Hiccup alzó una ceja al ver como su novia entraba en su departamento en medio de una acalorada llamada. Elsa va dejando su chaqueta en el perchero al lado de la puerta y manteniéndose como podía en la conversación.
—Lleva al menos dos semanas enteras sin mostrar su estúpida cara por la oficina, no ha dado ninguna explicación, no responde a ninguna llamada ¡Ni siquiera Lefou sabe dónde diantres está! —sabe de inmediato de quien habla, pero se limita a concentrarse en las caricias a Chimuelo y a disimular un poco su sonrisa cruel—. Ya lo siento si al pobre descerebrado le ha pasado algo realmente grave, eso será algo que tenga que arreglar cuando vuelva a hacer acto de presencia, por el momento necesitamos a alguien que no tenga otros miles de proyectos y obligaciones encima para que se encargue de todo el trabajo que ha dejado olvidado, así que no te lo voy a repetir una vez más. Habla. Con. El. Jefe.
Vaya, todavía nadie se había enterado que algo realmente malo le había pasado a ese imbécil... bueno, qué pena por él.
Chimuelo se escapa de su regazo para ir de salto en salto hasta los brazos de Elsa, que lo recibe gustosamente en cuanto cuelga la llamada.
—Lo engríes demasiado —señala con obviedad, mirándola fijamente con falsa indignación mientras Elsa se encamina para recostarse sobre su pecho en el sofá—. No sueles llegar tan tarde del trabajo, ¿tiene algo que ver con esa llamada? —pregunta con inocencia, como si no fuera él el único culpable de todo lo que estaba ocurriendo.
Elsa reniega mientras oculta el rostro contra el cuello de su novio. —No quiero hablar más del dichoso tema, quiero mimar a Chimuelo y nada más —lloriquea como una niña pequeña, incluso se remueve un poco, provocándole algo de cosquillas a Hiccup, que es incapaz de contenerse las ganas de llenarle el rostro con besos. Está a punto de tomar sus labios cuando su gato se mete para darle unos cuantos golpes leves en la boca para apartarlo.
Incluso le bufa por unos largos segundos, ese melino mimado.
—¡Chimuelo! —lo regaña, y está a punto de sujetarlo del cuello para apartarlo, pero el animal se esconde en el cuello de Elsa, quien, entre risas, lo abraza y le sigue acariciando el lomo—. Por tu culpa ese gato anda faltándome el respeto, lo estás malcriando —la acusa intentando sonar firme, pero siendo incapaz de aguantar las risas.
—No es mi culpa que tú no lo mimes lo suficiente. El niño ha hablado, me quiere más a mí por un motivo más que evidente.
—Porque lo malcrías.
—Porque soy una madre maravillosa —corrige entre risillas, para reafirmar las palabras de Elsa, Chimuelo se acomoda para restregar su cabecita contra su mejilla y así ronronear sin parar—. ¿Ves? Me adora, soy su favorita.
Hiccup niega con la cabeza mientras los mira fijamente, tiene que usar su mano para tapar la enorme sonrisa que tiene dibujada en la cara. —Los dos sois de lo peor. Me siento terriblemente traicionado en mi propia casa —se va levantando del sofá pero Elsa tira rápidamente de su brazo para regresarlo a su lugar.
—Venga, no te vayas así, quiero estar acurrucada contigo un buen rato —deja un lento beso en su mejilla, ante el maullido indignado de Chimuelo, Elsa rueda los ojos con una sonrisa y besa la frente del gato, quien pronto vuelve a su postura de restregar toda su cabeza contra la mejilla y el cuello de Elsa.
—Digo yo que querrás comer algo, cielo —dice señalando con la mirada a la cocina—. No he estado tantas horas cocinando como para que ahora me lo rechaces.
—Oh, pobrecito mi niño, ha cocinado todo el día —le responde con una voz melosa.
—Puedo deshacerme de la comida si no la quieres —intenta volver a levantarse pero ella vuelve a tirar de él para disculparse exageradamente y finalmente darle un beso en los labios. Le agradece por cocinar para ella y él sonríe victorioso ante su tono de voz tan honesto—. ¿Tienes algún plan para hoy día además de quedarte acurrucada entre mantas con el gato? —pregunta con algo de burla mientras se dirigía a prepararle un plato de comida.
—No, en lo absoluto. Completamente negativo —responde con una sonrisa enorme en el rostro, disfrutando por la forma en la que Chimuelo se quedaba recostado sobre ella, aún ronroneando.
Hiccup entonces le dedica una sonrisa coquetea, Elsa rueda los ojos al entender de inmediato las intenciones de su novio. —¿Ni siquiera vas a pillar algo de tiempo para mimarme a mí? —pregunta con una voz sumamente dulce, con una mirada que rogaba por algo de atención.
—Cariño, puedes pasar un día sin follar.
—No, en lo absoluto. Completamente negativo —repite sus mismas palabras en el mismo tono melódico en el que ella las entonó. Elsa decide sencillamente ignorarlo por el momento, rueda los ojos y se recuesta mejor en el sofá.
Se queda medio adormilada, encantada por la calidez que el cuerpo de Hiccup había dejado en el sofá, contenta por la forma en la que Chimuelo se aferraba tiernamente a su cuerpo para poder descansar en completa paz.
En cierto punto, no podía creerse aún que su vida se hubiera vuelto tan buena. Sabía que sus amigos, e incluso su hermana cuando se ponía realista, le insistían que esa alargada etapa de sentirse en el mismo paraíso cuando comenzaba una nueva relación le nublaba demasiado la perspectiva para comprender lo que pasaba a su alrededor, pero Elsa estaba segura de que finalmente había encontrado la relación perfecta al estar con Hiccup, realmente le parecía que había encontrado a la persona con la que podía imaginarse un buen futuro juntos.
La vida se veía tan sencilla al estar junto con Hiccup, como si siempre hubiera estado planeada para que fuera así, cómo si su relación hiciera que todas las piezas que conformaban cayeran en el lugar correcto.
Besa con cariño los labios de su novio justo antes de sentarse en la mesa luego de que él le avisara que ya estaba todo listo. Se deshace un poco bajo la tierna caricia que él dibuja en su mejilla.
—Te amo —le dice dándole un beso en la palma de su mano.
—Y yo a ti, princesa.
Lo cierto es que a ese punto todo este rollo de la tortura ya le estaba aburriendo demasiado.
Sigue cortando trocitos de la piel de ese gigantón, provocando horribles aullidos de dolor de inmediato —tiene que reconocerlo, las cuerdas vocales de aquel pobre desgraciado sí que tenían buen aguante—, dándole un puñetazo de vez en cuando o un seco golpe con alguno de los artilugios que tenía a su disposición, pero es que ya estaba aburrida de este estúpido trabajo.
Hiccup le había dicho que sería él quién más se encargaría de ese desgraciado, pero que ella tenía la responsabilidad de que siempre hubiera alguien torturándolo. Para que aprenda a no desear lo que no es suyo. Esa era toda la explicación que su primo le había dado, esa era la única razón por la que tenían a ese sujeto cualquiera atrapado desde hace unas semanas. A este punto tenía la cara completamente hinchada, todos los dedos rotos en diferentes ángulos, una pierna rota y los brazos llenos de heridas abiertas infectadas de todas las veces que le habían cortado trozos de piel. Era más bien una cosa amorfa ensangrentada más que una persona con vida.
Vida... Puede que el pobre siguiera respirando, ¿pero eso se podía considerar como estar con vida? Heather lo dudaba muchísimo.
Se voltea con desinterés al escuchar como la puerta se abre, pero casi se cae de la silla que estaba inclinando cuando se da cuenta quién acaba de entrar.
—¡Tía Valka! —saluda apresuradamente, dejando el cuchillo en la mesa al lado de ese desconocido y levantándose de un salto. Su tía no le responde en lo absoluto, solamente la mira fijamente—. Buenos días —insiste, con una voz más baja, jugueteando con sus dedos por detrás de su espalda. Los profundos ojos de Valka entonces se desvían para observar directamente al hombre atado al techo por unas pesadas cadenas.
No recuerda su nombre, solo sabe que tiene alguna relación con la mujer de Hiccup y que por eso mismo tiene que sufrir hasta que termine muriendo por el dolor y las infecciones.
Lleva una camiseta destrozada, manchada por su sangre y la pus de sus propias heridas, no le han dejado cambiarse de pantalones desde que lo trajeron hace unos cuantos días de otra habitación del sótano de la mansión, por lo que la peste que desprende Heather solo ha sido capaz de soportarla por la gruesa mascarilla que lleva puesta. Valka no hace muestra alguna de estar incómoda con el olor, Heather da por hecho de que eso prueba que su tía había visto y ha estado frente a cosas que ella ni podía imaginarse.
—¿Y este quién es? —pregunta con un desinterés que Heather sabe perfectamente que es fingido, su mirada muestra que en esos momentos está más que furiosa.
Se hunde en hombros, porque realmente no tiene la información suficiente, al menos no la que suele pedir su tía cuando se trae a alguien inesperado al sótano. —Un tío que trajo Hiccup, creo-
—¿Por qué lo ha traído? —le interrumpe bruscamente, la ve apretando los dientes y se apresura en apartarse cuando empieza a caminar para acercarse a la mesa llena de utensilios. Está justo a su lado, está a un lado de ella para cuando se voltea para hacer la misma pregunta—. ¿Ha sido por ella? ¿Ha sido por la zorra esa con la que está obsesionado?
Temblorosa, Heather no sabe qué otra cosa hacer más que asentir con firmeza.
Pega un respingo cuando la respuesta de su tía es voltearse bruscamente para atizar el torso de aquel sujeto con una fusta de cuero negra. Luego de unos largos minutos de absolutamente nada, el hombre chilla y se estremece por completo ante el repentino ataque, puede ver como la venda negra que cubre sus ojos vuelve a humedecerse con sus lágrimas. El mismo lastimero canto toma lugar, los mismos ruegos resuenan por la mugrosa habitación.
—Por favor —ruega aquel gigante hombre que por su fuerza y su actitud jamás había pronunciado palabras como esas—. Por favor, piedad —aquellos sollozos eran los primeros sollozos que jamás había soltado, en público o en privado, Gastón LeGume siempre había sido orgulloso y firme en cada una de sus ideas—. Por favor, dejad que-
Heather hace una mueca cuando Valka mete unos cuantos dedos en la boca del sujeto para forzarlo a sacar la lengua. El pobre diablo insiste en intentar hablar, pero todo lo que logra producir son sonidos incómodos y desagradables.
—Aún no te han cortado la lengua —señala Valka en un lento susurro, con verdadera sorpresa marcando sus palabras. Deja caer la fusta al suelo, le hace una seña a su sobrina, quien pronto entiende que quiere que le pase uno de los pequeños cuchillos de la mesa—. Corrijamos eso de inmediato —murmura, provocando que de inmediato el hombre se remueva desesperado, intentando apartarse de la mujer, logrando únicamente que el nudo de la venda de sus ojos se deshaga lo suficiente como para que la tela caiga hasta su cuello—. Tampoco te han arrancado los ojos —vuelve a mencionar lo evidente, provocando que las pupilas del hombre se dilaten al comprender que era lo que iban a hacerle—. Eso también hay que corregirlo cuando antes.
Sus pies dan espasmos y la sangre empieza a acumularse en su boca cuando Valka atraviesa su lengua con el cuchillo, Heather está esperando a que saque el arma, pero su tía lo deja ahí, colgando dolorosamente del cuerpo de ese desgraciado, tirando con su peso hacia abajo, seguramente logrando que, tarde o temprano, se caiga llevándose enorme de la lengua. Valka vuelve a extender una mano hacia su sobrina, mientras que con la otra mantiene abierto el párpado del sujeto que por su mirada completamente perdida parece que se ha desmayado del dolor y el horror.
Le pasa un cuchillo más pequeño, pero Valka lo tira bruscamente al suelo.
—Los clavos y el martillo.
Heather contiene las ganas de vomitar que se le empiezan a acumular en la garganta. —Sí, tía —asiente, tomando cuatro de los clavos oxidados de la mesa y el gigantesco martillo que ya estaba manchado con la sangre de ese sujeto.
—¿Por qué lo ha traído hasta aquí? ¿Qué ha hecho? —pregunta con toda la calma del mundo, tomando un solo clavo de la mano de su sobrina y resoplando con molestia cuando se da cuenta que no puede mantener los párpados del sujeto abiertos y tomar las cosas al mismo tiempo—. Ayúdame, niña, ábrele el ojo.
—Sí, tía.
—Procura que no te termine dando a ti por accidente —le avisa, ahora finalmente colocando el primer clavo en un costado del ojo y apuntando con el martillo para dar un primer golpe preciso.
Heather asiente, apartando sus manos lo máximo posible del rango de Valka. —Sí, tía.
—Dime de una vez —habla con calma por encima de los gritos que ese pobre diablo suelta cuando el primer clavo se inserta en su ojo. Lo ve intentando parpadear —porque se ha apartado ante aquel alarido— y es horrible observar como no puede cerrar los ojos por ese trozo de metal—. ¿Qué ha hecho este trozo de mierda?
El siguiente clavo se inserta y Heather se remueve incómoda. —No sé mucho, tía Valka —se apresura a explicarle lo más importante mientras se mueve para ahora sujetar su otro párpado—. Sé que tiene algo que ver con la mujer...
—La zorra —le corrige con rabia, martilleando con demasiada fuerza en esa ocasión.
Heather duda un poco antes de seguir, daba igual, Hiccup no se enteraría que la había llamado así... o por lo menos entendería que tuvo que hacerlo. —La zorra de Hiccup —aún así, le cuesta llamarla así—, creo que intentaba acostarse con ella o algo así —pega un brinco ante el último martillazo—. No es nada serio, es solo Hiccup siendo un posesivo.
Finalmente, ve a su tía sonriendo. —Igualito que su padre —eso lo dice en un susurro muy bajo, pero Heather la escucha perfectamente, incluso por encima de los ahogados gritos del pobre diablo que ahora tenía el rostro entero cubierto de sangre.
Para el punto en el que Hiccup abre la puerta de un momento a otro, Heather ya está cansada de pegarse un susto tras otro.
—Hijo, qué bien que ya has llegado —le dice Valka con una sonrisa que incluso desconcierta a Hiccup, quien se permite mirar con dudas a su prima por unos segundos, recibiendo más preguntas silenciosas como respuesta—. Necesitaba hablar contigo —Heather aprieta con fuerza los puños al sentir la mano ensangrentada de su tía sobre uno de sus hombros—. Sal, querida, necesitamos algo de privacidad.
No pierde ni un solo segundo, luego de un rápido asentimiento, la menor de los Berserker sale corriendo de allí. Ni siquiera hace amago de burlarse un poco de su primo o disculparse por dejarlo a la completa merced de Valka. Se larga sin pensar en mirar atrás.
—¿Vas a volver a soltarme el sermón sobre apartarme de mi mujer? —le pregunta con molestia mientras se encamina lentamente y con las manos en los bolsillos hasta la mesa de utensilios. De inmediato, el bate le llama la atención. Se pregunta cuántos dientes podría arrancarle con un solo golpe.
—Creo que tarde o temprano terminaré aceptando que no hay manera de convencerte, ¿cuánto tiempo llevas obsesionado?
—Medio año desde que la vi por primera vez, casi dos meses desde que empezamos a salir —responde con una sonrisa enorme mientras mueve delicadamente a su madre lejos del enorme sujeto encadenado para no llegar a lastimarla por accidente—. Madre, voy a casarme con ella —le vuelve a dejar en claro sus intenciones, mirándola fijamente a los ojos—. Va a ser mi mujer, la madre de mis hijos, vas a tener que asumirlo tarde o temprano.
Valka apenas reacciona a esas palabras. —Y tu plan es que ella sencillamente acepte formar parte de este mundo.
—Solo lo conocerá cuando sepa que está lista.
—Pero... ¿y si se termina enterando antes? —pregunta mientras lo ve preparando su golpe contra la mandíbula del sujeto—. Imagino que llegará un punto en el que tengas que hacer cosas propias de una pareja con ella. Conocer a su familia, que ella nos conozca a nosotros, invitarla de vez en cuando, hacer que conozca los negocios legales de la familia... tarde o temprano entrará en nuestro territorio, tarde o temprano se encontrará en un lugar donde no puedas controlarlo todo, hijo... Entonces ¿qué harás si algo se te sale de las manos? ¿Qué harás si lo descubre todo por accidente? Si ella misma se pone a investigarte, si llega a ver algo, lo que sea. Si descubre quién eres...
—Madre.
—La traerás aquí —Valka ya tiene la respuesta a todas esas preguntas—. Si llega a enterarse antes de tiempo, Hiccup, trae a esa muchacha aquí, ve pensando en una buena mentira para que su familia entienda por qué ya no se comunica con ellos y por qué no la ven... Mejor, ve preparándola. Poco a poco asegúrate de reducir el tiempo que tiene para ellos, el tiempo que usa para estar junto a su familia. Apártala de su familia, amigos, de su trabajo... de quien haga falta, Hiccup, así no se activarán las alarmas si es que hay que forzarla a quedarse en esta mansión.
Con el primer golpe vuelan cinco dientes, Hiccup dibuja una mueca disgustada en su rostro antes de estirar un poco los músculos y prepararse para el siguiente golpe.
—No es mala idea —empieza a murmurar—. Un plan B, en cortas palabras.
—Exacto.
Hiccup por primera vez se fija en los clavos en los ojos de ese sujeto. Suelta una risa, le quedan bien. —Incluso podría ir proponiéndole cambiar de trabajo, o dejarlo directamente.
—Algo que explique por qué ya no la ven tanto, un nuevo gusto, una nueva pasión, algo que ella misma decida seguir para dejar su trabajo.
—¿Por qué me ayudas? —pregunta con algo de brusquedad de momento a otro.
—No pienso dejar que arruines mi imperio, no pienso dejar que los puñeteros Queens arruinen mi imperio.
Hiccup asiente, tiene sentido.
Sonríe frente a los nuevos diez dientes en el suelo.
