Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia


CAPÍTULO 26

Rinoa se encontraba en su habitación, sentada frente a la pequeña mesa de estudio y jugueteando con un bolígrafo entre sus dedos. Tras el encontronazo con Yinna, se había refugiado en su cuarto y al llegar había encontrado, bajo la puerta, el plan para el día de mañana. Aquello la había tenido entretenida durante un rato y había conseguido olvidarse de esa mujer que la ponía los pelos de punta.

A pesar de que intentaba centrarse en releer una y otra vez aquel plan, Squall no desaparecía de su cabeza. A eso de las tres de la tarde la había dejado de llamar al móvil y no había recibido ningún mensaje más. Suspiró resignada, su comportamiento no estaba bien, a pesar de las duras palabras de Squall, no podía desaparecer el día entero, seguro que estaba muy preocupado.

Miró la hora en su teléfono y se levantó de su asiento. Sabía que Squall había tenido entrenamiento esa misma tarde para los Seeds del rango más alto, pero seguramente estaría ya en su habitación. Necesitaba disculparse con él.

Se cambió de ropa y cogiendo sus cosas, salió dirección al cuarto del muchacho. Caminó por los pasillos y se cruzó con varios compañeros y compañeras que parecían estar disfrutando de esa última noche antes de la celebración de mañana.

Cuando llegó frente a la puerta de Squall, titubeó antes de llamar. Se sentía algo estúpida por el comportamiento que había tenido, pero necesitaba estar con él y disculparse. A pesar de que Edea y Laguna habían dejado claro, en aquel informe sobre la misión de mañana, que no corrían ningún peligro, ella no estaba tan segura de eso. Como bien le había dicho Yinna esa misma tarde, podía sentir un resquicio de ella en su mente diciéndole que nada saldría como ellos esperaban.

Justo cuando se disponía a llamar a la puerta, ésta se abrió de golpe y tras ella apareció la figura del comandante. Éste se quedó quieto durante unos segundos, con sus cejas enfrentadas y sorprendido de ver a Rinoa allí.

- Hola… -saludó la joven con timidez-.

Squall observó como ella apartaba la mirada hacia un lado, parecía avergonzada y preocupada y no paraba de tocar los anillos de su cuello de manera nerviosa. El chico relajó el gesto y cogiéndola de la mano, la hizo pasar dentro. Cuando cerró la puerta tras ellos, se sentó en la cama y apoyó sus brazos sobre las rodillas.

- Iba a salir a buscarte ¿sabes? -comentó él desde su posición-.

Rinoa levantó la mirada y observó como el rostro de Squall parecía relajado, no parecía enfadado sino todo lo contrario, parecía aliviado.

- Lo siento… -dijo ella sin tapujos-.

El comandante la vio allí de pie, en medio de la habitación, disculpándose a pesar de su orgullo y levantándose de la cama, fua hacia ella y la abrazó refugiándola en su pecho.

Rinoa no opuso resistencia alguna, necesitaba aquel abrazo más que nunca. Rodeó la espalda del chico con sus brazos y apoyando la frente en el hueco entre el cuello y el hombro, cerró los ojos y se dejó reconfortar.

- No debí decir aquello -dijo Squall besándola en la cabeza-.

- No importa -contestó-.

El muchacho apoyó la barbilla sobre la cabeza de la chica y enredó sus dedos en la melena azabache, mientras que la otra mano se paseaba por la espalda de ella. No sabía hasta qué punto odiaba pelearse con ella y estar alejados. Había días en los que aun le costaba asimilar todos aquellos sentimientos que despertaba Rinoa en él. Jamás pensó que alguien podía importarle tanto como para dejarlo todo.

- Me importas demasiado Rin, te quiero tanto que la sola idea de perderte me enloquece -confesó contra su pelo-.

- Lo sé, porque yo siento exactamente lo mismo, pero confío en ti y sé que no te pondrías en peligro sin necesidad -contestó ella elevando la vista para mirarlo-.

Squall la besó en la frente y después echando la cabeza hacia atrás, suspiró.

- Nunca he tenido a nadie que me importe tantísimo y por la que me preocupase realmente. Aun no sé muy bien como hacerlo -dejó escapar el aire por la nariz a modo de risa-. Parece que soy un pirado sobreprotector-.

Rinoa rio ante el comentario y poniéndose de puntillas besó aquellos labios que tanto había echado de menos durante el día. Después acarició su cuadrada mandíbula y se sentó en la cama, quería contarle lo de esa tarde con Yinna.

- Esta tarde… -comenzó a hablar desde la cama-, me he encontrado con Yinna.

Squall enfrentó al instante sus cejas y su gesto cambió a uno de preocupación.

- ¡No ha pasado nada! Seifer…

- ¿Seifer? -interrumpió con aquel tono de voz que imponía demasiado-.

Rinoa suspiró y tras una pausa, levantó la mano hacia el muchacho invitándole a sentarse a su lado. Éste vaciló durante un momento, pero después tomó asiento en silencio.

- No ha pasado nada ¿vale? Ella solo ha dicho tonterías, Seifer se ha dado cuenta de que me estaba incomodando y le ha pedido quedarse a solas conmigo. Yinna a accedido y me ha sacado de allí -resumió sin querer entrar en demasiados detalles-.

Squall seguía con aquella mirada que traspasaba el alma.

- Me estás diciendo que Seifer te ha ayudado -comentó algo incrédulo-.

Rinoa asintió.

- Ya… -suspiró echándose hacia atrás y recostándose sobre las palmas de sus manos-. ¿Confías en él?

- Creo que sí, aunque me cueste aceptarlo -rio sarcástica-. Me hizo mucho daño en el pasado, bueno y durante estas semanas -aclaró recordando el comportamiento de Seifer días atrás-. Él parece distinto.

- Espero que tengas razón porque si nos falla, te juro que lo ahogaré con mis propias manos -dijo con los dientes apretados mirando al frente-.

- Vamos Squall, no va a pasar nada. He estado repasando el plan de mañana y parece sencillo ¿no? -dijo queriendo desviar el tema de la conversación-.

Squall rodó la mirada hasta la pelinegra y se encogió de hombros.

- Demasiado fácil, ¿no crees? -sonrió de medio lado-.

El plan parecía sencillo, sin demasiadas complicaciones y bastante chapucero, pero no había más tiempo. Edea y Laguna habían preparado aquello en tan solo unas horas. Seifer era la pieza principal, si él decidía traicionarlos, todo se iría al traste.

El joven rubio debía mantenerse con los tres hermanos durante la celebración. Cuando viera que los demás estaban en sus posiciones, sería Rinoa la que, a vista de esos tres, saldría del gran salón. Seifer debía alentar a Yinna a que fuera tras ella, que seguramente no encontraría mejor momento para atacar a la bruja ya que los pasillos estarían, más bien, vacíos.

Los demás no la perderían de vista. Zell y Selphie estarían fuera, en una de las zonas de lavabos, donde el pasillo no tenía salida. Rinoa debía ir hasta allí. Cuando Yinna y sus hermanos, seguidos de Seifer, fueran tras ella, los demás debían llegar hasta esa zona sin levantar sospechas.

La idea era pillarlos desprevenidos, lo más lejos posible del gran salón, para intentar que nadie saliese herido.

- ¿Cómo nos vamos a enfrentar a ellos? -preguntó Rinoa elevando la vista hasta el techo blanco-.

- No lo sé, sabemos que Yinna hace algo… -dudó un momento-, con la mente, no sé, no tengo ni idea a que nos enfrentaremos -resopló pasando sus manos por el pelo en un gesto de agobio-.

- Deberíamos descansar para mañana -sugirió Rinoa-.

Squall asintió. Ella tenía razón, mañana debían estar con los cinco sentidos al máximo sino querían que nada saliera mal.


Edea descansaba sobre la silla que su marido ocupaba todos los días en aquel despacho. Su mirada se encontraba fija en el director, que ahora dormía plácidamente en un sofá cercano que había bajo uno de los ventanales del despacho. Hacía un rato que se había echado por encontrarse exhausto. Edea le había casi obligado a ello, estaba harta de verlo así y a la vez, furiosa por saber la causa del estado de su marido y no poder hacer nada al respecto. Al final no había conseguido encontrar ninguno de esos sellos que estaba consumiendo poco a poco a Kramer y también al resto de cadetes y personal del jardín.

Laguna y ella habían estado casi todo el día preparando aquel plan y el director no se había inmutado un solo instante, ni preguntado, ni molestado en saber lo que estaban haciendo. La verdad que el estado del mandamás del jardín de Balamb estaba llegando a un estado lamentable y Edea sabía que el tiempo se acababa.

Laguna por su parte, había decidido comunicarse con Esthar para saber si habían averiguado algo nuevo e informarse de cómo se estaban preparando para el día de mañana. Cuando todo acabase, Esthar debería mandar a Balamb, personal adecuado para llevarse a esos seres o lo que fueran, e intentar devolverlos a su tiempo, si es que eso era posible.

La mujer no supo decir cuánto tiempo había pasado observando el rostro de su marido que ahora, perecía relajado, pero unos golpes llamando a la puerta la trajeron de vuelta al mundo real. Edea, al oír los golpes, instintivamente miró al reloj que había colgado justo en la pared de enfrente, eran exactamente la una de la madrugada. Rápidamente se levantó del sillón y presurosa abrió la puerta.

- ¿Sigue dormido? –preguntó el hombre con voz suave mientras pasaba dentro del despacho-.

La bruja asintió y cerró la puerta con cuidado. Observó que Laguna parecía inquieto y su mirada delataba preocupación. Edea iba tras él, mientras éste caminaba nervioso por el despacho.

- ¡Quieres calmarte! –exclamó en un susurró parando en seco al hombre-.

- Algo no va bien, Edea –dijo al fin con la mirada algo desencajada-. Hace un momento, en Esthar, han detectado una fuerza de energía muy extraña, pero muy poderosa –explicó en voz baja mientras observaba al director en el sofá-.

- ¿A qué te refieres? –preguntó confusa buscando la mirada del hombre que parecía esquiva-.

- Los datos coinciden con la energía desprendida la vez que esos seres llegaron aquí, pero hay ciertos parámetros nuevos que no han sabido identificar –siguió explicando mientras sacaba unos papeles del bolsillo y los extendía en la mesa del despacho bajo la atenta mirada de Edea-. Además –siguió tras un momento de pausa-, sabemos exactamente de donde proceden ellos-.

Edea lo miró aún más extrañada, ahora sí que no entendía nada, ¿estaba hablando de la procedencia de las criaturas?, se suponía que venían de un futuro muy lejano. Pero justo en el momento que Laguna se disponía a hablar, una ola de frío intenso inundó el lugar. La pareja cruzó miradas y ambos se dirigieron rápidamente a despertar al director, algo estaba a punto de comenzar.

No tuvieron tiempo de acercarse hasta Kramer ya que un sonido ensordecedor, procedente de la planta baja, los hizo caer de rodillas. Instintivamente taparon sus oídos, aquel sonido les estaba penetrando hasta lo más profundo. Intentaron ponerse en pie y despertar a Cid, algo estaba ocurriendo abajo y debían acudir allí lo antes posible.


Serían alrededor de la doce de la madrugada cuando Seifer se despertó algo aturdido, le había parecido escuchar un extraño ruido, como una especie de silbido, pero más agudo y penetrante.

El joven se incorporó con cuidado y frotando sus ojos afinó el oído, nada, el ruido había cesado. Sin darle más importancia se rascó la cabeza y decidió ir al baño.

Al moverse notó como un delgado brazo lo rodeaba a la altura de la cintura, bajó la mirada y una sonrisa tonta se dibujó en su rostro. Allí estaba ella, dormida profundamente y con un gesto calmado. Por un momento había olvidado que estaba allí, no estaba acostumbrado a despertarse con alguien a su lado. Acarició su pelo y la besó con delicadeza en la frente, tras buscar su ropa interior, se levantó y fue al baño.

Cuando volvía hacia la cama, algo en la ventana llamó su atención. Inquieto se acercó hasta ella, pero no pudo ver nada, tan solo las ramas más altas de los árboles agitándose con furia, azotadas por el viento que se había levantado aquella noche. Justo en el momento que se giraba sobre sus pies, el inquietante sonido que lo había despertado resonó de nuevo en sus oídos.

Fue la dulce voz de la instructora la que consiguió que se olvidase de aquella extraña sensación que lo había acompañado desde que había despertado.

- Seifer… -llamó la joven con un hilo de voz-.

El muchacho se acercó y se metió de nuevo en la cama sintiendo como Quistis se acomodaba sobre su pecho

- Tengo frío… -susurró ella intentando coger el calor que desprendía Seifer-.

El chico sonrió de medio lado y rodeándola con sus brazos, frotó la espalda de ella con cariño. Un gemido de placer salió de la garganta de Quistis.

- No sabía que eras… así –dijo él rompiendo el silencio-.

- Así ¿cómo? –preguntó ella sorprendida buscando la mirada de Seifer-.

- No sé… ¿cariñosa? –dudó el joven al elegir el adjetivo-.

La muchacha, molesta, lo miró con el ceño fruncido y le propinó un leve golpe en el pecho.

- ¡Que, es cierto! -se quejó él-. Por los pasillos pareces tan altiva y siempre tan perfecta -comentaba con cierta diversión en sus palabras-.

Seifer observó a la mujer que retenía entre sus brazos y para su sorpresa, no dijo nada. Ella simplemente bajó la cabeza y volvió a recostarse en su pecho. Muy a su pesar, Quistis sabía que todo lo que había dicho Seifer era cierto. Ni si quiera recuerda cuando empezó a fingir ser alguien que no era, hacía tiempo que había perdido su esencia. Aunque desde que pasó lo de Artemisa y Rinoa apareció en sus vidas, tan alegre, vital y auténtica, se sentía más libre, aun no sabía explicarlo, pero poco a poco se estaba desprendiendo de esa necesidad de ser alguien que no era. Rinoa le había animado a ello, sin ser consciente, simplemente con esa forma de ser que ella tenía. Y Seifer, desde que había regresado al jardín también había conseguido hacerla ver que había algo más allá de su puesto de trabajo y de su rango de Seed.

- Tienes razón.

Quistis sintió como Seifer soltaba un sonido de asombro que la hizo sonreír contra su cuello.

- Sonará extraño, pero desde que conocí a Rinoa siento que puedo ser yo misma, otra vez. No sé explicarlo -sonrió mientras hablaba-.

- Te entiendo, ella tiene esa extraña capacidad, es como un soplo de aire fresco. Menos mal que ha espabilado a Leonhart. ¡Joder! empezaba a pensar que ese tipo era de otro planeta -bromeó con la forma de ser de Squall-.

Quistis soltó una carcajada.

- ¡Es verdad! El otro día me parecía que sonreía -siguió hablando-.

- Tienes razón, yo también le he visto sonreír -comentó Quistis sin dejar de reír-.

La muchacha soltó un suspiro de placer y comenzó a acariciar el torso de aquel hombre con la yema de sus dedos.

- Tu también me has sorprendido esta noche ¿sabes? -habló de nuevo ella-.

Sintió a Seifer removerse y cuando lo miró una media sonrisa había aparecido en su rostro.

- Ya… creías que era un capullo en la cama ¿no? -dijo sin rodeos volviéndose a recostar y pasando un brazo por detrás de su cabeza-.

Quistis sonrió y asintió con cierta timidez. Se oían rumores de chicas que habían estado con él o eso iban contando, ahora la verdad, que lo dudaba. De ella también circulaban mil rumores y ninguno era cierto, por no hablar de lo que se decía de Squall Leonhart.

- Bueno, la gente habla demasiado -dijo ella-.

- Crees que he estado con un montón de tías ¿a que sí? -intentó picarla divertido-.

Quistis carraspeó y se incorporó para buscar aquellos ojos verdes que ahora parecían divertirse con la situación.

- Bueno… -dudó ella-.

- Pues no, Quistis, no te creas todo lo que se oye por ahí -aclaró adquiriendo un tono serio-. Además, tu… -el joven hizo una pausa y comenzó a acariciar el pelo de la instructora enredando sus dedos en los suaves y largos mechones rubios-, …eres distinta, no eres una más -confesó con voz ronca-. Me importas de verdad -confesó buscando su mirada-.

La joven instructora lo miró al escuchar aquello, sabía que entre ellos había una conexión especial, pero oírselo decir de nuevo, la hacía sentir segura de lo que estuviera por pasar con Seifer. La mujer se incorporó sobre sus brazos y recostándose sobre el pecho de Seifer, lo besó.

El hombre sintió un escalofrío al sentir de nuevo la desnudez de ella sobre su torso. Acarició sus brazos y llevó sus manos hasta las mandíbulas de ella para profundizar aquel beso, mientras que acariciaba sus mejillas con los pulgares.

Notó las uñas de la joven clavarse en sus pectorales cuando sus lenguas volvieron a enredarse en aquel beso, que de nuevo estaba desatando la locura entre la pareja.

- ¿Has visto el plan para mañana? -dijo de repente Quistis rompiendo el beso de manera abrupta-.

Seifer echó la cabeza hacia atrás y suspirando, sonrió. Ahí estaba de nuevo la responsable instructora de Balamb.

- ¡Que! -dijo ella frunciendo el ceño ante la risita de su acompañante-.

- Si, tranquila, lo he visto -contestó besándola en la frente-.

Sintió como la joven rubia se relajaba entre sus brazos.

- Vale… -susurró ella recostando la cabeza de nuevo sobre su pecho-.

- Va a salir bien ¿me oyes? -intentó calmarla mientras apartaba algún mechón de pelo de su cara-.

- No puedes fallarnos -volvió a decir adquiriendo un tono de preocupación-.

Seifer se incorporó y cogiéndola de los hombros, la obligó a mirarlo.

- Quistis, estoy en esto con vosotros, no voy a fallar. Solo tengo que fingir que esos pirados me caen bien, nada más y animarlos a ir tras Rinoa -intentó animarla-.

Sabía como el resto, que no sería tan fácil, pero necesitaba que Quistis confiase en él. Esta vez no les defraudaría.

Ambos jóvenes volvieron a tumbarse en la cama, dispuestos a descansar para el gran día, pero de repente algo extraño ocurrió. Fue Quistis la que se removió inquieta, había notado como una ola de aire frío invadía la habitación erizando hasta el límite su piel. La joven instintivamente se abrazó con más fuerza al cuerpo en el que descansaba.

- ¿No hace mucho frío aquí dentro? –preguntó preocupada-.

Seifer, quien también lo había notado, se irguió sobre sus antebrazos e hizo un recorrido visual por la habitación.

- Esto es muy raro –dijo mientras se deshacía del agarre de la chica-. Espera aquí –aconsejó saliendo de la cama-.

Cuando sus pies tocaron la madera del suelo se dio cuenta que la temperatura había bajado unos diez grados de golpe en aquella habitación. Volvió a acercarse a la ventana, los cristales se habían empañado y una bruma espesa invadía ahora el exterior. Aquel extraño sonido, que había escuchado hacía un rato, volvió a resonar en sus oídos y una extraña sensación se apoderó de él. En ese mismo instante una presión en el pecho le hizo llevarse la mano hasta éste.

- Quistis… será mejor que te vistas –susurró sin apartar la vista de la ventana-.

- Pero ¿qué es lo que pasa? –preguntó preocupada mientras empezaba a salir de entre las sábanas-.

- Vamos, ¡vamos! –exclamó el muchacho, cogiendo la ropa de ella y dándosela mientras él buscaba la suya-.

- Me estás asustando –decía apurada acabando de colocarse las ultimas prendas-.

- Tenemos que avisar al resto, algo no marcha bien –explicaba acabándose de poner su chaleco y cogiendo el arma que reposaba contra la pared-.

Cuando ambos jóvenes estuvieron vestidos, Seifer entrelazó su mano con la de Quistis y la apretó.

- Escúchame -comenzó a hablar de manera muy seria-. No quiero que te separes de mi ¿vale? -añadió de manera urgente y con la mirada fija en la de ella-.

Observó como la mujer asentía con confianza y antes de que pudiera decir nada, la besó de nuevo. Justo en el momento en el que iban a salir por la puerta, la ventana de la habitación se abrió de golpe dejando entrar una fuerte ola de viento helado que golpeó contra los jóvenes. Instintivamente Seifer empotró a Quistis contra la pared protegiéndola con su propio cuerpo. Aquella ola de aire tan violenta impactó directamente en la espalda del chico notando como el frío quemaba su piel. Un gemido de dolor salió de la boca de Seifer, en ese momento Quistis abrió los ojos preocupada y se encontró con la mirada de él.

- Hay que salir de aquí –dijo algo aturdido-.

Quistis pasó uno de sus brazos por la cintura del joven y arrastró el pesado cuerpo con dificultad hasta el pasillo, luchando como pudo contra esa fuerza. Cuando se encontraban fuera de allí, la puerta de la habitación se cerró con violencia dándoles una tregua.

Seifer se recostó contra la pared bajo la mirada preocupada de la joven instructora.

- Dime que estás bien y no me vas a hacer cargar contigo –bromeaba intentado quitar hierro al asunto-.

- Si, no te preocupes –respondió acariciando el rostro de la joven tranquilizándola-. Pero tenemos que avisar a los demás, creo vuestra gran batalla acaba de empezar.

- ¡¿Qué?! –exclamó la joven sorprendida mientras era arrastrada por Seifer-.


Recorrieron los pasillos con paso acelerado. Quistis corría tras el muchacho sin soltar su mano, en ocasiones le resultaba difícil seguir el paso del chico que avanzaba a grandes zancadas.

Pronto llegaron a la habitación de Squall que era la más cercana a la de Seifer y sin dudar un ápice aporreó la puerta nervioso. El joven comandante no tardó en abrir y sin decir una palabra la pareja se coló hasta dentro.

- ¡Vaya me alegro de que una vez más, os saltéis las normas del jardín y estéis juntos! –dijo irónico señalando a Rinoa que estaba mirando inquieta por la ventana-.

- ¿Qué está pasando?, ahí fuera… todo se está congelando…

- ¡¿Cómo?! Como qué… -exclamó Quistis mientras se acercaba a la ventana y comprobaba horrorizada que todo fuero se estaba convirtiendo en hielo, incluso las ventanas estaban totalmente escarchadas-.

- No hay tiempo, tenemos que buscar a los demás –dijo Seifer separando a Rinoa y Quistis de la ventana a la vez que cogía el arma de Squall y se la ponía en la mano-.

Squall y Rinoa estaban confundidos, sin saber cómo reaccionar. Hacía un rato que un extraño sonido les había despertado y al acercarse a la ventana habían comprobado lo que estaba ocurriendo en el exterior. Había sido entonces cuando Seifer y Quistis aparecieron.

- Squall, algo nos ha atacado, un aire helado… creo que la lucha ha comenzado -explicó Quistis a su comandante quien parecía no dar crédito a nada de aquello-. Squall ¿me estás escuchando?

De repente el joven reaccionó y saliendo del letargo mental, cogió a Rinoa por el brazo y la pegó a su propio cuerpo.

- Está bien -empezó a hablar mientras pasaba sus manos por el cabello-. No quiero que nadie pierda de vista a Rinoa, ¿vale? -explicó mirando directamente a cada uno de los que allí se encontraban-. Ahora iremos a buscar a los demás, cuando estemos todos, intentaremos reunirnos con Edea y Laguna -acabó de explicar con seguridad en sus palabras-.

- ¡Vaya! ya era hora de que reaccionases Co-man-dan-te –dijo Seifer con sorna-.

Squall rodó los ojos hasta él y lo crucificó con la mirada. Tras un gesto de afirmación, todos se pusieron en marcha.


Los cuatro jóvenes caminaban presurosos por los amplios pasillos. Squall iba delante, con Rinoa a su lado, mientras que Seifer y Quistis los seguían sin decir nada.

- Seifer, ¿qué crees que es esa cosa que os a atacado? -se atrevió a preguntar Rinoa desviando la vista hasta el chico-.

- No lo sé, pero creo que nos quieren fuera de las habitaciones, pero dentro del jardín, si todo ahí fuera se está congelando es porque no quieren dejarnos salir de aquí.

Justo cuando giraban en una de las esquinas del pasillo que llevaba a las habitaciones femeninas, se dieron de bruces con los demás. Irvine y Selphie habían notado algo extraño también y habían decidido ir en busca de Squall, no sin antes avisar a Zell, sería mejor que todos estuviesen juntos.

Tras cruzar miradas de desconcierto intentaron entender que demonios estaba ocurriendo, ¿cómo era posible que todo en el exterior estuviera helado? ¿En serio Yinna estaba haciendo tal cosa? Con la confusión rondando la cabeza de todos esos Seed, Squall cayó en la cuenta de que Eleone no estaba con ellos, sabía que esa noche se alojaba en la habitación enfrente de la de Selphie.

- ¿Dónde está Eleone? –preguntó el comandante de manera algo ruda dirigiéndose a Selphie-.

La muchacha de pelo despuntado se giró con rapidez y no supo que decir.

- Bueno, yo estaba con Irvine y…

- ¡Genial!, habéis elegido el mejor momento para que todos os paséis las normas del jardín por los co…

- ¡Seifer! -interrumpió la joven dándole un golpe en el brazo sin dejarle acabar la frase-.

- ¡Qué!, es la verdad ¿no? -contestó fingiendo que aquel golpe le había dolido-.

- Iré a buscarla -intervino Squall de pronto haciendo callar a la pareja-. Tened cuidado con Rinoa -dijo cuando pasaba por el lado del vaquero-.

Este asintió dándole una palmada en la espalda.

- ¡Espera! -gritó esta vez Seifer haciendo que Squall se parase en seco-. Iré yo, tú no te separes de ella -dijo señalando a la joven bruja-. No quiero verte llorar si algo la pasase -le dijo con media sonrisa mientras caminaba hacia él-. Nos vemos en el hall.

Squall asintió y tras una mirada cómplice, que jamás había surgido entre ellos hasta esa noche, volvió con el grupo. Seifer se giró por última vez y le guiñó un ojo a la instructora. Ésta sonrió y con un suspiro preocupado, lo dejó marchar.

La batalla había comenzado y todo les había pillado por sorpresa, esto no era lo que tenían planeado ni mucho menos y todas y cada una de las caras de los Seeds delataba preocupación y sobre todo… miedo.


Seifer caminaba en dirección al pasillo femenino. Tan solo escuchaba su respiración algo agitada y el resonar de sus botas sobre el mármol. No había nadie mas por los pasillos, ni se oía absolutamente nada, era como si tan solo ellos habitasen el jardín en ese momento.

Aceleró algo el paso y entonces pensó por qué demonios estaba ayudándoles. Sabía de sobra que el tenía algo de culpa en todo esto, pero jamás creyó estar tan involucrado. Estaba claro que Quistis tenía algo que ver. Quería protegerla por encima de todo y si eso significaba colaborar con su grupo, así lo haría, aunque si lo pensaba fríamente, tampoco estaba tan mal.

Cuando llegó a la habitación de Eleone, no titubeó y llamó repetidas veces a la puerta, pero nadie respondió. Aquello le pareció de lo más extraño, ¿dónde iba a estar ella si no era en su habitación? Se quedó unos segundos pensativo, intentando saber dónde podía estar y cuando se disponía a marcharse, un leve susurro llamó su atención, parece que provenía del interior de la habitación. Pegó entonces la oreja a la puerta para intentar escuchar algo. Tras un instante de concentración pudo distinguir una respiración acelerada y tras eso, una voz apagada pidiendo ayuda.

Seifer no lo dudó un instante y empezó a dar golpes a la puerta para intentar abrirla. La embistió varias veces con la parte izquierda de su cuerpo sin obtener resultados y tras eso, decidió propinarle una fuerte patada con la que, por fin, consiguió abrirla.

Cuando entró se encontró con una Eleone tirada en el suelo, un sudor frío cubría la frente de la chica y estaba realmente pálida. Seifer, asustado, se arrodilló a su lado y la cogió con cuidado.

- Eleone, ¡Eleone!, vamos… -llamaba el joven zarandeándola con delicadeza-.

- Seifer… -la voz de ella sonaba realmente débil-.

- ¿Qué ha pasado?, ¿quién te ha hecho esto? -preguntó con impaciente -.

La chica consiguió incorporarse con gran dificultad. La cabeza le dolía horrores y todo le daba vueltas. Una arcada le vino hasta la garganta y fue entonces cuando Seifer la apoyó contra la pared y decidió traerle un vaso de agua. Tras unos minutos la joven pareció reaccionar.

- Han sido ellos, creo que nos han tendido una trampa, desde el principio sabían que les atacaríamos en el baile y… -una punzada de dolor en la cabeza la hizo callar de repente, llevándose las manos a la cabeza-.

- Vale, vale… tranquila, debemos salir de aquí, los demás están esperando en el vestíbulo -explicó mientras la levantaba del suelo-.

El chico rubio rodeó la cintura de la mujer y pasando uno de los brazos de ella por su cuello, aguantó su peso y emprendieron los pasos hacia el hall.

- Han intentado deshacerse de mí, ella tiene un poder parecido al mío, pero puede crear ilusiones o espejismos, no lo sé muy bien -empezó a explicar Eleone mientras caminaba lentamente-.

- ¿Cómo? –preguntó Seifer sorprendido-.

- Se introduce en tu mente y te hace creer que lo que estás viendo es la realidad.

La muchacha se paró unos instantes y cogió aire.

- Puede hacernos ver cosas que no existen -explicó acomodándose más en Seifer mientras reanudaba sus pasos-.

- Ya... así que el T-Rex de Selphie, Rinoa y…

- Si, el hielo de ahí fuera posiblemente sea una ilusión, nadie lo ve excepto las personas que ella quiere que lo vean -aclaró Eleone casi segura de lo que estaba diciendo-.

Cuando empezaron a investigar a Yinna, tras lo que hizo con Rinoa, no sabían muy bien de que se trataba. Sabían que era un poder parecido al suyo, podía introducirse en la mente de los demás, pero a diferencia de ella, que mostraba hechos reales, Yinna tan solo se aprovechaba de la debilidad de las personas y hacía ver escenas irreales con las que conseguía debilitar la mente de la persona y apoderarse de ella para controlarla. Era realmente retorcido.

- ¿Quieres decir que el hielo solo lo vemos nosotros? -intentó entender Seifer-.

- Exacto. Ahora nadie se está enterado de nada.

- Pero si solo son espejismos…

- No son exactamente espejismos, son más bien realidades alternativas, es capaz de crearlas, no sé cómo, pero te aseguro que si algo de esa realidad nos ataca notaremos el dolor y por supuesto, podemos morir en cualquier momento.

Seifer suspiró sonoramente y acomodando mejor a Eleone contra su cuerpo, aceleró el paso.

- Me da igual lo que nos hagan ver o creer, o lo que quiera que hagan, si los matamos se acabará todo ¿no? -dijo con genio-.

- Supongo -contestó Eleone dibujando media sonrisa ante la simplicidad de Seifer-.


Los pasos de la pareja resonaban en el silencio que reinaba en el jardín, pero justo cuando se acercaban al hall, unos sonidos un tanto extraños los hicieron cruzar miradas de confusión.

Cuando aparecieron en el vestíbulo a ambos jóvenes se les cambió la cara al ver el espectáculo que se estaba produciendo frente a sus ojos. Allí se encontraban los tres hermanos, justo al lado de ellos una enorme grieta, que desprendía una luz casi cegadora, se había abierto en el espacio.

Los demás estaban justo en frente de ellos, paralizados y con la mirada fija en aquella luz. Seifer llamó la atención de ellos y como si despertasen de un largo sueño, reaccionaron. Irvine fue el primero en acercarse para ayudar a la joven de melena y Squall fue detrás. Cuando los demás se giraron para ver a Eleone un ruido ensordecedor penetró en los oídos de todos ellos, era el sonido que habían estado escuchando anteriormente, pero esta vez era mucho más fuerte, tan fuerte que les hizo caer al suelo de rodillas, llevándose instintivamente las manos a los oídos. Irvine consiguió sentar a Eleone en una pared cercana y Squall le cedió su chaqueta, ya que la muchacha no dejaba de temblar de frío. Cuando el ruido cesó, todos intentaron incorporarse como pudieron, mientras sus ojos se clavaban inevitablemente en aquellos tres hermanos.

- Bien ahora que estamos todos, empezaremos -habló por primera vez Yinna, captando la mirada asustada de los Seeds-.

- ¡Que es lo que queréis! -exclamó Squall adelantándose un poco y protegiendo a Rinoa tras de si-.

Yinna no dijo nada y clavando sus ojos, ahora enrojecidos, en aquel descarado comandante, rio de forma escandalosa. Después levantó su brazo derecho lentamente y apuntó directamente a la cabeza de Squall.

- ¡La quiero a ella! -bramó con voz gutural-.

Cuando Squall escuchó la voz de esa mujer, su corazón se sobrecogió, la verdad que era aterradora. Con cautela, extendió un brazo hacia atrás y entrelazó su mano con la de Rinoa sintiendo como está la apretaba contra la suya. Pero de pronto y sin ser consciente de ello, una fuerza sobrehumana consiguió arrastrar a Rinoa de su lado y llevarla hasta Yinna, quien sin miramientos la agarró del cuello. Squall y los demás no tuvieron tiempo de reaccionar y cuando el joven comandante, llevado por la rabia se atrevió a arremeter contra ellos, ese sonido insoportable que penetraba en sus oídos volvió a hacer estragos en ellos, deteniéndolos al instante.

- Si alguno de vosotros se atreve a venir hasta mí, no dudaré ni un instante en partirle el cuello, como si de una nuez se tratase -explicó con parsimonia viendo como esos Seeds intentaban incorporarse-.

- No la matarás… la necesitas viva… -interrumpió el artista marcial con gesto dolorido-.

- Te equivocas estúpido Seed, solo necesito su sangre. Pero si consigo mantenerla viva, todo será más divertido allí a donde vamos –dijo con los ojos inyectados en sangre-.

Justo en ese momento aparecieron por las escaleras del vestíbulo Laguna y Edea. Fue ésta la que, sin dudar un solo instante, lanzó un poderoso hechizo de fuego desde donde se encontraba. Pero éste no sirvió de nada, con un solo movimiento de muñeca por parte de uno de los hermanos, la bola de fuego se desvió de su trayectoria e impactó contra una de las paredes cercanas a los Seeds. Trozos de pared se desprendieron sin tregua, cayendo directamente encima de ellos, Seifer empujó a Selphie contra Irvine evitando que una de las piedras la hiriese y acto seguido cubrió, una vez más, el cuerpo de Quistis con el suyo. Cuando la pequeña avalancha de escombros cesó, Laguna y Edea habían llegado hasta allí e intentaban ayudarlos a ponerse de nuevo en pie.

- ¿Qué habéis hecho con el resto de los alumnos del jardín? -preguntó sin rodeos el hombre a la criatura que mantenía a Rinoa presa-.

Squall miró asustado a Laguna, era cierto, desde que todo aquello había empezado ninguna otra persona del jardín había aparecido por allí, era como si todos hubiesen desaparecido.

- No te preocupes por ellos, digamos que descansan en un largo y placentero sueño.

Laguna la miró desafiante.

- ¡Oh vamos!, ¿no os dais cuenta de que ellos no me importan?, solo nos hemos aprovechado de su energía vital por medio de los sellos, los necesitábamos para mantenernos en este mundo -explicó quitándole importancia al asunto-.

Yinna siguió hablando, viendo las miradas de confusión de esos humanos inmundos.

- No me apetece empezar una batalla a muerte con cientos de Seeds, así que hemos optado por quitarlos del medio –dijo de forma divertida-. En cambio, con vosotros hemos decido pasar un buen rato, no pensábamos que fuerais tan sumamente ilusos, la verdad que ha sido divertido asustaros de esa manera –reía la criatura-. Hace tiempo que nos podíamos haber llevado a ésta -dijo zarandeando a Rinoa con violencia-.

En ese momento Squall hizo amago de levantarse e ir hacia ella sin importarle el riesgo que corría, pero Laguna lo detuvo sosteniéndolo por el pecho y con una mirada de súplica, consiguió retenerlo. La criatura continuó con su discurso sin reducir la fuerza en el cuello de Rinoa, quien con lágrimas de rabia resbalando por su rostro, no apartaba la mirada de Squall.

- Todo podía haber terminado cuando obtuvimos los corazones de las cinco chicas de los demás jardines, pero nos resultó muy divertido veros preparar planes y más planes e intentar entender lo que estaba pasando.

El aspecto de Yinna, tornó entonces a ese que describía Rinoa cuando la veía en su mente.

- ¡Ella es la elegida! -gritó levantando unos palmos del suelo a la joven que tenía entre sus manos-.

- ¡Basta! Por favor… -suplicó Squall acercándose unos pasos hasta Yinna-. Basta… -continúo dejándose caer al suelo-.

Los demás intentaron detenerlo, pero cuando quisieron acercarse, los hermanos de Yinna se pusieron en guardia así que decidieron retroceder. Rinoa miraba a Squall con ojos suplicantes, intentándole decir que lo dejase, que no se arriesgase más.

La criatura miraba a Squall de manera incierta, no entendía aquel sentimiento tan fuerte, ese chico estaba arriesgando su propia vida por un simple e insignificante humana.

- Déjala, por favor… llévame a mi… –insistió con la voz entrecortada levantándose del suelo-.

- Me encanta verte suplicar de esta manera, comandante -rio el ser bajando de nuevo a Rinoa al suelo-. Seguís sin entender nada de nada. Ella es la única que posee la sangre de las brujas más poderosas de este tiempo y es esa sangre la que necesitamos para salvar nuestro tiempo. ¡Vosotros, estúpidos humanos, destruisteis nuestro tiempo con la detención de la compresión del tiempo y ahora pagaréis por vuestro error! -acabó de explicar con una ira tan grande que oprimía el pecho de los allí presentes-.

En cuanto Rinoa notó de nuevo el suelo bajo sus pies y que la fuerza de su cuello desaparecía, cayó de rodillas como una muñeca de trapo mientras tosía sin parar. En varias ocasiones pudo oír como Squall la llamaba una y otra vez desesperado y al levantar la mirada solo pudo ver como intentaba zafarse del agarre de los demás intentando correr hacia ella.

La joven bruja no podía permitir que eso pasara, sabía que, si alguno de ellos se acercaba lo más mínimo, Yinna acabaría con su vida con tan solo un chasquido de sus dedos.

Rinoa se levantó con dificultad del suelo y sacando fuerzas de lo más profundo, encaró a Yinna.

- ¿Qué ha pasado fuera? -preguntó con odio en la mirada mientras señalaba sin miedo hacia el exterior congelado-.

- ¡Oh! Eso… simplemente por seguridad. No podía permitir que pidieseis ayuda, nadie puede entrar ni salir de aquí, estáis solos en esto -dijo mirando fijamente a los Seeds que se encontraban a tan solo unos pasos de ella-.

- ¿Y qué pasará?... si yo me voy contigo… -dijo dudando-.

- Les dejaré libres, lo prometo. Cuando nos marchemos de aquí contigo, todo volverá a la normalidad, los sellos desaparecerán y la gente volverá a ser la de siempre. No volveréis a saber de nosotros -dijo con total sinceridad-.

- ¡Eso es mentira! –gritó de pronto Quistis llamando la atención del resto-. Que garantía tenemos ¿eh? –decía enfadada mientras Seifer la retenía del brazo para que no se acercase más a ellos-. Vais a matar a Seifer ¿no es cierto?

En cuanto el muchacho la oyó decir aquello la atrajo hacia él haciéndola callar.

- ¡No! déjame… - dijo con rabia deshaciéndose del agarre del rubio-. Si le matáis a él, nos mataréis a nosotros también -gritó al borde de las lágrimas-.

- ¡Basta! Por favor… -gritó Seifer mientras intentaba calmarla-.

- Seifer no morirá… -mintió la criatura mirando desafiante al chico-. Le necesitamos para mantener la brecha temporal abierta y poder volver a nuestro mundo, él tiene el sello principal, él fue el elegido para esta misión, sabemos que os traicionó y toda esa ira que lleva dentro nos ha sido de gran ayuda todo este tiempo, era el humano perfecto para mantener la brecha abierta entre nuestro mundo y el vuestro, tiene una gran energía vital -acabó de explicar con la mirada fija en Seifer-.

El muchacho rubio miró entonces a Yinna y después a Quistis quien parecía realmente destrozada por todo aquello, jamás la había visto así. Antes de volver la vista hasta Yinna, sus ojos se encontraron con los de Squall quien estaba al borde de la locura, desde luego no se parecía al Leonhart que el conocía, decidido, astuto y valiente. Ahora tan solo era un hombre que veía como le arrebataban a lo que más quería.

- ¿Seifer? -llamó Yinna tendiéndole una mano-.

El muchacho dudó, manteniendo la mirada a aquella criatura, sabía lo que había oído, estaba seguro de que lo matarían, debía pensar algo y rápido.

- ¡Oh, vamos!, ya te has divertido bastante con la instructora ¿no?, ¿era eso lo que querías? ¿verdad?, nos pediste más tiempo, pues ya has tenido suficiente, ahora debes venir con nosotros, allí te trataremos como es debido.

La mirada escéptica de los demás se clavaba en la nuca de Seifer como si de puñales se tratase. El joven los miró con gesto duro y aquella estúpida sonrisa socarrona apareció en su rostro. Ahí estaba el Seifer Almasy de siempre, el que ellos conocían y el que una vez más, les había traicionado.

Laguna intentó abalanzarse sobre él, pero los demás consiguieron detenerle. La última mirada con la que se cruzó fue con la de Quistis, e incapaz de aguantarla, desvió la suya propia hacia un lado.

Justo en ese momento emprendió los pasos hacia donde se encontraban los tres hermanos junto con Rinoa. Miró hacia atrás y pudo ver como Quistis derramaba sus primeras lágrimas negando con la cabeza.

El chico de cabello rubio no se inmutó lo más mínimo y siguió avanzado, miles de cosas revoloteaban por su cabeza, ¿estaba haciendo bien?, estaba claro que quedándose en el jardín estaba yendo contra natura, él era testarudo, arrogante, incapaz de seguir las normas y odiaba acatar órdenes y lo peor de todo es que para muchos, él seguía siendo "el traidor". Estaba claro que jamás encajaría con la vida de allí, por mucho que lo intentase, siempre sería el tipo que traicionó a su gente y a su hogar.

Fue entonces cuando reaccionó, a mitad de camino se paró en seco y sin dudarlo un solo momento se acercó hasta Squall y poniéndose tras él, colocó su arma en el cuello del joven comandante. Éste se quedó rígido sin entender a donde quería llegar el muchacho.

- ¡Se puede saber qué haces!, ¡eres un cab… ! -exclamó con rabia-.

- Estate calladito o sino… -susurró al oído del comandante-. ¡Si alguien se mueve o intenta seguirnos, le rebano el cuello! -dijo dirigiéndose a los demás Seeds mientras emprendía el camino hacia la grieta temporal-.

- ¿En serio Seifer? ¡Sigues siendo un traidor! –gritó con furia Irvine quien intentó acercarse a ellos-. No serás capaz…

- ¡Oh! Ya lo creo que si -rio interrumpiendo al vaquero, mientras apretaba aún más el arma contra el cuello de Squall-. Ha sido un placer colaborar con vosotros, pero seguís siendo igual de estúpidos -acabó diciendo con una sonrisa arrogante-.

Seifer avanzó despacio, sin dar la espalada al grupo de Seeds que tenía enfrente, ninguno de ellos se movió, por miedo a que su comandante saliese herido o algo peor, pero se podía ver la rabia contenida en sus rostros, sobre todo en el de Quistis. La muchacha se sentía utilizada y dolida y se odiaba a ella misma por sentir lo que sentía hacia ese individuo.

Todos veían como, poco a poco, Seifer y Squall se acercaban más a aquella grieta que los llevaría a un tiempo y lugar desconocidos. Rinoa ya había desaparecido con Yinna y sus hermanos y ahora veían con desesperación como su comandante seguía el mismo camino. Irvine, incapaz de quedarse quieto, avanzó unos pasos en dirección a Squall seguido de Zell que tampoco podía quedarse de brazos cruzados, pero la voz de su amigo los hizo pararse en seco.

- ¡No os mováis de ahí! -gritó sintiendo el frío acero del arma de su enemigo rozar su cuello-.

- Pero… -intentó hablar Zell-.

- ¡He dicho que no os mováis! ¡Es una orden! –añadió con mirada desafiante-.

Zell e Irvine lo entendieron perfectamente, no quería poner a nadie más en peligro así que acatando las órdenes del comandante se quedarían allí, eso sí, en contra de su voluntad.

Minutos más tarde las dos figuras desaparecieron por la grieta temporal, haciendo que ésta se cerrase por completo, todos corrieron al lugar por donde habían desaparecido menos Selphie que se quedó con Eleone, que aún se encontraba algo débil para levantarse del suelo.

La grieta había desaparecido completamente, no quedaba rastro de ella así que era imposible abrirla de nuevo. Todos se quedaron mirando el espacio por donde habían desaparecido, incapaces de decir nada.

¿Volverían a verlos?


Notitas…

¡Si! Empezó la acción, por fin. Bueno, espero que os haya entretenido. Creo que, a partir de ahora, podré recuperar más contenido de los capítulos que quedan, que si están mejor escrito. Así que las personas que ya leyeron la anterior historia, encontrarán más similitudes en estos capítulos siguientes.

Como siempre gracias por leer a todos y por el apoyo recibido.

Nancyriny: Te gusto el Seifer-Quistis eehh? A mi me encantó escribirlo, jeje. Y naa por fin llegó la acción, espero que te haya gustado y que sigas por aquí.

¡Mil gracias por leer!