Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama es completamente mi invención.

Capítulo 7

Hubo silencio.

Y la atmósfera que se creó era más tensa de lo que se sentía minutos antes. Edward parecía en trance hasta que pestañeó, sacudió la cabeza y pasaba con desesperación las manos por su pelo, dando suaves tirones.

Lauren decidió acercarse y vi cómo descansó las manos en los hombros de él.

― Sé qué no era la mejor manera ―dijo ella―, pero hay altas posibilidades que Emmy sea tuya.

Edward inclinó la cabeza y negaba. Sabía que estaba conmocionado y no era para menos, tampoco era tan fácil asimilar que Emmy podría ser de él.

― Es que no puedes hacerme esto ―murmuró, centrado en mí―. No puedes desaparecer y hacerme tan miserable con tu partida, fueron casi tres putos años, Bella ―sentenció cruelmente― y ahora que estoy bien, que he decidido seguir adelante… apareces con una niña.

El nudo que sentía en la garganta no me dejaba tragar saliva.

Suspiré audiblemente.

― Te envié cartas y nunca obtuve respuesta ―mencioné al recordarlo―. En ellas te contaba por todo lo que estaba pasando...

― ¡No quiero saberlo! ―me interrumpió sin dejarme continuar―. No estoy interesado en saber de ti ni tu entorno. No me importa si te casaste o tienes pareja, ¡no me interesa nada!

Levanté la barbilla mientras mis labios temblaban.

Había sido una gran perdida de tiempo venir a pedir su ayuda. Edward estaba tan herido que no iba a escucharme y por ende tampoco me ayudaría.

Estaba sola de nuevo. Mi segunda opción, era Charlie.

― Vamos a calmarnos ―pidió Lauren―. Nada de aspavientos, somos adultos y vamos a resolverlo de la mejor manera que es dialogando. Porque lo importante es demostrar que Emmy sea tuya.

Edward restregó las manos en la cara. Lo hizo de tal manera como si quisiera lastimarse, luego dirigió su feroz mirada a mí y caminó a zancadas a nuestro encuentro.

Se acuclilló frente a nosotras, dejando sus manos a cada lado de mis caderas.

Busqué un atisbo de ternura en sus ojos verdes, pero solo encontré hostilidad hacia mí. Comprendí que era mi culpa, que había sido la causante de terminar con la dulzura de un chico bueno que solo proclamó amor incondicional para mí en los dieciocho meses que duró nuestro noviazgo.

― Júrame que no estuviste con nadie más ―suplicó―. Dime por favor que no existe posibilidad que otro sea el padre de ella.

― No hubo nadie después de ti.

― ¿Cuándo crees qué pasó? ―sus ojos llenos de dudas pedían explicaciones.

Mordí mi labio inferior.

― La última vez… ―pronuncié tan bajo para que solo él escuchara― en el auto.

Él asintió lentamente. No me dio ni una sonrisa, muchos menos una mirada sino que se centró en la carita de Emmy.

Sus largos dedos tocaron sutilmente el cabello de mi niña y se deslizaron por las regordetas mejillas rosadas.

― Hola, Emmy ―había cambiado el tono de su voz por algo más infantil y amigable―. Soy Edward, ¿puedo cargarte?

Mi niña levantó su mirada hacia mí en busca de refugio. Ella era un poco arisca y no le gustaba que la trajeran en brazos y menos personas desconocidas a su entorno, por ese motivo me sentí sorprendida cuando Lauren lo logró con facilidad.

Emmy arrancó el chupete en forma de flor de su boca y lo puso en la mano de Edward.

Él lo tomó con una sonrisa deslumbrante mientras empezaban un juego entre ellos. Él le devolvía el chupete y ella se lo regresaba de nuevo, fue de esa manera que empezaron a reír solo ellos dos.

De pronto Emmy no quería mis brazos, sino que bajó para caminar de nuevo y con más confianza cerca de Edward. Ahora no solo le compartía el chupete sino su manta favorita y su muneca de trapo, también arrastró a como pudo la pañalera y le empezó a mostrar cada cosa que había dentro; pañales, toallitas húmedas, biberones y ropa.

Edward no tuvo más remedio que sentarse en el piso y estar atento a todo lo que Emmy deseaba compartir con él.

De esa forma el resto de la tarde se fue esfumando, mientras era testigo de cómo mi niña iba cobrando confianza. Cuando llegó la hora de la cena Emmy seguía compartiendo sopa de lentejas y pollo con Edward.

Las pocas palabras que intercambió conmigo fueron referentes a Emmy. Quería informarse si no era alérgica y si cumplía con todas sus vacunas, también preguntó por su fecha de nacimiento, lo cual dije era de diciembre 30. Ella acababa de cumplir dos años hace días y por la mueca que hizo supuse que él mismo hacía sus propias cuentas.

Su celular sonó. Al pasar cerca de la encimera miré el nombre de Alec en la pantalla. Sonreí a medias al recordar a su mejor amigo, quería hacer tantas preguntas, sin embargo comprendía que no era necesario indagar en su vida.

― Tengo que irme ―exhaló―. Estoy dispuesto en hacerme todas las pruebas necesarias para aclarar si existe lazo sanguíneo entre Emmy y yo.

― Gracias.

― No lo hago por ti ―expresó, dejándome helada―. Y una vez sepamos que la niña es mía, me haré responsable con ella.

― No has querido escucharme ―di un paso hacia él haciéndolo retroceder.

― No tiene caso, Bella. El pasado debemos dejarlo en su lugar, mi único interés será Emmy ―sus palabras secas y frías pusieron distancia suficiente para saber que no éramos nada.

Se agachó y dejó un dulce beso en la mejilla de mi niña. Sin decir nada más, se fue…

― No te preocupes, Bella ―Lauren me rodeó con sus brazos―. Démosle tiempo para que procese que es padre, por mientras a mí puedes contarme lo que ocurrió.

La miré fijamente.

― Quiero saber ¿por qué aceptaste prestar tu vientre?


Edward sigue consternado y es por eso su reacción.

Aquí hacemos una pausa y nos sumergimos en lo que originó todo el drama, ¿me acompañan a conocer el pasado?

Gracias totales por leer