Los personajes de H.P. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.

Capítulo 3

1.-

Una vez en mi habitación, decidí olvidarme de Harry y concentrarme en las tareas del colegio, antes de bajar a cenar. Las hojas de apuntes desordenadas se esparcían por mi escritorio mientras trataba de conectar los puntos de la última lección de matemáticas. Sin embargo, mi mente vagaba sin rumbo, atrapada entre las frías cifras y los recuerdos de la tarde; la imagen de Harry y la mía, en la sala, a punto de pasar algo.

De repente, el teléfono sonó, sacándome de mis pensamientos. Al contestar, el característico tono de voz apresurada de Ginny me hizo sentir que había una especie de urgencia en el aire.

—¡Espera Ginny, más despacio! No te entiendo nada —interrumpí.

La escuché respirar hondo, como si intentara calmar la tormenta de emociones que la invadía.

—Luna me dijo que Blaise le pidió mi número de teléfono y, ¡¿qué crees?!

—¡No! Te llamó.

—¡Sí! Me invitó al cine. Mañana.

—¿Y me imagino que dijiste que sí? —le pregunté, aunque la respuesta me era obvia. El silencio prolongado en la línea me llenó de inquietud.

—Es que... me ganaron los nervios y le dije que tenía mucha tarea. —Su confesión fue como un balde de agua fría y, aunque la quería, en ese momento solo quería ahorcarla de frustración.

—¿Me estás diciendo que el chico del que llevas años obsesionada te invitó al fin a salir y tú le dijiste que no?

—¡Lo sé, soy una estúpida!

—Eso es algo que no pienso discutir. —respondí, buscando contener mi exasperación.

—Por eso te llamaba, para que me aconsejaras qué hacer. No quiero que piense que él no me interesa. —su voz sonaba a súplica y, aunque podía ver su pánico, la idea de ayudarla me animó.

Después de meditar unos segundos, una chispa de inspiración iluminó mi mente.

—¡Lo tengo! Dile que lo de la tarea es cierto, pero que el fin de semana estarás disponible para ir al cine. —le sugerí, visualizando la sonrisa ensanchada en su rostro, incluso sin verla.

—¡Gracias! ¡Eso haré!

—Ahora ve a ponerte a hacer la tarea, que, después de todo, lo que le dijiste a Blaise no era mentira.

—Está bien. —dijo ella, casi eufórica, y colgó.

Después de un momento, me sumergí nuevamente en mis tareas. Cada ecuación que resolvía me mantenía ocupada, pero mi mente seguía divagando, en Harry y yo, juntos. En mi estómago, las mariposas revoloteaban, polinizando todo el jardín, llenándome de un dulce nerviosismo.

Terminé mis deberes con un suspiro, y decidí que era hora de cenar. Solo esperaba que, por la hora, Harry y mi madre no estuvieran en la cocina, también cenando...

Tuve la suerte de que esto fuese así, por lo que me di a la tarea de servirme un buen plato de comida, porque moría de hambre. Aunque mi suerte no fue tan larga, cuando Harry se apareció de repente.

Mi corazón hizo lo propio; comenzó a latir frenéticamente, observando su figura, que se marcaba de manera deliciosa en la franela deportiva y en los pantalones cortos que llevaba puestos. Al parecer, estaba a punto de salir a hacer algún ejercicio.

—Hola —susurró, en cuanto me vio—... Solo venía por agua. —explicó, y yo asentí. Él fue hasta la nevera para tomar el agua que dijo y luego se dispuso a salir de la cocina. Sin embargo, en el último segundo, titubeó, girándose hacia mí, para acercarse—. Lo de hace un rato —vaciló, meditando—... Me hubiera gustado que no hubieras ido a la fiesta. —dijo al fin.

—¿Por qué? —pregunté, no entendiendo qué de malo hubiera sido el que yo asistiera.

Harry no contestó enseguida, pero, cuando lo hizo, me sorprendió su respuesta.

—Porque no puedo quitar de mi mente la imagen de ti, en los brazos de algún chico, bailando.

Esas palabras me dejaron sin aliento. Mi cabeza daba vueltas, mientras una mezcla de confusión y alegría se apoderaba de mí. ¿Él realmente sentía celos? La idea me llenó de una extraña emoción.