La resiliencia es la palabra de los más fuertes, de aquellos que superan las adversidades, de los que desean continuar porque saben que, al final de la batalla, vendrá la recompensa. Sin embargo, algunos ni siquiera saben por qué seguir adelante. Grant se lo preguntaba con frecuencia: ¿qué lo mantenía intentando recuperarse? Tendido en la camilla del Tulpar, su único deseo era regresar a casa, poner fin a la pesadilla.
Y ahora que había vuelto, seguía luchando, pero se preguntaba: ¿cuál es su recompensa? Una vida deformada, una esposa a quien ya no podía ofrecer nada, un cuerpo destruido que parece no tener cabida en una sociedad tan avanzada. Y en medio de todo esto, está Benjamín… su corazón se aceleraba cada vez que pensaba en su hijo, imaginando la vergüenza reflejada en sus ojos si llegaba a ver en lo que se había convertido.
Cada vez que comenzaba las terapias para aprender los movimientos locomotores básicos, se sentía como un adulto atrapado en el cuerpo de un bebé. Pensaba en Benjamín y en cómo no deseaba someterlo a esa imagen. No era un ejemplo para su hijo… no era un ejemplo para nadie.
Las frustraciones de sus pensamientos se intensificaban con cada paso fallido, mientras intentaba caminar de nuevo. Mantener el equilibrio lo hacía sentir pequeño y patético. Grant recordaba a su yo del pasado, imaginando que habría tenido una visión más optimista sobre su situación, si esto le hubiera ocurrido a otra persona y no a él. Pero ahora que era su turno, su mente se debatía entre la rendición y la determinación de seguir intentándolo. Así, el espíritu de Grant, quebrantado, se hundía cada vez más en la rendición.
—Verá que logrará dominarlo, Señor Curly —animó la especialista que lo ayudaba en sus sesiones.
Grant, ya dominando las fuerzas de sus nuevos brazos, luchaba por encontrar la estabilidad en sus piernas. Los avances eran lentos, y la frustración crecía, acumulándose en la oscuridad que sentía en su interior. Justo cuando un paso en falso parecía ser el golpe definitivo para romper el vidrio de su resiliencia, unos brazos fuertes lo sostuvieron, evitando que cayera.
Al levantar la mirada, se encontró con la razón que necesitaba para restaurar su espíritu de lucha: aquellos ojos azules que lo miraban con amor y compasión. Esos ojos de un azul intenso no eran de nadie más que lo suyos, y esa sonrisa con hoyuelos marcados era la expresión del amor de su vida.
—Tranquilo, papá, te tengo —dijo él con dulzura.
Grant, prendado de su hijo, se aferró a él sin pensarlo y dejó escapar el llanto. Benjamín le correspondió, sintiendo por primera vez un abrazo de su padre. Mientras tanto, Beth y David observaban aquella escena con creciente satisfacción en su interior.
La terapia fue interrumpida a petición de Beth, y en la habitación de la clínica, la familia finalmente se reunió por primera vez.
Grant, que había pasado meses sin ver a Beth, ahora no podía apartar la vista de su hijo. La sensación de saber que tenía un hijo y finalmente verlo frente a él lo golpeaba de una manera diferente.
—No tienes idea de cuán feliz me hace conocerte al fin —dijo Benjamín con una sonrisa, su corazón palpitaba de emoción y nervios. —He soñado con este momento toda mi vida... tengo tanto que contarte y tantas preguntas que hacerte.
—Ve despacio, vaquero. Recuerda que no podemos abrumar a tu padre—intervino Beth con una suave sonrisa, colocando una mano en el hombro de su hijo.
¿Padre? Grant aún no podía creerlo. La idea de tener un hijo con Beth había quedado en una mera fantasía antes de irse, pero lo que realmente impresionaba a Grant era cómo ese joven le hablaba como si quien tuviera frente a él fuera la versión de sí mismo que había abandonado la tierra hace veinte años. Para Grant, resultaba inconcebible que Benjamín pudiera pasar por alto lo poco que quedaba de él.
—¿Papá? —habló Benjamín al notar que Grant solo lo miraba—. Sé que le dijiste a mamá que no querías verme.
Grant sintió su corazón temblar de miedo; no quería que se interpretara como un rechazo. Miró a Beth, quien le sostuvo la mirada con confianza, como si le diera fuerza para enfrentar las siguientes palabras de su hijo.
—No quiero que la juzgues, por favor. Ella me ha explicado todo, y fui yo quien decidió venir por su cuenta. Como verás, soy un adulto que puede tomar sus propias decisiones. Ya no dependo de mamá, así que, aunque quisiera, ella jamás podría haber evitado este encuentro.
Grant sintió la fuerza que emanaba de Benjamín, claramente heredada de su madre. Su hijo parecía un joven dulce pero decidido, el equilibrio perfecto entre ambos.
—Vaya, tiene agallas el muchacho —comentó la voz de Jimmy, surgiendo de la nada.
Grant vio cómo detrás de su hijo se posaba la figura del hombre al que despreciaba.
—En eso no se parece a ti —replicó con una mueca de desdén.
La presencia de Jimmy se clavó en su conciencia como una sombra. Su voz le acompañaba a todos lados, cada día, mezclándose con recuerdos y pensamientos distorsionados. Jimmy era la imagen proyectada de sus inseguridades, un recordatorio constante de sus fracasos. No importaba la ocasión; su viejo amigo estaba siempre dispuesto a recordarle sus errores y a ser el ancla que le impedía alcanzar la superficie.
—Mamá me ha dicho que has evolucionado bien. Estoy seguro de que pronto te recuperarás por completo y podremos compartir tiempo juntos —dijo Benjamín, con su voz llena de esperanza.
—Qué tierno... ¿qué harán? ¿Ir al parque a jugar a la pelota? ¿O lo llevarás a comer una cajita feliz? —se burló Jimmy, permaneciendo como una sombra incómoda.
Grant trató de ignorarlo, centrándose en Ben y nada más.
—¿No te gustaría? —preguntó Ben, con su mirada fija en su padre.
—Sí, Capitán Curly, ¿no te gustaría? —repitió Jimmy, imitando las palabras de su hijo con desprecio.
Aunque la respuesta era sencilla, Grant sintió que las palabras se le atascaban en la garganta. Ante su silencio, Ben decidió proseguir.
—Oye, estoy estudiando ingeniería aeroespacial, tal como el tío David —continuó Ben, luciendo orgulloso—. Me gustaría especializarme en el área mecánica.
Grant mantuvo la vista en su hijo, sintiendo una mezcla de orgullo y miedo.
—Oh, pero qué interesante —intervino de nuevo Jimmy, con su típico tono cargado de sarcasmo.
—Ya me falta poco para terminar... y también he metido papeles para iniciar pasantías —respondió Ben, con una chispa de emoción en sus ojos.
—¿No te trae eso recuerdos? Ambos jóvenes e inocentes —dijo Jimmy, su voz envolvía a Grant como una bruma pesada.
Grant vio en su hijo a Daisuke, y una oleada de angustia lo atravesó.
—Mira el lado bueno, este sí tendrá las oportunidades que el otro no tuvo contigo —añadió Jimmy, clavando la punzada en la herida.
—Qué bueno, cariño, eso no me lo habías dicho —intervino Beth en la conversación.
—Lo siento, mamá, es que fue reciente. Planeaba llamarte... estoy muy emocionado —admitió Ben, sonriendo nerviosamente.
—Corrijo, joven y estúpido... A Swansea le habría encantado —replicó Jimmy con ironía, disfrutando de su papel como saboteador.
—Me alegro mucho por ti, cariño —dijo Beth con amor, haciendo un gesto para acariciar el brazo de su hijo.
—Es una lástima que ya no envíen naves tripuladas. Me habría gustado conocer el espacio tal como lo hiciste tú, papá —comentó Ben con orgullo, mirándolo con admiración.
La voz amable de Ben, junto a su carácter efusivo y jovial, cada vez le recordaba más la imagen de Daisuke. Grant quería disfrutar de su hijo, pero su mente conectaba presente y pasado sin contemplación.
—¿Ya le has dicho? —susurró Jimmy cerca de su oído, como un eco molesto en su mente—. ¿Ya les has contado lo que hicimos? ¿Lo que hiciste?
Ben lo miraba expectante, con un brillo de emoción en sus ojos, pero ante el prolongado silencio de su padre, dirigió su mirada hacia su madre, sin saber qué hacer. Beth lo miró con compasión; sabía que su hijo estaba intentando conectar con su padre.
—¿Y por cuánto tiempo te quedarás con nosotros, Ben? —preguntó, intentando cambiar el rumbo de la conversación.
—Oh, bueno, solo he podido obtener dos días así que debería regresar mañana por la noche —respondió Ben, sonriendo con un leve tono de decepción—. Quisiera poder quedarme más tiempo, aunque creo que podría saltarme unos días más de clases.
—¿Puedes hacer eso? ¿No te traerá problemas? —preguntó Beth, con preocupación.
—Bueno... considero que, a estas alturas, papá es más importante —respondió Ben, tratando de sonar seguro.
—Aaw, mira, el pequeño Ben se sacrificará por ti... ¿no te cansas de arruinarle la vida a la gente? De quitarles su futuro mientras solo estás ahí sentado, inerte —replicó Jimmy, su tono burlón era como veneno el aire.
—¡Cállate! —gritó Grant, la voz salio como un rugido ronco que resonó en la habitación.
Tanto Beth como Ben, miraron en dirección a Grant. Él se veía abrumado, su respiración era agitada y su mirada, llena de miedo, los hizo preocuparse.
—Vete —pronunció Grant finalmente, la palabra resonó como un eco en el silencio tenso de la habitación.
Madre e hijo lo miraron con creciente intriga, la confusión y la preocupación se pintaron en sus rostros. Grant, atrapado entre el deseo de proteger a su hijo y el peso de sus propios demonios, sentía cómo la situación se desbordaba de sí mismo, tenía que hacer algo.
—No pierdas... tu tiempo... conmigo —dijo Grant, casi en un susurro.
—¿Qué dices, papá? —frunció el ceño Benjamín, confundido y preocupado.
—No vale la... la pena que... pierdas tus... clases por mí... así que ve… continúa con tu carrera, ten un futuro... yo ya no tengo…. nada que ofrecerte —respondió Grant, sintiéndose abrumado.
Ben lo miró en silencio por un momento, manteniendo un semblante serio. No era fácil lo que escuchaba de su padre.
—Sabes, papá —habló finalmente—, te diré la verdadera razón por la que quise estudiar mi carrera. Pasé parte de mi infancia fantaseando que viajaba al espacio a rescatarte y traerte de regreso a casa. A medida que fui creciendo, una parte de mí sabía que era imposible cumplir ese sueño; la otra parte de mí seguía siendo ese niño pequeño que soñaba todas las noches, mirando hacia el techo de su cuarto e imaginando lo imposible. Mamá siempre me hablaba de ti, de lo que hacías, y yo también quería crecer para llegar a la cima como tú. Quería que, si algún día regresabas y me conocías, estuvieras orgulloso de mí.
Beth lo miró con aflicción, sintiendo cómo las palabras de su hijo atravesaban su corazón.
—Ben —dijo ella suavemente.
—Siempre quise conocerte, y me alegra saber que ese deseo que tuve durante tanto tiempo no se quedará en una fantasía —dijo Benjamín, con la voz firme y sincera—. Quizás ahora no eres la versión que querías de ti, pero para mí, siempre serás mi padre, sin importar nada. Así sea que compartir contigo signifique hacerlo en silencio, lo haré, porque no imaginas lo importante que esto es para mí, y lo mucho que quiero que sea para ti. Puede que no comprenda los demonios contra los que luchas ahora, pero quiero que sepas que no estás solo, papá, ya no... Así que no digas de nuevo que perderé mi tiempo contigo, porque no es asi.
La imagen de Jimmy comenzó a desvanecerse con cada palabra que Ben pronunciaba. Ahora, tras el rostro de Daisuke, podía ver con claridad las expresiones sinceras de su hijo. Las sombras de la duda y el arrepentimiento se desvanecían poco a poco.
Grant, sintiendo una oleada de emociones, colocó ambas manos en los apoyabrazos de la silla de ruedas. Se inclinó hacia adelante, y Ben, alarmado, se adelantó para ayudarle, pero Grant lo detuvo con un gesto firme.
Con una fuerza que dejó a todos impresionados, se levantó, tambaleándose ligeramente al principio, pero determinado. Dando algunos pasos, se acercó a Benjamín y lo abrazó con vehemencia, con una mezcla de alivio y sobrecogedora emoción.
—Gracias —pronunció Grant, aferrándose a su hijo con fuerza. Ben hizo lo mismo, cerrando los ojos y disfrutando del calor que transmitía el abrazo de su padre.
El corazón de Beth se llenó de éxtasis al presenciar la escena. Un aire de alivio corrió por su pecho al ver que, finalmente, después de tanto tiempo, Grant tenía una tregua con su tormento.
Aun estoy acá, he atravesado muchos problemas de adultos pero he logrado sobrevivir, y aun así no he dejado de escribir.
Si todavía te interesa la historia quiero que sepas, que siempre me gusta terminarlas, a pesar de los inconvenientes he podido adelantar los siguientes capítulos, que iré publicando poco a poco hasta terminar
Gracias por leer.
