A/N: Definitivamente, escribir esto en conjunto con lo que salió el Viernes no fue una de mis ideas más brillantes juas juas. Casi tres semanas, pero se logró. Unas 20,000 palabras encima.

Aquí estamos, amigos. El penúltimo capítulo del arco.

Pasemos a responder reviews;

- GustavoIVS: Efectivamente, no a las drogas w.

- muramasa Alter 0.5: Eh, no realmente. Shirou solamente la enfrentó con su forma verdadera, pero no alcanzó a darle el tiro de gracia. Sobre los Hornets… Lo verás muy pronto.

En cuanto a lo último. Che, le acabas de atinar a algo en el futuro js.

- AasAaft: Thank you. I appreciate you have been enjoying them.

- orocontra2012: Justamente, ese será el futuro rol de Otoko juas juas.

Aunque, me temo que no habrá enfrentamiento con Alba, porque Willy Wonka está en Europa jsjsj. Creo que debi de haber sido más claro en el capítulo anterior.

Habiendo terminado ya. Pasamos al capítulo. Como siempre, encontrarán una segunda nota hasta el fondo.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Cuarenta y tres.

"La Forma del Vacío."


El aroma tenue del incienso se había disipado por completo, dejando el aire seco y pesado. La habitación, normalmente un refugio de orden y tranquilidad, parecía ahora opresiva. Tenzou Ryougi permanecío inmóvil, su postura rígida como el tronco de un viejo árbol que se negaba a inclinarse ante el viento. La piel de sus rodillas, endurecida por años de disciplina, no registraba el dolor de la posición prolongada. Solo su mente bullía, en un remolino silencioso de frustración contenida y pensamientos implacables.

Había sido un hombre pragmático toda su vida. No tenía el lujo de la indulgencia ni el capricho de las emociones desbordadas. Los Ryougi no se lo permitían. Durante generaciones, el linaje había sido una prisión en la que sus miembros, divididos por personalidades fragmentadas, vivían bajo la amenaza constante de la locura. Él había sido afortunado o maldecido —quién podría saberlo— al escapar de esa condición. Había visto a su propio padre caer en la demencia, devorado por su propia mente. Y cuando asumió el control del clan, mantuvo una decisión que la familia había aceptado hace mucho: cortar con el mundo de sombras y supersticiones que había definido a los Ryougi durante siglos.

Si debían permanecer en el submundo, lo harían bajo las reglas del mundo tangible: Negocios, alianzas: nada que implicara pactos con aquello que se escabullía en las grietas de la realidad. Esa había sido su voluntad inquebrantable.

Pero incluso las decisiones más férreas tienen sus resquicios. Cuando su hija había caído en coma, Tenzou había transgredido su propia resolución, buscando en aquel lado prohibido una solución. No la encontró. Sus contactos no eran suficientes, y tras ese fracaso, cerró nuevamente esa puerta. Pero ahora parecía que el pasado lo estaba arrastrando de vuelta.

Tomó las imágenes sobre la mesa con los dedos firmes. El papel aún estaba tibio, impregnado por el calor del shikigami que las había traído antes de arder en llamas. Las sostuvo frente a él, sus ojos oscuros recorriendo cada cuadro con detenimiento.

La primera imagen mostraba un corredor en penumbras, angosto y desolado. Las luces titilaban sobre paredes apenas ornamentads. Pero fue el centro de la escena lo que acaparó su atención: Shiki, de pie con el cuchillo aún en la mano, el filo cubierto de algo oscuro y viscoso. A su alrededor yacían cuerpos retorcidos, pero Tenzou, con el ojo entrenado de quién ha visto demasiada violencia, notó de inmediato que no eran personas. Las extremidades distorsionadas, los rostros carentes de cualquier trazo humano… Eran abominaciones disfrazadas de carne.

Sin embargo, lo que más le inquietó no fue la escena macabra. Fue el lenguaje silencioso del cuerpo de su hija.

Shiki no se encontraba en control de la situación. Cada músculo de su figura estaba tenso, cada movimiento forzado. Sus ojos, aunque fuera de foco en las imágenes, parecían clavarse en algo más allá del cuadro, siempre alerta, siempre al borde de otro enfrentamiento.

Era evidente: ella estaba siendo atacada.

El siguiente conjunto mostraba más de lo mismo. Pasillos oscuros, paredes manchadas, y las figuras monstruosas esparcidas por el suelo. Pero en cada imagen, Shiki estaba en el centro, como un punto fijo alrededor del cual el caos se desplomaba.

Finalmente, la última imagen era diferente. Sin violencia, sin movimiento. Solo un letrero de calle maltrecho y una nota escrita con tinta oscura:

"Ven por ella."

El papel ardió de forma espontánea, consumiéndose en cenizas que se desmoronaron entre sus dedos. Tenzou las dejó caer sin apartar la mirada de la nada frente a él. El fuego no le importaba. No había sido nunca algo que temiera. Lo que sí encendía su ira era la audacia del mensaje y la clara intención de provocarlo.

No había duda de lo que debía hacer.

Había permitido que Shiki estuviera bajo el cuidado de aquella mujer solo porque su hija lo había pedido tras despertar del coma. Había tolerado algo que iba contra su instinto solo por respeto a la voluntad que Shiki había demostrado. Pero esto… Esto era diferente. La línea que él mismo había trazado ahora estaba rota, y el eco de esa ruptura resonaba en su pecho como un martillo forjando una decisión.

Tenzou se puso de pie con la serenidad de un verdugo antes de ejecutar su sentencia. Sus pasos resonaron sobre el tatami mientras dejaba la habitación atrás. Había sido paciente, había sido razonable.

Avanzó por el corredor, sus pasos firmes resonando sobre la madera pulida. Las puertas correderas cerradas a ambos lados ocultaban la quietud de la casa, pero la tensión en su pecho era palpable, un peso denso que no se disipaba. No era miedo. Nunca lo había sido. Era la irritación de un hombre empujado a lidiar con lo inevitable.

Al llegar al final del pasillo, abrió una puerta de paneles traslúcidos y encontró a Suzurigi esperándolo. El hombre estaba de pie junto al umbral, las manos cruzadas detrás de la espalda y el rostro marcado por arrugas profundas que hablaban de vidas vividas al filo del peligro.

Habían compartido aulas en su juventud, antes de que sus caminos tomaran giros irreversibles. La familia de Suzurigi había sido una de esas antiguas líneas que trataban con el arcano, pero todo se había venido abajo tras el asalto a Tokio en 1944. Se habían quedado sin tierra, sin patrimonio, y sin propósito luego de que los Lobos de lo Reiroukan los juzgaran.

El crimen había sido un camino inevitable, y al principio, ambos lo recorrieron por separado. Pero cuando Suzurigi fue arrastrado por deudas insalvables, Tenzou le tendió la mano. No por compasión, sino porque conocía el valor de un hombre decidido. Desde entonces, Suzurigi había estado a su lado, primero como aliado y ahora como mano derecha. La lealtad, pensó Tenzou, no necesitaba adornos cuando era verdadera.

"¿Será una de esas noches?" Preguntó Suzurigi, su tono sin inflexión.

Tenzou lo miró con la gravedad que siempre portaba en sus ojos oscuros. Asintió una sola vez.

"Trae a tres de los mejores. Que sepan con qué van a lidiar." La orden fue directa, despojada de cualquier explicación innecesaria.

Suzurigi no necesitaba más. Inclinó ligeramente la cabeza y se retiró en silencio, sus pasos disipándose por el corredor. Tenzou observó cómo la figura de su subordinado se desvanecía en la penumbra antes de volver la mirada hacia el interior de la habitación.

Allí, en un soporte lacado negro, descansaba la espada de los Ryougi: Kanesada Kuji su hoja guardada en una saya oscura que absorbía la luz. Durante generaciones, esa espada había sido el símbolo de la autoridad de la familia, un legado que él había jurado mantener al margen de todo lo que los había atado al mundo de las sombras.

Tenzou se acercó con pasos deliberados. Sus dedos trazaron el contorno de la empuñadura envuelta en cuero oscuro, sintiendo el peso silencioso de las decisiones que lo habían llevado hasta ese momento. Había evitado desenvainarla durante años. Siempre había sido suficiente con su voluntad.

Pero esta noche no.

El roce de su mano sobre la saya liberó un leve susurro metálico, y la habitación pareció contener el aliento. Aun así, se detuvo. No podía permitirse actuar sin antes encarar algo más inmediato.

Su esposa.

El peso de aquella confrontación era distinto, menos tangible pero igual de ineludible. Ella no era una mujer fácil de enfrentar, y él lo sabía mejor que nadie. Pero si iba a desenvainar la Kanesada Kuji, si iba a cruzar esa línea, entonces debía primero responder ante ella.

Tenzou exhaló lentamente, apartando la mano de la empuñadura. Por ahora, la espada permanecería en su lugar. Pero no por mucho tiempo.

xXx

Fue extremadamente difícil intentar mantener una semblanza de orden en la sala principal del edificio una vez que llegaron hasta ahí. Pese a las protestas de Otoko, la habían terminado por mandar a la enfermería bajo la supervisión de Kohaku una vez que ella hubiera terminado por revelar exactamente a donde había ido a parar Shiki. Y apenas cayeron en cuenta del nombre de los edificios, la sorpresa se había apoderado de tanto Kiritsugu como Mikiya, así como de Touko, y cuando ella dejó escapar algo que llamó la atención de los demás, terminó por soltar una revelación por su cuenta.

"¿Estás diciendo que tu construiste ese edificio?" Era la primera vez que Mikiya demostraba decepción abierta hacia ella, mientras que Kiritsugu permanecía de brazos cruzados en silencio.

"No." La defensa de Touko no fue mucho mejor y ella lo sabía. "Pero si fui quien lo diseñó hace años..."

Quizás lo peor era el hecho de que hasta ese momento se había enterado de que habían terminado por construirse, y encima bajo sus narices. La parte más orgullosa de su consciencia protestaba sonoramente a ello, pero era poco menos que un estanque comparado al lago de preocupación que amenazaba con desbordarse desde sus adentros. Y que pese a la investigación que había estado teniendo lugar desde Marzo, no había llegado a tocar esa parte ya fuera por coincidencia u omisión.

'Es ahora o nunca.' Pensó, deseando poder suspirar. Cerró los ojos y tomó una bocanada de aire antes de prepararse para soltar la verdad más incómoda. "Pero lo que si se... Es quien puede estar detrás de todo esto."

La sorpresa no pudo haber sido más palpable. Sorpresa que rápidamente se tornó amarga con lo siguiente. "Ya lo sospechaba desde hace lo que paso con la señorita Fujou."

"¿De verdad?" La decepción de Mikiya tan solo se había incrementado, mientras que Kiritsugu se limitó a alzar una ceja. Shirou por otro lado...

"... Si lo sabías. ¿Por qué no diji..?" El dejo de incredulidad en su tono hizo que Touko finalmente suspirara y decidiera tomar asiento.

"Era algo que no quería considerar." Continuó con su testimonio mientras que mantenía su mirada un tanto apartada. Difícilmente proyectaba el aura confiada que normalmente se colocaba encima en aquellos momentos. "Cuando estudiaba en la Torre, tenía dos amigos. Terminamos por estudiar bajo la misma maestra y finalmente tomamos carreras distintas, pero nunca perdimos realmente el contacto. Los llamé a ambos y comenzamos a planear un proyecto que podría llegar a ser la ruina de mi hermana antes de que llegara a volverse lo suficientemente poderosa como para ser intocable." Y eso lo recordaba bien, aun podía escuchar perfectamente la risa ahogada de Alba mientras que el trueno apagado de Araya recitaba los lineamientos de lo que estaba sugiriendo. "Este edificio, lo había diseñado para tener el potencial de cargar cuanta taumaturgia fuera necesaria para operar grandes rituales. Lo convertiriamos en una trampa mortal oculta a plena vista. Pero al final del día, terminé por hacerme para atrás."

Levantó su mirada mientras juntaba ambas manos. "La odiaba, la detesto aun. Pero mientras más trabajaba con ellos, más reacia terminé por sentirme y finalmente abandone nuestros planes."

Fue difícil que los demás ocultaran su sorpresa tras escuchar aquello, algo que Touko optó por ignorar.

"Estoy segura de que la razón por la que me pusieron una Designación de Sellado, es porque uno de ellos utilizó su influencia en la Asociación para que fuera así." Rio amargamente.

"¿Y ahora ellos están haciendo esto contra ti?" Kiritsugu fue el primero en hablar, haciendo que Touko resoplase.

"Ignoro si son los dos. Pero de uno estoy bastante segura." Touko resopló sin humor. Pudo haber sido un truco de la luz, pero su rostro palideció algo más. "Araya Souren. No fue difícil que me fijara en él cuando estudiabamos. Los asiáticos en la Torre del Reloj durante esos días eran raros de ver, japoneses todavía más. Y fue justamente por esa cercanía que noté cosas."

"¿Qué clase de cosas?" Animandose a hablar nuevamente, Shirou preguntó.

"La forma en que hablaba, la presencia que emitía. Hasta su propia firma de energía mágica." Touko le respondió directamente a su estudiante. "Eran extrañas. Algo a lo que nunca me acostumbre, aunque termine por tolerar con lo mucho que solíamos discutir."

Hizo una pequeña pausa. "No, eso no importa ahora. La taumaturgia que conocía para cuando lo volví a contactar incluía elementos más orientales de la última vez, muchos de naturaleza espiritual aberrante... Como los Praeta con los que nos topamos el día que nos conocimos. Y también, pensé que era solo una corazonada por la forma en que la señorita Fujou lo llamó... Pero es un nombre que le queda perfecto por como es, el Hombre Vacío."

Habiendo soltado casi todo, no vio motivos por los que no habría de revelar lo último.

"Otra razón por la cual no quise seguir adelante con el proyecto, fue porque me incomodaba la cantidad y calidad de recursos que Araya parecía obtener, y no precisamente con la ayuda de nuestro amigo." No había sido algo a lo que le hubiera prestado mucha atención, de no ser por las invitaciones implícitas que había estado arrojandole. "En aquel entonces sospeche que estaban metidos en algo más grande, y ahora comienzo a pensar que tenía razón, pero no me imaginaba cuanta o como."

Aun si Shirou permanecía ajeno a muchos de los detalles de lo que su padre estaba investigando, no le fue difícil adivinar que ambas cosas estaban todavía más ligadas de lo que uno hubiera creído.

"Y aquí lo tienen. Si es él, no solo sabe de lo que hemos estado haciendo, sino que no invita directamente a una trampa." Touko resoplo, acomodándose contra el sillon. "¿Y ahora?"

El silencio que se asentó tras sus palabras fue pesado, pero revelador. La habitación estaba impregnada de una tensión que ninguno de los presentes intentó disipar de inmediato.

Kiritsugu mantuvo los brazos cruzados, su expresión sombría pero calculadora. No era un hombre que confiara fácilmente, y las implicaciones de lo que Touko había admitido no le pasaban desapercibidas. Mikiya, en cambio, dejó escapar un largo suspiro, no de resignación, sino de una aceptación cansada.

Shirou, por su parte, no apartó la vista de su maestra. A pesar de todo lo que había dicho, a pesar de las dudas razonables que cualquiera en su posición tendría, su decisión fue rápida y clara.

"Confío en ti."

La simpleza de la declaración hizo que Touko alzara la vista con una ligera sorpresa.

"No puedo decir que entienda todo lo que pasó, pero… has estado aquí, has estado con nosotros. No creo que nos traicionarías, no después de todo esto."

Kiritsugu gruñó levemente, como si quisiera refutarlo, pero al final no lo hizo.

"Al menos lo está admitiendo." Mikiya se frotó la sien, mirando de reojo a Touko con un cansancio genuino. "Honestamente, si lo hubieras seguido ocultando, creo que hubiera sido peor."

Touko alzó una ceja ante el comentario, pero no lo refutó. No era una mujer que se dejara llevar por sentimentalismos, pero el peso en su pecho era más ligero de lo que esperaba.

"Esto no termina aquí." Kiritsugu finalmente rompió su silencio, su voz firme, definitiva. "Vamos a tener una conversación larga y a fondo después. No es negociable."

Touko dejó escapar un resoplido, pero no hubo sarcasmo en su expresión, ni burla en su tono. Simplemente asintió.

"Lo suponía."

Con el tema momentáneamente zanjado, se enderezó en su asiento y cruzó las piernas, su semblante recuperando algo de la firmeza habitual.

"Pero antes de eso… tenemos un problema más inmediato." Su mirada se endureció. "Tenemos que organizar cómo sacar a Shiki del aprieto en el que Araya la metió."

"He entrado al edificio, aunque no lo conozco del todo. Es bastante grande, como de ocho pisos." Comentó Mikiya.

"Y si Araya hizo con él lo que sospecho que hizo con él, será todo un dolor de cabeza moverse por ahí. Sus campos delimitantes siempre fueron de los mejores que he llegado a ver. Ignoro qué tanto tiempo lo lleva preparando, pero les aseguro que será mucho peor que los demás edificios. Esperen encontrarse en un laberinto traicionero." Apenas la mirada de Touko descanso en Shirou, este frunció el ceño al recordar el sitio donde había tenido que ir dos veces junto con Shiki. "Si vamos a ir los tres, tendrá que ser con muchos preparativos."

"¿Tres?" Shirou inmediatamente notó el número desigual.

"Tu padre, tu y yo." Kiritsugu parpadeo cuanto Touko se le adelantó, armando el grupo antes de tiempo. "Nosotros por obvias razones, y a ti te vamos a necesitar porque tu Análisis Estructural quizás nos ayude a navegar por ahí."

Entonces noto la mirada de Mikiya clavada en ella, y suspiró sabiendo que se abriría otra discusión que no podría llegar a desviar. "Está bien, también tu... Mientras uses lo que te den."

Y esa vez, Mikiya no pudo protestar. Tenía ya la pistola de antes, pero terminó por recibir una segunda apenas Kiritsugu abrió la cajuela de su auto, revelando que las dos armas que traía encima difícilmente habían sido las únicas. Una semi-automática reluciente lucía en un costado entre un par de cajas de municiones. Trago saliva al ver una caja todavía más grande que contenía alrededor de cuatro objetos esféricos con ciertas escamas pronunciadas y un anillo en su extremo superior.

"Estas no." Le indico Kiritsugu una vez que abrió el estuche, terminando por depositar las granadas en uno de los bolsillos de su gabardina. "Me quedan demasiado pocas de por sí."

'Mi tío se desmayaría si viera esto.'

En medio de la angustia que le azotaba por lo que le había pasado a Shiki, Mikiya encontró suficiente humor seco para pensar aquello.

Por su parte, Touko pasó directamente a un área cerrada de su taller donde abrió tres distintas vitrinas tras pensarlo por unos momentos. Una silueta carmesí acorazada en distintas otras tonalidades de rojo fue la primera en ser elegida, yendo a parar a un espacio de Números Imaginarios que tomó de una de las bolsas que colgaba de un gancho.

"Valan."

Sus ojos se dirigieron hacia la segunda vitrina, colocada algo más lejos y que mostraba una gigantesca mariposa con alas anaranjadas que aun en su estado inactivo despedían un brillo hipnótico. Con un solo gesto suyo, la marioneta cobró vida antes de aletear hacia el boquete a la dimensión de bolsillo. Y por último.

"Bueno, al menos ya sirve un poco mejor." Egil V se movió desde donde estaba, el cañón plantado en su cabeza girando ligeramente a la espera de ser disparado. Algo que Touko no haria ahi por obvias razones. Una vez que la última de las tres marionetas de combate que planeaba traerse con ella. Pero no sería suficiente.

"..." Su bolsa anaranjada permanecia asegurada como siempre, con los dos espacios en su interior agitandose ligeramente en respuesta a su presencia cuando tomo la correa. 'Si Alba está involucrado, quizás no sea la mejor idea usar esa cosa... Como último recurso, entonces.'

Lo cual dejaba a Shirou con...

"Cuatro..." Colocó el kunai al que había terminado de grabar con su respectiva runa en la cuchilla dentro de la pequeña mochila que había conseguido tomar, habiéndose deshecho del estuche con correa ya. Kinshi había sido un éxito, pero apenas estaba aprendiendo a usarlo, tenía que darle espacio a lo que ya conocía. Tenía como diez proyecciones listas en total, sin contar a su Espada de Azoth que descansaba en uno de los anaqueles cercanos. Pero tampoco era como si fuera a desperdiciar otros recursos.

Su Cresta emitió un tintineo apenas terminó de grabar el hechizo que necesitaba en uno de sus Karasu, tras cargar una piedra rúnica en el espacio de su pecho. Era un truco que solo podría ser usado una vez, por lo que tendría que hacerlo valer.

"Ten, guarda esto." Shirou parpadeo cuando Kohaku entró al lugar, cargando con un vial de plástico repleto de un líquido rosado que terminó por colocar en su mochila.

"¿Es una curativa?" Pregunto, ladeando su cabeza hacia un costado.

"Aun si tienes tu Cresta, ayudará a que te no te desangres." Le advirtió Kohaku, antes de añadir. "También... Sabes que vas a necesitar un poco de más Od."

"¿Koha...?" Apenas pudo parpadear cuando ella le ofreció su mano derecha, en cuya palma podía verse un pequeño corte abierto.

Shirou tragó saliva, mirando la pequeña herida en la palma de Kohaku. No era la primera vez que lo hacían. No debería sentirse tan reacio a ello. Pero aun así, cada vez que llegaba el momento, su mente titubeaba.

"Kohaku, esto…"

"No tienes opción."

La firmeza en su voz no dejó espacio para la discusión. Y antes de que pudiera objetar, ella ya había acercado su mano a sus labios.

El sabor era metálico y familiar, una calidez que se deslizaba por su garganta y, casi de inmediato, encendía un fuego dentro de él. Shirou sintió sus circuitos mágicos responder, absorbiendo la energía con avidez. Su cuerpo, agotado y tenso, se relajó apenas un poco cuando la sensación se asentó, como si hubiera tomado una bocanada de aire fresco tras estar sumergido en agua demasiado tiempo.

Kohaku no dijo nada, solo lo observó con sus ojos brillantes, evaluándolo en silencio mientras él terminaba.

"Funcionó…" Murmuró Shirou, sorprendido por la rapidez con la que su reserva de Od había aumentado. No era una solución perfecta, pero era mejor que nada.

Y entonces, un respingo de sorpresa rompió el momento.

Ambos giraron al unísono hacia la puerta, donde Otoko se había detenido, sus ojos abiertos de par en par.

El silencio que siguió fue… incómodo.

Shirou apenas tuvo tiempo de procesar lo que debía parecer la escena desde fuera—él inclinado sobre Kohaku, sus rostros demasiado cerca, con rastros de sangre en sus labios—antes de que su rostro explotara en un rojo brillante.

Kohaku, por su parte, se mantuvo en calma por exactamente dos segundos… antes de que también su expresión adquiriera un matiz similar.

"… Esto no es lo que parece." Intentó decir, pero el rubor en su cara traicionaba cualquier intento de parecer indiferente.

xXx

El sexto piso del edificio contaba con un espacio especial construido específicamente entre los puntos de apoyo de los múltiples campos delimitantes que componían el edificio. Junto con el taller que Wagner había establecido en el lugar, conformaba uno de los recintos que no podrían ser afectados directamente por los espacios móviles con tal de no correr el riesgo de comprometer sus estructuras. La estancia parecía una exhibición, teniendo múltiples ejemplos vistosos de parafernalia feudal japonesa y no precisamente con imitaciones. Alrededor de unas cincuenta espadas en distintos grados de conservación yacían clavadas en distintos puntos de la habitación, formando un patrón de espiral visto desde arriba. Eran complementadas a su vez por una que otra yari clavada entre ellas, así como ciertas dagas colocadas como colmillos en el suelo. Ocho armaduras, cada una con una máscara de efigie terrible debajo del casco permanecían alzadas en torno como centinelas silenciosos.

Los tapices en las paredes no eran menos llamativos. La vasta mayoría representaba siluetas de batallas formándose, con samurais y ashigaru batiéndose en feroces escaramuzas mientras que la tinta rojiza intentaba imitar los ríos de sangre derramada. Otras mostraban hombres que contemplaban sus espadas con singular fascinación, antes de que las escenas terminaran por degenerarse en auténticas orgías de violencia desenfrenada. Y en todas, las espadas marcadas en rojo y negro siempre parecian ser las protagonistas.

En medio del patrón, una espada distinta yacía sobre una plataforma diminuta como el icono de un culto que exigia ofrendas y alabanzas a su nombre.

"El poder de lo que se nos fue entregado para proteger ya es algo esencial a suministrar para el Ritual. ¿Por qué hemos de ser nosotros los que tengamos que entregar otro catalizador?" Aun si lo había aceptado ya, Yukinobu exigía una explicación más al monje renegado quien se estaba acercando al borde del límite marcado por las cuchillas.

"No había alternativas viables." Declaró gravemente a la par que examinaba los preparativos para la invocación. Aun en aquella fortaleza, aun en prácticamente aquella extensión de su cuerpo, no podía descuidar ningún detalle. La manifestación de entidades así, aun en sus aspectos más degradados siempre traía sus riesgos funestos a menos de que se tuvieran acceso a ciertos recursos únicos. Y pese a su habilidad para traer Praeta desde el Reino de los Fantasmas Hambrientos, no era realmente un nigromante destacado. "Aun con las aportaciones de cada uno."

"El Matasangre consiguió las escrituras sangrientas del Emperador Sutoku." Recordó Yukinobu, con sus labios tornándose en una línea bastante fina. Su hermano y él habían observado desde Kyoto lo que había tomado lugar en Azumi, todo siendo una gigantesca pantalla de humo para que Chiasa Tokitou terminará por escabullirse con el mayor y más secreto tesoro de su familia. "Los Isemi nos dieron las escamas del Monte Ibuki. Su subordinado usó sus contactos con esa compañía para extraer el cuerno quebrado del primer Rey de los Oni."

"Yo proporcione un fragmento de la hiedra venenosa encontrada en los campos dorados de Nasu. Y el señor Hirano nos ha entregado una de las ofrendas a su gran y terrible ancestro, junto con los medios para manifestar al elegido cuando llegue la hora." Araya continuó desde su lado. "Los Yakou no son los únicos que pagaron un tributo doble."

"¿Y este?" El escepticismo aun estaba presente en el tono de Yukinobu. "Lo que lleva consigo es una calamidad que perfectamente podría cumplir con ello."

"No serviria." Lo detuvo Araya con un gesto. "Su participación como aquel que ha de pronunciar los conjuros necesarios para todo lo que necesitamos es indispensable. Aun si lo incluyamos, sería disputarle su asiento a la Mizukume."

"¿Y alguna otra criatura?" Al menos cuatro más se le podrían ocurrir a Yukinobu.

"El tercero de los llamados grandes Espíritus Vengativos carece de la presencia suficiente. Y encontrar un catalizador viable para un demonio de dos caras que causó sus estragos durante la Era Heian de igual manera hubiera sido un desperdicio." Araya señaló entonces a la espada. "La Maldición del Herrero Demoniaco siempre estuvo en consideración."

"Hmm." Yukinobu finalmente asintió.

Con aquello fuera de camino. Araya extendió ambos brazos mientras comenzaba a recitar. En respuesta, el talismán con el diseño del ojo que guardaba en su persona terminó por levitar desde su casaca y estremecerse antes de que numerosos zarcillos de energía mágica nefasta comenzarán por desprenderse de esta. La corriente entonces comenzó a arremolinarse, tomando la forma de un vórtice que empezó a despedir un hedor auténticamente nauseabundo del cual se asomaban bultos apilados que se contraian sobre ellos mismos antes de que las hileras que los componian se retorcieran como ciempiés monstruosos, y entonces...

Era una silueta inmensa, por encima de la altura de ambos que pese a sus rasgos completamente compuestos de la oscuridad teñida de púrpura aberrante, no era suficiente como para disimularlos por completo. Su cabello yacía extendido en un extravagante peinado que recordaba a las salientes del gorro de un bufón, incluso colgando campanillas que tintineaban sordamente. Y sus brazos, largos y esqueléticos terminaban en garras coronadas con zarpas dignas de una bestia.

Fue entonces que la aparición las junto en un sello de concentración a medida que una bocanada de miasma fantasmal surgiera desde el pozo que componía su boca y entonces tocará una a una las cuchillas colocadas sobre el suelo, permitiendo revelar entonces su naturaleza como un círculo mágico de apariencia siniestra y un propósito todavía menos benevolente.

"Intrusos." Araya noto desde su lado. Justamente cuando la invocación estaba tomando lugar, no se podía permitir una distracción tan pronto. Le bastó el extender su consciencia para asegurar que varias de las defensas estuvieran listas. Porque apenas terminara el procedimiento, irían a encargarse de ellos.

xXx

Que los Ryougi no tuvieran ni el interés ni el deseo de lidiar con los elementos de ese lado difícilmente significaba que no tomaran precauciones. No todos los magi cubrían bien sus pistas en la zona negra de las leyes mundanas, y uno que otro cabo suelto permanecía por ahí hasta perderse o ser encontrado por alguien más. Una memoria mal borrada, algo que no debía de estar en manos de alguien ajeno a ese mundo. No era como si los buscaran específicamente, pero sí la oportunidad terminaba por ir a parar a sus pies, no era como si fueran a desaprovecharla.

"Jefe, no parece que haya nadie en ninguno de los departamentos." Idate, había intentado embaucar a un magus que buscaba tomar pasaje en un barco rumbo a Corea solo para terminar siendo hipnotizado a medias cuando un acreedor del que le había puesto el hechizo condujera a ambos a una muerte temprana. La pistola que usaba no podía ser más normal, a diferencia de las balas colocadas en su cartucho. Tenía tan solo una caja de estas y había esperado nunca tener que usarlas.

Llevaban varios minutos en el lugar y hasta el momento, permanecían en el primer piso revisando lo que pudieran. Donde primero tocaban las puertas, terminaron por forzar varias, sin toparse con el menor rastro de alguien estando adentro.

"Hmmm." Tenzou permaneció en silencio antes de asentir. Tendrían que subir hasta el siguiente nivel en tal caso. Suzurigi ni siquiera necesito la indicación para entender lo que esperaba, y siseo lo suficientemente alto como para que los otros dos hombres que les acompañaban prestaran atención y entonces se encaminaran por el pasillo rumbo a las escaleras. O así lo hubieran hecho, de no ser por el nuevo sonido de otros pasos y...

Cuatro cañones se toparon con dos, así como un grupo de cuchillas suspendidas en el aire apenas los cinco que componían su compañía encararon a cuatro que más que estaban atravesando el pasillo, con ambos bandos igual de sorprendidos por la aparición del otro.

"¿Ryougi-san?" Tenzou parpadeó perplejo con aquella voz, y entonces se fijó en el joven con anteojos que sostenía una pistola de la forma más incómoda que había visto.

"Bajen las armas." Instruyó a sus hombres, con ellos obedeciendo al instante pese a la cautela que despedían ante el grupo desconocido. Eso, hasta que Suzurigi pasó sus ojos en el grupo reconociendo también al joven, así como a...

"... ¿Que ese no és el chofer de Shiki?" La mirada de Tenzou entonces se posó en un par de ojos color ámbar debajo de una mota rojiza, y no pudo evitar volver a sentirse perplejo. '¿Un niño?' Apenas le dedicó una mirada a su mano derecha, quien comentó.

"Es el niño que la señorita a veces acompaña."

Y con eso fuera, le tocó fijarse en los otros dos adultos, de los cuales...

..Uno era una mujer de cabello rojo y ojos ocultos tras lentes tintados, cuyo rostro esbozaba una sonrisa apenas perceptible. Su postura era relajada, casi despreocupada, pero Tenzou no se dejó engañar; conocía bien la reputación de Aozaki Touko.

El otro hombre era de aspecto más severo. Su cabello oscuro estaba desordenado y su mirada tenía una intensidad que Tenzou solo había visto en los veteranos de guerra. Vestía un abrigo largo y, a diferencia del muchacho, sostenía su arma con la soltura de alguien que había disparado muchas veces antes.

Tenzou suspiró y cruzó los brazos, fijando su atención en la mujer.

"Aozak." Dijo con frialdad. "Tenía entendido que nuestro acuerdo dejaba claro que mantendrías tu protección sobre mi hija."

Los ojos de Touko brillaron, como si encontrara divertida la situación.

"Y así lo hice. "

"¿De verdad?" Replicó Tenzou con dureza—. Porque lo que veo es que terminó secuestrada y peleando por su vida. Explícame cómo demonios ocurrió eso.

Mikiya se adelantó, su expresión tensa.

"¡Espera un segundo! Esto no es tan simple como parece..."

Antes de que pudiera decir más, Touko levantó una mano, deteniéndolo con un gesto seco antes de hablar con voz tranquila, pero firme. "Esto fue algo planeado. Muy bien planeado. "

El silencio que siguió pesó en el aire.

Tenzou la observó fijamente, tratando de medir la verdad en sus palabras.

"¿Planeado?" Repitió en voz baja.

"Ella siempre fue el objetivo." Continuó Touko sin inmutarse. "No fue un error, ni un descuido. Si estás aquí, significa que todavía podemos hacer algo. Puedes quedarte discutiendo y perdiendo el tiempo... o puedes cooperar. "

Tenzou apretó los dientes. Todo en él quería seguir cuestionándola, exigirle respuestas. Pero si lo que decía era cierto...

Finalmente, exhaló despacio y asintió.

"Está bien. Cooperaremos. "

El ambiente pareció cambiar sutilmente, la tensión cediendo apenas un poco, aunque la sensación de peligro seguía presente. Ahora, al menos, tenían un mismo objetivo.

Shirou no necesitó que se lo dijeran dos veces. Dio un paso adelante y cerró los ojos por un instante, concentrándose en su entorno. Un leve temblor recorrió su cuerpo cuando extendió su percepción.

"Trace on."

Lo primero que notó fue la estructura en sí.

No era estática.

Había algo en las paredes, en los cimientos. Algo que vibraba, que mutaba lentamente, como si la construcción misma fuera un ser vivo que respiraba en la penumbra. Shirou abrió los ojos y sintió un escalofrío recorrer su espalda.

"No me gusta... No me gusta nada. "

"¿Qué ves?" Preguntó Kiritsugu,

Shirou tragó saliva y recorrió el lugar con la vista, tratando de definir con palabras lo que sentía.

"Hay algo que lo está afectando, algo que lo hace moverse. Pero el edificio cambia... Lentamente."

Se giró hacia los demás y señaló hacia arriba.

"Puedo ver un elevador, pero está muy arriba. Lo mejor será usar las escaleras. "

Tenzou asintió con gravedad.

"Es lo que haríamos de cualquier manera." Afirmó. Su voz era baja y firme, la de alguien acostumbrado a actuar con pragmatismo.

Sin perder tiempo, todos comenzaron a subir.

La tensión era palpable.

Los hombres de los Ryougi se mantenían en formación, silenciosos pero atentos. Sabían que estaban pisando un terreno donde las reglas eran distintas. Donde la lógica del mundo normal ya no tenía sentido. A pesar de su entrenamiento y disciplina, ninguno de ellos se especializaba en enfrentarse a lo sobrenatural, y eso los ponía en un estado de alerta constante.

Shirou avanzaba al frente junto a Kiritsugu y Tenzou, con Touko un paso detrás, siempre observando, siempre analizando.

Cuando Kiritsugu y Tenzou se encontraron hombro con hombro al subir, el primero le dirigió una mirada breve al patriarca de los Ryougi, pero no dijo nada.

Tenzou, en cambio, sí.

"Su reputación le precede, Emiya-san." Murmuró sin girar la cabeza.

Kiritsugu apenas inclinó la cabeza en reconocimiento.

"¿De donde tengo el gusto?"

Tenzou resoplo con algo que no llegó a sus ojos.

" Raiga Fujimura lo ha mencionado."

Kiritsugu no respondió de inmediato. Solo siguió avanzando con la misma expresión inescrutable.

El segundo piso era casi idéntico al primero.

Las paredes, el suelo, la estructura... Todo estaba ahí, pero Shirou sintió un malestar sordo apenas pisó el nuevo nivel.

Volvió a examinar el lugar.

"Está cambiando." Anunció.

Touko asintió, observando las paredes con interés.

"Eso lo sospechaba." Murmuró. "Este lugar muta según los diseños colocados. Es una trampa mortal que sigue un patrón establecido."

Mikiya frunció el ceño.

"¿Por qué alguien haría algo como esto? "

"No quieres saber." Respondió Touko con sencillez. "En un principio, el diseño estaba pensado para alimentarse de una Línea de Ley. Pero… "

Hizo una pausa, su mirada fija en un punto de la pared, observando los sutiles destellos de coloración extraña que la recorrían.

"Creo que sé qué fue lo que usó Araya. "

Shirou se tensó.

"¿Qué? "

Touko no respondió de inmediato. Algo había cambiado en el aire.

Y entonces, lo vieron.

Sombras que se retorcían en el pasillo. Cuerpos que no deberían moverse, pero lo hacían.

Coloraturas.

El primer ataque llegó sin previo aviso.

Uno de los matones de los Ryougi soltó un gruñido ahogado cuando una de aquellas cosas se lanzó sobre él con una velocidad inesperada.

BLAM!

Kiritsugu disparó sin dudarlo.

El sonido del disparo resonó en el pasillo y la criatura se tambaleó, pero no cayó. Se movía con la misma insensibilidad de un cadáver, ignorando el daño.

Shirou reaccionó de inmediato.

"Sól." La descarga luminosa golpeo directamente a uno en la cabeza, haciendole tropezar con un par detras suyo.

"¡Suban!" Ordenó Touko." ¡Nos están empujando!"

BLAM! BLAM!

Kiritsugu disparó nuevamente, cubriendo la retirada mientras las Coloraturas se movían con una coordinación antinatural, tratando de acorralarlos.

Uno de los matones de los Ryougi intentó enfrentar a una directamente con una tonfa, pero la criatura ignoró el golpe y lo casi lo derribó de un zarpazo.

Kiritsugu empujó a Shirou hacia adelante.

"¡Arriba, ahora!"

No tenían opción.

Las Coloraturas los forzaron a subir hasta el tercer piso.

Cuando finalmente llegaron, se encontraron en un espacio amplio, casi como un almacén o una sala de entrenamiento, donde Touko termino por cortarles el paso tras levantar una barrera.

xXx

Araya dejó escapar un murmullo bajo, un eco gutural que pareció nacer desde las entrañas de la tierra misma. Con un movimiento deliberado, extendió sus brazos, y la negrura envolvió su silueta como si la propia realidad se replegara en torno a él, temblorosa ante lo que estaba a punto de desatar.

El talismán flotó más alto, sacudido por una fuerza invisible, y de sus bordes brotaron más zarcillos de energía, retorciéndose como serpientes desolladas. El hedor a miasma y sangre rancia se intensificó hasta que el aire se volvió pesado, espeso, como si intentara tragarse a todos los presentes.

Las espadas dispuestas en el suelo, hasta entonces objetos inertes, comenzaron a resonar con un eco metálico y lúgubre. Era un sonido seco, inquietante, como el lamento de hojas oxidadas rozándose entre sí, amplificado hasta convertirse en un murmullo maligno que reptaba por el suelo, arañando la mente de quienes lo escuchaban.

Entonces, Araya habló.

Su voz se elevó, profunda y resonante, un timbre monolítico que parecía no provenir de su garganta, sino de las propias sombras que lo envolvían. Sus palabras no eran las del conocido rito de invocación, sino algo más antiguo, algo que parecía haber sido pronunciado antes de que los cimientos de la hechicería moderna fueran siquiera concebidos.

"Oh, tú que surges de los anales de la guerra,

Tú cuyo nombre es arrancado de la historia,

Cuyo manto es tejido con las hebras del ocaso.

Escucha mi voz, clamor de eras olvidadas,

Aello de pactos que desafían el destino."

Las espadas vibraron más fuerte. Cada una de ellas ahora brillaba con un resplandor malsano, líneas carmesí se grababan en sus filos como venas encendidas por una fiebre maldita. La distorsión en el aire se intensificó, y la opresión creció como un yugo invisible que presionaba los pechos de los presentes.

El Shikigami, aún silencioso, movió sus brazos de una forma pausada pero precisa. Su oscura figura parecía absorber la poca luz que quedaba en el recinto, volviéndose la sombra más absoluta dentro de la penumbra creciente. Tocó con sus dedos huesudos los grabados incandescentes de las espadas y, una por una, cada hoja empezó a inclinarse apenas, como si reconociera la autoridad de aquel ser y se inclinara en reverencia.

Araya continuó, su voz tomando un cariz aún más antiguo, reverberando con el peso de algo arcaico y primigenio.

"Con sangre y acero marco el umbral,

Con ceniza y ceniza trazo la senda,

Con mi voluntad destruyo la barrera.

Que tu grillete se rompa,

Que tu hora sea forjada en la fragua del destino."

El círculo mágico finalmente se reveló en su totalidad. Donde antes había sido una simple disposición de espadas, ahora se manifestaba un patrón exquisitamente complejo, un diseño de geometría imposible en el que los filos delineaban un mandala de guerra y sacrificio. La energía negra y púrpura ascendía en espirales, atrapando los cuerpos de los presentes en un aire enrarecido que ardía contra la piel como brasas espectrales.

Yukinobu observaba, severo. Su postura era la de un hombre preparado para lo inevitable, pero no por ello menos alerta. La magia en el ambiente era sofocante, un torrente que presionaba contra su pecho y llenaba sus pulmones con el peso de siglos de odio y ambición.

No necesitaba palabras para saberlo. Algo estaba a punto de descender.

Y cuando lo hiciera, nada volvería a ser igual.

La espada en el centro del círculo mágico comenzó a temblar. Al principio fue un simple estremecimiento, un crujido sutil que se perdió en el mar de distorsión que devoraba el aire. Pero en apenas un instante, el temblor escaló en violencia. Su hoja resonó con un grito metálico que se prolongó más allá de lo natural, como si la esencia misma del acero estuviera protestando ante lo que estaba por suceder.

El aire se desgarró.

No había otra forma de describirlo. La atmósfera se dobló sobre sí misma, oscureciéndose como si la noche hubiese caído en un solo parpadeo. Y entonces, desde el cuerpo de Araya, sus circuitos mágicos comenzaron a brillar con una energía amarillenta y oscura, pulsante como la linfa de un árbol profano. Filamentos de poder corrieron por su piel, bifurcándose en fractales de pura voluntad arcana, sosteniendo el ritual con una estabilidad artificial y forzada, pero innegablemente efectiva.

El Shikigami continuaba su labor en un silencio sepulcral, ejecutando gestos precisos que parecían trazar sigilos invisibles en la negrura que lo rodeaba. Cada uno de sus movimientos era acompañado por el sonido de algo quebrándose en el fondo de la realidad, como si las costuras del mundo estuvieran al borde del colapso.

Yukinobu, con una mirada helada y calculadora, reconoció la señal.

Sin dudarlo, concentró su energía. Pero no fue su propia energía mágica la que respondió.

Un latido.

Un latido.

Un pulso rítmico y denso, profundo como el trueno que antecede a la tormenta. Algo dentro de él despertó. No con violencia, sino con un reconocimiento primigenio, un hambre de poder que era tan viejo como el viento mismo. Su prana se tiñó de un verde maligno, una tonalidad que evocaba los bosques envenenados y las tormentas que desgarraban los cielos con furia inclemente.

El poder de Fuujin.

El vórtice del ritual reaccionó de inmediato, acelerando su espiral. El aire se tornó más pesado, cargado de una presión asfixiante, como si el espacio mismo estuviera colapsando en torno a ellos. Las espadas dispuestas en el círculo mágico empezaron a moverse. Primero fue un giro leve, un temblor, pero pronto comenzaron a inclinarse en ángulos imposibles, doblándose como si estuvieran hechas de carne en lugar de metal.

Araya, cuya voz ya se había elevado a una letanía imponente y retumbante, continuó con su encantamiento.

"Desde la fragua de la locura,

Desde la cúspide del infortunio,

Desde el crisol de sangre y traición,

Te llamo. Surge del peso de las vidas truncadas,

Del eco de los gritos que no cesan,

Del acero que jamás conoce el descanso."

Las espadas comenzaron a quebrarse… No. No se rompían. Se distorsionaban.

El círculo de acero se convirtió en un hervidero de cuchillas que se retorcían en un frenesí caótico, como si estuvieran vivas y desesperadas por escapar de su propia existencia. El metal chilló, emitiendo un sonido agudo que no pertenecía a ese mundo. Y entonces, desde el epicentro de la vorágine, la visión infernal se manifestó.

Hombres. Samurai en descomposición, con sus rostros desgarrados por la locura y ojos desorbitados hundidos en un vacío abismal. En sus manos sostenían espadas malditas, aceros que rezumaban la esencia de una condena eterna. Y con ellas, se abatían sobre sí mismos una y otra vez.

El filo cortaba la carne con una facilidad aterradora, pero no había fin en su sufrimiento. Aquellos guerreros ya no eran hombres, sino ecos malditos de una historia condenada a repetirse hasta la eternidad. Sus gargantas emitían alaridos guturales, gritos sin palabras, cargados únicamente con el tormento de mil muertes perpetuas.

Y en el ojo de aquella tormenta de metal y demencia…

Eso nació.

No tenía forma concreta. Era una espiral de oscuridad roja y negra, una masa de sombras y filos que se extendían y contraían en un ciclo interminable. Su presencia misma era una maldición hecha carne, una entidad que no debía existir y sin embargo se negaba a desaparecer.

Era una fragua sin herrero.

Era un herrero sin nombre.

Era la condena misma de aquellos que forjaban su vida en el filo de una espada.

El vórtice rugió con una fuerza cataclísmica, y Araya, con un gesto firme, elevó su mano.

El Shikigami reaccionó de inmediato. Un nuevo flujo de energía emergió de su figura y, con un movimiento severo, tejió una barrera de contención en torno al círculo maldito. M̵̡̡̨̨̡̛̘͚͙̗͙̪̫͎̙͙̗̩͎̘̠̪͍̤̺̝͙͓̝̲͂̈́̂͛͛̂͒̿̎͋̀̐̀͐̈̃͂́̋̽͒͐̔̈̍̉̀̽̀̋́͑̚͘̚͠͝Ư̷̢̡̨̨̨̠͈̳̦̝̘̤͔̥͈̘̲̥͙̖̺̬̱̪̖͉̹̟̺̬̰̗͇̑̓̈̃̀̋̏̈́́̾̎̒͒̂̅͌̌̿̀̑̕̕͜͠͝R̵̡̡̢̝̩̮͚̜̖͎̜̱͇͍͇͙͉͉̦̬͋̂͊̇́̑͊̌̆͒͂̂͐͘Å̷̧̧̧̧̬͎͕͚̱̥̬͉̩̻̝̜͈͕̤͐̃͗̄̆͆͋̐̆͛͊̎͐̈́̃̐͊̈̆̾̇͐̆̑͛́͛̽̒̄̀̀̒̕̚̚͝͝͠M̴̨̡̻̩̲͖͚͖̰̤͙̝̟͖̮̱̥̼̞̯͈̳̹͚͔̫͙̖̖̬̙̹̪̜̩̠̖̹̯̣̀̈́́̐͊͜͝ͅĄ̵̨̛̖̠̼̟̰̭̲̖͈͚̤̦̯̺̭̳̦͚̗͕͉̆̓́̿̈́̇̂͛̈̾̉̀̌͐̆͌̆̑̅̂͆͌̽̓͋̇̕̚̕͝͝͠S̴̡͓͇̖̹͙͖͖̜̳͈̮̘̭͕͌̑̒͜A̵̢̛̛͉͕̞̮͖̯̺̝͖̖͉̱̜͒̍̂̐̔̒̇́̋̓̑́́͊̈́̍͐́̓͊̒͛̅̀̈́͂̃͂̚̚̚͘̕͘̚͝͝͠ͅ se agitó, sus cuchillas vibrando con ansias asesinas, pero la jaula de hechicería lo retuvo.

Lo habían logrado.

Araya bajó la mirada hacia Yukinobu y, con su usual tono sombrío y profundo, habló:

"Ya no hay nada que nos detenga. Podemos encargarnos de los intrusos."

Con un movimiento calculado, desactivó el Shikigami. La entidad sombría se disipó en un remolino de sombras, dejando solo un rastro de vacío a su paso.

Y en su lugar, algo más despertó.

Desde la penumbra, una figura emergió con movimientos mecánicos pero llenos de propósito.

Sus ojos carmesí brillaron en la oscuridad, reflejando la condenación misma.

xXx

"No se mueve desde donde está." Confirmó Shirou, apresurandose a sacar la mano de la pared donde debería de estar la puerta del elevador. Al principio, había pensado que lo que moraba debajo de esas superficies eran cables gigantescos y moldeables, hasta que una mirada más a fondo por medio de Análisis Estructural había terminado por revelar lo que eran.

"¿Y como se supone que vamos al siguiente piso, entonces?" Su padre le echó una mirada a las dos entradas del pasillo que se abría en el lado contrario. La tercera planta había sido relativamente tranquila, comparada con la anterior. Apenas habían cruzado las escaleras, tres Coloraturas habían aparecido desde los pasillos para intentar atacarlos, siendo neutralizadas sin mucho esfuerzo por Touko.

"Ahí es donde deberían de estar las escaleras." Indicó ella, señalando a la pared colocada al lado del elevador."Como les dije. Intentar destruirlas desde dentro, no sirve. Se necesitaria algo lo suficientemente potente como para detonar sesenta y cuatro barreras."

'¿Sesenta y cuatro?' Los ojos de Shirou se abrieron de par en par al escuchar ese número.

"¿Algo que pueda hacer, Emiya-san?" La voz áspera del padre de Shiki fue la siguiente en cortar el silencio. No era un hombre de muchas palabras, tal como su hija, había notado Shirou.

"No tengo suficiente material ahora. Y aun si lo tuviera, sería más ideal para demoler este edificio a sus cimientos." Respondió Kiritsugu secamente, ganándose un resoplido de parte de Touko que hizo que Shirou parpadeara antes de caer en cuenta.

'Ah, claro. El pobre hotel.' El momento de respiro no duró mucho cuando algo asaltó su olfato, haciendo que mirase nuevamente a la pared de la cual podía llegar a oler como otra de esas vorágines se estaba formando y...

"Ahí vienen..."

La superficie se desvaneció, como tragada por el propio espacio y entonces dejó en su lugar una marea roja que descendió desde los escalones entre chasquidos y zumbidos a medida que un enjambre de múltiples Coloraturas se abalanzaron contra ellos.

"Trace Bullet!"

"Óss."

BLAM! BLAM! BLAM!

Entre las cuchillas, las runas ardientes, y las balas que definitivamente eran todo menos normales, el asalto fue brutalmente desviado sin necesidad de que ninguno tuviera que enfrentarse físicamente a las marionetas retorcidas. Más de una intentó girar sobre su propio eje, volviéndose un vórtice que avanzaba incluso a costa de su progenie, sus brazos volviéndose aspas letales debido a la velocidad.

SLASH!

Hasta que Tenzou avanzó por su parte, descargando un tajo con todo el peso de su técnica que rebano las extremidades, antes de que el retorno se encargará de rebanar limpiamente la madera desde el hueso.

'Es más fuerte que Shiki.' Noto Shirou, apenas alcanzando a echarle un vistazo a la espada en acción por unos instantes. No la había alcanzado a leer, no con todo lo que tenían encima. Pero ganas no le faltaban.

'Concentrate, concentrate.' Se regañó así mismo, antes de echarle una mirada a los cadáveres mutilados a pocos pasos desde donde estaba, y apartó la vista nuevamente. 'Pero no así...'

Las escaleras les esperaban ahora, y el grupo las subió en silencio, con los subordinados de los Ryougi cubriendo la retaguardia, mientras que Shirou olisqueaba continuamente el aire desde el frente. Pero el aire pesado del lugar era lo único que le respondía, eso y la sensación ocasional de lo que reptaba por las paredes y el piso como enormes ciempiés al acecho.

Circuitos Mágicos.

'Cuando Touko dijo que el lugar estaba vivo...' Reprimió un escalofrío apenas llegaron a la siguiente planta y de inmediato se detuvo, no teniendo ningún buen presentimiento. Frente a ellos, se extendía un enorme espacio pobremente iluminado con múltiples columnas de entre las cuales se extendían docenas y docenas de láminas que actuaban como puertas corredizas. Demasiadas como para poder ser usadas.

"Este lugar..." Touko pareció fulminarlo con la mirada. "Que nadie se separe."

"¿Por qué?" Mikiya apretar la pistola que sostenía, mirando una de las láminas con singular cautela.

"Está hecho para cambiar de estructura en un instante. Tenía planeado que fuese un laberinto de espejos, pero..." Touko guardó silencio, hasta señalar un pasillo en particular. "Por aquí."

Nadie se atrevió a contradecirla mientras avanzaban por aquella ruta, ni siquiera queriendo rozar alguna de las láminas. Más de una vez, las miradas del grupo se plantaron en recovecos que jurarían que no habían estado ahí antes, así como una que otra sombra cuyo tamaño había cambiado.

Thud.

Un golpe seco a distancia le hizo detenerse, obligando a todos los que portaban un arma el apuntar en distintas direcciones a la espera de que algo saliera desde la penumbra a asaltarlos.

Thud.

Thud.

Thud.

El ruido continuó desde distintos rumbos, formando un patrón de golpes inquietantes que hizo sudar frío a los tres subordinados de Tenzou y Mikiya, mientras que los demás permanecian tensos.

Thud.

Thud.

Thud.

Más movimiento a la distancia, siendo distinguido por los únicos magi del grupo les hizo estremecerse al ver que era lo que producía. Las láminas se estaban cerrando.

Thud.

Thud.

THUD.

Como un grupo de tambores tocados bruscamente, el patrón terminó por cerrarse alrededor de ambos, mientras que el chasquido de otras láminas alcanzaba a escucharse en el fondo. Mirar hacia arriba no fue mucho mejor, donde un grupo de vigas se arremolinaban como enredaderas desde el techo, formando un espacio fuera de su vista que bien podría haber sido una jaula.

"Oooooouuuughhhh..."

Entonces las puertas se abrieron, revelando...

'No otra vez...'

"Trace on!" Shirou jamás había agradecido tanto el tener su Espada de Azoth a la mano. El soporte que este le brindaba a su Taumaturgia le vino a la perfección, permitiéndole manifestar con mayor facilidad la proyección que necesitaba. La espada de madera con la que se había familiarizado durante los últimos meses fue descargada contra la cabeza del primero de los cadáveres andantes que emergio desde su lado izquierdo, intentando asestarle una mordida con sus mandíbulas putrefactas.

TWACK!

El solo contacto con la piel muerta le valió escuchar como el Praeta profería un siseo agudo de protesta, y entonces terminó con la cuchilla de su daga siendo clavada en el espacio donde debería de haber estado su nariz. Retorcer su muñeca a la derecha, mientras canalizaba energía mágica a su núcleo fue todo lo que necesito para que una lengua flameante emergiera desde la hoja y envolviera la cabeza del cadáver, cuyos intentos de resistirse fueron oprimidos a fuerza de golpes con la espada de madera, impidiendole al espíritu escaparse.

FLOOOOOSHHH.

Por otro lado, Touko había requerido mucho menos. Una sola runa ardiente fue trazada en el aire antes de convertirse en un torrente fogoso que carbonizó a un par de cadáveres más.

"Oooooouuuughhhh..."

BLAM!

"Hmm." Las balas, aun si estaban cubiertas con remanentes de maldiciones no fueron realmente tan efectivas contra los Praeta, algo que era rápidamente remediado por Tenzou, quien les cortó una y otra vez, abriéndose paso entre los casi cinco cadáveres que había intentado atacarlos desde el otro costado. Sin embargo...

"Trace on..." No requiriendo más su proyección, Shirou dirigió la espada de madera hacia aquel espacio lo más rápido que pudo, alcanzando a golpear las vagas formas de los espíritus que se habían desprendido de aquellos cuerpos, ganándose la perplejidad de aquellos que no lo habian notado, hasta que los aullidos de estos fueron plenamente audibles y en un destello de dolor, sus siluetas hinchadas y grotescas alcanzaron a vislumbrar.

"Oooooouuuughhhh..."

THUD.

"¡AAAAAAAIEEEEEHHHHH!"

Dos láminas se corrieron bruscamente desde el centro de donde habían estado, cortando el lugar a la mitad. Uno de los subordinados de Tenzou no había alcanzado a reaccionar a tiempo, y lo unico que quedo del lado donde fueron a parar no fue otra cosa que un tobillo ensangrentado, mientras que sus lamentos se alcanzaban a escuchar desde donde había ido a parar, pronto convirtiéndose en gritos agonizantes mientras mas y mas jadeos de ultratumba se arremolinaban en torno al suyo, ahogandolo.

THUD. THUD.

"¡Shirou!" Kiritsugu exclamó, cuando otra de las láminas se desprendio, cortando nuevamente el espacio, separando al pelirrojo junto con Mikiya del resto.

THUD. THUD. THUD.

"Ah..." Fue lo último que alcanzo a escuchar de parte de Touko cuando su lado también se separó por un par de láminas más. Kiritsugu no tuvo de otra que echarse para atrás apenas escucho el mismo sonido, y por poco evitó ser mutilado también cuando alrededor de tres láminas más le obligaron a retroceder.

"Tsk..." Apretó firmemente su revólver, antes de voltearse, topándose con la mirada severa de Tenzou y su subordinado principal, quienes habían quedado atrapados con él de igual manera.

"¿Y ahora?" Escuchó al hombre preguntar, antes de que el infernal sonido se manifestará nuevamente.

Thud. Thud. Thud. Thud.

Muchas láminas se apartaron, formando un pasillo bastante ancho en cuyo extremo opuesto se recorrió una más de manera horizontal, revelando una silueta alta y fornida que dio un par de pasos a la par que blandía una espada más que apropiada para su tamaño.

"Tu..." El gruñido de parte de Tenzou fue todo lo que Kiritsugu necesito para saber que se trataba de la persona que este había mencionado como principal sospechoso de haberle enviado el mensaje. Y apenas sus rasgos fueron iluminados por una de las lámparas que colgaban desde las alturas, reprimió una maldición para sus adentros apenas cayó en cuenta de quién se trataba.

'Por supuesto...'

"Justo los dos hombres que buscaba." Yukinobu Yakou resopló con una satisfacción cruel a la par que blandía su espada... Al mismo tiempo que una corriente de aire parecía recorrer la estancia.

xXx

"Tsk..." Touko le echó una mirada a la pared que había terminado por formarse, y de inmediato descartó intentar mandarla a volar. Ciertamente, si escribía una configuración rúnica lo suficientemente contundente, podría llegar a destruir toda esa sección de las fundaciones. Y también tendría que lidiar con toneladas de escombros posiblemente sepultandola a ella y los demás, por lo que tendría que tomar otro desvío. Detrás de ella, los murmullos nerviosos de los otros dos hombres, aún marcados por la brutal muerte de su compañero no ayudaban mucho a su estado de ánimo.

"¿Qué... Hacemos, señorita?" Preguntó uno de ellos, intentando ocultar que le tambaleaban las piernas.

'Maravilloso. Me tocaron dos Nimrods.' Pensó, antes de tomar una decisión. "Quiero que me cubran mientras intento algo. ¿Está claro?" Se aseguro de inyectar la suficiente severidad aun cuando lo decía de manera conciliatoria. Apenas esperó lo suficiente para verlos asentir antes de voltearse, y entonces poder concentrarse en la superficie mientras colocaba su palma.

ᴿᵘᵐᵇᵒ ᵃˡ ᑦᵒᵐⁱᵉⁿᶻᵒ

"Eitr Skappa."

Su consciencia penetró en la red aberrante que componía los hechizos grabados en las paredes e intentó sumergirse en sus profundidades antes de que las medidas que Araya seguramente había colocado para impedir una interferencia comenzarán a actuar contra ella. No le tomó mucho observar los canales; los gigantescos substitutos de energía mágica que habían sido grabados con tuétano y más, retorciéndose en el espacio sin forma como una parodia macabra de las Líneas de Nazca.

Desde donde estaba, centenares de mariposas de cristal comenzaron a sobrevolar el entorno, cada una portando una runa distinta sobre sus frágiles cuerpos y entonces buscaron acomodarse en torno al orden que ella buscaba a medida que continuaba la configuración, sobreescribiendo las lineas seguian moviendose, y de las cuales podía ver siendo despedida una marea de brea nauseabunda, y entonces gigantescas manos de bronce que hicieron esfuerzos sobrehumanos para alcanzarla, revelando así rostros quebrantados de estatuas de budas compasivos, cuyos ojos vacíos lloraban sangre espesa que...

"Ugh..." Touko se apartó, sintiendo como los golpes de la maldición que bien hubiera podido ser fatal en otras circunstancias le obligaban a mantenerse lo más alejada posible de aquella ruta. Agitó su mano, sobre la cual sus circuitos ardían en protesta mientras que en la pared, una sola grieta se había abierto, de la cual brotaban hilillos de sangre que poco a poco se iban deshaciendo a medida que la herida se cerraba.

'¿Qué demonios hiciste, Araya?' Pensó antes de escuchar zumbidos demasiado familiares. De una de las puertas a unos diez metros de distancia, varias Coloraturas emergieron antes de avanzar hacia ellos. Pero para darles crédito, los dos matones abrieron fuego de inmediato, acertando uno que otro disparo directamente hacia sus cabezas que hubiera sido suficiente para ponerlos abajo si se hubieran tratado de otras cosas.

"... N-no se detienen." Protesto uno, disparando aún, mientras que el otro se limitaba a continuar en silencio, con sus ojos marcados ya por el terror.

Touko se limitó a concentrarse en su ojo derecho y entonces mirar fijamente a las marionetas, canalizando cuanta energía mágica podía permitirse a su Ojo Místico, y entonces desplegó sus efectos. La parálisis, pudiendo afectar a lo que estuviera en cierta forma vivo de alguna manera fue suficiente para detener a un par de las Coloraturas, con los suficientes componentes orgánicos como para contar, y eso fue todo lo que Touko necesito.

ᴼˡᵉᵃᵈᵃ ᵈᵉˡ ᶠⁱⁿ

"Ragnarflóð."

Su Elemento reaccionó al ser utilizado como uno de los componentes del hechizo, descargando una llamarada en espiral que corrió como un río contra el grupo de Coloraturas, consumiendolos como si de un rayo de la muerte se tratase, ninguno de sus cuerpos contando con el atributo que le permitiera sobrevivir a un hechizo así de ofensivo. Un par de remanentes carbonizados, junto con los estragos que ella provocó en el pasillo permanecieron detrás, pero dejandolos el paso libre.

"Lo que debemos de hacer, es avanzar. Si este piso se sigue moviendo, eventualmente se abrirá un camino que nos conduzca a los demás." Afirmó, poniéndose en marcha sin esperar a ver si la terminarían por seguir o no. El sonido de sus pasos no la hizo detenerse, y no tardaron en pasar a un nuevo pasillo donde solo escuchaban como otras láminas se movían a la distancia, así como lo que parecían ser golpes extremadamente bruscos contra las paredes... Y detonaciones.

'Emiya-san.' Pensó Touko, frunciendo el ceño. Lo cual dejaba el silencio contrario como una buena o mala señal para Shirou y Mikiya. 'Voy a tener que compensarles a todos por esto.'

CLICK.

El nuevo chasquido la hizo detenerse, con los dos hombres siguiendo su ejemplo mientras dirigian su mirada hacia todos los lugares posibles, sin encontrar nada que pudiera haberlo producido.

CLICK. CLICK.

'Esta por aqui...' Los circuitos de Touko vibraron en alerta, mientras que ella despedía un pulso de energía mágica con tal de que le sirviera como sonar improvisado. La medida no demostró nada, dejándola un tanto intranquila. "Sigan caminando."

Ninguno asintió, pero igual continuaron el paso, con uno permaneciendo detrás mientras apuntaba a las esquinas y hasta el suelo. Si las paredes podían moverse en ese lugar infernal. ¿Que garantizaba que las baldosas no fueran a seguir su ejemplo? Bien que más de una de estas podría convertirse en una trampilla de la cual saldría otra figura de horrores como todo a lo que se habían estado enfrentando esa noche.

Gengo tragó saliva una vez que estuviera seguro de que nada podría tomarle desprevenido desde ahí, y se dio la vuelta para caminar con normalidad hasta que...

SPLOSHHH.

Vino de la nada. Un corte desde arriba que cayó como el golpe de una guillotina, pero en lugar de degollarlo se encargó de hundirse hasta la mitad de su cráneo, dejando que los costados mutilados cayeran como las rebanadas de una hogaza de pan mientras que la sangre y los sesos se desparramaban como relleno sobre su cuerpo.

"¡GENGO!" Exclamó aterrado el último de los tres.

Click. Click.

Colgada desde una de las vigas, como si se tratase de un murciélago gigantesco, dos ojos rojos brillaron como linternas antes de que la silueta aterrizara encima del cadáver de Gengo que se había desplomado ya. Para Touko, no fue nada difícil el identificarla como una marioneta, pese a la impresionante semblanza humana que cargaba. Era una mujer joven, bastante hermosa con un cabello de ébano recogido perfectamente en un estilo tanto estético como funcional, con un vestido tradicional corto en rojo, que bien le hubiera recordado a ciertos personajes de un solo tipo.

'Kunoichi.'

Pero cualquier sentimiento de apreciación pasó a segundo plano con la forma tan brutal que había empleado para asesinar a uno de los hombres.

BLAM! BLAM!

Y su compañero, en un impulso desenfrenado que mezclaba tanto rabia como terror procedió a disparar una y otra vez contra la marioneta, que se retorció en respuesta a los impactos de los perdigones que recibia antes de que un par de cuchillas de guadaña emergieran desde sus muñecas como las garras de una mantis y comenzará a girar y girar sobre sí misma.

"¡AHHHHH!" El último hombre gritó cuando la peonza se precipitó contra él mucho más rápido de lo que pudiera reaccionar, y el despliegue de sangre no perdonó a Touko quien disparó de inmediato un conjuro destructivo contra el vórtice mutilador, que apenas logró desviar a la marioneta contra la pared, con el daño ya hecho.

'... Pobre hombre.' Ella ya había visto restos en estado similar o peor. Lo suficiente para no verse tan afectada, pero jamás había llegado a ser lo suficientemente fría como para encontrarlos una visión normal. No que le fuera a servir en aquellos momentos.

BZZZZZZZ.

La marioneta la examinó en silencio, con sus guadañas aun desplegadas, como considerando qué acciones tomar contra ella. Fue en ese momento, que Touko noto el aura que despedía y ni siquiera se lo pensó dos veces.

ₐᵣᵢₑₜₑₛ ꜀ₑₗₑₛₜᵢₐₗₑₛ

"Þrumurjótr."

El despliegue de múltiples flechas de luz fue reforzado por una Sól alimentada con el triple de lo que normalmente debería de llevar. No sería suficiente para purgar lo que fuera que se había apoderado de esa marioneta, pero con que uno llegara a conectar, Touko confiaba en que infringiria un daño considerable.

BZZZZZZ.

Desde un compartimiento en la espalda de la marioneta, un número exacto de cohetes rudimentarios terminó por emerger, contrarrestando el aluvión de Touko muy para su frustración. 'En ese caso..'

Las puntas de sus dedos brillaron mientras trazo y trazo más y más runas en el aire, desplegandolas como múltiples hechizos más. Otros proyectiles: Cohetes y saetas brotaron desde cañones y ballestas estratégicamente colocados en los hombros y manos de la marioneta, contraatacando la taumaturgia con claros productos de esta... Hasta que un Campo Delimitante que servía como prisión consiguió mantenerla sujeta el tiempo suficiente como para que Touko hubiera mezclado su sangre con una runa ardiente, y entonces...

ᴸ̵̗̺̻̱͙̽̿̓̽͆̔̾ᵃ̴̡̰̟̦̙̺̙̠́ ̷̦͓̱̼̖̒̃͆̊̀̎̓̋̂̽̆̍̈́ᵀ̵̧̼̄̈́̄͗͘̕ⁱ̸̨̨̨̨̥͓̫̩̜͔͉̦̞̟͈̋̂̉̽̽̀͠ᵉ̵̰͙͈̻͂͒͊̈́͗ʳ̸̞͔͓̪̮͇̲̬̙̮̲̖͈̩̯͆͌̈́̀́̀͗͛͆͝ͅʳ̴̧̢̳͎͙̝̋́̀̋̆̎̿́ᵃ̵̡͎̠̺̝̲̗̹̤͖̼̲͔̺̅̇͜ͅͅ ̴̛̥̻̮̹͔͔̰̈́͛̋͂̓̏̓̈́͝͠ͅᴵ̶̩̝̮̰̊̔́ⁿ̶͍͈̮̯̲͔͉̻̙̺́͐ᶜ̷̡̧̛̠̤̻͚̜͖̹̩͕̜̈̑̿̎̀̄͆̍̆̕̕̕̚͝ⁱ̵̢̬͓͓̱̞̩̜̣̞̗̗̼̘̺̹͉̍̈̋͑̀̾͑͊͆̾̕ⁿ̶̡̡̛̛̤͇̜̘͇̬̘̪̣̰̪̦̭̼̆̃̀́̉̊͒̍̌̌̔́͘͝ᵉ̴̹͕̤̽̎̓̑͗͝ʳ̸̨̡̜̠̥̼̣̠̂̇͒͠ᵃ̸̨̢̜͇̬̠̟͙͔̐̌͊̇̒̾̊̀̀̇͜ᵈ̴̢̤̞̤̜͙̗̳̬̪͆̓͊͂̂͂̃͂̓̈͜͠͝͝ͅᵃ̴̨̢̡̨̰̗̻͇̙͇͍̈̂̂̾̌

La nueva descarga. Un vómito de llamas negras que ardieron con brasas doradas golpeó de lleno la barrera que había creado, desatando todo el poder invertido en ella sobre la marioneta. Muy pocas veces, hacía empleo de una Runa Sangrienta, y si hasta un Elemental encarnado como Lugh había recibido heridas notables al ser golpeado con una...

BZZZZZ.

'Tienes que estar brom...' Fue lo último que pensó antes de hacerse para atrás antes de que un gancho sujeto a un cable saliera disparado contra ella, clavandose en una de las paredes. Utilizandolo como agarre, la marioneta emergió desde donde había ido a parar, con múltiples quemaduras sobre su estructura. Quemaduras que poco a poco se iban removiendo, con lo que fuera que tenía implantado actuado como una variante de la Maldición que los Apóstoles solían tener.

'Muy bien...'

Antes de que la marioneta infernal pudiera abalanzarse contra ella, Touko ya había decidido enfrentar el fuego con fuego.

CLANG!

Las guadañas de la marioneta fueron paradas en seco apenas terminaron por colisionar contra el guantelete reforzado de Valan. La marioneta, un par de cabezas más alta que Touko, que tomaba la forma de una especie de caballero acorazado en rojo, con su cabeza permanentemente fundida en un yelmo cuyos extremos opuestos evocaban la imagen de cuernos y una boca expuesta con colmillos en una expresión de disgusto latente no permaneció mucho tiempo a la ofensiva, antes de que los hilos de Touko movieran su brazo izquierdo en un puñetazo certero contra la cabeza de la marioneta rival, mandandola a volar.

BZZZZZ.

Los proyectiles no tardaron en ser disparados contra Valan, cuya boca se abrió lo suficiente para revelar un círculo mágico grabado en una efigie que ardio, produciendo una barrera esférica en torno a su cuerpo que soporto los embistes lo suficiente como para romperse cuando la marioneta busco atacarlo una vez más de manera directa, con sus cortes siendo repelidos una y otra vez por los brazos del acorazado carmesí.

THUD.

El puño izquierdo, notablemente más ancho e irregular que el contrario se desprendió de aquel brazo, revelando ser la cabeza de un martillo de guerra que Valan terminó por sujetar con la mano contraria, descargando golpe tras golpe aplastante en lo que el mecanismo de la mano liberada retrocedía para formar una normal, permitiendole asi blandir el arma con ambas.

BZZZZ

CLANG! CLANG!

La diferencia fue magistral, con Valan haciéndole retroceder sin misericordia, hasta que un espolón de oricalco se reveló en el lado opuesto del martillo y terminó por clavarse brutalmente en el pecho de la marioneta, la cual continuó retorciéndose en el suelo a medida que Touko aplicaba más presión y presión, buscando desbaratar cualquier núcleo que pudiera encontrar y...

BZZZ.

En un instante, la cabeza de Valan terminó por partirse en distintos fragmentos como si se tratara de una mandarina apenas una de las manos de la marioneta la rozo... De no ser por la energía mágica visible que se había desplegado, Touko ni siquiera lo hubiera notado.

'Técnica ilusoria... ¿Qué m...?' Con Valan fuera de comisión, la marioneta se desprendio salvajemente del espolón, haciendo caso omiso al boquete en su cuerpo que había empeorado al liberarse y volvió a fijarse en ella.

'Segunda Ronda, entonces...' Pensó Touko, mientras que el espacio dimensional se abría, y esta vez emergían sus dos marionetas restantes. Las alas de la gigantesca mariposa, comenzaron a brillar a medida que los remanentes de las múltiples Crestas Mágicas que había implantado sobre estas se activaban con la promesa de liberar un poder de fuego devastador, mientras que la figura encorvada de Egil dejaba que el cañón montado en su cabeza comenzara a girar, como el de una ametralladora.

xXx

"Hmm, disculpame si es una pregunta tonta. ¿Pero tú podrías llegar a destruir la pared como Touko lo dijo?"

Shirou negó con la cabeza. "La verdad es que no sé. Hay un par de cosas que creo que podría usar, pero dudo que sean suficientes." Se detuvo para señalar el espacio a donde habían ido a parar, antes de suspirar. "Y bueno... ¿De qué va a servir si el piso se nos viene encima?"

"Oh, buen punto." Mikiya parpadeo de manera apologética, antes de que ambos miraran el pasillo que se abría del otro lado y comenzaron a caminar hacia aquella dirección a falta de cualquier alternativa.

"Sigo intentando buscar a Shiki." Comentó Shirou, apartando la vista de una de las láminas, que sabia que conectaba con el espacio donde debería de estar el ventilador. "Debería de estar en uno de los pisos de arriba, si es que no se mueve."

"Ya..." Mikiya suspiro mientras llegaban a otro pasillo que doblaba hacia la izquierda en un camino serpenteante que no le inspiró la menor confianza a ninguno de los dos. Shirou se detuvo para analizarlo mejor y de inmediato frunció el ceño, cuando noto a más de uno de los circuitos grabados en las entrañas del edificio reptar por ahí de una manera apresurada.

"¿Qué tienes?" Escucho a Mikiya preguntarle, provocando que Shirou negara con la cabeza.

"Nada, solo que vi..." Se detuvo, antes de mirar a una de las paredes compuestas de láminas. "Este sitio... Esta como vivo. Hay algo más que..."

BZZZZZZ.

La pared terminó por recorrerse, revelando a más Coloraturas que comenzaron a girar hacia ambos. Shirou al instante, apretó su Espada de Azoth a medida que tres de los kunai que conservaba comenzaban a levitar desde su bolsa, y la runa grabada en cada una de sus cuchillas comenzó a arder apenas la taumaturgia que las componia se actualizo.

"Trace Bullet, Full Barrell."

Los tres arietes fueron descargados contra el enjambre de marionetas, estallando apenas hicieron contacto con algo sólido. La detonación triple sacudió la estancia, dejando atrás carcasas que apenas podían moverse nuevamente.

'Debí de haber usado uno de los Karasu...' Pensó Shirou, echandole un vistazo a su bolsa. Le quedaban apenas unos tres más, por lo que pronto tendría que comenzar a proyectar, lo cual le costaría energía mágica que podría necesitar aun si empleara el atajo que su Cresta le permitía.

"Ya. ¿Seguimos?" Le pregunto a Mikiya, quien había quedado lo suficiente impactado por el rápido despliegue de Shirou como para poder decir algo más, pero asintió antes de continuar caminando.

'Ah...' Shirou intentó no mirar las carcasas, y cerró sus ojos antes de negar con la cabeza y caminar por su cuenta. 'No pienses en eso, no pienses en eso.'

Pero era muy difícil escapar de esos pensamientos. Y le acompañaron hasta que continuaron a otra sección, donde se toparon con…

"¿Hmm?" Encontrar algo como unas escaleras proyectándose inocentemente del otro lado no fue nada que esperaban toparse, hasta que Mikiya lo recordó.

"Touko dijo que había unas justo del otro lado del piso." Lo que significaba que con todos los desvíos que habían tomado, había terminado por llevarlos hasta ahí.

No les tomó mucho tiempo subirlas, topándose con un pasillo todavía más extenso que se perdía a la distancia.

"¿Dices que el elevador se encuentra en este piso?" Mikiya le preguntó, algo que hizo que Shirou asintiera antes de analizar la planta apenas puso una mano sobre una de las paredes, reprimiendo otro escalofrío con lo que podía ver en esta. "En el siguiente... Pero esto es raro, puedo ver muchas escaleras, y un espacio medio oculto aquí."

"¿Como que oculto?"

"No tiene puertas. Solo se puede entrar por el elevador, creo." Comentó Shirou antes de apartar la mano. "Una de las nuevas escaleras esta para alla..."

Había señalado la derecha del pasillo, cuando una silueta terminó por emerger desde las sombras. Como si hubiera salido de las paredes, y sin emitir el menor sonido, esta se volteo hacia ellos causando un respingo de parte de Shirou.

Había pensado que el señor Kishima era grande. Quien estaba frente a ellos no tenía nada que envidiarle, pero hasta ahí terminaba la comparación.

'¿Que es?' Todo lo que hubiera enfrentado hasta el momento, contaba con una presencia única. Pero ese hombre, simplemente parecía como no existir. Era como si el pasillo frente a ellos se encontrara vacío.

No podía ver sus ojos, las sombras en su rostro que bien podría estar grabado en piedra por la severidad estoica que portaba los mantenían ocultos, pero aun así Shirou estaba seguro de que lo observaban fijamente.

Y ya tenía un feo presentimiento de quien se trataba.

"Es el." Murmuro, mientras que colocaba una mano dentro de su mochila, dispuesto a activar lo que fuera que pudiera ayudarle en aquellos momentos.

"Aozaki me ha mencionado." El hombre no había gritado ni exclamado. Y aun así, aquella declaración retumbó por sus oídos. Tan plana y desprovista de emoción como su rostro, no parecía demostrar aprobación o lo contrario por la acción de Touko.

"Más o menos..." La mano de Shirou, se topó finalmente con uno de sus Karasu, y su Cresta siseo a modo de confirmar que lo que había cargado antes todavía funcionaba. Pero no sería lo primero que usaría, no podía.

Araya apenas asintió.

"Habría sido sabio no adentrarse aquí, aprendiz de Aozaki." Continuó, permaneciendo impasible, antes de fijarse en Mikiya por primera vez. "Hubiera sido sabio para ambos."

Mikiya solamente apretó el revólver que portaba. La falta de presencia de ese hombre, el mismo del que Touko había hablado de manera ominosa de por sí ya le ponía inquieto.

Araya se mantuvo clavado en él por unos instantes, antes de asentir como si hubiera resuelto un acertijo particularmente complicado. "Ahora lo recuerdo, aquel de hace tres años."

Mikiya soltó un respingo con esas últimas palabras. Las memorias de esa noche asaltaron su mente. Esos gritos, la sangre en el piso, Shiki...

"... Ha estado en esto desde mucho antes..." Lo hubiera querido pensar, pero la tensión le hizo decirlo en voz alta, ganándose una mirada confusa de parte de Shirou, así como nuevamente la atención de Araya.

"Interesante." La mano derecha del hombre comenzó a alzarse en dirección hacia Mikiya. "Observaré tu punto de e..."

"¡Trace Bullet!"

Un kunai con la cuchilla envuelta en llamas terminó por atravesar la distancia que les separaba, con las intenciones de asestarle una puñalada ardiente al magus. Hasta que una barrera translucida compuesta de multiples simbolos de un amarillo brillante se manifestaron en medio del espacio, repeliendo la proyeccion en seco que termino por quebrarse inofensivamente en el suelo.

"¿Hmm?" Araya enfocó su atención en Shirou, quien había terminado por desprenderse ya de su mochila.

"Cuida esto, y hazte para atrás." Le pidió el niño, a lo que Mikiya asintió mientras la tomaba. Shirou no espero más por su parte. "Trace on."

Su Espada de Azoth brillo, amplificando el rango de su taumaturgia personal a medida que los últimos proyectiles que tenía proyectados levitaban en torno a él. "Trace Bullet, Full Barrel."

Los tres kunais salieron disparados contra Araya desde distintos arcos, cada uno brillando con una runa distinta grabada en su cuchilla. Uno con Óss, envuelto en llamas como muchos de los anteriores terminó por estrellarse nuevamente en uno de los puntos de la barrera, no sin antes extenderse en una capa fogosa que cubrió la esfera invisible.

Cortina de fuego que se disolvió en vapor y agua cuando el segundo Kunai, con Íss grabada terminó por formar una segunda capa de frío que difícilmente pudo imponerse sobre la anterior.

KRAKROOMM!

La barrera gemió ante el tercer asalto consecutivo cuando un explosion bastante familiar para Shirou se abrió paso apenas su último proyectil, sirviendo como un ariete deslumbrante terminó por clavarse firmemente en esta y explotar.

'¡¿?!' Desde la humareda, un brillo amarillento se terminó por manifestar en múltiples zarcillos que le recordaron a cadenas. Las extremidades, compuestas por energía mágica a la que finalmente le pudo asociar un aroma específico, reptaron a través del suelo y las paredes, teniendo la firme intención de sujetarlo.

'Tsk...' Shirou evadió los primeros dos, viéndose forzado a rodar con algo de dificultad por lo que estaba cargando por el suelo con tal de evitar que el último zarcillo se azotara contra él. 'No es que no tenga ningún olor...'

Ese hombre era exactamente como el edificio. La misma sensación, por eso no había podido sentir nada de este en el comienzo.

'Ahora no.' "Trace on..." Manteniendo firmemente su espada de Azoth en su mano derecha, volvió a concentrarse. "Phantasm Bullet."

Hacerlo por su cuenta no había sido precisamente fácil. Sus proyecciones solo eran durables por los tres pasos que ejecutaba, y aun cuando le tomaba segundos completar una haciéndolos seguidos... Tenía ese pequeño desvío. Tomar un cúmulo de energía mágica con datos incompletos y entonces apenas reforzarlo mientras salía disparado era algo crudo y un desperdicio de Od.

Sin su Espada de Azoth o su Cresta.

El anillo formado dentro de su circuito bebió ávidamente lo que se había manifestado, y entonces lo disparó. Tres nuevos kunais, apenas transparentados como las proyecciones incompletas que eran se abalanzaron contra los zarcillos, golpeandoles con la fuerza suficiente de objetos de verdad antes de deshacerse en motas de luz.

"Phantasm Bullet."

Sus circuitos protestaron por la nueva orden e incluso el núcleo de su Espada de Azoth protestó, pero aun así otros kunais incompletos surgieron desde la descarga de energía mágica, repeliendo a los zarcillos atacantes una vez más.

'¡Ya está!' Shirou ni siquiera se detuvo a pensarlo. "¡Trace on!"

Una nueva descarga se manifestó como una lámina de metal toscamente trabajado a la que Shirou martilleo con más energía, dejando que su Espada de Azoth se enrojeciera ante la presión.

"Trace Bullet. Okibi."

Su código místico ardió en llamas antes de girar como una peonza sobre el aire y ser impulsado contra la barrera-

BOOOOOM!

Esta vez, podía ver claramente como esta había sido dañada por su oleada de ataques. Hechizos, incluso de poder considerable tendrian problemas en atravesar defensas de ese tipo debido a sus propiedades. Y por otro lado, objetos físicos eran todavía más complejos de detener.

"Combinando ambas cosas como tu lo haces por otro lado." Le había dicho Touko una vez. "Es posible que puedas abrumar incluso a las más especializadas."

'Y ella dijo que él se especializa en Campos Delimitantes.' Shirou recordó, estando preparado para proyectar nuevamente otra Okibi. Y si necesitaba más pruebas, los boquetes que había abierto terminaron por cerrarse mientras la barrera brillaba una vez más, con los zarcillos que se habían desprendido de ella comenzando a recorrer su superficie como ríos consumidos por la polución.

"Un despliegue considerable de poder de fuego." Escuchó al hombre comentar, en el mismo tono que había usado antes. "No será suficiente."

'Esta confiado.' Shirou respiro hondo, manteniendo la concentración. No había gastado mucha energía en dañar su defensa, pero tampoco era como si pudiera permitirse hacer algo así continuamente. Necesitaba crear una oportunidad... Y entonces aprovecharla.

'Los Campos Delimitantes no pueden moverse. En teoría...' Sus ojos se entornaron. 'En ese caso...' "Trace on."

No traía sus guantes consigo, pero no había ninguna necesidad. No necesitaba controlar realmente a Karasu. 'Lo siento por esto.'

Los hilos creados rápidamente se aferraron a los puntos de toque de la primera de las marionetas que tenía colgando, y entonces tiró de ellos con todas sus fuerzas. El cuervo voló torpemente por el aire, como arrojado por un onagro antes de verse interceptado por la barrera.

BOOOOOM.

La siguiente explosion sacudió el pasillo por completo, cuando la piedra rúnica dentro de este terminó por liberar toda su energía en la forma de un torrente fogoso todavía peor.

ᴰᵃⁿᶻᵃ ᵈᵉ ᴿᵉˡᵃᵐᵖᵃᵍᵒˢ

"Fjǫrleift."

No queriendo intentarlo dos veces, Shirou desprendió la que se encontraba dentro de la segunda, antes de arrojarla como un perdigón. Las múltiples runas grabadas en la superficie azulada brillaron momentáneamente, antes de deformarse en un alarido penetrante que golpeó el boquete que la explosion de Karasu I había abierto.

"Hmm..." Un gruñido de desaprobación pudo escucharse de parte del hombre ante semejante embestida, y Shirou se permitió sonreír con satisfacción antes de desprenderse de Karasu II, y entonces inyectar más energía en su Espada de Azoth.

"Trace on."

La fiel figura de Junijirou Touzaki apareció en su mano derecha, mientras que Shirou guardaba finalmente su daga en su bolsillo.

"Sól."

La cuchilla vibró apenas la cortina rampante la cubrió, y el pelirrojo no espero mas.

"Om Amogha Vairocana Mahamudra Manipadma Jvalapravartaya Hum."

Apenas vio el primer zarcillo, asestó un tajo salvaje que lo cortó en seco antes de apoyarse en una de las paredes por un par de segundos y saltar.

CLANG!

La barrera repelió el nuevo corte, pero proporcionandole el punto de apoyo que necesitaba para saltar nuevamente a otra esquina, y desde ahí impulsarse más rápido de lo que pudiera reaccionar.

SPLOOOSH!

"Arghh..." Araya soltó una mueca de molestia apenas la hoja sobrecargada paso por un costado, limpiamente cortando piel y hueso mientras que Shirou rodaba nuevamente en el suelo para evadir el contraataque que ya se esperaba en la forma de otro de los zarcillos.

ᴾˡᵃᵗⁱˡˡᵒ ⱽᵒˡᵃⁿᵗᵉ

"Hihatsuhou."

Apenas evadió la extremidad, arrojó su proyección para cortar limpiamente un segundo y buscar alcanzar al hombre por segunda ocasión, que reforzó su barrera para evitar tal cosa.

CLANG!

Pero antes de que sus zarcillos pudieran apoderarse de su proyección, Shirou la convocó nuevamente hacia su mano y saltó una vez más para intentar asestar otro corte desde arriba...

Solo para no encontrar nada de resistencia apenas la hoja golpeó aire puro... Y caía justamente sobre la palma de Araya, cortando brutalmente la piel y estando a punto de cercenar los dedos de no ser porque este la cerró y entonces...

CRACK!

La cuchilla se rompió en una demostración de fuerza bruta ante la mirada atónita de Shirou, antes de que el hombre se moviera. No, ni siquiera le había visto hacerlo. En menos de un parpadeo, había atravesado la corta distancia que les separaba, y entonces...

"¡AGHHH!"

Como si hubiera recibido el golpe de un martillo.

Shirou se desplomó a un par de metros, algo aturdido, muy para el pánico de Mikiya quien había permanecido en el mismo lugar, viendo la pelea. Sin embargo, aun si hubiera podido hacer algo... Se encontraba en la dirección opuesta, con Araya avanzando ya hacia el pelirrojo caído, quien intentó incorporarse, sintiendo sus movimientos más lentos de lo normal. Fue entonces que cayó en cuenta.

'¿Y mi protección?'

"No eres el primer Shugenja que enfrentó." La voz opresiva de Araya sentenció mientras se acercaba. "Te cubres con un flujo constante de energía que no reside en ti. No has avanzado más allá de lo que se necesita para mantenerlo..."

'Oh no...' Shirou rápidamente comenzó a inyectar cuánta energía tuviera a su disposición hacia su cuerpo, teniendo un presentimiento de que era lo que pasaría si no se protegía.

"Cuando es interrumpido como un peñazo desviando el curso de un río." Una mano como de hierro le sujetó bruscamente desde la camiseta, rasgando la tela antes de arrojarlo con la misma agresividad fría contra la pared.

THUD.

El golpe seco bien que le hubiera valido tener un par de huesos rotos le hizo estremecerse. "Agh."

Y era solamente el preludio a un periodo de suplicio puro.

Shirou intentó moverse desde aquel punto. '... Muy desprotegido, necesito...' Esquivando a duras penas un puñetazo que terminó por clavarse en la pared, agrietando los bordes en torno al hoyo.

Un segundo puñetazo le alcanzó, a pesar de que colocó ambas manos en medio de la trayectoria para defenderse. 'Aikijutsu... Usar la propia fuerza contra ellos.' Fue como intentar mover a un elefante en plena carga, especialmente cuando la otra mano terminó por sujetar su muñeca izquierda y tirar de ella.

Los tendones en ese brazo, aun reforzados con energía mágica terminaron por gemir cuando crujieron en conjunto con el hueso, mientras que Shirou dejó escapar un grito ahogado.

"¡AHHHHH!"

Indiferente a su dolor, Araya mantuvo sujeta aquella muñeca antes de arrojarlo contra el techo, ahogando su grito contra las tejas de este. Y no contento con ello, lo aventó una vez más contra el suelo, solo para dejar caer su pie encima de su vientre, provocando un respingo adolorido en Shirou, respingno que se transformó en otro grito penetrante cuando presiono su planta firmemente.

Entonces la retiró, y lo sujetó desde el cabello jalando lo suficiente para poder examinar su rostro de cerca. Solo para que Shirou intentara asestar un golpe con el puño cerrado del brazo que no se había roto. La torpe acometida no llegó ni siquiera a rozar a Araya, quien demostró su apreciación al colocar nuevamente su puño contra el vientre de Shirou, asegurándose de sujetarlo con la fuerza suficiente para que no saliera volando una vez más.

Y entonces otra vez. Y otra vez.

Shirou intentó oponer resistencia. Pero con su brazo roto, y todo lo demás casi en vías de estarlo de no ser porque mantenía como podía el reforzamiento, eran esfuerzos inútiles.

Queriendo cambiar de curso, Araya lo arrojó una vez más contra otra pared, y se encargó de golpear esta vez su espalda, finalmente pudiendo apreciar como el reforzamiento del pelirrojo terminaba por fragmentarse, no siendo capaz de soportar semejante castigo.

Pero a manera de precaución...

Justo cuando Shirou se desplomaba, con múltiples moretones a lo largo de todo su cuerpo y más de un hilillo de sangre brotando desde cicatrices y su boca le manchaban ya... Araya lo levantó desde el cuello, alzandolo frente a él.

BLAM!

Su barrera se manifestó nuevamente, parando en seco un perdigón disparado con Mikiya, cuya mano temblaba aun. "... Dejalo ir."

Araya ni siquiera se molestó en dedicarle una mirada. "Aún tengo diseños para ti. Marchate."

BLAM! BLAM!

Dos balas intentaron abrirse paso, siendo contenidas sin ningún problema por la barrera.

"¿Hmmm?" No había intentado matarlo, pero tampoco era como si sus golpes reforzados no hubiesen sido inofensivos. Esperaba tener que arrastrarlo al taller de Wagner, y suministrarle cuantos narcóticos hubiera a la mano para mantenerlo vivo mientras aplicaba su estasis en él, pero tal parecía que el niño era bastante resiliente.

'Emiya.' Araya recordó entonces una mención pasajera que uno de sus alumnos había hecho sobre el incidente en Azumi. '¿Será posible?'

Con un interés casi clínico, movió el brazo cuyo hueso había roto y comprobó un segundo flujo dentro de este que parecía intentar reparar el daño ya. 'Una Cresta con un misterio curativo, entonces.' Nada que fuese particularmente extraordinario.

Pero lo que Kishima había mencionado por otro lado.

'No necesitare de un rehén contra Aozaki.' Podría examinarlo más a fondo después, pero por el momento indulgaría su curiosidad. Dentro de su barrera, los disparos del hombre de afuera no podrían alcanzarlo y si quisiera matarlo, podría hacerlo en cuestión de un parpadeo.

"Muestrame tus secretos." Recito, sujetando aún firmemente al niño desde el cuello antes de que su otra mano se posara sobre su cabeza.

ᴱⁿ ᵉˡ ᵘᵐᵇʳᵃˡ ᵈᵉ ˡᵒˢ ᔆᵉⁱˢ ᑦᵃᵐⁱⁿᵒˢ˒ ᶜᵒⁿᵈᵉⁿˢᵃ ˡᵃ ˢᵒᵐᵇʳᵃ

"Okudō no hazama nite, kage o korase."

"...K...Rurghh..." Para Shirou, hasta respirar se le hacía doloroso. No había ninguna parte de su cuerpo que no se sintiera como si lo hubieran sepultado debajo de una montaña de ladrillos. Su brazo izquierdo por otro lado... Sentía el hueso asomarse en carne viva, y unas fauces atormentadas que le exigían no intentar moverlo. Como si pudiera hacerlo siquiera...

Y aun así, nada pudo compararse a lo que vino cuando la cosa disfrazada como hombre colocó su palma sobre su rostro. Era como si un animal venenoso hubiera clavado sus mandíbulas en su cara, inyectando veneno que nada tendría que envidiarle al metal fundido reptando por su interior, asegurándose de volverse amalgama con sus entrañadas. Su piel se retorció como si la estuvieran desollando y sus nervios se estiraron y estiraron en una alerta todavía más profunda y visceral.

Algo estaba entrando en el. Una exploración de tormento que profundizaba mas y mas, sin tener el peor reparo en lo que le estaba causando. Shirou creyó escuchar el sonido de disparos a distancia, así como uno que otro jadeo desesperado de parte de Mikiya.

... H-huye...' Fue lo único que pudo pensar antes de que la sensacion se intensificara, y tuviera deseos de gritar a todo pulmón.

El veneno continuó acomodándose en su interior, y entonces pudo observarlo. Los pulsantes zarcillos que reptaban como orugas sobre el espacio donde estaba acostumbrado a observar los suyos, los nuevos ocupantes comenzaron a excavar en él, mientras que llevaban en un palanquín algo sin forma que aun así se expandía y se expandía. Y todo lo que tocaba, quedaba envuelto en una cortina aceitosa que entonces comenzaba a detenerse también, como si la sola noción del movimiento fuera anatema a su existencia.

Y en ese vacío muerto, había otras cosas.

Sesenta y cuatro placas interconectadas en patrones que no entendía, sobre las cuales serpenteaban mas y mas orugas que se arremolinaban como queriendo dar luz a mas de su progenie, y entonces multiples sigilos cuyo significado escapaba a su conocimiento, así como estatuas. Muchas estatuas destrozadas, todas con los cuellos degollados y las cabezas descansando en sus regazos, plagadas de icor negro y cosas con demasiadas bocas para contarse.

La cosa sin forma continuó paseándose por ahí, siendo atendida por los circuitos mágicos que la cargaban hasta detenerse en medio de un paraje que no entendía. La tierra cubierta de ceniza; los cielos repletos de nubes de tormenta que no se atrevían a descargarse; y la niebla, la niebla repleta de murmullos ininteligibles como única moradora.

"Tu Origen es..."

La cosa pareció notarlo y se acercó, con una mano compuesta por muchas con todas queriendo extenderse hacia el.

CLANG!

La mole estremeció, cuando un filo emergió desde su cuerpo.

CLANG! CLANG!

Y otro. Y otro. Hojas y cuchillas empezaron a brotar como las cabezas de un campo de flor sobre la cosa, abriendo sus pétalos de metal a la par que el mundo entero se sacudía.

CLANG! CLANG! CLANG!

Un gemido de ultratumba fue bramido por la cosa, cargada ya por todo lo que había brotado sobre ella. Con más y más espadas haciendo acto de aparición, perforandole desde afuera y adentro, haciendo que se desplomara contra el suelo que parecía usarlas como sus colmillos, y comenzaba a cebarse con la cosa.

CLANG! CLANG! CLANG!

Shirou abrió los ojos con un gemido, y terminó por caer al suelo, mientras que Araya retrocedía, con su rostro de piedra deformado en una expresión de agonía a medida que ciertos espasmos le sacudían el cuerpo una y otra vez. Por la manera en que agitaba sus brazos... Era como si algo estuviera surgiendo desde adentro de su cuerpo.

Había regresado a la parte donde lo había encarado antes de ser prácticamente usado como poste de castigo. De no ser por Karasu II, descansando plácidamente cerca de una de las baldosas, no lo hubiera advertido.

Como lo que había pasado en lo que fuera que había visto. Shirou inmediatamente activó sus circuitos una vez más, dejando que su Cresta trabajara. Sintió varias punzadas, cuando las escamas comenzaron a manifestarse sobre sus heridas, más de adentro que de afuera para poder cerrarlas, pero aun así...

CRACK.

Reprimió un grito con todas sus fuerzas cuando acomodo el hueso, y puso su mano derecha sobre este, aplicando algo más de Reforzamiento. Estaba roto, y eso no podría componerlo. No estaba demente... Pero en tanto mantuviera energía mágica ahora, podría usarlo...

'Y dolerá como nunca cuando termine.' Pensó, pero no había tiempo para preocuparse por ello.

"¡¿Cómo estás?!" Escucho a Mikiya prácticamente correr hasta donde estaba.

"...¿P-porque n-no corri..?" Le hubiera querido preguntar, de no ser porque tuvo que jalarlo bruscamente al suelo con tal de evitar que un zarcillo amarillento lo golpeara. Mirando al otro lado, Araya mantenía su barrera recorrida en su estado ofensivo mientras resoplaba. Lo que fuera que le había pasado, había terminado de surtir efecto, y por lo tanto...

"Trace on..."

Los hilos salieron despedidos a la velocidad del pensamiento, sujetando los primeros puntos en las piernas de la marioneta restante, que cobró vida por unos segundos antes de ser arrojada mucho antes de que los zarcillos pudieran interceptarla. Esquivando de milagro los dos restantes, Shirou la plantó con todas sus fuerzas en la cara del magus, quien protestó cuando tanto las garras como el pico se clavaron en su cara, siendo todavía manipuladas por Shirou a distancia.

"¡Aghhh!"

"Corre... Ahora..." Shirou apenas miró a MIkiya, con toda la seriedad que un niño de once años podría llegar a conjurar.

"Pero..." Este protesto.

"... Hay algo más." Admitió Shirou, antes de señalar al pasillo contrario a las escaleras por donde habían subido. "... Corre por ahí. Hay otras escaleras, del otro lado..."

Aún reacio, Mikiya asintió antes de comenzar a trotar, mirando atrás aun con el ceño sumido en completa preocupación.

Por su parte, Shirou sintió como sus hilos terminaban por desprenderse y apenas experimentó una punzada al ver la carcasa triturada de Karasu II caer al suelo... Mientras que Araya se concentraba nuevamente en él, con el rostro ahora lleno de cicatrices frescas.

Su energía mágica se desprendía en un aura aparte de su barrera, en la forma de los zarcillos que comenzaron a azotarse como látigos monstruosos en busca de repartir castigo.

Shirou se incorporó con dificultad, limpiándose la sangre de la boca mientras se preparaba. Ningún código místico ni hechizo le serviría ahí. Con lo que había experimentado momentos atrás, le quedaba muy en claro. Por lo que solo había una opción.

"Trace..."

Los zarcillos de Araya se abalanzaron una vez más contra él, esta vez cada uno de ellos terminando en un espolón barbado con la cuchilla viciosamente retorcida.

"On..."

CLANG!

Y los tres fueron repelidos al mismo tiempo con un solo golpe.

Una espada. Una katana exquisita de edad más que venerable, y despidiendo su propia aura de poder yacía en las manos de Shirou, quien ignoró la punzada de su mano izquierda por el esfuerzo. Punzada que fue sustituida lentamente por la sensación de la brisa paseandose sobre su cuerpo.

"... Usumidori..." Murmuró Shirou, antes de que sus ojos se mantuvieran fijos en Araya.

Y entonces se desvaneció.

SPLOSCH!

Un corte todavía peor de frente, terminó por abrir un boquete más profundo del lado de Araya... Quien retrocedió, impactado por el despliegue, pero antes de que pudiera comprender que había ocurrido.

CLANG! CLANG!

Un aluvión de golpes, muchos de ellos dispuestos a volverse cortes comenzó a llover sobre él a medida que Shirou concentraba los ataques sobre su cuerpo, siendo defendido a duras penas por sus zarcillos, cuyas cabezas eran continuamente cortadas.

"Hmm..." Con un gruñido iracundo, Araya asestó un golpe que busco alcanzar su cráneo, solo para que...

SPLOSHHH!

"¡Ughh...!" Araya gruñió, más por sorpresa que por rabia cuando su mano terminó por aterrizar contra las baldosas, y un muñón tomara su lugar. Sin embargo, muy para el horror de Shirou, lejos de yacer inerte en el suelo, la mano se abalanzó contra él como un monstruo aparte, queriendo alcanzar su cuello.

De no ser por un tajo más que la terminó por rebanar... Pero dándole el tiempo suficiente a su dueño como para sujetar con la que le restaba la cuchilla, y entonces intentar doblarla.

Intentar.

Energía mágica teñida de verde brotó desde la cuchilla, clavándose como astillas en el reforzamiento de Araya, que se vio obligado a soltarla con la alternativa siendo el perder sus dedos.

CLANG! CLANG!

'Esta a la defensiva...' Shirou pensó, manteniendo ambas manos sobre el mango de la espada. 'Solo tengo que...'

ᴿᵒᵐᵖᵉᵗᵉ

"Shuku."

'¡¿?!" El movimiento de su palma, y la impresionante cantidad de energía mágica que pudo detectar moviéndose fue advertencia suficiente para que se moviera desde donde estaba, antes de que el espacio fuese triturado sobre sí mismo apenas Araya cerró el puño.

"Tu..." El hombre vacío resopló con desdén. Un contraste absoluto de cómo había lucido cuando lo había encarado por primera vez. "¿Que eres?"

Shirou ni se molestó en responder, blandiendo Usumidori firmemente aun, a la espera de cualquier oportunidad para poder terminarlo.

xXx

Tenzou entrecerró los ojos, observando con cautela al hombre que tenía enfrente. Yukinobu Yakou tenía la presencia de alguien acostumbrado a la guerra, a la violencia, a la imposición de su propia voluntad sobre otros. No era un simple jefe de familia, sino un guerrero curtido por el tiempo y la amargura.

"El mensaje era tuyo." La voz de Tenzou fue baja, pero cortante.

Yukinobu esbozó una sonrisa cínica. "¿Quién más iba a ser? Después de todo, tú y yo tenemos asuntos pendientes, Ryougi."

Tenzou mantuvo la compostura, pero su ceño se frunció apenas. No le gustaba cómo hablaba.

"¿Por qué todo esto?" Preguntó con frialdad, aunque en su interior ya intuía la respuesta.

El viento se movió en torno a Yukinobu, agitando su haori, como si respondiera a la tensión en el aire. "Porque hay deudas que deben pagarse."

Tenzou dejó escapar un leve suspiro. "¿Deudas? ¿Con nosotros?" Su mirada se endureció. "Eso es absurdo. Si estás hablando de viejos conflictos, eso quedó en el pasado. Décadas han pasado, Yakou."

Yukinobu rió, sin humor. "¿El pasado?" Su tono destilaba desprecio. "Una traición sigue siendo una traición, aunque pasen siglos."

Kiritsugu escuchaba en silencio, con la pistola en mano pero sin apuntar aún. Analizaba la situación. Estaba buscando su oportunidad.

"¿De qué demonios estás hablando?" Tenzou se cruzó de brazos, mirándolo fijamente.

Yukinobu escupió al suelo, como si el simple hecho de recordar le llenara de asco.

"Cuando los perros de Occidente invadieron, hace ciento cincuenta años, los Yakou resistimos. Nos masacraron. Nos persiguieron como perros. ¿Y dónde estaban ustedes?" Su voz se volvió más grave, más acusatoria. "¿Dónde estaban los Ryougi a quien estabamos atados por sangre y honor? No hicieron nada."

El silencio cayó sobre la estancia.

"Ustedes miraron desde su enclave, desde su fortaleza, y dejaron que nos destrozaran. No alzaron una sola espada. No pronunciaron un solo hechizo. Nos dejaron morir."

Tenzou permaneció impasible, pero la sombra en sus ojos delató que no podía negar lo que Yukinobu decía.

"Y luego, cuando Tokyo cayó sitiada... Cuando nosotros, lo que quedaba de nuestra familia, luchamos por defender lo poco que nos quedaba... El Buró nos ignoró. Y los lobos nos vieron como cenizas de algo que no importaba."

Sus ojos centelleaban con un rencor profundo, inamovible.

"¿Y ahora esperas que olvide? ¿Esperas que pase la página? No, Ryougi. Yo recuerdo. Los Yakou recuerdan."

Tenzou dejó escapar un largo suspiro.

"Sigues aferrándote a los huesos de un viejo resentimiento." Su voz no era suave ni conciliadora, sino fría y práctica. "No cambiará lo que pasó. No traerá a los muertos de vuelta."

"Pero sí hará justicia." Yukinobu levantó su espada con lentitud, y el aire a su alrededor se arremolinó con una presión sutil pero letal.

Kiritsugu, que había estado en silencio hasta ahora, inclinó la cabeza levemente.

"Entonces, mi presencia aquí es un golpe de suerte para ti."

Los ojos de Yukinobu se fijaron en él, y su sonrisa regresó, cruel.

"Más que suerte. Es justicia." Su agarre en la empuñadura de su espada se tensó. "Tú mataste a mi hermano."

Kiritsugu no negó nada. Ni siquiera cuando la mirada de Tenzou se clavo en el.

"Raiga me contrató." Su voz fue tan simple y directa como si estuviera narrando el clima. "Su hermano hizo algo que requería una solución."

La expresión de Yukinobu se endureció, su mandíbula apretándose con rabia contenida.

Y entonces, con un simple movimiento de su espada, el viento explotó.

Las paredes crujieron cuando la presión desgarró las tablas y el suelo se resquebrajó bajo la brutalidad de su magia. Fragmentos de madera y metal salieron disparados en todas direcciones mientras los hombres en la habitación se lanzaban a cubierto.

Tenzou se deslizó hacia un lado con la agilidad de un cazador, mientras Suzurigi, giraba con su pistola lista, pero sin disparar aún.

Kiritsugu, por su parte, se había movido con la precisión de un asesino. Sin titubear, sin dudar, esquivando el impacto del viento con movimientos calculados.

Yukinobu bajó su espada con lentitud, observándolos con la misma seguridad implacable de un juez dictando sentencia.

"Si han de pagar su deuda, que sea con sangre."

El estruendo de los disparos rompió la tensión de la sala en el instante en que Kiritsugu y Suzurigi apretaron los gatillos casi al unísono.

Las balas surcaron el aire con precisión mortal, pero el viento mismo pareció rebelarse en su contra. Una violenta corriente surgió en torno a Yukinobu, desviando los proyectiles con un silbido ensordecedor. Chispas estallaron cuando algunas de las balas impactaron contra los restos de la estructura destruida, mientras que otras simplemente fueron arrastradas por la tempestad.

Tenzou no dudó.

Con un leve susurro, su mente se hundió en una profunda calma artificial—Auto-Sugestión. En un solo instante, su cuerpo dejó de registrar el miedo, la duda, el cansancio. Solo existía el combate.

Se lanzó hacia Yukinobu con un movimiento preciso, la katana en sus manos reflejando el pálido resplandor de la luz destrozada sobre sus cabezas. Su hoja se encontró con la de su enemigo, un golpe seco que hizo retumbar el aire.

Yukinobu gruñó, sus músculos tensándose mientras bloqueaba el tajo de Tenzou con su propia espada, la cual vibró como si contuviera una fuerza descomunal en su interior. Apretó los dientes y con un brutal movimiento, hizo que el viento explotara a su alrededor.

Tenzou se deslizó hacia atrás, apenas evitando ser arrastrado, pero Suzurigi y Kiritsugu no tuvieron la misma suerte.

El subordinado de Tenzou fue arrojado contra una pila de escombros, su cuerpo golpeando con fuerza suficiente para hacerle soltar un gruñido de dolor. Kiritsugu, en cambio, ya estaba en movimiento.

"Time Alter: Double Accel."

El mundo se ralentizó para él, pero cada segundo de esta aceleración era un cuchillo afilado clavándose en su carne.

Esquivó con dificultad las corrientes de viento cortante que lo rodeaban, sintiendo la presión asfixiante en su pecho y el ardor en sus articulaciones. Cada fibra de su cuerpo protestaba, pero la alternativa era morir despedazado en un solo aliento.

Tenzou, mientras tanto, forzó a Yukinobu a mantenerse en el combate cuerpo a cuerpo. Su katana trazó cortes certeros, cada uno buscando brechas en la defensa de su oponente. Pero Yukinobu ya no estaba peleando como un simple espadachín.

Algo en la hoja de su espada vibraba con una energía desconocida, una presión sofocante que distorsionaba el aire a su alrededor.

Tenzou sintió el peligro antes de que ocurriera.

Un instante después, Yukinobu lanzó un tajo que destrozó el suelo en una línea recta. El impacto desató una onda de choque tan poderosa que astillas de piedra y madera salieron disparadas en todas direcciones.

Tenzou no tuvo tiempo de reaccionar.

El filo descendió sobre él con la fuerza de una calamidad, una sentencia de muerte imposible de evitar.

Hasta que Suzurigi se interpuso.

El subordinado de Tenzou se lanzó sin dudarlo, empujando a su líder fuera del camino en el último segundo.

El corte lo alcanzó de lleno.

El cuerpo de Suzurigi fue partido en dos con una facilidad espantosa, como si su carne y huesos no fueran más resistentes que el aire mismo. Su torso superior salió despedido hacia un lado mientras sus piernas colapsaban en el suelo, y por un instante, su rostro aún reflejaba la sombra de la decisión que había tomado.

El impacto del sacrificio no se registró de inmediato.

Tenzou, ahora en el suelo, observó la sangre caliente salpicada en sus ropas y manos. Sus ojos bajaron hacia lo que quedaba de su subordinado, su camarada.

Y el mundo se volvió rojo.

Con un grito que no tenía nada de calculado ni pragmático, Tenzou se incorporó en un solo movimiento, su katana surcando el aire con furia asesina.

Yukinobu apenas pudo detener el golpe, pero la fuerza de la embestida lo obligó a dar un paso atrás.

Kiritsugu, aún con el peso del dolor recorriendo su cuerpo por el uso excesivo de su Time Alter, vio su oportunidad.

Apuntó con rapidez.

"Tch…" Gruñó al sentir el ardor en sus músculos, pero apretó el gatillo sin dudarlo.

La Bala de Origen salió disparada con un estruendo, atravesando el espacio entre ellos antes de que Yukinobu pudiera reaccionar.

El impacto fue inmediato.

La bala perforó la defensa mágica de Yukinobu, desgarrando su carne con un chasquido anormal, como si la misma realidad se distorsionara en el punto de impacto.

Yukinobu rugió de dolor, tambaleándose hacia atrás mientras la energía acumulada en su espada se descontrolaba.

El aire tembló con una furia inhumana.

Un sonido gutural y ominoso llenó la estancia cuando las sombras alrededor de Yukinobu comenzaron a moverse. Figuras incorpóreas se formaron a su alrededor, entidades sin rostro que aullaban con odio puro.

El lugar se sumió en el caos.

Las criaturas se abalanzaron sobre Tenzou y Kiritsugu, cubriendo la retirada de Yukinobu mientras este se deslizaba hacia el final de pasillo aún sosteniendo su espada fracturada.

xXx

Normalmente, un Gandr disparado a manera de una bala mágica no debería de contar con la potencia de ataque mayor al de un arma de fuego de calibre ordinario. El verdadero impacto de una maldición condensada de aquella forma, se encontraba en los efectos cultivados en su interior, que bien podrían inyectar un dolor paralizante que dejaría a la víctima retorciéndose en agonía durante días enteros, o quizás una semana. Esto debido a que la forma de dispararlo, por medio de la punta del dedo índice bien que podría tener efectos desastrosos en el conjurador; piel desollada, necrosis, pérdida del dedo. Había otros que intentaban desviar aquello, disparandolo desde su boca. Y si bien tanto el tamaño como el poder del Gandr era superior por ese medio, las consecuencias de los errores eran todavía peores.

BLAM! BLAM! BLAM!

'Debí haberle colocado un sistema de relojería.' Refunfuño Touko para sus adentros, a medida que se concentraba en seguir manejando de manera manual el cañón montado en la cabeza de Egil, que continuaba vomitando bala mágica tras bala mágica contra la marioneta demoníaca, que esquivaba continuamente los ataques sin conseguir ganar terreno a consecuencia de las descargas luminosas despedidas por ambos costados por Lavi. La gigantesca mariposa seguía agitando sus alas compuestas por las Crestas hurtadas, con sus sistemas trabajando para lanzar cuanta taumaturgia pudiera servirle para pararla en seco.

Una batalla de desgaste no serviría de nada, no con la regeneración monstruosa de la otra marioneta. Más que una máquina, parecía ser un fantasmal aberrante, con otro sentido común, y eso era preocupante. No era exactamente lo mismo que lo que tenía encerrado por debajo de su gato, pero reconocía bien la procedencia de algo así.

BLAM! BLAM! BL...!

"Tsk..." Gruño cuando el cañón de Egil terminó por ser cortado limpiamente por un cuchilla sujeta a un cable disparado por la marioneta, y entonces la vio asaltarlo directamente para terminar el trabajo.

'Si, cómo no...' Touko meramente activo otro mecanismo, y desde un compartimiento en su brazo, emergió una espada de hoja ancha, recubierta con múltiples runas que brillaron con un fulgor malicioso antes de despedir una onda de choque contra la marioneta, enviándola brutalmente contra una de las paredes. Blandiendo la cuchilla, Egil avanzó un par de pasos antes de clavarla de lleno en el pecho de esta, sujetándola contra la pared.

ᴬᵗᵃᵈᵘʳᵃ ᵈᵉˡ ᑦʳᵉᵖᵘˢᶜᵘˡᵒ

"Skumringens Nett."

Los ojos de Lavi pasaron de naranja a ámbar, cuando sus alas despidieron un conjuro nuevo compuesto por una maraña de cadenas cristalizadas que terminaron por enredarse en torno a la marioneta, que intentaba resistirse como pudiera al encierro.

"Muy bien, ahora..." Touko comenzó a trazar una cadena rúnica en el aire, dispuesta a sellar de una buena vez a esa cos, hasta que..

BZZZZ.

Sus ojos se abrieron de par en par cuando las manos de la marioneta terminaron por juntarse en una sola, y entonces girar y girar...

Jamas habia destacado en actividad fisica, pero aun así sus instintos le permitieron apartarse del rango lo suficiente como para llegar a experimentar tan solo un remanente de la ventisca infernal que se manifestó como un tornado en horizontal, actuando como una aspiradora monstruosa que terminó por atraer a tanto Egil como Lavi hacia sus manos y...

CRACK!

'¿Qué demonios?' Un compartimento nuevo trituro dos de sus mejores marionetas, despidiendo suficiente energía mágica como para arrasar con toda una habitación, sin que ella pudiera detectar que tuviera un reactor en su interior.

Pero no se quedó a comprobar el resto de sus capacidades, pues apenas se encontró desprotegida terminó por abrir su bolsa.

"Rrrrrr... Meeeowww... Hsss... Mrrrrr... Meeeooow!"

Los cúmulos de éter se activaron con su energía, antes de emerger despedidos en una masa carmesí que fluctúaba. Fauces y garras se manifestaron a medida que tomaba una forma más sólida, antes de abalanzarse contra la marioneta que ya había logrado liberarse de sus ataduras.

'Y no será suficiente...' Podría intentar sacar un par más, su límite era de cinco, pero dudaba mucho que pudieran hacer algo más contra esa cosa. De ahí a que decidiera tomar una página del libro de su cuñado.

Su pelea contra la marioneta no había sido generosa con la estancia. Paredes destrozadas, suelos agrietados, boquetes en el techo. Ni siquiera un par de escaleras habían escapado de los estragos. Tomó la primera que vio, jadeando un poco mientras la subía. A la distancia, podía escuchar los maullidos agonizantes de su gato, que seguramente estaba siendo martirizado por la marioneta.

'Y seguramente me seguirá hasta aquí.' Apenas llegó al siguiente piso, bufo con resignación al ver que tomaba la forma de la entrada de las plantas anteriores. Salvo que esta vez, podía ver perfectamente la puerta del elevador a un costado de donde estaba, así como...

"¿Mikiya?" Parpadeo al ver al pelinegro, recargado contra un pilar mientras que la mochila de Shirou descansaba a sus pies.

"Touko." Jadeo el joven, luciendo aliviado por verla.

"¿Dónde está Sh—?"

Y la respuesta no tardó en llegarles con un estruendo a la distancia, seguido por un nube de polvo de la cual emergió el pelirrojo, sujetando una espada que Touko juraría jamás haber visto antes, y detrás de él...

ᴿᵒᵐᵖᵉᵗᵉ

"Shuku."

Sus ojos volvieron a abrirse en sorpresa cuando sintió como el propio espacio en torno al que había ocupado Shirou se deformó bajo una presión invisible.

'¿Interferencia Espacial asi de rapida?'

Sin embargo, moviéndose tan rápido como una golondrina alzando el vuelo, Shirou consiguió evitar la ruptura de un salto... Terminando por casi estamparse con un pilar no muy lejos de donde estaban.

"... Ugh..." Shirou apenas alzó su cabeza para mirarla, y ella no se sorprendió con que no hablara. No lucía nada bien, con varios moretones en el rostro, así como uno que otro corte que había sido cerrado por medio de taumaturgia en lo que podía ver de sus brazos y piernas. El hecho de que su brazo izquierdo igual temblara ligeramente fue suficiente para que se diera una idea de que le había ocurrido.

"Ha pasado un tiempo, Aozaki."

Había estado cien por ciento segura de su identidad, por lo que escuchar su voz no fue ninguna sorpresa.

Aun así, esa oración fue suficiente para helarle la sangre a Touko, quien apartó la vista de su alumno para poder fijarse en la silueta que emergió desde la distancia.

Y entonces le tocó parpadear al observar que estaba cubierto de sangre, con múltiples cortes atravesando su cuerpo así como una que otra quemadura... Y con una mano brillando por su ausencia.

En otras circunstancias, se hubiera reído tras haber deducido que había sido Shirou quien se habia encargado de dejarlo en aquel estado. Pero el hecho de que él hubiera terminado así, solamente le produjo una curiosa mezcla de orgullo... Y cólera.

"Menos tiempo del que me hubiera gustado." Touko respondió a la par que tenía su bolsa lista para activar nuevamente otro cúmulo de éter. "Veo que conociste a mi aprendiz."

Shirou reacciono al escuchar la mención a él antes de resoplar, mientras seguía sosteniendo Usumidori. Desde que ese hombre habia comenzado a desplegar a diestra y siniestra ese hechizo suyo donde aplastaba el espacio, se resignado a golpear y huir una y otra vez, aprovechando la velocidad que la espada de Yoshitsune le otorgaba. Eso, y otra cosa.

Siempre que se acercaba, podía evitar los ataques que el otro intentaba infringirle con su puño de hierro. Sus articulaciones habían protestado ante las sacudidas impredecibles, pero bien que evadía cada una de las acometidas, y todavía consiguió descargar golpe tras golpe tanto en su piel como la barrera que conseguía erigir en ocasiones para defenderse. Y aun asi, no habia sido suficiente.

'¿De qué diantres está hecho? ¿De metal?' Nunca conseguía atravesarlo por completo e intentar forzar un corte así, cuando lo que quería evitar era ser agarrado de nuevo y usado para limpiar el suelo y paredes, era contraproducente.

"Lo hice." Por muy estoico que se mostrara, a nadie le pasó desapercibido el dejo de irritación presente en la voz de Araya. "Veo que la insolencia que solían cultivar ha encontrado un heredero."

BZZZ.

Antes de que Touko pudiera responder, el zumbido infernal al que ya se habia acostumbrado terminó por manifestarse una vez más, en la forma de la marioneta terminando por subir las escaleras, completamente intacta pese a todos los ataques.

"Ese es un juguete bastante curioso, Araya." Finalmente comentó. "¿No creo que sea mucha molestia si podrias comentarme dónde lo conseguiste?"

"La oportunidad para acceder a lo que se te ofreció se agotó hace tiempo, Aozaki." Araya meramente ladeo su cabeza a la par que su energía amarilla, tan repugnante como Touko la recordaba comenzará a manifestarse en la forma de algo que ella definitivamente tampoco habia visto antes.

"Tsk, alguien terminó su pequeño proyecto personal." Sentenció al ver el campo delimitante portatil, convertirse en tres tentáculos relampagueantes que se azotaron contra ella, como las extremidades de varios escorpiones iracundos, todas coronadas con un aguijón que prometía un suplicio terrible de clavarse.

"Rrrrrr... Meeeowww... Hsss... Mrrrrr... Meeeooow!"

El nuevo gato de éter salió desplegado al instante, maullando de rabia al sentir los golpes. Entonces su silueta se deformó en unas fauces que nada tendrían que envidiarle a un cocodrilo de agua salada, y asesto una mordida brutal a los zarcillos, mientras que Touko no se quedaba atrás.

ₐᵣᵢₑₜₑₛ ꜀ₑₗₑₛₜᵢₐₗₑₛ

"Þrumurjótr."

La barrera de Araya interceptó a los arietes, a pesar de agrietarse, y el hombre apenas apretó nuevamente su mano.

ᴿᵒᵐᵖᵉᵗᵉ

"Shuku."

Donde Touko se mantuvo lejos del área de impacto, Shirou habia empujado a Mikiya contra otro pilar antes de que la onda de choque le golpeara... Solo para que la silueta de lo que habia surgido desde las escaleras se abalanzara contra él entre zumbidos y chasquidos.

'¡Mierda!' Pensó Touko, antes de conjurar un segundo gato con tal de evitar el encuentro. '¡Si intenta pelear contra esa cosa, va a...!'

CLANG!

BZZZZ

Pero para su mirada atónita, el giro de la marioneta terminó por detenerse apenas una de las cuchillas de guadaña en sus muñecas terminó por ser desviada por Shirou en un tajo que atravezo el aire violentamente.

'¿Qué dem-?' Touko no pudo reaccionar más al encuentro, especialmente cuando los ataques de Araya comenzaron a presionarla más, obligándola a tomar medidas drásticas.

"Rrrrrr... Meeeowww... Hsss... Mrrrrr... Meeeooow!"

Una autentica camada infernal se dividió desde un cúmulo esférico, con sus garras desgarrando cuanto pudieran alcanzar, muy para el fastidio de Araya quien no tardó en recitar un par de versos en voz baja y entonces realizar un sello de mano. Al instante, las baldosas del suelo comenzaron a elevarse en múltiples prismas de los cuales salieron disparadas varias estacas pedregosas.

ᔆᵉʳᵖᵉⁿᵗᵉᵒ ᑦᵃⁿᵈᵉⁿᵗᵉ

"Eldrunar Keðja."

Una cadena de fuego sin embargo, serpenteo por entre ellas y se deshizo revelando múltiples runas ardientes en el aire cuyo color cambio a un rojo intenso antes de que todos y cada uno de los adoquines comenzaran a fundirse mientras emitian un potente olor a azufre. La imitación plutónica siseo en contacto con el suelo frío, antes de alzarse contra Araya en un abrazo mortal que a duras penas fue bloqueado por su barrera.

"¡¿?!" Pero Touko no pudo celebrar victoria antes de tiempo, especialmente cuando una descarga amarillenta casi impactó contra ella, forzándola a sacrificar a uno de sus gatos como escudo improvisado.

'... Araya nunca fue uno de atacar a distancia...' Noto con los ojos entornados, antes de seguir manipulando la roca fundida por medio de más y más runas. 'Está debilitado...'

Por lo que, tenía una oportunidad en tanto no lo dejara acercarse.

CLANG! CLANG!

Por otro lado, Shirou apretó los dientes mientras que sus brazos se movían casi por su cuenta, dejándose guiar por la memoria de la espada.

Y no era como si tuviera una mejor opción.

CLANG! CLANG!

En el momento en que se le ocurriera interrumpir el flujo de memorias. Moriría.

Con ese hombre, habia seguido al pie de la letra todos los consejos que Shiki habia terminado por martillear a punta de golpes en él. Cuidar la postura de sus pies, atacar y observar... Aquello, apoyado en gran medida con lo que la espada hacía por él, le habia servido de maravilla.

Pero no sería lo mismo con esa marioneta. Lo supo en sus huesos apenas cruzaron cuchillas por primera vez, con él teniendo que retirarse luego de que en el empuje la balanza se inclinara en su contra... Y la marioneta lo hubiese terminado por perseguir, girando continuamente sobre sí misma con las cuchillas actuando como aspas. Si estas podrían penetrar o no el reforzamiento que le ayudaba a seguir manteniéndose en pie, no era un experimento al que quisiera someterse.

CLANG! CLANG! CLANG!

Tres veces intentó alcanzarlo, y las tres veces Shirou la repelió con un desvío tras otra, hasta que se arriesgo al asestar una estocada que alcanzó a ser bloqueada por una de las guadañas de su antebrazo.

BZZZ.

Un compartimiento en su espada se abrió, del cual brotaron numerosos cohetes que salieron disparados contra él.

'Phantasm Bullet...' Se encontraba demasiado adolorido como para crear un anillo, y su Espada de Azoth permanecía en su bolsillo, sin poder alcanzarla al tener ambas manos ocupadas. De ahí a que consiguiera manifestarse tan solo la figura fantasmal de su kunai, la cual interceptó un par de proyectiles, quebrándose ante el impacto.

'Tsk...' Dando un salto hacia atrás, por muy poco sintió a más de uno de los cohetes rozar su cuerpo antes de ir a explotar contra algunos pilares, uno de ellos no muy lejos de Mikiya, quien de puro milagro consiguió echarse contra el suelo a tiempo.

BZZZZ.

Cuando Shirou aterrizó, tampoco encontró un descanso, cuando un gancho sujeto a un cable salió disparado y por poco terminó por alcanzar su cabeza.

La marioneta hizo regresar al cable antes de permanecer estática, con sus ojos teñidos de un rojo siniestro examinandole fijamente. Entonces, en menos de un parpadeo termino por aparecer frente a el, blandiendo un kunai negro diminuto que seguramente habia producido desde otro compartimiento y lo asesto contra su cuello en...

CLANG!

"¡Aghhh!" El nuevo tajo sirvió como bloqueo improvisado para Shirou, que aprovechó la posición para descargar un golpe propio contra el cuerpo de la marioneta antes de que tuviera la oportunidad de bloquearlo.

BZZZZ!

La cuchillada se abrió paso a través de la tela y la madera, mutilando articulaciones de metal a medida que la energía que cubría la espada se manifestaba como una cortina de aire que reforzaba el poder del corte. Y no quedándose ahí, Shirou asestó una patada contra su vientre, mandándola contra el suelo.

"Hah... Hah..." Suspiro, blandiendo una vez más con firmeza el mango de Usumidori. 'Debí de haber apuntado a la cabeza...' Pensó, imaginando cómo se vería siendo sostenida por el y...

Parpadeo antes de sacudir un poco su cabeza. ¿Que habia sido eso?

BZZZZ!

Y entonces, muy para su sorpresa, la marioneta comenzó a levantarse a la par que el daño infligido se cerraba poco a poco. Como si el tiempo mismo retrocediera, el corte que le habia hecho retrocedio poco a poco, y las heridas a su cuerpo desaparecian como si nunca hubieran estado ahí. Observar como los cables y engranajes se componían, en una grotesca parodia de piel, que le recordó demasiado a los Coloraturas pero peor, fue lo suficientemente inquietante.

"... ¿Qué?"

"¡Por eso no pude destruirla!" Escucho a Touko decirle a la distancia. Su maestra a esas altura, se encontraba suspendida por encima de una masa de energía mágica carmesí que le servía como plataforma, mientras que múltiples campos delimitantes compuestos de llamas terminaban por formarse en el aire, en un intento por mantener a raya los conjuros que el hombre enviaba en su contra. Hombre que habia terminado por abandonar su barrera personal, en favor de un aura que despedía haces de luz dorada oscura mientras que las efigies de manos gigantescas y cabezas de latón destruidas intentaban aplastar las guardias. "Tiene una especie de maldición demoniaca... ¡Solo puedes intentar sellarla!"

Kuji-In. Edicto de Atadura. Eso era lo único que conocía que podría servir... El problema era que...

CLANG!

Shirou ni siquiera tuvo tiempo de pensarlo, teniendo que retirarse cuando la marioneta inició nuevamente su ataque, sin darle ni un segundo de tregua. Sus guadañas, asestando embestida y embestida contra él a medida que giraba, no conseguían abrumar la defensa de Usumidori, pero su velocidad natural era más que suficiente para rivalizar con la que él estaba usando.

"... ¡¿?!" El kunai con el que habia intentado apuñalarlo salio entonces despedido contra el, obligándole a desviarlo con la hoja de Usumidori, perdiendo un valioso segundo para defenderse de su siguiente ofensiva.

CLANG!

'¿Y con que se supone que la va a sellar, estupida?' Touko se regañó a sí misma, mientras que por muy poco evitaba el gigantesco puño de una de las proyecciones que Araya habia terminado por conjurar. La mano, comparable a la de un demonio furioso se plantó contra el suelo antes de abrirse nuevamente en un intento por capturarla mientras que ella aprovechaba nuevamente la sangre que corría del dorso de su mano a consecuencia de un corte que no habia llegado a evitar del todo.

ᴸ̵̗̺̻̱͙̽̿̓̽͆̔̾ᵃ̴̡̰̟̦̙̺̙̠́ ̷̦͓̱̼̖̒̃͆̊̀̎̓̋̂̽̆̍̈́ᵀ̵̧̼̄̈́̄͗͘̕ⁱ̸̨̨̨̨̥͓̫̩̜͔͉̦̞̟͈̋̂̉̽̽̀͠ᵉ̵̰͙͈̻͂͒͊̈́͗ʳ̸̞͔͓̪̮͇̲̬̙̮̲̖͈̩̯͆͌̈́̀́̀͗͛͆͝ͅʳ̴̧̢̳͎͙̝̋́̀̋̆̎̿́ᵃ̵̡͎̠̺̝̲̗̹̤͖̼̲͔̺̅̇͜ͅͅ ̴̛̥̻̮̹͔͔̰̈́͛̋͂̓̏̓̈́͝͠ͅᴵ̶̩̝̮̰̊̔́ⁿ̶͍͈̮̯̲͔͉̻̙̺́͐ᶜ̷̡̧̛̠̤̻͚̜͖̹̩͕̜̈̑̿̎̀̄͆̍̆̕̕̕̚͝ⁱ̵̢̬͓͓̱̞̩̜̣̞̗̗̼̘̺̹͉̍̈̋͑̀̾͑͊͆̾̕ⁿ̶̡̡̛̛̤͇̜̘͇̬̘̪̣̰̪̦̭̼̆̃̀́̉̊͒̍̌̌̔́͘͝ᵉ̴̹͕̤̽̎̓̑͗͝ʳ̸̨̡̜̠̥̼̣̠̂̇͒͠ᵃ̸̨̢̜͇̬̠̟͙͔̐̌͊̇̒̾̊̀̀̇͜ᵈ̴̢̤̞̤̜͙̗̳̬̪͆̓͊͂̂͂̃͂̓̈͜͠͝͝ͅᵃ̴̨̢̡̨̰̗̻͇̙͇͍̈̂̂̾̌

La lengua de fuego engullio la mano por completo, haciendo que se quebrará antes de expandirse por el suelo rumbo a Araya, quien no tardó en seguir demostrando ser un auténtico dolor de cabeza para ella.

ᶠᵃᵘᶜᵉ ᵈᵉˡ ᴬᵛᵉʳⁿᵒ ᴴᵃᵐᵇʳⁱᵉⁿᵗᵒ

"Kuro no Ikari."

Un vórtice se abrió frente a él, del cual emergieron gemidos torturados que se transformaron en alaridos espeluznantes apenas su ataque fue absorbido por este.

'Como odio la Taumaturgia de Absorción de Energía Mágica.' Pensó, sintiéndose cada vez más tentada a romper el sello y encargarse de que "esa cosa" saliera despedida contra Araya, conteniendose solamente por el hecho de que si lo hacía, bien que podría terminar devorando el edificio... Con todos los que habia adentro.

CLANG! CLANG!

El sonido de metal contra metal le indico que Shirou nuevamente continuaba peleando contra la marioneta , y no pudo evitar sentir otro dejo de perplejidad cuando distinguió por el rabillo del ojo como su alumno no solo le seguía el paso a esa cosa.

CLANG! BZZZZ

Shirou evadio nuevamente otro intento de clavarle un gancho, cortando el cable de seco antes de moverse más rápido de lo que ella pudo ver y propinarle un tajo en un costado a la marioneta que se tambaleó antes de intentar contraatacar torpemente.

'Tiene misterio alrededor de él... Y no el que existe cuando se usa la energía de uno en ese estilo.' Pensó, antes de que sus ojos se posaron brevemente en la espada que estaba blandiendo. 'Apostaria que es eso que está usando... ¿Pero qué es? ¿Y como?'

No pudo pensar más en ello, una vez que terminó por encontrarse a la defensiva nuevamente ante los asaltos de Araya.

CLANG! CLANG!

'Esto no está funcionando...' Shirou pasaba más tiempo defendiendose que pudiendo atacar, y las pocas veces en las que su apuesta terminaba por resultar, sus esfuerzos se convertían en agua dado a la regeneración que la marioneta tenía. Decapitarla al final, habia resultado ser posible y casi pierde una mano en el intento... De poco sirvió, pues terminó por conectarla nuevamente a su cuello y encima revelando que tenía un lanzador de senbon dentro de su boca.

'Y con mi suerte... ¡También estarán envenenados!' Había pensado antes de apartarse lo más rápido posible, siendo demasiado delgados para que pudiera cortarlos con Usumidori.

CLANG! CLANG!

La marioneta no dejaba de perseguirlo, y bien parecía que estaba adaptándose a todo lo que habia usado contra ella antes. Tajos imprevistos, con la energía potencial de sus bloqueos eran evadidos por completo en lugar de ser desviados, y cualquier intento de cortarla cuando hacía empleo de su gancho terminaba por ser abortado apenas disparaba sus cohetes contra él.

Pelear por ver quien resistía mas, era inutil. Después de todo lo que habia hecho durante ese día, incluso con la "recarga" que Kohaku le habia dado, podía notar como sus reservas comenzaban a ver su cantidad descender poco a poco. Proyectar algo más aparte de Usumidori, le costaría.

'Piensa, piensa...'

Quizás, si le daba tiempo suficiente. Podría intentar usar Alteración en las baldosas y conseguir encerrarla en una prisión de estas. Sin embargo, dada las cosas que reptaban dentro del edificio, tenía el presentimiento de que no serviría.

'Y usar el Edicto de Atadura requiere de ambas manos.' Aun si tuviera garantizado el que funcionara, no blandir a Usumidori tan solo por un par de segundos terminaría con el rebanado como sushi.

'Algo debería de poder hacer, algo...'

CLANG! BZZZZ

Como si estuviera leyendo sus pensamientos, la marioneta intentó un asalto más que fue repelido a duras penas por una estocada que Shirou le propinó muy cerca de su cuello.

'Odio las maldiciones... ' Protesto para sus adentros. 'Ojala tuvieran forma para poder darl...' Detuvo esa línea de pensamiento mientras recordó lo que Touko había dicho.

"Tiene una especie de maldición demoníaca..."

'Soy un idiota...' Pensó Shirou, apretando algo más fuerte el mango de Usumidori. La espada por su cuenta aumentaba su velocidad, y le permitia dejarse llevar por la maestría de la guerrera que la habia blandido. Pero eso no era lo único, aun podía sentir como en las profundidades de su historia bien que estaba almacenado algo que le habia salvado la vida antes.

'Maldición demoníaca, demonio... ¿Que tanta diferencia puede haber?' Shirou se preguntó, antes de esquivar otro aluvión de proyectiles. "Trace on..."

No habia nada anormal a simple vista en la marioneta. Tenía muchísimos mecanismos, de los cuales pocos se le hicieron familiares... Pero ajustar su visión en lo que yacía donde una persona tendría el corazón, le hizo estremecerse. Lo veía como una especie de cicatriz, que parecía no estar dentro de su cuerpo sino que fuera de donde se encontraban. Una retorcida línea pulsante que conectaba a algo más... Y despedía cables rojizos que estrangulaban los propios mecanismos de la marioneta.

'Ahí estás...' Shirou tuvo que apartar la mirada cuando otro gancho por poco arranca Usumidori de sus manos, obligándole a mirar hacia el elevador...

'¡¿El elevador?!'

Y justo detrás de la cortina de metal, atada por cosas que no existían a simple vista, Shiki permanecía sujeta y completamente ajena a lo que estaba transcurriendo... No le pasó nada desapercibido a Shirou el como uno de sus brazos brillaba por su ausencia... Así como el hecho de que la energía que corría por el lugar, no era muy diferente a la presente en el cuerpo de la marioneta.

'Me pregunto si...'

CLANG!

Shirou casi se mordió su lengua al presionar su espada contra las guadañas de la marioneta, que mantuvo firme su posición antes de retirarse y buscar hacerle perder el equilibrio con la maniobra.

CLANG! CLANG!

Solo para toparse inicialmente con aire vacío cuando Shirou rodó hacia el frente y lanzó una acometida a sus espaldas que solo alcanzó a bloquear cuando su torso giró de manera opuesta a sus piernas.

'Solo voy a tener una oportunidad...' Pensó Shirou, antes de retirarse por su parte, escuchando por detrás como la marioneta le perseguía. 'Ven, ven a mi.'

BZZZ.

Numerosos cohetes salieron disparados contra él, varios golpeando las paredes por encima del elevador hacia donde Shirou se dirigía mientras que comenzaba a enviar cuánta energía mágica pudiera hacía Usumidori que no estuviera canalizando a su cuerpo.

"... ya Hum."

Por un momento, la peor de las punzadas le invadió en todo el cuerpo cuando su Reforzamiento terminó por soltarse, y entonces se calmó apenas el flujo de energía ambiental le cubría como un manto. Shirou saltó sobre la pared, trepando a toda velocidad mientras la marioneta continuaba yendo tras él... Y entonces saltó hacia atrás dando una voltereta en el aire al mismo tiempo que la cuchilla de Usumidori brillaba con un verde intenso.

ᴸᵃ ᴿᵉᵐᶤᶰᶤˢᶜᶤᵉᶰᶜᶤᵃ ᵠᵘᵉ

"Hoe..."

La marioneta dio la vuelta sobre sí misma, advirtiendo de un blanco fácil en el aire y disparó al instante nuevos proyectiles, antes de que una profunda inflexión de energia magica se manifestara en la estancia.

"... ¿Esto es?" Touko parpadeo en un segundo de respiro, mientras que Araya bien que podría haber sido tallado de piedra al paralizarse.

"Imposible..."

El nuevo tajo que Shirou propinó al aire salió despedido como una onda luminosa que golpeó de lleno a la marioneta, empujandola contra el elevador sin ninguna posibilidad de apartarse cuando Shirou descendió como un ave de presa contra esta.

ᑦᵒʳᵗᵒ ᵃ ˡᵃ ᴬʳᵃᶰ̃ᵃ

"... maru."

El corte atravesó por completo a la marioneta, clavándola contra el elevador al mismo tiempo que múltiples gemidos resonaban en las paredes de este. Quejidos que comenzaron a extenderse en la forma de grietas y provocaron que Araya emitiera un bramido de dolor, como si hubiera recibido el golpe.

La marioneta emitió un último zumbido lastimero antes de desplomarse contra el suelo, con sus ojos perdiendo el brillo demoníaco que habían mantenido hasta el momento.

CLICK.

Y la puerta del elevador se abrió, revelando un par de ojos proyectados en azul antinatural que fulminaron lo de afuera. Ojos que entonces tomaron nota del niño pelirrojo casi arrodillado frente a ella, con una espada que ya conocía.

"Jejeje..." El tenso silencio solamente terminó por romperse cuando Touko comenzó a reírse tras observar lo que habia pasado. "Jajaja..."


A/N: Demasiado agotado para escribir algo aqui, por lo que tendremos que dejarlo para la semana que viene.

Espero que lo hayan disfrutado, y nos vemos hasta la próxima.

No olviden dejar Reviews. Son el agua de la vida para los escritores de aquí.

- Melqart. 19/02/25