A/N: Justamente, una semana después estamos aquí y a tiempo antes de que ser termine el mes. No pense que lo lograría, pero si se pudo al final.
Once meses, casi 200,000 palabras y catorce capítulos, hemos llegado al final del penúltimo arco de este libro.
Debo de admitir, que honestamente estoy impresionado.
De paso. Habia comentado que dejaría lo que no mencione en la nota final del capitulo anterior, por lo que vamos aquí.
Shirou tuvo su primer encuentro con Araya. Y no sera ni el ultimo ni el mas impactante. El Arco Final nos mostrara mas detalles al respecto, asi como una confrontación mas profunda de este con Shiki y Touko. Esto que vimos en el capitulo 44 y en el de ahora, fue solamente un preludio.
Por otro lado. Al menos tuvo un duelo con mejores resultados contra Katou Danzou, cuya carcasa fue arrojada por ahi al final del capitulo 39, y nos toco verla en accion por un par de escenas.
A estas alturas, es evidente que no es lo unico del capitulo de Shimousa que ha hundido sus garras en esta parte del Fic.
Pasemos a responder reviews;
- AasAaft: Look no further my friend. Shirou has meet Muramasa in this chapter... And it certainly wasn't a good impression at all, lmao.
Shiki (Tohno) on the other hand, next arc. I have already written some of their scenes. I'm almost feeling bad at the fact that they will definitely try to kill each other in the future.
- orocontra2012: Hola, hola. Me alegra que te haya gustado el capitulo.
Y pos, nope. El suegro de Mikiya sera una aparicion muuuuy recurrente en el arco que viene, muy para el probable terror del pelinegro. De paso, el estaba usando la espada que Shiki blande en el Canon: Kanesada Kuji, la cual no es precisamente "magica", pero un par de siglos de misterio acumulado en manos de un espadachin bastante diestro hace milagros.
Por otro lado. Nope, Touko peleo contra la carcasa de Katou Danzou (Fate/Grand Order)... Animada por la imitacion del Karma de la Massacre Absoluta juas juas.
Shirou y Kohaku cuando emplean la habilidad de ella... *w*. Toda una mina por explorar.
- NERO1002: Hola, hola. Me alegra verte de nuevo. Se extrañaba tu prescencia en la historia jsjs.
1) Lastimosamente, Suzurigi murio. El tajo de Yukinobu lo partio a la mitad como un kit kat, y se nos fue a servir a los Ryougi en el cielo antes de caer al piso. RIP.
2) Esferas de cristal especialmenta tratadas, pero si. Aunque cabe destacar que por el momento, Shirou no posee ni los medios ni la habilidad para usar su proyeccion especial en cosas que no sean "armas" (Y aun se encuentra limitado bajo la percepcion de que eso aplica a cuchillas exclusivamente). Ya para el Libro III en adelante, cuando Shirou haya desarrollado el Tracing completo como tal, podra experimentar a su gusto y descubrir una que otra sorpresa muy, muy agradable.
3) Entre un amigo y yo, pasamos buena parte de una hora riendo mientras revisabamos esa escena. Tal y como mencione en un comentario mas arriba... No sera la ultima vez que les toque recibir eso.
Sobre Taiga...
Eh, presiento que vas a disfrutar mucho el primer arco del Tercer Libro.
4) Sep, Touko finalmente lo acaba de descubrir con este capitulo. ¿Araya? Nope, no ha unido los puntos aun, pero lo hara y eso sera muy preocupante.
En cuanto a Shirou vs Araya. Aqui tendre que aplicar la de Nasu.
Araya no se lo tomo para nada en serio hasta un par de minutos despues, cuando lo encontro lo suficientemente molesto para encargarse de el y como pudiste ver, apenas el monje lo agarro... Adios Shirou.
Si Araya hubiera empleado sus misterios pesados desde el comienzo, Shirou a lo sumo resistia un minuto antes de caer. ¿Y quieres saber lo peor?
Aun con lo "buffeado" de Araya en mi Lore (Porque lo esta), la verdad es que es muy debil pese a pertenecer a un grupo muuuuy selecto. Es asquerosamente debil aun estando en aquella liga, todo gracias a su Origen, que impide que adquiera mayor "poder".
Pero si. Un Shirou, bien entrado en la adolescencia con un par de años de experiencia bajo su cinturon y que haya pulido mejor sus habilidades seria perfectamente capaz de lidiar con el bajo cierta dificultad, sin emplear proyecciones de Noble Phantasms.
5) JAJAJAJA. Pos si, confirmo que la ruta Kiritsugu/Touko esta en desarrollo, y nos va a tocar observar en primera fila aquel espectaculo, muy para la consternacion & aprobacion de Shirou.
6) Araya no sera el unico con la sorpresa, tenlo por seguro juas juas.
Y sobre lo que dices de Touko & Shirou. Veras, me lo estoy reservando para el siguiente arco. Tengo planeada una escena en la que Aoko toque la puerta bien iracunda, le abra Shirou... Y entonces la Azul se termine por desmayar al pensar que de alguna manera, su odiada hermana termino por reproducirse.
Entre eso, y otras cosas juas juas.
- Blaster: Thank you. I hope you enjoy the fights in this chapter as well.
Habiendo terminado ya. Pasamos al capítulo. Como siempre, encontrarán una segunda nota hasta el fondo.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai
Capítulo Cuarenta y Cuatro
"La Maldición del Herrero."
"Ahh... Ahhh... Ahh." Sus jadeos se tornaban más pesados conforme caminaba. Y no precisamente por el esfuerzo de hacerlo. Yukinobu se recargó contra una pared, apretando tanto los dientes como el puño de su brazo derecho, mientras que seguía experimentando esa agonía. Intentar pasar energía mágica a través del miembro opuesto solamente lo intensificaba haciéndole experimentar un auténtico martirio. Podía sentir perfectamente como sus nervios se desgarraban así mismos antes de quedar atados como cuerdas erróneamente sujetadas, que tan solo causaba que cualquier intento de reparar el daño se desbordara entre sus venas y le quemara.
"Agh..." Protesto nuevamente, encorvándose contra la pared mientras que hacia uso del Cofre Negro para intentar sortear aquel obstaculo. Si había creído que usar sus circuitos, agonizantes como estaban sería doloroso, pronto comprendió que no entendía para nada el significado de aquella palabra.
"¡AHHHHH!" El nuevo alarido resonó por el pasillo, haciéndole maldecir. Sus perseguidores seguramente lo habían escuchado, y no estaba en posición de defenderse en el estado en que se encontraba. De ahí a que continuara moviéndose, rumbo al siguiente piso.
La energía mágica que provenia del Cofre Negro comenzó a realizar su trabajo, completamente ajena a su agonia. Zarcillos ventosos, teñidos en verde y blanco se arremolinaron en torno a sus circuitos dañados antes de comenzar el proceso de regeneración.
'... Si hubiera sido... Un magus... Ordinario.' Gruño para sus adentros, apoyándose ahora en un umbral. 'Habría quedado lisiado de por vida...'
Recordaba bien lo que había sido. Una bala impactando contra su brazo. Arrancarla de la herida había sido indispensable, especialmente cuando su sufrimiento había sido infringido por esta, y continuaba proyectándose aún en torno a su alrededor.
No era una bala maldita. Había sido golpeado por esas una vez, cuando los matones de Der Familie habían disparado contra él durante un asalto en Busan, años atrás. Estas eran especialmente viciosas, pero no conocía ninguna que tuviera grabada en su interior algo tan intenso. Los perdigones no eran los mejores medios para contener taumaturgia de ese tipo.
'Su carta de triunfo...' Terminó por deducir, sacudiéndose de rabia ante el hecho de que había tenido que huir de ese hombre por segunda ocasión. El hecho de que ni siquiera había logrado alcanzar al Asesino de Magos, solamente le echaba más sal a la herida.
"Hahhh... Haaaah..." Resopló, antes de entrar a la cámara. Hubiera sido imposible con confundirlo con otra estancia; el aura oscura y opresiva que se proyectaba desde el círculo mágico en el centro bien que se encargaba de ello.
見̶̢̨̧̧̢̨̢̢̧̨̨̡̡̢̧̛̛̛̺̜̟̥̖̯̺̳͔̺̼̱͙̗̳̪̗̹̝͕̲̞̫̮̻̠̬̜̻͈̭̗̼̥̞͍̬̯̫͈̭͎̘͖̮̩̭̮̘͎̙̻̞͍͙͚̪̫̯̟̼̖͓͇͔͉̠̼͕͔̩̖͚̜͎̩̬̘̜̞̰͖̻̘̘̩͈͖̯̳̹͉̠͙͖̣̹̼̹̳͎͕͓͖͔͙͔̠̠̼͕͔̼͈̥̤͖̰̬̬͙̣̯͕̤͎̩̳̙͖͖̩̱̖̬̗̗͓̻̫͙̦͎̹͍̞̼̤͓̮̖̝̬̫̘̗́̅̉̂͛̇͒͐̈́̉̐̑͗͌̽̓͆̌̊̿̀̒̍͂̉̆͊͆͌̿̃̊̐̀̌̆̂͆̍̉͊͌̇̽̉́̆̀̾̏̿̇̅͋̽̈͐̽̀͒̓͊́͋̄̾̑͆̊́̅̈̓͛̿̄̔̍̊͐̓̏̑̈́̌̿̊̀̈́̐̎̋̏͒͋̄́̐̑̚̕͘͘͘͘̕̚͘͜͜͜͜͜͝͠͠͝͠ͅͅͅͅͅえ̷̡̧̢̡̡̛̛̛̱̹͎̻̤͕͖̪̤͔̰̳̗̥̝̘̻̤̭̬̲̪̼̻̤̩͓̮͓̘͙̥̪̤̖̹̠͉̦͎͓̙̻̥͎͙̠̱̬̬̼̞̋͒̆̀̈́̓̉͑̎̉̈́̓̔̀́̄͆̓́̓̀͋͊͆͑̌͐̋̽͑̀͋̋́̏͌̇͌̒͒̈́̃́̑͌̆͊̍̔͂̄̀̀̈̈́͌̅̈́̆̂̄̃̄̆̌̅̋̅̔͑̎̿̓̽̄̍̏̔͆̀͌́͛̐͋͒̑̅̽͆̆͋̍̃̇̓̀͒͌͌̔̑͘̕̚͘͘̚̚̕͝͝͝͝͝͠͝て̴̨̢̨̨̡̧̡̛̛̛̺̩͚͙̹̰͕̙̜̘͙͈̫̣̖̙͔̳̭̯̟̪͉̝͕̻͍͇̹̫͔̳̗̖͚͇̘̭͇̳͉̭̜͈̣̞̯̼͍̯͕̯̤̳͇͙̮͇̣̥͙̱͇̩̩̠̱̜̩͇̲̱̰̩̘̖̹̤͈͎̭͇̱̰̯̰̪̭̖̫̒̐͆͌̍̉́͒͗̋̆̂́͂̆͌͗̊̿͐̈́͑̓̌͐̾͆̾͂̎͌̔͗̂́̒̐̎̎̌̅̏̓̀̑͐̈́̒̃̔̃̌̑̾̀́̉̈́̽́͒̈́̄̊̆̋̀̈́̎͐̈́̒̇̿̋͛̋̆͋̈̈̏̑̃̇͗͋̏̄̃͛͑̓̇̚͘̕̚̕̚̕̕̕̚̕̚̕͜͝͠͠͝͠ͅͅͅͅい̸̧̢̨̨̢̨̨̡̢̛̛̛͚̝͚̻̝͇͔̫̥̰͕͙̙̖̝͕͕͕͕̭͔̞͖͇̗̜͉̗̭̥̙̬̝͓̰̩̩͕̪̥̜̣̺̪̥̱͔̝̮̩̯̳̳͉̱͕̘̹͍̫̫͕̯̩͖̯̣̓̿̒̂̏̌̈́̽̏̆̅̑̀̓̀̽͛͛͐̓́͂̊̄̌͋̎̆͌̔̌̈́̐̈́̈̓̌̐͒̽̓͑̓͐̉̈̈́̎́̆̈́̄̈́̐̽͆́̽̈́͐́́̍̏̆̈́̀̾͊͛͑͋̎̊̊̽́̎͋̽̏̌͆͒͛͒̎̊͐̀͐̆̀̏̒͒́̊̌͗͊̍̀́̒̽̍͛͘̕̚̕͘̚̕͘̚̕͘͜͜͜͠͝͝͝͠͝͝͝ͅͅる̴̢̢̡̢̧̢̧̡̰̼̻̬̖͉̲̯̺̬̼̹̮̦͙̩̗̟͓͚̰͚̞͙̩̮̞͔͇͍͉̙̠͖͚͖̳̙͈̘̘̫̝͙̹̤̈̔́͒̔̀͊̀̿͋̒͑̈̕͜͝ͅͅ
El rechinar del metal torturado taladro sus oídos. La barrera se mantenía fuerte, pero lo que yacía contenido en su interior se negaba a yacer inerte, golpeando las paredes una y otra vez, esperando abrirse paso.
Y no muy lejos de la barrera transparente... Ahí estaba su espada, como la llave maestra que mantenía las protecciones en pie.
Pero no tenía de otra. Usar una imitación no habia sido suficiente para canalizar el poder del Cofre Negro. Solo Amaya podría, el misterio que había acumulado así como las propiedades únicas que el Herrero Demoniaco había forjado en la espada siglos atrás así lo garantizaba.
Avanzo con dificultad hasta el pedestal, y apenas sus dedos terminaron por tocar el mango...
CLICK.
No se sorprendió para nada al escuchar el chasquido de un revólver siendo apuntado contra él.
"Este lugar..." Kiritsugu observó la estancia, antes de fijarse en la barrera y palideció de inmediato. No era lo mismo, lo que estaba detrás de este era abiertamente malicioso, quizás no de la misma manera del Caster falso cuyo Master había terminado por abatir, pero el peso de la presencia era inconfundible. "Servant."
Tenzou por otro lado, aun cuando desconocía aquello, solamente tuvo que echarle un vistazo a la espada que Yukinobu estaba agarrando para poder darse una idea de lo que había tomado lugar.
"¿Han perdido toda noción de sus sentidos, Yakou?" Sentenció duramente. "¿No aprendieron nada de la calamidad de Shimousa, acaso?"
"Aprendimos más de lo que ustedes creerían..." Farfullo Yukinobu, antes de levantar la espada bruscamente y entonces soltar un tajo al aire que parecía gemir en respuesta apenas Kiritsugu disparó contra él. El filo de la katana partió limpiamente las balas, muy para la sorpresa de Kiritsugu.
'No estaba usando Reforzamiento...' Pero antes de que pudiera pensarlo más, otro gemido mucho peor se manifestó a medida que múltiples grietas se abrieron sobre la barrera antes de quebrarse al mismo tiempo que Yukinobu corrió hacia un pasadizo que se abría en el lado contrario.
"Ya lo verán..." Fue lo último que se escuchó de él antes de que desapareciera.
La obscuridad pulsante comenzó a filtrarse por las grietas en tentáculos humeantes que reptaron hasta las armaduras colocadas estratégicamente en torno al círculo. Armaduras que comenzaron a estremecerse, antes de que sus ojos vacíos se iluminaran y comenzarán a soltar gruñidos equivalentes a metal siendo triturado.
CLANG! CLANG! CLANG!
Y detrás de la barrera... Otra cosa comenzaba a soltar su propio estruendo mientras que su silueta se tensaba y abultaba a medida que más y más grietas se abrían.
"Corre." Fue la única advertencia que Kiritsugu escuchó de Tenzou, antes de que este se viera forzado a bloquear un tajo de parte de una de las armaduras, que había desenvainado una espada corta contra él, mientras que las otras tres volteaban hacia su dirección.
見̷̢̨̢̨̧̢̛̛̲̺̯̣̝̪̫̟̞̩̥̲̻̣̦͎̹͙͓̱͉͔͕͇̺͖̯͓̭̝͎̟̘̭̩̳̘͙͉̣̯̝͍͙͎̤̫̱̥͕̟̫͖͉̭͙͕̩͎̤͓̣̱̙̹̳͒̄̌͋̊͊̀̌̃̍͛̓̽͆̒̓̐̊̈́̀̏̀͋̈̆̽̌̇̈́̀́̂̽̉͆͐̽̓̏̔̽̏͋̈̄̕̚̚̚͠͝ͅて̷̨̨̧̧̨̧̧̢̢̢̢̛͈̗̩̝̭̱̰͙̹̫̯̺͙͉̼̭͎̥̠̝̳͓͎͎̣̙͔̺̩͇̙̖̰̪̦̠̻̝̹̮̺̖̣͎̼̘͍̬͔̟̻̣̤͙̘͚̹͇̩̜̩̳͖̖̋͊̒̿̌̄̾̃̇͂͛̇̉̋̔̑̓̓͛́͂͒̀͒̃̀̒̆́͑̂̈͒̔̅̑̍̓̆̊̂̇͐̎́͛̊̓̍͘͘̚̚͘͘͜͜͜͝͝͠͝ͅͅͅͅͅい̶̧̡̨̨̧̧̡̢̢̨̡̪̭̰͎̫̙̫̹͍̖̻͕̳̫̬̜͚͖̮̱͇͙̱̻͓̖̭̖̣̜̹̲̫͈̯͍̥̰̝͎͍̖̼͉̖͕̹̖̩͎̭̹̖̬̤͔̱̝͓̲̼̦̞̼̺̯͚̩̥͍̳̮̭͓̰̐͊̎̽̒͜͜͝ͅͅͅる̶̢̨̢̡̨̧̧̡̧̨͍̝̼̘̖̠͈̝͉̪̦͓̹̙̬͓̻̟͇͎̮̹͎͚̘̘̲̭̙̰̲̘̥͙͓̪̖̼̮̟͈̱̯̣̩̼̟͎̠͎̝̬̞̘̘̳̝̪̙̪͖̫̮̬̗̝̞̹͇̯̮̙̠͙͉̪̘̦̞͓̭͓̣̟̟̟̝͚̖̜̍̑͗̆͗̈́͗͛̒́̍̂̍̏͗̍̽͂̐̏͂̃̌̋̂̋͆͊̕̚͘͜͜͜͝͠͝…̴̧̡̨̨̧̨̧̨̧̳̫̣̗͎̯̹̞̩̣̦̼̳̖͓̘̱̠̳͇̜̱̺̬̭̲̥̲̻̞̗͇̞̼̰̤͇̪̘͙̠̫͎̼̺͚̼͍̲̦̺͍̯̱̪͚̥͙͍̰̪̫͕͖͕̲̙̜̎̃̑̀̈́̃̐͑͌̒̃̇̔̾̓͒͑̀̇̉͋̀͋̌̽̔̈́͛͌̏̅̑̃̅́́͊̓̃̽̇̓̍͒̇͑́̉̇͂͐̾́̈̋͛̊̋̓̂́̀͂̑̐̐͐̂̀͌̕̚̚̚͘͜͠͠͝ͅ…̴̛̛̞̗̫̓́̽̇̃̔̀̿̓̊͋̀͋̇̓͛̊̇́̔̏̄̔̄̀̇̇̆́̇̂̒̽̀͗͆̐̀́̂̀͘̕̕̚̚͠͝͠͝͠͝͝͝͠ず̷̡̢̧̢̧̨̡̡̧̡̳̠̮͚̮̭̹̪̞̟̹̮̪͔̻͔̝̹̲̹͎̬̰̹̘̖̥̠̼͖̩͖͔̺̳̠̞͎̜̮̯͖̙͍͖̞̦̹̯͈͓̣̪̞̪͕̳̙̻̟̝͈̲͕͔̬̱͈̤̗͓͓̼̪̱̤̱͎̱̰̯̟̱̣̣͕̰̥̠͙̂̈́̂̓̉͋͂͋̒̍̑́̓͛͐͂̋͐̄̌̃̽̔̏̊͋̾͗͑̈́̌͐͛̀̿͌̒̾̅̕̚̚̚͜͜͜͜͜͠͝͠ͅͅͅͅっ̷̡̧̨̢̧̨̨̡̨̡̦͖̣̳͉͔̝̹̝͔̥͚̺̲̤͖̹̬̗͔̫͈͓̳̫̥̳̪̯̖̙̣͉͍̤̣̘̦̺̦͙̥̜̥̥̰̮̗̞̟̝͖̠̦̙̰̘̭̜̯̭͈͈͉̬̜̮̹͖͍̰͖͚͈̟̬̠̫͓̟͈̃̆̿͌͛͗̇̇̓̌͑͋̈́̊́̀͐͑̑̈́̂̾̄̑̇̾͊̊̾̑͑̈͘̚̕̚͜͝ͅͅと̶̧̛̛̥̖̟͎̭̟̰̱̠͚̦̹̠̲͍͋̌̆͑̐̍͋͆̈̐̀͑̅̌̊̋̈́̃̉͗͂̈́͒̅͐̄́̀͋͘̕͘̚͜͝な̴̧̡̛͖͔͚̦͉̮̪̰̺̖͚̼̠͚͉̺̬̦͔̺̭̳̗̝̜̩̼̬̥̙̘͕̙̣͚̙͕̗̭̤͆̈̈́͂̈́͆̎̀̈́̈́̾͒̄̈͒͐́̈́͗̂̍̀̏͊̾̌̎̃̄̇̊̔̀͂̇̈́͐̓̅̀̿́̈́̅̎͗̉̍̇̈́̓̊͑̂͗̎̔́̂̉̔͊͛̈̔̾̓̄́̇̿̈̅͂͘̚̕͜͜͜͝͠͠͠͝͝͝ ̶̛̛̛̖̣̭͓̰̤͎͙͕͚̣̠͚͍̌̾̎͑̑͑̏̆̏̒̊̀͆̽̓̽̏̅̃͑̇̆̑̿̒̒̎̒͛͛̐̽͑̌̌͊̓̌͐̀̅͛͊́̿̈́̈͒͐̏͂̓͂̾̒̊̉̈̃̿̉̓̒͑͌̑̈́̈́̎̈́̊̑̌͛̐̕̕͘̕̚͘͘̚͘͜͝͠͠͠͠
'¿Qué demonios estaban intentando hacer aquí?' No se lo pensó ni dos veces cuando dio la vuelta para salir hacia el pasillo, siendo seguido por Tenzou luego de que este cayera en cuenta de que no era rival para varias de esas cosas al mismo tiempo.
Un sonido que nada tenía que envidiarle al de unos cristales rompiéndose, fue la prueba suficiente para decir que el Servant invocado... Se había liberado de sus ataduras.
xXx
Hechizo Runico de Hielo
Cuando la cortina helada se elevó, y terminó por envolver la silueta de Araya, Touko ni siquiera se lo pensó dos veces para comenzar a colocar sello tras sello sobre su oponente... Todo, mientras que intentaba evadir la última de las manos gigantescas que no había quedado fuera de combate.
"Tsk..." Resopló antes de concentrar sus esfuerzos en mantener el sello con tal de asegurarles una ruta de escape, preferiblemente sin que este los estuviera persiguiendo. Sin embargo, la luz amarillenta despedida desde el otro lado de las barreras que había conjurado era más que suficiente para hacerle entender que no serviría de mucho.
"Ojala te mueras, Araya..." Masculló, antes de mirar por encima de su hombro. "¿Qué hacen aquí aun? ¡Corran, estúpidos!"
"No." La voz de Shiki siempre había sido seca y cortante, pero ahora venía acompañada de un toque todavía más severo. "Aún no." Y sus ojos terminaron por posarse nuevamente en la espada que Shirou seguía blandiendo, aun con dificultad por todo el esfuerzo empleado. Sin decir nada más, extendió su mano restante, con un aire expectante que hizo que Shirou parpadeara débilmente hasta entender.
"... ¿Ah?" Intentó ladear su cabeza hacia un costado, deteniéndose al sentir una punzada incómoda. "Pero... Estas he..." Se detuvo, al notar nuevamente que prácticamente no tenía un brazo. Y donde la sorpresa le coloreaba a él, bien que se había encargado de que Mikiya luciera absolutamente mortificado.
"Shiki..." Murmuró.
La mirada de la joven se posó sobre él, antes de asentir ligeramente. "Es algo que tengo que hacer."
Por el tono que había empleado, estaba claro de que no iban a poder convencerla de lo contrario sin tener que forzarla, y Shirou no tenía ni las facultades ni la energía para intentar algo así. Sintió un dejo todavía peor en su consciencia, que se negó a reconocer antes de acercarse a donde había ido a parar su mochila, y extraer el vial que Kohaku le había dado, milagrosamente reforzado lo suficiente como para no romperse y entonces lo ofreció a la joven, quien apenas parpadeo al observarlo.
"Poción curativa." Fue lo único que pudo explicar.
"Tu luces como si la fueras a necesitar más." Respondió Shiki, ganándose solamente un desvío de mirada hacia donde debía de estar su otro brazo.
"¡Que ya váyanse!" La exclamación de Touko, acompañada de una serie de chasquidos monstruosos los devolvió a la realidad, donde la marionetista trataba de contener los sellos colocados con mayor esfuerzo, incluso habiéndose deshecho de la última mano de una vez por todas. Todo para que numerosas grietas se hubiesen formado sobre el tempano coloreado, evidenciando cómo el Hombre Vacío se negaba a ser aprisionado.
Aquello fue más que suficiente para que Shiki prácticamente arrebatara la poción y la tomara rápidamente, antes de arrojar el vial por lo lejos y extender nuevamente su mano. Y esa vez, Shirou ni siquiera dudó en ofrecerle a Usumidori, prácticamente colocando una sonrisa salvaje por unos instantes en los labios de Shiki.
Al mismo tiempo que otro chasquido, todavía más intenso resonara por la estancia y Touko se viera forzada a echarse para atrás antes de que un ariete de los zarcillos fluorescentes estuviera a nada de atravezarla.
"... Tus deseos, Aozaki. Jamás han llegado a cumplirse." Sentenció Araya una vez que emergió de la nube de humo. "Encontrarás que..."
No tuvo oportunidad de terminar de hablar, apenas Shiki se abalanzó contra él a la velocidad del rayo, obligándole a retroceder antes de conjurar la mejor extensión de su barrera entre ambos. Extensión que terminó por deshacerse en partículas de nada apenas el filo de la espada que Shiki blandia terminó por chocar contra esta.
"Tu..." Gruño Araya, antes de apretar su puño restante.
ᴿᵒᵐᵖᵉᵗᵉ
"Shuku."
Shiki sin embargo, evadió sin ningún problema la singularidad y no tuvo ningún problema en abalanzarse nuevamente, cercenando otro intento suyo de emplear su barrera para mantenerla a raya.
"Él es mío." Declaró a los demás. "Busquen a Tomoe, o una salida."
"Oh, que la..." Touko refunfuño, dirigiendo su fastidio hacia los dos hombres, antes de prácticamente cargar a Shirou mientras que Mikiya hacía lo mismo con su mochila. "Al piso de ab..."
"Elevador... Hay una puerta secreta del otro lado." Carraspeo Shirou, señalando entonces al interior del cubículo, en cuyo extremo opuesto podía asomarse un umbral medio abierto que ninguno había notado antes. "Hay... Un pasillo ahí..."
"Hmm." Ella lo consideró por unos segundos, antes de dirigirse hacia allí, seguida por Mikiya. Ni siquiera se molestó en empujar la puerta contraria; prácticamente la terminó por patear al internarse por el pasillo; un pasadizo angosto iluminado por uno que otro cristal luminoso que parecía extenderse por más de cien metros.
'Creo que reconozco esta parte de mis esquemáticas.' Penso Touko antes de sacudir ligeramente su cabeza. 'No, no. Hay que salir de aquí.' Y para deshacerse de esos pensamientos, le echó una mirada a su alumno, que seguía viéndose como si hubiera tenido una pelea contra una presa hidráulica, y hubiera perdido.
"¿Y cuando planeabas decirme que tu proyección podía extenderse a algo como... Eso?"
Shirou tragó saliva, pero encontró imposible el poder apartar la mirada. "...Secreto."
Touko resoplo. "Estudié tres años de mi vida en Astea. Por supuesto que puedo reconocer el despliegue del Séptimo Factor Imaginario cuando lo veo. ¿Y me estás diciendo que lo que puedes proyectar es capaz de conju...?"
Se detuvo a media pregunta, antes de considerar aquello.
Debido a sus atributos alineados, Shirou tenía una conexión limitada e inestable con buena parte de las taumaturgias ortodoxas. A cambio, obtenía la cualidad única de poder replicar las propiedades de los mismos objetos marcados por sus atributos por medio de Gradación de Aire.
Materiales. Estructura. Historia Acumulada... Y Misterio.
Su Espada de Azoth era una cosa; la espada rúnica que había tratado, era otra. Pero marcaba que los Códigos Místicos no estaban fuera de su alcance, y eso de por sí habría sido considerado algo insólito incluso bajo límites.
Pero en ese caso, con la marca del Séptimo Factor así como lo había sentido.
¿Que impedía exactamente que tuviera la facultad de poder proyectar también...?
La mirada que Shirou tenía era todo lo que necesitaba para saber que su teoría era correcta. Y esta vez, ella no resopló, ni siquiera se rió pese a tener el impulso de hacerlo.
"Una portadora de esos ojos, y luego tu... Debería de comprar un billete de lotería." Comento por lo bajo antes de seguir avanzando, mientras que Shirou intentaba apartar la mirada. Horas antes, ahí había estado escuchando como los demás habían mostrado indignación con lo que Touko había dicho, y ahora le tocaba recibir la otra cara de la moneda.
"... Lo siento." Murmuró, provocando que Touko se detuviera y soltara un suspiro.
"Shirou. No decir eso es de las cosas más inteligentes que tú y tu padre han hecho." Le respondió con firmeza. "Si la persona equivocada se diera cuenta, y lograra obtener pruebas de que puedes hacer eso, tu futuro en el mundo de la taumaturgia será todo menos agradable."
"¿De qué están hablando?" Un poco detrás de ellos, Mikiya preguntó.
"Algo que Shirou aquí reveló sobre sí mismo... Que no pienso repetir." Fue lo único que le respondió Touko, cosa que el joven entendió como una llamada a no insistir.
Al cabo de unos minutos, pasaron por una puerta que hizo que Shirou se retorciera ligeramente apenas alcanzó a olfatear una distorsión enorme proviniendo desde el interior de esta.
"¿Qué tienes?" Le pregunto Touko, con Shirou señalando hacia esta.
"...Hay algo ahí. Algo muy grande y activo."
"Hmm." Si, como lo había sospechado. Ese debía de ser el corazón del edificio, y probablemente donde Araya había colocado su taller. La tentación de entrar la hubiera impulsado en otra ocasión, pero en esos momentos...
"¿Y al final del pasillo?" Le pregunto, de paso queriendo saber si aun podía emplear taumaturgia.
"Hmm." Shirou parpadeo por un par de segundos antes de concentrarse en el pasillo. "Hay otra puerta al fondo, que da a un pasillo normal del edificio."
"Perfecto. Entonces por ahí." Indicó Touko, no queriendo tomar más desvíos. Solo necesitaban encontrar a los demás, y entonces ir de regreso a buscar a Shiki, pero prime...
CLANG! CLANG!
Apenas abrieron la puerta, lo primero que notaron fue una armadura envuelta en un aura mezclada entre oscuro y carmesí, que alzó una katana contra ellos, antes de otra terminara por cercenarle el brazo, y una patada brutal la enviará hacia atrás. El semblante de Tenzou no tardó en aparecer, quien les dirigió una mirada envuelta en una máscara de cólera, antes de que Kiritsugu apareciera del otro lado.
"¿Ustedes?" Pregunto, y le hubiera gustado elaborar más, de no ser porque...
CLANG! CLANG! CLANG!
El sonido de más armaduras manifestandose no fue precisamente lo que querían escuchar.
"Entren, entren." Indicó Touko con señas, antes de que los dos hombres lo hicieran, cerrando la puerta detrás suyo para que ella comenzara a tejer taumaturgia sobre esta, antes de suspirar apenas considerara que estuvieran seguros.
"¿Dónde está mi hija?" Fue lo primero que preguntó el patriarca de los Ryougi, antes de que alguien más pudiera hablar.
"Ya fue liberada." Se animó Mikiya a hacerlo. "Pero se negó a seguirlos, está por allá peleando con..."
Viendo la explosion que se acercaba, Touko intervino. "Araya, el hombre responsable de esto fue enfrentado ya por mi alumno y yo. Se encuentra en el peor estado... Y Shiki dijo que le haría pagar mientras nosotros intentamos recuperarnos un poco."
No retrocedio ante la mirada del hombre, quien luego la dirigió hacia el niño pelirrojo, quien lucía como el que había terminado por recibir el mayor peso del asunto, muy para la consternación de Kiritsugu quien prácticamente casi lo arrebató de los brazos de Touko.
"¿Estás bien, Shirou?" Le pregunto a si hijo adoptivo, quien se limitó a extender un pulgar arriba.
"Araya es todo, menos débil. Y aun así, Shirou lo dejó en un estado lamentable." Añadió Touko a manera de ayuda. "Aunque me parece que tenemos otro testigo aquí." Y apenas dijo eso, todas las miradas terminaron por clavarse en Mikiya, quien solamente colocó una mano en su nuca.
"Bueno... Pasó algo cuando..."
CLANG!
Un estruendo brutal del otro lado de la puerta les hizo sobresaltarse, y más cuando la barrera colocada por Touko comenzó a mostrar signos de agrietarse luego de que una presión inmensa fuese ejercida contra sus fundaciones.
"... Ya nos encontró." Resoplo Tenzou, apretando el mango de su espada.
"¿Qué demonios fue lo que ustedes encontraron?" Era una pregunta válida, pues estando conectada a la protección, Touko tenía cierta visión de lo que fuera que estaba intentando penetrarla, pero no lo suficiente para poder identificarlo.
"... Araya, y un miembro del Clan Yakou, invocaron un Servant." Reveló Kiritsugu, retrocediendo mientras colocaba su mano en el hombro de Shirou.
Y esa última palabra bastó para que este y su maestra se paralizaran.
'¿Otro?' Sin contar a Caster, la única experiencia que Shirou había tenido con una de esas cosas, era la manifestación en el Monte Kurama; un ser que solo le había perdonado la vida por humor, y por haber tenido a Usumidori en sus manos.
¿Que podría ser lo que estuviera persiguiendolos ahora?
Mikiya por su parte, terminó por retroceder lo suficiente como para apoyarse a la otra puerta y tambalearse para atrás cuando esta cedió a su peso y se abrió.
"Agh..." Se quejó, haciendo que los demás voltearan hacia su dirección y dieran cuenta de la nueva estancia justo al mismo tiempo que la barrera presentaba una grieta más profunda.
"Adentro. Ahora." Touko tenía un mal presentimiento de por sí, pero entre eso y ser perseguidos...
Nadie se atrevió a realizar otra acción hasta que la puerta se cerró, con Touko nuevamente tejiendo otras protecciones en torno a la puerta, sintiendo como su energía mágica había descendido hasta menos de la mitad, un prospecto nada optimista para ella.
"¿Dónde estamos?" Pregunto Mikiya, siendo ayudado a incorporarse por Kiritsugu. Con la excepción despedida por los campos delimitantes conjurados por Touko, no había ninguna forma de iluminación en el lugar, eso hasta que Shirou había activado sus circuitos una vez más antes de trazar una runa en el aire.
"Sól." Murmuró, con la linterna improvisada aumentando su brillo, permitiéndoles observar una serie de mesas y estantes, así como una masa voluminosa en el centro que...
"¡AHHHH!" El grito de terror que Shirou emitió no fue algo que alguna hubiera podido amonestarle, especialmente luego de que Mikiya terminase por soltar una arcada al contemplarlo mientras que los rostros de los adultos se endurecieron una vez que les tocó verlo.
En el centro de la estancia, había una... Cosa absolutamente macabra. Como un laberinto de tuberías interconectadas en una maraña que parecía estar siendo operada por una máquina, la masa se extendía ahí entre fragmentos de madera, metal y otros materiales... Pero lo que más la componía, no era otra cosa que personas. Docenas de ellas; atadas, casi fundidas la una con la otra en una semblanza grotesca. Un mural de carne del cual se asomaban rostros derretidos en expresiones de agonía y uno que otro miembro retorcido.
"Así que eso fue lo que uso..." Touko finalmente apartó la mirada. Las pobres personas que habían ido a parar al edificio no habían sido convertidas en Coloraturas, no del todo. Sus cuerpos originales habían recibido un destino todavía peor, al ser deformados para la creación de un Reactor de Energía Mágica. Acercándose un poco más, casi se tropezó con un cuerpo desgarrado contra el suelo cuyas facciones le hicieron soltar un respingo.
'Así que aquí te pusieron.'
Shirou se estremeció apenas le toco observarlo y tragó saliva. Sí, Kohaku tenía razón. Había algo en él, en la forma de su mandíbula, en la ligera inclinación de su cabeza... No era un parecido absoluto, pero bastaba para ser inquietante.
"Así que te convirtieron en un cebo." Murmuró Touko, sus ojos brillando con comprensión.
Shirou parpadeó, saliendo de su ensimismamiento.
"¿Un cebo...?"
"Para atraer a Shiki." Confirmó la mujer, sin apartar la vista del Coloratura.
Fue entonces cuando reparó en algo junto al cuerpo. En el suelo, apoyado contra una de las tuberías, había un frasco de cristal. Se inclinó y lo recogió sin vacilar.
El contenido se movió ligeramente dentro del líquido de conservación, y Shirou sintió cómo la bilis le subía a la garganta cuando comprendió qué era.
"¿E-eso es un...?"
"Un cerebro." Confirmó Touko con indiferencia.
Tenzou levantó una ceja, mientras Kiritsugu observaba el frasco con la misma expresión inescrutable de siempre. Mikiya, en cambio, dio un paso atrás, su incomodidad evidente.
Shirou apartó la vista, sintiendo un sudor frío en la nuca.
Touko giró el frasco en su mano, observándolo desde distintos ángulos antes de esbozar un resoplido
"Esto me da una mejor idea de lo que Araya estaba intentando hacer aquí."
Sin añadir nada más, metió el frasco en lo que Shirou solo podia describir como un bolsillo dimensional.
El silencio cayó sobre ellos, solo roto por el sonido distante de algo goteando en la maraña de carne y metal.
"En lugar de una Línea de Ley, cultivaron la energía directamente de las personas y lo que sobraba del edificio, lo usaron para invocar a uno de esos."
"Una perversión, digna de manifestar un alma aberrante." Tenzou sentenció. "No sé de qué hablan, pero las historias que hemos guardado de lidiar con aquellos espíritus jamás han terminado bien. Y menos con lo que Yukinobu Yakou ha asistido en invocar."
"¿Sabe de quién se trata, entonces?" Pregunto Touko, con lo que fuera para no pensar en la monstruosidad que seguía estando frente a ellos pese a que Shirou había apartado ya la runa de esta para no verla mas.
"Ese bastardo rompió el sello que lo contenía, usando la espada preciosa de los Yakou. Espada colocada en un puesto ceremonial en aquella habitación." Recito Tenzou. "Y el nombre de esa arma, es Amaya. Amaya Muramasa."
"Oh..." Touko jamás había guardado un interés tan profundo en la historia de su país, fuera de lo que había tenido que tocar desde su lado. Pero los nombres de grandes artesanos, especialmente los que habían terminado por rozar de una u otra manera el mundo sobrenatural eran una excepción. "Entonces eso es..."
"Importa muy poco su nombre verdadero. Un Servant, es un Servant." Le tocó sentenciar a Kiritsugu, antes de dirigirse a su hijo. "¿Puedes ver alguna otra salida?"
Shirou negó con la cabeza. "Nada, solo por donde venimos. A menos que haya algo oculto, como el pasillo del elevador por donde nosotros llegamos hasta el de afuera."
Aquello hizo que Kiritsugu ladera su cabeza hacia un costado, un tanto confundido. "¿Y podrías intentar encontrar algo así por aquí?"
Se encogió de hombros, antes de acercarse a las estanterías, seguido por los demás al no querer quedarse sin luz. Por lo largo de estas, alcanzó a distinguir múltiples objetos.
Viales, muchos con líquidos de colores que no le inspiraban confianza. Huesos, bastantes huesos, con incrustaciones y signos de haber sido tallados; apartó la luz de un cráneo sonriente, con inscripciones y patrones geométricos grabados sobre la superficie lisa de su cabeza, y también uno que otro pergamino doblado.
Frunció el ceño, al observar un trozo de madera quemado con los restos de un símbolo rúnico y estuvo a punto de tomarlo, de no ser por observar lo que había a un costado de este.
"¿Eh?"
Era un fractal de un tamaño casi diminuto. Un trozo de cristal pálido, demasiado familiar que bien podría servir como la base de otro. De otro del mismo color, y cuya forma conocía demasiado bien.
'No puede ser...' Pensó, antes de tomarlo y pasar un poco de energía mágica sobre este. "Trace on..."
Las caras del cristal se nublaron, antes de parpadear en destellos de luz, y por unos breves instantes, el rostro fantasmal de Caster intentó manifestarse y pronunciar palabras inaudibles, antes de cortarse en seco.
"¿Shirou?" Escucho como Kiritsugu le hablaba, haciendo que se volteara en dirección de su padre, sosteniendo el cristal aun.
"Es la parte que falta del cristal de Caster..." Le dijo, con los ojos muy abiertos. Algo que hizo que Kiritsugu se paralizara antes de acercarse un poco más.
"¿Dónde lo encontraste?" Le pregunto, mientras que Shirou señalaba al estante detrás suyo. Y apenas Kiritsugu se acercó, terminó por toparse con.
Un frasco de tamaño considerable, repleto de un líquido conservante.
La viscosidad del fluido amortiguaba cualquier movimiento en su interior, pero no ocultaba la forma inconfundible de lo que resguardaba. Una cabeza humana, pálida y ajada por el proceso de conservación, flotaba dentro como si el tiempo mismo la hubiese abandonado a una eternidad sin descomposición.
Pero lo que hizo que Kiritsugu se detuviera en seco no fue la grotesca visión de un fragmento de cadáver conservado. Fue la identidad de aquel rostro muerto.
Era imposible que se confundiera. Había visto esa cara innumerables veces en los documentos que Makihisa Tohno le había proporcionado durante los últimos dos años. Una fotografía tras otra, en informes plagados de detalles implacables sobre su historial, movimientos y supuestos vínculos con fuerzas que jamás debieron entremezclarse.
Cabello negro, corto y lacio.
Una cicatriz marcada en el labio superior.
Y aquellos ojos, aún abiertos en una expresión inerte, como dos fragmentos de un cielo antinaturalmente azul.
Kiritsugu sintió el peso del reconocimiento caer sobre él como un presagio. "Está aquí", murmuró, sin apartar la vista del frasco.
Shirou, que se encontraba a su lado, tardó apenas un segundo en fijarse en el objeto de la atención de su padre. Su respiración se volvió más corta al ver la cabeza flotante.
"¿Eso es...?" Sus palabras murieron en su garganta. No sabía cómo terminar la pregunta.
Mikiya y Touko lo miraron con la misma confusión. A pesar de todo su conocimiento, ninguno de los dos parecía identificar al hombre decapitado. Pero la inquietud en Mikiya era evidente en la tensión de sus músculos, en la forma en que sus ojos se estrechaban con sospecha. Touko, en cambio, ladeó la cabeza con curiosidad más que con horror.
"¿Y qué es exactamente lo que estamos viendo aquí?" preguntó con tono neutral, aunque su voz tenía un matiz de interés genuino.
Kiritsugu tardó un momento en responder. Su mirada no se apartó del frasco ni siquiera cuando abrió la boca. "La razón por la cual acepté mi contrato con Makihisa Tohno. Lo que he estado buscando durante los últimos cinco años."
Un silencio espeso cubrió la habitación. Pero no duró mucho.
Tenzou, que hasta ese momento se había mantenido en las sombras de la escena, avanzó un paso, observando la cabeza con una expresión críptica. La leve contracción en su mandíbula y el brillo en sus ojos revelaron que no era un completo desconocido para él.
Con su tono seco y pragmático, preguntó sin rodeos: "¿Tienes idea de quién es este hombre?"
La atmósfera se tensó de inmediato.
Pero antes de que la conversación pudiera avanzar, antes de que Kiritsugu pudiera responder, ocurrió.
Un crujido sordo, seguido de un estremecimiento en el suelo. La puerta que los separaba del exterior, aquella que Touko había asegurado con múltiples barreras para evitar cualquier intromisión, comenzó a vibrar con una fuerza que no pertenecía a lo humano.
Entonces, sin previo aviso, explotó.
Fragmentos de madera astillada y metal retorcido salieron despedidos en todas direcciones. Una ráfaga de energía negra invadió la habitación, sofocando la luz con su sola presencia.
Y allí, enmarcado por la destrucción, estaba aquello.
見̷̢̨̢̨̧̢̛̛̲̺̯̣̝̪̫̟̞̩̥̲̻̣̦͎̹͙͓̱͉͔͕͇̺͖̯͓̭̝͎̟̘̭̩̳̘͙͉̣̯̝͍͙͎̤̫̱̥͕̟̫͖͉̭͙͕̩͎̤͓̣̱̙̹̳͒̄̌͋̊͊̀̌̃̍͛̓̽͆̒̓̐̊̈́̀̏̀͋̈̆̽̌̇̈́̀́̂̽̉͆͐̽̓̏̔̽̏͋̈̄̕̚̚̚͠͝ͅて̷̨̨̧̧̨̧̧̢̢̢̢̛͈̗̩̝̭̱̰͙̹̫̯̺͙͉̼̭͎̥̠̝̳͓͎͎̣̙͔̺̩͇̙̖̰̪̦̠̻̝̹̮̺̖̣͎̼̘͍̬͔̟̻̣̤͙̘͚̹͇̩̜̩̳͖̖̋͊̒̿̌̄̾̃̇͂͛̇̉̋̔̑̓̓͛́͂͒̀͒̃̀̒̆́͑̂̈͒̔̅̑̍̓̆̊̂̇͐̎́͛̊̓̍͘͘̚̚͘͘͜͜͜͝͝͠͝ͅͅͅͅͅい̶̧̡̨̨̧̧̡̢̢̨̡̪̭̰͎̫̙̫̹͍̖̻͕̳̫̬̜͚͖̮̱͇͙̱̻͓̖̭̖̣̜̹̲̫͈̯͍̥̰̝͎͍̖̼͉̖͕̹̖̩͎̭̹̖̬̤͔̱̝͓̲̼̦̞̼̺̯͚̩̥͍̳̮̭͓̰̐͊̎̽̒͜͜͝ͅͅͅる̶̢̨̢̡̨̧̧̡̧̨͍̝̼̘̖̠͈̝͉̪̦͓̹̙̬͓̻̟͇͎̮̹͎͚̘̘̲̭̙̰̲̘̥͙͓̪̖̼̮̟͈̱̯̣̩̼̟͎̠͎̝̬̞̘̘̳̝̪̙̪͖̫̮̬̗̝̞̹͇̯̮̙̠͙͉̪̘̦̞͓̭͓̣̟̟̟̝͚̖̜̍̑͗̆͗̈́͗͛̒́̍̂̍̏͗̍̽͂̐̏͂̃̌̋̂̋͆͊̕̚͘͜͜͜͝͠͝…̴̧̡̨̨̧̨̧̨̧̳̫̣̗͎̯̹̞̩̣̦̼̳̖͓̘̱̠̳͇̜̱̺̬̭̲̥̲̻̞̗͇̞̼̰̤͇̪̘͙̠̫͎̼̺͚̼͍̲̦̺͍̯̱̪͚̥͙͍̰̪̫͕͖͕̲̙̜̎̃̑̀̈́̃̐͑͌̒̃̇̔̾̓͒͑̀̇̉͋̀͋̌̽̔̈́͛͌̏̅̑̃̅́́͊̓̃̽̇̓̍͒̇͑́̉̇͂͐̾́̈̋͛̊̋̓̂́̀͂̑̐̐͐̂̀͌̕̚̚̚͘͜͠͠͝ͅ…̴̛̛̞̗̫̓́̽̇̃̔̀̿̓̊͋̀͋̇̓͛̊̇́̔̏̄̔̄̀̇̇̆́̇̂̒̽̀͗͆̐̀́̂̀͘̕̕̚̚͠͝͠͝͠͝͝͝͠ず̷̡̢̧̢̧̨̡̡̧̡̳̠̮͚̮̭̹̪̞̟̹̮̪͔̻͔̝̹̲̹͎̬̰̹̘̖̥̠̼͖̩͖͔̺̳̠̞͎̜̮̯͖̙͍͖̞̦̹̯͈͓̣̪̞̪͕̳̙̻̟̝͈̲͕͔̬̱͈̤̗͓͓̼̪̱̤̱͎̱̰̯̟̱̣̣͕̰̥̠͙̂̈́̂̓̉͋͂͋̒̍̑́̓͛͐͂̋͐̄̌̃̽̔̏̊͋̾͗͑̈́̌͐͛̀̿͌̒̾̅̕̚̚̚͜͜͜͜͜͠͝͠ͅͅͅͅっ̷̡̧̨̢̧̨̨̡̨̡̦͖̣̳͉͔̝̹̝͔̥͚̺̲̤͖̹̬̗͔̫͈͓̳̫̥̳̪̯̖̙̣͉͍̤̣̘̦̺̦͙̥̜̥̥̰̮̗̞̟̝͖̠̦̙̰̘̭̜̯̭͈͈͉̬̜̮̹͖͍̰͖͚͈̟̬̠̫͓̟͈̃̆̿͌͛͗̇̇̓̌͑͋̈́̊́̀͐͑̑̈́̂̾̄̑̇̾͊̊̾̑͑̈͘̚̕̚͜͝ͅͅと̶̧̛̛̥̖̟͎̭̟̰̱̠͚̦̹̠̲͍͋̌̆͑̐̍͋͆̈̐̀͑̅̌̊̋̈́̃̉͗͂̈́͒̅͐̄́̀͋͘̕͘̚͜͝な̴̧̡̛͖͔͚̦͉̮̪̰̺̖͚̼̠͚͉̺̬̦͔̺̭̳̗̝̜̩̼̬̥̙̘͕̙̣͚̙͕̗̭̤͆̈̈́͂̈́͆̎̀̈́̈́̾͒̄̈͒͐́̈́͗̂̍̀̏͊̾̌̎̃̄̇̊̔̀͂̇̈́͐̓̅̀̿́̈́̅̎͗̉̍̇̈́̓̊͑̂͗̎̔́̂̉̔͊͛̈̔̾̓̄́̇̿̈̅͂͘̚̕͜͜͜͝͠͠͠͝͝͝ ̶̛̛̛̖̣̭͓̰̤͎͙͕͚̣̠͚͍̌̾̎͑̑͑̏̆̏̒̊̀͆̽̓̽̏̅̃͑̇̆̑̿̒̒̎̒͛͛̐̽͑̌̌͊̓̌͐̀̅͛͊́̿̈́̈͒͐̏͂̓͂̾̒̊̉̈̃̿̉̓̒͑͌̑̈́̈́̎̈́̊̑̌͛̐̕̕͘̕̚͘͘̚͘͜͝͠͠͠͠
Una masa informe de oscuridad espesa, compuesta por docenas de espadas, de hojas largas y cortas, de filos corroídos por un fulgor enfermizo. Entre el mar de acero se entreveían lanzas, algunas partidas y otras en perfecto estado, como si hubieran sido arrancadas de los campos de batalla y ensambladas en una parodia grotesca de un ser vivo.
No tenía un rostro. No tenía una forma definida. Pero la presencia era innegable.
Era un horror de forja y muerte.
Kiritsugu apenas necesitó un instante para nombrarlo. Su voz, contenida pero con un peso de certeza, lo identificó con una única palabra.
"Servant."
xXx
Araya se mantuvo firme, aún en desventaja. Su única mano se crispó en un gesto casi involuntario antes de cerrarse en un puño.
ᴿᵒᵐᵖᵉᵗᵉ
"Shuku."
El espacio se comprimió de inmediato, las paredes del mundo doblándose sobre sí mismas con un crujido ominoso. Pero Shiki ya no estaba allí.
Su velocidad era absurda. Era todo, menos humana.
Se deslizó fuera del área de impacto con una gracia sobrenatural, esquivando el colapso del espacio con una facilidad insultante. La hoja en su mano, negra como una sombra recién nacida, centelleó con un brillo irreal. Araya pudo verla con claridad ahora, aunque la reconocía sólo en parte. Había visto esa espada antes—en manos del niño. Y para alguien como el, no era muy dificil identificar de que se trataba.
'¿Tesoro Heroico?'
No tenia tiempo para cuestionarlo. Mucho menos para reaccionar. Shiki avanzó de nuevo, veloz y letal, obligándolo a gastar aún más energia magica en reforzar la barrera que se interponía entre ambos. Un gesto inútil.
La hoja atravesó el espacio entre ellos como si cortara el concepto mismo de defensa. Las capas de su hechizo, tejidas con precisión matemática, se deshilacharon en una fracción de segundo. Y entonces la sintió: la fría mordida de la espada al hundirse en su carne.
Un corte limpio. Preciso. Su pecho se abrió en un rastro carmesí.
Cualquier otro hubiera muerto al instante, pero seguía en pie.
El Sarira, la reliquia de su existencia, ardió en su interior con el poder de mil vidas, manteniéndolo anclado al mundo.
Shiki chasqueó la lengua.
Molesta.
Eso era nuevo.
Ella dio un paso atrás, observándolo con desdén, sus Ojos Místicos centelleando en el fulgor azulado de la estancia. Algo no estaba bien. Araya lo notó en su expresión, en la ligera tensión de sus músculos.
'¿Como?'
La epifanía golpeó a Shiki casi al mismo tiempo que el puño de Araya salió disparado hacia su rostro, envuelto en energia magica fluorescente y enfermiza.
Ella reaccionó por instinto, sin tiempo para procesar lo que había sucedido, moviendo la cabeza apenas unos centímetros. El impacto pasó de largo, desmoronando el suelo a su lado con un estruendo infernal.
Un golpe de suerte.
Pero Araya no tuvo oportunidad de aprovecharlo, porque en el siguiente segundo, Shiki lo miró.
Y recordó.
Su rostro. Su expresión. La última imagen que había visto antes de perderse en la oscuridad de tres años de coma. Su voz se deslizó entre sus labios con un tono vacío.
"No sé quién eres."
La sangre goteaba de su espada.
"Y no me importa."
Su pie se adelantó, la sombra de la muerte proyectándose sobre él con cada movimiento.
"Pero voy a matarte."
Araya no se molesto en responder.
El poder del Sarira comenzó a extenderse desde su pecho, envolviendo cada parte de su cuerpo con una energía imposible. Si lograba sincronizarlo completamente, si lograba alcanzar la armonía absoluta con su existencia… Sería invulnerable a la mayor arma en manos de esa mujer, y no se referia a esa espada de leyenda que blandia.
Pero nunca tuvo la oportunidad.
Porque antes de que pudiera completar el proceso, antes de que pudiera siquiera intentar sostenerse en ese instante de iluminación trascendental—
La hoja negra descendió en un destello letal y la última mano que le quedaba cayó al suelo con un golpe sordo.
Araya apenas registró la pérdida de su segunda mano. El dolor era una abstracción, un eco distante que no tenía importancia para un monje que había renunciado a su cuerpo mucho antes de que el sufrimiento pudiera importarle. Su mente funcionaba en términos de pragmatismo absoluto: sin manos, no podía formar sellos, no podía conjurar barreras ni emplear la mayor parte de su arsenal. Lo único que le quedaba era el Sarira y la desesperada posibilidad de adaptarse antes de que Shiki terminara con él.
Pero la muerte no esperó.
Shiki no esperó.
Su espada se alzó sin una palabra, reflejando la tenue luz del lugar con un resplandor letal.
El filo descendió. Y el impacto no llegó.
El sonido del acero chocando contra el acero resonó con una violencia casi tangible, el eco vibrando en las paredes mientras una figura se interponía entre los dos. Era un hombre alto, mucho más que Shiki, con un cuerpo curtido por años de combate. Su postura era sólida, y su espada… Shiki la reconoció al instante.
Un filo oscuro como la noche, envuelto en una presencia ominosa que se sentía como un vacío, como un agujero que devoraba la luz.
Shiki no apartó la vista del arma.
Amaya Muramasa.
El tesoro de los Yakou. Una hoja gemela en prestigio y poder a la Kuji Kanesada de su propio linaje. Un arma que no debería estar en manos de nadie que no fuera un descendiente legítimo de esa infame familia.
Y ahi estaba, con su sonrisa siendo un tajo de crueldad impresa en un rostro curtido.
"¿Sorprendida, perra de los Ryougi?"
Shiki no respondió. No había necesidad. El combate había comenzado desde el momento en que él alzó su espada.
La primera acometida fue un choque puro de habilidad. Sin trucos. Sin maldiciones. Sin barreras. Sólo esgrima.
El aire vibró con el estrépito del acero golpeando contra acero. Los destellos fugaces de Usumidori y Amaya Muramasa iluminaron la escena con cada impacto. Shiki era rápida, increíblemente rápida, pero Yukinobu no era un mero guerrero de linaje antiguo. Sus cortes eran pesados, precisos y llenos de intención asesina. No peleaba con la elegancia de un espadachín refinado, sino con la brutalidad de un hombre que había matado demasiadas veces para contar.
Pero lo que verdaderamente la inquietó no fue su habilidad.
Fue la espada.
No importaba cuánto se concentrara, no podía ver sus líneas de muerte. Cada vez que intentaba fijar su mirada en Amaya Muramasa, su visión se distorsionaba, su cabeza latía con una presión incómoda, como si sus propios ojos estuvieran rechazando la imagen.
No. No era la espada.
Era el hombre.
La energía que manaba de su cuerpo envolvía la hoja en una barrera imperceptible. No era un escudo. Era algo más primitivo, una extensión de su propia existencia protegiendo el arma de la aniquilación absoluta.
Él lo notó y sonrió con desprecio.
"¿Qué pasa, Ryougi?" Preguntó con burla, girando la espada con facilidad. A pesar del combate, su respiración era estable. "¿No puedes ver lo que quieres cortar?"
Shiki no respondió. En su lugar, cambió de postura.
Si no podía cortar la espada, entonces simplemente lo cortaría a él.
Yukinobu avanzó primero.
Su estocada era rápida, brutal. Pero ella lo vio venir. No solo el movimiento, sino la intención detrás de él. Evadió con un movimiento preciso, apenas inclinándose a un lado.
Y entonces el aire rugió.
No fue un corte normal.
Desde el filo de Amaya Muramasa se disparó una ráfaga de viento, una presión invisible que atravesó el espacio con la velocidad de un proyectil.
El impacto destrozó el suelo detrás de ella.
Shiki retrocedió de inmediato, su mente absorbiendo la nueva información.
'La espada puede cortar el aire… No, puede disparar el corte.'
Yukinobu no le dio tiempo de procesarlo. Se lanzó nuevamente, combinando ataques físicos con esas ráfagas de presión cortante. Cualquier otro espadachín habría sido destruido en segundos.
Pero ella no era cualquier espadachín.
Shiki hundió su mente en la Auto-Sugestión.
Soy más rápida.
Soy más precisa.
No puedo ser alcanzada.
Cada tajo fallaba por una fracción de segundo. Cada disparo de viento encontraba sólo el vacío. Se movía con una fluidez inhumana, deslizándose entre los ataques con una precisión aterradora. Yukinobu frunció el ceño, frustrado por primera vez.
Y entonces ella cambió el ritmo.
No esquivó. Entró en su guardia.
Y con un solo movimiento preciso, limpio, absoluto… Cercenó su muñeca.
El grito de Yukinobu fue un estallido de furia y dolor. Su mano giró en el aire, aún sujetando la empuñadura de Amaya Muramasa, antes de estrellarse contra el suelo con un sonido húmedo. La sangre manchó el piso, formando un charco oscuro a sus pies.
Shiki no se movió. Simplemente observó.
Para ella, no era más que justicia. Por su culpa, le habían arrebatado un brazo. Ella simplemente había equilibrado la balanza.
Pero antes de que pudiera acabar con los dos, el edificio tembló.
No. No era un simple temblor.
El suelo entero vibró, las paredes crujieron como si una fuerza invisible estuviera desgarrando los cimientos. Ambos giraron la cabeza hacia el pasillo.
CLANG! CLANG!
Y entonces los vieron.
Figuras de metal avanzaban, su movimiento inhumano acompañado por un fulgor rojizo en sus ojos huecos.
Shiki entrecerró los ojos, sin apartar la vista de los horrores que se arrastraban hacia ellos.
Pero fue Araya quien comprendió antes que nadie lo que estaba ocurriendo.
Volvió la mirada hacia Yukinobu. El hombre, a pesar del dolor y la pérdida de su mano, sonreía con satisfacción.
"¿Qué hiciste…?" Araya murmuró, su voz apenas un susurro de incredulidad en el estruendo estoico.
Yukinobu soltó una carcajada ronca, entrecortada por el dolor.
"Lo liberé."
Y las armaduras seguían avanzando.
xXx
"¡MEOWWWWWWW!"
Los gatos monstruosos de Touko se abalanzaron contra el Servant, exponiendo sus garras y fauces antes de buscar brutalizarlo. Un despliegue de amenaza impotente, puesto que terminaron por ser empalados con sumo prejuicio en las piras afiladas que se alzaban desde el cuerpo de la cosa, y pese a que sus formas se expandieron en un intento por contenerlo y cerrarle el paso, las numerosas espadas que lo componían comenzaron a rebanar pieza por pieza la estructura etérica entre maullidos de dolor.
Kiritsugu no había permanecido estático. Reconociendo ciertos cristales entre las cosas apiladas por una de las mesas, le proporcionó uno de tamaño considerable a tanto Shirou como Touko, quienes entendieron su acción al romperlo y dejar que la energía mágica concentrada en estos fuera a parar hacia el interior de sus circuitos. Pero mientras que su maestra se aclimatizo sin problemas al cambio, Shirou sintió como si le estuvieran vertiendo aceite hirviendo en sus venas, encima de todo lo que había tenido que soportar a fuerza de Reforzamiento tras Reforzamiento.
"Tenemos que apartarlo de la salida, y entonces huir. No hay otra opción..." Advirtió Touko, apretando los dientes al ver como el último de sus gatos terminaba por ser destruido por completo, y el Servant solamente se arrastraba con el tintineo de metal torturado hacia ellos, no queriendo abandonar a su presa. "¡Tengo algo que puede servir, pero...!"
Una descarga contundente salió disparada desde un par de runas trazadas por Shirou... Solamente para disiparse inofensivamente apenas está impacto el cuerpo de espadas del Servant, quien meramente pareció soltar una risa cruel a juzgar por cómo se estremecía las cuchillas que lo componían.
"¿Qué?" preguntó Shirou, perplejo.
"Resistencia Mágica." Le informo Touko al mismo tiempo que comenzaba a agitar su bolsa anaranjada, rompiendo los últimos sellos que había colocado. Sin el éter que formaba a sus gatos, seria mas facil manifestarlo... Pero ni aun con la funesta situación en la que se encontraban, le agradaba el hecho de que tuviera que hacerlo. "Algunos de su tipo tienen esa molestia de anular Taumaturgia directa..."
"En ese caso..." Shirou no se lo esperó dos veces. "Trace Overload. Bullet."
El kunai manifestado con la ayuda de su Espada de Azoth, extraída desde su bolsillo emitio un pulso inestable antes de salir disparado como un bólido contra el Servant, explotandose apenas hizo impacto. Pero donde el hechizo rúnico se había deshecho, la proyección detonó tal y como debía tras ser sobrecargada, haciendo que M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅ se estremeciera en una semblanza de rabia.
"Listo.." Touko finalmente abrió su bolso de par en par, mientras que comenzaba a recitar.
Un circulo mágico comenzó a manifestarse en el suelo, emitiendo un aura lo suficientemente siniestra como para compararse a la de M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅ, quien se agito en respuesta, y entonces...
las palabras de Touko resonaron en la estancia como un eco disonante, algo que no debería ser pronunciado en este mundo. Un latín áspero, pronunciado con precisión quirúrgica, cada sílaba cargada de un poder que erizaba la piel.
ᴹᵃʳ۹ᵘᵉˢ ᵈᵉ ᴰⁱᶜⁱᵉⁿᵘᵉᵛᵉ ᴸᵉᵍⁱᵒⁿᵉˢˑ ᴬⁿᵗⁱᵍᵘᵒ ᶜᵉⁿᵗⁱⁿᵉˡᵃ ᵈᵉˡ ᴬᵛᵉʳⁿᵒˑ ᴸⁱᵇᵉʳᵃ ᵃ ᵗᵘ ᵉˢᶜˡᵃᵛᵒˑ
"Naberii columen, aperi ianuam. Effundat infernus essentiam. Quod in umbris habitat, vocate responde."
El círculo en el suelo se oscureció de golpe, su fulgor rojo virando a un negro opaco que parecía absorber la luz misma. Entonces, emergió.
Primero, la silueta de una figura humanoide, pero malformada. Un torso desproporcionado, músculos abultados y piel áspera como piedra. Dos grandes cuernos se retorcían desde su cráneo y sus ojos eran un par de pozos vacíos de luz. Luego, la imagen se fragmentó y mutó. Ahora era un caballero deforme, su armadura hecha de placas carcomidas y harapos podridos que se adherían a su carne. La espada en su mano no era de metal, sino de un material que parecía palpitar con vida propia. Pero la visión no se detuvo ahí.
La entidad se deshizo en una masa amorfa de carmesí hirviente. Bocas deformes se abrían y cerraban, dientes imposibles masticando el aire, mientras decenas de ojos se deslizaban sobre la superficie como si trataran de enfocarse en todos ellos a la vez.
Un rugido inhumano recorrió la estancia.
M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅ reaccionó.
La masa de espadas y oscuridad se agitó, vibrando con una agresividad bestial, y sin más, se lanzó hacia la abominación. Lo que siguió no podía llamarse una pelea en el sentido convencional. Fue una colisión de fuerzas imposibles, un choque de distorsiones que no pertenecían a este mundo.
Las espadas que componían el cuerpo del Servant se dispararon en todas direcciones, rebanando la carne deforme del demonio solo para que esta se cerrara de inmediato, regenerándose con grotesca eficiencia. M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅ no se detuvo. Su forma cambió, adaptándose, las armas en su cuerpo reconfigurándose en lanzas serradas y guadañas dobles.
El demonio respondió en especie. Sus bocas se abrieron de golpe, vomitando una sustancia negra y viscosa que chisporroteó contra las espadas del Servant, corroyendo algunas de ellas antes de ser absorbida por la propia masa de cuchillas.
El aire tembló cuando el impacto de ambos horrores sacudió la estancia. Estanterías se desplomaron, frascos se hicieron añicos contra el suelo y el eco de metales chocando llenó la sala con un estruendo ensordecedor.
"¡Ahora!" Gritó Touko.
Tenzou fue el primero en moverse, su cuerpo deslizándose con precisión calculada entre los escombros. Kiritsugu lo siguió de inmediato, cargando con el frasco sin soltarlo ni por un segundo. Mikiya, aún pálido por la escena que acababa de presenciar, corrió tras ellos, y finalmente, Touko.
Shirou dudó solo un instante.
Un error.
Dos espadas se dispararon desde el cuerpo de M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅ con la velocidad de una bala, impactando el suelo frente a él, cortando su salida de inmediato. Shirou giró sobre sus talones, buscando otra ruta, pero antes de que pudiera hacer algo, el demonio fue lanzado con una violencia monstruosa.
Su cuerpo deforme se estrelló contra la pared opuesta, destrozándola en una lluvia de escombros. El estruendo fue ensordecedor, y cuando la polvareda se disipó, Shirou vio con horror que el pasillo por donde los demás habían escapado estaba completamente bloqueado.
No tenía salida.
Excepto una.
Giró la cabeza con desesperación. La puerta al otro pasillo seguía abierta, y más allá de ella, un corredor que aún no conocía. No tenía opción.
Porque M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅA se movió de nuevo.
Las espadas que lo componían comenzaron a desprenderse, reorganizándose con una precisión inhumana. De su masa oscura surgieron formas humanoides, cuerpos formados enteramente por armas dispuestas en patrones imposibles. Golems siniestros, sin rostros, sin propósito salvo la destrucción.
Y entonces, mientras la última boca del demonio era devorada entre las cuchillas del Servant, los ojos sin alma de M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅ se fijaron en él.
Shirou corrió.
Escuchó el rechinar de las espadas al moverse, la estructura misma del monstruo agitándose para seguirlo. Su corazón golpeaba en su pecho como un tambor de guerra, sus piernas quemaban con cada zancada, pero no se detuvo.
Porque la cosa lo perseguía.
xXx
Las puertas del elevador se abrieron con un chirrido oxidado. La luz tenue del pasillo apenas iluminaba la escena, pero no hizo falta mucho para que los adultos comprendieran la carnicería frente a ellos.
Shiki se mantuvo en el centro del pasillo, rodeada de los restos de las armaduras malditas. Trozos de metal ennegrecido, extremidades artificiales arrancadas de cuajo, y espadas partidas en ángulos imposibles cubrían el suelo a su alrededor. El aire estaba impregnado con el olor a hierro y energia magica quemada, una mezcla espesa que se pegaba a la piel.
Pero lo que más destacó en ese instante no fue la masacre, sino la expresión de Shiki al verlos.
No era sorpresa por su presencia en general. No por Kiritsugu, ni por Touko, ni siquiera por Mikiya.
Era por el hombre alto que caminaba junto a ellos, con la misma mirada severa que siempre había conocido.
"…¿Padre?" Shiki apenas parpadeó, su voz incrédula.
Tenzou la miró con su habitual estoicismo. No había palabras innecesarias entre ellos, solo una tensión muda, un reconocimiento tardío de lo improbable que era este encuentro.
"¿Qué demonios estás haciendo aquí?" Preguntó Shiki, aún con la respiración agitada tras el combate.
Nadie le había mencionado que su padre estaba involucrado en el una verdad que no esperaba enfrentar en este momento.
Pero no hubo tiempo para respuestas.
"¿Y donde quedo el niño?" Shiki frunció el ceño, escaneando rápidamente al grupo.
La pregunta cayó como una piedra en el estómago de todos.
Kiritsugu reaccionó primero. Sus ojos se abrieron apenas un instante antes de que su expresión se endureciera con un entendimiento brutal.
"Mierda…" Susurró.
Nadie lo había dicho en voz alta. Nadie se atrevía. Pero la verdad se dibujó en sus rostros. Lo habían dejado atrás.
El caos del escape, la desesperación por salir del infierno en el que estaban atrapados… En su prisa, en su pánico, habían perdido de vista a Shirou.
Y antes de que pudieran procesar el error, un sonido mecánico retumbó por el pasillo.
El eco de pasos metálicos.
Desde el fondo del elevador del que acababan de salir, la oscuridad se fragmentó con el reflejo del acero. Siluetas inhumanas emergieron con movimientos rígidos y pesados, ojos rojos ardiendo en sus visores como brasas vivas. Más armaduras, todas luciendo como maldiciones encarnadas mas que listas para masacrarlos.
Shiki reaccionó de inmediato. Sin esperar órdenes y sin dudar, su espada cortó el aire en un destello plateado.
El primer tajo partió a una armadura en dos antes de que pudiera dar un paso más. El segundo separó la cabeza de otra con un corte limpio.
Al mismo tiempo, un estallido de llamas se extendió a su lado.
Las runas de Touko encendieron el aire, creando una ola de fuego que devoró a las siguientes armaduras antes de que pudieran reaccionar. La explosión las hizo tambalearse, y antes de que el fuego pudiera extinguirse, Shiki ya estaba cortando lo que quedaba de ellas.
El pasillo se llenó del crujido del metal destrozado, del eco de las armas cayendo inútilmente al suelo.
En cuestión de segundos, el ataque había sido neutralizado.
Touko dejó escapar un suspiro, bajando la mano con la que había conjurado sus llamas.
"Bueno, ahí va esa cosa." Murmuró con irritación, más molesta por la pérdida de su invocación que por el peligro inminente. "Duró menos de lo que esperaba."
"Si Shirou no está con nosotros, entonces está en el otro lado." Concluyó.
Kiritsugu sintió cómo su estómago se hundía aún más.
No. No podía estar en el otro lado.
Sin decir una palabra, se giró sobre sus talones, listo para volver por donde habían venido. Sus movimientos eran rápidos, tensos, cada fibra de su ser impulsándolo hacia la única acción lógica: regresar por su hijo.
Pero antes de que pudiera dar siquiera un paso, el pasillo volvió a rugir con el eco de más armaduras aproximándose.
El primer impulso de Kiritsugu fue empuñar su revolver, pero antes de que pudiera siquiera alzar el arma, una nueva ráfaga de fuego cruzó la entrada del pasillo.
Touko, con una expresión de irritación apenas contenida, estiró la mano nuevamente.
Las llamas brotaron como un látigo viviente, envolviendo a las nuevas armaduras y reduciéndolas a chatarra en segundos.
"No te apresures." Gruñó, su tono seco y sin paciencia.
Kiritsugu apretó los dientes.
"Voy por él."
Touko chasqueó la lengua, sacudiendo la cabeza.
"Si el Servant no está viniendo tras nosotros… " Su voz se apagó un instante antes de que sus ojos se ensancharan levemente.
Y entonces, la comprensión la golpeó. La comprensión golpeó a todos.
Kiritsugu sintió su garganta cerrarse, su corazón acelerarse con una fuerza casi insoportable.
Si el Servant no estaba aquí… Si el Servant no los estaba siguiendo…
Era porque había ido tras Shirou.
La idea cayó como un peso frío en su estómago, una realización que hizo que su respiración se volviera superficial y rápida.
El pánico se apoderó de sus músculos, de su pecho, de cada nervio en su cuerpo.
"No… " Kiritsugu murmuró, su voz apenas un hilo tenso de incredulidad.
Shiki entrecerró los ojos, sin comprender del todo.
"¿De qué están hablando?" Exigió.
Pero nadie respondió de inmediato, y entonces el suelo tembló bajo sus pies. Un estruendo profundo recorrió el edificio, como si algo inmenso se removiera en sus entrañas.
Shiki perdió momentáneamente el equilibrio cuando el pasillo se inclinó de forma apenas perceptible, lo suficiente como para hacerla tambalearse. Antes de que pudiera corregirse, sintió una mano firme sujetándola del brazo.
"¿Estás bien?" Mikiya le pregunto.
Ella gruñó, fastidiada por la propia debilidad, pero asintió con un leve movimiento de cabeza. Aún así, no apartó su brazo de su agarre, aceptando el gesto sin una palabra.
Pero su incomodidad quedó en segundo plano en cuanto abrió los ojos por completo.
Las líneas de muerte del edificio siempre se habían visto mal, retorciéndose como venas muertas sobre las paredes y el suelo, como si el lugar entero estuviera al borde del colapso. Pero ahora… Ahora se veían peor.
Mucho peor.
Se agitaban como si estuvieran vivas, temblando con cada estremecimiento de la estructura. Y más que eso, algo parecía estar desgarrando la esencia misma del lugar desde dentro. Algo monstruoso, algo inmenso.
"Esto no es normal." Murmuró Shiki, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
Touko, quien apenas se había tambaleado con el sismo, miró a su alrededor con una expresión severa.
"No lo es." Admitió. "Araya no construyó este lugar solo como una trampa. Era una bateria."
Shiki le lanzó una mirada.
"¿Bateria para que?"
"Para invocar un espíritu. No uno cualquiera, sino uno de poder considerable." Explicó Touko rápidamente, su tono grave." Es el mismo que nos estaba persiguiendo. Y si no nos está persiguiendo ahora…"
La frase quedó flotando en el aire, pero Shiki parpadeo al recordar lo que habian estado mencionando.
"Está yendo tras el mocoso." Concluyó.
El peso de la revelación cayó sobre todos con un impacto brutal.
Shiki chasqueó la lengua, exhalando con frustración.
"Así que de eso se trataba…" Murmuró. Sus pensamientos se enlazaron rápidamente. "Araya y el imbécil de los Yakou salieron corriendo hace unos minutos."
Un silencio tenso se formó en el grupo.
Tenzou se irguió con rigidez, su expresión de piedra volviéndose aún más afilada.
"¿Yakou?" Su voz era un filo contenido, un tono que Shiki conocía bien.
Ella lo miró de reojo antes de responder con simpleza:
"Le corté una mano."
Tenzou asintió con la aprobación de un guerrero.
"Bien."
Antes de que la conversación pudiera continuar, el edificio volvió a sacudirse, esta vez con más fuerza. Un estrépito retumbó en las profundidades de la estructura, un sonido gutural y abismal que resonó como el rugido de algo que no debería existir.
Las paredes crujieron. El suelo vibró bajo ellos.
No podían quedarse ahí.
"Bueno, o nos vamos o esto se nos cae encima." Touko.
El grupo comenzó a moverse al instante, dirigiéndose hacia el pasillo dentro del elevador, el único camino que les quedaba.
Kiritsugu iba a la cabeza, su expresión endurecida por la determinación pura.
"Voy por mi hijo."
Shiki, apenas un paso detrás de él, dejó escapar una risa seca.
"Le debo demasiado al mocoso como para dejarlo aquí."
Antes de que pudieran dar el primer paso dentro del pasillo, Touko se detuvo de repente, girándose hacia un rincón de la estancia.
Su mirada se posó en los restos de una figura inerte en el suelo. O al menos lo que quedaba de su carcasa. Las piezas rotas de su cuerpo mecánico yacían en el suelo, su silueta aún vagamente reconocible a pesar del daño. Touko chasqueó la lengua con molestia antes de alzar la mano y realizar un breve gesto en el aire.
El espacio mismo pareció retorcerse alrededor del cadáver de la marioneta, tragándola en un remolino de sombras irreales.
En un parpadeo, la marioneta había desaparecido, absorbida en el mismo espacio dimensional donde Touko ya había guardado el frasco con el cerebro de la única víctima de Araya que podría salvarse.
"Nunca se sabe cuándo podré usar esto." Murmuró para sí misma antes de volver al grupo.
No había más tiempo que perder.
El pasillo oscuro del elevador los esperaba, y del otro lado, un infierno aún mayor.
xXx
Sus piernas le dolían casi tanto como su brazo roto. Era como si las bañaran en ácido y todavía las estuvieran aplastando, encima. La energía mágica que había salido de esos cristales era extraña y abrasadora, en una semblanza no muy distinta a la del ambiente que terminaba por ser filtrada por sus circuitos cuando necesitaba un par de unidades extra. El dolor mucho peor que el veneno de esas arañas corriendo por sus venas, pero sabía bien lo que pasaría si lo retiraba o se detenía.
CLANG! CLANG! CLANG!
No tuvo ni que molestarse en mirar por encima de su hombro para saber que esa cosa seguía persiguiéndolo. Si tan solo tuviera una forma fija, humanoide... Él habría intentado enfrentarla directamente con otra Usumidori. O al menos que se viera normal. Pero el Servant prefería arrastrarse como la mezcla poco exitosa entre una oruga y una pelota; especialmente compuesta de metal chirriante y zarcillos de energía mágica teñida en cosas repugnantes y otras cosas como brasas ardientes y arena.
CLANG! CLANG! CLANG! SWOOOOSH!
Soltó un respingo al sentir la corriente de aire, y alcanzó a evadir el nuevo ataque en la forma de una katana envuelta en la misma aura oscura clavándose a un par de metros en la pared más cercana.
'Así es como se siente, entonces...' Pensó, sin detenerse a observarla siquiera a observarla. No era la primera vez que esa cosa había intentado alcanzarlo con ese método, y tampoco sería la última.
CLANG! CLANG! CLANG! SWOOOOSH!
Un par de espadas más se lanzaron contra él, obligándole a moverse hacia la pared opuesta y usarla como plataforma para saltar y saltar una y otra vez en un intento por mantenerse fuera de su rango.
Contraatacar, no serviría de nada ahí. Si intentaba acercarse, las espadas que conformaban su cuerpo se moverían para intentar perforarlo, como un erizo de mar gigante y particularmente vicioso. Y aun si arrojaba proyección tras proyección, solamente conseguiría irritarlo como había pasado en esa habitación.
'Lo peor es esa resistencia de la que hablo Touko.' Pensó, apretando los dientes al esquivar otra espada. 'Podría intentar hacer una trampa, pero de nada serviría si es como si no estuviera ahí.' Suponiendo siquiera que tuviera el tiempo suficiente para poder escribirla con runas. O la habilidad.
Había estado intentando buscar una ventana para poder saltar, mejor caer en picada y quizás romperse una pierna si no conseguía ejecutar el Vuelo del Tengu a tiempo que seguir jugando a ser perseguido por esa cosa. Lastimosamente, no tenía ni tiempo de intentar abrir una puerta y no había ningún ventanal a la vista.
En eso, consiguió observar un boquete en el techo que conducia al siguiente piso y ni siquiera lo dudo. Concentrando algo de energía extra en sus piernas, saltó desde unos escalones hasta ahí, y apenas se aferró al borde, se elevó sobre este para aterrizar en la siguiente planta y suspirar de alivio.
CLANG! CLANG! CLANG!
"... Me estas..." Apenas se asomó, esquivando un zarcillo oscuro pero habiendo visto lo suficiente. La cosa se arremolinaba en torno a sí misma, usándose como torre y puente para subir y alcanzarlo, todo con una tenacidad que le ponía los pelos de punta.
"Tsk..." Shirou mira a sus alrededores, encontrando otro pasillo donde podría correr y entonces encontrar una vía de regreso hacia abajo, fuera de la vista de la cosa. Eso, o se quedaría atrapado al no encontrar otra salida y entonces...
'Piensa, piensa...' La cosa era inmune a la taumaturgia, en vista de que hechizos rúnicos no habían servido contra esta. Pero no a la energía mágica. De ahí a que un Broken Phantasm sirviera, por lo que...
'Ah, claro.' Pensó, antes de concentrarse una vez más. "Trace on."
No le tomó mucho encontrar el diseño en las memorias de sus circuitos. Era exactamente igual a su compañera, de igual manera. Una espada corta, de hoja ligeramente recta con el anillo de desfile de múltiples runas a lo largo de esta, de las cuales una se repetía por encima de las demás. Runa que comenzó a iluminarse a medida que alimentaba la proyección con más energía mágica.
"Trace Overload." Esta comenzó a girar sobre sí misma en respuesta al estímulo mientras que Shirou tragaba saliva y activaba su cresta. 'Por favor funciona.' Del primer hechizo, extrajo el anillo más básico del que podía pensar y entonces hizo pasar a la proyección sobre éste, de inmediato sintiendo la diferencia. Si llegaba a perder el control por tan solo un instante sobre esta...
CLANG! CLANG! CLANG!
Una garra monstruosa, compuesta de espadas aplastadas se aferró al borde, siendo la única advertencia que recibió antes de que la mole se alzara desde el agujero.
"Trace Bullet." Musito Shirou, antes de dejar escapar la espada como un proyectil contra esta.
KRAKROOOOOOOOM!
La detonación golpeó sin misericordia las paredes de la estancia luego de concentrarse en la masa corrompida con el estruendo de un relámpago azotando la tierra. La onda de choque terminó por alcanzar a Shirou, enviándolo un par de metros hacia atrás, haciéndolo aterrizar con un quejido sordo.
"Agh..."
Se incorporó luego de un par de segundos, solo para escuchar algo estampándose en el piso de abajo. Tras asomarse una vez más, comprobó como el Servant ahora tenía un agujero en su cuerpo que comenzaba a cerrarse, y también yacía hundido en un pequeño cráter contra las baldosas.
No tenía idea de cuánto le tomaría salir de ahí, pero no planeaba quedarse a averiguarlo.
Camino por el nuevo pasillo hasta doblar la esquina y entonces retrocedió apenas un hedor repugnante asaltó su nariz. Frunciendo el ceño, examinó la nueva estancia y de inmediato sintió que lo mejor hubiera sido ir al lado contrario. Las imágenes grabadas en las paredes de por sí eran lo suficientemente inquietantes; escenas de hombres con los rostros poseídos por la angustia y otras cosas que tomaban las espadas que blandían y entonces...
Apartó la mirada, concentrándose en la silueta grabada en marcas de quemadura sobre las baldosas de un círculo mágico. Un círculo mágico bastante grande y complicado, del cual nadie necesitaba explicarle para que lo habían usado.
"Servant..." Murmuró, retrocediendo nuevamente. Podía ver otra entrada en el lado opuesto y tomó la decisión de dirigirse hacia esta. 'Con algo de suerte, finalmente encuentro una ventana y...'
Quizás no debió de tentarla, porque justamente una nueva silueta se proyectó desde aquella parte y entró con pasos tambaleantes a la habitación, haciéndole soltar un respingo.
No lo había visto en un buen aspecto en aquel entonces, y mucho menos se encontraba mejor en esos momentos, al estar bañado en sangre y con su mano izquierda brillando por su ausencia. Aun así, su rostro fue suficiente para que Shirou lo reconociera como el hombre que había visto en Kyouto el año pasado.
"... ¿Usted?" Comentó, perplejo al retroceder una vez que cayó en cuenta de la espada que estaba blandiendo, una espada cubierta en una capa de energía mágica elemental. De un elemento que el conocía bastante bien.
"Tu.." Gruño el hombre, antes de sacudir la espada con la última mano que le quedaba. En respuesta, un tajo compuesto de viento se manifestó bruscamente contra el, apenas siendo evadido por Shirou debido al torpe movimiento que lo había conjurado.
"¡Espere...!" Un segundo tajo pasó peligrosamente muy cerca de su cabeza, obligándole a rodar con tal de evadir un par de más, con sus articulaciones quejándose todavía peor por el esfuerzo. Esfuerzo que tuvo que aumentar al saltar como rana para salir del camino de otro ataque más. "¡LA COSA QUE INVOCARON AQUÍ VIENE AHORA MISMO!"
Y entonces sintió un hueco abriéndose en su estómago cuando la única respuesta que recibió fue una carcajada sin humor.
"Eso estoy contando, niño." Gruño nuevamente el hombre antes de dar un paso hacia adelante. "Aquí será sellado nuevamente...Y el pago en sangre lo tengo frente a mi."
'Esta loco...' Shirou rápidamente divisó por donde había entrado y se dispuso a correr hacia allá, solo para toparse contra un muro de viento que lo paró en seco justo cuando el hombre se había acercado lo suficiente para descargar algo mas...
SPLOOOSHHH
"... ¡AHHHHHHH!" El grito que Shirou emitió no fue suficiente para demostrar cuanto le había dolido la puñalada. Una agonía que aumentó a medida que el hombre hundía la espada por su costado con singular sadismo y todavía lo empujaba, como si quisiera derribarlo contra el suelo y mantenerlo sujeto por medio de la espada.
"Jaja..." El hombre sonrió cruelmente al contemplar su labor. "Solo los nueve cortes con la espada... Y entonces estará listo. Nueve cortes sobre la espada, y una descarga a su corazón. Será sellado..."
"... Ugh...Agh..." Shirou sintió como su sangre comenzaba a derramarse por el suelo, así como los intentos del segundo hechizo de su cresta de intentar contener el daño... Algo imposible del todo, gracias a la espada que mantenía clavada en él.
"Un hijo por un hermano..." Yukinobu mantuvo su sonrisa, claramente complacido en medio de aquel desenfreno desquiciado a la par que se preparaba para dejar escapar algo más desde su boca; quizás una bocanada de vacío directa hacia la cabeza del niño. No sería rápido, no sería limpio... Y tampoco indoloro.
Sin embargo, se distrajo un segundo tras observar cómo la mano derecha de este terminaba por grabar un símbolo luminoso en el aire.
"ÓSS!"
El símbolo se convirtió entonces en una lengua de fuego que terminó por salir despedida contra su cara debido a la corta distancia que les separaba.
"¡AGHHHHHHHH!" El bramido de dolor de Yukinobu fue tal cuando soltó la espada y se llevó su mano restante contra su cabeza en un intento por sacudir el fuego. "¡MIS OJOS!... ¡MIS OJOS!"
Sus movimientos, de por sí tambaleantes finalmente fallaron y le hicieron tropezar sobre sí mismo contra las baldosas, donde se retorció en más agonía.
Shirou le ignoró mientras retiraba la espada desde su costado en un movimiento que le hizo sentir una punzada en reversa y le sacudió. "... Ugh..." Puso una mano sobre la herida, que ya había empapado con sangre su camiseta, y sintió como el hechizo de su cresta comenzaba a intentar cerrarla poco a poco, alcanzando a distinguir las escamas formándose en una esquina de su vientre.
"¡TE MATARÉ...!" Volteo hacia la dirección del hombre, retrocediendo de inmediato tras verlo arrastrarse con un rostro que lucía como si lo hubieran marinado en aceite. Donde antes tenía ojos, ahora había una grieta chamuscada y ardiente que despedía un par de huecos en un rosado grotesco. "... TE... MATA..."
CLANG! CLANG! CLANG"
Fue lo último que alcanzó a decir antes de que el horror del que Shirou había estado huyendo finalmente se manifestara desde la entrada, y terminara por dejarse caer por encima del hombre, clavando ávidamente sus incontables cuchillas sobre su cuerpo, muy para los alaridos despavoridos que este emitia.
"¡N-NO-NOOOOO...!" Cualquier otra cosa fue ahogado bajo el cruel tintineo del metal que lo envolvió mientras más y más sangre comenzaba a extenderse por el suelo, como si de una nueva alfombra se tratara.
"..." Shirou retrocedió nuevamente, apretando el mango de la katana que le había perforado momentos atrás. Era larga, casi tanto como Juunijirou, pero mucho más distinguida en apariencia; incluso cuando su hoja se encontraba ensangrentada, Shirou alcanzó a distinguir el patrón de oleaje en el metal. Pero no se quedó a admirar la espada... No cuando tenía esa cosa a poca distancia suya.
'¡¿?!' Salió corriendo finalmente por la segunda entrada, pasando por un pasillo todavía más extenso en cuyo final pudo distinguir el cielo nocturno y las luces de la ciudad. Ni siquiera se lo pensó dos veces al acelerar, dispuesto a atravesarlo por la fuerza de ser necesario... Y no pudo detenerse aun cuando sus sentidos le advirtieron de lo que le esperaba.
THUD.
"Agh..." Shirou tropezó con la barrera erigida sobre el ventanal, antes de golpearla con rabia. Necesitaba quitar eso del camino, antes de que...
CLANG! CLANG! CLANG!
A la distancia, escucho como la cosa volvía a moverse y seguramente no tardaría en asomarse hacia el pasillo, donde menos de veinte metros de distancia les separaba, una distancia que sabía que esa cosa podía recorrer en menos de un minuto.
"... Hah... Hah..." Jadeo mientras miro hacia ambos costados. No había salida. Un pasillo más angosto conducia al elevador, que sabía ya que no servía. Y aun así lo hiciera, tardaría mucho tiempo en subir.
El resto estaba cerrado en aquella dirección, y continuaba en la contraria. Pero no podría llegar a él sin atravesar el frente de esa habitación una vez más... Y sabría que no lo lograría sin que esa cosa llegara a alcanzarlo.
CLANG! CLANG! CLANG!
Y justamente, los zarcillos metálicos se asomaron antes de dar paso a la mole corrompida que no tardó en detectarlo y comenzar a extraer el resto de su cuerpo de la habitación antes de ir tras él.
Le echó una mirada al dorso de su mano derecha, donde sabía bien que tenía una marca que podía llamar en cualquier momento. Justamente las palabras de otro Servant, volvieron a resonar en su mente a modo de advertencia.
Pero si lo usaba ahora... Nunca más lo tendría.
"..." Shirou apretó nuevamente el mango de la espada. Si no se le ocurría nada, terminaría exactamente igual que ese hombre, y...
"Aquí será sellado nuevamente...Y el pago en sangre lo tengo frente a mi."
El recuerdo de lo que había comentado antes asaltó su mente.
"Solo los nueve cortes con la espada... Y entonces estará listo."
'¿Esto?' Shirou ni de broma analizó la espada. Si se perdía en su trance, moriría al no poder conectarse a tiempo con la realidad. "Pero eso de nueve cortes..."
Entonces cayó en cuenta. Nueve cortes. Kuji-In.
Sellado. El Edicto de Atadura.
Lo que no había podido usar contra la marioneta anteriormente, y según lo que había dicho ese hombre...
"Nueve cortes sobre la espada, y una descarga a su corazón. Será sellado..."
CLANG! CLANG! CLANG!
La cosa comenzó a arrastrarse, dividiendo los extremos en frente de esta en múltiples zarcillos coronados con espadas cuyo filo se había roto ya.
No planeaba darle tiempo para decidir como quería morir.
"..." Shirou colocó ambas manos sobre el mango antes de respirar y exhalar al mismo tiempo que sus circuitos vibraban en respuesta a sus intentos por adquirir una semblanza de calma. Pelear contra eso, seria un suicidio directo. Pero eso si se acercaba mas de lo que debia.
CLANG! CLANG! CLANG!
El tintineo fue acompañado por una cacofonía mas: Gritos agonizantes que se fundían con martilleos; vidrio rompiendose a golpes, fuego ardiendo sobre una hoguera. Y risas, risas siniestras que parecian venir de todo y nada a la vez.
'Respira...' Shirou hubiera soltado su reforzamiento si hubiera podido. El tener la energía paseandose por su cuerpo, le distraía de lo que intentaba hacer. Era como si quisiera conducir agua por un canal, y tuviera que lidiar con una que otra piedra en medio que interrumpiera el flujo.
CLANG! CLANG! CLANG!
Y entonces corrió.
SWOOOSH!
La primera espada fue disparada contra él a tal velocidad, que se hubiera quedado clavada hasta la guardia de haber conectado.
CLANG!
Un tajo suyo en el aire fue suficiente para desviarla. Granjeandose algo más de la atención del Servant, que detuvo su avance antes de que su forma palpitara y un par de espadas más salieran disparadas contra él.
'Respira.' Shirou descargo un segundo tajo en horizontal, golpeandolas en el aire con la seguridad más firme que podía conjurar. 'No temas. No dudes.'
"生̵̞̩̫̫͖̥̟̮̥̲̞͉͐̓ͅ意̶̯͙̖͕̖͓̩̯̰͌͒̿̅̍̂͐̌̐̎̀̀͝ͅ気̸̩̗̘̭̩̠͙̣̩̭̗̬̄̄̒̇̀́̐͛̋̓́͠な̴̠͕͖͘ガ̶̨͈̥̠̥̳̩͇͕̟̑͆̈̈́̅͌̅̾̓̌̏̾͝͝キ̸̡̞͎̠̦̳͙͙̯͈̤̭͎̖̥̣̑̒͌̈̏́̀̀̆̇̃̅̇̿̂̈́͝ͅ"
La cosa volvió a agitarse antes de que una parte de lo que él identificó como su cuello se retorciera sobre sí misma, liberando un par de zarcillos de energía oscura mezclados con fragmentos de metal triturado a modo de puntas de lanza.
Rin.
CLANG! CLANG!
Shirou los bloqueo diestramente, sin permanecer estático mientras que los pulgares e índices de sus dos manos alcanzaron a rozarse durante la maniobra, enviando un ligero pulso de energía mágica hacia la espada.
'Más que defender, ataca. Si no encuentras ventanas, abrelas tu mismo.' Las palabras de Shiki pasaron por su cabeza, obligándole a mantener el ritmo por su cuenta, ayudado solamente por el Reforzamiento que mantenia pese al ardor en sus circuitos.
Un tercer zarcillo se endureció de la nada, como fusionándose con múltiples espadas quebradas antes de alzarse como un arpón contra el, en un golpe que no podría bloquear sin quedar vulnerable. Y no lo hizo.
Salto por encima de la saliente a la par que sus nudillos alcanzaron a rozarse cuando soltó su mano derecha del mango.
Kyou.
Un nuevo pulso le recorrió mientras aterrizaba contra la pared, emitiendo un gruñido al no poder pegarse a esta. Mantener Reforzamiento y emplear la capa otorgada por el Shugendou era una imposibilidad; usar uno requería sacrificar el otro. Pero el Reforzamiento aumentaba las propiedades de todo lo que envolvía. No solo lo volvía más resistente...
CLANG!
Una nueva espada. Un colosal trozo de metal en horizontal que descendió como un enorme cuchillo de carnicero apenas logró alcanzarlo antes de que Shirou esperase hasta el último momento para poder empujarlo, aprovechando la fuerza de su caída mientras que nuevamente sus pulgares volvían a tocarse.
Tou.
La tempestad negra comenzó a desprender zarcillo tras zarcillo, como los tentáculos de un pulpo que reptaron por el aire en un intento por alcanzarlo a la par que un boquete recién formado en el vórtice de su cuello se expandiera, vomitando un ariete ardiente que buscaba abrumarlo junto a su oleada de ataques.
Sha. Kai.
Corte tras corte, a la velocidad suficiente como para dejar una imagen reflejo en el air, Shirou repelió la nueva embestida grupal, aun cuando un par de astillas de metal abollado fueron a parar a su cuerpo, con una dejando un rastro de sangre nuevo en su mejilla.
"Peleas como si quisieras probar muchas cosas al mismo tiempo. No tienes control. Concéntrate en una sola, y aférrate a esta. Subete a la primera madera a la deriva que veas, no intentes ir por las demás."
"¡Haahhhhhh!" Un mandoble salvaje, ayudado en parte por el filo de aquella espada partió limpiamente en dos partes el proyectil, provocando chasquidos irritados de parte de la cosa.
Retsu.
Shirou jadeo, una vez que el sexto sello se encontraba completo. Quedaban tan solo unos tres... Eso, y esperar a que funcionara.
CLANG! CLANG!
"¡¿?!" Vino antes de que pudiera reaccionar. No un zarcillo, sino que un torrente entero se extendió contra él con las intenciones de embestirlo al mismo estilo de un martillo, y el golpe conecto, enviándolo hacia atrás con nuevos cortes en el vientre al no haber conseguido bloquear por completo.
"... Ughh... Ugh.." Shirou ignoró el dolor punzante de las heridas infringidas, y se deslizó hacia la derecha antes de que fuera a terminar por recibir una segunda embestida igual.
'No pienses. Actua.' Cuando un tercer intento se alzó con intenciones de alcanzarlo, estaba listo.
Rodó por el suelo, descargando un tajo contra la sección más vulnerable del zarcillo, cercenando el extremo antes de realizar una voltereta para atrás. Aprovechando el impulso, desvió un segundo zarcillo con una punta forcada mientras terminaba el séptimo sello.
Zai.
El filo de la espada comenzó a brillar de un blanco puro que hizo estremecerse a la entidad lo suficiente para que retrocediera, pero no sin antes descargar múltiples espadas contra el.
CLANG! CLANG! CLANG!
Shirou las repelió duramente, antes de jadear por el esfuerzo y extender una de sus palmas en paralelo a la mano que seguía sosteniendo el mango de la espada.
Jin.
El brillo vio su intensidad aumentarse de tal modo, que casi le hizo cerrar los ojos. Podía olerlo también; una corriente luminosa arremolinada en torno de la espada en perfecta armonía, formando una onda que repelía la influencia negra de la cosa en el pasillo, misma que parecía retraerse como en presencia de un animal venenoso.
El vórtice se agitó una vez más, antes de comenzar a despedir su propia presión. Un estruendo estridente y concentrado que moldeó su forma en un haz de nubes ensangrentadas, donde fragmento tras fragmento de metal quedaba fundido en un anillo que cortaba el mismo aire. Todo mientras que las cuchillas de docenas de espadas surgian de este, como los colmillos de una bestia famélica.
Entonces se alzó. Como impulsada por un resorte inmenso... La inmensa masa de energía mágica corrupta y remanentes sin sentido se abalanzó contra Shirou, buscando aplastarlo sobre su peso y triturarlo con el arsenal de su cuerpo, justo al mismo tiempo que la puerta del elevador se abrió...
"¡NO!" El grito angustiado de Kiritsugu fue lo último que Shirou escuchó antes de deslizarse por debajo de la entidad, con el último sello golpeándose contra el mango de la espada.
Zen.
"¡Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!" Shirou bramo, hundiendo el filo de la espada hasta donde pudo, y entonces...
El filo penetró la piel que no existía. Atravesó los huesos que jamás habían sido conjurados. Cortó limpiamente el metal y la madera que lo conformaban, y la espada que había sido forjada para jamás fallar encontró su objetivo apenas destrozo el núcleo que no podría haber sido alcanzado de otra forma.
El alarido de la cosa resonó con una fuerza inhumana. Fue una reverberación que sacudió las paredes, arrancando astillas del concreto y quebrando los mismos vidrios protegidos por la barrera que le había impedido escapar por la ventana. La energía oscura brotó en torrentes, serpenteando como bestias desesperadas que buscaban huir de su destino inevitable. Pero no había escape, no para la condena que pesaba sobre su existencia.
La vorágine lo consumió. Se retorció en el torbellino de su propio ser, desgarrándose con chillidos que resonaban como acero contra acero. La forma espectral de M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅAse agitó dentro del remolino de sombras, sus contornos retorciéndose en una lucha imposible, extendiendo garras que se desvanecían al contacto con la katana. Su esencia golpeó la barrera del sello, una y otra vez, como si con pura furia pudiera romper la sentencia impuesta sobre su existencia.
Cada intento de liberación generaba un estallido de chispas malditas que se disipaban en el aire, mientras la presencia de M̷̧̭͍̥̣͎̻̙̭̘͕̯͛̈̆͛̒̀̎͐̓͑͑͒̐̐̚U̶̢̨̧̞͇̺̞̦̦̟̳̪̙̰̺̥̼͂̐̓͒̑̓͗̓̀̍̕͘͝͝͝Ȓ̸̢̳̱͎͇͍͔̉̕͜A̶̢̢̢̛̯̱̥̭̹̜̎̾̏̑̑̍͗̈́͌̒̈́̆̓̊̎͂Ṁ̴̛̭̬͓̰̙̲̫̳͙̽͂̒̍̍̚̚͠A̸̝̝̜̟̥̗̖̝͙͇̦̭̎̽̾̍̈́̈́̾̇̀̐̂̒͋̚ͅS̶̛̤̙̘͉̋̈́̓̽̂̒͗͗́̊̓̕̚̕͠Ą̵̻͖̺̝̀̈́͝ͅA emitía rugidos de agonía y furia. Era como si su misma alma ardiera al ser contenida, rechinando, resistiéndose hasta el último momento antes de ser absorbida por completo en la katana. Esta tembló en la mano de Shirou, el filo vibrando como si contuviera la voluntad de un demonio atrapado en una celda demasiado estrecha. La presión era sofocante, como si el mismísimo aire se hubiera convertido en plomo.
Los espectadores permanecieron en un mutismo helado, los ojos desorbitados, incapaces de procesar lo que estaban viendo. Kiritsugu, con los nudillos blancos por la tensión. Touko, temblando en sus labios entreabiertos. Shiki y Mikiya, congelados como si el tiempo se hubiera detenido para ellos. Tenzou, con su mirada inscrutable, la postura firme pero el aura de quien también estaba presenciando lo imposible.
Shirou, apenas consciente, sintió un peso inmenso hundiéndose en su mente. Sus ojos abiertos miraron el vacío, pero en su interior era arrastrado hacia un abismo de memorias ajenas.
Hombres con ropas de tiempos antiguos, kimonos de seda y armaduras lacadas, eran consumidos por la locura. En salones de tatami iluminados por faroles de papel, sus gritos se entremezclaban con el sonido de la carne siendo desgarrada y la madera salpicada de sangre. En campos de batalla cubiertos de neblina, las espadas se alzaban para destrozar, y los guerreros, al final, se volvían contra sí mismos, hundiendo sus hojas en sus propios vientres en un frenesí desesperado.
Luego, hombres armados irrumpían en casas de linajes antiguos, arrancando las espadas de manos temblorosas. Golpeaban a los herederos, sin piedad, mientras arrojaban las katanas a las llamas, sus filos retorciéndose en el calor, liberando un eco de sufrimiento atrapado por generaciones.
Un riachuelo cruzaba la escena. Su superficie reflejaba la luna, impasible, hasta que una hoja de acero descendía sin misericordia, cortando en dos las hojas que flotaban en su cauce. La división era perfecta, absoluta. Como si el agua misma reconociera la sentencia dictada por la hoja.
Y entonces, en la penumbra de una forja, un hombre de cabello negro martilleaba sin descanso. Golpe tras golpe, el metal se deformaba, tomaba forma, adquiría un destino. Finalmente, el hombre levantó la cabeza.
Shirou contuvo el aliento. Lo reconoció.
Era él mismo.
Pero mayor. Su rostro, endurecido por los años, con cabello negro azabache en lugar del rojizo reflejo al que estaba acostumbrado. Y sin embargo, sus ojos seguían siendo los mismos: ámbar, ardientes, inquebrantables.
Entonces, el fuego y el metal lo consumieron todo.
Y la voz. Grave. Monstruosa.
"SANGRE DE MI SANGRE." Bramó la cosa en su agonía final.
Las llamas negras se alzaron una última vez antes de disiparse por completo en la hoja de la katana. El símbolo de su dominio absoluto se grabó en el acero con una línea carmesí que pulsó una vez... Y luego, silencio.
El edificio dejó de temblar. La presión opresiva cedió. Pero la calma que quedó atrás no fue aliviante, sino densa y sepulcral. Como la quietud tras el estruendo de una tormenta que ha arrasado con todo.
Shirou vaciló. Sus piernas flaquearon, y con un último suspiro entrecortado, se desplomó sobre el suelo, sujeta en su mano temblorosa la espada mientras su aliento se volvia errático a la par que su pecho se alzaba y caía con esfuerzo.
Desde la penumbra, una silueta observó lo ocurrido en un mutismo absoluto. Araya, con su usual inexpresividad, pero con el brillo fugaz de incredulidad en sus ojos oscuros. Sus musculos se tensaron, mientras su mente se debatía entre la frialdad analítica y la imposible conclusión que sus propios sentidos le imponían.
"Imposible".
Fue la única palabra que cruzó su mente mientras, sin decir nada, giraba sobre sus talones y se desvanecía en la sombra, dejando atrás el eco de lo inconcebible.
A/N: Hemos llegado a la cuenta final. Una vez que ese capitulo sea publicado, lo unico que queda del libro son unos dieciseis y un epilogo. Buena parte de estos, comenzaran a armar las lineas de trama que he estado tejiendo a lo largo de la historia... Y entonces las quemaran en un impresionante despliegue de violencia encarnizada.
Actualmente, llevo ocho de esos capitulos escritos a modo de guion, y el primero de estos tiene partes escritas ya. Sera liberado a eso de mediados de Marzo, si todo sale bien. Y de ahi, el resto poco a poco. Pero hasta ahi.
Antes de Noviembre de este año, no habra mas Libro 1. Ha sido una experiencia que me ha ayudado mucho a aprender, y he disfrutado de escribir, pero tambien se ha vuelto un ancla que me impide explorar mas el resto de este mundo.
Han sido cuatro buenos años, pero no pienso volverlo cinco.
Muchas gracias a todos, por haberme acompañado todo este tiempo.
Espero hayan disfrutado este capitulo, y nos vemos hasta la proxima.
- Yima.
28/02/2025.
