Pov. Jinx
Tan pronto cruzo la puerta del camarote, mis piernas pesan el doble. Me dejo caer sobre la cama sin siquiera quitarme las botas. El colchón cede bajo mi peso con un crujido leve, pero no me importa. Cierro los ojos por un segundo y saboreo el eco de lo sucedido hoy.
Vi no estaba convencida de que quedarme en la aeronave fuera una buena idea, pero al final la convencí. O al menos logré que me dejara hacerlo sin armar una escena. No es lo mismo, pero es suficiente. Por ahora.
El aire en el camarote tiene un leve olor a metal y aceite, mezclado con algo más dulce que viene de la cama de Lux, tal vez perfume o jabón. Es cálido aquí dentro, en contraste con la brisa fría que se filtra por las rendijas del casco.
Escucho un movimiento ligero y abro un ojo. Lux se sienta en su cama con las piernas cruzadas, observándome con una expresión que no sé si es curiosidad o simple cansancio.
-¿Día pesado?- pregunta, ladeando un poco la cabeza.
-Emocionalmente hablando, sí.
-¿Lo dices por Ekko? ¿O acaso viste a tu hermana? – se recuesta boca arriba, con los brazos detrás de la cabeza, como si estuviéramos teniendo una conversación cualquiera.
Mi boca se curva en una sonrisa sarcástica.
–Si te digo que por ambos ¿me creerías?
Lux deja escapar una risa breve.
– No.
No puedo evitar soltar una pequeña carcajada también.
–Yo tampoco me creería.
Suspiro y dejo que mi cabeza se hunda un poco más en la almohada. Afuera, el murmullo de la ciudad sigue latiendo como un recordatorio de que este mundo no ha dejado de moverse, incluso si mi interior se siente estancado en un punto entre el pasado y el presente.
Lux deja que el silencio se asiente por unos segundos antes de hablar de nuevo.
-Entonces, ¿Qué pasó?
Me paso una mano por el cabello y me giro en la cama, mirando el techo.
-¿En qué sentido?
-No te hagas al tonta. Con Ekko.
Chasqueo la lengua y me cubro la cara con el brazo.
–Nada del otro mundo. Un reencuentro, algo de tensión…ya sabes, lo normal cuando ves a alguien que te odia después de dos años.
Lux suelta un bufido.
–No creo que te odie.
Me encojo de hombros.
–No me dijo que me extrañaba, eso es seguro.
Siento su mirada sobre mí, pero no me muevo.
-Pero sí te tomó la mano.
Mi mandíbula se tensa.
–Fue un segundo. No es como si me hubiera cargado en brazos o algo.
-¿Y cómo te hizo sentir?
Le lanzo una mirada entrecerrada.
-¿Desde cuándo eres psicóloga?
-No necesito serlo, puedo notar que te movió el piso.
Me río, pero suena forzada.
–Por favor, no soy una adolescente con un enamoramiento. Fue raro, sí, pero nada más.
Lux no dice nada por un momento, y casi me relajo… hasta que suelta su golpe final.
-¿Entonces por qué sigues tocándote la muñeca?
Mi mano se congela justos donde sus dedos estuvieron hace unos minutos.
Maldita rubia.
-Mañana necesito que me acompañes…- suelto, intentando cambiar de tema.
Lux se incorpora un poco.
-¿Por qué?
- ¿Prometes no decir nada hasta que sepamos bien de que se trata? – le cuestiono y ella asiente.
El resto de la noche me dedico a contarle casi todo lo que Ekko me dijo y lo que averigüé estando en el Sumidero. Omito detalles. No porque quiera ocultárselos, sino porque hay cosas que ni yo misma termino de procesar.
Lux escucha en silencio, ocasionalmente asintiendo o frunciendo el ceño cuando menciono algunas cosas que no logra identificar en Zaun.
Nos despertamos antes de que el sol termine de asomarse en el horizonte. Piltover sigue envuelta en una neblina grisácea cuando descendemos de la aeronave, con el murmullo de la ciudad como un zumbido constante en el aire.
Caminamos por las calles con paso rápido, ambas cubriéndonos con nuestras capuchas para no llamar la atención, andamos apresuradamente, pues debemos llegar a la parte de Zaun donde estaba la tienda de Benzo. No hablamos mucho. No es necesario.
Justo antes de llegar a la tienda logro divisar el letrero, sus letras apenas legibles, continúan ahí y el óxido del metal cubriendo la madera que se ha podrido, como sí desafiara al olvido. Me detengo en seco.
Nunca entendí porque la tienda de Benzo había permanecido intacta a pesar del paso del tiempo.
Ni Silco, ni el tiempo tocaron este lugar.
Quizá la ciudad misma se rehusó a dejarlo morir.
Nos acercamos a la puerta, y por un instante, casi espero oír la risa de Mylo y Claggor, los pasos impacientes de Vi, el parloteo de Ekko mientras revisa un cacharro nuevo. Casi puedo verme a mí misma, más pequeña, menos rota. Pero sólo es el eco de lo que fue.
Una vez dentro, el olor a polvo y metal oxidado nos recibe. El aire está enrarecido, como si el tiempo aquí dentro hubiera decidido estancarse. Las estanterías siguen en pie, aunque algunas han colapsado bajo su propio peso.
Restos de cachivaches cubren el suelo, pequeñas piezas de relojería, engranajes, trozos de cristal…ecos de lo que una vez fue.
Lux camina de tras de mí en silencio, con la misma cautela con la que alguien recorrería una tumba.
Mis dedos rozan el borde del mostrador ahora carcomido. Aquí es donde Benzo solía apoyarse con los brazos cruzados mientras nos regañaba por tocar lo que no debíamos.
El retumbo de una risa infantil se filtra entre mis pensamientos.
Sacudo la cabeza y avanzo un poco.
-Esto…parece estar intacto- murmura Lux, inspeccionando la pared donde aún cuelga una vieja lámpara de gas.
Asiento, aunque en realidad no sé qué responder. Hay algo en este sitio que hace que mi pecho se sienta extraño, como si las paredes me arañaran con recuerdos enterrados bajo capas de polvo y tiempo.
-No creo que estemos aquí solo para ver ruinas ¿o sí?- la voz de Lux me devuelve al presente.
Tomo aire y sacudo la sensación de mi pecho.
-No, ven…por aquí. –le digo mientras me dirijo a la trastienda, donde Benzo guardaba las cosas importantes.
A medida que avanzamos, mi mirada recorre el lugar. Cajas con algunos artefactos se apilan, estanterías aun con algunos objetos olvidados, una mesa al centro… La imagen se superpone con el recuerdo de Benzo sentado ahí, revisando cachivaches con Ekko y yo a su lado, compartiendo algún plato de comida caliente después de un día largo.
-Sabes…- digo, más para mí que para Lux – En la tienda, justo al lado de la puerta que lleva aquí, había un mueble. Siempre albergaba tres máscaras, y había una en particular que me llamaba la atención
Lux frunce el ceño.
-¿Tres? Solo vi dos- su voz se tensa levemente. Esta alerta - ¿Cuál era la que te gustaba?
-Mmm…era una que siempre me recordó a un búho… - me detengo cerca de una estantería, notando que está un poco separada de la pared. Siento el peso del recuerdo en mi lengua-. Pero Benzo nunca nos la presto, decía que la íbamos a romper.
Me giro, con una media sonrisa sarcástica.
-¿Cierto, Ekko?
Un silencio afilado corta el aire.
Entonces, una figura emerge desde detrás del mueble.
Sujetando la máscara entre sus manos.
Los ojos tras ella son inconfundibles.
Lux da un paso atrás con cautela, pero yo no.
Porque lo supe antes de verlo.
Ekko estaba aquí y nos estaba esperando.
POV. Ekko.
Desde el momento en que las escuche entrar, supe que era cuestión de segundos antes de que ella me encontrara.
Jinx nunca fue del tipo que deja preguntas sin respuesta.
Apretando la máscara entre mis manos, escucho su voz recorrer la trastienda.
-Pero Benzo nunca nos la presto, decía que la íbamos a romper.
Y entonces, mi nombre sale de sus labios.
Supe que me había sentido antes de verme.
Salgo de mi escondite con calma, sin prisas y a pesar de que llevo la máscara puesta la sostengo con una facilidad que contrasta con el nudo en mi garganta.
La rubia reacciona primero, da un paso atrás, alerta, lista para lo que sea. Pero Jinx no.
Sus ojos me recorren de arriba abajo, como si estuviese midiendo que tanto he cambiado en estos años. Y, al mismo tiempo, como si buscara algo que le resultara familiar.
-Me sorprende que viniera- le digo señalando a la rubia.
-Como veras alguien la tomo, y le hizo algunas modificaciones- le dice a la chica y después se vuelve hacia mí - ¿Qué puedo decir? Le gusta la aventura.
Me quito la máscara y se la tiendo, ella levanta una ceja.
-No es la primera vez que la veo de cerca ¿sabes? – y por supuesto que lo sé, hace dos años fue una de las primeras cosas que tomo en mi casa, mientras curioseaba.
-Tal vez ella la quiera ver…- Jinx sonríe y la toma.
-Ekko ella es Lux
- Un gusto.- le digo mientras inclino la cabeza y Lux levanta la mano en forma de saludo.
- Sigo sin entender por qué Jinx me dijo que debía venir.- comenta Lux, mientras se recarga en la mesa.
-Quiero saber de qué lado estas – respondo sin rodeos, ella parpadea sorprendida por la franqueza.
Jinx se cruza de brazos, sin intervenir. Es raro verla callada en este tipo de conversaciones, pero sé que lo hace a propósito. Me deja manejar esto.
-¿Y qué lado seria ese? – pregunta Lux sin bajar la guardia.
Suspiro y me acerco un poco más a ellas.
-No eres tonta, Lux y justo es por eso que sé que Jinx confía en ti. Sabes que hay cosas moviéndose bajo la superficie, gente usurpando identidades, rumores por toda Runaterra sobre la gema… Demacia tiene interés no solo en la gema, si no en algo más.
-Si quisiera espiarlos, ¿no crees que haría un mejor trabajo? –replica irritada.
Jinx ríe por lo bajo. La ignoro.
-Nunca he dicho que seas una espía, pero sí quiero saber qué es lo que Demacia realmente busca aquí.
Lux sostiene mi mirada, su expresión es ilegible por un momento, hasta que suspira y se pasa una mano por el cabello.
-No confió en todo lo que hace mi nación- admite-. Por eso estoy aquí.
-Eso aún no significa que estés de nuestro lado.
-¿Y qué tengo que hacer para probarlo?
Jinx y yo intercambiamos una mirada.
-Ven con nosotros. Hay algo que queremos mostrarte – digo finalmente.
Lux duda por un instante, pero asiente.
-Bien.
Jinx sonríe, satisfecha.
-Entonces vámonos.
- En unos minutos te voy a cubrir los ojos Lux – le dice Jinx mientras caminamos a la salida –Tranquila no te pintare nada… tal vez.
Miro una última vez la tienda de Benzo antes de salir.
Tal vez la cuidad no dejo morir este lugar… pero el mundo que alguna vez represento ya no existe.
