Hiccup casi escupe el café cuando Elsa se recuesta bruscamente contra su espalda.

—La cabeza me va a estallar —lloriquea abrazándose al cuello de su novio que realmente tiene que esforzarse para no reírse en ese momento—. ¿Por qué me dejaste tomar tanto?

—¿Desde cuándo es mi responsabilidad vigilar qué tanto tomas? Eres una adulta responsable, deberías- ¡AH! —Hiccup soba su nuca luego del golpe que su novia le dio. Elsa frunce un poco el ceño porque está segura de que no le ha dado tan fuerte—. Eh, princesa, que no eres la única con dolor de cabeza.

Elsa se disculpa apresuradamente, pero de todas formas da vuelta al sofá para quitarle la taza a su novio y así sentarse en sus piernas sin tener que preocuparse de la posibilidad de derramar por accidente la bebida caliente. —Hombre, es lo mínimo que podrías haber hecho. No quisiste bailar conmigo —empieza a enumerar con pedantería sus "errores" de anoche—, te pasaste la noche entera tú solo, cuando decidiste finalmente hablar con alguien fue con unas chicas que ni conozco...

—No acepté tu petición de follarte en medio de la discoteca —añade con una sonrisa cruel, decidiendo que, si no se acordaba, aquella era la manera perfecta de hacerle saber en qué estado le había dejado el alcohol anoche.

Ella se detiene por completo y se queda viendo la absoluta nada mientras las mejillas se le tiñen de un rojo intenso.

¿Qué acababa de decir?

—¡Yo no hice eso! —se apresura a asegurar, dándole un leve empujón en el hombro, a lo que él responde sujetando con fuerza su cintura para acercarla más a su cuerpo y así tener más acceso a su cuello.

Lo llena de besos húmedos mientras sus manos aprietan su piel por debajo de su ropa, consiguiendo arrancarle uno que otro gemido lleno de vergüenza. —No intentes negarlo, princesita —gruñe contra su piel antes de dejar un juguetón mordisco en su cuello que hace que Elsa pegue un brinco en un intento de apartarse—. Anoche estabas tan desesperada, brincando sobre mis piernas y rogándome que te folle ahí mismo donde todos pudieran verte, creéme que algo así no se me olvidaría.

Hiccup accede a apartarse cuando ella le da otro empujón. —Al que le gusta ese tipo de cosas es a ti, mentiroso.

Él se hunde en hombros. —¿Para qué negar lo evidente? La verdad es que me costó muchísimo mantenerme firme por tu bien —le asegura mientras su mano empieza a subir hacia sus pechos—, por eso me fui a caminar por otro lugar, necesitaba algo de aire para evitar hacer una gilipollez.

Elsa le aparta la mano bruscamente. —Ósea, ¿que una tipa se te montara encima fue mi culpa?

—¿De eso sí te acuerdas?

—¡Lo otro no ocurrió!

Hiccup se señaló el cuello. —¡Tengo los chupetones que lo demuestran!

—¡Eso es de anoche! —se defiende como puede, cruzándose de brazos.

—Exacto —asiente con firmeza—, de anoche —la sonrisa de su rostro es juguetona y presumida, Elsa rueda los ojos con molestia y frustración mientras intenta evitar todo lo posible establecer contacto visual.

—Son de cuando llegamos a casa —insiste, cada vez dudando más de sus propias palabras porque sí que recuerdan haber estado besando el cuello de Hiccup en la discoteca, pero está seguro que no hizo nada de lo demás que él asegura. Su novio se termina rindiendo de la tonta discusión, no porque sabe que no puede convencerla, sino porque sabe perfectamente que en estos momentos ella era consciente de que lo que decía era cierto, solo que no quería admitirlo.

El móvil de Elsa empieza a sonar justo cuando ella intenta defenderse de alguna otra manera, Hiccup rueda los ojos con molestia al ver el nombre de ese molesto sujeto aparecer en la pantalla y su enojo crece aún más cuando Elsa se baja de su regazo para responder a la videollamada.

Por algún motivo, su novia parece estar acomodando el teléfono para que ambos aparecieran en la pantalla. Quiere decirle algo, lo que sea, pero la llamada empieza mucho antes de que pudiera abrir la boca.

—¿Todo el mundo sigue de una pieza? —es lo primero que pregunta Tadashi en cuanto todos están conectados en la llamada. Hiccup gira la cabeza para disimular la gracia que le da ver a esa extraña pareja en la pantalla, ambos tenían varios chupetones en el cuello. Mérida, que lleva una blanca camisa de tirantes demasiado grande para ella, muestra que tiene varias marcas también en los hombros, la clavícula y mucho más abajo de donde la tela empezaba a cubrir. Se voltea no por respeto, sino porque sabe perfectamente que él y Elsa están en condiciones similares.

—No, yo me he partido un labio y me he cortado la lengua —contesta Mirabel, acercando su boca a la cámara y mostrando sus recientes heridas.

—Yo tengo un moretón en la espalda por culpa de ALGUIEN —suelta rabiosa Rapunzel, mirando fijamente a Hans desde el teléfono de Anna.

—¡Era una emergencia! —se defiende apresuradamente, Hiccup se fija y se sorprende al darse cuenta de que Hans y Kristoff eran la única pareja de este grupo tan extraño que no mostraban marca alguna de haber... pasado tiempo de calidad en pareja anoche.

Luisa levanta la mano en cuanto Mirabel se aparta de la cámara a una distancia normal. —Yo tengo los ojos irritados, pero estoy bien.

Elsa entonces lo señala. —Hiccup tiene los nudillos un poco abiertos, pero ya están vendados.

Lo cierto es que, aunque lo intenta con todas sus fuerzas, no puede evitar reírse al ver la cara angustiada e incrédula que pone Tadashi en cuanto el resto termina de mostrar sus heridas. Elsa incluso le llega a dar un manotazo en el hombro para que se calle, pero no puede dejar de reírse en lo absoluto.

—¿¡SE PUEDE SABER CÓMO OS HA PASADO TODO ESO!? —les regaña desde el otro lado del aparato—. ¿Por qué cada vez que nos vamos antes termináis metidos en todo tipo de problemas ridículos?

—Ah, a mí un tío intentó golpearme anoche, eso casi se me olvida —añade Elsa con una sonrisita orgullosa y falsamente inocente. Una inocente que logra tumbar a su novio del sofá porque todo sencillamente es demasiado divertido—. Oye, no tiene gracia —lo regaña aunque ella misma se está viendo gravemente contagiada por sus carcajadas.

—Luisa, querida, me dijiste que lo tenías controlado —suspira pesadamente Tadashi, pasándose las manos por el rostro mientras su novia sostenía el móvil—. ¿Cómo ha pasado esto?

Tímidamente, Luisa parece querer explicarse, pero con una expresión llena de indignación, su hermana mayor la interrumpe. —¡Oh, hiciste mal en confiar en ella, Hamada! ¡Hiciste muy mal! ¿Sabes por qué está señorita tiene los ojos irritados y esta otra BRUTA se ha hecho esas heridas? —mientras Isabela se desahoga, sus dos hermanas menores agachan la cabeza y juguetean con sus dedos, avergonzadas—. Porque cierto ALGUIEN —Hans es el siguiente en agachar la cabeza— les insistió en probar un nuevo cóctel que "no tenía demasiado alcohol".

Isabela se detiene un rato, porque a las carcajadas de Hiccup se le unen las de Mérida.

—Yo estaba la mar de tranquila, a punto de irme a la casa de una tía monísima.

Anna la interrumpe sin pensarlo. —¡No me digas! ¿Cómo se llamaba?

—¿Y yo qué sé? Besaba bien, si eso te sirve de algo —le responde con obviedad, desilusionando a su amiga inmensamente y haciendo que fuera Rapunzel quien ahora estuviera aguantando las risas—. En fin, yo estaba tranquilísima hasta que cierta chica enorme —Luisa parece querer esconderse para siempre bajo sus mantas— llega de un momento a otro a llorarme porque, presta atención a esto, yo era una horrible hermana mayor ¡porque no le había regalado burros bailarines por su cumpleaños pasado!

Elsa se cubre la boca con la mano para luego darle unas palmaditas a Hiccup en la espalda. —Amor, ¿estás bien? No creo que reírse tanto y tan seguido sea sano.

—Creo que me voy a romper una costilla —logra decir con mucha dificultad entre jadeos y carcajadas—. Dadme un segundo, por el amor a Odín, no puedo más.

Para su sorpresa, le hacen caso, esperan unos largos segundos a que pueda calmarse un poco, puede oír una que otra risilla, porque no era el único que todo la conversación le estaba pareciendo una completa locura. Le cuesta un poco, pero logra controlar su respiración, de vez en cuando otra sonrisilla tira de sus labios, pero al menos consigue volver a su sitio en el sofá y respirar con normalidad.

—Por favor decidme que el resto de la historia no es tan divertida —pide mientras lidiaba con el dolor de mejillas y abdomen, se pasa una mano por el rostro y uno de ellos reacciona de inmediato.

—Esas heridas están mal vendadas —dice con firmeza Tadashi, en cierto punto le irritaba que pudiera mantenerse con tanta calma y seriedad en una situación en la que él se había dejado llevar por completo, se sentía ridículamente avergonzado.

—Ahora eres médico —murmura por lo bajo, incapaz de aguantar la rabia.

Odia ver esa sonrisa presumida en su rostro. —En verdad sí, por eso solemos hacer estas llamadas, es una revisión médica gratuita —le responde con altanería, guiñándole un ojo al terminar.

—Eh, ¿por qué él sí puede guiñarle a tu novio y yo no? —pregunta Hans completamente indignado.

—Porque Tadashi seguramente no quiere acostarse con Hiccup —responde de inmediato Isabela con una sonrisa juguetona.

Anna suelta una buena carcajada. —Me encantó ese "seguramente".

—Una nunca puede estar segura —añade Mérida, completamente dispuesta a meterse en las bromas contra su novio y su amigo. Tadashi le da un leve empujón en el hombro, lo que solo agranda la sonrisa de la escocesa.

Hiccup intenta restarle importancia al asunto como puede. —Perdona, ¿que Hans quiere hacerme qué?

—Hans y Kristoff, para ser más precisos —corrige Isabela con una sonrisa enorme en el rostro. Se voltea con algo de brusquedad hacia Elsa, quien solo le responde rodando los ojos.

—Son idiotas, no les hagas caso.

Hans asiente con firmeza. —Además, yo jamás dije eso. Solo le dije a tu linda novia aquí presente que si en verdad me quisiera tanto como afirma, tendría la amabilidad de compartirte —bromea con una elegancia y un dramatismo exagerados, guiñándole finalmente un ojo a Hiccup.

—Hans, cariño, voy a arrancarte el ojo como vuelvas a guiñarle.

—¡Cuánta violencia!

—¡Conozco tus sucias intenciones!

Tadashi interrumpe la discusión que se iba a formar entre esos dos. —En fin, id al hospital o luego os mandó un vídeo de cómo vendar eso correctamente —dice señalando las manos de Hiccup—. Mirabel, ¿cómo diantres te hiciste eso?

—Intentó comerse su copa —gruñe Isabela con rabia, mirando enojada a su hermana menor.

—En mi borrachera pensé que era de caramelo... olía a caramelo.

Hans asiente restándole importancia. —Ya, es que llevaba caramelo la bebida.

Isabela lo mira con irritación ante su absoluta calma. —No le vuelves a recomendar ninguna bebida— no, no le vuelvas a recomendar nada a mi hermanita, Hans.

—Lo siento —se le escucha murmurar avergonzado.

—¿Fuisteis al hospital? —recibe varios asentimientos de respuesta—. Vale, cualquier cosa me comentáis. Ahora, Rapunzel, cielo, ¿qué te pasó a ti?

—Hans me tiró al suelo —responde con un puchero infantil y una voz melosa de niña mimada. Parecía una niña pequeña acusando a su hermano con sus padres.

—Era. Una. Emergencia —repitió completamente indignado.

Tadashi suspira pesadamente. —Hans, ¿hay alguna herida que no sea tu culpa?

—¡Esto no es justo! —cuando Hiccup lo pensaba bien, en verdad todos parecían ser niños que se acusaban entre todos para conseguir el apoyo de sus padres, en este caso ambos roles servían para describir a Tadashi Hamada—. Yo estaba intentando cuidar a esa borracha de allí.

Le irrita un poco la forma en la que Hans señala a su novia, pero al ver que Elsa se lo tomaba más bien como una broma, lo deja pasar... por ahora.

—A ver —Tadashi los vuelve a interrumpir con otro suspiro pesado—. Elsa, ¿a ti qué diantres te pasó anoche?

—Primero tienes que entender que este abandona novias de aquí —Hiccup frunce el ceño cuando su novia se refiere a él de esa manera y además lo apunta con acusatoriamente con un dedo. Mientras que Tadashi y Mérida fruncen los ceños confundidos, se empiezan a escuchar las risas de Rapunzel— me dejó completamente sola y se puso a hablar con unas desconocidas.

—Me topé con mi prima y su novia luego de ir al baño —le corrige, incrédulo de la manera tan deliberada en la que alteraba los hechos.

—Así que fui a buscarlo —continuó sin importarle las quejas de su novio.

Hans sí que llega a interrumpirla. —Cosa que yo intenté evitar, pero por falta de apoyo de Anna y Rapunzel no pude.

—Me tiraste al suelo.

—Estaba intentando pillar a Anna para que cuide a su hermana, créeme que intenté recurrir a otras personas, pero mi maravilloso novio estaba durmiendo muy a gusto, y la pobre Isabela estaba consolando a su pobre hermana sin burros y a la loca que quería comer cristal.

—Buah, que buena siesta me eché —comenta Kristoff por lo bajo, mirando a la nada—. No había dormido así de bien en la vida, creo yo.

Elsa retoma su relato. —Así que fui a buscarlo, pero de camino un idiota se metió en mi camino, me llamó zorra yo le mandé a la mierda e intentó golpearme, fue entonces que finalmente Hiccup ignoró a la tía que tenía encima para venir a cuidarme.

—Estuve intentando irme de allí en todo momento —vuelve a corregirla—. Eres consciente de que odié esa situación, ¿verdad? Necesito que seas consciente de que odié esa situación —se detiene de golpe antes de que su novia pueda responderle con más bromas. Todos en el grupo se remueven un poco incómodos al ver como la expresión y en sí todo el ambiente cambian bruscamente. Elsa no puede evitar temblar, porque no había sido desde la noche que ocurrió lo de Honeymaren que lo había visto tan furioso—. Espera un momento, ¿cómo dices que te llamó ese capullo?

La respuesta de Elsa es cortada por la repentina aparición de un sujeto larguirucho en la habitación en la que se encontraban las hermanas Madrigal. Lleva puesto una larga manta verde corroída por el tiempo por encima de una sudadera con capucha del mismo color, ratitas blancas, marrones y negras corretean alrededor de sus pies, los cuales va arrastrando lentamente por la habitación, en su mano lleva un puñado de arena que va pasando de mano a mano con el cuidado de no derramar absolutamente nada.

Rapunzel se siente terriblemente incómoda ante la absoluta falta de reacción del grupo, busca rápidamente la mirada de Hiccup y se alivia al ver que él también parece espantado por la repentina aparición de ese extraño hombre.

—Oye ¿tú también lo ves verdad? —le pregunta con una risa nerviosa acompañando sus palabras.

Hiccup parpadea confundido. —¿Por qué nadie más reacciona?

—¿Ves? Por eso es necesaria esta alianza.

Anna y Elsa mandan a callar a sus parejas justo a tiempo que aquel sujeto se para junto a la hermana de en medio de las Madrigal. Mantiene la arena en un solo puño y con su mano libre acaricia tiernamente el rostro de Luisa.

—No he podido ver ningún burro en tu futuro, cielo, así que te he hecho uno yo mismo —le dice con una ternura abrumadora, metiendo su mano debajo de la larga manta y sacando un peluche hecho a mano con forma de burro.

Luisa acepta el regalo, pero en verdad parece angustiada. —Ay, tío Bruno, no me digas que anoche fui a molestarte con este tema.

—Oh no, no, cariño, lo vi hace tiempo, acabo de terminar el peluche con ayuda de tu madre —luego del agradecimiento de Luisa, el hombre se vuelve a ir arrastrando los pies, llevándose la arena y las ratitas con él. Cierra la puerta a sus espaldas con tal delicadeza que a la mayoría les da algo de ternura.

—¿Qué demonios acabo de ver? —pregunta bruscamente Hiccup, arruinando por completo aquella calmada atmósfera.

Rapunzel asiente insistentemente. —Por un momento creí que estaba viendo cosas.

Mirabel se ve realmente indignada por los comentarios de esos dos. —Ese es nuestro tío Bruno, es el mejor del mundo, no habléis mal de él.

—¿Por qué va con ratas por la casa? —pregunta algo incómoda Rapunzel.

—¡Son sus mascotas! ¿Acaso te parecería raro que Hiccup fuera por todas partes en su propia casa con su gato?

—Oh no, es ella la que hace eso —se apresura en corregirla, señalando de paso a su novia quien rueda los ojos con gracia—. Una cosa, ¿vivís todas juntas o estáis en casa de vuestros padres o algo por el estilo?

—Todos los Madrigal vivimos juntos —responde con una sonrisa Isabela—. Somos una familia muy unida, y tenemos una casa lo suficientemente grande como para permitirnos vivir juntos.

—Oh sí, esa casa es enorme —añade rápidamente Hans con una inmensa sonrisa—. Tienen una pedazo piscina en el jardín trasero ¡y un jacuzzi! Es incluso más grande que la mansión familiar de los Queens.

—Sí pero porque esa casa necesita ser grande —señala Mérida—, la mansión de los Queens es Runeard diciendo "mira mi pedazo de..."

—¡Eh! —la interrumpen bruscamente las hermanas Queens.

—... de casa, mi pedazo de casa. Malpensadas —concluye con una sonrisa de oreja a oreja.

Rapunzel calma a Anna dándole unas palmaditas en la espalda y aprovecha para volver a un punto que llamó su atención. —Una cosa, ¿a qué se refería cuando dijo que "lo vio hace tiempo"?

Luisa e Isabela se aguantan como pueden gruñidos y quejas cuando su hermana menor pega un brinco emocionada, Tadashi rueda los ojos con algo de molestia al notar también algo de emoción en la expresión de su novia.

—¡Nuestro tío Bruno es vidente! —anuncia extremadamente emocionada—. Desde pequeño, en el barrio incluso empezaron a temerle por que todo lo que decía se volvía realidad.

Luisa suspira. —Mirabel exagera un poco —comenta con toda la amabilidad que puede usar, lo cual no ayuda en nada a calmar a su hermana.

—¡A mí me dijo y estas dos estuvieron allí para comprobarlo! —las señala efusivamente con las manos—. Que por mi mano aquello que llamamos hogar empezaría a derrumbarse.

—Oh eso suena deprimente —murmura Rapunzel por lo bajo.

Mirabel o no escuchó su comentario o realmente no le importó. —¿Y sabéis qué ocurrió? Que fui la primera en la familia en encontrar unas grietas en las paredes del primer piso que venían por un gran fallo de diseño y tuvimos que reconstruirlo. Tal como me había dicho tío Bruno que pasaría.

Rapunzel fuerza una sonrisa y antes de que pudiera comentar nada, su novia le recomienda solo dejarlo estar.

—¿Y si es vidente como no supo él primero lo de las grietas? —pregunta con algo de sorna Hiccup, recibiendo de inmediato un golpe en el estómago de su novia.

—Porque el tío Bruno a veces no puede verlo todo realmente, tiene visiones que luego te cuenta cómo puede porque en cierto punto tiene como que interpretar imágenes sueltas y bruscas por su cuenta.

—Ajá —es todo lo que responde entre risillas.

—Yo creo que Bruno Madrigal tiene una especie de don —comenta Mérida con toda la seguridad del mundo, mirando a la pantalla de su teléfono de modo que estaba muy claro que esperaba que cualquiera del grupo se atreviera a retarla.

—¿Cómo tu sexto sentido para saber si alguien ha follado o no? —pregunta con sorna Hans.

Hiccup frunce el ceño ante la pregunta más extraña que ha escuchado en su vida, tiene ganas de que alguien explique algo, pero realmente considera que ya ha escuchado demasiadas tonterías en una sola mañana.

—Podríais venir los dos a que os vea el futuro —propone con emoción Mirabel—. Sois los únicos del grupo, además del amargado, aburrido y estúpido de Tadashi...

—Yo también te quiero mucho, Mirabel.

—Que todavía no ha tenido oportunidad de hacerlo.

Hiccup se hunde en hombros. —Me has convencido con esa sarta de insultos a Tadashi, me apunto.

—Suena divertido —asiente Rapunzel—, pero si me toca una rata advierto que me voy a poner a chillar.


Elsa ladea un poco la cabeza. —Así que... ¿le conoces?

Hiccup bufa pesadamente. —Se llama Viggo, es más un socio de negocios que otra cosa —masculla mientras termina de limpiar los platos del desayuno—. Ese imbécil se cree dueño del mundo entero, seguramente se le subió el alcohol de la cabeza y creyó que podía comportarse como se le diera la gana.

La mira confundido en cuanto ella reposa su rostro contra su hombro y toma su mano con algo de duda. —¿Esto podría afectar a tu trabajo? —pregunta delicadamente, jugueteando con la mano de él.

—¿Perdona?

—Bueno, es tu socio de negocios, me sentiría fatal si... —no llega a terminar la frase, porque Hiccup la toma de las mejillas con una mano mientras que la otra la acorrala contra la mesa alta de la cocina.

—Me importa un demonio el trabajo —le deja en claro de inmediato—. Ese imbécil no solo te insultó sino que te lastimó. Preferiría que me arrancarán los brazos sin anestesia a permitir que cualquier imbécil te hiciera o te dijera nada —toma sus labios con algo de brusquedad, en un beso tosco y duro—. Nadie va a lastimarte Elsa, no mientras yo esté a tu lado.

Vuelve a sentir esa emoción, su cuerpo entero vuelve a asfixiarse en unas llamaradas que no entiende en lo absoluto. Se funde con ganas bajo el toque de su novio, se deja abrazar por completo por toda la violencia que sus palabras dibujan, se deja llevar por todas esas promesas tan extremas.

Besa la palma de su mano lentamente antes de mirarlo fijamente a los ojos. —Te amo tanto —suspira encantada, sonriéndole de tal manera que derrite su corazón.

Hiccup le devuelve el tierno gesto para luego volver a besarla, ahora con más ternura, tomándose su tiempo, saboreando cada parte de ella. —Yo también te amo, princesa.