La batalla

—No lastimarás a nuestra hija— dijo el panda con voz seria y arremetió contra su atacante. Con su habitual torpeza y energía desbordante, el panda intentó golpear a la hiena con una poderosa patada, pero la hiena se movió con rapidez, esquivando el ataque burlonamente.

Po sintió la energía oscura envolver el aire a su alrededor.

La hiena se enderezó, su sonrisa torcida aún presente, pero había algo diferente en su mirada ahora. Un destello de furia, de verdadera molestia.

—Eres más molesto de lo que imaginé, panda… —gruñó, flexionando sus patas con un movimiento depredador—. Pero sigues siendo un estorbo insignificante.

Po apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que la hiena se lanzara hacia él con una velocidad aterradora.

Esquivó el primer ataque por instinto, sintiendo el aire cortado cuando las garras del demonio pasaron a centímetros de su rostro. Giró sobre sí mismo y contraatacó con una patada lateral, pero la hiena se agachó ágilmente y lo golpeó en el estómago con el codo.

El impacto le sacó el aire de los pulmones.

Po retrocedió tambaleándose, llevándose una garra al abdomen, jadeando.

Pero no podía detenerse.

No ahora.

La hiena no le dio respiro. Volvió a la carga, lanzando un ataque implacable de puños y garras. Po bloqueó algunos, pero cada golpe que conectaba era como recibir una roca contra el cuerpo.

Por cada golpe que lograba esquivar, recibía dos más.

Po gruñó, apretando los dientes.

Se lanzó hacia adelante en un intento desesperado por cambiar el curso de la pelea. Fingió un puñetazo, obligando a la hiena a esquivarlo, y justo cuando el demonio se movió, giró sobre su eje y descargó un poderoso codazo en su mandíbula.

El crujido resonó en el aire.

La hiena gruñó de dolor, pero su sonrisa burlona permaneció.

—Vaya, panda… eso casi dolió.

Po no respondió.

Se mantuvo en guardia, controlando su respiración.

No podía dejarse llevar por la rabia.

No podía permitirse fallar.

Cerró los ojos por un segundo y sintió el flujo de su chi recorriendo su cuerpo.

La hiena aprovechó la aparente distracción y se lanzó hacia él con un rugido.

Pero esta vez, Po lo esperaba.

Abrió los ojos justo a tiempo y, en un solo movimiento fluido, canalizó su chi en un golpe devastador, su puño brillando con un resplandor dorado.

El impacto fue directo al pecho de la hiena.

Una explosión de energía dorada los envolvió a ambos.

El demonio dejó escapar un chillido desgarrador cuando su cuerpo se convulsionó y su silueta comenzó a distorsionarse.

Po sintió la vibración de su propio chi recorriéndolo, dominando la oscuridad que envolvía al enemigo.

Con un último rugido de esfuerzo, lanzó una patada giratoria cargada de chi, golpeando de lleno a la hiena en el torso.

El demonio salió disparado por los aires, estrellándose contra el suelo con violencia.

Por un segundo, Po se quedó jadeando, con los puños apretados, su cuerpo aún vibrando con la energía del ataque.

Sabía que no era suficiente.

Que el enemigo aún no estaba derrotado.

Pero había logrado algo.

Había logrado cambiar el flujo de la batalla.

Aprovechando esto, Shifu se movió con una velocidad letal, se acercó a la pequeña cachorra híbrida que agotada de forcejear previamente no se movía. Sin hacer ruido, Shifu la levantó cuidadosamente y la sostuvo con firmeza pero con ternura.

—Todo estará bien , pequeña— le susurró el maestro Shifu a la bebé, mientras retrocedía lejos de la hiena con la cachorra en sus brazos.

—¡Maestro, cuidado! —gritó Tigresa advirtiendo a Shifu de la hiena que furiosa se daba cuenta de lo que sucedía.

Po, al ver a la pequeña segura en los brazos de su abuelo que, se lanzó a la ofensiva y usó todo su peso para empujar al demonio al suelo. La criatura cayó, pero se levantó rápidamente , rugiendo de furia.

Shifu se movió con la velocidad del viento.

Sostenía a la pequeña con firmeza, pero con una suavidad infinita, como si en sus brazos llevara la cosa más preciosa del mundo. La cachorra gimió, su cuerpecito tembloroso aún sacudido por el miedo, sus ojos verdes abiertos de par en par, buscando desesperadamente algo, a alguien.

Buscando a su madre.

En un abrir y cerrar de ojos, Shifu estaba junto a Tigresa.

Tigresa, que apenas sentía sus piernas, que todavía tenía el alma estremecida por el miedo y el dolor, se levantó. Su cuerpo protestó, sus músculos temblaban, pero nada de eso importaba.

Porque su hija estaba ahí.

Shifu extendió los brazos, y en el instante en que la pequeña pasó de sus manos a las de Tigresa, algo dentro de la felina se rompió.

El primer contacto fue como un impacto.

Suave. Ligera. Tan real.

El temblor la recorrió de arriba abajo. La abrazó contra su pecho y todo su mundo se derrumbó.

Tigresa, la guerrera, la imparable, la que nunca cedía… sintió cómo algo dentro de ella se quebraba sin remedio.

El nudo en su garganta se apretó hasta doler. Sus garras, acostumbradas a la dureza del combate, a sujetar armas y golpear con precisión mortal, se cerraron con una ternura infinita sobre la espalda diminuta de su hija.

El pelaje de la cachorra era suave, más suave de lo que había imaginado. Su aroma era cálido, dulce, con ese toque inconfundible de su padre.

La sostuvo con un cuidado reverencial, como si tuviera miedo de que se desvaneciera en sus brazos, como si al soltarla todo lo que había pasado pudiera repetirse. Pero su bebé era real.

Un sollozo silencioso se atoró en la garganta de Tigresa cuando la apretó contra su pecho.

Su corazón latía con fuerza, cada latido golpeando contra su caja torácica con una intensidad abrumadora.

La necesitaba cerca.

No era suficiente abrazarla. No era suficiente sentir su calor. Quería fundirse con ella, protegerla en un lugar donde nada, jamás, pudiera hacerle daño.

La cachorra sollozó suavemente, su cuerpecito aún sacudido por el llanto, y entonces Tigresa sintió las diminutas patitas de su hija aferrarse a su pecho, con una fuerza torpe, desesperada …como si ella también quisiera asegurarse de que su madre era real. La cachorra enterró su carita en el pelaje de su madre, buscando calor, buscando su seguridad.

Tigresa dejó escapar un jadeo entrecortado, el peso de todo lo que había sucedido cayendo sobre ella como una ola, ahogándola. Pero esta vez, no con miedo.

Tigresa sintió que su corazón, el mismo que había soportado años de disciplina, entrenamientos y guerras, se hacía añicos en ese instante.

Porque nunca en su vida había sentido algo así.

Ni la victoria en combate.

Ni el reconocimiento de su maestro.

Ni la sensación de poder con cada golpe certero.

Nada se comparaba con esto.

Era amor.

Un amor tan inmenso que le dolía, que la desbordaba, que la envolvía en una calidez indescriptible.

La cachorra, aún temblando, dejó escapar un pequeño quejido, como un suspiro entrecortado. Un sonido diminuto, pero que perforó a Tigresa como una lanza.

La felina bajó el rostro de inmediato, sus labios rozando la cabecita de su bebé en un beso tembloroso, casi con miedo de que al hacerlo pudiera quebrarla.

—Mami está aquí… —susurró, y su propia voz le sonó extraña—. Ya estás a salvo, mi amor.

La pequeña se acurrucó aún más, sus zarpitas en miniatura aferrándose con más fuerza.

Tigresa cerró los ojos con fuerza, abrazándola con más intensidad, como si en ese gesto pudiera borrar todo el dolor, todo el miedo, todo el horror de lo que había sucedido.

Una lágrima caliente escapó sin permiso por su mejilla.

No.

No era la Maestra Tigresa en ese momento.

No era la guerrera, la indomable, la que jamás cedía.

Era solo una madre.

Y su hija era su punto débil.

Su única debilidad.

Pero también era su mayor fortaleza.

No importaba nada más.

Su bebé estaba a salvo.

Y nunca, nunca, la dejaría ir.

—Esto no ha terminado, panda— dijo el demonio chasqueando los dedos

Todos quedaron a ciegas, atrapados por una densa neblina . Shifu se puso en guardia mientras Tigresa abrazaba fuerte a su bebé contra su pecho , no permitiría que se la arrebataran de los brazos. Esperaban cualquier cosa, un sonido, un ataque, un contacto… Po, por su parte buscaba por la niebla, con cautela, él no tenia sentidos tan agudos como Shifu y Tigresa, por lo que supuso que el primero en ser atacado iba a ser él.

Y no se equivocó.

Tarde, sintió el golpe impactándolo en el estómago lo que lo hizo salir volando, se estrelló contra una roca ¿de dónde había salido?. Escuchó la risa socarrona de la hiena. Se levantó lentamente pero nuevamente fue golpeado contra el suelo, a eso le siguió una lluvia de patadas que vagamente pudo bloquear. Po hizo un barrido con las piernas y atinó pues su oponente cayó.Puño, patada, puño, patada…era bueno, bloqueaba con facilidad los ataques de Po. El panda instintivamente hizo un giro y le tomó el brazo para hacer la llave dactilar Ushi, el problema es que no serviría de nada, pues estaban en un sueño…la hiena lo tomó del brazo lo haló y usó el peso del panda para tirarlo al suelo.

Po se detuvo un momento, debía concentrarse, no lo vencería con las técnicas de siempre…necesitaba usar su chi, focalizar toda su energía vital que lo había llevado allá para expulsar al demonio, ya había trabajado la técnica antes, con Kai en el reino de los espíritus, pero esto requería de un nivel más alto, necesitaba concentrarse y estar en sincronía con el universo. Cerró los ojos, de nuevo sintió la energía fluir por su cuerpo, desde sus dedos por sus piernas, brazos…debía juntar su energía. Escuchó el siseo y viró justo a tiempo para evitar el golpe de su contrincante, lo siguió atacando pero pudo bloquear sus golpes, fue entonces cuando Po atacó y acertó un golpe, fuerte, cargado de toda su energía vital…vio como una onda de energía oscura salía de la hiena. Era ahora o nunca, utilizando la misma técnica se arrojó dando una patada lateral que también impactó de lleno en el blanco , la hiena no tuvo chance de incorporarse cuando Shifu también atesto un golpe cargado de chi al pecho de la misma.

Sin embargo había algo con lo que no contaban… la mente era la de Tigresa y aunque el rollo no lo especificaba ella debía con su propia aura y su propio Chi expulsar al demonio .

—Tigresa , debes ayudarlo— le dijo el maestro Shifu a Tigresa.

Ella se resignaba, no quería soltar a su hija, seguía sosteniéndola con fuerza contra su pecho con temor , sus ojos aún nublados por el miedo y la adrenalina , se encontraron con los de Po.

En ese instante Po supo que ella debía luchar, pero pudo ver el miedo en su mirada.

Shifu atacó a la hiena relevando a Po momentáneamente mientras él se acercaba a Tigresa y a la bebé.

—¿está… está bien? —le preguntó Po a Tigresa con urgencia

Tigresa asintió lentamente

Po se acercó y, con una suavidad que no solía caracterizarlo, acarició la cabeza de la pequeña, su pequeña.

La cachorra gimió suavemente al sentir el calor de su padre y se acurrucó con mayor firmeza al pecho de su madre , relajándose.

Sus manitas pequeñas con unas diminutas zarpas retráctiles como las de su madre pero cortas como las de su padre se extendieron por unos segundos arrugando la tela del chaleco de Tigresa.

No quería dejarla, sentía que no podía.

Pero vio a su maestro luchando con el demonio… si ella misma no se encargaba de expulsarlo de su mente y desligarlo de su alma sería el fin .

Tigresa no quería soltarla.

Sabía que debía hacerlo. Sabía que con Po, su hija estaría completamente a salvo. Pero su instinto, el mismo que la impulsaba a luchar hasta su último aliento, le gritaba que no la dejara ir.

Apretó a su bebé contra su pecho un momento más, sintiendo su calor, su respiración entrecortada, el latido acelerado de su pequeño corazón.

Entonces, con una punzada en el alma, reunió el valor para soltarla.

Con una suavidad que contrastaba con la firmeza de su agarre, la pasó a los brazos de Po.

La cachorra dejó escapar un quejido lastimero en cuanto su madre la soltó, sus pequeñas patas revolviéndose con inquietud, sus ojitos llenos de confusión. No quería separarse de su mamá .

Tigresa sintió que algo se rompía dentro de sí, pero se obligó a confiar.

Era Po.

Y con él… su bebé estaba segura.

Po la recibió con ternura, su pecho enorme y cálido envolviendo el diminuto cuerpo de su hija. Su peso era tan ligero que apenas podía creer que algo tan pequeño pudiera haber nacido del amor más grande que había sentido en su vida.

La cachorra gimió, inquieta, su carita arrugándose como si fuera a llorar.

Pero entonces, su padre habló.

—Tranquila, pequeñita… —susurró Po, su voz suave como una brisa.

La bebé parpadeó. Sus ojitos verde jade, idénticos a los de Po, se alzaron hacia él.

Y en ese instante, todo cambió.

Po sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. Era como si el mundo entero se hubiera reducido a ese momento, a ese simple cruce de miradas.

Esos ojos. Sus mismos ojos.

Los mismos que Tigresa siempre decía que brillaban con bondad, con esperanza.

Los mismos que ella miraba en cada amanecer y que, sin decirlo en voz alta, amaba más que cualquier otra cosa en el mundo.

Pero en esos ojos ahora había algo diferente.

Inocencia. Curiosidad.

Y amor.

La cachorra parpadeó otra vez, sus diminutas zarpitas aferrándose torpemente a su piel desnuda, sin tela de por medio, sintiendo su calor de manera pura y directa.

Su cuerpo, tenso al principio, se relajó en sus brazos, como si de pronto entendiera que ahí, entre ellos dos, era su lugar en el mundo.

Y entonces, sonrió.

Pequeña. Inocente. Pura.

Con unos pequeños colmillos idénticos a los de su madre

Una sonrisa que era solo un destello de lo que sería algún día, pero que derribó por completo lo poco que quedaba del corazón de Po.

El panda soltó un jadeo entrecortado, sintiendo una oleada de amor tan intensa que le dolió el pecho.

Con cuidado, inclinó su hocico y rozó su nariz contra la frente de su hija, sintiendo su piel suave, aspirando su aroma dulce y cálido.

—Eres perfecta… —murmuró, con la voz quebrada por la emoción.

La cachorra, como si entendiera lo que él decía, balbuceó un sonido suave y enterró su carita en su pecho.

Po cerró los ojos, sosteniéndola con un amor tan grande que no sabía cómo su cuerpo podía contenerlo.

Y supo, sin lugar a dudas, sin miedo, sin reservas, que al igual que con Tigresa…

Daría su propia vida por ella.


Tigresa se deslizó por el suelo a cuatro patas , ágil como el tigre que era. Podría estar a ciegas pero ella tenía un desarrollo impecable de sus sentidos, además, era su territorio. Atacó, esquivando los mordiscos de la hiena. Sus garras, afiladas como dagas, se clavaron en el lomo del animal, provocando un aullido de dolor.

Tigresa aterrizó perfectamente estable en el suelo, su ceño fruncido en concentración y determinación. Necesitaba usar su propio chi para vencer al demonio.

La hiena se lanzó de nuevo hacia ella , sus dientes afilados brillando. Tigresa bloqueó el ataque con sus patas delanteras, sus músculos tensos y listos para contraatacar. Con un rugido feroz, Tigresa tomó represalias contra la hiena, sus garras rasgando la piel del cánido una vez más. El demonio se lanzó sobre Tigresa, mordiendo su pata trasera. Tigresa gritó de dolor, pero no soltó su presa. Con un movimiento rápido, giró sobre sí misma, lanzando a su enemigo al aire. Era su oportunidad.

Tigresa sintió su energía arder en su interior, fusionándose con su rabia, con su instinto de madre. No había miedo, no había dudas.

La hiena se lanzó hacia ella, un rugido de furia escapando de su garganta, sus garras listas para el golpe final.

Pero Tigresa ya estaba en movimiento.

Con una agilidad felina, esquivó el ataque en el último segundo, girando sobre sí misma. Su chi se encendió, fluyendo por sus brazos, sus patas, su corazón.

—Fuera de aquí.

Su golpe impactó con una fuerza que hizo vibrar el aire. Una onda de energía dorada estalló desde sus palmas, golpeando de lleno al demonio.

La hiena chilló. Su silueta se distorsionó, como si su propia existencia estuviera siendo arrancada del sueño. Intentó resistirse, aferrarse a algo—a ella, a su hija—pero no había escapatoria.

Un último grito. Un destello de sombras.

Y luego… nada.

Solo el sonido del viento y los pétalos de cerezo cayendo suavemente alrededor de Tigresa

La niebla se disipó y fue reemplazada por pétalos de árbol de cerezo , siempre eran un indicativo de paz. Los sueños y el alma de Tigresa eran libres, como los de su bebé. Tigresa quiso cargarla una vez más pero Po ya no la tenia, ella había desaparecido con los pétalos .

—Esto no ha terminado — dijo Shifu—debemos salir a librar una batalla más

—Solo un pequeño detalle…¿Cómo vuelvo Shifu? —preguntó Po apenado y rascándose la cabeza.

—Al igual que como llegaste , panda — le respondió con la mayor naturalidad y virando los ojos

—¿Y yo maestro? — preguntó Tigresa

—En tu caso es diferente , hija—le comentó su maestro —debes esperar a que tu cuerpo recupere la consciencia por sí mismo

—Tranquila… yo me encargo de todo — le recordó el panda tomando su barbilla para que lo mirara directamente , le cumpliría su promesa. Ella sonrió, confiaba completamente en él.

—Hazlo — se dirigió ella a él con un semblante decidido —Po… aprisionalo en esto—le dijo rápidamente pasándole el collar de obsidiana . Ella sabía que era el objeto ideal , sería un objeto maldito , pero resistente y adecuado; no sabía porque pero lo sabía, era allí donde debía encarcelar al demonio . Po no la cuestionó, aceptó la joya y cerró sus ojos


Al entreabrir los ojos la luz le resultó incómoda por un instante .El silencio inicial fue abrumador, pero pronto se dio cuenta que no estaba realmente en silencio. A medida que recuperaba la conciencia , comprendió que la batalla ya había comenzado con los furiosos luchando contra el demonio, y el conflicto se había extendido más allá de las barracas . Despertó a tiempo para esquivar a mono que fue lanzado en su dirección atravesando la pared.

—No toma una forma física … se nos dificulta conectar los golpes — jadeó el primate ,al ver que Shifu había recuperado la consciencia — Nos alegra tenerlo de vuelta maestro.

Shifu asintió , agradecido y se preparó para unirse a la lucha . Junto a mono salieron de las habitaciones y vio como los cinco ,en este caso cuatro pues Tigresa estaba fuera de combate, usaban sus diferentes estilos de kung fu para tratar de contener al demonio , cuya figura intangible se desvanecía y se reconfiguraba en el aire . El demonio sabía que mientras siguiera en el plano espiritual en la medida de lo posible el daño que podían hacerle era limitado y tenia la oportunidad de buscar otra alma a la cual anclarse … quizás esa preciosa Víbora. Sin embargo, no podría mantenerse mucho tiempo así...

Po sintió un tirón, como si su alma estuviera siendo arrastrada de vuelta. Un peso invisible lo empujó hacia abajo, su mente flotando entre el sueño y la realidad.

De repente, un golpe de aire.

Abrió los ojos con un jadeo.

El aire frío le golpeó el rostro como una bofetada. Po jadeó, su cuerpo sintiéndose pesado, como si hubiera estado sumergido en agua por demasiado tiempo. Su visión parpadeó con luces y sombras, y por un instante, el sonido del mundo real lo golpeó de golpe: gritos, golpes, el eco de una batalla aún en marcha. Pero lo único que importaba en ese momento era una cosa.

Tigresa.

Entonces, la vio.

Tigresa yacía junto a él, inmóvil.

—No…

Po se arrastró hasta ella, sus patas temblaban. Puso una garra sobre su rostro, sintiendo el calor en su piel.

—Tigresa, despierta… por favor.

Un segundo de terror.

Dos.

Hasta que su pecho subió en una respiración débil.

Po dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo. Sus patas se aferraron a ella por un momento más antes de obligarse a soltarla.

Tomó la mano de ella y al sentir el contacto áspero de la piedra de obsidiana, recordó el collar que ella le había entregado en el sueño. Lo tomó, vacilante, por algo ella se lo había entregado.

Con esfuerzo , se incorporó lentamente y siguió el rastro de destrucción que conducía hacia el patio donde se libraba la batalla. Shifu había equilibrado un poco la balanza con ataques de Chi y usando la paz interior, los ataques comenzaban a conectar con más fuerza…

El aire vibró con una energía oscura.

El demonio dejó escapar un gruñido gutural cuando su forma espectral comenzó a solidificarse. Su silueta, antes nebulosa, se retorció como una sombra cobrando vida.

—No he terminado con ustedes.

Sus ojos brillaron con malevolencia y, en un parpadeo, se lanzó hacia Víbora.

—¡Cuidado! —gritó Mono, saltando para bloquear el ataque.

Pero el demonio no iba por él.

Víbora sintió una punzada helada recorrer su cuerpo cuando la criatura intentó aferrarse a su alma, como lo había hecho con Tigresa. Un escalofrío la paralizó. Su visión se oscureció por un instante.

Po, aún tambaleándose, sintió el horror apoderarse de su pecho.

—¡No esta vez!

Con un rugido, canalizó su chi y lanzó un golpe directo. La onda dorada impactó en la espalda del demonio, separándolo de Víbora antes de que pudiera atraparla por completo.

La criatura chilló, girándose hacia Po con una furia asesina.

Po apretó los puños.

—Vamos.


Hello! Les dije que no tardaria mucho en actulizar esta historia, solo queria asegurar unos cuantos detalles. Tengo historias nuevas en mi perfil por si quieren echar una ojeada , hay muchos sentimientos diferentes en las historias , pasion, terror, misterio, dolor... les tengo de todo mejor dicho.

Espero que esten disfrutando

La misma carreta de siempre, dejen reviews, favoriteen , sigan , etc

Un abrazo!