Capítulo 1: Ecos de una Guerra, Un nuevo muno

"El mundo se resquebraja y el rugido de una bestia insondable estremece los cielos y la tierra misma. Así fue la guerra contra Trihexa: el enfrentamiento final de quienes se enfrentaron al fin del mundo en la esperanza de protegerlo."

La Guerra contra Trihexa

El campo de batalla era un caos de luz y oscuridad. Los rugidos de Trihexa —la bestia definitiva, la entidad descomunal que apenas podía ser contenida por las dimensiones mismas— se elevaban sobre los gritos de los guerreros y los estallidos de poder. A cada golpe de la bestia, la tierra se partía, el cielo temblaba, y los defensores de cada facción, reunidos en una alianza histórica, se tambaleaban bajo su furia.

Siendo los principales de esta alianza, la trinidad sagrada conformado por Demonios, Aneles y Angeles Caidos, de ahí se le fue sumado Nordicos, Yokais, Sintoista, Griegos por mencionar algunos.

Una guerra que es un secreto ante el mundo humano se estaba llevando a cabo, Khaos Brigade esta disueltos, Qlippoth había perdido a su líder principal Rizevim Livan Lucifer, quien en al verse acorralado se sacrificó a sí mismo junto con la mayoría los integrantes bajo su mando.

El muy bastardo se había dado su vida y los demás integrantes restantes para volverse energía para la liberación de Trihexa, impulsado con su último aliento de vida que le quedaba tras recibir un último ataque por parte de su nieto Vali Lucifer el Hakuryuukou más poderoso de la historia.

En lugar de sentirse arrepentido, lo único que sintió fue no poder lograr su meta de conquistar otros mundos, pero no sin antes matar al protector de la grieta dimensional Gran Rojo por medio de la bestia Trihexa.

Este mundo original ya no era de su interés, dejar que este mundo se destruya era un simple e insignificante para los que aspiraba en lograr, los nuevos demonios estaban podridos, al llegar a un nuevo mundo el podria poner el nombre de Demonio de regreso a su grandeza en la cúspide de pirámide de la dominación.

Actualidad

Issei Hyoudou apenas podía mantenerse en pie mientras observaba cómo los líderes de las facciones se lanzaban al ataque, enfrentándose a la criatura que parecía extraída del mismo caos. Junto a él, Rias Gremory, la princesa demonio de cabello carmesí , tenía el rostro contraído en una mezcla de determinación y preocupación. Ambos estaban al límite, sintiendo que en cualquier momento sus cuerpos cederían bajo la presión abrumadora de la batalla, pero la inspiración que irradiaban los líderes les daba fuerzas para seguir adelante.

Azazel, el líder de los ángeles caídos, alzaba su brazo izquierdo, creando una barrera de energía tan densa que parecía un muro de hierro, bloqueando los ataques devastadores de Trihexa. Al mismo tiempo, Serafall Leviathan, con sus poderes de hielo, lanzaba ráfagas congelantes que intentaban ralentizar a la bestia, cubriéndola de escarcha para debilitarla. Sin embargo, cada vez que el hielo cubría sus extremidades, Trihexa se sacudía y el hielo se partía en pedazos.

El arcángel Michael, irradiando una luz divina que cegaba a quienes estaban cerca, lanzaba sus alas doradas al aire, creando círculos mágicos que se entrelazaban alrededor del monstruo en un intento de aprisionarlo. Cada círculo que se cerraba sobre la bestia la debilitaba un poco más, pero Trihexa lo rompía con un rugido y un simple movimiento de sus garras, que destrozaban el aire y el suelo con igual facilidad.

Y, finalmente, Sirzechs Lucifer, el Rey Demonio. Él era el último recurso, la carta oculta de los demonios. Su poder, tan vasto que parecía contener la oscuridad de mil estrellas, emergía como una ola imparable, transformando el campo de batalla en un abismo oscuro cada vez que atacaba. Sirzechs canalizaba todo su poder, atacando a Trihexa sin piedad, aun cuando cada golpe le costaba parte de su propia energía vital.

Issei miraba la escena con el corazón en un puño, admirando a los líderes que se sacrificaban sin dudar. No había duda en sus ojos, ni temor en sus movimientos. Sabían que quizás no regresarían, que tal vez este sería su último acto en la tierra, pero aun así luchaban. La mente de Issei se llenó de un torbellino de pensamientos, de la angustia de perder a Sirzechs, a Azazel, y a todos los que estaban allí sacrificándose para darles una oportunidad de sobrevivir.

Finalmente, después de un intercambio brutal de golpes y poderes, los líderes se miraron unos a otros, y como si se comunicaran sin palabras, dieron un paso adelante, uno tras otro. Había llegado el momento de realizar el sacrificio final.

—Es ahora o nunca —murmuró Sirzechs, su voz profunda y resonante. Sus ojos buscaron a Rias, y en ellos, Issei vio una mezcla de tristeza y orgullo.

Los líderes comenzaron a concentrar sus poderes en un punto, creando un sello masivo, una prisión dimensional que encerrará a Trihexa para siempre… y a ellos junto con la bestia. Cada uno de ellos, líderes de sus facciones, sabía que su sacrificio era necesario, pero ninguno dudó. En un último grito de poder, el sello se completó, y la energía envolvió a Trihexa y a los líderes en una explosión de luz y oscuridad.

Cuando la energía desapareció, sólo quedó un silencio abrumador. Trihexa y los líderes ya no estaban allí. Sirzechs, Serafall , Falbium, Michael, Odin, Indra, Tamamo no Mae, Karma e Shiva por mencionar algunos.

La Vida Tras el Sellado de Trihexa

Había ya pasado un tiempo tras los sucesos de la guerra que sin saber por parte de la humanidad, por muy poco puso fin a este mundo por muy poco, una gran batalla de proporciones inmensas se había llevado a cabo sin que el mundo supiera.

Las bajas para todas las facciones eran muchas, pero con el sacrificio que se dieron los líderes de las facciones, dieron camino a un nuevo mañana para los sobrenaturales y lo natural.

En la Academia Kuoh había vuelto a la normalidad, al menos en apariencia. Las clases continuaban y los estudiantes se paseaban por los pasillos, riendo y conversando como si nada hubiera cambiado. Pero tras las sonrisas, un aire de tristeza y melancolía envolvía a aquellos que habían luchado en la guerra contra Trihexa.

La graduación de los de tercer año fue llevada a cabo, donde Rias, Akeno se habían pasado ya a la universidad, donde todos pasaron al siguiente grado. Asia había vuelto la presidenta del club de ocultismo y Xonovia se había vuelto la presidenta del consejo estudiantil.

Club del ocultismo

Un edificio viejo que a simple vista solo es eso, un edificio viejo, pero la realidad es que ahí está la base de nuestro protagonista y sus aliados y también un punto de reunión de lo sobrenatural.

Issei Hyoudou observaba desde una esquina del aula. Su mente viajaba a los eventos de medio año atrás, recordando los rostros de aquellos que se habían sacrificado para salvar a su mundo. En su interior, sentía un torbellino de emociones. La ausencia de sirzechs y los demás pesaba en su corazón. Cada día se preguntaba si ellos estaban bien, si podrían regresar.

Al mirar a su alrededor, notó a Rias Gremory, su maestra y la princesa demonio, sentada en su escritorio con la mirada perdida. El brillo en sus ojos había disminuido, y a menudo se la encontraba contemplativa, como si estuviera atrapada en un mundo de recuerdos y anhelos. Ella había perdido a su hermano, a su protector y líder, y cada vez que la veía, Issei sentía una punzada de tristeza.

—Rias —la llamó, intentando sacarla de su ensimismamiento—. ¿Te gustaría ir a dar un paseo después de clases?

Ella levantó la vista, sorprendida por su propuesta. Tras una pausa, sonrió débilmente.

—Sí, quizás eso ayude…

Después de las clases, ambos caminaron por el parque cercano a la academia. Las flores estaban en plena floración, un espectáculo de colores que contrastaba con la grisácea tristeza que sentían en sus corazones. Issei buscaba temas de conversación, intentando animar a Rias, pero las palabras se le escapaban, como si el peso de la culpa y la pérdida lo contuviera.

—¿Cómo te sientes? —preguntó al final, con una voz suave.

—Es difícil, Issei —confesó Rias, mirando hacia el suelo—. A veces, creo que puedo sentir a Onii-sama cerca… y luego, de repente, me doy cuenta de que no volverá.

El dolor en su voz era palpable, e Issei sintió que su propio corazón se rompía un poco más.

—Lo sé —respondió—. Todos nos sentimos así. Pero debemos seguir adelante, ¿verdad? Es lo que ellos habrían querido.

Rias asintió lentamente, aunque una sombra de tristeza seguía oscureciendo su rostro. En su interior, sabía que era cierto, pero cada día se hacía más difícil. A menudo se sentía atrapada en un ciclo de nostalgia, añorando el tiempo en que su vida era más simple y menos marcada por el sacrificio.

Mientras caminaban, el silencio comenzó a volverse incómodo, y Issei decidió que era el momento de abrirse un poco más.

—Rias —dijo, deteniéndose para mirarla a los ojos—. A veces siento que no solo hemos perdido a nuestros líderes, sino que también hemos perdido parte de nosotros mismos en el proceso.

Rias lo miró fijamente, y en sus ojos vio una chispa de entendimiento.

—Es verdad. Me siento… vacía a menudo. A veces me pregunto si puedo ser la misma Rias que era antes de todo esto.

—No tienes que serlo. Nadie espera que vuelvas a ser la misma —dijo Issei, dando un paso más cerca de ella—. Hemos pasado por tanto, y eso nos ha cambiado. Pero no significa que no podamos encontrar un nuevo camino juntos.

Rias bajó la vista, luchando contra las emociones que brotaban dentro de ella.

—¿Y si no soy lo suficientemente fuerte? ¿Y si no puedo llevar la carga que ellos dejaron? —su voz era un susurro.

Issei se acercó, sosteniendo sus manos.

—Eres más fuerte de lo que crees. Y no tienes que cargar con todo esto sola. Estamos juntos en esto. Cada uno de nosotros tiene su papel que jugar.

—¿Y tú? ¿Qué pasa contigo, Issei? —preguntó Rias, su mirada volviendo a encontrarse con la de él—. Sé que has estado luchando también.

Issei inhaló profundamente, sintiendo el peso de sus propias inseguridades.

—A veces, siento que no soy suficiente. Que no puedo protegerte como ellos lo hicieron. Pero cada vez que te veo luchar, cada vez que veo tu determinación, me inspiras a ser mejor.

Rias sonrió débilmente, pero había un brillo de gratitud en sus ojos.

—Gracias, Issei. Eso significa mucho para mí.

Ambos se quedaron en silencio, el peso de la conversación envolviéndolos. De repente, algo cambió en el aire.

—Rias —dijo Issei, sintiendo que su corazón latía más rápido—. Quiero que sepas que siempre estaré a tu lado. No importa lo que pase, no voy a dejarte sola. — el castaño durante este periodo de tiempo pudo pensar muchas cosas, en especial todo relacionado con las chicas.

Rias sintió una oleada de calidez en su pecho. Era un sentimiento que había estado buscando, una luz en la oscuridad que había invadido sus días desde el sellado de Trihexa.

—Yo también quiero que sepas eso —respondió, su voz temblando ligeramente—. No sé qué nos depara el futuro, pero sé que quiero que estemos juntos, sin importar qué pase.

Con el impulso de sus palabras, Issei dio un paso más cerca, sintiendo el calor de Rias a su alrededor. Ella lo miró a los ojos, y en ese momento, todo lo que había pasado pareció desvanecerse. Era como si el peso del mundo hubiera desaparecido, dejando solo la conexión entre ellos.

—Rias… —susurró, sintiendo la necesidad de expresar todo lo que había guardado en su corazón.

—Issei… —ella lo interrumpió, un destello de esperanza brillando en sus ojos—. No tengo todas las respuestas. Pero quiero intentar encontrar nuestro camino juntos.

Issei sonrió, el corazón latiendo con fuerza.

—Entonces, lo haremos. Juntos.

Y, en un acto que se sentía inevitable, se acercaron el uno al otro. Sus labios se encontraron en un suave beso, un gesto lleno de promesas y esperanzas para el futuro. Fue un beso que simbolizaba no sólo su conexión, sino también la fuerza que encontrarán en la adversidad.

Cuando se separaron, ambos estaban llenos de una renovada determinación. Sin embargo, justo en ese momento, un ruido detrás de unos arbustos hizo que se sobresaltaran. Issei se dio la vuelta, y al mirar, se encontró con los rostros de Koneko, Akeno, Asia, Xenovia, Rossweisse y Ravel, que los observaban con ojos muy abiertos.

—Senpai, eso no es justo —exclamó Koneko con su típica expresión neutra, cruzando los brazos y frunciendo el ceño — .Yo quiero un beso también!

Akeno se rió, dando un pequeño salto de emoción.

—¡¿Por qué no nos lo dijiste antes?! ¡Podríamos haber sido el público ideal! —dijo, guiñándole un ojo a Issei.

—No estábamos espiando, ¡solo estábamos observando! —defendió Koneko, con una mirada desafiante.

Xenovia se cruzó de brazos, sonriendo con picardía.

—A mí me parece que un beso de Issei es un espectáculo que no deberíamos perdernos. ¡Propongo que lo repita!

Rossweisse, sonrojándose levemente, intervino.

—No estoy segura de si es apropiado, sino ……… que como tu maestra Issei es mi deber vigilar que no hagas algo pervertido en público , SI! eso es! - exclamó la valquiria excusándose de su presencia aquí.

Ravel, cruzando los brazos y mirando hacia otro lado, dijo con desdén.

— Como si necesitaran una excusa para ver a Issei besándose. No me interesa, pero si van a hacer una competencia, yo también puedo participar. No estoy celosa ni nada… ¡solo puedo hacerlo mejor que todas ustedes! - Decía la rubia Tsundere mirando hacia otro lado.

Issei sintió que el calor subía a su rostro mientras las chicas comenzaban a discutir animadamente sobre cómo organizarlo.

—¡Espera, ¿qué?! —preguntó, intentando procesar la situación.

—R-Rias-Onee-sama… ¿por qué le diste un beso a Issei? —preguntó Asia, tratando de mantener la compostura, aunque su expresión delataba sus verdaderos sentimientos.

Rias se giró, sorprendida por la repentina aparición de Asia, que parecía estar luchando contra una tormenta de emociones.

—¿Asia? Yo… —Rias comenzó, pero no encontró las palabras adecuadas.

—No es justo —interrumpió Asia, frunciendo el ceño mientras se cruzaba de brazos—. ¡Yo también quiero un beso! - exclamó la rubia alfil mientras cerraba sus ojos con sus labios en señal de un beso, que parecía lindo viniendo de ella.

Issei, que había estado tratando de manejar la situación, se sintió abrumado.

—Eh… Asia, no es que…

—¡Exacto! —la interrumpió Asia, mirando a Issei con ojos suplicantes—. ¡Si Rias Onee-sama puede tener un beso, entonces yo también!

—¿Y qué? ¿Es que hay alguna regla que diga que solo Rias puede tener un beso de Issei? ¡Quiero decir, si hay que hacer una competencia, entonces yo tengo que participar también!

Rias, ahora sintiendo la presión del momento, se rió nerviosamente.

—Chicas, por favor, no necesitamos hacer de esto un gran espectáculo…

—¡Claro que sí! —exclamó Akeno, animando a las demás—. ¡Esto es emocionante! - exclamó la sacerdotisa sádica saltando hacia la espalda de su amado mordiendo una oreja en el proceso.

La idea de que Rias hubiera sido la primera en acercarse a Issei la llenaba de celos. A pesar de que apreciaba a Rias y su relación, no podía evitar sentirse celosa.

—¿Por qué él tiene que besarte a ti primero? —preguntó Asia, su tono un poco más agudo—. Quiero decir, ¡yo he estado con Issei-san tanto tiempo!

Lo que en un pasado Asia no haría algo de esta manera, tras combatir a lado de sus hermanas de harem, inspirado por el coraje de su amado, la chica devoto a dios había crecido, ahora mostraba más confianza en sus acciones y palabras en decir.

Issei, atrapado entre las dos chicas, intentó intervenir.

—Oigan, creo que cada una de ustedes tiene derecho a compartir momentos especiales conmigo. No quiero que esto se convierta en un conflicto.

Xenovia, que había estado disfrutando del espectáculo, sonrió.

—Parece que tenemos que organizar una competencia de besos, después de todo. ¡Eso resolvería este dilema!

Asia, sintiéndose un poco avergonzada, miró a Rias y luego a Issei, tratando de ocultar su incomodidad.

—Bueno, tal vez si… si puedo ser parte de eso, entonces podría… —dijo, titubeando. volviendo a ser la tímida Asia de todos conocemos.

Koneko asintió con entusiasmo.

—¡Entonces somos seis! ¿Cómo lo organizamos?

—¡Yo soy la jueza! —exclamó Akeno, levantando la mano con un brillo travieso en los ojos—. Seré imparcial, lo prometo. — Lamió sus labios con una mirada seductora hacia su querido.

Issei sintiendo un torbellino de emociones. La idea de que todas compitieron por su atención era tanto emocionante como aterradora. No pudo evitar poner una cara de bobo con solo imaginar tal escena.

—¡Ise-kun ! chicas! —gritó Irina, moviendo la mano con entusiasmo mientras se acercaba—. ¡Les traigo un mensaje de Azazel!

La conversación se detuvo y todos los ojos se volvieron hacia ella. Issei frunció el ceño, sintiendo que algo importante estaba por suceder.

—¿Qué pasa, Irina? —preguntó, intrigado por su energía contagiosa.

—Azazel está buscándolos a todos. ¡Es algo emocionante! —exclamó Irina, sus ojos brillando—. Y no solo a ustedes, también al grupo de Sona. ¡Él quiere que se reúnan!

Rias se giró hacia Irina, preocupada pero también algo curiosa.

—¿Por qué nos necesita?

Irina hizo una pausa, poniendo una mano en su barbilla como si estuviera reflexionando.

—No estoy segura, pero parece que es algo de suma importancia que podría alegrar a todos! —dijo con un brillo infantil en su mirada. Recordando cuando lo vio, todo sucio lleno de aceite de máquina, en su rostro podía ver la felicidad.

Koneko, cruzando los brazos, intervino con su tono habitual.

—¿Problemas?

—¡No lo es! Pero Azazel se ve muy emocionado, así que probablemente sea algo genial —respondió Irina, sonriendo de oreja a oreja—. ¡Él mencionó que hay que estar preparados para lo que venga!

Rias se enderezó, su voz decidida.

—Debemos ir a ver qué quiere Azazel. — Decía la pelirroja volviendo a su postura como líder, ahora su ojos volvió a tener ese brillo, esto le había ayudado bastante además de aclarar su mente.

Issei asintió, sintiendo que la responsabilidad comenzaba a pesarle, pero también había un destello de determinación en su interior.

Mientras el grupo comenzaba a moverse, la emoción y la anticipación llenaban el aire. Issei sintió que, sin importar lo que tuvieran que enfrentar, lo harían juntos, y eso le daba la fuerza que necesitaba.

Laboratorio de Azazel

El grupo se dirigió a un laboratorio moderno y bien iluminado, lleno de extraños dispositivos y tecnologías que combinaban la ciencia con la magia. Las paredes estaban cubiertas de pantallas que mostraban datos y gráficos en constante movimiento. En el centro de la habitación, Azazel estaba trabajando en un dispositivo, pero levantó la vista al oír sus pasos.

—¡Hola, hola! —saludó Azazel, dejando de lado sus herramientas mientras se acercaba con una sonrisa—. ¡Me alegra ver que todos han llegado!

El grupo se agrupó, notando que Sona Sitri y su equipo estaban ya presentes, observando el lugar con curiosidad.

¿Qué es tan importante que necesitamos reunirnos aquí? —dijo Sona, con un tono profesional, aunque su mirada denotaba interés.

Azazel hizo un gesto hacia la máquina, que zumbaba con energía.

—Este es un nuevo proyecto en el que he estado trabajando —dijo, su tono volviéndose más serio—. Una máquina que puede ayudar a traer de regreso a algunos de los líderes caídos. Pero hay un riesgo involucrado. — Dijo sin más rodeo.

Los ojos de los presentes se abrieron de manera grande con una enorme sorpresa.

—¿De verdad? ¿Eso es posible? — preguntaron ambas herederas de manera unísona con un brillo esperanzador en sus ojos.

—Si los cálculos no me fallan, cosa que nunca han fallado, esta máquina logra traerlos de vuelta por completo —explicó Azazel, señalando el artefacto con entusiasmo— Sin embargo, requiere una cantidad de energía masiva para funcionar correctamente.

Rias lo miró con una mezcla de interés y cautela.

—¿Qué tan masiva?

Azazel suspiró, asintiendo hacia Issei.

—Para ser honesto, necesitaré tu ayuda, Issei. El poder del Dragón Emperador Rojo podría ser la clave para estabilizar el proceso y proporcionar la energía necesaria.

Issei miró a Rias y luego a Azazel, un poco sorprendido, pero con determinación en sus ojos.

—Si eso ayuda a traer de vuelta a los líderes, cuenten conmigo. Haré lo que sea necesario.

Azazel sonrió, complacido con su disposición.

—Perfecto. Pero debo advertirte, Issei, esto puede ser inestable. La máquina aún es un prototipo y, como dije, hay riesgos.

Rias apretó suavemente su mano con la de issei — Ise, mejor no hay que arriesgarnos — dijo la princesa a su amado, no quería correr el riesgo de perder a alguien por más baja que sea las posibilidades.

Issei sintió el peso de su preocupación y le sonrió con ternura.

—Rias, sé que esto da miedo, pero si podemos ayudar a traer de vuelta a quienes se sacrificaron por nosotros, creo que vale la pena intentarlo. Confía en mí, no permitiré que nada nos separe.

Ella asintió, todavía con cierta inquietud, pero confiando en la determinación de Issei. Tomó aire, relajando un poco su agarre.

—De acuerdo… pero promete que no harás nada imprudente —dijo, intentando mantener su voz firme.

Azazel, observando la interacción, intervino.

—Lo entiendo, y respeto sus preocupaciones. Pero con el poder de Issei, podemos hacerlo de forma segura, aunque aún es un prototipo. Y, claro, estoy aquí para cualquier ajuste necesario.

Azazel ajustó los controles finales y se alejó, preparándose para activar la máquina.

—Bien, cuando te lo indique, Issei, quiero que liberes tu energía. Intentaré canalizarla a través de la máquina —explicó Azazel, observando cada detalle del panel.

Issei respiró hondo y asintió. Mientras él se preparaba, Rias se quedó cerca, lista para apoyarlo, su mano todavía entrelazada con la de él en señal de apoyo y confianza.

—¡A la cuenta de tres! —anunció Azazel, su voz llena de tensión y emoción—. ¡Uno… dos… tres!

Issei liberó una oleada de energía de Dragón Emperador Rojo, y el laboratorio se iluminó con un destello carmesí. La máquina empezó a vibrar intensamente, y los tubos de cristal que la rodeaban comenzaron a llenarse de una luz roja que parecía pulsar, como si respirara. Las pantallas a su alrededor mostraban una avalancha de datos, líneas de energía que subían y bajaban erráticamente mientras el zumbido en el laboratorio aumentaba.

Sin embargo, de repente, un chasquido metálico rompió el flujo estable. Los controles parpadearon y el tono de la máquina se volvió agudo y estridente. Las luces rojas pasaron a un tono púrpura, y la vibración se volvió inestable, sacudiendo todo el laboratorio.

—¡Azazel! ¡¿Qué está pasando?! —gritó Rias, con una mezcla de sorpresa y miedo, al sentir una corriente de energía fría y opresiva que les rodeaba.

Azazel comenzó a ajustar frenéticamente los controles, su rostro lleno de preocupación.

—¡Algo está absorbiendo demasiada energía! ¡Esto no debería estar ocurriendo! —exclamó, con las manos temblando mientras manipulaba los diales.

La máquina empezó a emitir un sonido grave y pulsante, como el latido de un corazón que se aceleraba. El suelo temblaba bajo sus pies, y en el aire flotaba una carga eléctrica que hacía que los cabellos se les erizaran. De pronto, una serie de destellos azules se dispararon de la máquina como chispas, iluminando el laboratorio de forma intermitente.

Un campo de fuerza empezó a expandirse, rodeando a Issei y Rias, como una neblina de energía que se arremolinaba a su alrededor.

—¡No puedo detenerlo! ¡Está jalando su energía hacia el núcleo! —gritó Azazel, mirando horrorizado cómo el campo envolvía a Issei y Rias.

Issei intentó apartarse, pero la fuerza invisible que emanaba de la máquina era como una corriente que lo arrastraba. A su lado, Rias luchaba por mantenerse firme, extendiendo una mano hacia él.

—¡Issei! —gritó Rias, intentando alcanzarlo.

El aire en el laboratorio se volvió denso y vibrante, como si la realidad misma se estuviera distorsionando. En ese instante, la máquina emitió un destello final, un destello cegador que consumió a Issei y Rias en un remolino de luces y sombras.

Con un destello cegador, la figura de Issei y Rias se desvaneció frente a todos, dejando el laboratorio en un silencio impactante. En el aire quedó una densa cortina de humo gris que se extendió rápidamente, envolviendo el lugar. Los presentes apenas podían ver a través de la niebla que llenaba el laboratorio, cubriéndose el rostro para evitar el humo.

Justo en ese momento, una figura alta e imponente comenzó a formarse en medio de la neblina. La tensión en el aire creció mientras todos miraban con asombro, tratando de distinguir de quién se trataba. Finalmente, una voz profunda y familiar rompió el silencio, sonando con un toque de desconcierto.

—¿Dónde… estoy?

La voz pertenecía a alguien que parecía perdido, casi desorientado. Cuando el humo se disipó del todo, reveló su rostro: Sirzechs Lucifer, el poderoso demonio, el legendario Satán que todos creían perdido junto con los otros líderes en el sellado de Trihexa.

Azazel, Asia, Sona y el resto del grupo lo miraron en completo asombro. Nadie esperaba ver a Sirzechs en ese momento.

—Sirzechs… —murmuró Azazel, tratando de comprender lo que estaba viendo—. ¿Eres realmente tú?

Sirzechs parpadeó, adaptándose lentamente a su entorno. Su mirada alternaba entre Azazel y los demás, mostrando su desconcierto evidente. Parecía intentar recordar lo último que había experimentado, como si lo que acababa de suceder fuera completamente incomprensible para él.

—¿Qué está pasando? —preguntó Sirzechs en voz baja, aún mirando alrededor—. Lo último que recuerdo es… la oscuridad. Estábamos sellados, luchando contra Trihexa y manteniendo el sello. Sabíamos que sería un encierro eterno… pero de repente, sentí una intensa luz, y luego… —Sirzechs sacudió la cabeza, perplejo— …aparecí aquí. No entiendo cómo.

Azazel, aún tratando de asimilar lo sucedido, observó la máquina, que ahora estaba inerte y cubierta de chispas.

—Intentamos usar esta máquina para traerlos a todos de regreso, a ti y a los otros líderes… pero algo salió terriblemente mal —admitió Azazel, su voz tensa—. En lugar de traerlos a todos ustedes, la máquina absorbió a Issei y a Rias. No imaginábamos que solo tú regresarías.

Sirzechs miró a Azazel, y luego a los demás, su rostro mostrando una mezcla de confusión y preocupación.

—¿Issei y Rias? ¿Ellos… se sacrificaron para liberarnos?

La incredulidad era evidente en su expresión. Había planeado su sacrificio y el de los otros líderes para mantener la paz, y ahora veía que su liberación había tenido un costo inesperado.

—Parece que la energía que intentamos canalizar a través de la máquina fue demasiado inestable —continuó Azazel—. Algo en el proceso desencadenó un fallo que los absorbió a ellos, en lugar de traerlos a ustedes de vuelta. Solo tú pudiste regresar, Sirzechs.

Sirzechs bajó la mirada, asimilando lo que había escuchado. El peso de la situación le hizo apretar los puños.

—Es irónico… ellos trataron de liberarnos y ahora son ellos quienes han desaparecido. Esto no debería haber pasado de esta manera.

Azazel puso una mano en el hombro de Sirzechs, tratando de infundir algo de calma.

—No fue tu culpa. Nadie esperaba este resultado. Ahora, nuestra prioridad es entender lo que sucedió y encontrar una manera de traer de vuelta a Issei y a Rias.

Sirzechs alzó la vista, mirando a cada uno de los presentes con determinación.

—Debemos traerlos de vuelta. Issei y Rias no merecen este destino, y no descansaré hasta encontrar una solución para recuperar a aquellos que hicieron tanto por nosotros.

Asia, con lágrimas en los ojos, se adelantó, mirando a Sirzechs con esperanza y preocupación.

—¿Podremos realmente recuperarlos, Sirzechs-sama?

Sirzechs le ofreció una sonrisa tranquila y asintió.

—No nos detendremos hasta conseguirlo, Asia. Este no es el final para ellos.

Con esas palabras, una nueva determinación llenó el laboratorio. Sabían que traer de vuelta a Issei y Rias sería un reto monumental, pero ninguno de ellos estaba dispuesto a abandonar la misión.

Con Issei y Rias

En un instante, Issei y Rias sintieron cómo sus cuerpos eran envueltos por una fuerza desconocida, y el laboratorio de Azazel desapareció de su vista. Al abrir los ojos de nuevo, se encontraron flotando en una inmensa oscuridad, un vacío absoluto donde no había sonido ni sentido de dirección. Era como si estuvieran suspendidos en una dimensión sin fin, atrapados en el borde de lo irreal.

Ambos se miraron, notablemente visibles en ese vacío, como si una extraña luz estuviera solo enfocada en ellos.

—Issei, ¿qué… qué ha pasado? —susurró Rias, su voz siendo lo único que rompía el inquietante silencio.

—No lo sé… pero tengo el presentimiento de que algo salió mal con la máquina de Azazel. —Issei intentó mantener la calma, aunque en su interior comenzaba a formarse un nudo de nerviosismo—. Este lugar… no parece real. Es como si estuviéramos atrapados en algún tipo de…

De repente, una brillante luz los envolvió desde todas direcciones, haciéndolos entrecerrar los ojos. El vacío alrededor comenzó a iluminarse, y antes de que pudieran procesar lo que sucedía, la oscuridad se convirtió en un vasto y despejado cielo azul.

Ambos sintieron una extraña presión bajo ellos y, en un instante, sus cuerpos comenzaron a caer a una velocidad vertiginosa. El viento golpeó sus rostros mientras se daban cuenta, horrorizados, de que estaban cayendo desde una gran altura.

—¡Rias! ¡Estamos cayendo! —gritó Issei, su voz llena de sorpresa y algo de pánico al ver que el suelo se acercaba rápidamente.

Rias, reaccionando al instante, extendió sus alas de demonio.

—¡Usa tus alas, Ise! ¡Vamos, hazlo ahora! —le gritó, mientras desplegaba las suyas para frenar la caída.

Siguiendo su ejemplo, Issei concentró su energía y desplegó sus alas de dragón, que se abrieron con un brillo intenso, amortiguando la velocidad de su descenso. Pero el viento seguía rugiendo en sus oídos, y el suelo parecía venir hacia ellos a una velocidad imparable.

Mientras caían, Issei miró a su alrededor, tratando de encontrar algo que pudiera darles una pista sobre su ubicación. Sin embargo, todo lo que pudo ver fue un paisaje de verde vibrante y árboles que se alzaban majestuosos hacia el cielo. Los troncos eran gruesos y robustos, y las copas de los árboles parecían formar un denso manto de hojas.

—¿Rias? —dijo Issei, su voz llena de asombro y confusión—. No reconozco este lugar. Es… solo bosque. No hay ciudades a la vista.

Rias frunció el ceño, mirando también hacia el paisaje que se extendía bajo ellos.

—Tienes razón. No hay señales de civilización. Solo árboles y más árboles… —su voz se tornó preocupada, entendiendo que estaban lejos de cualquier lugar familiar.

A medida que continuaban cayendo, Issei comenzó a sentir la presión del aire contra su cuerpo. Los árboles ahora se veían más cercanos y definidos, y una sensación de peligro creció en su interior. Cada segundo que pasaba parecía que estaban acercándose cada vez más al suelo.

—¡Rias, debemos frenar antes de que sea demasiado tarde! —exclamó, su corazón latiendo con fuerza.

Rias asintió, su expresión se tornó seria. Con un esfuerzo, ambos comenzaron a batir sus alas con fuerza, tratando de frenar la caída. El aire a su alrededor se agitó, pero a pesar de sus esfuerzos, el impulso de la caída era difícil de controlar.

—¡No puedo…! —gritó Issei, sintiendo que la fuerza de la gravedad los empujaba hacia abajo.

Justo cuando parecía que se estrellarían contra el suelo, un último batir de alas logró que ambos se elevaran un poco. La caída se convirtió en un aterrizaje brusco, pero lograron amortiguarlo lo suficiente como para no sufrir heridas graves. Se deslizaban por el suelo cubierto de hojas y pasto, hasta que finalmente se detuvieron.

Ambos se quedaron tendidos sobre el suelo durante unos momentos, recuperándose del shock y la adrenalina. El olor a tierra húmeda y vegetación los rodeaba, y el canto lejano de aves se podía escuchar entre el murmullo de las hojas.

Finalmente, Issei se giró para mirar a Rias, sonriendo entre el cansancio y la sorpresa.

—¿Estamos… estamos bien? —preguntó, mientras se levantaba con un poco de dificultad.

Rias se levantó lentamente, observando a su alrededor. El bosque era hermoso, con árboles altos que se extendían hacia el cielo, y una luz suave filtrándose entre las hojas. Pero no podía ignorar la sensación de desorientación que se cernía sobre ellos.

—Parece que hemos llegado a un lugar diferente… —dijo, aún un poco aturdida, mientras sus ojos buscaban alguna señal que les indicara dónde estaban.

Después de haberse recuperado del aterrizaje, Rias miró a su alrededor, tratando de asimilar su nueva realidad. La belleza del bosque que los rodeaba no podía ocultar la creciente inquietud que sentía en su pecho. Sabía que necesitaban encontrar una manera de regresar y, lo más importante, averiguar qué había salido mal con la máquina de Azazel.

—Issei, debemos intentar comunicarnos con alguien —dijo Rias, su voz firme pero tensa—. Tal vez Azazel o los demás puedan ayudarnos.

—¿Cómo haremos eso? —preguntó Issei, frunciendo el ceño—. No tenemos nada aquí.

Rias pensó rápidamente y decidió que podía intentar crear un pequeño círculo mágico. Se concentró y, con un movimiento de su mano, comenzó a formar el símbolo mágico. Un destello de luz roja surgió mientras las runas brillaban en el aire, girando con energía mágica.

—Si puedo canalizar suficiente energía, tal vez logre conectarme —murmuró Rias, su expresión de determinación en aumento. Se concentró en la imagen de Azazel y sus compañeros, y, con un susurro, pronunció: —. ¡Azazel! ¡Necesito tu ayuda!

El círculo mágico resplandeció intensamente, llenando el bosque con una luz cálida. Rias sintió que la energía fluía a través de ella mientras intentaba establecer la conexión. Sin embargo, a medida que la luz brillaba con fuerza, no hubo ningún sonido en respuesta, ni la llegada de voces familiares.

—No… no puede ser —murmuró, frustrada mientras el círculo comenzaba a desvanecerse—. No puedo comunicarme con él.

Issei se acercó a ella, preocupado.

—¿Está funcionando? —preguntó, observando cómo la luz se apagaba lentamente.

—El círculo mágico está bien —respondió Rias, con un leve suspiro de decepción—. Pero no hay respuesta. Tal vez estamos demasiado lejos, o este lugar está bloqueando la magia.

—¿Deberíamos intentarlo de nuevo? —sugirió Issei, decidido a no rendirse.

Rias asintió, y juntos intentaron nuevamente. Esta vez, Rias canalizó todo su poder hacia el círculo, imaginando a sus compañeros: Akeno, Koneko, Asia, Xenovia, Rossweisse y Ravel. Pero, al igual que antes, no hubo señales de respuesta, y la conexión simplemente no se estableció.

—No hay forma de conectarnos —dijo Rias, sintiendo cómo la frustración se apoderaba de ella—. Estamos completamente aislados.

—No te desanimes, Rias. Aún estamos juntos, y eso es lo que importa —dijo Issei, intentando infundir un poco de optimismo en la situación.

Pero Rias no pudo evitar sentir que el peso del mundo caía sobre sus hombros. Sin comunicación con sus aliados, estaban solos en un lugar desconocido. La idea de que podían estar en peligro era inquietante, y su mente se llenó de preguntas sin respuestas. ¿Qué había salido mal con la máquina de Azazel? ¿Qué les había pasado a los demás?

—Necesitamos encontrar un lugar seguro y evaluar nuestra situación —sugirió Rias, tratando de pensar en un plan mientras el bosque seguía extendiéndose ante ellos—. Tal vez podamos encontrar alguna pista sobre cómo regresar.

Issei asintió, su determinación renovada.

—Tienes razón. No nos rendiremos. Juntos podemos superar esto.

A medida que caminaban por el bosque, el ambiente comenzaba a transformarse. El sol se filtraba a través de las hojas, creando patrones de luz y sombra en el suelo cubierto de hierba. El canto de los pájaros y el suave murmullo de un arroyo cercano llenaban el aire, haciendo que el lugar se sintiera casi mágico.

Rias miró a su alrededor y, aunque la incertidumbre de su situación pesaba en su mente, no pudo evitar sonreír al ver la belleza del paisaje.

—Este lugar es realmente hermoso, Issei —dijo, admirando los altos árboles que los rodeaban—. Es como un cuento de hadas.

Issei, al notar la luz del sol iluminando el rostro de Rias, sintió que su corazón latía más rápido. La situación era extraña, pero había algo en el entorno que hacía que se sintiera más relajado.

—Sí, es un buen lugar para estar… a pesar de todo lo que ha pasado —respondió, con una sonrisa un poco nerviosa—. Tal vez podríamos… no sé, considerar esto como una especie de cita.

Rias giró la cabeza hacia él, sus ojos brillando con sorpresa y alegría.

—¿Una cita? —preguntó, con un leve rubor en sus mejillas—. Es cierto, estamos aquí solos en este hermoso bosque, y no hay nada que nos interrumpa.

Issei se rascó la nuca, un poco avergonzado pero emocionado al mismo tiempo.

—Exacto. Quiero decir, a pesar de que no sabemos dónde estamos, al menos tenemos el uno al otro, ¿verdad? —dijo, intentando sonar más seguro de sí mismo.

—Así es —asintió Rias, su sonrisa ensanchándose—. A veces, las situaciones inesperadas pueden ser las más memorables.

Ambos se detuvieron junto al arroyo, donde el agua cristalina corría suavemente. Rias se agachó y sumergió sus dedos en el agua fría, disfrutando de la sensación.

—Mira, Issei. Este lugar tiene una tranquilidad especial. Podríamos olvidarnos por un momento de que estamos perdidos —dijo, mirando hacia arriba y sonriendo al sol.

—Sí, es como si el mundo exterior no existiera aquí —respondió Issei, sintiéndose cada vez más cómodo en la compañía de Rias.

De repente, el sonido del agua y el canto de los pájaros parecía envolverlos, y se sintió como si el tiempo se detuviera. Rias se levantó y se acercó a Issei, su mirada fijándose en él con una intensidad que lo hizo sentir mariposas en el estómago.

—Issei… gracias por estar aquí conmigo. No importa lo que pase, siempre me siento más segura a tu lado —dijo Rias, sinceramente.

—Yo también, Rias. Siempre estaré aquí para ti —respondió Issei, sus palabras cargadas de emoción.

Ambos se miraron a los ojos, y en ese instante, el mundo a su alrededor desapareció. Era como si solo existieran ellos dos en ese hermoso bosque, compartiendo un momento de conexión profunda y sinceridad.

—¿Quieres… que exploremos un poco más? —preguntó Issei, tomando la mano de Rias con un toque suave—. Tal vez encontremos algo que nos ayude o simplemente disfrutemos de este lugar.

Rias asintió, sintiendo que la calidez de la mano de Issei envolvía su corazón.

—Me encantaría —respondió, apretando su mano suavemente. Juntos comenzaron a caminar de la mano, explorando el bosque y disfrutando de la belleza que los rodeaba, olvidándose por un momento de la confusión y la incertidumbre que los había llevado allí.

La situación se sentía cada vez más como una cita, y aunque sabían que debían encontrar una manera de regresar, también estaban agradecidos por el tiempo que pasaban juntos en ese lugar mágico.

Mientras tanto ….

En una parte más profunda del bosque, una figura ágil se movía entre los árboles con una velocidad sorprendente. Con su cabello negro azabache, que caía en suaves ondas hasta la mitad de su espalda, cada movimiento acentuaba su silueta esbelta y estilizada. Las orejas de gato que adornaban su cabeza se mantenían erguidas y atentas, captando cada sonido en el aire, y sus ojos, de un vibrante color dorado, centelleaban con una mezcla de determinación y ansiedad.

Vestía un elegante conjunto oscuro que se ajustaba perfectamente a su figura, diseñado para permitirle moverse con libertad y agilidad. La tela se ceñía a su cintura, resaltando su esbelta cadera, mientras que un top ajustado realzaba la delicadeza de su torso. Detalles en blanco en su vestimenta acentuaban su estilo y otorgaban un aire enigmático, haciéndola aún más intrigante. Sus piernas, largas y fuertes, se movían con gracia felina, saltando de rama en rama como si el bosque mismo la llevara a través de un danzón.

Detrás de ella, los sonidos de sus captores se hacían más cercanos, sus voces resonando con frustración y furia. La chica apretó los dientes y aceleró su paso, su corazón latiendo con fuerza mientras sus instintos la guiaban. Sabía que debía mantenerse un paso adelante; su vida dependía de ello.

—¡No dejes que se escape! —gritó una de las voces detrás de ella, llenando el aire con una sensación de urgencia.

Sintiendo que el tiempo se acababa, la joven se concentró en el terreno delante de ella. En un instante, saltó sobre una rama baja y se deslizó por el tronco de un árbol, aprovechando la inercia para realizar un giro ágil y aterrizar en el suelo blando sin hacer ruido. Miró hacia atrás, sus orejas de gato se movían con cada ligero sonido, y pudo ver a sus perseguidores acercándose. Su respiración se aceleró, pero no podía permitirse el pánico.

Con un último esfuerzo, corrió hacia un claro en el bosque. La luz del sol brillaba intensamente, iluminando su camino mientras la brisa fresca acariciaba su rostro. En su interior, una chispa de esperanza se encendió. Podía sentir que su libertad estaba al alcance, pero debía ser cautelosa.

En el claro, la chica se detuvo por un momento para observar el paisaje que se extendía ante ella. La belleza del bosque acentuaba su figura, y la forma en que la luz del sol iluminaba su piel le daba un aura casi etérea. Sin embargo, sabía que no podía quedarse ahí. Con un último vistazo hacia atrás, se preparó para continuar su carrera, su determinación más fuerte que nunca. No dejaría que la atraparan; su espíritu indomable y su instinto felino la guiaban hacia la libertad.

Mientras tanto, la belleza del bosque se convertía en su aliada, y ella, una joven de cabellos oscuros y orejas de gato, se sumergía más en la vegetación, determinada a escapar de los que la perseguían y encontrar su camino hacia la seguridad.

La joven de cabello negro azabache corría con todas sus fuerzas, el bosque se desvanecía a su alrededor en un borrón de verde y marrón. Justo cuando creía que había encontrado un respiro, un giro descuidado la llevó a chocar de frente con algo sólido.

¡Pum! El impacto la hizo caer de espaldas al suelo, y su mirada se levantó para encontrar un par de ojos sorprendidos, que brillaban con un matiz de confusión. Era un joven con cabello castaño y una expresión que combinaba sorpresa y curiosidad.

Issei, aún procesando lo que había sucedido, rápidamente se puso en una posición de guardia, como si estuviera listo para enfrentarse a un enemigo. No esperaba encontrar a nadie más en este rincón del bosque, especialmente no a alguien como ella, con orejas de gato y una aura que irradiaba tanto peligro como gracia.

—¿Quién eres? —preguntó, manteniendo la guardia mientras su mente intentaba descifrar la situación. El instante de contacto había sido inesperado, y la inquietud se apoderó de él al darse cuenta de que no era una simple caminante.

La chica, aún en el suelo, lo miró con desconfianza, su instinto felino alerta. Sabía que no estaba en su territorio; este lugar estaba marcado como parte del dominio de la White Fang. En un instante, sus orejas se movieron con atención, captando el sonido de pasos aproximándose.

—Tienes que... —comenzó a decir, pero sus palabras se detuvieron al escuchar los gritos lejanos y el crujir de ramas detrás de ella.

Issei, al notar su inquietud, miró a su alrededor justo cuando una docena de figuras emergieron de entre los árboles, todas vestidas con los uniformes distintivos de la White Fang. Sus miradas eran feroces, y algunos de ellos mostraron ligeros rasgos animales, como garras afiladas y colmillos prominentes.

—¡Ahí está! —gritó uno de los captores, señalando a la chica que se había topado con Issei. Los demás rápidamente formaron un semicírculo a su alrededor, bloqueando cualquier posible escape.

La situación se tornó tensa. Rias, que había estado observando desde la distancia, se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Su corazón se aceleró mientras se levantaba y se acercaba a Issei, sin poder creer que su momento a solas estaba siendo interrumpido por una confrontación inminente.

—Issei, ten cuidado —advirtió Rias, posicionándose a su lado, lista para intervenir. A pesar de que habían querido disfrutar de su tiempo juntos, sabía que debían mantenerse alertas.

La chica de orejas de gato se levantó lentamente, todavía evaluando el peligro. Con su agilidad natural, se puso en una postura defensiva, lista para atacar o huir si era necesario. Sin embargo, sentía que no había escape posible en esta situación.

—No busco pelea, solo quiero escapar —dijo, su voz firme pero cargada de ansiedad.

Pero los captores deWhite Fang no estaban interesados en escuchar.

—¡Atrápala! —gritó uno de ellos, avanzando hacia ella, mientras el resto se preparaba para actuar.

Issei sintió que la tensión aumentaba en el aire y supo que necesitaban actuar rápido. En ese momento, el bosque ya no era el tranquilo refugio que habían encontrado; se había convertido en un campo de batalla.

—¡Nos ocuparemos de esto! —dijo Issei, preparándose para defender a la chica, consciente de que su cita había quedado en un segundo plano. La calma y la belleza del bosque se desvanecieron, reemplazadas por el peligro inminente que los rodeaba.

Issei sintió la presión creciente a su alrededor mientras la tensión aumentaba. Sin pensarlo dos veces, levantó su mano izquierda, y con un destello de luz roja, el Boosted Gear apareció en su brazo. Un guantelete rojo con decoración dorada y gema verde.

—¡Boosted Gear! —exclamó Issei, sintiendo cómo la energía comenzaba a fluir a través de él, llenándolo de confianza y determinación.

A su lado, Rias también se preparó para la batalla. Su mano derecha se envolvió en una energía de destrucción brillante, que emanaba una luz intensa y vibrante. El aura de poder que la rodeaba era palpable, y el aire a su alrededor parecía distorsionarse levemente. Los cabellos de Rias ondeaban a su alrededor, y su expresión se tornó seria y decidida, lista para respaldar a Issei en esta situación.

—Estaré contigo, Issei —dijo Rias, su voz firme y segura. Sabía que, juntos, podían enfrentar cualquier desafío que se presentara. Con su energía de destrucción pulsando en su mano, estaba lista para desatar un ataque devastador si era necesario.

La joven de orejas de gato miró a Issei, sintiendo una mezcla de sorpresa y esperanza al ver su determinación. Sabía que no solo se enfrentaba a sus captores, sino que también tenía aliados inesperados en este extraño encuentro. y viendo más a detalle, podía ver que son humanos.

{Que diablos hacen unos humanos en una lugar como este?} — eran los pensamientos de la chica, pero rápidamente fue traído de regreso.

Los miembros de la White Fang, al ver el despliegue de poder de Issei y Rias, se detuvieron momentáneamente, una mezcla de confusión y cautela surgiendo en sus rostros.

—¡No dejaremos que te lleven! —gritó Issei, la confianza llenando sus venas mientras se preparaba para enfrentar la amenaza.

Los miembros de la White Fang se agruparon, tomando posiciones alrededor de Issei y Rias. Empuñaban lanzas, espadas y escudos, y algunos de ellos estaban armados con arcos, listos para disparar flechas en cualquier momento. La atmósfera se tornó tensa, y el silencio del bosque se rompió con el sonido de los corazones latiendo al unísono.

—¡Adelante! —gritó uno de los soldados de White Fang, levantando su lanza al aire y dando la señal para atacar.

Issei sintió que la adrenalina recorría su cuerpo. Con un grito de batalla, se lanzó hacia adelante, el Boosted Gear brillando intensamente en su brazo izquierdo. Con un rápido movimiento, se arrojó hacia el primer atacante, un guerrero de la White Fang que blandía una espada.

El chico se movió con agilidad, esquivando el ataque y contraatacando con un puñetazo cargado de energía del Boosted Gear. El impacto fue devastador; el guerrero fue lanzado hacia atrás, cayendo inconsciente al suelo.

—¡Eso es! —gritó Rias desde atrás, su voz llena de aliento. Desde una distancia segura, observaba atentamente, preparada para intervenir si algún enemigo lograba acercarse demasiado a Issei. La energía de destrucción aún brillaba en su mano, lista para desatar su poder en el momento adecuado.

Mientras Issei se enfrentaba a otro oponente, la joven de orejas de gato no perdió tiempo. Con movimientos rápidos y ágiles, se unió al combate, lanzándose sobre un enemigo armado con una lanza. Con una pirueta elegante, esquivó el ataque y utilizó su agilidad para golpear la muñeca del guerrero, haciendo que la lanza cayera al suelo. Sin esperar un segundo más, lo derribó con un rápido movimiento de su pierna, dejándolo fuera de combate.

—No esperaba encontrar aliados en humanos, pero esto es un buen cambio —murmuró, antes de saltar hacia otro atacante.

A medida que la pelea continuaba, Issei y la joven trabajaron en perfecta sincronía, ambos intercambiando ataques y defensas, manteniendo a raya a los miembros de la White Fang. Issei se movía con confianza, utilizando su poder para incapacitar a los enemigos sin causarles daño mortal. Cada golpe que daba estaba lleno de determinación, y la emoción de la batalla lo mantenía enérgico.

Mientras tanto, Rias se aseguraba de que ningún enemigo se acercara por sorpresa. Desde su posición, lanzó ráfagas de energía de destrucción hacia aquellos que se atrevían a rodear a Issei. Con cada ataque, desmantelaba las posiciones de sus enemigos, dejándolos aturdidos y vulnerables.

—¡Cuidado, Issei! —gritó Rias cuando un guerrero con arco apuntó hacia él, preparado para disparar. Sin dudar, desató un pequeño ataque de energía que desvió la flecha, impactando en un árbol cercano.

—Gracias, Rias. ¡Sigamos! —respondió Issei, sintiendo que el apoyo de su prometida le daba aún más impulso.

La joven de orejas de gato, viendo la conexión entre los dos, sonrió levemente. Sin embargo, no se permitiría distraerse. Se movió rápidamente, enfrentándose a otro grupo de atacantes, utilizando su agilidad felina para evadir ataques y golpear con precisión.

En un instante de tensión, un guerrero de la White Fang, desbordado por la situación, trató de atacar a Issei desde un costado. Sin embargo, la joven se lanzó en su dirección, lanzando un fuerte golpe que lo derribó justo a tiempo.

—No te dejaré que te lastimen, humano —dijo con un destello de desafío en sus ojos, sonriendo mientras se colocaba de pie junto a él.

Issei sintió una extraña conexión con ella mientras luchaban codo a codo. No estaban luchando solo por sobrevivir, sino por proteger algo más grande: la libertad y la paz que merecían.

La pelea continuó, y el bosque se llenó del sonido de los ataques y los gritos de sorpresa de los miembros de White Fang. Issei, Rias y la joven de orejas de gato se convirtieron en un trío formidable, luchando juntos contra la adversidad, dejando a sus enemigos fuera de combate sin dejar rastro de muerte. Cada uno, con su propia fuerza y habilidades, se unió en un esfuerzo por demostrar que no estaban dispuestos a ser intimidados.

Con el último de los guerreros de la White Fang derrotado, el bosque volvió a caer en un silencio inquietante. Los miembros de la facción que habían intentado capturar a la joven se encontraban ahora en el suelo, inconscientes y aturdidos, mientras Issei, Rias y la joven de orejas de gato se recuperaban del intenso combate. En especial la pelinegra.

Issei se pasó una mano por la frente, limpiándose el sudor mientras miraba a su alrededor, asegurándose de que no hubiera más peligros inmediatos. Rias, todavía lista para cualquier eventualidad, se acercó a él con una sonrisa de orgullo.

—Lo hiciste increíble, Issei —dijo Rias, su voz llena de admiración.

Sin embargo, la joven de orejas de gato no parecía interesada en quedarse más tiempo. Con un rápido movimiento, dio media vuelta y comenzó a alejarse, su figura deslizándose entre los árboles con agilidad felina.

—¡Espera! —gritó Issei, sintiendo que debía decir algo antes de que desapareciera. Su voz resonó en el aire, lleno de urgencia—. ¡Estamos perdidos!

La chica se detuvo en seco, dándose la vuelta con una expresión de duda. Sus orejas de gato se movieron levemente, y el brillo de sus ojos reflejó una mezcla de curiosidad y confusión.

—¿Perdidos? —preguntó, sus instintos felinos aún alerta, pero claramente intrigada por la afirmación de Issei.

Rias observó la interacción, sintiéndose algo sorprendida por el efecto que Issei tenía sobre la joven. La chica parecía titubear, indecisa entre seguir su camino o volver.

La chica de orejas de gato, aún en tensión, observó a Issei y a Rias con una mirada llena de desconfianza. Los ecos de la pelea aún resonaban en sus oídos, y la sensación de peligro seguía presente en el aire del bosque.

—¿Por qué debería ayudarles? —preguntó, cruzándose de brazos y arqueando una ceja, aunque su expresión comenzaba a perder la dureza. Issei podía notar que su postura defensiva era más un reflejo de su incertidumbre que de una real hostilidad.

Issei sintió que debía hacer un esfuerzo por romper esa barrera. Con un tono decidido, dio un paso hacia ella, buscando hacer contacto visual.

—Mira, sabemos que esto es un territorio complicado. Pero si estás aquí, significa que conoces este lugar mejor que nosotros —comenzó, tratando de mostrar sinceridad en cada palabra—. No estamos buscando peleas, solo queremos encontrar una manera de regresar a casa.

Rias, observando la dinámica entre ambos, decidió unirse a la conversación. Se acercó un poco más, su presencia imponente suavizada por una sonrisa genuina.

—Entendemos que puedas sentirte incómoda. Pero, al igual que tú, estamos atrapados en un lugar que no conocemos —dijo Rias, su voz cálida y comprensiva—. Si nos ayudas, podríamos salir de aquí juntos. Además, Issei y yo estamos dispuestos a protegerte si algo sucede.

La chica de orejas de gato frunció el ceño, dudando. Sus orejas se movieron levemente, como si intentaran captar el tono de sus voces y la sinceridad en sus palabras. Ella sabía que el bosque podía ser un lugar peligroso, pero había algo en la forma en que ambos hablaban que la hacía reconsiderar su decisión de huir.

—¿Y si esto es una trampa? —dijo, su voz ahora más baja y reflexiva—. No puedo confiar en nadie, especialmente en humanos.

—Lo entiendo —replicó Rias con calma—. La desconfianza es normal. Pero piénsalo de esta manera: si sigues sola, ¿qué pasará si te encuentras con más de ellos? —dijo, señalando a los cuerpos inconscientes de los miembros de la White Fang que yacían en el suelo—. Juntos, somos más fuertes. Podemos cuidarnos mutuamente.

Issei asintió, añadiendo con fervor:

—No solo eso, sino que también necesitamos tu conocimiento del bosque. Si nos orientas, podemos encontrar un camino hacia la seguridad. No queremos ser una carga; solo queremos salir de aquí.

La joven pareció sopesar las palabras de Rias y Issei. El silencio se extendió, y su mirada se movió entre ellos, como si tratara de leer sus intenciones. Finalmente, con un suspiro resignado, dejó caer los brazos y dio un paso hacia ellos.

—Está bien... —dijo con una voz más suave—. Pero no tengo garantías de que sea seguro. Este lugar está lleno de peligros, incluso más que esos tipos.

—Lo sabemos —dijo Rias, sonriendo con aliento renovado—. Pero si trabajamos juntos, podremos enfrentar cualquier cosa que se nos presente.

La chica de orejas de gato, aunque aún un poco reacia, se sintió atraída por la sinceridad que emanaba de Issei y Rias. Asintió lentamente, como si finalmente hubiera tomado una decisión.

—De acuerdo, les ayudaré. Pero no se interpongan en mi camino —agregó con una chispa de desafío en su voz, aunque su tono había perdido su dureza inicial.

Issei sonrió, sintiéndose aliviado de que ella decidiera quedarse.

—¡Genial! —exclamó Issei, su entusiasmo regresando al sentir que habían dado un paso adelante hacia su solución.

Rias compartió una mirada de complicidad con Issei, sintiendo que su plan para ayudar a la joven había funcionado. Con la chica de orejas de gato ahora dispuesta a ayudar, Issei y Rias se sintieron más seguros en su búsqueda de un camino de regreso.

Con un nuevo sentido de propósito, Issei, Rias y la joven de orejas de gato se adentraron en el bosque. El sol se filtraba a través de las copas de los árboles, creando patrones de luz y sombra en el suelo cubierto de hojas. Mientras caminaban, la chica de orejas de gato, que aún no había revelado su nombre, lideraba el camino con movimientos ágiles, sus orejas atentas a cada sonido a su alrededor.

—Así que, ¿cómo te llamas? —preguntó Issei, tratando de romper el hielo mientras seguían el ritmo de su guía.

La joven giró la cabeza para mirarlo, sus ojos brillando con un destello de curiosidad.

—No tengo que decírtelo. No tengo la costumbre de compartir mi nombre con extraños —respondió, aunque su tono no era tan hostil como antes. Había una leve curiosidad en su mirada.

Rias, siempre perceptiva, intervino para suavizar la conversación.

—Está bien, no es necesario que lo hagas ahora. Pero, si estás con nosotros, tal vez deberíamos conocer el nombre de nuestra aliada —dijo Rias, sonriendo de manera amable—. Yo soy Rias Gremory, y este es Issei Hyoudou.

La chica de orejas de gato dudó un momento, claramente sopesando si debía abrirse a ellos o no. Finalmente, con un suspiro, dejó caer la guardia un poco más.

—Blake. Solo Blake —dijo, y aunque era una respuesta breve, Issei sintió que había logrado algo.

—¡Encantado de conocerte, Blake! —exclamó Issei, su entusiasmo irradiante.

Mientras continuaban caminando, Rias observó a su alrededor, sintiendo que el lugar era tanto hermoso como inquietante. Los árboles eran altos y robustos, con una vegetación densa que creaba un ambiente casi mágico. Sin embargo, el silencio que envolvía el bosque estaba cargado de tensiones ocultas.

—Blake, ¿por qué estabas siendo perseguida por esos sujetos? —preguntó Rias, tratando de entender mejor la situación

Blake se detuvo, mirando hacia el suelo antes de responder. Su expresión se endureció un poco, pero finalmente, cambió de tema sin dar una respuesta directa.

—Lo importante ahora es que estamos juntos y necesitamos salir de aquí —dijo, su voz más firme—. Este bosque puede ser peligroso, y no estoy dispuesta a dejar que me atrapen de nuevo.

Issei asintió, comprendiendo su deseo de no compartir más.

—Lo entiendo, Blake. Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó, decidido a seguir adelante.

Rias, sintiendo que la conversación estaba tomando un buen rumbo, añadió:

—Sí, parece que nuestra llegada a este lugar no fue intencional. Pero tenemos que encontrar la salida antes de que la situación se complique más.

Blake asintió, su expresión volviéndose seria.

—Es un buen punto. Hay criaturas peligrosas en este bosque, y los de White Fang no son los únicos que deben preocuparnos. Tendremos que estar alertas y trabajar juntos si queremos salir de aquí —dijo, su determinación brillando a través de su voz. Revelando el nombre de ese grupo que perseguía a Rias e Issei.

A medida que el grupo se adentraba caminaba más siendo guiada por blake para salir del bosque, el ambiente se volvía cada vez más denso y misterioso. Los sonidos de la naturaleza eran casi ensordecedores, desde el canto de las aves hasta el murmullo del viento entre las hojas. Sin embargo, la tensión en el aire era palpable, y todos sentían que no estaban solos en ese vasto lugar.

De repente, Issei se detuvo en seco, su instinto de cazador gritando que algo no estaba bien.

—¿Escucharon eso? —preguntó, mirando a sus compañeras.

Blake asintió, sus orejas de gato se movieron en dirección a un sonido distante que parecía un crujido.

—Sí, parece que algo se mueve cerca de aquí —respondió, su mirada volviéndose aguda y atenta.

Rias, sintiendo que la atmósfera estaba cargada de tensión, se preparó. Su mano comenzó a rodearse de un resplandor rojo, una manifestación de su poder.

—No importa lo que sea, debemos estar preparados —dijo Rias, lista para enfrentar cualquier cosa que pudiera salir de la maleza.

Issei, sintiendo la energía de Rias, tomó una profunda respiración y se armó de valor.

—¡Estoy listo! —exclamó, levantando la Boosted Gear en su mano izquierda.

En ese momento, un grupo de criaturas emergió del denso follaje. Eran bestias grandes, con un pelaje oscuro y ojos resplandecientes que brillaban con una ferocidad salvaje. Sus garras eran afiladas, y parecían decididas a atacar.

—¡Cuidado! —gritó Blake, retrocediendo un paso para estar lista para atacar.

Sin dudarlo, Rias lanzó una esfera de energía de destrucción hacia una de las criaturas, que estalló en una nube de humo y pelos volando.

—¡Issei! ¡Combina tus poderes con el mío! —gritó Rias mientras se preparaba para lanzar otro hechizo.

Issei asintió, sabiendo que debía mantener la calma. Con el poder de la Boosted Gear fluyendo a través de él, canalizó su fuerza hacia Rias.

—¡Boost! —gritó, y su poder se duplicó, llenando el aire con una energía electrizante.

Las criaturas comenzaron a moverse, atacando con ferocidad. Issei se lanzó hacia adelante, utilizando su velocidad para esquivar a una de las bestias, golpeando con su puño revestido de energía. La criatura cayó al suelo, incapaz de levantarse.

Blake se unió al combate rápidamente, usando su agilidad para moverse entre las bestias. Con movimientos fluidos y precisos, lanzó una serie de golpes y patadas, haciendo que las criaturas retrocedieran.

—¡No son tan fuertes! —gritó Issei mientras atacaba con más confianza, viendo cómo su aliado, Blake, manejaba la situación.

Mientras el combate continuaba, Rias se mantuvo detrás de ellos, apoyando a Issei con hechizos de energía. Su conexión se sentía más fuerte a medida que luchaban juntos, sus movimientos sincronizados como si fueran un solo ser.

Las bestias, aunque ferozmente resistentes, no pudieron soportar la combinación del poder de Rias y la agilidad de Blake. Poco a poco, fueron siendo derrotadas, cayendo una tras otra en el suelo del bosque.

Finalmente, después de una intensa batalla, el último de los atacantes fue derribado. Issei, con el corazón latiendo fuertemente en su pecho, miró a sus compañeras, respirando pesadamente.

—Eso fue intenso... —dijo, sonriendo con una mezcla de adrenalina y orgullo.

Rias sonrió, su mirada satisfecha mientras se acercaba a Issei.

—Bien hecho, Issei. Estuviste increíble. —Luego, dirigiéndose a Blake—. Y tú también, Blake. Eres muy hábil en combate.

Blake asintió, aunque su expresión seguía siendo seria.

—No hay tiempo para descansar. Debemos seguir moviéndonos antes de que más aparezcan. —Se giró para continuar su camino, pero no antes de que Issei la detuviera.

Mientras avanzaban por el bosque, la curiosidad de Issei se intensificó. Se dio cuenta de que había mucho más en juego de lo que había imaginado, y quería entenderlo todo.

—Blake, mencionaste que esos sujetos eran de White Fang, pero ¿qué hay de los bestias oscuras con máscaras blancas? ¿Qué son? —preguntó, buscando respuestas en los ojos de la chica pelinegra.

—Los Grimms son criaturas de la oscuridad, enemigos naturales de los humanos y los faunos. Se alimentan del miedo y la desesperación. Pueden variar en formas y tamaños, desde criaturas pequeñas como los Beowolves hasta gigantes como los Ursa y los gigantes de sombras. Son una amenaza constante en el mundo de Remnant —explicó, su tono serio mientras pensaba en las batallas que había enfrentado contra ellos. Al igual un sentimiento raro que esos dos estén preguntando sobre los grimms , siendo que son criaturas comunes en estos alrededores.

Issei frunció el ceño, confundido.

—¿Nunca hemos visto nada parecido en el mundo humano? ¿Cómo es que no hemos escuchado de ellos? —preguntó, sintiendo una creciente inquietud al igual que su amada pelirroja.

Después de horas de caminar, el grupo finalmente llegó a lo que parecía una ciudad. Sin embargo, al acercarse, Issei y Rias se dieron cuenta de que las estructuras eran completamente diferentes a cualquier cosa que hubieran visto antes. Los edificios tenían un estilo que evocaba la Inglaterra del siglo XIX, con fachadas de ladrillo y ventanas de madera adornadas, pero con sorprendentes toques modernos: luces de neón parpadeando suavemente, pantallas que mostraban anuncios brillantes, y faroles de gas que iluminaban las calles empedradas.

Blake, consciente de que podría atraer miradas curiosas, rápidamente tomó un pañuelo que había traído y se lo ató en la cabeza, ocultando sus orejas de gato. Con el pañuelo atado en forma de moño, su apariencia se volvió más común, lo que le permitió mezclarse con el entorno sin llamar demasiado la atención.

—Esto es… realmente raro —murmuró Issei, mirando a su alrededor con asombro—. ¿Qué clase de ciudad es esta?

Rias frunció el ceño, sintiendo una mezcla de admiración y cautela.

—Es como si hubiéramos viajado a otra época, pero con tecnología moderna. —Su mirada se posó en las luces que parpadeaban a lo largo de las calles, tratando de entender la extraña combinación.

Blake, observando con atención, sintió una leve ansiedad.

—Tal vez deberíamos ser cautelosos. No sé cómo reaccionarán al ver a… personas como nosotros. —Su voz era un susurro, consciente de que cualquier error podría atraer la atención no deseada.

Issei asintió, intentando calmar sus nervios.

—No, no, estoy seguro de que si nos comportamos con normalidad, no debería haber problema. Vamos, solo hay que actuar como si estuviéramos de paso.

A medida que avanzaban, Issei se fijó en un grupo de personas riendo y disfrutando de la noche. Sintió un impulso de unirse a ellos, pero Rias lo detuvo.

—Recuerda, Issei. Debemos estar alerta. No sabemos si este lugar es seguro.

—Tienes razón —respondió Issei, tratando de ser más serio, aunque todavía sentía una chispa de emoción—. Pero aún así, esto es interesante.

Mientras caminaban por las calles iluminadas, Issei y Rias comenzaron a sentir que algo estaba fuera de lugar. Un aire de inquietud se instaló entre ellos, una sensación que iba más allá de la simple novedad del lugar. Fue entonces cuando, atraídos por un brillo inusual, ambos miraron hacia el cielo.

La luna, que normalmente sería un faro de luz plateada en la noche, aparecía de manera extraña, como si estuviera parcialmente destrozada. Grandes fragmentos faltaban de su superficie, creando un aspecto inquietante que hacía que la noche pareciera aún más surrealista. La luz que emanaba era tenue y fría, arrojando sombras extrañas sobre el pueblo.

Issei se quedó boquiabierto, incapaz de apartar la vista de la luna distorsionada. Su corazón comenzó a latir con fuerza mientras procesaba lo que veía.

—¿Qué… qué demonios es eso? —preguntó, su voz temblorosa.

Rias, al lado de él, sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus ojos se abrieron con sorpresa, y la realidad comenzó a asentarse en su mente.

—Issei… —susurró, su voz apenas un eco de lo que sentía—. Creo que estamos en otro mundo.

Las palabras se escaparon de sus labios como un susurro temeroso, y mientras miraba la luna, el miedo y la incertidumbre se mezclaron en su interior. La idea de que todo lo que conocían estaba ahora lejos, y que la familiaridad se había desvanecido, era abrumadora.

Mientras Issei y Rias continuaban observando la extraña luna, la conversación entre ellos tomó un giro hacia el inquietante suceso que los había llevado hasta aquí. La imagen de la máquina de Azazel cruzó la mente de Rias como un relámpago, recordando la intensa luz y la energía que habían sentido en el laboratorio.

—Issei, la máquina de Azazel… —empezó Rias, su voz cargada de preocupación—. La máquina que intentaba traer de vuelta a los líderes sellados.

Issei frunció el ceño, recordando la forma en que la máquina había comenzado a fallar y la energía descontrolada que la había rodeado antes de que desaparecieran.

—Sí, ¿pero qué tiene que ver con esto? —preguntó, su mente aún tratando de procesar la conexión.

—Cuando la máquina falló, sentimos una gran cantidad de energía… —dijo Rias, su voz apenas un susurro—. Quizás fue esa energía la que nos transportó aquí, a este lugar.

El corazón de Issei se hundió un poco al considerar la posibilidad de que su destino estuviera en manos de un experimento que había salido mal.

—Eso significa que estamos atrapados en este mundo porque Azazel no pudo controlarlo —dijo, su expresión llena de frustración—. ¡Esto no puede ser!

Rias apretó su mano, intentando reconfortarlo.

—No podemos darlo por perdido. Tenemos que averiguar cómo volver. —Miró hacia la luna destrozada, como si buscara respuestas en su luz extraña—. Pero primero, debemos encontrar un lugar seguro y reunir información sobre este mundo.

Mientras Issei y Rias discutían la extraña situación en la que se encontraban, ambos notaron que, en algún momento durante su conversación, Blake había desaparecido. Al principio, no se dieron cuenta, sumidos en sus pensamientos y preocupaciones sobre la máquina de Azazel y el nuevo mundo que les rodeaba. Pero cuando finalmente se dieron cuenta de su ausencia, un leve escalofrío recorrió la espalda de Rias.

—¿Dónde se fue Blake? —preguntó Issei, girando la cabeza en busca de la chica de orejas de gato.

Rias frunció el ceño, escaneando los alrededores. La oscuridad de la noche se había apoderado de las calles, y la luz de las farolas iluminaba solo pequeñas secciones del entorno. No había rastro de la joven, solo un eco de los sonidos lejanos de la ciudad que parecía continuar sin ellas.

—No lo sé… —respondió Rias, que al parecer cuando vieron la luna fue el momento en el que la chica pelinegra desapareció, al parecer ese breve equipo solo fue hasta aquí.

Issei se sintió un poco incómodo. Había apreciado la ayuda de Blake en la lucha, y ahora que la necesitaban, se había esfumado como una sombra en la noche.

—¿Crees que esté bien? —preguntó, una sensación de inquietud creciendo en su interior—. Podría estar en problemas.

Rias lo miró, comprendiendo su preocupación. Aunque había sido una extraña aliada, había demostrado tener habilidades y determinación. Sin embargo, la idea de que alguien más pudiera estar acechando en las sombras era perturbadora.

—No tengo idea de cómo funciona este mundo o si hay más peligros. Tal vez deberíamos buscarla —sugirió Rias, sintiendo que era lo correcto.

Issei asintió, su instinto de protección activándose.

—Sí, definitivamente. No podemos dejarla sola aquí. —Se detuvo un momento, sintiendo la urgencia—. Pero debemos tener cuidado. Si los de White Fang regresan o si hay otros enemigos, no podemos permitir que nos atrapen.

Rias miró a su alrededor, sintiendo la ansiedad crecer en su pecho, pero luego se volvió hacia Issei. Con una sonrisa suave y alentadora, dio un paso adelante, dejando que la luz de las farolas iluminara su rostro.

—Ise, no te preocupes tanto —dijo, su voz cálida y llena de confianza—. Aunque estemos perdidos, mientras estemos juntos, podemos enfrentar cualquier cosa.

Sin esperar una respuesta, Rias se acercó a él y tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de él. La calidez de su toque y la conexión instantánea infundieron en Issei un sentido de calma. Miró a Rias, sorprendido pero feliz al mismo tiempo. Su sonrisa lo llenó de una determinación renovada.

—Siempre estaré a tu lado, Rias. —Issei sonrió, sintiendo que la conexión que compartían era más fuerte que cualquier incertidumbre que enfrentaban.

—Exacto. Así que sigamos adelante. —Rias lo miró fijamente, la determinación brillando en sus ojos. Aunque el mundo a su alrededor era extraño y desconocido, tener a Issei de su lado le daba fuerzas para seguir adelante.

Así, con las manos entrelazadas, Issei y Rias avanzaron hacia la misteriosa ciudad, su vínculo fortalecido por las pruebas que habían enfrentado y la incertidumbre que aún se cernía sobre ellos. Las luces parpadeantes y los sonidos lejanos de la vida nocturna creaban una atmósfera envolvente, pero en sus corazones, solo había espacio para la esperanza y la determinación.

Con la determinación de encontrar respuestas sobre este mundo y la promesa de volver a reunirse con Blake, Issei y Rias continuaron su camino, sabiendo que cada paso que daban los acercaba un poco más a la verdad. Y así, en un mundo desconocido lleno de maravillas y peligros, un nuevo capítulo de su aventura comenzaba a desplegarse ante ellos.