Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia
CAPÍTULO 20
Quistis miró el reloj y comprobó que ya eran las cuatro de la tarde, en medio hora debía irse ya que tenía clase. Ni si quiera había comido y le dolía el estómago, pero no sabía si por hambre o por todo lo que estaba pasando. Rinoa no se había movido lo mas mínimo, a veces comprobaba su respiración ya qué parecía que ésta se detuviera.
La puerta de la habitación abriéndose la sorprendió y por ella vio aparecer a Squall. El joven debió ver como su rostro contraído por los nervios se relajaba, porque le mostró una leve sonrisa que muy pocas veces, el comandante, tendía a mostrar a nadie.
Cuando llegó hasta ella, le ofreció un sándwich que acababa de coger de la cafetería.
- Imagino que no habrás comido -dijo el chico acariciando el rostro de Rinoa-.
- Gracias -agradeció la joven cogiendo la comida- Vaya, ¿cómo sabes que el atún me gusta? -añadió algo sorprendida al ver que aquel sándwich era su favorito-.
- Nos conocemos desde hace mucho, Quistis -contestó clavando aquello ojos azul profundo en ella-. Y me importas, mucho -añadió sin apartar la mirada de ella-.
La instructora no podía creer lo que estaba escuchando, intentó que sus ojos no se empeñaran con las lágrimas y como vio que aquello no sería posible, no lo dudó y se abrazó al hombre que tenía en frente.
- Se va a poner bien ¿vale? -susurró ella-.
Sintió las manos de Squall acariciar la parte alta de su espalda con cariño y tras apretarla levemente contra él una última vez, deshizo el abrazo.
- Llegarás tarde a tu clase -comentó acariciándole el brazo-.
Ésta asintió y antes de marchar le preguntó si debía avisar al resto. Tras pensarlo unos segundos, Squall accedió, los demás debían saber que estaba pasando.
- Por cierto -dijo Squall antes de que marchase-, he hablado con Eleone, no le he explicado nada, simplemente que necesito que venga, me ha dicho que intentará estar aquí esta tarde.
- Bien… me alegro, seguro que ella sabe qué hacer.
Quistis vio asentir a su comandante y tras despedirse de nuevo, abandonó el cuarto. No sabía si con todo ese lio sería capaz de dar una clase en condiciones, pero no debía levantar ninguna sospecha.
La zona de entrenamiento se encontraba totalmente desierta. A esas horas de la tarde, apenas era frecuentada por los cadetes, ya que solían estar en clase y el resto de instructores y Seeds del jardín, solían aparecer por allí algo más tarde. Yinna lo sabía muy bien, todo el tiempo que llevaba en ese jardín había observado cada comportamiento de aquellos humanos insignificantes, conocía sus gustos, sus horarios, sus manías, lo sabía todo, absolutamente todo de ellos.
- Estamos a punto de conseguirlo –dijo llamando la atención de sus dos hermanos que rara vez se separaban de ella-.
- Por fin, ¿sabes? Por un momento creí que no lo conseguirías -habló Sonhen poniéndose a su lado-.
Ésta lo miró con recelo, pero no dijo nada.
- El director ya no les servirá de ayuda, está bajo nuestra influencia y después de lo que ha pasado hoy con la bruja, ese maldito comandante ya no se entrometerá más. Voy a debilitarla hasta tal punto que apenas será consciente de sus actos y entonces en el baile, nos la llevaremos -explicó con aire de superioridad-.
De pronto la voz de alguien conocido la hizo girarse en dirección contraria.
- Yinna...
- ¡Oh! Seifer eres tú –dijo de manera despreocupada-.
- Basta…
- ¿Que…?
- ¡Basta, joder! Estoy harto, no quiero seguir, ya te lo dije. Habéis vuelto a atacar a Selphie y ayer vi a Rinoa en la cafetería, ¿qué se supone que le habéis hecho? Estaba fuera de si -comentó bajando el tono de voz al recordar el gesto de Rinoa cuando Squall se la llevaba-. Y… ¿el resto de gente?, el director… todos están como idos, como si nada les importase…
La risa estridente de Yinna taladró los oídos de Seifer quien se quejó malhumorado.
- ¿En serio, Seifer? Creo que ya sabías a que te exponías cuando nos conocimos la primera vez.
- ¡No! -gritó el chico-. Nada de lo que estáis haciendo es lo que me dijiste…
- ¡Da igual! -interrumpió-.
Seifer vio como aquella mujer de pelo azabache se masajeaba las sienes en un gasto de frustración.
- Esta bien -dijo de pronto levantando la vista hasta Seifer y mostrando una sonrisa exageradamente ancha que hizo que al joven rubio se le erizase la piel-. Márchate entonces.
Seifer frunció el ceño ante aquella contestación que para nada esperaba y simplemente abandonó el lugar.
- Estás loca, ¡joder! -farfulló antes de salir de la zona de entrenamiento-.
Los dos hermanos de Yinna lo vieron desaparecer y antes de que pudieran rebatir nada, la mujer habló.
- Podéis encargaros de él, con Rinoa en ese estado ya no le necesitamos.
Éstos asintieron.
- Vámonos, quiero divertirme -finalizó mirando a sus hermanos y haciendo que la siguieran-.
Aun tenía algo de tiempo para seguir pasando desapercebidos en esa escuela militar y no podía negar que aquello le divertía.
Squall no se había separado de esa cama desde que había llegado a la tarde. Hace un rato había empezado a dolerle la cabeza. No dejaba de pensar en que aquello no saldría bien. Entrelazó su mano con la de Rinoa, que sobresalía por debajo de la sabana y la acarició, era tan suave. Llevaba días echándola de menos, echaba de menos esa sonrisa que brindaba gratuitamente a todo el mundo, sus conversaciones de cosas sin importancia, sus abrazos y su calidez. Sin duda ella se había convertido en su hogar y ahora el verla así, dolía demasiado.
Sus pensamientos no pudieron evitar viajar hasta el pasado, cuando nadie le importaba tanto como para sentir aquel dolor. Cuando apenas tenía amigos y por supuesto, cuando no la conocía, tal vez ahora todo estaría siendo más fácil. Rápidamente borró esas estúpidas ideas de su cabeza, no podía comparar su vida de antes con la de ahora, hacía mucho que no se sentía tan vivo.
Tras besar repetidas veces el dorso de la pequeña mano de Rinoa, se levantó y se fijó en que aún no había recogido los trozos del espejo roto, así que sin vacilar un instante se dirigió para limpiar aquello. Después le cambiaría la venda de la herida que ella misma se había causado en el brazo.
El tiempo pasaba de manera muy lenta en aquella estancia, miró el reloj que pendía de la pared, justo encima de la mesa de estudio y comprobó que ya pasaban de las siete de la tarde y aún no había tenido noticias de Eleone. Aquello le inquietó, pero antes de que pudiera empezar a ponerse más nervioso, alguien llamó a la puerta.
El joven se levantó del suelo, donde había pasado la mayor parte del tiempo y se dispuso a abrir. Por ella se colaron lo demás con gestos que denotaban inquietud. Fue Selphie quien no pudo dar un solo paso y se quedó paralizada en el marco de la puerta. No podía apartar la mirada del cuerpo inerte de su amiga. Fue Squall quien la rodeó por los hombros y la guio hasta los pies de la cama. El joven comandante les explicó todo lo que había ocurrido desde el día anterior en la cafetería y que Eleone pronto llegaría.
Los minutos pasaban sin que ninguno de aquellos Seeds pudiera encontrar una solución al estado de Rinoa. Intentaron entender lo que podía estar ocurriendo, repasando una y otra vez lo que sabían, la profecía de aquel libro, incluso las palabras de Seifer, pero no consiguieron sacar nada en claro, ¿sería verdad que Yinna le había mostrado la destrucción del mundo a Rinoa?, o ¿solo quería a asustarla?, pero ¿para qué?
Squall comenzó a sentirse atrapado, no podían contar con nadie, ni siquiera con la doctora ¿cómo explicaría el estado de Rinoa?, nadie les creería. Y Eleone aún no había llegado y dadas las horas, intuyó que no llegaría.
Los jóvenes observaron como el sol se ponía en el horizonte, dejando paso a una brisa fresca muy agradable que se filtraba por las rendijas de la persiana que aún seguía bajada. Ninguno hablaba, todos esperaban a que Rinoa despertase en algún momento, siendo la de siempre, riendo y con esa vitalidad en su mirada, pero Squall sabía que no lo haría, llevaba casi un día entero en la cama, sin moverse lo más mínimo. Incluso llegó a pensar que aquella pastilla que le habían dado a la mañana, no la había dejado dormida sino más bien inconsciente.
Fueron varios los suspiros que se escuchaban en esa habitación en la que la tensión podía cortarse con tijeras.
- Creo que será mejor que os vayáis.
La voz del comandante llamó la atención del resto.
- Pero…
Zell no pudo acabar la frase ya que Squall lo interrumpió.
- Es tarde -apuntó sin apartar la vista de Rinoa-. Eleone tal vez no venga… -añadió casi en un susurro como si aquello solo hubiera sido un pensamiento en voz alta-.
Unas manos agarrándolo del brazo lo sacaron de su ensimismamiento.
- Yo me quedo -dijo Selphie con algo de desesperación-.
Los ojos de Squall rodaron de la pequeña chica hasta Irvine quien le entendió perfectamente.
- Vamos Selph, será mejor irnos. Si hay novedades Squall nos lo hará saber -comentó el vaquero mientras rodeaba a la chica por los hombros y se la llevaba hasta la puerta-.
Lo demás miraron a Squall, quien parecía demasiado ausente y sin decir nada más, se marcharon de allí. Conocían a su comandante y sabían que lo que ahora quería él, era estar solo.
Seifer, quien desde la conversación con Yinna se había dedicado a dar tumbos por el jardín, se encontraba sentado contra la pared de los pasillos femeninos. Algunas cadetes pasaban por ahí y lo miraban con cierto recelo para después cuchichear entre ellas. Creía que lo de ser el perro verde del jardín estaba quedando atrás, pero parece que aún había gente que no opinaba eso.
Sin saber por qué se encontraba recostado cerca de la puerta de Quistis, ella era la única que conseguía hacerle ver las cosas con claridad. Ahora que había decidido dejar a Yinna y sus hermanos, necesitaba hablar con ella, contarle lo que sabía y si le dejaban, ayudarles con todo aquello.
- Que haces aquí…
La voz de la instructora lo sacó de sus propios pensamientos y rápidamente se levantó del suelo.
- No te he visto llegar -se limitó a decir él mientras avanzaba un par de pasos hacia Quistis-.
- Te he preguntado que, qué haces aquí, Seifer -volvió a decir mientras retrocedía hacia atrás por mero instinto-.
Seifer la miró directamente a los ojos y los vio algo rojizos, parecía agotada y triste, demasiado, pensó el joven.
- ¿Estás… bien? -preguntó con deje preocupado-.
Sin pensarlo se acercó hasta ella e intentó cogerla de la muñeca, pero la chica se apartó de él.
- Vete, por favor, no quiero verte, no quiero que estés aquí…
De pronto la voz de Quistis se entrecortó y bajó la mirada hasta el suelo.
- No quiero que me hables, ni que me toques…
Quistis no pudo continuar por qué una lagrima solitario recorrió su rostro. Rápidamente la limpió y pasando por el lado de Seifer, se dirigió hasta la puerta de su cuarto.
El joven la miró realmente sorprendido, jamás la había visto así, ella era fuerte y no se derrumbaba fácilmente.
- ¡Quiero ayudar! -dijo de pronto cogiendo a la muchacha del brazo y evitando que entrase en la habitación-.
Quistis se quedó quieta ante aquel contacto y después comenzó a negar levemente con la cabeza, completamente incrédula ante lo que acababa de escuchar.
- ¿En serio, Seifer? ¿Ayudar? -repitió con molestia-. ¿Qué se supone que es esto? -siguió hablando la chica cogiendo el cordón negro que pendía del cuello de Seifer y sacando aquel colgante igual a la marca de la última víctima-.
Seifer se quedó unos segundos callados y con genio, volvió a guardarse aquel colgante bajo la camiseta.
- Sabemos que Yinna y sus hermanos traman algo, aun no sabemos que es, pero llevas ayudándoles desde el principio.
Seifer abrió la boca dispuesto a contradecir aquellas palabras, pero sabía que no serviría de nada.
- Han hecho daño a Selphie y llevan semanas haciendo que Rinoa… da igual -se calló sin poder dar explicación coherente a eso que la estuviera pasando a la joven bruja-.
- ¿Rinoa? Pero ¿está bien?
Quistis se llenó de ira en cuanto escuchó a Seifer decir aquello, ¿en serio estaba preguntado si Rinoa estaba bien? ¿acaso le importaba?
- ¡Basta Seifer! ¡Como si todo esto te importase lo más mínimo! -gritó la instructora mientras abría la puerta de su habitación-. Déjame en paz de una vez.
Antes de que Quistis pudiera cerrar la puerta, la mano de Seifer la detuvo.
- Me importa -declaró con gesto preocupado-. Tu… me importas -añadió de manera algo atropellada-.
Los ojos de la instructora se abrieron sorprendidos y lo miró directamente. Vio preocupación y miedo, pero también leyó sinceridad en ellos.
- Pues entonces demuéstralo.
Fue lo último que dijo Quistis antes de cerrar la puerta. El chico rubio se quedó allí plantado con la mirada clavada en la madera de la puerta y sin saber que hacer o a donde ir. Nunca quiso que pasara todo eso, ni si quiera recuerda los momentos en que conoció a Yinna, todo estaba borroso, cómo si algo hubiera estado nublando su mente y ahora estuviera liberado. Debía hacer algo por arreglar aquello.
Squall se había quedado dormido sentado en el suelo y con la cabeza recostada en la cama donde aun yacía Rinoa, inmóvil. El joven se despertó algo dolorido por la postura y vio que eran las once y media. Rápidamente se levantó y cogió su móvil, el cual descansaba sobre la mesa de estudio y comprobó sus llamadas, nada. Eleone no había dado señales de vida.
De pronto unos golpes en la puerta lo sobresaltaron, sin vacilar se dirigió hasta ella y la abrió. Frente a él apareció el rostro redondo de Eleone y esa sonrisa amable que conseguía relajarlo. El chico no lo dudó y cogiéndola de la mano, la atrajo hacia dentro y se abrazó a ella.
La joven algo sorprendida, correspondió el abrazo y al instante pudo sentir la tensión que Squall venía sintiendo.
- ¿Qué ocurre Squall? -dijo separándose de él mientras lo interrogaba con la mirada-.
No hizo falta que dijese nada ya que enseguida se percató del cuerpo inerte de Rinoa.
- Pero que…
La joven corrió hasta la cama y sentándose en ella, comprobó el estado de Rinoa. Antes de que Eleone pudiera hacer o decir nada, Squall llegó a su lado y le contó absolutamente todo. No omitió detalle alguno y al instante sintió una especia de alivio, como si el haberlo contado le hubiera liberado.
- Y dices que ¿Edea lo sabe?
Squall asintió.
- Pero desde que se lo conté no he vuelto a saber de ella.
Vio como Eleone desviaba la mirada, al parecer pensativa.
- Ella lleva días en Esthar con Laguna. No he querido preguntar, parecen demasiado inmersos en algo. También está con ellos el profesor Odine.
- ¿Odine? ¿En serio? -dijo muy sorprendido mientras empezaba a pasearse por la habitación-.
Eleone suspiró ante aquel creciente desconcierto, ella no entendía nada y la verdad que lo que acaba de escuchar de la boca de Squall, era difícil de asimilar.
- ¿Estáis seguros de lo que habéis estado viendo? -preguntó con cautela-.
Vio como la mirada penetrante del chico se clavaba en ella.
- Quiero decir, las muertes en los jardines ¿en serio crees que forman parte de un ritual?
- El símbolo del libro y la profecía… y el director, Seifer y esos tres…
- Ese libro esta al alcance del todo el mundo, Squall -interrumpió ella-. Y el director, tal vez esté demasiado estresado.
- Pero Edea dijo que cuando vio por primera vez a esos hermanos también sintió algo extraño, ella me creyó.
- Yo también te creo Squall -dijo con rapidez levantándose y acercándose hasta el joven-. Pero tal vez el poder de Rinoa… -la mujer se calló y desvió la mirada hasta el pequeño cuerpo de la pelinegra-.
- ¿Crees que todo esto es causado por su poder? ¿qué se lo está imaginando? -preguntó el-. Y Selphie -rebatió algo molesto-, casi muere en dos ocasiones.
Un sonoro suspiro por parte de Eleone se dejó escuchar en la habitación.
- Creo que estáis sometidos a mucho estrés, solo han pasado algo más de seis meses desde Artemisa, creo que lo que vivisteis…
- No, Eleone -cortó tajante-. Sabía que diríais algo así sobre lo que está pasando, pero son demasiadas cosas.
- Esta bien, ahora ayudaremos a Rinoa y mañana hablaremos todos sobre esto que está ocurriendo.
Eleone buscó la mirada esquiva de Squall y lo vio asentir mientras exhalaba una especia de gruñido molesto. Después lo cogió de las manos y juntos, se acercaron de nuevo hasta la cama de Rinoa.
Eleone se sentó a su lado y colocando a Rinoa boca arriba, entrelazó las manos con las de ella. Cerró los ojos unos segundos intentando percibir alguna energía proveniente de la pelinegra pero no sintió nada. Aquello la inquietó levemente, era como si Rinoa estuviera muy lejos de allí. Pero Eleone no se rendiría, volvió a recolocarse y tras acomodarse bien, miró a Squall con determinación.
- Esto puede llevar un tiempo, Squall, así que, si tardo no te preocupes –dijo la joven-.
Squall asintió y decidió sentarse en un pequeño sofá que había cerca de la cama. Su cabeza daba mil vueltas, no podía dejar de pensar en lo que Eleone acababa de decir, ¿y si tenía razón y toda esa locura había sido producto de diferentes situaciones que nada tenían que ver con un sacrificio? Tal vez entre todos, habían conseguido alimentar su propia imaginación.
Ahora por la mente de Squall vagaban dos versiones de la misma historia que nada tenían que ver entre ellas.
La mañana se había abierto paso poco a poco en la habitación de la joven bruja. Ésta se desperezó con una leve confusión recorriéndola de pies a cabeza. Se estiró en la cama y notó como un fino sudor cubría su cuerpo, estaba algo pegajosa y la cabeza le dolía horrores, como si acabase de despertar tras una noche de resaca. Intentó hacer memoria de la tarde anterior, pero solo pudo recordar una breve conversación con Squall, la cual tampoco supo descifrar.
Volvió a desperezarse y miró el reloj de su mesilla, tan solo eran las siete de la mañana. Sus clases empezarían en un par de horas, pero aun así decidió levantarse e ir directa a la ducha, tal vez el agua tibia conseguía llevarse con ella esa leve confusión que la rondaba.
Cuando emprendió su camino hacia el baño, pudo notar como la fría madera del suelo apenas era perceptible bajo sus pies, todo empezaba a ser algo extraño, pero no quiso darle más importancia y siguió con la tarea de prepararse para empezar su jornada.
No se dio prisa en salir de la ducha, el agua caliente resbalando por su piel estaba consiguiendo calmarla. Cuando decidió que ya era suficiente, se enroscó en una toalla blanca y se dirigió hacia el espejo. Por un momento creyó ver algo reflejado en él, una especia de sombra oscura, pero fue todo tan rápido que ni siquiera le dio importancia.
Pasado unos minutos la mujer ya estaba preparada para ir hacia la cafetería, la verdad que tenía algo de hambre. Antes de salir fue a coger su móvil, pero comprobó que estaba descargado completamente, así que lo dejó cargando, ya pasaría después a por él.
Cuando salió al pasillo y cerró la puerta tras de sí, sintió un leve mareo que la hizo cerrar los ojos. Aquella confusión que la embargaba desde que se había despertado, no había desaparecido, más bien había ido en aumento.
Anduvo por el largo pasillo de las habitaciones femeninas inmersa en sus pensamientos. Intentaba continuamente recordar algo del día de ayer, pero le era imposible, como si su memoria simplemente hubiera sido borrada.
Perdida entre esas cávalas y con la mirada pegada al suelo, fue consciente de repente, de que algo esa mañana, no encajaba. Levantó la vista al frente y entonces lo vio, el pasillo por el que caminaba estaba desierto y no se escuchaba absolutamente nada, lo cual era demasiado raro dadas las horas que eran, ya debería de haber más de un cadete e instructor rondando por ahí.
Un creciente agobio se empezó a hacer dueño de la joven, quien aceleró los pasos hasta que consiguió llegar al hall. El corazón golpeó con fuerza contra su pecho cuando observó atónita que allí tampoco había nadie. Gritó en voz alta varias veces intentando en vano que alguien contestase, pero lo único que obtuvo por respuesta es el eco de su voz resonando en el enorme jardín militar.
Rinoa no podía creer lo que estaba pasando, aquello debía ser una maldita pesadilla, una de esas que últimamente venía teniendo, aunque si era eso, estaba durando demasiado. Giró varias veces sobre si misma, intentando saber que hacer, miró hacia un lado y hacia otro y tras pensarlo detenidamente, decidió salir fuera.
Cuando cruzó la puerta del hall se quedó por un momento paraliza, estaba desorientada y sola y el miedo que comenzó a crecer en su interior no la dejaba avanzar más. Cerró los ojos e intentó despertar de aquello que estuviera pasando, seguro que cuando los abriera volvía a estar en su habitación, con Squall a su lado, pero aquello no ocurrió.
Seguía allí de pie, justo un paso por delante de la enorme puerta acristalada de la entrada al jardín. Suspiró sonoramente intentando calmarse y llenando sus pulmones de aire, se dispuso a seguir avanzando, si se dirigía a Balamb, tal vez allí encontraría a alguien. Pero justo en el momento que sus pies pisaron el asfalto exterior, todo a su alrededor comenzó a girar, era como si de pronto se encontrase dentro de un enorme tornado que se estuviera llevando todo a su alrededor.
Asustada y sin apenas poder respirar, se agachó y escondió la cabeza entre sus manos, intentando que todo parase, que todo volviera a la normalidad. Un ruido insoportable empezó a resonar en sus oídos y junto con el fuerte viento que se había levantado, no pudo más que gritar hasta que de pronto, todo terminó. Ni el viento, ni el ensordecedor ruido de hacía un instante, nada.
Con cautela abrió los ojos y se puso en pie, pero aquello no duro demasiado, sin apenas darse cuenta, sus piernas le fallaron y cayó al suelo. La imagen que ahora se proyectaba ante sus ojos, la dejó sin aliento.
Al parecer, ya no se encontraba en la entrada del jardín, todo había sido sustituido por una enorme extensión de tierra y tan siquiera su vista alcanzaba a ver el final. Con torpeza y sin apenas poder contener unas lágrimas solitarias, comenzó a caminar sin rumbo.
Sus ojos castaño oscuro observaron su alrededor, solo había tierra yerma y se fijó entonces, en el cielo. Éste se encontraba cubierto por unas nubes plomizas cargadas de electricidad, las cuales en cualquier momento darían paso a una tormenta.
Siguió caminando sin rumbo, y perdiendo la esperanza poco a poco, de que aquello fuera simplemente una pesadilla horrible. Entonces cayó en la cuenta, aquel lugar era idéntico al que apareció tras la derrota de Artemisa y por el que caminó hasta encontrar a Squall.
Fue entonces cuando la poca esperanza que le quedaba y el desánimo creciente, la hicieron desplomarse en aquella fría y polvorienta tierra, notando en su rostro las primeras gotas que las nubes empezaban a descargar. Alzó la vista fijándola en el horizonte y fue entonces cuando allí, entre esas nubes tan espesas, pudo adivinar unos edificios.
Con sus ojos abiertos de par en par y con un resquicio de esperanza asomando, se levantó rápidamente y sin vacilar un instante, corrió hacia los edificios.
Podía ver como cada vez se hacían más grandes, aunque seguía sin escuchar nada. Llegó algo exhausta al lugar, pero no le importó lo más mínimo había encontrado lo que parecía una ciudad o eso creía, porque cuando se fijó bien en donde se encontraba, solo vio los cadáveres de lo que antaño habían sido edificios, casas, hoteles y tiendas, tan solo eso, el esqueleto de lo que en su día fue una ciudad.
Sin poder aguantar más la presión de esa situación, cayó de rodillas mientras lloraba desconsoladamente. Sabía de sobra donde estaba y no podía ser verdad, tenía qué ser un sueño o más bien una pesadilla. Se encontraba en Balamb o lo que había quedado de ella. Su vista estaba fija en el cartel de la entrada a la cuidad que rezaba "Bienvenidos a Balamb", aunque apenas era legible.
Cuando consiguió de nuevo, ponerse en pie, emprendió sus pasos por las calles del pueblo. Observó con desesperación que estaba totalmente destruido, montones de escombros poblaban las esquinas y sus casas y negocios cerrados con tablones, como si hubiera pasado una eternidad desde que hubieran estado abiertos.
Corrió entonces hacia el tren, pero tampoco quedaba nada de él, la entrada estaba derruida y no había forma de pasar. La lluvia fue en aumento, dejando truenos que hacían temblar el suelo bajo los pies y fue cuándo Rinoa, decidió refugiarse en la tienda de armas que había cerca, o más bien lo que había quedado de ella. El techo estaba parcialmente caído y le faltaba la pared de la derecha. Se fijó que en la esquina izquierda aún quedaba un trozo de techo así que se dirigió hacia allí. Retiró algunas piedras intentando hacerse un hueco y allí mismo se acurrucó.
En ese mismo instante que se dejó caer al suelo y se abrazó a ella misma, sintió que todo había terminada para ella. Estaba sola en aquel lugar, no quedaba nada ni nadie ¿por qué ella? Intentaba hacer memoria, una y otra vez, pero era imposible, solo recordaba la cara de Squall despidiéndose de ella, su mente era incapaz de ir más atrás.
Creyó quedarse dormida, sin ser consciente del tiempo que había pasado allí, bajo esos escombros. Cuando decidió abrir los ojos creyó ver en la penumbra intermitente de los rayos, una silueta que se acercaba hacia ella.
Ni si quiera se movió, todo le daba igual, su vista estaba borrosa y ya no sabía distinguir lo real del mundo de los sueños. Cuando aquella figura estuvo lo suficientemente cerca de ella, sintió como la arropaba con algo que se asemejaba a una manta y se sentaba a su lado abrazándola. Entre esa creciente confusión, sintió cierto alivio y por un momento creyó que era Squall, él siempre estaba allí cuando más lo necesitaba, con ese pensamiento volvió a quedarse dormida o eso creyó.
- Mmmmm... Squall... -susurró adormilada-.
- ¿Te encuentras bien?
Rinoa se sobresaltó al escuchar una voz de mujer que para nada le resultaba familiar.
- ¡Quién eres! –exclamó la joven levantándose de golpe y alejándose de aquella persona-.
- Vengo a ayudarte, soy Sanha.
- ¿A ayudarme?, ¿dónde están todos? ¿dónde está Squall? ¿qué es este lugar? –comenzó a preguntar realmente alterada-
- Tranquilízate -aconsejó esa mujer de manera amable-.
- Solo quiero volver con Squall... -musitó con la voz entrecortada-.
- No puedes -sentencio de manera seria-.
- ¿Y eso quien lo dice? –dijo exasperada-.
Aquella mujer que estaba con Rinoa no pudo evitar sonreír ante el comportamiento de la joven
- Vaya, me habían hablado de tu carácter, pero no lo creía, eres muy valiente –comentó la mujer-.
Rinoa le echó unos veinticinco años, era rubia con los ojos grisáceos. Su pelo caía lacio hasta su cintura. Su tez era blanca y llevaba puesto una especie de vestido de seda blanco hasta los pies con un cinturón azul que poseía un extraño símbolo. Rinoa pensó que parecía un hada y que ningún hombre se podía resistir ante tal belleza.
- Debes venir conmigo –dijo tendiendo su mano hacia Rinoa-.
- No sin que antes me expliques que es este lugar y donde está todo el mundo.
Sanha suspiró y anduvo un par de pasos hacia Rinoa, quien por mero instinto retrocedió hasta topar con otra pila de escombros.
- Debes olvidarte de ellos y de lo que has vivido hasta el momento.
Rinoa frunció el ceño ante aquellas palabras. Cada vez entendía menos lo que esa mujer quería decir.
- ¿A qué te refieres? –preguntó algo asustada-.
- Ellos ya no existen, por fin has despertado de tu largo sueño.
- ¿Qué? ¿De qué hablas?
Sanha le indicó que se sentase a su lado, debía explicarle algo muy complicado que le costaría entender y que mucho menos, creería. Rinoa, sin tener muchas más opciones, aceptó y tomó asiento cerca de ella. La miró con atención y a la vez con miedo.
- Rinoa, donde te encuentras ahora es el mundo real –dijo cogiéndola de la mano-.
La cara de la pelinegra denotaba confusión.
- Estos seis meses has permanecido inmersa en un profundo sueño en el cual has creado una realidad paralela o más bien tu mundo ideal, por así decirlo.
Rinoa, cuando escuchó aquello, fue incapaz de articular palabra. Aquello que acababa de decirle esa mujer no podía ser cierto, era una maldita locura. Pero si eso no era así, ¿qué era ese lugar donde se encontraban ahora?
- Eso...eso es imposible, ¿me está diciendo que nada de lo que he vivido es real?
Rinoa soltó una especia de risa incrédula.
- Eso es. Ellos ya no existen, suponemos que están muertos.
Cuando escuchó esas palabras, la joven bruja se quedó helada, de pronto, sintió como un escalofrío recorría toda su espalda y como un leve mareo empezaba a invadirla.
- Pero… pero eso no… -intentaba articular mientras agitaba su cabeza de manera negativa-. Eso no puede ser… Squall y yo…
- Eso era un sueño, Rinoa -interrumpió la mujer-. Yinna te ha intentado ayudar este último mes.
Cuando escuchó aquel nombre, todos los recuerdos de esos meses se acumularon de golpe en su mente. Recordó la primera vez que vio a Yinna, el tiempo que paso con ella, creyendo que era su amiga y después todo lo demás.
- Yinna -susurró-. Ella ha intentado… –balbuceaba la joven-.
- ¿Qué ha intentado? -preguntó la mujer acercándose mas a la pelinegra y haciendo que la mirase a los ojos-. Dime, que ha intentado.
La confusión de todos esos recuerdos agolpándose, la hicieron dudar. Ahora era incapaz de explicar que le había pasado ese tiempo. Yinna estaba en su cabeza, pero es cierto que nunca había llegado a hacerle nada. Ella solo repetía, una y otra vez, que debía despertar.
En cuanto aquellas palabras resonaron en su cabeza, Rinoa se llevó las manos a la boca sin poder dar crédito a todo aquello.
- Ahora lo entiendes -dijo Sanha mostrando una especie de sonrisa-. Solo intentaba avisarte, decirte que dejases de soñar y que aquello no era real. Aunque he de admitir que a veces sus métodos daban un poco de miedo, ¿verdad? -sonrió Sanha cogiendo la mano de Rinoa y dándole un par de palmaditas-. Las últimas intervenciones de Yinna, han sido un tanto… -la mujer dudo al elegir la palabra adecuada-, duras, te pedimos perdón por ello, pero empezábamos a estar desesperado, ya que no despertabas.
La joven bruja desvió la vista hasta aquellas manos, que para su sorpresa eran muy calidad y suaves, eran agradables.
- Si esto que dices es verdad, ¿qué pasó realmente? –preguntó nerviosa-.
La mujer de pelo largo suspiró algo abatido.
- En realidad nunca derrotasteis a Artemisa, la compresión del tiempo se llevó a cabo. Pasado, presente y futuro juntos. Todos os separasteis. Tal vez ellos sigan vivos, pero desde luego no en esta realidad. Era tal tu pena cuando te encontramos que caíste en una profunda depresión quedando en coma. Con los avances que hay pudimos introducirnos en tu memoria, intentando qué dejases aquel sueño.
Unas lágrimas solitarias recorrieron el rostro de la pelinegra y su boca levemente abierta, incapaz de articular una sola palabra ante lo que acababa de escuchar. Sintió que todo a su alrededor se derrumbaba de nuevo, jamás había estado con Squall, aquella fiesta tras la derrota, en donde la besó por primera vez jamás había existido, todo era producto de sus fantasías. Había creado su mundo ideal, donde Squall la quería y todos permanecían juntos.
Todo encajaba, Yinna intentaba avisarla, despertarla, pero todo había sido tan real. Ahora entendía por qué era incapaz de recordar más allá. Ojalá nunca hubiera despertado.
Notitas…
Como siempre, gracias a todos por leer. Hasta la próxima.
Nancyriny: Lo sé, lo sé, sé que lees cada capítulo. Normal que no dejes review en cada uno de ellos, jeje, no pasa nada. Bueno espero que no te explote la cabeza con este último capítulo, jejeje. Pobre Rin! Espero que te haya gustado y gracias por seguir ahí!
