Capítulo 28: Choque de voluntades 2/2
Y con este capítulo se termina la segunda temporada de mi fic hurra.
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Podía verlo, Roboute Guilliman podía verlo todo en el campo de batalla. Sus sentidos ya de por si mejorados por la tecno hechicería de su padre, se veían inmensa mente potenciados mientras sostenía esa insumisa espada.
Roboute podía ver como el cerebro de su hermano mandaba diminutos impulsos de energía, usando una increíblemente compleja red de nervios, podía ver como los músculos de su hermano reaccionaban cuando recibían dicho impulso electro magnético, podía ver como los corazones de su hermano bombeaban sin descanso, alimentando todos los órganos, era hermoso ver cómo; cada órgano, cada musculo, cada vena o cada fibra nerviosa, todo trabajaba en conjunto, en perfecta armonía. Roboute podía verlos los secretos con los que su padre había forjado los cuerpos de "sus hijos" y comenzaba a comprender su funcionamiento.
El Emperador no había escatimado nada en la creación de sus hijos, eran perfectos hasta el punto donde esa perfección era su único defecto.
Magnus era impresionante, y cualquier simple mortal que lo viese marchar en el campo de la batalla vería nada menos que un avatar imparable de la voluntad del Emperador. Con cada fibra de su cuerpo tallada en perfecta armonía.
Y esa era la mayor mentira.
Roboute no estaba seguro si era por la influencia que la espada ejercía en su psique, o por su prolongado uso del martillo de Vaul. Pero, el 13vo podía ver fallas, pequeños bits de información que podía ser corregidos, pequeños errores que debían ser eliminados, imperfecciones que en su conjunto manchaban la gran obra de su padre. Claro que eso era una trampa, la perfección no existe, es solo una ilusión que solo los locos persiguen. Después de todo, todos y cada uno de esos pequeños errores, esas pequeñas imperfecciones en el diseño de su padre, eran las que hacían a su hermano Magnus, Magnus.
Quitar solo una de esas fallas, podría significar cambiar a su hermano, en algo nuevo, algo desconocido, algo que definitivamente no tendría nada que ver con lo que fue antes, con lo que es en este momento.
Un nuevo ataque, una nueva esquiva, Roboute usaba la información que podía ver de su hermano para bailar, siempre a unos pocos centímetros del área mortal de los ataques de su hermano.
Por unos segundos Roboute no pudo evitar pensar en sus hermanos Jaghatai y Fulgrim, el estilo de pelea que él se encontraba usando en estos momentos, era una vil imantación del estilo que sus hermanos más bendecidos en habilidad marcial usaban, o al menos el estilo que el recordaba haberles visto usar.
La espada chillo, y Roboute fue nuevamente arrastrado a la realidad, esta insumisa arma exigía alimento, exigía la carne y sangre de su hermano. Su voz, un chillido que taladraba su conciencia, un himno a la locura que trataba de arrastrarlo al olvido. Talvez en seres menores eso habría bastado, pero Roboute ya había sufrido cosas peores, por lo que impuso nuevamente su voluntad sobre la espada, lanzo su influencia a la nada, y con un simple movimiento de su muñeca le recordó a la espada, que esta no tenía poder sobre él. La voz de la espada volvió a chillar, ahora con amargura, con resentimiento, y algo de auténtico miedo.
El ente que habitaba dentro de la espada era claramente una especie de paracito. Un paracito que se alimentaba de la psique de su usuario, y la sangre de sus oponentes, sin esto para mantenerla, su fuerza vital estaba siendo rápidamente drenada, por la batalla de semidioses que estaba teniendo lugar.
La velocidad de Roboute comenzó a disminuir, mientras el filo de su espada flaqueaba. En un último y desesperado intento el paracito que habitaba en el núcleo mismo de la espada rogo por alimento. Comunicándole a su amo, que si no le alimenta pronto se rompería.
Roboute cedió a la súplica, y le permitió a su espada herir a su hermano, una pequeña herida en el cuello del Señor de Prospero, por supuesto que la espada había tratado de usar este momentáneo desliz en la voluntad de Roboute para tratar cortarle la cabeza al ciclope, pero nuevamente la voluntad del primarca, fue un muro contra el que se estrelló sin resultados.
Pese a no haber podido obtener más que unas poas gotas de la divina sangre de Magnus bastaron para alimentar a la hambrienta criatura que habitaba dentro de la espada.
Roboute gruño con asco al darse cuenta, de cómo había permitido que esa maldita espada se alimentase de su hermano. Bueno, no podía evitarse, necesitaba de su poder si quería mantener el tablero inquinado a su favor.
Las hostilidades comenzaron nuevamente, en esta ocasión era Roboute quien atacaba, dejando que la espada bebiese la sangre de su hermano, ninguna de las heridas que él le provocó a Magnus fue profunda o de gravedad, solo simples cortes aquí y allá, para que la espada pudiese beber algunas gotas más de la bendecida sangre de su hermano, todo para que pudiese recuperar algo de su poder.
Después de su corte número 45, Roboute se retiró, dejando que su hermano se recuperase, sus heridas no eran graves, y las bendiciones que le dio el Emperador ya habían curado la mayoría. Pero el conocimiento que Roboute había logrado obtener esa impresionante, la forma en que esa maldita espada se alimentaba, la eficiencia con la que obtenía su sustento, era impresionante, asqueroso sí, pero impresionante.
¿Quién había creado esta espada? ¿Para qué? ¿Cuál había sido su propósito original? Roboute Guilliman se negaba a aceptar que un arma con esta tenía el único propósito el exterminio de toda forma de vida en la galaxia. ¿Qué clase de enfermo mental pondría tanto esfuerzo en un propósito tan bárbaro, tan carente de sentido? Luego su mente regreso a la gran cruzada, a su padre, al Emperador de la humanidad, y todas esas certezas que creía haber tenido se perdieron.
Roboute había visto miles de veces a los humanos recorrer el camino de la auto destrucción con alegre emoción, incluso sabiendo que eso solo los causaría miseria. ¡Por todos los dioses del caos! Incluso había visto al propio Emperador de la humanidad cometer atrocidades horribles, liberar innombrables males sobre los muertos y moribundos, todo solo para mandar un mensaje que nadie recibiría, ya sea porque la población destinataria ya había sido eliminada, o porque los mensajeros fueron silenciados para que esas atrocidades jamás escapasen del olvido.
La humanidad enserio estaba loca, bailando descalzos sobre el filo de una afilada espada. Talvez en algún punto esto podría haber insinuado la necesidad de que la humanidad necesitaba una mano fuerte para guiarla, pero después de un análisis imparcial ¿Qué especie en la galaxia era mejor? Los Eldar estaban descartados sus pecados tenían forma y nombre, los Necrones habían vendido sus almas alegremente para obtener cuerpos eternos de metal viviente, los Orkos vivían por y para la guerra, los Tiramidos solo querían alimentarse, los Tau eran posiblemente la única raza que el primarca no podía acusar de la locura que consumía la galaxia.
Nuevamente un chirrido, y nuevamente la conciencia de Guilliman regresaba al campo de batalla. Nada había cambiado en los segundos donde él se permitió perderse en sus pensamientos, y solo se trataba de un nuevo intento de la maldita espada por tomar el control de su cuerpo. Bueno, lo mejor era terminar este encuentro rápidamente, Roboute tenía cientos de obligaciones que lo reclamaban.
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Magnus no iba a ganar este encuentro, lo sabía, él había sido dolorosamente consiente de su desventaja después de intercambiar los primeros golpes. Talvez había tenido una oportunidad al inicio del combate, pero toda su ventaja había desaparecido en el momento que su hermano había empuñado esa misteriosa espada.
Roboute predecía todos y cada uno de sus ataques, bailando ALEGREMENTE fuera de su área de efecto. Magnus no era como Alpharius o Fullgirm, por lo que él no poseía una treta o una técnica que le permitiese romper el punto muerto en el que se encontraba.
Si su hermano hubiese caído al servicio de los poderes ruinosos, talvez podría usar alguno de sus trucos más esotéricos para desestabilizar a su hermano, pero, no, no podía quejarse de lo que no tenía. Magnus simplemente se había acostumbrado demasiado a enfrentar a criaturas del inmaterium, por lo que había olvidado como tratar con las amenazas que estaban hechas de carne y huesos.
Bueno, no era como si la situación fuese tan mala, ninguno de los cortes que había recibido habían sido más que meros arañazos, tan leves habían sido sus heridas que incluso un mero humano normal podría continuar peleando sin ver mermada su resistencia.
El único momento donde el Hechizero Supremo se preocupó de verdad, fue cuando su hermano apunto a su garganta. Si Roboute no hubiese retirado su espada cuando lo hizo, seguramente él podría haber perdido la cabeza. Pero, por supuesto que eso no había pasado, Roboute seguía tan reacio a esta batalla como lo había sido en un inicio. ¿Qué estaba ocultando su hermano? Era obvio que esta batalla por muy llamativa que fuese, no era más que un teatro muy elaborado.
De hecho, el teatro era tan descarado que la supuesta batalla que se supone estaba rugiendo a la distancia era una farsa, sus fuerzas y las de su hermano solo habían estado atacándose con los morteros, incluso los impactos que su fortaleza había estado recibiendo solo eran impactos de suerte, realizados por morteros ubicados más allá de su área efectiva.
Magnus elevo su vista, y en el espacio la situación era igual, las naves de su hermano se movían, entrando y saliendo de diversos tipos de formación, pero sin amenazar realmente a su flota, de hecho, y como una nota un poco extraña, Magnus no podía sentir las almas que se supone deberían estar dentro de las naves que se supone pertenecían a la armada de su hermano ¿Inteligencia abominable? ¿Servidores de combate? ¿Escudos capases de ocultar su percepción? ¿A que estaba jugando su hermano?
Nuevamente Roboute arremetió, varios tajos, todos realizados con una velocidad y precisión que no debían envidiarle nada a las habilidades que el fénix había tenido en su momento. Y, aun así, ninguno de esos ataques se sintió orgánico, era como si su hermano estuviese tratando de usar técnicas que aprendió en otro cuerpo, en su cuerpo actual. Eso era raro, muy raro, pero por alguna razón que no estaba del todo seguro, Magnus sentía que esas técnicas estarían mucho mejor en un cuerpo diferente, uno más pequeño, mas ágil, y mucho más débil.
Posiblemente esa disparidad se debía a la conciencia que habitaba la espada, tratando de someter la voluntad de su hermano. Era posible ¿Verdad? Magnus no sabía, pero al menos ya entendía a donde debía apuntar si quería ganar.
La espada, no era de origen demoniaco, una entidad habitaba esa espada, de eso no tenía dudas, pero la entidad que habitaba esa espada no tenía su origen en las siempre cambiantes corrientes del inmaterium.
Roboute parecía estar teniendo algunos problemas para controlar la espada, más que nada porque la entidad de la espada quería matarlo y beber su sangre, mientras su hermano se contentaba con seguir jugando.
Magnus finalmente se arto, y decidió apostar, renuncio a su defensa, en pos de reunir toda la energía de sus hijos en un único ataque, tardo varios minutos en preparar el ataque, tiempo más que suficiente como para que cualquier otro enemigo lo cortase la cabeza al primarca de un ojo. Pero Guilliman no hizo nada, en su lugar se contentó con mantener una distancia prudente, nunca muy lejos pero tampoco cerca.
Mientras a energía se acumulaba Magnus no pudo evitar reprenderse por haber permitido que la situación llegase a este punto. Debería haber actuado antes, debería haber tratado de convencer a su padre, debería haber expuesto las ventajas que significaban traer a Guilliman de regreso al redil Imperial. Debería, debería, debería haber sido un mejor hermano.
Los minutos pasaron, y la carga de energía llego al punto donde Magnus ya era incapaz de contener la energía acumulada. Así que la libero en un único y fulminante ataque. Si bien este ataque no era la tormenta de rayos más fuerte que él hubiese liberado en algún momento, fácilmente entraba en el top 3.
Los rayos golpearon con fuerza a su hermano caído, más que nada golpearon la espada, sobrecargándola de energía, hasta que esta finalmente cedió, estallando en miles de pedazos, varios cientos clavaron dolorosamente en la carne de Roboute. Incluso aquí, contra las cuerdas, Magnus no pudo obligarse a lanzar un ataque mortal. No estaba seguro de que sería a partir de este punto, pero Magnus no quería comenzar este nuevo capítulo del imperio, con el asesinato de su hermano enloquecido.
-Ríndete de una vez Guilliman, perdiste.
Roboute se arrastró lentamente, la espada le había explotado en la cara, y casi todas las esquilas de esta se habían clavado dolorosamente en su carne. Si, bien no estaba muerto, estaría inmovilizado por lo que quedaba del combate.
-Hay, hermano, hermano, hermano, tu, y todos los demás nunca lo comprendieron. –Roboute se rio levemente mientras se recostaba. –Incluso estoy comenzando a pensar que el propio Horus nunca lo entendió realmente. La guerra no se gana o se pierde en el campo de batalla, esta está ganada o perdida mucho antes, mucho antes de que se dispare el primer disparo incluso.
Magnus se rio, ese comentario era muy idealista.
-Díselo a los Orkos o al Caos, hermano.
-Lo hare, cuando llegue el momento. No antes.
- ¿Y qué es lo que queda? Hermano, perdiste este encuentro, no podrás levantarte pronto, y yo estoy de pie ¿Qué me impide matarte?
-Simple, no ganas nada matándome, pero si pierdes mucho tiempo, tiempo que no posees.
Magnus estaba molesto por la declaración, pero antes de que pudiese decir algo, su hermano lo interrumpió.
-Eres poderoso hermano, fácilmente el psíquico más fuerte de la galaxia, y por eso te lo digo has perdido. Y si no me crees a mí, sumérgete en las mareas del inmaterium y escucha los gritos provenientes de la mismísima Santa Terra.
La confianza del señor de Prospero vacilo cuando su hermano menciono a la cuna de la humanidad, ¿Acaso él le había hecho algo más al mundo trono? imposible, Perturabo se había asegurado personalmente de eliminar cualquier posible influencia persistente en el mundo trono.
Esto era un timo, una treta de su hermano para ganar tiempo en lo que sus hijos completasen sus preparativos.
Magnus examino la localización de los dos Ultramarines que su hermano había traído consigo, ambos parecían estar plantando estandartes cada cierto tiempo, y a una distancia considerable el uno del otro. Si sus cálculos no fallaban, faltaban casi 30 minutos antes de que cada uno de ellos, hubiese plantado un total de 13 estandartes, lo cual dividiría al estadio en un total de 26 partes…. ¡Ese número no tenía ningún sentido!
-Ellos son solo una distracción, destinados a realizar un teatro para mantener una parte de tu atención en ellos, en tierra, en vez del espacio. –Comento Roboute alegremente, casi como si pudiese comprender la duda de su hermano.
Roboute estaba muy herido, por lo que debería serle imposible levantarse pronto, si había un momento para examinar las posibles implicaciones en las palabras de su hermano, ese era ahora. Magnus trago saliva, pero finalmente su curiosidad pudo más, y adentro su conciencia en el mar de la disformidad.
Su conciencia viajo rápidamente, muy rápidamente, con demasiada rapidez, casi como si la atención total de los dioses nunca hubiese estado donde él creía. No ese no era un sentimiento al azar, ahora que lo veía desde afuera, la atención de los dioses del caos parecía estarse concentrando en algún punto mucho más al sur de su posición. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? No importaba, su conciencia viajo a la Sagrada Terra a la velocidad del pensamiento, y lo que observo lo dejo helado.
Magnus regreso a su cuerpo, el viaje no debería haberle tomado más que un par de minutos, talvez menos, potenciado como estaba con los poderes de sus hijos, pero, aun así, se sentía cansado, más cansado de lo que había estado en milenios.
- ¿Qué…qué fue lo que hiciste? –A Magnus le hubiese gustado gritar, pero sus palabras apenas si eran un susurro en el viento.
Roboute se levantó lentamente, apoyándose contra un inmenso pilar de piedra que había surgido en el enfrentamiento anterior, se notaba que tenía todo el tiempo del mundo.
-Nada, yo no hice nada.
- ¿Nada? Marte se subleva, y tú ¿No hiciste nada? –Magnus logro imprimirle un poco más de fuerza en esta acusación, pero no demasiada.
Roboute asintió.
-Sí, yo no hice nada. Lo de Marte es tu culpa. Durante 10 000 años los aliados del Imperio se ha mantenido más que nada por la pesada espada que cuelga sobre sus cabezas, espada que prometía exterminio y aniquilación a cualquiera que se atreviese a revelar. Ese es el Imperio que has ayudado a mantener, un Imperio que solo se mantiene con miedo, sabiendo que cualquiera que se atreva a decir algo ligeramente diferente seria tachado como traidor y luego sería exterminado.
Magnus entendía lo que su hermano estaba diciendo, pero no podía darle un significado adecuado.
-Veo que no me estas entendiendo, déjame te lo explico desde otro ángulo. Durante milenios el imperio fue la ley, y cualquiera que no escuchase sus palabras fue rápidamente exterminado, un sistema creado y mantenido por el miedo, un sistema que consistía en aplastar a los de abajo bajo la premisa de que si no se sometían serian exterminados.
-Premisa que se rompió cuando tu caminaste alegremente por el palacio Imperial.
Magnus finalmente comprendía la actitud de su hermano. Roboute no necesitaba ganar esta batalla, él ya había ganado la guerra, el Imperio que había resistido por milenios, comenzaba a desquebrajarse bajo su propio peso. Las diversas facciones que componía Imperio se estaban revelando.
El hechicero supremo trago saliva, debía regresar al mundo trono, debía parar esta rebelión antes de que otras facciones se revelasen. Debía regresar antes de que el daño fuese imposible de reparar.
Magnus regreso a ver a su hermano, quien sonreía, pese a sus múltiples heridas, pese a haber sido derrotado, él era el único ganador.
-Esta cruzada, podrías haberla evitado ¿Verdad?
-Sí, por eso no lo hice, la última parte de mi plan era sacarte de Terra, aquí, al otro lado de la galaxia estas atrapado, demasiado lejos para actuar.
Magnus trago saliva, pero cuando el terror comenzaba a expandirse por su alma, una chispa de esperanza y voluntad prevaleció.
-Eso sería verdad, pero supongo que tus planes no incluían el regresar del Señor de Hierro o del Acechante Nocturn.
Roboute sonrió, antes de asentir.
-Eso es no es del todo cierto… si tengo que ser sincero, ya había calculado que nuestro padre mantenía a uno de nuestros hermanos en reserva en caso de gran necesidad. Aunque no esperaba que el Emperador trajese de regreso a dos de sus hijos. Supongo que sentir mi filo tan cerca de su cadavérico cadáver, lo altero más de lo que calcule.
Magnus tuvo que asentir, aun se sentía tan irreal la invasión al palacio que el señor de Ultramar había realizado.
-Bueno, eso no importa, con Perturabo atrapado en la frontera y sin ningún método seguro para comunicarse….
-Te estas olvidando de nuestro hermano Konrad Curze, el Acechante Nocturno. Señor de la VIII Legión. El aún puede…
-Nada, Curze es un ejecutor, el máximo castigo que nuestro padre puede enviarle a cualquier planeta, pero nada más, él no podrá unificar las facciones que están dudando. De hecho, su presencia puede tener el efecto contrario.
- ¿Qué estas insinuando?
- ¿Por qué aquellos que ya habitan en el infierno, deben temerle al castigo del Emperador? ¿Qué puede hacerles Curze que no lo hayan sufrido ya?
Magnus sintió las palabras de su hermano como dagas envenenadas clavándose en su voluntad, el Imperio había usado por demasiado tiempo el miedo como método de disuasión, y ahora el miedo no era suficiente.
Magnus sintió como las fuerzas le fallaban, sus piernas, nunca se habían sentido tan débiles como en este momento. La VIII Legión podría ser la peor opción en este momento. Si el Imperio quería sobrevivir, necesitaba a alguien que pudiese unir a las facciones diversas del Imperio con su gran carisma y abrumadora voluntad. Solar Macharius podría ser ese alguien, pero también estaba atrapado en la trampa de su hermano.
No, aun no estaba todo dicho, Terra no caería fácilmente, incluso con él atrapado al otro lado de la galaxia, la Sagrada Terra tenia millones de defensores que darían su vida para mantener al Imperio.
Magnus se forzó a calmarse, aún tenía el poder de todos sus hijos, y su voluntad brillaba dentro de su alma, esto aún no estaba decidido.
Magnus aun podía eliminar las ambiciones expansionistas de su hermano en la cuna.
-Roboute, me arrepiento por no haber tomado tus palabras enserio, ahora veo que eres realmente una amenaza para el Imperio, y voy a actuar en consecuencia. Lo siento hermano, pero hoy tu historia llega a su fin.
Magnus le levanto, envuelto en poder, exaltado por todo el poder de sus hijos actualmente escondidos en las profundidades de este maldito estadio.
-Veo que tu boca sigue siendo más rápida que tu cerebro. Es una lástima.
Roboute levanto su mano izquierda, sobre su inmenso guantelete de poder, un inmenso botón rojo brillaba, el botón era ridículamente grande, y la única razón por la que algo así estuviese montado sobre un arma como el puño del dominio, era para resaltar.
-Tu pierdes.
Roboute movió el inmenso guante de poder, aplastando el inmenso botón contra una roca en la que estaba sentado.
Para Magnus el efecto fue inmediato, de repente ya no era un avatar de la voluntad del Emperador, en solo un segundo paso a no ser más que un pez fuera del agua, luchando por respirar. Su conexión con la disformidad quedo cortada, no, no solo era él, los gritos que podía escuchar de dentro del estadio le informaron que la conexión de toda su legión fue cortada.
Magnus se derrumbó, mientras sus pulmones luchaban por aire, sus corazones latían sin ningún ritmo, era como si todos sus órganos internos se hubiesen olvidado como debían trabajar.
El colapso del hechicero fue tan brutal que Roboute Guilliman se sintió realmente preocupado.
No, esto no era algo únicamente del Señor de Prospero, todos los hijos genéticos de su hermano parecían haber caído de la misma forma. Su comunicador podía recibir cientos de llamadas de emergencia, el mismo mal parecía haber azotado a todos los miembros de los mil hijos. El desastre era tan grande, que los que aún se mantenían, habían olvidado por completo los protocolos.
Roboute examino a su hermano, y pudo ver como el horror consumía a su hermano. ¿Por cuanto tiempo su hermano y sus hijos habían dependido de sus poderes para hacer todo?
No fue hasta que Roboute pudo ver como los ojos de su hermano se apagaban que decidió apagar su carta de triunfo. Esta prueba del poder de los pilones negros creados por el archimagos Belisario Craw, no valían la muerte de su hermano o sus hijos genéticos.
-Aquí, aquí, respira, respira.
Magnus agarro la mano de su hermano con autentico miedo, incluso aunque estuvo a punto de matarlo hace solo unos segundos, sentir su firme agarre, era la cuerda que lo atrapo, la luz que lo mantuvo, y por un segundo sintió la preocupación de su hermano, no, no solo eso, por un momento el Hechicero Supremo pudo ver lo que se escondía detrás de esa voluntad indomable. Y solo observo la más profunda y oscura desesperación. ¿Cómo era que su hermano se mantenía cuerdo con esa sombra consumiendo su alma?
Los minutos pasaron, Magnus ya estaba más o menos recuperado, no lo suficiente como para luchar, o pararse siquiera, pero al menos sus corazones ya no latían desbocados. Sus hijos no estaban mejor, el impacto psíquico había dejado a más de la mitad en un estado catatónico, pasarían meses antes de que se recuperasen, asumiendo que podrían hacerlo.
-Por… ¿Por qué no me matas?
-Matarte no me traería ningún beneficio o satisfacción.
Magnus se rio, incluso en esta situación, sabía que su hermano no estaba mintiendo. Si realmente hubiese querido matarlo, no habría necesitado hacer nada, si no hubiese parado lo que sea que había hecho para cortar su conexión con la disformidad, seguramente en estos momentos él y su legión…eso ya no importaba.
-Estás loco.
-Me lo dicen mucho últimamente.
Desde su precaria posición, Magnus se dio cuenta de lo evidente, no podría ganar, incluso si pudiese reunir su poder de nuevo, su hermano solo necesitaba aplastar ese innecesariamente grande botón en su guante de poder para someterlo, o peor.
Pero eso no significaba que no pudiese jugar otras cartas. Usando su conexión con sus hijos, rogo a todos los que aun podían responder, para que le prestasen sus poderes una vez más.
Roboute no actuó, claramente era consciente de lo que él estaba haciendo, pero seguramente sentía que activar su dispositivo sería peligroso. Que ridículo. Aun así, el poder que él había podido reunir no sería suficiente para desafiar a su hermano, incluso sin su artefacto, esta energía era poca, y él no estaba en condiciones de usarla adecuadamente. Por eso no ataco, en su lugar lanzo un grito al cielo, mientras lanzaba dos fragmentos de su alma al infinito. Con algo de suerte su mensaje llegaría a sus destinatarios sin mayores complicaciones.
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Perturabo, señor de la IV legión estaba harto, la situación actual era estúpida, no podía atacar, porque su oponente huiría abiertamente, no podía retroceder porque sus flancos serian atacados, si trataba de avanzar su línea de suministros seria golpeada, y su trataba de proteger su línea de suministros era atacado de frente. Lo único que podía hacer era quedarse en ese punto, atrapado, al menos así seria hasta que alguno de sus otros hermanos pudiese romper el punto muerto matando a Roboute o asediando Macragge.
El Señor del Hierro podría haber aceptado que su hermano había creado una excelente trampa, incluso estaba dispuesto a reconocer esta estrategia como algo digno de un primarca. Después de todo no era común que alguien pudiese inmovilizarlo de esta forma, pero la idea de que su hermano caído pudiese haberlo colocado en un punto muerto usando solo tropas humanas sin ningún aumento genético, era una humillación, una que lamentablemente no podría olvidar.
Bueno, no era como si su papel en esta invasión fuese otro que distraer a la mayor cantidad de tropas que pudiese. Al menos había logrado que su hermano caído comprometiese a más de la mitad de su flota para encerrarlo. Aun así, era doloroso ver como se había degradado su legión, ya no eran esos conquistadores que había conocido/entrenado en la gran cruzada, ahora eran más unos defensores, de un imperio que se cae a pedazos. Tendría que implementar un severo curso de reeducación cuando esta cruzada terminase.
Fue en ese momento donde frente al inmenso dreadnought modelo primarca, se le apareció una visión de su hermano Magnus.
- ¿Hermano?
Perturabo dudaba de lo que estaba viendo, en especial porque no lo estaba viendo con ninguno de los sensores de su dreadnought, lo estaba viendo con sus propios ojos, ojos que se supone perdió en la invasión al palacio imperial.
-Hermano, sé que esto podrá sonar a mentira o a truco, pero te ruego que me escuches.
Perturabo asintió, él podía reconocer a su hermano, y los milenios que había pasado muerto no habían mermado esa capacidad.
-Debes regresar al mundo trono, Santa Terra esta sitiada, nuestro hermano Roboute acaba de revelar su carta, si no podemos retomar el mundo trono lo antes posible, perderemos al Imperio.
Perturabo podría haber objetado, exigido respuestas, pero no, él podía sentir la urgencia en las palabras de su hermano. Así que solo una duda se formó en sus labios.
- ¿Qué pasara contigo?
-Tomare todas mis tropas y tratare de retirarme, pero estoy atrapado, muy adentro en las líneas enemigas, no creo que nuestro hermano caído me lo deje fácil.
- ¿Volveremos a vernos?
-Sí, y si en esta vida no se puede, será en la siguiente.
Magnus desapareció poco después. Bueno, realmente él nunca estuvo allí, y los únicos que sintieron su presencia eran los psíquicos sancionados del Imperio. Pero eso ya no importaba.
Perturabo llamo a sus fuerzas y ordeno una retirada masiva, muchos de sus hijos se quejaron, incluso varios líderes mortales trataron de desacreditar su decisión. El Señor del Hierro ignoro a todos, el regresaría a Terra como su hermano se lo había pedido, tan rápido como pudiese, incluso si tenía que hacerlo solo.
Sus hijos fueron los primeros en responder, incluso si algunos no entendían o lo cuestionaban, todos sus hijos obedecieron, y solo fueron aquellos que estaban muy lejos como para obedecer los que no respondieron a su llamado. En menos de 24 horas, la IV legión y su primarca dieron el primar salto disforme para regresar a la cuna de la humanidad, detrás de ellos, vinieron los soldados humanos, estos eran más reacios a obedecer, y solo lo hicieron por miedo a verse superados ampliamente en número por sus enemigos.
La flota a cargo de Perturabo regreso a Santa Terra, con no menos del 80% de su fuerza inicial, y esa potencia y números pronto le serian de inmensa utilidad.
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Solar Macharius estaba indefenso, hace solo unas horas había recibido el mensaje astropatico del señor de los Mil Hijos. Pero no comprendía su urgencia, según todos sus astropatas y psíquicos, no ocurría nada resaltable en el Imperio en este momento, no, era la ausencia total de noticias del sistema sol, lo que le preocupaba.
Ya desde hace algunos meses Macharius había notado que los defensores de Ultramar habían tomado una estrategia extraña, no los combatían, pero no los dejaban avanzar, era una técnica de estancamiento, y una muy buena cabe señalar. Y este mensaje podría por fin explicar la extraña actitud de sus enemigos.
¿Un ataque a la cuna de la humanidad? Eso podría explicar la ausencia total de los hijos del traidor entre los defensores de Ultramar. No era algo que sonase plausible, pero ya había pasado.
-Informe a toda la flota, retirada general, regresamos al mundo trono.
-No creo las tropas de tierra tomen bien esa orden señor.
-No me importa, tienen 24 horas para subir sus traseros a una nave, caso contrario los dejaremos en este lugar alejado de la luz del Emperador.
La retirada de Solar Macharius y su tropa de invasión tomo más tiempo del esperado, además los defensores de Ultramar les dieron varios problemas, aun así, el Santo al servicio del mismísimo Emperador logro retirar sus tropas con un éxito de casi el 60%, y un 20% más que lo siguió meses más tarde.
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La flota de los Mil Hijos estaba preparándose para una retirada, si bien las naves en órbita no se habían visto tan afectadas por el evento ahora conocido como; "la caída del velo" aun había varios astropatas y navegantes que serían incapaces de cumplir sus tareas en el futuro previsible. Por esa y otras varias razones, la flota se había forzado a reorganizarse, por fortuna la flota de Ultramar no parecía interesada en atacarlos, por lo que los preparativos fueron realizados sin problemas.
Era en la superficie donde estaban los verdaderos problemas. Más de la mitad de los hijos genéticos de Magnus seguían en un estado de catatonia. Sus hermanos aseguraban que con el tratamiento adecuado sus hermanos se curarían, pero no había tiempo para ese tratamiento. Debían irse del planeta, mientras la locura del "hijo traicionado" mantenía su mano contenida.
El número se astartes y el material de guerra era simplemente demasiado, por fortuna las hostilidades habían terminado, o mejor dicho nunca iniciaron, y toda esta batalla se podía resumir a dos de los hijos del Emperador golpeándose mientras todos los demás observaban sin poder parpadear.
Magnus estaba en el suelo, justamente en el centro mismo del inmenso estadio. Él era posiblemente el ser más afectado en todo el planeta por "la caída del velo" y ninguno de sus hijos genéticos había podido acercársele, más que nada, porque era el propio Roboute Guilliman quien lo cuidaba.
Si bien Magnus seguía sin moverse, el Hechicero Supremo había logrado contactarse con varios de sus hijos y miembros clave en la flota, para que los preparativos de la retirada comenzasen. Si bien ninguno de los Mil Hijos estaba contento con la idea de dejar a su padre genético en manos de uno de sus hermanos traidores, todos comprendían que tratar de recuperar a su padre genético en ese momento era una locura, una locura que podría en peligro al propio Magnus.
De momento la situación no era agradable, pero retirarse para rearmarse y luego volver por venganza era el mejor plan.
El mando del tercer sarcillo de la flota de invasión a Ultramar paso a mando Luminiti Edison, de los Mil Hijos, en un principio su nombre no había estado en la lista, pero con las de la mitad de su legión incapacitada, el mando había caído en manos de un primerizo capital de la 5 compañía.
Bajo su mando, todas las fuerzas que pudiesen pararse y moverse por su cuenta, movieron todo el equipo posible, a las naves, luego se llevaron a la mayoría de los que no podían moverse, lo que se quedaban detrás eran aquellos que los hijos de Ultramar habían considerado demasiado delicados para viajar. Entre ellos se encontraba el propio Señor de Prospero.
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Guilliman estaba parado, viendo como los signos vitales de su hermano eran monitoreados por una docena de sus hijos, no movería el cuerpo de su hermano hasta que le garantizasen que este lograría sobrevivir al viaje.
Fue en ese momento como un recién ascendido señor de los Mil Hijos llegaba a parlamentar.
-Quiero llevarme a mi padre genético.
-Directo al punto, y sin siguiera un saludo o presentación, sin duda eres un hijo de mi hermano.
El nuevo señor de los Mil Hijos no se amedrento por los reclamos del señor de Ultramar.
-No te mereces los títulos que crees poseer, los perdiste, en el momento que le dista la espalda al Imperio, a tu padre, a la humanidad.
Roboute rodo la cabeza, este advenedizo era alguien muy temperamental, tendría problemas a futuro si no lograba controlar su lengua.
-Tu padre es mi prisionero, no, incluso si no lo fuese no es prudente moverlo en este instante, su estado es indeterminado. Durante milenios uso su conexión con la disformidad para potenciar sus habilidades, romper esa conexión fue…. Casi le causa la muerte.
-Y tú fuiste quien lo hizo.
Por unos segundos Roboute pudo sentir como el combate estaba a nada de iniciar, su brazo derecho seguía incapacitado por toda la metralla que tenía incrustada hasta su hueso, pero, aun así, él era un primarca, un hijo del emperador, y no tendría problema en enfrentar a tres hijos genéticos de su hermano.
Fue en ese momento que Magnus hablo, o mejor dicho se comunicó con su hijo. Roboute no pudo escuchar nada, porque para comunicarse ninguno uso palabras. Aun así, podía imaginarse lo que padre e hijo se dijeron.
El recién ascendido señor de los Mil Hijos, asintió antes de retirarse sumisamente.
El tercer sarcillo de la flota de invasión fue quien más perdidas sufrió, logrando únicamente sacar un 40% de su flota del sector Ultramar, entre sus pérdidas más graves se contaba su nave insignia, más de la mitad de la XV Legión, y el propio señor de Prospero Magnus el Rojo.
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Roboute Guilliman caminaba lentamente, cuando le había solicitado a Mathieu que se uniese a su causa, nunca se imaginó los cambios que esto significaría en sus planes.
-Por favor Mathieu, repíteme como fue que convenciste al patriarca de los navegantes en desistir a su golpe de estado.
-Use lo que me enseño la primera vez que nos conocimos, use el poder de las palabras.
- ¿Y el acepto así nomas?
-Más o menos, pero me puso una condición muy específica si deseo que renuncie a su cargo como patriarca de los navegantes de Ultramar.
- ¿Solo desea parlamentar en personal conmigo?
-Sí, lo siento por eso mi señor. En todo caso la entrevista se dará cuando, donde, y bajo las condiciones que usted decida, por lo que es imposible que sea una trampa.
-Mathieu estoy impresionado, y no me molesta lo una charla amistosa, sin con eso evito un intento de golpe de estado en mi territorio, es toda una ganga.
-Me alegra que lo considere así. La verdad, estaba un poco escéptico por su disposición.
-Mathieu, Mathieu, cualquier batalla donde no se derrame la sangre de nuestro pueblo es una ganancia.
-Es bueno saberlo, ¿En cuento a cuando y donde se realizará su encuentro?
-Iré a verlo personalmente en su palacio, siento que realizar este encuentro en su territorio, hará que sea más fácil convencerlo de mi buena voluntad.
-Me parece un poco imprudente mostrar tanto el cuello a alguien que estuvo dispuesto a traicionarlo mi señor.
-Supongo que es verdad ¿Qué sugieres?
- ¿Qué tal un encuentro en un lugar neutral? En no sé, ¿Una estación orbital perteneciente a los tecno sacerdotes? Creo que sería un buen lugar. Y la hora podría ser ¿En un mes?
-Bien por mí.
Roboute giro y entro a una habitación dejando a Mathieu detrás de él. Y mientras las puertas se cerraban Guilliman no pudo evitar sonreír satisfecho, el joven sacerdote había mejorado inmensamente, pronto no haría falta que le diese tantas oportunidades en sus conversaciones, ya que él podría crearlas por su cuenta.
Hola feliz año a todos, disculpen por la tardanza de este capítulo, pero en un acto bastante extraño mi familia decidió pasar junta las fiestas, y ciertamente la situación era tan rara que no encontré tiempo para escribir, no miento cuando les digo que la situación era tan rara que el 24, pese a que todos estábamos más que agotados por el trabajo o las diversas obligaciones que tenemos, nos reunimos, y celebramos todos juntos, todos cansados, pero juntos. Y perdón si esto no es algo que les interese, pero fue una situación tan rara que la voy a escribir aquí, para que quede constancia de que realmente paso.
El 24 de diciembre toda mi familia se reunió, todos estábamos cansados, tan cansados que no pudimos esperar a las 12 para comer, comimos a las 8 de la noche, abrimos los regalos a la las 10 todos estábamos más que dormidos, tal era el cansancio de todos que incluso mi madre, enemiga a muerte de los platos sucios, los dejo en paz esa noche.
Si este año es un año para recordar.
En cuento al fic, sé que hay cosas que parece haberlas dejado de lado, pero deben entender que en su mayoría son cosas que ocurrirán en la tercera temporada y del otro lado más que nada. Espero que la próxima temporada sea incluso mejor que esta.
Por otro lado, voy a aclarar algunas cosas, la canción que medio estuve inventándome toma inspiración de dos canciones; Lucifer de Mago Rey y de Fiera Deidad de Mopa Music, trate de contactarles para pedirles permiso, pero no pude hacerlo, es una lástima, por eso no creo continuar con la canción, pero como sería un desperdicio subí ese borrador, espero les haya agradado.
Agradezco a todos los que comentan en mis fics, ya que son los que me inspiran a continuar, y seguiré tratando de mejorar. Sin más que decir me despido deseándoles lo mejor para este nuevo año.
