Capítulo 25: El lugar de las cosas

Kairós Tejedestinos se paseaba lentamente por la capilla de una iglesia abandonada, normalmente un demonio de su nivel no se molestaría en ingresar al plano material a no ser que su señor se lo ordenase personalmente, pero esta situación era algo especial, tanto que tuvo que gastar de su propia energía para vestirse con la carne mortal de sus seguidores.

Nada estaba donde debía. Caminos que fueron construidos hace milenios ahora estaban rotos, destinos que habían sido cuidadosamente manipulados por generaciones habían desaparecido, todo un plan que se había estado desarrollando por más de 3000 años mortales, simplemente se había esfumado en un parpadeo.

El demonio grito, chillo, maldijo a los mortales que se habían escapado de su control, pero lamentablemente, no podía hacer nada, él simplemente no poseía poder alguno en el plano material en estos momentos, y cazar a esas almas humanas que habían desbaratado sus planes, significaría un gasto inmenso de energía, energía que no tenía en este momento.

Kairos Tejedestinos continúo caminando por la capilla, acercándose lentamente al atril, la carne que vestía, carne que había robado a sus seguidores mientras estos aun podían gritar, comenzaba a fallar, pronto su disfraz de simple mortal comenzaría a licuarse, si no se apresuraba, perdería aún más que todo el esfuerzo que había invertido en este fallido plan.

Llego al atril y con manos temblorosas recupero los trozos del báculo que hace milenios entrego a un pobre grupo de exiliados humanos. El báculo estaba roto, posiblemente se rompió al mismo tiempo que el destino que él mismo había tejido para su marioneta fue negado.

-Lamentable. –Se quejó el demonio, mientras la carne de su huésped finalmente cedía, de su avatar, solo quedo una baba pegajosa en la alfombra y cenizas de sus huesos.

De regreso al inmaterium Kairos ya no pudo aguantarse su malgenio. Había perdido milenios de planeación, y no había podido salvar nada.

Ultramar era un reino próspero, lleno de vida, y más importante "lejos de la atenta mirada de los dioses". Por milenios Ultramar estuvo a salvo de las maquinaciones, de los traidores, de los dioses, y de los xenos. Desde la herejía los dioses habían apartado su atenta mirada de este lejano lugar, no había nada que les interesase, ni ninguna pieza importante en el gran juego.

Fue esa razón entre otro millón más, lo que permitió que este extraño reino creciese y prosperase tanto. Tantas almas, apartadas, a salvo, en una esquina sin importancia del mapa galáctico. Con sus fronteras protegidas por una legión que ninguno de los partícipes del gran juego tenía intención de reclamar como propia.

Ultramar era básicamente banquete libre, para cualquiera que pudiese romper sus defensas. Y Kairos Tejedestinos había planeado ser quien devorase esas almas. Tanto poder, esperando que alguien lo reclamase. Delicioso.

Aunque consumido por el hambre Kairos no era tonto, el demonio sabía que necesitaría de una fuerza de ataque considerable si deseaba romper sus defensas. Lo que se traducía en: "mientras mas no nacidos le ayudasen en esta campaña, menor seria su parte del botín" Y Kairos deseaba para sí mismo todas las almas de Ultramar, con tanto poder, puede que incluso lograse forzar un poco las ataduras que lo esclavizaban a la voluntad del señor del cambio, aun le faltaría mucho para poder liberarse de esa cadena que lo quemaba, pero este hubiese sido un excelente inicio en su cruzada para escapar de la esclavitud.

Devorar Ultramar era el primero de una infinidad de pasos que tendría que dar para obtener su libertad. Paso que ahora era imposible.

Por milenios Kairos había maquinado la caída de Ultramar:

Protegió y guio a un grupo de sacerdotes desterrados del Imperio.

Auspició el renacimiento de una antigua y olvidada orden militante formada sólo por mujeres dentro de las fronteras "seguras" de Ultramar.

Esparció rumores y la mala voluntad entre los hijos del treceavo, además de avivar las llamas del conflicto por generaciones.

Todo había estado listo, la situación estaba a punto de estallar, solo hacía falta dar el golpe en el momento y lugar adecuados, para iniciar un incendio que consumiría a los defensores de Ultramar desde adentro. Él lo sabía, lo había visto, había presenciado la caída en desgracia de Ultramar, todo sería consumido en una orgia de sangre, el había escrito como todas las almas de sus mundos eran arrojadas al inmaterium por las armas de sus propios defensores, en un esfuerzo por recuperar el control que habían tenido por milenios. Era glorioso, un banquete digno de su tiempo.

Incluso había preparado a una cábala de esclavos, todos especialmente entrenados para cumplir su voluntad, en la hora señalada.

Entonces paso, el treceavo regreso, liberado de su eterna prisión por un poder que aún no podía identificar. Su mera presencia no debería poder cambiar el tablero, en especial porque el juego ya estaba llegando a sus momentos finales, pero sus acciones, desbarataban todos los futuros que él alguna vez predijo.

Al principio él había creído que fue su señor quien intervino, deseoso de crear discordia en un juego que ya estaba ganado. No podía estar más equivocado, tras tantas eras al servicio de "El Que Cambia los Caminos", Kairos había aprendido a identificar las tretas de su señor, y este evento no tenía ninguna de sus firmas.

Su atención paso entonces al "Señor de la Podredumbre". El siempre vengativo, el siempre paciente. Ofrecer ayuda a alguien, sobre cuya cabeza cuelga una antigua y no olvidada venganza es muy común para el "Señor de la Podredumbre". En especial después de que su jardín fuese quemado en otro tablero de juego. Por fortuna, este no parecía ser el caso, ya que el "Señor de la Podredumbre" estaba planeando su propia venganza.

Su atención paso entonces a "Príncipe de los Excesos". Orgulloso, presuntuoso, engreído, tan lleno de si mismo. El simple hecho de pensar que el "Príncipe de los Excesos" pudiese planificar algo semejante, era un insulto a la inteligencia.

Finalmente, su atención se posó sobre "El Dios de la Sangre". Si bien el señor de los cráneos no tenía la capacidad de planificar algo de forma tan cautelosa, el "honor" que solía guiar las acciones del "Dios de la Sangre" a ratos lo hace cometer actos que escapan a toda lógica. Lamentablemente sus investigaciones no arrojaron resultado.

El último en su lista era el propio Anatema, pero esta sospecha fue descartada inmediatamente, El Anatema no era un jugador de altas apuestas, El Anatema nuncase caracterizo por realizar apuestas tan arriesgadas, sus movimientos usualmente eran los mismos, tácticas conocidas ya probadas y perfeccionadas, movimientos que ya habían demostrado ser eficientes. Razón por la cual sus movimientos solían ser tan predecibles, aunque eficientes.

No, algo había pasado, algo se había movido, algo, en alguna parte del tablero algo había saltado fuera del lugar establecido, y estaba ocasionando un desastre en todo el tablero. Pero ¿Qué? Y aún más importante ¿Dónde?

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Arkantos había sido el señor de la XVI Legión por poco más de dos mil años, suena a una cantidad imposible de tiempo, pero si se lo comparaba con la edad de la humanidad, sus juramentos solo habían durado poco más que un suspiro en el gran esquema de las cosas.

En su larga y muy ajetreada vida, había luchado contra todos los enemigos de la humanidad, y no solo se refería a aquellos que la población común conoce, si no también a aquellos horrores que son demasiado oscuros, demasiados peligros como para permitir que un simple susurro de su existencia se filtre en la conciencia de la humanidad.

Por generaciones defendió a la humanidad de todo lo que la galaxia se atrevió a lanzarle, había desterrado a demonios, luchado contra los Orkos, cazado a los Eldars y todas sus facciones, incluso participo en varias campañas contra sus familiares traidores. No había un solo enemigo de la humanidad en esta galaxia que no hubiese probado su acero. Tal y como lo exigían sus juramentos, lo cuales aún seguían pesando tanto en su alma, como el día en que él los pronuncio por primera vez.

Aun así, estaba cansado, dos mil años no era una medida de años apropiada para un humano, incluso alguien bendecido con la semilla genética del más perfecto de los hijos del Emperador. Sentía como sus sentidos comenzaban a fallarle, como su alma se le escapaba a mitad de un combate, pronto tendría que surgir entre sus hermanos alguien que lo reemplazase.

Desterró rápidamente esos pensamientos, eran inútiles, y le dificultarían cumplir la tarea que lo había traído hasta la mismísima Santa Terra, la cuna de la humanidad.

Arkantos trago saliva mientras avanzaba, se encontraba frente a la inmensa puerta de la eternidad, aquí, hace más o menos 10 000 años, los leales lograron lo imposible, defendieron la cuna de la humanidad, contra una marea interminable de traidores, demonios, mutantes, y quien saque que otros horrores.

Las murallas eran ridículamente altas, torres, emplazamientos de armas. Poderosa, titánica, muda testigo de las batallas que dieron forma al imperio en una época ya pasada. Arkantos no pudo evitar sentirse diminuto, todos sus logros, todos los logros de sus hermanos genéticos, no eran nada, sus antepasados genéticos fueron conquistadores, sus hazañas dieron forma a la galaxia, él en cambio, apenas si podía mantener las fronteras, proteger a los mundos, proteger el Imperio que su padre genético había forjado.

Arkantos se sentía como un mentiroso, volviendo a casa, portando solo medias verdades y propaganda vacía. Que bajo había caído la XVI Legión. Sacudió su cabeza, alejando esos pensamientos melancólicos. Ya habría tiempo para estas distracciones, pero ahora tenía que concentrarse en la tarea que tenía enfrente. La vergüenza asechaba sus pasos, y solo fue por pura determinación que continúo caminando, adentrándose en el palacio del Emperador de la humanidad.

Las horas pasaron, y antes de que Arkantos pudiese darse cuenta, estaba atrapado en medio de una ceremonia en el mismísimo Cenatorum Imperialis. Las paredes adornadas con estatuas de santos, y pinturas de un millón de otras figuras importantes del Imperio.

En medio de todo eso, un interminable banquete, al cual tendría que asistir le gustase o no. Lleno de pomposos señores, dignatarios, y el Emperador sabe que otro tipo de parásitos que no saben hacer otra cosa que entorpece los ya paralíticos engranajes de este imperio moribundo.

El banquete comenzó, y un sinfín de personas se le acercaron, de sus bocas solo salían comentarios zalameros, adulaciones vacías, y amenazas implícitas. Arkantos los ignoro a todos, limitándose a dar la misma respuesta que había dado siempre. "Él era un hijo de Horus, y su deber era defender a la humanidad, no entrometerse en la política" lo repitió tantas veces que en algún punto las propias palabras perdieron el significado y solo eran ruido blanco en sus oídos aumentados.

Como el protocolo lo exigía, se alimentó de alguno de los platillos que se servían, todos tan llenos de ingredientes y especies, que sus sentidos agudizados se sintieron atacados por miles de enemigos distintos. Seguramente estos platillos serian una delicia para los humanos no aumentados, pero para él, esto era incluso peor que el engrudo proteínico (de cadáver) que se serbia en las campañas más largas.

Las críticas y peticiones de los diversos señores que habían sido invitadas al banquete continuaron, a intervalos. De alguna forma, una muy irónica, parecía que todos le dejaban un rato solo cuando él se acercaba a picar algo de comer de alguna de las mesas. Lo cual era lo único que convertía esa masa de colores y sabores, en algo medianamente aceptable.

A los lejos, había varios tronos vacios, allí alguna vez se habían sentado los doce señores de Terra. La mayoría de ellos estaban muertos por los eventos ocurridos en "La proclamación de Roboute Guilliman" y los que no, estaban siendo cazados en el Segmentum Pasificus, acusados de traición, herejía, y solo el Emperador sabrá que más cargos.

Eso explicaba esta apresurada fiesta de alguna forma. Los millones de señores menores estaban buscando apoyo para ascender a alguno de los tronos vacíos. Y eso también era la razón principal para su apresurada llegada al mundo trono. No se les podía permitir a estos "aspirantes" una larga y sangrienta lucha por el poder, en especial con la Cruzada de Ultramar realizándose en el otro lado de la galaxia.

Arkantos esperaba que su presencia, y la de varios de sus hermanos en órbita sirviese como disuasión para cualquiera que quisiese der una demostración muy "entusiasta" de sus aspiraciones políticas.

Entonces paso, todos los señores que lo habían estado acosando toda la noche se alejaron silenciosamente, justo antes de que un pequeño ser se parece a su lado.

-Buenas noches, mis más respetuosos saludos a Arkantos, el mismísimo héroe la guerra de Prism.

Arkantos trago saliva, ya habían pasado más de mil años desde que el último de los hermanos que participaron en esa antiguamente olvidada guerra muriese en cumplimiento de su deber.

-Por favor no se sorprenda tanto, simplemente me parece que es el título más apropiado, pero si lo prefiere puedo llamarlo por algún de sus otros títulos, ¿Cuál sería el adecuado? ¿El castigo de Alaric, el vengador de Dacia, el liberador de Jabliim?

-Arkantos está bien. –Contesto apresuradamente el señor de la XVI legión. –Los títulos son para honrar a los muertos, y el Emperador aun no cree que sea mi hora de descansar.

Arkantos finalmente había identificado al pequeño hombre que se encontraba a su lado.

-Drukan Vangorich, gran maestro del Oficio Asesinorum.

Habían pasado siglos desde la última vez que Arkantos había pisado la cuna de la humanidad, y el viejo maestro de los asesinos se veía igual que la última vez que lo vio. ¿Cómo era eso posible?

Drukan Vangorich sonrió ante la pronunciación de su nombre, y se deleitó en el miedo que se esparció por toda la sala, alejando a todos los insensatos que no habían huido cuando él se había acercado.

-Por favor, no ponga esa cara "maestro de capitulo". Solo viene a saludar a un viejo conocido.

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Drukan Vangorich ha sido por los últimos 5 000 años el maestro de los asesinos.

Ya sea por su mano, o por su voluntad millones de asesinatos ocurren dentro de las fronteras del Imperio de la humanidad, millones de marionetas se mueven, al ritmo que él, y solo él, les marca.

En los rincones más oscuros del Imperio, aquellos donde la luz del Emperador no llega, Drukan Vangorich es sinónimo de miedo. Entre los pocos que conocen su nombre, corre el rumor, que decir el nombre del maestro de asesinos en voz alta es llamar a la mala suerte.

Incluso entre los traidores, hay quienes temen atraer la atención del señor de los asesinos, porque hacerlo, es llamar a la muerte. Una muerte que a menudo no es rápida.

Entre los leales Drukan Vangorich también es una existencia temida, tanto que pocos se atreven a cuestionar su excesiva edad. Algunos, los más fieles, solo aceptan que el señor de los asesinos tiene el favor del Emperador y este a alargado su vida con su inmenso poder. Otros, aquellos que no gozan con una fe tan profunda, especulan sobre los métodos que se podrían usar en un humano no aumentado para alargar de forma tan desproporcionada su tiempo de vida. Clonación, implantes robóticos, y un largo ETC de posibles soluciones, algunas muy heréticas, son mencionadas, pero nunca se ha llegado a una verdad con la que todos estén de acuerdo, por fortuna o desafortunadamente, aquellos que lo cuestionan no suelen vivir mucho, por lo que esas discusiones caen rápidamente en el olvido.

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Arkantos arrugo su expresión, no tanto como para que se notase su frustración y desconfianza, pero si lo suficiente para señalar que se encontraba indispuesto.

-Por favor, no ponga esa cara "maestro de capitulo". Solo viene a saludar a un viejo conocido.

-No te hagas él inocente conmigo. Se lo bueno que eres en leer a los que te rodean. Habla de una vez, no soy alguien que te daría una charla insulsa y halagos vacíos.

-Como siempre directo a punto, los hijos de Horus podrán ser los más bendecidos de entre todos los Astartes, pero te falta paciencia, para triunfar en la política.

Arkantos gruño y levanto un solo dedo enguantado, una clara señal que no habría más advertencias.

Drukan Vangorich negó con la cabeza, antes de continuar.

-Bien, tu ganas. Supongo que no estas de humor, después de todo tienes que cuidar que ninguno de los candidatos a alguno de los tronos vacíos se "entusiasme" demasiado en su carrera política.

Arkantos gruño afirmativamente, al señor de la XVI no se le podía ocurrir algún trabajo más molesto que estar de niñera de esto "parásitos" que apuntaban a ser el próximo señor de Terra.

-Cómo puedes ver, muchos de los jóvenes están emocionados, nunca, en toda la historia del Imperio tantos puestos han quedado vacíos, y no solo eso, las familias detrás de cada uno de eso… "distinguidos señores" ahora está en problemas, acusados de traición en el mejor de los casos, eliminados hasta el último miembro en el peor.

-Habla claro, que es lo que estas planeando.

-Nada, solo señalo que; fue muy conveniente todos los hechos ocurridos en la "La proclamación del XIII". Todos esos señores que durante milenios se habían aprovechado del Imperio, están muertos y sus familias están siendo investigadas. Una limpieza total de toda la podredumbre que consumía este lugar. Bueno, casi total.

Arkantos siguió la mirada de Vangorich, y observo como el Lord Eclesiarca llegaba a la reunión.

-Lo que dices es traición Vangorich, el escape del XIII ha colocado al imperio en una encrusijada peligrosa. El….. –Arkantos e callo, mientras veía al maestro de los Asesinos sacar una tablilla de datos. - ¿Qué es esto?

-Un recuento de todo lo ocurrido en el escape del XIII, sin el sesgo político o ideológico, solo los fríos y confiables datos. Léelo.

Arkantos se hubiese negado, de cualquier otro lo hubiese hecho, pero algo en la mirada del maestro de los asesinos le llamo poderosamente la atención.

El señor de la XVI leyó los datos, y por un segundo sintió como sus corazones se detenían.

Como era obvio, El Imperio había hecho un extenso trabajo de control de daños tras la "La proclamación del XIII", así que pocos eran los seres con acceso a toda la información de lo que realmente ocurrió en Terra ese día. Por eso era tan sorprendente y aterrador que esta tablilla de datos estuviese frente a él en este momento.

Arkantos levanto su vista, solo para notar como un ser que no había notado antes, se movía levemente detrás del maestro de loa asesinos. Era alta, mucho más alta que el maestro de asesinos ¿Cómo no la había notado antes? Vestía las ropas que la delataban como un alto miembro de la Inquisición, además de llevar una insignia colgando de su cuerpo que solo los más poderosos psíquicos podían llevar, seres cuyo poder y lealtad habían sido probados por el mismísimo Magnus.

-Por favor no te preocupes, mi asociada, ya se aseguró que tengamos toda la privacidad que un asunto como este requiera.

Arkantos quiso decir algo, desacreditar las acciones del psíquico detrás del maestro de los asesinos, pero no pudo, la curiosidad por los datos que sostenía en este momento pudo más.

Los datos señalaban que:

Cientos de escuadrones y regimientos que habían estado bajo el control directo de los antiguos y poco llorados señores de Terra, fueron decomisados por órdenes del propio Emperador, para luego ser desplegados en puntos estratégicos a lo largo de la galaxia.

Mundos enteros fueron convertidos en fortalezas planetarias, en puntos clave en toda la galaxia, sus poblaciones reclutadas y armadas a la fuerza. Y en caso de que alguno mundo perteneciese a alguien que no estuviese de acuerdo, un asesino era desplegado inmediatamente.

La riqueza y los recursos de cientos de las antiguas familias nobles del Imperio, fueron decomisada, y hasta el último de sus miembros fue eliminado con gran discreción. Esto había ocurrido semanas/meses antes de que "La proclamación del XIII" ocurriese.

Cientos de puntos clave alrededor de la galaxia fueron reforzados y rearmados, las fortalezas construidas en estos mundos fueron construidas con los recursos decomisados.

Escuadrones enteros fueron desplegados, para darle caza a amenazas que los altos señores de Terra habían considerado menores años atrás.

Millones de órdenes fueron enviadas a todos los templos del oficio Asesinorum. Todas con el temible sello de los guardianes personales del propio Emperador.

-Cómo puedes ver. -Hablo Vangorich, cuando sintió que Arkantos había terminado de leer los datos que le entrego. –Ocurrieron muchas cosas, algunas, meses antes de todo el desastre.

-Lo que dices no tiene sentido, ¡Explícate!

-Si se me permite especular, yo diría que el Emperador finalmente se cansó de la inutilidad y codicia de sus siervos, y decidió sacarlos de una buena vez. Y para eso, "libero" al XIII.

-El emperador podría haber hecho eso sin necesidad de liberar al señor de la XIII.

-Sí, podría, ¿Pero que mejor que un gran evento, para ocultar un millón de pequeños eventos?

Arkantos quería negar las palabras del maestro de asesinos, pero después de analizar los datos que le habían dado, no podía negar que había algo que no estaba viendo.

Entre los enemigos del Imperio, Ultramar era de los menores, si, solían expandirse cada tanto, pero a menudo ocupaban franjas de territorio que el propio Imperio ya no podía proteger debidamente. Además, los Hijos de Guilliman sentían una aversión extrema al caos, por lo que el poder de los 4 no había podido extenderse en su territorio.

Si, entre todos los males que se pudieron liberar, el XIII era uno menor. En especial si se considera que con su despertar se pudo hacer una purga total a las altas esferas del Imperio.

No le gustaba admitirlo, y no lo haría en voz alta, pero Arkantos comprendía que la situación era mucho mejor de la que se había imaginado en un inicio.

-De acuerdo, te daré el beneficio de la duda, pero sigues sin decirme porque estás aquí, maestro de los asesinos.

-Estoy aquí, porque recibí dos pedidos muy especiales, dos pedidos, cuyo objetivo me es imposible completar por mi cuenta.

-Sigue hablando.

-El primero es contra nuestro querido señor, allá presente. -Vangorich saco un perganimo y se lo entrego a Arkantos, quien comenzó a leerlo rápidamente.

El maestro de la XVI legión leyó y releyó el pergamino en sus manos, pero por mucho que lo hiciese, el contenido no cambiaba, el papel en sus manos le ordenaba eliminar al líder de la Eclesiarquia.

-E de admitir que no estoy en contra de este…. de esta limpieza.

-Sabia estarías de acuerdo, por eso he decidido pedirte tu ayuda, ninguno de mis agentes puede acercársele tanto, en especial con todos sus fanáticos cuidándolo, pero tu escuadrón estará encargado de escoltarlo fuera del sistema próximamente, así que, tal vez, no sé, si una escotilla se abriese en la cercanía de su "majestad", y ese lamentable hecho mande al pobre bastardo al frio vacío del espacio, solo llámame, yo podría ayudarte.

Arkantos sonrió, la primera sonrisa autentica que había tenido en milenios.

-Yo me encargo…. ¿Cuál es esa segunda petición que no puedes realizar?

-Lukas Chrom, aunque seguramente tú lo conoces, por su actual cargo como el actual fabricador general de Marte.

Arkantos sintió nuevamente la duda. ¿esto era obra del Emperador o del XIII?

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La escala de este edificio era imposible.

Alpharius miró hacia arriba y reflexionó con asombro y mareo sobre la sensación de construir un palacio de tal magnitud.

Su arquitectura era realmente extraña: una capilla, una torre de seis mil pisos o más, ventanas abovedadas, emplazamientos defensivos en cada corte de piedra y metal. Su complejidad externa superaba incluso a la de los buques de guerra imperiales a los que se parecía, estriado por contrafuertes de obsidiana y nichos escalonados.

Las convenciones de un edificio robusto y duradero, tan típicas entre los edificios de cualquier ciudad colmena, de alguna manera se olvidaron en favor de una estética fantástica y exótica. No había cimientos anchos que sustentaran la estructura, sino más bien un par de enormes torres que se elevaban hacia arriba. Pero, por extraño que padeciese, es no era lo más extraño.

Muy arriba, casi raspando las nubes, habían generadores, extraños generadores hechos a partir de chatarra saqueada de las naves derribadas, y tecnología Xeno que los Eldar habían logrado salvar de sus propias naves. Las amplias murallas del techo del palacio se extendían mucho más allá de los límites de la chimenea central. El peso acampanado de la parte superior creaba una sensación de torpeza, una impresión compuesta por un afloramiento aparentemente aleatorio de cámaras curvas y perspectivas sensoriales desde la fachada delantera. Aún más extraño, suspendido desde debajo de los límites de los confines exteriores del palacio como enormes estalactitas, un par de enormes armas pesadas colgaban inmóviles, con articulaciones del tamaño de un edificio de apartamentos.

Alpharius trago saliva, queriendo quitarse esa extraña sensación que apuñalaba su pecho. Cerró los ojos y ajustó mentalmente su marco de referencia antes de mirar hacia arriba una vez más. Su aliento quedó atrapado en su garganta.

No eran torres monolíticas; eran piernas. No eran construcciones de estalactitas; sino brazos con puntas de armas. No era una serie excesivamente amplia de murallas; era su espalda, hombros que sostienen una cabeza curva, nada menos, completo con cuencas de ojos tristes y una mandíbula amplia.

—Por el bien supremo...—Siseó es XX hijo del emperador. Por alguna razón, una que no podía entender, el maldito dicho de esos molestos Xenos azules se le había quedado, y parecía que no podría libarse de él pronto.

La fortaleza que había construido con ayuda de los maldito Eldars, no tenía sentido. En algún momento esta fortaleza había sido una ciudad colmena, o algo parecido, ahora era una extraña amalgama de restos, que, por alguna razón, su cerebro no podía darles una forma definida.

Dolía ver a la extraña ciudad fortaleza, había una extraña sensación que no podía explicar, era como si la fortaleza no estuviese bien anclada al planto real, y pudiese salir disparada en cualquier momento.

Alpharius estaba parado sobre una extraña máquina de guerra, la cual tenía el tamaño de una maldita ciudad colmena. Material de fantasía y leyenda poco comunes, algo completamente absurdo. Un elemento de fantasía e irracional, atrapado, y convertido en algo cuasi real.

Sin delicadeza, sin gracia, sin sutileza, esta fortaleza era un motor de destrucción masiva. De asesinato al por mayor.

Armas que deberían estar reservadas para un crucero espacial estaban colgadas en extraños pilares Xeno, además obtenían energía de cientos de psíquicos, todos recolectados antes de que la flota tiramida llegase al planeta, por un escuadrón en hermanas del silencio que habían venido con él.

De manera abstracta se preguntó ¿Cómo habían logrado crear este adefesio?

Los Eldar y los Humanos nunca habían trabajado bien juntos, pero la idea de tener que afrontar el final juntos había hecho maravillas para que ambas razas cooperasen.

Los escudos de vacío, habían sido modificados, y adaptados para extraer energía de extrañas creaciones hechas a partir de huesos espectral.

Todo en esta fortaleza era un insulto a los últimos 10 000 años de guerra. Los Eldar y los humanos si pueden cooperar. Aparentemente el miedo a la muerte era lo suficientemente grande como para obligarlos a cooperar.

Alpharius se sentía extrañamente confiado en que, con estas defensas, podría resistir el futuro enfrentamiento entre los sirvientes de Nurgle y la flota Tiramida Behemoth. De momento ambos oponentes se habían limitado a ignorar a los imperiales, mientras se preparaban para lanzar un golpe definitivo sobre su oponente.

Si las circunstancias fueran otras, a Alpharius le hubiese encantado ver este enfrentamiento, pero ahora que estaba atrapado en medio, se sentía muy molesto.

Bueno, eso no importaba, él debía esperar, su hermano Perturabo le había prometido arrasar todo el segmentum Ultramar. Este sistema se supone que sería el yunque contra el cual las cansadas y desmoralizadas tropas de Ultrmar se estrellarían en su última resistencia. Así que, si aguantaban hasta que la invasión obligase a Roboute Guilliman a replegar sus tropas hacia la retaguardia, podría usar a los Hijos de Ultramar con distracción para escapar de esta trampa mortal en la que él había caído.

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A Morgan realmente no le sorprendió la derrota, su situación había sido pésima, y era casi un milagro del propio Emperador que hubiesen llegado tan lejos.

El espíritu máquina de su armadura no había parado de quejarse, en su volter solo tenía unos pocos disparos más, y honestamente tampoco tenía la voluntad para seguir luchando. Estaba cansado, sus hermanos también estaban cansados, cansados de correr, de huir, cansados de escapar de Luther.

Cuando la espada del inmenso hijo de Roboute lo corto, abrazo la oscuridad sin miedo, estaba cansado. Lamentablemente la muerte no lo reclamo.

Morgan gruño en dolor, mientras su conciencia regresaba, estaba sobre una camilla médica, le habían quitado su armadura, pero habían tratado sus heridas con gran cuidado.

-Es bueno verte despierto, Morgan.

La voz que le hablaba era la de su navegante, pese a que ambos habían servido en la misma nave, Morgan simplemente no podía recordar el nombre de este peculiar ser.

- ¿Dónde estamos? ¿Cuál es la situación actual?

El navegante se rio secamente, posiblemente dándose cuenta que él no sabía su nombre, y por eso había tardado en contestar.

-Estamos a bordo del Honor de Macragge, la nave insignia de la 13va legión.

-Hemos sido capturados. –Se lamentó Morgan. Lamentando haberle fallado a su primarca.

-Los desesperados y los perdidos no pueden quejarse.

Morgan gruño, mientras se levantaba, sus heridas parecían haber sido tratadas con gran cuidado.

-Debiste quedarte atrás, esconderte en el bosque, protegiendo nuestros secretos ¿Por qué saliste?

El navegante sonrió, y Morgan casi podía jurar que algo brillaba bajo esa tela que cubría su tercer ojo.

-Él estaba allí, ya nos ha localizado, si me quedaba atrás me encontraría, y se quedaría con todo lo que por tanto tiempo hemos estado protegiendo.

Morgan comprendió inmediatamente a quien se refería su navegante. Luther, el traidor, los había localizado.

- ¿Qué te hace pensar que el XIII no nos va a entregar?

-Nada, es una apuesta, pero cualquier cosa es mejor a ser capturado por el traidor.

Morgan volvió a asentir, el había escuchado las horribles torturas a las que sometía a todos los "no perdonados" o por el Emperador, las historias de locura que se contaban, sobre aquellos que no traicionaron al Imperio y le juraban lealtad a Luther eran material de pesadillas, incluso para un guerrero aumentado como él.

-Supongo que el hecho que aun sigamos vivos es algo bueno.

-Si.

- ¿Dónde están mis demás hermanos?

-En la habitación continua, Roboute parece querer que nos pongamos cómodos antes de comenzar a interrogarnos.

- ¿Crees que hablaba con la verdad sobre solo querer saber lo que le ocurrió al león?

-Si tú lo creyeses no hubiese ordenado continuar con la emboscada.

-Yo no di la orden de atacar.

Por primera vez en toda la conversación el navegante se quedó sin respuesta. Si no había sido Morgan quien ordeno el comienzo de la operación, ¿Quién fue? Bueno, eso no importaba, de momento estaban a salvo, lejos de la mirada siempre atenta de Luther, atrapados sí, pero no estaban en manos de alguien que considerase cazarlos por las de 10 000 años era algo saludable.

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Magnus estaba harto, y había decidido lanzar por la ventana todo rastro de moderación.

Usando su inmenso poder, así como su prodigiosa conexión con el Inmaterium, el señor de los hechiceros convoco una tormenta sobre el planeta. La tormenta era inmensa, fácilmente superaba el tamaño de un continente.

Los pobres defensores se vieron obligados a buscar refugio, o enfrentarse a vientos huracanados que viajaban a más de 300km por hora.

El único lugar en el planeta que no se vio afectado por la tormenta, era la zona destinada a ser su área de desembarque. Por unos segundos Magnus no pudo evitar pensar que esta tormenta le recordaba a la siempre eterna tormenta que recorría el gigante gaseoso del sistema solar.

A diferencia de los otros dos zarcillos que componían la cruzada de Ultramar, este zarcillo estaba compuesto casi en su totalidad con elementos que respondían únicamente ante él.

Magnus había logrado traer a casi toda su legión a esta cruzada, solo algunos elementos puntuales no habían venido, ya fuese porque estaban muy lejos, o porque sus deberes eran demasiado importantes como para llamarlos. Por lo tanto, Magnus contaba con una fuerza aproximada de casi 160 000 legionarios de los Mil Hijos, 10 000 000 millones de fuerzas del Astramillitarum, casi 3 000 000 de tecno sacerdotes, y unas 5 000 000 de máquinas de guerra.

Esta era su legión, al completo, y la usaría para borrar de la existencia a su hermano caído. No por odio o venganza, si no por amor, él no iba a permitir que su hermano caiga en la adoración a cualquiera de los dioses del caos, o cualquier otra entidad igual de poderosa.

Magnus descendió, a tierra, y detrás de él, el pecado de su legión, los marines rubrika llegaron. Para casi toda la galaxia la existencia de esas armaduras malditas era solo un mito, pero aquí, ahora, Magnus desataría su poder contra su hermano.

La fortaleza fue rápidamente construida, protegida de los defensores del planeta por vientos huracanados, que se movían tan rápido, que podían arrancar la piel de los huesos.

Los Marines rubrika fueron llevados, a la parte inferior de la fortaleza aún en construcción, ellos serían la trampa que sellaría el destino de su hermano caído.

Altas torres fueron levantadas, y las defensas de la fortaleza fueron repartidas lo mejor que se pudo. A diferencia de sus hermanos, Magnus nunca fue muy hábil a la hora de construir cosas que duren. Por fortuna había traído consigo a algunos de los hijos de Perturabo para aconsejarlo en esta tarea. Eran poco lamentablemente, y Magnus se arrepentía de no haberle pedido a su hermano más, cuando tuvo la oportunidad.

Los días pasaron, la fortaleza comenzaba a tomar forma, pero una extraña inquietud comenzó a crecer dentro del corazón del hechicero supremo.

Según los reportes que llegaban de la flota a cargo de Macharius. Este aseguraba estar enfrentándose a casi toda la flota de Ultramar en el espacio, la flota de Ultramar parecía estar usando las defensas de un mundo para mantener el punto muerto. Mientras en los reportes de Perturabo, este también aseguraba estar enfrentando a la mayoría de la tropa de Ultramar, pero esta flota también parecía estar contenta con solo mantener la batalla en un punto muerto.

Los números simplemente no cuadraban, era imposible que su hermano tuviese tantas naves, de lo contrario ya las habría usado. Algo no estaba del todo bien. Pero Magnus no podía identificar la fuente de su mal presentimiento.

No, no solo era eso, los informes que se supone deberían estar llegando del resto del imperio, parecían extrañamente faltos de contenido, ¿Acaso la galaxia entera estaba conteniendo la respiración mientras tres de los hijos del emperador luchaban en este punto perdido de la galaxia?

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Mathieu se sentó cansadamente, frente a una larga mesa, mesa que era ocupada por una persona, una mujer con la cara marcada por la guerra.

-El agradable verte Celestine, ¿Cómo estás?

La mujer regreso a ver a Mathieu, antes de lanzar un bufido a modo de burla.

-Es bueno verlo sacerdote, cuando la noticia de que el hijo traicionado entro a su pequeña iglesia, ya lo debamos por muerto.

-Contrario a lo que puedas imaginarte, el primarca fue un muy buen invitado, incluso llegamos a compartir opiniones sobre el arte que la comunidad ha compartido con mi iglesia.

Celestine rio, mientras una camarera le traía una bebida.

-Es bueno escucharlo. Porque por aquí, hubo algunas voces que llamaban a la unidad para lanzar una guerra contra los hijos de Ultramar.

-Es bueno que la situación no llegase a tanto.

-Sí, la verdad no creo que hubiese sido una buena idea volver a unir a esta hermandad, la última vez que estuvimos unidas nos relacionamos con un loco, y al final nos sacaron a patadas del territorio del Imperio.

Mathieu había escuchado algunos rumores sobre lo que les había ocurrido a las una vez llamadas; "Hijas del Emperador" pero solo rumores, y nada de historia real.

-Pero vasta de palabrería, dime ¿Para que has venido?

Celestine sonrió, mientras regresaba a ver al padre Mathieu, sentía que el joven sacerdote era alguien en quien se podía confiar, alguien a quien ella podría seguir a la guerra.

-Necesito a tu hermandad, a toda tu hermandad.

Esa declaración llamo la atención de Celestine.

-Creí que había salido impune de tu encuentro con el primarca. –Comento con algo de asombro.

-Lo hice, pero el primarca quiere que me una a su causa. Y me gustaría aceptar su invitación.

Eso sí que no se lo esperaba, la noticia de hecho saco de su lugar a todos los presentes.

- ¿Estas renunciando a tu fe sacerdote? –Pregunto Celestine con un toque de burla y odio. Burla porque Mathieu era un sacerdote en un reino donde la fe era mal vista, y odio porque ella había confiado en él.

-No, no creo que pueda renunciar a mi fe alguna vez. Creo en el emperador, y llevare mis creencias hasta el día de mi muerte.

- ¿Entonces para que me necesitas?

-Dime algo hermana ¿Crees que el imperio está en buenas manos?

Celestine se sintió tentada a responderle a Mathieu clavándole su vaso en la frente, pero logro abstenerse, algo estaba pasando, y no sería prudente moverse sin comprender adecuadamente lo que ocurría a su alrededor.

- ¿Cuál es la respuesta que esperas te de Mathieu?

-La que tú quieras, la que te salga del corazón, la que te satisfaga.

-Es estúpido que en este alejado rincón de la galaxia, lejos de la luz del emperador, la humanidad pueda ser más feliz que en el Imperio. ¿Por qué?

-Roboute planea lanzar una campaña para unificar a toda la humanidad bajo un mismo estandarte.

-Si eso ya lo dejo claro en su última transmisión en vivo, un sueño estúpido si me lo permites señalar.

-Talvez, pero cuando hable con el señor de Ultramar, había algo que me dio la impresión de que él sí podría lograrlo.

-Estas loco.

-Talvez, pero dime, si toda la gente de Ultramar se uniese, y por toda me refiero a toda, los pobres, los desplazados, los marginados, tu orden, mis seguidores, sus hijos, los comerciantes, los ricos. Si todos ellos se unen, ¿Crees que podrían lograrlo?

-Me estás diciendo que el gran plan del XIII para unificar a la humanidad es unir a todos en un único ideal.

-Sí, el primarca es consiente que él no puede solo, por eso planea unir a todos a su alrededor bajo su estandarte.

Celestine trago saliva, sin saber que responder. Quería reírse, y desacreditar al hijo traicionado, pero Mathieu parecía confiar en su visión.

-Sé que lo que te estoy pidiendo puede que no sea de tu agrado, pero dame una oportunidad, se me ha prometido un lugar en su mesa, si tú te unes también a la causa, tendremos dos lugares, dos votos.

Celestine comenzaba a ver a donde Mathieu quería llegar, su orden, aunque fragmentada y enfrentada, seguía siendo poderosa, si se unía, o al menos mostraba una unidad parcial, el primarca tendría que reconocerlos como una fuerza, y para garantizar su lealtad se tendrían que hacer concesiones.

-Dos votos no es mucho, en especial porque no sabemos si esa mesa es real, no, incluso si la mesa es real, no sabemos cuántos más serán invitados, y a cuantos se les dará el derecho a opinar.

-Sé que puede parecer poco, pero conoces el dicho, juntando polvo se hace una montaña. Tengo una cita para mañana con Felicia Tayber de los archimagos. Y para pasado mañana Lady di Marco nos espera en el barrio de los navegantes.

Celestine tuvo que bajar la cabeza, en reconocimiento. Mathieu era un hombre con contactos, conocía a todos, o a todos los importantes.

Celestine no estaba segura si el primarca dejaría que Mathieu siguiese ganando poder, pero sería interesante saber hasta dónde podría llegar antes de que le pusiesen una cuerda alrededor del cuello.

-Bien cuenta conmigo. Suena a que este problema será algo interesante.


espero este capitulo sea de su agrado, y no se olviden comentar si tienen sugerencias o algo parecido.

bye