16. Tren
Aziraphale se sonroja un poco cuando se sienta junto a Crowley sin atreverse a mirarle, pensando en si… ¿debería empezar a llamarle Anthony a partir de ahora? Bueno, o sea, Antonieta mientas llevaba ese vestido, pero… su relación había pasado a otro término, ¿no?
Tal vez ahora serían los Fell. Anthony y Aziraphale Fell… no sonaba mal. O tal vez los Crowley. Anthony y Aziraphale Crowley. Eso era raro, porque además le gustaba como sonaba el "Crowley" pues como nombre de Crowley. ¿Podría convertirse en una especie de apodo de cariño?
Nina hace a los caballos cruzar los cafetales por el camino principal, mirando a los otros dos de reojo y queriendo aclarar las mismas dudas de Asmodeo en el desayuno, pero sin saber del todo como sacar el tema ahora sin sonar cotilla.
Crowley bufa un poco, de brazos cruzados y un poco atufado, aunque ahora que ya no están Maggie y Asmodeo, esto se ha vuelto un poco más fácil… tal vez cuando lleguen al tren y estén ambos solos puedan volver a hablar de todo este asunto, especialmente de eso de las sábanas.
Así que cada uno en su mundo hacen todo el camino en silencio y la verdad es que tienen suerte en las taquillas, Aziraphale compra un par de billetes haciéndose un poco de lío con los nombres, pero nadie parece reconocerle o estar interesado en hacerlo.
Aziraphale se despide de Nina. Crowley hace un gesto suave con la cabeza con el mismo fin pidiéndole que sobre todo cuide de Bentley.
Cuando al fin están en el andén esperando el tren, Crowley saca de su bolso la planta en un tiesto para que tome el sol.
Aziraphale parpadea con eso.
—¿Qué haces? ¿Te has traído la estúpida planta? —protesta.
—Ya he dejado a Bentley ahí, no iba a dejar esto también —protesta el pelirrojo de vuelta.
—Es solo una planta, ¿qué iba a pasarle?
—No es lo que a ella vaya a pasarle, es lo que vaya a pasarme a mi —se encoge de hombros.
—¿Qué planeas que vaya a pasarte a ti? —ojos en blanco.
—Planear: nada, pero yendo contigo uno no puede estar seguro... —le mira de reojo.
—¿Perdona? —frunce el ceño—. Ir conmigo es completamente seguro.
—Hasta que revientas un casino...
—¡No reventé el casino! Y se supone que no deben reconocernos. Tú eres el único loco en Estados Unidos que va por ahí con una planta en un tiesto.
—Ay, claro que no.
—¿A cuánta gente más has visto que haga esto?
—A todos. Esta es la moda —sonríe burlonamente.
Ojos en blanco de Aziraphale otra vez, pero sonríe un poquito porque le cae bien y... ¿acaso no parecen una pareja de casados? mira, su primera pelea de enamorados.
—¿De qué te ríes? —pregunta Crowley mirándole de reojo cuando ve que pone esa cara.
—¿Reírme?
—Pues no sé sonríes así, como… —entrecierra los ojos buscando un ejemplo que lo ilustre y Aziraphale sonroja de golpe con esa acusación.
—Ay, claro que no —replica carraspeando e intentando ponerse muy serio.
—Hombre… ¿En qué pensabas?
—¡En nada! ¡No pensaba en nada! ¿Por qué iba a estar pensando en algo? ¿Acaso tú estabas pensando en algo? ¿En qué pensabas tú? ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh? —pregunta en tensión, un poco agresivo.
—¿Y-Yo? —parpadea y vacila un poco porque le parece que está sobre reaccionando un poco.
—Sí. Tú. ¿No estabas pensando en nada? ¿Lo ves? No hace falta estar pensando en nada —se ríe un poco de nervios, exageradamente y sin mirarle.
—Mmmm… vale —responde a eso, no muy seguro.
—¿Vale qué? —le mira de reojo.
—Vale… vale. Te has puesto raro de repente. O sea, más raro de lo normal —explica.
—¡Claro que no me he puesto raro! ¿¡De qué hablas!? —chilla.
—Me estás gritando, Fell —le mira.
—No te estoy gritando —vuelve a sonrojarse a mirar al frente—. C-creo que no deberías llamarme así ahora —cambia el tema.
—Ehm —Crowley vacila un poco por qué bien que lo sabe, pero eso no quita que le incomode un poco—. ¿Cómo quieres que te llame?
—Pues no lo sé, pero nadie se va a creer que estamos c-casados si me llamas por mi apellido… A-Anthony — responde sin mirarle, cruzándose de brazos.
—Antonia, debería ser —se burla un poco y Aziraphale le fulmina un poco.
—Antonia, querida —replica y Crowley traga saliva.
—¿Cómo quieres que te llame entonces? —pregunta el pelirrojo. Y Aziraphale se sonroja un poco porque "ángel" le parecía muy bonito, pero no se atreve a decírselo.
—Pues Aziraphale, por lo menos —replica.
—Creo que tendríamos que inventarnos nombres falsos —comenta pensando en ello—. O sea, yo, da un poco igual porque es un nombre de chica, pero el apellido por ejemplo… o tú nombre es demasiado poco común.
—Pues hasta un caballo tenemos que se llama así —replica mirándole de reojo—. Pero vale, yo seré Francis.
—Mi apellido podría ser Crawly —propone pensándolo—. Aunque suena como a arrastrado.
—Suena exactamente igual que Crowley. ¿No quieres mejor llamarte Asmodeo? ¿O Mefistófeles? —le mira, tan sarcástico.
—Asthoret —replica sonriendo de ladito y Aziraphale vuelve a fulminarle.
—Sí tiene que ser el apellido de ambos será mejor algo más neutral.
—¿Neutral? Francis y Antonia Neutral —se lo piensa.
—No seas tonto, no me refiero a neutral literalmente.
—¿Entonces? ¿Antonia y Francis Station? ¿Antonia y Francis Platform? —propone.
—Ojalá fuera algo que no estuvieras viendo ahora mismo —protesta otra vez.
—Antonia y Francis Know-it-all —se burla.
—Ja. Ja. Ja —sigue, sarcástico—. Y sería Francis y Antonia.
—No es como que tú estés proponiendo algo mejor —le acusa de vuelta.
—Pues no lo sé, ¿Cómo se llamaba tu madre? —pregunta el rubio.
—No vamos a tener el apellido de mi madre —le mira de reojo.
—¿Por qué no?
—Pues porque no vamos a tener un apellido escocés y que tú vayas por ahí diciendo "howdy" a todo el mundo de esa manera —responde como si fuera obvio.
—Pues no vamos a llamarnos Archangel, es peor aún que Fell para reconocernos —replica.
—No, definitivamente no vamos a llamarnos Archangel —asegura cuando el tren entra en la estación. La falda y el pelo se le revuelven un poco con el viento y se pone de pie, sujetando su planta entre los brazos como si fuera un bebé.
Aziraphale se levanta a su lado tomando su bolsa de mano también y sujetando su sombrero y se acerca al escalón para subirse al tren primero, ofreciéndole la mano después.
Crowley inclina un poco la cabeza y lo que hace es pasarle la planta porque aún no tiene todo claro en la mente que debe comportarse como una señorita y luego se sube tras él como si nada, escupiendo en el suelo de la estación algo que se le ha metido en la boca.
—Querida… procura ser más delicada, por favor —le riñe el rubio, mirando de reojo al resto de pasajeros en el pasillito estrecho del tren acomodándose en sus asientos.
—¿Qué? Ah, sí, lo que sea —le quita importancia y camina por el vagón hasta llegar a un compartimento vacío—. ¿Sabes que una vez me colé en uno de estos mientras estaba en marcha? —le cuenta echándose desparramado sobre el asiento de tela verde fea y polvorienta.
—¿Cómo? —Aziraphale acomoda su bolsa de cuero en el portamaletas de red que hay sobre los asientos y se sienta pulcramente frente a él.
—Con mucha fe, muchos huevos y mucha MUCHA suerte —sonríe de lado.
—Pero… —inclina la cabeza.
—Estábamos… la verdad, visto en retrospectiva todo fue una estupidez de niñatos. Atraparon a uno de los nuestros y lo metieron en el tren que iba hacia el norte… A Ambarino o qué sé yo a donde.
—Oh —Aziraphale levanta las cejas con ese relato, interesado—. ¿Lo perseguisteis cabalgando por una llanura? —pregunta imaginándose lo que relatan en los libros.
—¿Qué? ¡Claro que no! ¿Cuánto crees que puede correr un caballo? —le mira de reojo—. En realidad, tuvimos suerte, el tren pasa por un montón de montañas heladas y de bosques complicados, así que siempre tiene que ir muy lento en ese trayecto.
—Ah, ehm… ¿entonces? —responde un poco regañado porque a menudo la realidad no concuerda con las historias y siempre parece tener que darse cuenta de la manera más vergonzosa.
—Todo pasó muy rápido y antes de que nos diéramos cuenta estábamos cabalgando con el culo helado entre la nieve para adelantar al tren por un atajo de mierda que no sé quién se sopló sobre la marcha, pero el caso es que funcionó.
—¿L-Lo hizo? —vacila con la boca abierta.
—Sí, las vías del tren siempre tienen que dar un montón de vueltas porque los trenes no pueden subir las cuestas que son empinadas, pero los caballos si pueden, así que logramos llegar antes y emboscarlo.
—¿Emboscasteis un tren?
—Pues… más o menos. La mayoría acabo cayéndose del caballo al intentar saltar, o haciéndose daño. Parece mucho más fácil de lo que es —explica haciendo movimientos con las manos.
—Oh… ¿Y os disparaban desde el tren? —pregunta, sentado al bordecito del asiento, porque todo esto suena súper emocionante.
—¿Qué? ¡No! ¿Por qué iban a dispararnos? —frunce un poco el ceño escandalizado, porque ¡solo faltaba!
—Pues ¡porque estabais emboscando un tren! —exclama.
—Nah, la mayoría de los pasajeros creo que ni se enteraron. De hecho, casi nadie logró subir, entre los que se cagaron y los que se hicieron daño…
—Esto parece… más… ehm… diferente en los libros —vacila sin saber cómo explicarlo.
—Eso es porque nadie quiere leer una historia sobre incompetentes—se encoge de hombros.
—Pero tú sí lo lograste —sonríe de ladito.
—Y casi pierdo a Bentley por ello —suspira.
—¿Por? —vuelve a sorprenderse.
—Bueno, por inconsciente… logré levantarme de pie en su lomo, cual equilibrista circense e impulsado por la confianza en mí mismo es que acabé por saltar —explica estirando los brazos como si estuviera manteniendo el equilibrio con ello—. De verdad, es como la cosa más estúpida que he hecho en mi vida y mira que he hecho unas cuantas.
—¿Y entonces?
—Pues Bentley, obviamente, no pudo seguir el tren. Así que se quedó ahí atrás y cuando semanas después logré encontrar de nuevo el lugar me pasé días buscándola por toda la montaña.
—Pero… ¿Y en el tren?
—Pues nada, tuvimos igualmente que llegar todos a ese estúpido pueblo de montaña a donde iba el tren y recuperar al idiota una vez estuvimos ahí porque no teníamos un plan de mierda de nada y no es una buena idea saltar de un tren en marcha.
—O sea… pero y ¿por qué no fuisteis directamente al pueblo? —inclina la cabeza.
—¿A mí me estás preguntando? —le mira por encima de las gafas de sol. Aziraphale se humedece los labios con eso e igualmente le parece bastante impresionante haber emboscado un tren, aunque definitivamente sí parece algo sumamente peligroso y estúpido.
—En realidad, me gustan estas historias —admite sonriendo un poco.
—Sí, bueno, ya me imagino… —le sonríe un poquito de vuelta sin darse cuenta.
—Ehm… —se sonroja y aparta la mirada sin poder evitarlo, vacilando. Crowley carraspea y se acomoda de nuevo en su asiento, desparramándose hacia el otro lado vacilando también.
Ambos empiezan a hablar de nuevo a la vez y hay una pequeña discusión sobre quien toma la palabra.
Siendo finalmente Aziaphale el vencedor y cediéndole la palabra a Crowley que pretendía hacer un chiste sobre que ayer le pidió que le contara una historia y estar ambos en la cama, pero ahora le incomoda sacar este tema.
—Uhm… No, bueno, que ¿qué le vas a decir al abogado? —pregunta el pelirrojo finalmente, cambiando de tema.
—Ah… Pues pretendía preguntarle por ti —baja la cabeza.
—¿Por mí? —este parpadea.
—Pues para que retiren tus cargos y puedas volver a entrar a New Hannover y Lemoyne sin que la justicia te persiga —explica mirándole a los ojos.
—Pensaba que querías preguntar por lo de las empresas que colaboran con tu tío.
—Sí, o sea… también —aparta la mirada de nuevo porque ahora le interesa más que Crowley pueda ir con él a Saint Denis a vivir con él y a abrazarle en la cama como ayer, que hacer tanta justicia con su tío.
—Además, si preguntas por eso van a saber quién soy — sigue el pelirrojo.
—Pues diremos que se trata de un pariente, tu hermano o algo así —explica porque ¿no habían convenido esto ya?
—Pero es que, aunque me indulten a mí a ti también te están buscando —le recuerda.
—Pues ya lo sé, pero… —Aziraphale le mira porque piensa que de algún modo lo que de verdad importa es esto de Crowley porque claro que su tío va a retirar la orden de búsqueda y captura cuando entienda que todo esto que hace lo está haciendo por la justicia y el bien.
—Pero ¿qué? Lo que te van a pedir, Fell, es pasta.
—Maggie me hizo pensar antes y no había caído en ello… No puedo acceder al banco ahora. No mientras me estén buscando, así que mis cuentas deben estar congeladas —comenta y Crowley aprieta los ojos porque tampoco había pensado en ello.
—Hay que pensar en cómo hacer que te diga lo que necesitamos para desenmascarar a tu tío. Es la única manera de que retiren tu búsqueda.
—Es que… Crowley, no sé si va a querer decirme nada si él mismo forma parte de toda esta organización.
—No, no, Fell, no te acojones ahora —se tensa con eso, incorporándose hacia él otra vez y tiende las manos hacia él—. Escucha, hay… maneras, hay otras opciones, alternativas.
—¿Cómo qué? —le mira y le tienta tomarle las manos, pero se sonroja y no se atreve.
—Aún podemos… Tu orden es de búsqueda para llevarte frente a tu tío, no para cumplir condena. Eres un hombre inocente, no mataste a Muriel. Tú tío va a tener que demostrarlo frente a un juicio primero para que te condenen.
—Ah, nada, pues qué alivio… —protesta sarcásticamente.
Crowley traga saliva porque en realidad con un abogado y un juez comprado, Aziraphale no tiene nada que hacer. Se inventarán una carta de Muriel acusándole de ser un mal marido y no quererla y no acostarse con él, cosa de la que además deben tener testigos… y pondrán las huellas de Aziraphale en un vial de veneno tirado por ahí o cualquier cosa parecida.
—Es que no sé para qué estamos yendo entonces. Ni siquiera estoy seguro de a qué se dedican las empresas MorningStar de manera oficial más que a esto —suspira, derrotado.
—Tal vez deberías ir con intención de contratar los servicios de la empresa. Los reales. Como si fueras un magnate con los que se suele codear tu tío —propone otra vez, porque sigue pareciéndole la mejor solución, aunque ya sabe que se va a negar.
—No, no, no. No puedo perpetrar la corrupción. Mi tío entenderá porque estoy haciendo esto y retirará las acusaciones cuando vea que todo es por el bien y la justicia—asegura, asintiendo con la cabeza, muy seguro.
—¿En qué mundo vives, Aziraphale? —se echa un poco atrás.
—Lo hará, es lo sensato. No tenemos que preocuparnos de esa parte —sentencia.
Crowley le mira con incredulidad y pensando que esto va a ser un desastre. ¿Cómo alguien tan inteligente puede ser tan estúpido?
—¿No fue él quien te metió en esto en primer lugar sin ningún escrúpulo?
—Sí, pero ahora pienso que tal vez él pueda recapacitar y arrepentirse… y regresar al camino del señor.
Crowley se queda sin habla unos instantes porque literalmente hay poco que alegarle a eso. O más bien hay mucho y no sabe ni por dónde empezar.
Aziraphale le mira de reojo pensando que bueno, él no piensa ser el que vaya a contratar unos sicarios, pero si alguien más lo hiciera en su lugar solo porque él se ha puesto testarudo sería genuinamente amable de su parte y tal vez una prueba verdadera de amor para salvarle.
Crowley vacila con esto porque es que joder, va a tener que hacerlo él. Aprieta los ojos. Va a tener que meterse en la conversación con el abogado y hacerle callar para contratar a los Diablos solo porque este imbécil se ha puesto testarudo.
—Y ya sé lo que me vas a decir, así que no lo digas —añade y se sonroja un poco sonriendo de latido.
—¿Qué te voy a decir? —Crowley le mira de reojo, porque estaba en otra línea de pensamiento.
—Pues que es muy cínico que yo hable del camino del señor después de… L-Lo que pasó, pero no es lo mismo y estoy seguro de que el señor entenderá —sigue, sin mirarle, barbilla levantada.
—¿Lo que pasó? —inclina la cabeza—. ¿Lo que pasó de qué?
—¡Pues... ya lo sabes! —protesta mirándole, está claro que debe estar haciendo esto a propósito para molestarle ahora, sonríe levemente porque en realidad disfruta de pelear un poquito con él.
—Uhm… Han pasado bastantes cosas últimamente, ¿sabes? —sonríe también en espejo, aunque no está entendiendo del todo.
—No que hagan que yo sea cínico hablando de los caminos de nuestro señor —mirada de circunstancias.
—Oh, claro que sí —se ríe un poco Crowley.
—¿Qué? ¡Claro que no! —parpadea, perdiéndose ahora él.
—¿Quieres que te enumere unas cuantas? —se burla un poco, levantando los dedos.
—¡Crowley! —protesta, apretando los ojos porque está cambiando de tema.
—Vale, vale —Crowley levanta las manos inocentemente sin dejar de sonreír.
—¿Por lo menos me vas a decir… algo? —Aziraphale le mira de reojo, aun sonrojadito.
—¿Algo de qué?
—¡Pues a ti qué te parece!
—¿Sabes? Sí hay algo de lo que quería preguntarte —decide de repente Crowley cambiando el tema.
—Sí qué me gustó, pero habría preferido que me dijeras lo que ibas a hacer —asegura Aziraphale sin mirarle.
Otra vez Crowley parpadea sin saber de lo que habla.
—¿Qué? No, escucha —sacude la cabeza un poco de lado a lado.
—Mjm? —le mira de reojito.
—Ah… Uhm… O sea, sin darle más importancia a esto de la que tiene… —empieza, vacilando y Aziraphale sonríe un poquito porque ahora sí parecen estar en la misma página, Crowley le mira por encima de las gafas.
—¿Sí? —pregunta con cierta voz relamida.
—Oscar… —suelta sin anestesia y Aziraphale debería haber estado tomando un té para poder escupirlo en este momento.
Crowley se vuelve a echar hacia atrás en su asiento en actitud de "todo esto es casual y solo te estoy preguntando por hacer conversación. No te lo tomes tan en serio, Fell"
—¿Q-Qué? —pregunta el rubio atragantándose un poco.
—Pues… eso digo yo. ¿Qué? —le mira de reojito sin cambiar de postura.
—Eh… Él era… un amigo —explica apartando la mirada, visiblemente incómodo y buscando algo que hacer con las manos ahora.
Crowley se baja más las gafas de sol para hacer su mirada más intensa y Aziraphale carraspea.
—Entonces… creo que Maggie ha hecho un buen trabajo con los disfraces, ¿no es así? —pregunta cambiando el tema y levantándose para darle la espalda, fingiendo buscar algo en su bolsa.
—Hay muchas personas que son tus amigos —ignora el cambio de tema—. Estoy seguro de que a mí me presentarías igual, si es que acaso llego a eso.
Aziraphale le mira con la boca abierta de incredulidad con eso.
—¡Claro que no!
—¿No? ¿Conocidos lejanos? —se burla un poco. Aziraphale le fulmina un poco y Crowley sube los pies al asiento de delante de él junto a donde el rubio estaba sentado.
—Para ser mi amigo, para empezar, deberías caerme bien —asegura y mira a sus pies con desaprobación.
—Y lo hago —responde igual y aparta los pies de todos modos, bajándolos de nuevo al suelo.
Aziraphale vuelve a sentarse, todo estirado y levanta la mesita plegable del vagón, con una baraja de cartas en las manos.
—¿Entonces? —insiste Crowley viendo lo que hace con las cartas.
—¿Quieres jugar? —vuelve a cambiar el tema estirándolas sobre la mesa.
—Quiero que me cuentes —le mira intensamente.
—No sé qué es lo que despierta tanto interés. Solo era un amigo que conocí y que luego se fue a vivir a Europa y del que no he vuelto a saber desde entonces —resume repartiéndose cartas a los dos.
—¿Nada? ¿Ni siquiera como amigos por correspondencia? —Pregunta Crowley incorporándose para ir a tomar sus cartas—. Pareces la clase de persona que se habría corrido con la idea de tener un amigo por correspondencia en Europa.
Aziraphale le fulmina, porque probablemente esa es la parte que más le jode de todo este asunto de que no le responda a las cartas.
—Ni siquiera éramos tan amigos —miente, sacando sus gafitas y mirando sus cartas.
—Nadie nunca es tan amigo tuyo —vuelve a burlarse y se descarta de tres cartas.
Aziraphale le fulmina un poco por encima de sus gafitas y toma como dos cartas más sin descartarse de nada.
—¿Me vas a decir que no? —inclina la cabeza tomando otras tres cartas y mirándolas.
—¿Es esto alguna clase de reclamo? —pregunta mirándole por encima de las suyas, ordenándolas de otro modo y tomando tres cartas más. Apartando algunas.
—Lo que digo es que usas esa palabra de forma tan aleatoria que ya no tiene sentido —se encoge de hombros y la verdad hay ahí un movimiento raro de muñeca con las cartas.
Aziraphale pone los ojos en blanco con eso y toma como cuatro cartas más. Crowley parpadea un poco porque ¿qué hace con tantas cartas en las manos?
—Ehm… Póker —muestra su mano.
—¿Qué? —Aziraphale mira lo que le enseña.
—Pues… Póker. ¿Qué tienes tú además de un cinismo impresionante haciendo trampas? —señala las cartas en sus manos.
—No estamos jugando al póker —replica Aziraphale.
—Quizás debiste decirme esto antes —ofrece Crowley.
—Pensaba que era obvio que no sé jugar al póker.
—Ni historias de exnovios ni juegos de cartas decentes —bufa el pelirrojo.
—A lo mejor puedes contarme tú de tus exnovios —ofrece el rubio con cierta aura oscura a su alrededor. Crowley se queda con la boca abierta unos instantes con eso.
—¿C-Cómo dices que se llama este juego tan encantador? —carraspea volviendo a tomar sus cartas y Aziraphale suspira dispuesto a enseñarle las normas.
