Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama es completamente mi invención.

Capítulo 24

Edward

Desde ese día no me cansé de pedirle perdón a Emmy.

El sentimiento de culpa seguía apoderado de mí al grado que sentía el corazón estrujado por haber permitido que mi niña siendo tan pequeña se lastimara; era consciente que mi retina tendría grabada por largo tiempo sus lágrimas y su carita de dolor, era espantoso de solo recordar. Pero había algo distinto en ese sentimiento que descubrí con Emmy, me estaba volviendo un hombre precavido, mis sentidos estaban más alertas y eso requería de concentración. Decidí ignorar absolutamente todo y centrarme en ella, desde entonces no quité mis ojos de su diminuta figura.

Y fue cuando descubrí que Emmy era impredecible.

Porque los días que siguieron ella decidió perseguirme. Empezó a investigar lo que hacía como si fuera lo más interesante y probablemente para ella verme trabajar en la laptop, lo era.

Me ponía atención cuando comía, lo que bebía, los gestos que hacía y por si fuera poco, me esperaba afuera del baño. Me seguía hasta el vestidor, caminaba detrás de mí todo el tiempo. Era como una pequeña guardaespaldas.

― Emmy ―la llamé por su nombre al no verla detrás de mí. No quise perder tiempo y fui corriendo al cuarto de lavandería que era el único que estaba abierto.

Su menudo cuerpo se estremeció al verme. La había asustado.

No entraría en pánico cuando la vi jugando con las cápsulas de detergente líquido, estaba a punto de llevarlas a su boca.

― Ven aquí ―mi voz fue dura―. Emmy necesito que vengas, por favor.

Estaba tratando de ser prudente para que ella entendiera que eso estaba mal pero sin asustarla. En cambio, todo se arruinó cuando entró Bella y lanzó un grito alarmado.

― ¡Noo! ¡Emmy no puedes comer eso!

Emmy soltó la cápsula de detergente que cayó a sus pies. Hizo un puchero tembloroso y empezó a sollozar.

Suspiré molesto mirando a Bella de reojo antes de caminar directamente hacia Emmy y cargarla en brazos tratando de reconfortarla. Mi niña empezaba a llorar sin consuelo.

― No debes gritar, Bella. Antes debemos explicarle lo que está mal y el porqué.

― Me asusté, no pude evitarlo. Solo fue un instante que dejé la puerta abierta para ir por las sábanas ―señaló la ropa de cama que traía en sus brazos―. Dejé el detergente en el piso, fue mi culpa.

Sacudí la cabeza saliendo del cuarto de lavado con Emmy en mis brazos.

Pasé los dedos por su pequeña espalda, susurrándole:

― Tranquila, no puedes comer detergente. Puedes enfermar y doler tu estómago. ¿Quieres que te duela la panza? ―la senté en la encimera y la hice mirarme. Emmy tenía gruesas lágrimas corriendo por sus mejillas.

― No ―respondió dulcemente mientras sacudía su melena despeinada.

― Entonces, prométeme que no comerás nada que no sea compartido por nosotros ―pedí.

Los grandes y vivaces ojos de Emmy me decían que no estaba comprendiendo ni una sola palabra.

La frustración subió a mi cabeza. La complejidad de ser padre primerizo era estresante y desafiante por igual, no negaba que había mucha felicidad en disfrutar de Emmy y su crecimiento. Pero también estaba ese lado serio donde nos tocaba impartir una buena educación para ella.

Enseñarle lo que estaba bien y mal. Debíamos canalizar la forma en qué le llamábamos la atención sin que la niña rompiera en llanto cada que levantábamos la voz.

Emmy me abrazó. Se aferró con su poca fuerza a mis hombros y escondió su rostro en mi pecho.

― Creo que terminarás siendo más paciente que yo ―dijo Bella.

― No entiendo cómo lo has hecho sola todo este tiempo.

Frunció los labios. Comprendí que ella estaba aprendiendo al igual que yo, podía decir que me tenía ventaja, pero de igual modo estaba en el proceso de aprendizaje.

Bella se cruzó de brazos, mirándome.

― Ni yo misma lo sé ―reconoció― quizá era porque estaba más aferrada a que no me la quitarán, que ni siquiera ponía atención a nada más. Probablemente no lo he hecho bien, no he sido buena como madre.

― Estamos aprendiendo, Bella. No nacimos sabiendo cómo ser padres, es un proceso y nosotros lo estamos haciendo bien ―alcé mis hombros en una manera de convencerme a mí mismo― al menos creo que vamos bien.

Ella empezó a mordisquear sus labios de manera nerviosa.

― Nunca te lo he dicho… ―dudó―. Agradezco que estés conmigo y que hayas decidido compartir tu tiempo con Emmy, de verdad, no imaginas todo lo que significa para mí.

― ¿Cómo era antes? ―pregunté― ¿quién te ayudaba?

― Renée era la única persona que podía dejarle a Emmy.

Asentí lentamente al recordar que ya me había revelado lo de su madre.

― Sigues estando nerviosa, verdad.

― Mucho. ―Llevó las manos a su vientre plano―. Tengo un mal presentimiento que me mantiene todo el tiempo con un vacío extraño en el estómago ―me miró fijamente― cómo si algo fuera a ocurrir.

Alargue mi mano hacía ella. Bella entrelazó sus dedos con los míos y una pequeña sonrisa asomó de sus labios al ver nuestras manos unidas.

― Estamos juntos ―expuse―. No estás sola, juntos vamos a poder con todo lo que venga.

― Me sigue pareciendo tan extraño nuestra forma de reconectar ―mencionó, mientras nuestros dedos seguían tocándose de forma juguetona―. Empezar de cero es un poco… ―suspiró― chocante.

― ¿Por qué lo dices?

Arrugó la nariz ampliando más la sonrisa.

― Porque nos conocemos tan bien que podemos saber lo que nos molesta de cada uno, aún así preferimos quedarnos callados y fingir como si no supiéramos.

Reí. Bella estaba burlándose de mí; refiriéndose a la forma en que pregunté si podía pedir pizza la noche anterior, sabiendo que ella no comía pizza porque no le gustaba.

― Oye, pensé que ya comías pizza ―repliqué.

Ella batió la cabeza y se alejó yendo a la cocina. Emmy decidió seguirla y la puse en el piso para que fuera tras su mamá. Bella se inclinó viendo la lasaña que seguía cocinándose en el horno, volteó hacia mí y volvió a batir la cabeza al ver que miraba su trasero.

― Algunas cosas nunca cambian, Edward.

Pude sentir el calor en mis mejillas al ser expuesto. Bella sonrió al darse cuenta y apoyó sus manos en la encimera.

― Por cierto ―continuó―, ¿crees que mañana puedas cuidar de Emmy? Tengo otra entrevista.

― ¿Por qué crees que no podría?

― Porque últimamente estás absorto en la computadora. No quiero interferir en tu trabajo.

― Tengo que saber cómo compaginar mis dos versiones, Bella. Como adulto funcional, mi deber es ayudar en lo que más pueda con la crianza de Emmy y también proporcionar una vida sin carencias para ella… y para ti.

― Yo no tengo nada que ver.

Aprecié cómo Emmy se sentó en el piso jugando con su muñeca. La abrazó, arrulló y repartió besos.

― Eres mi esposa ―le recordé.

― Sí, pero nuestra unión fue por un acuerdo en común.

― Por lo que sea, igual eres mi esposa.

― Me conformaré con que no te vuelvas un esposo gruñón ―bromeó.

― No puedo asegurar nada ―seguí su broma.

Negó.

― Nada de controlador, ni tampoco celoso.

― Lo celoso se mantiene igual ―dejé de bromear y la seguí observando.

La tensión que existía entre nosotros se podía sentir en nuestras miradas, en cada uno de nuestros roces o simplemente el compartir de nuestros días juntos.

Éramos como una olla de presión qué amenazaba con hacer ebullición cuando llegara el tiempo justo.

Me preguntaba muchas veces: ¿cuánto tiempo podíamos soportar sin sucumbir a lo que queríamos?


¡Hola! Sé que estuve desaparecida un par de días, pero ustedes saben que la vida es así y muchas veces nos juega en contra.

¿Será qué quieren más capítulos suaves o ya quieren la continuación del drama? Estoy emocionada por saber sus opiniones

Gracias totales por leer