Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia total o parcial.
Toma mi mano
Capítulo 7.
Vi que tomó aire y aunque no tardó mucho en comenzar, yo lo sentí como una eternidad.
- Bueno… - inició. - cuando nos vimos en el parque, te dije que estaba bien de manera general, pero con respecto a mi esposo, no estaba segura. – asenté. – Es porque, la mañana siguiente, después de que me llevaste a casa de mi madre, Bankotsu llegó. - Abrí los ojos, ¿Bankotsu? Repetí. Ese... ¿era su nombre?
Era la primera vez que Rin, lo mencionaba.
Y lo había dicho con tanta naturalidad, acaso, ¿Imaginó siquiera, lo que provocaría en mí? Lo dudé por un segundo, pues me pareció ver en sus ojos un poco de inquietud. No obstante, duró tan poco y continuó hablando tan rápido que, no pude percibir si fue real o fue mi imaginación.
Tragué amargo, estaba seguro de una cosa, nunca olvidaría ese nombre.
- Era temprano cuando llegó, había ido a buscarnos a mí y a Hishiro. Obviamente estaba molesta y deseaba hablar con él sobre lo sucedido, pero la casa de mi madre no era el lugar apropiado, así que, nos fuimos a nuestra casa.
Aun no había terminado de digerir que Rin me había confesado el nombre de su esposo cuando utilizó esa oración; "Nuestra casa" ¡maldita sea! Acaso, ¿cada día me volvía más débil? O quizás, menos indiferente al dolor, pues, con solo un par de palabras, fue suficiente para herirme.
Solté aire, intentando con todas mis fuerzas no demostrarle lo que sentí. Por su parte, continuó.
- Cuando llegamos a casa, afortunadamente mi pequeño estaba dormido así que, pudimos hablar. O, eso se intentó.
- ¿Se intentó? – intervine. – Entonces…
- Hablamos, sí. – adelantó. – Pero realmente, no llegamos a una conclusión. – la observé confuso. - Me refiero a que… le dije todo lo que me dolía, lo que me molestaba, incluso le exigí que me explicara sus razones. Los motivos por los cuales seguía haciendo eso…
- ¿Y te lo dijo? – pregunté ansioso.
- Bueno, si… – tartamudeó. Yo, levanté una ceja. – Pero… es justamente su respuesta, algo que hasta hoy, no he podido comprender.
- ¿De qué hablas? ¿Qué fue lo que te dijo? – indagué ansioso. Había algo extraño en su forma de explicar, por lo que, la observé con atención.
- Me dijo que, si se va con sus amigos por días es porque, es necesario para él.
- ¿Necesario? – repetí, frunciendo el ceño, ¿De qué demonios estaba hablando?
- Si. Dijo que lo necesita. Que utiliza ese tiempo para despejar su mente, de preocupaciones, de la rutina, de…
- ¿De sus obligaciones? ¿De sus responsabilidades? – interrumpí. Ella, dirigió sus ojos a mí.
- Bueno, yo no lo diría de esa manera. – mencionó, bajando la mirada.
- ¿Ah, no? ¿Entonces cómo le llamarías a eso? – vi que intentó responder. Al final, simplemente, guardó silencio.
Me recargué en el respaldo de la silla y al instante sentí un ardor en mi estómago. Lo sabía, lo que había bajado por mi garganta hace un momento, era el sabor de la bilis. ¡Maldita sea! No me había equivocado. Ese sujeto, era un despreciable gusano.
No volví a hablar hasta controlar mis emociones. Cerré los ojos un momento y llevé una de mis manos a mi frente, después respiré profundo.
- ¿Realmente te dijo eso, Rin?
- Si. – afirmó. Y cuando creí que no podía molestarme más, añadió. – También, me dijo que, nunca creyó necesario que debía explicarme puesto que, yo ya debía saberlo.
- ¿Ya debías saberlo? ¿Debías saber qué? –cuestioné, sintiendo cada vez más grande el deseo de tenerlo de frente y romperle el hocico.
- Supongo que, la razón por la que lo hace. – suspiró. – Aunque, más que saberlo, creo que a lo que se refería era que; debí de haberlo entendido.
- Rin…
- Y quiero hacerlo, Sesshomaru.
- ¡¿Qué?! – expresé atónito.
- Quiero entenderlo. Quiero, aceptar y estar de acuerdo con sus razones. – solté aire. No podía creerlo, ¿había escuchado bien?
- Espera, Rin, ¿A qué te refieres?– intervine, sintiendo cómo todas mis emociones cambiaban drásticamente de una inmensa rabia, a un monumental temor.
- Es que, no lo sé, tal vez, sí lo necesite. – dijo al instante.
- Pero, ¿De qué estás hablando? ¿Cómo demonios sería necesario?
- Es que, cuando regresa, él se ve muy feliz. Su humor cambia, se vuelve agradable, atento y cariñoso. Quizás por eso lo hace. – me quedé inmóvil. – Aun así, me resulta muy difícil aceptarlo, o estar de acuerdo con eso. ¡Es por eso que necesito tu ayuda, Sesshomaru! - ¿Qué? - ¡Me gustaría que me ayudaras a entender mejor a mi esposo! Sentí mi cuerpo trémulo, y sin poder responderle solamente, la observé.
¿Mi ayuda? ¿Necesitaba mi ayuda para entender a su esposo? ¿Para aceptar lo que le había dicho? ¡Por Dios! ¿Qué había sucedido con Rin?
La mujer que estaba frente a mí, no era ella, no era la Rin que yo conocía. La que estaba observando tan perplejo, era una mujer, sumisa, débil, vulnerable. Acaso, ¿Era la mujer que yo había provocado que se convirtiera? ¿Realmente era mi culpa?
Tenía que saberlo. Debía averiguar qué había pasado en mi ausencia pero… ¡Maldita sea! Ese no era el momento.
Aunque no quería, debía enfocarme en lo que estaba hablando con ella, así que, regresé mi mente de donde se había ido y nuevamente enfoqué mis ojos en su rostro. De acuerdo. Rin quería aceptar la forma de vida que su esposo deseaba, pero, ¿Por qué? Si bien, tenía que preguntarle no significaba que deseara hacerlo. En realidad, ya no quería escuchar más.
No obstante, tuve que hacerlo. Así que, tomé aire, aunque para ese momento, ya me costaba respirar.
- No entiendo Rin… tú… - pasé saliva. - ¿Quieres aceptar lo que te dijo?
- Si. - y al momento de escucharla, me punzó el corazón.
- Pero, ¿Por qué?
- Porque… - tomó aire. – porque a pesar de que a él no le gusta lo que yo hago, me apoya. – susurró. - Así que, yo debería hacer lo mismo. Es lo justo. - ¿lo justo?
- Pero… ¿Qué es lo que tú haces? – pregunté confundido. Rin, guardó silencio un momento.
- Yo, hago cosas que a él, no le gustan y aun así, me apoya solo porque yo soy feliz con ellas. Así que, quiero hacer lo mismo. Quiero apoyarlo en lo que a él le gusta, así como él me apoya a mí. - Y tras escucharla, supe que no me lo diría.
Entonces lo confirmé, no me estaba diciendo todo. No estaba siendo absolutamente sincera conmigo y aunque eso me dolía un poco, de alguna manera, también la entendí. Volver a confiar en mí, no era fácil para ella. Sin embargo, la conocía, Rin había crecido en una familia con buenas costumbres, era decente y muy inocente. Por lo tanto, estaba seguro que absolutamente nada de lo que hiciera sería tan malo como para que quisiera aceptar ser recíproca con su esposo.
La realidad era; que su esposo era una absoluta basura, y ella merecía saberlo, pero para hacerlo, primero tenía que estar seguro de que era lo que la motivaba.
- Estoy seguro, Rin, que cualquier cosa que tú hagas, no se compara con el querer liberarse de sus obligaciones. – dije tratando de sonar tranquilo. Lamentablemente, su respuesta no me ayudó en nada.
- ¿Liberarse? – repitió. – Mi esposo no quiere liberarse de ellas. Solo toma un respiro para poder continuar. – fruncí el ceño.
- ¿Solo toma un respiro? ¿Ahora lo estas justificando? ¿Entonces ya no necesitas mi ayuda?
- ¿Qué? No lo estoy justificando. – aclaró. - Lo que hago es tratar de entenderlo. Y si fuera así, ¿Qué tiene de malo justificar a "mi" esposo? – resaltó eso último y aunque admito que me dolió, el sentimiento que estaba ganando en ese momento, era la furia.
- ¿Qué tiene de malo? ¿Estás hablando en serio, Rin? – y después de soltar un suspiro, ya no pude contenerme más. -¿Qué acaso, no te das cuenta de lo que está haciendo?
- ¿De qué hablas?
- Rin. – interrumpí. - Ese sujeto… tu esposo, Está jugando contigo – sus grandes ojos cobrizos, se abrieron.
- ¡¿Qué?! – expresó, al instante en que vi en su rostro la clara expresión de sorpresa e incredulidad. Y a pesar de que sabía que ese pequeño descontrol de mis emociones afectaría nuestra conversación, no me arrepentí de haberle dicho la verdad.
Rin, no dijo nada por un momento, solo me observó. Pasados un par de segundos, por fin, abrió la boca.
- ¿Cómo es posible que digas eso? – preguntó entre suspiros. Y si bien, dije antes que no me arrepentía de haberle dicho la verdad, al escuchar la forma en la que me habló, fue suficiente para hacerme tranquilizar.
- Rin… - susurré. - Lo lamento pero, tienes que ver lo que está pasando. Yo solo intento…
- ¿Juzgarme? – interrumpió.
- ¿Qué? No te estoy juzgando. – dije sincero.
- No es como yo lo veo. – insistió.
- Pues no es así. – aclaré. Y volviendo a tomar aire, añadí: Escucha, acordamos ser amigos, ¿no es así? Y es lo que estoy haciendo. Ser tu amigo. Y un amigo, habla con claridad. – sus grandes ojos, no se apartaron de mí. - Sabes perfectamente bien que no te estoy mintiendo, Rin. Lo estás justificando y no es correcto que lo hagas. Porque tampoco lo es el que se vaya y te deje sola por días. – expliqué. - Que quieras comprender y aceptar lo que hace… me parece completamente inaceptable.
- Pero, es mi esposo. – soltó aire.
- Pero que sea tu esposo no lo hace inmune a represalias por sus acciones. Mucho menos por lastimarte. – dije, creyendo que habíamos vuelto a una conversación razonable, hasta que:
- ¿Represalias? ¿A qué te refieres con eso? Acaso, ¿Estás insinuando que…?
- Tómalo como quieras, Rin. – afirmé, y aunque realmente mi intención no fue insinuarle que se divorciara, si ella lo llegaba a pensar, ¿Qué tenía de malo?
De cualquier forma, sabía que no lo haría. ¿Qué más necesitaba comprobar? Rin, lo amaba. A tal grado, que deseaba someterse a sus deseos. De igual forma, también imaginaba que estaba el asunto de su Fe. Sabía que Rin respetaba el matrimonio y la promesa hecha a Dios. Llegó a decírmelo hace años cuando éramos novios, y aunque yo no era muy religioso, siempre respeté sus creencias.
En fin, aunque la idea estaba planteada, no pasaría nada. No importaba que no fuera feliz con su esposo o que ese maldito no la mereciera. Rin, no se divorciaría de él.
Es por eso que, cuando susurró mi nombre, una holeada de confusión me inundó, y de pronto, sentí como si me hubiera rendido ante mis emociones.
- Sesshomaru.
- ¿Sabes? – tomé aire. - No debería de necesitar alejarse de ti para tratarte como debe de ser. – contuve el aliento. – Tan solo… estar cerca de ti, tendría que ser suficiente para… sentir el impulso de hacer lo imposible para hacerte feliz… - no la observé ni un segundo cuando le dije todo eso, así que no puedo decir que hizo o que expresión reflejó su rostro. Lo que si sé, es que, tardó mucho para volver a hablar.
- Yo… lo único que quiero es que nuestro matrimonio funcione.
- Y ¿Crees que va a funcionar así? ¿Aceptando algo que no es correcto?
- ¿Por qué no hacerlo? – cuestionó. – Lo único que quiero es apoyarlo. Así como él me apoya a mí.
- En primer lugar, Rin, ninguno debería hacer algo que al otro no le gusta. Dices que quieres que tu matrimonio funcione. Pero tú tampoco pones de tu parte. Prefieres someterte a remediar lo que tú haces. – exalté. – Además, ¿Qué es en lo que él te apoya que te inquieta tanto? ¿Qué es lo que tú haces? – insistí.
- Yo… - dijo y después de unos segundos de silencio, añadió: Lo siento Sesshomaru, pero no es de tu incumbencia. – eso lo sabía, pero escucharlo de ella, fue quizás lo que me ayudó a regresar a la realidad.
- Supongo que tienes razón. – suspiré bajando la mirada. Entonces:
- ¿Sabes? Yo. – mencionó enseguida. - Aún tengo cosas que hacer antes de recoger a mi hijo del colegio así que, ya debo irme.
- Entiendo. – dije sin más, aun con la mirada baja. Ella, tomó su bolso.
- Te dejo lo de mi desayuno…
- No hace falta. – adelanté. Por su parte, se puso de pie.
- De acuerdo. Muchas gracias. – yo, asenté. – Bueno, supongo que, nos veremos luego. – le dirigí una mirada como respuesta y aunque no quería que nuestra conversación terminara de esa manera, no hice nada. Simplemente, vi cómo se marchó.
No estoy muy seguro de cómo me sentí cuando se fue. Era una combinación entre; molestia, decepción y tristeza. Además de que, no tenía idea de lo que había sucedido.
Es por eso que, solamente, me esperé cinco minutos más, pedí la cuenta, pagué y después, yo también me fui.
Durante la siguiente semana, decidí enfocarme en mi trabajo. Reuniones, proyectos, planos. No me comuniqué con Rin en ninguno de esos días, pues, supuse que era lo mejor dada la forma en que había terminado nuestra conversación en el restaurante. Con esto, no estoy diciendo que no quise hacerlo, en realidad, el saber que tenía su número de teléfono, me causaba ansiedad, pero, el esperar un poco, también fue bueno para mí. Porque así, pude analizar nuestra conversación, así como la actitud de Rin.
Estaba claro, defender a su esposo era una locura. Por más que lo amara, no podía sacarme de la cabeza que había algo que no estaba bien. No era solo amor. Había otro motivo por el cual, Rin, lo defendía. Pero, aun no podía descifrar que era. Lo que me llevó a pensar que; necesitaba saber más sobre su matrimonio. ¿Cómo había sucedido? ¿Cómo había pasado? Rin no me lo diría, de eso estaba seguro, así que, no me quedó otra opción más que investigarlo por mi cuenta. Porque si, no me quedé de brazos cruzados.
Rin tenía dudas sobre su matrimonio. Estaba seguro de eso, y hasta demostrar lo contrario, no me detendría.
Sé que era una locura, también una estupidez. Pero no podía rendirme, la amaba hasta la última fibra de mi ser, y quizás, hacerme esas ideas, eran lo único que me mantenía con vida.
La siguiente semana, después de llegar a la conclusión de que necesitaba obtener más información, me dispuse a ir al único lugar donde podría conseguirla. Eran casi las cinco de la tarde cuando llegué a la recepción.
- Buenas tardes, señor, ¿En qué le puedo ayudar? – dijo la recepcionista.
- Buenas tardes. Estoy buscando a la licenciada, Sango, ¿Se encuentra en este momento? Necesito hablar con ella.
- ¿Quién la busca? – cuestionó con un poco de desconfianza. Quizás porque su puesto de trabajo no era de recibir muchas visitas.
- Dígale que la busca, Sesshomaru Taisho, por favor.
- Claro. – mencionó. – Puede tomar asiento un momento. – ofreció al instante en que tomó el teléfono en sus manos.
Era una medida desesperada buscar a la amiga de Rin, lo sé. ¿Pero para que negarlo? Me sentía desesperado. Así mismo, aunque no me gustara, debía admitir que si deseaba saber más sobre el matrimonio de Rin, la única que podía ayudarme era, Sango. Así que, no tuve otra opción.
- Dice la licenciada Sango que, baja en un momento. – mencionó la señorita, lo cual, me sorprendió.
Desde haberme ido a Estados Unidos, no había vuelto a saber de ella hasta que Rin la mencionó en el restaurante, pero aun así, sabía que verme no sería agradable para ella. Le había roto el corazón a su mejor amiga y por la fama que tenía de ser rencorosa, me imaginé que sería difícil conseguir hablar con ella. Es por eso que cuando me dijo la recepcionista que bajaría en un momento, fue algo que no me esperé. Aunque quizás, solo fue impulsada por su curiosidad. De cualquier forma me preparé, ya sea para recibir un rechazo de su parte en cuanto me viera o cientos de reclamaciones.
Pasaron cinco minutos, realmente no fue mucho tiempo cuando en la recepción escuché el sonido de un par de tacones. Voltee la mirada y era Sango. Está claro que no pudo ocultar su sorpresa cuando me vio, así que, poniéndome en pie, traté de acercarme a ella con tranquilidad.
Por su parte, en cuanto me vio, no se volvió a mover. Solo me observó hasta que llegué ante ella.
- Licenciada. – saludé, pues sabía que la recepcionista estaba atenta.
- Sesshomaru. – pronunció a secas, sin apartar la mirada.
- ¿Me permitiría, hablar con usted un momento? A solas. – enfaticé. Ella, soltó aire.
- ¿Conmigo? – preguntó con un tono de sarcasmo.
- Así es. – y pasando saliva, me arriesgué a decirlo. – Necesito tu ayuda. – vi claramente cómo se sorprendió. Me observó por un momento y después, aceptó.
- Si es así, entonces, está bien. Hablaré contigo.
Dicho eso, le indiqué con la mano y nos encaminamos fuera.
En el edificio, había un tipo de cafetería, así que nos dirigimos ahí. Ninguno pronunció palabra hasta que tomamos asiento.
- Quieres tomar un café… - dije tratando de ser cordial pero ella, inmediatamente me interrumpió.
- No es necesario que me invites un café o una comida Sesshomaru. Lo que tengas que decir, dilo de una vez. ¿Se trata de Rin, cierto? – la observé irritado.
- Así es.
- ¿Y bien? ¿En que necesitas mi ayuda? ¿Quieres saber cómo es que Rin, no te esperó a pesar de que le rompiste el corazón?– pasé saliva. Aunque ya me lo esperaba de su parte, recordé por qué no soportaba a esta mujer. Así mismo, aunque no me gustaba admitirlo sabía que tenía razón.
- No exactamente. – Suspiré.- En realidad, lo que necesito saber es; cómo es que Rin terminó casada con ese sujeto.
- ¿Pues cómo querías que sucediera? Lo conoció, se enamoraron y se casaron, eso es todo. - dijo pero obviamente, no le creí.
- ¡No! No fue así. – adelanté. Ella, levantó una ceja.
- ¿Ah, no?– me retó. – Tú fuiste quien preguntó. Y por lo que sé, no estuviste aquí durante nueve años, así que, no puedes saber qué fue lo que pasó realmente. Y si te digo que Rin, se casó muy enamorada con otro hombre, es porque así pasó.
- No es verdad. – adelanté.
- ¿Y cómo estás tan seguro? – burló.
- Porque si fuera así, cuando pronunciaste que se enamoraron no hubieras desviado tu mirada. Tampoco cuando intentaste reiterarlo al decir que Rin se casó "muy enamorada". Si fuera verdad, habrías mantenido tus ojos fijos en mí, pero no lo hiciste. – expliqué seguro. Sango, pasó saliva.
- Si ya sabías la "verdad" entonces, ¿Por qué viniste conmigo?
- Ya te lo dije. Necesito tu ayuda.
- ¿Para qué? – insistió. - ¿Para recuperar a Rin? Ella ya es una mujer casada, Sesshomaru. – aclaró – Y tienen un hijo… por más que lo desees, ya no puedes hacer nada. – yo, la observé. – Ella, vive feliz con su matrimonio. Así que…
- ¿Estás segura de eso? – interrumpí.
- ¿Qué?
- ¿Realmente crees que Rin es feliz con ese sujeto? – insistí al mismo tiempo en que vi que intentaría justificarse, por lo que, no la dejé hablar. – Sabes bien que no es así.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó.
- Porque aceptaste hablar conmigo. – pronuncié siendo testigo de cómo suspiró entre cortado. – Te pedí ayuda y con eso fue suficiente para que supieras mis intenciones. Por lo tanto, sé que si realmente fuera feliz, no te habría importado mandarme al demonio. Pero no lo hiciste. – Sango, guardó silencio por u momento. Después, en un susurro, volvió hablar.
- Aún sigue teniendo a su hijo, Sesshomaru. Un hijo que no es tuyo. Y eso, nunca va a cambiar.
- Pero si es de ella. – aseguré, mientras que Sangro abriendo los ojos, levantó ambas cejas.
- Así que es cierto ¿he? La sigues amando.
- Nunca dejé de hacerlo.
- Entonces ¿Por qué te fuiste? – exaltó. - ¿Por qué le rompiste el corazón? ¿Acaso no sabes lo mucho que la lastimaste? ¿Lo mucho que sufrió y lloró por ti? Casi destruyes su vida, ¡al grado de que tuvo que conformarse con ese imbécil de Bankotsu! – expresó molesta y sin darse cuenta, pronunciando información clave.
- ¿De qué hablas? ¿Cómo que conformarse? – cuestioné enseguida. Ella, al darse cuenta de lo que había hecho, bajó la mirada. – Sango, por favor. – insistí. - ¿Qué quisiste decir con eso?
- Yo… No conozco toda la verdad, Sesshomaru. Hubo un momento en la vida de Rin que hasta hoy no me ha dicho pero… tengo mis sospechas.
- ¿Sobre qué? – soltó aire.
- Sobre su matrimonio. No lo sé, creo que… creo que solo se casaron por su hijo. – sentí un hueco en el estómago.
- ¿A qué te refieres? Acaso ellos…
- Por la manera tan abrupta en que se casaron, hice mis propias cuentas y, descubrí que Rin, cuando se casó, ya estaba embarazada de su hijo. Al menos tres o cuatro meses de embarazo. Y pensé que, quizás, si los padres de Rin, se enteraron y al ser tan tradicionalistas supuse que, insistieron en que se ejecutara ese matrimonio. – y así como terminó de pronunciar esa última palabra. Así mismo, sentí en mi pecho, como si me hubieran clavado miles de estacas de un solo golpe. – No obstante. – añadió. – Rin no me ha confirmado nada hasta el día de hoy porque… no me he atrevido a preguntárselo, hasta el día de hoy. – no dije nada, solo la observé. Aunque lo intenté, el dolor en mi pecho no me dejaba hablar. Entonces, al notarlo, Sango, prosiguió. – Escucha, Sesshomaru, no sé qué piensas hacer con esta información, o si realmente te será de ayuda. Por lo que, lo único que puedo decirte es que; lo que sea que quieras hacer, piénsalo antes de ejecutarlo. No me gustaría y tampoco quiero que otra de tus malas decisiones vuelvan a afectar la vida de Rin. – vi que sus ojos se cristalizaron. Sabía que su amiga le dolía, por lo que lo único que pude decir fue:
- No volverá a suceder. Lo prometo.
- Me estoy arriesgando mucho al confiar en ti. Así que, por favor, más que no defraudarme a mí, no la defraudes a ella.
- No está en mis planes. – afirmé seguro. Por su parte, Sango, sonrió.
- De acuerdo. – suspiró. Enseguida, y casi como si hubiera estado planeado, su teléfono, comenzó a sonar. – Disculpa. – dijo contestando la llamada. – ¡Hola! ¿Ah? No, estoy aquí en la cafetería del edificio. – sus ojos se dirigieron a mí. – No, no vas a creer con quién estoy hablando. – levanté una ceja, ya había advertido con quien estaba hablando. – Descuida, te diré cuando llegues. – sonrió. – ¡Esta bien! Te amo. – seguido de eso, terminó la llamada. – Bueno… - continuó. – Te dije todo lo que sé, incluso lo que pienso. Ya no sé, en que más podría ayudarte.
- Fue más que suficiente. – respondí sincero. – Te lo agradezco, Sango.
- Fue un placer. – mencionó, dibujando una sonrisa altanera en su rostro.- Bien, debo retirarme, mi novio pasara por mí y ya no debe tardar. ¿Te gustaría mandar tus saludos? – fruncí el ceño, Sango sabía perfectamente, que el idiota de Miroku no me agradaba.
- No. – dije sin más, causando en ella una carcajada. Después, con un leve movimiento de su cabeza, se despidió de mí.
Por mi parte, sin tener nada más que hacer ahí, me dirigí a mi departamento. Y si bien, Sango me había ayudado en mucho al decirme todo lo que sabía, también había sido participe de uno de los peores dolores de mi vida, pues, tal vez nunca se percató que mencionar los motivos del matrimonio de Rin, me había taladrado el alma.
Comentarios de la Autora.
Se suponía que este capítulo estaría listo desde hace dos semanas pero… me dio influenza y ya casi me iba al otro mundo jejeje afortunadamente no fue mi hora y me recuperé pero, si tarde mucho en el proceso. En fin, ya saben que a mí me pasa de todo.
El capítulo de Rin ya está en proceso así que, espero no tardar mucho en publicarlo.
No se le olvide dejarme sus comentarios, amo leer lo que opinan de los capítulos.
Les mando un fuerte abrazo y muchísimas gracias por el apoyo.
