepienta de haber siquiera pensado en ti.

—Está bien —le digo. —Estoy bien, de verdad.

Charlie me mira y asiente.

—Tú y Christian… —se aclara la garganta. Este nervioso, puedo verlo. —¿Están bien?

—¿Sí? —mi respuesta suena más a una pregunta.

—Me refiero a ustedes, su… relación —Charlie se remueve. —¿Cómo van? ¿Están bien?

Una sonrisa incrédula se coloca en mis labios, ¿de verdad voy a hablar de chicos con él? ¿Voy a hablar de romances con mi padre? ¿Con Charlie?

—Christian es diferente a lo que alguna vez conocí —digo. Sé que Charlie necesita hacer esas preguntas para estar tranquilo, para saber que esta vez, estoy bien y que él esta haciendo mejor su papel de padre. Necesita saber que esta vez es diferente a la última vez. —Sé que soy amada y querida, Christian se asegura de que lo sepa. Me siento centrada y controlada pero a la vez me siento libre. Me siento tan diferente.

—¿Eso es bueno? —Charlie pregunta cauteloso.

—Si —digo con honestidad. —Desde que Christian apareció en mi vida, todo ha cambiado. Por primera vez en muchos años, siento que tengo un propósito para despertar cada día, papá. Christian me ha ayudado a dirigir mi vida.

—¿Lo dices por el restaurante?

—Quizás Christian comprara ese restaurante para mí, pero es mío. Soy yo quien está dirigiendo el proyecto, soy yo quien ha invertido en ese lugar, soy yo quien ha tomado todas las decisiones. Christian me está permitiendo hacer las cosas a mi manera —mi voz suena llena de sentimiento y gratitud. —Me caigo, sangro, me equivoco en las decisiones que tomo, arruino muchas cosas, pero Christian no me dice nada, no me juzga, no me reprende, no me hace sentir estúpida. Simplemente, extiende su mano y, si yo elijo que sea así, me ayuda a levantarme. Si no, solo me observa mostrándome que está orgulloso de mí, de mis fracasos incluso.

—Eso es bueno —Charlie asiente.

—Lo es —permito que la sonrisa se expanda por todo mi rostro. —Nunca me había sentido así, papá. Supongo que es el efecto Christian Grey.

Charlie me mira por largos segundos antes de asentir.

—Esto es tuyo, entonces —sus manos acercan el folder con el expediente del caso de Christian. Mis manos temblorosas lo toman. —Recuerda lo que me prometiste. No creo que el jefe de Detroit esté muy contento si alguien se entera que anda prestando a civiles los expedientes de sus casos policiacos.

—No, nadie va a saberlo —digo solemne. Mis dedos se posan sobre el material acariciando la superficie con anhelo. Necesito leerlo.

—Bien —con esa última palabra, Charlie da por terminada la conversación. Se levanta y dándome una última mirada, sale de la habitación. Me apresuro a guardar el sobre en una de las viejas mochilas al interior del armario.

—¿Estas lista? —Angela abre la puerta sin molestarse en tocar. Mi cuerpo salta, pero me doy vuelta y le sonrió.

—Casi —respondo. Cierro las puertas del armario mirando por última vez la mochila roja antes de girarme a mirar a mi amiga. —¿Esa es la camisa de Elliot?

Ella baja la cabeza y analiza su atuendo. Otros shorts de Leah, la camisa que el rubio estaba usando ayer en el baile y los zapatos que Angela traía con su vestido.

—Si, me la robé —se encoge de hombros. —¿Lista?

—Solo me pongo los zapatos —le digo mirando a un costado de la cama los zapatos Louboutin que usé en el baile. Angela sigue mis movimientos hasta que se asegura que estoy completamente vestida y lista para irnos.

—Vamos, vamos —me presiona. Ambas bajamos la escalera hasta la puerta principal de la casa. Sawyer está ya esperando por nosotras.

Cuando paso a un costado del sofá, tomo el saco de Christian y lo coloco sobre mi cuerpo, acomodándolo mientras salgo de la casa de Charlie. Angela y Sue intercambian algunas palabras, y añaden algo más a nuestras listas de compras antes de que mi amiga me siga a la camioneta.

—¿Señora? —Sawyer me pregunta mirándome por el retrovisor. Le doy las pocas indicaciones que se necesitan para llegar al pequeño supermercado de Forks.

—¡Espera! —Angela chilla antes de que mi guardaespaldas pueda poner en marcha el motor. —¿Has visto la película "Pretty Woman", Sawyer?

Sonrío por la pregunta de mi amiga. El hombre duda unos segundos.

—Sí, señorita Webber —afirma, hay una sonrisa bailando en su rostro. Angela y yo le dedicamos una sonrisa maliciosa, Sawyer parece comprender nuestras expresiones pues asiente con su cabeza y estira su mano hacia el estéreo de la camioneta.

—Andando —sonrió emocionada. —Vamos a gastar el dinero de Christian Grey.

Angela suelta una carcajada, Sawyer sonríe y la música comienza a sonar.

Tardamos apenas un par de minutos en llegar hasta la esquina del supermercado. Por supuesto que la enorme Cadillac Escalade blindada y polarizada llamaba la atención de cualquier persona que nos veía por la calle. Estoy bastante segura que para el momento en que Sawyer estacionó la camioneta afuera del supermercado, la mitad de Forks ya estaba al tanto de la presencia de alguien "importante" o al menos, sabían que había una enorme camioneta paseando por las calles del pequeño pueblo.

—¡Espera, Sawyer, detente! —le pido al hombre que va condiciendo. Rápido y cuidadosamente me obedece. Entrecierro mis ojos forzando mi vista a enfocar a la persona que está de pie en las puertas del supermercado. —¿Esa es Jessica?

Sawyer me mira con una ceja levantada, claro, él no la conoce. Angela tiene una reacción muy diferente, mi amiga también se obliga a mirar en la misma dirección que yo.

—¡¿Esa es Jessica?! —Angela jadea en un tono demasiado agudo. Mi cabeza se gira para mirarla justo a tiempo para ver la mueca deslizarse en su rostro.

—¿Es bueno o malo que ella sea Jessica? —Sawyer pregunta.

—No estoy segura —le respondo con honestidad.

—Cuando dije que quería darle a los chismosos del pueblo algo de qué hablar, no me refería a la chismosa principal —Angela se queja. —¡Maldición! aún no sé manifestar correctamente.

—¿Señora? —Sawyer se gira en el asiento para mirarme con la duda escrita en su rostro, supongo que ha notado nuestro repentino cambio de humor. —¿Está segura que quiere entrar? Puedo llevarlas a la playa y yo volver para conseguir todo lo necesario.

—Por supuesto que queremos entrar —Angela es quien responde. —Tenemos una Black Card patrocinada por un millonario que debemos estrenar.

—¿El supermercado de Forks acepta esa tarjeta? —pregunto en voz alta.

—No te preocupes —Angela me dice. —En caso de que no la acepte, Elliot patrocina nuestras compras.

Su mano sacude frente a mí la cartera de Elliot. Suelto una carcajada.

Mis ojos se colocan de nuevo en la entrada del supermercado, una figura esbelta camina apresuradamente hacia la mujer que aún sigue de pie frente a las puertas del establecimiento. Su cabello rubio produce una chispa de reconocimiento en mí.

—¿Esa es Lauren? —pregunto abriendo mis ojos al máximo.

Angela casi se estrella contra el cristal delantero. Sawyer la mira con sorpresa por su repentino arrebato, pero mi amiga no se da cuenta, ella continua con su rostro pegado en el cristal intentando obtener una mejor vista de las dos mujeres que conversan sin notar nuestra presencia.

—¿De verdad queremos entrar? —Angela gira su rostro y me mira con el ceño fruncido. La conozco, su seguridad se ha ido.

Mis ojos miran de nuevo a las dos mujeres, están hablando efusivamente de algo. La curiosidad comienza a picar en mi interior.

—¿Alcanzaremos a escuchar? —pregunto.

—¿Qué te crees? ¿Un vampiro con súper oído? —Angela se burla. Yo resoplo en respuesta.

Sawyer baja ligeramente el cristal de su puerta, la briza fresca entra acompañada de un par de voces. Angela y yo casi nos subimos al regazo de Sawyer para intentar captar mejor la conversación entrecortada de las dos mujeres.

—¿Dónde la viste? —Jessica pregunta.

—Mi madre dice que pasó por su calle —Lauren le responde.

—Creo que su voz se volvió aún más chillona —Angela se estremece.

—¿Será un famoso? —Jessica suspira.

—No entiendo de qué hablan —murmuro.

—¿Un famoso en Forks? —Lauren pregunta incrédula. —¿En este lugar olvidado del mundo? ¡No seas tonta, Jessica!

—Por culpa de Jessica le tengo que dar la razón a la zorra esa —mi amiga bufa.

—¿Crees que sean los Cullen? —Jessica jadea. Yo me atraganto.

—Eso es probable —Lauren asiente. —Ellos solían utilizar esos automóviles caros.

—¿Crees que Edward aún siga soltero? —Jessica continúa con sus preguntas envueltas en aire soñador. —Ahora que la patosa no está aquí, será mi turno de conquistarlo.

—Yo soy la patosa ¿verdad? —pregunto monótonamente. Angela asiente.

—¿Te imaginas que ellas regresen? —Jessica cambia su tono de voz, suena casi temerosa de decir esas palabras en voz alta.

—¡Oh, espero que lo hagan! —Lauren escupe las palabras. —Sería maravilloso ver sus expresiones cuando se den cuenta que no han dejado de ser unas perdedoras.

—No, entonces no hablan de nosotras —Angela se relaja, sus ojos aun miran el exterior con curiosidad.

—¿Te imaginas? —Jessica suspira de nuevo. —Tu estas con Ben, yo conquisto a Edward, y ese par de perdedoras hacen lo que mejor saben…

—¡Llorar! —ambas chillán la palabra al unísono.

—Ese par de estúpidas si están hablando de nosotras —Angela gruñe. —¡Quita el seguro, Sawyer! Le voy a mostrar mi puño a esa perdedora.

—Está embarazada —le digo. Angela me lanza una mirada asesina. —No la puedes golpear.

—Si puedo —mi amiga se cruza de brazos. Ahora soy yo quien la fulmina con la mirada. —Ya se, ya se. No debo hacerlo.

—Vamos, Sawyer —le digo a mi guardaespaldas. —Vamos a comprar lo que Emily nos pidió.

—¿Qué estas tramando? —Angela me mira con una ceja arriba.

—Sawyer va a encender el motor, va a estacionarse frente a ese par de víboras y nos va a abrir la puerta con esa caballerosidad que lo caracteriza —le explico en tono inocente. —Luego, vamos a bajar como esas súper modelos de las películas de Hollywood.

—¿El zapato con un tacón de infarto, luego la pierna con piel suave y perfecta, después el cuerpo trabajado y escultural que muestra la ropa de diseñador y rematando con un giro de cabello sedoso y brilloso? —Angela describe la escena tal cual la estoy imaginando en mi mente. —¿Con movimientos en cámara lenta mientras suena "Boss Bitch" de Doja Cat?

—Yo había pensado en la canción "Gimmie More" de Britney Spears —digo. Me encojo de hombros. —Supongo que funciona, también.

—It's Britney, bitch —Angela grita con entusiasmo. —¡Vamos, Sawyer! ¡Vamos a mostrarles quien manda!

Sawyer se ríe y asiente. Cumpliendo nuestros deseos, pone la canción que Angela ha pedido, sube el volumen y nos pone en marcha hacia la puerta del supermercado. La llamativa, costosa y segura Cadillac Escalade interrumpe la conversación de las mujeres que se han girado para mirar en nuestra dirección con los ojos muy abiertos.

Escuchamos el jadeo al unísono cuando nos estacionamos frente a ellas.

—Hora del show —le digo a mi amiga.

—Démosles algo bueno de que hablar —Angela me guiña un ojo.

Sawyer abre la puerta de mi lado y estira su mano para ayudarme a bajar de la enorme camioneta.

Hago lo acordado. Me aseguro de estirar mi pierna lo suficiente para mostrar mi zapato y supuesto la distintiva suela de color rojo. Deslizo mi cuerpo para que mi pierna desnuda se note, un nuevo jadeo se escucha por debajo de la música que Sawyer se ha asegurado de dejar a un volumen suficientemente alto.

Bajo mi otra pierna con el mismo movimiento dramático y lento. Mis dos pies están asegurados en el piso, lista para balancearme sobre ellos para salir de la enorme camioneta.

Tomo la mano que se me ofrece, impulso mi cuerpo para terminar de sacarlo de la camioneta asegurándome de hacer girar mi cabello como si estuviera filmando un comercial de algún shampoo caro.

—No puede ser cierto. ¿Es ella? ¡No te creo! —una nueva ola de jadeos y chillidos de sorpresa llegan a mis oídos. —No, no puede ser. No es ella.

Con la frente en alto, camino lento y sensual algunos pasos, me aseguro de quedarme cerca de la camioneta pero me adelanto lo suficiente como para darle espacio a Sawyer para ayudar a mi amiga a bajar. Angela hace lo mismo que yo, cada movimiento es tan bien ejecutado como si fuéramos un par de modelos que llevan toda su vida entrenando para momentos como este.

—¡No, ¿Ella también?! —el chillido ansioso y alarmado de la rubia casi me hace reír. —¡No, no, no! ¡Se supone que no volverían!

—Sorpresa, perra —dice Angela presumidamente entre dientes.

Ambas nos miramos de reojo, asentimos a la otra y avanzamos hacia las puertas del supermercado, con calma, con seguridad, con toda la intención de que nos miren. Hecho una mirada por encima de mi hombro, Sawyer viene caminando sigilosamente detrás de nosotras, sus ojos están fijos en las dos mujeres que aún nos miran con la boca muy abiertas.

—¿E-esas s-son…? —Jessica balbucea —¿S-son A-Angela y B-Bella?

—No, puede, ser —Lauren dice con la mandíbula apretada, apenas puedo distinguir esas palabras.

Angela y yo las ignoramos, fingimos que no hay nadie, fingimos que no están allí, estorbándonos el paso.

—¡¿Isabella Swan? ¿Angela Webber?! —la irritante voz dice nuestros nombres. La ignoramos, de nuevo.

Su cuerpo aparece de repente frente a nosotras provocando que nos frenemos en seco. Sawyer casi gruñe por el movimiento brusco.

—Con su permiso, señora —Angela le dice.

—¡¿Señora?! —Jessica jadea indignada.

Mi amiga y yo no decimos nada más, simplemente rodeamos su cuerpo para esquivarla y continuar con nuestro camino al interior del supermercado. Por supuesto, esta mujer no va a permitir que sea así de sencillo.

—¡Angela, Bella! —repite nuestros nombres. Hago una mueca cuando usa mi viejo apodo. —¿No me recuerdan?

Freno mis pasos y me giro a enfrentarla.

—¿Disculpe? ¿Debería recordarla, señora? —levanto una ceja. Jessica obliga a su rostro a mostrar una sonrisa.

—Creo que nos confunde —Angela le dice con ternura, como si le estuviera hablando a su abuela.

—¡Lauren! Ven, ven —Jessica le hace señas a su amiga para que se acerque a nosotras. Angela se tensa pero no cambia la expresión en su rostro. —Sé que a ti si te van a recordar.

Maldita. Jessica sabe tan bien como cualquiera en este pueblo que Angela y Lauren a menos de un metro de distancia, es una peligrosa combinación. Todos sabemos que son tan amigas como el agua y el aceite.

La rubia camina hasta nosotras.

—Hola, Bella —me mira directamente. No se molesta en reconocer la presencia de mi amiga, al contrario, parece que la evita como la peste.

—¿La conozco? —pregunto con inocencia. Aprovecho la actuación para mirar a la mujer que se ha colocado frente a mí.

—Estudiamos juntas ¿no recuerdas? —Lauren se burla. —Las cuatro íbamos en el mismo grado.

—¡Éramos amigas! —Jessica casi grita esas dos palabras.

Judas y Jesús también eran amigos, y todos sabes cómo terminó su historia.

—Disculpen, deben estar confundidas —les respondo. —No soy tan mayor.

—Perdón pero, a mi si me están confundiendo —Angela suena horrorizada. —La que solía ser amiga de unas cuantas personas mayores, era Bella.

Le lanzo una mirada furiosa a mi amiga.

—Niégamelo —me dice con una sonrisa maliciosa bailando en sus labios.

—Estúpida —gruño. Pongo mi atención de nuevo en las dos mujeres que al parecer no se han dado cuenta de nuestro pequeño intercambio.

—Nos conocimos aquí, en Forks —Jessica insiste. —¡Bella! Yo fui tu primera amiga cuando entraste al instituto ¿lo recuerdas? Cuando te mudaste aquí al pueblo.

Maldita sea. No puedo negarme a esa información porque es jodidamente cierto.

—¿Jessica Stanley? —pregunto con demasiada y muy fingida sorpresa.

—¡Si, esa soy yo! —asiente frenéticamente.

—¡¿Jessica?! —Angela pregunta con un jadeo. Su rostro es una máscara de horror, sorpresa e incredulidad. Muerdo mi labio con fuerza para evitar que la carcajada que está en mi garganta salga de mis labios. —Vaya, Jessica, estas…

Angela interrumpe sus palabras. Mis ojos analizan con cuidado a la mujer frente a nosotras. Su cabello esta enmarañado, seco y recogido en un moño desordenado, su rostro luce apagado, cansado y con más líneas de expresión de las que se pueden considerar normales a nuestra edad. Su cuerpo luce muy diferente a lo que recuerdo, más hinchado, me imagino que es el embarazado del que Sue nos contó hace algunas horas.

—Estas… ¡Estas aquí, Jessica! —le digo yo. —Aun sigues aquí, en Forks.

—Sí, aquí estoy —acepta. —Yo no necesité huir.

Perra.

—Esta es Lauren —Jessica continua hablando. —De seguro la recuerdan.

—No sabes cómo quisiera no hacerlo —Angela resopla.

—Lauren, tu también sigues aquí —le digo yo.

—¿Cómo va tu vida? —Angela le pregunta con entusiasmo. —¿Aun sigues metiéndote con los novios de tus amigas?

—Angela —la rubia sisea el nombre de mi amiga, reconociendo su presencia por primera vez desde que se acercó. —Han pasado años. ¿Aún no superas a Ben? ¿Ni siquiera irte de Forks te ayudó a aceptar que él me eligió a mí?

Mi mano se envuelve alrededor de la muñeca de mi amiga. No puedo permitir que vaya a prisión por agredir a una mujer demasiado embarazada, bueno, en realidad si puedo, pero estoy segura que esa perra es capaz de hacer un drama y complicar la fianza de mi amiga.

—Irme de Forks fue lo mejor que ha pasado en mi vida —Angela declara con orgullo.

—Te ha ido bien, ¿cierto? —Lauren inclina su cabeza. —Digo, para pagar una camioneta de ese tipo, supongo que dondequiera que vivas, a las putas les pagan bien.

—No lo sé —Angela se encoje de hombros. —¿Te pagan bien?

—No creo que le paguen tan bien —digo para mí misma.

—Tienes razón —Angela chasquea la lengua. —Lleva años siendo la puta del pueblo y sigue aquí, viviendo en la casa con la abuela de Ben. ¿Acaso no les cobras a tus clientes?

—Mi esposo y yo le hacemos compañía a la pobre Martha —Lauren responde, ni ella se cree sus palabras. —La pobre abuela vivía sola, así que decidimos que nuestro hijo sería una buena compañía para ella.

No me pasa desapercibido como la rubia recalca la palabra "esposo" e "hijo".

—¡Fue una boda hermosa! —Jessica hace su comentario para apoyar a la maldita amiga que tiene.

—Es una pena que no pudieras asistir, Angela —Lauren suspira. —Si hubiera sabido en que maldito agujero estabas escondida, te habría enviado la invitación.

—Oh, no te lamentes —Angela le resta importancia sacudiendo su mano en el aire. —Tu esposo me contactó y fue tan amable al invitarme.

—¿Qué no te estaba rogando que volvieras? —le pregunto inocente a mi amada amiga. —Recuerdo que una vez que yo respondí la llamada, Ben estaba llorando y jurando que si volvías él dejaba plantada a Lauren.

La rubia comienza a respirar con dificultad, sus puños están fuertemente apretados a los costados de su cuerpo. Esta molesta.

—Es correcto —Angela asiente. —Pero la basura que tiro, no vuelvo a recogerla.

—¿Y tú, Bella? —Jessica pone su atención en mí. —¿Qué ha sido de tu vida? ¿Aún sigues llorando y lamentándote porque los Cullen te abandonaron?

—No, Jessica. No tengo tiempo para pensar en ellos —respondo tranquila. —En casa me mantienen… muy ocupada —permito que mi tono de voz suene lascivo cuando murmuro esa última palabra. Angela finge una tos para ocultar su risa.

—Seguido visitan el pueblo, ¿lo sabías? —Lauren abre la boca y deja que sus venenosas palabras broten. —Edward ahora es más… apreciado por nosotras.

—¿Y le cobras? —Angela levanta una ceja. —Tiene bastante dinero, ¿sabes? Si vas a acostarte con él, al menos deberías sacarle algunos miles.

—¿Así es como pagaron todo eso? —Jessica permite que la envidia se note en su voz. —¿La ropa, los tratamientos, las cirugías, la camioneta, el guardaespaldas?

¿Esta estúpida cree que estamos operadas? Ya la quisiera ver cumpliendo las exigencias que el Sr. Grey impone. Yoga, Pilates, 2 horas en el gimnasio, 5 kilómetros de running y montones de sexo.

—No, querida —digo con dulzura. —Es puro amor al arte.

Por malditamente adicta al sexo que me he vuelto. Adicta a Christian.

—Ya sabes, sin fines de lucro —Angela se burla. —Por puro placer.

Jessica y Lauren abren los ojos al máximo.

Escucho ruido a mis espaldas, es un celular sonando, alertando de una llamada entrante. Es Sawyer, es su celular el que suena. Había olvidado su presencia.

—Señora —me extiende su celular. —Es el señor Grey.

Estiro mi mano y tomo el pequeño aparato arrimándolo a mi oreja bajo la atenta mirada de las dos mujeres más chismosas de Forks.

—Hola, cariño —digo alegremente. —¿Qué sucede?

—Hola, nena —Christian responde risueño. —¿Dónde estás? ¿Aún estás en el supermercado?

—Sí, aún sigo aquí —le digo con una mueca. —Nos hemos encontrado con algunas viejas y… err… con amigas, y ya sabes, cariño, el tiempo se nos fue poniéndonos al día.

Christian se ríe al otro lado de la línea.

—Pero, ya vamos de camino —me encojo de hombros. —¿Necesitas algo?

—A ti —me dice. Siento en mis mejillas el cosquilleo de mi sangre subiendo y acumulándose en mi rostro. —Te veo en media hora, ya voy para allá.

—¡Ya compramos la tostadora! —el grito de Elliot me hace reír. —Pasamos a dejarla a tu casa y nos vemos en la playa.

—Bien, los vemos allí.

—Adiós, nena —Christian se despide de mí y cuelga la llamada.

Miro sospechosamente a Sawyer mientras mi mano le devuelve su celular, el hombre evita mi mirada lo cual me hace darme cuenta de lo que ha pasado. Sawyer le comunicó a Christian la situación, entre ambos planearon una pequeña interrupción para darme un escape a este horrible reencuentro.

—Ang, debemos irnos —le digo a mi amiga. —Nos esperan.

—Claro —Angela asiente, desesperada por salir de este reencuentro.

—Jessica, Lauren —me concentro en las mujeres que me miran con el ceño fruncido. —Fue un ¿placer?

Sin darles oportunidad para que sigan hablando, me giro dispuesta a caminar al interior del supermercado para conseguir la lista de cosas que Emily ha pedido.

—¡¿Bella Swan?! —otra voz conocida me sobresalta. Ahí, de pie en el medio de las puertas corredizas de la tienda, mirándome como un estúpido mientras sostiene un carrito de compras y a tres niños, está Mike Newton.

—Carajo —siseo.

—¡Mami, papá no me quiso comprar un balón nuevo! ¡Mami, papá no compro los cereales que me gustan! —dos niños idénticos, rubios, de ojos azules y con voz chillona e irritante, gritan y corren hacia Jessica. —¡Mamá, el bebé huele feo! ¡Se hizo popó!

Cuando Sue dijo que Jessica estaba embarazada, por alguna razón pensé que sería el segundo hijo, como Lauren. Pero ver a dos gemelos de aparentes cuatro años que gritan, saltan y se golpean entre ellos, un bebé de aproximadamente un año que balbucea cosas sin sentido, me ha tomado por sorpresa.

—Ustedes no perdieron el tiempo, ¿cierto? —Angela resopla.

—Bella, yo… ¡Wow! —Mike balbucea y suspira con sus ojos fijos en mí. —¡Estas aquí! Estas en Forks y… y estas preciosa y sexy y…

—¿Disculpa? —Jessica jadea.

—Mike —digo acompañando su nombre con un asentimiento de mi cabeza. Es todo el reconocimiento que le doy al hombre.

—Hola, Mike —Angela me empuja para rodear al hombre que continua mirándome con demasiada atención. Sawyer hace su trabajo, empuja a Mike y a su carrito de compras en dirección a su esposa para dejarnos libre el paso.

—Adiós, Mike —mi amiga y yo decimos al unísono. Ambas nos perdemos al interior del supermercado.

—Al fin —Angela exhala ruidosamente. —¡Las odio! ¡No las soporto!

—Gracias, Sawyer —me giro y miro al hombre que tiene el ceño fruncido y da miradas por sobre su hombro, asegurándose que nuestros supuestos amigos, no vengan detrás de nosotros. —Gracias por llamarlo.

Sawyer sonríe ligeramente pero no me responde.

—Vamos a buscar las cosas —le digo a Angela.

Con posturas tensas, ojos observándonos, nuestros nombres siendo susurrados por los pasillos y alguna que otra pregunta incómoda de los habitantes de Forks, los tres nos movemos por todo el supermercado hasta que estamos seguros de haber encontrado todo lo que tenemos anotado en la lista.

—¿Bella? ¿Angela? —la cajera, la anciana señora Maggie se acomoda los anteojos a la vez que sus ojos se abren como platos.

—Hola —nosotras respondemos tímidamente.

La mujer parpadea un par de veces, mi amiga y yo continuamos colocando los víveres en la banda como si no nos importara ser observadas como atracciones de un circo de fenómenos. Tarda, pero la mujer recupera la compostura y comienza a pasar por el escáner las cosas.

—Es bueno verlas de regreso —murmura. Angela y yo sonreímos, pero no respondemos. —Y no creo que aceptemos esa tarjeta, Bella.

Doy una mirada al plastico de color negro que mis dedos juguetean.

—No se preocupe —Angela dice risueña. —Traemos efectivo.

Sin perder la sonrisa inocente pero la mirada maliciosa, mi amiga saca la cartera y muestra el efectivo que le pertenece a Elliot. Maggie sonríe, asiente y nos cobra.

Nos toma -a Sawyer- dos minutos y un viaje para llevar nuestras compras a la camioneta. Cinco minutos después, nos encontramos conduciendo por la carretera que conduce a la Pus, Angela y yo vamos hablando de temas triviales, ajenas a lo que sucede al exterior de la camioneta.

—Señora —Sawyer dice con suavidad aunque puedo detectar cierta preocupación en el tono que usa. Angela se interrumpe abruptamente y me mira, con pánico.

—¿Qué ocurre? —le pregunto a Sawyer. —Dime.

No suelo usar el tono frío y demandante con él, pero sé que es algo importante, no me voy a andar con rodeos o esperando a que él suavice la situación para mí, quiero, necesito saber que carajos está pasando.

—Nos están siguiendo —es lo que responde mi guardaespaldas. Mi corazón se acelera, mi cuerpo se enfría, mi garganta se seca y mis ojos se vuelven vidriosos.

Es inevitable que el miedo se instale en mí.

¿Acaso no puedo tener una vida normal? ¡¿Es mucho pedir un día de humanidad normal?! Sin ex novias locas, sin vampiros psicópatas, sin hombres con el ego dañado, sin que mi jodida mala suerte se haga presente. ¡¿Acaso es demasiado lo que pido?!

Respira Isabella.

Necesitas mantener la cabeza fría. Necesitas mantenerte con vida.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó roncamente. No desconfío de él, sé que me dice la verdad y agradezco que lo haga.

—La camioneta Dodge blanca que viene detrás, no trae matrícula —responde con calma. —Además, desde que salimos del supermercado viene detrás de nosotros, apenas unos metros detrás.

—¿Christian lo sabe? —preguntó imitando la calma del hombre.

—No, señora —niega. —No quiero hacer ningún movimiento, para no alterar a la persona que nos sigue.

—Bien —acepto.

No necesitamos que Christian se ponga histérico en este momento, no después de lo que sucedió anoche. ¡Vamos, Isabella, resuelve esta mierda! Eres una mujer que resuelve sus propios problemas sin depender de un hombre. Mi cerebro hace su trabajo, gira a gran velocidad buscando posibles soluciones.

—¿Alcanzas a ver quien conduce? —preguntó con cuidado. No estoy segura de querer saber la respuesta.

Por favor que no sea pelirroja, por favor que no sea pelirroja.

—Los cristales están polarizados —Sawyer responde en voz baja. Por el retrovisor veo su cabeza moverse. —Parece una mujer.

Mierda. Mierda. Mierda.

—¿Bella? —Angela me mira, la duda y el pánico están escritos en sus ojos.

—¿Qué tan cerca estamos de la Push? —pregunto.

—15 kilómetros, aproximadamente —responde el hombre.

—Esto vamos a hacer, Sawyer —digo sacando con movimientos cuidadosos mi teléfono. Lo más discreta posible, comenzar a redactar el mensaje. —Fingiremos que no nos dimos cuenta. Sigue conduciendo hasta la playa, no importa que veas, no importa que escuches, sigue conduciendo. Yo te diré cuándo acelerar.

"Código reina roja. Está siguiéndonos. ¡Ayuda!"

—Si, señora —Sawyer asiente. Pulso el botón de "enviar".

Siento la mano de mi amiga deslizarse sobre mi rodilla, una muestra silenciosa de apoyo, fortaleza y resignación. Sawyer da miradas nerviosas por el retrovisor y por los espejos laterales, pero mantiene la postura y la velocidad de la camioneta. Estiro mi cuello en busca de nuestra salvación, por estupido que suene, reconozco la línea de árboles que forman la línea del tratado donde comienzan las tierras Quileutes, sé que allí estaremos a salvo.

—Ya casi llegamos —Angela susurra. Ella también está buscando la línea del tratado que ha quedado sin validez, de momento.

Como si fuera una profecía, dos lobos aparecen cubriendo nuestros flancos, mirando y gruñendo en dirección a la carretera a nuestras espaldas, gruñendo hacia la camioneta Dodge que nos sigue. Mis ojos observan la línea de árboles que protegen las líneas tribales.

—¡Ahora, Sawyer! —chillo dejando escapar toda la histeria que he mantenido contenida en mi interior. El hombre hace lo que le digo, pisa a fondo el acelerador, la camioneta sale disparada hacia adelante causando que nuestras espaldas se golpeen contra las espaldas de nuestros asientos. No me pasan desapercibidas las miradas de sorpresa que Sawyer da por el retrovisor, el pobre no tenía idea de los lobos.

Sawyer no baja la velocidad hasta que nos encontramos en la calle paralela a la playa. Mira de nuevo por el retrovisor y entonces avanza con cuidado hasta llegar al frente de la casa de Emily. La camioneta se detiene, el motor se apaga y se escuchan tres respiraciones erráticas en medio del silencio sepulcral. Nadie se mueve.

—Ni una palabra de esto a Christian —mi orden rompe el silencio. —¿Entendido?

—Sí, señora —Angela y Sawyer hablan al unísono.


Hola, Holaaaaaaaaaa!

¿Cómo están? jijiji ¡¿Con más o menor sorpresa que Jessica y Lauren?! jijiji

Entonces... ¿Quién trató de seguirlos? ¿Alguna idea?

Oigan, por cierto, estoy publicando las historias en Wattpad, van algo atrasadas con los capítulos, pero la idea es que en algún momento vayan a la par. Allá tienen una portada diferente que más tarde pondré aquí también.