AVISO IMPORTANTE: En este capítulo os vais a topar con una escena que, al menos a mi parecer, puede considerarse como Non-con (non-consensual, no consentido). No es nada violento, pero aún así creo que puede llegar a entrar en esa categoría.
—Tienes que admitir que dijiste una gilipollez —le dice Isabela, pasándole nuevamente la lata de cerveza. Honeymaren no pierde tiempo para agarrarla y dar un largo trago, dejando menos de la mitad del licor. Mientras se seca los labios bruscamente con el dorso de la mano, le intenta pasar de regreso la bebida a Isabela, pero ella le indica que ya no quiere.
—Ya sé que fue una gilipollez, pero ya está hecho, ¿qué hago yo? —soltó bruscamente, aún con la rabia nublando su cabeza. Le da otro largo trago a la cerveza y cuando se la acaba aplasta la lata y la deja a su lado en el suelo—. De verdad pensé que no me afectaría tanto, pero es que no pude contenerme en lo absoluto.
Se quedan un buen rato en silencio, no se escucha nada aparte del tráfico de la noche y algunas conversaciones lejanas de la poca gente que quedaba en la calle. Isabela se pasa una mano por el cabello mientras que Honeymaren gruñe frustrada.
—¿¡Cómo es que a ti no te afecta!? ¡Llevas mucho más tiempo que yo enamorada de Elsa!
Isabela se hunde en hombros. —Supongo que ya estoy acostumbrada... supongo, también que, a diferencia de alguien —añade lo último mirando acusatoriamente a Honeymaren—, tengo bien asumido que no va a pasar nada entre nosotras. No le gusto a Elsa, al menos no lo suficiente para tener una relación seria con ella.. y, aunque te duela Honeymaren, tú tampoco le gustas de esa manera.
—Lo sé —gruñe en respuesta.
—Tal vez en alguna ocasión se planteó tener un rollo de una noche con alguna de nosotras, pero jamás algo más serio.
—Que ya lo sé, joder.
—Y ahora tiene novio, un novio que le gusta mucho.
Honeymaren termina dándole un leve golpe en las piernas a Isabela, es a dónde llega teniendo en cuenta que está sentada en el suelo. —¡Que ya lo sé! ¿¡Cuál es tu punto!?
Isabela rueda los ojos. —Pues que te olvides de ella y madures, obviamente.
—¡Eso es lo que intento! —asegura de inmediato, pero a Isabela le basta con alzar las cejas para darle entender que no había nadie que se creyera eso. Honeymaren aprieta con rabia los puños por unos segundos antes de suspirar pesadamente y recargar la espalda contra la pared mientras pasa ambas manos por su rostro y su cabello—. ¿Sería muy infantil si la evito por un tiempo? Creo que necesito algo de espacio.
—Si lo haces sin dar explicación alguna, sí —responde con simpleza, hundiéndose en hombros—. Sabes como es Elsa, lo va a entender, pero al menos tienes que disculparte bien y hablar con ella como una persona normal. Tal vez incluso sea tan amable como para no pedirte que te disculpes directamente con... ¿cómo lo llamaste? ¿Harold?
Honeymaren no pudo evitar apretar con rabia los dientes. —Tienes que admitir que es mucho mejor nombre que Hiccup, ¿qué clase de nombre es Hiccup? ¿Sus padres querían dejarle claro desde el primer día que no lo querían?
Para su alivio, Isabela se ríe abiertamente y con muchas ganas de las crueles bromas que suelta en contra de la nueva pareja de su amiga. Incluso llega a ver como Isabela se da unas cuantas palmadas contra la pierna mientras sigue riéndose por sus tontas bromas llenas de rabia y celos contenidos. Pero, por algún motivo que no llega a comprender, cuando Isabela está terminando de reírse, le da un leve empujón en el hombro mientras se aleja de la pared para entrar nuevamente en su departamento.
—Sí, definitivamente necesitáis un tiempo, como llegues a soltar algo por estilo delante de ella creo que se podría llegar a enojar de verdad —le dice con obviedad mientras va levantando las latas de cerveza vacías para tirarlas en el tacho de basura de su cocina. Antes de salir por completo del balcón, se detiene por unos segundos para mirarla con una expresión mucho más seria—. Y no quieres eso, ¿verdad que no, Honeymaren?
Ofendida, Honeymaren responde bruscamente. —¡Pues claro que no! No digas tonterías, ¿quieres?
Isabela rueda los ojos con una sonrisilla un tanto cruel plasmada en su rostro. —Pues como mínimo compórtate, ¿no crees?
Mientras tira su flequillo hacia atrás, Honeymaren resopla frustrada mientras se queda viendo el oscuro cielo nocturno. No encuentra estrella alguna en una noche tan condenadamente nublada y, aunque su instinto le dice lo contrario, quiere convencerse de que eso no es un mal presagio en lo absoluto.
Se remueve en su asiento mientras lo ve conduciendo en completo silencio. Tiene una sola mano en el volante, la otra lleva todo esté tiempo cubriendo levemente sus labios o pasándose bruscamente por su rostro, como si intentara mantenerse despierto cuando en verdad estaba intentando aliviar aunque sea un poco su rabia. Nunca lo había visto de esa manera, sus ojos verdes cubiertos de una sombra que la hacía temblar de pies a cabeza, la mandíbula apretada por tanto tiempo y todo su cuerpo tenso como si estuviera a punto de detenerse solo para destrozar algo con sus propias manos.
Sabía que sus amigos habían sido insoportables aquella noche, que se habían metido demasiado en el papel de intentar intimidarlo un poco, sabía perfectamente que Honeymaren había sido una completa idiota y que tarde o temprano tendría que lidiar con ello. Sabía todo eso por completo, pero aún así le parecía que la actitud que Hiccup estaba demostrando en ese momento era... demasiado.
Se queda pensando, recordando si alguna vez había estado delante de algo similar, preguntándose cómo había reaccionado y cómo debería de reaccionar. Pero por mucho que lo intenta, no recuerda ni una sola pareja que haya llegado a actuar de esa manera... ni siquiera puede recuperar la última pareja que abiertamente le mostró que tenía celos o estaba inseguro con respecto a alguien de su círculo de amigos... No tiene ni idea de cómo debería actuar.
En algún punto, sin que ella se dé cuenta, Hiccup cambia de posición para poder colocar una de sus manos sobre el muslo izquierdo de Elsa. Ella pega un leve brinco al sentir los dedos de su novio apretando su piel, tirando un poco para obligarla a acercarse más. Parece que quiere acariciarla, al subir y bajar su mano lentamente por las zonas a las que llegaba, pero sus movimientos son tan bruscos y su agarre tan tosco que solo logra incomodar más a Elsa. Se cuestiona por unos segundos de si debería de decirle algo, lo que sea, incluso fingir que nada ha pasado y hablarle de cualquier cosa, pero el auto llega a detenerse un momento que Hiccup aprovecha para girar levemente el rostro para mirarla.
Ahora mismo... Hiccup da miedo.
Desvía la mirada, pero en un rápido movimiento él toma su mentón y la obliga a regresar su mirada en su dirección.
—Venga, habla —le ordena bruscamente—. ¿Qué coño ha sido eso?
Su mano baja lentamente, la mayoría de sus dedos dibujan un suave caricia tentadora y dejan un rastro cálido por donde pasan, pero su pulgar descienden bruscamente y presiona con rudeza el centro de su cuello, sacándole un quejido que ni tan siquiera ella sabe distinguir qué emoción dejaba escapar. Abre y cierra la boca sin saber qué decirle, sin saber cómo empezar a explicar todo lo que llegó a pasar en su momento con Honeymaren, todas las tonterías que hizo en el pasado que la llevaron a esta situación.
Hiccup aplica un poco más de presión, sacándole otro quejido que tiene demasiado tintes de placer como para que él pueda contener sus ganas de reírse.
—¿Ves? Torturas y caricias, son lo mismo —le susurra con una voz profunda que logra hacerla temblar por completo. Cierra los ojos por completo, negándose a mirarlo, decidiendo que solo quería concentrarse en cómo se sentía su mano encarcelando su cuello—. Qué rápido te has acostumbrado —lo escucha mascullar, pero algo le dice que en verdad Hiccup no pretendía que ella llegara a oírlo—. Ven aquí —le ordena con brusquedad, sin darle tiempo a reaccionar, sin darle tiempo a darse cuenta que ha desabrochado su cinturón de seguridad, tomándola la cintura y colocándola sobre su regazo como hizo semanas atrás.
El pánico llega mucho antes que la lógica, pega un salto en un intento de alejarse pero Hiccup la retiene con tanta fuerza que apenas puede moverse un centímetro. Quiere seguir peleando contra él, porque hacerlo en medio de la autopista le parece una completa locura, pero cuando se fija en el exterior que las ventanas le dejan ver llega a darse cuenta que Hiccup se había estacionado en una calle que no conocía. Con la oscuridad de la noche y las ventanas tintadas del auto, seguramente ni aunque volvieran los dueños de los carros de al lado en ese momento verían lo que está pasando dentro.
Pero eso no significa que esté cómoda con la idea.
Una de las manos de Hiccup vuelve a su cuello mientras que otra intenta hacerse lugar dentro de sus pantalones. Elsa se remueve como puede para liberarse de su agarre, pero lo poco que consiguió levantarse solo sirvió para que Hiccup pudiera bajar un poco su ropa con mayor facilidad.
Le cubre la boca con una mano mientras entierra dos dedos en su interior, su chillido queda enmudecido bajo su firme agarre. No puede pelear mucho más porque el placer pronto le nubla la mente y sus quejidos y chillidos pronto se convierten en constantes gemidos. Tira la cabeza hacia atrás, recostándose sobre el hombro de su novio, removiéndose entre un placer culposo por sus intensas caricias y su cálido aliento chocando contra su piel cada vez que él repetía la misma frase una y otra vez.
—Eres mía, Elsa, solo mía —gruñe rabioso, metiendo y sacando con violencia sus dedos hasta que está lo suficientemente húmeda para penetrarla. Le libera la boca para poder desabrochar sus pantalones y solo puede gruñir como una bestia cegada por la ira cuando Elsa empieza a pedirle que pare.
—Aquí no —la escucha repetir sin parar—, amor, por favor, aquí no.
No la escucha, se niega por completo a hacerlo, le vuelve a tapar la boca justo antes de enterrarse de una sola estocada por completo en ella. Vuelve a chillar contra su mano, llega a sentir unas cuantas lágrimas mojando su piel, pero eso no lo detiene en lo absoluto, no es la primera ni sería la última vez que había hecho llorar a alguien mientras se lo hacía, no era la primera ni sería la última vez que había hecho llorar a Elsa mientras se lo hacía. Sube y baja las caderas de su novia y la suyas propias a un ritmo torpe y brusco, la posición es tremendamente incómoda, hacerlo en esa postura, en ese lugar, mientras mantenía una mano tapando sus quejas era un calvario, pero se negaba por completo a parar, se negaba a escucharla. Estaba furioso, estaba frustrado... necesitaba desestresarse de una forma u otra, esta era la única forma de hacerlo rápido e inmediato.
Pero lo cierto es que hubiera preferido mil veces volver a ese puñetero departamento, con todos esos cabrones insoportables y molestos. Hubiera preferido mil veces enseñarles a todos esos idiotas por qué la mayoría de gente prefería bajar la cabeza y aceptar sus órdenes. Hubiera preferido ir con esa jodida zorra y reventarle la cabeza contra algún mueble para que aprendiese a no desear lo que le pertenecía a él.
Quería matarla, ni tan siquiera tenía las ganas de primero torturarla, le bastaba con matar a esa desgraciada para estar contento, era todo lo que quería. Tampoco era tanto, ¿verdad?
Frustrado toma las caderas de Elsa con ambas manos, necesita ir más rápido para estar satisfecho. Gruñe encantado y tira la cabeza hacia atrás al oír los agudos gemidos de su precioso angelito, una dura sonrisa se forma en su rostro en el momento que siente sus delicadas manos aferrándose como podían a sus brazos, arañando su piel en un desesperado intento de mantenerse sujeta.
Gime su nombre de una forma tan hermosa que sencillamente lo vuelve loco, le nubla la mente por completo y hace que aumente su velocidad y dureza. Ella se desparrama bruscamente contra su cuerpo al llegar al clímax, pero Hiccup ignora eso también, todavía no ha terminado con ella, todavía le falta mucho para estar satisfecho.
—No tan rápido —la escucha lloriquear con un tono agotado—. Cariño, por favor, ve más despacio.
No le hace caso, incluso hace todo lo contrario. Ella le responde con estridentes gemidos y con una desesperada mano que va hacia su cabello para aferrarse a algo, a cualquier cosa. Ya no se remueve como antes, está demasiado cansada como para seguir haciéndolo, solo puede temblar por completo por todas las caricias y bruscos movimientos de su novio, está recostada casi por completo encima de él, dejándose llevar por lo bien que se sentía su cuerpo, apagando por completo el estrés que hace unos minutos manejaba toda su mente.
Ni siquiera recuerda por qué Hiccup estaba enojado, ni siquiera recuerda del todo bien si estaba enojado o no, si esto era una forma algo extraña de reproche o si sencillamente estaba desesperado y necesitaba hacerlo allí mismo para calmar sus ganas. No puede recordar nada de eso, su mente solo está interesada en aferrarse a todo el placer que recorre cada centímetro de su cuerpo.
Una de las manos de Hiccup se mete bajo su camisa para tomar bruscamente su pecho mientras su boca se dedica a dejar chupetones y mordidas por todo su cuello. Elsa no es capaz de aguantar mucho más, un nuevo orgasmo recorre su cuerpo hasta dejarla completamente cansada y desorientada por el calor que se iba acumulando dentro del vehículo y el ardor que consumía todo su cuerpo.
Suelta un gemido particularmente agudo al sentir las manos de Hiccup forzándola a quedarse completamente quieta mientras él se corre dentro.
La respiración de Hiccup es tan inestable como la suya, estando recostada sobre su pecho, puede sentir a la perfección como este sube y baja a un ritmo caótico. Siente su aliento húmedo chocando contra su cuello levemente irritado al mismo tiempo que las dos manos de su novio terminan dirigiéndose a su cintura.
Intenta levantarse del regazo de su novio, pero Hiccup gruñe y tira de ella nuevamente hacia abajo, haciéndola temblar de pies a cabeza y obligándola a aferrarse al volante para tener algo de equilibrio.
Chilla adolorida cuando Hiccup tira con brusquedad de su cabello para volver a acercarla a su cuerpo, una de sus manos vuelve a rodear su cuello, con mucha más brusquedad que antes.
—¿Eres consciente de que aún no he terminado contigo, verdad? —pregunta con un tono que hace que trague saliva con dificultad y tiemble un poco—. Eres consciente de que cuando lleguemos a casa voy a follarte hasta que te quede claro que solo me perteneces a mí, ¿verdad?
El cuerpo de Elsa tiembla por completo y no sabe cuál es exactamente el sentimiento que le está recorriendo todo el cuerpo. El agarre en su cuello se endurece mientras que la otra mano le da un fuerte azote, entiende de inmediato que Hiccup está esperando por una respuesta clara, por lo que asiente con la cabeza repetidas veces para que no haya duda alguna de que aceptaba cualquier locura que se le ocurriera.
Completamente rendida para lo que quisiera hacer su novio, lo único que se esfuerza en hacer es quitarse el agarre de Hiccup del cuello. Él le gruñe una orden que ni tan siquiera se molesta en intentar entender, solo reniega mientras sigue empujando su mano.
—Estoy incómoda, quiero recostarme bien —explica con una voz infantil y cansada. En cuanto Hiccup, dudoso, la suelta, Elsa se levanta como puede para recolocarse bien la ropa, se echa nuevamente sobre el cuerpo de Hiccup en cuanto él también termina de acomodarse la ropa. Oculta el rostro en su cuello y araña con algo de rabia la camisa de novio,
Aprieta con fuerza los labios y parpadea rápidamente cuando se da cuenta que se le está formando un horrible nudo en la garganta y las ganas de llorar se le acumulan en los ojos. Algo le oprime el corazón porque, cuando se detiene a pensarlo, todo lo que acaba de pasar era demasiado... violento.
No le había gustado, no le había gustado en lo absoluto. Por mucho que su cuerpo disfrutara de las acciones de Hiccup, el hecho de que se hubiera negado a escucharla cuando le dijo que no quería hacerlo en ese momento, el hecho de que se hubiera negado a escucharla cuando le pedía que no fuera tan brusco... no le había gustado en lo absoluto la forma en la que la había tratado, no le estaba gustando en lo absoluto como se estaba comportando en ese momento.
Estaba esperando por alguna caricia, unas avergonzadas disculpas o unos tiernos besos, lo que sea, cualquier cosa que no le hiciera creer que Hiccup no acababa de usarla como un simple objeto en el que correrse.
Se frota el rostro con ambas manos para luego inhalar profundamente. Hiccup apenas se mueve, tiene una mano sosteniendo posesivamente su muslo, de vez en cuando alguno de sus dedos se desvía para trazar perezosas caricias, pero no hay nada más que eso.
Vuelve a intentar levantarse, pero Hiccup gruñe y vuelve a sujetarla para que siga pegada a su cuerpo. En cuanto la regresa a su asiento le da otro azote, uno que deja un desagradable escozor en su piel, aquello termina siendo la gota que rebalsa el vaso para Elsa, por lo que, sin pensarlo en lo absoluto, responde de inmediato dándole una bofetada a su novio, volteándole el rostro.
Hiccup se queda mirando la nada, con unos dedos sobre la piel irritada, incapaz de comprender lo que acaba de pasar. Elsa se mantiene tan firme como puede, no había disfrutado en lo absoluto haber respondido de aquella manera, pero estaba tan furiosa que absolutamente todo le daba igual. Él se había comportado como un completo imbécil, ella tenía derecho a responderle de la misma manera si es que no estaba dispuesto a hablar como personas adultas.
Pero no puede evitar temblar un poco cuando ve esa mirada furiosa.
—¿A qué coño ha venido eso? —le pregunta rabioso, tomándola bruscamente de la muñeca con la que acababa de golpearle, pero Elsa logra zafarse de su agarre para empujarlo y así marcar de distancia.
—¡Eso debería decírtelo yo a ti! —recrimina temblorosa—. ¡Te dije que no quería hacerlo aquí y aún así has seguido!
Suelta un chillido, esta vez mucho más incómodo y rabioso, cuando Hiccup vuelve a meter bruscamente su mano dentro del pantalón de Elsa. La toma de la nuca y deja sus frentes pegadas mientras ella forcejea para liberarse.
—Pues bien que te has corrido, princesita —gruñe contra su rostro mientras forcejea con su novia para lograr tocarla. Gruñe impaciente y aprieta el agarre en la nuca de Elsa cuando se da cuenta que realmente su novia estaba firme en la idea de no dejar que siguiera tocándola.
—¿¡No es obvio que no quiero que me toques!? —le chilla iracunda, dándole otro empujón para tener espacio para abrir la puerta del coche. Logra abrirla lo suficiente para salir, pero Hiccup se apresura de rodearle la cintura con un brazo y apartarla antes de que pudiera escaparse. Pone el seguro a las puertas mientras Elsa intenta escaparse de su agarre y la tira contra el asiento de piloto para tener algo más de control sobre sus acciones.
Pulsando un solo botón, Hiccup hace que el asiento se extienda por completo hacia atrás, por lo que logra ponerse encima de Elsa sin mucho problema. Ella sigue removiéndose bruscamente y empujándolo como puede para que la dejara en paz, Hiccup está odiando esta parte de su angelito, la parte capaz de pelear en contra de sus decisiones y órdenes, la parte que le da una bofetada y le grita irritada.
Sin realmente quererlo, vuelve a compararla con las chicas que trabajan para él, supone que fue tremendamente ingenuo por creer que Elsa sencillamente siempre aceptaría todo lo que él quisiera hacer. Con las chicas del casino podía poner una pistola en su cabeza o dejar que Heather, Ruffnut o Astrid se encargaran de ellas, pero sabe perfectamente que esa no es una opción con Elsa.
La toma de las muñecas con una sola mano para quitarse ese problema de encima, la mano libre la usa para abrir sus piernas y colocarse entre ellas. No va a hacerlo, antes estaba enojado y había provocado que ella reaccionara de esta manera, si se la follaba estando furioso con ella solo conseguiría que Elsa tuviera más que claro que no quiere saber nada más de él. No va a hacerlo, pero quiere dejarle en claro que podría si quisiera, quiere dejarle en claro que puede conseguir lo que quiera mediante la fuerza.
La mira desde arriba, está furiosa, con la respiración agitada y los dientes apretados con rabia. No va a escuchar ninguna excusa ridícula que se le pudiera ocurrir, tampoco es como si en estos momentos tuviera la mente clara como para pensar en las palabras exactas que pudieran calmarla.
Termina suspirando pesadamente y pasándose una mano por el rostro. Hace el amago de soltarle las muñecas pero ella empieza a forcejear de inmediato por lo que decide seguir apretando.
No dice nada, solo se inclina para intentar besar sus labios, ella quita el rostro de inmediato, pero en lugar de enojarse decide simplemente besar su quijada, su mejilla, su cuello. Sus manos intentan removerse para empujarlo, pero Hiccup mantiene su agarre mientras su mano libre dibuja lentas caricias en su cintura.
—Venga, cariño —susurra contra su oído—, no te pongas así conmigo, sabes que siempre te hago sentir como en el cielo.
—Te estoy diciendo que no quiero, déjame en paz —reniega mientras mueve como puede las piernas para por lo menos con eso marcar algo de distancia. Hiccup vuelve a suspirar pesadamente, recuesta su frente por unos segundos sobre el hombro de Elsa mientras piensa seriamente en qué demonios hacer para que se olvide de esta estúpida pelea.
La suelta finalmente y se levanta cuanto puede. Elsa no pierde tiempo en apartarse por completo.
—Abre la puerta, me voy andando —le ordena, mirándolo fijamente con una rabia que lo deja descolocado.
—¿Qué? No, ni de coña —responde de inmediato, deteniéndola en cuanto ve que quiere quitar los seguros de las puertas—. Elsa, ya es muy tarde, no pienso dejarte ir andando sola, ¿estás loca? Es peligroso, te puede pasar algo.
Ella lo mira con una ceja alzada. —Aquí tampoco es muy seguro que digamos.
Hiccup bufa frustrado. —Princesa, por favor, no te pongas así —acuna su rostro para obligarla a verlo a los ojos, ella intenta apartarse pero no le deja—. Vale, vale, tienes razón, soy capullo, soy un idiota, soy un imbécil, soy todo lo que tú digas pero, por favor, quédate aquí, deja que te lleve a casa.
La ve resoplar mientras se aparta por completo, se mueve como puede y termina colocándose en uno de los asientos traseros. Se cruza de brazos y deja la mirada fija en la ventana, se mantiene en un silencio extenso y tan abrumador que Hiccup no sabe qué otra cosa hacer más que quedarse angustiado mirándola fijamente, dudando si insistir en disculparse para conseguir su perdón o quedarse tan callado como ella.
Luego de unos minutos, Elsa chasquea la lengua y lo mira con una ceja alzada. —¿No dijiste que me llevarías a casa? —pregunta de un momento a otro, haciendo que Hiccup se remueve incómodo—. Hazlo.
Hiccup sigue persiguiéndola incluso cuando salen del ascensor.
—¡Creo que tengo derecho a estar celoso si me presentas a una tía que obviamente está interesada en ti! —Llevan ya casi veinte minutos enteros discutiendo, desde que llegaron al edificio e Hiccup intentó volver a disculparse. Había intentado conservar la calma sin importar qué, pero las respuestas crueles de Elsa y su constante expresión de desprecio estaban sacando lo peor de él—. ¡No soy imbécil, Queens, sé perfectamente lo que vi!
—¡Oh, perdona, no había tenido en cuenta que el hecho de que tuvieras inseguridades te daba derecho a seguir cuando te digo que pares! —le grita en respuesta con una voz exageradamente melosa, con una sonrisa amarga extendiéndose por su rostro.
Hiccup retiene las ganas de tirarse del cabello. —¿¡Inseguridades!? ¿¡Quieres que me crea que entre vosotras dos no está ocurriendo nada!?
—¡Quiero que tengas la confianza suficiente de que no te voy a engañar, Hiccup! ¿¡Qué he hecho yo para hacerte creer que voy a meterme con alguien más!?
—¡De quien no confío es de ella! ¿¡Cómo sé yo que no va a hacer nada!?
Una risa cruel se escapa de los labios de Elsa para cuando tiene una mano en el pomo de su puerta, Hiccup se queda quieto delante de ella, reteniendo las ganas que tenía de volver a acorralarla contra la pared y marcar todo su cuerpo para que ningún otro idiota se atreviera a tan siquiera mirar en su dirección. Le enervaba no comprender cómo había llegado a ese punto, aquella misma mañana ella le había dicho por primera vez que lo amaba, y ahora estaban allí, en medio del pasillo, discutiendo por culpa de ese grupo de inútiles que tenía como amigos.
—Oh, cielo, ¿acaso crees que no hace nada ya? —vuelve a quedarse descolocado por sus palabras, siente el cuerpo frío y la furia consumiendo todo su ser—. ¿Acaso crees que no hay gente en mi día a día que intenta hacer algo conmigo? Déjame aclararte algo porque es evidente que estás muy perdido en esta situación, cariño —da unos pasos hacia él, tomándolo del cuello de su camisa para obligarle a bajar un poco la cabeza—. Yo ahora mismo podría tener a quien quisiera en mi cama. Podría ir a la casa de Honeymaren y la tendría entre mis piernas antes de cruzar el marco de la puerta, podría ir con Isabela y estaríamos la puta noche entera. Podría hablar con el idiota de Gastón LeGume que no me deja en paz en el trabajo y lo tendría rogando en mi puerta en menos de cinco minutos. Podría tener a quien se me diera la puta gana, así que la próxima vez que estemos peleando por tus inseguridades de mierda quiero que recuerdes en todo momento que tengo la amabilidad de elegir estar aguantándote en lugar de tener toda esa diversión... así que haz el favor de ser más agradecido, capullo.
Y tras soltar todo eso, suelta bruscamente a Hiccup y se encierra en su departamento tras dar un estridente portazo. Su novio se queda quieto observando fijamente la puerta por la que acaba de desaparecer, con el cuerpo entero temblando por la furia y frustración acumuladas, con los dientes tan duramente apretados que un punzante dolor de cabeza se iba formando lentamente.
Podría entrar en ese momento, tumbar la puñetera puerta y tirarla a la cama, atarla si hacía falta y mostrarle de todas las maneras posibles que solo podía desearlo a él, que solo podía pensar en tenerlo a él, que toda esa gente que mencionó no tenían ni tan siquiera el permiso de existir en el mismo puñetero mundo que ella. Podría entrar en ese momento, enseñarle que tenía dueño, enseñarle que era su propiedad, enseñarle que tenía que olvidarse por completo de cualquier otra persona y que desde ese momento él era lo único que podía existir en su mundo.
Pero se pasa las manos por el rostro e intenta calmar sus violentas ideas.
Tiene ganas de golpear algo, tiene ganas de destrozar algo.
Tiene ganas de matar a alguien.
¿Quién era ese capullo del trabajo que había mencionado? ¿Gastón LeGume?
Sí... él podría servir.
