Elsa intenta ir hacia su novio, pero Hans la sujeta con fuerza del brazo para volver a sentarla en el extenso sofá. Ella se voltea con rabia en su dirección, pero su amigo se mantiene lo más firme posible.
—Nena, vas ebria, sabes que vas a armar un escándalo, el chico se ve incómodo de narices, deja que alguien más se encargue de ello —le explica todo ello con calma, obligándola a mirarlo a los ojos, pero Elsa insiste en voltear hacia la escena que ocurría del otro lado, por lo que Hans no tiene más opción que suspirar pesadamente mientras reniega un poco por lo bajo.
Se voltea hacia el resto del grupo para decidir a quién dejaba a cargo de Elsa, que estaba demasiado borracha para su propio bien. Isabela tiene demasiado por su cuenta intentando consolar a una Luisa que no puede dejar de llorar y una Mirabel que está completamente convencida de que intentar comerse su copa vacía es una buenísima idea. Su enorme novio, que serviría mucho para intimidar a Haddock si realmente se le estaba ocurriendo ligar con alguien más con tan solo unos metros de distancia con su novia, está dormido como un bebé en la parte más larga del sofá. Anna parece estar aún bastante sobria, al menos lo aparenta, pero ahora mismo tiene encima de su regazo una Rapunzel muy coqueta que no para de susurrar cosas contra su oído.
Ya lo sentía por tener que cortarle el rollo a su amiga, pero para algo era la hermana menor.
—Quieta —le ordena a Elsa, apretándola contra el asiento para levantarse y mirándola muy serio, ella intenta seguirle pero él la señala acusatoriamente con un dedo—. Quieta —repite, marcando cada sílaba.
Va a la otra punta del sofá, maldiciendo lo grande que era la zona privada y las miles de mesitas que había por todas partes, y con toda la amabilidad del mundo —está seguro de que casi le arranca el brazo— empieza a tirar de Anna.
—¡Oye! —le grita Rapunzel. En cuanto logró levantar a Anna del sofá bruscamente, hizo que por accidente la pobre rubia terminara cayendo al suelo luego de no poder aferrarse al sofá—. ¡Hans! ¿¡Qué cojones!?
—¡Perdona, linda! —se disculpa nerviosamente mientras empieza a empujar a Anna hacia su hermana—. ¡Pero tenemos una emergencia entre manos!
Anna se lo quita de encima con un gesto furioso para darse vuelta y ayudar a su novia a levantarse. —A veces eres un poco idiota —le gruñe apenas mirándolo por encima del hombro.
Irritado, Hans toma con algo de brusquedad el brazo de Anna. —Oye, tu hermana va borracha perdida, y acaba de ver a su noviecito hablando con unas tías que ella no conoce así que a menos que quieras un espectáculo te recomiendo que la cuides por mí mientras que voy a ver qué pasa con Haddock.
Anna se ve preocupada por unos segundos, pero cuando ladea un poco la cabeza hacia la derecha la expresión que muestra es de absoluto terror. Señala detrás de Hans y el pobre solo puede suspirar pesadamente.
—¿Ya está de camino verdad? —pregunta derrotado.
—Sí —es Rapunzel quien le responde.
—Oh dios no —maldice por lo bajo tirando de su cabello—. Vamos a por ella antes de que decida matar a alguien.
—Buena idea —asiente Anna.
A pesar de lo lento que iba, lo cierto es que ya había recorrido un buen tramo. Teniendo en cuenta que los tacones le hacían tambalear y que había tenido que detenerse cada vez que quería esquivar a alguien, lo cierto es que había avanzado bastante. En verdad había querido escuchar a Hans y quedarse quieta para que él lo resolviera todo, o para que Hiccup tuviera tiempo de volver con ellos... con ella, sabía que no pensaba claramente, que necesitaba descansar o tomar algo de aire.
Y lo iba a hacer, de verdad que sí.
Pero de pronto una de esas tipas que parecían tremendamente interesadas en el sujeto que hablaba con Hiccup de pronto se puso de rodillas en el largo sofá y empezó a toquetearlo por todas partes. Le puso las manos en el pecho, detrás del cuello e incluso jugueteó con una de las pequeñas trenzas queellale había hecho. Hiccup intentó quitársela de encima amablemente —lo cual le parecía una completa gilipollez, si la hubiera empujado con un poco de fuerza ahora mismo estaría con ella y no junto a esas cualquiera—, pero la muchacha pelinegra que antes había estado tan pegada a él lo empujó entre risas para sentarlo para que la otra pusiera las piernas sobre su regazo.
Quería matar a alguien, a esa imbécil para ser más exactos.
Cuando está a punto de llegar, siente una mano sobre su hombro que la empuja contra un muro cercano. Está lista de pelear con Hans por comportarse como un completo idiota, y porque el impacto contra la pared le ha lastimado la espalda, pero se queda muda cuando delante de ella no está su amigo, sino un hombre enorme de intensos ojos oscuros rodeados por ojeras y anchos hombros. Una de sus grandes y callosas manos sigue apretándose contra su hombro, su pulgar precisamente está aplicando la suficiente presión como para que ella suelte un quejido.
—Pareces perdida, muñequita —le susurra luego de acercarse más a su rostro—. No deberías estar por aquí, búscate otro sitio, ¿entendido, zorrita?
—Quítame las putas manos de encima, gilipollas —gruñe intentando darle un empujón, pero no logra moverlo en lo absoluto. Le alza una ceja con desinterés, como si la estuviera llamándola estúpida o infantil. Aprieta más su hombro, y ella sin pensarlo lo abofetea—. ¿¡Quién coño te crees que eres!? —Está muerta de miedo, está temblando como loca pero no piensa dejar que un capullo cualquiera intente ir de malote con ella. Era una Queens, después de todo—. ¿Tienes idea de quién soy yo? —le pregunta con un poco más de calma ahora que ha logrado que dé un paso hacia atrás—. Lárgate de vista antes de que decida arruinarte la puta vida, pedazo de...
No sabe ni cómo terminar su insulto, no sabe cómo seguir recurriendo a esa falsa valentía y altanería porque ese sujeto de enormes puños y grandes músculos parece estar más que dispuesto a reventarle la cabeza allí mismo. Parece incluso estar a unos segundos de darle un puñetazo, pero felizmente para ella un repentino grito y el ruido de vasos cayéndose llama la atención de ambos.
La misma chica que se había puesto encima de Hiccup está ahora en el suelo, junto a su copa que ha generado un charco inmenso y ha esparcido cristales por todas partes. La chica grita, insulta y se queja, pero Hiccup ni tan siquiera la mira, o la pelinegra o a la rubia que estaban a su lado hace unos minutos, mientras se levanta.
En apenas un parpadeo está de nuevo con ella, a unos centímetros, sujetando por el cuello al sujeto que estaba a punto de golpearle y lanzándolo sin esfuerzo alguno varios pasos hacia atrás. Llega a chocarse con bastante gente en su caída, pero Elsa no sabe cómo termina nada de eso, porque las manos de su novio la obligan a mirarlo a los ojos.
—Elsa, princesa, ¿estás bien? —se queda muda mientras tiene a Hiccup revisando todo su cuerpo con la mirada, le revisa el rostro, los brazos y el cuello. Le encanta esa mirada que le está dando, tan intensa y preocupada, tal vez era la borrachera, tal vez era la adrenalina del momento, pero, joder, le encantaba como literalmente había pasado de una tipa cualquiera al ver que necesitaba ayuda, le encantaba como había arrojado a ese imbécil sin importarle absolutamente nada más que saber si estaba bien o no. Cuando finalmente sujeta su hombro ella chilla de dolor y se oculta en su pecho. No le duele, no le duele en lo absoluto, o al menos no para hacer todo ese show de estar a punto de llorar, pero quiere ver qué tan lejos puede llevarlo, quiere ver cómo reaccionaría Hiccup si supiera que ese sujeto ha llegado a lastimarla.
La aprieta en un firme abrazo de inmediato y deja un beso en la cabeza con tal delicadeza que ella se funde encantada contra su cálido cuerpo.
—¿¡Cuál es tu maldito problema, Haddock!? —escucha el grito de ese hombro, junto con su respiración intranquila. Lo único que realmente le molesta es que ha hecho que Hiccup deje de abrazarla.
Ve como vuelve a tomarlo del cuello con una sola mano, ahorcándolo con fuerza.
Hay cierto encanto, cierto toque irresistible en la manera que toda la expresión de su novio se deforma por la ira. —No le vuelvas a poner un puto dedo encima a mi mujer, ¿me entiendes, hijo de puta?
Llega a ver el pánico en los ojos de ese idiota unos segundos antes de que Hiccup le atine un rotundo golpe en la mandíbula que lo tumba al instante en el suelo. No se detiene allí, se pone encima de allí y sigue dándole golpe tras golpe incluso si el otro es incapaz de tan siquiera cubrirse la cara.
Apoyada en la pared se da cuenta que, aunque está completamente libre de peligro, tiene el palpitar acelerado. No le cuesta mucho darse cuenta que no es por miedo, sino porque aquella escena de absoluta violencia tiene el mismo efecto en ella que todas esas veces que Hiccup la dejaba sin aliento por sus toques o palabras... lo cierto es que le gustó la manera en que se refirió a ella hace unos segundos, lo cierto es que le gustaba saber que había hecho falta una actuación muy exagerada y nada creíble para lograr que su novio saltara de esa manera a defenderla.
Es una Queens después de todo, sabe perfectamente que está en sus venas esa adicción por tener poder sobre los demás. Por eso su abuelo tiene tan bien amarrado al alcalde y a tantos miembros del cuerpo policial a su control, porque le encanta saber que con una llamada el mundo entero se mueve a solucionar sus problemas. Por eso su padre selecciona tan cuidadosamente los hoteles, restaurantes o cualquier establecimiento al que va, porque le gusta que lo conozcan, ser un habitual y que siempre hagan las cosas exactamente como a él le gustan. Por eso a su madre le gustaba representar a la familia en las negociaciones con otras empresas o al contratar nuevos trabajadores, porque le encantaba dejar en claro que ella tenía las riendas del gran imperio de los Queens, porque le encantaba decidir el destino de miles de personas con su mera opinión. Por eso su hermana se había pasado la vida entera para demostrar que merecía tener un cargo de gerente, porque le parecía una locura la sola posibilidad de tener que seguir las órdenes de alguien más, porque ya de por sí le costaba aguantar seguir las normas de su abuelo o de sus padres.
Por eso ella misma buscaba, a veces sin saberlo, a veces sabiéndolo perfectamente, parejas que estuvieran perdidamente enamoradas de ella, porque le encantaba ver cómo sus rostros se iluminaban solo por ella, porque le encantaban esas sonrisas llenas de cariño y amor.
Hasta ahora no se había planteado que también le gustaba algo como esto, ver como alguien estallaba contra otra persona sin pensarlo, solo por ella.
Cuando Hiccup finalmente se levanta tiene las manos y parte de la ropa cubiertas de sangre. Elsa solo puede confirmar que el sujeto en el suelo sigue vivo porque se retuerce de dolor a pesar de toda la mugre que hay a su alrededor.
Un silbido suena a su derecha, cuando se da vuelta se encuentra con la chica de cabello negro que estaba tan pegada a Hiccup antes.
—Madre mía, sí que te has quedado a gusto —le dice entre risas a pesar de que es obvio que Hiccup no le está prestando atención. De momento a otro, le regresa la mirada—. Y tú también, supongo.
Frunce el ceño y da unos pasos lejos de ella, pero la chica insiste en acercarse.
Es Hiccup quien, sin voltearse, la detiene. —Heather, no estoy de humor para tus tonterías —masculla con rabia mientras se limpia las manos como puede con unos pañuelos que traía en el bolsillo—. Apártate de ella,ahora.
Heather se aguanta como puede al sentir la disimulada mirada de esa chiquilla de cabello platinado sobre ella. Le da un poco de gracia la infantil expresión de su delicado rostro, es como si estuviera diciéndole "venga, ya lo oíste", como si fuera una niña que ha logrado salirse con la suya. Es terriblemente divertido, tanto que lo único que contiene sus risas es que, al fijarse bien, finalmente se da cuenta de quién tiene delante.
Es ella, la niña rica de la que su primo está tan obsesionado, la jodida niñita de alta cuna con una familia fuertemente relacionada con el maldito Claude Frollo.
La mujer de Hiccup.
—¿No me has oído? —sigue viendo esa pequeña sonrisa victoriosa en el rostro de Elsa Queens para cuando su primo se acerca de un momento a otro. Finalmente lo mira, solo por un segundo, para luego fijarse en el ensangrentado Viggo que se levanta como sea del suelo.
—Entendido, primo —dice en voz alta, solo para que aquel supuestamente tierno angelito también la escuche. Logra su objetivo, porque se ve tremendamente más tranquila ahora que sabe que son familia.
No se vuelve a voltear en su dirección, solo se queda junto a su novia y cuando se lo pregunta, le confirma que esa chica era la mujer de Hiccup, que Viggo se tenía que aguantar la paliza que acababa de recibir porque tres miembros de la familia Slange habían sido testigos de que había atacado a la mujer de Hiccup, por lo que todos esos golpes habían sido su justo castigo.
La mayoría de las chicas que estaban con Eret se habían largado ante esa brutal paliza, solo siguen con él las que están demasiado borrachas o desesperadas por el trabajo, por lo que se hunden en hombros y vuelven a lo suyo, ignorando el gran charco de sangre que sigue en el suelo.
Había sido un alivio que sus amigos no llegaran a ver la pelea, que asumieran que lo que Hiccup tenía en la ropa era vino que una de esas idiotas le había derramado en un accidente, que creyeran cada una de las excusas que se inventaron por la marcha y que no notaran los nudillos partidos de Hiccup. La verdad es que había sido todo un alivio, porque sabía perfectamente que si hubieran notado algo raro eso solo lograría que tuvieran una mala idea sobre él y que Tadashi consiguiera motivos justificados para seguir sospechando de Hiccup.
Intenta descansar un poco luego de curarle y vendarle las heridas de las manos, se queda adormilada mientras escucha el agua de la ducha cayendo en la habitación de al lado e internamente agradece a su yo del pasado por tener las fuerzas suficientes para limpiarse el maquillaje antes de tirar a la cama porque sabe perfectamente que ya no tenía fuerzas ni para quitarse las medias de rejillas.
No abre los ojos hasta que no siente las manos de Hiccup abriendo sus piernas.
—¿Cariño...? ¡Ah! —suelta un agudo chillido al recibir un fuerte azote.
Hiccup sostiene su cuello, apretando su pulgar contra el centro y logrando que todo su cuerpo tiemble de inmediato. Su mano libre busca un lugar en su ropa interior y antes de que pueda darse cuenta no puede parar de gemir por los dedos que entran y salen bruscamente de ella.
—Dios, Hiccup... —muerde con fuerza su labio inferior mientras tira la cabeza hacia atrás. Todo le da vueltas, tiene todo el cuerpo agotado, pero lo cierto es que esto es justamente lo que necesita.
—Mira que meterte en esa situación solo porque estabas celosa —lo escucha gruñir mientras entierra otro dedo en su interior, arrancándole bruscamente un fuerte grito, obligándola a revolverse sobre las sábanas y luchar por mantener controlada su respiración.
Como puede le dedica una sonrisa burlona. —Mira que criticarmetúpor sentir celos.
La mano sobre su cuello se retira por un segundo solo para darle otro azote.
—¿Tú de verdad eres capaz de creer que podría prestarle un mínimo de atención a cualquier otra sabiendo que te tengo para mí? —le pregunta con una sonrisa inmensa, apretando un poco más el pulgar contra el centro de su cuello, acelerando el ritmo de su mano.
—Esa de cabello negro estaba muy cerca —se excusa entre gemidos.
—Esa era mi prima, princesa.
Le cuesta seguir hablando, tres dedos son suficientes para hacerle perder el hilo de la conversación. —La rubia también estaba muy cerca.
—Esa era la novia de mi prima.
Aunque está a punto de llegar al orgasmo, logra chasquear la lengua con irritación. —Tenías a una idiota sentada encima tuyo.
Hiccup detiene sus toques para arrancarle la ropa interior y tirar de ella para penetrarla bruscamente. Se inclina hacia su oreja, iniciando de inmediato sus duras estocadas. —No me acuerdo ni de cómo se veía —le asegura mientras entra y sale a lo bestia, dando azotes de vez en cuando, dejando chupetones en su cuello, bajando su vestido para llegar a sus pechos—. Solo tenía claro que era una puta molestia porque no eras tú.
Tira de su cabello mientras gime su nombre. Le fascina, sencillamente le fascina oír todo eso, que Hiccup le diga que solo puede pensar en ella mientras se lo hace tan alocadamente es un placer al que definitivamente se haría adicta. Todo él es tremendamente adictivo, peligrosamente adictivo. Sus besos, sus toques, la manera en la que tomaba todo de ella, la manera en la que dejaba su mente por completo en blanco. Iba a volverla loca, ese hombre iba a volverla loca.
—Te amo —gime mientras le rasguña la espalda y él deja marcas de mordeduras por todo su cuello—. Te amo tanto.
El cuerpo entero le arde, el sudor hace que se le pegue un poco el vestido a la piel, incluso puede sentir como la calidez de Hiccup no hace más que aumentar. Sus besos hacen que se derrita, su colonia le deja la mente en blanco, el movimiento de sus caderas la dejan sin aire.
Hiccup arremete con más fuerza en cuanto ella se corre, sus manos se mueven desesperadamente para terminar de desvestirla, para tirar el vestido y el sujetador a un lado, sujeta su cabello y tira de ella para tomar sus labios con ansías.
En algún punto le da vuelta y sostiene sus muñecas con una sola mano mientras la otra sujeta con fuerza sus caderas. Ella solo puede gemir y morder las sábanas encantada ante el duro ritmo de su novio, ante sus bruscos toques y sus jadeos desesperados. Sigue repitiendo una y otra vez lo mucho que lo ama, porque sabe perfectamente el tremendo efecto que esas simples palabras tiene sobre él.
—Lo eres todo para mí. No sé qué haría sin ti, no podría vivir si no estuvieras conmigo —llega a decirle contra el oído mientras sus estocadas se hacían más torpes por lo que suelta sus muñecas para apoyarse en su cintura—. No puedo pensar en nadie más, no puedo pensar en nada más, solo tú estás en mi cabeza. Te pertenezco, te pertenezco por completo, amor.
Sostiene su nuca para mantenerlo cerca de ella, presiona lo suficiente hasta que su torso está completamente pegado a su espalda. Lo necesita justo a su lado, lo necesita siempre a su lado, es allí donde pertenecen ambos, al lado del otro.
—Soy tan afortunada de tenerte —logra decir entre jadeos y gemidos mientras él besa su rostro—, eres lo mejor que me ha pasado. Te amo tanto.
Siente que se corre dentro de ella poco después de llegar a su último orgasmo de la noche. Tal vez sea la borrachera, tal vez sea la adrenalina del momento, tal vez sea lo bien que se sentía toda parte de su cuerpo, pero realmente no llega a importarle en lo absoluto que lo haya hecho, está demasiado contenta, demasiado satisfecha como para pensar en otra cosa que no fuera acurrucarse por el resto de su vida al lado de Hiccup.
