Luego de unas largas semanas desde que finalmente pudieron contratar a alguien más para encargarse del trabajo que ese idiota de Gastón había dejado olvidado —aparentemente para siempre—, Elsa finalmente había decidido darse un buen fin de semana para soltarse el pelo y trasnocharse a base de ir de club en club con sus amigos.
Estaba terminando los últimos detalles de su maquillaje para cuando escucha a Hiccup entrar, lo saluda desde el baño y sonríe victoriosa de una vez porque sabe perfectamente que aquella noche va a poder hacer lo que se le dé la gana con él.
—¿Qué haces, princesa? —lo escucha preguntar, se nota que está más cerca que hace unos segundos, Elsa espera un poco en responder, incluso acaricia la cabecita de Chimuelo mientras guarda su labial en su bolso—. ¿Princesa? —insiste en llamarla a los pocos segundos.
Elsa gira los ojos, porque Hiccup Haddock era un hombre demasiado impaciente.
—Me estoy alistando para salir —responde finalmente, acomodando su cabello suelto, intentando decidir cómo debería dejarlo, planeando también mentalmente cómo atarlo cuando inevitablemente tenga demasiado calor.
Hay unos segundos de pausa. —¿Tenemos algo hoy? —le pregunta, cada vez más cerca, Elsa decide burlarse un poco de él.
—Oh, claro, como toda mi vida y mis planes gravitan a tu alrededor, cariño, no hay otro motivo para que yo vaya a salir que el hecho de que tú y yo tengamos planes.
Sonríe ladinamente mientras lo escucha gruñir con algo de molestia.
Elsa gira los ojos, porque Hiccup Haddock era un hombre demasiado orgulloso.
—He quedado con mis amigos para ir por allí a bailar un rato —le explica cuando considera que el silencio se ha extendido demasiado—. Vamos a ir de club en club a ver qué tal el ambiente. Seguramente Hans y Kristoff me traigan, o me quedaré a dormir con ellos si se hace muy tarde, así que no me tienes que esperar despierto.
—Espera, ¿qué?
—O puedes venir si quieres —suelta, como quien no quiere la cosa, sin parar de sonreír porque sabe perfectamente que va a conseguir lo que quiere—. No estaría mal que intentarais volver a relacionaros un poco, como la otra vez no salió tan bien y tú estás en total negación de presentarme ningún amigo o colega, pues no hay muchas más opciones.
Lo escucha resoplar, ya debe de estar en su habitación. El ruido seco que de pronto suena da por hecho que se ha tirado contra su cama, al escucharlo decir que no quería volver a tener que lidiar con ellos confirma todas las suposiciones que tenía.
Le sorprende que todo esté yendo increíblemente al ritmo que había trazado en su plan de esa tarde.
Sale de una vez del baño de su cuarto, tomando rápidamente el abrigo de pieles sintético que había dejado colgando de la puerta, no se toma la molestia de fijarse en su novio, no necesita ver lo que está haciendo para saber que está reaccionando justo como quería que lo hiciera.
—Bueno, pues ya nos ve-
Obviamente termina en la cama antes de poder terminar la frase.
Elsa gira los ojos, porque Hiccup Haddock era un hombre demasiado previsible.
Se remueve con una sonrisa ante sus acciones. Su novio le abre las piernas y aprieta su erección contra ella. Tiene los ojos clavados en el escote de su vestido rojo, los dedos de su mano derecha aprietan la piel que deja al aire aquella pequeña apertura que termina justo antes de dejar ver su ropa interior, los dedos de su mano izquierda se meten entre los agujeros de sus medias de malla negras. Ve como traga saliva con dificultad.
—Cariño —lo llama con un tono burlón—. Se me hace tarde, tengo que irme.
Muerde con fuerza su labio inferior para que Hiccup no escuche sus gemidos, podrá sentirse muy bien la brusca manera en la que tomó sus pechos y empezó a dejar besos húmedos por todas partes, pero no quería darle el gusto, al menos no hasta conseguir lo que ella quería.
—¿No prefieres quedarte? —gruñe contra su piel, rogándole con la mirada, apretando con fuerza sus pechos.
Elsa gira los ojos, porque Hiccup Haddock era un hombre demasiado posesivo.
Lo aparta sin mucha dificultad, porque el pobre está demasiado excitado como para poder manejar la situación como suele hacerlo.
—La verdad es que no —responde con simpleza, hundiéndose de hombros. Él la toma de la muñeca y la deja sentada sobre su regazo con un solo tirón.
Sus manos toman su cintura desesperadamente y ahora sus besos se pasan por su espalda levemente descubierta, sus caderas se mueven lentamente para que su miembro se pueda restregar contra su cuerpo.
—¿Por qué me haces esto, nena? —le pregunta en un tono bastante patético—. Quédate en casa, te lo estoy rogando.
Lleva un brazo para atrás para tomar con fuerza su cabello y tirar de él hacia atrás, arrancándole un sonido de la garganta que cree que ni él sabe si es un quejido de dolor o un gemido terriblemente ocultado.
—No, hoy quiero salir —le habla claramente, apartando su rostro para dejarlo recostado sobre la cama, aunque deja que sus manos sigan agarrando su cintura—. Así que hay dos opciones, amor. O vienes, pasamos un buen rato y luego te compenso por haberte dejado con las ganas ahora. O me voy, no llego hasta la madrugada y sin cero ganas de hacerlo y tú alivias a tu pobre amiguito con la mano. Lo que tú veas.
Él gruñe mientras tira la cabeza hacia atrás.
Elsa sonríe de oreja a oreja, porque Hiccup Haddock era un hombre que podía manejar a su gusto.
—Eres tan cruel —lo escucha lloriquear, la toma con fuerza de la cintura en un intento de obtener algo más fricción entre sus cuerpos, pero a Elsa no le cuesta nada escaparse de su agarre para levantarse de su regazo y dar unos pasos lejos de la cama para marcar aún más la distancia.
—Anda a cambiarte, algo menos formal —tiene una enorme sonrisa victoriosa en el rostro, Hiccup, que la mira fijamente aún tumbado por completo sobre la cama, solo suelta otro gruñido.
—No te atreverías a salir vestida así tú sola, no me lo creo —masculla con los dientes bien apretados, Elsa inmediatamente se cruza de brazos y alza una ceja.
—Oh, cariño, ¿acaso me estás retando? —pregunta con un tono que deja muy en claro que no le ha gustado nada ese comentario—. Y de todas formas no estaría sola, te acabo de decir que salgo con mis amigos.
Hiccup se pasa una mano por el rostro, más que nada para intentar disimular la expresión de desagrado que cubre su rostro. Se apoya en sus antebrazos para ir sentándose perezosamente en la cama, mira por unos largos segundos a su novia hasta que suspira pesadamente.
—No pienso bailar —le aclara de inmediato, finalmente levantándose, provocando una mueca triste en el rostro de Elsa.
—Pero cariño...
—Nada de peros —la corta de inmediato mientras se quita el saco negro que llevaba puesto—. Yo no soy de los que salen a clubs, como mucho me quedo por ahí con una copa y poco más. Estoy saliendo porque eres una manipuladora de primeras.
Elsa resopla indignada. —Amargado, me lastimas el corazón.
—También podría hacer que te quedes —comenta con una sonrisa, sujetando su mentón con delicadeza—. Hacerme sitio entre tus piernas y darte un buen motivo para quedarte en la cama conmigo —susurra presumido, tirando lentamente del labio inferior de Elsa para darle a entender qué era lo que quería hacer con ella.
Elsa parece interesada en su propuesta por unos segundos, unos segundos en los que cree que va a poder salirse con la suya, pero su novia arruina prontamente sus ideas cuando le da un rápido beso en los labios antes de apartarse por completo de él. Vuelve a mandarle que se cambie e Hiccup no ve ninguna otra opción que hacer lo que su precioso angelito quiere.
—No te pongas así, amor —resalta esa última palabra, porque Elsa sabe perfectamente lo mucho que Hiccup adora que ella lo llame así. Le dedica una sonrisa preciosa, una de esas sonrisas tiernas que dejan entrever algo de travesura y lujuria, una de esas que él tanto ama—. Ya te he dicho que cuando volvamos te lo voy a recompensar muy bien.
Qué ganas más insanas tenía de rodillas a sus pies y mostrarle lo bien que podía hacerla sentir si solo aceptaba quedarse en casa esa noche. Qué ganas más insanas de arrancarle el vestido y tomar absolutamente todo de ella. Pero traga saliva duramente y se contiene lo mejor que puede, porque sabe que si sigue presionando como siempre y no es paciente terminará sin disfrutar ni una gota de placer.
Tal vez sea porque ya conoce todo lo que hay detrás de esa sonrisa, tal vez sea porque realmente parece la única genuinamente contenta de volver a verlo, pero la verdad es que Hiccup está empezando a sentir cierta debilidad por Rapunzel Corona. La pobre chica es como una niña pequeña que necesita ser cuidada todo el tiempo, o por lo menos esa es la impresión que tiene por esa tendencia suya de ser imposiblemente directa y honesta, como una cría que no entiende que hay normas sociales que se tienen que seguir para evitar que alguien quiera darte una paliza para que aprendas a comportarte.
La cuestión es que no puede evitar sonreír levemente cuando la ve saludándolos con toda la emoción del mundo. Aunque la verdad es que aquella noche la mayoría parece mucho más dispuesto a no tratarlo como si fuera un trozo de basura, excepto por ese sujeto tan molesto, Tadashi Hamada, que por unos momentos lo mira con algo de desprecio, como si su mera presencia fuera un insulto. Al menos lo disimula, en cuanto se da cuenta que está siendo observado relaja su expresión, pero no lo suficiente en verdad.
—Me alegra que no te hayan espantado —es lo primero que le dice Rapunzel en cuanto llegan con el resto del grupo—, realmente necesito dejar de ser la nueva.
—Oh, claro, déjame el muerto a mí —le responde con una sonrisa burlona—. Me encanta está alianza que tenemos.
Entre risas, Rapunzel se hunde en hombros. —Una chica tiene que hacer lo necesario para sobrevivir en un mundo de ricachones.
A Hiccup le molesta un poco que Mérida se meta en la conversación que está teniendo con Rapunzel. —Eh, que en eso último tampoco te puede apoyar tanto, no creo que llegue justo a fin de mes si tiene un piso en el mismo edificio que Elsa.
—En mi defensa diré que no tengo tanto dinero —comenta mirando nada disimuladamente a su novia—, no como otras personas, claramente.
—No me ataques solo porque no querías salir —lo regaña dándole un leve manotazo en el hombro.
Hans suelta una carcajada mientras se acerca a Elsa. —Hombre, creo que pocas personas pueden decir que tienen tanto dinero como una Queens —Elsa rueda los ojos mientras su amigo le rodea los hombros con un brazo—. Por ejemplo, Anna tuvo la amabilidad de comentarnos...
—Fue un accidente —aclara rápidamente la menor de las hermanas Queens, pero realmente nadie parece prestarle atención a sus explicaciones.
—De cierto regalito insignificante que vuestro querido Runeard os ha hecho hace unas semanitas —continúa con una enorme sonrisa, mirando de vez en cuando en dirección de Mérida, porque sabía perfectamente que ese tipo de comentarios siempre provocan una reacción divertida en su amiga.
Elsa resopla mientras se quita a Hans de encima. —Que sí, que sí, que estamos podridos en dinero y somos de lo peor, ¿podemos ignorar el tema por una noche? Llevo bastante tiempo con ganas de salir de noche.
Hans alza una ceja y se cruza de brazos. —¿Por qué no has salido alguna vez con tu querido novio aquí presente?
—No me gusta mucho salir a discotecas —responde con indiferencia mientras se hunde de hombros—. De vez en cuando ayudo de segurata en el establecimiento de mis padres, supongo que eso ha arruinado la experiencia para mí.
Su novia decide aferrarse a su brazos mientras se burla un poco de él. —O es que sencillamente eres un amargado.
—¿Vas a estar maltratándome toda la noche? ¿Qué te he hecho yo para que me trates con tanta crueldad?
Para su disgusto, Isabela rueda los ojos y exagera una mueca de asco.
—Dios, ¿podéis no poneros melosos en público? Suficiente tenemos con estas dos —dice lo último señalando a Anna y Rapunzel.
—No tengo ni idea de qué hablas, Madrigal —responde de inmediato Rapunzel, colgándose del cuello de su novia para llenarle el rostro de besos, dejando una que otra marca de su labial por aquí y por allá. Se separa solo por unos segundos, con una sonrisa enorme en el rostro y Anna sin poder parar de reír—. Nosotras nunca haríamos algo como eso, ¿verdad que no, cielo?
—Exactamente, jamás haríamos algo como eso —asiente aún riéndose, encantada por las tonterías de su novia.
Isabela resopla con fingida molestia. —En fin, tortolitas, a vosotras os ocurrió salir esta noche, ¿a dónde vamos primero?
—¡Excelente pregunta! —suelta de inmediato Mérida—. Hace un frío horrible, quiero entrar en algún lugar cuanto antes —refuerza sus palabras al frotar sus brazos con fuerza para entrar en calor. Hiccup alza una ceja ante sus quejas, porque Mérida es la única de todo el grupo que no lleva ningún tipo de abrigo.
Tadashi resopla con algo de molestia antes de sacarse su propia chaqueta y colocarla con algo de brusquedad sobre los hombros de su novia. —Te dije que te pusieras algo para abrigarte, terca.
—¡Pero luego en las discotecas hace calor y tengo que estar cargando todo el rato con algo innecesario! —por la manera tan efusiva en la que se quita la prenda de su novio y responde, es más que evidente que aquella era una discusión que no había terminado del todo—. Solo digo de ir rápido a cualquier lugar, no te he pedido tu ropa.
—Yo al menos estoy de manga larga, ponte la chaqueta —insiste, con un tono más firme.
Solo porque la situación en verdad le da gracia y porque quiere ser un poco, solo un poco, impertinente decide darle un consejo. —Ponle la chaqueta al revés, así no se la podrá quitar, al menos no fácilmente —comenta como quien no quiere la cosa, a penas siendo capaz de contener su sonrisa burlona.
Tadashi lo mira con el ceño levemente fruncido. —¿Al revés? —repite, confundido.
Hiccup se hunde en hombros. —Con los botones por la espalda.
Le molesta un poco que ese idiota se vea realmente sorprendido por su comentario. —No es mala idea.
—Es una idea de mierda —gruñe Mérida, cruzándose brazos.
—No, es una espléndida idea. Es justo lo que vamos a hacer.
El grupo se queda quieto solo porque esos pocos momentos en los que Mérida termina siendo regañada por su novio son tremendamente divertidos. No es que Tadashi tratara a su novia como una niña pequeña incapaz de comportarse en sociedad, es solo que Mérida era demasiado terca, y lamentablemente de vez en cuando tenía ideas que atentaban directamente con su propio bienestar, por lo que Tadashi se veía obligado a cuidarla por las malas. Era Mirabel quien más recordaba aquella vez que en medio de una videollamada con el resto del grupo Tadashi se llevó a rastras a su novia para obligarla a tomar algo de sopa —porque la pobre llevaba una semana entera con una fiebre horrible más que nada porque se negaba por completo a dejar olvidado su trabajo—, por otro lado, Kristoff se reía por lo bajo cada vez que se acordaba de la ocasión en la que Tadashi le escondió por dos semanas el arco y las flechas de Mérida para que no tuviera más opción que tomarse en serio la lesión que se había hecho entrenando.
Tienen la amabilidad de al menos mirar en silencio, de vez en cuando se les escapaba una que otra risa, pero los comentarios se los guardaron para luego, sobre todo Hans, que estuvo un largo rato apuntando en su aplicación de Notas todas las bromas pesadas que le haría a su amiga cuando se calmara un poco.
Hiccup tiene que ocultarse un poco detrás de Elsa para que no se note tanto lo mucho que le está costando no ponerse a carcajear como loco en ese momento, Mirabel es quien peor lo lleva, al punto que sencillamente apoya el rostro contra su hermana Luisa para por lo menos no se escuchen sus risas tan altas. Elsa no se ríe tanto por su amiga y toda la pelea que está dando para apartar a su novio, sino por la forma tan meticulosa en la que Tadashi está haciéndolo todo.
—Al menos has dado una buena batalla —la intenta consolar Luisa, con un tono y una expresión que hacían creer que realmente la estaba felicitando por todo su esfuerzo.
Mérida le da un golpe en la cara con la manga de la chaqueta, como le queda grande Luisa ni se inmuta por el roce de la tela, incluso mantiene su sonrisa orgullosa.
Entre risas, Hans tiene que tirar cuanto antes una de sus burlas. —Bueno, mejor dicho un buen espectáculo.
—Os odio a todos, muchísimo —gruñe apretando los dientes con rabia antes de voltearse hacia Hiccup y Tadashi—. ¡A vosotros dos sobre todo! —dice dándole débiles golpes con las mangas a ellos también, Hiccup se está divirtiendo demasiado como reaccionar, pero Tadashi resopla con pesadez antes de rodearle los hombros para forzarla a empezar a caminar.
El resto del grupo se toma unos largos segundos antes de seguir sus pasos, tienen la amabilidad de darle algo de espacio y tiempo a la pobre parejita.
De un momento a otro, Isabela se acerca con una sonrisa algo burlona a Hans.
—Adivina con quién hablé el otro día —le dice mientras tira un poco de su brazo, ganando rápidamente la atención del resto del grupo.
Hans alza una ceja. —Hablas con mucha gente, guapa, no me lo estás dejando fácil.
—Oh, ¿quieres que te lo ponga fácil? —pregunta con sorna, pero más que nada con algo de molestia por el inesperado desinterés de Hans—. Adivina quién me preguntó por Kristoff el otro día.
Hans se detiene de golpe y su expresión indignada hace reír sobre todo a Elsa y a Anna.
—¿Y qué quiere ahora Rider de Kristoff? —pregunta con una voz un poco más aguda de lo normal, lo que demostraba a la perfección su rabia—. ¿Qué te ha dicho? ¿Por qué has hablado con él? ¿Qué cara puso? ¡Datos, mujer, necesito datos!
—Pero él no es celoso —bromea Elsa, fingiendo que susurraba hacia Hiccup cuando en verdad hablaba lo suficientemente fuerte para que todos la escucharan.
Hans resopla molesto por el comentario de su amiga. —Cariño, que tú tengas buena relación con la mayoría de tus ex parejas y rollos de una noche no significa que todo el mundo la tenga. Ese tío está obsesionado con mi novio y lo sabes perfectamente.
—Hombre, obsesionado es un poco exagerado ¿no crees? —comenta por lo bajo Kristoff, Hans no tiene la más mínima intención de prestarle atención.
Isabela, encantada del drama que se acaba de generar, sigue comentando sobre lo ocurrido. —El otro día quedé un rato con Honeymaren —no se demora nada en notar la expresión molesta que inmediatamente se dibuja en el rostro de Hiccup—. Ah sí, Honeymaren, la chica que quiere con Elsa.
—Hoy hemos amanecido con ganas de ver el mundo arder, ¿eh? —la interrumpe bruscamente Mirabel, intentando que no fuera tan fácil para los demás darse cuenta que lo estaba pasando divinamente con las tonterías de su hermana mayor—. ¿Qué ganas con eso?
La mayor de las hermanas Madrigal se hunde de hombros. —Un poco de diversión no viene mal de vez en cuando.
—Oh, sí, divertidísimo es todo esto —responde bruscamente Hans.
—Yo me lo estoy pasando genial —añade Hiccup, incapaz de contener la necesidad de sujetar posesivamente la cintura de Elsa, quien, con una sonrisa algo burlona, siente la piedad suficiente para dejarlo estar.
—¿Sabes qué? —suelta de golpe Hans—. No quiero saberlo, no me interesa nada de lo que haga Rider, para mí ahora es como si no existiera, no me interesa saber de gente que no existe.
—Y eso definitivamente es muy maduro de tu parte —bromea Anna, sabiendo perfectamente que esa indiferencia le duraría poco a su amigo.
—No me voy a comer la cabeza porque por mucho que quiera, Kristoff no le va a dar oportunidad alguna —en cuanto termina de hablar Hans le da una mirada de reojo a su novio, como si quisiera que confirmara sus palabras. Kristoff solo ríe con ternura antes de dejarle un beso en la mejilla a su pareja, logrando que estuviera visiblemente más tranquilo.
De todas formas, Isabela se toma unos segundos para seguir picando a su pobre amigo. —Me preguntó si Kristoff "al fin" lo había dejado contigo.
Elsa suspira pesadamente y se recuesta un poco contra Hiccup al ver la inmediata reacción de Hans ante esa nueva información.
—No va a parar en toda la noche —comenta esta vez en un verdadero susurro, mirando a su novio con una sonrisa algo juguetona.
—Psicópata —Mirabel insulta a su hermana mayor por lo bajo mientras todos se preparan para soportar la rabia de su amigo, Isabela solo se ríe con ganas.
Lo cierto es que recién se da cuenta que es la primera vez que ve a su precioso angelito bebiendo, también es la primera vez que la ve tan borracha. Aunque se podría considerar que cuando la conoció fue en verdad la primera ocasión en la que vio los efectos que el alcohol tenía en ella, Hiccup consideraba bastante más justo ignorar esa ocasión. Además que ahora mismo sí que estaba viendo cómo actuaba con él teniendo demasiadas copas encima.
Había estado apenas unos minutos conversando con él en la zona privada de la discoteca en la que había terminado antes de aceptar la primera copa que le ofrecía Hans —que en verdad era bastante bueno con cócteles y bebidas en sí, incluso le hizo una muy buena recomendación a Hiccup— y luego quedarse por incluso horas bailando contenta rodeada por sus amigos. Él, aunque ella intentó convencerlo de lo contrario, se quedó tranquilo sentado en su zona VIP, cuidando de bebidas, bolsos, chaquetas y cualquier cosa que ellos quisieran dejar.
Fue el primero en enterarse que Mérida y Tadashi se iban mucho antes que los demás, les sonrió con sorna al ver los chupetones que ambos tenían en los cuellos y en cuanto parecieron darse cuenta que él seguía allí, les alzó la copa como si brindara por ellos. Mérida soltó unas cortas carcajadas ante su gesto y Tadashi tuvo la decencia de mostrar su desagrado con honestidad.
En algún punto Rapunzel había estado charlando un rato con él, porque aparentemente sí que necesitaba algo de apoyo ahora que no era la única saliendo con una de las hermanas Queens. Le preguntó por qué no bailaba y él se limitó a decir que no le gustaba en lo absoluto.
Le llegó a confesar que a veces se sentía demasiado intimidada por las grandes diferencias que había entre ella y el resto del grupo, por lo que Hiccup, como realmente se sentía cómoda con ella y le seguía pareciendo alguien encantadora y tremendamente tierna, se tomó su tiempo para convencerla de que en realidad la única que estaba pensando de manera constante en esas cosas era ella. Le insistió que se relajara, que se dejara llevar.
Le invitaba otro bebida y le insiste en que dejara de comerse la cabeza con tonterías y que regresara a divertirse allá afuera con los demás. Rapunzel vuelve a proponerle que se una a los demás, pero Hiccup se excusa con que alguien tiene que cuidar de las cosas.
Y a los minutos, llegó una risueña y tambaleante Elsa, que sin pensarlo ni un solo segundo se sentó sobre sus piernas y le rodeó el cuello con los brazos.
Ni siquiera pudo decirle algo antes de que su tierno angelito empezara a removerse contra su miembro y a dejar besos húmedos por todo su cuello. La hubiera tumbado contra el largo sillón allí mismo y hubiera aliviado las ganas que venía arrastrando hace horas de hacérselo hasta que no pudiera sentir las piernas. Pero nota perfectamente las rápidas y algo avergonzadas miradas que de vez en cuando alguno del grupo no puede evitar mandar en dirección de ellos.
No le molestaba en lo absoluto mostrarle al establecimiento alguno quien era dueño de su precioso angelito, pero sabía perfectamente que aquello significaría pasar un límite imperdonable de su princesa, por lo que, aunque adore toda la atención que le esté brindando en esos momentos, decide mantenerse lo más sereno posible.
—¿Por qué me ignoras, cariño? —le pregunta con un tono infantil, alargando cada palabra y haciendo un puchero que lo derrite por completo—. A este punto sueles tumbarme boca abajo para poder...
La corta rápidamente. —Princesa, no sé si lo has notado, pero desde aquí te puede ver el mundo entero —le susurra contra el oído, intentando que volteara el rostro para mostrarle que incluso había uno que otro imbécil —de los que se encargaría después— que estaba mirando en su dirección no muy disimuladamente.
Por algún motivo, Elsa resopla con molestia.
—Si eres tú el que adora hacerlo en público —masculla trabándose un poco en las palabras, recostándose mejor contra el torso de su novio—. En el pasillo, en el coche en medio de la calle o en el aparcamiento... ya te gustaría a ti follarme delante de toda esta gente.
Toma aire lentamente y se tranquiliza todo lo posible para no aprovecharse del estado de su novia y hacer exactamente todo lo que estaba pidiéndole, se aparta cuanto puede de ella, pero eso solo logra que la pobre se indigne más y se vuelva a insistir con dejarle besos por el rostro y el cuello.
—Pero tú y yo sabemos que en verdad tú no quieres que lo haga delante de toda esta gente.
Elsa se aparta finalmente y lo mira fijamente a los ojos.
—Yo solo quiero que me folles ahora mismo —susurra lentamente contra sus labios, logrando que él temblara y tirara la cabeza hacia atrás en un intento desesperado de distraerse de la tentación que era todo el cuerpo de su novia.
Termina bajándola con algo de brusquedad de su regazo, incluso se levanta y la avisa de que va a ir al baño y que eso evidentemente no es una indirecta para que lo siga. Le deja muy en claro que quiere que se quede allí mismo, que intente relajarse un poco.
Elsa, en su borrachera, se queda allí sentada casi sin moverse, mirando al vacío mientras intentaba comprender qué era lo que acababa de rechazar.
Hiccup... ¿acaso le había rechazado la propuesta de hacerlo cuanto antes? ¿desde cuándo Hiccup le rechazaba ningún tipo de avance sexual? ¡Era él quien solía rogarle por cualquier tipo de contacto! ¿¡Por qué la había rechazado de esa manera!?
Se recuesta bruscamente contra el incómodo sofá, chasquea la lengua con molestia y se remueve en un intento de aliviar el calor que recorría todo su cuerpo desde su entrepierna. Sin pensarlo ni un segundo, se acaba lo que queda de su copa de un sorbo y se palmea la cara en un intento de despejar un poco su mente.
Quiere ir también a remojarse la cara, pero antes de tener la oportunidad Hans llega a sentarse a su lado.
—¿A qué viene esa cara? —pregunta burlesco, con una sonrisa inmensa en el rostro, disfrutando finalmente encontrar alguien que se lleve las bromas pesadas por él—. ¿Tu novio ha pasado de ti?
—Si estás aquí conmigo ahora doy por hecho que lo mismo te ha pasado con el tuyo —gruñe en respuesta, obteniendo solo una carcajada de parte de su amigo.
—Se me había olvidado lo rápido que te calientas cuando bebes... en todos los sentidos, ahora que lo pienso.
Elsa gruñe infantilmente ante las palabras de su amigo antes de dejarse caer bruscamente contra su hombro. —¿Por qué eres tan malo conmigo todo el tiempo? —le pregunta con un tono triste que por un momento Hans considera que es fingido, pero al ver las lagrimillas que amenazaban con arruinar su maquillaje se acuerda del otro resultado que el alcohol tenía sobre su amiga.
—Y ahora estás depre.
—¿Crees que ya no le gusto a Hiccup?
—Anda, no seas idiota.
—Eso pasó la última vez —murmuró ocultando el rostro contra el cuello de su amigo, quien suspira pesadamente antes de dedicarse a acariciarle la espalda para consolarla—. Ella y yo dejamos de hacerlo y antes de darme cuenta se estaba follando a otras.
Hans rueda los ojos. —Reinita, ese tipo está obsesionado contigo, no te va a dejar, y no se va a follar a otras. Así de simple.
—¿Me lo prometes?
—Te lo juro —respondió con firmeza.
Para su desgracia, el resto del grupo llega, todos tan o más borrachos que Elsa y, sin pensarlo, una Mirabel borracha apunta con el dedo a un lado de la discoteca.
—¡Eh, Hiccup ha hecho amigas!
Todos voltean confundidos en la dirección que Mirabel señala, encontrándose entonces, a lo lejos, con una escena un tanto confusa. Hiccup estaba parado con una expresión desinteresada cerca de otra de las zonas privadas de la enorme discoteca. Había un sujeto enorme a su lado, rodeado por muchachas que sonreían encantadas hacia Hiccup. Tirando de su brazo, una chica de cabello negro y sonrisa picara no se despega de él en lo absoluto mientras que una chica rubia le habla muy de cerca, parece que en cualquier momento va a ponerse a susurrar contra su oído.
Elsa se aparta bruscamente del abrazo de Hans.
—¿Quién coño son esas?
