Track 4

Hit me with your best shot. Fire Away. (Hit me with your best shot – Pat Benatar)

La tan esperada firma del contrato se realizó dos días después. Era un jueves y por suerte, la señorita Mei Aihara había accedido a recibirlas por la tarde. Gracias a esto, toda la banda pudo estar presente para tan importante momento sin preocuparse por los horarios del trabajo o la escuela, aunque Yuzu y Harumi tuvieron que correr para llegar a tiempo a la hora prevista.

Durante el trayecto pensaron que no se presentarían a tiempo y esto les haría perder aquel jugoso contrato. Motivos nos les faltaron para semejante temor. Matsuri era una experta en investigar gente; antes había usado esta habilidad para encontrar los mejores clubes de música, las tiendas de instrumentos con el mejor servicio al cliente y a las demás bandas de rock con la intención de ganar amistades y evitar enemigos. Todos saben que el mundo de la música es un campo de batalla por demás agresivo donde no solo basta el talento, también son necesarias las conexiones y mientras más poderosas sean estas, mucho mejor. Gracias a ese afán de Matsuri por enterarse de todo, dieron con el club que se volvió su principal escenario: el Starry, mismo que les ha funcionado como plataforma para darse a conocer en la ciudad.

Con sus investigaciones, Matsuri supo que la Aihara Company es propiedad de la pequeña pero influyente familia Aihara, famosos por su estricta manera de comportarse además de invertir en varios negocios, entre estos un instituto femenil al que asistían las hijas de familias importantes de todo el país y, Yuzu no tenía ninguna duda, donde estudió Mei. Descubrió que dicha familia se conforma por el señor Kinryu Aihara, hombre ya entrado en años, con una vasta experiencia en el mundo de los negocios y que en algún momento de su vida fue director de dicho colegio; su único hijo, llamado Sho Aihara, quien estaba destinado a ser su heredero, pero de pronto desapareció del país sin que nada se supiera de él; y Mei Aihara, nieta del señor Kinryu y actual directora de recursos humanos. Según los rumores, es la heredera de la empresa y de todos los negocios de la familia Aihara a los que su ausente padre renuncio al abandonar el país.

Tras saber todo lo que Matsuri pudo investigar, Yuzu ya no sabía que pensar. Parecía que con cada día que pasaba, descubría un nuevo detalle sobre Mei que solo le dotaba de más misterio. A sabiendas que era nieta del dueño, no era de extrañar que desempeñara un puesto de cierta relevancia dentro de la compañía a pesar de su edad que, a cálculos de la rockera, debían tener la misma. Pero esto solo la hacía preguntarse una cosa: ¿por qué aparecía en la última campaña publicitara? Las opciones eran variadas; quizá solo cumplía su sueño frustrado de ser una modelo, el cual no pudo cumplir al estar obligada a seguir las exigencias familiares. O tal vez ese actuar tan serio y reservado, ese aire de profesionalismo que le demostró en su primera reunión solo era una fachada que ocultaba a una mujer egocéntrica que usaría sus influencias para ser el centro de atención. Ideas similares, además de las ansias provocadas por firmar algo tan importante, volvieron el viaje rumbo a la cede de la empresa una experiencia incomoda.

—Tranquila, Yuzuchi —le dijo Harumi—. Vamos algo justas, pero llegaremos a tiempo.

—Sí… a tiempo —repitió Yuzu con una voz temblorosa.

—Aunque eso no es lo que te incomoda por ahora —dedujo Harumi tras ver a su amiga durante todo el trayecto al edificio Aihara—. Es esa mujer, Mei Aihara.

—Sí… —dijo Yuzu en su suspiro. De no ser porque arruinaría su maquillaje y su peinado, ya estaría cubriendo su rostro con ambas manos mientras agitaba la cabeza con fuerza; pero no podía darse el lujo de expresar toda su ansiedad con una cita tan importante en puerta—. Nunca creí que alguien me pondría así de nerviosa.

—Sabes que no es la primera vez que te veo interesada en alguien —dijo Harumi tras mirar con detenimiento a su mejor amiga—. Siempre te pones así de ansiosa, pero tiene su gracia y me parece lindo.

—Eso no me ayuda ahora.

—Quiero decir, sin duda que te enamores de alguien es lo mejor que le puede pasar a esa persona; realmente te interesas por conocerla, te esfuerzas por comprenderla y quererla. Admiro eso de ti.

—¿No crees que estoy exagerando? No sé nada de ella y mientras más tiempo pasa, más misteriosa se vuelve.

—Tiene una historia laboral interesante —reconoció Harumi. Al interior del vagón se escuchó una delicada voz anunciar que se aproximaban a su destino—. Pero todo debe tener una explicación y es parte de comenzar a conocerla.

—Casi me da miedo lo siguiente que sabré de ella —agregó Yuzu con una ligera risa. Luego, silencio.

Ambas centraron la mirada en los asientos que tenían enfrente. Ahí viajaban un par de estudiantes que poco podían hacer para mantenerse despiertos, una anciana con un par de bolsas de supermercado y una chica concentrada en su lectura. Yuzu alcanzó a leer el título del manga: Whisper me a love song. Eso le hizo recordar que aún no compraba el tomo más reciente y temía que se agotaran en la librería cercana a su casa.

—Si realmente te interesa, deberías empezar por lo más básico —sugirió Harumi de pronto—. Que le gusta y que no, sus pasatiempos, si tiene mascotas y las dos cosas más importantes en tu caso, si tiene pareja y si le van las mujeres.

—A como van las cosas, antes me dirá que por las noches combate el crimen —bromeó Yuzu con una risa nerviosa—. ¿Cómo se supone que me acerque a ella?

—No te estreses, trabajaremos para su empresa así que oportunidades habrá y estarán en contacto. Incluso hoy podrías tener una…

—¿Eh? De pronto suenas como Matsuri.

—¡Claro que no! Ella es malvada. Yo solo quiero darle ánimos a mi mejor amiga.

Por una parte, le emocionaba la idea de hablar unos momentos con Mei. No tenía que ser mucho, ni siquiera era necesario que lo hicieran en privado. Solo poder intercambiar algunas palabras con ella para hacer el suficiente contacto que le permita ir más allá de una simple relación laboral. Aunque claro, sus amigas tenían razón en una cosa: debía asegurarse que tenía alguna posibilidad. No quería ni insinuarse a una heterosexual ni a alguien con pareja, ambas situaciones por demás incomodas. Aunque claro, eso sería relativamente sencillo de descubrir en redes sociales de no ser porque Mei Aihara carecía de estas. ¿Eso era siquiera posible en estos tiempos? Se veía en la necesidad de recurrir a los tradicionales chismes de pasillo o, mejor y peor al mismo tiempo, a una charla frente a frente.

Por otra parte, le aterraba. No tenía idea de cómo reaccionaría estando ambas a solas y temía recibir una respuesta que no quisiera escuchar, aunque esta era necesaria. Sin embargo, su mayor preocupación era actuar de manera vergonzosa ante Mei. Más que darle una buena impresión para una posible relación amorosa que quien sabe si ocurriría, temía por arruinar la gran oportunidad que se les presentó. No podía negar sus intereses personales, pero tampoco se trataba de que estos interfirieran con el trabajo de la banda. Debía andarse con cuidado y no apresurar las cosas.

—Bien —dijo Yuzu al fin—. Solo necesito unos minutos para saber lo que necesito.

—¡Así se habla, Yuzuchi!

Cuando Yuzu y Harumi llegaron, Matsuri y Nene ya las esperaban frente al edificio Aihara. Lo primero que notaron fue el atuendo de su baterista; lo común eran sus llamativas chaquetas y sudaderas de estética geek. En su mayoría eran negras con detalles en colores eléctricos y siempre elegía aquellas que tuvieran alguna silueta felina. Pero en esa ocasión vestía un traje gris acompañado por una corbata roja. Ella odiaba usar ese tipo de ropa. Decía que le era incomoda y siempre tenía la sensación de no poder moverse bien, además de quejarse porque el saco le daba calor. Yuzu siempre pensó que era solo parte de su mismo desprecio por ese tipo de prendas, pues lo que Matsuri solía vestir resultaba aún más caluroso. Para volver aún más llamativa su presencia, sobre su cabello rosado usaba unos audífonos de diadema que simulaban un par de orejas de gato y destellaban luces que cambiaban de color. Nene, en cambio, vestía unos sencillos jeans y una blusa amarilla, ropa cómoda para su jornada en la universidad. Ninguna de las cuatro daba la impresión de ser una banda de rock.

—Qué extraño verte con esa ropa fuera del trabajo —señaló Yuzu. No era que le quedara mal, pero hasta ese momento estaba segura que podían contar con los dedos de una mano todas las ocasiones en que vio a Matsuri vistiendo traje.

—La reunión con un cliente se extendió demasiado —respondió la baterista en un suspiro—. No me dio tiempo de ir a casa a cambiarme.

—¿Tan serio es el asunto? —preguntó Harumi.

—Otro emocionante divorcio —dijo Matsuri con una fingida emoción.

—Con esa ropa podríamos decir que eres nuestra representante legal —comentó Nene con inocencia.

—Saben que sí podría serlo —canturreó Matsuri en tono divertido.

—¡Por Dios, no! —exclamó Harumi con fastidio.

—Chicas, chicas, compórtense —Yuzu les llamó la atención de inmediato antes de que comenzara una de sus discusiones. Aunque los roces entre ambas eran frecuentes, principalmente porque Matsuri siempre buscaba fastidiar y, por supuesto, Harumi no iba a quedarse callada; Yuzu sabía que ambas se apreciaban a su manera. Muy a su manera.

Una vez calmados los ánimos, la banda se centró en lo que era importante en ese momento. Con su líder al frente, las cuatro entraron el edificio y la reacción que tuvieron fue de completo asombro. Aunque ya había menos trabajadores, el ambiente seguía ajetreado. Algunos caminaban por el pasillo mientras charlaban sobre las siguientes campañas, sobre las pruebas de un nuevo cosmético o que la tela pedida por una diseñadora no fue de la calidad esperada y ahora tenían que encontrar la manera de cambiarla sin perder el dinero de la inversión. En más de una ocasión, Nene y Matsuri detuvieron su camino para contemplar los posters y carteles que decoraban el pasillo, mientras que Harumi intentaba mostrarse más profesional y apenas prestaba atención a estos. También sintieron como las miradas de todos los empleados se dirigían a ellas.

Entonces un escalofrío recorrió la espalda de Yuzu. La incomoda sensación le llegó a la nuca, erizando su cabello y su piel. De inmediato se dio vuelta para buscar con la mirada a quien le provocó eso, pero no encontró a nadie, solo un pasillo iluminado con anuncios de ropa, uno que otro trabajador con traje y la mirada de Nene que, tan curiosa como inocente, le preguntó que pasaba. Yuzu no estaba muy segura de que responder. Se sentía observada, pero de una manera distinta a la que había experimentado en su pequeño trayecto. No eran las miradas casuales que los empleados les dirigían, esta iba directo a su persona y fue tan intensa que pudo sentirla recorrerle de pies a cabeza. Seguía escudriñando entre el pasillo cuando una estridente voz familiar le obligó a voltear.

—¡Señorita Okogi! —le gritaron desde la mesa de recepción. Ahí, una empleada agitaba las manos con emoción—. ¡Sí! ¡Pudo venir toda la banda!

—¿Ella es la admiradora que dijiste? —le preguntó Harumi.

—Sí, ella misma.

—¡No puedo creerlo! ¡De verdad vinieron las cuatro! —decía la recepcionista entre saltos. Salió de su zona de trabajo y fue al encuentro de las rockeras a las que tanto admiraba—. Tal vez su líder ya lo dijo, pero siempre voy a escucharlas al Starry.

—Sí, nos habló de ti —le respondió Matsuri con una sonrisa un tanto incomoda. No esperaba que dicha fanática fuera tan expresiva—. Es agradable saber que tenemos una gran admiradora.

—Creo que te reconozco —mencionó Nene. Los ojos de Sakurako brillaron.

—¡¿De verdad?!

—Sí, um… siempre vas con otra chica, ¿cierto? Una de cabello azul.

—Ah sí… ella —murmuró con mal humor. Tomó su celular y comenzó a reír por lo bajo con malicia—. Esto la pondrá celosa. Disculpen, ¿podemos tomarnos una fotografía? —preguntó con una amplia sonrisa.

La pregunta sorprendió a las chicas de la banda. No esperaban que en ese lugar ni en ese momento apareciera una admiradora que les pidiera una fotografía. Ya en el pasado habían lidiado con fanáticas que pedían algún recuerdo, nada mal para tratarse de una banda local. Harumi era muy solicitada y siempre tenía que comprar plumillas porque las regalaba después del concierto; Matsuri en algún momento obsequió unas baquetas dañadas, porque no estaba dispuesta a entregar las buenas; en una ocasión, una fan le pidió a Nene la correa de su guitarra después de que esta se reventara. Por último, Yuzu era la segunda más solicitada para las fotografías, por detrás de Harumi. Pese a lo inesperado de esto, ninguna tuvo inconveniente con acceder.

Sakurako activó la cámara de su celular al instante y se plantó frente a la banda. Ellas posaron para la fotografía que no fue una, ni dos; la joven recepcionista se dejó llevar por la emoción y comenzó a fotografiar como si no hubiese un mañana. De pronto se detuvo, activó la cámara frontal de su teléfono para intentar tomar una selfie sin mucho éxito. No lograba encontrar un ángulo adecuado en que las cinco se vieran favorecidas. Tan concentrada estaba en su labor que no se percató cuando se acercaron a ella por el pasillo.

—Si gusta, puedo tomar la fotografía —dijo una voz seria a sus espaldas. Yuzu la reconoció al instante y un cosquilleo le recorrió desde la boca del estómago hasta el pecho.

—¡Te lo agradecería mucho! —respondió Sakurako con una sonrisa que se esfumó apenas dio la vuelta. De la alegría pasó al pánico en solo cuestión de segundos. Tras ella estaba Mei Aihara junto a su asistente Himeko—. ¡Señorita Aihara!

—Ōmuro. Comprendo la emoción del momento —siguió hablando Mei con su voz llana y severa—, pero es una falta de respeto retrasar a nuestras invitadas cuando tienen una junta importante.

—¡Lo siento señorita Aihara!

—Que no se repita —concluyó Mei con su voz monótona. Si bien, el regaño no era para la banda, las cuatro comprobaron al instante que bajo esa juventud y bello rostro se escondía una mujer tan estricta como responsable. No era casualidad que ella estuviese al frente de un departamento tan importante.

La recepcionista se disculpó con todas las presentes, aunque al final y con una serie de reverencias que parecían no tener fin, obtuvo su esperada fotografía con toda la banda. Durante todo ese tiempo, Mei miraba atenta el comportamiento de las cuatro integrantes de CITRUS mientras Himeko, con severidad, no apartaba la mirada de Sakurako. Una vez que Yuzu miró el retrato, no pudo evitar una leve risa. Aquella debía ser una de las fotografías menos rockeras de la historia, pero ese detalle parecía no importarle a la entusiasmada Sakurako, quien se despidió de ellas con la promesa de ir a su próximo concierto.

Superado el primer obstáculo, Yuzu y compañía debían enfrentar la temida firma del contrato. En esta ocasión, no tomaron el elevador como la primera vez que Yuzu visitó el edificio. Directora y asistente les condujeron por el pasillo por unos metros hasta llegar a una puerta con una placa dorada. En letras negras se alcanzaba a leer "Sala de juntas B". Al entrar, lo primero que Yuzu notó fue la diferencia entre esa sala y el pequeño cuarto en el que se dio su primera reunión con Mei y Himeko. Para empezar, no había ventanas por lo que la luz provenía de las lámparas en el techo. Al fondo de la sala había una puerta corrediza cuyo destino era desconocido por Yuzu y compañía. Al centro había una larga mesa ovalada con suficientes sillas para doce personas, cinco a cada lado y una en cada punta. Sobre esta, una computadora portátil conectada a un pequeño proyector les esperaba y pudo ver una botella de agua frente a cada asiento. Adornaban las paredes los anuncios más emblemáticos de las campañas publicitarias anteriores, cada uno con un marco grueso y una pequeña placa que mencionaba la fecha en que dio inicio. Harumi y Yuzu reconocieron todos.

—Tomen asiento, por favor —indicó Mei.

Las cuatro integrantes de la banda se sentaron del lado que les fue indicado, mientras que Mei y su asistente ocuparon el otro extremo de la mesa. No fue casualidad que Mei y Yuzu quedaran frente a frente; la noche anterior y aunque Nene no estaba muy feliz con la idea, las cuatro acordaron que ellas dos debían sentarse a la misma altura. En primera, porque ambas eran las representantes de cada parte interesada. En segunda, para que Yuzu le perdiera el miedo a su nuevo interés amoroso. Sin embargo, en ese momento a la líder de CITRUS ya no le pareció tan buena idea. ¿Cómo esperaban que se concentrara en lo importante si no dejaban de mirarla aquellos ojos violetas tan intensos? ¿Y por qué no dejaba de mirarla?

—Les agradezco por venir —dijo Mei con una leve inclinación de cabeza. Su voz sonaba tan suave como firme—. Es un gusto conocer a toda la banda. Permítanme presentarme, soy Mei Aihara, directora de recursos humanos. Ella es Himeko Momokino —agregó extendiendo con sutileza su mano hacia su compañera—, mi asistente.

—Am, bueno, nosotras ya tenemos el gusto de conocernos —habló Yuzu tratando de sonar lo más tranquila posible—. Pero permítame presentarle al resto de la banda. Ella es Harumi Taniguchi, guitarrista principal; Nene Nomura, nuestra guitarra rítmica y Matsuri Misuzawa, la baterista.

—Encantadas de conocerlas. Las habíamos visto en algunas fotografías y videos —respondió Mei. Su voz no dejaba de distraer a Yuzu—. Antes de firmar el contrato, me gustaría que conocieran un poco sobre nuestra nueva campaña.

—Oh, eso suena interesante —comentó Matsuri—. Justo lo que te interesa, senpai.

—Ahora no fastidies —le dijo Harumi en un reprimido regaño.

La asistente Momokino encendió el proyector. Lo primero que vieron fue el logotipo de la empresa: un cisne con las alas contraídas, de color dorado y bajo el cual se leía "Aihara Company" sobre un fondo violeta. El cursor recorrió la pantalla hasta la barra de tareas donde había un icono resaltado. Al seleccionarlo, apareció una colorida presentación titulada "Rebel Hearts". Con un toque sobre la computadora, la diapositiva cambió para mostrar el concepto de la nueva campaña publicitaria de la empresa.

—Con esto comprenderán porqué quisimos a una banda de rock para la música de nuestro evento —expresó Himeko con aires de seguridad—. El nombre de nuestra campaña es "Rebel Hearts". Se enfoca en un público joven, en esa época en que una persona descubre quien es. Claro, es verdad que en estos días hay otro tipo de música más popular, la rebeldía y la fuerza que buscamos proyectar están más apegadas al rock…

La voz de Himeko, aunque aguda, resultaba poderosa. Sin embargo, no lograba captar la atención de Yuzu, cuyos ojos, en vez de dirigirse a las diapositivas que la asistente comentaba con tanto entusiasmo, no podían despegarse de la señorita Mei Aihara. Las palabras que Himeko les dirigía con tanto ímpetu y solemnidad pronto se volvieron un eco lejano que resonaba en algún rincón en la mente de Yuzu. No comprendía nada de lo que le decían, toda su concentración estaba dirigida a Mei.

Aprovechó que todas miraban al fondo de la sala donde se proyectaba la pantalla para contemplar el perfil de Mei. Se preguntaba cómo era posible que existiera una mujer con rasgos tan finos y perfectos que, aunque se tratara de una ironía ya que trabajaba en una empresa dedicada a los cosméticos, pudiera verse tan bien con apenas maquillaje de lo más sencillo. En las fotografías de los anuncios lucia radiante, se destacaba la profundidad de sus ojos y sus ya delicadas facciones se realzaban gracias a una combinación de maquillaje y la edición fotográfica. Sin embargo, la belleza de Mei destacaba más cuando se mostraba al natural. Yuzu estaba por completo perdida en ella. Le pareció escuchar algo sobre una diseñadora debutante, pero no logró entender ni una palabra. Toda su atención estaba en el perfecto rostro de la directora Aihara; ya les preguntaría a Matsuri y Harumi sobre los detalles.

Entonces, como si sus ojos verdes hubiesen alertado a Mei, volteó hacia Yuzu y sus miradas se encontraron. Al principio ambas se sorprendieron, pero tras unos instantes, Mei volvió a su expresión estoica ante el desconcierto de la rubia. Se esperaba algo, una muestra de molestia o decepción por estar distraída en un momento importante; una seña con los ojos para que se concentrara en la presentación. Sin embargo, no hubo nada más allá de unos brillantes ojos purpuras en la oscuridad de esa sala. Himeko seguía hablando de la edad promedio de su clientela y la visión que tenía la empresa con este proyecto. Alguna palabra suelta llegaba a los oídos de Yuzu, cuyos pensamientos no dejaban a la mujer que tenía enfrente. ¿Qué pasaría por la mente de Mei Aihara en ese momento? Era incapaz de saberlo y su total seriedad solo empeoraba los ya enredados pensamientos de Yuzu.

—Y eso sería nuestra propuesta. No es un estilo único de ropa como pueden ver, hay más de un diseñador trabajando para la campaña, pero queremos darle el enfoque principal a un nuevo talento —mencionó orgullosa Himeko.

Hasta ese momento Yuzu recordó donde estaba y lo que hacía ahí. Cuando Mei rompió el contacto visual entre ambas, fue que ella por fin se mostró interesada en la presentación. Para ese momento, ya se proyectaba un video con diferentes prendas de diferentes estilos. Las había muy casuales: faldas, pantalones y blusas que fácilmente podrían encontrarse en cualquier tienda, ropa cómoda para el uso diario; otros eran conjuntos más sobrios para situaciones especiales. Conforme avanzaban, la ropa se volvía más extravagante sin dejar a un lado la elegancia. Era algo que Yuzu no utilizaría, pero le pareció que tenían cabida en el armario de Matsuri, al menos hasta que llegaron a la recta final del video y la presentación de la nueva diseñadora. La pantalla se volvió por completo negra, una melodía lúgubre de piano comenzó a sonar revelando una firma escrita con unas delicadas y detalladas cursivas: "Shirapon". Yuzu de inmediato se interesó por ese nombre. Estaba segura de conocerlo de antes.

—Shirapon es nuestra nueva diseñadora —comentó Mei imponiendo su voz a la melodía del piano—. Un talento local que acaba de firmar con nosotros. Su trabajo es algo diferente a lo que acostumbramos y es justo lo que buscamos. Tenemos plena confianza en este proyecto.

Si la idea era montar un espectáculo para causar el interés de toda la banda, lo habían logrado. La melodía tomó más fuerza y se añadieron instrumentos que de inmediato recordaron a producciones de metal sinfónico, quizá el responsable de la música se inspiró de bandas como Nightwish y Epica. Al disiparse las letras, comenzó un desfile de prendas variadas con una clara inspiración en la moda gótica, aunque lo suficiente discretas para usarse de manera casual. Los diseños se volvían más estilizados conforme avanzaba la presentación hasta llegar a un punto en que las marcadas inspiraciones de la diseñadora se fusionaron con la ropa tradicional japonesa, resultando en vestidos de fantasía. Vieron corsés acompañados por lo que claramente era un kimono, o amplios vestidos negros decorados con flores de cerezo o el bravo oleaje del mar. Las chicas de la banda tenían que admitir que todo aquello lucia muy bien, aunque ninguna de las prendas era de su estilo.

—Espero que esto les diera una idea de lo que queremos promover —concluyó Mei una vez que acabó el video.

—Bueno, sí que lo entendemos… aunque nosotras no tocamos nada de sinfónico o gótico —comentó Matsuri del todo despreocupada. Harumi y Himeko tomaron a mal su comentario, por lo que fueron incapaces de ocultar su mueca de disgusto.

—Lo entiendo —respondió Mei con calma—. No tienen que preocuparse por eso, la música durante la pasarela ya está cubierta. Como dijimos en la primera junta, su participación consiste en un espectáculo musical. Pensamos que podría ser antes de la presentación de Shirapon y, si no es mucha molestia, queríamos pedirles una canción antes de comenzar la pasarela.

—Oiga, eso no estaba… —comenzó a decir Matsuri, pero Harumi y Nene reaccionaron a tiempo para evitar que su comentario causara alguna molestia.

—¡Claro, claro! Eso no es ningún problema —se apresuró Yuzu a responder—. Nos hubiese gustado tener alguna propuesta para esta reunión, pero… quisimos esperar ya que no sabíamos del concepto que buscaban.

—Lo comprendo y me disculpo por ello —le dijo Mei con total tranquilidad. Yuzu no se cansaba de escuchar su voz. Era la segunda vez que se encontraban y ya la admiraba por la manera tan comprometida con la que actuaba. No solo estaba maravillada por su belleza, todo en esa mujer la resultaba interesante, aunque sentía que había algo que ocultaba—. Revisaremos su propuesta otro día.

—Me comprometo a que sea pronto —Yuzu mostró una sonrisa llena de confianza. Ni ella sabía si lo dijo convencida de sus propias palabras o solo lo hizo para intentar lucirse ante Mei. Pero si tomaba en cuenta que en más de una ocasión prepararon sus presentaciones con dos horas de anticipación, aquello no supondría un reto.

—Confío en ustedes —se limitó a decir Mei—. Himeko, necesitamos los contratos —pidió a su asistente, quien miraba a Yuzu con cierto escepticismo.

La firma de los contratos pasó sin el menor inconveniente. Matsuri, fiel a la profesión de su familia, leyó para sus compañeras cada una de las estipulaciones que eran, a grandes rasgos, una transcripción de todo lo que ya les había contado Yuzu y lo que acababan de escuchar, a lo que se agregaba una cláusula que pedía a la banda CITRUS total confidencialidad sobre lo planeado por la empresa. No podían hablar ni publicar sobre su participación en la campaña "Rebel Hearts" hasta el mismo día del evento. Para Nene y Matsuri esto no suponía ningún problema, sin embargo, Harumi y Yuzu se morían de ganas por contar en sus redes y a sus conocidas sobre su participación, en especial querían presumir su logro en el trabajo. Resignadas a guardar silencio, suspiraron antes de firmar.

Una vez cumplidas las formalidades y que Yuzu volviera a comprometerse con presentar el programa para su pequeña presentación, Himeko recogió cada uno de los contratos y los acercó a Mei para que los firmara. Mientras esto ocurría, Yuzu solo podía pensar en dos cosas. Primero, intentaba recordar el nombre de Shirapon. Estaba segura de conocer ese nombre desde hacía mucho tiempo, aunque más que un nombre en si le parecía un apodo. Segundo, y como no podía ser de otra manera, estaba por completo enfocada en la empresaria que tenía enfrente. No podía negar que tenía una presencia fuerte y que su apariencia ya imponía autoridad; a pesar de sus finos rasgos, la seriedad en su rostro y la formalidad en su manera de hablar le dotaban de una fuerte presencia. Sin embargo, había algo que Yuzu no alcanzaba a comprender de Mei; aun pese a todo lo que veía en ella, notaba una melancolía en su mirada que de vez en cuando se le escapaba. Era por momentos muy breves, pero para ella que no podía quitarle los ojos de encima, se volvió evidente.

El sol comenzaba a ocultarse tras los edificios y toda la ciudad era bañada por una luz anaranjada que le daba un aire tan nostálgico como acogedor. Incluso los luminosos pasillos del edificio Aihara se veían afectados por el atardecer. Los empleados que quedaban eran pocos, en su mayoría se trababa de aquellos que hacían horas extra o debían completar algún pendiente urgente. Nada de que sorprenderse cuando se viene un evento importante. Las integrantes de CITRUS caminaban por el pasillo acompañadas por Mei Aihara y Himeko Momokino. Las cuatro rockeras esperaban encontrarse con su fanática en la recepción, pero cuando acabó la junta ella ya se había ido. Siempre era la primera en irse apenas el reloj marcaba su hora de salida.

Himeko hablaba orgullosa sobre la historia de la empresa; presumía los logros de esta como si se tratase del patrimonio de su familia. La verdad es que los Momokino siempre fueron grandes amigos y socios de los Aihara, aunque su participación en los negocios se limitaba a invertir su capital en las empresas de la otra familia, quienes siempre se destacaron por ser buenos en hacer dinero. Las cosas cambiaron desde que Mei y Himeko se volvieron amigas desde la infancia; ambas eran hijas únicas que vivían rodeadas de adultos, negocios millonarios y una pesada carga sobre sus pequeños hombros. Solo se tenían la una a la otra y como era de esperar, se volvieron grandes amigas después de tantos años de convivencia.

Guiadas por la potente voz de Himeko, recorrieron las principales áreas del edificio Aihara. Aquello era una cortesía con todos los invitados cuya finalidad era dar a conocer un poco sobre la empresa. Si bien, gran parte de la misma estaba vacía y no podían ver del todo como trabajaban ahí, las chicas de CITRUS pudieron visitar las secciones más interesantes. Contemplaron la zona de oficinas, todo un piso lleno de cubículos donde los trabajadores de la empresa dedicaban su arduo trabajo. Por supuesto, a esas horas ya no había ninguno. Luego estaba el área de diseño, donde ocurría toda la magia según las palabras de Himeko. Cada diseñador tenía su propio espacio que funcionaba como un pequeño estudio. La mayoría de estos estaban cerrados, salvo uno que mantenía sus puertas abiertas por las que alcanzaba a verse a un par de asistentes trabajando con unas telas negras.

—Tenemos suerte, este es el estudio de Shirapon —mencionó Mei deteniéndose frente a la entrada—. Podremos ver parte de su trabajo.

Las asistentes escucharon y de inmediato dejaron a un lado su trabajo para saludar al grupo encabezado por Mei. Les invitaron a entrar no sin antes advertir a sus invitadas de limitarse solo a mirar, ya que las ropas sobre los maniquíes aún estaban en proceso y podían deshacerse si se descuidaban. Aquel estudio, aunque seguía con la estética simple y pulcra de todo el edificio, se sentía distinto. Había un muro tapizado con bocetos de ropa, todos llenos de detalles sobre el corte que debía tener la prenda, los colores que la diseñadora quería usar y un listado de los materiales necesarios. Entre los mismos dibujos había fotografías y recortes de revistas que servían de referencia a su creadora. Podían verse retratos de modelos, vestidos de época victoriana junto a otros de la moda lolita, incluso personajes de videojuegos y manga. Al otro lado estaba la fila de maniquíes a medio vestir, con las piezas de sus atuendos sujetas con alfileres. Hasta el fondo, en un rincón que parecía ajeno al estudio por estar pintado como un cielo nocturno con una gran luna llena, se distinguía una mesa de dibujo llena de papeles.

—¿Se encuentra Shirapon? —preguntó Mei a las dos chicas que volvieron a su labor de corte.

—Lo siento señorita Aihara, ella acaba de salir —respondió una de las asistentes.

—Comprendo. Es una lástima —Mei se dirigió a Yuzu, quien miraba interesada las prendas en desarrollo—. Les ofrezco una disculpa, nuestra diseñadora no se encuentra por el momento.

—Ya la conoceremos en otra… —comenzó a decir Yuzu mientras se daba la vuelta, pero le fue casi imposible terminar. Se encontró con los brillantes y profundos ojos de Mei mirándola directamente. Por un instante se le trabó la lengua, no esperaba que ella estuviese tan cerca. Se aclaró la garganta para seguir hablando con cierto nerviosismo mal disimulado, pues no pudo evitar tartamudear—. Em…tal vez en una siguiente junta.

—Me aseguraré de que así sea —respondió Mei sin mostrar la menor emoción. Era como un frio muro de hielo—. Estas prendas serán parte del evento, espero que puedan servirles de inspiración.

—Oh, claro que lo harán —mencionó Matsuri con un tono juguetón al pasar junto a Yuzu.

Yuzu ya no pudo concentrarse por el resto del recorrido. Fingió estar admirando el trabajo de Shirapon cuando en verdad no dejaba de pensar en Mei. Haber estado cara a cara con ella casi le hace olvidar el motivo de su visita a esa empresa. En su mente repasaba cada una de sus facciones para convencerse de que ese momento fue real.

Después de pasear por los estudios de los diseñadores, conocer las dos salas de conferencias existentes en el edificio y dar un vistazo al departamento de cosméticos, toda la comitiva llego a la cafetería. El problema para Yuzu fue que ya no era capaz de disfrutar aquello, solo le daba vueltas a su encuentro cercano con Mei. Ni siquiera le entusiasmó cuando a cada una les regalaron un estuche con productos exclusivos. Lo único que había en su cabeza, era la cercanía que tuvo con Mei y lo lejos que se sentía ahora. Excepto por ese breve intercambio de palabras en el estudio de Shirapon, no se había dado la oportunidad de hablar a solas. No necesitaba mucho, solo obtener su número de teléfono personal y asegurarse de que ella obtuviera el suyo.

Himeko hablaba sobre un producto nuevo que garantizaría mantener tu cabello rizado por todo el día sin necesidad de darle retoque alguno, igual a como ella lo usaba, con la gran ventaja de mantenerlo suave y, sobretodo, que no lo dañara en absoluto. Nene y Matsuri la escuchaban con atención, más por el gran entusiasmo en su discurso que por el producto en sí. Mei permanecía seria, bebiendo despacio de su taza de té mientras Yuzu alternaba entre mirarla a ella y su plato lleno de pastel de queso. Harumi, más relajada, dividía su atención entre su mejor amiga y el apasionado comercial de Himeko. Aunque no lo demostrara, también estaba frustrada por las nulas oportunidades que Yuzu tuvo para tratar con Mei.

Un celular sonó en la cafetería y Mei se levantó de inmediato. Buscó en el bolsillo de su saco, tomando su teléfono para comprobar quien le estaba llamando. Para sorpresa de Yuzu, el timbre que Mei eligió era el clásico ring. Se disculpó con una pequeña reverencia y salió de la cafetería para atender la inesperada llamada. De inmediato Harumi vio una oportunidad y dándole un codazo a su amiga, le hizo saber que era el momento que tanto había esperado. Se levantó con torpeza de su asiento y se excusó con el pretexto de ir al baño.

—¿El baño? —preguntó Himeko con una evidente molestia—. Bien, puedo guiarla al más cercano.

—Eso no es necesario —contestó Yuzu de inmediato—. Puedo ir sola, no hace falta que se moleste.

—Bien… saliendo de aquí a la izquierda. Es la tercera puerta a la derecha.

—¡Muchas gracias!

Yuzu no iba a perder una oportunidad perfecta para tener un momento a solas con Mei. Incluso había pensado en que decirle y no sonar sospechosa. Para su buena suerte, ella no estaba lejos de la cafetería. Apenas salió, pudo escuchar su voz en el pasillo. Se acercó con cuidado para no distraerla, no sabía con quien hablaba y lo que menos quería era interrumpir una llamada importante.

La encontró frente a una ventana. Mei le daba la espalda, pues contemplaba el paisaje de la cuidad mientras hablaba por teléfono. Yuzu mantuvo la distancia, no quería asustarle o resultar una molestia en ese momento, prefirió esperar a que terminara la llamada para acercarse y, aunque no era su intención, escuchó parte la conversación. Había algo incómodo en su voz. Durante la reunión y el recorrido, Mei se escuchaba serena y tranquila, con lo que demostraba toda su seguridad. En ningún momento había titubeado, siempre mantuvo la compostura ante sus invitadas. En cambio, durante la llamada, toda esa confianza parecía haberse ido. Aún mantenía la calma al responder, pero su tono de voz ya no reflejaba la misma seguridad a pesar de reportar buenas noticias.

—Sobre eso… —se escuchó. La pausa fue larga y las palabras de Mei se sintieron amargas, como si no quisiera hablar del asunto—. No he tomado una decisión, he estado muy ocupada…

Aquello parecía ser de algo que nada tenía que ver con el trabajo, ¿o sí? Yuzu no podía saberlo y aunque quisiera preguntar, no sería correcto entrometerse en una charla ajena, menos cuando se trataba sobre la persona que acababa de contratarla para un evento importante. Lo único que le quedó claro, fue que eso resultaba difícil de tratar para Mei. En total silencio retrocedió unos pasos casi arrepentida de su plan, aunque no pensaba dar marcha atrás. La llamada llegó a su fin y tras guardar el celular en su saco, Mei dejó escapar un suspiro cargado de frustración.

—¿Señorita Aihara? —preguntó Yuzu con cierta preocupación—. ¿Se encuentra bien?

Mei permaneció en silencio por unos segundos, sin moverse, sin mostrar reacción alguna a la pregunta de Yuzu. Le daba la espalda y su mirada permanecía fija en el horizonte. Siempre le gustaron las vistas que el edificio le brindaba, podía ver sin problemas la ciudad y las escenas que puede ofrecer: los ríos de automóviles ir y venir, cientos de personas caminando por las calles y, su favorito, el espectáculo de luces nocturnas. Siempre que ocurría algo que le estresaba, procuraba darse un respiro antes de seguir y admirar el paisaje urbano ayudaba a calmarse. Yuzu dudó de haber hecho lo correcto. Quizá era mejor dejarla sola, parecía que acababan de informar de algo delicado a Mei y lo que menos quería hacer era molestarla. Pensó en irse, solo se disculparía antes de regresar a la cafetería para así darle el tiempo necesario.

—Disculpe, necesitaba un segundo —Mei respondió al fin con su habitual calma. Se dio la vuelta con tal de mirar a Yuzu de frente. Ahí estaba de nuevo su rostro, bello, perfecto pero inexpresivo a excepción de los ojos. Parecían tristes.

—Ah, no, no pasa nada —se apresuró Yuzu a decirle—. Más bien yo debería disculparme. No quería incomodar, pero me acerqué porque parecía algo preocupada.

—No se preocupe, señorita Okogi. Es solo… un negocio que tengo pendiente.

—Eso pensé… debe estar muy ocupada —hizo una pausa. No sabía cómo extender la charla con ella; no parecía ser alguien que hablara mucho a diferencia suya, que podía mantener una conversación por horas. Se aclaró la garganta, en buena parte para darse valor, antes de decir lo único que le vino a la mente—. Sabe… no estoy acostumbrada a tanta formalidad. Sería mejor que me llamara por mi nombre, solo Yuzu está bien.

Se hizo otra pausa. Mei la miraba con desconcierto y Yuzu no sabía si eso era bueno o malo. Al menos no había molestia en su mirada, lo cual ya podía considerarse un avance, pero no por eso le sirvió para calmarse del todo. En su cabeza se las ingeniaba para formular una nueva frase que le ayudara a terminar con ese silencio que su petición había iniciado.

—De acuerdo, Yuzu —para su asombro, Mei había aceptado sin ningún problema. El alma le volvió de inmediato al cuerpo—. En ese caso, lo justo es que también me llames por mi nombre.

¡No podía creerlo! Parecía que después de todo la suerte estaba de su lado. Había superado la barrera de las formalidades en cuestión de segundos. No solo eso, escuchó su nombre con aquella voz serena que le encantaba. Por un momento le pareció que todo se tornaba a su favor, pero no debía adelantarse a los hechos. Avanzó unos pasos hacia Mei hasta que ambas quedaron frente a la ventana, le dirigió una sonrisa y en seguida hizo una pequeña reverencia.

—Antes que nada, quisiera agradecerte por elegirnos para este trabajo —le dijo con total sinceridad. Aunque quería mostrarse segura, notaba un pequeño temblor en sus palabras—. No somos una banda tan conocida para que una empresa como esta se fije en nosotras. Aun nos parece que estamos soñando.

—Como lo dije la primera vez que nos vimos —respondió Mei con total seguridad. Ambas miraban el horizonte—, ustedes representan a la perfección lo que queremos impulsar con esta campaña. No sé mucho de música o rock, pero me bastó ver algunos de sus videos para reconocer su talento.

—Oh no es para tanto —le dijo con falsa modestia. En verdad estaba consciente de lo hábiles que eran sus amigas, en especial Harumi, pero no podía mostrarse soberbia frente a Mei—. Solo somos un grupo de amigas jugando a la banda de rock.

—Yo no lo veo así. Me parece que tienen mucho potencial —Mei se giró para ver directo a los ojos de Yuzu. Cada palabra era sincera, no se trataba de una estrategia de negocios o una cordialidad—. Veo algo especial en ustedes, sobre todo en ti. Por eso las contraté.

La mente de Yuzu tuvo un cortocircuito. ¿Vio algo especial en ella? ¿A qué se refería con eso? No pudo evitar que sus mejillas se sonrojaran y su garganta se volviera un nudo incapaz de pronunciar palabra alguna. Era obvio que estaban hablando sobre la banda, de su trabajo musical y el su desempeño en el escenario. Entonces, ¿por qué lo tomó como otra cosa? No debía permitir que su enamoramiento torciera el verdadero significado de lo que Mei quería decir. Aun así, no podía evitar sentirse halagada y ahora sabía que algo de ella había llamado la atención de una mujer tan inmersa en el mundo de los negocios. Quería hacerle tantas preguntas en ese momento, pero era incapaz de pensar en una sola. Mei miró por la ventana de nuevo y se dio la vuelta, caminando hacia la cafetería.

—Deberíamos volver.

—¿Ah? Claro, claro… pero antes —Yuzu carraspeó. Si no lo hacía ahora, tal vez no se repetiría la oportunidad. Sacó su teléfono del bolsillo—. Ya que trabajaremos juntas, pensé que podríamos intercambiar números. Me ayudaría a darte algunas propuestas más rápido.

Mei detuvo su marcha. No esperaba tal petición, por lo que se limitó a guardar silencio por un instante que a Yuzu le pareció una eternidad. Ya no estaba tan segura de que tal petición fue una buena idea, en especial porque ya tenía el número de Mei, al menos el que era su teléfono de trabajo. Por donde lo viera, aquello se sentía innecesario.

—De acuerdo —accedió tras una breve espera, lo que provocó que los ojos de Yuzu volvieran a brillar—. Será mejor que tengas mi número personal… aun no me acostumbro a mi nuevo celular.

Como si las sorpresas no pudieran parar, y el misterioso encanto de Mei no dejara de crecer, tomó un teléfono de modelo viejo. Yuzu calculó que al menos tendría unos cinco años con ese celular, aunque estaba tan cuidado que bien podría pasar por uno nuevo. Lo más impactante llegó segundos después, pues Mei le pidió ayuda para guardar su número de contacto. Era para no creer, podría ser la encargada de recursos humanos para una empresa reconocida, organizar el lanzamiento de una línea de ropa y disponer de cuánto dinero quisiera, pero la tecnología parecía ser algo que no se le daba bien. Esto le pareció hasta cierto punto adorable. No había imaginado que dar el primer paso sería tan sencillo y a la vez podría ver otras facetas de Mei.


¡Hola a tod s! Después de mucho tiempo, por fin he logrado terminar el capitulo 4. Esperemos que el siguiente no tarde tanto. Ya lo empecé, pero siempre puedo distraerme y terminar por no hacer nada en dias... o meses.

Ahora creo que es momento de ponernos serios. Quienes me siguen desde hace tiempo saben que, además desde las pausas que hago para publicar, tengo bastante tiempo en este mundo. Y aunque ya había creado un fic como ultimo proyecto, pues las cosas no estaban saliendo como quería. Y ese lugar ahora lo tiene este fic que estas leyendo. Si la puse como título "Our Last CITRUS Love Song" es porque será mi último fanfic. Es algo que había pensado desde hace mucho tiempo y por fin he tomado la decisión de retirarme del fanfiction. Quiero centrarme en mis textos originales, así que espero tener tu apoyo cuando llegue ese momento. Pero ya tendremos tiempo para hablar de esto después. Por ahora, ¡aun queda mucho de la canción de amor de Yuzu y Mei!