Capítulo 19 Abrirse Ante Los Demás
La batalla que ocurrió ayer en el imponente "Barco Dragón" había concluido, pero sus secuelas persistían. No solo había sido un combate entre portadores de Teigus, sino que también se había logrado evitar el asesinato de un funcionario clave para la Revolución. Sin embargo, el costo fue alto. Una batalla feroz, salvaje y descontrolada que pocos podrían haber presenciado sin sentirse marcados de por vida.
Las Tres Bestias, los hombres más despiadados y leales a Esdeath, habían sido derrotados y asesinados por dos miembros de Night Raid. Tatsumi y Bulat. Sus Teigus fueron recogidos y enviados a la base de la organización, como prueba del éxito y testimonio de la brutalidad del combate.
Tatsumi, el portador de Onyx, fue quien pudo relatar lo sucedido con más claridad. Bulat, su compañero en la batalla, estaba fuera de combate, obligado a descansar debido a las heridas y secuelas de la lucha. Con determinación y sin perder tiempo, Tatsumi lo cargó en su espalda, tomó todas las Teigus y escapó del barco antes de que este atracara en el puerto. Gracias al entrenamiento recibido de Akame y la influencia de Onyx, pudo moverse rápidamente y sin ser detectado, regresando a la base de Night Raid.
Al llegar, sus compañeros lo recibieron con expresiones de asombro y alivio, pero también de preocupación. Najenda, quien notó el estado de Bulat, exigió inmediatamente una explicación.
Tatsumi no escatimó detalles. Relató con claridad cómo las Tres Bestias aparecieron, cómo él y Bulat se enfrentaron a ellos en un combate implacable y cómo lograron derrotarlos. Explicó el proceso de la batalla, los momentos críticos y las dificultades que enfrentaron. Pero, a pesar de su honestidad, hubo algo que no pudo revelar. Y era... la participación de Onyx en los eventos.
Si bien la mayor parte de la ayuda de Onyx había ocurrido dentro de su mente, ocultar esa información le resultó relativamente sencillo. Lo que no pudo omitir fue el estado de Bulat. Envenenado por una tóxica muy peligrosa. Aquello encendió las alarmas en la base. La preocupación se extendió rápidamente, ya que nadie sabía qué tipo de veneno había sido usado ni si existía un antídoto.
Sin embargo, para sorpresa de todos, Tatsumi aseguró que Bulat ya no estaba en peligro. Sus palabras generaron alivio, pero también una sombra de duda.
"¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?". Preguntó Leone, cruzándose de brazos, con el ceño fruncido.
"No puede ser una simple suposición, Tatsumi". intervino Najenda, su mirada fija en el joven. "Necesitamos una explicación".
Tatsumi sintió el peso de sus miradas. No podía decir la verdad. No podía revelar el papel de Onyx en la purificación del veneno sin levantar más preguntas de las que podría responder. Buscó las palabras adecuadas, pero su silencio prolongado solo alimentó la incertidumbre.
"Solo sé... que Bulat estará bien". Dijo finalmente. "Lo sé con certeza".
Esa afirmación no ayudó mucho. En cambio, hizo que las dudas se transformaran en desconfianzas. Los rostros de sus compañeros reflejaban escepticismo y preocupación. A excepción de Akame, todos parecían debatirse entre creerle o cuestionarlo más a fondo.
Esa desconfianza no pasó desapercibida para Onyx. La conexión entre el Teigu y su portador era más fuerte de lo que Tatsumi comprendía. Onyx no solo percibía las emociones de Tatsumi, sino también sus pensamientos. Y lo que sintió ahora fue... enojo.
Para Onyx, la duda de los asesinos hacia su portador era un insulto. Hasta ahora, había permanecido en silencio, había aceptado las sospechas contenidas en la mente de aquellos que rodeaban a Tatsumi. Pero ahora, ya había alcanzado su límite. No iba a tolerar más que su portador fuera visto con recelo y sospecha. No iba a permitir que lo consideraran un mentiroso o, peor aún, una amenaza.
Dentro de su consciencia, Tatsumi sintió la agitación de Onyx. Era como un eco vibrante en su mente, una furia contenida que amenazaba con liberarse.
"No permitiré que sigan dudando de ti". Resonó la voz de Onyx en su cabeza.
Tatsumi se tensó. Sabía que Onyx estaba molestó. Aunque antes lo había oído así con anterioridad. Esta vez, era totalmente diferente. Parecía que por el tono de su voz, parecía un volcán apunto de estallar. Y, por primera vez, sintió verdadero temor sobre lo que su Teigu podría hacer.
"Onyx, Por favor, cálmate". Pensó con urgencia. Y casi suplicante a su compañero.
Sin embargo, su petición no fue escuchada. El Teigu ya había tomado una decisión. Había llegado el momento de eliminar la duda de una vez por todas. Y nada ni nadie, ni siquiera su propio portador, podría evitarlo. Ni siquiera, los mismos asesinos se Night Raid.
Lo único que podría hacer Tatsumi ahora mismo... era... esperar. Esperar... y ver. ¿Que era lo que iba hacer Onyx a continuación?.
Base de Night Raid - 13:00 PM (Habitación de Tatsumi).
En una modesta cama de madera, Tatsumi se encontraba sentado, con la mirada fija en el suelo de su habitación. Su expresión era sombría, su mente atrapada en un torbellino de pensamientos. Sus manos, entrelazadas, descansaban bajo su mentón, mientras meditaba sobre lo que estaba a punto de suceder. De pronto, una voz interrumpió su ensimismamiento.
"Entonces, ¿Qué dice, Portador?". La voz resonó en la habitación con un tono firme, pero expectante. "¿Está de acuerdo?".
Tatsumi alzó la mirada lentamente. Frente a él, flotando en el aire con una naturalidad inquietante, estaba su Teigu. Una espada de hoja plateada con un mango de color marrón oscuro y una gema blanca incrustada en el pomo. Onyx levitaba con la misma elegancia con la que siempre lo hacía, pero esta vez, Tatsumi sentía que había algo diferente en su presencia.
El joven contempló la espada durante un momento antes de soltar un suspiro de resignación. "La verdad, amigo... no estoy muy seguro de esto".
Onyx pareció sorprendido por su respuesta. Aunque la espada no tenía rostro ni expresión visible, Tatsumi sabía que dentro de la gema, el Teigu estaba procesando su reacción.
"No comprendo su indecisión, Portador". Respondió Onyx con una leve nota de desconcierto en su voz etérea. "Pensé que esto le complacería".
Tatsumi dejó escapar una risa breve, pero sin alegría. "Se supone que debería estar contento, ¿Verdad?. Pero en realidad... solo tengo dudas. Muchas dudas". Pasó una mano por su cabello, despeinándolo ligeramente antes de continuar. "Onyx, ¿De verdad quieres hacer esto?. No es algo que debas sentirte obligado a hacer, si no lo deseas".
Un silencio pesado llenó la habitación. Onyx parecía meditar sobre sus palabras antes de responder.
"Para ser totalmente honesto, Portador... no estoy seguro". Su voz tenía un matiz de incertidumbre poco común. "Pero siento que, de una forma u otra, esto es inevitable. Es algo que, tarde o temprano, tendré que hacer". La espada flotó un poco más cerca de Tatsumi, como si quisiera enfatizar sus palabras. "Además, ¿Qué es lo peor que podría pasar si lo intento?".
Tatsumi arqueó una ceja y adoptó una postura más relajada, con un toque de diversión en su tono. "Ah, no sé. Tal vez... que vuelvas a dejarme hablando solo mientras los demás sigan pensando que estoy loco". Su sonrisa era burlona, pero había una pizca de amargura en ella. "Como cuando intenté contarles sobre ti aquella vez y decidiste quedarte callado y sin hacer nada. ¿Te acuerdas?".
Onyx sintió un leve remordimiento, reflejado en la manera en que su levitación descendió ligeramente. La culpa era algo que rara vez experimentaba, pero en ese momento, lo sintió con claridad.
"Sí... lo recuerdo. Y lamento aquella vez, Portador". Su voz sonaba genuinamente avergonzada. Sin embargo, rápidamente recobró su seguridad. "Pero le aseguro que no volverá a suceder. Esta vez, el resultado será distinto".
La espada flotante se elevó con determinación, su brillo en la gema intensificándose. "A partir de ahora, todo cambiará, Portador. Se lo prometo". Habló y en su voz, había una firmeza que no solo era una promesa a Tatsumi, sino también... a sí mismo.
Tatsumi no parecía del todo convencido. La duda persistía en su rostro, su mirada reflejaba incertidumbre. Respiró hondo antes de hacer la pregunta que rondaba en su cabeza.
"Onyx, dime la verdad…". Su voz fue pausada, pero firme. "¿Por qué quieres hacer esto?".
Hubo un breve silencio. La espada flotante pareció titubear, como si meditara su respuesta. "¿Por qué quieres que los demás te vean, te conozcan?". Insistió el castaño.
La pregunta de su portador dejó a Onyx en un mutismo profundo. Durante varios segundos, el Teigu permaneció callado, casi como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Pero al final, su respuesta fue clara y directa. "Por usted".
Tatsumi frunció el ceño, confundido. Su expresión delataba que no entendía del todo a qué se refería su compañero. "¿Por mí?". Repitió, tratando de procesar aquellas palabras.
Pero antes de que pudiera pedirle a Onyx que se explicara mejor, la voz del Teigu resonó nuevamente en su mente, con una mezcla de determinación y algo más... profundo.
"Por usted, Portador. Quiero presentarme ante los demás… para que me vean, para que me conozcan. Para que finalmente crean en mi existencia. Y, sobre todo…". Su tono se tornó más grave, y más denso. "Para que todos ellos, dejen de mirarlo a usted con desconfianza".
El tono de su voz bajó hasta convertirse en un susurro casi melancólico. "Usted… no se merece esto".
Esas palabras golpearon a Tatsumi con fuerza. Incluso en voz baja, las escuchó con absoluta claridad. Sintió un peso extraño en el pecho. "Onyx, si es por eso…". Su voz fue suave, como si tratara de calmar a su compañero. "No tienes que hacerlo. No importa lo que ellos piensen de mí. La verdad, no me impor...".
"¡NO!". Interrumpió Onyx, con una exclamación cargada de enojo.
La intensidad en su voz hizo que Tatsumi se estremeciera.
"¡Sí importa, Portador!". Gritó el Teigu. "¡Importa que ellos lo miren de esa forma!. ¡Importa lo que piensen de usted!. Es importante porque refleja lo que realmente sienten y piensan sobre usted… y hasta ahora, lo que he escuchado en sus mentes no es justo".
El ambiente en la habitación cambió drásticamente. Un peso invisible comenzó a instalarse en el aire, como si la misma presencia de Onyx influyera en el entorno.
"¡No es justo!". Continuó el Teigu, con ira contenida. "¡No después de todo lo que ha hecho por ellos!".
El aire se sintió más pesado. Tatsumi abrió la boca para responder, pero algo dentro de él le dijo que debía escuchar. Y... por supuesto... le hizo caso.
"¡Nos hemos esforzado por encajar aquí!". Prosiguió Onyx, su voz retumbando en la mente de Tatsumi. "¡Nos hemos quedado en este lugar por voluntad propia, hemos cumplido cada misión que nos han encomendado, sin importar lo difícil que fuera!. Incluso cuando actuamos bajo nuestras propias creencias sobre matar… ¡Nunca nos negamos a hacer nuestro trabajo!. ¡Y aún así, lo siguen mirando con sospecha!".
Tatsumi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
"Usted se ha arriesgado por todos ellos…". La voz de Onyx se volvió más pausada, pero no menos intensa. "Salvamos a Mine… salvamos a Sheele… ¡Hasta salvamos a Bulat!. Y aun así… lo siguen viendo con duda y desconfianza".
El castaño apretó los puños. Sabía que Onyx tenía razón. "No es justo, ni para usted, ni para mí". Continuó el Teigu. "Cualquiera que viera esto pensaría lo mismo que yo".
Tatsumi bajó la mirada. Sabía que su compañero estaba en lo cierto, pero escucharlo en palabras le hacía sentir algo… algo que no podía describir del todo.
La espada flotante comenzó a acercarse a él lentamente, su gema brillando con un fulgor sereno pero firme. "Por favor, Portador…". La voz de Onyx fue ahora casi una súplica. "Déjeme hacer esto. No solo por usted, sino por nosotros… y por nuestro futuro".
Tatsumi se quedó callado. Sentía un nudo en la garganta. Todo lo que Onyx había dicho… la convicción en sus palabras, la pasión en su voz… Onyx no hablaba solo como un arma viviente cumpliendo su propósito. No. Él hablaba como un compañero… como un amigo.
"Onyx…". Susurró el castaño.
Su mano se alzó con lentitud hasta alcanzar el mango de la espada flotante. Y, en un gesto completamente espontáneo, abrazó a su Teigu.
Fue un abrazo genuino, sincero.
"Gracias… amigo". Murmuró Tatsumi, cerrando los ojos.
En respuesta, de la gema de Onyx surgieron pequeños tentáculos de energía que envolvieron suavemente al castaño, correspondiendo al gesto.
Por primera vez en mucho tiempo, Tatsumi sintió que realmente no estaba solo. Y éso... lo hacía sentirse muy bien.
El abrazo duró apenas unos segundos, pero para Tatsumi y Onyx pareció una eternidad. En ese breve instante, la conexión entre ambos se hizo aún más fuerte, transmitiendo emociones que las palabras jamás podrían expresar. No era solo un gesto; era un pacto silencioso, un reconocimiento mutuo de lo que significaban el uno para el otro.
Cuando finalmente se separaron, Tatsumi dejó escapar un suspiro y miró a su Teigu flotante. Sus ojos verdes reflejaban determinación, pero también un dejo de resignación. "Está bien, Onyx. Tú ganas. Nos abriremos con los demás."
Onyx no respondió de inmediato, pero cuando lo hizo, su voz vibraba con un tono de satisfacción y orgullo. "Me alegra oír eso, Portador".
Tatsumi sonrió levemente, pero de pronto alzó una mano, deteniendo la celebración antes de que comenzara. "Pero hay condiciones".
Onyx ladeó ligeramente su hoja, como si estuviera intrigado. "¿Condiciones?".
"Sí". Tatsumi levantó dos dedos con firmeza. "Primero, hablaremos juntos. Y segundo, tendrás que contenerte cuando hables con los demás".
Onyx se quedó en silencio un momento, su gema emitió un ligero resplandor, señal de que estaba analizando las palabras de Tatsumi. "¿A qué se refiere con "contenerme", Portador?".
Tatsumi se rascó la nuca con un gesto incómodo. Mientras buscaba la mejor manera de explicarlo. "Bueno, ya sabes…". Murmuró, intentando encontrar las palabras adecuadas. "No quiero que cuando les hables los ofendas, los provoques o los hagas sentir incómodos. No quiero que los…". Su mente buscó el término correcto, pero lo único que encontró fue lo más directo. "No los insultes, ¿Sí?". Dijo finalmente un poco avergonzado.
Onyx permaneció en un silencio inusual.
Tatsumi lo observó con una mezcla de expectativa y ligera preocupación, esperando su respuesta. Sabía que lo que le pedía a Onyx no era fácil. Conocía el desagrado de su compañero hacia los asesinos. Y, aunque había pasado bastante tiempo desde que se unieron a Night Raid, el joven aún no estaba seguro de si aquel resentimiento todavía seguía ahí. O, al menos, si había bajado lo suficiente como para evitar conflictos. Esa duda le generaba un poco de preocupación. Pero tenía la esperanza de que, con el tiempo, Onyx hubiera aprendido a verlos de una manera distinta.
Pero, para su sorpresa, la respuesta de Onyx fue tranquila. "No se preocupe, Portador. No haré nada de eso".
La facilidad con la que Onyx aceptó la condición hizo que Tatsumi se inquietara aún más. Lo observó con cautela. "¿De verdad?".
"Sí".
La simpleza de la respuesta no hizo más que aumentar su preocupación.
El castaño ladeó ligeramente la cabeza, entrecerrando los ojos. Había esperado una reacción distinta, tal vez una queja, una objeción, incluso una ligera protesta… pero en lugar de eso, Onyx había aceptado sin ningún problema.
Y eso, en lugar de tranquilizarlo, lo preocupó.
"Bueno, me alegra escuchar eso…". Dijo con una risa nerviosa. "Pensé que pondrías más resistencia. Después de todo, me dijiste que los asesinos no te gustan".
Onyx dejó escapar una risa baja, apenas perceptible, pero su tono se volvió sombrío. "Sí, recuerdo haberle dicho eso. Pero… no se preocupe, Portador. Con el tiempo he visto "cosas" que han cambiado mi perspectiva. De hecho, podría decir que ya no me desagradan tanto".
Tatsumi arqueó una ceja, intrigado. "¿En serio?. ¿Y qué fue lo que te hizo cambiar de opinión?". Preguntó con curiosidad.
Onyx guardó silencio por un instante y luego respondió con un tono frío y calculado. "Portador… créame, no lo entendería. Y, francamente, tampoco querría saberlo".
Aunque la voz de Onyx se había reducido a un murmullo, Tatsumi la escuchó con claridad. Sus palabras dejaron una sensación extraña en su pecho. Un presentimiento, una señal de que algo no estaba bien con su Teigu. Pero a pesar se sentir ésto. A pesar de esa inquietud apareciendo en su pecho. Decidió dejarlo pasar, al menos por ahora. Tenían cosas más urgentes de las que ocuparse.
"Bueno… creo que lo mejor es concentrarnos en cómo vamos a presentarnos". Dijo con una leve sonrisa forzada, intentando desviar el tema.
"Sí, debemos encontrar la mejor manera de hacerlo". Onyx estuvo de acuerdo, aunque, en el fondo, también quería cambiar de tema. No estaba listo para hablar de "eso". No... todavía.
Tatsumi llevó una mano a su mentón, adoptando una expresión pensativa. "¿Qué te parece si reunimos a todos?. Así no tendríamos que hacerlo uno por uno".
Onyx pareció considerar la propuesta. "No sería mala idea, Portador. Sería más fácil y eficiente. Además… podríamos hacerlo un poco más… "impresionante"".
El castaño parpadeó ante aquella palabra. "¿Impresionante?. ¿A qué te refieres?".
La voz de Onyx adquirió un matiz intrigante. "Bueno, estaba pensando en hacer algo más que simplemente hablar. No sé, algo más… "llamativo". Algo que deje en claro que... no somos como los demás".
Tatsumi escuchó con atención mientras su Teigu describía su plan. A medida que hablaba, la expresión del joven pasó de la sorpresa al asombro, luego a la confusión y, finalmente, a una especie de resignada aprobación.
Y así, ambos continuaron discutiendo los detalles. Opinaban, sugerían, corregían. Cada uno escuchaba al otro, intercambiando ideas, asegurándose de que todo saliera lo mejor posible. Fue un diálogo fluido, respetuoso, casi natural.
Y al final, después de casi una hora, lograron llegar a un consenso. Una hora en la que portador y Teigu conversaron como iguales. Una hora donde portador y Teigu, más allá de idear una simple presentación, fortalecieron su vínculo. Una hora en la que, por primera vez, Tatsumi y Onyx sintieron que su conexión se hacía cada vez más fuerte. Una hora donde, sin darse cuenta, ya no solo eran portador y arma. Eran compañeros. Eran aliados. Eran iguales. Eran verdaderos amigos.
Base de Night Raid - 15:00 pm (Sala de Reuniones)
En la amplia sala de reuniones, Najenda descansaba con tranquilidad en una gran silla que estaba pegada a la pared. Tenía su cabello color plateado, aunque era cortó, mostraba elegancia, y el traje negro que llevaba resaltaba su figura. Un cigarro descansaba entre sus dedos, y en su rostro se dibujaba una expresión relajada, en contraste con el joven que permanecía de pie a pocos metros de ella.
Tatsumi cruzaba los brazos con evidente incomodidad. Vestía su habitual camisa blanca y pantalón negro, con sus botas blancas ligeramente sucias por el trajín del día. Su espada, aún enfundada, colgaba de su espalda como un recordatorio constante de la carga que llevaba consigo. Su mirada se mantenía fija en la puerta, como si esperara algo con impaciencia o, más bien, con un atisbo de temor.
Najenda observó su actitud con un dejo de diversión antes de romper el silencio. "Tranquilízate, Tatsumi. No tienes por qué ponerte así".
El joven se giró hacia ella con una sonrisa nerviosa. "Eso intento, jefa...".
"No lo parece". Dijo ella con un tono burlón. "Pareces más ansioso que un novato en su primera misión".
Tatsumi soltó una risa forzada y se rascó la nuca. "No estoy nervioso, solo… trató de ser paciente".
Najenda exhaló el humo de su cigarro y ladeó la cabeza con curiosidad. "Sabés, mientras llegan los demás, podrías adelantarte y decirme de qué se trata todo esto".
El semblante de Tatsumi cambió al instante. Su sonrisa desapareció y su postura se tensó. "Preferiría esperar a que todos estén aquí antes de hablar". Dijo algo dudoso.
Najenda entrecerró los ojos, analizándolo. "¿Por qué tanta reserva?. ¿No confías en mí para decírmelo primero?".
"No es eso…". Tatsumi tragó saliva. "Solo creo que es mejor explicarlo frente a todos, así no habrá confusiones, ni malentendidos".
Najenda sostuvo su mirada por unos segundos antes de recostarse en su asiento, dando otra calada a su cigarro. "Sabes, les dije a los demás que los reuní porque tenía un anuncio importante que hacer. Tal como me lo pediste. Pero lo cierto es que, ni siquiera me has dicho cuál es el verdadero motivo de esta reunión".
Tatsumi sintió cómo la desconfianza en la voz de su líder lo presionaba. Su mente trabajaba a toda velocidad para encontrar la forma correcta de responder sin levantar aún más sospechas. "Solo espere, jefa… y verá que todo esto pronto tendrá sentido". Habló, casi como si estuviera prometiendole darle respuesta a sus dudas y preguntas que tenía.
Najenda no respondió de inmediato. En cambio, fijó su mirada en él, como si intentara descifrarlo. Y tenía razones para hacerlo.
Había demasiadas cosas extrañas ocurriendo últimamente en Night Raid. Primero estaba el informe de Akame sobre su combate con Zank mencionaba una herida profunda en el rostro del enemigo, aparentemente causada por un ataque de energía. Pero, lo raro aquí era que... Tatsumi no poseía una Teigu en ese momento, lo que hacía esa explicación imposible.
Lo segundo estaba el caso de Leone y Tatsumi regresando con Mine y Sheele heridas, pero a salvo. Sumado a ello, la base de Night Raid casi había sido destruida por un repentino terremoto… Un terremoto que, de la nada, había aparecido. Y tan pronto como apareció, se había detenido. Algo no cuadraba, y cada una de esas situaciones tenía un común denominador. Tatsumi.
Y por último, lo más reciente. La batalla contra las Tres Bestias. Soldados de élite, subordinados de Esdeath. Todos muertos. Bulat, envenenado, pero milagrosamente salvado.
Todos éstos informes, testimonios y eventos ocurridos contaban historias fragmentadas, donde Tatsumi siempre estaba en el centro de los acontecimientos, pero los detalles nunca terminaban de encajar del todo.
Najenda exhaló una última bocanada de humo y fijó sus ojos en el castaño con intensidad. Tatsumi tenía algo que ver con todo esto. Su instinto le gritaba que él guardaba un secreto, algo que quizás ni siquiera él mismo comprendía por completo. Y todo éso, le generaba cierta desconfianza hacía el joven.
Y si había algo que le preocupaba, era el hecho de que esa desconfianza que comenzaba a crecer en su interior no solo podía poner en riesgo su relación con Tatsumi, sino con toda Night Raid.
Unos pasos se escucharon acercándose desde el pasillo.
Tatsumi pareció relajarse un poco, aunque su nerviosismo seguía siendo evidente.
Najenda lo observó de reojo mientras apagaba su cigarro. "Sea lo que sea que estés planeando con todo esto, Tatsumi". Pensó para sí misma. "Más te vale que tengas una buena explicación. Porque si no lo es… no sé si podré seguir confiando en ti. Y eso… no sería bueno para nadie de aquí en la base".
La puerta se abrió, y los demás miembros de Night Raid comenzaron a entrar, listos para escuchar a su líder. Lo que no sabían era que esta vez no sería Najenda quien hablaría. Y lo que estaba a punto de suceder cambiaría muchas cosas dentro del grupo. Y para cada uno de ellos. Incluso para ella.
Base de Night Raid - 15:30 pm. (Cocina de la base de Night Raid)
Tatsumi permanecía de pie junto a la mesa de la cocina, sus manos apoyadas en el borde mientras su mirada se clavaba en una bandeja de metal. Sobre ella descansaban varias tazas de porcelana blanca, todas humeantes con el distintivo aroma del café recién hecho. El castaño observaba el líquido oscuro con una expresión de seriedad, como si aquel simple acto de preparar café tuviera un peso mayor del que aparentaba. Y en parte, lo tenía.
Preparar café para todos no era solo un gesto de amabilidad. Sino también, era su intento de hacer que la reunión que estaba por iniciar fuera más amena. Un pequeño detalle que, aunque mínimo, esperaba que ayudara a calmar los ánimos. Sin embargo, era más una distracción para sí mismo, un intento desesperado por mantener su mente enfocada en algo que no fuera la incertidumbre de lo que estaba por hacer.
Cuando los demás miembros de Night Raid habían entrado en la sala de reuniones, Tatsumi se excusó y se retiró a la cocina, pidiéndole a Najenda que lo cubriera por un momento. Aunque su líder lo miró con curiosidad y cierta desconfianza, aceptó su petición sin cuestionar demasiado. Tatsumi le agradeció y salió sin mirar atrás.
Ahora, con la bandeja lista, bajó la vista y contó mentalmente las tazas. Siete en total. Una para cada miembro presente en la base. Aunque en realidad deberían ser ocho… pero... la ausencia de Bulat lo obligó a preparar una menos.
El asesino de los cien hombres seguía en su habitación, recuperándose del veneno que le fue administrado en la batalla contra las Tres Bestias. Aunque estaba fuera de peligro, todavía necesitaba tiempo para reponerse por completo. La ausencia de Bulat le pesaba a Tatsumi más de lo que quería admitir. Tenerlo a su lado le habría dado un punto de apoyo, alguien más que entendiera la verdad sobre Onyx y pudiera respaldarlo ante los demás. Pero no era una opción en este momento.
El castaño suspiró, sintiendo una mezcla de frustración y nerviosismo. Se pasó una mano por el cabello, acomodándolo ligeramente en un intento de verse más presentable. Enderezó su postura, endureciendo su expresión, y entonces miró su reflejo en un espejo cercano. O al menos, eso parecía. En realidad, estaba dirigiéndose a alguien más.
"¿Estás listo, Onyx?". Preguntó en voz baja.
La voz resonó en su mente casi al instante, solemne y decidida, pero con un leve matiz de nerviosismo.
"Sí, Portador". Respondió el Teigu con firmeza. Aunque ambos estaban inquietos, también estaban decididos. Era el momento.
Tatsumi esbozó una pequeña sonrisa, una que apenas duró un instante antes de disiparse en la seriedad que el momento requería. Agarró la bandeja con ambas manos, asegurándose de mantener el equilibrio para no derramar ni una sola gota, y se dirigió a la salida de la cocina.
Mientras empujaba la puerta con el hombro, una última súplica cruzó por su mente, casi como un rezo silencioso.
"Por favor, que nada malo pase de aquí en adelante."
Onyx escuchó esas palabras en lo más profundo de su conexión con su portador. Y aunque no tenía el poder de cambiar el destino, en su interior tomó la firme decisión de hacer todo lo posible por protegerlo. Porque Tatsumi no era solo su portador. Era su compañero. Su amigo.
Su razón de existir.
Con el sonido de la puerta abriéndose y el murmullo de las voces en la sala de reuniones alcanzando sus oídos, Y Tatsumi... dio el primer paso hacia lo inevitable.
Base de Night Raid - 15:30 pm (Sala de Reuniones)
En la gran sala de reuniones de los asesinos de la capital, todos los miembros de Night Raid estaban reunidos. O casi todos. Bulat no estaba presente debido a que aún se encontraba en recuperación tras su feroz enfrentamiento contra las Tres Bestias de Esdeath. Su ausencia era comprensible, y aunque el equipo lo extrañaba, respetaban su necesidad de descanso.
Najenda, Akame, Sheele, Mine, Lubbock y Leone eran los únicos presentes. Mine permanecía de pie a pesar de su brazo aún vendado, mientras que Sheele, lamentablemente, se encontraba en una silla de ruedas. El disparo que había recibido en la batalla contra Seryu le había afectado gravemente. La bala que ella recibió se terminó alojándose cerca de su columna vertebral. Y aunque los médicos revolucionarios aseguraban que podría caminar de nuevo con suficiente terapia, la idea de estar fuera de combate por al menos dos meses la atormentaba. Sheele se sentía tan inútil. Se sentía un peso para el equipo, y esa sensación la oprimía mucho en silencio.
Los demás lo sabían. Pero como no tenían un Teigu que pudiera curarla de inmediato, lo único que podían hacer era esperar y apoyarla. Pero en una organización como Night Raid, donde cada miembro era crucial, y la ausencia de Sheele en las próximas batallas contra el imperio se sentía como un hueco muy difícil de llenar.
Najenda exhaló el humo de su cigarro antes de dejarlo caer y aplastarlo con su bota. Luego sacó otro y lo encendió con calma. "Bien, me alegra ver que todos están aquí". Dijo con voz firme.
Los demás se pusieron atentos al instante. Si su líder los había convocado, debía ser por algo importante. Sin embargo, lo que dijo a continuación los tomó por sorpresa.
"Primero que nada, quiero dejar claro que yo no planeé esta reunión".
Un leve murmullo recorrió la sala.
"Entonces, ¿Por qué estamos aquí, Najenda?". Preguntó Lubbock con el ceño fruncido.
Najenda hizo una pausa antes de responder. "Porque Tatsumi me pidió que lo hiciera".
El asombro se reflejó en los rostros de todos. Juntó con varias preguntas en sus mentes.
"¿Tatsumi?". Repitió Sheele, confundida.
"Sí". Afirmó la líder con seriedad.
"¿Y qué está tramando ese chico ahora?". Preguntó Leone, cruzándose de brazos con una expresión de sospecha.
Antes de que Najenda pudiera responder, unos pasos resonaron desde la entrada que conectaba la sala con el comedor y la cocina.
"Buena pregunta, Leone". Dijo con una leve sonrisa. "¿Por qué no se lo preguntas tú misma?".
La puerta se abrió, y Tatsumi entró con una bandeja en las manos.
Apenas el joven entró, sintió de inmediato las miradas de todos sobre él. Un escalofrío recorrió su espalda. No era ajeno a la presión, pero en ese momento, el peso de la atención colectiva lo hacía sentirse vulnerable. Sin embargo, no retrocedió. En su interior, se obligó a mantener la calma y a mostrarse seguro.
Forzó una sonrisa y, con un tono animado, saludó. "¡Hola chicos!. Me alegra verlos a todos aquí. He traído algo para beber".
El silencio fue la única respuesta, pero el castaño siguió con lo que iba a hacer. Tatsumi caminó hasta el centro de la sala y comenzó a repartir las tazas de café. Nadie se movió, solo lo observaban con miradas inquisitivas. Finalmente, Akame fue la primera en romper la tensión. Con un movimiento natural, tomó su taza y bebió un sorbo.
El resto la miró sorprendido. Najenda, tras observar la reacción de Akame, hizo lo mismo, seguida por Sheele. Tatsumi sintió un pequeño alivio al verlas aceptar el gesto.
"Está suave". Comentó Akame con su tono neutral, mirando directamente al castaño. "Gracias, Tatsumi".
Tatsumi le devolvió la sonrisa. "De nada".
Sin embargo, los demás no hicieron lo mismo. Mine, Leone y Lubbock sostenían sus tazas sin beber, no por falta de confianza en la bebida, sino porque algo en la actitud de Tatsumi les generaba dudas.
Najenda, tras tomar un sorbo de su café, bajó la taza y habló con un tono más serio. "No está mal, Tatsumi. Pero aunque aprecio el gesto, esta reunión no es para tomar café".
El ambiente se tensó un poco más.
"Queremos saber por qué pediste esta reunión". Continuó la líder. "¿Qué es tan importante que no podía esperar?".
La sonrisa de Tatsumi desapareció gradualmente. Su expresión se tornó seria, casi incómoda. Un leve susurro escapó de sus labios, pero fue lo suficientemente claro para que todos lo escucharan.
"Supongo que es momento de abrirnos a los demás".
Un silencio aún más profundo cayó sobre la sala.
"¿Abrirnos?". Pensó Lubbock, extrañado. Lo que más le inquietaba era que Tatsumi había usado el plural, como si no hablara solo de sí mismo.
"¿A qué se refiere con 'abrirse'?". Se preguntó Sheele en su mente, tratando de encontrar sentido a las palabras del joven.
Mine frunció el ceño. "No sé qué tramas, Tatsumi. Pero algo me dice que no me va a gustar". Pensó con desconfianza.
Leone, por otro lado, sonrió con diversión. Algo en su instinto le decía que Tatsumi estaba a punto de hacer algo inesperado. "Veamos qué tienes en mente, chico".
Akame mantuvo su expresión impasible. Ella no tenía preguntas ni sospechas. En el fondo, sentía que ya sabía lo que estaba por suceder.
Najenda entrecerró los ojos, con una mezcla de curiosidad y ansiedad. "Está bien, Tatsumi". Dijo finalmente. "Habla".
Todos los ojos estaban sobre Tatsumi. Sabía que lo que estaba a punto de decir cambiaría la dinámica del grupo y, posiblemente, la confianza que tenían en él. Respiró hondo, tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar algo que sonaba tan irreal como peligroso.
"Muy bien". Dijo al fin, sosteniendo su taza con ambas manos. "Como ya saben, pedí esta reunión a la jefa por una razón muy importante". Dirigió una mirada breve a Najenda. "Gracias por concederme esto".
Najenda asintió sin decir palabra, un gesto que significaba tanto "De nada", como "Ve al grano".
El joven tragó saliva y continuó. "La razón por la que los reuní aquí es porque quiero abrirme con ustedes. Necesito contarles algo importante. Algo que puede ser difícil de creer, pero les pido que escuchen con atención". Se llevó una mano al pecho y bajó la mirada por un instante. "Porque no solo es importante para mí… también lo es para él".
Las últimas palabras hicieron que las expresiones de sus compañeros cambiaran de curiosidad a confusión. ¿A quién se refería?. Y, ¿Quién rayos era "él" del que el castaño hablaba?.
Pero para sorpresa de todos, fue Akame quien rompió el silencio. "Tatsumi". Dijo con un tono inusualmente suave. "No importa lo que sea, te escucharemos".
Tatsumi se sintió reconfortado por esas palabras. Aunque solo Akame había hablado, para él significaba mucho.
"Gracias". Respondió con una leve sonrisa antes de tomar aire y continuar. "La verdad que le voy a decir, es que no he estado haciendo las misiones sólo. Siempre he contado con la ayuda de alguien. Alguien que ha estado conmigo en todo momento, incluso cuando ustedes no lo sabían. El también los a estado ayudando".
Najenda frunció el ceño, y los demás miembros del grupo intercambiaron miradas.
"¿De qué estás hablando?". Preguntó Leone, cruzándose de brazos. "¿Alguien nos ha estado ayudando y no nos dimos cuenta?".
Tatsumi asintió. "Así es. En especial, Mine y Sheele…
Las dos mencionadas se tensaron. "¿Nosotras?". Preguntó Mine, con una mezcla de sorpresa y recelo. "Espera, ¿Te refieres a la misión en la que nos ayudaste contra Seryu?".
"Exacto". Confirmó Tatsumi. "Ustedes creen que fui yo quien las rescató, pero la verdad es que... no lo hice solo. Sino que alguien más me ayudo en esa ocasión".
El silencio cayó sobre la sala.
Lubbock entrecerró los ojos y dio un paso adelante. "Espera un momento. ¿Estás diciéndonos que has estado recibiendo ayuda de una persona que ninguno de nosotros ha visto?".
Tatsumi lo miró directamente. "Sí".
El peliverde sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Cómo era posible?. ¿Cómo alguien podía haber estado operando con Tatsumi sin que ellos lo notaran?. La idea era preocupante. Si esa persona existía y era tan hábil para permanecer oculta. Entonces, eso significaba que aunque también era muy útil para Night Raid, también podía ser un peligro.
Najenda, con su mirada aguda y seria, estudió cada expresión del joven. Su mente trabajaba rápidamente, considerando las posibilidades. ¿Podría ser que Tatsumi estuviera siendo manipulado?. ¿Y si esa misteriosa persona fuera un espía del Imperio, ganándose su confianza poco a poco?. Aunque confiaba en el castaño, no podía ignorar su ingenuidad y su negativa a matar. Esos principales factores lo hacían pensar éso. ¿Y si había sido engañado sin darse cuenta?.
Finalmente, con voz firme y fría, habló. "Tatsumi, quiero que nos digas exactamente quién es esa persona. Ahora mismo". Sus ojos se clavaron en él con intensidad. "Y no quiero rodeos, ni excusas".
El castaño no mostró signos de nerviosismo. Sino, en cambio, su expresión se volvió aún más serena. "Como usted ordene, jefa". Exhaló lentamente y sus dedos se deslizaron con calma hacia su espalda, donde descansaba su espada.
El grupo entero observó el movimiento con expectación, pero mientras la mano de Tatsumi avanzaba, Mine y Lubbock comenzaron a moverse sutilmente. Sin hacer ruido, sus dedos encontraron sus armas. Lubbock rozó su Teigu, Cross Tail, oculto en su ropa, listo para usar sus hilos en caso de que la situación se volviera peligrosa. Mine, sin tener su Teigu principal con ella, tenía escondida una pequeña pistola entre sus ropas, con el cartucho lleno. No pensaba disparar sin razón, pero algo en todo esto le generaba una enorme desconfianza.
Para ellos dos todo esto no cuadraba. La reunión, la revelación de un aliado invisible, el hecho de que Tatsumi estuviera alcanzando su espada... Había demasiados factores que hacían sonar una alarma en sus mentes. ¿Y si Tatsumi no era quien ellos creían?. ¿Y si esta "persona" lo había convertido en otra cosa?.
Tatsumi, sin embargo, no parecía afectado por la tensión. De hace el estaba muy tranquilo, como si supiera exactamente lo que estaban haciendo. Y, de hecho, lo sabía. Gracias a que Onyx se lo estaba diciendo mentalmente.
"Mine, Lubbock". Dijo de repente, sin dejar de sostener su espada con tranquilidad. "No hay necesidad de preocuparse. No voy a lastimarlos".
Ambos se congelaron. ¿Cómo lo había sabido?. ¿Los había visto?. Pero... era imposible. Ellos se habían movido con discreción.
El miedo y la sorpresa cruzaron sus rostros, y de inmediato voltearon a mirar a Najenda en busca de una señal. La líder, sin embargo, no apartó la mirada de Tatsumi y simplemente negó con la cabeza, indicándoles que se calmaran.
Aunque aún dudaban, finalmente cedieron. Sus manos se alejaron de sus armas, aunque sus corazones seguían latiendo con fuerza.
Tatsumi suspiró. "Sé que esto es difícil de creer, pero lo que están a punto de ver... cambiará todo".
Con un movimiento lento y deliberado, el castaño desenvainó su espada. El acero reflejaba la luz de la habitación, emitiendo un tenue brillo metálico. Pero en lugar de adoptar una postura de combate, en vez de alzarla como una amenaza, él simplemente extendió la espada frente a sí, sosteniéndola con firmeza para que todos pudieran verla con claridad.
Los miembros de Night Raid observaron en completo silencio. La tensión aún era palpable en el aire, como si la incertidumbre los mantuviera al borde de la pared. Lubbock y Mine, quienes aún sentían desconfianza, apretaron los dientes mientras sus manos seguían listas para cualquier acción que consideraran peligrosa.
Pero lo que ocurrió después no fue lo que esperaban.
Tatsumi, en lugar de adoptar una expresión tensa o desafiante, sonrió con una calidez sincera. Una sonrisa llena de orgullo y confianza. Entonces, habló. "Ahora es el momento de abrirnos con los demás, amigo". Su voz era baja, pero llena de afecto, como si estuviera hablándole a alguien cercano, a alguien que siempre había estado a su lado.
Los demás intercambiaron miradas confundidas. ¿A quién le estaba hablando?
Fue entonces cuando el joven castaño elevó su mirada, encarando a sus compañeros con firmeza. Su tono, ahora más fuerte y claro, cargado de emoción genuina, rompió el silencio de la habitación.
"Compañeros y compañeras de Night Raid…". Hizo una breve pausa, asegurándose de captar la atención de todos. "Les presento a la persona… o mejor dicho, la reliquia. Mi compañero. Mi amigo". Su voz reflejaba un respeto absoluto, un lazo que trascendía lo común.
Los ojos de los presentes se abrieron con asombro. "La entidad que nos ha estado ayudando todo este tiempo". Continuó. "Aquella que, sin que ustedes lo supieran, ha velado por mí y ha asegurado nuestro éxito en varias misiones". Volvió a mirar su espada, y con un tono lleno de orgullo y emoción, finalmente anunció.
"¡Les presento a Onyx: Ultimate Protection, la Teigu Número 49!"
Su voz resonó en la habitación como un trueno. No había titubeo ni duda en sus palabras. Tatsumi hablaba con la convicción de alguien que, pese a la incertidumbre, estaba decidido a revelar su verdad.
El silencio que siguió fue abrumador.
Todos lo miraban con los ojos abiertos de par en par, completamente anonadados. Lo que Tatsumi acababa de decir… lo que acababan de escuchar…
No era solo una revelación.
Era el inicio de algo mucho más grande que estaba por suceder.
O al menos, eso esperaba el castaño.
El silencio reinó tras las palabras de Tatsumi. Un silencio seco, abrumador, tan denso que parecía llenar la habitación como una bruma invisible. Pero no era un silencio de expectación o admiración. No. Era un vacío incómodo, cargado de incredulidad.
Por un instante, Tatsumi creyó que tal vez sus palabras no fueron lo suficientemente claras. Quizá necesitaban tiempo para procesarlas. Pero la realidad lo golpeó cuando la voz de Najenda rompió la quietud.
"¿Es en serio?". Su tono era plano, pero en sus ojos se reflejaba una mezcla de molestia, escepticismo y un leve rastro de fastidio reprimido.
Tatsumi no se inmutó. Su expresión seguía firme. "Sí, jefa". Respondió con determinación.
Najenda lo observó en silencio, buscando en su mirada esmeralda algún indicio de que todo esto era una broma. Pero no lo encontró. Tatsumi hablaba con una convicción absoluta.
La líder suspiró pesadamente y pasó su mano robótica por su cabello antes de reclinarse en su asiento.
"No puedo creer esto…". Murmuró en voz baja, cerrando los ojos con una clara expresión de decepción. Luego, con un tono de fastidio y descontento, añadió. "Tatsumi, más te vale que nos expliques mejor ésto. O voy a empezar a creer, que nos hiciste preocuparnos por nada".
Las palabras cayeron como una losa. No porque hirieran a Tatsumi, sino porque ya las había anticipado.
Desvió la mirada hacia los demás, buscando sus reacciones. Y como temía, las expresiones de descontento e incredulidad eran casi unánimes. Lubbock cruzaba los brazos con una ceja arqueada. Leone lo miraba con una mezcla de preocupación y duda. Najenda, con resignación. Y Mine… Mine simplemente se veía molesta.
Solo Akame y Sheele parecían diferentes. Akame lo observaba con seriedad, como si tratara de analizar la situación. Sheele, en cambio, solo lucía confundida.
Tatsumi no se sorprendió ni se desanimó. Su semblante permaneció impasible. Él y Onyx ya habían previsto esto. Ahora, era el momento de cambiarlo.
"Escuchen…". Comenzó, esta vez con un tono más suave, más paciente. "Sé que esto les parece raro y... "
"¿Un poco?". Mine lo interrumpió con un tono de exasperación, y casi denotaba una ira incontrolable.
Tatsumi se rascó la parte de atrás de su cabeza. "Bueno… mucho. Pero el caso es que tienen que creerme cuando les digo que Onyx es... "
"¡Ya basta, Tatsumi!". La voz de la pelirosada fue firme, cortante. Sostenía la taza de café que él le había dado, pero en su expresión solo había fastidio. "Es suficiente con todo esto. Con tus ideas de no matar, con esa historia de que recibes ayuda de alguien más cuando ninguno de nosotros ha visto a nadie asistirte. Y sobre todo…". Mine levantó la mano y apuntó directamente a la espada que Tatsumi sostenía. "Sobre esa cosa". Su tono estaba cargado de burla, pero también de fastidio. "¿De verdad esperas que creamos que esa cosa es un Teigu?. Pues te diré algo. Nadie de aquí lo cree. Ni yo, ni nosotros, y creo, que ni siquiera tú lo crees realmente".
El aire se tornó más tenso.
Mine suspiró y sacudió la cabeza. "Así que, ¿Por qué no nos dices de una vez por todas la verdadera razón por la que nos reuniste aquí?". Ella le pregunto con una voz de cansancio y frustración.
De repente, una mano se posó sobre su hombro.
"Tranquila, Mine". Era Leone. Su voz tenía un tono relajado, pero firme. "Estás siendo demasiado dura con Tatsumi".
Mine frunció el ceño, pero la rubia continuó. "Estoy segura de que él nos pidió reunirnos aquí porque realmente tiene algo que decirnos. ¿O me equivoco?".
Leone dirigió su mirada al castaño. Tatsumi la miró y asintió. Ella sonrió, dándole un voto de confianza.
"Bien, continúa, Tatsumi". Dijo Leone, mientras movía la taza en su mano.
"Bueno, como iba diciendo...". Pero antes de que pudiera continuar, Leone lo interrumpió nuevamente.
"Espera". Dijo ella con una sonrisa felina. "Antes de que sigas… ¿Podrías cambiar mi café por algo un poco más "fuerte"?". Le guiñó un ojo de manera juguetona.
Tatsumi suspiró con resignación. "Está bien, lo haré".
Justo cuando estaba a punto de moverse, su mirada se dirigió automáticamente a la espada en su mano. "¿Eh?". Su expresión mostró una ligera sorpresa. Como si el "arma", le hubiera hablado.
Los demás notaron esto y se sintieron aún más extrañados. Akame, en especial, lo observó con más atención.
"¿De verdad quieres hacerlo?". Tatsumi habló nuevamente, pero no a ellos. Sino, hablaba con la espada. Y el ambiente se tornó más incómodo. "Entiendo, entonces házlo". Dijo finalmente.
El castaño levantó la vista hacia Leone, quien lo miraba con confusión.
"Tatsumi, ¿Acabas de hablar con tu…?". Pero antes de que pudiera terminar su pregunta, Tatsumi movió la espada hacia la taza de Leone, y dijo gritando la siguiente palabra. "¡Transformación!".
La rubia fue tomada por sorpresa, y no pudo hacer nada. Más que quedarse parada, y viendo como una luz cegadora emergió de la hoja dela espada y fue directo hacia su tasa. En un instante, la taza de café en la mano de Leone cambió a otra cosa.
Ahora, donde antes había una tasa de café, ahora había una jarra rebosante de cerveza dorada y espumosa.
El silencio que siguió fue absoluto. Todos estaban petrificados.
Najenda, siempre imperturbable, frunció el ceño con incredulidad. Sus ojos se fijaron en la jarra de cerveza como si intentara descomponer la realidad en algo lógico. Pero por primera vez en mucho tiempo, no tenía palabras.
Akame, aunque menos expresiva, tensó los hombros y entrecerró los ojos. Su mano, instintivamente, se deslizó hacia la empuñadura de su Teigu, como si tratara de procesar la escena como una posible amenaza.
Sheele parpadeó lentamente, con una leve inclinación de cabeza. Su confusión era absoluta, como si intentara recordar si en algún momento se había desconectado de la conversación y se había perdido una parte clave de la explicación.
Mine, en cambio, se quedó con la boca entreabierta, tenía el rostro enrojecido por la mezcla de sorpresa y frustración. Sus dedos se aferraban a su taza como si necesitara un punto de anclaje con la realidad. "No… puede… ser". Murmuró, con una voz casi inaudible.
Lubbock observó la jarra como si le hubieran revelado un truco de magia imposible. Su boca se torció en un gesto de absoluta perplejidad, y sin darse cuenta, se dio un leve pellizco en el brazo.
Leone fue la única que rompió el mutismo. Sus ojos dorados brillaron con puro asombro y emoción. Miró la jarra en su mano, luego a Tatsumi, luego de nuevo a la jarra. Sus labios se curvaron en una sonrisa ancha y felina antes de llevarla a su boca y dar un gran trago. Bajó la jarra y soltó una carcajada. "¡Esta es buena cerveza!".
Tatsumi permaneció en el centro de la sala, sosteniendo su espada en una mano y su taza de café en la otra. Su mirada recorrió cada rostro en la habitación, disfrutando un poco la incredulidad reflejada en sus expresiones. Y luego, sonrió.
Pero no era una sonrisa arrogante, ni burlona, sino una que reflejaba una cargada de confianza y satisfacción. Una sonrisa que decía sin palabras lo siguiente. "Lo logramos, Onyx".
Tomó un sorbo pausado de su café, disfrutando tanto el peso, como el sabor que esté tenía. Y del silencio la voz del castaño se escuchó.
"Y… bueno…". Su voz se deslizó con una calma casi desafiante. Levantó ligeramente la espada, dejando que la luz jugara en su filo mientras sus ojos esmeralda destellaban con determinación. "¿Ahora me creen?".
El silencio que ocurrió después de decir ésas palabras fue absoluto. No era uno común, sino el tipo de silencio que se siente antes de una tormenta, cargado de un peso indescriptible. Era como si la realidad misma hubiera vacilado por un instante, tambaleándose en el borde de lo imposible.
Y, sin embargo, tras ese instante de incertidumbre, todo volvería a su origen. Como si un eje invisible se enderezara, devolviendo el equilibrio a lo que antes parecía una locura.
Pero algo había cambiado.
Ya no era solo Tatsumi quien hablaba de Onyx. Ya no era solo él quien creía en la existencia del Teigu en su mano. Ahora, la verdad se había manifestado ante los ojos de sus compañeros. Y... aunque aún no lo entendieran, aún si la duda todavía flotaba en el aire como una neblina densa, lo inevitable se había plantado en sus mentes.
Y tarde o temprano, lo aceptarían. Aceptarían que Onyx era tan real para ellos como cualquier otro Teigu.
Y mientras Tatsumi permaneció inmóvil, dejando que el peso de su demostración calara en cada uno de sus compañeros. En su mirada no había soberbia, ni tampoco arrogancia, solo convicción y determinación pura. La certeza de que este era apenas el primer paso.
Porque hoy, con un simple destello de su espada, había abierto la puerta a una nueva realidad.
Y ahora, solo quedaba esperar.
Esperar… y ver hasta dónde los llevaría este nuevo camino. Y éso, realmente, lo ponía muy feliz y ansioso.
¡Hola a todos!. Aquí les traigo un nuevo capítulo de esta historia. En esta ocasión, el enfoque está en la relación entre Tatsumi y Onyx, y en cómo la Teigu, poco a poco, está perdiendo la paciencia con el trato que Night Raid le da a Tatsumi cada vez que menciona su existencia.
Es comprensible que Onyx se sienta así. Después de todo, Tatsumi ha estado luchando a su lado, ayudando a sus compañeros en todo lo posible, y aun así, sigue enfrentándose a miradas de incredulidad y dudas sobre su palabra. ¿Es justo?. Probablemente no. Y creo que cualquiera que haya seguido esta historia hasta ahora podrá verlo del mismo modo.
Pero, como vieron al final de este capítulo, la situación ha dado un giro inesperado. Por primera vez, Night Raid ha sido testigo del poder de Onyx en acción. Y esto... es solo el comienzo.
Porque lo que viene a continuación no es solo asombro o sorpresa. A medida que descubran de lo que realmente es capaz esta Teigu, sus emociones cambiarán. Pasarán de la incredulidad al asombro, de la sorpresa a la admiración… y, eventualmente, al temor.
Espero que disfruten esta parte de la historia tanto como yo disfruté escribirla. No olviden seguir la historia, darle a favorito para estar al tanto de futuras actualizaciones y, por supuesto, ¡Compartir sus opiniones en los comentarios!. Me encantaría saber qué piensan de este capítulo y qué expectativas tienen para lo que viene.
Sin más que decir, ¡Nos vemos en el próximo capítulo!. ¡Cuídense mucho!.
